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TEXTO 4: EL TIEMPO DE SER NIÑO

1. Autoría. Carl Honoré es un joven periodista, curioso y creativo, se ha convertido en uno de los analistas más lucidos e influyentes de nuestro tiempo. Sus dos primeras obras, Elogio de la lentitud y Bajo presión, se han traducido a treinta lenguas y son éxito de ventas en muchos países. Este periodista está preparando su tercer libro “Slow fix”. Podemos decir que su gran éxito radica en que casi todos sus libros tratan sobre la educación, son manuales que ofrecen recetas. 2. Cuál es la visión del adulto respecto a la infancia. Para el autor, el rasgo más significativo es el control de los más mínimos detalles de la vida del niño. Creamos una imagen perfecta de lo que debe ser un “niño perfecto”. Los padres de hoy protegen a sus hijos y los cuidan con una energía sobre humana pero, al mismo tiempo, son incapaces de imponer disciplina. Una frase destacable del periodista es que dice “pasamos mucho tiempo educando a nuestros hijos […] pero no lo suficiente estando, simplemente estando, con ellos”. 3. ¿Cuáles son las causas de esta situación? Una de ellas es la globalización económica. El mercado de trabajo cada vez es más inestable. Y, por eso, cada vez hay más incertidumbre general y mucha ansiedad e impulso por equipar a los niños para el futuro. La segunda tendencia es la cultura del consumismo, que ya existía en el siglo XX, infectando todos los rincones de nuestra cultura y colonizando nuestras vidas. Nos impulsa a quererlo todo perfecto, incluso a querer un hijo perfecto que encaje en la familia perfecta. 4. La idea de un hijo único. Las familias de hoy son las más pequeñas de la historia. El simple hecho de tener un hijo se convierte en algo importante, un enorme esfuerzo. Con un hijo único, te lo juegas todo a una carta. Nunca tienes la experiencia de lo diferentes que son los niños y, para moldearlos, les aplicamos la cultura del management. Los resultados son que nos profesionalizamos como padres y perdemos el contacto con nuestro instinto natural.

5. Perfiles de los niños. En verdad, en cierto sentido los niños se han “adultizado”; pero en otro están más infantilizados. Digamos que se va en las dos direcciones. Por un lado, les presionamos para que sean adultos cada vez más pronto: crecer no tiene por qué ser una carrera; cada persona tiene su propio ritmo. Por otro lado, les infantilizamos, tememos lo que pueda ocurrirles, no les dejamos asumir riesgos, ni salir a la calle o ir solos a la escuela. Los mantenemos en una burbuja. La infancia se ha vuelto demasiado valiosa para dejársela a los niños. Además de todo esto, en otras partes del mundo como, por ejemplo, en Sudamérica, hay una gran capacidad para jugar, reír, ser independientes y crear. Hemos creado dos tipos de niños: unos están excesivamente controlados, sobreprotegidos y consentidos, y otros no tienen ningún control, ninguna protección y no reciben ningún mimo. Deberíamos equilibrar la situación, dar más espacio y tiempo a los niños occidentales y más alimentación, salud y escuela a los del tercer mundo, respecto a su libertad. 6. Las consecuencias en la actualidad. Las estamos viviendo. Los profesores se quejan de niños “problemáticos”, que son incapaces de resolver los conflictos porque nunca han podido juntarse con cuatro o cinco amigos sin que un adulto dirija y controle su juego. Otra cosa que destaca el autor, es que los móviles se han convertido en el cordón umbilical más largo de la historia y los padres continúan dirigiendo a sus hijos. Si el objetivo de la paternidad es ayudar a los hijos a ser autónomos, estamos fracasando. Y sin embargo, la economía necesita personas capaces de pensar libremente, de asumir riesgo y desafíos, de emprender. 7. Análisis de la situación. El autor afirma que estamos ante una generación que no ha vivido su infancia plenamente que ha perdido la alegría de ser niño. Nos estamos privando de ese sonido mágico que es la risa de un niño.

8. Aportación creativa del autor. Actualmente, la sociedad avanza muy rápida y los adultos trasmitimos esa ansiedad a los niños y no les dejamos tiempo de explorar el mundo a su manera y a su ritmo. Hoy en día, no aterroriza el aburrimiento y los niños también lo necesitan para poder crear y pensar en sus cosas. Carl Honoré afirma que “Necesitamos tiempo para mirar hacia dentro” y es el promotor del “Slow movement”.