Aunque la centralidad del trabajo como un eje correlativo a la construcción de la realidad y a la formación de sujetos (De la O & Guadarrama, 2006) ha sido parte

de los sistemas filosóficos desde la ilustración hasta el referente mas conocido que es Marx (Marx, 1971). El trabajo de Vicente Sisto es tributario de esa tradición en la medida que reconoce esta centralidad del trabajo remunerado como la base de la organización social moderna (Sisto, 2009). Consiguiendo a través del trabajo remunerado una existencia e identidad social. Sin embargo la posibilidad de encontrar a la dimensión del trabajo como el garante exclusivo de la posibilidad de una identidad es imposible. El devenir de los estados democráticos modernos movilizo la posibilidad de que los lugares desde los cuales se afirmara la identidad fueran diversos y a la vez demostró históricamente que toda salida política que apelara, desde el marxismo, a la unidad de clase obrera (en tanto unidad homogénea de intereses) fuese de difícil articulación; si no imposible (Laclau & Mouffe, 2004). En ese sentido, ya sea desde el mercado-consumo, desde la posibilidad de ejercer ciudadanía mediante participación o la pertenencia a distintos grupos, la tesis de la centralidad del trabajo puede verse matizada. Tal consideración por Desde esta perspectiva, ¿Qué implican estas variaciones sobre la posibilidad de una identidad sobre su concepto? Stuart Hall (Hall, 1996) reconociendo los devenires de la teoría de la identidad (la identidad como esencia, la tachadura deconstruccionista, el yo como incesante performatividad) plantea la imposibilidad de unificar las identidades en un contexto de radical fractura y fragmentariedad. En ese sentido una identidad necesariamente esta sujeta a una historizacion radical y a una constante transformación. A la vez, emergen como producto de modalidades especificas de poder y que apelan mas a la marcación de la diferencia y a la exclusión que a la unidad idéntica del enunciante. En esta función de categoría excluyente en la practica Hall retoma la critica de Ernesto Laclau (Laclau, 1993) que afirma que la consitucion de cualquier objetividad (en este caso una identidad) solo logra afirmarse en la negación, en la represión, de aquello que le es otro y que la amenaza. Asi toda identidad es juego de poder y exclusión a la vez que fundante de una jerarquía (por ejemplo: ser humano, “mujer”, “negro”, “migrante”). Siguiendo con la exposición de Hall. En la medida que toda identidad es juego de poder y exclusión de aquello que le es otro, toda identidad se construye dentro del discurso. En tanto discurso, siguiendo a Foucault (Foucault, 2008), este no puede definirse fuera de un conjunto de relaciónes constituyentes ni tampoco sin entenderlo como practica; es decir, mas alla de la actividad de un sujeto, como la existencia material de reglas a las que el sujeto debe ceñirse en tanto constituido por ese discurso. Con esto se introduce la concepción de Hall de identidad en tanto el uso de los recursos de la historia, la lengua y la cultura en el proceso de devenir y no de ser. En consecuencia, afirma Hall, identidad construye

homogénea internamente y que totaliza al sujeto con el yo es un efecto. entre las entidades excluidas. Por un lado interesa a nivel metodológico por . 1996). 2007). En este sentido todo proceso de representación social determina una dimensión de enajenación del sujeto respecto a las condiciones de su producción. Hall lo atribuye a una “sutura en el relato” (Hall. pág. con Laclau y con Hall. en la practica cotidiana la experiencia de si no se vive si no como esencial. La identidad como esencial. que corresponde a la integración cognitiva de los significados concretizados ayudando a la interpretación de la realidad y a la orientación de conductas (Jodelet. una forma construida no natural de cierre. Relación que en otros términos se puede consignar como el efecto de totalización que el sujeto dice que experiencia entre lo que enuncia y el sujeto que enuncia. como nos han representado y el cómo podríamos representarnos. Este aspecto de la definición de identidad abre dos campos. Este es el campo de las representaciones sociales.aquello en lo cual se puede uno convertir. Sin embargo el devenir de la teoría sobre la identidad se enfrenta a la siguiente dato empírico: se establece la imposibilidad teorica y lógica de cualquier identidad esencialista. producto de las relaciones de poder y exclusión que determinan lo que hasta el momento se ha definido como identidad. sin embargo. la emergencia de un nucleo figurativo y una naturalización. La apertura que abre el campo de trabajo de Hall es poder pensar esta desavenencia entre teoría y cotidianeidad. Si con anterioridad se consigno. Las representaciones sociales en este sentido concretizan y naturalizan las relaciones sociales. 1986). El trabajo de representarse esta mediado por la objetivación. toda identidad se constituye en el campo de las representaciones (Hall. velando su carácter social y relacionalmente producido y a la vez su carácter histórico y contingente. La conjunción de objetivación y anclaje tiene por producto el efecto de la operación de las representaciones sociales es una relación que produce de manera retroactiva una relación de identidad que el sujeto sostiene consigo mismo. que toda identidad es producto de una exclusión de aquello que es otro para un yo o un nosotros. y a la vez. un proceso de anclaje. como lo plantea este. Así. esta exclusión a la vez determina un conjunto de relaciones. reglas y practicas. 1996. Esto debido a que. que corresponde al proceso por medio del cual un conjunto de significados son materializados (Jodelet. 18). La internalización de esas reglas y practicas están mediadas por el proceso de representación de los social: “las representaciones sociales se refieren a la construcción de epistemologías del sentido común en la historia de la interacción y comunicación entre grupos” (Parales. Aquel efecto de identidad que consignamos como producto de las representaciones sociales operando en los sujetos involucrados. Retomando las definiciones de Hall. 1986) operando aquí una descontextualización. toda identidad surge de la narrativizacion del Yo.

R. Trabajo. M. por un lado son producidas históricamente y prefiguran la interioridad de la que quieren dar cuenta. . L. En X. Si seguimos el trabajo de Foucault (Foucault. 1993) y con Jimenez “es porque existe lo politico que no hay identidad” (Jimenez. 1990) y de Arfuch (Arfuch. y por otro lado.que permite estudiar las identidades desde las técnicas narrativas. a un nivel teorico abre el campo a problematizar como la narración del yo no debe confundirse ni asumirse a priori con un ejercicio autónomo por parte del sujeto que narra. Santiago: LOM. 1999) y viene a operar como la posibilidad de restaurar la fractura inherente al campo social en tanto antagonico. del sector Oriente del Área Metropolitana de Santiago? Arfuch. Buenos Aires: Fondo de Cultura Economica. 2011) la aparición de un efecto de identidad (siempre aparente) se juega en el campo de lo político (Mouffe. Cultura. es decir. al abordar la pregunta por el destino laboral. El espacio biografico: dilemas de la subjetividad contemporanea. 158-184).. y la relación con sus empleadores/as chilenos/as. Para Robin los relatos de los sujetos están siempre atravesados por cadenas sociogramaticas. (2002). nos cuestionamos lo siguiente: ¿Qué identidades se producen en el discurso de las trabajadoras domésticas peruanas. IDENTIDAD EFECTO RETROACTIVO Considerando lo ya discutido. De la O. Pero por otro lado. 2002) se puede plantear como las técnicas de narración del yo. & Guadarrama. identidades laborales y de genero en America Latina. En consideración de lo expuesto el problema que se construye es que siguiendo a Laclau “toda identidad se construye en el juego del poder y la exclusión” (Laclau. narraciones cliches y repetitivas que están en el acervo común de una cultura o grupo y que determinan posiciones de enunciación prefabricas en las cuales los sujetos pueden ubicarse al configurar su experiencia. son técnicas relativas al ejercicio del poder disciplinar. Agregando a esta problematización el trabajo de Regine Robin (Robin. identidad y vinculo social (págs. (2006). 1993) quien critica las tendencias disciplinares hacia la investigación de historias de vida y a su supuesto de que en tales relatos se juega un espacio al margen del poder. Díaz.

. Parales. Buenos Aires: Amorrortu. Laclau. Sociedad & Equidad.Foucault. Barcelona: Paidós. En S. Cuestiones de identidad cultural (págs. 351-361. Las relaciones entre actitudes y representaciones sociales: elementos para una integracion conceptual. 469-494). (2004). & Mouffe. identidad e inclusion social en Chile: Desafios para la investigacion . Barcelona: Paidós. Sisto. R. D. Elementos fundamentales para la critica de la economia politica (Grundrisse). Barcelona: Paidós. 324-335. Jimenez. Hall. 192-216. M. Buenos Aires: Siglo XXI. (2009). (2011). Marx. (2008). Mouffe. (1993). El retorno de lo politico: Comunidad. Moscovici. du Gay. C. ciudadania. & P. ¿Es la historia de vida un espacio al margen del poder? En J. Psicologia social II (págs. (1993). democracia radical. Jodelet. pluralismo. La arqueologia del saber. A. Foucault. 13-39). Historia Oral (págs. C. E. Identidad ausente. 181-191). Tecnologias del Yo y otros textos afines. M. (1986). Buenos Aires: Nueva Vision. Hegemonia y estrategia socialista: Hacia una radicalizacion de la democracia.. Buenos Aires: Siglo Veintiuno. K. (1971). C. Revista Latinoamericana de psicologia. (1990). (2007). Mexico: Instituto Mora. Aceves. E. Robin. (1999). S. Nuevas reflexiones sobre la revolucion de nuestro tiempo. V. Cambios en el trabajo. UNIVERSUM. La representacion social: fenomenos. Introduccion: ¿quien necesita "identidad"? En S. Laclau. Mexico: Fondo de Cultura Economica. (1996). Hall. conceptos y teoria.

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