TEOREMA ENTREVISTA A AMANDO DE

. MIGUEL
TEOREMA inicia en este número una serie de entrevistas
a personas representativas del pensamiento español actual..
Su propósito es ofrecer al lector una imagen viva de estos
autores y perfilar un panorama de nuestra presente situación
filosófica. Quizás ello contribuya a esclarecer las perspectivas
en un ambiente filosófico tan enrarecido y acrítico como es el
nuestro.
Amando de Miguel, sociólogo rabiosamente empírico, anti-
filósofo en la medida en que niega la dependencia institucional
de sus técnicas con respecto de las tradicionales Facultades
humanísticas, y antifilósofo en su reticencia a aceptar la
sociología crítica y teórica que otros de su profesión tratan
de desarrollar, ocupa un lugar muy especial en el ámbito
sociológico español.
Discípulo de Arboleya y Linz en Madrid y Columbia, ha
publicado los conocidos informes FOESSA, aparte de otros
muchos escritos en los que intenta diagnosticar sobre la socie-
dad española actual. En oposición celebrada el pasado mes
de junio, el Tribunal le votó, por unanimidad, para ocupar
la plaza de Catedrático de Sociología en la Universidad de
Valencia.
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TEORE1A ENTREVISTA
DE MIGUEL: Antes de entrar a "conversacionar" -y
asumiendo el riesgo de monólogo en que suele terminar el
género- he de confesar que no me considero una persona
"filosóficamente interesante" como parece ser que buscan los
iniciadores de esta serie de conversaciones en Teorema.
Casi me podría definir como el sociólogo más alejado de
la Filosofía que sobrevive por estas latitudes subpirenaicas~
Recordaré siempre mi encontronazo con la Filosofía. Se trataba
del curso introductorio que daba Garagorri en la Facultad de
Políticas. Viniendo de la consabida escolástica de colegio
de curas. hay que reconocer que la elegancia de la escuela
orteguiana tenía que subyugar a cualquier adolescente. Tanto
fue así que en el examen oral de la asignatura. don Paulino me
espetó de entrada: "Vamos a ver. así de golpe. dígame qué
efecto le ha producido la Filosofía". Yo contesté raudo: "Pues
que me ha divertido enormemente". Y era verdad; sólo que
no caí en el juego dialéctico de Ortega de que di-vertirse
quiere decir que a uno no le ha entrado la cosa. Y "salido"
estoy todavía filosóficamente. valga la connotación de la jerga
sexual que en este caso contiene el dichoso vocablo. Ahora. si
lo que ocurre es que a los filósofos les interesa lo que hacen
y piensan los sociólogos. en ese caso me apresto a conversar
con sumo agrado.
TEOREMA:Se dice que eres la única persona en España
que tiene un despacho abierto al público con el rótulo de
"sociólogo", como suelen hacer los médicos y los abogados.
Si ello es cierto, ¿podrías explicar, desde un punto de vista
sociológico, a qué se debe tan singular situación? ¿Por qué
sólo tú entre todos los sociólogos españoles?
DE MIGUEL: Se trata de una reducción a la que por lo
visto era la única posibilidad que he tenido de hacer Sociolo-
gía con cierta independencia. A pesar de ser "ese chico listo
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que se va a ampliar estudios a Estados Unidos", lo cierto es
que cuando regresé de ese país (más o menos cuando empe-
zaba todo eso de los Plan~s de Desarrollo) nadie me ofreció
ninguna oportunidad para hacer Sociología en la Universidad
o en los otros organismos públicos habilitados al efecto. Hubo .
alguna oferta indirecta, pero demasiado condicionada y poco
clara. Acepté la posibilidad de trabajar en una empresa de
mercados, desde la cual con otros compañeros fundamos una
empresa volcada más a las investigaciones sociológicas. Fue .
una experiencia apasionante y enseñé a alguna gente a "hacer
encuestas" y a interesarse por la Sociología. Pero a la larga,
la cosa no podía prosperar porque, como es lógico, en una
sociedad anónima (incluso en aquélla que fundamos, que nun-
ca ha repartido beneficios) predomina el interés práctico de
atenerse a las normas de cualquier burocracia en un sistema
de mercado. De ahí que, fracasados un par de intentos de
acceder a una cátedra universitaria y ante la imposibilidad de
hacer investigación dentro de la Universidad, me lanzara a
la peregrina idea de trabajar "como si" fuera un profesional
liberal, con mi rótulo de "sociólogo" en la puerta de mi
despacho.
Quiero aclarar el "como si". El despacho de Serrano, 19
(cosa curiosa, debajo están las oficinas del Plan de Desarrollo
y al lado el Consulado de Chile) no sólo es único porque
supone una profesionalidad liberal. Es "liberal" en más de un
sentido, hasta en el político. Como los médicos o los abogados
clásicos, seleccionamos a nuestros "clientes" y minutamos con
entera discrecionalidad. La selección tiende hacia los trabajos
que puedan servir, no sólo al cliente en cuestión, sino a la
sociedad entera. Por eso presionamos para que todos los estu-
dios que realizamos se publiquen. Por otro lado, es fundamental
el tiempo para leer, aprender, discutir; y de hecho todos los
colaboradores son estudiantes o doctorandos. No hay horario
fijo y la burocracia es mínima. La crítica es constante. Todos
cobramos lo mismo y el mínimo, sea cual sea el tipo de trabajo
o el horario, de tal modo que la parte más importante del
coste se invierte en libros y revistas. Así hemos podido con-
seguir la mejor biblioteca de España sobre temas de estructura
social española. Como no hay ánimo de lucro, lo lógico es que
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Teorema entrevista 119
la biblioteca pasara algún día a la Universidad. O sea, que
trabajamos como si fuéramos un centro universitario..., sólo
que sin Universidad.
¿Por qué no hay más gente que trabaje así? La carga psi-
cológica y económica de mantener un despacho de este estilo
es enorme. Insisto en que se trata de una solución provisional,
hasta tanto se pueda trabajar con menos costes en el recinto
universitario. Seguimos esperando esta oportunidad.
T.: En nuestro país no hay aún Facultad de Sociología en
normal funcionamiento ni una práctica sociológica profesional
generalizada. Tú has dicho algu11l1vez que la mayoría de los
sociólogos profesionales españoles son "conversos" de otras
especialidades (Filosofía del Derecho, Derecho Político, etc.).
¿Eres tú también un "converso"? ¿Cuál es el origen de tu
decisión de "hacerte sociólogo"? ¿Por qué vicisitudes atravesó
ese proceso?
D. M.: Me remito al libro Sociología o Subversión que
acaba de salir en Plaza & Janés, donde contesto un poco al
tema. La mayoría de los sociólogos venimos a parar en esto
después de haber fracasado en nuestros ideales redentores,
políticos o religiosos. Otras veces la "conversión" se produce
por el desencanto de otras disciplinas o corrientes intelectua-
les: las ingenuidades del jusnaturalismo, el callejón sin salida
de la Filosofía tradicional, las perplejidades del Derecho Polí-
tico, etc. Yo ando envuelto un poco en todas esas conversio-
nes (o apostasías, según se mire). En mi paulina caída del
caballo influyeron sobre todo Arboleya, Lissarrague, Pinillos
y Linz. No descarto el papel que en mi interés por la Socio-
logía representa mi propio proceso de movilidad social.
T.: A propósito de tus estudios en la Universidad de Co-
lumbia, ¿puedes decirnos algo acerca de tus principales expe-
riencias intelectuales allí? ¿Es ocioso pedirte que compares la
universidad española con la norteamericana? ¿Crees que es
posible para un español hacerse sociólogo sin haber pasado por
una Universidad extranjera?
D. M. : Yo viví la Columbia de antes de los sucesos del
movimiento estudiantil. Me pertreché de técnicas, algo de
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teoría y sobre todo la singular experiencia intelectual (que
nadie más ha resistido) de trabajar tres años seguidos, día y
noche, con nuestro "premio-nobel exportado" : Juan Linz.
Digerí lo más coherente del-llamado "funcionalismo estructu-
ral" y me acostumbré a un método de trabajo que luego dio
algún resultado. La diferencia con la Universidad española era
abismal. No sólo de medios sino de ambiente intelectual. ¡Y
pensar que la Universidad de Columbia ha entrado ya en
crisis!
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T.: La figura de Ortega juega un papel central en el pen-
samiento español del siglo XX. ¿Cuál es su significado .en la
reciente historia de la Sociología española? ¿Existe alguna
influencia de Ortega en los sociólogos españoles actuales?
¿Podrías precisarla de algún modo?
D. M.: De nuevo me remito al libro de Plaza & Janés, y
perdón por la reiterada propaganda, pero el tema es debatible
y largo de contar. El Ortega de aquellos paternalistas y jocun-
dos tiempos del SEU era todavía el "filósofo liberal" (vaya
la peor connotación posible para los dos palabro s). Su influen-
cia inmediata en la Sociología es casi nula, al no haber Una
escuela sociológica orteguiana propiamente tal, y al predomi-
nar entre los sociólogos un cierto "talante" (digámoslo asO
antiorteguiano. Ahora bien, de un modo indirecto, a través de
la generación de Arboleya, la pervivencia de Ortega es grande.
Después de todo, La Rebelión de lás Masas o España inverte-
brada son de las pocas contribuciones serias que un español
ha hecho al pensamiento social universal. Yo creo que, tras-
pasados unos años de estratégico olvido, volverá a renacer el
interés por algunos de los temas orteguianos.
T.: ¿Qué opinas sobre "El hombre y la gente"?
D. M.: Es de lo peorcito que pariera Don José; por algo
se quedó entre sus papeles inéditos. Hay párrafos que parecen
una tomadura de pelo. Está bien la broma de Martín Santos
en Tiempo de silencio sobre la conferencia perspectivista en
torno a la manzana. Detrás de "El hombre y la gente" hay
demasiadas señoras con sombrero.
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T.: Entre los españoles que han influido en el curso de tu
carrera científica se encuentran Enrique Gómez Arboleya y
Juan J. Linz. ¿Qué significan estos nombres en la reciente
historia de la Sociología española? Y más concretamente, ¿qué
han significado para ti?
D. M.: A pesar de que considero a Arboleya como a uno
de mis más queridos maestros, la verdad es que él nunca me
consideró su discípulo. Era difícil por aquel entonces el que
un estudiante se pudiera acercar al catedrático, a pesar de que
yo era el que tomaba los "apuntes" de la asignatura. Su per-
sonalidad era regia, extraordinaria. Fue en verdad un apasio-
nado, un neurótico que nos contagió a muchos del ansia de
conocer. Respecto a Linz, qué voy a decir. No se entiende nada
de lo que. he hecho en estos primeros años de mi vida profe-
sional sin rastrear sus influencias. Por encima de todo me
enseñó una aguda capacidad crítica y el interés por los con-
dicionamientos políticos de la estructura española.
T.: Enrique Gómez Arboleya se suicidó en diciembre de
1959, a la edad de 49 años. Respetando el misterio de esa
acción personal, que segó prematuramente la vida de un gran
investigador, ¿tiene sentido preguntar en qué línea hubiera con-
tinuado .Arboleya su labor científica? .
D. M.: Arboleya andaba hondamente preocupado por el
cambio de enfoque de una Sociología zubiriana more germá-
nico a una Sociología empírica de corte norteamericano. Vivió
exageradamente en unos pocos años la crisis intelectual que
en el colectivo universitario iba a durar toda una generación.
Ni más ni menos esto es lo que fundamentalmente le llevó al
suicidio, as far as we k1WW. El futurible de lo que hubiera
hecho Arboleya tiene poco sentido; su línea eran las monogra-
fías de vida, los análisis demográficos, los estudios antropoló-
gicos, las encuestas, Para todo ello le faltaba formación técnica~
Intentó suplida enviando a algunos estudiantes a Estados
Unidos. Esos estudiantes, hoy catedráticos, realizan en la
actualidad la esperanza insatisfecha de Arboleya.
T.: En alguna ocasión has señalado que actualmente exis-
ten en España tres corrientes sociológicas: la católica, la em-
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pírica y la crítica. ¿Podrías caracterizar brevemente cada una
de ellas?
D. M.: Las tres corrientes sirven para caracterziar la
reciente evolución histórica de la Sociología española; no
servirán tanto para el futuro. La línea católica representa esa
impresionante constante intelectual de las últimas décadas por
la que muy pocas expresiones del mundo del espíritu se pueden
alejar de movimientos confesionales o de la actuación pública
de los católicos. La Sociología católica se debate en un sin-
fín de contradicciones y, como tal, tiende a perder significa-
ción. Las corrientes empíricas son las dominantes en la So-
ciología establecida; todo el mundo es consciente de que hay
que revisar el "puro" empirismo mediante un enriquecimiento
cualitativo, pero nadie sabe cómo hacerlo. La tendencia crítica
se arropa en el marxismo, y expresa más una actitud vital y
política que científica. No estaría mal aunar un espíritu crítico
(no necesariamente marxista o de un Marx determinado) con
unas buenas dotes de observación y un conocimiento sufi-
ciente de las técnicas de análisis.
T. :Esta triple división de que hablas, ¿es de alguna manera
coordinable con la situación actual de la Sociología en el
extranjero, o es exclusiva de España?
D. M.: Más o menos, responde a un esquema servible para
muchos países, singularmente los latinos. Nuestra peculiaridad
reside en una increíble persistencia de la Sociología católica
más tradicional, en la arribada tardía del empirismo (y en
consecuencia su mala digestión) y en una pertinaz indefinición
de las corrientes críticas.
T.: ¿Qué opinas de la corriente católica?
D. M.: No tiene ningún sentido adjetivar una ciencia con
la expresión de un sentimiento religioso. La Sociología no
puede ser el sustituto o el remedio o el sucedáneo para una
fe que se pierde.
T.: Dentro de la corrienteempíricadistinguesa su vez tres
líneas: la escuela de Arboleya, la escuela de Granadq y la
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escuela .de Linz. ¿Podrías analizar sumariamente cada una de
ellas?
D. M.: La escuela de Arboleya representa tendencias muy
diversas, pero agrupa a sus discípulos más inmediatos. La de
Granada se ha fraguado en torno al liderazgo indiscutido de
Murillo. La de Linz representa a los que han pasado por Esta-
dos Unidos y colaboran con él o entre sí. La primera es la que
ha acumulado más poder; la segunda representa la presencia
universitaria; la tercera la producción bibliográfica y los con-
tactos internacionales.
T.: Y ¿qué opinión te merece la corriente crítica?
D. M.: La escuela crítica es fundamentalmente ágrafa. Los
pocos críticos que escriben son en general muy competentes y
representan el mejor futuro para la Sociología española. La
mayoría de los llamados críticos no significan más que una
mera protesta política cuando no encubren una notable incom-
petencia técnica. En una situación de normalidad intelectual
se depurarían ambos grupos.
T.: ¿Es lo mismo sociología crítica, tal y como se le de-
fiende en España, que sociología marxista? Por otra parte, y
en caso de que así J1X) sea, ¿qué opinas acerca de la sociología
marxista no meramente frallcfortiniana, en general, y de su
actual representación o viabilidad en España, en particular?
D. M.: En gran medida son términos coincidentes. Claro
que de Marx, como de la Biblia, se pueden extraer todas las
interpretaciones. A mí me gustaría ver publicados enfoques
serios sobre la realidad española desde algún punto de vista
marxista.
T.: La sociología se emancipó de la filosofía en el si-
glo XIX como la física en el XVI. ¿Cuáles son ahora las
relaciones entre sociología y filosofía? ¿Qué diferencia hay,
por ejemplo, entre lo que escriben Russell o Popper sobre la
sociedad y lo que escriben Parsons o Dahrendorf?
D. M.: La distinción entre Sociología teórica y Filosofía
social me parece muy difícil de establecer. Sospecho que los
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teóricos sociales no han asimilado todavía las últimas corrien-
tes filosóficas. Un Parsons tiene todavía mucho de elucubra-
ción de Tomás de Aquino. ~os clásicos de la Sociología son
todavía demasiado cercanos, están aún vivos. El gnin problema
teórico sigue siendo, como el primer día, el de si es posible
hablar de la sociedad humana, o hay que referirse necesaria-
mente a sociedades concretas, históricas. Yo estoy más bien
en lo segundo, pero mi competencia teórica no va muy allá.
T.: ¿Es posible disociar sociología y política? ¿Cómo se
inserta el oficio de sociólogo en el contexto de la realidad
española actual?
D. M.: Ciencia y Política se hallan muy relacionadas, y
más en sociedades como la española. No creo que sea ya vigen-
te la famosa tesis de Weber, pensada para la realidad alemana
de fin de siglo. Tampoco tiene sentido el dejar de hacer ciencia
y ponerse todo el mundo a hacer ideologías. Pero es un hecho
que los sociólogos forman un gran grupo productor de ideo-
logías. En España es casi imposible hacer Sociología, por con-
dicionamientos estructurales-históricos casi insuperables. Pero
hay que hacerla.
T.: Si se compara el grado de cientificidad de la sociología
con el de la economía, ¿sale bien para la sociología? Para
ciertos economistas españoles, por ejemplo, la sociología tiene
algo de "música celestial". ¿Qué opinión te merece este aserto?
D. M.: No cabe duda de que la Sociología está muy lejos
de alcanzar el grado de formalización científica a que ha
llegado la Economía. Probablemente nunca 10 consiga, dado
el carácter irrepetible de muchas formaciones sociales y el
elevado número de variables que influyen en ellas. Por otra
parte, los mejores economistas en el mundo (Kuznets, Myrdal,
Rostow, etc.) se acercan cada día más a planteamientos que
son comunes a los sociólogos, cosa que por otra parte ocurría
en los clásicos (Malthus, Smith, Marx). Comprendo que para
algunos economistas hispánicos la Sociología sea "música ce-
lestial", pero es que deben estar oyendo campanas y no saben
dónde. De hecho, la Sociología es una asignatura para los
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economistas; no existe la Economía como una asignatura para
los sociólogos.
T.: Hasta ahora hemos hablado de "sociología", sin pre-
cisar que esta palabra no comprendo uno solo, sino muchos
campos de trabajo. ¿Cuál o cuáles son los que tú, concreta-
mente, investigas?
D. M.: Mi campo es un poco amplio: "Estructura social
de España", en la medida en que el tema se deja investigar.
Dentro de él, me dedico más a estructura de ocupaciones,
sistema educativo, condicionamientos sociales de la industria-
lización, sistema urbano, etc. Cada vez más me interesan los
aspectos cualitativos, ideológico~, expresivos como parte de la
realidad observable.
T.: Tu nombre está indisolublemente unido al nombre
FOESSA, ¿Querrías explicar a los lectores de TEOREMAen
qué consisten los informes FOESSA: su objetivo, su método,
su análisis, sus resultados? ¿Cuáles son las diferencias entre
el primer y segundo informe, y cuáles las perspectivas de un
tercero?
D. M.: El 1 FOESSA fue un intento de poner en orden
algunos datos sobre la realidad que se echaban de menos en
los informes y estudios económicos al uso. En el 11Informe se
ha completado el esquema con una mayor profundidad, dentro
de lo permisible. Ha variado sustancialmente el enfoque más
crítico y comprometido de este segundo estudio. Las lagunas
son grandes. A mi me gustaría que el 111Informe lo realizara
un equipo distinto, con una orientación intelectual diferente.
Quizá ya no tiene sentido un único mamotreto sino monogra-
fías sueltas. El problema es ¿quién puede hacerlas?
Desde el 1 al 11 FOESSA yo personalmente he alterado
muchos puntos de vista, y el cambio continúa mientras los lec-
tores van agotando los ejemplares del último informe. Al final,
la imagen que de mí puede obtenerse, después de leerme, des-
enfoca sensiblemente lo que en realidad pienso y siento. Por
eso en la ciencia no hay obra más definitiva que la que se
está escribiendo. Yo soy el primer crítico de mis cosas, pero
hay que cometer la impudicia de publicar todo lo provisional,
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lo interminado, lo dubitativo, lo imperfecto que uno va pu-
diendo hacer. Yo no volvería a escribir muchas cosas de las
que he escrito, pero de escribirIas, las volvería a firmar, sin
duda.
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T.: ¿Qué juicio permiten formarse los resultados del infor-
me FOESSA sobre la ley general de educación?
D. M.: La realidad del sistema educativo evoluciona por
su propio impulso y no se sujeta al control de los planifica-
dores. Cada vez supondrá más problemas.
T.: En la introducción a tu "Dinámica del desarrollo indus-
tria!", Román Perpiñá escribe que coincides con la "concep-
ción inmedita y a largo plazo del Ministerio de Educacióll
Nacional fundamentada en el Libro Blanco". Sea o no así,
¿podrías aclarar tu postura?
D. M.: No estoy muy de acuerdo con algunas precisiones
sustantivas de Perpiñá en su estupendo prólogo, lo cual es una
maravilla en el aburrido panorama de los prólogos a los libros
españoles. Por ejemplo no estoy de acuerdo en que yo le dé
al factor educativo una importancia desmesurada por lo que
afecta al desarrollo, al igual que hace el Libro Blanco sobre
Educación. Al contrario, creo que he dicho en varias ocasio-
nes que puede haber un derroche en mejorar algunos aspectos
del sistema educativo sin que con ello se logre un resultado
proporcional en la mejora de la calidad de la vida. Por ejem-
plo, todas las reformas universitarias que se hagan sin un
progreso sustancial de la enseñanza primaria me parecen un
lujo irracional,
T.: ¿Cuales son las fuentes de financión de FOESSA?
D. M.: Son públicas. Fundamentalmente Cáritas, algunos
organismos estatales, unos cuantos Bancos y mecenas particu-
lares, más pequeñas cuotas de ciertos profesionales interesa-
dos en estos estudios. Aclaro que yo nunca he pertenecido a
FOESSA como tal fundación.
T.: Algunas personas piensan que los informes FOESSA
suministran un extraordinario cúmulo de datos, pero omiten
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Teorema entrevista 127
la articulación y la caracterización estructural de la sociedad
española en términos de clases, de fuerzas sociales, de conflic-
tos globales. Para Carlos Moya, por ejemplo, muchos de los
supuestos de esa investigación son "científicamente ingénuos".
¿Qué tienes que decir al respecto?
D. M.: Que estoy esperando el estudio menos ingenuo y más
científico de Carlos Moya. De acuerdo totalmente en la crítica
global, pero yo no he sabido hacer un informe mejor con los
medios de que disponía. Por otra parte, existen condiciona-
mientos, llamémosles, "institucionales" que inhiben un tra-
tamiento más profundo o intenso o explícito. Sigo trabajando
en algunos de esos aspectos más olvidados e importantes.
T.: ¿Qué conclusiones de tipo general sobre la sociedad
española se podrían extraer del informe FOESSA?
D. M.: Que el proceso de cambio social y económico gene-
ral es mucho más rápido del que corresponde al cambio de
algunas actitudes básicas y a las variaciones en el peso de algu-
nas fuerzas tradicionales En muchos aspectos somos todavía
una sociedad pre-industrial y nos asomamos en otros a algunas
manifestaciones de la sociedad de consumo. Sociedad dinámica,
conflictiva y contradictoria si las hay. Un paraíso para los
sociólogos... extranjeros.
T.: Obviamente, una obra como la tuya no puede ser lle-
vada a cabo si no es con la ayuda de un equipo de expertos
muy bien conjuntado. ¿Cómo está organizado tu equipo y
quiénes lo integran?
D. M.: Todos prácticamente estudiantes o recién licen-
ciados. No hay un organigrama complicado. La división del
trabajo se realiza para cada estudio, aunque algunos sepan
más tabulación, otros documentación, etc. Casi todos saben
hacer un poco de todo. Yo fundamentalmente hago esquemas
y escribo o corrijo otras versiones. Fuera de esto no soy im-
prescindible.
T.: ¿Qué opinas de la futurología? ¿Es viable en España?
D. H.: País como éste, obsesionado por el pasado y con
el constante temor de la provisionalidad del presente, debe
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haber pocos. Así, que pensar en el futuro parece planta de
invernadero. De momento la futurología en España no pasá
de refritos, traducciones y lugares comunes.
T.: En tu "Dinámica del desarrollo industrial de las re-
giones españolas", copublicada con J. Salcedo en 1972, sor-
prende leer un apasionado canto a las megalópolis o "ciudades
gigantes", en contra de lo que la inmensa mayoría de los inte-
lectuales piensan y escriben sobre el urbanismo. Incluso llegas
a hablar, en términos optimistas, de un Madrid que fuese de
Guadalajara a Toledo. ¿Podrías fundar este juicio?
D. M.: De acuerdo. La mayoría de los intelectuales y
sociólogos idealizan las ciudades medias. Pero en contra de
ellos y de acuerdo con Mario Gaviria, yo creo más en. las
posibilidades de enriquecimiento humano en las grandes ciu-
dades. Que Madrid va a ser una conurbación de 8 Ó 10 millo-
nes de habitantes es un hecho que está ahí y que habrá que
servirse de él. Lo contrario es querer volver a la Arcadia o
al Paraíso Terrenal, lugares bastante inhóspito s y estúpidos
para las, necesidades de un adulto instruido, pienso yo.
T.: Tu "Introducción a la sociología de la vida cotidiana"
y tus numerosos artículos periodísticos, particularmente en el
suprimido diario "Madrid", prueban que no eres un intelectual
introvertido lli académico y que para ti la sociología llega a la
vida misma. Es curioso, sin embargo, advertir que el estilo
de tus artículos es muy cuidado y elegante, más tal vez que
el de tus libros. ¿Es ello casual o responde a una intención
deliberada?
D. M.: Es así. Con el público profesional no hay que
cuidar mucho la prosodia y el estilo; lo que importa es el
dato, la conclusión, la hipótesis para seguir trabajando. Pero
con los artículos divulgadores ya es otra cosa; tienen algo de
obra artística, de estímulo para convencer o para hacer pensar.
Yo creo que todo sociólogo debería volcarse un poco a este
otro tipo de literatura a veces tan menospreciada. El ideal
sería utilizar la TV y todos los medios modernos. Disiento
de mis conspicuos colegas que consideran estas cosas como
un tanto frívolas.
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T. : ¿Qué trabajos de investigación estás haciendo ahora o
proyectas realizar? ¿Hay en ellos algún cambio de método,
de interés predominante, de orientación?
D. M.: Muchas ideas. Algunas no madurarán hasta dentro
de algunos años. Hay un análisis de la Ley de Educación, un
estudio sobre el futuro de la sociedad española a medio plazo,
una investigación sobre profesiones, un ensayo sobre Socio-
logía de las relaciones sexuales, una análisis del contenido de
los textos escolares, una serie de artículos divulgadores para
la enciclopedia Universitas, etc. Como ya he dicho antes,
predomina una orientación generalizadora, cualitativa, una
actitud cada día más crítica y comprometida (a pesar de lo
gastadas que están estas palabras). Cada vez doy más impor-
tancia a la literatura, a la presentación no-académica de los
resultados intelectuales. Creo que acabaré escribiendo novelas
o guiones para la TV.
T.: ¿En qué direcciones o campos esperas mayores pro-
gresos de la sociología en los próximos años en el extranjero?
¿y en España?
D. M.: Los grandes temas van a ser: Sociología urbana,
Educación, problemas. sociales. Veremos una gran crisis de
las corrientes teóricas al uso. En España lo mismo, pero un
poco retrasados, como siempre.
T.: Dentro y fuera de España se ha hablado de una ame-
naza de paro entre sociólogos para un futuro próximo, alegan-
do la desproporción existente entre el crecido número de
personas interesadas por la materia y las posibilidades reales
de trabajar en ella. ¿Qué piensas' sobre esto?
D. M.: Como en otros muchos casos, vamos a ver que al
mismo tiempo faltarán y sobrarán sociólogos. Van a estar
parados los que no tengan una especialización suficiente y
no van a encontrarse expertos en Urbanismo, Educación, Pro-
blemas Sociales, etc. Mucha gente estudiará Sociología sólo
para cultivarse, y no hay que pensar que van a querer trabajar
de un modo profesional. La fuente de empleo más promete-
dora va a ser la enseñanza de la Sociología a nivel introductorio
(COU y primer ciclo universitario).
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T.: ¿Podrías, en la medida en que lo consideres conve-
niente, darnos alguna información sobre la historia personal
de tus oposiciones a cátedra de universidad (por ejemplo, nú-
mero de oposiciones, votos; etc.), y extraer de esa experiencia
un juicio sobre el sistema de provisión de cátedras en la Uni-
versidad española?
D. M.: Mi experiencia no puede ser más negativa. He in-
tentado por tres veces aspirar a una cátedra y no lo he con.;.
seguido. Ni siquiera ha resultado válido el dicho de que "para
ser catedrático sólo hacen falta tres votos", o el otro de "lo
primero y principal es tener al tribunal". Me he dejado la
piel en el intento. Es una lucha contra corriente. La única
justificación del sistema es que sin oposiciones todavía sería
peor y entraría gente más incompetente. iApañados estamos!
Considero esterilizante la idea del catedrático-para-toda-la-vida
como especie cualitativamente diferente de los PNN, servido-
res suyos. La obsesión del "auto bombo" y la Memoria me
parece que acogota la vocación científica más pura. El acade-
micismo de los señores catedráticos resulta insoportable. Su
poder, desmedido. Sus quejas de que ganan poco, risibles. En
cuanto desaparezca la obsesión en tomo a las oposiciones se
habrá adelantado un gran paso, ,porque sobran individualida-
des inteligentes en el mundo universitario. Lo que resulta en-
rarecido es el ambiente. Todos tenemos la culpa. Tengo que
reconocer la positiva experiencia del embriónico Departamento
de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona donde
se ha eliminado la "oposicionitis". Se puede conseguir.
T. :En el pasado mes de junio un Tribunal competente te
otorgó, al término de tus ejercicios de oposición, los votos
correspondientes, que te permitieron optar a la Cátedra de
Sociología de la Universidad de Valencia. Hasta el momento
no te ha llegado el nombramiento oficial para el cargo. ¿Tienes
idea de lo que ~cede con ese nombramiento? Y ¿sabes si se
ha dado en la historia de las oposiciones a cátedras de univer-
sidad en España algún otro caso tan insólito como este tuyo?
D. M.: La historia es inenarrable, increíble, incompren-
sible. El asunto está sub judice, como dicen. No creo que
existan precedentes tan irracionales como éste. 'Jurídicamente
Teorema entrevista 131
creo tener toda la razón y nadie me la ha quitado seriamente
(incluso el Consejo de Estado ha dictaminado a mi favor),
pero debe haber razones políticas que el Derecho no entiende.
Mal precedente el que las decisiones de un tribunal de oposi-
ciones dejen de ser vinculantes. Significa retroceder, no avanzar,
en el necesario paso de superar el sistema tradicional de selec-
ción de personal docente.