Es necesario para nuestra sociedad que ella no sólo se preocupe por la familia sino también por sobre todo

se ocupe. No sólo la Doctrina Social de la Iglesia plantea que la familia es el núcleo de la sociedad, junto con ella cualquier otra concepción de la sociedad y del bien común lo hace. Juan Pablo II planteaba una especial atención a la ecología del ser humana tal cual como hay una atención al medio ambiente también es necesario poner la misma atención al medio ambiente humano, darnos cuenta de qué es lo sano y natural en el hombre. Por ello, es necesario reconocer la importante de la familia en la ecología humana que, en definitiva, es darse cuenta del bien que le es propio y debido. “La primera estructura fundamental a favor de la “ecología humana” es la familia, en cuyo seno el hombre recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien; aprende qué quiere decir amar y ser amado, y por consiguiente qué quiere decir en concreto ser una persona. Se entiende aquí la familia fundada en el matrimonio, en el que el donde recíproco de sí por parte del hombre y la mujer crea un ambiente de vida en el cual el niño puede nacer y desarrollar sus potencialidades, hacerse consciente de su dignidad y prepararse a afrontar su destino único e irrepetible” (Juan Pablo II, “Centesimus Annus”) La familia es el núcleo principal de la sociedad y del desarrollo personal. Visto que la persona humana nace desprovista de todo sin ningún aprendizaje previo, es la familia la que provee las herramientas para su autodesarrollo. Así como plantea la Iglesia, la familia es la principal educadora de los hijos. Por ende, en la familia uno aprende los valores fundamentales de la vida. Sin embargo, la familia no es una comunidad completamente acabada, ya que a su vez tiene la necesidad de otros para alcanzar más y diferentes medios para su realización; por ejemplo, el trabajo, la alimentación, trascendencia, entre otros. Aquí, el Estado debe garantizar y proveer si son necesarios los medios para su realización. El Estado y también la Iglesia cooperan con la función que es propia de los padres. En ningún caso le es lícito al Estado arrebatar y no reconocer tales funciones educadoras. El caso de que la sociedad se encuentre con sectores descuidados de los valores fundamentales, el Estado y la Iglesia deben ocuparse de no sólo su bienestar, sino también del desarrollo moral y ético. Teniendo un especial cuidado sobre los sectores más vulnerables, pero tampoco desconocer la preocupación transversal en la sociedad abarcando todo estrato social y económico. Porque, el cuidado y la preocupación es por el desarrollo integral de la persona humana en todas sus dimensiones y valores fundamentales, así como los que más tienen deben ser educados con mayor atención en la solidaridad y la ayuda por sus hermanos necesitados siguiendo el principio de universalidad de los bienes y el orden al bien común que plantea la Iglesia. Por tanto, junto a la Iglesia el Estado no es indiferente en el desarrollo de la persona humana y presentar apoyo en su formación es transversal a toda la sociedad y en todas las dimensiones. Sin embargo, es necesario reconocer en un principio que la familia es la principal formadora de la persona y, por ello, en una concepción del bien común es la sociedad la que se pone al servicio de la familia, representando su servicio mediante

.políticas sanas y protectoras de ella. y bajo ningún caso la familia está al servicio de la sociedad y de los intereses particulares.