Curci María Fernanda.

A lo largo de la historia se producen hechos culturales, sociales y artísticos que junto al surgimiento de nuevas tecnologías ocasionan cambios lingüísticos. Si tomamos una narración, poema o discurso de cualquier época anterior a la nuestra podemos observar que han ocurrido importantes transformaciones morfológicas, sintácticas, fonéticas y en el léxico. Por ejemplo se eliminan y surgen nuevas palabras, cambian pronunciaciones y formas gramaticales. Por lo tanto, la lengua experimenta mutaciones a lo largo del tiempo produciendo cambios lingüísticos. Cabría preguntarse si estos cambios producen una evolución en el lenguaje y lo enriquecen o contrariamente lo deforman. En los últimos años hemos visto que el cambio lingüístico ha provocado un enriquecimiento en la lengua. Comenzaron a utilizarse palabras como presidenta, soldada o miembra, dejando cada vez más en desuso el genérico masculino, logrando que la lengua evolucione en términos de igualdad de género. Se produce una evolución que es necesaria y enriquecedora para la historia de las mujeres y su reivindicación. Contrariamente a la visión de cambio lingüístico como enriquecimiento, Pedro Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, en un reportaje concedido a la periodista Alejandra Rey publicado en el diario La Nación afirmó: “Cuando no hay capacidad de expresión se achica el pensamiento. Lo vemos todos los días con jóvenes que no leen, que no saben escribir correctamente y terminan con un lenguaje empobrecido. Y este empobrecimiento intelectual y verbal le hace muy mal al sistema democrático.” En contraposición a lo expresado anteriormente, en el articulo “Para hablar los jóvenes utilizan solo 240 palabras” escrito por Diego Geddes, publicado en el diario Clarín, la doctora María Laura Pardo, del departamento de Lingüística del CIAFIC-CONICET señala: “Los jóvenes son creativos en cualquier estratificación social. Que las palabras nuevas que crean no estén en el diccionario no quiere decir que no sean vocablos y que no deban ser contados a la hora de estos estudios. Lo que hoy parece irreverencia idiomática mañana estará en la RAE y en otros diccionarios como nuevo léxico.”

A este pensamiento se suma Mara Glosman, docente de semiología en la UBA, quien en el mismo artículo del diario agrega: “Plantear una “pobreza léxica” en ciertos grupos o colectivos supone que existen otros “colectivos o sectores que tienen una mayor amplitud léxica y eso suele asociarse a un mejor conocimiento lingüístico porque se trata de ideas que tienen mas relación con las representaciones sobre la lengua que con las realidades lingüísticas de los hablantes.” En conclusión, el cambio lingüístico produce una evolución positiva, ya que la lengua es un ente vivo, cambiante y rico. Además de ser enriquecedor, es necesario para la historia de los grupos sociales cuyas voces permanecen silenciadas.

Rey Alejandra (2011) “El lenguaje se redujo tanto que ya democracia” en diario La Nación. Buenos Aires 11/11/2011.

atenta contra la

Geddes Diego (2011) “Para hablar, los jóvenes utilizan solo 240 palabras” en diario Clarín. Buenos Aires 21/12/2011.