Tensiones en la Educación Popular: de lo político a lo pedagógico

y de lo pedagógico a lo metodológico.
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Por: Edison Monroy Machado
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Una de las tensiones internas en el campo de la Educación Popular se
presenta entre lo político y lo pedagógico. En algunos casos prima lo
político sobre el hecho pedagógico y en otros se desatiende lo político
por privilegiar lo pedagógico. Encontrar el punto de encuentro que
permita equilibrar los procesos de educación popular como procesos
políticos y pedagógicos es uno de los retos de quienes le apostamos a
la transformación radical de la sociedad colombiana actual, desde este
campo del saber.

Cuando se acentúa la Educación Popular en lo político se cae en lo que
se vivió, en la década de los 70’s, por parte de organizaciones
marcadamente políticas como sindicatos, movimientos obreros,
campesinos y partidos políticos de izquierda. Aquí, la pedagogía no era
tan importante como si lo era el discurso político clasista. Y los
contenidos, con alto tinte político, eran puestos en escena sin tener muy
en cuenta su enseñanza. Lo que contaba era ganar gente para la
Revolución. Y todavía sigue contando hoy día, pero se ha tratado de
tomar en cuenta lo pedagógico, al igual que lo político.

Ahora bien, algunos otros procesos que se han denominado de
Educación Popular han pasado de agache lo político para concentrarse

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Ensayo presentado en el curso Métodos y Materiales para la EP.
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Estudiante de Licenciatura en Educación Popular, Universidad del Valle.
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en lo pedagógico. Aquí se fortalecen aspectos como la didáctica, las
metodologías, las evaluaciones, pero se va desvaneciendo lo político y
terminan siendo procesos meramente educativos, con técnicas
sofisticadas para ser aplicadas por los educadores. Tal vez, se podría
pensar como un ejemplo de ello al Movimiento Pedagógico que se
generó en Colombia en razón de reivindicar lo pedagógico en el campo
de la educación.

Actualmente, quienes pensamos trabajar o quienes trabajamos desde la
EP es importante que atendamos lo político sin sobreponerlo a lo
pedagógico y que lo pedagógico no subordine lo político. Es más,
dicotomizarlo es una forma de exclusión de uno con el otro. En ese
sentido, vale la pena recordar al maestro Paulo Freire cuando afirmaba
que todo acto educativo es político y todo acto político es educativo.
Hay entonces una dualidad, reciprocidad, complemento. En mi opinión,
un proceso se puede caracterizar como EP si su acento lo tiene en la E
y la P por igual. En lo Educativo y en lo Político. Si hay ausencia de una
de las dos será difícil reconocer que sea un proceso de EP. Y quizá, me
atrevo a decir, eso no está muy claro en las personas que estudiamos
Licenciatura en Educación Popular y que estamos próximos a terminar
la carrera. Y si no lo está, es precisamente porque en la carrera ha
habido grandes vacíos en los aspectos Pedagógico y Político.

¿Pero a qué responde lo pedagógico y lo político en la EP? En términos
muy someros podría decirse que lo político hace referencia al
empoderamiento de las personas como sujetos históricos capaces de
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transformar sus subjetividades y sus realidades. Y que responde a una
apuesta por cambiar el modelo de vida que durante mucho tiempo nos
han impuesto y que lleva por nombre “Capitalismo” y algunos otros
apellidan “Salvaje”.

Lo pedagógico, teniendo en cuenta lo político, se preocupa de
reflexionar sobre los procesos educativos que están formando personas
para el modelo de sociedad mencionado anteriormente. En esa medida,
se pregunta por los contenidos, las metodologías, los sujetos
educativos, las intencionalidades y los ámbitos de trabajo. Sin olvidar lo
político, lo pedagógico tiene aspectos muy importantes, como la
metodología, que es la que responde a las maneras cómo se piensa
desarrollar el acto educativo. En ese sentido, la metodología podría
asumirse como eje transversal de los procesos político – pedagógicos,
pues de alguna manera, todo tiene que ver con las formas de hacer lo
que se piensa y se dice. De este modo, cada elemento depende de los
demás. No es posible aislar lo metodológico de lo evaluativo, o de los
contenidos.

A pesar de existir interdependencias entre lo político, pedagógico,
metodológico, contenidos, evaluaciones se presentan situaciones
donde no hay relación entre una cosa y la otra, por ejemplo, entre lo
pedagógico y lo metodológico. En otras palabras, no hay coherencia en
el proceso. Así que, pedagógicamente se podría estar parado desde la
Pedagogía Crítica Liberadora pero metodológicamente se estaría
siendo autoritario, antidemocrático, poco participativo…o sencillamente,
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lo metodológico no pasa por una reflexión pedagógica que cuestione lo
que se hace y para qué se hace, y terminan siendo actividades sin
ningún sentido político ni pedagógico. Así, “los instrumentos,
dispositivos y técnicas en educación popular no pueden estar pensados
sólo en función del aprendizaje o de la enseñanza sino, sobre todo, en
función de un aprendizaje con producción para la acción humana
(empoderamiento), lo cual, en muchas ocasiones, modifica los
procesos. Por esta razón, en cualquier proceso educativo, si
observamos la caja de herramientas utilizada por quien desarrolla la
práctica, ella nos hablará de la concepción político-pedagógica de ese
educador”.
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Otras veces puede y suele pasar que en el afán de trabajar lo político
se proponen actividades para el aprendizaje sin tener en cuenta la
pertinencia del momento. No todas las actividades funcionan con todas
las personas y en todos los espacios. Es importante conocer que
“cualquier dispositivo que organizamos para la realización del acto
educativo es fruto de una época y de un contexto histórico determinado,
y en ese sentido produce resultados coherentes con ella”.
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En otros casos, con el ánimo de ser proactivos y pragmáticos a la hora
de enseñar los contenidos se sobredimensiona lo metodológico y se
cree que todo se aprende por medio de actividades lúdicas o como

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Mejía, Marco Raúl, “La Educación Popular: hacia una pedagogía política del
poder” en Ospina Héctor Fabio y Alvarado Sara Victoria (compiladores) Educar
el Desafío de Hoy. Construyendo Posibilidades y Alternativas. Bogotá:
Cooperativa Editorial Magisterio, 1999.
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Ibídem.
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muchos las llaman; “dinámicas”. A este fenómeno se le denominó “la
metodologización de la educación popular”, y consiste en “la
consideración de que toda situación educativa pretende resolverse en el
diseño […] en los componentes técnicos, convirtiendo a la educación
popular en simple acontecimiento de aplicación de dinámicas de grupo
por fuera de cualquier planteamiento ético/político”.
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Es pertinente tener claro que lo metodológico implica llevar a cabo
procesos y que en sí misma, la metodología es un proceso. Por tanto, lo
metodológico no se resuelve ni se agota con una “dinámica” o la
aplicación de un taller. “No se trata de hacer el uso instrumental de
aparatos y medios sino de abordar el acto mismo de la negociación
cultural que se puede lograr con múltiples ayudas que son parte de un
proceso educativo-comunicativo”.
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De la misma manera, implica tener
presente el horizonte político del proceso en general. Esto es, a qué se
le apunta con el proceso, a qué le apostamos y de qué manera vamos a
llegar a ello. Implica saber y conocer el tema o situación que quiero
problematizar. Al igual que el tipo de formación que quiero lograr. En
ese sentido, las metodologías están revestidas de reflexiones
epistemológicas que permiten ser estudiadas, construidas y
replanteadas de acuerdo a las intencionalidades de nuestro proceso
político y pedagógico.


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Mejía, Marco Raúl y Myriam Inés Awad, Educación Popular Hoy. En
tiempos de globalización. Bogotá, D.C.: ed. Aurora, 2003, p. 123
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Ídem, p. 100.
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Una vez se tenga claro lo metodológico es posible echar mano de
diferentes métodos que sean coherentes con el proceso Político y
Pedagógico. “El método es el instrumento de organización del proceso
educativo popular en la medida en que nos muestra el camino para
alcanzar los objetivos propuestos. […] Nos permite la coherencia entre
la concepción pedagógica y el camino elegido, esto es, el diseño
elaborado y la actividad concreta a realizar”.
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Métodos que pueden ser
una construcción propia del proceso. O simplemente, métodos que
contextualizados a los intereses y necesidades del procesos aporten
para su fortalecimiento. Un ejemplo que pueda ilustrar lo anterior puede
ser la metodología del Diálogo de Saberes. Esta metodología ha sido
rediseñada y ha ido evolucionando a lo que hoy se conoce como
“Negociación Cultural”. Existe algún material escrito sobre esto por
varios educadores populares de Colombia. Y para hablar de un método
dentro de la Negociación Cultural se puede plantear, por ejemplo, un
cine-conversatorio que posibilite problematizar un tema o caso
específico y generar un diálogo crítico, abierto y constructivo entre los
participantes del proceso.


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Ídem, p. 175.