Los gustos, sensibilidades y afinidades de cada cuál son sumamente subjetivos e impredecibles.

Cambian con la edad, y en no poca medida, muestran cuál es la personalidad de cada uno, sus inquietudes y temperamento. Ello ocurre, muy especialmente, con la música. Cualquiera que me conozca o haya leído algunos de mis textos no se sorprenderá si le digo que me gustan Mike Oldfield, las composiciones de Hans Zimmer, y muy especialmente, John Williams (y sus bandas sonoras de Jurassic Park o StarWars), Muse, Prince, algo de música clásica (Shostakóvich, Holst, Rautavaara o el “Requiem” de Mozart)… y Jazz. El Jazz es mi peculiar “obsesión musical” actual. Su filosofía me seduce. Música de incuestionable herencia clásica, falta de estrictos cánones y en la cual imperan: la creatividad, el talento y la improvisación. Mi madre siempre me ha dicho que los mejores cantantes son de raza negra (para ella, Barry White o Stevie Wonder), y no es ningún secreto que la música negra goza de una espiritualidad única, que le ha hecho destacar y ser el caldo de cultivo para fenómenos, no necesariamente relacionados con el jazz. Cierto es que el jazz nació con los negros sureños en tanto que expresión de su desconsuelo étnico, en un país esclavista. Pero no lo es menos que, actualmente, el jazz es algo más que un estilo propio de una raza humana, habiendo roto cualquier tipo de frontera. A David Brubeck, Bill Evans o los notabilísimos genios escandinavos actuales (Lars Danielsson, Nils Petter Molvaer o Jan Garbarek, entre otros) no se les puede dejar fuera de cualquier ranking de músicos de jazz, actuales o pasados. Con todo, déjenme ser un romántico. Mis músicos preferidos de jazz son John Coltrane, Thelonious Monk y, cómo no, Duke Ellington. Puestos a recomendar algunos discos, mis “elegidos” son los siguientes:

1) “Black, Brown and Beige “ (1958) by Duke Ellington and his orchestra, featuring Mahalia
Jackson. Si tuviera que irme a una isla perdida con algunos discos… este estaría entre ellos. No lo veo siempre entre los mejores discos de la historia, cosa que me sorprende. Poca duda cabe de que en la historia de la música siempre hay un estilo, culto, que procede del imperio de turno, de EEUU procede el jazz, y este disco es, sin lugar a dudas, el que busca un propósito más épico. Ellington quiso plasmar en este disco la historia del pueblo negro en EEUU. Para ello consiguió convencer a Mahalia Jackson, una de las más grandes, y en exceso desconocida, voces femeninas jamás grabadas. Jackson era una cantante de góspel, y por lo tanto, veía al jazz como algo profano, falto de religiosidad. No pudo ser otro más que el gran Duke quien le convenciera para aparecer en este disco. Para Duke era la mejor cocinera del Mundo, para todos, una colaboradora necesaria en esta obra magna.