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“EL PRECIO DEL DINERO”

Autor:

Díaz Guevara Ramiro

Hoy en la actualidad, podemos observar una falta de cultura financiera, la cual limita la capacidad de las personas a tomar decisiones fundamentales y consistentes en sus vidas, respecto al manejo de sus finanzas personales y familiares, por lo que podemos observar que nuestra sociedad actual presenta un fuerte paradigma que impide a las personas progresar financieramente y aportar al desarrollo económico de su país y de sí mismos, entre algunos de los paradigmas que se presentan a menudo tenemos la aceptación de ideas, pensamientos, y creencias incorporadas generalmente durante nuestra primera etapa de vida que se aceptan como verdaderas o falsas sin ponerlas a prueba de un nuevo análisis. Así es, la aceptación y la falta de cuestionamiento son el problema y es lo que empobrece actualmente la cultura financiera en una sociedad. En cuanto a las finanzas personales, existen muchos paradigmas que no permiten a las personas y a la sociedad progresar, ya que nunca se les ha enseñado como manejar el dinero. Paradigmas como por ejemplo; tenemos que estudiar mucho para conseguir un buen trabajo, ser empleado y ganar buen dinero, o que con el dinero hay que jugar a lo seguro y jamás arriesgarse, son paradigmas que se nos ha trasmitido con la educación tradicional en las escuelas, colegios y universidades y que llevamos toda nuestra vida, además de que es ésta, la que muchas veces es quien se transmite a manera de mensaje de generación en generación. Entonces en vez de sólo seguir una corriente de pensamiento; por qué mejor no poner nuestro dinero a trabajar para nosotros y generar a sí una cultura financiera sólida y perdurable en el tiempo. Según el diccionario de la real academia española, cultura es un conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. Ahora bien, entendemos por cultura financiera a todo conjunto de conocimientos financieros y de administración de dinero, que nos permiten como principales actores, desarrollar facultades financieras críticas, encaminadas a un buen desempeño económico de la persona. Así mismo, también es importante abordar la definición de educación financiera. Según la OCDE.1, la educación financiera es “el proceso por el que los inversores y consumidores financieros mejoran su comprensión de los productos financieros, conceptos y riesgos y, a través de la
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OCDE, Organización Para La Cooperación y el Desarrollo Económico.

información, la enseñanza y/o el asesoramiento objetivo, desarrollan las habilidades y confianza precisas para adquirir mayor conciencia de los riesgos y oportunidades financieras, tomar decisiones informadas, saber dónde acudir para pedir ayuda y tomar cualquier acción eficaz para mejorar su bienestar financiero”. Los países desarrollados, desde hace algunas décadas atrás, tienen programas de educación financiera dirigidos principalmente a adultos y jóvenes, cuyo enfoque va mucho más allá de finanzas intrafamiliares e instrumentos financieros básicos. El objetivo de la mayoría de estos programas es profundizar el conocimiento de los clientes que ya son parte del sistema financiero. En contraste, en los países en desarrollo, los programas son relativamente nuevos, muchos comenzaron con este nuevo siglo, y se concentran más bien en brindar educación financiera a los pobres, en su mayoría no bancarizados. Los objetivos que persigue cada tipo de programa según el país donde se imparte son muy distintos al igual que las audiencias a las cuales están dirigidos. Ambos elementos dificultan que los países pobres puedan asimilar, al menos no en su conjunto, los conceptos y materiales desarrollados en los países ricos sobre esta materia. En esta ocasión, a diferencia de muchas otras, será difícil que los países pobres puedan cosechar lo s “beneficios del atraso”. Este representa uno más de los retos que enfrentan los programas de educación financiera dirigidos a los pobres. De la revisión de algunos de los programas de educación financiera más representativos en el mundo, la clasificación que mejor se adapta a ellos es por edad, según sean para adultos, jóvenes o niños. La mayoría de los programas para adultos usan material que puede ser fácilmente interpretado, inclusive por analfabetos, a través de imágenes (videos cortos, fotografías y dibujos). En concordancia con los principios que rigen los métodos de educación para adultos, las clases son muy participativas tanto a través del intercambio de experiencias entre los participantes, juegos de roles, trabajos en grupos y parejas, juegos (rompecabezas y de mesa), y actividades lúdicas (canciones, teatro, poesía, etc.). Por esta razón, la clase magistral y el uso de Power Point han sido desechados por la mayoría de ellos.

Otra característica importante de estos programas es que el enfoque de género prima en varios de ellos, bajo la premisa que la mujer antepone los intereses de los hijos a los de la pareja y que por tanto la educación orientada a este segmento puede ser mucho más efectiva. Los programas le dedican especial atención a que las clases sean amenas, pero sin duda es también importante que los estudiantes valoren lo aprendido en clase. Lo anterior sólo es posible si los participantes perciben que el material les resulta útil y que pueden poner en práctica el nuevo conocimiento casi en forma instantánea. Así por ejemplo, un programa de educación financiera que pretenda bancarizar sin que exista en el medio una oferta de productos financieros acorde a las necesidades de los pobres, tendrá grandes dificultades para ser exitoso. En el caso de los programas para jóvenes, el gran potencial que tienen es que a través de ellos se puede promover un cambio de comportamiento de los padres. Asimismo, la adopción de nuevas tecnologías resulta mucho más rápida cuando son los jóvenes quienes lideran este proceso. Por su parte, la ventaja de ofrecer programas para niños es que resulta más fácil inducir un cambio de comportamiento a temprana edad. La desventaja en este último caso es que su impacto solo podrá ser dimensionado en el mediano plazo. La educación financiera para los pobres enfrenta muchos retos. El bajo nivel de instrucción del grupo meta en general dificulta el proceso de

enseñanza/aprendizaje. La heterogeneidad de los grupos en cuanto a destrezas financieras, actividades económicas, intereses, etc., dificulta una estandarización total de los programas de educación. El elevado costo de oportunidad para los participantes de asistir a cursos de capacitación, el temor de enfrentar cursos que contengan matemáticas y en algunos casos la falta de interés por aprender a manejar algo que dicen no tener (dinero), dificultan despertar el interés suficiente para atraer audiencia. La baja densidad de población, particularmente en las áreas rurales de América Latina, dificulta llegar a quienes más la necesitan. Adicionalmente, la forma de financiar un programa masivo representa otro reto adicional. Precisamente, son estos retos que enfrentan los programas de educación financiera que han repercutido en que la mayor parte de los programas evaluados tengan una baja cobertura. Entre los programas más exitosos se encuentra el de Educación Financiera Global liderado por Microfinance Opportunities, que indica haber llegado a más

de 10.8 millones de personas, a través de alguna de las muchas actividades que realiza como son: talleres, spots televisivos, publicidad en radio, obras teatrales, etc. Al respecto, hay quienes critican que el enfoque no debe privilegiar la cantidad sobre la calidad, porque si ese fuese el caso estarían privilegiando la provisión de información más no la enseñanza (“reaching not teaching”). Otro de los programas más ambiciosos es promovido por la Escuela India de Microfinanzas para las Mujeres, creado por la Alianza Nacional de Alfabetización Financiera (NAFiL por sus siglas en inglés) y que pretende llegar a un millón de mujeres durante el año 2009. Los tres programas para adultos evaluados en este documento, para los que se cuenta con información, reportan un número máximo de 40 mil beneficiarios en alrededor de tres años de funcionamiento en promedio.

Por ende, me atrevo a decir que existe una gran falencia en la educación tradicional que existe hoy en día. Absolutamente todos – Doctores, Ingenieros, Administradores, Abogados, Diseñadores, Arquitectos, etc. – están porque

relacionados con el dinero, ya que este es el fin propio de él,

estudiamos y trabajamos. Si todos tenemos que administrar nuestro dinero, ¿Por qué en la escuela o universidades no está incluido un programa de educación financiera? Es por eso que en la sociedad se pueden encontrar personas profesionales, con un buen puesto y excelente salario, pero sin embargo totalmente endeudados. Así como nos enseñan en la escuela los pensamientos y teorías de los filósofos sobre el origen del mundo, la naturaleza del universo y el ser de las cosas, también deberían enseñar los principios básicos de la administración de dinero como el ahorro, la inversión, y las “teorías” – si se puede llamar así - de los promotores de la educación financiera como lo es Robert Kiyosaki o George S Clason. La educación financiera desde muy temprana edad, brindaría los conocimientos y herramientas necesarias para el no fracaso financiero de la persona en la sociedad. Es por ello que al fin y al cabo ésta es la única manera de romper estos paradigmas y enriquecer nuestra cultura financiera, el problema es que nadie se atreve a arriesgarse y a pensar diferente, pues es el dinero quien dirige hoy en día parte del actuar humano.

Por lo que podemos afirmar entonces que el dinero es uno de los bienes más preciados hoy en día, y eso es debido a que vivimos, actuamos y nos desenvolvemos en un sistema capitalista, donde la compra del trabajo a cambio de un salario, la predominancia de la propiedad privada, en contraste con la propiedad social de los elementos de producción y el sistema político, social y económico, han encontrado en éste un ordenamiento colectivo y una forma de vivir y hasta de sobrevivir, y eso es porque el dinero perse,

representa un sinónimo de poder y/o existencia, donde la persona que no lo posea, no podrá hacer frente a sus necesidades más urgentes (alimentación, vestimenta, salud, etc.), y donde son las grandes empresas, con unas pocas personas acaudaladas, las que controlan la propiedad, incluyendo los activos capitales (terrenos, fábricas, dinero, acciones de la bolsa, bonos), son las que toman gran parte de las decisiones que rigen este ordenamiento social. Por otro lado, si bien es cierto, cada persona tiene diferentes puntos de vista acerca de lo que significa tener dinero y de como éste se adecua a cada una de sus necesidades, cabe resaltar también que pareciera a veces, que muchas de éstas personas, no saben distinguir entre la definición del dinero como tal, y cuál es la función que desempeña en las decisiones del actuar humano. Es cierto también que la mayoría de las personas trabajan día y noche casi toda su vida para satisfacer las demandas financieras presentes, al tiempo que planifican cuidadosamente para el futuro. Pero para muchos, el dinero que ganan apenas alcanza o es insuficiente para cumplir con sus responsabilidades financieras, por lo que planificar verdaderamente para el futuro parece imposible. (CHRIS MERKAND, 2013) Entonces si hablamos del dinero, la pregunta qué deberíamos hacernos es la de si es éste, aquél que constituye una herramienta con la cual intercambiamos cosas u objetos que sí y no necesitamos, o si en realidad es una herramienta que nos permite seguir con vida y subsistir, en un modelo económico y sociedad cada vez más compleja. Por lo que podemos observar, que no sólo somos nosotros los que tomamos decisiones carácter financiero, sino también que ya el gobierno como ente protector, ahora no sólo defiende nuestros derechos frente a los abusos o

injusticias de las compañías, a través de instituciones intermedias, sino también, que ahora se toma la libertad de decidir por nosotros, con la finalidad de salvaguardar nuestra integridad financiera y jubilación; pues la SBS, estima que serían alrededor de 700 mil trabajadores independientes menores de 40 años, quienes ingresarían al sistema pensionario, pudiendo optar por la ONP o una AFP, donde los montos que no superen los s/. 1125 (una RMV y media), tendrán un descuento de 5% hasta el 2014. Este porcentaje se incrementará a 8% en el 2015 y llegará a 10% a partir del 2016. En el caso de los trabajadores independientes que perciban hasta 1,5 de la RMV (S/. 1.125) realizarán aportes escalonados de la siguiente manera: hasta diciembre de 2014 el aporte será del 7%; se elevará a 10% durante el 2015 y a partir de enero del 2016 deberán abonar el 13%. Cabe señalar que en los meses en que sus ingresos sean menores a la RMV (S/. 750) no aportarán a la ONP. Jorge Guillén, profesor de ESAN, advirtió que tal medida generaría evasión de los afiliados, ya que ello implica sacrificar un ingreso de corto plazo para un ahorro con fines de largo plazo.2 Podemos observar de este modo, que el gobierno considera que aún somos unos niños, que no sabemos qué hacer con el dinero y que necesitamos de un padre que tome decisiones por nosotros, enseñándonos a sí la manera de ahorrar, retirándonos parte de nuestro trabajo (dinero) y guardándolo para una jubilación futura, pues considera que seremos personas que trabajarán para toda la vida bajo las órdenes de alguien que si aprendió para qué sirve el dinero, el cuál sabe la diferencia de que el dinero trabaje para él, y de que no él trabaje para el dinero. A su vez, si nos ponemos a pensar un poco y nos enfocamos en lo que significa el dinero, y de cómo éste crea diferencias sociales (ricos y pobres), ya sea en la acumulación de riqueza o en la disminución de la misma, tenemos que hacer énfasis en el significado de tener una deuda mala y una deuda buena, donde la primera representa pedir dinero prestado vendiendo parte de
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http://www.larepublica.pe/12-07-2013/si-es-independiente-aportara-desde-agosto-para-jubilarse

nuestra vida futura para “cubrir necesidades” del presente orientadas al consumo, como bienes suntuosos, de lujo, la mayoría de las veces no necesarios u ofertas “extremadamente llamativas” a 12 o 24 cuotas con tarjetas de crédito, que terminan por superar la capacidad de pago y generar a cada persona un problema que cada vez se torna mayor, por la cantidad de intereses que se nos impone, por lo general éste tipo de deudas, son usadas para satisfacer un impulso emocional, aprovechar el lugar de la compra o quedar bien con uno mismo al sentir la sensación de comprar algo nuevo, se busca más que nada consumir por emoción hacia uno mismo o hacia otros y sin mucho razonamiento financiero lo único que hace es sacar dinero todos los meses de nuestro bolsillo, lo cual constituye de ya der llamado un “Pasivo”. Las personas que adquieren este tipo de deuda, tienen argumentos tales como: Estaba en oferta, por eso lo compré, no tiene tasa de interés (lo que obviamente es falso, de una u otra forma los acreedores sacan tu dinero. Ellos no trabajarán por nada), estoy saliendo ya del pago anterior por eso lo compré, me invitaron a salir, llevaré la tarjeta por si acaso. Entonces qué sentido tiene pagar tanto tiempo por algo que ya pasó y que ya se disfrutó (S.F., 2013). Entonces si nos enfocamos en sólo comprar pasivos con más pasivos, como el obtener un préstamo bancario con altas tasas de interés para comprar un televisor de última generación, o destinar el 50% del sueldo al derroche de una salida a algún centro nocturno un fin de semana, no nos quejemos después por los problemas que nos pueda traer luego, como altas tasas de interés, recorte de presupuesto, hasta problemas familiares o que no tengamos el dinero suficiente para satisfacer nuestras necesidades más urgentes en el mes, etc. Así pues, cuando hablamos de una deuda buena o saludable, es enfocarse en conseguir dinero prestado a plazo y con todo lo que ello implica, pero sometido a adquirir Activos, los cuales generen a futuro una no dependencia del dinero en sí, sino poder generar una libertad financiera (S.F., 2013), que un trabajo común y corriente no sólo no te ofrece, sino que te convierte en parte del sistema y te crea una dependencia de consumo. Haciendo énfasis en el libro Kiyosaki “Padre Rico, Padre Pobre”, en el que nos hace referencia a la clase media y pobre, donde nos menciona que es ésta la

que trabaja por el dinero, mientras que en el caso de los ricos, nos dice que el dinero es el que trabaja para ellos (ROBERT KIYOSAKI, 2005, pág. 34), podemos decir que es cada decisión la que hace que de una manera u otra una persona consiga su libertad financiera, que repercutirá en la forma en cómo ésta actuará frente a la vida y a su tiempo, ya sea desde tener más tiempo para su familia, dedicarse a aprender y conocer más sobre la cultura humana o hasta el de generar nuevas metas y desafíos diferentes al de la dependencia del dinero. En conclusión, si bien es cierto formamos parte de un sistema capitalista y de consumo, pero qué sentido tiene trabajar para y por el dinero toda la vida siendo esclavos del mismo, si podemos hacer que el dinero trabaje para nosotros, no adquiriendo pasivos, sino activos que mejoren nuestra calidad de vida a futuro, por lo que deberíamos hacernos la siguiente pregunta ¿Qué sentido tiene pagar tanto tiempo por algo que ya pasó y que ya se disfrutó?, si en vez de pagar pasivos con pasivos, podemos generar activos financiados de pasivos, cuya finalidad sea la de generar una nueva y mejor calidad de vida para ser aprovechado en familia, amigos, etc. y ya no sólo nos preocupemos por llegar a fin de mes o buscar otro trabajo para mantener a nuestras familias, sino en el que el tiempo de solo trabajar para y por el dinero sea un proceso más dentro de un período de nuestras vidas y no que conlleve de toda nuestra existencia y donde la educación financiera sea la precursora para transformar vidas.

REFERENCIAS

Merkand, Chris. (8 de Mayo del 2013). Ganarse el Derecho a Vivir. Educaciòn Financiera, Finanzas, Ahorros e Inversiones. Recuperado de http://blogeducacionfinanciera.blogspot.com/2013/05/ganarse-elderecho-vivir.html

(s. f.) (2013) Alfabetización Financiera: Deuda Mala vs. Deuda Buena Recuperado de http://www.emprendices.co/alfabetizacion-financieradeuda-mala-vs-deuda-buena/

Kiyosaki Robert (2005) Padre Rico, Padre Pobre, Que le enseñan los ricos a sus hijos acerca del dinero ¡Que la clase media y pobre no!. Buenos Aires, Argentina., Editorial Aguilar - 1° Edición