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deVerano | Entrevista

SÁBADO 27 DE JULIO DE 2013 ELPROGRESO

La gente tropieza contigo en la calle y ni te pide perdón. Estamos viviendo un tipo de vida muy hostil tanto en los detalles como en las maneras»
lerado. La gente tiene la sensación de que hay algo que no funciona, de que falta armonía. San Ireneo le declara la guerra al estilo de vida moderno, trata de buscar y defender la tradición. Esos valores esenciales que hemos ido perdiendo de vista, que no cuestan dinero pero que necesitan tiempo, el gran bien que hoy en día no tenemos. Los vecinos de San Ireneo tienen una convivencia ideal: comparten, actúan de buena fe y son corteses. ¿Aplica esas normas a su vida personal? Intento comportarme así pero escribir una novela es más sencillo que vivir tu vida. No siempre es fácil convivir con la gente. A lo mejor es necesario tratar con más delicadeza y cortesía a las personas. Hoy en día la gente tropieza contigo en la calle y ni te pide perdón. Estamos viviendo un tipo de vida que se ha vuelto muy hostil tanto en los detalles como en las maneras. Eso es fruto de la falta de tiempo y la rapidez con la que vivimos. Aunque también porque hemos dejado de lado ciertas normas de cortesía que antes eran naturales y ahora no. Eso es algo importante que habría que intentar defender y recuperar. ¿De niña era una devoradora de libros? Me crié en una familia muy grande, soy la quinta de siete hermanos, y tuve la suerte de que mis padres tenían una buena biblioteca. Eso me dio acceso a muchos libros, a muchas obras clásicas. Crecí en un ambiente literario e intelectual muy libre. Hoy en día hay tanta norma pedagógica sobre la educación que el acercamiento de los niños a la lectura está muy encorsetado. Usted dijo: «No creo que exista nada más grande y apasionante que educar a un niño». ¿La sociedad le está dando el apoyo necesario a los profesores? Creo que el primer responsable de educar a un niño es su familia. Y creo que, en parte por el estilo de vida que vivimos, eso lo hemos subcontratado. Los niños están escolarizados muchas horas, con actividades extraescolares después porque no hay tiempo para ellos. Tenemos un sistema educativo que recibe muchas críticas. Yo soy muy crítica con él. Mi visión es que es demasiado rígido, hay muchísimo conocimiento que no entra en los planes de estudio, está demasiado dirigido a la tecnología, hay muchas lagunas y yo la que veo es la de la educación clásica, de pensamiento, arte, de los tesoros de Europa y occidente. Echo de menos más libertad para formar un currículum educativo más amplio. Facebook, Twitter, Whatsapp... la gente del siglo XXI parece tener miedo al silencio, a la soledad. Si, absolutamente. Hubo una época en la que los hogares se percibían como nidos, tú terminabas tu trabajo y te ibas a tu casa. Actualmente eso se ha borrado por culpa de la tecnología. Nos llevamos el trabajo a casa, nos llevamos las relaciones personales a casa pero de un modo virtual porque no es lo mismo invitar a los amigos y charlar que estar en las redes sociales comunicándote. Hemos borrado esa idea de tener un espacio privado donde cultivar el intelecto y el alma, donde pensar, donde leer. Hay mucha gente que es incapaz de estar sin hacer nada, de estar a solas. Hay que acostrumbrarse a vivir sin ruido. La modernidad en sí misma no es terrible, hay cosas estupendas en ella pero hay cosas en las que hemos perdido el equilibrio. A veces, las respuestas no están en lo nuevo, hay que echar la vista atrás. ¿El éxito de su primera novela te ha pillado por sorpresa? Totalmente. En la feria de Fráncfort del año pasado hubo como una pequeña revolución y allí una serie de grandes editoriales compraron los derechos de traducción de la novela. En España se publicó hace tres meses y quedan por delante esos 70 países. De cara a escribir una segunda novela, ¿este éxito resulta una presión añadida? Tengo una vida complicada. Compaginar mi trabajo, que es muy intenso y absorbente, con la promoción del libro es difícil. Tengo por delante unos meses de promoción. Estoy convencida de que quiero escribir otra novela pero yo hago las cosas en el momento que estoy preparada y tengo tiempo para hacerlo; pero sí, la gran idea es seguir escribiendo. En su casa eran siete hermanos. ¿Cómo se organizaban sus padres para las vacaciones? Estábamos acostumbrados a una convivencia muy grande y a adaptarnos. Por ejemplo, hacíamos dos viajes a la playa en coche. Yo tuve una infancia muy feliz. Tener muchos hermanos te enseña a ser tolerante con los demás, a convivir, a compartir; es una gran riqueza. Para mí, mis hermanos, son lo mejor que he tenido en la vida. De todo lo que me han dado mis padres, lo mejor. Tener una familia grande es una riqueza, algo difícil de sustituir con otra cosa. ¿Recomienda algún libro? He terminado de leer hace poco el libro ‘El pensionado de Neuwelke’ , de José C. Vales, que me ha gustado mucho. Hay cosas que siempre recomiendo. Me gusta mucho la literatura inglesa del siglo XIX, Jane Austen nunca está de más. Los ensayos también son buenos y nunca están de más.

Natalia SanMartín Fenollera.

NATALIA SANMARTIN

AUTORA De ‘eL DeSPeRTAR De LA SeÑORITA PRIM’

«LA MODERNIDAD NO ES MALA, PERO HAY MUCHA GENTE QUE ES INCAPAZ DE ESTAR A SOLAS»
Natalia Sanmartín Fenollera (A Estrada, 1970) revolucionó la pasada edición de la Feria del Libro de Fráncfort con su primera novela ‘El despertar de la señorita Prim’.
▶ TEXTO: REBECA SÁNCHEZ

Actualmente es jefa de opinión en el diario económico Cinco Días. ¿De dónde sacó el tiempo para escribir la novela? Pues he escrito la novela a lo largo de los dos últimos años y lo hice en tiempo de descanso, aprovechando vacaciones y fines de semana, poco a poco. No me dediqué de modo constante. Hubo meses que no toqué el libro, sobretodo el año pasado cuando se agravó la crisis de deuda, que tuve mucho trabajo en Cinco Días. Una periodista económica en tiempos de crisis, colapsos financieros y rescates económicos. ¿Era capaz de desconectar al dejar la redacción? Sí. Creo que hay que intentar sa-

car un poco de tiempo para uno mismo y su esfera privada. Eso en el periodismo no siempre es fácil pero, por otra parte, también hacemos un cierre diario y, quieras que no, tampoco es tan complicado. El libro me servía para desconectar. Es la primera vez que escribo ficción y eso que dicen de que uno crea un pequeño mundo, unos personajes y eso echa a andar, al menos en tu imaginación, es un proceso muy bonito. Eso sirve para hacer una división, crear tu pequeño mundo paralelo donde tú gobiernas y pones las reglas. ¿Se parece en algo a la protagonista de su novela, la señorita Prim? (Ríe) Me parezco más al protagonista masculino, el hombre del

sillón. Hay más en el hombre del sillón de mí que lo que hay de la señorita Prim. Aunque comparto con ella el amor por el arte, por la literatura y la belleza. Ella le da mucha importancia a las cosas pequeñas, a los detalles, y tiene esa particular sensibilidad hacia lo bello. La novela se desarrolla en el pueblo ficticio de San Ireneo de Arnois. ¿Recomendaría el lugar para unas vacaciones? Pues para pasar unas vacaciones y también para vivir. Hay lectores que me preguntan si existe el pueblo. Pienso que parte de la buena acogida que está teniendo la novela tiene que ver con que nuestro estilo de vida es muy ace-