I.

Doctrina del neo-pentecostalismo sobre el bautismo del Espíritu Santo
Con frecuencia se cita la fecha del 1.° de enero de 1901 como el día en que naciera el movimiento Pentecostal, porque en tal fecha Inés Ozman, que estudiaba en el Colegio Bíblico de Charles F. Parham, en Topeka, Kansas, salió hablando en lengua desconocida cuando Pam-ham le hubo impuesto las manos. El 3 de abril de 1960 pudiera darse como la fecha del nacimiento del Neopentecostalismo, el movimiento a través del cual las doctrinas y prácticas del Pentecostalismo revertieron sobre muchas iglesias que no eran pentecostales. En tal fecha, Dennis Bennett, rector de la Iglesia Episcopal de San Marcos, en Van Nuys, California, dimitió de su rectorado en razón de la disensión creada en dicha iglesia porque el rector había empezado a hablar en lenguas. Desde aquel día empezó a extenderse el Neopentecostalismo, pues muchos miembros de iglesias protestantes no pentecostales, así como de muchas iglesias católicoromanas, comenzaron a manifestar que habían recibido el bautismo del Espíritu Santo y el don de lenguas, reuniéndose en grupos de comunidad neopentecostal. Debido al énfasis especial que el neopentecostalismo pone en el valor de ciertos dones especiales del Espíritu Santo, cuyo nombre común en el Nuevo Testamento es carismas, también se le conoce como el movimiento carismático. La doctrina principal del Neopentecostalismo es el bautismo en el (o del) Espíritu Santo. En realidad, esta doctrina es tan importante en dicho movimiento que si se eliminara de él nos quedaríamos sin Neopentecostalismo. Nos interesa, pues, informarnos exactamente de la doctrina de este movimiento sobre dicha experiencia. ¿Qué enseñan los neopentecostales sobre el bautismo en el Espíritu? Es punto menos que imposible resumir las opiniones de una gran variedad de personas pertenecientes a varias denominaciones cristianas, a una sola declaración de fe. Hemos intentado, sin embargo, reproducir brevemente lo que creen los neopentecostales sobre esta materia. Según ellos, el bautismo del Espíritu Santo es uña experiencia distintade la "conversión y generalmente posterior a_eUa, por medió dé la cual la persona que la experimenta _recibe'ensu vida la totalidad del Espíritu Santo y el pleno poder para dar testimonio y servicio. Ampliando un poco este resumen, diremos que la postura neopentecostal es la siguiente: aunque el Espíritu Santo regenera al hombre, capacitándole para arrepentirse y aceptar a Cris to en el momento de la conversión, no entra en el corazón del creyente en calidad de Persona que llena por completo su vida y le concede el complemento de los dones carismáticos hasta que el creyente experimenta el bautismo del Espíritu Santo como experiencia distinta de la conversión y posterior, habitualmente, a ella. Dicho de otra forma, aunque el Espíritu toca a la persona para su conversión, no entra en su totalidad en la vida del convertido mientras éste no experimenta el bautismo del Espíritu, Por este motivo, en los círculos neopentecostales, no se considera que un creyente tenga a su disposición todo el poder del Espíritu Santo a menos que reciba el citado bautismo y, en consecuencia, se incita a todos los creyentes a que lo busquen y lo esperen. Es muy importante recalcar que para los neopentecostales el bautismo del Espíritu es algo totalmente distinto de la recepción del Espíritu en el momento de la conversión. Si así no fuese, no se les pediría a los creyentes que buscasen tal experiencia. Como queda dicho, entre los neopentecostales se incita a todos los creyentes a buscar el bautismo del Espíritu, y en muchas de sus iglesias se celebran reuniones y clases especiales dedicadas a ayudar a los creyentes a recibir dicho bautismo. Un neopentecostal muy conocido se expresa de esta forma: "Más allá de la conversión, además de la seguridad de la salvación, y más allá de la posesión del Espíritu Santo, existe el bautismo con el Espíritu Santo" (Laurence Christenson en Speaking in Tongues —"Hablar en Lenguas"—, p. 37). Debemos observar, sin embargo, que difiere mucho, según los propios neopentecostales, la forma que toma esta experiencia para las distintas personas. Una persona puede recibir el bautismo del Espíritu simultáneamente con la conversión, o inmediatamente después de ésta, mientras que otra persona puede recibirlo mucho tiempo después de convertirse. El mismo autor antes citado y en la misma obra, pág. 38, dice: "Algunas veces el bautismo con el Espíritu Santo ocurre espontáneamente, otras veces es por medio de la oración y la imposición de manos. Unas veces se da después del bautismo en agua, otras veces, antes. En algunas ocasiones sucede simultáneamente con la conversión, y otras, después de algún tiempo. El orden, pues, varía considerablemente". ¿Es necesario el bautismo del Espíritu para la salvación? No; todos los neopentecostales están de acuerdo en que el hombre puede salvarse sin dicho bautismo. ¿Cuál es, pues, el valor de esta experiencia "más allá de la conversión"? ¿Por qué debe buscarla todo creyente? Para contestar a esta pregunta citemos de nuevo, en primer lugar, a Christenson: "El bautismo con el Espíritu Santo es un eslabón preciso en una cadena de experiencias que une al creyente con Cristo" (íbid., p. 48). Lo que esta afirmación claramente implica es que sin la experiencia del Bautismo con el Espíritu a los cristianos les falta un eslabón importante en su relación con Cristo. Aunque se conceda que el hombre puede salvarse sin esta experiencia, se implica que el salvo no entra en plena relación con Cristo y con el Espíritu Santo a menos que se haya dado en él. En general, los neopentecostales afirman que la experiencia del bautismo del Espíritu significa un conocimiento más profundo del amor de Dios, unido a la posesión de nuevo poder para la vida y el servicio cristianos, especialmente el poder para dar testimonio a otros sobre las grandes cosas que Cristo

ha hecho. Veamos algunas citas de autores neopentecostales que nos aclaren esto. Juan Sherril, uno de los primeros neopentecostales, cuyo libro titulado They Speak with Other Tongues —"Hablan en otras lenguas"— ha tenido gran circulación, dice: "El bautismo en el Espíritu Santo es el don del amor tal como jamás lo hemos conocido. Su resultado Inmediato es un impulso hacia adelante por el poder de este amor rebosante que se derrama sobre el mundo, buscando oportunidades para compartir aquello que hemos recibido" (p. 153). Robert C. Frost, otro autor neopentecostal muy conocido, después de afirmar que en el momento de la conversión conocemos personalmente a Cristo como nuestro Salvador, continúa: "También debemos conocerle, no obstante, como nuestro personal Bautizador, si el 'poder' del Espíritu de Dios ha de hallar plena expresión en nuestra vida" (Aglow with the Spirit —Brillando con la llama del Espíritu—, p. 14). El ya citado Laurence Christenson, neopentecostal luterano, dice así: "Un ministro presbiteriano, James Brown, nos lo dice de forma sucinta: 'Los discípulos antes de Pentecostés estaban viviendo detrás de sus puertas cerradas a causa de su miedo. Una vez que recibieron el bautismo con el Espíritu Santo, volvieron el mundo boca abajo'. Esa misma experiencia transformadora, ese mismo poder, están a nuestra disposición, pues Jesús sigue bautizando a sus seguidores con el Espíritu Santo" (Speaking in Tongues —Hablar en lenguas—, P. 40). Afirman también los neopentecostales que el bautismo con o en el Espíritu trae consigo la plena inmanencia del Espíritu Santo y la plena entrega de los dones del Espíritu Santo. Se dice que estos dones incluyen muy especialmente carismas tan extraordinarios como el hablar en lenguas y el don de sanidades. En sucesivos capítulos hablaremos mas sobre estos carismas poco comunes, especialmente sobre el hablar en lenguas o glosolaüa, que los neopentecostales toman como la evidencia física inicial de haber sido bautizado con el Espíritu. Por el momento hemos de dejar a un lado el estudio de la relación entre el bautismo en el Espíritu y la glosolalia, ya que este capitulo esta dedicado a presentar la doctrina neopentecostal sobre el significado del bautismo en o con el Espíritu. Federico Dale Brunner, en su específico y erudito estudio de las doctrinas pentecostales, resume el significado del bautismo del Espíritu para los pentecostales y neopentecostales en estas palabras: "El movimiento pentecostal cree haber encontrado... precedente y autoridad para su convicción de que el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia crítica subsiguiente a la conversión y distinta de ella, que concede al creyente los beneficios de una inmanencia del Espíritu Santo permanente, personal y plena, que le provee de poder para el servicio cristiano, especialmente para el evangelismo, equipándole con los dones espirituales" (A Theology of the Holy Spirit —Una teología del Espíritu Santo—, P. 75). Surge ahora la pregunta: ¿Está en armonía con la Sagrada Escritura la doctrina neopentecostal del bautismo en el Espíritu? De esta pregunta nos ocuparemos en el capítulo siguiente.

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