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58 LA COMPOSICIÓN EN LAS ARTES PLÁSTICAS II por Martín Soria

Componer una imagen, no es tarea fácil. Sobre todo cuando pretendes expresar algo legible
con dicha imagen. Entiéndase que expresar algo legible implica que el “otro” –el que
observa la imagen-, reconoce en ella exactamente lo que se pretende decir. Aquí no vale el
“achunte” o el esperar a ver qué interpreta el “otro” para –justificar- la imagen. ¡No!
La expresión, es para ser recibida y no para ser únicamente expuesta. Bajo este punto de
vista la expresión debe componerse.
Del mismo modo que un sonido sin orden es sólo un ruido, así también unos colores sin
orden, no pasan de ser más que pintura. En la comunicación hay algo más que ruidos y
colores. La comunicación exige recognición, por eso, cuando decimos una palabra que
contiene varios ruidos ordenados y reconocibles, podemos comunicarnos. Pero no podemos
entender aquellos ruidos que no reconocemos, por muy agudos o graves que estos ruidos
sean. Tampoco podemos entender un gráfico que no reconocemos, por muy gráfico y
seguro que sea el trazo. Para comunicarnos es preciso de la recognición.
Si visitamos las grandes pinacotecas europeas, podemos ver al guía que nos explica el
simbolismo de las imágenes y después de reconocer la intención del autor al representar
dichas imágenes, disfrutamos hallando aspectos de interés en el cuadro. Ese simbolismo, no
es ni más ni menos que el aspecto contenedor del interés que dota al trabajo de valor.
Si por el contrario, se nos exponen unas manchas de color lúdicas, casuales y sin ningún
contenido intencional más allá del mero gesto gratuito y espontáneo, la reacción lógica de
quien espera algún elemento de interés en el cuadro o algún elemento de valor, se sienta
frustrado e insatisfecho y por lo tanto, desista del intento de extraer algo que por lógica
contiene la mínima expresión gestual.
La reiteración de estos trabajos, está causando el desinterés por la pintura incomprensible.

mientras que la palabra, es una composición ordenada de sonidos (ruidos) en función de


expresar algo, por ejemplo ¡hola! Un saludo; así también en la expresión plástica, podemos
utilizar colores sin ningún orden, a lo que podríamos llamar –pintura- o, podemos ordenar
una composición con diversos tonos, matices y gráficos, de manera que la imagen se
reconozca como la plenitud del amanecer, a lo que llamaríamos obra de arte.
Sin recognición no puede existir comunicación alguna posible. Para reconocer es necesario
de una base correlativa entre el que emite y el que retribuye. Todo acto contiene
intencionalidad y significación, pero cuando el receptor no reconoce el significado de la
intencionalidad, la comunicación no se establece. Esta es una de las razones por las cuales
es necesario componer las imágenes en la pintura. La pintura por sí sola no basta para
comunicarse, del mismo modo que no basta con el ruido para conversar. Para establecer una
comunicación entre artista y apreciador, el autor ha de ofrecer al observador un contenido
legible, un contenido compuesto.
¿Cuál es el sentido de la composición?
La composición abarca aspectos múltiples que van desde el ordenamiento de los espacios,
proporciones y posiciones, pasando por el ordenamiento tonal, cromático o focal, hasta la
presentación del léxico conceptual intencional.

La composición de la idea –concepto- o intención, implica dificultades específicas, para lo


cuál, es evidente que el artista, debe contener las habilidades precisas. La habilidad del
raciocinio comparativo, la asimilación y asociación de significados en pro del significado
prioritario. La selectividad del material virtual mental, en función del proyecto a expresar.
La habilidad de profundizar en el encuentro con lo universal, con lo atemporal, con lo
permanente. La habilidad de dominio sobre la prudencia, fortaleza y templanza, necesarias
en la opción de la alternativa válida, todas estas habilidades son necesarias