Enrique Jardiel Poncela

Las Cinco Advertencias De Satanás

Comedia en cuatro actos, estrenada en el teatro de la Comedia, de Madrid, el día 20 de diciembre de 1935

REPARTO DEL ESTRENO ACTORES Elvira Noriega.............................. Guadalupe M. Sampedro............... Carmen Unceta............................ Aurora Lussich............................. Ricardo Canales........................... Jesús Tordesillas.......................... Antonio Diéguez........................... Mariano Azaña............................. Marco Davó.................................
CORAL. ALICIA. SILVIA. PEPITA. FÉLIX. RAMÓN. ISAAC. PEDRO. LEONARDO (no sale).

PERSONAJES

La acción del primero y segundo actos, en Madrid; la de los tercero y cuarto, en Niza, tres meses después. Época actual. Derecha e izquierda, las del actor.

Enrique Jardiel Poncela

Las Cinco Advertencias De Satanás

ACTO PRIMERO
Saloncito íntimo, pequeño y recogido: sencillez, gusto y cierta originalidad sin estridencias. Muebles cómodos y prácticos, de los que no gustan en la juventud, pero que se eligen en las exposiciones de los mueblistas al doblar la esquina de los cuarenta años. Estos que aparecen distribuidos en escena han sido elegidos por el dueño de la casa hace cuatro años poco más o menos. Una puerta en el lateral izquierdo y otra más, con forillo interior, en el foro izquierda. En el foro derecha, un gran balcón con balaustrada de piedra. Las vidrieras del balcón son practicables. Tras la balaustrada, forillo de calle a la altura de los primeros pisos. En la derecha, una mesita, y, sobre ella, una lámpara, y en las paredes, más luces, que tienen el conmutador general en la puerta del foro. En un mueble, un retrato de ALICIA. Al levantarse el telón está la escena desierta y las luces apagadas. Unos instantes de pausa, y se encienden las lámparas de las paredes. A su resplandor vemos que han entrado RAMÓN y PEDRO por el foro. RAMÓN avanza quitándose los guantes, dato que se apunta como definitivo para la descripción moral del personaje, porque, como se sabe, entrar en una habitación quitándose los guantes es lo que hacen siempre los hombres engreídos. Por fortuna, en este caso el engreimiento es razonable. RAMÓN tiene treinta años. Es inteligente, ingenioso, guapo y bien construido, y, en el fondo, no cree que la Tierra gire alrededor del Sol, sino alrededor de sí mismo. La única persona ante quien RAMÓN se siente inferior y empequeñecido es FÉLIX, a quien tendremos el gusto de conocer más adelante. RAMÓN entra con el abrigo y el sombrero puestos. En cuanto a PEDRO, se trata de un criado que ha cumplido los sesenta años hace cinco horas. PEDRO avanza detrás de RAMÓN, le despoja del abrigo y le coge el sombrero y los deja sobre una silla. EMPIEZA LA ACCIÓN
RAMÓN.—¿No han vuelto aún? PEDRO.—Todavía no, señorito,

y probablemente no volverán hasta la madrugada, pues ya sabe el señorito que... RAMÓN.—(Sentándose, encendiendo un cigarrillo e interrumpiendo a PEDRO.) Volverán de un momento a otro, porque me han citado aquí a las once. PEDRO.—¿El señor o la señorita? RAMÓN.—El señor. Me han mandado una carta pidiéndome que acudiese. No dice para qué, pero me lo figuro. (Alegremente.) Hoy va a ocurrir aquí algo extraordinario, que ya ha ocurrido otras veces, Pedro. PEDRO.—¿Otras veces? RAMÓN.—Sí. (En tono investigatorio del hombre que espera oír lo que ya sabe.) Alrededor de las nueve de la noche habrá venido a ver a tu amo don Isaac, el administrador. ¿No es cierto? PEDRO.—(Un poco sorprendido.) Sí, señorito; a las nueve menos diez. RAMÓN.—Se habrán encerrado a hablar los dos, y la conversación habrá durado un cuarto de hora aproximadamente... PEDRO.—(Más sorprendido aún.) Sí, señorito; un cuarto de hora. RAMÓN.—Y el administrador, al acabar la conferencia, estaría congestionado, como siempre que tu amo le da orden de desembolsar una cantidad... PEDRO.—(Sorprendidísimo.) Sí, señorito, don Isaac estaba morado. RAMÓN.—Después, tu amo se habrá mostrado más amable que nunca con la señorita.

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PEDRO.—(En el colmo de la sorpresa.) ¡Eso es!... RAMÓN.—Y le habrá dicho: «Vístete, que hoy comemos fuera». PEDRO.—(Asombrado.) ¡Justamente! Y se han ido los tres a comer a... RAMÓN.—(Acabando la frase.) ... «Excelsior». (Una pausa. PEDRO queda mirando fijamente a RAMÓN. De pronto se

siente atacado por una sospecha.) PEDRO.—¿Qué es lo que supone el señorito? ¿Que el señor se ha hartado ya de la señorita? RAMÓN.—No lo supongo; lo creo. Porque, como ves, Perico, las circunstancias son exactamente las mismas que lo fueron las veces pasadas. PEDRO.—¿Y el señorito cree que el señor va a romper con ella esta noche? RAMÓN.—Sí. PEDRO.—¿Y que si le ha citado aquí es para que el señorito se lleve a la señorita, como ha ocurrido con las demás señoritas? RAMÓN.—Sí. PEDRO.—Pero el señor, en esta ocasión, parecía muy enamorado... RAMÓN.—¿Cuándo no ha parecido muy enamorado tu amo? PEDRO.—Y, por lo que afecta al señorito, en el año y medio que hace que la señorita Alicia... «está en el poder», no ha dado señal ninguna de que la señorita le gustase... RAMÓN.—¿Es imprescindible dar señales de que una mujer nos gusta para que nos guste? Esta me gusta aún más que me gustaron las anteriores, Pedro. Por otra parte, debías ya haberte dado cuenta de que, en mujeres y en corbatas, tu amo y yo tenemos las mismas preferencias. La mujer y la corbata que él desea, son siempre la corbata y la mujer que deseo yo. Sólo que yo no tengo dinero, y él, sí. Y como por poco que cuesten las mujeres y las corbatas, siempre cuestan algo, tu amo puede darse la satisfacción de tenerlas nuevas, y yo me veo obligado a aguardar a que me las traspase. PEDRO.—El señorito debe de tener ya muchas corbatas... RAMÓN.—(Dejando escapar un suspiro melancólico.) Sí. Tarda uno más tiempo en cansarse de ellas que de las mujeres. PEDRO.—¡Qué curioso! Suspira el señorito igual que suele suspirar el señor. RAMÓN.—No me extraña. Siempre he creído que uno y otro somos, en el fondo, dos románticos, cosa que, al fin y al cabo, les sucede a todos los cínicos. PEDRO.—Las opiniones del señorito me encantan. Y a mi novia también le gustan mucho. RAMÓN.—Pero ¿todavía tienes novia? PEDRO.—Sí, señorito. Y perdone el señorito si no le digo que está a disposición del señorito; pero hay cosas que... RAMÓN.—(Riendo.) ¡Naturalmente, naturalmente! PEDRO.—Hoy debía haber pasado la velada con ella para celebrar mi cumpleaños; pero el señor no me ha dado permiso. Y, en vista de ello, me la he traído aquí, y cuando el señor se recoja... Como en la casa hay tan buenos vinos... RAMÓN.—(Riendo aún más.) ¡Estupenda idea! Y ahora comprendo por qué tu amo y yo congeniamos tan bien contigo. Eres un romántico tan cínico como nosotros, Pedro. PEDRO.—Sí. Quizá he llegado a ser un cínico. Criado y todo, siempre he tenido aspiraciones... (RAMÓN vuelve a reír.) RAMÓN.—Muy bien hecho. No dejes de tener aspiraciones..., ni de agradecer al Destino el ser criado. PEDRO.—Entonces, ¿el señorito me aconseja que sea criado siempre? RAMÓN.—No dimitas jamás. Es más cómodo ser pueblo que gobernante, marinero que capitán, enfermo que médico y niño que ama de cría. ¡Seamos criados hasta la muerte, Perico! PEDRO .—¿Seamos?

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RAMÓN.—Seamos,

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sí; porque yo también soy criado. Yo soy criado de tu amo al quedarme con las corbatas y las mujeres que él desecha; pero ya has visto cómo así obtengo la ventaja de conseguir gratis lo que a él le ha costado el dinero. Un buen cínico, Pedro, no debe ignorar las utilidades de la servidumbre. PEDRO.—Me encantaría saber qué es lo que el señorito entiende exactamente por ser cínico. RAMÓN.—Ser cínico es volver a escribir lo que ya habíamos tachado. PEDRO.—Y un hombre cínico en el amor, ¿cree el señorito que puede llegar a dejar de serlo? RAMÓN.—Sí, si tropieza en su camino con una gran pasión. (Cambiando de tono.) Déjame un retrato de la señorita. PEDRO.—¿Un retrato de la señorita? Sí, señorito. (Va hacia el mueble, coge el retrato de ALICIA y queda inmóvil.) Pero... RAMÓN.—¿Qué pasa? PEDRO.—Se me ocurre que quizá el señorito ha pensado en la señorita Alicia como en una posible «gran pasión», y en ese caso me creo en la obligación de desilusionar al señorito, recordándole que, por lo que se ve, el señor ha fracasado ya en esa empresa... RAMÓN.—Pedro, cada guitarrista arranca sonidos distintos a una misma guitarra, y cada hombre despierta sentimientos distintos en una misma mujer. (Mirando el retrato.) Realmente, es muy linda. PEDRO.—Eso, sí, señorito. RAMÓN.—Y debe de estar muy bien hecha. PEDRO.—Lo está. RAMÓN.—¿Cómo lo sabes? PEDRO.—Me lo ha dicho su doncella de confianza. RAMÓN.—Y de carácter, ¿qué? PEDRO.—No sé qué contestar al señorito. RAMÓN.—¿Cada cuánto tiempo regañan tu amo y ella? PEDRO.—Cada semana... RAMÓN.—¿Cada semana? PEDRO.—Cada semana seis veces. RAMÓN.—¿Y por qué no siete? PEDRO.—Porque los domingos el señor se va solo al campo. RAMÓN.—Entonces, con eso se ahorra... (Calculando.) cuatro broncas mensuales. PEDRO.—Exactamente. Y cinco los meses de cinco semanas. RAMÓN.—(Mirando el el retrato de nuevo.) Sin embargo, no puede negarse que Alicia tiene un aire dulce... PEDRO.—Sí, señorito. Cuando regañan, al insultar baja la voz. RAMÓN.—¡Excelente! Y... ¿ronca? ¿Sabes si ronca al dormir? PEDRO.—Mi habitación pilla tan lejos de la de los señores... RAMÓN.—Pero su doncella de confianza... PEDRO.—Ésa sí ronca. RAMÓN.—Digo que su doncella de confianza ha podido decirte si la señorita... PEDRO.—No me he informado acerca de ello. RAMÓN.—¡Es lástima!... Porque saberlo importa mucho. En la mujer, un ronquido se perdona peor que un pasado. PEDRO.—¡Qué gran verdad! RAMÓN.—De gastar no hay que hablar: gastará un disparate. PEDRO.—Sí, señor. A pesar de los esfuerzos de don Isaac, el administrador, el señor las acostumbra a todas muy mal. Pero eso no puede preocuparle al señorito, puesto que, como

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ALICIA tiene treinta años largos. que ha consumido abundantes alimentos cálcicos —gracias a los cuales su esqueleto se ha desarrollado hasta la gallardía—. el refinamiento de su existencia ha conservado aún en él trazas de juventud gracias a la influencia vivificadora del cambio de ambientes. más singularmente..) Perdone el señorito. RAMÓN queda solo unos momentos. Una cosa que siempre me ha interesado saber: cuando el señor se deshace de las señoritas. cuando vienen a parar a mis manos. y como el señorito ha confesado que le impulsa hacia la señorita Alicia un interés romántico. que bordea ya los cuarenta y cinco. la inquietud y el ansia de felicidad con una fortuna personal de muchos miles de duros. un hombre excepcionalmente agradable. cuentan con el dinero que él les dio como indemnización. y. FÉLIX es. y. el flujo y reflujo de las pasiones propias de un hombre maduro le han proporcionado la capacidad de crueldad y la dureza de alma necesarias al individuo que quiere triunfar sobre la vida. el hombre selecto. ¿qué es lo que a ellas les empuja en el acto y sin dudar hacia el señorito? RAMÓN. Levantando bruscamente la cabeza. en los años siguientes ha tenido más suerte. Entiéndase en ésta como en otras ocasiones por «vida brillante» la reacción que resulta de mezclar el buen gusto. PEDRO. sobre Página 5 de 45 . RAMÓN. FÉLIX.. por su parte. en cambio. hasta que llegue el momento romántico. con dinero. y aunque seguramente sus primeros años juveniles se desarrollaron en ambientes poco refinados. que tu amo se queda muy descansado cuando toma el baño que tú le preparas. hay dos sistemas de interesar a las mujeres.. y mientras el señor usa el sistema de darles mucho dinero.—Ahí están.—Pero no olvides que. de sensaciones y de ideas.. señorito. ellas no tienen un céntimo. (Se va por el foro. Después de dejarlo lo contempla desde dos o tres distancias diferentes. PEDRO.—¡Ah! El despecho.. es FÉLIX).—Con permiso. y la mía. FÉLIX.) PEDRO.—Es que cobrar por eso es cinismo. y. (Suenan otros tres timbrazos dentro.—¿No cobras tú por prepararle el baño? Y ten en cuenta...Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás el señorito sabe. (Dentro repiquetea tres veces un timbre..—El despecho. pero cuyo mayor o menor esplendor en el futuro dependen del medio en que el interesado se eduque y viva en tiempos posteriores y de la cantidad de alimentos nitrogenados que consuma.—Sí. ALICIA. Muchas gracias. porque resulta realmente una mujer encantadora. ISAAC y PEDRO. al mismo tiempo. por si esto fuera poco. pero se queda más descansado todavía cuando pierde de vista a las mujeres que me llevo yo. cuando tu amo las enamora. ¡El despecho! Es verdad. su inteligencia innata ha sido avalorada y depurada por los ambientes en que se ha movido y por una continua vida brillante. el señorito y yo utilizamos el otro sistema de no darles absolutamente nada.) Tres llamadas. fenómeno psicoginecológico más frecuente de lo que suele creerse. nosotros nos abrazamos al cinismo.—Pero.—Entonces. es una inteligencia innata. ¿el señorito cobra por llevarse las señoritas que al señor ya no le interesan? RAMÓN.—¡Desde luego! Eso sin contar con que. sobre los hombres y. ¿el administrador ha venido para fijar la indemnización a la señorita Alicia? RAMÓN. (Se va definitivamente por el foro. PEDRO. ha consumido también multitud de alimentos nitrogenados. Viste todo lo bien que suelen vestir las mujeres que se dejan aconsejar por un hombre selecto y con dinero (en este caso. durante los cuales deja el retrato de ALICIA sobre el mueble. PEDRO..—Sí. Por el foro entran FÉLIX. A sus cuarenta y cinco años. La de la señorita Alicia. y eso han salido ganando FÉLIX y ella.. como si fuera un cuadro expuesto en el Salón de Otoño. RAMÓN. PEDRO. en síntesis. RAMÓN. pero al instante vuelve a entrar. Perico.

que eran un pedazo de pedernal.—¿A estas horas? ALICIA. (A FÉLIX. FÉLIX ha triunfado sobre todo ello repetidamente. Quizá.) El encendedor es para ricos. que está al lado de ALICIA. Estas anomalías quedan explicadas cuando uno se entera de que ISAAC. porque es la única cosa que no se le desgasta al usarla. seguramente más rico que el propio FÉLIX. y usa barba. Todavía aquellos antiguos.—Especialmente para los que lo compran.—Sí.—Son las once de la noche. compradas en 1896 a un óptico amigo. don Félix? No me acostumbro a gastar dinero en cerillas. se la arregla y recorta él mismo con unas tijeras que le pide prestadas al peluquero de su calle. al ver la pitillera abierta se precipita sobre ella y coge otro..) ¿Me da usted lumbre.) Permítame. Hay que pasarse la vida echándole gasolina.) PEDRO.) ALICIA.) No.) ISAAC. es absolutamente judío. (Ofreciendo su pitillera a ALICIA.—(A RAMÓN. para evitar toda posible contingencia de desembolso. Y cuando no le falta gasolina.—(A RAMÓN. que me he levantado a las nueve de la noche. RAMÓN. me lo quitaré yo mismo. de frente hace pensar en un israelita y de perfil parece un hebreo.) FÉLIX.—(Ayudándole a quitarse la capa. y malas lenguas aseguran que si lleva barba es para no tener que llevar cuello. (Le enciende el cigarrillo.. (Fuma con deleite. PEDRO le quita el abrigo a FÉLIX. Como he vivido tantos años en Norteamérica y allí las regalan en todas partes. ISAAC. hijo. RAMÓN.) ¿Y cómo usted por aquí a estas horas. se extraña de la presencia de RAMÓN..Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás las mujeres. un abrigo y un sombrero que adquirió. señor. le falta piedra. que va delante. que le hizo un gran descuento. que se habrá levantado a la una de la tarde. que enternecerían a cualquier ama de casa escrupulosa.) El tabaco resulta cada vez más caro. Lleva gafas. que ha nacido en Polonia. Luego vuelve y queda junto a la puerta del foro... en 1909. Créame: lo mejor es lo que yo hago: no fumar.) ¡Orellana! ¡Qué sorpresa! No nos veíamos hacía un siglo.) ISAAC. (Con expresión dolorida. sólo ALICIA. haciendo un violento esfuerzo sobre sí mismo.—(A RAMÓN. Al entrar los tres. porque hacía cuatro meses nada más.) ¿Un cigarrillo? (ALICIA coge uno.) Muchas gracias. acabo de llegar. son las diez en punto de la mañana. Orellana? RAMÓN. tumbado en uno de los sillones..) ALICIA. Viste un traje. Si en lugar de cuidármelo yo se lo hubiera dejado cuidar a los demás.. es un ciudadano de unos cincuenta años. pero. (Se lleva el abrigo de FÉLIX y la capa de ALICIA por la izquierda. después de decir esto. lo insípido de su gusto y el humo en que se desvanece. que intenta quitarle el abrigo. y empieza ya quizá a sentir la fatiga de todo triunfador al apreciar lo hueco que es el triunfo. Y parece mentira que todavía haya locos que lo compren.. no. sea un poco ocioso añadir que ISAAC es muy rico. e ISAAC. (Deja el abrigo en un sillón.—Es verdad. ISAAC. cuando puede conseguirse gratis. con muchas precauciones. RAMÓN. administrador de FÉLIX y nacido indudablemente para administrador. y avanza hacia él afectuosamente. que hacéis cisco la ropa. que de espaldas tiene todo el tipo de un descendiente de Moisés. pero para mí. este abrigo no me habría durado arriba de quince años..—(A PEDRO. Hace un par de horas que no fumo.) ¿Llevas mucho esperando? RAMÓN. Página 6 de 45 .—(Con la mano tendida.—Podía usted usar encendedor. que no sé de qué tenéis las manos. pero también tenía uno que comprar mecha.—Son las once de la noche para usted. En cuanto a ISAAC BLUM.—(Con un gesto de pánico. cuya fortuna administra. FÉLIX.—No. y conserva todas esas prendas en uso tolerable todavía gracias a continuos y exquisitos cuidados.

RAMÓN. Pedro.—(A PEDRO. RAMÓN.—Muchas gracias. pero ya sabes que yo tengo costumbre de desayunar a la inglesa. y tiene una brusca idea.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás ALICIA.—(A PEDRO.. FÉLIX.) La misma escena de cuando acabó con las otras...—Sí. Félix.. que son las diez de la mañana suyas. una taza de café y otra de tila.—Señorito. RAMÓN.—Tranquilízate.. ALICIA.) ALICIA. ¿el motivo de esta visita a las once de la noche. nada le impide adoptar esa costumbre desde ahora mismo. (Se queda mirando a ISAAC. RAMÓN. La pérdida de valor de los Explosivos.. ALICIA. pero soy su administrador. (Va a seguir. tráeme el agua con azúcar. o de raza? ISAAC.. ISAAC.. PEDRO.) No iba a tomar más que agua. ALICIA. a RAMÓN. pasando junto a FÉLIX).—(Aparte. sólo va a reportar beneficios para ti. Hace ya horas.—(Aparte. pero.—¿Qué serán.) Ya lo has oído.. con miedo. (Ríen.—¿Beneficios para mí? Página 7 de 45 . pero la detiene FÉLIX con un gesto. frutas frescas.—(Aparte. tímidamente. RAMÓN.) Precisamente.—¡Ah..? ¿Es que te van mal los negocios? Esa conferencia de antes con Isaac.) Perdona.) ¿De raza? ¿Tendrá usted el valor de decir que los judíos somos tacaños? RAMÓN.) Pedro.—Pues ya puedes suponértelo: ha venido a desayunar con nosotros.) Una taza de tila bien cargada..—(A ISAAC. hora nuestra y de Greenwich.... que tanto ruido ha armado y que.) Sí. ALICIA. quizá venga luego lo bueno.—A todos los gastos.—Quizá.—¿Y a qué hora se acostará usted? RAMÓN. ISAAC.—Me libraría mucho de calumniarlos. RAMÓN.—Tráeme jamón cocido..—(Dejando escapar su irritación.—(Aparte. pero es cuestión de carácter. Y en cuanto a mi conferencia de antes con Isaac.—¿Y a qué llama usted «gastos inútiles»? ISAAC.) Pero ¿vas a tomar tila? FÉLIX. mermeladas.) Si le gusta. ISAAC.. ALICIA. precisamente.. la misma escena. Armar ruido es la misión de los explosivos.—(Levantándose airado. ¿No dices tú que las mujeres sólo tenemos instinto? Pues el instinto me anuncia hoy no sé el qué.—Sí. (Se va por el foro. (A FÉLIX.) RAMÓN. las dos de la tarde. (Volviéndose hacia PEDRO.) Pero.) ¿Es que.—Esa existencia tan aritmética me produce vértigos. a FÉLIX. PEDRO. ISAAC.? FÉLIX.—¿De carácter.) ¿Sabes que te encuentro muy extraño esta noche? ISAAC. a las doce de la noche..—¡Qué injusticia! (Intrigada. en son de excusa. señor. tostadas con mantequilla y café con leche.—Pues ya ve usted: aún hay quien dice que calculo poco mi vida. huevos duros.? RAMÓN. don Félix.) Sí. (Mirándole fijamente. señor.—(Que se ha levantado.—Para usted... para que aprenda aquí el señor Orellana. ISAAC. A FÉLIX. sonriendo.—Para mí. PEDRO. ALICIA. FÉLIX..—Quizá es un poco exagerado..) ¡Es una gran suerte tener ciertas costumbres! FÉLIX. vamos! (Vuelve a sentarse. que te noto algo raro.—(Asombrada.) FÉLIX.—(Después de reír él también...—¡Qué absurdo! Tomar tila. y ya sabe usted. y para la señorita y para mí. que verle hacer gastos inútiles me pone enfermo.) Pero lo bueno vendrá luego.

FÉLIX. ALICIA. y como la existencia es un viaje muy largo.) ¡Estás en todo! Apuesto a que ya has pensado en que se echa encima la temporada de primavera y en que me pilla sin nada que ponerme.—En la seducción constante. RAMÓN.. por ello tú y yo nos hemos pasado la vida haciendo transbordos. (Se va por el foro.—Por ahora. Ya lo ha oído usted: se cree imprescindible. hay un silencio.—¿Quién dijo que cuesta más vestir a una mujer que desnudarla? FÉLIX. en vista de ello. y las nudistas se hacen la ropa para quitársela. sí.) Pero.—¿En qué consiste para usted ese oficio? FÉLIX. la realidad está en que. pero no hay nadie que peor conozca su oficio que la mujer. siendo nudista.) ¿Por qué las mujeres estaremos siempre sin nada que ponernos? RAMÓN..Enrique Jardiel Poncela FÉLIX. si esto sigue. (Reaccionando de un modo optimista. lo último es preferible. ISAAC...—Resumiendo: que para los hombres la mejor solución es prescindir de las mujeres. FÉLIX. se ve uno obligado a cambiar varias veces de tren. RAMÓN. que aún no estoy desnuda del todo!» Pero le aseguro a usted (A ISAAC. otorga. sí.—Pues.—(Con un gesto de asco.—(Descubriendo el Mediterráneo. ALICIA.) ¿Y hay emoción en tener una amiga nudista? RAMÓN.) Sí.—Está inquieta y ventea el peligro. Mirando a los tres. Le abraza y le besa..—Es verdad.—Para mí. extraordinaria. Dentro de unos años.. la solución para los hombres quizá será que nos hagamos nudistas las mujeres. (Ríen de nuevo. ALICIA. qué idea! RAMÓN.. ISAAC.—(Interesadísimo. está en el cuarto de baño y uno llama a la puerta y ella dice con voz angustiada: «¡No entres! ¡Espera un momento. la mujer y el hombre somos ferrocarriles de trayecto limitado. si se mira. todavía sonriente. su dinero será de unas cuantas Página 8 de 45 .—Isaac. FÉLIX. Ya no me acordaba..—Y todas lo serían. dicha superficialmente e ignorando su oportunidad. voy a ayudar a Pedro a servirles a ustedes. Las mujeres se quejan de que los hombres nos cansamos de ellas. ISAAC. y ALICIA flota unos instantes en medio de ese silencio..—Entonces.—(Que la ha seguido con la vista hasta verla desaparecer. la única diferencia está en que las que no son nudistas se hacen la ropa para ponérsela. en cuestiones de amor. pero no se figura nada.—Sí. sentiría tener que volver a repetirle que mi dinero es mío. ya verás.—Tú.—Porque quieren ustedes ponerse demasiadas cosas.) ¡Una amiga nudista! ALICIA. FÉLIX.. sin pensar en que conquistan por la seducción. para demostrarles que soy una mujer imprescindible.—(Mirando con curiosidad a RAMÓN.. ISAAC. FÉLIX.) Me parece que se lo figura.—Que al único que le han costado dinero es a usted. Ya verás. Cuando ella. Yo lo dije.. acerca de eso.) ¡Qué desilusión! Ver que todas gastan lo mismo es lo que le mantiene a uno soltero. Y para uno mismo.) El que calla. (A FÉLIX..—Para los amigos de uno. RAMÓN. ISAAC.—Isaac...) Sí. gasta en ropa el mismo dinero que si no lo fuese..) que esa muchacha. y en que si no mantienen lo conquistado es porque a lo largo de los días dejan de ser seductoras.—Tampoco es solución.) RAMÓN.—Sin duda.—(Recalcando la frase. (Después de esta frase...—(Súbitamente Las Cinco Advertencias De Satanás alegre. FÉLIX. Los tres hombres se miran significativamente. Lo sé directamente porque tengo una amiga nudista.—Todas las mujeres se creen imprescindibles. ISAAC. ISAAC. por ejemplo.) ¡Caramba.) ISAAC. (Separándose de él con frivola reflexión.. si se mira.

—Pero.—Usted.) Sí. cincuenta mil.—Conque cómo se va el dinero. Me maravilla la serenidad con que oye usted siempre los totales. y lee al final de la página.: total: total entre lo que se llevaron las «unas» y lo que se le entregó al «otro» (Leyendo. no la he encontrado en ninguna.) ¡seiscientas veinticuatro mil ochocientas!» RAMÓN. en resumidas cuentas.—¡Y todo por liquidar unos «asuntos» que ya habían costado diez veces más antes de la liquidación! FÉLIX..... copiada de mi libro de cuentas.. (ISAAC se encoge en un sillón.) «¡pesetas seiscientas ochenta y siete mil doscientas ochenta!» (Se limpia el sudor de la frente. (Al decir la cifra. claro! ISAAC.) A ustedes. (Dolorosamente. se pasea. hasta los timos les gustan baratos. el timo de la dicha..—(Irritado. no. (Saca un papel. FÉLIX.—(Molesto. sí. don Félix? FÉLIX.. FÉLIX. (Da la vuelta al papel. Isaac.» (Dejando de leer.. En fin.. Página 9 de 45 . más el diez por ciento a don Ramón.—(Secamente.. que se acordarán de usted todo lo que los favorecidos con el «gordo» se acuerdan del director general de Loterías.—Todo aquello que el hombre emprende es un timo. Amar. —(Agrio. más el diez por ciento de don Ramón...) ¡Basta! ISAAC. sesenta y seis mil. pesetas. sesenta mil.—¡Y. ISAAC. (Una pausa.—(A ISAAC. ochenta y dos mil quinientas. en concepto de indemnizaciones para prescindir de sus servicios. el timo de los perdigones.—(Reanudando la lectura.—¡Parece mentira cómo se va el dinero! ISAAC.» FÉLIX. FÉLIX.—¡Y para que ellas se gasten el dinero sabe Dios cómo! FÉLIX.. con la mirada fija en la alfombra. RAMÓN fuma en silencio.. y entonces las he apartado de mi lado.) ¡Pensar que hemos regalado a unas cuantas mujeres ciento treinta y siete mil duros! ¡Dos millones setecientos cuarenta mil reales! ¡Seis millones ochocientas setenta y dos mil ochocientas perras gordas!. ¿Por qué le extraña que los timos cuesten dinero? ISAAC.) Basta. gime angustiosamente. cuarenta y seis mil.) ¡He dicho que basta! ISAAC. don Félix.) Isaac. para no ser feliz! FÉLIX. el timo del tesoro escondido..—Los totales. ISAAC. trabajar.—(Interrumpiéndole. El amor es un timo.) «Año mil novecientos dieciocho: a Magdalena Lorente. ¿eh?.) ¿Cree que «podemos» resistirlo.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás mujeres. con los totales basta.—(Atemorizado.—¿Qué harán las mujeres con el dinero? ISAAC.. después de lanzar una mirada sobre RAMÓN. pero no me administre la alegría. Año mil novecientos diecinueve: a Denise Laurier. ISAAC. señor. ISAAC.) Adminístreme usted el dinero. ¡tanto.. más el diez por ciento de. Voy a leerle a usted una página.) «. que da más miedo que el «Rocambole»....) De alguna manera había que ponerlo. cincuenta y cinco mil.) En todas las mujeres he buscado la dicha. FÉLIX.) FÉLIX. don Félix! RAMÓN. por lo visto. En tono aclaratorio. Año mil novecientos veinte: a Felisa Lafuente.—¡Claro.. por prescindir de sus servicios cerca de don Félix de Unzueta desde mil novecientos dieciocho. y lee.. más el diez por ciento entregado a don Ramón por llevársela.) «Total de dinero facilitado a las señoras cuyos nombres se especifican arriba. en tono ligero y encarándose con ISAAC. setenta y cinco mil..—Le relevo a usted del trabajo de calcular las perras chicas.. Reaccionando.. A Carmen Morales. cazar.—Pues «vamos» a la ruina.) «Y total entregado a don Ramón Orellana en concepto de diez por ciento de la suma.. ¡sesenta y dos mil cuatrocientas ochenta!» RAMÓN. señor.—(Leyendo de nuevo.

con el médico..—(Volviéndose a ISAAC. y una pistola del siete sesenta y cinco para tus paseos de noche. porque peligra el perro. FÉLIX—Isaac. RAMÓN.. se le descubre su semejanza con el anterior.) Y puesto que nuestras existencias se separan. FÉLIX. rebusca entre cien papelotes y extrae el cheque.. Te vas a chupar una vida ideal. Extrañado.—(Entre dientes. y le declararé que la adoro en silencio desde que entré en quintas.. que pide siete sombreros diferentes en el mismo idioma.. y se dice uno: «Tampoco es ésta la tierra de promisión. don Félix? FÉLIX. sí! El cheque. RAMÓN. Tú vas a decirle que todo ha acabado entre los dos.) Tenga usted.. Ella va a tirar la bandeja y a poner el grito en el cielo.. FÉLIX. RAMÓN.. pero luego.) ¿Eh? FÉLIX. FÉLIX.) ¿Qué quiere usted dar a entender. ¡Es mi sino! (Solemnemente. pasando al lado de FÉLIX y poniéndole la mano en el hombro. como ha insinuado antes Orellana. ISAAC. Félix. podré llevármela y quitártela de en medio.—Que me retiro de los.) Muy bien. según costumbre. y está lleno de interés y de misterio. suspirando.—(Frunciendo el ceño. uno se dice: «Ni más países ni más mujeres.)¡Atiza! ISAAC.) Mil pesetas.—Irme a vivir para siempre a mi finca de Robledo. ISAAC. Yo (Suspirando falsamente). Entonces.—(Pasando una mirada por el cheque. me quedaré aquí.—(Como si despertara de un sueño. que. No salgas con los dos a un tiempo. su falta de misterio y de interés.». y persuadido de que la felicidad del amor no es para mí. y se piensa que va uno a habitarlo definitivamente. y veinte años de amores se resumen en la figura borrosa de una mujer..Enrique Jardiel Poncela RAMÓN. levantándome tarde y envenenándome con la antihigiénica vida de la ciudad. tu última desilusión. va a volver de un momento a otro ayudando a Pedro y con una bandeja en las manos.—(Estupefacto. Félix. FÉLIX.—(Asombrado.—Si. Allí podrá usted ahorrar. satisfechos su sistema económico y su vanidad.—Pero saber eso no le impide a cada Las Cinco Advertencias De Satanás cual buscar la felicidad donde crea encontrarla. le recuerdo que el diez por ciento de veinte mil duros son diez mil pesetas.—Y morirse.. Página 10 de 45 . Es el último sacrificio que hago por ti.» Y así se van conociendo países distintos y mujeres distintas. Alicia. Te aconsejo un perro para tus paseos de día..) Que se retira de. (Saca una gruesa cartera.) El cheque de don Ramón.. don Isaac descubrirá la cifra con que la indemnizas. diré que no tienes corazón. son una misma cosa. conocido a fondo. Finalmente. y sólo lamento que tu camino de Damasco esté en ese pueblo de la provincia de Segovia. Yo he consumido la juventud en amar y en viajar... Isaac.—(Levantándose. porque allí no organiza excursiones la Agencia Cook. y pienso hacerlo a conciencia. dimito esta noche mi cargo de hombre de mundo.. veinte años de viajes se resumen en la figura borrosa de un empleado de Aduanas. igual que cada mujer. ISAAC—¿De veras? Es una decisión sensatísima.. y. liquidemos. los billetes del ferrocarril y las cartas de amor serán papeles mojados para mí. ser repugnante. Isaac. negocios. ISAAC.. según costumbre también. que pide el mismo pasaporte en siete idiomas diferentes..) ¿El cheque? ¡Ah.—¿Y qué va usted a hacer? FÉLIX. yo afearé tu conducta.. Al cabo. incapaz de arrepentimiento. el boticario y el secretario del Ayuntamiento. Se lo da a RAMÓN.—Un uno y tres ceros. Te felicito por haber encontrado tu camino de Damasco. Cada país. el timo del entierro. RAMÓN. Que harto de perseguir la felicidad en el amor.. es fascinador cuando no se conoce. Y entonces. pero ya sabes cuánto me anima a sacrificarme el haber cobrado por adelantado.—¿Cómo mil pesetas? RAMÓN.—En lo sucesivo.

como usted dice.) Está usted servido. Esa palabra me da fiebre. ISAAC.) ¿Siete mil quinientas para don Ramón? FÉLIX. ISAAC.—(A FÉLIX.. Extenderé los cheques nuevamente. Toda la vajilla.) Me he permitido aconsejarlo.. PEDRO..) ALICIA. cacharros. Félix. además.) Repito que más respeto.) ALICIA. (Por la izquierda vuelve a entrar ISAAC. ALICIA trae.—(Inflexible. ALICIA. Isaac.) Más respeto. y tres tazas.—Se lo llevará para que no se estropee..) Su vaso de agua con azúcar. claro! (Inicia el mutis izquierda con los objetos recogidos.—Aquí está todo. Y ahora. ISAAC. ISAAC. ISAAC. FÉLIX.—Dios nos coja confesados..—¡Claro! ISAAC. PEDRO.—(Lloroso.. señor. RAMÓN. será mi novia dentro de un rato.. A los demás. soy yo.—Muchas gracias.) prepárate a actuar por última vez.—(Riendo.—Claro.—(Levantándose.) Vamos allá. (Con desprecio.—Vendré a buscarlo mañana. «Aquí. Ahí vuelve Alicia. sí. pequeñas esculturas y objetos frágiles. es la última vez que le ordeno pagar mis errores.) ALICIA. (Empieza a retirar de la escena. pero la tila la he pedido para ti.) Las Cinco Advertencias De Satanás Pero ¿se obstina usted. FÉLIX. Pedro se ha empeñado en que trajésemos el servicio de plata. un servicio de café y una tetera. Pague.—¿Mi tila? ALICIA. A RAMÓN. una bandeja con las cosas que pidió RAMÓN. FÉLIX. refiriéndose a ISAAC.—No consiente ni que se le toque la ropa.. ALICIA. Orellana.) Diez mil.—(A FÉLIX.) ¡Qué exageración! (Después de colocar en la mesita el contenido de las bandejas.) Don Isaac.—(Ofreciéndole en un platillo el vaso de agua.) Traiga.) Y tu tila. don Ramón».) ¿Se obstina usted? FÉLIX.. FÉLIX. «Esa mujer». RAMÓN. a don Ramón? RAMÓN. con objeto de que no se le desgaste inútilmente la maquinaria.—(Volviéndose hacia él.) ¿Adónde va con todo eso? RAMÓN.—(Con gravedad cómica..—(A ISAAC.—(Extrañada. en que «demos» veinte mil duros de indemnización a.) ¿Qué hace usted? (ISAAC se va sin contestar.—¡Claro.) ALICIA. seguida de PEDRO.Enrique Jardiel Poncela ISAAC. que yo voy a hacer la mejor «seducción» de mi vida. (Mirando hacia el foro. Como anda siempre preocupado con la economía. es de metal blanco. Página 11 de 45 . incluídos los platos. (Se lo bebe a sorbitos. don Félix. señor. con un suspiro.—Y creo que por las noches para el reloj.) a. en efecto. nerviosamente.—Pague.—Falta me hace.—(Apabullado. ISAAC. RAMÓN.—Retire las cosas que puedan romperse.—Sí.—(A FÉLIX.—(Como antes.. Por el foro entran ALICIA. Isaac. esa mujer? RAMÓN..—Presente.—Me obstino.—Que la tila es para ti. no se rompe.) ¡Diez mil! RAMÓN. si se tira algo al suelo.. porque así.. (Sonriéndole a FÉLIX con toda la seducción posible. a ver si le convence... y PEDRO lleva otra bandeja con el vaso de agua azucarada que se lanzó a exigir ISAAC.) ¿Qué? FÉLIX.) ¿Y diez mil pesetas a. (Cogiendo el cheque de las manos de RAMÓN. ISAAC. ISAAC. ALICIA.. Y..—(Humildemente.. brindándole una de las tazas..—Perdona. aquí.

) ¡Ya se ha armado! (Se va discretamente por el foro. ISAAC... que Página 12 de 45 . cerca del proscenio. se sienta en uno de los sillones. es difícil saber hasta si estáis interesadas en serlo.) PEDRO. ISAAC. sin ocultar el desagrado con que ha oído a FÉLIX.. Tú misma te has preguntado si la mejor solución para los hombres que perseguimos la felicidad no sería prescindir de las mujeres. ISAAC. me la tomaré yo. en vista de ello.—(Aparte.) ¡Vaya una ocurrencia! Nunca he tomado calmantes. ALICIA. ISAAC. (FÉLIX retrocede un paso. es difícil saber si las mujeres sois o no dichosas.. Te admiras de no haber encontrado nunca el amor.) Tal vez no la necesites.. En cuanto a éste. aunque lo que tuvieras que decirme fuera que habíamos acabado para siempre.) ¡Qué valor tiene! FÉLIX. sonriendo. RAMÓN.) No hay nada que justifique el hablarle así a una mujer que ha perfumado con sus cabellos nuestra almohada. y esa postura me cansa.) FÉLIX.. (Ligeramente. que mi deber era pedirla.—¿Eh? RAMÓN.) No se moleste usted más. mientras habla en un tono entre melancólico y sarcástico.—¡Oh! En este caso. (En tono de broma despectiva.. Después de una pausa.) ¡Todo eso es infame! FÉLIX. asombrado del ímpetu y del brío de RAMÓN.) FÉLIX. ese ensueño. (Coge la taza y se la bebe él. ese paraíso artificial.) ¡Ya! (Cierra los ojos y se tapa los oídos.. se destapa los oídos y abre los ojos poco a poco. aún puedes intentar la dicha junto a un hombre menos desilusionado que yo. FÉLIX—Yo.—(Con un soplo de voz..) ¡Sopla! (Se acaba de beber el agua. (Resumiendo. y creo que no probaría ni gota.—¿Cómo? FÉLIX. Haces bien en devolverle la libertad a Alicia.—(Aparte. Alicia..... Alicia.. pero es tan serio lo que tengo que decirte.—(Avanzando un paso hacia FÉLIX.—(A ALICIA.. Te devuelvo la libertad. ALICIA. esa embriaguez. ALICIA. lentamente.). como hablando consigo misma.) ¿Y para qué quiero yo la libertad? FÉLIX. ante la mirada sorprendida de la muchacha. Pero no hay explosión. RAMÓN frunce el ceño.. RAMÓN se expresa con energía. y he resuelto que nos separemos.) Sí. Aparte.—(Riendo. renuncio a perseguir el fantasma de la felicidad. Todo el mundo quiere la libertad para volver a perderla. Isaac tiene un cheque para ti.) Afortunadamente. ISAAC. y cada mujer reacciona de diferente manera en manos de un hombre que en manos de otro.) ¡Ahora! ¡Ahora!. Eres joven. (A ISAAC.. pero no te preguntas si lo has merecido alguna vez.—He buscado año tras año el amor: esa luz...) ALICIA. ISAAC...—(Que espera la bomba. admirando a FÉLIX. por si acaso.—(Pasando al lado de RAMÓN e interrumpiéndole. sino un gran silencio.—No sé si tú has sido dichosa a mi lado.) Amar es llevar un brazo en cabestrillo. ese estímulo. Pero se trata de hablar de mí y no de ti. yo procuraré quitarle esa libertad que le devuelves tú.) Pero ya no soy joven.—(Aparte.) ¿Y tú?..) Le recuerdo que vuelva a extender el cheque por las cien mil pesetas. frente a frente. se pasea pausado. y sin intención ninguna. He buscado año tras año el amor. ALICIA.—(Mirándole fijamente. ALICIA.—(Aparte... cada guitarrista arranca sonidos distintos a una misma guitarra.—Para volver a perderla.—(Con entereza. Y todo lo que he encontrado ha sido mujeres que se me han colgado del brazo. aguardando la explosión..) ¿Que la tila es para mí? FÉLIX.—(Sin comprender.—¡Digo que todo eso es infame! (FÉLIX y él quedan en primer término... porque ya ha comprendido de lo que se trata.—El instinto no te engañó antes.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás ISAAC.

—Digo que esa mujer me interesaba. los tres hombres permanecen silenciosos..) Que Isaac.—(Señalando hacia la izquierda. porque ha estado usted mejor que nunca. se ahorra mi cheque... RAMÓN. Félix! No te digo que seas feliz. esta vez. ISAAC.. uno de los que tiraban se cansa. Hay una pausa llena de sentimientos. en tono ligero.—(Apenada. y es lástima que no haya querido oírle (A RAMÓN. FÉLIX.) ¿Eh? (Se vuelven. (Su voz se vuelve opaca y sin brillo.). FÉLIX. pero resuelta. Hostilmente. rómpalo usted.. gravemente.—(Sin disimular su desagrado. FÉLIX. así conseguiré que de los tres. (Sombrío.—¿Cómo? (Su cara expresa una alegría radiante. por tanto.—(Mirando sarcástica a FÉLIX . yo lo había encontrado sin haberlo buscado.) FÉLIX. Pero está enamorada de ti.—(Sonriendo con tristeza. el amor es como una goma elástica que dos seres mantienen tirante.—.—(Extrañado. por el foro. dispuesto a tomarse el «servicio». sin ocuparse ya de ALICIA para nada.. (Se sienta ante la mesita.—(A ALICIA.. y la goma le da al otro en las narices. ALICIA. sujetándola con los dientes. y ya lo he olvidado.. ALICIA se ha levantado suavemente del sillón en el que permanecía ensimismada. por lo visto. a llevármela.) Mañana enviaré a recoger las cosas que aún me pertenecen. me recuerde toda su vida.y que los duelos. porque. FÉLIX. con jamón. con lo cual ha dejado. sorprendidos. Yo no soy de esos que. FÉLIX y RAMÓN.—Hay uno abajo esperando.) Pero cuando no ha querido oírme. uno al menos. ¿Es cierto que Alicia te interesa de veras? RAMÓN. en el acto.) ¿Qué dices? RAMÓN. (Come con apetito.) FÉLIX. y se ha ido por la izquierda a las primeras frases de RAMÓN.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás Alicia se ha marchado.) ¡Se ha marchado! ISAAC.) ¿Por qué no tolerárselo? Ha hablado lo misma que antes tú.) Ramón. son menos. de interesarme.. (Se va sin detenerse ya... (Sigue comiendo.) ALICIA.). en un tono desconocido en él.—(Estupefacto..—Sí. que ha extraído de la cartera.) Sí. Durante unos instantes.—(Acercándose a él. Avanza unos pasos hacia la puerta del foro y hace sonar un timbre.—(Avanzando un paso hacia RAMÓN. ALICIA. lo más difícil es coincidir. Por el foro aparece PEDRO. que acabo de ver que a ella le interesas tú. alegremente y con un rencor subterráneo. PEDRO. RAMÓN.) Avise un coche.—¿Eh? RAMÓN. y al Destino no le gusta rectificarse..) ¡Adiós.—(Al mismo tiempo. A FÉLIX. en un rincón...) RAMÓN. un día. se retiran a un pueblo de la provincia de Segovia. pensativo.) Amiga mía. FÉLIX mira al suelo. que renuncio. FÉLIX Página 13 de 45 .) ¡Cuánta previsión! (PEDRO se va de nuevo.) Tú has buscado el amor sin encontrarlo. Se ha puesto su capa. conseguido a fuerza de nervios. porque es la única vez que me interesaba realmente hacerme oír. lleva el bolso debajo del brazo y los guantes a medio ceñir. es que no vale la pena de intentar nada.. En cuanto al cheque que me ofreces (Volviéndose a ISAAC. con el tenedor en el aire. ALICIA. Es lástima.) Se ha ido ahí dentro. por el foro. silenciosamente. En efecto.—(A PEDRO.—(Ya en su tono ligero de siempre.) ¡No te tolero que hables de esa forma! ALICIA.—En sentimiento. don Isaac. hasta ahora no has logrado serlo.) ¿Que se ha marchado? RAMÓN. (Tendiéndole la mano. rompe en pedacitos el cheque de RAMÓN. Por la izquierda aparece ALICIA.—(Dejando traslucir una cierta amargura. ISAAC. suelta. por no ser felices.. RAMÓN sigue comiendo. lo más difícil es coincidir..) Yo lo aguanto todo en la calle de Alcalá. señorita.) Sí.

como hace tan buena noche. Más relámpagos iluminan momentáneamente la escena.—¿Llueve? FÉLIX. estamos indefensos contra el Destino y somos impotentes para adivinar las trampas y las desilusiones que ese Destino nos prepara. señor. en pie. contigo. coincido.) RAMÓN.... RAMÓN..—Sí.—(Sorprendido... señor. Tú has fracasado. Fuera arrecia la tormenta y silba el viento. Por el foro aparece PEDRO.. y se oyen truenos y el fragor del viento. FÉLIX.. Según parece. y necesitará alguien que le ayude a buscar un hotel. FÉLIX.. desde luego. al fin.. Diríase que alguien nos contempla regocijado y se ríe de nuestros apuros. en que la vida es una broma de mal gusto. RAMÓN....Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás meditabundo.—Sí.) PEDRO.. La materia y el espíritu están muy cerca. y eso le detiene en el foro. agotado ya el «servicio»..—¿Necesita algo el señor? FÉLIX—Nada.. Hace buena noche..—Diluvia... Apaga las luces y acuéstate.—¿Ha dicho que hace buena noche? RAMÓN.por miedo de no encontrarlo. después de recoger su abrigo y su sombrero.—Pues debe estar idiota.. RAMÓN. FÉLIX le habla.—¿En el de la mía? Se fracasa cuando se intenta algo sin éxito.) ¿Qué es eso? RAMÓN.. porque llueve a más y mejor. rompe. Voy a acompañarla. Me ha ocurrido en otras ocasiones.—El viento. Al quedar solos.—¿En qué piensas? FÉLIX.. (Apaga las luces de las paredes e inicia el mutis.—(Acabando la frase. Y empieza la tormenta. FÉLIX. pero comiendo se me quita.—Pienso en el fracaso de mi juventud. RAMÓN.) FÉLIX. Tú debes de tener algo de hígado. RAMÓN.) ISAAC. Uno también tiene sus ilusiones sentimentales. la pausa.—(Quitándole importancia a su respuesta.. ¡Si ésa no es la mujer ideal! Con permiso. enfrente a FÉLIX.—Sin embargo. Unos relámpagos iluminan las vidrieras. PEDRO... que está reventando por hablar. Y una mujer que renuncia a cobrar veinte mil duros.) ¿Eh? FÉLIX.—No.—Este es tan idiota como el otro..—¿Y quién se ríe? Página 14 de 45 . bebe a pequeños sorbos su taza de café.—(A FÉLIX y a RAMÓN.—Que descansen los señores. y en el de la tuya.) A lo mejor. RAMÓN vuelve bruscamente la cabeza hacia el balcón..—Desde que nacemos. (Se sienta en un sillón. Hasta mañana. (Un golpe de viento abre de par en par.—¿En coche? PEDRO.) FÉLIX. con cierta timidez de hombre que no se decide a descubrir su pensamiento. ISAAC. Aparte de eso..) Ustedes comprenderán. te he visto emocionado. por primera vez. FÉLIX se pone en pie como electrizado.. (Se va por el foro.) .—Es cosa del estómago. en este momento. RAMÓN se levanta y queda. FÉLIX se dirige al balcón y apoya la frente en las vidrieras. FÉLIX. y fuera se oye reír a carcajadas. FÉLIX. pero se marcha sola.—¿Se han ido ya don Isaac y la señorita? PEDRO. (Saluda y se va.) FÉLIX. las vidrieras del balcón del foro. A pie. Y ya sabes que el rubor obedece a un defecto de la circulación.. porque has buscado el amor y la felicidad inútilmente. (Otra pausa.. paseando y hablando.) RAMÓN. Pero ¿yo?.. un sabio austríaco ha descubierto que el romanticismo es una afección gástrica. (Se oye caer la lluvia. yo en mi vida he buscado nada.. esta noche.

) LEONARDO. Que fui procesado dos veces en la Edad Media. ni Satanás.—Muchas gracias.). pero. No hay nadie en escena más que ellos dos. levantándome un monumento. que quiere decir «el enemigo de la luz».) RAMÓN. en la época en que mis apariciones eran frecuentes. (Uno de los sillones se desliza solo y se coloca frente a RAMÓN y a FÉLIX.—Ya sabréis que me llamo Lucifer.—Hablemos de usted.. Ramón. y. Que existo oficialmente desde el Concilio de Praga.—No.) FÉLIX. he pensado si no ejercerá cierta influencia sobre los hombres Satanás. que significa «el que lleva la luz».) La Humanidad está lejos de inventar un mechero automático tan perfecto.—¿Es verdad que fue usted el que construyó el acueducto de Segovia? LEONARDO. pero en el mismo punto se oye una voz al lado de ambos.) Hablemos.—(Encantado. Siéntate junto a Unzueta (RAMÓN obedece. es indudable que obedece a un impulso perverso y diabólico el mantenerse ciegos ante el Destino. FÉLIX.—(Asomándose Las Cinco Advertencias De Satanás un instante a la balaustrada del balcón. puedo darte fuego.—¿Que ha entrado alguien? ¿Dónde? FÉLIX. (Cierra las vidrieras y se encara de nuevo con FÉLIX..—Está usted servido. (Se inclina hacia el sitio donde ha sonado últimamente la voz..) ¿No te da la impresión de que ha entrado alguien? RAMÓN.) LEONARDO.—Decía.) ¿Por qué te ríes? RAMÓN. En España.—Se está mejor a oscuras. que es como me llamaban las brujas en la Edad Media. RAMÓN. Eso son cosas de España. estoy harto de echar humo. cuando comenzaron a circular los automóviles.) ¿Eh? LEONARDO. RAMÓN.. como me llamo también Mefistófeles. En cambio. Orellana. en realidad estoy mejor a oscuras.—(Inclinándose hacia el sillón que se ha movido solo y extendiendo en el vacío su pitillera.. RAMÓN y FÉLIX. España siempre ha vivido preocupada por mí. en la calle.—¿Un monumento? Página 15 de 45 . que se hallan momentáneamente de espaldas uno a otro. y yo lo único que hago es ponerles delante los árboles de las carreteras.—(Estupefactos.—(Recobrando el tono de antes. Que. Leonardo? LEONARDO. que ha vuelto a sentarse. a veces..) RAMÓN.. FÉLIX.—¡Amabilísimo! Aunque poco puede decirse de mí que no se sepa. frente a vosotros. al abrirse el balcón. y yo lo haré en este otro sillón. fumando. Unzueta.—Hablemos de personas decentes.—¿Lo ves? ¡Te he dicho que ha entrado alguien! (RAMÓN va al foro rápidamente y enciende las luces de las paredes.—¿Yo? ¿No te has reído tú? (Hay un breve silencio.) ¡Comodísimo! (Se retrepa en el sillón.Enrique Jardiel Poncela RAMÓN.) ¿Decías? FÉLIX.—Siéntate. ¡Encantadora España! Sólo ella me ha hecho justicia. RAMÓN.—(Hablando al vacío. (RAMÓN obedece. apaga las luces. Pero no hablemos de la Humanidad. (Cambiando de tono.) ¿Quién es usted? LEONARDO. en escena. estrellándonos contra su adversidad. junto a los dos personajes. LEONARDO. Llamadme Leonardo. FÉLIX.—¡Qué risa! No. (Del extremo del cigarrillo de RAMÓN brota una pequeña llamarada. LEONARDO. ni Mefistófeles.. gracias. Pero no me llaméis Lucifer.—Félix: lo que tú tienes no es del hígado.) Un borracho. pero esta vez. FÉLIX. Apaga. RAMÓN.. Porque. también se dijo que eran obra mía. (Una nueva carcajada resuena.) Decía que somos impotentes para adivinar nuestro destino. hombre..) ¿Un cigarrillo.—La Humanidad sigue siendo tan imbécil como hace tres mil años. es de la cabeza. FÉLIX se levanta excitado.—Aquí.

Empecé tentando a los hombres por la carne. Le ciega el ansia de ser feliz. se podría ser dichoso.—¿Y si no quiero? LEONARDO. Te haré.—¿Cinco advertencias? LEONARDO. (LEONARDO ríe.—Sí.. sus vinos. es por lo que estoy aquí. ¡Eres de los míos! Voy a proponerte..—Cerraré las puertas. en vida! ¿La has encontrado tú? FÉLIX. por el contrario. pero desde que las piscinas públicas descubrieron lo feo que es el desnudo. (LEONARDO ríe.—¿Un pacto? LEONARDO. FÉLIX..—¡Claro! En el Retiro: el «Ángel caído».) No conoceré más mujeres. Con arreglo a las mías.—La enamorarás. LEONARDO.) Óyeme.. porque es un gran turista. RAMÓN. Yo adoro a España. las provocarás.—Voy a advertirte las cinco desgracias más próximas que se ciernen sobre ti..—(Después de reír.. les tiento por el espíritu. en esta habitación...—¡Claro! ¿Crees que soy una madre superiora? FÉLIX.—Tú.) LEONARDO. en vida. FÉLIX.. su sol.—Sí. Estoy resuelto a no conocer ninguna otra. LEONARDO.—¿Y no la encuentra? LEONARDO. aquí mismo.—Lleva siglos sin darse cuenta.—(Interrumpiendo. a las doce en punto. FÉLIX.. FÉLIX..—Pero el hombre se dará cuenta un día de que le engañas. LEONARDO. Me eres simpático por tu crueldad. ¡No hay país igual! RAMÓN. para.. !Y su descontento eterno!. FÉLIX. y esta misma noche.. las carcajadas de LEONARDO..—En Madrid es el primer monumento que Las Cinco Advertencias De Satanás contemplan los niños. Y.. No puedo estarme quieto. sus mujeres. FÉLIX... cinco advertencias. ¿Cuáles son tus advertencias? LEONARDO.—¿Y quién va a ser ese rival? LEONARDO. FÉLIX.. FÉLIX y RAMÓN.. ¡para que las evites! (Suenan de nuevo las carcajadas. FÉLIX.) LEONARDO.—¿En España? LEONARDO..—¿Quieres decir cuáles van a ser tus desgracias? Pues la primera. (Suenan. No está en la mano de los seres ni su felicidad.. derrotando a un rival.—(Impaciente..—¿De qué manera? LEONARDO. más estridentes y prolongadas que nunca.—¿Quieres decir que no podré evitar las cinco desgracias que vas a advertirme? LEONARDO. será conocer a una mujer. Todo se halla previsto. al querer evitarlas.) La felicidad...—(Al mismo tiempo. Conocerás otra aún.) ¡La felicidad.—Justamente. por tu cinismo y por lo poco que te ha importado el dolor ajeno cuando se trataba de tu propio placer...) ¡Es verdad! LEONARDO.—Pues usted puede saberlo bien.) Me iré de casa. Y un refrán español es encenderle una vela a Dios y otra a mí.Enrique Jardiel Poncela RAMÓN.—Pero ¡entonces tu conducta es infame! LEONARDO. FÉLIX. Unzueta.. FÉLIX... He nacido para la agitación. ni su desdicha.—No.. El Destino es inevitable... (Ríe. Eso ya no lo estilo.—Imbuyéndoles ideas contrarias a las de Dios.. Con arreglo a éstas. el hombre debe encontrar en vida la felicidad... Página 16 de 45 . No haremos ningún pacto.) ¡Acabemos!.—La segunda desgracia es que vas a enamorar a esa mujer. como antes.. el hombre debe esperar la dicha después de muerto.—Porque te he oído antes decir eso...—Si uno conociera de antemano las desgracias que se le avecinan.

Vámonos.—Se ha ido. ésa te la advertiré dentro de un año. Pero ¿ha llegado siquiera a estar aquí? FÉLIX. Vete tú solo. Ambos miran a su alrededor.—La muerte. en su misma sencillez y en su mismo no ser nada.—Pero. FÉLIX. RAMÓN..—(Con cierta satisfacción inevitable.) ¡Un momento! ¡Un momento todavía! RAMÓN—¡Leonardo! (Corre hacia el foro y enciende de nuevo las luces de las paredes. se abre de nuevo la vidriera del balcón y entra CORAL. suave. LEONARDO.—Se acabó el diálogo. indicando que el que lo ocupa se ha levantado de él.. FÉLIX se alza también del suyo. Al sonar la útima. pero.—¡Vámonos! ¡Vámonos!. ¡Abur! FÉLIX. No es nada. igual que al comienzo de la escena. El reloj continúa dando las campanadas.....—Sí. metafísica.—¿Yo? Las Cinco Advertencias De Satanás FÉLIX. Es mi cuarta advertencia y tu cuarta desgracia. FÉLIX y RAMÓN permanecen mudos un instante.—Es verdad.—Pero si ella me quiere y yo la quiero..—(Impaciente. (Le arrastra al foro. Seriamente. Es una muchacha de dieciséis o diecisiete años.—A mí. también lentamente. LEONARDO. Yo ya tengo las doce. ¿no es eso la dicha? LEONARDO. al bajar...) ¡Le derrotaré!.—Para el hombre. —¿La mujer que él anunció? Pues mira: me gustaría conocerla. aunque te derrotará. aterrado.) Pero ¿hablas en serio? Serénate. tenue. en los brazos del otro tres meses después.. FÉLIX. rápidamente. siendo la dicha. Yo cerraré las puertas.—(Cogiendo su abrigo y su sombrero de la silla. (Se va.. Página 17 de 45 . FÉLIX.—Sí. FÉLIX.. (Abre la puerta del foro. LEONARDO.. que comienza a dar las doce campanadas de la medianoche.—Sí. los médicos y yo hacemos las visitas cortas. y diríase que cuanto quiere comprender lo trae comprendido ya de otras regiones o de otras vidas. Ha estado.. más que física. (El sillón de LEONARDO se mueve como antes. y se estremece unos instantes.—Pues ahora serás su rival. FÉLIX. ninguna desgracia es la última. voy siempre un poco adelantado. Si te refieres a la quinta. como si quisiera detener a LEONARDO.) FÉLIX.) ¡Vámonos! RAMÓN. queriéndome ella? ¿Queriéndola yo? LEONARDO.) FÉLIX. RAMÓN.. la envoltura física es. para llegar a punto a los sitios.—¿En mis brazos? FÉLIX..) Hasta ahora me he aguantado con las mujeres que éste (Por no quería.) ¿No oyes? ¡Las doce! ¡Ella va a venir! RAMÓN. no.—Se ha ido. queriendo comprender. que es cuando tendrías que evitarla. casi llevándose a RAMÓN. no es nada más que una muchacha que acaba de asomarse al mundo. Pero. luego vuelve a cerrarse. son tres oficios rápidos. Una de las vidrieras del balcón se abre.) ¿Y la última? LEONARDO..—(Avanzando un poco. y te arrepentirás tanto de quererla y de que ella te quiera.. con no se sabe qué de ingrávido y de imponderable. ¡Ha estado! (En este momento se oye un reloj de torre.—¿Voy a hacer eso. Ella va a acudir.—¿Y si nos la encontrásemos. te arrepentirás.—¡Se marcha! LEONARDO.. lo es todo.. agitada por el paso de LEONARDO. que la precipitarás. rubia.. En ella.—Sí..) RAMÓN. La tercera desgracia es que te arrepentirás de haberla enamorado a ella y de haberte enamorado tú mismo. No entrará. ¡Esto es absurdo! FÉLIX.... suavemente esta vez..Enrique Jardiel Poncela RAMÓN.. por el foro. en la escalera? FÉLIX. Queda la escena sola.

y daban las doce cuando se levantó y se fue hacia el balcón.—(A media voz. dentro..—¿Hablar? PEPITA. FÉLIX avanza..) Déjela así. y sin haber empezado a vivir. Cosas sin sentido..—¿Eh? PEPITA. Al fin llega a su lado y la contempla largamente en silencio.—(Estupefacto. en el sillón. FÉLIX. FÉLIX avanza hacia ella con enérgico impulso. ni de su atracción ni de su voluptuosidad.. una doncella joven.. CORAL es somnámbula y se halla bajo los efectos de un ataque sobrevenido en su casa momentos antes. No le diga nada. sabe cumplir sus fines sin conocerlos. Hoy es mi cumpleaños. entré en su cuarto.—Sí. y si toda ella emana voluptuosidad y atracción. la sexualidad y la poesía se confunden. No podía hacerla callar.. cuando va a hablar. dispuesto a rechazarla.—Es somnámbula.. hacia ella..... Ella. Vuelvo en seguida. PEPITA. No le diga nada. Es. Por el foro. Su mano derecha se cierne sobre CORAL y le acaricia suavemente la frente y los cabellos.... de uniforme. Perdone el señor. Pero esta noche estaba muy inquieta.. me he tomado la libertad de traer a mi novia. como la Naturaleza misma. Ya sabe el señor que las mujeres.) ¿Quién se ríe ahí? PEDRO. dejándola echada. CORAL y FÉLIX . Anonadado) ¡¿Félix?! PEPITA. interponiéndose entre CORAL y FÉLIX y deteniendo a este último.. no se da cuenta.. se oyen unas carcajadas estridentes.—Perdone el señor. paso a paso.. como si le hubiera mordido una víbora. pero de un modo fatal. No le hable. ha cerrado los ojos. la cabeza.. como sugestionado. y.) ¿Eeeh. lentamente...—Me decidí.) Daban las doce. (PEPITA se va rápidamente por el balcón.. (PEDRO descubre a CORAL y la mira con asombro. al oírlas. siempre inmóvil. FÉLIX le coge rudamente por el brazo. que todas la fibras del alma de FÉLIX se conmueven. por el balcón. en mangas de camisa. En ese mismo instante. se desprende de ella la emanación de quien ha vivido largamente. desde anteayer. FÉLIX. como quien avanza hacia su destino.) PEPITA. FÉLIX. abre la puerta y se dirige adentro.... En ella.—No la toque. sin cuello ni corbata. Yo. se sobrecoge. avanza en una actitud ausente. Quedan solos en escena.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás Su inocencia absoluta está llena de absoluta sabiduría. PEPITA. se dirige al sillón que ocupó antes LEONARDO.. y hablar. (Suavemente inclina hacia atrás a CORAL..—¿Quién se ríe? ¿Quién se ríe? ¡Pedro! (PEDRO aparece en el foro. y verla sugiere una sensación primaveral. al lado. luego reacciona.? TELÓN Página 18 de 45 ....) ¡Por Dios. Con los ojos abiertos y la mirada lejana. en el semidespeinado de quien acaba de abandonar el lecho. que iba a desnudarme. entra PEPITA. CORAL sigue inmóvil y ausente. En la otra casa se marchó a la calle dos veces.. Se ha emborrachado.. Es profundamente natural. Luego se queda quebrantadísima... CORAL viste un salto de cama... pero angustiosamente. CORAL está tan linda y brota de ella tal fascinación. Se ha pasado por el balcón corrido. se da cuenta exacta de la situación y avanza a su vez. FÉLIX.... en el sillón... FÉLIX. Cierra tras sí y se apoya en la puerta con un gesto de descanso. ¡Dios mío! Hacía tiempo que no le daba ningún ataque. se sienta y se queda inmóvil. Voy a buscar el frasquito de sales.) FÉLIX.—(Entre dientes. no la despierte! FÉLIX. entra FÉLIX en la situación agitada en que se fue. sencillamente.. entonces. como las flores y como las plantas... Pero en el mismo instante descubre la presencia de CORAL y sofoca un grito.. y va hacia el foro.—Vivimos aquí. la oía agitarse en sueños. Y repetir un nombre: Félix..— ¡Somnámbula! PEPITA. igual que una planta o que una flor. desolada y alarmada. de una ojeada.

Pero. esto es. En la izquierda también. que es quien entra primero.. y la puerta grande con forillo de pasillo. Apenas han transcurrido unos instantes desde que acabó el acto anterior. Hay un instante de pausa. aunque. y cierra los ojos. La distribución es. sillones y un diván. En primer término. varían diametralmente los muebles y el atrezzo. la delicadeza y la poesía impremeditadas que ella emana también. todavía un poco vacilante. Lámparas en las paredes. previéndolo.. un velero en miniatura. inversa. el trazado arquitectónico y los detalles murales son exactos al decorado del acto primero. llega a hacer ademán de sujetarla. Y. Junto a la mesa. igual que su dueña.—(Con el tono de siempre. en el piso de al lado eran marcadamente masculinos y aquí responden en todo a una feminidad absoluta: todo es delicado y frágil. y así. (Se sienta en uno de los sillones.—Sí.) Sí. que no hiciera ruido. siempre oprimiéndose las sienes con los dedos. CORAL EMPIEZA LA ACCIÓN CORAL. no hace mucho.. No parecían humanas..—Su doncella la siguió hasta mi casa cuando entró usted dormida. sino en el foro izquierda. oprimiéndose las sienes con los dedos. un poco hacia la derecha. ¿Verdad? FÉLIX. pared por medio. CORAL.. cerca de la pared. donde se ven varios tomos encuadernados en telas de color.) Página 19 de 45 . eso me despeja. que. evoca épocas pasadas y mares remotos. Me explicó lo que le sucedía a usted.—Y me encargó mucho que no la llamara. por tanto.. a buscar un frasquito de sales. la puerta que lleva a las habitaciones interiores se halla en el lateral contrario de antes. Al ver a ésta y a FÉLIX se detiene. con la estancia en que ha transcurrido el primer acto. detrás.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás ACTO SEGUNDO La habitación que en el piso de al lado corresponde. pero ella reacciona. no se halla en el foro derecha. CORAL. (Sigue avanzando.. en dirección al foro. Al levantarse el telón.) FÉLIX. un reloj moderno. en la derecha. FÉLIX. se detiene un momento al lado del balcón.—Yo he oído reír en algún otro sitio. un pequeño escritorio abierto y dejando ver papeles y cartas a medio escribir. Muchas gracias. CORAL. las luces están encendidas y el balcón abierto de par en par. en cambio. Ya estoy bien. naturalmente. de níquel y cristal. De igual modo. FÉLIX adelanta un paso hacia ella. no es nada. dejando entrever su preocupación y su sobresalto. ¿Dónde he oído yo reír así? (Por la derecha entra PEPITA. de altos y esbeltos mástiles. CORAL ha vuelto en sí. según se ha dicho. sorprendida. y sobre ella.—(Hablando sin expresión.—¿Eh? CORAL.) Pero me despertaron aquellas risas. Luego volvió aquí. Por lo demás. y todo emana la voluptuosidad. y FÉLIX. con una pequeña péndola que se agita incesantemente. Sobre el escritorio.—¿Se siente usted mejor? CORAL. y FÉLIX entran por el balcón en la misma situación en que se hallaban en el acto anterior. el balcón. de aquella misma manera. que en el acto anterior se hallaba en el foro izquierda.) FÉLIX. Parece que CORAL va a caer. exacto al que ya ha aparecido. llevando en la mano un frasquito y la capa correspondiente al salto de cama de CORAL... aquí se abre en el foro derecha.—No es nada.. una mesita librería. y FÉLIX. lo mismo que antes. Hay flores en un gran cacharro y peces en un pequeño acuario que se alza en la izquierda.

(Va hacia CORAL y se la pone.) CORAL.—¿Nunca? CORAL. Déjame. FÉLIX... PEPITA..) Es medianoche..) ¿Dónde? CORAL . Había tres hombres en una habitación. El que se reía igual que se reían antes en casa de usted..Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás PEPITA.... No sé.—(Mirando a un punto fijamente y repitiendo como un eco. tapándose los ojos con las manos.—(Haciendo un nuevo esfuerzo sobre sí misma..—No.—No..—Pero ¿sin ayudarla a.) parecida a la casa de usted. Nada. FÉLIX.. (Reaccionando. Buenas noches.? FÉLIX. FÉLIX.. CORAL habla entonces en el tono inexpresivo de siempre como si se dirigiese a sí misma.. ¿señor. FÉLIX. Pero era el que se reía.) Sí. Estas crisis me dejan muy quebrantada.. PEPITA. Pepita. Le supongo muy acostumbrado a la esgrima de la seducción.. FÉLIX. Y.—(Volviéndose otra vez junto a CORAL. Esta noche..—En sueños. PEPITA.—¿Decía usted algo? CORAL.) No lo sé.. no tengo el dominio de mí misma.. y. CORAL queda nuevamente ensimismada en su sillón. Pero (Separándose las manos del rostro.—(Deteniéndose. PEPITA. joven.. ¿Quién? (Después de una pausa.. (Hace una pausa. no.—¡Ah! Llevaba las sales..) La hora del diablo. Su rostro estaba en la sombra. con ánimo de irse por el balcón.. me voy. Déjame.—Félix de Unzueta..—Póngase la señorita la capa.. Al oírla.) No. Acuéstate.) Sí.—¿Cómo era el tercero? CORAL. (FÉLIX la mira fuertemente.) ¿Quién le ha dado a usted referencias mías? CORAL. (Una brevísima pausa. CORAL.) FÉLIX.—Ya sé dónde he oído reír como reían antes en casa de usted. CORAL..—Nunca le había ocurrido.—(Sencillamente..) Perdóneme usted.. No necesito nada. Y debí de soñar.) ¿Quién? (Pensativa.. PEPITA. estupefacta.? CORAL. Hay una pausa..) nada de esto le importa a usted seguramente.. (Avanza hacia el foro. CORAL. en este caso.. FÉLIX.) Pero tengo referencias suyas..—El que se reía. Otro. El tercero... FÉLIX se Página 20 de 45 .—(Cortándola. No dormí de un modo natural. (Con una transición.. como usted. Sé que por sus manos han pasado muchas mujeres.—No. FÉLIX.) Es verdad.) Sí.—Lo celebro de veras.—Me lo advirtió su doncella..—A mi casa..) Pero creo que ya estoy normal. Eso siempre viene después. Pepita.. (Vuelve a mirarlos y se va por la derecha.—Gracias.. Me dormí tarde: a más de las once.—Uno.—(Mirando alternativanente a CORAL y a FÉLIX...—(Cortándola nuevamente. Me he despertado sola.) ¿En sueños? CORAL.—Ya no hacen falta.—(Sin apartar las manos del rostro y siempre como si hablara consigo misma.) Félix. FÉLIX. y.? CORAL..—(Deteniéndose. secamente.—¿Somnámbula? CORAL. de más edad.—Sí. señorita. FÉLIX. y. Hay cosas en mi interior que no me explico. FÉLIX se vuelve hacia el foro. Nunca.) CORAL. CORAL. FÉLIX.—No lo recuerdo bien..—¿Quiere la señorita que.. No puedo explicarme. CORAL.. En circunstancias así. con un cierto temor por el misterio que se abre ante sí. Nada. Pero tengo referencias suyas.—(Cortándola.. CORAL.

. (CORAL adopta un tono amable.) Quiero decir. y pensando en cómo se verá desde lejos la Tierra.) Pero me parece que se ha puesto un poco nervioso. Firmemente. CORAL. CORAL. (Esto produce en FÉLIX vivísima impresión.—Sí.—(Resuelto.—Para poder concluir una batalla.) No.—¿Usted necesita saber?.—¿Para qué? FÉLIX. aunque con cierta timidez todavía. empezará el mío. Buenas noches. FÉLIX. (Observando unos momentos a FÉLIX y levantándose..) CORAL. FÉLIX. la cual comprende de pronto que FÉLIX no es un seductor corriente. (Sonriendo.) Pero yo necesito saber.—Azul.) FÉLIX. que son todas distintas. ¿no? FÉLIX.—Sí. ¿por qué tiene usted el miedo que tiene? Usted me tiene miedo a mí..) Pues ya son y cuarto. (Deteniendo la péndola del reloj. buenas tardes.) ¿Ve usted? Ya no es hora ninguna. cuando me quede sola volveré a mi terror. y crujieron los árboles.—¿Y si fuera verdad? CORAL.) Pero entonces. FÉLIX. en unos segundos.—¿A usted? CORAL. pero nuevamente le paralizan las palabras de CORAL.—Se va usted de aquí por miedo. (Intenta irse.) Es una frase hecha.—Pues más fácil que detener el sol es detener un reloj. (Yendo hacia el escritorio. y le lanza su acusación. Con sencillez.. CORAL.—Es medianoche. (Exaltándose por momentos.) CORAL.—Estuve un buen rato en el ventanal.. todo se llenó de nubes negras..) ¿Qué dice usted? CORAL. Estuve un rato en el ventanal de mi alcoba. ¡Será preciosa! FÉLIX.—Sí. yo le tengo miedo a lo inexplicable...) Pero yo le tengo miedo a cosas peores. a cosa torpe y poco limpia. ¿por qué quiere irse? Si necesita saber. pero consigue vencerse y se resuelve con absoluto aplomo y en tono de reto. que empezó a las siete en punto.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás encara con ella brevemente. el que la juzga como un peligro. y se detiene.—(Contestando casi sin proponérselo. no había indicio ninguno de tormenta. antes de acostarme..) ¡Es verdad! (Avanza un paso hacia él. FÉLIX. bruscamente. que no soy más que una muchacha. Todo lo que dijera le sonaría a usted a falso. a calculado. No puedo decir nada. ¿No se dio usted cuenta de lo que ocurrió? A las once y veinte el cielo estaba estrellado y limpio.—No digo nada.—¿El suyo? CORAL. pero el tiempo puede regir a nuestro antojo.. la atmósfera seca.) La Tierra. su miedo habrá desaparecido en absoluto. (Sombríamente. CORAL.. Esto duró un minuto Página 21 de 45 .— (Convencida ya de haber acertado. CORAL. ha concluido ya. y no se movía la rama de un árbol.) Sí. en el espacio.. y que no actúa en ese sentido. FÉLIX..—(Dominándose.) FÉLIX. Y si necesita saber. quizá de lejos sea preciosa. Sospecha lo que realmente pasa por el interior de FÉLIX: su deseo de irse..—Sí. y cuando se haya ido. Usted me tiene miedo a mí. y hubo unos relámpagos súbitos. ¿Y a qué hora se reciben las visitas en España? ¿A las siete? (Hace girar con los dedos las manecillas del reloj hasta ponerlas en las siete y cuarto.—Sí.) ¡Usted se va de aquí por miedo.—(Mirándole sorprendida... Y esta visita. tiene un color azul.—(Frunciendo el ceño.—¿Eh? CORAL. bamboleados por el viento y el agua.—(Otra vez atraído hacia ella contra su voluntad. FÉLIX.) ¿No hubo alguien que detuvo el sol? FÉLIX. FÉLIX. Y. mirando el color de las estrellas.—¿Por qué dice usted eso? CORAL.

CORAL. Como me da miedo la zozobra en que he pasado las primeras horas de esta noche. y el que usted haya venido a la mía. que ya conocía sin saber de qué.—(Con un soplo de voz. FÉLIX.) ¡Está seco! ¡No ha llovido! FÉLIX. uno de los cuales estaba en la sombra y se reía.—(Sobresaltado a pesar suyo. al mirar al exterior.. (Angustiada. FÉLIX. sujetando a FÉLIX.. Y descanse.) Página 22 de 45 .—Pues a mí me ha dado miedo. CORAL..) Y a mí me asusta como nunca estar con usted.) ¿No cree usted que hay alguien superior a nosotros y que está a nuestro alrededor? (La actitud de FÉLIX es de extraordinario abatimiento. y sus circunstancias.—Sí. en pie en el umbral del balcón. vuelta hacia la izquierda.) CORAL.—(Asustada. ¿también usted ve en todo eso algo sobrenatural? FÉLIX. Todo es natural.—¡Es verdad! FÉLIX.) ¡No ha habido tormenta!. Su zozobra. deja escapar un grito. dirigiéndose a FÉLIX en los breves instantes en que él permanece fuera de escena.—Yo le tengo miedo a todo eso y. nervios.. Usted ha sufrido una pesadilla con esa escena de los tres hombres.—La tormenta parecía sobrenatural. demudándole la cara.. otro sueño.. CORAL..—No. camino de su casa..Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás o dos. además.. Y las otras risas que la despertaron eran de mi criado..) ¡No ha llovido! (Anonadado también.. el ultimo descubrimiento produce casi igual impresión que en FÉLIX. o Satanás..—(Mirando a su vez al exterior.—¡Dios mío.) Pero si yo vi la tormenta.—¿El qué? CORAL.) ¿Qué? CORAL... En CORAL. hacia la izquierda. Ahora le tengo miedo a algo que siento y que está a nuestro alrededor y por encima de usted y de mí. La tormenta la soñó también.) ¿Y quién le dice que yo no le tenga miedo también a todo eso? CORAL. ¡He soñado la tormenta! Mire el suelo. que ha vuelto a aparecer en el balcón. (En voz más baja e insinuante. de resignación y de temor condensado ya aposado en el fondo de su alma. y CORAL.. y su nombre. De día desaparecen todos los terrores. y mi sueño.) Se producen tormentas eléctricas que duran lo que un parpadeo.) ¡No! ¡No! ¡No hay nada sobrenatural! CORAL. Su somnambulismo es un fenómeno frecuente en usted.... Y la tormenta. (Se zafa de ella y desaparece rápidamente en el balcón.) ¿Qué le ocurre? CORAL.) CORAL.. FÉLIX. no! Escuche.—(Sugestionado por el tono de CORAL y descubriendo sus verdaderos pensamientos. no. ¿Qué quiere decir todo esto? (Con una energía nueva en ella. y todo concluyó después como había empezado: en un instante. Pasaremos la noche charlando..) ¡Dios mío! Me asusta como nunca quedarme sola. Si yo la sentí. una mezcla de abatimiento. CORAL. angustiada. (La idea de la intervención diabólica en aquellos acontecimientos se aferra más que nunca a su espíritu..—¡Ni eso! Todo lo ocurrido es absolutamente natural. y las riñas que he oído por dos veces. FÉLIX.—(Reaccionando y rechazando las palabras de CORAL y a CORAL misma. apretándole las manos. sigue hablando. al Destino. procedente de la izquierda.) Fue como una de esas tormentas que se leen en la Historia Sagrada cuando a alguien se le aparece Dios.) ¿Es posible una tormenta así? FÉLIX. Tranquilícese. (Señala hacia la calle. (Han ido juntos hasta el balcón.. (Encarándose con FÉLIX. y el haber pasado dormida a casa de usted..—(Como en un delirio.—(Que la ha oído impresionadísimo.) Entonces.—¿Eh? FÉLIX. porque me pareció inexplicable.. es verdad Tiene usted razón.... Disimulando su agitación.—¿Ni la tormenta? FÉLIX.—¡No. Su miedo se hace más sólido.

—(Después de una pausa.—Pero puede usted entrar por la puerta. usted.—(Moviendo negativamente la cabeza. tenuemente. ése era. CORAL.) A la escalera. y un amigo que me acompañaba..—(Estupefacta) ¿Usted? (Estremecida.—Sí.) La voluntad de uno no es nada frente a esa voluntad superior.—Yo era uno de esos tres hombres.. que no ha habido esta noche tal tormenta.—¿Y qué es lo que le ha convencido? FÉLIX.—Pues llame a la puerta.—(Resolviéndose a confesarlo todo.—¿Se la han quitado? FÉLIX. con la satisfacción de que FÉLIX no se irá ya de allí en un largo rato. también. Bien lo compruebo ahora. primero.. que se había emborrachado.—¡Dios mío! Me lo pareció desde que le vi entrar. acabando la frase. ¡inexorablemente! CORAL.—¿Quién ha cerrado? FÉLIX. durante este pasaje del diálogo. bebiendo las palabras de éste. ¿ha sido quien ha provocado el tener que quedarse en contra de su propia voluntad? FÉLIX..—¿La ha vivido usted? FÉLIX.—El otro hombre era mi amigo.—Se la di yo mismo a mi criado antes de entrar aquí. hace media hora. ¿le vieron? Página 23 de 45 . se le adivina. CORAL..—No hace falta verle.) No.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás FÉLIX. a quien asusta quedarse aquí conmigo. Ahora estoy convencido de ello... mandándole que se llevase inmediatamente de allí a su novia. CORAL.) Escuche usted.. CORAL. va deslizándose. y si el descubrir. CORAL. el que se reía. Yo he visto también esa tormenta de antes. porque no tengo llave.. CORAL.—Hay. que acabamos de descubrir que no ha existido nunca.—Casi lo he creído desde el primer momento... esa escena de los tres hombres que usted ha visto en sueños. (Da unos pasos. hasta quedar.) Luego ¿le vio usted? CORAL.—(Acercándose a él y apoyándose en el sillón en que se ha sentado. y se sienta. su criado le abrirá y. con los ojos muy abiertos. FÉLIX. precisamente usted. CORAL.—¿Eh? FÉLIX. de rodillas.. con ademán vencido.— (Sonriendo. CORAL. cogiéndole las manos rudamente.) Sí.) ¿Qué quiere usted decir? ¿Qué otro misterio hay en esas palabras? FÉLIX. CORAL.el diablo. Yo he visto estallar la tormenta con mis propios ojos. CORAL.—(Con voz sorda.—¿De que obedecemos a una influencia superior y extraña? FÉLIX.—Mi administrador y mi criado no la vieron. y luego.. como hemos descubierto. CORAL.—(Alterado.. que he vivido personalmente. FÉLIX. a mí me ha paralizado de angustia el corazón. (Una pausa. CORAL.. Y comprobarlo me demuestra que estoy en marcha hacia un destino adverso.—(Con un susurro. Mi criado no está en casa.—El que no puedo entrar en mi casa.) .—El balcón está cerrado por dentro.) Sería inútil. aquel cuya cara no percibió usted porque estaba en la sombra. pero yo sí. CORAL. FÉLIX.—¿Más? FÉLIX. Por eso le di la llave: para que pudiese entrar al volver.) ¿Usted también la ha visto? FÉLIX. Yo mismo...—Mi criado. creyendo que yo me había retirado ya a mi cuarto. tiene orden de cerrar todas las noches. Pero la mano que ha cerrado es lo de menos. con la mirada clavada en un punto fijo del espacio. en uno de los sillones. también.) Entonces.) Pero hay más. sentada sobre sus piernas al pie del sillón de FÉLIX. Y el tercero... FÉLIX. con las persianas del balcón corridas. saliendo por aquí (Señala a la derecha. CORAL. Ustedes mismos. le he obligado a salir. a usted la ha asustado...

—Que la enamoraría derrotando a un rival.. me aterra.. porque Él hace el Destino. Y al dar las doce corrí a las puertas y las cerré para que esa mujer no entrase. FÉLIX. CORAL. lúgubremente. CORAL. CORAL. como quien ha encontrado una verdad feliz.. y ella a mí.) ¡Pero es horrible! FÉLIX.... FÉLIX. en plena dicha.) Pero.—(Levantándose. (Continuando su confesión.) Por nada.) ¡Pues no quiero! ¡No quiero! FÉLIX.. Y por correr a interceptar la entrada de las puertas. Pero ¿soy yo acaso esa mujer? ¿Puede usted suponer que lo sea? FÉLIX. a las doce en punto.) ¿Habló usted con él? FÉLIX. que se me ha advertido de antemano.. (Curiosa.—¿Mi amigo? (Molesto. CORAL. al sentir que aquella mujer es ella misma.—(Con el rostro ensombrecido. provocada por mí mismo..) ¡Oh! Tampoco yo quiero. deseando que aquello no sea el final de la profecía. no sé. sino de Dios. y ¡ya ve usted! CORAL.—(Con el rostro iluminado. después de haber hecho un destino inevitable.) ¡No! (Mirándola fijamente. no hace falta verle: se le adivina. Era la primer cosa que sucedía. no! Es obra de Dios. y la maldad del diablo lo descubre.—(Mirando al suelo.—(Sencillamente...—(Deslumbrada de pronto.) ¡A un rival! (Súbitamente curiosa. Aplazó un año el hacerme la última advertencia. como al fin advirtió su instinto. y ese destino. es horrible.—(Encantada de ese rasgo romántico del Destino. pesaroso ya de haberle hablado de RAMÓN. y que yo la enamoraría a ella. que no parece obra del diablo.—(Sonriendo amargamente. al querer evitarla.—(Alzándose de hombros.) ¡Es hermosísimo! FÉLIX. Sí. CORAL.) Pero ¿luego?. ¿Luego?. Pero eso ¿qué importa? FÉLIX.) ¿Por qué piensa usted que mi amigo? CORAL.. es obra de Dios.. CORAL.—Por eso yo tenía miedo de quedarme aquí con usted..—(Soltándola Las Cinco Advertencias De Satanás y bajando la cabeza. es el Destino.—(Asombrada.) Pero ¿qué más? ¿Qué más le advirtió? FÉLIX. CORAL. CORAL... más me arrepentiría. momentos después de que él se marchase. CORAL.—Que me arrepentiría de mi amor.) Yo no quería llegar ni siquiera a este principio..—Sí.—¿Quizá su amigo? FÉLIX.—(Ansiosamente. porque usted es mi destino.—¡No quiero que llegue usted a ese final! FÉLIX.—Y me advirtió lo que nos acaba de suceder.Enrique Jardiel Poncela FÉLIX.. CORAL. Todavía sonaban campanadas de la medianoche cuando usted dejaba ya sus huellas de sueño en mis alfombras.) ¡No es obra del diablo.) Pero. a sabiendas de que no podemos evitarlo.) No.—(Resplandeciente.—(Ensimismada. FÉLIX..—¿Eh? Página 24 de 45 .—¡No! FÉLIX.. olvidé que quedaba franca la entrada del balcón.—Luego. No me advirtió el final. y otras cosas que sucederán. CORAL.. yo buscaría al rival derrotado y abandonaría en sus brazos aquella mujer.—Y que tres meses más tarde. hablé con él.) Es todo tan bonito.) ¿Y quién será ese rival? FÉLIX. Me advirtió que otra mujer aún se cruzaría en mi camino.—No.—¿Quién había de ser si no? Él dijo que yo conocería a esa mujer en mi propia casa.) No lo sé. después de una pausa. y que yo provocaré precisamente al querer evitarlas. Sólo que su misericordia infinita. lo oculta.—Sí. Que cuanto más feliz la hiciese yo a ella y ella a mí. además.. ¿No es verdad que es horrible? CORAL. no.

. Me he construído un universo para mí sola. me gusta encender fuego en la chimenea de mi cuarto y mirar las llamas. CORAL.. como una escuadra. o piando. vivo sola. pero con otros colores de los que tienen.. de abrirla. FÉLIX. o maullando. no intentando evitarlos. jugando al tenis. me gusta pensar en que voy a recibir una carta de no sé quién.) En cambio. pienso en viajes imposibles. Mi madre era actriz. Y aquí hago lo que me gusta. ¿No es el ideal de una mujer encontrar un hombre que exprese lo que ella no sabe decir? FÉLIX. En un velero me hubiera gustado recorrer el mundo.) Los observo horas enteras..—¿Vive usted sola? CORAL. porque están. ¡Y es tan desagradable vivir con un bicho que opina! Por eso no he querido casarme. CORAL.. Pero navegar en transatlánticos no es navegar..) En cambio.—Sí. dejándome rica y en poder de un tutor indiferente. Del mar se desprende un ensueño.—Conocido Las Cinco Advertencias De Satanás o no. Pero quizá recorrer el mundo es perder el interés por él.. pero yo no sé expresarme. O quizá es que entre en mis ascendientes hubo algún marino (Sonriendo. Olvídelo. pues ya sabe usted que en los grandes transatlánticos no se marea nadie. navegar en un velero habla al alma de muchas cosas. los peces son silenciosos.. vivo con seis peces.. yendo al cine por las tardes y saliendo de un salón para entrar en otro? En los doce días de mi último viaje por mar no vi más agua que la del cuarto de baño. espoleada por la impaciencia de cogerla. Déjese usted arrastrar. el Destino va a arrastrarle.—¿Por qué imposibles? ¿No es usted rica? CORAL. a lo único que no le tengo miedo es al Destino. Acariciando el barquito de la mesa. prefiero refugiarme en casa. Me gustan las cajas de música. y me gusta el silencio.—Eso he querido decir. (Retirándose del acuario... FÉLIX.. (Contemplándolos. aún entro Página 25 de 45 . (Ríe.—Y libre. y me gusta cerrar el libro e imaginarme yo el final.) por lo mismo. (Alegremente. No haga nada para evitarlo. Además.. no se producen. pero a condición de que estén a gusto y en su elemento. FÉLIX. Días enteros he esperado esa carta. me gustan las flores. FÉLIX. y cada milla recorrida debe de ser como un descubrimiento.—¡Tantas cosas!.) ¡Justamente! (Vuelve a reír.) Se pasan el día haciendo evoluciones en el agua. A veces vuelvo a casa rápidamente.. correctos y llenos de dignidad..—¿Y qué es lo que le gusta a usted? CORAL. a excepción del capitán. de leerla. FÉLIX.. Casi desde niña. CORAL. naturalmente...Enrique Jardiel Poncela CORAL. enviada no sé de dónde. ¡Y tan opuestas!. seductora).—Sí.. ladrando. todos los bichos domésticos opinan. Es decir (Riendo. como el pez en el agua. y diciendo no sé el qué. ¿No está seguro de provocar los hechos precisamente al quererlos evitar? Pues no intente evitarlo..) Imíteme a mí. desde que murieron mis padres.) o algún buzo. llamo al timbre con el corazón palpitante. y pregunto: «¿No ha habido una carta?» Cuando la doncella me dice que no.—Nadie. Contemplándolo. No queda en los transatlánticos ni siquiera la sensación del temor al mareo. bailando. CORAL. El único atractivo de las cosas y de las personas es no conocerlas. Y sólo los peces pueden estar en su elemento al lado de uno.—Sin duda.—(Riendo. (Señala hacia el acuario... A lo mejor (Sonriendo. Subo febril en el ascensor. aunque con mucha más dulzura que una escuadra. me gusta leer..).—Por todo eso. Yo. Compré este barco (Señalando al que hay sobre la mesita. FÉLIX.—Pero usted es joven..—¿Con seis peces? CORAL.. Mírelos. y ambos se apoyan en él.. Me gusta tener bichos a mi lado.—Sí. FÉLIX.. y ¿qué hay de ensueño en viajar con hora fija. Y he hecho semanas enteras de navegación.—Seguramente. Todo lo que procede del mar me fascina.) Debe de ser porque nací en una travesía a América..

Y al convencerme de que tampoco aquel día ha llegado la carta..) La vida hace perder la experiencia.. creo que de niños lo sabemos todo. ¡me siento tan feliz!. sí. que al crecer vamos olvidando. ¿Cómo sabe usted eso? ¿Cómo sabe todo lo que sabe si no ha tenido tiempo de aprenderlo aún? CORAL.) Porque si los viejos poseyeran verdadera experiencia de la vida.. me echo en uno de estos sillones... no le tendrían el miedo que le tienen a morirse. Lentamente. y ahora. CORAL. me gusta callejear envuelta en un impermeable y sintiendo la humedad en la cara y en el pelo.. sí. Y la vejez ya se ve que se soporta aún con mayor facilidad.. que los agobia.. (Con tono de confesión. cuanto más jóvenes. en tanto.. Y cuando llueve o hay niebla.—Casi todo.—(Ligeramente... alegremente. Su destino de que esa mujer sea yo. fácilmente. pero sé muchas cosas sin saberlas realmente. FÉLIX.. Y. con curiosidad fascinada.. esa carta anhelada..—¿Por qué? CORAL.) Y también me gusta tocar terciopelo. FÉLIX. (Cambiando de tono.) Porque ese Destino.) También me gusta ver las puestas de sol en el campo. Pero. Lo cierto es que los viejos han perdido con los años la experiencia del vivir..—¿El qué? CORAL. quizá no vuelva a echarme en un sillón ni a cerrar los ojos.—(Deslizándose ya por el plano inclinado del interés personal que de CORAL se desprende. y por eso se aferran a la vida.—No podría decirlo. con su amarga experiencia de la vida. y los escaparates en la ciudad.. de un modo inexorable. con más furia odian la vida.. ¿Por qué pesa más la juventud que la vejez? FÉLIX. ¡Me hace tan feliz! FÉLIX. de la que ambos vamos a depender. a mí me parece divino. y la vejez está Página 26 de 45 .Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás mirando si la carta no estaría encima de un mueble esperándome..) Probablemente. por la tarde. sin duda. arrodillándose nuevamente a los pies de FÉLIX.) Su destino de encontrar una mujer a la que va a enamorar y de la que va a enamorarse. Dios mío! ¿Por qué pesa tanto la juventud. Me hace feliz la fatalidad.—(Riendo... seductoramente..) Su destino.—(Condensando lo que ella quiere decir... (Nueva pausa. FÉLIX. cincuenta años de vida. Es mi única cualidad. al que yo estoy ligada y que a usted le parece diabólico... voluptuosamente... precisamente cuando usted intente evitarlo. muchos días me refugio aquí... Y. Me hace feliz todo lo que va a suceder.—¡Exacto! Es lo contrario de lo que dice todo el mundo.) Porque la juventud está llena de ilusiones y de deseos. los jóvenes. Pero diecisiete años de vida. (Cambiando de tono de nuevo.) Nunca están de acuerdo el hombre y la mujer.—A ratos. a partir de hoy. CORAL.—Porque eso lo hago en plena melancolía. por el contrario. y que de viejos ya no sabemos nada. Cuarenta años... conducir el coche por una carretera bordeada de árboles frondosos. que hay jóvenes que no pueden resistirla? ¿No ha observado usted que el suicidio es más frecuente en la juventud que en la vejez? Los jóvenes. y dulcemente. para darle otro giro al diálogo. y darme polvos con una borla de plumas. ¿no es una mujer y un hombre que no están de acuerdo? FÉLIX.. Por lo demás.. se resisten..—¿Todo? CORAL.—(Después de mirarla fijamente.. Al anochecer. FÉLIX. se sienten atraídos por la muerte. (Cambiando de tono otra vez.—(Después de una pausa..) Y aún hay otra cosa que me gusta sobre todas. FÉLIX. Hasta hoy había encontrado un placer en estar triste. es como si me arrancasen un pedazo de vida.—Pero el amor. cierro los ojos y vivo todo lo que quisiera vivir. ¡cómo pesan.) ¿Usted se siente atraída por la muerte? CORAL. pero ¡qué exacto! (Con absoluta naturalidad.

la aventura. CORAL.) Oírle a usted me hace cada vez más feliz. y diciéndome: «Aquí estoy.. yo soy. Con desfallecimiento. Y cada día que pasa sin satisfacer un deseo o una ilusión. en un sillón. feliz de creer que llenaba todas mis ansias.—(De un modo lóbrego. muchas.—Pero usted empieza a vivir.. adivinado.—(Resplandeciente.) Página 27 de 45 .) ¿El qué? FÉLIX.. tenía que venir de sus manos.—Yo no tengo pasado.) Algo más.. que no he realizado porque usted tenía que ser mi compañero en esos viajes. justo!. se nos niega o se nos regatea en plena juventud. es la desgracia.—¿Qué les ha exigido usted a las mujeres para llegar a amarlas? FÉLIX. por el ansia de verle. Varias noches. y he cerrado los ojos. todo lo maravilloso.) ¿Eso es lo último que usted le exigiría a una mujer para amarla? FÉLIX. enviada por no sé quién y diciendo no sé el qué. Sugestionándole para que hable. (Ocultando el rostro entra las manos.—Alguna vez creí encontrar esa mujer capaz de ser querida. muchas tardes. puede ser la dicha. yo lloraba lo irremediable.. sobre todo. CORAL. el amor. Para usted.—Pero admiten que uno les transmita el propio calor.—(Inductivamante. CORAL. creí encontrarla.—Mi vida y mi fortuna no me han servido más que para comprobarlo. usted reinaba ya.—(Después de una pausa.—Pero las joyas son frías. uno quisiera todo para sí. ¿Por qué no se nos da entonces. FÉLIX. Y esa carta que he esperado tantos días.—¿De querer? FÉLIX.) Oír eso a las gentes es lo que más me hace temblar. escrita por usted.—¿Eh? CORAL. que es cuando podemos disfrutarlo y recrearnos en ello? Sin el éxito. porque cuando me miro por dentro. FÉLIX. saliendo de la sugestión de ella.) No.) El no ser yo el primero que la había despertado al amor.. Porque a las mujeres el pasado de un hombre les sirve de garantía. pero a los hombres el pasado de una mujer nos sirve de desesperación. no conocido. lo juvenil y lo perfumado de la vida. CORAL. y brillantez. sin el amor.—(Dulcemente.. porque comprende que es el momento de gozarlo todo.—(Sombríamente. ¿Lo ha comprobado usted en sí mismo? FÉLIX.» FÉLIX.—(Reaccionando. FÉLIX. no encuentro en mí más que ilusión y deseo.) ¿Y nada más le hubiera usted exigido a una mujer para amarla? FÉLIX. CORAL. cuando aquella mujer dormía ya. CORAL. remitida no sé de dónde. (Una pausa. y luz. Para mí. En la juventud. Mi pasado es mi imaginación. y te quiero.—Sensibilidad y seducción.—¡Justo. Y es que el pasado de una mujer es siempre el primer amante. Mucho de lo que se les exige a las joyas. Y en mi imaginación. el amor. sin conocerle. levantándose y rechazándola.. hace años. algo más.—¡Pero usted no está viejo! FÉLIX. He soñado viajes imposibles.—¿Y ha visto usted cumplidos sus deseos? ¿Ha satisfecho usted sus ilusiones? FÉLIX. CORAL.—De no haber querido. El éxito.) Una vez.—Peor: estoy cansado.. CORAL. es como un día maldito. CORAL. Me he echado aquí. (Con profunda gravedad. y yo concluyo.—(Haciendo cada vez más profunda e intensa la intimidad entre los dos. el amor.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás absolutamente vacía. Tenuemente.) Sí. CORAL. CORAL..—Eso. ¿para qué quiere uno la juventud? ¿Cómo han de conformarse los nervios de un joven con el deseo y la ilusión por único consuelo? El peso de las ilusiones y de los deseos es insoportable. Entusiasmada.

y no me extrañaría que te hubiese oído también el sereno.—Sí.. el que usted me haya descubierto su alma y yo la mía.) RAMÓN.) Y ¿cómo te has enterado de que estaba yo aquí? ¿Cómo? RAMÓN.) ¿Eh? PEDRO.) ¿Es que no le importo? FÉLIX. ¡no! CORAL.—Sí. RAMÓN.—Que la enamoraría a usted. y. ¿Recuerda usted la segunda advertencia de Satanás? FÉLIX.. en brazos de otro!.—(Avanzando y quitándose el abrigo.—No sea niño.. aparece RAMÓN.. ¡Y eso..? Página 28 de 45 .. pero yo estaba demasiado interesado en el final de la aventura para irme a dormir a las doce de la noche. Soy el rival. CORAL.. no!»..—¿Por qué no? (Avanza hacia él. sonriendo. Me llamo Ramón Orellana..—Pero.. (Se va de nuevo por el balcón hacia la izquierda. FÉLIX. al volver tu criado de llevar a su novia. Para ello hubiera hecho falta que ese rival viniese aquí. vencido.—Por ti mismo. para apartármelo yo mismo de delante? ¿Que soporte el suplicio de una pasión para tener que soportar el otro suplicio... Eres listísimo.—Y hasta ahora no ha tenido usted que derrotar rival ninguno. RAMÓN avanza hacia CORAL. hace treinta y tres años que me acuesto a las dos de la tarde.—Porque me importa y porque me parece una criatura maravillosa.) Señorita. y ahora. ¿Tengo yo la culpa de que hables alto? (FÉLIX. reverente. contando que. no! CORAL.—Hace un momento hablabas tan alto.—¿El amigo de.) ¿Ve usted? Está celoso.. que hemos oído tu voz desde ahí al lado. CORAL.—(Inclinándose. riendo.—(Dando un paso hacia él.).) Decía que buenas noches. (Se inclina y le besa la mano. te hemos buscado por toda la casa.—¿Que no se ha cumplido todo? CORAL.) Buenas noches. señorito.. como sabes. por el balcón procedente de la izquierda.. Con sorpresa la primera y con rabia el segundo. Todo se ha cumplido contra mi voluntad y provocado por mí mismo al querer evitarlo. (En tal instante. PEDRO. Todo no se ha cumplido. el que hayamos tenido esta conversación. desolada.. ¿No le ha explicado a usted Félix que soy el rival? Permítame que me presente.—Sí. Y darías una nueva prueba de ello largándote ahora mismo. CORAL y FÉLIX. ¿Por qué había de cumplirse el resto? FÉLIX... no! ¡Eso..—Que me enamoraría derrotando a un rival.) ¿Que después de toda una vida gastada en buscar el amor. lo encuentre. porque me echaste a la calle (A FÉLIX.) RAMÓN.) ¡Está celoso! FÉLIX. señorita.—¡Por mí mismo! RAMÓN. FÉLIX.. de renunciar a ella? Todo se ha cumplido hasta ahora: el conocerla a usted esta noche a la hora fijada.—¿Ha olvidado usted lo que me ha sido advertido? ¿Qué quiere usted? (Con rabia. gritando: «¡Eso.. cuando más la amase. Quedé rondando la calle.—¡No te rías! RAMÓN.. he subido con él.—(A CORAL.—(A RAMÓN) Bien le decía yo al señorito que era aquí donde sonaba la voz del señor. FÉLIX...—No. Sentiría molestar.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás ¡No! ¡No! CORAL..) CORAL. porque ése (Por FÉLIX) no me presentaría nunca. y seguido de PEDRO. no! ¡Eso.. ¡También se cumpliría el resto! ¡También acabaría por precipitar a usted. se vuelve lentamente de espaldas y de nuevo se deja caer en un sillón. Satanás me ha dado a mí también un papel en el conflicto.. (Riendo. descompuesto.—(Al mismo tiempo. aún más espantoso. FÉLIX.

..—(Sentado en el sillón. Y desde hoy su rival...) ¡Tiene una risa muy simpática!. Y usted (Mirándola a los ojos fijamente.) no debe apartarse ni un momento del lado de Félix.. se cubre el rostro con las manos...) De ningún modo. (Vuelve a reír y.. (Inicia el mutis por la derecha.) CORAL....—Sin duda. riendo.Enrique Jardiel Poncela RAMÓN.—(Sonriendo.—(Conteniéndola. Tengo un olfato especial para averiguar dónde se guardan los vinos en las casas. (Yendo hacia la derecha. donde vuelve a oírse reír a RAMÓN. Una pausa. Las Cinco Advertencias De Satanás El amigo de Félix. mira hacia adentro. ¿y no era natural que pasase aquí a celebrar el nombramiento.. se va por la derecha. TELÓN Página 29 de 45 . será de mi lado de donde no deberá usted apartarse nunca. y voy a buscar con qué brindar.) Dentro de tres meses.) Dentro de tres meses.—Sí. su ayudante sentimental hasta ahora.) Es el primer cargo oficial que he disfrutado. por ahora.. si todas las advertencias se cumplen. brindando con algo? CORAL. (Vuelve a reír. con energía.. CORAL va hacia la puerta de la derecha y apoyándose en ella. ¡No faltaba más! Yo iré. FÉLIX..) RAMÓN.

Al levantarse el telón. RAMÓN. me prueba mejor la vida de hotel que la Costa Azul. del que ya queda dicho que sólo se ve un trozo muy pequeño.—(Hablando hacia adentro.) acabando de arreglarse. un ventanal que cae sobre un jardín. algún cuadro o algún panneau pintado directamente en el muro. de los dos sectores en que la divisoria corta el escenario y que representan dos habitaciones distintas del Hotel. —es decir.—. tiene un aire frío e impersonal. guapísima y muy tostada por el sol. se trata de un hotel. unas gafas negras contra el sol. RAMÓN. PEDRO. Ahí dentro (Por la derecha. dos puertas. Pedro. se halla junto a la puerta del foro. hablando desde la derecha. del que se ven las altas palmeras. lámparas. (Se inclina y se marcha por el tercero Página 30 de 45 . hay un sillón y una mesita con libros. (A RAMÓN . el cual. porque. En el lateral derecha. una puerta que comunica los dos sectores escénicos.) ¡En seguida salgo! PEDRO. señorito. en escena.. señor. que se pierde en el lateral hacia la izquierda.. Pedro? PEDRO. En el foro. RAMÓN viste un traje claro. etc. partida. un teléfono. pero que.—(Dentro. RAMÓN.. Esto hace que en la izquierda sólo se vea un trocito de habitación y que la escena propiamente dicha esté constituida por el sector de la derecha. otro teléfono.. ¿te prueba la Costa Azul y la vida de hotel. la puerta de entrada con un número de bronce clavado por fuera en el batiente: el 5. «figura que va»— absolutamente desnuda por las razones que se sabrán más adelante. Esta puerta tiene un forillo que se pierde a derecha e izquierda y que representa el pasillo del hotel. señorito.—Tres meses. que se quita inmediatamente. bien visible. Es de día. y sobre ella. Junto a la pared de la divisoria. al fin y al cabo. (Va hacia la derecha y habla dirigiéndose adentro. Qué. Todo lo que de ella permite ver el abrigo —piernas.. SILVIA es una muchacha de unos veinticinco años.) Es Silvia. con muebles elegantes. El sector de la izquierda. y debajo del abrigo va. PEDRO.) ¡Hola. y en la mano. etc.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás ACTO TERCERO En un hotel de viajeros en Niza.—Sí. señorito. al comenzar el acto. Tanto en el sector izquierda cómo en el derecho. La escena. que constituye el lateral izquierda del sector derecho. que simulan conducir a otras habitaciones. sobrio. En la pared de la divisoria. un pasillo muellemente alfombrado. aparece desnudo.) En seguida sale el señor. unos gruesos guantes de automovilista. cerca de la pared divisoria.. ¿sabes? ¡Silvia Arnal! FÉLIX. En la derecha. SILVIA es la amiga nudista de quien habló RAMÓN en el primer acto.—Pues si he de decir la verdad al señorito.. y el último sol de la tarde entra con su esplendor dorado. el señorito Ramón y una señorita. es otra habitación semejante a la del sector derecho. RAMÓN y SILVIA avanzan dentro de la estancia. en primero y tercer términos. ¿Está tu amo? PEDRO. RAMÓN. Sillones. a pesar de su elegancia. escote. pues el hotel es de primer orden. SILVIA y PEDRO. pero muy irregularmente.—¡Magnífico! ¡Qué respuesta! Se siente uno orgulloso de tener discípulos como tú. EMPIEZA LA ACCIÓN RAMÓN. el sector de la izquierda es una quinta parte más pequeño que el sector de la derecha. y en el segundo término. Es un saloncito bien puesto.—Sí. esto es. Pedro!.—Se hace lo que se puede.—(Afectuosamente. se cubre con un abrigo de tarde y calza unos zapatos-sandalias rojos..) Señor. Para advertirlo definitivamente. de colores suaves.—¡Señorito! ¿Cómo sigue el señorito después de tanto tiempo sin ver al señorito? RAMÓN. nada más que tres meses.—Muy bien.

¿cómo se hace? RAMÓN.—Hace veinte días. FÉLIX. FÉLIX. Y la Dirección del Casino sigue siendo unos caballeros de chaqué. señor..—Ramón me ha hablado mucho. yo.—(Dentro. que no pude ver ningún poste indicador. como tú dices. FÉLIX.—¡Hombre! Si me la quitasen.—Pues precisamente las costumbres. El séquito se llevó el cadáver para enterrarlo a fin de mes en Calcuta. En realidad. que.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás derecha. RAMÓN.—¿Eh?. A Silvia le encanta todo esto. como sacerdotisa del nuevo culto. en varias ocasiones. los ganó. y entonces. y ha cogido las de un juez de primera instancia de Marsella.—(Dentro. apunto y me hincho.—(Dentro. uno de los agentes que persiguen el nudismo nos ha parado el coche y me ha dicho que o yo metía a Silvia en algún sitio a vestirse. y cayó muerto de la impresión. Con perfecta naturalidad. después de dar una vuelta en coche por Francia y Alemania.—Gano.—La ciudad sigue siendo una tarjeta postal en colores.) ¿Las costumbres de Silvia? Y ¿qué tienen que ver las. como siempre. Yo no acudo también porque no tengo ganas de ver visiones. afortunado en el juego».) Pero ¿y si te la quita alguien? RAMÓN.) FÉLIX. Desnuda. no le preocupan estas menudencias. junto con otros perturbados y perturbadas. He ido hoy.. con una flecha que indica la dirección del Casino.—El gusto es el mío.—(Cortándole.. ¡triplicaba un pleno! SILVIA.—(Con extrañeza.—(Dentro.—(Dentro. pero voy a buscarla todas las tardes.) Tanto gusto. La ganancia es infalible.—Es muy fácil: me llevo conmigo a Silvia. (Mirando a SILVIA escrupulosamente de arriba abajo.) No. se jugó veinte francos.) ¿Habrá imbécil? FÉLIX.? RAMÓN. SILVIA. FÉLIX.) ¿Desnuda? SILVIA.) ¿Está animado Montecarlo? RAMÓN. A Silvia.) ¿Conque usted es Silvia? (Inclinándose al darle la mano. FÉLIX. Pero la verdad es que sólo jugamos dos o tres.. llevábamos prisa.—(Dentro. en un campo nudista que hay en los alrededores de Cannes. empieza a timarse con todos los que brujulean por los salones. Ayer entró un rajá indio con su séquito.—(Dentro. (Yendo hacia SILVIA.—El verde de las mesas del Casino.—(Sonriendo de un modo angelical.) FÉLIX. Ahora vivimos en Mónaco.) ¿Pierdes? RAMÓN.—¿La ganancia? FÉLIX. Página 31 de 45 .. (Por el primero derecha entra FÉLIX con traje oscuro. FÉLIX. de usted y de sus costumbres.) ¿Qué es lo que más le gusta a usted de la Costa? SILVIA. automáticamente.) Se te puede decir delante de ella. que se esfuerzan porque la gente juegue. o él me desnudaba a mí también a porrazos.) Sí. RAMÓN. FÉLIX. aprovechando el refrán de «desgraciado en amores.—(Indignada. Silvia viene desnuda.—El azul del cielo de Montecarlo. porque había tanta niebla. de Silvia son las que nos han hecho venir a verte al saber que estabas aquí.—(Dentro. no estoy seguro de que hayamos estado en Alemania. Y cuando hemos querido volver desde aquí. porque a Silvia.) Y eso.) ¿Cuándo habéis llegado? (RAMÓN va hacia el primero derecha y habla hacia adentro. sí. Silvia ha equivocado el paquete de las ropas. Silvia se pasa la mayor parte del día. FÉLIX.—Ha sido una aventura idiota.) RAMÓN.—¡Listo! He pasado la tarde paseando y estaba impresentable.) ¿Y a ti? RAMÓN.. RAMÓN. pero es raro el día que no venimos un rato a Niza.

hombre. Página 32 de 45 . creo que le has hecho muy buena impresión.) Y con su permiso.—No te extrañen sus insinuaciones.—Pues has supuesto mal.—¡Ah! Entonces. lo hablo como don Honorato de Balzac.) Gracias.—(Secamente. Al quedar solos los dos hombres. si te gusta. Puede usted revolver a su gusto.) ¿Y qué haces en Niza? ¿Cómo no te has ido a. SILVIA. (Señalando a la derecha..) RAMÓN. solo. que eres rico..—Como tú quieras. SILVIA. PEDRO.) ¡La verdad! RAMÓN..—Robledo. (Mirando a FÉLIX suavemente. ¿Cómo no te has ido allí a dedicarte al misticismo? FÉLIX.—(Muy digno. Me convenció un doctor noruego a quien conocí en París. tercer término. RAMÓN..—No te canses. RAMÓN. Pero quizá pudiera arreglarme con alguna ropa de deporte de usted.—Solo. para aparecer frío y casi hostil. Si usted tuviera un vestido de mujer que me sirviera. Sabe. (Refiriéndose a SILVIA.) FÉLIX. FÉLIX. ¡Pedro! Por si acaso.. quitándomela de encima no harías sino corresponder a mis numerosos sacrificios..—¿Quién te ha dicho que yo estaba aquí? (Impetuosamente.. y al saber que usted se hospedaba. FÉLIX. (Después de una pausa.Enrique Jardiel Poncela SILVIA. porque estoy solo..—Mis secretos están a la vista del público. RAMÓN.—(Entrando por la derecha.—Como he supuesto que estarás acompañado.—De eso sí tengo ahí dentro. voy a ver si me sirve algo de lo que tiene usted por ahí. (Dándole unas palmaditas en el hombro.—(Sonriendo. Unos pantalones de tenis y un sweater..—¿No encontraré algún secreto? FÉLIX.—¡Qué suerte para el público! (Se va.—Para hacer una vida higiénica que beneficie a la salud..) ¡Acabemos.. Ramón! ¿Y tú? ¿A qué has venido tú aquí? RAMÓN.—Eso es: a Robledo.—Todo está en los armarios.—¿Eh? FÉLIX.) RAMÓN.. No creo que sea ya necesario advertir lo que beneficia a la salud hacer una vida higiénica. después de dirigir una larga mirada a FÉLIX.) ¡Probablemente! RAMÓN. Félix. allá. por si acaso.—¿Solo? ¿Solo. bueno.) Pero. (RAMÓN le interrumpe. a Rebollar o Rebollo.—Baja al comptoir y di de mi parte que estudien la manera de procurarnos cuanto antes un vestido de señora. RAMÓN se esfuerza por darle calor al diálogo.. por ejemplo. FÉLIX. SILVIA. sólo con Pedro.—¿Cuánto tiempo hace que practica usted el nudismo? SILVIA. RAMÓN.? FÉLIX.—¿Habla francés el criado? PEDRO.—A mí.) Señorita. hemos subido en busca de ayuda. a la provincia de Segovia. (Yendo hacia el primero derecha. FÉLIX. Después de todo. Es decir.. una vez que estuve enfermo.) ¡La pobrecilla está tan acostumbrada a timarse en los salones del Casino! Aparte de eso.) ¿Señor? FÉLIX. Están las tiendas cerradas. y la verdad es que tuve que esperar a reponerme para poderme ir al campo.. (Se va por el foro. no tienes más que decirlo. solo? FÉLIX. FÉLIX abandona el tono amable que tuvo ante SILVIA.. Estoy mejor solo.—Con descreídos no se hace nada..—La verdad. FÉLIX..—Así Las Cinco Advertencias De Satanás es que nos hemos refugiado en este hotel. RAMÓN..—(Rompiendo súbitamente. Te la cedo barata. la verdad: me lo ha dicho tu administrador..—Dos años. le diremos a Pedro que vaya a comprar un.. SILVIA. SILVIA. además.) FÉLIX a SILVIA. En fin: como estás solo.) Bueno. el médico me mandó al campo a reponerme.—Pues recurriremos a la Dirección del hotel. hay que tener una salud a prueba de bomba.

—¿Qué? FÉLIX. Alicia es su mujer ideal. RAMÓN.—Sí... Y estamos a doce de junio.Enrique Jardiel Poncela FÉLIX. paso por paso. me derrotarás al principio. ¡sino por la alegría frenética de pensar que iba a ser para mí en un corto plazo! FÉLIX. Yo.. me reí burlonamente. y por eso no he podido comprarle a Silvia un vestido. anonadado. inolvidable en que Alicia rechazó tu cheque.. Ha cerrado el comercio a mediodía.—No.. incrédulo. invitada por Isaac. Y de tal modo sigue siendo su mujer ideal. FÉLIX. Y en este mismo Las Cinco Advertencias De Satanás hotel. sábado. y.) «Sábado.—Perdona. continúa. Llegó anoche.—¡No! ¡No! RAMÓN. estamos a trece de junio.) El fracaso ha sido mutuo.) Félix. Inflexible. preocupado.—Precisamente.—(Duramente.) RAMÓN. siendo en realidad un romántico. sino mañana. Tú y yo somos tan semejantes. (En su tono superficial y zumbón de siempre... (En voz más baja. FÉLIX calla. coge un periódico que hay sobre ella y busca en él febrilmente la fecha. y se apoya en el respaldo del sillón con un gran aire de buena persona. para venir aquí hoy! ¡Precisamente hoy! RAMÓN. hoy hace justamente tres meses.. Es hoy. (Volviéndose a RAMÓN.. RAMÓN.—¡Vete! (Avanzando hacia él.) ¡Eso es lo que debía haber hecho! RAMÓN. y Alicia. ni oye siquiera el resto del párrafo. he vivido en pleno cinismo. pero ya no me reía por burla.—Isaac. creíste desde el primer momento.. romántico perdido en el fondo. y que.. FÉLIX.—Te vuelvo a rogar que te tranquilices...) ¿Y por qué no? ¿Porque tú la escondes? ¿Porque quieres que yo pierda su pista? (Creciéndose cada vez más.) Tienes razón...) ¿Trece? ¿Sábado? (Va a la mesita. una noche nos ocurre algo muy parecido a una pesadilla.—(Dominándose. Tú. Pero. que aún no ha conseguido que lo sea realmente.) ¡Entonces. reaccionando furiosamente.) Pero todo. pensativo.—¿Alicia está en Niza? RAMÓN..—¿Eh? FÉLIX. trece de junio». Leyéndola.—(A quien ha producido un visible efecto la alusión de RAMÓN a «aquella» noche..) ¡Vete. y el que tú. en vista de ello... en aquella noche.—Pero ¿qué te pasa? (Cogiéndole por los hombros. no ha habido más que una ambición: el amor. Esta semejanza nos ha llevado a hacer una vida todo lo idéntica que nos permitía la diferencia de fortunas. se sienta. Debo de estar loco. amenazador. y al conocerla a «ella» (Orgullosamente). de pronto.. (Hace una pausa. Ya sabes que.—(Víctima de una intensa agitación.) No es cuando se cumplen justamente los tres meses de «aquella» noche. Ramón! RAMÓN. y yo. el percance de Silvia lo has preparado tú mismo. Pero quizá hay motivos para estarlo. en la lucha. FÉLIX..) ¿Estás loco? ¿Qué es eso? FÉLIX. que apenas nos diferenciamos ligeramente en la abertura del ángulo facial...) ¡Ya veo que estás solo! ¡Ya veo que has tenido miedo de tener junto a ti a Coral el día en que se cumplían los tres meses de las advertencias! FÉLIX.—¿Isaac? RAMÓN. RAMÓN se dirige hacia FÉLIX. viernes. y se nos advierte la proximidad del amor. empezó a ocurrir tal como se advirtió.. la Página 33 de 45 .. dominándole y mirándole cara a cara. supersticioso... según éste descubrió. Absolutamente tranquilo. Fue el trece de marzo.—(A media voz. Tú has procedido siempre como un cínico. a lo largo de la vida. yo seguí riéndome. es todo mentira! ¡Entonces. FÉLIX. en él. Pero en ti y en mí.—¡Es cierto que he separado a Coral de mi lado durante este tiempo! ¡Es cierto que quería despistarte! ¡Es cierto que he luchado y lucharé hasta el fin contra el Destino. y el que tres meses más tarde vas a entregarme con tus propias manos el tesoro. (Va a uno de los sillones..

Félix. FÉLIX. RAMÓN..—¡He dicho que basta.. físicamente.. Ramón. ya se cree que está vestida. RAMÓN. mi primera derrota estaba prevista... y cuando surgió Coral como una aparición de otros mundos. RAMÓN. (Se va por el tercero derecha. en vez de resistirme. porque... Que la.. y desde aquel momento. Pedro! PEDRO... He cerrado los ojos en seguida. casi de un modo fúnebre. FÉLIX. y por eso te dejé el campo libre. señor. que no engañen también las gordas.) FÉLIX. en cuanto se ve con los zapatos puestos. claro. (Llama con los nudillos en la puerta del primero derecha.. Pedro..) ¡Adelante! (PEDRO abre la puerta del primero derecha.—(Dentro.. cerrando la puerta de nuevo. ¡llamada por mí mismo! (RAMÓN rompe a reír con una risa salvaje de puro alegre.) ¡Oh! Te comprendo perfectamente.—No sé si sabrás comprenderme.—¿Qué pasa? PEDRO.. señor.—Ahora que eso sí: puedo comunicarle al señor que es una delgada de las que engañan. RAMÓN..—(A FÉLIX. Entonces suenan unos golpecitos en la puerta del foro. RAMÓN. si pudieras oírme en serio unos instantes. Pedro. señor. entre dientes. FÉLIX.. y como sería estúpido renunciar a ella. llevándoselo por el primero derecha.) Como llamé y oí decir «adelante».—(Gravemente. el cual lleva un vestido de mujer colgado del brazo.) Pero también es cierto.—. Retírate. claro! Si es que Silvia. y entra PEDRO. FÉLIX. señor. El solo anuncio de su proximidad me llenó de terror..... PEDRO. señor. pero haré un esfuerzo. Trae.—Eso es que ha visto a Silvia en su traje oficial. luché por Coral contra ti. frenética. Página 34 de 45 . Eso no quiere decir..—(Interrupiéndole.—¡Claro..—He perdido la costumbre.. hasta que tú has venido. RAMÓN abre. Que el.—Sí. PEDRO. y desaparece.—Sí..—¡Llamada por ti mismo! (Continúa riendo hasta que la risa. Sí. me resistí cuanto me permitió resistir la fatalidad de los hechos..) RAMÓN.—Está bien.—(Balbuciente de la impresión por lo que ha visto.) PEDRO.—Yo lo era. FÉLIX.—Esto es todo lo que han podido conseguir ahora..) PEDRO.—Está bien. RAMÓN.—Hasta derrotarme.. PEDRO.) SILVIA.. cuando va a entrar da un respingo y retrocede. PEDRO.. Entonces llegaste tú. a aguardar que se cumpla la cuarta advertencia.. ¿verdad? RAMÓN. sonriente.) Oye. aquí estoy hoy.. yo sentí que me asfixiaban los celos. naturalmente. y sin embargo. bien lo sabes.) Yo. por creer que yo te había despistado..) Que. también yo he vivido con esa ilusión... ya sin el vestido.) Pero si tú has vivido con la ilusión del amor. Me siento feliz. Le fuiste simpático a Coral. Entrégaselo a esa señorita.. porque a mi edad no se sabe qué es peor: si no haber encontrado el amor..—(Justificándose.. pues yo.. va perdiendo fuerza.. o encontrarlo.) PEDRO...—Sobran las explicaciones.. que. señor. a FÉLIX ..—¡Arrea! FÉLIX.. excusándose. y me había resignado casi a gusto a esa amargura. atraído por mi voz. FÉLIX. incontenible...Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás casualidad o lo que sea! (Sombrío. hombre.—Eso es justamente lo que toda la vida me ha sucedido a mí. FÉLIX. FÉLIX. señor. ya. (Le coge el vestido a PEDRO. y con aire satisfecho y dominador...—Sí. (En un tono extrañamente serio.—Estás muy contento. Por el primero derecha vuelve a entrar RAMÓN.. Ya comprenderá el señor que. ella va a venir hoy aquí de un momento a otro.—Sí. Yo había renunciado ya a todo.

A RAMÓN. Tapando la bocina y dirigiéndose a RAMÓN.) ¿Estás ahí? ¡Acabo de llegar! Aún me están subiendo las maletas. Tengo que dar un recado abajo.) El sol está poniéndose. Amor vergonzante.—(En el sector izquierdo. y le he reservado la habitación de al lado. FÉLIX mira atemorizado hacia allí. y se sienta en el sillón a telefonear. por la izquierda. que está junto a la pared divisoria. En el sector de la izquierda.. (Cogiéndole de un brazo. Va hacia el teléfono. Le tenía miedo al amor de Coral.) Vengo a conseguir lo que pienso que es mi felicidad.) RAMÓN.? RAMÓN. (FÉLIX le aprieta por los brazos con afecto indecible. al anochecer.) Tanto. luego..) ¡Qué orgullo para mí! Me voy por este lado. Sería como renunciar a los restos de mi vida y de juventud que me quedan aún.. RAMÓN. Entra ahí un instante. ¡Espérame! ¡Ahí voy! (Cuelga rápidamente. s'il vous plaît..—(En el sector derecho. Ramón.—Que me iré. Yendo junto a RAMÓN y poniéndole una mano en el hombro. La juventud no conoce el tiempo.—(Avergonzado. FÉLIX. descuelga.. En todo ese tiempo. volví a resistirme.) Viene hacia aquí. feliz e impetuosa. pase lo que pase. te lo suplico. Jubilosamente. ¿crees en.—(Con ironía y sarcasmo. y cada día un año.—(Cogiéndole las manos y mirándola embelesado..—Sí. con la boina o el gorrito puestos.) ¡Es ella! CORAL. No sé si me explico.) ¡Félix! FÉLIX..) FÉLIX. cada hora que pasa es un día.—(Dirigiendo una mirada al ventanal.. RAMÓN. primero. (En este momento.) Ramón. y la ausencia no ha hecho sino agravarlo todo: no puedo vivir ya sin ella. Coral ha viajado por Italia.—(En el sector izquierdo. RAMÓN..) ¡Allô! Le cinq.—¿Qué me pides también? ¿Que no me vea? ¿Tanto miedo me tienes? (CORAL da unos golpes en la puerta de la divisoria.) FÉLIX.. más que en mí mismo. y desaparece. y entra CORAL. Sacrifícalos la última vez. no me la disputes. y va a la puerta de la divisoria.. procedente del lateral izquierda.. por miedo he separado a Coral de mi lado. de cuando en cuando.—¿Cómo me encuentras? ¿Más delgada? ¿Más gruesa? ¡Más delgada! Creo que he Página 35 de 45 . Tú no puedes suponer lo que significa un sentimiento de esta clase cuando se nota ya que la vida es una cosa fugitiva en manos de uno.) ¿Qué dices? RAMÓN.—Entonces. Yo he vivido aquí.) CORAL. FÉLIX..—(Con firmeza. Para mí. aparece CORAL.—¿Vienes con la esperanza de que yo renuncie a Coral en tu favor? RAMÓN. RAMÓN.) Allô! CORAL. la luz de la escena ha ido rebajándose. y al mismo tiempo no podía resistir la idea de que Coral fuese para ti. corriendo. en los demás. Nos hemos escrito. Yo quiero a Coral. Ramón. vuelve sin nada en la cabeza.. y la convencí de que viajara y se distrajera.) ¡Coral! CORAL. ¡Qué orgullo! (Se va por el foro. no exentos de tristeza. El sacrificio es una virtud que siempre nos parece admirable. vestida de viaje.—(En el sector derecho. Suena entonces el timbre del teléfono.—(En el sector derecho.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás FÉLIX. (Señala el primero derecha..) FÉLIX.—(Con angustia..) FÉLIX. Luego. Sin poder disimular su alarma. RAMÓN va hacia el ventanal y queda mirando melancólicamente al exterior. a diario.—No. y luego se vuelve a RAMÓN... después que tú te fuiste..—¿Me comprendes ahora? No renunciaré a Coral. Aun así. FÉLIX. Al teléfono... lleno de pavor ante el Destino. anhelante.—Egoísmo.—(En el sector izquierdo. FÉLIX abre la puerta de la divisoria.. Tú eres joven y fuerte. FÉLIX.) FÉLIX. (En efecto.) Muchas veces has sacrificado tus sentimientos por mí. Y llega hoy.—No creo.—¡Gracias! (Yendo al teléfono y descolgando el auricular.

todavía tocan el «Torna a Sorrento».. Estábamos en un hotel del Lido. como siempre desde «aquella» noche. FÉLIX. y de melancolías que ahora no me explico. (Le lleva a un sillón. sí. En Nápoles.—¿Ramón ha ido a Italia a verte? CORAL. CORAL.... CORAL.) ¡Ramón! CORAL.—Pues. llegué abajo sin respiración..—De sobra te lo he dicho por escrito.. y en seguida se abraza a él. Me dio un vuelco el corazón. como aquella carta. creí que habías llegado. que no he pagado. Pero. ¡Y tenía tales ganas de llegar! (Cambiando de tono. FÉLIX.. le hace sentarse y se sienta ella en el brazo... FÉLIX. me abalancé a la puerta. bajé las escaleras tropezando.. melancólicamente. al anochecer. no he corrido: he volado.) ¿Y estuvo allí. He llegado a pensar que has mantenido nuestra separación precisamente para que yo me interesara definitivamente por ti.. sin saber siquiera lo que me ponía. un pinchazo y cambio de rueda. provoco con mi conducta justamente lo que quiero evitar.. ¿Por qué? FÉLIX. no tengo amigas a quienes recomendárselo.. Pues. y no se explica..—Tus tonterías son siempre cosas importantes. porque el sitio de perder en la Costa Azul es Montecarlo. al cruzar Mentón. También se me saltaron las lágrimas otra tarde.—¿Qué tiempo estuvo en Venecia? CORAL..) En realidad. o acudir tú al mío. Desde Génova aquí. Hasta que Pepita y yo nos fuimos a Florencia.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás dado con un procedimiento de adelgazar que poder recomendar a mis amigas: la ausencia de ti.—(Con un rugido.. Te he esperado todos los días en estos tres meses tan largos. ¡zas!. Cinco o seis días.) ¿Cuándo? ¿Cuándo fue? CORAL.. Nada te hubiera impedido llamarme antes a tu lado... yo estaba llena de deseos que entonces no podía explicarme. ¡Pobrecito! Has perdido en Niza.. Perdí lo menos diez minutos en elegir un vestido que te gustase.. (Ríe. ¡no eras tú! (Sencillamente. por fortuna.) Siéntate ¡Dios mío! ¡Cuánto tenemos que hablar! He venido en dos etapas. y luego me arreglé precipitadamente. y levantándose.—(Apremiante.—(Suspirando alegremente.. he esperado en Italia tu aparición semanas enteras también. Félix.. Ven aquí..—Sí. Una tarde en Venecia. Y. me hizo llorar. y.. FÉLIX. Ahora ya nada tiene remedio. ¿te lo querrás creer?.. Me anunciaron una visita: que un amigo español aguardaba abajo..—No sé.? CORAL.) ¡Vamos! No digas cosas importantes. En Ventimiglia. en el lago de Como.... con los ojos emocionados.) ¡Félix! ¡Oh Félix! (Deshace el abrazo y le mira a la cara.—Lo he hecho por todo lo contrario. ¡asómbrate!... ayudada por un ciclista sordo. FÉLIX. FÉLIX. Te obstinabas en la separación.) ¿Te acuerdas que te conté cómo he vivido mucho tiempo esperando semanas enteras una carta de la que ignoraba el remitente y la procedencia? En aquella época. pero a poco me quedo allí. una tarde. Página 36 de 45 . desde Roma.) Ramón. apartando bruscamente lejos de sí a CORAL. Y en Sorrento he oído el «Oh Marie»...) ¡Ay! ¡Qué gusto me da oírte! (Confidencial. he sufrido mucho. FÉLIX. pero. Coral: para que te desinteresaras tú y para desinteresarme yo. Tú estás también más delgado..—Tú has sufrido por tu gusto.—(Anhelante...) ¿Por qué cuando hay que decir cosas importantes no se dicen más que tonterías? FÉLIX. y.—Sí. CORAL. saliendo contigo. me han puesto una multa... por fin.. acompañándote. ¿un mes? ¿Hará un mes? Eso es: un poco más o menos... CORAL.—(Riendo de nuevo. Pero..) Era ese amigo tuyo: Orellana.—Y yo.—Sin convencerme...—(Asombrada. en el vestíbulo. porque los gendarmes no aceptaban moneda italiana.

—(Secamente. al fin y al cabo. nudista. pero su aplomo es cada vez mayor.—¡Embustero! Las Cinco Advertencias De Satanás Me ha hecho creer que viajaba por Alemania.—(Explicativo. FÉLIX. Estrechándole las manos. PEDRO ha abierto la puerta del foro y entran RAMÓN... sujetándoselo con la mano para que no se le abra.—Lo vas a entender en seguida.Enrique Jardiel Poncela FÉLIX.) Te avisaré cuando esté vestida. RAMÓN. Cogiendo un libro de la mesita y dándoselo a SILVIA.. No creo que necesite presentarte a Alicia.—(Que se ha levantado. (Llevándose a SILVIA hacia el primero derecha. estado oficial.) ¡Buenas tardes! RAMÓN.) SILVIA.—(Asombrado de tanto cinismo.—Pero. porque tal vez no me hubiera atrevido. Profesión. precipitadamente. ALICIA. CORAL. Venecia tendrá su encanto y su sugestión cuando una mujer la recorra junto a un hombre querido.—Serénate. FÉLIX. FÉLIX. y sale SILVIA.) No entiendo nada de lo que quieres decir.. pues ya se ha dicho que viven en el hotel.. Y las ropas de Félix no me sirven. está muy avergonzado..) ¿Eh? RAMÓN. una nota que. (Apoyándole una mano en el hombro.—(Con un soplo de voz.—No tienes derecho a suponer nada.) ¿Qué es lo que ibas a decirme? ALICIA. Quizá has recibido noticias de Venecia.) Silvia se ha dejado toda su ropa en un campo nudista y.) ¿Qué hago? (Saludando con una inclinación de cabeza a ISAAC y ALICIA.—(Entusiasmada.) ¡Mi primera comida contigo! (Va a abrazarse a FÉLIX. ¡Déjame!. Alicia será tan amable.. SILVIA... Vístete y comeremos juntos. (Inclinaciones de cabeza. Siéntate. ALICIA. CORAL. es el culpable de todo lo ocurrido.) La señorita Silvia Arnal. PEDRO vuelve a cerrar la puerta y se va por el tercero derecha: RAMÓN avanza hacia FÉLIX. ALICIA y detrás ISAAC. (Se va por la puerta de la divisoria y desaparece en el sector izquierda por la izquierda.) ¡Déjame!.. Desde esa vez.) PEDRO. al verle la cara. los canales huelen mal... (A RAMÓN. También yo ponía el corazón cuando te escribía. Estás nervioso. A ALICIA. Ni siquiera soy el que va a hablar. Por el momento.—Este vestido me viene grande. Ya hablaremos. RAMÓN. que le preste luego un vestido suyo. (La entra en el primero derecha y cierra la puerta tras ella.—(En la puerta del foro suenan unos golpecitos. Siéntense ustedes.—Tendré mucho gusto en ello. cuando no. déjanos tranquilos unos minutos. (Se sientan los tres. Ramón se convirtió en un acompañante amable e ingenioso. mientras yo te ponía el corazón en mis cartas!. cuando PEDRO sale por el tercero derecha y se dirige al foro a abrir... A FÉLIX.—Perfectamente.. sin nada a la cabeza. (Presentando. pasando junto a ALICIA. que son. novia mía. (A ISAAC y ALICIA.—Es un asunto reservado. y Página 37 de 45 . con vestido de tarde.—Sola no hubiese venido a decírtelo. ¡Y estaba allí. y tanto ella como ISAAC.. a ISAAC y ALICIA. CORAL. siempre con el abrigo puesto. Y estoy demasiado acostumbrada a vivir sola para no saber encontrar las palabras necesarias. RAMÓN..) Querida Silvia: toma y entretente mirando los grabados.. Esto la detiene...) Vete a tus habitaciones.) El señor Blum y la señorita Alicia Velasco.—Pasen los señores. ¿verdad? En cuanto a Isaac.. (A ALICIA. FÉLIX.—¿Qué supones? FÉLIX. y llevando en la otra mano el vestido que le entró antes PEDRO. junto a ti. porque. en realidad. por SILVIA.. A los demás. (En este momento se abre la puerta del primero derecha.) Amiga mía: usted tiene la palabra. (Entran..) No voy a hacer ningún juego de manos.—Pero nosotros te traemos noticias de España. ya ha comprendido que FÉLIX está enterado de sus tentativas en Italia. Todavía espero que me haga feliz un día: el día que nos separemos. seguramente. más importantes.) RAMÓN. Orellana no me habló de lo que te figuras más que una vez: la primera.) Félix. Perdona.) «Voilà!» FÉLIX.) Tenemos que hablar.

comprenderás lo que yo he sufrido. aquí. (ALICIA hace mutis por el foro. don Félix. PEDRO. Pero esa capacidad vengo a dártela yo.... Pero. me he resuelto a dar este paso. lo más difícil es coincidir. En voz muy baja.. y. vengo a repetirte tus palabras.) Don Félix. y que te alzaste de hombros ante el dolor que me producías. y PEDRO se va detrás. fuera como fuera. pero imprescindible.. Al fin y al cabo. ¡Que es de tres pesetas. FÉLIX.) FÉLIX.—¿Me supones capaz de (Levantándose.. que crees haber encontrado el amor.. como una cosa inútil...) Quiere decir... Y a.. Diga todo lo que tenga que decirme. al sufrir tú. que sale por el tercero derecha. al saberlo yo. (Una pausa. yo. tú lo eras todo para mí? Me replicaste que. Tranquilamente. FÉLIX disimula a duras penas su gran turbación y la lucha interna a que está sometido. tranquilo.—En cuanto a mi papel. Isaac te lo dirá. No voy a decirte que Coral no te quiera. ISAAC.. que nada te importó apartarme lejos de ti.—(Secamente. En realidad he sido yo quien le ha descubierto la verdad a Alicia. a don Ramón. Hay una pausa al quedar solos los tres hombres.—¿Al sufrir yo? ALICIA. ALICIA... Félix.—¿No recuerdas lo que me replicaste «aquella» noche.—(Dominándose y soltándole. en amor.—¿Son tan graves? ALICIA..—Pues si es cierto o no es cierto. Isaac desvanecerá todas las dudas que pudieras sentir.) FÉLIX.—Don Félix: Alicia no ha mentido. (A PEDRO.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás porque no habrías dado crédito a mis palabras.—(Deteniéndola con el gesto..) ¡Diga usted si es cierto o no es cierto lo que ha dicho esa mujer! ISAAC. Si usted. encantado. La corbata...! FÉLIX...—(Aterrado. Un papel sin importancia.) ¡Pedro! (Volviéndose a ALICIA. don Félix.) Señora. Página 38 de 45 .? (Sonriendo. por Isaac lo he sabido todo...—(Gritando y yendo hacia él.) ¡Hable usted! (Cogiéndole por el pecho un puñado de tela y zarandeándole en el sillón. tú no podías dejar de saberlo también.) ¡Muchas gracias.—Sí. con los ojos fijos en el suelo. y.. FÉLIX. quizá porque no tienes capacidad para el sufrimiento.) Hable usted.—Don Félix. señorito! (A ALICIA. (Va hacia el foro. Para eso estoy aquí.) RAMÓN. Me arruina usted con esa actitud.. Ya comprenderá. acompañada de Isaac. vas a oír algo peor que una calumnia. Sentándose de nuevo en el sillón con los codos sobre las rodillas. ISAAC. que te entregará un nuevo vestido para que se lo entres a la señorita.—(Valientemente.—(Excitado.) Un instante. FÉLIX. (Llamando por el tercero derecha..) ¿Qué quiere decir todo esto? ALICIA.. porque vas a oír la verdad. FÉLIX. que no se puede herir sin sentirse herido.) ¿Mentiras? ¿Calumnias? ¡No creeré nada! ¡Ni lo escucharé siquiera! ALICIA.) Hable tranquilo. cuando te hice ver que si yo no era para ti nada. RAMÓN. Lo que tenía que decirte yo ya queda dicho. cuando te pareció oportuno.. RAMÓN. cerrando la puerta. don Félix. abriendo la puerta del foro..—(Después de una larga pausa.) Si fuera usted tan amable que le diera al criado el vestido para Silvia. dirigiéndose a ISAAC. ALICIA.) Pedro: baja con la señorita. pero sin mirarle.—(Sintiéndose acosado.—¿No lo crees? FÉLIX. Y ahora.—No. se ha reducido a bajar a las habitaciones de Alicia y a las de Isaac para decirles que estabas visible y que ésta era la mejor ocasión de hablarte. FÉLIX.. ISAAC aparece temeroso y encogido. para siempre..)mezclarme en amores ajenos con calumnias y mentiras? No vas a oír ninguna calumnia.—¿Para que se lo entregue a.) Eso no es cierto.. se pone en mi caso. Voy a decirte que es tu hija.

CORAL. ocurrió lo que ocurrió. Yo.. y FÉLIX va al teléfono y descuelga. Pero a los dos días. Pensé. Decidí esperar a que ella fuera mujer y usted empezase a tener ganas de ser padre... Últimamente estaba resuelto a descubrir el secreto.. anunciándole el nacimiento de la niña...—Por. FÉLIX.—Ella me habló de un tutor. Se vino el mundo encima al saberlo. déjeme.) Ni la recuerdo. Ya hablaremos.—El tutor soy yo..) Y ahora comprenderás porqué fui a Italia yo... Por fortuna. ¿Cómo es posible que no la recuerde? ISAAC.—¿Estás solo? Página 39 de 45 ..—Se separó usted de ella cuando no hacía más que dos años que yo había entrado al servicio de usted.. en relacionarles a los dos.. Sombríamente.—¿Ocultármelo durante tantos años? ISAAC.—Basta... punto por punto.. siete años más tarde. Ya estoy..—¿Qué explicaciones le dio usted a ella cuando le preguntaba? ISAAC..—Usted no sabe el dinero que hay que desembolsar para. FÉLIX queda solo en escena... s’il vous plaît (Una pausa. Va al teléfono y descuelga. Don Félix. Yo le oculté a usted la carta. RAMÓN. FÉLIX. Imagínese cuál será mi angustia en este momento. meses después de la separación.. FÉLIX.) ¡Isaac! ISAAC. ella le escribió a usted. tuvo éxitos y ganó mucho dinero. y para ello hice mudarse a Coral a la casa de al lado.—¿Eres tú? Te llamo para que no te impacientes. don Félix..) ¡Isaac! ISAAC.—Desde que nació Coral.. Por no pasar este trago daría.. primero. ISAAC. en bata.—No sabe sino que su padre murió y que se llamaba Félix.—Pero al saber que Coral llegaría hoy aquí. FÉLIX.—¿Sabía usted si no las tenía ya entonces? ISAAC.—¿A él? ISAAC.. don Félix. nos hemos apresurado a. Isaac. ¿Me oyes? FÉLIX. y lo sabrá todo. (Después de una pausa.. En el sector de la izquierda.) Allô? Encore le cinq. Y déjame tú.—(A FÉLIX..) Lo hice con la mejor intención. Ramón...—¿Usted? ISAAC. Entonces estuve a punto de decírselo a usted todo. pero Coral era tan pequeñita y usted hacía una vida tan poco infantil. don Félix: yo no se las noté. por la noche.) Por evitar los gastos de un hijo. FÉLIX..) FÉLIX. la mirada fija en un punto. Se hizo actriz. ISAAC.) CORAL.—Y la madre Margarita Morán. FÉLIX.—(Estupefacto. óigame usted sin alterarse. y esto nos dio un respiro para decidir.Enrique Jardiel Poncela FÉLIX.—Allô? CORAL. ISAAC.. FÉLIX. Humildemente...—¿Por qué? ISAAC...—(En el mutis a RAMÓN. FÉLIX. ¡daría diez duros! (Se queda un poco asustado de la cifra.—(Al teléfono.—(Indignado. pero mi culpa ha sido ocultárselo a usted durante tantos años.—Sí... Y les revelé la verdad a Alicia y a don Ramón para que me ayudasen. echarme el vestido y acabo... En el sector de la derecha suena un timbre. Y.) No sé por qué me parece que todo esto nos va a costar muy caro.—¿Qué iba Las Cinco Advertencias De Satanás a hacer? ¡Estaba en un apuro tan grande!. Quise evitar a todo trance lo que iba a suceder. (Con miedo. FÉLIX.—Margarita Morán. dejó rica a Coral y me nombró a mí tutor suyo. va retocándose el pelo. (ISAAC y RAMÓN hacen mutis por el foro.—Margarita se fue a América. aparece CORAL..—Francamente. Coral se marchó a Italia. Y cuando murió. FÉLIX.

(Ha ido cayendo lentamente el TELÓN Página 40 de 45 . y no tengo un pensamiento que no sea tuyo...Enrique Jardiel Poncela FÉLIX. el pobre no contaba con tus celos.. según aquellas famosas advertencias de Satanás. Félix. y que. Te adoro. Félix. Te quiero tanto. que floto... ¡Cenar contigo!.—Sí. ¿no. que a veces me parece que.—No sigues FÉLIX. ¿verdad? reír! ¿Sabes lo que he recordado de pronto? Que hoy se cumplen los tres meses que nos conocimos. me da miedo.—(Cerrando los ojos. ¡Ea! Ya no te doy más lata. sin ver siquiera por dónde va. ni hay un acto mío que no te lo dedique a ti. Te quiero de un modo que.. con un gesto de horror y de angustia. Es mi sueño dorado.—¡Te vas a Las Cinco Advertencias De Satanás enfadado conmigo. CORAL. Félix? ¡Calla. ¿No te hace gracia? (Ríe.) FÉLIX. tonto! Si me parece muy bien: los hombres tienen que tener su genio. y se marcha rápidamente por el foro. después de un silencio. que vuelo. Cara a cara... dejándose la puerta abierta.. Pero déjame que te lo diga ahora.. CORAL. Porque lo de antes eran celillos.. Te quiero como yo no podía figurarme que se pudiera querer.) Sí..) No me contestes si no quieres.. al oír estas palabras. porque ángel por ángel... siempre me inspiras un poquitín de respeto. Luego bailaremos en algún sitio. Por teléfono me atrevo a decirtelo: te adoro.. Y me parece que no piso el suelo. Y tú eres capaz de dejar mal a Satanás por mí... no sé por qué. CORAL. lo cual está perfectamente. ¡Dios mío!.. (FÉLIX... deja el teléfono sobre la mesa. CORAL sigue hablando al teléfono. en un segundo estoy lista.. No bailo bien...—No. esta noche tenía que ser cuando me rechazaras para precipitarme en brazos de tu rival. pero tú me llevarás.—Satanás.

) El vestido nuevo.. SILVIA. no puedo gastar tiempo en reflexionar.—¡Llevo unos días de más mala suerte! (Se va por el tercero derecha. Simultáneamente..—Vamos a ver. cuyo conmutador está junto al foro. ya lo comprendo. y en este instante.) Se ha cumplido. pero que me parecía absolutamente imposible que llegase. sentada aun en el teléfono.—Y entonces. (Sentándose.. por el foro.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás ACTO CUARTO La misma decoración del acto anterior. Ramón! RAMÓN. en escena.—He tirado el teléfono. Ramón.—Muchas gracias. en el sector de la izquierda. cuyo auricular aparece colgado. No hay tormento igual porque. en el sector derecho entra PEDRO por el foro llevando colgado al brazo un nuevo vestido de mujer.—¿Con odio? FÉLIX. Apenas han transcurrido unos instantes desde que acabó el otro acto. No creo que puedas imaginar el laberinto angustioso en que estoy metido. Y me ha hablado de un modo.. ¿qué es lo que quieres? FÉLIX.) SILVIA. No creo ni que tenga necesidad de hablar.) PEDRO. EMPIEZA LA ACCIÓN PEDRO. Ese momento que el instinto me decía que iba a llegar. (Se va por el primero derecha. RAMÓN.—¡Señorita! (Se abre el primero derecha y aparece SILVIA.—Y ¿has reflexionado bien esto que dices? FÉLIX. El momento de echar a Coral en tus brazos. Enciende la luz del sector derecho.. ¿No comprendes cuáles son las palabras de Coral que resultan atroces ahora para mí? Justamente aquéllas que hasta este momento me parecían deliciosas.—Creo que éste le servirá a la señorita. llegar a arrepentirme de un amor correspondido me parecía una pesadilla imposible. El sector izquierdo queda iluminado. ¡de un modo atroz. RAMÓN. SILVIA. la voz de la sangre es una mentira inmensa..) ¡Félix! Página 41 de 45 . CORAL se levanta lentamente. RAMÓN. además. con abrigo y con el libro que le dio RAMÓN en la mano. Y ha llegado ese momento que yo esperaba con terror desde hace tres meses.. Coral me ha llamado al teléfono para decirme que en seguida acababa de vestirse. Cuando os habéis ido antes. Hoy veo que es una realidad. la cuarta advertencia. se dirige hacia la izquierda y desaparece por ese lateral. llamando con los nudillos en la puerta.) RAMÓN. PEDRO. entran RAMÓN y FÉLIX.—No. yo le había anunciado que comeríamos juntos esta noche.—No lo he reflexionado. naturalmente. Ha anochecido un poco más. va hacia la puerta de la divisoria y da la vuelta al conmutador de la luz.) No. y la voluntad. CORAL. otra mentira. pensativa y preocupada.—(Lúgubremente. el momento de decirte: «Ramón: te suplico que te lleves a Coral». Ramón. cerrando.—¿Qué? (Incorporándose alarmado. Hace tres meses. con todo lo contrario. Al levantarse el telón.—Sí. me lo probaré ahí dentro. y es ese momento del día en que se enciende la luz eléctrica.—¿Se lo va a probar aquí la señorita? (Hace ademán de quitarle el abrigo. y se dirige al primero derecha. PEDRO. o por haberla querido evitar precisamente. Y lo cierto es que estoy viviendo la realidad de una pesadilla. y he corrido a buscarte. CORAL. a pesar de mis esfuerzos por evitarla. FÉLIX.—Puedes suponértelo. que me abrasaba las manos.

a veces. Pero. y eso no te ha impedido en absoluto enamorarte con todo el corazón. y nuevamente se cumplirá nuestro destino de que tú te lleves una mujer de mi lado.. y el uno me empuja a decirte que te lleves a Coral.—Y ella. y esta vez te llevas mi única ilusión. No te será difícil atraértela entonces. Desgraciadamente.—¿Diciéndome. los hijos eran. RAMÓN. estoy seguro de que el cinismo de un hombre soltero es la antesala del matrimonio.—Óyeme: me urge separarme de Coral hoy mismo.—A que no la quieras lo bastante. RAMÓN... FÉLIX.—Quizá los dos sentimientos se mezclan ya en mí. un tributo al que estaban sometidos los demás..—(Gravemente. RAMÓN.—Reconozco que eso hubiera sido lo heroico.—(Yendo hacia él. querrá también alejarse de mí. RAMÓN. RAMÓN.. sin presenciar su infancia. ¿Tú quieres de veras a Coral.) He vivido siempre como un hombre independiente. En general.—Te responderé yo. pero que no rezaba conmigo. o para intentar que ella dejase de pensar en mí? RAMÓN. ésa es la primera condición del matrimonio canónico. (Seriamente.. ¿cuándo podrá ver en mí a su padre? RAMÓN.—¿A qué? FÉLIX. morir no mueren jamás en un instante y de repente.. ahora mismo.. hasta ahora. sin saber responderme.. sin saborear su adolescencia. ¿Cuándo podré dejar de ver en ella a la mujer? Sin haber asistido a su nacimiento. en un instante. cuando sepa la verdad. soy un padre improvisado.—Oírte hablar así me hace daño. Para mí. que para morir necesitan una larga agonía (Volviendo a sentarse. En las mujeres no vi más que mujeres. aun convencido de que la quieres.. y el otro me arrastra a dudar si eres digno de ella. El amor filial necesita un entrenamiento más grande todavía. porque si hoy te dijese que Página 42 de 45 . El resto es preciso que te lo supongas... nacen de repente. FÉLIX.—Sí. Día a día se irá rebajando el calor que aún te abrasa.. (FÉLIX le aprieta una mano. No he tenido lazos de sangre.. lo hice por amor.. y me pregunto.—Gracias.. es mi hija.—Según creo. ¡Nada! Los sentimientos.) Ya ves: al oírte debía sentir una alegría inmensa. FÉLIX. y una Coral nueva aparecerá junto a ti. casi conmovido. con efusión. ? RAMÓN. y lo que siento es una tristeza infinita. Ella... FÉLIX. te habías llevado mis desilusiones.Enrique Jardiel Poncela FÉLIX.. FÉLIX. Ramón? (Mirándole a los ojos) ¿Fuiste a Italia para verla por amor. donde se deja caer con desmayo. Y a mi edad.—¡Es verdad! RAMÓN.—Diciéndote que tú mismo eras un cínico. si se puede entregar una hija a un cínico como tú. Quizá es que aún te notas joven. horrorizada. por verdadero amor. Pero.. FÉLIX. pero morir. Ya verás cómo vas sintiéndote padre poco a poco.—¡Magnífico! Eso quiere decir que empiezas a sentirte padre ya. Por eso tengo miedo.) ¡Ánimo! Nunca había creído que tuviera yo más valor que tú.—(Sonriendo. y sin más deberes que los que yo quería echarme sobre los hombros. los hijos no empiezan a querer a sus padres hasta pasados los treinta años..—Por lo demás.) No puedo decirte más. Y no puedo hacer nada para evitarla. FÉLIX. lo concibo. después de una pausa. pero la juventud es un defecto que se corrige con el tiempo.—(Apartándose de RAMÓN y yendo hacia el sillón.—Quizá Las Cinco Advertencias De Satanás así te des cuenta de cuál es mi tortura. la que más mujer me pareció. en realidad. los sentimientos son tan fuertes y tan sólidos.. como el trabajo.) De hombre a hombre: ¿te casarías con ella? ¿Y serías capaz de quererla siempre? ¿Para siempre? RAMÓN.. FÉLIX. La paternidad necesita un gran entrenamiento. Y de pronto sé que una de ellas.) Absolutamente paternal.—En cuanto a eso.. ¿concibes lo difícil de acostumbrarme a que Coral sea mi hija? RAMÓN. que.) FÉLIX. Félix. me siento tan egoísta.

. Hay un silencio.. cerrando la puerta.—(Con voz imperceptible.. CORAL apaga las luces del sector izquierdo y entra en el derecho. CORAL llama con los nudillos en la puerta de la divisoria.—(Armándose de valor.. con los ojos cerrados. tal como lo dejó FÉLIX en su último mutis del acto anterior. Súbitamente.—¿Antes?. Desde que nos separamos hasta que me hablaste por teléfono. me hacía daño antes y me hace daño ahora. en el momento justo en que yo te decía.) ¡Que me calle! (Casi sin voz. por hablar cuanto antes..—(Zafándose de sus brazos. y todas las palabras me parecían pobres y sin color para expresar lo que sólo se puede expresar con el acento.—No. y ya no podré oírtelo decir nunca. Buscando.) ¿Te hacía daño oírme decirte que te quiero? FÉLIX. frente a frente y por primera vez. CORAL.. Sus miradas escrutadoras van de FÉLIX a diferentes puntos de la habitación. todavía te haría sufrir con mis palabras. abatida. ¿Es que te ha interrumpido alguien en el momento en que yo comunicaba? FÉLIX.—(Cortándole.) Es una palabra que no se ha hecho para ti.. quien ha dejado el auricular.—Cuando te he telefoneado..—(Asombrada. sin embargo.. encarándola con FÉLIX) ¿Por qué? (Avanzando hacia él.) ¡Cállate...Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás adoraré a Coral. FÉLIX va a la puerta de la divisoria y abre. y espoleado.. CORAL. ¡Y valor! (Se va por el foro... Yo había pensado semanas y meses en ese momento.—(Como un eco. He hablado mucho.. porque... Hay una pausa.. sin atreverse a hablar.—Tampoco. FÉLIX... (En este momento.—Nada.) ¿Y esto? (Señalando el auricular.) CORAL. Pero tú no has querido oírlo.—Coral.) ¡Nunca! FÉLIX. Y te lo dije así. estremeciéndose se levanta.—¿Qué ha pasado antes? FÉLIX. sin dejar de mirarle. CORAL.. CORAL.—Porque me hacía daño oírte.. impidiéndole permanecer en pie. como buscando inútilmente una solución. Lo que era mi felicidad ha pasado a ser mi desgracia. ¡No has querido oírlo! (Se sienta. una energía nueva se apodera de CORAL y la levanta del sillón..—¿Entonces. cogiéndola de las muñecas y apartándola de sí por miedo de tenerla tan cerca y de que siga hablando.—¡Has interrumpido tú mismo! Has sido tú mismo. CORAL. ninguno de los dos tenemos los Página 43 de 45 . retrocediendo. en un sillón.? FÉLIX. por evitar la situación angustiosa en que se debate.. CORAL. Coral! CORAL. sin verte y sin que tú me vieras. FÉLIX. Lo has dejado.. (Acercándose a él y apoyándole las manos en los hombros. Entonces. un rayo de luz. CORAL se estremece.—¡Ahí está! (FÉLIX. porque tú tienes los labios suaves y.) Que me calle.. Tiernamente. todo lo que cualquier hombre oye siempre con la atención suprema. cuyo auricular está aún descolgado y encima de la mesa. ¡Dios mío!. en la oscuridad del pensamiento.) Sí.. Sería estúpido darte una explicación detallada. como si un peso demasiado grande gravitase sobre sus hombros. porque me pareció más íntimo... Lentamente y en voz baja.. sus miradas se fijan en el teléfono.—¿Han cortado abajo? FÉLIX .) ¿Qué quiere decir esto? FÉLIX.) RAMÓN. (CORAL siente que ante ella surge algo inexplicable.. todo el Universo ha cambiado de aspecto para mí.—¿Qué? CORAL.. Con voz ronca) ¿Por qué? FÉLIX.—¡Nada! Una palabra que se debía borrar de los diccionarios y que vuelve rígidos y antipáticos a los labios que se acostumbran a pronunciarla. porque era como si te lo dijera al oído..) Sí. pero me temo que casi todo lo he dicho en el vacío..) Hasta luego.

CORAL.—Quizá no hay instintos. te he adorado.—(Mirándolos y escupiendo.. si hasta ahora no habías gustado más que realidades asquerosas? Las prefieres a ellas. en efecto. Coral. ¡lo que más me subleva es esa mentira idiota con la que quieres levantarle obstáculos a mi ilusión! FÉLIX.. Coral. el diablo? (A RAMÓN. con una risa nerviosa y terrible.—¿Qué dices? ¿Qué dices? FÉLIX. Pero he sabido algo tan terrible y tan.. rompe a reír desatadamente. ¡ese beso en el que yo había pensado.) SILVIA. Y tú no pusiste nada..) CORAL. Pero tienes que renunciar a mí.) ¿Es eso todo lo que se te ha ocurrido para cortar una situación que te desagrada? ¿Esos son tus trucos para apartar de ti a las mujeres que no te interesan? FÉLIX. Coral. extenuada. ésta se abre y aparece en ella RAMÓN. (Un silencio. te puedo jurar que es verdad. que tiene clavados sus ojos en el rostro de FÉLIX. creyendo hallarse cara a cara con la verdad.—¿Eh? ¡Coral! CORAL.. Tampoco yo encontraría palabras lo bastante expresivas. CORAL.) FÉLIX. Pero ¿cómo has de estimar un amor hecho de ensueño. olvídalo todo y perdóname..... CORAL se sorprende al verle. Coral. Por lo que más quieras. la fiebre. la mira unos instantes con odio. comprendiendo el pensamiento de CORAL. y mirarnos desde hoy de otra manera. con energía y firmeza.) ¿Sigue usted Página 44 de 45 . y yo te estorbo. (FÉLIX. con la confirmación de sus suposiciones.—No es mentira. Quizá el sentimiento nace de la convivencia. SILVIA.—(Riendo.) ¡Ya sé que tengo yo la culpa! Ya sé que he sido yo la que ha insistido.) ¡Hija tuya! (Ríe... resuelto a persuadirla de que SILVIA es su amante.. Coral. (Riendo. el instinto me hubiera hecho verte de otra manera.. (Al ver a CORAL. mira a FÉLIX y sonríe con amargura y desdén. de arriba abajo. La mira.—(Disparada.—Si fuera verdad. Y lo que más me subleva no es el desengaño. eres hija mía.. el entusiasmo. Ya no podremos ser uno para el otro los de antes. sin embargo. Si fuera verdad. FÉLIX.. en mis soledades de muchacha que aguarda a un hombre como se aguarda a un dios! FÉLIX.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás nervios dispuestos para ella. al verla. CORAL.) ¿Eh? CORAL.) ¡Buenas noches! (CORAL. Yo mismo he desencadenado con mi aturdimiento esta tormenta antes de ahora. ¿sufriría como estoy sufriendo? ¿Sentiría por ti el odio que siento en este momento? Si fuera verdad. Cuando va a llegar a la puerta.—¡Coral!. no te habría querido como te he querido. va hacia SILVIA.—¿Quién te ha inspirado? ¿Quién te ha sugerido esa idea salvadora? ¡Nunca te he importado! Desde el primer momento fui yo quien lo puso todo: el ansia.—Realmente. CORAL.. No has tenido ningún vestido que te estuviera tan bien. CORAL.—Coral.—No estaba lejos.—¡Coral!. Y va pasando de la risa a la furia.—¡Qué mentira más imbécil! (Ríe aún.) ¡Qué estupidez! FÉLIX..) ¡Hija tuya yo!. la que te ha buscado y la única de los dos capaz de querer. más que hablando... sonriente y ajena a todo. efectivamente.) ¡Orellana! (Echándose a reír. noche tras noche. ¡nada! Y me separaste de tu lado sin haberme dado un beso siquiera. yo he hecho una vida disparatada y llena de riesgos. te está muy bien.—(Sin comprender.—Por fin he encontrado un vestido que me está bien.) CORAL...—¿Habíamos convivido tú y yo para que naciera algún sentimiento en mí? Y. ¿Dónde está la que va a suplantarme? (La puerta del derecho primera se abre y SILVIA aparece vistiendo el vestido que le entregó PEDRO en el principio del acto.) ¿Habrá que creer que en esto interviene.) ¡Digna de ti! (Les vuelve la espalda con súbita y enérgica decisión y va rápidamente hacia el foro.... y yo a ti. CORAL.

primero.. ¿Qué desgracia puede sucederme dentro de nueve meses.—¿Se la lleva? Ahora mismo entraban en las habitaciones de ella..) ¡Con el señor Orellana! FÉLIX.. (Telón. la señorita Coral es hija mía. se la lleva. Isaac..—(Haciendo ademán de ir hacia ella. y perderle es para usted un negocio.—Justamente. (Se va.—Sin aspavientos.) ¡Quieta aquí! SILVIA. señor. señor. cerrando la puerta.—(Alelado por la noticia. señor.) Sí.) Pero. hija mía. sí. Lléveme a donde quiera. Ya estamos solos tú y yo definitivamente.—(Sujetándola.—¿Eh? FÉLIX. Luego se coge del brazo de RAMÓN. (Se vuelve y lanza una nueva mirada indecible sobre FÉLIX. en lo que me pida. a grandes carcajadas. en el sillón. FÉLIX ríe también.—(Dolorosamente.) Tener un nieto.—¡En blanco!.—Pedro.) ¡Vámonos! (Se van ambos por el foro. Y gradualmente va poniéndose serio. va al foro. tráeme el batín de casa. FÉLIX. con SILVIA.) Ande usted.) FÉLIX. ISAAC..—(Sentándose de nuevo. (Por el tercero derecha sale PEDRO..—Es que se. Quedan solos FÉLIX y PEDRO. alguien me anunció una desgracia que había de ocurrirme de allí a un año.—¿Qué quiere usted decir? ¿Que usted. eso sería una desgracia.) ¿Un cheque? ¿Un cheque? FÉLIX.. Puede usted respirar tranquilo. su renuncia a Ramón.—Siempre.. tremendamente serio. ISAAC.) FÉLIX. pero en blanco.. porque significaría la vejez..—La he dicho que quieta... que. Y para ello. SILVIA.—(Aterrado.) ¿Hija del señor? FÉLIX.—Esta vez.—(Con la voz rota. (A SILVIA. y cerrando los ojos....—Sí.? (Suenan unos golpecitos en el foro. SILVIA. antes de que se vaya. CORAL.. FÉLIX. FÉLIX. ocúpese de esta señorita y extiéndale un cheque por la cantidad que ella fije.) SILVIA..) PEDRO. PEDRO.—Y cuando empiece a convencerse de que lo es.. ¡Santa Bárbara bendita! FÉLIX. y yo.Enrique Jardiel Poncela Las Cinco Advertencias De Satanás pensando igual que en Venecia? RAMÓN. abre la puerta y entra ISAAC). señor. se casará con el señor Orellana.—Sí..—(Más alelado todavía. luego. por el foro.—(Sonriendo. Hace tres meses. el señor se ha desprendido de la señorita Coral tan pronto. ISAAC.—Y. (Y se echa a reír. Él no tiene dinero.. FÉLIX.—.—(Echándose hacia atrás. que usted es de las que nacen de pie y no se sientan en toda su vida. sí.) FIN DE «LAS CINCO ADVERTENCIAS DE SATANÁS» Página 45 de 45 .) Pedro. Como no sea tener un nieto. FÉLIX. Pedro. Esta noche no salgo. Y espero que no me costará cara.—Que le compro.. PEDRO. Pedro? PEDRO.) Pues ya ha conseguido usted lo que deseaba. ISAAC. PEDRO.. extiéndale otro cheque a Ramón. En el sector izquierda se enciende la luz.) Dentro de nueve meses. suavemente.. Sí..