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A Solo un Click de Distancia

By: Steve Gallagher

¿Cómo un pastor de Dios se pudo enredar en la pornografía? ¡La respuesta le podrá

sorprender!

El mensaje en el correo electrónico era inequívoco: un simple clic en el vínculo abriría un

mundo de erotismo electrificarte.

A pesar del hecho que el pastor Mel ni siquiera en sus años de adolescencia, había visto una

revista Playboy la atracción era tremenda. La curiosidad de lo que él podría ver se intensificó a

medida que una dosis de adrenalina se inyectaba en su ser. En vez de rápidamente borrar la

solicitud no pedida y llamar a su esposa para contarle al respecto, él vaciló. El cursor parecía

que tenía mente propia y se deslizó a través de la pantalla hacia el vínculo. Allí se estacionó por

segundos terribles mientras su dedo índice se detuvo sobre el Mouse.

Mientras la batalla del bien y el mal se daba en él, frenéticamente se recordaba a sí mismo que

habría un precio que pagar. Pero su pobre argumento y buenas intenciones sucumbieron bajo

la fuerza de la tentación. El dedo tembloroso de Mel descendió suavemente. Sus ojos se

cerraron inconscientemente como si fuera a ser testigo de una horrible escena. El clic del botón

le trajo una mueca a su cara, la que rápidamente pasó a ser un alivio estimulante de que la

batalla había terminado.

Al abrir sus ojos, un mundo delicioso de maldad vino a su vista. El había clavado sus dientes en

la fruta prohibida y encontró que era verdad todo lo que prometía ser. Por horas el navegó por

varios sitios web – marcando cada término obsceno que su imaginación pudo concebir. Las

puertas de la represa se rompieron abiertamente y ahora, ya nada era tabú.

Eventualmente, la lujuria escurrió de su cuerpo y Mel apagó su computadora en un impotente

silencio. El estaba emocional y físicamente desgastado. Desafortunadamente no terminó allí. El

había abierto la caja de Pandora que no podría cerrar tan fácilmente.

A pesar de que él estaba encontrando menos y menos satisfacción en su nuevo amor, parecía
que Mel no podía parar su comportamiento. Los siguientes meses se volvieron los más oscuros

en su vida. Parecía como que algo maligno había llegado a su ser y quizá así había sido. Los

ojos que una vez brillaban con esplendor de sinceridad se volvieron aburridos por los efectos

mortíferos del pecado.

¿Qué hizo que este pastor cayera de la gracia? Simplemente, las cosas del mundo.

El Muy Gastado Camino Hacia la Destrucción.

Cuando era un hombre joven, Mel tuvo una conversión dramática. El estaba “encendido en el

Señor”, y por sugerencia de su pastor, pronto estaba arreglando maletas para ir al Instituto

Bíblico.

Sin embargo para su sorpresa, los otros chicos en la escuela no compartían su entusiasmo. De

hecho, se mostraban duros a las cosas espirituales. Por ejemplo, cuando él intentaba compartir

su emoción por las cosas de Dios, ellos hacían círculo con sus ojos y decían cosas como: “Esto

también va a pasar” Le decían que él necesitaba aprender a ser “equilibrado”.

A través del tiempo su influencia entorpecedora tuvo su efecto. El comenzó a jugar en algunos

de sus antiguos pasatiempos. Los antiguos ídolos del deporte, la televisión y los juegos en la

computadora, gradualmente reclamaron su antigua posición en su corazón.

Nada desanima el amor por Dios, como lo hacen los encantos del mundo.

Para cuando se graduó del Instituto Bíblico, se había adoctrinado completamente en un

sistema religioso, en donde la santidad, humildad y el amor por Dios estaban localizados en el

asiento trasero y con un aparente éxito. Lo que Mel no se daba cuenta era que se había unido

a un sistema híbrido compuesto por el cristianismo y la cultura Americana. He tocado este

punto en mi libro, Intoxicado con Babilonia:

“Hemos creado un evangelio para nuestra propia cultura, hecho a la medida dentro de los

límites del Sueño Americano. El antiguo Evangelio que deberíamos predicar ha sido alterado lo

suficiente como para estar de acuerdo con nuestros ocupados horarios e innumerables

atracciones. Enfatizando algunas enseñanzas bíblicas y, más importante, negando otras,

hemos podido crear todo un nuevo evangelio que caza nuestro estilo de vida Americano.
Trágicamente, nuestra interpretación del Cristianismo es que no hace demandas, no espera

sacrificios, y nos lleva a que no hay recompensas eternas. El León de Judá ha sido

anestesiado y domesticado. Hemos reducido al Todopoderoso a un icono inofensivo que

pasivamente honramos en nuestra agitada vida. La visión de un Dios Santo, de Fuego

Consumidor, de un Juez que un día dará a cada hombre su justa recompensa, virtualmente se

ha desvanecido de la Iglesia Americana.”

Quince Años Después

Aunque su pasión por Dios había descendido, Mel demostró ser un buen estudiante del

sistema. Después de un período de tiempo como pastor de jóvenes recibió el llamado a ser el

pastor principal. Aplicando técnicas de crecimiento a su nuevo pastorado, su congregación

comenzó a crecer. Se empezó a sentir cómodo en su ministerio. En poco tiempo se volvió un

profesional.

Él no se puso a pensar que tenía motivos fingidos; simplemente fue atrapado en la corriente de

un sistema que lo dejó sintiéndose espiritualmente vacío y “fatigado” para cuando llegó a los

cuarenta.

Feligreses que demandaban tiempo, un horario apretado, presión para obtener resultados y su

propia ambición por el éxito todo esto combinado, intensificó su estrés. En vez de tomar largos

períodos para retirarse y buscar al Señor, él cada vez más se volvía al mundo para buscar

alivio. Durante su día típico en la oficina pastoral, a menudo robaba oportunidades de trabajo

para navegar por sitios de noticias y deportes en Internet. Manejando hacia algunas citas de

trabajo tuvo oportunidades de escuchar a Rush Limbaugh. Muchas noches libres las pasó

frente a la televisión.

Mel entendió bien las implicaciones de Gálatas 6:7-8: “… porque todo lo que el hombre

sembrare, eso también segará. Porque el que siembra en su carne, de la carne segará

corrupción…”. El lo podía citar literalmente y lo había predicado mas de una vez. Aun así,

nunca conectó su propio sentimiento de galopante sequedad espiritual y la falta de poder ante

la diversión mundana con la que él regularmente se recompensaba.

Él no se daba cuenta que cada vez que encendía la TV, que veía una revista, navegaba por

Internet o escuchaba la radio, él hacía provisión para la carne; en otras palabras, proveía para

su sustento, manteniéndolo vivo y saludable. Él no se daba cuenta que cada gotera espiritual
que permitía estaba tirando por la ventana una preciosa vida espiritual que él no podía darse el

lujo de perder. El estaba inconsciente del hecho que la semilla de corrupción que estaba

sembrando en su vida estaba a punto de cosechar una abundante cosecha de frutos podridos.

Una corrupción oscura estaba invadiendo silenciosamente su corazón.

Mel pensó que porque había mantenido fielmente su vida devocional había sido lleno con el

Espíritu Santo. Pero la verdad era que su tiempo personal con Dios hacía mucho tiempo que

había perdido su vitalidad. Su estudio Bíblico consistía mayormente en la búsqueda de material

para sus sermones. Sus oraciones estaban orientadas a sí mismo y en consecuencia, sin

poder. Sus fervientes oraciones audibles por un avivamiento en la Iglesia eran más que todo un

parloteo de un hombre frívolo, no el de un moverse de Dios, ni las súplicas sinceras de un

auténtico intercesor.

El poder para resistir la tentación está prometido para aquellos que “andan en el

Espíritu”(Gálatas 5:16). Pero no hay tales promesas extendidas, para aquellos que han

abandonado los caminos de Dios a favor de la carnalidad. “Ojos que rebotan”, filtros en la

Internet, amigos responsables, no ayudan a una persona cuyos fundamentos en Dios han sido

desintegrados y cuyas defensas espirituales han sido comprometidas.

La caída del pastor Mel nos subraya el hecho de que uno no pierde la guerra de la noche a la

mañana; sino que la guerra se pierde a través de la acumulación de derrotas en el día a día.

Sin embargo, sería superficial ver la auto indulgencia de Mel en la pornografía como la

verdadera calamidad de su vida. Mientras este hombre mantenía una imagen exterior de un

pastor piadoso, la verdad era que en su vida interior desde hacía mucho tiempo que se había

vendido al príncipe de este mundo.

Indudablemente, hay muchos pastores en USA que son, en una forma secreta, adictos a la

pornografía o a algunos comportamientos inmorales. Esta es una catástrofe espiritual que

merece nuestra mayor atención.

Sin embargo, es aun más alarmante el nivel de interacción que toma lugar y el grado de

familiaridad que existe entre la Iglesia post moderna y el mundo. ¿Cómo puede el reino de la

luz, que sostiene la santidad, pureza, y la verdad—coexistir con el impío, impuro y engañoso

reino de la oscuridad? Hay dos reinos diferentes—eternamente separados.
Uno podría preguntarse, como muchos líderes ministeriales van a escuchar un día las palabras

de Santiago como un terrible pronunciamiento sobre sus vidas: “Por tanto, el que quiere ser

amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. (Santiago 4:4) Que Dios no ayude a que

examinemos nuestras vidas a la luz de tan solemnes palabras.

Steve Gallagher es el autor de En el Altar de la Idolatría Sexual y presidente de los Ministerios

Vida Pura, los cuales están liderando ministerios cristianos que involucran a individuos y

organizaciones que tratan con el problema de pecados sexuales en todo el mundo.

Extraído de http://www.libresencristo.org/