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INERCIA COLECTIVA

- ¿A dónde vamos? - No lo sé… pregunte más adelante.

Una multitud marcha por las calles de la ciudad como una lenta caravana incesante. Todavía confuso por los dilatados restos de un sueño intranquilo, me estiro en el balcón para poder determinar su longitud: a ambos lados de la avenida se extiende la misma masa uniforme de gente, sin principio ni fin visible. ¿Cuándo empezó esta congregación de infinitos caminantes? ¿Cuál es el objetivo de esta multitudinaria concentración de peregrinos?

Salgo de mi casa y empiezo a caminar entre la muchedumbre para averiguar de qué se trata. Pregunto a varias personas y recibo la misma respuesta estéril: “Pregunte más adelante”, por lo que deduzco que quizás me encuentro en un sector demasiado rezagado de la procesión, donde la verdadera razón del peregrinaje se diluyó en algún punto de la fatigada caminata.

Trato de abrirme paso entre el gentío y, a medida que me adentro, el camino se hace más denso y cerrado. A mi lado, una mujer que lleva un niño en brazos y que parece entusiasmada con la peregrinación, me contesta:

- No sé adónde vamos, señor, pero de seguro que allá hay algo bueno para todos, algo muy bueno…

No conforme con esta respuesta, sigo avanzando como puedo entre la espesura humana buscando una respuesta. ¿A dónde van? ¿Quién los convocó? Nadie lleva nada en las manos, algunos están a medio vestir, es como si súbitamente hubieran dejado de hacer lo que estaban haciendo para asistir a la marcha. “ Como yo”, pienso.

Un indigente tullido camina dificultosamente pero parece feliz de hacerlo:

- ¿Usted sabe a dónde vamos, buen hombre?

- Me dijeron que allá adelante están dando cajas con comida, señor, mucha comida...

Es extraño, todo esto es muy extraño. Ya algo inquieto por la incómoda situación busco a alguien que sepa el verdadero motivo de la marcha, que parece ser generalizada. Toda la gente que se encuentra en la calle está marchando, y los que recién aparecen se incorporan rápidamente a la procesión. Un anciano que camina con los brazos en la espalda me mira y me hace un gesto de aprobación, como reconociéndome. Pienso que tal vez este hombre pueda ser razonable: - No sé adónde vamos, joven, y no necesito saberlo. Simplemente… caminamos.

Imposible. Sin dejar de caminar, reflexiono sobre la naturaleza inconsistente de este desatino: no puedo entender cómo tanta gente sigue caminando a pesar de que desconocen lo que encontrarán más adelante e ignoran porqué lo hacen. Es absurdo e irracional que cientos, miles (¡quizá millones!) de personas actúen de esa manera.

Mientras cavilo en las sinrazones de este dislate, me veo envuelto en una marea de gente que me empuja como la corriente irrefrenable de un río impetuoso, un río de cuerpos que se mueven rítmicamente a través de un cauce incierto. O, lo que es peor, como camalotes inertes arrastrados por la corriente artificial de voluntades ajenas. “O simplemente tal vez me empuje mi propio instinto gregario”, me digo.

Siento rabia por esa masa ignorante de individuos que avanza como un rebaño obediente, un rebaño de corderos mansos y toscos. La marcha. Una enorme serpiente ciega que va reclutando escamas vivas a su paso. Lánguidas escamas vivas. ¿Qué oscuros mecanismos se pusieron en marcha para que empiece a girar este engranaje de rasgos autómatas? ¿Qué deseos inconscientes motorizan esta cíclica marcha involuntaria?

Un hombre con el torso desnudo camina con la mirada extraviada y una sonrisa dibujada en los labios. Tomándolo del brazo, prácticamente le exijo una respuesta:

- Pero hombre, por supuesto que sé adónde vamos, quién no. Más allá de la horda de gente camina el Mesías, que nos llevará a la tierra prometida.

Ok. Definitivamente todo el mundo se ha vuelto loco. En realidad, toda esta marcha es una gran locura, un descomunal y absurdo despropósito. Pero, entonces… ¿por qué sigo caminando? Debería detenerme y volver, ¡sí, volver! ¿Cuánto tiempo llevo caminando? Nadie me obliga a hacerlo, pero sigo avanzando. ¿Avanzando? ¿Por qué utilizo esa palabra? ¿Avanzando hacia qué, si no hay ningún punto de referencia ni rumbo cierto? ¿Avanzando hacia dónde, si no hay un derrotero trazado? Además, ¿quién dijo que avanzamos? ¿Quién sabe si en vez de ir hacia el encuentro de algo no estamos huyendo de algo desconocido? Un remolino de dudas se agita en mi débil conciencia. ¿Qué hacer? ¿Debo aceptar este destino de fantasmas errantes? Pero, si lo pienso, la verdad es que ya caminé demasiado como para volver atrás y, por otro lado, no creo que falte mucho para llegar a donde sea que vayamos y sea lo que fuera que haya más adelante. Entonces, ¿a qué volver? Después de todo, si toda la gente se dirige hacia allá debe ser por alguna buena razón. Sería insensato pensar que esta enorme movilización fuera en vano. Me niego a creer que vamos a ningún lado y que todo esto no tiene sentido. Por las dudas, voy a seguir caminando. No sé qué habrá más adelante -o atrás- pero sin duda voy a averiguarlo. Hasta entonces, solo queda caminar y esperar. Caminar y esperar.

.¿Si? .¿A dónde vamos? .Paso a paso… Caminar… caminar… caminar… Un hombre que recién se incorpora a la marcha y camina a mi lado me pregunta: . usted.Oiga.No lo sé…pregunte más adelante. .

. sorpresivo para el lector… Los ojos del hombre se tornaron crueles. . que ya mostraba una boca de labios finos y contraídos. empiezo a imaginar los detalles… La cara del hombre se hizo un poco más definida. amenazantes. Se me ocurre algo y así. de la nada. entusiasmado: — Entonces. Una mueca de desprecio asomó en el rostro duro del hombre. suele terminar en un final inesperado. ladino.. Es como una necesidad. —…y absorto en ese ejercicio de crear con las palabras –continuó el escritor como si hablara solo–.EL ESCRITOR Y SUS FANTASMAS — ¿Para qué escribe? – preguntó el hombre sin rostro. más nítida. — Puedo correr ese riesgo –repuso el escritor tranquilamente. — ¿Y no teme quedar atrapado en alguna de sus ficciones? –preguntó el hombre con malicia. me dejo llevar por la intriga de la trama que. me dejo envolver por la atmósfera del cuento. evidenciando el carácter frío. generalmente. casi como si ella misma fuera el sentido del relato… — Toda una teoría – dijo el hombre irónicamente. — No lo sé. que se va creando sola. El escritor siguió hablando. voy dándole forma a la historia.

— ¿Y qué está escribiendo ahora? — Algo sencillo: el escritor que dialoga con uno de sus personajes y el muy traidor quiere matarlo. . Y súbitamente dejó de escribir para no manchar la hoja con sangre. que ya levantaba el puñal en el aire. — Porque se me acaba de ocurrir. — ¿Cómo lo supo? –preguntó el hombre.

observándome con ojos sombríos. perdidos en ese reducido mundo de encierro. Yo ya había perdido la cuenta. Como si las brumosas imágenes de mis pesadillas más espeluznantes quisieran ascender a la realidad empírica de mi conciencia.ALGO AHÍ AFUERA (pesadilla) ¿Cuánto tiempo llevábamos encerrados? Lo mismo podían ser cinco días que quince. la figura borrosa de Lena parada en el quicio de la puerta. La expectativa de la muerte -cercana. Aquellas voces cuyo sonido discordante no podía ser atribuido a ningún ser conocido de este mundo. y la cercanía ineludible de una atrocidad sin nombre. No había días o noches en la vida intramuros. El tiempo se había detenido en una eternidad bostezante. El constante y silencioso latido de la sangre galopándome en los oídos. necesaria. Voces ultraterrenas que articulaban aberraciones ininteligibles como una hipnótica . Sólo nos unía la comunión de un terror compartido. Sólo revoque. inevitable. O veinte. Cada tanto. acechante en el exterior. Casi no hablábamos. Desde aquella mañana velada por la neblina en que el miedo nos obligó a refugiarnos en la casa todo me resultaba tan irreal como un sueño. cielo raso y una espera sin cambios ni esperanza. elevándose con siniestro aleteo de murciélagos. detrás de las paredes de la casa que apenas otorgaban una ilusión de resguardo inexistente. perturbados. la muerte absurda -como lo son todas las muertesde Mars. oíamos el rumor lejano de las Voces. Desde entonces soy víctima de pensamientos turbulentos y feroces fuerzas inmateriales.había deteriorado nuestro carácter hasta reducirnos a meros fantasmas que parecían habitar cuerpos extraños. temblando de pies a cabeza. Racionábamos las palabras con el mismo sentido de austeridad con el que sobrellevábamos aquella prisión involuntaria.

—Sobre lo que nos espera. —¿De verdad quieres saberlo? —Sí. Sin embargo. la muerte de Mars. . todavía respirábamos y nos movíamos. que no tardaría en saciar se apetito antropófago con nuestras trémulas vidas. —¿Qué pienso sobre qué?— respondí yo más bien secamente. Su volumen subía y bajaba caprichosamente. como lo habían profetizado los oráculos seculares. el miedo. había llegado el Apocalipsis? ¿O solo nosotros éramos víctimas de aquella monstruosidad desconocida? —¿Tú que piensas realmente?— me había preguntado Lena en cierto momento. Iban y venían como un viento inconstante. Y luego. una vez recobrada la conciencia después del espanto inicial. Cualquier cosa que hiciéramos era inútil. —Ya estamos muertos. En esos momentos. un horror indecible se apoderaba de mi ya mortificada existencia. ¿Qué había pasado ahí afuera? ¿Estarían todos muertos? ¿Finalmente. “Estábamos muertos”. percibíamos el movimiento de algo deslizándose afuera sobre las hojas secas.invocación de cultos ominosos.. La espera.. Pero eso sólo se debía a la pereza de la muerte. Parecía que todo ya estaba decidido desde siempre. una presencia abominable rodeando la casa como un animal feroz que examina a su presa desde varios ángulos antes de dar el zarpazo final.

Mi cerebro no acababa de discurrir este pensamiento cuando Mars volvió a entrar a la casa. definitivos. Pasos graves. Su expresión de ausencia era francamente aterradora. lentos. Mars salió cerrando la puerta tras de sí y nosotros nos quedamos callados tratando de escuchar algo. —¿Qué vas a hacer con él? —Voy a usarlo –dijo. pensé que tal vez todo había terminado.—No lo soporto más –había dicho parándose decididamente frente a la puerta– Voy a salir. Pero lo más inquietante de todo era su mirada. Dicho esto caminó tres pasos hacia el centro de la sala. En su mano derecha brillaba el acero bruñido de un revólver calibre 22 que habíamos encontrado en una de las habitaciones.. Su rostro había cambiado completamente. —¿Qué pasó. Mars se quedó parado junto a la puerta y permaneció así durante un lapso de instantes o siglos. los signos del espanto estaban marcados en cada una de sus facciones. una mirada totalmente extraviada.. –balbuceó como si le doliera la mandíbula– Algo ahí afuera. Mars? –preguntó Lena finalmente. Y salió. Daba igual.. después de todo. —Hay algo. Al observar sus movimientos me pareció estar viendo a un cadáver .. Pero al no oír disparos ni gritos sino sólo un silencio tenso como las cuerdas de un arpa. Ninguno de nosotros dos lo detuvo.

Hasta que las campanas de la muerte finalmente tañeron la hora del juicio. esponjosas. pasaron a formar parte del paisaje natural de la casa. descansando en el sillón desvencijado del estudio.. y el cuerpo de Mars se desplomó en el piso como un títere sin dueño. despatarrados en un charco de sangre que ya comenzaba a secarse. temblando de pies a cabeza y con esos ojos desencajados que yo ya había visto en Mars. Cuando Lena gritó yo estaba sentado atrás. Lena musitó algo de lo que sólo comprendí la última palabra: “Sálvate. con verdes llanuras onduladas que se extendían bajo un cielo de infinito azul claro. donde colgaban nubes gordas. Con el paso del acostumbramiento los despojos de Mars. amparado en la oscuridad del rincón más alejado de la puerta.astutamente animado por los hilos macabros de la muerte. La oscuridad era profunda. “Algo ahí afuera”. Soñaba con un paisaje agreste. repitió Mars mientras se llevaba la pistola a la sien y apretaba suavemente el gatillo. Cuando un fugaz estallido de . El disparo sonó como un estampido en toda la casa. solo. salpicando de sangre mi remera y el pómulo derecho de Lena.” En ese momento todo se apagó y la casa quedó literalmente envuelta en sombras.. El grito agudo de Lena me devolvió de un golpe a la realidad de la casa. a ese olor a encierro que flotaba en la penumbra verdosa como una nube insecticida. Lo último que pude ver fue cómo el cuerpo de Lena era arrastrado hacia afuera por una fuerza brutal e inhumana. Lena estaba parada en el quicio de la puerta. Un sentido extratáctil me advirtió la presencia de algo cercano. al ambiente pesado y húmedo del estudio. oculto en el silencio casi tangible. Con los restos de juicio que le quedaban. y una brisa tenue acariciaba la tierra.

pero en su parte anterior. o lo habían sido hace siglos o eras atrás. pero los rasgos humanos parecían haber desaparecido casi completamente. Cuando desde la profundidad de la tierra brotó aquello. Y los que quedaban en pie se disputaban los restos de sus semejantes que el gusano iba dejando a su paso. ojos ni extremidades. sólo atiné a salir corriendo de la casa. . Me encontraba en un estado de semiconsciencia. paralizado por las formas degeneradas del hombre más allá de la vida. se abría una enorme boca provista de dos filosas hileras de colmillos. Su carne era gris y parecía roca dotada de vida. Retrocedí espantado y. a pesar del temor y el asco que me producían. una vez en el exterior.eran ahora una carne mancillada y sangrienta. Sus cuerpos. Un aborto de la naturaleza. sin duda. Eran hombres. No tenía cabeza. cubiertos de llagas y de restos inmencionables -erosionados por eternidades tortuosas. lo que vieron mis ojos entonces fue el espectáculo más horrible que haya visto un hombre. Extendiéndose por todo el terreno emergían desde la oscuridad criaturas deformes y repugnantes. Atravesé la puerta y. El gusano arremetía contra los hombres-bestias y los devoraba con un placer ominoso. Seres viscosos que se contorsionaban monstruosamente iluminados por el reflejo de una luna evanescente. El monstruo era una especie de larva gigante. De hombres tenían la cabeza y el cuerpo. Todos ellos tenían cuencas vacías en lugar de ojos y emitían gruñidos cuyo sólo sonido agredía toda razón. contemplando cómo se retorcían convulsionados y la sola imagen amenazaba destruir el poco juicio que me quedaba. observé detenidamente a un grupo de ellos y advertí con sorpresa una vaga pero inconfundible forma antropoide. sin embargo. un gusano del tamaño de un vagón de ferrocarril.conciencia me permitió recapacitar sobre la situación.

elusivas. y que son irreproducibles por el lenguaje humano. comprendo la muerte de Mars y la desaparición de Lena. aguardan más allá de la muerte. El Ojo. . Ahora que las imágenes pesadillescas se desvanecieron puedo reflexionar sobre los hechos y. Cuando desperté. la bruma matinal ya cubría todo el bosque y no había rastros de las criaturas. horadado por una pupila vertical como de reptil. Por alguna especie de oscura intuición supe que el gusano no iba a engullirme. Ahora que estoy cómodamente recostado en el lecho crujiente de mi tumba. y en la oquedad de su garganta emergió algo: un enorme ojo amarillo facetado sobre un fondo de tinieblas. retorciéndose como serpientes en inframundos apenas sospechados y que. porque en determinado momento se dirigió hacia donde me encontraba y se paró a pocos centímetros de mí. aunque una extraña pestilencia rondaba en el aire. recién entonces. abrió desmesuradamente sus fauces dejando al descubierto el interior de su execrable cuerpo. se acercó hasta mí. mi cerebro fue víctima de revelaciones atroces e imágenes repugnantes que pasaron.La bestia se percató de mi presencia. a una velocidad vertiginosa. Todo esto lo puedo decir ahora que aquellas visiones solo forman parte de la complejidad de mis recuerdos. Comprendo también que todo lo que la mente humana percibe y que nosotros llamamos Mundo. no es más que un atisbo de las fuerzas anteriores al Tiempo que se agitan en el universo. Antes de desvanecerme. agazapados. Por el contrario. Durante un segundo infinito pude ver a través de ese ojo y caí en un terror abismal.

Con un movimiento rápido y elegante extendió los veintidós arcanos mayores en abanico perfecto. Sólo le faltaba la verruga en la nariz y volar en una escoba. . ¡Qué original! La cosa ya empezaba a aburrirme. como queriendo dar la impresión de que el proceso la incomodaba.::TAROT:: (Tres versiones) La versión del Muerto La vieja mezcló las cartas con manos habilidosas y plantó el mazo frente a mí. La imagen ostentaba una figura siniestra que parecía reír oscuramente. El resto estaba a la vista. “La Muerte”. Con una lentitud exagerada -porque los prestidigitadores tienen que darle algo de suspenso al asunto-. .No hace falta ser adivino para saber que me voy a morir.Ésta –le indiqué sin entusiasmo. La vieja levantó la carta y me miró como si supiera cosas decisivas acerca de mí. Lo que debía ser algo divertido e interesante se convirtió en un bodrio insoportable. Afuera se oía el gorgoteo de una lluvia incipiente.Elegí una carta -dijo y me dedicó una de sus mejores miradas fingidas de tarotista gitana. . la vieja apoyó la carta sobre la mesa. sobre la mesa redonda tapizada de paño rojo. . Todos nos moriremos algún día ¿no? –dije insinuando un descortés escepticismo.

A ver. como siempre. Las cartas no lo dicen.No lo sé. Ejecutó todo con una tranquilidad pasmosa. En la televisión no había nada interesante. con una bala. . Se echó un largo trago de Vodka y me miró de soslayo. ¡eh! Busqué algunos billetes en el bolsillo del pantalón. la lluvia no me tocaba. .. La colocó cuidadosamente en el cargador. Doscientos canales de pura mierda lista para ser digerida. Ni siquiera se preguntó cómo había llegado hasta ahí. La versión de la Muerte El pibe terminó de masturbarse. Empezó como todos. La vieja demoró en contestar. jaa.. haciéndole notar que yo no era tan fácil de tomar desprevenido. . Prendió un cigarrillo y se puso a hacer zapping sin muchas expectativas. soltó un largo y ronco gemido y se limpió con el borde de la sábana. Vieja de mierda. jaaá! Usted sí que es todo un caso.¡Ja. Hacía tiempo que la idea de alojar una bala en el cráneo le martillaba la cabeza. Sin duda otro ardid para engañar clientes ingenuos. Cuando salí a la calle. ¿Y cómo se supone que voy a morir? –pregunté irónicamente. hizo girar el tambor y liberó el seguro. junto a la botella de Vodka y un cenicero de madera repleto de colillas fumadas hasta el filtro. Me prometí que en el futuro en lugar de tirar el dinero a la basura invertiría en algo más productivo. se los dejé sobre la mesa y me fui.. como psicotrópicos. Yo descansaba sobre la mesita de luz.

Era un equilibrista ciego que había cruzado un cable de alta tensión colgando entre rascacielos. El pibe se había echado un largo trago de Vodka y me miraba de soslayo. pensó. una voz inexpresiva anunció lluvia para el mediodía. Y lo mejor. Apretó los dientes al mismo tiempo que apretó el gatillo. Antes de disparar creo que dijo algo acerca de ir a ver a una vieja con fama de nigromante que vivía cerca del barrio. hasta creo que sonreía mientras colocaba las seis balas en el cargador. Se apoyó el caño sobre la frente y lo sintió frío. sin red de contención. Desde el televisor.como restándole dramatismo a la situación. La versión de la Astróloga . se dijo con escasa convicción. sin embargo. “Seis sobre dos”. parecía más animado que de costumbre. El vértigo de esa primera experiencia le devolvió una especie de energía renovada. una rutina necesaria. como empañado por un vapor de sangre. Y apretó el gatillo. Una sombra de cuervo más oscura que la noche se había posado sobre sus días. ¡Click! Nada. Él. como un sentirse demasiado vivo que le resultó poco habitual. Y lo que había empezado como algo original y emocionante terminó siendo una rutina más dentro de ese mar de inapetencias que era su vida. “Si zafo de ésta me dejo de hacer pendejadas”. Pero él me había desafiado. Ese día amaneció un sol opaco.

Antes de atravesar la puerta se volvió y me hizo un gesto obsceno. eligió la única carta que podía elegir alguien en su trance.. una lluvia desencantada desnudaba las calles. Después dijo querer saber cómo iba a morir. Las cartas no lo dicen –mentí. Demoré en contestar porque no sabía qué decirle. La situación empezaba a incomodarme. bueno. sino porque es algo sabido que no es bueno estar mucho tiempo junto a un fantasma. aunque en el fondo yo sabía que la imagen lo inquietaba.No lo sé.Cuando el fantasma vino a verme ya mostraba el signo inequívoco de la muerte grabado en la frente. Afuera. Traía un coágulo de sangre y masa encefálica colgándole de la sien y la actitud desconfiada de los incrédulos que se acercan para borrar toda incertidumbre. en su condición peculiar. . inherente a su naturaleza fantasmagórica. . porque no se puede leer el futuro de alguien. después desapareció. Le di a elegir una carta por pura formalidad. El fantasma se rió con ganas. Naturalmente. Puse la carta sobre la mesa y él se mostró suspicaz. con esa risa hueca que tienen los fantasmas.. no por miedo.

Termino la cerveza y salgo ¿hacia dónde? A la estación del metro. . James ¿lo olvidaste? . por favor. ordena: sigue caminando por el bulevar hasta el cruce. hace dos años que vas al mismo bar y pides una cerveza negra. pero al poco tiempo la encuentro conocida. Negra. Una voz oculta adentro de mi cabeza. Soy un recipiente vacío. Tercer piso. Entra y pide una cerveza. debo ser un oficinista o algo así. un disco rígido formateado. distante. Ella me dicta lo que debo hacer. Llevo un traje azul. ahí. un organismo carente de voluntad y conciencia propia. en el bar de Rex.Qué tal Nick. Salúdalo. Al principio la voz es neutra.MUNDO ZOMBI No sé quién soy. me dirige. Jim. . alto. Se llama Nick. en la lucha que es cruel y es mucha. departamento “B”. sacas un boleto de ida y bajas en Retiro. ahora gira a la izquierda en la peatonal. Tomas el 68 hasta Rivadavia al 1300. Claro que va bien. de treinta y tantos años. cómo anda todo? . No sé qué sería de mí sin la voz. No tengo recuerdos de ningún tipo. Ese eres tú. Jimy. Me gusta. Claro. casi amistosa. Ni quién fui.Una cerveza negra. está bien. James. El mozo te conoce. lindo nombre. Paso por una vidriera y miro el reflejo: soy bien parecido.Como siempre Jimy. Todo va bien. es tu nombre. Soy un autómata que repite movimientos porque una voz lo manipula.

Querido.¿Y mi regalo? En el bolsillo derecho del saco hay una golosina. Cena con tu familia y luego le haces el amor a tu esposa.Está bien. . Vas muy bien. que no hay problema. . Dásela. yo también quiero fumar. . Bien.Hola campeón. Abrázala. ¿Fumo? Sí. Cigarrillos rubios. Me recibe un niño como de cuatro años. no hay problema. pero la mujer tiene unas tetas de otra galaxia.¡Papi! ¡Papi! ¿qué me trajiste de regalo? –el niño tiene mis ojos y mi mentón. . Prende uno Jim. Dije derecho. Ésa es tu mujer. el resto debe ser de la madre. Jimbo. Perdón. Dile que está bien. Jim. . Es un buen chico. Ése es tu hijo. Llego a la que supongo es mi casa porque la llave que tengo abre la puerta y porque la voz me lo indica. Mañana será otro día. claro. no lo puedes ni ver. Dúchate. invité a los Flowers a cenar mañana en la noche ¿qué te parece? Los Flowers son un matrimonio amigo desde que eran novios. Está bien. Jimmy.Tengo deseos de fumar. ¿dónde está tu mami? . Linda. Dale un beso en la frente y pregúntale por su madre. bésala y dile que la extrañaste. Él es un pedante insoportable. El baño está al fondo a la derecha. querida.

Saluda a todos y nos vamos.Sí. alto. Me levanto en una habitación que no conozco junto a una extraña desnuda al lado mío. ingresar. puedo hacerlo. Vas bien. dile que en una hora estarás en casa. ordenar las carpetas. Lo odias. Ya falta poco para las cinco.Buenos días. Jim. Sin leche ni azúcar. Ya es hora de irnos. Es tu jefe. . Puedo hacerlo. Clasificar. está bien. señor. Ahora a trabajar. Ok. Es un viejo miserable y sin escrúpulos. ordenar. ordenar. Ésa es tu oficina.En una hora estaré en casa. Es fácil.. Tranquilo. Tomas el 68 hasta Retiro y luego el metro. Sonríe y asiente con la cabeza de vez en cuando. Tu trabajo es simple: debes clasificar pedidos. Es Linda. . Séptimo piso. Llevo un traje azul. Un gordo con cara de sapo me recibe en la puerta. seda italiana. pero es tu jefe y de él depende tu aumento. ordificar. ingresar los datos nuevos. Jimbo. De Mayo. No lo escuches. se fue. Casualmente viajamos la semana pasada a Europa con mi mujer y. Te amo. Cuelga el tubo. de treinta y tantos años. debo ser un oficinista o algo así. Paso frente a una vidriera y miro el reflejo: soy bien parecido. Ya está.El reloj suena a las 6:30 horas. a la oficina. Ese eres tú. ingresar. No descompagines. Industrias Corillege. Linda ¿ya lo olvidaste? Levántate y desayuna un café negro. Linda corbata. Atiéndelo.. ¿Es de seda? . Todo va bien. Ya nos vamos a casa. El teléfono suena. Clasingresar. Clasificar. Jimbo. James ¿lo olvidaste? . Caminas hasta Av. Luego. querida. ingrenar. Salúdalo y dile algo sobre su corbata. Claro que va bien. Está bien. Es tu esposa. Y que la amas.

¿ellos sabrán realmente quiénes son? ¿no serán ellos también autómatas controlados por una voz ajena? Y ustedes. Tienen una vida que han elegido y una personalidad propia.El metro va lleno de gente. Qué quieren. Todas esas personas saben quiénes son.. Personas como yo. un disco rígido formateado. zombis ¿saben acaso quiénes son? .. Ni quién fui. pero con identidad propia. Soy un autómata que repite movimientos porque una voz lo manipula. No tengo recuerdos de ningún tipo. Siento algo de envidia por ellos. En cambio yo no sé quién soy. un organismo carente de voluntad y conciencia propia. Pero. Soy un recipiente vacío.

El Mundo podía modificarse. La primera gota de sangre. El clima helado la reunió con sus pares alrededor de un fuego tribal. Un enorme abanico de posibilidades se abría ante sus ojos como frente a los de un niño que aprende a dar sus primeros pasos. Construyó ciudades. mientras afuera los copos de nieve danzaban en abigarrada promiscuidad con el viento. brillante y minúscula como una perla en el corazón del desierto. Con el empleo del bronce y el hierro. Deslumbrada por el luminoso reflejo de los metales.MÁQUINA DE SANGRE La figura erguida de la criatura emergió arrogante en la noche primitiva. en la fría soledad de su gruta. la noche se vistió de un pasado nebuloso. hiperbóreas. de ruinas circulares y fósiles sepultados bajo eones: el hombre de las cavernas descubría. Se refugió en cuevas húmedas y oscuras. ¿Por qué no? El Progreso. alzó la vista hacia el cúmulo de nubes escarchadas que horadaban el cielo cuaternario y sintió frío. pero profunda. Desorientada. . la criatura humana —evolucionada— discurrió la idea de extender sus dominios y decidió fomentar la guerra con las tribus vecinas. el hombre inauguró una nueva civilización. Se estableció en la ribera de los ríos y lagos. El hielo se derritió y el hombre abandonó la oscuridad de las cavernas. se derramó sobre la Tierra y abrió una grieta imperceptible. sobre la superficie virgen de la Historia. Bajo la guía de prístinas estrellas emprendió su marcha nómada y llegó hasta regiones apartadas. En medio de la confusión del Universo. convirtiéndolos en una extensión artificial para contrarrestar sus limitaciones físicas naturales. que tallando la piedra — o el hueso— podía transformar la materia en rústicas armas e instrumentos elementales. Las nubes se incendiaron y lanzaron sobre los glaciares su luz amarilla.

De la rueda al descubrimiento del acero. paradójicamente. perfectas. de la energía muscular animal (y humana) al molino de viento y agua. el perfecto paraíso maquinista. millones de giga bytes viajando en el ciberespacio cósmico y flujos de información codificada saturando el éter. la Máquina enviaba millones de órdenes . El hombre devino máquina pensante. instrumentos de matanza mecanizada. respuestas sincronizadas. la pólvora. de la soldadura de los metales a la polea fija. para conquistarla. La inteligencia artificial reemplazó la impredecible y contradictoria racionalidad de los hombres. Las máquinas ocupaban todo el espacio disponible. el reloj mecánico. ella terminó dominando a su creador. A aquellas primeras herramientas toscas. La Máquina de sangre se reveló en toda su vastedad y el hombre descubrió.La Máquina de sangre se alimenta de muerte y destrucción. irreversibles. Pero. suspendido en un compuesto de emulsión amniótica. bombas atómicas. rudimentarias. nodrizas electrónicas. siguieron otras. Ríos de sangre fluyen hacia el corazón bullente de la Máquina y se filtran en sus entrañas sintéticas. Supercomputadoras. veloces. las armas de fuego. en complejidad creciente conforme giraban los planetas. La tecnología avanzaba a una velocidad vertiginosa y en cuestión de siglos se convirtió en un gigantesco vórtice que arrastraba a los seres humanos. eficientes. armas de destrucción masiva. Desde ahí. como si antes hubiera tenido los ojos vendados. Las maquinarias terminaron por confundirse en una sola Gran Máquina bajo la dirección de un solo Gran Cerebro positrónico en constante sinapsis. la clase de monstruo que él mismo había engendrado y alimentado orgullosamente: guerras mundiales. flamantes chorros de sangre comenzaron a manar de la tierra como de infinitas heridas mortales. No se podía dar un paso sin tropezar con una de ellas. El hombre lanzó finalmente la máquina contra la naturaleza. la imprenta. campos de concentración.

Los motores comenzaron a . El hombre ya no necesita comer. del que surgían otros cables conductores como ramas en todas direcciones. La Máquina lo rodeaba estrechamente y lo alimentaba mediante tubos que introducían en su cuerpo una fina corriente de vitaminas y proteínas. Como un arroyo de serpientes. La Máquina lo hacía todo por él. removible pero necesaria. Cada recinto que ocupaba era un perfecto sarcófago..omnidireccionales por microsegundo a todas las células de su organismo. tronco vital. Las infinitas cámaras donde yacían los individuos se extendían en campos inmensos como panales inactivos donde sólo se veía correr el flujo sanguíneo. una pieza más de la Máquina. otrora salpicado de estrellas y pulcros planetas. perdiéndose en la larga perspectiva que se fundía en el horizonte. respirar. ni pensar. y que ahora aparecía como una costra sucia y caliginosa que encerraba todo como una gran bóveda. El hombre. invisibles y crueles. el crepúsculo de la Máquina sobrevino. se convirtió en un engranaje dentado. Hacía correr su sangre gracias a un diminuto motor que palpitaba en la cubierta como un corazón y proveía el oxígeno necesario por válvulas endotraqueales. el hombre se sintió por fin en un Universo incomprensible. aunque ya no lo necesitaba. La sangre circulaba por todos los componentes a través de un complejo sistema de vasos comunicantes. lo llenaban de terror. El tejido bio-metálico que conformaban se extendía hacia una infinita periferia de unidades funcionales. Falla mecánica o humana. era lo mismo. sin espacio para moverse. dormir.. Para entonces. Desolado. cuyos objetivos desconocía y cuyos Amos. aislado físicamente en celdas individuales. la sangre comenzó a correr por el conducto principal de la Máquina. expandiéndose en innumerables arterias secundarias que se abrían y enredaban como una enorme telaraña sangrienta entre los tentáculos de acero y engrasados motores. Pero siguiendo una ley inmutable en el Universo. Las cumbres de las torres de ignición se confundían en las alturas con el cielo. la criatura apenas conservaba el aspecto de un ser humano..

Con mano torpe —neófita— la criatura experimentó su capacidad prensil. El cataclismo sepultó bajo toneladas de ceniza el templo de la Creación del hombre. tomó una piedra —o un hueso— y comenzó a tallarlo. Por primera vez. con arritmia. La tierra quedó viscosa. Desnudo de sus ropajes tecnológicos. Uno de ellos. aguachenta y sucia. La Máquina vibró mucho. tal vez animado por un oscuro instinto. rezumaba de los equipos como un humor malsano. Cuando el humo se hubo disipado. Un fuego tribal los reunió en la noche gélida. Algunas criaturas lograron sobrevivir a la catástrofe. o simplemente por curiosidad ociosa. el hombre se sintió solo y desamparado a la intemperie del Mundo. de oscura arcilla roja. . Instintivamente buscó el calor de sus semejantes. cubierto de mesetas y acantilados sedimentarios. Se reunieron en grutas húmedas y oscuras. que terminó por derrumbar el paraíso mecánico. La sangre. rugiendo con un sonido grave que sonaba como el concierto apocalíptico de la Humanidad. reveló la profundidad de una noche cerrada y silente. Una calma desacostumbrada reinaba en el orbe. éstas se vieron las caras. La primera explosión desencadenó una serie de estallidos asincrónicos que se multiplicaron en toda la magnificencia de la Máquina de sangre.funcionar a destiempo. pero de sus atrofiadas cuerdas vocales sólo salieron sonidos guturales e inarticulados. El paso de las edades se encargó de remover el suelo dejando un paisaje lunar. El mundo entero se iluminó por la mega explosión del epicentro. Trataron de comunicarse.

erguida en medio del pasillo de camino a su habitación. inevitablemente. desafiante. .. escrutándolo a través de la cerradura. Siempre había experimentado una rara molestia al pasar frente a ella. Con el paso del tiempo.LA VOZ EN LA PUERTA Hasta donde llegaban sus recuerdos. La presencia de la puerta —y cierta propensión en su carácter— fueron horadando los nervios del pequeño Charly. envolviéndose en las sábanas. al fin. Con sus nueve años de vida. Sudores fríos le recorrían la piel cuando. Cuando comenzó a caminar hacia la puerta sabía que no debía mirar hacia atrás. agitado y con taquicardia. Pero todo eso ya había terminado. en puro terror. de su miedo. Hasta que esa sensación mortificante se convirtió. como si se sintiera observado por alguien del otro lado. la puerta siempre había estado cerrada. encontrar la puerta cerrada y sin embargo sentir que algo escurridizo había desaparecido. esa perturbación fue convirtiéndose en un miedo ciego y sin sentido. Y cuando llegaba a su habitación se tiraba en la cama. "Ya no tendré más miedo".. debía pasar frente a la condenada puerta. porque. llegando al extremo de ni siquiera poder dirigir la mirada hacia donde se encontraba la causa de su tormento. Charly ya había pensado a menudo sobre aquella vieja puerta. de los que ya era víctima desde muy temprana edad. y que el vacío que lo envolvía era reciente. Varias veces le había sucedido de darse vuelta de pronto con la sensación de que lo espiaban. Al principio esa molestia se traducía en ahogos y repentinos ataques de asma. se dijo Charly parado frente al corredor que se extendía ante él. y desde sus ojos cerrados veía crecer en la oscuridad sombras alargadas que murmuraban y se burlaban de él.

Poco a poco fue sintiéndose más aliviado. Charly sintió que su corazón se hacía pequeño y duro como una piedra y que los músculos se le contraían en un espasmo helado.No sabía más que eso. No te gusta que te llamen así. esto desconcertó al pequeño Charly. Al fin. "El callado. negando con la cabeza. la voz prosiguió: —No tengas miedo. la obsesión que lo había martirizado durante tantos años estaba frente a él. Conozco perfectamente por todo lo que has pasado. Finalmente. Parecía amigable. Charly estaba de pie. La voz era grave y pausada. y comenzó a caminar con decisión. el tartamudo Charly". Charly. Sabía que estaba a punto de asistir a una revelación por la que había esperado mucho tiempo y que ya no había marcha atrás. llegó hasta la puerta y se detuvo frente a ella. adoptando un tono cómplice. mostrando el interior de una alcoba en sombras. agregó —: Esos chicos en la escuela no te tratan muy bien ¿verdad? Te molestan. se burlan de ti. Sé cuáles son tus sentimientos —y luego. Charly. . apenas unos centímetros. y desde la oscuridad profunda que se percibía a través de la puerta entreabierta. Sé cómo te sientes y no te culpo. brotó la voz: —Hola. Sin embargo. estás en todo tu derecho. Con el mismo tono parsimonioso. no me gusta —respondió Charly. ¿o sí? —No. La puerta se abrió lentamente y sin ruido. cuando sintió que algo se agitaba en el silencio que lo rodeaba. Por alguna razón. pero lo sabía. no sentía miedo. bañado por la luz mortecina del pasillo. de eso no tenía ninguna duda. "El tonto Charly". con los ojos fijos en el fondo del corredor.

un fracasado sin empleo y un bueno para nada. Charly. . Debería reventar —repitió Charly. qué otro? —alcanzó a decir el niño en un susurro apagado. lo otro ¿verdad? Lo otro. la voz rompió el silencio bruscamente. Esa voz que hablaba desde las tinieblas había removido el pantano de aguas convulsas en el que Charly naufragaba en sus largas noches de insomnio. La voz hizo una pausa y Charly se quedó rumiando las últimas palabras sin quitar los ojos de la puerta. Ese maldito no debería golpearte. —Vamos. Tú no tienes la culpa de que tu padre haya perdido el brazo en ese accidente. siempre te hace quedar mal frente a tus compañeros de clase. La voz insistió: —El cobarde de tu padre no debería descargarse contigo por ser un borracho mediocre. y de que se haya dado a la bebida. el muy bastardo.. La cabeza de Charly comenzó a dar vueltas en un torbellino de imágenes difusas que lo llenaban de espanto. con sus libritos y guardapolvo blanco..—Y esa maestra fastidiándote a diario —continuó la voz—. tú no tienes la culpa de nada.. ¿eh. Charly? —Sí. sintiendo que entre él y la voz había un vínculo especial. Luego. Charly. —¿Qu. Esa bruja con cara de sapo debería reventar. Charly.. jeje. como si se conocieran desde siempre. pero ahora se había vuelto ronca y distante: —Pero eso no es nada comparado con. con sus teoremas y geografía.

amigo. de callejones oscuros y habitaciones cerradas. Charly —espetó la voz.. El mundo está lleno de miedos y laberintos. . tímidamente. Y de repente tuvo la impresión de que un líquido viscoso y podrido le recorría la piel. tu madre no debería hacer eso. y el dolor. conformando una telaraña pegajosa alrededor de Charly—.. El mundo es un lugar extraño y confuso. —No debería hacer eso —volvió a decir Charly. Charly. El dolor siempre está cerca. Charly. Tú lo sabes bien..—No debería golpearme —repitió Charly. Bajando un poco el volumen. como eligiendo cada palabra—. no lo sé —respondió Charly. recuerdos oscuros que creía dormidos y sepultados en el barro del olvido. la respiración entrecortada de tu madre.. tu madre. No. Ahora nuevos recuerdos visitaron la mente del pequeño. como un eco. ¿Qué hacían allí. —Vamos.. la voz continuó: —Sé lo que estás pensando.. pero no.. Charly? —Yo. pero acercándose como quien se dispone a compartir un secreto. —Y tu madre.. —¿Quiénes eran esos hombres que la visitaban cuando el borracho de tu padre no estaba? ¿Por qué se encerraban en la habitación? Y esos ruidos.. y te entiendo —dijo lentamente. porque cierto día tu madre olvidó cerrar la puerta ¿verdad? —Las palabras de la voz se mezclaban con sus propios pensamientos..

aún humeante. Al cabo de un lapso impreciso. y Charly se sintió liviano. empujándola suavemente. sin volverse a mirar. retomando un tono cómplice. y por eso notó que los músculos se le aflojaban. Charly. . entró. la voz volvió a vibrar en el aire y. casi paternal. cayó sobre la alfombra con un ruido sordo y lejano. Luego. El pequeño comprendió entonces lo que la voz le quería decir. El revólver calibre 38. como si se hubiera quitado de encima un traje sucio y mojado. apoyó una mano sobre la puerta.La voz calló de pronto y dejó que el silencio hablara por sí mismo. agregó: —Yo te puedo librar de todo eso. Y. También sintió que algo frío le pesaba en la mano derecha y lo dejó caer con alivio.

La sangre bulle en las venas con cada punzada. ¿Dónde estoy? En las entrañas de la Fábrica. Acostado sobre una placa de metal oxidada. Un largo estremecimiento recorre mi sensitiva espalda y se aloja como un parásito en la nuca. Mi existencia demora algunos segundos en tomar forma: quién soy. cubre mis sueños barbitúricos. Las maquinarias se extienden sobre mí hasta distancias inconmensurables para la visión humana. La revelación está grabada en el circuito de transmigración implantado y es atroz: ¿Quién soy? Un Producto. No tengo recuerdos nítidos del pasado. “Pienso”. No puedo moverme. Estructuras de hierro. Trato de levantarme pero la descarga eléctrica aumenta su intensidad y el dolor entra como un latigazo. “¿Qué hubo antes de ahora?” Una eternidad febril de visiones cambiantes y sonido de voces que raspaban como arena en el cerebro. el dolor estalla detrás de los ojos como lluvia de fotones sobre el nervio óptico. la imagen de la gran factoría comienza a enfocarse en mi retina. “Estoy vivo”. poco a poco. La situación es precaria. Los milivoltios suben oscilando desde la base del cráneo. .LÍNEA DE PRODUCCIÓN Despierto sobresaltado del letargo. Mi corazón late con arritmia. Espasmos neurálgicos y sincopados sacuden mi carne convulsa. enormes columnas de acero macizo y fuliginosos engranajes en rotación constante. dónde estoy. sólo algunas imágenes residuales vuelven a mi memoria en forma intermitente. “Respiro”. como una jaula titánica y voraz ciñéndose sobre natura. Parpadeo varias veces tratando de apartar las gotas de sudor y los restos de incandescencia y. Carezco de los conocimientos más elementales. con fogonazos de mi adolorido cuerpo. saturada de vapor malsano y sulfuroso. Inhalo con dificultad y mis pulmones se llenan de humo tóxico. Una atmósfera asfixiante. corroída a causa del uso y el tiempo.

en la línea de montaje. “¿Quién nos hace esto? ¿Quiénes operan las máquinas? ¿Quién es el arquitecto de esta obra magna e infernal?” “YO-envuelto en llamas”. . “YO soy el molde”. olas de fuego. como en una pantalla. oprime los sentidos. “Falta poco”. me conduce hacia el interior de una cámara y luego se cierra con un bufido hidráulico. el paisaje desierto de mi conciencia. cercenan el hueso. Un río narcótico corre por mis venas artificiales. “YO-desconectado”. Miasmas pululando en el corazón de la Fábrica. Estoy en una cinta mecánica. Mutilan la carne. la cinta avanza. Lanzo una mirada en mi derredor más inmediato. Aluviones. La actividad de la Fábrica es incesante. Siento el espanto que alberga al universo. Un chirrido de cadenas y la cinta comienza a moverse. Océanos de fuego. sincronizados–. siento el olor a estaño quemado de las soldaduras y fríos subdérmicos reptan sobre mi piel. “Tengo miedo”. Oscuras reminiscencias relampaguean en mi mente borrosa. Veo. Inyectan las drogas necesarias. Dos brazos mecánicos trabajan sobre mi cuerpo inerme. delante y detrás de mí. Vierten el líquido metálico en los moldes.La razón –y el horror– retornan a mí lentamente. Pozos de calor bullentes. huracanes. La oscuridad es abrumadora. Cientos. Mi cerebro flota en un mar de anestésicos. más allá. Sé que pronto llegará un dolor como jamás he sentido. “Comprendo”. Cables conductores y tubos flexibles brotan de mi cuerpo y se expanden hacia profundidades inaccesibles. No hay margen de error. Brazos y pies asegurados con cepos forjados al rojo vivo con la piel. las calderas de fundición pendiendo en las alturas. Se abre la primera compuerta de la esclusa. Fluye una cantidad indefinida de tiempo. remueven piezas aquí y allá –sus movimientos son perfectos. Se abre la segunda compuerta del recinto y veo. Extraen la materia irrelevante. miles. Intuyo que hay más como yo. aplasta los nervios. Saltan chispazos sobre mi cara.

La luz lo envuelve todo: “YO-automatizado” “YO-Producto terminado” Cada Producto sale con un número de serie identificatorio grabado en la frente. Soy una máquina más. retorciéndose sobre un fondo de neón azul. La Fábrica sigue produciendo sin interrupción. .Un hilo de mercurio se derrama sobre el Ojo-núcleo. Atravieso una puerta circular y voy hacia un fulgor diamantino.

No mires hacia abajo –dijo el padre a su hijo. La jaula se había detenido con gran estrépito y quedó inmóvil ante la boca de una galería estrecha. profunda oscuridad. las sombras de las grietas y partes salientes de la roca se elevaban a su paso cual espectros que quisieran fugarse desesperados de aquella fosa. como si tuviera un moscardón encerrado en la caja del cráneo. con forma de bóveda. y tuvo que realizar un gran esfuerzo de voluntad para no caer desvanecido allí mismo. herida por unos finos haces de luz que parecían prontos a extinguirse. El niño se aferró instintivamente a la mano callosa de su padre y sintió cómo la jaula de hierro en la que habían ingresado momentos antes comenzaba a descender con vertiginosa rapidez. Bajo sus pies el piso enrejado de la jaula huía hacia las profundidades del pozo cuya negra boca apenas llegó a entrever. y el pequeño no pudo reprimir una extraña sensación de angustia a medida que se internaban en aquel abismo. y hasta la silueta borrosa de su padre. Ahora sus grandes ojos miraban con espanto las lóbregas paredes de roca milenaria. Al cabo de un tiempo incalculable por medios corrientes. el pesado armazón de hierro disminuyó la velocidad y tras un áspero rechinar de goznes y cadenas se detuvo bruscamente. asentándose en suelo firme con una fuerte sacudida. El miedo que oprimía su pecho corría paralelo al descenso interminable de la estructura de hierro en la que viajaban. Mientras bajaban. ennegrecida por los años y la escasez de luz que allí reinaba. que se extendía frente a ellos hasta perderse en una sórdida. sumiéndose cada vez más en una oscuridad que ya comenzaba a espesarse y donde el aire era apenas respirable. la voz opaca y temblorosa del hombre se apagó rápidamente entre los ruidos del pozo. . Fue entonces cuando al niño comenzaron a zumbarle los oídos.EL CICLO DEL POZO . tornábase de pesadilla.

cuando después de la angustia y el miedo del descenso esperaba encontrar alguna forma de alivio. por lo que el niño se pegó aún más al cuerpo de su padre. Desde el fondo llegaba un resplandor tenue que. sentado delante de una gran mesa de basalto de gran altura. A poco más de cuarenta metros se detuvieron ante una gruta abierta en la roca. por demás podrida y agusanada. arrojado sin más a un mundo incomprensible. Mientras avanzaban. cuyo olor agrio comenzaba a llenar los pulmones del niño provocándole arcadas de asco a cada paso. llenando el ambiente de sombras. un hombre entrado en años. igual de aterrado se encontraba el viejo que. hacía anotaciones sobre un enorme registro. todo el horror de la situación se le hizo presente. los cuales eran absorbidos rápidamente por el silencio denso. El niño comprobó con aversión que el olor agrio se había intensificado. dominado por el terror y la impiedad. siendo más acre y hondo que antes. En ese momento tuvo la sombría impresión de que el hombre a su lado estaba temblando tanto o quizás más que él. como de carne descompuesta hace largo tiempo. susurrante de la sima. Su negro traje hacía resaltar en la frente y pómulos los fragmentos de hueso que sobresalían de la carne. descubrieron provenía de un viejo candil que colgaba del techo y que despedía una luz aceitosa y macilenta. sus pasos resonaban con ecos apagados. El niño se creyó de pronto precipitado hacia las fauces de un monstruo voraz. a poco de entrar. El viejo tomó de la mano al pequeño y juntos se internaron en el negro túnel.Habían llegado al subsuelo. se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano y escudriñó el largo pasadizo con ojos desorbitados. Las paredes laterales permanecían invisibles en la oscuridad subterránea que llenaba la vasta excavación. a pesar de sus cincuenta. tenía el aspecto de un anciano maltrecho y con escasas expectativas de vida. De la techumbre cruzada por gruesos maderos caían continuamente grandes gotas de un líquido oscuro y hediondo. En el fondo de la galería. Ahora. de larga barba y cubierto el rostro de úlceras y restos inmencionables. Al ruido de pasos levantó la cabeza y fijó una mirada interrogadora en .

Una risa siniestra comenzó a dibujarse en la máscara de putrefacción que era su rostro. – Significa.el hombre. aquí traigo al chico –repuso el hombre con voz apagada. y continuó con tono duro y severo–: He visto que en las últimas cinco semanas no has alcanzado el mínimum diario que se exige a cada cortador.. Daniel Brown –los ojos del viejo se clavaron en la figura encorvada del hombre.. . – Se-señor. y-yo. –tartamudeó el hombre levantando apenas la mirada hacia el viejo decrépito.. Pero éste hizo un ademán enérgico con el brazo. y agregó –: A menos. que hasta entonces había pasado inadvertido a su inquisidora mirada. señaló con el índice –más bien una falange con retazos de carne muerta – un punto en la página de su infinito registro. encorvando la espalda en signo inequívoco de sumisión y respeto. que tengas un relevo: alguien más activo que ocupe tu sitio. Y ya sabes lo que eso significa. – Se-señor. que será necesario darte de baja.. y exclamó: – ¡Brown! Daniel Brown –vociferó el Viejo mostrando unos –escasos– dientes verdosos. a lo cual el hombre calló automáticamente y. los ojos húmedos y abiertos en muda súplica. algo parecido a una risa que deformaba las escabrosidades de sus facciones en una mueca gutural de cinismo. o mejor dicho. extendiendo la otra mano sobre el enorme libro. El viejo se irguió en su púlpito y sus ojos penetrantes abarcaron de un solo vistazo el cuerpito endeble del muchacho. quien avanzó con timidez. Sus delgados miembros y la infantil expresión de su rostro... claro está. cuya decadencia física e inutilidad para el trabajo eran ya visibles para cualquiera.

desapareciendo en la penumbra. el niño y el otro hombre se marcharon silenciosos y el rumor de sus pisadas se fue alejando poco a poco en los retorcidos corredores de la galería. sobre pisos de piedra a veces. que se tradujo a la vista en inyecciones de sangre que se derramaron profusamente por sus heridas. – ¡Ahhh! Conozco esa mirada. otros de metal. Es todo lo que necesito para templarte. al fin y al cabo. ¿Acaso había algo todavía más abajo que aquello?. Finalmente. Lleva a este chico al subsótano. El viejo se llevó a la boca un silbato y arrancó de él un sonido agudo que repercutió en la lejanía. una frase del viejo se le grabó a fuego en la memoria: allá abajo. impresionaron al viejo provocándole una súbita excitación. se preguntó con desesperado y lógico temor. Las . se fue. ¡Hoy te salvas. Daniel Brown!. chico: es el Miedo –exclamó el viejo atravesando al niño con los ojos–.. pero. fuera de aquí! Largo. já! El hombre dio media vuelta. desecho inservible.como de bestia asustada. bestia! –exclamó el viejo con voz podrida–.. —Y luego. tarde o temprano todos nos veremos allá abajo. deprisa. apartando de su mente aquella imagen. por alguna razón. já. pero. la barbilla sumida en el pecho. dirigiéndose al hombre con un gesto de desprecio–: ¡Y tú. reemplazará a su padre como cortador en la cámara cuatro ¡Rápido! Todo cuanto sucediera ese día había causado una honda impresión en la mente inocente del niño. El recuerdo de sus cuarenta años de trabajo y sufrimiento se le presentó en la imaginación y miró al niño con la certeza de que idéntico destino le esperaba a él. miró por última vez a su hijo. Se oyó un rumor de pasos precipitados y luego una silueta oscura se perfiló en el hueco de la puerta. antes de retirarse. – ¡Vamos. y. Caminaban entre charcos. ¿eh? ¡Já. Mas.

No se resistían. uno de ellos tomó a uno de las axilas y lo subió de un golpe al gancho. se trataba del ruido de motores. Varios hombres se encontraban allí.tinieblas eran espesas. entre hombres y mujeres de distintas edades. El hombre activó un mecanismo y la plataforma comenzó a descender con una pesada marcha. aumentaba su fuerza. todos armados de garfios y cuchillos cortos de hoja curva. Maquinarias y motores en continua actividad. no se queden ahí parados! –vociferó uno de los cortadores–. no hablaban. el niño sintió que el zumbido. cuya punta sobresalió de su pecho y su boca quedó congelada en un grito mudo. La plataforma se detuvo al rato con secos ruidos de engranes y el desconocido empujó al niño hacia una gran galería. Mientras descendían. y comprendió que. En el suelo había cinco centímetros de sangre que corría hacia las rendijas. en realidad. Acto seguido. desnudos ellos y todos caminaban como zombis. Hasta entonces. y del techo pendían gruesas cadenas oxidadas y oscilantes que terminaban en gruesos ganchos de hierro. más práctico. por lo que el niño se guiaba más por el sonido que por la vista. La misma tenía dimensiones inmensurables. que en un principio creyera producto del vértigo. agolpados ante una doble puerta al otro lado de la galería. pero más bien. tomó a dos con ambas manos del cuello y los ubicó en sendos . El giro inesperado que tomó el viaje lo llenó de un miedo cerval. Al estridente sonido de una sirena comenzaron a entrar de la puerta de doble hoja una veintena de personas. llegaron hasta una compuerta. se movían como peces en un acuario. Hasta que. luego de un tramo recto. ¡A los ganchos con ellos! – ¡Que comience la carnicería! –brotó un ronco grito de la caterva. Atravesaron el umbral y el niño se vio sobre una plataforma circular reticulada de gran diámetro. como reses al matadero. Otro. el niño no se había dado cuenta exacta de lo que se sucedería con él. – ¡Bueno.

y su hijo. Contra todo lo previsible. sin excepción. en su mente enferma siguió reverberando aquella frase del viejo: allá abajo. pero descontando eso. perdió la cordura detrás de la máscara de sangre seca que cubría su rostro.. Tal vez como en su momento él mismo lo habría hecho con su abuelo.. ya sin vida los ojos. al año. El garfio se clavó con fuerza entre las costillas. y de las ventilas a veces llegaban densas nubes de vapor nauseabundo... El pozo no soltaba nunca al que había tomado. a la vez que perdía el olfato. hendió la carne. . de un color marrón oscuro. Lo ubicó cuidadosamente en el gancho y los huesos exhalaron un último aliento antes de quebrarse. Cortaba como un poseso todo cuanto se le pusiera en frente. a pesar del aspecto demacrado. y como eslabones nuevos que se sustituyen a los viejos y gastados de una cadena sin fin. el cuchillo de hoja curva silbó en el aire. Más allá de la cámara destinada al niño rugían los motores y máquinas. Las partes seccionadas eran colocadas sobre mesones para que luego otro operario las oriente en una cinta mecánica que se perdía más allá de la pared de la galería. allí abajo los hijos sucedían a los padres.ganchos. y su hijo. Ignoraban por completo. Lo hostigó hasta cuando lo vio venir mezclado entre el resto. Nadie. pero reconoció. incluso se diría que el viejo de la entrada también. cuál era su función y verdaderas dimensiones. Y siempre. a su padre. A los tres meses había perdido todo su candor infantil. y en el hondo pozo el subir y bajar de aquella marca viviente no se interrumpiría jamás. conocía los fines u orígenes del trabajo que se realizaba en la sima. la cabeza ladeada hacia la izquierda.. a los tres días el niño perdió el asco por los cuerpos tullidos. como lo haría su hijo con él. para luego descuartizarlos. Y. los ojos acuosos y fríos.. todo lo demás eran suposiciones. finalmente.

“Tal vez se pueda descender todavía un poco más... un poco más... pensó el muchacho. allá abajo. Así tenía que ser.. cortando la red de músculos que forman el pecho.un poco más.”.” Así era.. el cuchillo bajó por el esternón..“Allá abajo” había dicho el viejo.. Así había sido siempre.. .. “.

su acompañante. el único resquicio en toda la Máquina por el que entraba la luz exterior.. como surgido de profundos abismos. El supervisor dijo que. Un sonido metálico y sostenido había brotado de sus múltiples válvulas. mientras prendía un cigarrillo. esta vez yo mismo. Resopló varias veces. echó fuego de su lomo de hierro y el motor aulló.. Lem. Lemy se inclinó hacia adelante y miró a través de la rendija de la cabina. En ese momento la Máquina se detuvo en seco y lanzó un alarido ensordecedor. escupiendo negras bocanadas de humo. — Muy atrasados –señaló. La frase quedó inconclusa. haciendo que la Máquina avance aún algunos metros. miró los relojes del tablero y sacó cálculos mentalmente. — Me importa una puta mierda lo que haya dicho el supervisor –lo interrumpió–. compadre –soltó Hal con preocupación. Lemy se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano. El motor está funcionando por obra de un milagro —informó. diría yo –concluyó.. — Esta vez nos van a cortar las pelotas. Perdemos temperatura y presión.PLAN DE TRABAJO La Máquina se paró de golpe y vibró mucho.. — Una mierda. — ¿Cuánto crees que nos falte? Lemy volvió a escrutar el horizonte y su piel de reptil se arrugó en torno a los ojos. —Estamos atrasados. — ¿Cómo va la cosa? –preguntó Hal. éstas recibieron el impulso y movieron la cadena sin fin. y su rostro cubierto de grasa y hollín se contrajo en una mueca de asco. casi con fastidio. y se dejó caer sobre el asiento con almohadilla. —Más de la mitad. —Sí. El suelo se estremeció . La fuerza recorrió el intrincado camino de poleas y engranajes hacia las ruedas dentadas.

—Los dos muertos –comunicó Hal—. — Yo tengo más experiencia que tú así que yo decido quién va –espetó Lemy. Un mecánico estaba parado con su caja de herramientas a unos diez metros. una montaña de metal ardiente oscilando. Como lo estaremos nosotros dentro de poco. chirriando y gimiendo como una enfurecida bestia mecánica. creo. Lemy se acercó. — No seas pelotudo. en el piso de la monstruosa máquina. no –protestó—. . así que ya pagué mi derecho de piso. Hal y Lemy saltaron de los asientos y comenzaron a mover palancas y apretar botones. Te toca ir. — Me cago en tu puta madre. — ¿Otra vez? No señor. Yo fui el último en bajar. — Yo fui las últimas tres veces. Despidió un bufido prolongado y durante varios segundos todo quedó envuelto en una espesa nube de humo. — No lo sé. y todas sus toneladas se sacudieron con violencia. El motor se había apagado. — ¿Qué pasó? Hal se había quitado la mascarilla de respiración y examinaba los indicadores que parpadeaban en rojo sobre el tablero de mando. Prueba con el motor auxiliar. Se introdujo en ella a las puteadas.bajo el peso ingente de la Máquina que ahora temblaba rabiosa. mientras en la cabina Hal soltaba una carcajada homérica. parece que el motor principal se detuvo. Bajó por la recta escalera de hierro hasta su fin. Anda abajo y fíjate qué carajo pasa. Ahora es tu turno. Hal. maniobras desesperadas y por demás inútiles. casi a punto de estallar. La Máquina se agitó bruscamente hacia los lados. Lemy se levantó y abrió la escotilla que estaba entre los dos asientos. Caminó por un pasillo angosto que desembocaba en el cuarto de ingeniería y atravesó la puerta. a ver qué pasa.

– ¡Hey. – Aquí está –dijo el mecánico apuntando con la cabeza—. Lemy empujó la puerta y una ráfaga de calor intenso salió de la caldera. Hay un problema con eso. Tenían la piel pegada al hueso y algunos ni siquiera tenían fuerzas para levantar la pala una vez cargado el carbón. La boca del infierno. Creo que algún imbécil derramó ácido o algo así. Ambos echaron a caminar y se internaron en una oscura selva de hierros entrelazados. la caldera. idiota ¿Qué mierda crees que hago? – Tranquilo. Lemy notó el estado de los obreros. Lemy se acercó hacia ella y escuchó la voz del encargado. – ¡Vamos. El encargado le dio un cadenazo en la . te llevaré por un camino más corto. exhausto. Frente a cada boca había un hombre con una pala junto a un montículo de carbón. holgazanes. un hombre cuya debilidad ya no le permitía trabajar estaba apoyado sobre el mango de la pala. –El viejo se frotó las manos en el traje de dril azul y continuó—: Sígueme. mi sector está impecable. El hombre. – Ya lo sé. Acabo de terminar los últimos ajustes a los mecanismos de transmisión. Unos minutos después llegaron hasta la puerta de la caldera. el túnel de comunicación está cerrado. un esqueleto amarillento y putrefacto. Lem! – ¿Qué hay. Voy a la caldera. más rápido! –gruñía. Esta era una cámara circular de veinte metros de diámetro. socio? – ¿Qué hace el viejo Lemy en los profundos infiernos? – Vengo de paseo. Apenas entró. – Ah. Lemy se dirigió a uno de ellos: – ¿Dónde está el encargado de caldera? –preguntó. Frente a él. en cuyo centro se levantaba una especie de tubo enorme provisto de varias bocas de alimentación. parecían espectros consumidos por alguna enfermedad. levantó la vista y apuntó hacia una sombra robusta que se movía en el fondo de la cámara. compañero. A mí no me mires.

Lemy pareció sorprendido.. se pudo oír el crujido de los huesos al quebrarse. no pensé que. señor. en medio de un charco de sangre. el Jefe. idiota. arriba –ordenó–. Fíjate que sean más fuertes esta vez. La Máquina permanecía en reposo. . en medio del ruido del lugar. Y a este infeliz ¿qué le pasó? –Lemy señaló a un hombre que se retorcía de dolor en el suelo. Dicho esto dio media vuelta y recorrió el camino inverso hasta la cabina.. La máquina le cortó los dos brazos. –Ya. – ¿Qué está pasando? –gritó Lemy con voz de mando. El hombre gemía. ¿quién se cree que es ese hijo de puta? ¿Dios? Hal y Lemy se rieron a carcajadas. –Vamos. y reemplacen con relevos frescos. Arrójenlo al fuego. –Llamó el supervisor. que sirva de combustible. Al verlo. pedazo de excremento? –Yo. hemos tenido muchas bajas. –El Jefe. señor. está bien. También arrojen al fuego a los que ya estén demasiado cansados. Y además dijo que si no terminamos a tiempo va a venir el Jefe en persona y nos va a arrancar la piel. Al llegar encontró a Hal despatarrado en el asiento. – ¿Qué dijo? –Preguntó por tu madre. el encargado encogió los hombros y contestó: –Señor. – ¿Y por qué no lo informaste.espalda y. –Bien. –Cuando la máquina se sacudió. se cayó contra aquellos engranajes. – ¿Cuántas? –Unos quince. Los brazos habían sido arrancados a la altura de los codos y de cada extremidad brotaban sendos chorros de sangre. En un rato seguimos.

provista de cuchillas con forma de disco dispuestas a pocos centímetros unas de otras. . silbando su sinfonía de destrucción. Finalmente. millones.Y mientras tanto. gritando con las gargantas agarrotadas por un miedo visceral. cubierta por una capa de óxido que la envolvía como la cota de malla de un guerrero monstruoso. En el medio de los cuerpos enmarañados. la figura de la Segadora se elevaba como un gran dios del mal. Cortando. Los que estaban amontonados al frente de la Segadora saltaron hechos pedazos. Hubo una explosión. –Si llegamos a terminar a tiempo me regalas una noche con tu hermana. conformaba un muro letal. ¿eh. Hombres. –Ahora sí va como tiro ¿eh? –Quizás hasta terminemos sin atrasos. alrededor. Cientos. se amontonaba en torno a la Máquina. Una mole de acero que se alzaba varios metros por encima de las cabezas. milenario. una estructura que se extendía diez metros hacia ambos lados de la Máquina. mujeres y niños arrancados a una animalidad bestial. todo el frente de cuchillas desapareció bajo oleadas de sangre. una marea humana. Un gran foco de infección que era necesario destruir. la masa humana en nada difería a una gigantesca colonia de gusanos. salpicándolo todo. Gente de toda raza. sexo y edad. Un rojo torrente que brotaba de la Segadora como una fuente. La Segadora corcoveó. Borrando a la humanidad de la faz de la tierra. La Máquina retomó la marcha y avanzó sobre la horda. Y los gritos se multiplicaron. Vista a la distancia. el motor arrancó. Al avanzar. la multitud crecía. destrozando. extinguiendo. miles. ligadas. Y en el frente. sino aún el instinto parecían abolidos en aquellos seres inmundos. enloquecidas. Estaban desnudos. Lemy? –Vete a la mierda. las cuchillas comenzaron a girar. extendiéndose a miles de kilómetros a la redonda. Y al hacerlo. con la mirada extraviada. Y no sólo la conciencia.

tarde o temprano terminarían con el trabajo. después de todo. . Mientras barrían a la humanidad. – ¡Huiiiiija! –gritó Hal. – ¡Allá vamos! –dijo Lemy. No había de qué preocuparse.Ambos rieron. Al fin y al cabo. La Máquina rugió.

amparados quizás por la extraña nieve que no había cesado desde que todo empezó. y al fin la voz zumbó en el intercomunicador: “Despejado”. una partícula de la destrucción que se había propagado como un virus por el planeta todo. El capitán Harper. El capitán dirigió su vista hacia Kosowski. SOLDADO! La tropa avanzaba en hilera bordeando el lecho del río. las coordenadas… — balbuceó Hiro. —¿Teniente? —Están. habían logrado imponer su protagonismo en el paisaje reinante. Apilados o entre los escombros. Éste es el lugar. ¿Dónde están los mil hombres y el armamento? —No lo sé. quien se había adelantado y volvía a la carrera. El silencio inundaba aquella plaza. semidescompuestos. se quitó la máscara de oxígeno y contempló el panorama. Obstinados. Muertos. sólo roto por el silbar del viento . pero están. Los muertos anegaban las calles. Finalmente se reunieron en la otra orilla y siguieron marchando por la devastada ciudad. no sin impaciencia. Y esa ciudad no era más que una muestra a escala. Deberían estar aquí. —Las coordenadas están bien. señor —dijo Kosowski señalando en dirección a la plaza —. Y seguían allí. Llegaron hasta las ruinas del puente y se detuvieron en seco. reduciendo la visión a unos pocos metros. despedazados algunos. parecía que los cadáveres se negaban a pudrirse del todo. tenía el puño derecho en alto. la nieve caía en forma compacta. —¿Qué ha pasado? —dijo Kriger—. A su alrededor. Esperó algunos segundos. al frente de esos restos de tropas sobrevivientes. pero ellos no están —dijo Jaric. ahora desierta tras encarnizadas batallas. de dos en dos. a la cabeza del grupo. Comenzaron a cruzar el puente.¡DE PIE. un montón de hierros retorcidos. El capitán Harper.

De pronto. quiero diez hombres en cada uno de aquellos edificios que han quedado en pie. dispuesto a quedarse. Una sombra de abatimiento pareció nublar el rostro curtido de batallas del capitán. Por eso. un sonido estrepitoso sacudió la tierra y lo sacó del ensimismamiento. Una explosión. —Ya vienen… —dijo alguien. Su mirada vagó sin que nada la detuviera por la amplia extensión de terreno cubierta de cuerpos que se prolongaba sin interrupción hasta la costa. Y lo que seguía al sonido. Se trepó sobre un bloque de hormigón y. no tenemos mucho tiempo así que escuchen con atención. su voz tronó desde el improvisado púlpito. pero cada uno buceando en las tinieblas de sus propias pesadillas y esperando la repetición que no tardó en llegar. muchachos.que soplaba en oleadas nauseabundas. . —Muy bien. Sin embargo. aún cargaba con la responsabilidad de conducir a aquellos hombres y decidió que así lo haría. Por un momento quedaron así. se obligó a tragar la pura desesperación. En el margen opuesto del río. La frase quedó congelada en el aire congelado. El mundo agonizaba. mirándose. Los soldados se miraron. Un terror creciente comenzó a invadir el ánimo de los hombres. también se veían rendidos. como buen militar experimentado. sean cuales fuesen las circunstancias. Un ojo blanco abriéndose en el cielo. y había modelado sus rostros hasta convertirlos en una máscara fúnebre. soldados aguerridos templados en un riguroso código de fuerza y valor. Luego. la rigidez en los músculos de su rostro lo evidenciaban. una explosión. Sus hombres. Le siguieron dos más. dos unidades en el flanco derecho… El francotirador observó la imagen amplificada de Harper en el teleobjetivo. tensa. Cáceres. —Kriger. El capitán no fue ajeno a ese estremecimiento. Conocían bien ese sonido. el Sniper enemigo buscó un punto de apoyo. La nieve era roja bajo sus botas. Y finalmente un destello blanco rasgó el horizonte a pocos kilómetros de distancia. cual orador mesiánico. Otra vez tres estampidos. El horror había ocupado el trono de sus emociones.

Se movían a una velocidad increíble y escupían ráfagas de muerte. abandonó la boca de fuego del arma y voló sobre el campo de cuerpos. quiero que reúna a todos los hombres y formen dos líneas de defensa alrededor de… Disparó. interrogando al vacío. rígido. El proyectil. Pero en su trayectoria. Hiro lo sabía. y la mitad trasera se desprendió como una tapa y luego se deslizó por su espalda derramando coágulos y sesos. Por eso se quedó ahí. rodeándolos. hasta que al fin la gravedad lo desplomó sin remedio contra el suelo. y al tercer paso sintió el ¡clic! de una mina bajo su talón. Hiro comenzó a retroceder. Se desperdigaron como hormigas buscando un . en cuyo caso solo causaría mutilaciones gravísimas. se aplanó progresivamente hasta convertirse en un disco perfecto de veinte centímetros de diámetro y el espesor de una hoja de bisturí. presa del miedo. casi de camino. Cruzó por entre medio de los hombres a velocidad supersónica y se estrelló contra una columna de concreto. los hombres quedaron paralizados. —Kosowski. Apenas otorgaba dos segundos de precaria ventaja a su objetivo. suspendidos en un halo de horror. Antes de que pudieran reaccionar surgieron sombras de todas partes. la bomba explotaría de todos modos. Por un segundo el cuerpo quedó de pie. Alrededor. los brazos colgando como hilos. No hacía falta levantar el pie. como si ese instante de inactividad que precede al pánico se prolongara indefinidamente. Los soldados corrieron abrazados a los fusiles slayer M30. Lo que siguió fue una masacre. En su recorrido. disparando ciegamente. a unos diez metros de allí. un corte vertical limpio desde el ápice craneal hasta la cerviz. El aire se tiñó de rojo y descargó lluvia de sangre sobre los soldados. rebanó la cabeza del capitán Harper. una pequeña esfera de aleación líquida. El dispositivo emitió un sonido agudo que iba en aumento. la secuencia duró apenas unos segundos. Dos segundos después su cuerpo se desgarró en mil pedazos y voló.—Hiro cubrirá el flanco izquierdo… Apuntó. fusil en mano. Sin embargo.

pero su mente era una máquina descompuesta. La locura. Pero eso lo pensó después. no en ese momento en que su razón vacilaba. aunque no lo abandonó por completo. y fijó sus ojos en las alturas. En la confusión del ataque. húmedo y frío. Gritó. Fluyó una cantidad indefinida de tiempo. Jaric. mucho después. Todo un espectáculo. Sintió que alguien lo tomaba de la chaqueta y lo arrastraba con violencia. Kosowski se acercó a él con una jeringa en la mano. Un dolor pulsante le mordió la pierna y de ella emergió un borbollón de sangre. Jaric se echó de espaldas. convertidos en fortalezas. pensó Jaric. lo que había sido otrora una puerta. Era el miedo. donde el humo se arrastraba en finas hebras a ras del suelo. Cuando Jaric abrió los ojos lo primero que notó fue que estaba en un lugar cerrado. engrosando así la alfombra de cuerpos que acolchaba el terreno. pocos lo hacían de una sola pieza— antes de poder procesar su horrible muerte. Sintió que una multitud de agujas hipodérmicas le atravesaba la espalda y la nuca. luego la explosión y de pronto se abría un surtidor de sangre en la tierra. y desde allí sembraba el estrago. El miedo es el motor de la guerra. Las balas multiformes zumbaban a su alrededor. No había mucho por hacer. Algunos lograron resguardarse en lugar seguro. En ese instante se desmayó y sus pensamientos se hundieron en pozos de negrura. — ¿Qué… pasó? —Tranquilo. El cielo era una caldera al rojo vivo. Trataba de concentrarse en los objetivos y direccionar los disparos. rendido. El enemigo ya estaba apostado en los edificios. excepto salvar la propia vida. se atrincheró detrás de las ruinas de un muro y disparó hacia la cortina de nieve. más minas fueron activadas. El ruido de las descargas era ensordecedor. El ruido era un metal frío lacerando el cerebro. entre ellos. Luego notó que sus sentidos le abandonaban. realmente. Los soldados caían como muñecos —y de ellos. Jaric lo tomó del brazo. Entre el rebaño que se desgranaba se oía el agudo pitido. . A unos metros había un hueco deforme en la pared.parapeto y se arrojaron al suelo automáticamente. A través de ella pudo divisar una parte de terreno. cruzada por un río de obuses. Misiles teledeath comenzaron a llover del cielo. hermano —dijo Kosowski.

Fuimos emboscados en la zona 4 del radio G7. Central. por favor…? —Aquí Central arco 16 —dijo alguien del otro lado—. Se hizo un breve silencio y luego la voz contestó: —Entendido. Adelante 1-11-14. señor —dijo al fin con un hilo de voz.Levantó la manga de la chaqueta de Jaric y le inyectó una buena dosis de metamorfina. Se llevaron los cuerpos. Los hombres se reunieron alrededor del aparato de comunicación en el que Kriger hacía horas trataba de lograr un contacto. Éramos seiscientos hombres. — ¿Hola? ¿Hola? Aquí división 1-11-14. — ¿Enviarán ayuda. —Busquen un lugar seguro para esconderse y no salgan por ninguna razón. Incluido el capitán. hay algo más. Levantó la cabeza y pudo ver el tejido tenso por la hinchazón y el color violáceo de la piel. — ¡Muchachos. Es de vital importancia que no se muevan de donde están. ahora sólo quedamos unos cincuenta. Un pus verdoso brotaba de la herida y le bañaba el muslo. — ¿Hola? ¿Alguien. —Con esto vas a tirar un buen rato. —La voz llegaba contaminada de estática. señor? Otra vez silencio. acérquense! —gritó Kriger—. . señor. —Pero… ¿qué dice. soldado? —Eso. señor. Creo que encontré algo. — ¡Gracias a Dios! —dijo Kriger tratando en vano de contener la emoción —. lo escucho. aquí ha ocurrido una masacre. —Kriger sintió que una flema tibia le obstruía la garganta y la empujó hacia abajo—. Recién ahí Jaric recordó la herida de la pierna. El resto ha muerto. —Señor. Los cadáveres no están. ¿Alguien me escucha? Silencio. Se los llevaron ellos. Seguirá al frente quien siga en la cadena de mando. Pero llegaba.

hijo… —fue lo último que dijo. Oscuras intuiciones del miedo. — ¿Señor? —Que Dios nos ayude. Kriger—. Quién sabe a dónde los han llevado… y para qué. Pero esto no atenuaba el estado de desolación permanente. ¿verdad?… —preguntó. Cáceres lo miró. Los soldados comenzaron a sentir una impaciencia enfermiza. Éste parecía observarlo con la promesa de nuevas y lacerantes posibilidades de dolor. Los días que siguieron fueron una larga y lenta agonía. Involuntariamente. Y los soldados sabían que cuando esta última se agotara. Hay versiones de cargamentos repletos de cadáveres. ¿ha escuchado? Nada. a veces caía con menor intensidad y dejaba paso a unos débiles rayos de sol. La nieve. aunque incesante. Los analgésicos se habían acabado hacía rato. le dio dos . Sacó una bolsa de tabaco y papeles de seda y armó dos cigarrillos. De los pocos sobrevivientes de la masacre. —Es que… aún no lo saben. Todos los muertos han desaparecido. —Enviarán ayuda. No había nada para hacer. salvo esperar y otear el horizonte. Luego encendió el otro. Prendió uno y se lo alcanzó a Kriger.Esta vez el silencio fue más prolongado. todo el dolor que venían adormeciendo con la droga se despertaría y les pasaría una buena factura. Luego la comunicación se cortó. al igual que las dosis de metamorfina. sino que apenas evocaba lo que había sido antes e intensificaba el horror presente. Expectantes. las respuestas a esas preguntas comenzaron a estallar en los rincones tortuosos de la mente. ¿verdad? —Por primera vez la voz perdió el tono neutro y pareció vacilar—. Jaric sintió una punzada en el muslo que ascendía reptando hacia la ingle y miró el amasijo verdeazulado que era su pierna. Señor. muchos tenían heridas infectadas producto de los versátiles proyectiles. Las reservas de alimento comenzaban a escasear. Días más tarde los hombres seguían acurrucados en el rincón de ese edificio demolido que habían adoptado como madriguera. Kriger y todo el grupo esperaba la respuesta del otro lado que no llegaba.

el enemigo había encontrado un mecanismo interno capaz de reactivar el cuerpo muerto. temblando. utilizado como circuito conductor. dotado éste de alguna extraña fuerza que le otorgaba vida y movimiento.buenas pitadas y se lo ofreció a Jaric. fumando en la oscuridad. Los soldados salieron de la guarida en tropel. Pero lo habían hecho. Éste inspiró profundamente y sintió cómo los pulmones se le llenaban de un humo picante. que no tenía ningún derecho sobre aquellos hombres y aquel lugar. Cada pata era un pistón hidráulico de gran longitud y las dos extremidades superiores tenían tres falanges que terminaban en mortales bocas de metal storm. ajena. La noche era una boca negra y hambrienta. Una estructura metálica adaptada a la perfección al cuerpo muerto. De modo que se quedaron callados. —Será porque es eso. . De pronto. Mierda de caballo secada al sol. Máquinas metahumanas. un engendro de carne y acero con forma de velocirraptor de cuatro metros de altura se había detenido y los miraba fijamente… o eso suponían. y conectada a éste mediante cables que palpitaban sobre la ajada carne y varillas de hierro multisegmentadas que sobresalían de cada articulación. con el arma dispuesta. Pero la risa era una nota extraña. No podían creer que hubieran sido capaces de construir semejante monstruosidad. Frente a ellos. Al parecer. En otro momento hubieran reído a carcajadas. Muertomáquinas. Kosowski estaba parado a unos metros de la abertura. Y en el centro. el cadáver permanecía ensamblado con los brazos y piernas extendidos. como una horrible versión cyberpunk del Hombre de Vitruvio. Las ramificaciones de este esqueleto suplementario se movían a la par del cadáver. —Este tabaco sabe como la mierda —dijo Jaric mientras exhalaba el humo blanco y los ojos se le llenaban de lágrimas. Afuera era noche. un aullido prolongado perforó el silencio. Se acercaron hacia donde estaba y entonces ellos también lo vieron. justamente —respondió Cáceres—.

Un grupo de cincuenta de ellos había cruzado el río y se dirigía ahora hacia donde estaban. La cabeza —en aquellos que aún la tenían— colgaba del cuerpo como un apéndice inservible. Un proyectil. cabrones! Como si de repente hubieran sido arrancados de una pesadilla alucinante. Velados por la nieve. Pero aún peor que el sufrimiento físico fue lo que le tocó presenciar. Al dolor de la pierna ahora se le sumaba otro. parecía a la distancia una nube gris que descendía en cascada. La matanza se desarrolló casi sin resistencia. —Ya no son humanos. una horda de miles de ellos avanzaba a gran velocidad. Una oscura marea que al poco tiempo asumió formas aberrantes. Un ejército monstruoso salido del Inframundo. En cuestión de segundos estaban ya a pocos metros de allí. —La esencia vital ha desaparecido. El grupo era apenas una línea de avanzada. bajando por la pendiente. Del otro lado del río. El destino quiso que fuera el único en ver el fin de la masacre. Los ecos de la horrible carnicería se dilataban en la noche hasta el infinito. apoyado sobre el marco de la abertura. matar rabiosamente. La muerte cortó de cuajo las plegarias y puso fin al sufrimiento. Lo único que los movía era matar. le había atravesado el omóplato y lo había dejado clavado en la pared. El reposo. Jaric había quedado atrás. Alguien gritó: —¡Disparen. La mayoría de los soldados ni siquiera atinó a defenderse. otros lloraron y llamaron a gritos a su madre. De cada uno brotaba un torrente mortal de proyectiles. comenzaron a disparar hacia los muertomáquinas. . —Ahora son monstruos. —Es solo materia orgánica. en este caso una saeta estriada con punta molecular. Algunos se persignaron. Se detenían y disparaban cada tanto una descarga fulminante. Éstos se dispersaron enseguida y los soldados pudieron comprobar con espanto lo que sucedía. Y eso hacían. El tiro de gracia. Los muertomáquinas avanzaban despacio. El dolor era insoportable.

Desde los tejidos hasta los huesos. no lo haga! —suplicó Jaric con la voz ahogada por un vómito de sangre—.Al fin. dibujando una telaraña monstruosa bajo la capa muerta de epidermis. tajante. soldado! . capitán! Antes de morir. y quedó tan cerca que Jaric hubiera podido tocarlo. Era el capitán Harper. pensó. en cada célula donde pesaba la gota del huésped. resonaron los ecos de la voz del líder: —¡De pie. Descargó una ráfaga seca. uno de ellos se acercó hasta donde estaba Jaric. La cabeza oscilante se movía a pocos centímetros de su propia cara. emitiendo un suave bufido neumático. Jaric pudo ver un líquido negro que fluía en el torrente de las venas. solo quedó una mancha negra sobre la pared. Se inclinó lentamente. Harper acercó su asquerosa cabeza a la del cadáver. Se desplazó en el territorio de su cuerpo ordenadamente. Parecía observarlo detrás de la máscara de putrefacción que era su rostro. como un disciplinado ejército. En su lugar. Y fue lo último que hizo. De su cabeza destrozada aún colgaban hilos resecos de masa encefálica. Del agujero negro de su boca emergió una microaguja que se incrustó en el pecho de Jaric. Un fogonazo amarillo salió del brazo-caño y un segundo después la cabeza de Jaric había desaparecido. “Nanorrobots. capitán. ¡No me mate. —¡Por favor. sin duda”. Un río negro de seres subatómicos se introdujo en la red de arterias y venas. El muertomáquina de Harper apoyó el caño de cuatro bocas sobre la cara de Jaric.

O quizás sean las gotas de lluvia que ya comienzan a caer. No hay razón aparente para que una de las criaturas abandone la seguridad de la gruta y se aleje ante la mirada indiferente del resto del grupo. se mantiene entera y nítida entre los nubarrones. La bestia la contempla fascinado. Están en silencio. El tiempo fluye. La amenaza de otros animales. Alrededor del fuego prehistórico. El hombre soporta estoicamente los embates del viento que lo golpean con la firmeza de una sentencia. A pesar de la tormenta. la luna. el disco de la luna es perfecto. viento y oscuridad. Se desconoce el motivo por el cual se interna en la noche helada. a merced de los peligros del entorno y de la borrasca que avanza amenazante. tejiendo los fondos abismales de la conciencia. acaso el origen de un interrogante que jamás obtendrá respuesta. secreto. solo hay frío. creyendo tal vez que es ella la que lo mira desde las alturas. Allí. donde aún no existen las palabras. tan hambrientos como ellos. del fuego. pero con la determinación guiando cada movimiento de su cuerpo. Observan la materia escurridiza. pero que suponemos prolongado. como si de pronto hubiera sido invocado por un ritual impostergable. bullendo en una danza primitiva y secreta. . y se queda así durante un tiempo indefinido. Camina resollando por el frío que penetra hasta sus huesos. los primeros hombres se reúnen convocados por el calor y el instinto de manada. al cielo nocturno. mira hacia lo alto. Se detiene en el medio del valle y su silueta proyecta una sombra alargada sobre la piedra. En sus ojos nacen las primeras lágrimas y se deslizan por sus pómulos. cuya finalidad y sentido último desconoce.UNO La caverna está llena de sombras. como el hombre. algunas convertidas en pequeños copos de nieve. flotando entre vapores de plata. sin forma. similar a los pensamientos que se agitan en el interior de sus cabezas. como un dios inasible y poderoso. completa la hostilidad del paisaje. Afuera. Mantienen un diálogo mudo. Tiene la cabeza erguida.

Un deseo incontenible comienza a debatirse en el pecho y la garganta desnudos. Finalmente. exhausto. El grito rebota en el cielo. Solo en el universo. en que el todo se amalgama y forma un légamo inconcebible. con la fuerza de una erupción volcánica. al cielo nocturno. lanza un grito desgarrador. la soledad y la angustia de toda existencia. La aberración que estaba a su lado lo observó por un momento. dejando que la lluvia helada corra por los surcos de su ajado cuerpo. mientras el frío congela sus extremidades entumecidas y los animales que no puede ver ya lo rodean a pocos metros. y luego siguió con su trabajo como si no hubiera oído nada. Amanda? —dijo el engendro pero hablando para sí mismo. en breve. La sangre galopa con fuerza. Un grito que condensa el miedo. pero con el alivio de haber cumplido con un deseo incontenible. como la luna. sin prestarle demasiada atención. y el tiempo lo carga en su lenta caravana. Solo en el mundo. es único y está solo. con la cabeza —si es que tenía cabeza— erguida hacia lo alto. Allí. Lo envuelve una nueva sensación. huesos. trasladando eones de historia genética en el flujo de cada arteria hinchada y palpitante de sensaciones. — Es hermosa. Su cuerpo se desploma en el suelo donde. extasiada. Súbitamente. solo se oirán los gruñidos de los animales salvajes disputándose un trozo de carne muerta.La criatura levanta los brazos. el hombre se deja caer. avasallante. se hace carne. olvidando por un momento que es una presa fácil para las alimañas que ya olieron su carne a la distancia. coagula y se materializa. se clavó en la tierra y levantó una pila de . tejidos. La pala mecánica avanzó a ras del suelo. flotando entre nubes sulfurosas. recorre caminos que lo llevan por un tortuoso laberinto de sangre. naciendo desde el fondo de las entrañas y subiendo y brotando por la boca desmesuradamente abierta. Un grito que perfora la noche. una especie de vértigo que oscila entre el terror y el encanto: acaso la intuición —o certeza— de que él. ¿no lo crees. el disco de la luna era perfecto.

o que ya había olvidado. de algún lugar de su entramado organismo de cables y entrañas. Amanda? —había dicho el engendro. —La voz era cambiante. Y murmuró: — Amanda… “¿Quién es Amanda?”. pero que suponemos prolongado. repleta de desechos y escombros. pero mirala bien —dijo el engendro en un rapto de emoción —. Y no sé quién es Amanda. Como si hubiera estado adormecido en un coma estacionario durante gran parte de su vida y de repente lo despertaran con una descarga fulminante. Algo que no había sentido nunca. oyó muy cerca de él. Al fin. la visión de la luna reanimó la fibra de una sensibilidad enterrada bajo profundas capas de carne. Rodó el caparazón de su armadura y enfocó la visión hacia el horizonte. Un cortocircuito estalló en la base de la cubierta donde. en su interior. El mundo era un montón de ruinas. Los sentidos se desperezaron y cabalgaron en busca de nuevas sensaciones. No parecía que aquello hubiera pronunciado alguna palabra. — ¿Qué ha pasado? —exclamó—. La Tierra era una costra sucia y humeante. — Es hermosa. Se quedó mirando la luna durante un tiempo indefinido. ¿Qué nos ha pasado? .cadáveres en el aire. Es tan… bella. o incluso que fuera capaz de hacerlo. el engendro había experimentado una curiosa sensación. ¿no lo crees. Segundos atrás. En cambio. El servomecanismo zumbó. donde un paisaje desolador se extendía en toda su vastedad. un lugar frío y oscuro. — Es solo la Luna. — Allá vienen otra vez —oyó la aberración. E indiferente. — Sí. giró sobre su eje y luego dejó caer los cuerpos en el interior de un contenedor. metal y corrientes electromagnéticas. Todo tenía el color del óxido y la ceniza. Y tan distante. seguía apilando cadáveres como un autómata. Una multitud de destellos implosionó en un punto y la conciencia despertó. salió el sonido de su voz. el cerebro palpitaba rodeado por un sinnúmero de nano-cables y membranas sintéticas en continua actividad. Se dio vuelta y vio a la monstruosidad que tenía a su lado.

con la carne reseca y tirante contra el hueso. A varios kilómetros de allí. pero esta vez lo observó con mayor atención. Cuerpos listos para ser reutilizados y volver al ciclo ininterrumpido de la materia. — Te has salido del Flujo —dijo. — Siempre estamos en guerra —respondieron. Pronto volverás a la corriente del Flujo. Un sentimiento de profunda amargura comenzó a abrirse en su interior como una caverna oscura. más negra que las tinieblas de la noche. donde aún quedaban algunos restos de la corteza que alguna vez los cubrió de su frágil condición. Esqueletos ennegrecidos. — Hubo una falla en el sistema. Estaban tiesos. Somos la evolución de la humanidad. El engendro no comprendía. — El Gran Flujo de ondas eléctricas del cerebro. Pronto descubrió que las voces —la Voz— en realidad provenían de su interior.— Cuidado —oyó en el fondo de su cabeza. — ¿Qué nos ha pasado? —pensó—. Miles de cuerpos que alguna vez fueron humanos. Amanda… ¿En qué nos hemos convertido? Su compañero de trabajo se volvió. Estaba absorto en la contemplación de la destrucción. — Todos servimos al Único. — ¿Estamos en guerra? —preguntó el engendro. yacían entre los escombros y la chatarra en posturas imposibles. El engendro miró a su alrededor. Tampoco escuchaba. . Escupieron fuego retrocediendo sobre su cureña y volvieron a estallar una y otra vez. cientos de cañones alineados gimieron sobre sus goznes. El bramido de las explosiones se expandió por doquier y el cielo se iluminó como un océano de petróleo encendido. despojados de la armadura biomecánica que les servía de caparazón. Giraron lentamente sobre los ejes las estructuras metálicas de las grúas. Servo-humanos. Los inmensos morteros colocaron su cónico perfil entre cielo y tierra. Somos una mente de panal. Porque la voz era una y muchas voces al mismo tiempo. Todas nuestras frecuencias están alineadas en una oscilación única. Todos somos Uno —recitó la bestia con voz neutra.

cada parte de su mente y de su cuerpo. Ordenadamente. cada fibra de su tejido nervioso. solo se oían los lamentos del viento. La orden sincronizada llegó a miles de puntos y al mismo tiempo todos los Servos se dirigieron a un enorme galpón que estaba a unos trescientos metros de allí. que se extendió como por contagio a toda su figura. Todo quedó sumido en el silencio y la oscuridad. una galería de alucinaciones futuristas producto de una mente enferma. el engendro tuvo una extraña y nueva . y cuando las gotas de lluvia comenzaron a corroer con su ácido la corteza membranosa de su mecanismo exterior. solo. Lo oprimía el presentimiento de una inminente calamidad. Volvió a contemplar la luna. imágenes difusas como sombras de cuando el mundo era diferente. el engendro.El sonido de una sirena comenzó a rugir en un radio de varios kilómetros. El engendro se quedó parado allí. de miedo. en sordina. Todo aquello insufló en su ser un extraño sentimiento. Un grito de dolor. En cuestión de segundos todos los Servos abandonaron la actividad y se pusieron a cubierto bajo los refugios. de un desastre ya consumado. semejaba una caravana de experimentos fallidos y deformes. todos los monstruos se ubicaron uno pegado al otro bajo el techo del tinglado. gimiendo como estertores. en el medio del cementerio del mundo. Cada uno una monstruosidad diferente. emitió un terrible bramido iniciado con la propia existencia. todo en un solo sonido. y como si lo hiciera por primera vez. se estremeció. Repito: peligro de lluvia ácida. Peligro de lluvia ácida —resonó la Voz en el interior del engendro—. pero cada vez con menor intensidad. A la distancia. Los cañones cesaron el fuego. Unas luces rojas se encendieron y parpadearon en distintas zonas del terreno. lanzó un grito desgarrador. Recuerdos de otro tiempo acudieron a él vertiginosamente. y mientras se apagaba en un agónico jadeo y su cuerpo se desintegraba progresivamente bajo la lluvia ácida. El aullido del engendro continuó. Sin ser consciente de ello. — Reunirse en el refugio. de soledad. con notas metálicas y sobrenaturales. guiado por el instinto originario de un pasado remoto. La lluvia ácida comenzó a caer.

era único y estaba solo. Y entonces. súbitamente. llorando ellos también. lo envolvió como una mortaja y lo llenó de gozo y terror al mismo tiempo: acaso la intuición —o certeza— de que él. todos los engendros y aberraciones gritaron a coro. como la luna. Solo en el universo.sensación. Solo en el mundo. como arrancados por una fuerza invencible. antes de perecer. conmovidos al lado de su hermano muerto. . aullando a la luna con un sonido monstruoso y discordante que brotó de toda la Tierra. una oleada de vértigo que.

Este Ácido concentrado. inodoro y muy corrosivo —explicó.LA CLASE DE QUÍMICA — El ácido sulfúrico —dijo el profesor frente a la clase— se obtiene a partir de azufre. . que brotaban como escupitajos desde el centro de la cara. aire y agua. alumnos? —dijo el profesor. ¿Verdad González? El púber. — ¿Alguna pregunta. deshecha en una masa de supuración burbujeante en la que se dejaban ver algunos fragmentos de hueso. Su uso más frecuente es en la industria y su fórmula —escribió en el pizarrón— es H2SO4. y levantó el tubo de ensayo para que todos pudieran verlo—. llamado por los antiguos alquimistas aceite de vitriolo. atado de pies y manos al pupitre. destruye la piel y la carne. apenas pudo emitir una serie de gorgoteos incoherentes. Cuando está a temperatura ambiente es un líquido incoloro. y puede causar ceguera si se introduce en los ojos.

no doy más… —resopló. se quitó el saco. que a pesar de que llegaba amortiguado por la distancia. 49. la espalda . El señor Gómez apoyó su maletín sobre una repisa.CUANDO DEJES DE LLORAR "¿Podría una madre olvidarse del hijo de sus entrañas? Pues yo nunca me podré olvidar. Negras ojeras subrayando los ojos enrojecidos. Sin embargo. el llanto constante como sonido de fondo resultó tan molesto para sus nervios siempre alterados. lo sintió como si una manada de gatos estuviera aullando adentro de su cabeza. Empezó a oír el llanto antes de entrar a la casa. Se inclinó hacia adelante. — ¡Querida." Is. apoyó los codos sobre la mesa y miró su imagen reflejada en el vidrio de la biblioteca. El hombre volvió del trabajo con el último aliento de la tarde. Luego fue hasta el baño. piel anémica y grasienta bajo una barba de cinco días. — Uff. arrastrando su sombra a través de las calles. Finalmente volvió al salón comedor y se dejó caer en la silla exhalando un suspiro. En todo su aspecto lánguido y demacrado se notaba el agotamiento físico y la falta de sueño que su cuerpo venía reclamando a gritos. ya llegué! —anunció el hombre en el quicio de la puerta.15. se arremangó los puños de la camisa y se lavó la cara y las manos con abundante agua. No le sorprendió la ausencia de respuesta ni el hecho de que nadie venga a recibirlo. lo colgó en el perchero y aflojó el nudo de su corbata.

y se limpió el sudor de la frente con el borde del delantal. — ¡Marta. unos pasos nerviosos que se acercaban y luego la señora Gómez se asomó por una puerta lateral. La señora Gómez adivinó el gesto de fastidio en el semblante de su marido. esta vez alzando más el tono de voz. — Alberto. y los que vendrán… hasta el fin de los días. un hacha de cocina chorreando sangre en la mano derecha y el pelo largo y crespo recogido en una cola de caballo. A continuación se escuchó un ruidoso traqueteo de ollas y utensilios de cocina. — Bien. ¿Qué hay de cenar? — Sopa de verduras —dijo la mujer. El hombre suspiró. formaban el conjunto calamitoso de su figura. ¿qué te pasa? —le espetó. bien… —respondió con voz cansada—.encorvada y la expresión ausente en la mirada. y el anterior. en un lenguaje visceral compuesto por lacrimosos gemidos. en actitud desafiante. . El llanto susurraba en sus oídos una retahíla de reclamos y lamentos. por eso salió de la cocina y se paró frente a él cruzada de brazos. ya llegué! —volvió a gritar. ¿Cómo estuvo tu día? Igual que el anterior. pensó él. Una punzada de dolor en las sienes lo hizo desviar la vista de aquel cuadro. — Alberto. Llevaba un delantal cuyo color original había sucumbido hacía tiempo bajo sucesivas capas de mugre. no te escuché entrar —dijo la mujer. jadeando—.

repitió. por favor. y sin embargo la montaña de basura adentro de su cabeza empezaba a alzarse como un dios terrible al que había que alabar y rendir tributo. Marta. siempre —respondió el hombre con dureza—. — Nada. ¡me van a quemar la cabeza! — No hables así. y a eso había que sumarle las “horas extras” que demandaba ser padre de familia. — Deben tener hambre —dijo la señora Gómez. cuando tuvo un súbito presentimiento. — Alberto. Que había visto cómo sus sueños se derrumbaban uno a uno hasta quedar convertidos en un montón de ruinas. — Siempre tienen hambre. ¡Hacelos callar. Ella sabía tan bien como él que su vida era un asco. Marta… No pasa nada. ¿qué te pasa? — Me pasa que no los soporto más. El instinto materno. El llanto se tornó alarido lastimoso. no empecemos otra vez…—dijo la mujer. Que se sentía aplastado como una cucaracha por una rutina vacía y sin sentido: del trabajo a casa y de casa al trabajo. El hombre miró al piso y luego a su mujer.La pregunta era ya ritual. Un grito horrible atravesó la habitación. Marta. por favor. La mujer miró al hombre. por el amor de dios! — Pero… Alberto. — ¿Por qué? Si son unos malcriados de mierda. . una letanía sonora y discordante que desgarró los oídos del matrimonio.

— ¡Alberto! El hombre la miró con un brutal deseo de insultarla. Los ojos llenos de un frío aborrecimiento. Ante ese arrebato contenido, la mujer se envalentonó y le echó en cara todo lo que pensaba. Le dijo que él era el culpable de su angustia, que le había arruinado la vida, que era un desalmado sin corazón y que a veces tenía deseos de matarlo como a un perro. — Sos un hijo de puta, Alberto.

El hombre se paró frente a ella, dispuesto a golpearla, pero contuvo su irritación ante una visión deprimente. Por un momento, el señor Gómez sintió que se estaba reflejando en un espejo: igual de cadavérico era el rostro de su esposa, igual de sombría su mirada, igual de abatido el cuerpo de la mujer de la que alguna vez estuvo enamorado. — Marta. — Alberto.

Ambos se miraron, fingiendo reconocerse el uno en el otro, evocando un pasado irreal de tan distante, pero que a fuerza de repetición terminó siendo la única realidad posible. — ¿Te acordás cuando éramos novios? — Sí. Éramos jóvenes. Eso fue hace mucho tiempo —reflexionó ella. — Antes de que empieces a tener hijos —dijo él, casi en tono de reproche.

— Antes de que “empecemos” a tener hijos, Alberto —corrigió ella—, ¿no estarás insinuando que…? — No, Marta, yo no insinúo nada.

Se sentían como si fueran los únicos sobrevivientes de una terrible tragedia: sólo los unía la resignación mutua, la pesadilla común de haber atravesado juntos el infierno. El horror compartido. — Alberto… — ¿Qué, Marta? — ¿Todavía me querés?

Silencio. — Sí —mintió él—. ¿Y vos?

Otra vez silencio. — Yo también —mintió ella.

En ese momento el llanto se intensificó, acompañado por un alarido horrendo. Sin decir una palabra, activado por una súbita energía de reserva en su cuerpo, el hombre se dio vuelta con ímpetu y se dirigió a grandes pasos a las habitaciones. Se paró frente a una de ellas y reventó la puerta de una patada.

Allí, agazapado en un rincón, un niño como de siete años lo recibió con un insulto. Espumarajos de rabia brotaban de su boca con cada injuria, los ojos hinchados, rojos, la cara desfigurada por la ira.

El hombre se precipitó adentro del cuarto y cuando estiró el brazo para agarrarlo el niño le mordió la mano. El señor Gómez miró la sangre alrededor de la media luna marcada con los dientes y le respondió con una violenta patada en las costillas. — Vení para acá, mocoso de porquería —escupió.

Lo sacó de la habitación a la fuerza y lo arrastró a través de un oscuro pasillo, seguido de cerca por su esposa. El niño berreaba, se sacudía y pataleaba, convulsionado por una mezcla de bronca e impotencia.

El corredor desembocó en una puerta. El hombre la abrió y la escalera del sótano descubrió frente a ellos los primeros escalones, ya que el resto permanecía tragado por la oscuridad. El señor Gómez soltó al niño y de un empujón lo hizo rodar escaleras abajo.

El hombre y la mujer descendieron y se detuvieron a mitad del trayecto. El niño se incorporó y permaneció de pie en el fondo del subsuelo, temblando, rodeado por un mundo de tinieblas. El llanto que hacía instantes laceraba los oídos del matrimonio cesó de repente, y la casa quedó sumida en el silencio más absoluto.

Pasaron, quizá, diez segundos.

De pronto, fue como si la propia oscuridad cobrara vida. Primero se oyeron ruidos de cadenas que se arrastraban, luego unas formas indefinidas se movieron en la penumbra, hasta que al fin emergieron de la sombra y se recortaron nítidamente contra el fondo negro: una docena de mandíbulas cuadradas, del tamaño de una cabeza, con dos hileras de colmillos brillantes como el acero.

con una sensación de . las quijadas mugían y se acercaban.Olfatearon el miedo. cortando de cuajo el aliento contenido. Y en su lugar sólo quedó un horror ciego. Esperemos que al menos nos dejen dormir. hasta que el cuerpo no tardó en quedar desmembrado en medio de un río de sangre. El miedo era su alimento. haciendo colapsar su sentido de realidad. tironeando de cada extremo. El festín estaba llegando a su término cuando el matrimonio dio media vuelta y salió del sótano en silencio. atacadas por una creciente sensación de gula bestial. Pero la pesadilla para él duró poco: las mandíbulas. cayeron sobre el cuerpo del niño desgarrando la carne. El matrimonio contemplaba el espectáculo con frialdad. sin matices. Un terror animal se apoderó del pequeño. — No —dijo el hombre—. La jauría se disputaba con ferocidad los restos de la víctima. triturando el hueso. Cerraron la puerta despacio. — No les durará mucho —agregó. — ¿Ese era el último? —preguntó la mujer. El hombre asintió con la cabeza. La locura lo invadió y se extendió por todo su ser como una enfermedad. A su alrededor. El niño apenas pudo procesar en su esquema mental lo que estaba ocurriendo. El puro miedo. abriendo y cerrando sus grandes fauces con voracidad. — Sí —respondió la mujer.

Inhaló y exhaló con fuerza varias veces. una pata negra y velluda asomó por debajo del delantal. La mujer respiraba con dificultad. Flexionó las rodillas. La señora Gómez se aferró con fuerza de ambos brazos de su marido. clavándole las uñas en la carne. Una aureola de sangre comenzó a crecer en el delantal. en la zona del vientre. tanteando en el vacío. Mugió como una bestia hasta inyectarse de sangre el rostro. hizo un último esfuerzo. . una a una. Volvían a la sala tomados del brazo. — Marta. como dos drogadictos que se dieron un toque después de varias horas de involuntaria abstinencia. lanzó un grito y luego suspiró. El cuerpo se le dobló en una súbita contracción—. Me parece que… — ¡¿Qué?! —gritó el hombre. Luego.placentera calma en el rostro. cuando la mujer pareció desvanecerse. Se echó sobre el pecho del hombre y se llevó una mano a la boca. ¿qué te pasa? — ¡Alberto! —gritó. y finalmente una bola viviente cayó al piso haciendo un ¡plop! junto con un chorro de líquido sanguinolento. Acto seguido. ahogando un grito. un matrimonio feliz. La cara se le contrajo en una mueca convulsionada por el dolor. esta vez con alivio. se desplegaron ocho patas más. La mujer volvió a suspirar.

. solo una boca negra con dos hileras de filosos colmillos. El llanto agudo del recién nacido comenzó a resonar en el interior de su cabeza: la llamada terrible. se volvió hacia su marido. — Debe tener hambre. perentoria. mirando al monstruo retorcerse en el piso: no tenía ojos. Alberto —dijo en tono maternal. y patas de tarántula naciendo alrededor. ni otra cosa que deformara o embelleciera su aberrante fisionomía. abrió la puerta del sótano y. nariz. La mujer levantó en brazos al fruto contrahecho de sus entrañas. de la cría. — Otra boca más que alimentar —dijo inexpresivamente.El hombre observó todo con impavidez. antes de hundirse en la oscuridad junto a su nueva descendencia. ni siquiera cuando la mujer vomitó sobre su camisa hubo un gesto o contracción en los músculos que delatara alguna emoción en su rostro. y sintió que su chillido se le clavaba como cientos de navajas en el cráneo. — Voy por mi abrigo —dijo con resignación. El hombre comprendió el metamensaje en las palabras de su mujer.

y una docena de niños correteando. Utilizaba el mismo nudoso bastón que le servía como sostén para revolver entre los desechos a medida que avanzaba. Su rostro era una máscara descolorida donde el tiempo había acumulado incontables capas . cuando todavía usaba una corbata decente y bebía Jack Daniel´s. Más allá de las dunas se agitaban las siluetas de familias enteras. cientos de hombres y mujeres de todas las edades. Un viento helado sacudió la melena rala del viejo. sino porque comprendió muy pronto que para sobrevivir de los desechos debía olvidarse sistemáticamente de todo lo que había aprendido sobre el mundo en su vida anterior. Había dejado atrás la zona baja del volcadero. descendió por un barranco acolchonado de residuos y recorrió unos trescientos metros hasta llegar al corazón del basural. o detectar un alimento comestible de uno tóxico identificando su nivel de descomposición por la cantidad de gusanos.EL SEÑOR DE LA BASURA La figura encorvada del viejo asomó por encima de un montículo de basura y se recortó con nitidez entre la línea irregular del horizonte y el cielo gris. El viejo se detuvo. Eran taxonomías del todo empíricas. Levantó la cabeza y contempló el panorama. Podía clasificar la basura en cientos de categorías con sólo verla a algunos metros. pero éste se mantuvo inmutable. con el cuerpo torcido hacia los residuos. Revisaba la basura con la concentración de un neurocirujano durante una operación de médula espinal. Tenía el ojo entrenado para reconocer a la distancia la materia. composición y origen de los residuos. pero no por falta de estudio. nunca podría haber explicado con palabras el funcionamiento intelectual ni los mecanismos mentales que realizaba cada vez que escaneaba la basura con la mirada. que permanecían ahí esa tarde de sol pálido y mucho frío. una vez en la cúspide. La temperatura era algo que había dejado de preocuparle hacía bastante. donde un grupo de caballos y cerdos comían algunos desperdicios y unas máquinas motoniveladoras trabajaban sobre el terreno. escaló una montaña empinada y.

Volvió a estirar la mano en la misma dirección y el puño se cerró en el aire: otra vez. Luego se agachó y extendió la mano con decisión. que le produjo un ardor placentero en la garganta. al tiempo que lo sacaba y lo volvía a hundir. para su sorpresa. La contempló durante un momento. brillante. como queriendo escapar de sus garras. Era roja como la sangre. De alguna manera. Estaba a punto de tomarla cuando. del tamaño de un puño. el viejo había descubierto una manzana. víctima de un ataque de náuseas y vómitos — y las enfermedades que pululaban en el aire como un gas venenoso.de mugre. El viejo se levantó y se rascó la barbilla. Involuntariamente. y exhaló una voluta de humo con forma de anillo. sintiendo la frescura natural de la fruta disolviéndose en su boca. mirando con . la manzana se hundió en la basura. era lo que él respiraba y lo mantenía vivo. Lo primero que notó fue que estaba intacta: nadie había clavado los dientes en ella. Sacó un cigarrillo arrugado y a medio fumar de algún lugar de sus raídas ropas y lo encendió. siguiendo la misma metodología: hundía el bastón en la inmundicia y la revolvía. como ocurre con las bacterias que habitan en el intestino humano. formando una especie de membrana ultrarresistente que lo protegía de cualquier inclemencia climática. un hilillo de baba salió por la comisura de sus labios. Inspiró una bocanada profunda. Sobre una bolsa abierta llena de restos de comida podrida. El olor hediondo —que hubiera hecho que cualquier persona se desmaye de asco a los pocos segundos. saboreando de antemano el sabor dulce de sus jugos. El bastón se paralizó a pocos centímetros del suelo y se mantuvo en el aire como un perro de caza señalando con el hocico a su presa. Luego lo apagó. se había efectuado una asimilación simbiótica entre el basural y su organismo. la manzana se había hundido aún más. se lo guardó y continuó caminando algunos metros. y con la mano libre espantaba la nube de moscas que sobrevolaba continuamente sobre la superficie y le dificultaba el paso. Algunas costumbres nunca se pierden.

Viejo… Y tampoco se trata de ninguna broma —dijo la voz con una determinación que esta vez sí lo impresionó. ¿Qué clase de truco es este?. El viejo se apartó con un gesto de sorpresa. pensó el viejo. El olfato. formando un pozo donde segundos antes había encontrado la manzana. — No es ningún truco. casi metiendo la cabeza adentro. Un círculo perfecto de negrura de un metro de diámetro se había abierto frente a sus narices. la oscuridad le pareció casi viva. Viejo… —dijo una voz gutural y cavernosa que salió de las profundidades del pozo. miró el pozo y luego alzó la vista. Se quedó un rato observando hacia el fondo como hipnotizado y creyó oír unos sonidos sordos y acuosos que provenían del interior. El viejo se acercó más. pero no de miedo. El viejo conocía los efectos del gas metano que producía la materia orgánica en descomposición.recelo para todos lados. La persona más cercana a él era una mujer entrada en años que se encontraba a unos cincuenta metros y estaba concentrada metiendo cajas de leche en polvo en una bolsa de plástico. Se volvió a inclinar y esta vez la manzana se hundió por completo. y vio cómo los desperdicios eran tragados por el vacío. El hombre se acercó hasta el borde. Y junto con ella. que creía haber perdido hacía tiempo. pero nunca había visto algo parecido. Por un momento. como de algo viscoso que se movía en una ciénaga. expectante. toda la basura que estaba alrededor comenzó a caer como en una especie de embudo. se inclinó sobre la boca del pozo y sólo vio oscuridad. Y entonces lo escuchó: — Hola. detectó un olor más nauseabundo del que hubiera sentido jamás. Alguno de los vagos le estaba gastando una broma que no le causaba ninguna gracia. . El hombre se incorporó de un salto.

Viejo. Y de pronto. Seguía mirándola con creciente interés. de entre siete y diez años. El hombre tenía los ojos fijos en la niña. se reían y gritaban. Mira hacia tu derecha. Como fuera. — Espera… la función no ha terminado… . Corrían. Estaba atónito. Viejo… mira la niña… —Esta vez. como en un predecible truco de magia. — Mira la niña. El hombre obedeció. — No te convences ¿eh? —siseó la voz con un tono que al viejo le hizo erizar los pelos de la nuca—. La gente estaba demasiado lejos como para escuchar —o como para que se tratase de algún artificio sonoro —.El hombre volvió a mirar para todos lados. en el límite del basural. la niña desapareció de su vista. Por otro lado. cada vez que hablaba brotaba del pozo un efluvio de putrefacción. jugaba mientras sus padres hurgaban entre la basura. el hombre no pudo determinar si el sonido de la voz había surgido del agujero o si resonó en su propia cabeza. — Pero… ¿cómo lo hiciste? —preguntó el hombre. Un grupo de chicos. Mientras tanto. Había dos que tiraban de una soga. En un segundo se encontraba ahí y al siguiente… ya no estaba. más allá. el tronar de los motores de las máquinas motoniveladoras que trabajaban en los montículos. que estaba parada sobre una caja de cartón. blanquecina. sólo se oía el zumbido constante de las moscas y. y otro festejaba luego de haber rescatado una pelota grande. haciendo equilibrio entre las bolsas. una nena de dos años seguía los movimientos con sus enormes ojos negros abiertos como platos. que enseguida colocó sobre su cabeza haciendo piruetas. La basura se la había tragado. como le había ordenado la voz del pozo.

Volvió la vista hacia donde estaba el grupo de chicos y esta vez el que estaba con la pelota. El suelo tembló bajo sus botas. ahogando un grito. Estaban inclinados. y luego se corrigió—: ¿Qué eres? — Basura. El momento del gran acto había llegado. como una erupción volcánica de cuerpos licuados. El horror de lo que acababa de ver le impedía hablar y pensar con fluidez. Y luego siguió otro. durante los cuales el viejo se preguntó si todo aquello estaba ocurriendo realmente o si era producto de una alucinación. histéricas. Los demás chicos. Y de repente. se hundió súbitamente. y otro. — Pero… ¿Quién…? —empezó a decir. y luego cayó en forma de lluvia tiñendo de rojo el aire del atardecer. No había terminado de discurrir este pensamiento cuando comenzó a oírse un sonido grave y acompasado que provenía de debajo de la superficie. si no sería tan sólo una mala pasada que su estropeada mente le estuviera jugando. como si de pronto hubiera desaparecido el suelo en el que hacían pie. . desapareciendo ellos también. desde el montículo de basura donde había desaparecido el grupo de gente. corrieron para dar aviso a sus padres. Sin obedecer a ninguna ley lógica. — Pe… pero… no… no es posible… —balbuceó. apartando las bolsas y cavando con desesperación. que saltaba de un lugar a otro. El hombre se llevó una mano a la boca. En cuestión de minutos una multitud se había congregado alrededor del lugar donde habían desaparecido los niños. Viejo… Igual que tú. que vieron lo que estaba sucediendo. salió eyectada una descarga de sangre fulminante junto con trozos de carne y huesos. todo el basural se estremeció con un movimiento sísmico. Las mujeres gritaban. todos cayeron al vacío. Pasaron algunos segundos de silencio.

Personas educadas y de buenos modales.” “Ven a mí. buen hijo mío. — Somos la basura. Un estallido de conciencia le hizo comprender lo que la voz le quería decir. Viejo. producto de las violaciones y embarazos no deseados. no… Son también megalitros de semen envueltos en preservativos. toda esa gente linda. Imaginó a todo esa bazofia revolviéndose en el fondo del basural desde el inicio de los tiempos. formando un amasijo putrefacto nacido de la rabia. suave y agradable. papeles y plástico. Ven. Claro que es posible —afirmó la voz roncamente—. coagulando.” “Ven…” . Mira hacia el norte. los desechos. allí… ¿Puedes verla. Lo que arrojan son sus propias miserias: la mezquindad. la barbarie… Los ojos del viejo brillaron de entendimiento. Somos lo que el mundo arroja de sí. produciendo miles de toneladas de basura diarias. los desperdicios. a nuestra Gran Creadora. Viejo? Podía verla. Claro que podía. el fruto sangriento de infinitas menstruaciones. la resaca de la sociedad. la hipocresía. el remordimiento y el odio más visceral. Arrojando al volcadero sus porquerías… Y no son sólo las bolsas con restos de comida. — Imagínalos ahí. los cadáveres mutilados y los embriones semimuertos. “Ven a mí. La misma Ciudad en la que él había caminado con la frente bien alta y la misma que lo había expulsado y condenado al destierro. el cinismo. la cara de la humanidad que ya nadie quiere ver… Somos Basura. la cría de animales que nadie quiere. El sol había comenzado a caer y las luces de la Ciudad formaban una constelación de diamantes en el horizonte.— Es posible. La sola idea lo hizo marearse de entusiasmo.

y luego miró a su compañero. recibiéndolo en su seno con el calor de una madre. habría visto cómo la mancha oscura que formaba el basurero se había ensanchado repentinamente. protegiéndolo. la nariz y los ojos. llenando sus pulmones y estómago. parecían las olas de un océano. Acabo de ver cómo se movía el basural. — José. sino alivio. Una sola pulsión. Y ahora sí. Estás loco de remate. Si alguien hubiera obtenido una toma satelital del terreno en ese momento. su corazón y la basura formaban un solo. — ¿Qué fue eso? —gritó el joven con el traje de dril naranja mientras bajaba de la cabina de la máquina motoniveladora. rítmico latido. no sé… . — Es verdad —respondió—. — No sé. hermano. Estoy alucinando. ocupando de pronto más espacio que antes. creo que me estoy volviendo loco. Estaba pálido. La tranquilidad de saber que al fin la disolución sería completa. El basural entero se sacudió en un asqueroso maremágnum de podredumbre. hermano. Se dejó caer sobre las bolsas y sintió que la basura lo envolvía en un abrazo de reconocimiento. Notó que se hundía. La putrefacción comenzaba a correr por sus venas. Luego bajó y encendió un cigarrillo. El otro miró la montaña que se extendía cientos de kilómetros hasta donde alcanzaba la vista. mientras daba una larga pitada.El viejo percibía el llamado cada vez con más fuerza y premura. pero no sintió miedo. Sintió que la basura se le metía por la boca. — ¿Qué? —preguntó su compañero desde la otra máquina.

pondremos la basura en cápsulas y las lanzaremos al espacio. parece que no la hemos movido ni un centímetro.— ¿Qué? —apuró con fastidio. fumando con tranquilidad. mientras daba una larga pitada al cigarrillo. las arterias menores. El otro se lo pensó un momento. ¿Y para qué? Al final de cada jornada. La basura se estrelló contra los hombres y comenzó a correr por la autopista con una impetuosidad que. No llegó a comprender las dimensiones del horror de lo que vendría. aparentemente. — Cuando ese día llegue —dijo al fin—. — ¿De qué carajo hablas? — Mira. . Pronto alcanzaría las calles. El otro miraba distraídamente a un lado y a otro mientras escuchaba. Se dio vuelta para arrojar la colilla y se encontró con un muro de oscuridad: un tsunami de desperdicios se alzaba varios metros por encima de su cabeza. hoy estuvimos trabajando todo el día y toda la tarde moviendo esta mierda para que no llegue hasta la autopista. no tenía visos de terminar. — Hace años que trabajo de esto y no termino de acostumbrarme a ver tanta… — hizo un gesto con las manos que intentaba abarcar todo el paisaje. — ¿Sabes lo que pienso? Pienso que va llegar un día en que la basura nos va a tapar a todos. a todos y cada uno. exhaló el humo y luego lo aplastó contra la puerta de la máquina. incluso parece que estuviera más cerca que antes.

Y el corazón de la Ciudad. .