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MESTERS, “Unidad de los dos testamentos” en El misterioso mundo de la Biblia, Bonum, Buenos Aires, 1978, 147-175 RECENSIÓN En un interesante capítulo, Mesters, reconocido biblista, introduce su tema planteando el modo como las comunidades cristianas, desde los apóstoles hasta la fecha, han interpretado libremente en el Espíritu el Antiguo Testamento (AT) como preparación para el culmen de la revelación de Dios en Cristo. Las instituciones y enseñanzas veterotestamentarias se releen a la luz de Jesús resucitado. La motivación que tienen las comunidades eclesiales de todos los tiempos es valerse del AT para expresar su fe en Jesús y en cómo Jesús da cumplimiento pleno a la Ley del AT. Después, el autor expone el ejemplo de San Pablo, que dijo en 2Cor 3,12-18 que un velo impedía a los ojos del pueblo judío ver en Jesús al Mesías esperado. Pablo no es contrario al judaísmo, pero sí ve en la Torah una enseñanza pasajera, un pedagogo (Cfr. Gal 3,24) que preparó al pueblo para que recibiera a Jesús. Quien acoge a Cristo lo hace por acción del Espíritu; éste da libertad al cristiano para interpretar el AT dentro de una comunidad eclesial. Pablo se sintió destinatario y dueño del AT y por eso lo interpretó libremente. Ve el AT como una historia que encuentra en Cristo su verdadero sentido. El criterio base para interpretar el AT es la comunidad cristiana, “Carta de Cristo” (Cfr. 2Cor 3,3), que tiene el Don del Espíritu hermenéutico. Pablo y las comunidades cristianas descubrieron que el AT era una “vara” que apunta hacia Cristo resucitado. Por eso el AT ayuda a comprender mejor el misterio de Cristo. Mesters subraya también que el AT es fruto de experiencias de vida y expresión de la conciencia del pueblo judío. La Torah fue su vida, la razón de su existencia, la luz que iluminaba la mente del pueblo para vivir, pensar y hacer, pero luego la vida del pueblo lo llevaba a reinterpretar los textos; lo mismo sucede en la Iglesia, cuya vida de comunidad y autoconciencia son el criterio último para descubrir el sentido de los textos para nosotros. Las primeras comunidades cristianas consideraron la experiencia del misterio de Cristo, como criterio absoluto para reinterpretar las “Escrituras” (AT). Al cambiar su estilo de vida, los cristianos encontraron un nuevo sentido en el AT, pero los judíos se encerraron en la letra e impusieron el libro sobre la experiencia de la vida y por eso no aceptaron al cristianismo. El AT fue visto como nuevo en significación por los primeros cristianos; ya no les hablaba de lo pasado sino que era expresión de la verdad que ahora vivían en Cristo. Después, al autor aclara que para Pablo, el AT permanecerá hasta el final de los tiempos (Cfr. Rom 8,18). El AT es origen y raíz del NT, por lo que no debe ser desechado. El AT sirve “para nuestra instrucción”, como modelo y ejemplo (Cfr. 1Cor 10,11; Rom 15,). En Cristo nos encontramos con el Dios de Israel; Cristo es el “sí” a las promesas del AT (Cfr. 2Cor 1, 20). Además, el sentido que Pablo le dio al AT es fiel al Espíritu del AT. Aunque el método paulino no es lo máximo, es eficaz para hacer descubrir y hacer asumir la fe en Jesús, que ya estaba presente en el AT. Al final del capítulo, Mesters hace un resumen de lo expuesto y recuerda que tal vez este tipo de estudios diga poco al hombre de hoy ya que no hemos integrado el AT a la vida. La forma en que afrontamos nuestros problemas cotidianos no es iluminada por la relación AT-NT que para Pablo sí era vital. El autor promete dar una propuesta de solución en el siguiente capítulo. VALORACIÓN PERSONAL El texto es excelente, pero me parece que Mesters no ve la importancia que puede tener el diálogo entre judíos y cristianos que pueda impulsarnos a trabajar en la sociedad y enfrentar la degradación de valores y principios éticos, para trabajar por el bien común tan manipulado por intereses partidistas en todas las democracias de Occidente. Ricardo Aguilar Hernández 13 de Noviembre de 2006