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El desarrollo perceptual en el infante

Trabajo de Investigación documental
Infancia
Felipe Mendoza Pescador
mendozapescador@yahoo.com.mx

En el transcurso del curso hemos dado cuenta que el desarrollo del niño es un
proceso donde no todo es norma, razón o lógica. Esto se debe a que en el
neonato predomina de manera relevante la estructura orgánica que lo
acompaña pero no así su psiquismo el cual tendrá que conformarse dentro de
su desarrollo.

El término percepción es el “Iceberg” del cual se advierte la unificación de los
objetos en su completud pero que difícilmente se discute la captación muy
imperfecta de las entidades físicas.

Señala Palladino & Davis: “activar los receptores (sensación) y luego transmitir
la información al cerebro para darle sentido (percepción)… (2008, p. 88). No
obstante, la síntesis sensorial que se efectúa produce una impresión que no
pasa del todo al infante, que interrumpe o mejor dicho, reduce la constancia
propia del objeto.

Como consecuencia de lo anterior, este trabajo se centra en el estudio del
desarrollo perceptual en el infante; situarnos en este contexto nos permitirá
adquirir más conocimiento y preparación para comprender de mejor manera el
comportamiento del infante en nuestro tiempo.
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La escuela de la Gestalt, establece que “la organización del mundo se rige por
tendencias y principios que están determinados de manera innata” (Schittman,
1995, p. 359).

El sustento teórico que establece la escuela gestáltica es “que los humanos
nacen con la habilidad de organizar los elementos del mundo perceptual en
forma muy predecibles” (Palladino & Davis, 2008, p. 119). Es decir, el ser
humano agrupa, organiza los elementos existentes en el entorno y lo hace por
medio de las leyes de: figura-fondo, proximidad, similitud, buena continuidad y
cierre.

Se considera, pues, que la percepción ocurre de manera natural y bajo ciertas
leyes.

Sin embargo, el desarrollo de percepción es un proceso más complejo.

En un primer momento diremos que la percepción es un proceso donde está
implicada la sensación, la cuál, es el acto de sentir de una forma particular, sin
materia, es decir, “activación de los receptores mediante estímulos en el
ambiente” (Palladino & Davis, 2008, p. 87) pero no la naturaleza o la esencia
de los objetos.

Las sensaciones son vividas por el infante de forma particular según una
diversa intensidad. Cada sentido posee un “umbral mínimo” y un “umbral
máximo” de sensación por debajo o por encima de los cuales la energía
estimulante no produce sensación. El umbral diferencial es la cantidad de
estímulo necesaria para que un individuo experimente variación en la
sensación (Palladino & Davis 2008, p. 90).

El desarrollo de los procesos psicológicos en el infante depende de forma
inmediata de los órganos sensoriales, los cuales, son capaces de producir una
respuesta de los sentidos hasta tal punto que puede confundir la realidad con
sus propios deseos.

Por otra parte, Margaret W. Matlin establece que una ilusión es una percepción
incorrecta, es decir, en una ilusión lo que se ve no corresponde a las
cualidades verdaderas de un objeto (1996, p. 153).

Sobre el tema arriba citado, Joseph Palladino & Stephen Davis apuntan que
una ilusión es resultado de malas interpretaciones generadas por los estímulos,
las cuales, no corresponden con las sensaciones recibidas (2008, p. 122).
Esto conduce a aceptar que el infante, en ocasiones se equivoca porque los
sentidos engañan, al hacer pasar las apariencias por realidades ya que antes
de que se dé la percepción ocurren en él eventos visuales que se prestan a la
ambigüedad, la cual, puede proporcionar una representación distorsionada del
objeto (Schiffman, 1995, p. 337).

Lo que se establece hasta aquí es que, efectivamente, existen errores visuales,
pero eso no quiere decir que todas las percepciones del niño sean puras
ilusiones, contrario a esto, se edifica que la percepción es solamente humana y
por lo tanto compleja.

Los supuestos arriba mencionados, son una confirmación indirecta de que
existe una posibilidad de que el individuo no se adecue del todo a lo real ya que
las ilusiones ópticas son consecuencia de complejas estructuras nerviosas del
ojo antes de que los mensajes sensoriales sean transmitidos al encéfalo: “En
efecto se debe a pequeños movimientos involuntarios del ojo que el encéfalo
no rastrea” (Palladino, J. & Davis S., 2008, p. 121).

Rudolf Arnheim (2002) considera que dentro del sistema visual existen fuerzas
activas que funcionan de la siguiente manera:

“Cuando el tamaño o la forma de los esquemas que vemos difieren de
los de la proyección retiniana, la modificación del estímulo de entrada
tiene que ser fruto de la acción de procesos dinámicos localizados en el
sistema nervioso” (p. 424).

Para Rudolf Arnheim, las ilusiones ópticas son las demostraciones más
evidentes de un hecho que es general: lo que vemos no es idéntico a lo
registrado por el ojo (p. 424).

Pese a ello existen estudios, los cuales, establecen que las ilusiones ópticas
hacen más que engañar a los ojos. Una ilusión óptica también pueden
convencer a ciertas partes del cerebro de que algo estático se está moviendo
(Hermann, 2004).

Hermann (2004) establece que la corteza visual es la parte del cerebro que
procesa el movimiento real, el movimiento innegable, el movimiento que se da,
pero al establecerse una ilusión visual –aquéllas que simulan movimiento- se
registra una actividad cerebral al interior de esta corteza.

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William James describe que lo perceptual en el niño recién nacido es “una
confusión que zumba y florece a su alrededor” es “una floreciente confusión”
(Margaret W. Matlin, 1996, p. 7).

Para Andrés González y Julieta Ramos los niños pequeños presentan una
conducta ocular la cual es de tipo reflejo, sus respuestas al entorno son reflejos
y esto le permite al infante una percepción aislada de rasgos sin una clara
definición. “Al nacimiento sólo se encuentran movimientos oculares de tipo
sacádico que son reflejos, hasta los seis meses que empiezan a darse
movimientos de escudriñamiento” (2006, p. 84).

La conducta biológica –reflejos, instintos- no requiere ser aprendida, es innata,
es un patrón fijo de acción que ocurre en el infante, el cual, lo capacita para
aprender.

Estos autores, Andrés González y Julieta Ramos (2006, p. 84) consideran que
en los seis o siete meses de vida el infante logra identificar los estímulos de
acuerdo a la velocidad que se presentan y podrán realizar integraciones en los
fenómenos.

Cuando ya se encuentra constituido el objeto en su completud, la reacción
inmediata de tipo reflejo es sustituida por un comportamiento manado del
aprendizaje social.
Se infiere lo siguiente: a) En un primer momento se da un conjunto de
asociaciones que va originando en el niño una conciencia de los objetos; b) El
lenguaje, el cual, ayuda al infante a traer objetos aunque ya no estén presentes
y c) Las imágenes se forman y con ello, comienza a formarse la conciencia en
el infante (González, A., & Ramos, J. 2006, p. 87).

La percepción visual en el infante suministra información relevante del mundo
exterior, sitúa la posición, la distancia, el tamaño, el color y la forma. Las
percepciones visuales en el niño son resultado de un largo y gradual
crecimiento. El niño en lo prenatal es percepción, borde, territorio, ajuste,
estructura. Ocurre a través de la sensopercepción, logrando formar su
psiquismo, es decir, el infante logra dar un significado a algún determinado
acontecimiento.

La mirada espontánea del infante toma relevancia, pues conduce al
reconocimiento de los objetos, no es que el niño reconozca una determinada
figura particular, sino que reconoce la figura en una determinada situación.

La misma sonrisa, la cual, se sitúa como un mecanismo reflejo se considera en
el infante como un signo social lleno de significaciones.

Con base a esto, se establece que el recién nacido imponen una estructura al
mundo, es decir, no todo es caos como lo establece William James (Matlin,
1996, p. 453). Por tanto, el crecimiento del infante origina cambios en la
estructura, así como el cuerpo del niño crece, su conducta evoluciona y con
ello, su conducta psicológica.

A manera de conclusión, puedo clarificar lo siguiente:

- La sensación que presenta el neonato precede a la percepción.
- La mente del niño tiene dos formas de trabajar:
a) De arriba abajo: psíquico, fisiológico o sensorial. De lo complejo a lo simple.
B) De abajo a arriba: Sensorial o psíquico. De lo simple a lo complejo.
- El niño no es un receptor pasivo de estímulos visuales, él aporta sus propios
elementos organizativos para concretar el estímulo.
- El niño no nace con psiquismo se tiene que formar, es construido y la
percepción toma relevancia en este proceso.
- El niño se forma persona con la identificación de símbolos, con el lenguaje.

Hasta aquí mi labor realiza. Espero que con el transcurso de mi formación
psicológica pueda detectar errores en este trabajo y poder mejorarlos.

REFERENCIAS

Arnheim, R., (2002). Arte y Percepción visual. Madrid: Alianza.

González, A., Ramos, J. (2006). La atención y sus alteraciones. México:
Manual Moderno.

Hermann, F., B. (2004). El cerebro percibe las ilusiones ópticas del movimiento
como movimientos reales. Pórtico. Océano Universita, Consultado el 07
de junio de 2009 de www.bibliotecas.uvmnet.edu.

Hermann, F., B. (2004). El cerebro nos engaña. Pórtico. Océano Universita,
Consultado el 07 de junio de 2009 de www.bibliotecas.uvmnet.edu.

Matlin, M. (1996). Sensación y Percepción. México: Prentice Hall

Hispanoamericana.

Palladino, J., & Davis, S. (2008). Psicología. México: Pearson Educación.

Schiffman, H., R. (1995). La percepción sensorial. México: Limusa.