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La Maldición de la Sombra
Jason Pérez Huanca

Tacna—Perú

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Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso escrito del autor. La Maldición de la Sombra. Edición: 2013 Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú: 2013-14302

Tacna, Perú. 2013.

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Jason Pérez Huanca

El Regreso De La Leyenda…

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A Tomás, Ana, Gustavo y Kerry. A mis grandes amigos. Y en su nombre.

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Introducción
El desarrollo de la historia se ubica en la heroica ciudad de Tacna, donde desde pequeño he aprendido a valorar su historia y su nombre que ha sido elevado por su valor y fuerza. Más que agradecido, me encuentro asombrado, pues después de haber publicado un libro anteriormente, no tenía idea de cuando empezaría siquiera a escribir el que ahora les presento. Es ahora, después de mucho meditarlo, les traigo la que podría ser la última aventura del audaz detective que a pesar de su edad se ha construido cierta fama. El joven Ulric Valle Dávila, de veinte años, ha crecido y aparece tras el cruel golpe de no soportar la pérdida de su amada Vanessa, quien fue asesinada hace cinco años por un disparo que era dirigido hacia él. La culpa lo absorbió y lo condujo a la locura, es así como encerrado en su casa, un viejo amigo suyo le pedirá que regrese en acción para que pueda resolver una serie de asesinatos que empezaron a atormentar la ciudad. No se puede dejar de lado, toda la gran magia que rodea el nuevo anhelo y su objetivo como detective. Aparte de capturar a quien en su recorrido derrama sangre ajena, la locura lo consume, tanto que pierde la razón enfrentándose a sí mismo. Pero ¿Qué remedio habría? ¿Acaso en este mundo enloquecido, los únicos que pueden saber la verdad son los desquiciados? La locura es la única respuesta sana en un mundo que yace enfermo. Y la última pregunta que carga Ulric a su espalda es… ¿Qué es la justicia?

Jason Pérez Huanca

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La Maldición de la Sombra
Capítulo 1:

El regreso del caído
Eran casi las 10 de la mañana, el cielo nublado de un día de verano se mostraba opaco junto a la mezcla de emanaciones de la ciudad. Los tejados de mojinete parecían ya no representar muy bien a la misma ciudad. Una vista externa la hace ver casi sin vida. Los habitantes caminaban por las calles sin notar su significado, ni mucho menos contestando sus incógnitas existenciales. Existía antes, en esta pequeña y heroica ciudad muy al sur del Perú, una leyenda. Más que leyenda era un hecho, el cual muchos ya habían apreciado. En los días de gloria del mismo brillo de esa “leyenda”, el ánimo mismo de la ciudad se mostraba diferente. No era lo que parecía sino lo que representaba. Pues esa leyenda era para toda la ciudad como un héroe. No podía volar, no tenía visión de rayos X, no podía hablar con los animales. Sin embargo, salvó vidas como un verdadero héroe. Todo el mundo volteó la mirada para

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observar a este chico que era, para ellos, una leyenda, un héroe. Efectivamente era un chico, de apenas unos 15 años, quien revolucionó toda la ciudad con su extremada inteligencia y poder deductivo. Su leyenda se relacionaba a la ciencia. El mundo lo conoció como un joven detective de mente prodigiosa. Su primera gran resolución criminalística fue el suceso de la década, que hizo, que todos se fijasen en la ciudad; para ese entonces, un tanto desconocida. En las portadas de los reconocidos periódicos mostraban, en esos días, los titulares llamativos y cada ejemplar se vendió al instante. “Joven detective resuelve el caso del Demonio Enmascarado de Toro”, “Chico descubre la identidad del asesino en serie”, “Conozcan la historia del joven detective”. Un sinfín de titulares principales convirtieron al chico en una celebridad. Después de que el chico resolviera su primer gran misterio, llegaron cientos más. Cada uno de ellos era un éxito. El joven detective fue apodado, por un medio de comunicación local, como “el dedo meñique de Dios”; pues siempre descubría al asesino, delincuente, ladrón o a lo que se tuviera que enfrentar. Además se mostraba,

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siempre elegante y caballeroso, en la resolución de los misterios que se le presentaba. Pero, este chico era un ser humano, han pasado 5 años desde que fue conocido como un prodigio en la criminalística, ahora, está tan perdido y desconocido, que su propia ciudad ya ni se acuerda de él. El motivo… pues en el último caso a resolver, qué trágico y espantoso debió ser para un chico de 20 años ver morir a su amada en frente de sí mismo, cogerla entre sus brazos y ser testigo de primera línea de cómo exhala su último aliento. Aquel suceso lo… traumó y lo condujo a la locura. Casi las 11 de la mañana, el cielo nublado desapareció y ahora se tornaba azul. Unos pasos de suela, de fino cuero, corrían desesperadamente. Alguien necesitaba ayuda del joven detective. Este chico, solitario en su casa, ya no lo recibiría como antes lo hubiera hecho. Su casa estaba alejada del centro de la ciudad. Modestamente no había cambiado nada desde que empezó a ser famoso. El camino pedregoso y las paredes de la calle mostraban la humildad donde yacía la casa de este joven. Justo, frente a una esquina, una casa de dos pisos con dos grandes ventanas en el piso superior. Una ventana estaba cerrada con grandes maderos que impedían la luz, y la otra estaba abierta, pero las cortinas impedían ver el interior. La

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puerta era de color negra, fácilmente se podía notar que lo habían pintado recientemente. Era raro, justo aquella persona que buscaba a ese joven detective, encontró la puerta de su casa abierta. Decidió entrar ya que nadie contestaba a los diversos llamados que hacía desde fuera. Por el suelo había muchos papeles. El pasadizo hasta la escalera principal era tétrico, no menos como lo era la totalidad de la casa. Se notaba una alfombra muy llamativa por debajo de todos los papeles y, dicho sea de paso, conjunto de libros apilados a cierta distancia. Olía a incienso, eso advirtió al sujeto que alguien, por lo menos una persona, residía en ese lugar. La tetera en la cocina bajo un fuego lento confirmó su hipótesis de la residencia de alguien en ese lugar. Algunos chismes, relatos y murmuraciones de la misma población habían relatado que el joven detective se suicidó, otros decían que escapó tras su fracaso frente a todo el mundo; mientras pocos decían que se había encerrado en su casa para esperar a la muerte, como esperando la salvación. En fin, eran pocas las personas que se habían atrevido buscarlo, y todos esos relatos quedaron como chismes. La sala y el comedor de la casa parecía escenario de alguna película de terror antigua. La luz estaba restringida, casi todo el interior era completamente negro, y solo podía iluminarse la cocina por la llama debajo de la tetera.

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Los estantes estaban abiertos, y a pesar de la oscuridad, todo estaba muy limpio, desordenado pero limpio. Al no encontrar a nadie en el primer piso, este sujeto, que dicho sea de paso, ya se había inquietado tanto que su piel se erizaba por completo a cada mínimo ruido, decidió subir al segundo. En las escaleras había más papeles, se podían reconocer cartas en ellos. Lo que llamó la atención era que también había sobres de cartas con dinero, pero parecía que al que se lo enviaron no le importaba eso. Subió al segundo piso. Y encontró un escenario tétrico. Varios de miles de símbolos extraños en las paredes y en el suelo, junto con distintos recipientes de algún líquido de distinto color. Y al lado izquierdo notó dos puertas, una de ellas tapada con madera y con más símbolos extraños. La otra puerta, estaba abierta, también se notaba que lo habían pintado recientemente. Y al asomarse, con miedo, pudo notar la silueta de un joven mirando por la ventana, sentado en una silla común en el centro de esa habitación al lado de una mesa pequeña donde estaba un vaso de vidrio del cual estaba bebiendo. El sujeto que lo fue a buscar no sabía como pasarle la voz para hacerse notar sin incomodar su tranquila meditación frente a su ventana. Pero sorpresivamente el chico sin moverse de su posición habló rápidamente:

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— ¿Por qué… vienes después de tres años? —Permíteme presentarme, soy…— contestó la persona
que había ido a buscarlo, a la vez que se quitaba el sombrero y hacía una venia. —Ya sé quién eres, no he perdido la memoria—dijo el joven que continuaba viendo la ventana. — ¿Qué te ha pasado? Pensé que éramos amigos, ¿Por qué no sales de este lugar?— preguntó muy preocupado la persona que lo fue a buscar — ¡Ay Dios!— tomó un trago de su bebida, colocó el vaso al lado de él y continuó— no dije que no fuéramos… amigos, solo que tardaste mucho… en volver, no deberías tener miedo. Te respeto mucho… Tony. Así fue, aquella persona, que había ido a buscar dentro de la casa del joven y desaparecido detective, era un viejo amigo suyo llamado Anthony Zavaleta. Este tipo era coronel del ejército, fue quien impulsó al chico a ser detective. Le animó, le enseñó y le apoyó hasta que alcanzara la cima. Ahora ya no es coronel. Anthony Zavaleta dejó de serlo por propia voluntad. Cuarenta años y continuaba con aspecto joven. Pero, su figura no parecía haber cambiado en lo más mínimo. Seguía siendo alto, moderadamente fuerte, su rostro de piel rosada notaba que continuaba ejercitándose bajo la luz de las

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madrugadas. “Tony”, como lo llama su amigo, se presentó a él ese día de manera elegante, con terno color gris oscuro y camisa blanca. Típico de él… ser muy elegante. Cosa que aprendió, el joven en sus tiempos de gloria.

— La gente dice que enloqueciste— comentó Anthony — Pues… la gente puede irse al demonio— dijo el joven—
últimamente solo dicen estupideces, ellos no van a entender cómo es que me siento. — Has cambiado y lo puedo notar — Tú no— olió un poco y habló— sigues usando ese aroma de “Urban Nitro” combinado con “kalos”, sin añadirle ese cigarro barato — Puedo notar tu sarcasmo— Anthony entró a la habitación— y de ello puedo notar que estas triste. — ¿Triste yo? Nooooooooo, no tienes ni idea— dijo el joven con una voz algo fuera de sí. — Tal vez me confunda, la verdad no sé qué creer, me parece que hasta simulas tu voz, puede, y espero, que me esté confundiendo de persona, acaso eres en verdad… — Sí, el único… soy Ulric Valle Dávila, y también mi más profunda vergüenza. Efectivamente, era el joven al que Tony había ido a buscar, su amigo Ulric. Habían pasado cinco años y había cambiado poco. Su cuerpo se había estirado un poco.

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Parecía vestir de luto, su pantalón jean era negro, zapatos bien lustrados, aunque con bordes manchados. Polo manga larga negro, pero como es típico en él, las mangas las tenía arremangadas. En sus hombros llevaba su clásica camisa azul oscura, sujetada por el cuello con el primer botón de esta enlazada en su ojal.

— No sigas hablando así— se acercó diciendo eso y se
paró frente a él, tratando de observarlo de cerca— aún eres la esperanza de esta ciudad. — Me haces reír, qué bueno que… vinieras después de… tres años— sonrió Ulric mientras miraba a su amigo. Esa sonrisa era extraña, entre la mezcla de ser forzada y ser propia, como si estuviera actuando como alguien, o tal vez sea cierto que psicológicamente ya no esté en sus cabales.

— Chico, Ulric, ¡reacciona! — ¿Qué? ¿Reaccionar? — ¡¡¡Tú no tienes la culpa de la muerte de Vanessa!!! —
alzó la voz Tony y sacudió los hombros de Ulric con sus manos. Ulric bajó la mirada, y al alzar la cabeza nuevamente, su rostro había cambiado. Ahora estaba enojado… muy enojado.

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— ¡LÁRGATE DE MI CASA!— gritó fuerte, mientras cogía a
Tony de sus propios brazos y lo lanzó hasta el techo. El coronel fue lanzado con tremenda fuerza y chocó con el techo de la habitación y cayó casi de inmediato al suelo. La fuerza de Ulric no había disminuido en lo más mínimo.

— Vienes después de tres años con la intención de hablar
de ella…— dijo Ulric con tono muy enojado y aceleradamente continuó— fue por mi culpa que ella muriera, acaso crees, que no repaso esos últimos instantes una y otra vez en mi mente mientras cada día obtengo una nueva forma de salvarla; y al mismo tiempo lamentándome, porque no tengo… el valor para poder aceptar que no puedo viajar en el tiempo y dejar atrás esa arrogancia, el día que pude salvarla. — No te molestes… — Nooooooooo, pude haberle fallado a todo el mundo ¿entiendes? Pero… no solo me fallé a mí, sino que también… le he fallado a ella, y eso nos costó su vida. — No puedes esconderte de nadie aquí, ¿Qué pretendes? ¿Qué esperas?— preguntó Tony mientras se levantaba adolorido. — Lo inevitable— respondió fríamente el joven— ahora vete. Lárgate de aquí.

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— Si buscas un culpable, seré yo. Yo te inicié en esto — se
golpeó el pecho el antiguo coronel. Sorpresivamente se escuchó una melodía, un solo de guitarra, bajando sus acordes en la misma escala musical, adornada como intro de una canción. Tony, ya de pie, se sacudió la ropa y al colocarse su sombrero salió de la habitación. Decidió irse de la casa, ya que el joven se había exaltado y, fuera de sus cabales, parecía ya no tener remedio. Aquella melodía provenía de una radio mediana en la sala de la casa. El coronel retirado se dio cuenta que la puerta de entrada estaba cerrada, y escuchó pasos hacia la cocina. Al ir tras ellos, vio a una señorita dejando una bolsa grande al lado de la estufa. La chica era joven, delgada y de tamaño normal, cabello largo y de rulos, vistiendo un blue jean y polo manga larga color gris. Anthony la vio y se preguntaba quién era ella, pues parecía no tener miedo en ese lugar tan tétrico. Las paredes pintadas de negro con varios símbolos y miles de cartas, algunas con dinero, en el suelo como alfombra, y pilas de libros en algunas esquinas ahuyentaría a cualquiera que se asomara. El tragaluz estaba tapado desde el techo, no entraba luz externa por ningún lado, mucho menos en la sala. Con la duda al máximo, Tony se acerca a la chica, entra a la cocina y le pregunta:

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— Disculpe… ¿usted quién es? — ¡Ah!— volteó la chica asustada de un brinco, al notar
al señor que entraba al lugar, buscó en su bolso colgado de su hombro algo. — No te asustes, soy amigo de Ulric— dijo Tony — Fuera de aquí— amenazó la chica sacando lo que buscaba de su bolso, una pistola pequeña— no me importa quién sea ¡váyase! — Parece que Ulric te ha enseñado bien— dijo el señor. La chica bajó el arma, por alguna razón notaba que ese sujeto, desconocido para ella, conocía a Ulric. Tal vez lo había reconocido de alguna foto. La chica volteó su rostro a la sala y vio una fotografía grande en medio de la sala colgada en la pared. Una fotografía de los días de gloria de Ulric. En la imagen estaba Ulric al lado de Vanessa y detrás de ellos estaba el coronel Zavaleta. La foto era grande, pero estaba manchado el vidrio que lo cubría, no se distinguía los rostros de las demás personas que aparecían en la foto. La chica regresó la mirada al señor, frente a ella, notó que era el mismo. Guardó el arma en su bolso y lo invitó a sentarse en el comedor. Una vez sentado en la mesa, Tony vio la misma foto. Se sacó el sombrero y dijo:

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— Esa foto es de hace cinco años. — Debe serla, Ulric no me quiere hablar de eso— dijo la
chica sirviéndole un café pasado en una taza muy fina. Y se sentó al frente de él. — ¿Quién eres tú? ¿Por qué Ulric vive así? ¿Qué le ha hecho a su casa?— preguntó Anthony observando todo el lugar con una expresión de asquerosidad en el rostro — ¿Qué le ha pasado a Ulric? — Haber espere— dijo la chica haciendo señas con las manos para que se tranquilice— soy Claudia Alejandra, prima de Ulric. Casi hace tres años que vivo aquí. Este lugar se tiñó de rojo en todas las paredes casi al mes que estuve. La verdad no me inquieté, Ulric sabía lo que hacía. Poco a poco ese rojo se convirtió en negro. Mi misión solo es cuidarlo y asistirlo. — Y… ¿su familia? — Sus hermanos están en la ciudad capital terminando sus estudios universitarios y sus padres recorren el mundo disfrutando su jubilación. Cuando se fueron Ulric parecía otra persona, muy bien actuado. No quería preocuparlos por su salida. — Ulric está destrozado, no lo reconozco, quiero ayudarlo.

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— Pierdes tu tiempo, no sé si duerme o no, no sé si come
o no, hay días que se come libros enteros de distintas materias. No se ha movido es este lugar para nada. Una conversación en aquel comedor tan oscuro, la mesa adornada con un florero tan elegante que a ninguno de los dos parecía importarle. Al lado, una botella que servía de candelabro para la vela que apenas iluminaba lo necesario. Las tazas sonaban con eco al contacto con la mesa. El volumen de la radio con la melodía de guitarra, se había acabado. Claudia no sabía de su primo ni de su oscuro pasado. Así como ninguno sabía de su tormentoso porvenir.

— ¿Podría hablarme de Vanessa?— preguntó la prima de
Ulric — Ella como ves— respondió señalando la foto— era una señorita muy linda, extremadamente bella, su cabello entraba en armonía con su rostro. Fue la fuerza de Ulric, fue su inspiración, fue todo hasta… ese trágico día. — ¿Cómo murió? — Ella estaba… Justo en ese momento, el silencio del ambiente fue interrumpido por un golpe en el marco de la puerta, provocado por el puño de Ulric. Ambos, Claudia y Tony, saltaron sobre sus asientos por tal sorpresiva interrupción.

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— Fue suficiente— dijo Ulric con voz imponente parado
en la puerta que daba a la sala. — Ulric ¡bajaste!— inmediatamente, Claudia se levantó de su lugar y continuó— ¿Quieres que te sirva algo? — Ya sabes, lo de siempre. — Muy bien— luego se fue rápido a la cocina para traerle lo requerido. Ulric se acomodó en el comedor, se sentó al lado de su amigo. Su asiento daba frente a la fotografía mencionada, colgada en la pared. Y dirigiéndose a su prima dijo: “Claudia, para Vanessa sírvele lo de siempre”. Aquella última frase, sorprendió a Tony, quien para no demostrar su sorpresa solo cambió su gesto y arrugó su frente por un momento casi instantáneo. La actitud enloquecida de Ulric había cambiado, se mostraba más tranquilo. Y así se dirigió al coronel retirado:

— Recuerdo haberle dicho que se fuera de mi casa, pero
al oír que mi prima hablaba con alguien supe que, si bien ella no se volvió loca, usted aún no se había retirado. Sabe, me gusta mucho la canción “Píntalo de Negro” (Paint it black) de los Rolling Stones. Hace un momento, mi prima, lo puso en la radio. Es, a veces, preferible escuchar la versión solo en instrumental, así uno se pone

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a pensar. A Vanessa le gusta ese jugo, si usted desea le podemos servir un poco. Tony se quedó muy sorprendido, su amigo notaba claramente estar fuera de sí. Hasta su tono de voz era distinta, no parecía el de hace un instante. La manera de cambiar de tema dentro de una misma frase e incluso hablar de Vanessa en tiempo presente. Lo único que hizo en ese momento fue contestar: “ya veo”. En eso Claudia ingresó al comedor con dos vasos; uno lo sirvió a Ulric; el otro lo puso en la mesa frente al joven. Luego, Claudia se sentó dónde estaba anteriormente. Los tres en la mesa, y para Ulric eran cuatro. Su prima y su amigo lo miraban a la expectativa de lo que fuera a decir. Y así fue, Ulric inició una nueva conversación.

— Coronel, no creo que solo haya venido a visitar— dio
un sorbo a su vaso y continuó— ¿a qué vino? — Ulric, el mundo te necesita— dijo Tony Zavaleta— una nueva amenaza ha reaparecido, no se podría comparar al conjunto entero de criminales que has atrapado antes. — A Vanessa le gusta ese jugo— dijo Ulric saliendo de tema. — ¿Perdón?— cuestionó el amigo.

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— Jugo de granadilla con manzana— continuó Ulric—
cualquier bebida es buena en el infierno, pero sobre todo aquella que trae recuerdos de tu amada. — ¿De qué me estás hablando?— sacudió la cabeza Tony y colocó fuertemente su tasa sobre la mesa. — El jugo de granadilla, mi coronel, el jugo de granadilla es muy delicioso. Es como el sabor de unos labios del que no se volverán a escuchar. — Estás loco— habló Anthony con tono de desesperación. — No, no lo estoy, mire usted, hay cosas en la vida por las cuales luchar— mientras decía esto el rostro de Ulric empezó a cambiar, el gesto que mostraba era algo desafiante pero continuaba manteniendo elegancia— algunos ven el progreso, pero en realidad solo quieren ocultar su decadencia. A la religión, algunos lo disfrazan como sustituto de creencia; y el arte por más bello que sea también llega a ser una enfermedad. — Volveré cuando te sientas mejor— Tony incomodísimo, se levantó y le extendió su mano para despedirse. Su amigo apretó fuertemente su mano. Claudia acompañó a Tony hasta la puerta, quien muy notoriamente supo que su amigo continuaba siendo aquel chico inteligente y hábil que conoció, pero se mantenía escondido dentro de su propio ser. Sus propias tinieblas

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construían a otra persona. La modesta casa despedía a un visitante importante. Claudia le dijo antes de irse:

— Por favor, vuelva pronto, sé que Ulric está muy
extraño, hay días que pienso escapa por las noches de la casa y vuelva triste o enojado. Hay días que está completamente fuera de sí. Está investigando algo que no sé qué es. Tiene un equipo extraño en su habitación. Veo hacerse cortes en los brazos, en la piel, en varias partes de su cuerpo. Pero cuando lo asisto y le reviso no tiene muestras de ninguna herida. — No lo dude, volveré por mi amigo. — Aunque no lo parezca— Claudia en eso empezó a llorar arrugando las mangas del saco de Tony— mi primo, hoy, está feliz por su visita. — ¿Por qué lo dices? ¿Acaso viste algún gesto alegre en su rostro? — No es eso, mi primo no bajaba del segundo piso desde hace tres años. A tal revelación, el coronel en retiro se colocó su sombrero y prometió volver. Salió de la casa y sus ojos tuvieron que esperar para adaptarse una vez más a la luz del día. Estando tan solo unos minutos dentro, ya se había olvidado que en el exterior aún era de día.

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Ulric subió a su habitación en el segundo piso de su casa. Podía escuchar claramente los pasos y el cómo se iba alejando su amigo que había ido a visitarlo. Luego de que desapareciera el sonido, Ulric se sentó en aquella silla, justo en medio de su cuarto. Ulric sacó de su bolsillo del pantalón jean negro una pequeña foto y se puso a contemplarla. La habitación de Ulric no era distinta a la casa, el interior era negro con toques extraños de rojo. Iluminada apenas por una luz tenue del exterior y una vela sobre una mesa pequeña al lado del chico. Al extremo izquierdo de la habitación había un gran escritorio con muchos libros apilados. Así también por debajo de la misma. Un extraño mecanismo al otro extremo de su cuarto y al lado un enorme librero, repleto de ejemplares, a la vista muy valiosos. Ulric se levantó y encendió sobre su mesa un incienso olor a rosa. Al lado de este dejó esa pequeña foto diciendo: “mi amor, te estoy esperando”. Pues, recuerda muy claramente las palabras de Vanessa. Y para siempre cargaría con esa foto. Sea a donde sea que se fuera. Desde aquel terrible diecinueve de agosto de hace 5 años.

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La noche cayó rápidamente. A Ulric no le importaba si era de noche o de día. Le daba igual, puesto que siempre tenía que estar trabajando e investigando. Debe existir alguna forma, y lucharía hasta el último día de su vida en poder encontrar esa manera. Tenía una manera extraña de moverse dentro, de un lado a otro. Encendió otro incienso al terminar de consumirse el anterior. Volvía a desplazarse de una esquina a otra con la intención de seguir pensando. Había leído las cartas del suelo, pensando que alguna le daría alguna respuesta, y solo en pocos casos daban algunas ideas. Encendió dos velas más. Sujetó tres libros a la vez, y sin ninguna molestia los leía apresuradamente. Le llegaban diariamente libros por paquetes. Cuando era necesario, le pedía a su prima que le buscara y subiera algún título que ya había leído, lo tenía que repasar. Todos los libros los subía su prima. Claudia leía los libros, pero eran tan diversos, de distintos temas, que no encontraba relación en algunos, así que no terminaba de leer ninguno. Pasaron tres días desde la visita de Tony, y esas tres noches, Ulric no había dormido nada bien. La primera noche se la pasó leyendo, aunque por breves momentos se iba y se perdía dentro de su propia mente que parecía hablar con alguien. Miraba la luna llena e intentaba llamar

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al celular de Vanessa para que lo viera. Gritaba al cielo frases extrañas que no tenían sentido. Algunas veces reclamaba a Dios, otras desafiaba al diablo. Esa primera noche Ulric terminó llorando y carcajeando, constante y repetitivamente. La siguiente noche, realizó experimentos extraños, se oían estallidos pequeños. Tubos de ensayo rompiéndose no indicaban ningún progreso. Encendió otro incienso al lado de la foto de Vanessa y empezó a golpear la pared muy fuertemente. Su prima vio como le sangraban las manos por los golpes, pero al revisarle las manos al día siguiente no mostraban rastro alguno de herida. La tercera noche, Ulric no hizo movimiento alguno. Parecía tranquilo y esta vez durmió toda la noche, abrazando la foto de Vanessa y con los inciensos a sus pies. Claudia pudo dormir bien esa noche. Ella subió a la mañana siguiente y se encontró con un escenario espeluznante. Ulric tendido en el suelo bañado en sangre. Claudia trató de despertarlo, y solo después de muchos intentos lo logró. Fue extraño lo que sucedió. Ulric al despertarse empezó a carcajear, respiró y le dijo a su prima: “no te asustes, han pasado cinco años y por fin encontré el primer paso. Ve abajo y prepara el desayuno. Es hora que te cuente lo que ocurrió hace cinco años,

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además de explicarte cómo funciona mi sangre, mi maldita sangre, desde el día que me convertí en esta cosa que ahora… soy yo.”

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La Maldición de la Sombra
Capítulo 2:

Bienvenidos a la locura
Por muy extraño que le pareciera a Claudia, ese día era especial. Ulric bajó al primer piso. Vestía un jean negro más intenso que el anterior. Era muy notorio que este era casi nuevo, a no ser por unas pequeñas descosturas al lado del bolsillo derecho. Un polo negro, manga larga, de una tela más suave. Su clásica camisa en sus hombros, sujetada desde el cuello por el primer botón. Su mirada repasaba el mismo camino por donde era que bajaba esos escalones. Cada pisada en cada peldaño tenía para él, un lugar indicado y preciso. El camino podía ser tétrico, pero esa mirada extraña en el rostro de Ulric como pensativo e ido a la vez era lo más extraño. Al estar en el primer piso, Ulric tocó la pared con su mano izquierda. Miraba cada símbolo que había realizado y sonreía. Bajaba la mirada y volvía a su gesto impaciente. Había momentos en los que parecía desconocer ciertas cosas dentro de su propia casa, pero igual Ulric no le daba mucha importancia. La elegancia oscura del interior de la casa armonizaba las ideas y

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creencias de Ulric. Por otro lado, a Claudia solo le inquietaba más. Ella estaba lista para escuchar lo que le contaría su primo. Le sirvió en una taza un café y, como siempre cuando él baja a tomar algo al comedor, pone un vaso con jugo de granadilla frente a su lugar. Una vela blanca iluminaba la mesa. Para entrar en armonía, según Ulric, encendió un incienso olor a rosas. El chico no mostraba otro gesto en el rostro más que solo la de melancolía, mientras miraba fotografía colgada de su pared donde aparecía Vanessa. Su prima podía notarlo, Ulric tenía esa mirada. Esa mirada de tristeza y alegría, de ojos chinos y frente lisa, hasta su respiración era distinta. Por más oscuridad en la que haya vivido, cuando miraba la foto de Vanessa volvía el brillo a sus ojos. En el fondo, volvía a sentirse vivo. Sin dar previo aviso, Ulric empezó a hablar.

— Clau… ¿tú estás estudiando derecho? — Sí— contestó su prima. — Entonces… si un ladrón roba, se va a prisión por cierta
cantidad de tiempo ¿no es así? — Exacto— respondió Claudia.

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— Pero, si ese ladrón se disculpa y devuelve lo que robó y
expone sus circunstancias, entonces… ese tiempo en prisión disminuiría ¿cierto? — En cierta manera, sí— contestó Claudia. — Un asesino no puede hacer eso ¿verdad? — Es obvio que no— dijo su prima mientras bebía su propio café. Volvieron ambos a quedarse en silencio, Ulric levantó su mirada a la imagen de su querida Vanessa. La fotografía la mostraba como siempre él la recordaba. Tierna, linda, suave, delicada, atrevida. Ulric miraba esa foto para poder seguir vivo. Lo miraba para recordar que tiene una misión que cumplir y que no debería descansar hasta que lo hiciese realidad. Había pasado mucho tiempo, y cada día estaba más cerca a realizarse lo que tanto anhelaba. La fotografía de una linda señorita, siempre sonriendo, siempre mirando a Ulric. Abrazándolo por la espalda como la primera vez que lo hizo. Los recuerdos lindos aparecían en la mente de Ulric como si alguien proyectara una película en su cerebro o imprimiera fotos de los momentos exactos. Ulric, por un pequeño momento, por segundos, fue feliz después de mucho tiempo. Esos recuerdos, esas imágenes, esas palabras provenientes de los labios de Vanessa estaban en su interior. Hasta que dentro de su mente se escuchó: “Ella está muerta”.

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Ulric sacudió la cabeza y se llevó rápidamente la mano derecha a ella. Esa voz que escuchó dentro de su cabeza era de él mismo. No exactamente él, sino “él”. Las pequeñas pizcas de lucidez se iban con la aparición de “ese” sujeto. El chico empezó a temblar, le tenía mi edo a “ese” sujeto que regresó a su mente. Se levantó de la mesa y se llevó ambas manos a la cabeza. Se retorcía como si estuviera en ataque de epilepsia. No caía al suelo, extrañamente se mantenía en pie, pues estaba luchando con alguien que estaba en su interior. Era la primera vez que Claudia presenciaba una escena más que desesperante. No sabía qué hacer. En ese instante, Ulric parecía resistirse y se detuvo por un momento. La fuerza que ejercía en sí mismo era como para impedir un colapso en todo su s istema. “Tranquila Clau, yo puedo con esto”— dijo Ulric viendo que su prima se alteraba. Al término de la frase, dentro de su mente, Ulric escuchó “no, no puedes”. Era una batalla igual a igual. Esos ataques extraños los tenía Ulric hace cinco años; y la reaparición de dicho “sujeto” en su mente causaría un completo caos. Ulric debería viajar a su sub consiente, pero en las condiciones como estaba no podría solucionarlo ahora. Entonces, se desplomó en el suelo como ficha en jaque.

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Ulric, desmayado, inició un viaje dentro de su mente. Podría decirse que fue una especie de sueño, pero mantenía el conocimiento que estaba dentro de este. Anteriormente, en el pasado, el chico ya tuvo una de estas experiencias extrañas y según le explicaron, era un viaje a su subconsciente, donde residía una personalidad oculta de Ulric. En medio de ese sueño, Ulric se encontró dentro de un pasadizo largo, las paredes eran oscuras y todo el recorrido estaba iluminado por un foco amarillo. A cada paso que daba, Ulric podía sentir como el suelo de ese pasadizo estaba mojado. Solo existía una dirección, el chico caminó directo y al término de todo encontró una puerta de madera despintada. Sin abrir la puerta, se podía escuchar el llanto de un niño al otro lado. Ulric no sabía qué podría ser. Giró la perilla y abrió la puerta. El rechinido oxidado advertía con suspenso que algo se avecinaba. Fue casi instantáneo. El niño estaba sentado llorando dando la espalda a la entrada. Volteó y gritó fuertemente. Las paredes de esa habitación se convirtieron en sombras que rodearon al pequeño. Lo envolvieron de tal manera que prácticamente se lo comieron. Estas mismas sombras tomaron forma de Ulric, y apareció el otro Ulric, esa personalidad escondida de él. Dentro de su mente, su lado maligno lo empujó hacia un abismo que se produjo en el suelo. Así, Ulric, cayó.

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Fue entonces, cuando el chico despertó, recostado en el sofá más grande de su sala. Alrededor de él estaba Claudia con una mirada de preocupación y con sus rulos amarrados todos hacia atrás, cosa que solo hace cuando está en estado de ansiedad. También estaba Anthony, su viejo amigo, ex coronel del ejército. Al lado de este último, estaba un rostro desconocido para Ulric. Un hombre largo apoyado en un bastón de nogal, muy bien vestido, con un fino traje de sastre color negro. De rostro duro y más rojo de lo normal. El chico se levantó, algo confuso aún, con la mano derecha en la frente como sosteniéndola, luego de una gran migraña. Tony y su acompañante habían llegado hace poco. Claudia les había explicado que fue lo que sucedió, todos decidieron esperar a que se despierte por sí mismo. Afortunadamente, ocurrió así. Pero el tiempo no los esperó, ese trance de Ulric lo mantuvo 3 horas dormido. Ya era mediodía. Ulric se levantó y caminó unos pasos casi tambaleándose. Poco pasó para que se repusiera completamente. Anthony comenzaría con la presentación de su acompañante, pero Ulric lo interrumpió.

— Este señor es…

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— Espere— habló Ulric— quiero saber ¿Por qué trajo a
un jefe del escuadrón de inteligencia a mi casa? — ¿Cómo sabes que soy de la escuela de inteligencia, muchacho?— dijo el señor algo sorprendido. — Muy fácil, su nombre es Luis Vivaldi— dijo Ulric mientras se estiraba desde la espalda hasta los brazos — es… mayor del ejército y no vive en la villa militar, sino cerca la plaza de armas. Ah… y es géminis. — No… yo soy del primer día de cáncer. — Casi entonces ¿y lo demás?— preguntó el chico mientras caminaba a la mesa de su comedor de manera muy peculiar, la mano izquierda se movía normalmente pero la derecha parecía bailar en su muñeca, mientras la deslizaba. — Acertaste en todo— contestó el señor poniendo su mano en el mentón— ¿Cómo fue que lo supiste todo? ¿Zavaleta te lo dijo? — La verdad, Tony no me ha contado nada desde hace tres años. ¿Cómo lo supe? Pues es más que evidente. En su mano izquierda, en el dedo meñique posee un anillo que al poco tiempo que alcancé a ver tenía dibujo de 4 barras y una insignia muy peculiar; código de inteligencia ¿Cómo aprendí el código? Pues, lo descifré en todo mi tiempo de lectura. No vive en la villa militar puesto tiene

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manchas en los codos de esa peculiar salsa que solo se prepara a horas de la mañana en la tienda próxima a la plaza. — Puede ser otra salsa— dijo con tono hilarante el señor. — Pues el olor es característico, así como su textura y color. — Y ¿Mi nombre?— cuestionó con curiosidad el mismo señor. — Eso fue muy fácil, al levantarme vi en su bolsillo trasero izquierdo que sobresalía su pañuelo, dicho sea de paso es muy elegante, bueno… su pañuelo tiene bordadas “L. Vald.” Un nombre común que empiece con L pues… Luis y Vald pudo ser Valdez o Vivaldi y opté por Vivaldi, puesto… encaja con su nombre— explicó Ulric ya sentado en su lugar en la mesa. — Impresionante— Habló Zavaleta mientras daba aplausos lentos y sonreía levemente. Ulric invitó a sentarse a los señores a su mesa. Claudia le sirvió una taza de café a cada uno. El señor Vivaldi se iba a sentar en el sitio de Vanessa. Ulric viendo lo que iba a hacer le hizo solo un gesto con la mirada y de inmediato el señor Vivaldi entendió que ese sitio era intocable. No pasó mucho tiempo para que Ulric empezara a hablar.

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— Sabe coronel— dijo refiriéndose a Tony— son dos días
que viene a mi casa ¿Por qué está viniendo muy seguido? Sé muy bien que Claudia hace un excelente café y que el jugo de granadilla que le gusta tanto a Vanessa es más que bueno. ¿Qué quiere decirme? — Parece que ahora si puedo contártelo— dejó a un lado la taza de café y empezó a explicar el coronel retirado — desde que el mundo te perdió el rastro, siguieron apareciendo una serie de sujetos que más de ser desafiantes, son locos; con la afición de demostrar que pueden ser superiores a las autoridades, así como a las fuerzas de orden. Los hemos combatido uno a uno. Sin embargo, en este último año apareció un asesino imparable. Los casos en los que se ha sabido, él está involucrado no guardan relación entre sí. Es un asesino muy extraño y por demás misterioso. Sus víctimas mueren de manera distinta y extraña. Hay veces en las que los tortura con fuerza extrema y otras que solo los matan sin dolor. Es sanguinario, los detectives que lo investigan a la semana aparecen muertos. Ya son varios los que murieron de manera trágica. Por alguna forma llega a enterarse quién es el que lo investiga y lo asesina, a menos que sea coincidencia. Y por eso recurrimos a ti, un detective, al que ese asesino no podrá matar…

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— ¿Lo dice por mi sangre?— habló Ulric con una mirada
fría, mientras se llevaba su taza hacia su boca. — Así es — Justo ahora mismo le iba a explicar a mi prima, lo de mi sangre, ella debe estar perdida en todo esto y sin entender nada, no me ayudaría como debiera— comentó Ulric viendo a su prima Claudia. — Explicarme ¿Qué?— interrumpió Claudia — Pues— dijo Ulric volteando la mirada a ella— sería adecuado que se lo explique, pero no será en este momento. Entonces, el chico se levanta de la mesa, se acomoda bien la camisa azul sobre sus hombros, de manera que parecía una capa. Caminó alrededor de la mesa y se paró en el marco de la puerta de la sala. Mirando hacia atrás, le dijo a Claudia que se prepare, pues le tenía algunos encargos para hacer. Mientras se alistaba para irse, Tony lo detiene por un momento con la frase desde el comedor: “Sabemos que el asesino que queremos que nos ay udes atrapar pertenecía a la banda que asesinó a Vanessa”. Al escuchar eso, Ulric volteó y se dirigió al comedor una vez más. Su mirada volvió a ser desafiante y dura. Parecía que el cuerpo le funcionaba por sí solo, ya que sus movimientos eran extraños. Se paró frente a la mesa y dijo: “Tony, si yo hubiera querido tomar venganza, hace

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tiempo ya lo hubiera hecho y no existirían nieblas en mi conciencia. A veces la justicia que tanto defendemos no sabe corresponder la fidelidad. No me interesa su asesino. No me interesa ningún caso del cual no obtenga la información que necesite. No le ayudaré en este caso por ahora. Lo siento Tony, usted es mi amigo, ya no mi coronel.” Ulric se acercó a Claudia y le dijo algo al oído. Al terminar de indicar eso, se retiró señalando: “con permiso caballeros” refiriéndose a Anthony y al señor Vivaldi. Tony, un tanto decepcionado, solo atinó a dar un suspiro de resignación. Luis Vivaldi notó que el chico tenía potencial. A cada sorbo de su taza obtenía una nueva sonrisa en su rostro.

— Ese chico…— dijo Vivaldi. — ¿Qué tiene?— preguntó Tony. — Es bueno en lo que hace. — No solo es bueno, es el mejor en lo que hace—
completó su expresión. Entonces, ambos caballeros se retiraron de la casa de Ulric. Se despidieron de Claudia y prometieron volver. Ambos, sobretodo Anthony, notaron el cambio que presentaba Ulric, pensaron que fue debido a la visita. Una vez que se fueron los señores, Claudia subió al segundo

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piso y desde afuera de la habitación de Ulric notó cómo el chico observaba la retirada de su amigo Tony y el señor Vivaldi, dándole la espalda a ella y apoyado en el borde de su ventana. La prima, algo confundida, entró al cuarto, que de por sí era algo sombrío, queriéndole dirigir la palabra a Ulric, pero este le ganó y dijo antes que ella empiece:

— Estoy seguro que Tony lo captó. — ¿Cómo dices?— preguntó Claudia muy confundida. — Se fue sin insistir, entonces sí lo captó— continuó Ulric. — ¿De qué hablas? — Pues, al decirle que no podría ayudarle le agregué “por
ahora”, y es que por ahora no puedo ayudarle— explicó el chico. — Te referías a eso entonces— algo menos confundida, Claudia cayó en contexto. — Y es que siempre he considerado que hay cosas que uno puede, quiere y debe hacer. Cuando una persona quiere hacer algo, tal vez, si el momento indica que no debe ni puede, sería oportuno esperar a que las tres opciones sean sí. Cuando sí se pueda, se quiera y se deba hacer entonces nada impedirá que salga bien. Por eso mismo, ahora no puedo— señaló Ulric mientras giraba y se acercaba a su prima.

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Dentro de esa seudo-filosofía, Claudia encontraba cierta lógica así que no le insistiría en que ayudará al coronel retirado. Mientras, aún, existía por parte de ella, las ansias en saber la historia de hace 5 años y la extensa explicación de la duda confusa que tramaron los señores sobre la sangre de Ulric, el chico no mostraba ningún gesto que le contaría o explicaría a ella, simplemente actuaba como si no se acordara lo que le había dicho. Eran casi la una de la tarde; Claudia en el primer piso, alistaba el almuerzo de Ulric con la inquietud de saber si este día comería o no. Hay días que se apostaba a si misma si comería o no lo que le sirviera, y no era porque cocinase feo, sino que el atormentado y casi loco Ulric simplemente no comía. Ulric permanecía en su habitación, sentado muy elegantemente en su silla favorita, sosteniendo con la mano derecha un libro un tanto ancho. Su rostro mostraba la fascinación con la que leía esa obra. Claudia entró a ese lugar con una bandeja con un plato de sopa de pollo que con el simple olor del caldo podía sentirse el espléndido sabor que se anteponía a la degustación. Antes de retirarse, Ulric le dirigió la palabra a su prima.

— Hoy saldrás al centro ¿cierto? 41

— Sí Ulric, quedé en verme con unos amigos de la
universidad ¿Por qué la pregunta?— dijo Claudia. — Pues porque… yo también pensé en salir al centro— contestó Ulric Fue tremenda la sorpresa que tuvo Claudia por la respuesta tan inesperada por parte de su primo. Ella no pudo evitar poner en su rostro un gesto que estampa extrañeza a tal grado. Su primo, quien se mantuvo dentro de su casa por alrededor de unos tres años, casi cuatro, ahora pretendía salir de su casa de manera imprevista.

— Pero Ulric… me extraña que digas eso, o sea tú…—
habló Claudia muy sorprendida. — No te preocupes Clau, si sé que es inadvertido, pero quiero salir— respondió su primo. — Pero… ni siquiera has bajado del segundo piso desde hace tres años ¿te sucede algo?— seguía sorprendida la chica. — No sigas, me harás sentir raro Clau— continúo Ulric mientras, se llevaba a la boca una cucharada de sopa. Ulric se levantó, de la sopa solo tomó eso, lo dejó al lado y le pidió a Claudia que lo esperara para salir, puesto la acompañaría hasta el centro y de ahí, él iría al lugar que no llegó a comentar a su prima. Claudia lo podía interpretar como una muestra de mejoría mental, un

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avance, sin embargo le daba mucho miedo lo que fuera a hacer su primo, o lo que le fuese a suceder. Dieron casi las cinco de la tarde, el día se había ido casi sin notarse. La sombría y oscura casa de Ulric dibujaba puntos brillantes de iluminación que solo provenían de las blancas velas largas. Llegó el momento de salir de la casa, Ulric continuaba con su ropa negra y su camisa azul a los hombros, y Claudia con un polo negro y jean azul claro. Al inicio el chico pretendía ir caminando, pero su prima la convenció de tomar un autobús que los haría llegar más cerca. Muy extrañado por lo que veía, Ulric se sentó en una de esas pequeñas sillas en el interior del vehículo. Al llegar a la parada adecuada y cerca al lugar donde iría Claudia, ambos bajaron entre empujones del aglomerado de personas al interior. El sol se estaba poniendo. Siendo verano, la bajada del sol demora más. Ulric le dijo a su prima que debía ir a un lugar muy importante, algo lejos de donde bajaron y que regresaría al centro. Con la preocupación, palpitando en mente de su prima, le sugirió que si no demoraría mucho, ella quedó en verse con sus amigos en una heladería, muy conocida, en el centro de la ciudad. Le indicó la dirección para que él pudiera pasar por ese lugar por si necesitaba encontrarla. Caso

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contrario, ambos se verían en casa después de terminar sus asuntos. La avenida en la que se separaron era la gran avenida de la alameda. Ulric siguió la ruta hacia arriba. Mientras, Claudia bajó cerca a la plaza de armas, la heladería está casi en la esquina superior izquierda de dicha plaza. Claudia se iba acercando al lugar indicado por sus amigos, y desde atrás escucha que la llaman por su nombre. Eran sus amigos, quienes ya habían llegado. Uno de ellos era una señorita de su edad, de cabello corto hasta los hombros, delgada y del tamaño de Claudia. Vestía un chaleco verde que combinaba bien con su blue jean, ella se llamaba Katherine. El otro amigo que esperaba a Claudia era un joven robusto, de cabello muy corto y moreno. Usaba lentes y una camisa blanca a cuadros celestes y un blue jean mucho más oscuro. Su nombre era Eddie. Los tres deslizaron sus manos por la puerta de vidrio de la heladería y, como en cualquier reunión, empezaron a hablar de sus acontecimientos y de cómo pasaban sus vacaciones. Se sentaron en una mesa cerca de la ventana como es de costumbre. Y durante la conversación, Claudia asomaba la mirada por la ventana, por la puerta para saber si por alguna razón estaba viniendo su primo.

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Notando el raro comportamiento de su amiga, Katherine y Eddie le preguntaron:

— ¿Te sientes bien?— preguntó Kathy. — Claudita ¿estás bien?— le dijo Eddie arrugaba las
pestañas mirándola. — ¿Qué? Sí, sí, si estoy bien Kathy, solo que estoy algo preocupada— contestó Claudia. Ella les explicó que su preocupación se debe a que su primo, después de tres años salió de la casa y que podría sucederle algo. Su comportamiento no es muy sano, psicológicamente hablando, además de envolver muchos enigmas de su pasado así como su actitud. A todo esto, su preocupación se extendía a que él ni siquiera le había explicado a ella a dónde iría.

— Te preocupas mucho— dijo Eddie— pueda que se haya
aburrido de estar en casa. — Podría ser que esté mejorando— habló Kathy. — Eso podría ser, si es así sería muy bueno — luego de eso, Claudia se sacudió la cabeza y ordenó sus ideas enfocándolas en otros temas. A pesar de ser un lugar donde el helado es delicioso, el servicio era lento. Se demoraron, un tanto, en traerle a cada uno lo que pidieron. Volvieron a tocar distintos

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temas y fue así como el tiempo corrió a su alrededor. Las personas de la heladería entraban y salían. Los rostros desconocidos se sonreían con la finalidad de un buen servicio y si es posible un poco más de la ración de helado. Cuando cayó la noche, las mesas estaban todas ocupadas. Corrían las siete de la noche, el lugar estaba repleto. Claudia, Kathy y Eddie prefirieron esperar a que se desocupe el lugar en vez de hacer una larga cola para pagar. Tomaron la decisión de comprar más helado y siguieron sentados. En medio de todo el ajetreo, tres sujetos vestidos completamente de negro entraron al establecimiento. Kathy fue la primera en percatarse de la llegada de estos individuos. Casi instantáneamente, los tipos se pusieron sus capuchas y se taparon la cara. Se pusieron en la puerta para impedir que nadie saliera. Y dos de ellos sacaron revólveres del interior de sus casacas de cuero negro, solo uno sacó una gran chaveta. Rápidamente, uno de ellos disparó a las únicas dos cámaras del local. Estos individuos habían estado siguiendo a la hija de un importante hombre de negocios de la compañía más grande de la ciudad. La intención que tenían, era secuestrarla y pedir una jugosa recompensa. Al escuchar los disparos, todos se hicieron al suelo. Claudia y sus acompañantes se

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agacharon rápidamente por debajo de su mesa como todos los presentes. Mientras, fuera del local lo esperaba otro cómplice con el auto listo para llevarse a la niña cuando se lo trajeran. Estos tres bandidos empezaron a soltar frases como: “no haré daño a nadie si es que me entregan a la hija del accionista mayoritario de la compañía Violeta”, “nuestra intención no es herir a nadie”, “solo queremos a la niña, nos la dan y nos vamos, así de sencillo”. La niña, escondida detrás del mostrador principal de la heladería y temblando de miedo, abrazaba a su agente de seguridad que la acompañaba. El agente, nervioso por lo que sucedía, no quería que le pasara nada a la pequeña. Entonces, se levantó rápidamente, soltando y dejando debajo a la niña. Por tal movimiento brusco, un bandido fue traicionado por sus reflejos y disparó directamente al agente de seguridad, dejándolo desangrándose por el suelo a la vista de la niña. Al suceder eso, el bandido que dirigía todo ese espectáculo soltó la frase: “si alguien más quiere hacerse el valiente, tengo muchas balas”. Claudia no sabía qué hacer, estaba con miedo. Kathy, que dicho sea de paso, tiene un gran don para escuchar sonidos distantes, oyó que fuera del local alguien había caído al suelo por medio de un golpe. Dirigió su mirada a la puerta de vidrio y vio la silueta de alguien entrando. Kathy le pasó la voz a su amiga señalando la

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puerta. Eddie, algo extrañado dijo, como susurrando que su rostro le era conocido. La expresión de Claudia era única, se sorprendió al mismo extremo de aterrorizarse. Su primo Ulric había llegado a la heladería. En su mente tenía: “A este tonto lo van a matar, acaso no vio que nos están amenazando con armas de fuego, cómo se atreve a entrar de lo más tranquilo”. Claudia tenía miedo de que le fueran a hacer daño a su primo. Ulric, dentro del lugar, se acomodó la camisa en los hombros y mirando los focos del establecimiento al mismo tiempo de achinar sus ojos, bajó la mirada y como buscando entre las personas preguntó fuertemente:

— ¿Claudia estás aquí? Acaso es tan exclusivo este lugar
que todos se ponen debajo de sus mesas o en el suelo. — Maldito insecto, cómo pudiste entrar si afuera estaba “el manchas” para avisarnos— dijo el bandido líder. — ¿Qué? Ustedes… lo siento, seguro este es el espectáculo y ustedes son el entretenimiento, no quería malograr su puesta en escena, pero esas parecen armas de verdad y…— comentó Ulric. — No des ni un paso más— amenazó el líder encapuchado mientras le apuntaba con su revólver.

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— Lo que pasa es…— y Ulric da un paso adelante—…
estoy buscando a mi prima, me dio la dirección del lugar pero se debió haber caído el papel donde lo anoté, así que antes de entrar aquí, pasé por otras tres heladerías. ¿Claudia estás ahí? No te veo porque seguro estás agachada. — No intentes burlarte de nosotros— continuó amenazándole— y dije que no dieras ni un paso más. Mientras, uno de sus compañeros le sugería que le disparase, el líder no sabía con quien se estaba enfrentando. Claudia con mucho miedo, no sabía si hacerse notar o no, puesto que podría correr la misma suerte que el agente. Así que Kathy la tomó de la mano y le levantó el brazo para que Ulric lo notara. “sí, aquí está Claudia” dijo Kathy, mientras, se escondía al lado de sus amigos.

— Pues me da gusto, ya te encontré— dijo Ulric mientras
había cambiado la mirada a una más atenta y seria. Luego, el chico volvió a dar un paso adelante. — Te dije que te dispararía— concluyó su amenaza y el bandido le atinó tres disparos. El líder bandido le disparó tres veces a Ulric, el momento fue cruel y duro. El cuerpo del joven se movía hacia atrás por cada impacto de bala que recibió. La primera bala

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encajó en su hombro derecho, el segundo en el pecho y la tercera un poco más abajo a la altura de la clavícula izquierda. El cuerpo de Ulric se mantuvo de pie y trataba de mantenerse en equilibrio. Claudia, Kathy y Eddie, así como todos los presentes, vieron como al pobre chico le insertaron tres balazos que asustaron con su sonido y sus brotes de sangre en el cuerpo. Mas, pasaron pocos segundos y el cuerpo de Ulric seguía en pie. La sangre de Ulric caía de sus orificios de manera peculiar. No goteaba, no salía desordenadamente, todo lo contrario, la sangre de Ulric salía en forma de hilos. Cada hilo de sangre caía al suelo. De diferentes grosores, los hilos de sangre parecían sujetarse a porciones del cuerpo mismo. Los bandidos se quedaron impresionados, pero más atónitos estarían cuando vieron lo siguiente. Aquella sangre empezó a saltar sobre el pecho de Ulric, ingresaba agresivamente al interior del cuerpo del chico, mientras daba rebotes sobre la herida. Cada hilo parecía estar vivo. La sangre de Ulric, conformada por incontables hilos de sangre, regresaba al cuerpo y curaban cada herida producida por las balas, arrojando los casquillos hacia el exterior del cuerpo. Todos los hilos curaban cada herida y borraba cada cicatriz que pudiera notarse. Ulric no perdió nada de sangre, pues toda regresó al su cuerpo. El cuerpo

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de Ulric, que se mantuvo en pie durante todo el proceso de curación, parecía como si nunca tuviera ninguna herida. El solo presenciar tan extraordinario suceso, el salón entero quedó mudo. Hasta los bandidos no sabían lo sucedido. Ulric, completamente curado, abrió los ojos y dirigió su mirada al líder de los malhechores. Este se asustó al ver los ojos de Ulric, los cuales habían cambiado de color. Se habían vuelto completamente negros y su pupila era color amarillo. El gesto en el rostro de Ulric, completamente desafiante, asustó a los bandidos. Entonces fue en ese momento cuando el chico atacó. Dando un gran salto sobre el líder, cayó a sus espaldas. Ulric se levantó inmediatamente y le propinó un golpe con su puño cerrado en el mentón del bandido líder, quien reaccionó tarde al gran salto y recién giraba, tardíamente advertido. Fue tan fuerte que hizo que el malhechor dejara el suelo por un momento y, estando en el aire, Ulric le propinó una patada fuerte con la pierna derecha; después de acomodarse, dando un giro en sí que encajó directo en su abdomen. Así, ese bandido se quedó noqueado muy distante de él, cerca de la puerta de ingreso. El otro bandido que poseía un arma atinó en dispararle. Ulric volvió a dar un salto, sin embargo estando

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al aire, le cayeron dos balazos en el estómago. Mientras caía para hacerle frente a este otro adversario, Ulric sintió cómo su sangre salía en finos hilos. Para cuando tocó el suelo ya se había vuelto a curar. De un golpe dejó fuera de sí al bandido. El tercero tenía una chaveta. Entrando en pánico, no sabía qué hacer. Desesperado, miraba hacia varios lugares para poder hacer algo frente a Ulric. Sin saber qué hacer, sujetó su cuchilla y se fue corriendo directamente al chico de ojos negros. Ulric estaba de espaldas, sucedió justo en el instante que había eliminado al segundo bandido. Le introdujo la cuchilla completa en la espalda. Ulric sorprendido por ello sintió como le cortaba la hoja filosa. Ulric volteó la mirada y dijo: “me duele… del hecho que me cure por mí mismo, no significa que no me duela, cada herida me duele mucho. Y sabes… no me gusta”. Habiendo pronunciado estas palabras el bandido se asustó y soltó su arma. La sangre de Ulric en forma de hilos lo curó y la chaveta se salió de su espalda. El bandido quería salir corriendo del lugar, pero Ulric cogió una silla del lugar y se la lanzó con la intención de hacerlo caer, logrando su objetivo. Ulric se acercó dando pasos lentos. El bandido estaba en el suelo muy asustado. El chico, con actitud muy fría, lo sujetó del cuello y lo levantó. Mientras lo asfixiaba, Ulric muy molesto pronunció: “no me gustan

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los de tu clase” y lo dejó caer cuando ya estaba inconsciente. El chico se acercó a la mesa donde se escondían Claudia y sus amigos. Vio la mesa y dijo en voz alta completamente con otro tono: “Son tres copas de helado, si siguen costando lo de siempre entonces… (Metió la mano en su bolsillo trasero del jean y sacó un billete de cincuenta) con eso se cobrará la atención y la silla que rompí, discúlpenme por eso, y pueden quedarse con el vuelto”. Los ojos de Ulric volvieron a la normalidad, y en sí, ahora tomaba una actitud más calmada. La gente del lugar lo miraba con asombro. Aquello que había realizado era extraordinario. Sabían que no era normal, y Ulric pudo escuchar sus murmuraciones. Sintió como lo miraban con extrañeza. Esa sensación provocó en el chico una alteración, por un momento se asustó de sí mismo. Se controló y decidió salir de la heladería. Antes de retirarse dijo: “sería mejor que alguien llame de inmediato a la policía y a la ambulancia, buenas noches”. Tras salir del local, su prima con sus amigos salieron tras él. Ellos notaron como fuera del establecimiento estaba el cuarto bandido encargado del transporte, tendido en el suelo. Mientras lo seguían, Kathy se dirigió a Claudia:

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— Tu primo lo ha hecho bien, parece que sabe pelear. — Realmente yo no lo sabía, y toda esa cosa de la sangre
me causa escalofríos— contestó Claudia. — Claudita no entiendo… ¿tu primo es un monstruo?— preguntó Eddie. — Cállate— respondió de inmediato. Lo alcanzaron casi a las dos cuadras de donde sucedió todo. Ulric se mostraba tranquilo, pero las tres personas que estaban frente a él no. Claudia, Kathy y Eddie le hicieron varias preguntas, pero Ulric pareciera que estaba ido. Sacudió la cabeza y volvió a tomar conciencia de sí. Solía pasarle anteriormente. “sé que te debo una explicación Clau, pero aquí no te lo puedo dar”. Ella se disculpó con sus amigos, porque tenía que retirarse a su casa con su primo; mientras, daban la vuelta para coger un taxi, Kathy se dio cuenta de algo y pronunció.

— Lo sabía, sabía que había visto tu rostro en otra parte,
tú eres el joven detective de hace años, quien resolvió muchos misterios. Es fantástico que llegara a conocerte en persona. — Él es ¿Quién?— dijo Eddie — Vamos, vamos, sabía que en algún lado a ti también te había visto— le dijo Ulric a Kathy — ¿A mí?— preguntó Kathy tomándola por sorpresa

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— Vamos todos, Clau hace un exquisito café— dijo Ulric
invitando a todos a su casa. Llegando a casa, Ulric se acomodaría en el lugar de siempre en la mesa del comedor. Él estaba acostumbrado a caminar en la oscuridad, además de conocer muy bien cada lugar en el interior de su propia casa. Ingresar a tan sombría casa de noche, casi como ambientada para causar miedo, Kathy y Eddie miraban cada esquina asombrándose una y otra vez. El pasadizo hacia el comedor se les hizo tétrico. La perspectiva no favorecía a las paredes oscuras. El sonido hueco del golpe de los zapatos ingresando para encender una vela provocaba un eco mínimo preciso para el ambiente. Ulric encendió más velas de lo acostumbrado, pues la visita lo meritaba. Todos se sentaron en la gran mesa del comedor. Kathy casi se sienta en el asiento predilecto que cuidaba Ulric con recelo. Bastó una sola mirada de parte del chico hacia ella para indicarle que no podía sentarse en ese lugar, justo debajo de la gran fotografía donde salía Vanessa. Al calor del café, Ulric empezó a hablar:

— Me gusta el café de Clau, pero más me gusta el jugo de
granadilla ¿quieren probar? — No gracias— respondieron los invitados al unísono La prima de Ulric estaba inquieta.

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— La paciencia es una virtud, Clau— le dijo Ulric a su
prima — Tú no eres precisamente paciente, niño— habló Kathy. — ¿Así?— subió Ulric su taza de café y mientras bebía levantaba una de sus cejas frunciendo la frente. — Según las historias de los detectives, tú eras un chiquillo que tenía mucha suerte al involucrarse en un caso, ahora ya veo qué clase de suerte tienes… y ya deja de hacer ese gesto, es incómodo— dijo Kathy. — Han inventado muchas cosas, luego que me retire de todo eso— comentó Ulric— y lo de mis gestos… aprendí de la mejor. — ¿La mejor?— preguntó Eddie. — Los gestos pueden expresar mucho más, solía decir ella— Ulric miró la foto colgada en su pared. Todos voltearon a ver y notaron que Ulric se refería a Vanessa. Kathy cayó en cuenta.

— Ustedes tres… estudian derecho en la universidad—
habló Ulric. — Sí— contestaron al mismo tiempo los tres a quienes se dirigía. — Pueden… pueden decirme… — Vamos habla nomás— dijo Kathy.

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— Díganme… ¿Qué es la justicia?— preguntó Ulric
mirando a Claudia, Kathy y Eddie. Al oír la pregunta, los tres se sintieron algo raro, se pudieron a meditar y se miraban constantemente entre sí. Existió un breve silencio hasta que Eddie fue el primero en contestar. “La justicia es equidad en las acciones, proporcionalidad en otras palabras”. Luego fue Claudia: “la justicia es el adecuado respeto por la ley estableci da, ateniéndose a sus consecuencias”. Finalmente, Kathy contestó con voz firme y muy segura de lo que contestaría: “la justicia es dar a cada quien lo que se merece y le corresponde”. Al parecer esta última respuesta le llamó la atención a Ulric.

— Y… ¿Quién determina lo que se merece alguien?—
preguntó dejando su taza de lado y concentrándose en la conversación. — Pues, la ley… y el sentido común— contestó rápidamente Kathy. — Pero… la ley es imperfecta, y el sentido común a veces es tonto— habló el joven detective— ¿Cómo es posible? — ¡Fácil!— dijo Kathy— si alguien asesina, merece ir a la cárcel. — Pero veamos, solo porque la ley dice que es malo robar, entonces ese sujeto sería mal visto por la ley. Pero

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en perspectiva, si ese alguien asesina a una rival de un tercero; para ese tercero, esa persona merece ser premiado por deshacerse de un rival. Por todo lo contrario, esa persona no merecería ir a la cárcel, sino merecería un premio. — ¿Dónde queda el sentido común? — Kathyta, según el sentido común, si elimino el mal soy bueno— Ulric hizo una breve pausa— entonces, si un asesino elimina a otro asesino no es bueno, porque la acción es mala. — ¿Pretendes defender algo?— alzó la voz Kathy. — Solo quiero defender la idea de que no se puede determinar concretamente lo que una persona se merece. — ¿Por qué te esfuerzas tanto en eso? — preguntó Claudia. — Porque, una chica linda, joven, inteligente, con las más puras, ingenuas y significativos sueños de su vida, dueña de una sonrisa tan mágica, quien solo deseaba desarrollarse en un ambiente en el que pudiera creer y hacer realidad sus sueños no “merecía” morir siendo tan joven y tan pura. — Vanessa…— susurró Claudia.

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— Así es…— dijo Ulric bajando la mirada — ella murió
hace años… por dos balazos en un asalto. Ella… tan linda… tan joven… no merecía la muerte… no es justo. — Eso escapa de nuestras manos— comentó Kathy. Ulric se acomodó su camisa a los hombros y se levantó de la mesa. Dio unos pasos a un lado y luego regresó detrás de su silla. Con una actitud algo más alocada los miró y les dijo firmemente: “Todo este tiempo lo único que he querido es saber de alguna manera de cómo retroceder el tiempo y salvarla; sin embargo, eso sí escapa de mis manos. Las leyes de la ciencia no me permiten hacerlo aún. Por otro lado, mis estudios me llevaron a una conclusión, la cual ahora es mi objetivo… resucitaré a Vanessa, la traeré de vuelta a la vida, porque es lo justo. Gracias a esta sangre que tengo podré hacerlo. La Streptococcus venenum vita me permitirá regresarla. Sé que puedo hacerlo. Damas y Caballeros… bienvenidos a la locura”. Tanto los tres, quienes estaban sentados, escucharon cómo Ulric había enloquecido o tal vez sus palabras estaban fuera de lógica, no tenían sentido. Fuera de ellos, el anhelo de Ulric era revivir a Vanessa tal y como lo había explicado. Luego de oír eso… nadie más continuó tomando el café.

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La Maldición de la Sombra
Capítulo 3:

Maldita Sangre Bendita
A la mañana siguiente, Claudia subió las escaleras, muy temprano, para ver cómo se encontraba su primo. La noche anterior sus amigos salieron de casa tan perplejos como asustados por aquellas palabras tan extrañas que demostraban el actual anhelo de Ulric. Al anunciarse en la puerta y no recibir respuesta optó por ingresar. Claudia se asomó levemente tras abrir la puerta y de inmediato vio a su primo apoyado en la ventada de su habitación. Meditabundo, tranquilo y preocupado mirando el cielo despejado y soleado. Mientras Claudia ingresaba para hablarle, notó que su polo negro estaba en el suelo. Ulric, con la mano posada en el mentón e inmóvil de su posición se dirigió a su prima diciéndole: Ese polo me gustaba, pero con agujeros de bala parece que se echó a perder”. El chico dejó de mirar el cielo y observando a Claudia empezó.

— No me gusta el cielo azul despejado— comentó Ulric—
¿Vienes por algo en particular?— habló el chico con un

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tono de voz muy peculiar, como si hablara solo con medio control de su rostro. — Vine a ver cómo amaneciste… ayer, te dispararon y no entiendo aún como… — ¿Cómo fue que me curé? — Eso mismo. — Pues… — en ese pequeño instante Ulric alzó la mirada y la bajó rápidamente, sacudió la cabeza y dijo— ¿Qué estaba diciendo? Disculpa, me he olvidado. — Déjalo así— contestó Claudia notando que su primo se había ido mentalmente. Ulric se acercó a la cómoda donde guardaba su ropa y entre sus polos eligió uno parecido al que le habían malogrado con balazos. Se estaba alistando para salir. Siendo la habitación oscura por dentro, se llegaba a iluminar por la luz que entraba desde la ventana. El olor a incienso provocaba un ambiente menos tenso de lo que a simple vista parecería. Las investigaciones de Ulric estaban bien protegidas y cubiertas por una manta grande al extremo derecho de su cuarto. Claudia notó que en su escritorio había dos frascos de sangre. El joven detective se dio cuenta que ella lo había observado y sin decir nada en ese momento los movió de lugar y puso debajo de la gran manta. Sutil y elegantemente, Ulric le pidió a su prima que saliera de su habitación, puesto que se

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cambiaría de atuendos para salir. Cuando Claudia le preguntó a qué lugar iría, Ulric solo contestó: “no podemos escapar del destino…” No pasó mucho rato para que Ulric, ya listo y aliñado con su atuendo negro y su camisa azul en los hombros, bajara hasta donde lo esperaba Claudia. Ella había servido el café habitual de Ulric, sin embargo no lo tomó. En aquel oscuro y sombrío comedor, Ulric parecía estar buscando algo en particular. Algo pequeño. Sus movimientos constantes revisaron rincones tapados y expuestos. La única vela que iluminaba el salón no parecía querer apagarse hasta que Ulric encontrase lo que buscaba. Su prima observando ese inusual comportamiento en Ulric atinó decirle que si le explicara qué era lo que buscaba, entre los dos sería más fácil y rápido encontrarlo. Sin embargo Ulric no parecía prestarle mucha atención. Teniendo la idea fija, Ulric se sentó, luego de la extraña búsqueda en su lugar habitual. Aún, se podía escuchar el rechinido de los pasos caminantes de las suelas de los zapatos de Ulric. Seguía moviendo los pies, aún estando sentados, típica muestra de ansiedad. El chico suspiró, se llevó la mano a la cara y empezó a carcajear diciendo: “muy bien Tony, te veré en el cementerio. Estoy saliendo para allá”. Claudia pensó que su primo había perdido la

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lucidez al hablar con alguien que no estaba presente en ese momento. Ulric vio que su prima estaba asustada por las palabras que había dicho recientemente. Saliendo de la tétrica casa, Ulric acomodándose su camisa a los hombros, pantalón jean negro con polo manga larga; Claudia con un vestido blanco y un sombrero, perfecto para los días soleados, salieron en dirección al cementerio. El cielo azul, despejado, no mostraba ninguna nube pomposa y el viento parecía acariciar el suelo. Cayeron las diez de la mañana y el sol iluminaba con fuerza. El cabello de Ulric parecía sacudirse a medida de los pasos que daba. De caminada fuerte y movimientos elegantes, Ulric se detuvo para ver el gran ingreso del cementerio general de la ciudad, ubicada al final de la extensa calle Aragüés. Detrás de Ulric caminaba Claudia cuestionándose a sí misma que era lo qué quería hacer su primo en el cementerio. Ella vigilaba de cerca cada movimiento de Ulric, sutilmente se acomodó su sombrero y el movimiento del viento en sus rulos creaban una armonía perfecta. Mandó un mensaje de texto por su celular y continuó. Ulric ingresó firmemente al gran cementerio con su prima, algo asustada, detrás de él. El camino que recorría parecía sabérselo de memoria, el chico pasó por

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aquellos mausoleos y epitafios que encerraban emociones encontrabas. Los arbustos verdes, cerca de algunos nichos y tumbas, ayudaban al paisaje típico del panteón. Los ángeles de marfil lloraban en algunas tumbas. Rostros de vírgenes y cantidad de cruces adornaban el cementerio, que siendo de día no presentaba miedo, únicamente soledad y tristeza. A la vista de Ulric, delante de él, haber recorrido tan rápido el camino desde el ingreso hasta donde se ubicaba, empezó a desacelerar su caminar. Su mirada estaba perdida en el fondo de lo que veía. Impresionado y angustiado. Entre dos cuadrillas de nichos, a Ulric no le importaban los nombres escritos por los cuales pasaba. El viento volvió a soplar, no se escuchó ni una sola murmuración. El palpitar de Ulric se aceleró. El chico no estaba cansado, pero empezó a respirar más fuerte. El viento murmuraba a los pasos del chico un sutil “Ven” repetitivamente. Bajó la mirada y sus pasos eran más lentos. Su prima, estando diez pasos detrás de él, dejó de seguirlo al ver hacia donde iba. Fuera de la sección de nichos, Ulric había llegado al lugar donde se entierran a las personas. Las tumbas en dicho lugar, ubicadas con algún orden que nunca entendería, el chico se arrodilló frente a una tumba. Se agachó completamente, sus brazos cubrían

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su cabeza y, aunque no se notaba, el chico tan perturbado y triste, empezó a llorar. Muy impresionada por lo que veía, Claudia no tuvo que adivinar al saber que Ulric se notaba pensativo en su cuarto, porque se preparaba a sí mismo para el momento de llegar a los pies de la tumba de Vanessa. Cuyo nombre estaba escrito en el epitafio delante de su primo. Los gemidos eran leves, Ulric se contenía lo más posible, pero sus lágrimas frente a la tumba de su amada caían sin contención. Una rosa blanca adornada el epitafio de Vanessa, que de por sí era muy elegante. Con la imagen de un ángel y sus alas bordeaban su nombre. El escenario que notaba Claudia era triste, no solo eso, llenaba el sentimiento de frustración, de impotencia, de desconsuelo, el hecho de no poder hacer nada en ese momento para aliviar a su primo. Claudia agachó la mirada y brotó significativas lágrimas al intentar ponerse en el lugar de su primo. Unos pasos, detrás de Claudia, se acercaban lentamente. Obedeciendo a sus instintos, la prima de Ulric volteó y notó que se acercaba el amigo de su primo, el señor Anthony Zavaleta. Verlo a la luz del día era distinto a la sombría imagen que guardaba de él cuando había ido a casa. Tony, frente a ella, se veía tan delgado como lo

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recordaba, alto, su cabello de color castaño caía en juego con la gabardina crema que llevaba puesto. Continuaba elegante con su camisa blanca, corbata y pantalón negro. El coronel en retiro se acercó a la chica y le dijo: “era obvio que si venía al cementerio, lo que haría era ver la tumba de Vanessa”. Claudia aún desconfiaba de él, o al menos no entendía, por qué tanto buscaba este sujeto a su primo. Por un momento ella creyó que era conveniente ignorarlo, pero al instante pensó que podría ser él quien pueda salvar a Ulric de la locura a la cual estaba cayendo.

— Usted no sabe…— habló con la voz entrecortada
Claudia— mi primo quiere… — Escuché lo que dijo— contestó Tony. — ¿Sabe lo que quiere hacer Ulric? — Sí, lo sé. Fue Ulric quien se dio cuenta que lo sabíamos. — ¿Cómo así?— preguntó Claudia. — Le dejamos un micrófono muy pequeño en la mesa de comedor de tu casa. — Lo espiaron. — Debiste darte cuenta lo que dijo ayer “damas y caballeros”. Siendo Ulric, un amante de la gramática, no se equivocaría en una frase tan sencilla, al haber solo un hombre en tu comedor, aparte de Ulric, ayer, en la noche— explicó Zavaleta refiriéndose a Eddie.

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— Mi primo lo sabía entonces… — Lo repito, Ulric es el mejor haciendo lo que sabe
hacer— le dijo Zavaleta a Claudia— por eso necesito de su ayuda. Mientras, llevaban a cabo dicha conversación, algo les llamó a atención a ambos. Voltearon a ver a Ulric y éste seguía con la cabeza agachada. Observaron cómo el chico empezó a temblar levemente y de ahí levantó la mirada bruscamente y observando el cielo, Ulric pegó un grito mudo. Sus labios y su garganta expresaban una fuerte alarido, pero en ese momento Ulric había decidido quedarse mudo y que ese gran grito de dolor no se escuchara. Terminando, el chico pronunció levemente mirando el nombre de Vanessa en su epitafio: “te prometo Vanessa, que te traeré a la vida… te lo prometo. Nos volveremos a ver y todo será perfecto una vez más”. Sus lágrimas dejaron de brotar y se levantó con firmeza. El viento volvió a soplar y en esta ocasión parecía acariciar únicamente a Ulric, como un abrazo silencioso, con la promesa de amor de volverse a ver de hace años. Estando, quieto y de pie, frente a la tumba de su amada, Ulric cogió su pañuelo y se limpió el rostro. Dio una venia frente al epitafio y salió del lugar. Regresando al lugar donde se encontraba su prima notó la presencia de Tony.

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Con una sonrisa en los labios, el chico pronuncia estando cerca de ellos: “muy bien Tony, empecemos”. El chico le pidió a su prima que lo esperara afuera del cementerio porque necesitaba hablar con su amigo con suma urgencia. Claudia entendió y, tranquilizada por lo que le pedía, caminó a la entrada. Ya solos, los amigos empezaron a caminar por las cuadrillas de nichos. Parecían no tener dirección alguna, solo caminaban en el lugar menos pensado. Las veredas en los pasadizos grises se tornaban un poco más claro por la luz solar. Las sombras realizadas debajo de los arbustos le daban ese toque misterioso al cementerio. Ulric se volvió a acomodar su camisa azul a los hombros y le empezó a hablar a su amigo.

— Un micrófono en mi casa— giró su mirada a su
amigo— es un mal chiste. — No creía que te dieras cuenta rápido— habló Tony. — El señor Vivaldi es agente de inteligencia y que no usara uno de sus trucos básicos— comentó Ulric— sería un chiste peor. — Querías hablar conmigo, pues estoy aquí— dijo Zavaleta a su pequeño amigo. — Quería ver si vendrías, y veo que no fue una equivocación.

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— Quiero ayudarte Ulric— expresó Zavaleta. — Pues, yo también quiero ayudarte, y hubiera sido más
fácil si me contabas todo desde el principio — respondió Ulric. Luego de oír esa última frase, Tony entendió que Ulric ya se había dado cuenta del porqué él insistía tanto con pedirle su ayuda en este caso. “Su novia, la señori ta Luciana, murió a manos de ese asesino psicópata y por esa razón le pone tanto empeño en la captura de ese individuo. Si le pidiera ayuda a otro detective, este asesino lo terminará matando así que me buscó a mi puesto que mi sangre no es fácil que muera”. El coronel en retiro con un gesto en el rostro le dio la razón al chico. Ulric continuó hablando, caminando lento con las manos en el bolsillo: “Además… intentas usar mi pasado en cierta manera para que te ayude. Pues así como yo perdí a mi amada Vanessa, usted perdió a su pareja también. Es un truco muy… sucio”. Al instante Zavaleta negó el punto expuesto por Ulric. La caminata había terminado al quedarse inmóvil el chico en medio de un pasaje de cuadrillas de los nichos que había recorrido anteriormente. Zavaleta se dio cuenta que Ulric lo había llevado al nicho donde yacía el cuerpo de la difunta novia de Tony. “Me di cuenta cuando al pasar por aquí vi su nombre y la fecha de su entierro” habló Ulric.

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Inmóvil, Tony se quedó sorprendido. El joven seguía siendo tan listo como lo recordaba. Su agilidad y su poder deductivo continuaban limpios. Pudo darse cuenta del nombre especifico con tan solo pasar por el lugar sin siquiera buscarlo. “Ya lo sabes, quiero traer a Vanessa a la vida de nuevo y, aunque sea difícil, sé que puedo hacerlo. He realizado estudios profundos acerca de la bacteria de mi sangre. ‘El veneno de la vida’ me podrá permitir realizar mi anhelo. Es lo justo” habló decididamente Ulric. Su amigo Tony, siendo más alto que el joven, posó sus manos en los hombros de su amigo y le dijo: “Y yo quiero ayudarte… eres alguien que se merece que lo ayuden, por tu espíritu y tu voluntad”. Ambos se dieron su típico apretón de manos. Son los dedos hacia arriba, flexionando el brazo levantado una altura promedio de sus propios cuerpos. Después de mucho tiempo, ambos sonreían a la vez.

— ¿Por qué viniste? Nunca antes querías ver su tumba—
comentó Zavaleta. — Para resucitar a alguien, debo aceptar que está muerta… aunque me duela. — Estamos juntos en este caso— dijo Tony— estamos para apoyarnos, somos amigos.

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— No solo somos amigos— continuó Ulric— somos
grandes amigos. Salieron del cementerio, dejar de lado el ambiente muerto para empezar los objetivos trazados, y a lo lejos notaron como un tipo flaco cerca a Claudia la molestaba. Ella tenía puesto sus audífonos del celular, gesto que indicaba verdadera incomodidad. Ulric notó el gesto por parte de ella y se adelantó corriendo. Casi de inmediato, Ulric se posó al lado de su prima y le dirigió una mirada fría y enojada al tipo que fastidiaba a Claudia. El aspecto de este individuo era tosco. De peinado abultado en su cabeza. Un perfil que no ayudaba en nada en su cara. Flaco, con un pantalón negro de los que estaban de moda, ceñidos a las piernas. Con un polo azul estampado con un diseño garabateado en su pecho. Claudia parecía conocer a este tipo. Cuando Ulric la tomó del brazo para apartarla de él. Este tipo pensó que era Ulric quien le haría daño a ella y lo tomó del brazo para detenerlo.

— Deja a mi amiga— habló el tipo con una voz
completamente irritante. — ¿Perdón?— contestó Ulric viéndolo con gran enojo. — Ella es mi amiga, tú que tienes…— siguió desafiante el tipo. — Claudia… ¿Lo conoces?— le preguntó Ulric a su prima.

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— Es un compañero de la universidad— contestó la chica. — ¿Qué pasa Claudita? Somos amigos— se acomodaba el
tipo con sus propias palabras. — Es mi compañero y nada más— continuó diciéndole Claudia a Ulric demostrándole su incomodidad. — Sabes… sácate ese polo azul, le quitas elegancia al color— le dijo Ulric al sujeto dándole la espalda y llevándose a su prima. — A mí me hablas bonito ah— respondió el tipo. — Por tu actitud no te lo mereces… pareces más un reggaetonero barato— contestó Ulric haciéndole con la mano una gesto de que se aleje. Sintiendo un alivio, Claudia dio un suspiro relajante. Ulric la llevó donde estaba Tony. Mientras se acercaban al coronel retirado. Claudia le iba contando a su primo lo molestoso que podría ser este tipo que ni se imaginaba encontrar en un lugar así. Cuando los tres, Tony, Claudia y Ulric se reunieron al lado de la puerta del cementerio, el antiguo coronel sintió que estaban siendo observados. Fue por esa razón que caminaron por la calle que daba a la izquierda del cementerio. Casi cuatro años que Anthony dejó de ser coronel pero su conducta continuaba enérgica. No era extraño ver a un señor de casi cuarenta años y unos jóvenes al lado de él. Las floristas del lugar podrían interpretar tal cuadro como un padre y sus hijos saliendo

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de ver la tumba de su madre, pero todos se equivocarían. El cielo continuaba despejado, mostrándose suave. Zavaleta dirigía el camino que recorrerían. Su gran gabardina crema le daba ese porte de señor importante. Cualquier persona que se le acercara podría fácilmente notar su aroma a Kalos, típico de él. Claudia sujetaba su sombrero mientras el viento ondeaba su vestido blanco. Su cabellera ondulada caía debajo del sombrero y se veía afinado. El más sombrío de los tres era Ulric, algo ansioso, pues movía sus dedos de diversas maneras. Su caminada firme sugería un porte dado por sí mismo. El viento soplaba y, de manera de capa, levantaba su camisa azul sobre sus hombros. El joven levantó la mirada y repitió: “No me gusta el cielo azul despejado”. Alejados todos del cementerio. Anthony decidió llevarlos al lugar donde tiene de primera mano toda información, válida para poder resolver el misterio de los asesinatos en serie ocurridos en la ciudad. Salieron del escenario de muerte y cogieron un taxi al que subieron sin hacer muchas preguntas. Ulric sabía perfectamente que se dirigían a la casa del señor Vivaldi, quien es el más apropiado socio de Zavaleta para realizar su investigación. Pero, sin hacer ningún movimiento Ulric únicamente miraba por la ventana y solo preguntó a Tony: A todo

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esto… ¿Dónde está el científico Salinas? Claudia se mostraba extrañada por oír acerca de un científico, sin embargo prefirió no preguntar nada en ese momento. El coronel retirado respondió: si lo quieres ver, pues te puedo llevar a él en otro momento. Terminando el recorrido en taxi, inmediatamente bajaron a la puerta de la casa del señor Vivaldi. Exactamente como lo dijo Ulric hace unos días atrás, la casa del mayor de la división especial de investigaciones e inteligencia, Luis Vivaldi, estaba ubicada en el centro de la ciudad, al lado izquierdo de la plaza de armas, en la extensa calle Zela. Las paredes de piedra laja embellecían la fachada. Bajaron frente a la casa muy elegante, con delantera imponente y de techo de mojinete. Mientras, Tony y Claudia se acercaban a la puerta de dicha casa, Ulric cruzó la acera y al otro lado de la calle, exactamente al frente de la casa, había un gran lote aparentemente vacío. Ulric miró a Zavaleta y le dijo con tono serio: “éste debe ser algún tipo de… mal chiste ¿cierto?”. Y mientras, decía eso, abrió la puerta del lugar que a la vista de todo mundo estaba deshabitado y cerrado. Era una puerta con truco, pues estando tapada exteriormente con unos grandes tablones, el umbral tenía especial forma de abertura, la cual permitía el ingreso, dificultoso, pero accesible. El local

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frente a la casa de Vivaldi era grande y escondido al público. Preciso para una investigación secreta. A decir verdad, el mayor Vivaldi lo había ordenado muy bien para poder realizar sus investigaciones. De paredes internas blancas y con distintas mesas con varios archivos, files, papeles e imágenes; unas pantallas pequeñas que mostraban tomas del exterior; así como también dos ordenadores sincronizados para ejecutar y recibir documentación seleccionada de la base de datos. La luz interna estaba señalada de tal manera que no se pueda distinguir desde fuera. Ulric, algo sarcástico, le dijo a su amigo: “Camuflar un escondite con la apariencia de lugar desolado es algo básico… casi obvio, coronel”. En ese instante, desde una escalera, al lado derecho, de ese salón escondido, apareció el mayor Vivaldi subiendo unos escalones que provenían debajo del suelo. Un pantalón de vestir gris y una camisa blanca lo vestían distinguidamente. “Así es muchacho, es u n truco básico, pero funciona”, pronunció el mayor haciéndose notar. El señor Vivaldi se acercó al grupo de Zavaleta que recién llegaba, mientras saludaba a su amigo hacía gestos visuales al joven Ulric.

— Me estás… ¿Analizando?— preguntó Ulric viendo al
mayor— eso es incómodo.

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— Me parece increíble, de todos los relatos que me ha
contado Zavaleta, seas tú el gran detective que pintó en sus historias. Para serte sincero no esperaba a alguien tan joven y pensé que eras más alto— habló Vivaldi sonriéndole burlonamente. — Se han burlado tanto de mi estatura, que fue tarde cuando me di cuenta que estoy en el promedio. Sin embargo, ahora, no es de importancia eso, tengo verdaderos objetivos. — comentó Ulric mostrándose algo serio. — Esa actitud me encanta— felicitó Luis Vivaldi a Ulric— tu carácter y tu poder deductivo te hace grande. Es impresionante que supieras que dejé en tu casa un micrófono. — Bueno… — Es una pena lo que le pasó a tu novia— bajó su tono Vivaldi inclinándose un poco viéndole a los ojos al chico. — Teh…— se incomodó Ulric al oír ese comentario, agachando un poco su cabeza. — Y es… valiente de tu parte querer… como diría… “tratar de revivirla”— continuó hablando Vivaldi. — Deje de hablarme así— levantó la mirada el joven y algo enojado pronunció— usted me está subestimando.

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Extrañamente, el ambiente se puso tenso entre ambos. Dando fuertes aplausos, Anthony Zavaleta captó la atención de los presentes. Muy caballerosamente le acercó una silla a Claudia. Típico de él. Se sacó su gabardina y lo puso sobre uno de los asientos. Ulric dejó de hacer contacto visual con Vivaldi y se acercó a la gran mesa, buscando información del caso que tanto alarmaba a Tony.

— Bueno, empecemos con el caso que…— comenzaba a
hablar Vivaldi. — Momento— detuvo Ulric— aún no sé nada del caso. — ¿No le contaste nada, coronel?— preguntó el mayor a Tony — Pues lo iba a hacer recién aquí— dijo Zavaleta. — Empieza entonces— miró sarcásticamente Vivaldi a su coronel. Tratándose de Ulric, y conociéndolo, Zavaleta solo tomó los puntos característicos del caso y empezó a contarle toda la maraña de misterios que lo envolvían.

— Ha pasado un mes desde que empezó esta serie de
asesinatos. El sujeto es despiadado. No sabemos su rostro ni su edad. Los lugares en los que ha cometido sus asesinatos son extrañamente aleatorios. En algunos casos

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se muestra extrema violencia al momento de ejecutar a sus víctimas y en otras ocasiones el crimen es realizado de manera rápida. Los crímenes empezaron la primera semana de enero, con la muerte de Oscar Bob Barrientos de 28 años, un humilde enfermero trabajador del hospital general. Encontraron su cuerpo colgado en el estacionamiento del área de emergencia del hospital el 7 de enero. El perito señaló muerte por asfixia debido a la soga en el cuello, se descartó la idea de suicidio, pues en la espalda tenía cortes con la forma del número once. Para el 14 de ese mes, la siguiente víctima fue Renato Luque, estudiante de 23 años de la universidad. El asesinato de este chico fue algo extremadamente cruel, al parecer durante el encuentro el chico opuso resistencia, su cuerpo estaba lleno de cortadas y distintos golpes en la cabeza. Esto no solo queda aquí— Tony le acerca unas fotografías a Ulric— como verás aquí, el asesino tuvo tiempo para desmembrar sus extremidades, luego las quemó. Dejó el tronco acuchillado y ensangrentado con un corte a la altura del estómago con el número veintitrés. Se encontró su cuerpo al día siguiente de haber sido asesinado en el terreno descampado de la universidad nacional. La tercera víctima fue…— Zavaleta tragó saliva — Vamos… continúe coronel— expresó Vivaldi en voz baja.

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—…fue Luciana, mi novia, ex teniente del ejército,
mientras investigaba unos rastros de sangre sospechosos en un edificio en construcción en el centro de la ciudad, fue atacada por el asesino. Ella había ido con tres policías de la división de inteligencia y el sujeto los tomó por sorpresa a todos. El criminal disparó a cada uno. Solo uno de ellos salió vivo. En la muñeca izquierda de la mano de Luciana se le encontró una cortada con la forma del número treinta y dos. El cuarto asesinato se dio en un colegio parroquial el 28 de enero. La víctima de 46 años se llamaba Norma Izaguirre, era profesora sin cargo especial en dicho colegio. Su cuerpo se encontró cubierto con una tela negra, la cual presentaba rasgaduras. El perito señaló que fue apuñalada nueve veces en la espalda. Tenía escrito en el cuello el número cuarenta y seis, grabado con un puñal. — Muy sádico— habló Ulric entonando cierto tono burlón, quien miraba y remiraba las fotos que tenía puesto sobre la mesa, mientras, Tony le explicaba, la atención de Ulric estaba puesta tanto en sus palabras como en las imágenes. — Tenemos un problema aquí— comentó Vivaldi acercándose al muchacho— las personas que asesinó no tenían ningún vínculo aparente. Los lugares en los que

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ocurrió no tienen relación alguna, y las muertes y como las ejecuta es extrañamente perturbador. — Estamos, digamos de una manera, frente a un… psicópata— comentó Ulric sentándose en una de las sillas cerca a la mesa. — Suponemos el próximo asesinato será el siete de este mes— mencionó Vivaldi. — Está asesinando cada día múltiplo de siete, un asesinato tras otro con un orden de separación de intervalo de siete días… señores, este asesino se está burlando de nosotros— dijo Ulric “Añoraba este tipo de casos”. Pronunciando estas palabras, el joven se paró rápidamente de su asiento y, acomodándose su camisa a los hombros, empezó a caminar por el interior del salón. Se llevaba la mano a la frente y al mentón intentando pensar. Cada vez que obtenía una idea, al chico le daba una especie de sacudida involuntaria al cuerpo y hacía que se olvide lo que pensó. Caminaba en círculos, una parte de él estaba completamente centrado en el caso, otra parte parecía estar perdido y confuso. Ulric volteó a verlos, les sonrió, pero abruptamente cambió el gesto en el rostro. Se tapó la cara con su mano esparciendo sus dedos sobre su rostro. Una voz en la mente del chico, empezó a susurrar en el interior de su cabeza diciendo: “me necesitas,

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déjame salir”. El chico parecía estar mal. Los presentes empezaron a preocuparse, se acercaron, sin embargo éste levantó la mirada y se dijo a sí mismo en voz alta: “¡silencio!”. Ulric volvió a tranquilizarse y pudo empezar a pensar con más claridad. No dejaría que sus ataques le ganen. El chico, ahora más lúcido, propuso ir a investigar el edificio donde asesinaron a Luciana. Estando cerca sería un buen lugar donde empezar la investigación, y como ni Tony ni Vivaldi podían acompañarlo, luego de una llamada realizada por el mayor de inteligencia, sería otra persona quien acompañe a Ulric a realizar dicho examen en tal lugar. Llegó, casi inmediatamente, un policía joven. Su nombre era Deivy Salazar. Vestido con su uniforme, la primera impresión de Ulric fue buena, la ayuda sería beneficiosa. Claudia se quedaría con Zavaleta y con Vivaldi. Ulric les enfatizó su cuidado. Saliendo por una puerta escondida que daba a un pasadizo dentro del edificio de al lado, Ulric y el policía Deivy apresuraron el paso. El joven policía se encontraba algo abrumado, pues a su lado estaba un chico que no parecía ser gran cosa. Pero recordaba lo que le dijo Vivaldi y se lo pronunció Ulric, mientras caminaban hacia la salida. “No me subestimes, estoy tan ansioso por resolver este caso como en revivir a una persona.” Salieron del

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edificio y al fijarse se dieron cuenta que se encontraban frente a la plaza de armas.

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La Maldición de la Sombra
Capítulo 4:

El Día que Dios se fue a Dormir
Ambos caminaron casi sin pronunciarse palabra alguna. Ulric con paso firme iba al lado derecho de Deivy. El policía lo veía al chico como con curiosidad y duda. El uniforme muy bien presentado en el policía demostraba su dedicación y real interés en su trabajo. Tendría un rango bajo, pero aún así, se había ganado la confianza de Tony y de Luis Vivaldi, y eso indicaba a Ulric que podía darle cierta confianza, más que nada por ser ayudante de Zavaleta. No siendo muy diferente a él, Ulric también lo veía con cierto recelo. Era claro que sentía en el ambiente esa mirada analítica por parte del policía. El edificio que analizarían era el lugar donde murió la novia de Zavaleta, Luciana. Como Ulric no sabía dónde se ubicaba, fue Deivy quien lo condujo y, por lo tanto, caminaba delante de él. Deivy conocía la ubicación de ese edificio pues había estado en el grupo de Luciana cuando fueron atacados por el asesino psicópata y fue él quien sobrevivió al ataque. Cosa que Ulric tomó cómo anotación especial, pues podría ser Deivy aquel asesino.

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La ciudad no había cambiado mucho desde hace cinco años. Mientras caminaban, no era necesario que el cielo se nuble para imprimir la tensión en el ambiente. Aún siendo un poco más del mediodía, el camino hacia el lugar se hacía largo, siendo todo lo contrario, solo cuatro cuadras por encima de la casa de Vivaldi, pero el camino lleno de personas de miradas desconocidas incomodaban el paso. Por donde caminaban, casi una cuadra arriba, Ulric notó que un sujeto empezó a correr de manera inadvertida y se acercó sorpresivamente a una joven. Tal sujeto tenía los rasgos típicos de un ladrón, sólo fue su acción lo que hizo que Ulric actuara. Entre tanta gente, el sujeto querría pasar desapercibido, sin importarle la presencia cercana de un policía uniformado, cogió el collar del cuello de la señorita y salió corriendo a toda prisa. No fue extraño oír los gritos de ayuda de tal chica, casi instantáneamente, pero entre tantas personas era difícil distinguir al ladrón. En medio de la muchedumbre, las personas prefirieron no hacer caso, puesto si intervenían podrían salir afectadas también. Deivy se acercó a la chica para tranquilizarla. Mientras tanto, Ulric apareció sorpresivamente en frente del ladrón. Lo detuvo cogiéndolo del cuello con la mano derecha. La mirada de Ulric en ese instante era importante para poder asustar a su oponente, quien de por más ya estaba atemorizado.

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Mientras con la mano suelta se acomodaba su camisa en sus hombros, Ulric lo llevó en presencia de la señorita a quien le había robado. Deivy se quedó sorprendido por tal agilidad de Ulric. Lo había perdido de vista tan solo un segundo cuando fue a socorrer a la señorita, y para eso el chico ya estaba frente el ladrón. El tiempo no fue mucho cuando se le devolvió el collar a su víctima y otros policías aparecieron y se llevaron al ladrón. Viviendo tal escena, Ulric supo que su ciudad no había cambiado mucho. Es culpa de la gente misma, por su propia indiferencia al no ayudar. Retomaron su camino y en esta ocasión fue Deivy quien empezó a hablar:

— Sabes… no creo tanto en lo que me contó el coronel
Zavaleta de ti. — ¿Por qué? — Porque eres un niño aún, serás listo, pero no te veo resolviendo asesinatos—contestó Deivy. — No me subestimes. — Trato de no hacerlo. — Muy bien— Ulric de manera sarcástica sonriendo al término de la frase. A unos pasos más arriba de donde se encontraban, en medio de la avenida principal del centro de la ciudad

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apareció un gran auto de adornos rojos lineales en sus lados. Las lunas polarizadas de aquel auto llamaban la atención de cualquier conocedor de móviles. De coraza y apariencia imponente, la gran hammer se estacionó frente al principal y reconocido banco del centro de la ciudad, aquella que era colindante a diversos casinos ubicados en la misma avenida. Este gran vehículo se cuadró en la puerta del banco justo cuando Ulric y Deivy pasaban por ahí. Las personas de lugar, y hasta este par, creyeron que no significaba ningún riesgo, por otro lado, pensaron que era una imprudencia estacionarse en una avenida no muy ancha. En breves segundos, los ocupantes del vehículo salieron rápidamente y sin hacer mucho esfuerzo sometieron al único policía que vigilaba la puerta. Los disparos en el aire realizados por los bandidos, que salieron de dicho auto, asustaron a todos los presentes fuera y dentro del banco. Ulric vio como uno a uno ingresaban amenazantes, cada uno con armas de fuego. Desde pequeñas pistolas hasta un gran rifle. Como cualquier persona sometida al miedo, todos se agacharon rápidamente y se escondieron, unos detrás de algunas mesas, otros únicamente tendidos en el suelo. Ulric y el policía Salazar estaban apoyados en el borde derecho de la puerta del banco.

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— ¿Cuántos son?— preguntó Deivy a Ulric. — Siete, cada uno armado— Dijo Ulric mientras analizaba
cuidadosamente el interior del banco. — Debemos tener cuidado, tenemos poco tiempo — habló el policía. — Tú eres el policía, llama a tus amigos — en eso notó que Deivy tenía algo de miedo por el cómo le temblaba la voz al hablar— yo no permitiré que vuelva a suceder algo como esto. — ¿Piensas entrar?— alzó un poco más la voz Deivy. — Shhh…— alzó el chico su dedo sobre su boca para silenciarlo. — ¿Piensas entrar?— repitió Deivy con un tono más bajo. — Un asalto al banco… es exactamente como aquella vez. — ¿De qué hablas? — No permitiré que Dios se vaya a dormir otra vez. Mientras decía esta última frase, el chico se acomodó la camisa azul fuertemente a los hombros y al cuello, y saltó ingresando al banco casi inmediatamente sin ser visto. Uno de los asaltantes sorpresivamente agarró a una señorita que atendía en una de las ventanillas y la utilizó como rehén. “Tenemos poco tiempo, mientras viene la policía, así que apúrense muchachos” dijo con enérgica voz mientras abrazaba por la espalda a la señorita y le

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apuntaba con la pistola en la cabeza. En el interior del banco todos estaban con miedo, tendidos en el suelo y esperando un milagro, en eso se hizo notar el chico. Fue notorio, la única persona de pie en ese ambiente tan tenso, tanto como para los asaltantes y los asaltados fue Ulric.

— No te quieras hacer el héroe chibolo— amenazó ese
sujeto mientras, seguía apuntándole a la chica. No hagas nada que no puedas remediar— habló Ulric muy serio — Detente, no des ni un solo paso— cambió de blanco y ahora apuntaba a Ulric. — Si la matas, no le podrás devolver la vida. — ¡Cállate! En eso, el bandido le disparó al chico en la pierna derecha, el chico cayó inmediatamente al suelo. Las personas en el interior se asustaron por el disparo, no solo los que lo vieron sino también los que por el simple sonido estruendoso y explosivo que se emitió. “El próximo insolente que se atreva a hacerse el héroe, tendrá el mismo regalo de mi parte” habló aquel bandido volviendo su arma a la señorita. Había personas que en su desesperación empezaban a llorar. El ambiente en sí se había extralimitado. Una anciana entre todos los

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presentes, con mucho miedo, empezó a murmurar una oración.

— Padre nuestro, que estás en los cielos… — Señora, esas cosas no funcionan en estos casos. Dios
se quedó dormido, pero estoy aquí para despertarlo — dijo Ulric en voz baja agachado cerca a la señora. Moviéndose lentamente, la anciana pudo ver cómo la herida de bala que le hicieron en la pierna se estaba curando, además notó cómo su sangre regresaba a su cuerpo en forma de hilos. Dando un salto silencioso, Ulric se puso detrás de una de las ventanillas del banco. Totalmente recuperado, el chico empezaba a acercarse sigilosamente a quién tenía de rehén a la señorita. Necesitaba hacerlo silenciosamente, pues al mínimo ruido podría escapársele un disparo al atacante. Los segundos parecían eternos en ese momento, pero luego el tiempo no importaría, una vez que Ulric atacase, nadie podría detenerlo. Mientras, el bandido estaba de espaldas, el chico se acercó caminando agachado. Cerca, casi no faltaba mucho. En ese momento; la que hizo el ruido que Ulric no esperaba fue la señorita, al notar que el chico se acercaba. Fue una reacción normal, la reacción de una ligera sacudida corporal y una exhalación propia del cuerpo al momento de la sorpresa. El bandido se dio

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cuenta de la presencia de Ulric y al voltear puso una cara de sorpresa al notar que fue el mismo chico al que disparó hace unos instantes. Al verse observado, Ulric apoyado con los brazos y rodillas en el suelo, los flexionó para dar un gran salto. Fue extraño y fue rápido. El movimiento no fue esperado por nadie. Fue tanta la velocidad del salto que se le perdió de vista. El bandido giraba la cabeza para encontrarlo pero al moverlo hacia todas direcciones no encontraba rastro de él. Fue entonces, cuando oyó un lapicero de un escritorio lejos se caía al suelo. El bandido se acercó, al solo dar dos pasos, fue atacado desde el aire por el chico. Cayó sorpresivamente de un extremo completamente distinto de donde se había imaginado el malhechor. Al momento de caer, Ulric sujetó la pistola del bandido y lo mandó hacia otra dirección, le alzó su brazo para que soltara a la chica, dando una vuelta, golpeó al bandido en las costillas del lado derecho del tórax. Con el brazo sujeto, Ulric lo movió hacia el suelo y le hizo soltar el arma. El bandido estaba asustado y confundido, las maniobras que ejecutaba eran tan precisas como dolorosas. La señorita estaba a salvo y corrió detrás de una ventanilla para ponerse a salvo. Al ver eso, Ulric sin sujetar el brazo del criminal que yacía en el suelo y desarmado le dio una patada en el pecho con tanta fuerza que lo mandó hasta la pared. Recuperándose, el

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malhechor miró el rostro del chico y vio que sus ojos estaban de color negro con las pupilas amarillas. Casi se podían escuchar el palpitar desesperado del bandido, se aceleraba a cada paso que daba Ulric acercándose a él. “No puedes matar a alguien, no tienes el derecho de quitarle a alguien lo que no puedes reponer”, pronunció Ulric acercándose cada vez más. El joven detective se preparaba para darle un puñetazo a su contrincante, pero justo en ese momento, del piso superior, uno de los otros seis bandidos restantes le disparó al chico en la cabeza. De tal impacto, el joven Ulric se desplomó al suelo. Inmediatamente, de la frente de Ulric, poco a poco, salía sangre en forma de hilos que lentamente se dispersaban en el suelo. El chico perdió el conocimiento. Para Ulric todo estaba oscuro. Dentro de sí, el joven no podía dar la orden de curarse a sí mismo. Tendido en el suelo parecía ser el final de todo. - No puede terminar así...— se dijo a sí mismo. Al estar en esa situación, optó por coger la otra opción que tenía para sí, recurrir a alguien a quien no pensaba recurrir… su otro yo. Con forma del escenario del mismo pasadizo oscuro cuando se desmayó en su casa, y la puerta frente a él. Entrando en lo más profundo de su

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subconsciente. Ulric abrió la puerta que había mantenido cerrada mucho tiempo.

— Oye… ¿Querías salir?— Dijo Ulric. — Por supuesto— contestó la otra personalidad de Ulric,
el Ulric oscuro, con la misma voz del chico; sin embargo, poseía un tono hueco y escalofriantemente con una resonancia especial producto de su propia voz. — Pues… sal. — Tú lo has dicho— contestó el Ulric oscuro. Mostrándose el cuerpo tendido en el suelo, Ulric se desangraba lentamente. El interior del banco, ya de por sí estaba demasiado tenso. La anciana que había sido interrumpida por el chico empezó a llorar. Por fuera Deivy observó cómo habían disparado al chico, de su impresión, tragó saliva y volvió a llamar por su radio a sus compañeros. Hasta que algo sucedió, algo que devolvió la esperanza a todos. El héroe se levantó. Observando todo desde fuera, Deivy no lo podía creer. El cuerpo de Ulric empezó a dar saltos parecidos a convulsiones hasta que volvió a quedarse quieto. Parecía estar rígido el cuerpo entero cuando su brazo derecho se alzó como si tuviera vida propia. Una vez arriba su brazo, manteniendo todo su cuerpo tendido y cubierto de

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sangre, lo bajó y, flexionado, lo utilizó para apoyarse y levantarse lentamente, mientras su sangre regresaba a su cuerpo en forma de hilos. Esta vez, la sangre regresaba bruscamente. Mientras se ponía de pie pegó un fuerte grito. El Ulric oscuro había tomado mando del cuerpo del joven. Su grito fue correcto, con un eco particular proveniente de su propia garganta. Mientras, el fuerte alarido expresaba el regreso del chico, los bandidos empezaron a apuntarle con sus armas. El chico los miraba con una sonrisa de aire burlón e ira. Rápidamente, Ulric se repuso y volvió al ataque. Cada disparo que le hacían era esquivado con facilidad. Su gran agilidad se había incrementado, así como su fuerza. Pues, cogió a uno de los bandidos y lo cargó como si no pesara nada, lanzándolo a otro de sus compañeros. Subió al segundo piso, donde habían llegado estos tipos y empezó a sacarlos. Cada patada y cada golpe eran precisos. Los bandidos empezaron a desesperarse al no saber a qué clase de adversario se enfrentaban. Ulric tenía un estilo característico al pelear. Sus golpes estaban coordinados, y mientras se acercaban por un lado, los detenía y los sorprendía por otro. El chico tenía el cabello más erizado de lo normal y sus ojos eran negros con la pupila amarilla; sin embargo, a diferencia de la pupila anterior, esta tenía

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un brillo particularmente nuevo. Recibió dos disparos del sujeto que tenía un rifle por la espalda, pero en ese momento Ulric no mostró señales de dolor. “ Tus balas le dolerán a él (refiriéndose al Ulric bueno) pero no me duelen a mí” dijo sonriendo maliciosamente. Con gran agilidad le quitó el rifle al bandido, lo dobló como si se tratara de plastilina. En menos de cinco minutos ya había derrotado a todos los bandidos antes que llegaran a concretar su asalto. Siendo el único de pie en toda la sala, Ulric giró la cabeza hacia atrás lentamente, observando cómo llegaba tardíamente un grupo de policías para contrarrestar el asalto que ya había sido neutralizado. El chico sujetó su camisa azul a los hombros y se encaminó a la puerta de salida. La anciana que estuvo rezando hace unos instantes, mientras se levantaba le decía: “Dios te bendiga muchacho”. Ulric la escuchó, mirándola mostrándole sus ojos negros le contestó con su voz distorsionada por su eco: “señora, Dios se entretiene con estos eventos. Él es igual que nosotros, con la única diferencia que posee un conocimiento que se nos ha sido restringido. No puedo ser bendito ni maldito por lo que soy ahora… en todo caso, Dios la bendiga a usted también”. Al finalizar, Ulric parpadeó y sus ojos volvieron a la normalidad, así como su

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voz. Apresuró su paso y se acercó a Deivy. Este dándole unas palmadas sobre la espalda lo acompañó hacia afuera donde varias personas se quedaban asombrados. “Impresionante, todo eso fue completamente asombroso” dijo el policía Salazar, mientras acompañaba a Ulric subiendo la avenida y alejándose del banco. “Deberíamos quedarnos, aún tienes que hacer tu declaración a la policía” continuó hablando Deivy. Mientras lo oía, Ulric muy serio, y algo agitado, le contestó que tenían trabajo que hacer y que solo han perdido tiempo. Tiempo que necesitaba Ulric, pues tenía la idea de si mientras más rápido resolvía este caso, más rápido podía revivir a su amada Vanessa. Entonces, sin demorarse mucho el dúo llegó al edificio donde había sucedido tal hecho. Entonces, mirando cuidadosamente el interior, el chico notó que no era una construcción cualquiera. El lugar no había sido terminado, la edificación estaba inconclusa por razones desconocidas. Por fuera estaba cercado por una cerca de esteras. En el interior, se mostraba grandes puertas sin colocar. Bolsas de cemento a los rincones y distintos tamaños de madera. Siendo de día, el lugar tenía buena iluminación. La construcción habría estado hecha para convertirse en una especie de hotel elegante. La ubicación en el centro de la ciudad meritaba el imponente

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edificio. Ulric no sabía exactamente cuándo fue que detuvieron la construcción, pero ese detalle poco importaba en ese momento.

— Podría contarme ¿cómo ocurrió el ataque de aquel
día?— preguntó Ulric al policía. — Pues, fue todo muy rápido. Exactamente no recuerdo bien lo que sucedió— contestó Deivy— estábamos todos, más o menos eran las cuatro de la tarde. Éramos cuatro en total, la señorita Luciana y tres policías. Al encontrar rastros de sangre que conducían a esta edificación, entramos con la intención de descubrir su origen o destino. Todo estaba en silencio. Yo tenía algo de miedo, pero debido a la tranquilidad del lugar pensé que nada pasaría. La señorita Luciana encontró en el suelo una gran mancha de sangre. Nos acercamos todos a ver, recuerdo que fue en el lugar más iluminado de todos. Justo en el momento que tomaríamos muestras de aquella sangre, escuchamos un ruido de algunos tubos de la construcción caerse. Supimos que alguien nos observaba, pero no sabíamos de dónde. Todos sacamos nuestras armas y nos preparamos para el enfrentamiento. Cuando las situaciones se ponen así, sabes que ya no es un buen día. Uno a uno mis compañeros fueron disparados. Quizá el siguiente iba a ser yo, pero Luciana me arrojó al suelo de

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un empujón y gracias a eso me salvé. El momento que sigue fue el peor. Como volando, del cielo cayó un sujeto extraño. Largo, de saco largo color marrón, con la cara tapada a la altura de la boca con una bufanda gris y un sombrero pequeño que no se movió de su cabeza ningún rato. Fue silencioso. Se posó frente a la oficial Luciana y le apuntó su arma en la cabeza. Lo extraño viene aquí, me quedé mudo del miedo, pero así lo pude oír. Ese tipo le preguntó su nombre a Luciana. No sé cual habrá sido su objetivo, pero cuando ella le contestó, él le disparó y luego le escribió con una navaja un número en la mano izquierda. Luego de eso salió de un salto al segundo nivel del edificio y lo perdí de vista. — ¿Le preguntó su nombre?— se asombró levemente Ulric. — Así es… Mientras, se iban acercando al lugar preciso en el interior donde fue atacada Luciana, Ulric tenía un mal presentimiento. Llegaron justo al lugar y notaron como una gran mancha de sangre, impropia del escenario, se dibujaba en el suelo de tierra. Los postes sin paredes del lugar produjeron un ruido peculiar. “Ése es el ruido” anunció Deivy mostrando temor. Ulric se agachó a ver la sangre en el suelo y cogiendo un poco con la yema de sus dedos se lo llevó al olfato para analizar su olor. El chico

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confirmó que se trataba de sangre, descartando la idea de ser un simple señuelo de pintura. El cielo se nubló abruptamente. La luz que ingresaba por las aberturas del edifico incompleto degradó la visualización interna. Ulric caminó a paso lento, observando a cada lado mientras se hacía más al interior. Cuidadosamente, Ulric deslizaba la cabeza tratando de saber si ese asesino se presentaría. Tal vez así lo quería. Por otro lado Deivy estaba asustado, no sabía si continuar detrás del chico o esperarlo en el lugar más iluminado. En una especie de patio grande, Ulric no encontró nada extraño ni fuera de lo común para ser una construcción. El rastro de sangre se había quedado atrás, no aparecía manchas extrañas, ni dibujos, ni objetos fuera de lo convencional, ninguna pista. Pasaron unos veinte minutos, pero por el silencio y el mismo ambiente, parecía haber pasado horas. El suspenso los tenía con la garganta seca. Al decidir retirarse, ocurrió aquello por lo que esperaban. El chico le iba a decir al policía que lo acompañaba para empezar a salir. Estando en ese patio rodeado de postes y muros incompletos, el chico y el policía fueron sorprendidos por una voz de lo alto de la segunda planta. “Se van tan rápido” se escuchó. Ulric giró su mirada hacia el origen de la voz y notó a un individuo parado en el segundo piso mirando con los

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brazos cruzados. No era tan alto, pero se notaba que tenía una espalda ancha. Vestía un gabán color marrón con broches en el pecho como en los hombros. Su pantalón era de un tono negro algo descolorido. Una chalina gris le cubría la boca y su sombrero de igual color del saco era del tipo bombín, semi esférico y de ala redonda. Su voz estaba siendo tapada por su bufanda lo que dificultaba oírlo con claridad. Entonces saltó de esa gran altura y cayó intacto frente a Ulric y pronunció: “Muchacho, hace unos instantes vi los trucos que puedes hacer, yo también tengo mis trucos”. Sus ojos estaban fijos en los del chico, desafiante, la respuesta de Ulric fue la misma, y propia del mismo joven, contestar el desafío regresando la mirada seria y de ceño fruncido. Rápidamente el chico dio un salto para atrás. Mirándolo más detenidamente, Ulric notó algo fuera de lo común en su adversario. El tipo de gabardina se acercaba al muchacho dando pasos lentos. Pasos que emitían un eco tenebroso en el escenario.

— Muéstrame tus trucos muchacho— habló el tipo
extraño. — Trucos…— contestó Ulric mientras se preparaba para el enfrentamiento.

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— ¿Quieres ver mis trucos primero?— preguntó el
sujeto— dime… ¿Cómo te llamas? — No te lo diré. Enseñándole sus manos cubiertas de guantes color blanco, el sujeto se preparaba acercándose aún más al joven. El chico se detuvo y se colocó en su posición clásica de batalla. Piernas firmes y brazos particularmente alzados. El individuo rápidamente sacudió sus manos, las cuales después de esto las extendió para cada lado de su cuerpo. Después de tal movimiento las manos del tipo se encendieron con un fuego muy intenso. “Llama ardiente, que se mece como marea, fuego de pureza, flamea mis penas” No presentaba gesto ni rastro de dolor, lo que indicaba que podía manipular el fuego en sus manos, instantáneamente dijo:

— Éste es el truco del que te decía— empezó a correr
acercándose el tipo con las manos llameantes al joven Ulric— el fuego siempre es… impresionante. — ¿Qué clase de efecto visual es este?— cuestionó la veracidad de tal truco, pues no se lo creía ciertamente y, contestó el desafío acercándose al tipo. — Pues… es uno muy real, detective. Terminando de hablar, ambos impactaron sus fuertes puños. En ese instante Ulric se dio cuenta que no se

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trataba de ningún tipo de efecto visual, sino que era fuego de verdad. Algo ilógico, pero en verdad lo fue. Ulric sintió como quemaba aquel golpe recibido por su oponente. Muy aparte de haber sido un golpe muy potente, fue además quemante. Del impacto, ambos retrocedieron, no demasiado, pues continuaron la lucha cuerpo a cuerpo a tanta velocidad que Deivy no podía ver exactamente los golpes que se daban. Los golpes del tipo dibujaban el recorrido llameante. Mientras los golpes del chico dibujaban en el aire diversos hilos de sangre que salían de las heridas hechas por las quemaduras. Los saltos de Ulric con las patadas aéreas le ayudaban al ataque a larga distancia. La pelea fue extraordinaria. Ulric de un puñete por debajo de la mandíbula lo dejó varios pasos atrás al tipo, del cual se recuperó de un salto y se colocó detrás del chico. Ulric sabía pelear, se encontró sujeto del cuello por el tipo de la gabardina a sus espaldas, por lo que cogió con sus manos y con fuerte impulso las hizo girar permitiendo soltarse de su adversario. Una vez libre, Ulric fue sorprendido por una pata en el estómago, sin embargo en ese mismo momento le sujetó la pierna y con una vuelta lo lanzó hacia un muro cercano. El bandido se levantó y cogió trozos de vidrio roto del suelo y con esas armas se lanzó al ataque. Con mucho cuidado, Ulric esquivaba cada ataque de dicho objeto cortante. El tipo ya

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se estaba desesperando, encendió sus manos con fuego y con gran potencia sujetó a Ulric del cuello. El fuerte ardor que Ulric sentía en su cuello no permitía que juntase fuerza para lanzarlo a otro lado. De una sacudida de todo el cuerpo, Ulric se liberó y sintió como internamente su sangre trataba de regenerar y de curar el daño ocasionado. Ulric arrodillado en el suelo con una mano en el cuello, no se percató que con gran potencia le había sido incrustado un trozo de vidrio de moderado tamaño. Su sangre parecía desesperarse y saltaba sobre la herida. En eso, Deivy diciendo “aléjate de Ulric”, le disparó al bandido que se encontraba a unos metros lejos de Ulric. El tipo del gabán esquivó el disparo sin dificultad, retrocedió varias veces luego de cada intento del policía y subiendo por unas escaleras llegó al segundo piso y se alistaba para retirarse. Antes de hacerlo le dijo en voz alta.

— Así que ese chato se llama Ulric, de esa manera este
chico no me sirve. No pienso matarlo así, aunque por otro lado hubiera sido una buena víctima. Si muere, sabré que ya tengo poder. — Perdido entre sus propias palabras, empezó a dudar consigo mismo mientras decía— ¿Qué me dices Duván? ¿Quieres que continúe? Pero no debo. Sin más, el tipo salió de lugar por una de las grandes grietas de alguna pared. Deivy se acercó a Ulric y notó

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como un pedazo de vidrio le había cortado el cuello. Se lo sacó y esperó que su sangre lo curase; sin embargo, no fue cómo lo pensó. La herida provocada por el vidrio y por las quemaduras extrañamente no se curaba por sí sola. La sangre de Ulric se agrupada alrededor de su cuello, se mantenía sujeta al cuerpo, pero no ingresaban y curaban al chico. Ulric se encontraba medio inconsciente, y entre palabras mal dichas, Deivy solo entendió que el chico quería que lo llevara donde Vivaldi y Zavaleta. Sin pensarlo dos veces, el policía lo cargó con cuidado y a toda prisa corrió hasta la casa de Vivaldi. El camino se le hizo eterno, pero no permitiría que Ulric se desangre más. Mientras recorría el camino de vuelta. Deivy pensaba que días como estos son los que atraen desorden en la vida. Recordó las palabras de Ulric. “Dios se fue a dormir”. Si no fuera Ulric entonces quién podría hacerlo despertar. En tan solo pocas horas el chico le enseñó al policía el verdadero espíritu de fuerza. Que a cada balazo, que a cada golpe, a cada enfrentamiento, siempre debería ponerse de pie. En medio camino, por un pasaje donde no había muchas personas, el cuerpo de Ulric empezó a convulsionar sobre la espalda del policía quien lo cargaba. Entonces Deivy escuchó como Ulric, con una voz extraña le decía que lo deje en el suelo. Esa era la misma voz con eco tenebroso de Ulric cuando luchó en el asalto al banco.

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Deivy al dejarlo en el suelo notó los movimientos bruscos de las extremidades superiores del chico. Así también se dio cuenta que los ojos del chico estaban negros con la pupila amarilla y un centro brillante. Con la voz extraña, mientras a cada palabra se le escapaba sangre por la boca, le pidió al policía una navaja.

— ¿Qué vas a hacerte?— preguntó el policía. — ¿No entiendes? Debo salvarlo, por culpa de la
quemadura la sangre no puede regresar al cuerpo como debería. Así lo que hay que hacer es cortar el pedazo quemado, que por suerte no es mucho, y la sangre se encargará del resto— habló Ulric con la voz del Ulric oscuro. — ¿Qué dices? No te atrevas— se sorprendió Deivy. — No me entenderás, lo necesito vivo a él. — ¿A Quién? — ¡A Ulric! — ¿Qué? — Si se muere él, me muero yo. — Pero estás hablando de ti mismo. — Lo sé, yo también soy él. — Hablas de ti como tercera persona. — Yo soy parte de Ulric. Soy su sangre, soy su poder. Vivo tanto como él vive.

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— Eres… ¿su otra personalidad?— preguntó Deivy
atónito. — Puedes entenderlo así, ahora si no quieres ver como salvo el cuerpo de Ulric entenderé. Entonces, Ulric oscuro cogió la navaja y se cortó la parte quemada de su cuello y de toda la sangre que empezó a salir, la parte cortada empezaba a regenerarse por sí sola y la sangre que se había agrupado sobre su cuello empezó a ingresar y en breves segundos pareciera que nunca se hubiera hecho ninguna herida. Con las piernas temblando y muy adolorido, Ulric se levantó apoyándose en Deivy y continuaron con su camino de regreso a la casa de Vivaldi. Al paso de un soldado que sigue después de ser considerado muerto en batalla, mientras que el sudor brotaba de su frente como anticipando un futuro desvanecimiento, Ulric caminaba despacio. Sin fuerzas, pero con la voluntad en sí de querer llegar a su destino sin ser visto derrotado.

— Sabes Deivy— le habló Ulric a su compañero— hace
tiempo que no me sentía así. — Te ves cansado. — La única manera de saber que estás vivo es cuando te das cuenta que la muerte está frente de ti— pronunció Ulric con la voz normal entre respiraciones agitadas — y la

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única forma de saber que estás muerto es cuando ya no te puedes levantar después de una batalla donde pudiste haber dado más. — Hablas cosas raras, enano. — Hace tiempo que no me sentía así, hoy Dios se ha dormido dos veces, pero parece que lo desperté tres. — Dios no duerme— dijo el policía acomodando el brazo de Ulric sobre su cuello para facilitarle la caminata. — Me encargaré de despertar a Dios cuantas veces se me sea posible. Quiero salvar a esas personas que creen en él pero no encuentran respuestas. Estoy dispuesto a renacer y levantarme después de cada batalla. Le demostraré a Dios que pasaré todas esas… pruebas. Guiado por Deivy, Ulric llegó a la casa de Vivaldi e ingresaron al salón que se encontraba al frente de éste que tenía la fachada disimulada. La sorpresa de los que aguardaban dentro fue inmediata. Al notar las ropas de ambos supieron que fue una investigación fuera de lo común. Recostaron a Ulric sobre una mesa especial y lo dejaron descansar. Mientras Deivy le explicaba al mayor Vivaldi todo lo ocurrido. Tony se acercó al cuerpo de Ulric junto con Claudia. Ella, aparte de estar sorprendida, estaba apenada, pues las muestras de pelea sobre la ropa del joven detective la pusieron a temblar. Tony vio como Claudia cambiaba su gesto, y acercándose a ella, le dijo:

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“Chica, no te pongas triste por él. Tu primo se encuentra bien gracias al ´Veneno de la Vida´, sé que para Ulric habría sido complicado, pero te explicaré acerca de su sangre y de cómo perdió su cordura aquel trágico día en el que Dios se fue a dormir. Además de ser la razón por la cual Ulric odia los días de cielo azul.” Claudia empezaba a atar cabos de varias cosas, observando a Zavaleta encontró cierto alivio al saber que su primo estaría bien. Caían las tres de la tarde en ese momento, Claudia solo preguntó:

— ¿Qué es el “Veneno de la Vida”? — Lo sabrás… lo sabrás.

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La Maldición de la Sombra
Capítulo 5:

La Última Historia de Amor
Inquieta y con la sensación de poder tener la revelación de uno de los secretos mejor escondidos, la prima del joven detective veía cerca por fin la respuesta a tantas preguntas que tenía en su mente. Por medio del camino subterráneo que une el salón especial de investigación camuflado y la verdadera casa de Vivaldi, todos decidieron llevar a Ulric a la sala de la casa para que pueda descansar un poco mejor. Sobre la espalda de Tony, quién cargó al chico con mucho cuidado mientras dormía, caminaba Claudia. El camino era muy corto, solo el tramo que media la calle que estaba encima. La casa de Vivaldi era muy elegante. Con grandes cuadros en la pared revestida de madera. Muebles antiguos de estilo inglés le daba ese toque elegante al ambiente, finos adornos sobre las mesas y una chimenea de márgenes blancos con postes moldeados con ángeles en sus fondos se encontraba ubicada en el lugar preciso. Sobre éste y pegado en la pared, un gran cuadro retrato del mayor con su traje de militar expresaba una mirada fría a quién lo

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observara. La residencia de Vivaldi era muy refinada, e hinchando el pecho, el anfitrión, se dirigió a la cocina para poder servirles algo a sus visitantes. El área se presentaba solitaria, con ruidos mínimos y ese suspenso en el aire de como si fuera a ocurrir algo en cualquier momento. El suelo de parquet ayudaba el sonido de las pisadas, la ubicación de los invitados sobre la sala desprendía asombro a Claudia. El sonido desaparecía al llegar al centro de la sala y pisar una alfombra que complementaba la vista general. Mientras, las cortinas ondeaban por las ventanas, Tony acomodó a Ulric sobre el sillón más grande y, quitándose la gabardina, lo cubrió con ella. Invitó a sentarse a Claudia en uno de los sofás; mientras, Deivy regresaba a la sala quedándose inmóvil y callado, Tony empezaría pronto a hablarle a la señorita. Sentándose al frente suyo y con una pequeña mesa de bordes limados y sobre ella un florero de cuadros azules y blancos. Parecía ser el momento exacto; entrelazando sus dedos, Tony Zavaleta comenzó a relatar la historia de lo que le sucedió a Ulric y de cómo fue presenciado lo que sucedió. “Momentito”, interrumpió Vivaldi, antes de que hablara su amigo ingresando a la sala con dos finas y alargadas copas. Anunciándose el mayor de la división de inteligencia, con tono algo interesado dijo: “Me encanta esa historia, no me aburriría en escucharla una vez más” y

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le dio una de las copas a Zavaleta. Encendió un equipo musical con el solo de arpa de una melodía de música de cámara. Éste recibió la copa de buena manera y lo olió suavemente. “Es Ginebra Tony, disfrútala” y levantó su copa, mientras se acomodaba en uno de sus sofás. Mirando a Claudia le habló: “Es canon en D mayor de Pachelbel, ¿Qué te parece? ¿bonito no?”. El ambiente estaba listo. Tan elegante era el escenario y tan tétrica la expectativa. Desde una perspectiva extrema podría parecer que velan el cuerpo de Ulric al verse tendido cerca a ellos, cuando realmente se trata de un simple reposo del chico. Deivy al haber conocido tan solo unas horas al chico ya se había ganado su admiración por la gran desenvolvimiento y habilidad en el asalto al banco y en la lucha contra el sujeto que manipulaba fuego. Tony probó la Ginebra y colocando su copa sobre la mesita, habló. “Regresaré con mis palabras y los llevaré cinco años atrás. Para ese entonces, la ciudad estaba sumergida en un tipo extraño de caos. Emergieron asesinos y las calles estaban expuestas a robo. Fue ese tiempo, entonces, cuando Ulric se dio a conocer al mundo como el detective más joven de todos los tiempos, su increíble y asombroso poder deductivo impresionaba hasta a los más experimentados y distinguidos investigadores. Conozco al chico desde que

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era pequeño, traté siempre de instruirlo y empecé a entrenarlo inconscientemente. Para cuando me di cuenta, le había enseñado todo lo que sabía. Pero, eso no es todo, muy aparte Ulric obtuvo gran intelecto y agilidad deductiva por su propia investigación. Realizaba proyectos, los cuales parecían limitados y poco posible, me demostraba y explicaba con firme certeza cómo podría llevarlos a cabo, sin embargo si por un lado me impresionaba, por otro, no le prestaba la atención debida. Hasta que se presentó aquel caso que lanzó a Ulric como un verdadero detective. Por su propia cuenta, pudo resolver un asesinato en serie de grandes proporciones y con su ayuda pudimos capturar al asesino justo antes de que se quitara la vida así mismo. Lo debí suponer, debí verlo venir, parecía que Ulric estaba destinado a enloquecer en cualquier momento. Aquel caso que lo llevó a la cima, también lo sumergió en la locura. Por sus largas y solitarias horas en su estudio, Ulric poco a poco empezó a desarrollar una distorsión de personalidad. Debió ser por su complicada vida, por su terrible pasado, pero Ulric empezó a desenvolver en sí una segunda personalidad. Alguien oscuro, alguien que no tenía límites, su segunda personalidad, le hablaba dentro de la cabeza y trataba de dominarlo. Según las palabras del mismo Ulric, ese otro yo dentro de sí le ofrecía poder, le ofrecía la

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capacidad de realizar maniobras que el mismo Ulric no podría, cosas que no solo no podría solo, también que no debería. Dentro de la extraordinaria mente de Ulric existe una ardua lucha por la posesión completa del cuerpo del chico. Noté que el chico tenía un don extraño, un don con el que fue denominado bendito, aunque hubo ratos que lo llamó una maldición. Era tarde… ya no pude hacer nada cuando me enteré, tardíamente, que ese don tenía una explicación. Presenté a Ulric a un amigo mío llamado Juan Salinas, un científico experto en muchos ámbitos. No hubiera imaginado que la mente retorcida de Salinas lo llevara a realizar un experimento con mi amigo Ulric. No sé exactamente qué fue lo que encontró en su sangre, pero se lo presenté en medio proyecto. Según lo que me dijo Juan, el tipo extraño de sangre de Ulric era preciso para hacer la prueba, una de las características que encontró es que era poliglobúlica, con más del veintidós de hemoglobina. El científico Salinas anestesió al chico y por medio de tubos le extrajo grandes cantidades de sangre. El día que llegué, vi a Ulric en una mesa de operaciones; tan pálido, pensé que estaba muerto. Lo que lo mantenía vivo era una máquina a la que estaba conectado. Únicamente, vestía sus pantalones, su torso estaba desnudo puesto que

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estaba lleno de conexiones a distintos sueros y artefactos. En ese momento, me enojé tanto con Salinas por haber utilizado a mi pequeño amigo como experimento. Salinas se mantenía frío, mientras le reclamaba, y a la sangre que le había sacado, empezaba a ponerle distintas soluciones e ingredientes. La sangre estaba dirigida por tubos desde el cuerpo de Ulric, pasando por su mesa de trabajo y se vertía en un gran depósito al lado de este. Entonces, al final de todo el experimento, cuando vertió el último componente que era una bacteria químicamente alterada por el propio Salinas. Cuando la bacteria tocó la sangre, el destino de Ulric cambiaría completamente. La sangre empezó a saltar de su mesa de trabajo, parecía tener vida propia. Se tornó de un color rojo más oscuro y se sacudía en forma de hilos. Toda la sangre empezó a entrelazarse como si se tratase de una cadena conjunta, desde la que se encontraba en el depósito al lado de la mesa, hasta la que salía del cuerpo del chico. De manera sorpresiva, esa sangre empezó a regresar al cuerpo de Ulric de manera agresiva, ingresaba por todas las heridas que le había hecho el científico, lo que producía que el cuerpo inerte de Ulric empezara a convulsionar. Fue inesperado, pero casi instantáneamente las heridas que tenía, empezaron a curarse por sí solas. En ese momento, me encontraba tan atónito como lo estaba Salinas. El cuerpo de Ulric saltó

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tanto que se puso de pie y con movimientos torpes y bruscos se quitó todas las conexiones que lo sujetaban a distintos sueros y a la máquina que lo mantenía vivo. Ulric estaba completamente enloquecido, empezó a destruir el laboratorio de Salinas diciendo: ‘yo no soy un experimento’, y a la vez también podía distinguir otra voz un poco más distorsionada de sí mismo que expresaba ‘gracias por dejarme salir’. Caí en cuenta que Ulric, en ese instante, había sido poseído por su segunda personalidad, aquella tan agresiva que destruyó toda la sala de investigaciones de Juan Salinas. Pude notar cómo le dolía al científico, le molestaba la manera de cómo destruía a la vez los documentos de su investigación, rompiendo cada muestra que tenía. No podría volver a hacer tal cual aquello que insertó al cuerpo de Ulric. Viendo que su experimento se estaba saliendo de control, Salinas me quitó mi revolver y le disparó a Ulric. Pensé que era el fin de mi amigo, pero este chato reveló el nuevo poder que tenía, la herida provocada por la bala empezó a curarse por sí sola, la sangre salía en forma de hilos e inmediatamente después ingresaba a la misma herida, sacando la bala y en breves instantes parecía que nunca hubiera sido disparado. Al final de eso, Ulric dijo: ‘es increíble este nuevo poder’, pero inmediatamente después se contestó a sí mismo, quiero decir le contestó a

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su lado malo, ‘pero ya fue suficiente’. Después de una ardua lucha en la mente del chico pudo controlarse y quedándose inmóvil por un rato se desmayó. Al haberse tranquilizado, Salinas se me acercó y dijo: ‘ahí lo tienes, al menos funciona, de haber sido lo contrario todas mis investigaciones hubieran sido en vano, querías que fuera especial, ahora es único’. Lo agarré del cuello y con la voz entrecortada y la respiración agitada Salinas me explicó lo que había hecho. Dijo: ‘he creado en la sangre del chico un ambiente adecuado para que pueda desarrollarse y vivir una bacteria a la cual le he llamado la Streptococcus Venenum Vita y se desarrollará cada día haciéndose más complejo, esto le permitirá a tu muchacho regenerarse todas las veces que se le produzca alguna herida. Ahora, si eso le provoca otros efectos fuera de lo previsto, pues… no es mi culpa’. Me llevé a Ulric a su casa pero no le expliqué a su familia lo que le había pasado. Con mucho miedo, llegué a pensar que si Ulric volvía a perder la cordura podría cometer alguna barbaridad. Confié en que lucharía contra su otra personalidad, la cual se sujetó a la presencia de la sangre. Con esta nueva cosa dentro de sí, Ulric realizó los estudios para poder entenderlo y manipular al máximo aquella bacteria en su sangre. Me alegré el día en que se acercó a

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mí y con un lenguaje complicado me dio a entender lo siguiente: ‘Al parecer esta bacteria se ha apropiado de mi sangre, convirtiéndola en su refugio. Sus propiedades hacen que se mantenga unida, formando cadenas de hemoglobina, dándole una forma de hilos. Su estructura es muy sensible y por eso, es atraído por la red de neuronas del sistema nervioso, provocando una alteración en las emociones. Cuando un cuerpo se ve en esas situaciones, los músculos tienden a reaccionar creando así un súper sistema nervioso simpático, hace que los músculos tengan mayor rigidez y fuerza en el organismo, también estimula la producción de grandes cantidades de epinefrina lo que hace que pierda el dolor hacia las heridas. De esta manera se explica cómo obtengo esa extraordinaria fuerza. Por otro lado, también la Streptococcus Venenum Vita crea una visión perfeccionada al cien por ciento, dando ese extraño color negro y de pupila amarilla en mis ojos. Este es un organismo viviente que puede llegar a ser mortal, tiende a formar cadenas dentro de la sangre, por lo tanto, también se puede ver que eso de la curación no es así, sino simplemente no permite que la sangre salga de mi cuerpo y lo regresa a su estado original, es decir que lo regenera. Puede llegar a producir enfermedades necrosantes, y tiene una pared de péptido glucano que constituye su

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pared celular’. Palabras extrañas viniendo de un adolescente, sin embargo eso indicaba que Ulric empezaba a familiarizarse con tal efecto en su sangre, en poco tiempo mejoró su manipulación, aunque por momentos, su segunda personalidad lo dominaba y lo tenía fuera de control. Muchos fueron los casos que resolvió y sobrevivió a múltiples enfrentamientos con asesinos. Su popularidad creció de inmediato, se convirtió en un héroe para todos. Fue como una señal de esperanza en medio de todo el caos con el que se había cubierto la ciudad. Para ellos fue como ‘el dedo meñique de Dios’. ‘Donde hay luz, por coherencia, también debería haber os curidad’ era lo que decía el chico. Las personas sabían que cuando él estaba cerca, las cosas iban a salir bien. No importase qué tan complicado sea el caso o qué tan difícil sea la hazaña, para todos, y para mí, Ulric lo podía hacer todo. Mientras, le disparaban se mantenía de pie, el dolor de una bala quemándole desde el interior de la herida, solo lo entendemos quienes lo hemos experimentado. El dolor es insoportable con solo una bala, imagínate cómo serían varias balas a la vez y seguir luchando por mantenerte de pie. Ulric sabía que no podía dejarse caer, puesto que él se había convertido en un símbolo. Demostrando que para

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todo, uno mismo debe ponerse en pie y seguir, esperando que la sangre lo cure. Supe que ese valor lo llevaría lejos, y también supe que su doble personalidad era su perdición. Fue entonces cuando llegó ella y lo salvó de sí mismo. A pesar de todo lo que le rodeaba, sabía que existía salvación para el desdichado muchacho, destinado a resolver misterios. Por sobre todo ella pudo ganarse su corazón. Tan linda, de apariencia tan delicada, pero fuerte y de actitud decidida. Una señorita más que bella, era hermosa, en la flor de su juventud, Dios había sido generoso con ella, al darle tremenda belleza, gran astucia e inteligencia. Apoyó al chico en varios casos, se puso en peligro en algunos. Se convirtió en la fuerza inspiradora de Ulric. Apareció así, Vanessa, en un día de invierno. Conoció a Ulric en medio de un caso y ambos se quisieron desde el inicio. Esbelta y delicada, cual cisne en ambiente gélido, Vanessa poseía el don de que con una sonrisa detenía la gran furia de Ulric en sus ratos enloquecidos. Hasta a mi me encantaba su mirada tan rasgada a sus lados, unos ojitos rasgados, únicos, tan especiales. Su cabello castaño oscuro corto rozaba con sus hombros. Ella lo amaba, porque conocía la historia que yo no conozco; ella lo quería realmente tanto como él la quería. Mientras, pasaba el tiempo, mientras se iban conociendo más, sus

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miradas se cruzaban a cada instante. Fue inevitable para ambos. Siendo jóvenes habían encontrado el amor a tan temprana edad, desmintiendo a varias personas que les decían que lo suyo era imposible. Cada uno era un claro ejemplo a seguir. Ambos eran perfectos. En distintos casos en los que estaban juntos, se apreciaba aquel vínculo que los unía. Ulric la amaba, en verdad… él la sigue amando. No pudieron evitar revelar su relación, pues era muy evidente, quienes estábamos cerca a ellos sentíamos cómo cada día se fortalecieron. Los amigos más cercanos, a todos nos afectó mucho aquel trágico día en el que inesperadamente ocurrió… Vanessa murió. Fue terrible la imagen de ver a tan hermosa señorita ensangrentada, tendida sin fuerzas sobre los brazos de un Ulric lleno de impotencia, al ver a su amada agonizando. Fue un cuadro traumatizante, por sobretodo inadvertido. Había pasado tiempo desde que Ulric se había convertido en el símbolo de esperanza. Tenía un futuro grande como detective. Podía resolver cualquier caso y grandes figuras lo buscaban para diversos casos. Todo hasta ese día. Por esa razón el chico cree que Dios se fue a dormir. Todo estaba tan bien que no caía en lugar un suceso como éste. No había indicios, ni el presentimiento. Murió Vanessa, y simbólicamente murió Ulric. Engañosamente, el día era

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soleado, el cielo azul se presentaba con suspenso. Por esa razón, ahora, Ulric odia el cielo azul despejado. Las calles estaban tranquilas, el mediodía tan fresco como lo clásico en la tarde la primavera. Así empezó, el último caso público de Ulric, sin pistas de un trágico porvenir. Así empezó, su última historia de amor, sin despedidas y con promesas de volverse a ver. La pareja caminaba ese día, hablando, riendo, viéndose el uno al otro. El viento los acariciaba suavemente. El chico vestía su camisa azul favorita siempre que iba con ella. Vanessa vivía únicamente con su hermanito de cinco años, sus padres le depositaban dinero a una cuenta desde la ciudad capital. Era una señorita muy organizada, pues tenía casi todo ordenado con respecto a su casa. Muy madura y centrada. Quizá sea eso lo que le llamó la atención a Ulric y terminó enamorándose de ella. Ese día fueron ambos al banco, él la acompañaría a retirar cierta cantidad de dinero. No fue la primera vez, anteriormente ya lo habían hecho y esta vez sólo tenía que ser una más. Lamentablemente, todo cambió. El centro de la ciudad puede ser tan hermoso como temible. La institución financiera a la cual ambos irían estaba al lado izquierdo de la plaza de armas. El camino adornado de palmeros y pequeñas áreas verdes armonizaban la vista. Dentro del banco, la cola de espera era de por sí toda una odisea, larga y además fastidiosa.

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Las personas miraban a otros lugares mientras esperaban su turno y avanzaban uno a uno sus posiciones. Ulric y Vanessa hicieron la cola como todos, parecía que no se aburrían a diferencia de los demás. Pocas personas reconocieron al chico como el joven detective que resolvió diversos casos, y de esos pocos, solo uno se acercó para saludarlo. Ese gesto permitía a Ulric inflar el pecho de orgullo y devolver la sonrisa que se le había brindado. Uno a uno, la fila era en verdad muy larga, típica de dicho establecimiento, pues siendo entidad financiera estatal, todos ya sabían que su atención no era apresurada. El aire acondicionado interno enfriaba el ambiente caluroso, que por fortuna, no se sentía dentro. A unos cuatro individuos, y después de una larga espera, el turno de Vanessa para la ventanilla estaba muy próximo. Por detrás de ella, Ulric comparaba su reloj con el del local. Ulric rápidamente se dio cuenta, en ese momento, que algo no iba bien, pues el reloj del establecimiento marcaba las tres de la tarde cuando en realidad eran las once de la mañana. Un conteo regresivo y una luz parpadeante advirtió al muchacho que dicho reloj estaba programado con algún explosivo. Abrazó a Vanessa y la tendió al suelo en el momento del estallido. Entre las personas, uno de ellos era parte de la banda que había planeado asaltar el banco. Una camioneta rompió la puerta principal mientras estaba en

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posición de retroceso para poder cargar el efectivo. En total eran un promedio de cinco personas muy bien armadas y en casi menos de medio minuto ya les tocaba la retirada. Ulric confiaba en que podía manejar la situación y soltando la mano de Vanessa, saltó para detener a los individuos. Ese fue el error de Ulric, él nunca debió soltar la mano de su amada, se arrepentiría, luego, tanto que la culpa terminó absorbiéndolo. Mientras, todas las personas estaban recostadas en el suelo, Ulric saltó con esa única y peculiar manera de acercarse a la batalla. Silenciosamente, mientras nadie se daba cuenta, Ulric casi llegaba a la altura del tipo que aparentaba ser el líder, sujetándose del techo, incrustando sus dedos en el cemento. Los bandidos se dispersaron dentro del banco y justo cuando Ulric empezaba a caer por encima del líder, éste se percató y le derribó de un golpe con su arma. Levantándose con su mirada negra y su cabello erizado, Ulric se lanzó una vez más para atacarle. La corpulencia monumental de su adversario le favoreció mucho al bandido, tan solo ligeros movimientos de su brazo zafaba al muchacho. Entonces, fue cuando Ulric incrementó su fuerza debido a su sangre. Con los músculos tensos, de pie frente al bandido, Ulric de un solo golpe, tan rápido, lo desmayó. Viendo eso y del susto que debió haber tenido, otro bandido le disparó toda la carga de su pistola. Con

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ocho disparos en la espalda, Ulric se retorció algo por tremendo dolor. La sangre empezó a brotar de su espalda saltando en hilos. Mientras, se movía acercándose a quién le provocó eso, Ulric buscaba con su mirada a Vanessa por los suelos para saber si se encontraba bien. Al no encontrarla se desesperó un tanto y bajó la guardia. El tiempo de distracción fue suficiente para que los bandidos se percaten que tal chico estaba frustrando su asalto. Recargando todos sus armas se acercaron a Ulric con intención de matarlo. Ulric les tenía la mirada fija, pero no se percató del tipo que se encontraba dentro del auto que rompió la puerta. Este bajó, lentamente, con una escopeta de dos cañones. Una fila de cuatro frente a Ulric y detrás de él un tipo con un arma, tan potente, como para volarle medio cuerpo. Al ver tal cuadro, Vanessa se desesperó y poniéndose de pie gritando el nombre de Ulric para advertirle de quien se encontraba detrás suyo saltó a abrazar a su novio. No fue necesaria ninguna señal, ningún palpitar estremeció tanto a Ulric, al solo sentir los brazos de su amada Vanessa cubriéndolo por el torso y el silencio interrumpido por el quebrando de su voz pronunciando su nombre. Ulric en esos segundos lo supo. Era fin. Tardíamente, notó que por detrás, el sujeto ya había disparado. Los segundos lo comieron, no pudo reaccionar a tiempo para abrazar a Vanessa y colocarla detrás de él

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dando una vuelta. La bala impactó en el estómago de Vanessa, salpicó la sangre a su novio y gotas de la misma sobre su rostro. Vanessa cayó y aún la sujetaba Ulric. El fin estaba demasiado cerca. Dicho cuadro entristeció hasta a los mismos bandidos, Ulric arrodillado, sujetando el cuerpo tendido de Vanessa. Su sangre se iba extendiendo poco a poco. Las lágrimas del chico, quien asomó su cabeza más cerca a la de su novia, se deslizaban por su mejilla. Sé que Ulric nunca olvidará ese momento, sé que Ulric nunca olvidará su última conversación, su voz, nunca.

— Parece que hasta aquí llegué Ulric— dijo Vanessa. — No digas eso, sabes que te salvarás— pronunció
tremendamente angustiado Ulric. — Aún había tantas cosas que quería hacer, tantos lugares que quería conocer… sobretodo tantos sueños que quería realizar a tu lado… pero ya no puedo. — Deja de decir eso, tú te salvarás y saldremos de esto juntos, siempre lo hicimos. — Siempre serás mi lindo mocoso— habló Vanessa sonriendo mientras brotaba unas lágrimas — no quiero que llores, me gusta verte sonreír…

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— No dejaré que te pase nada Vanessa, por favor tienes
que ser fuerte, te amo. — Y yo a ti, mis últimas fuerzas, las utilizo para poder hablarte ahora y repetírtelo… te amo Ulric. — No, no, no puede estar pasando esto. — Sabías que algún día pasaría. — Te amo Vanessa. — Recoge tus lágrimas, eres el héroe, no te pueden ver así. — Me pides que me tranquilice, no puedo. Estoy frente a ti y no puedo salvarte. — Solo quiero que seas feliz. — Yo… — Escucha una canción linda, es divertido, estudia y sé el mejor, ahora con más razón lo podrás. — Yo… — Te amo, Ulric; siempre te veré y cuídate… Ojalá ese día nunca hubiera llegado, pero luego de pronunciar esas palabras, Vanessa murió dando su último aliento recostada en los brazos de Ulric. Con la mirada agachada, Ulric la levantó del suelo, su cuerpo muerto e inerte derramaba sangre a cada paso. La recostó en el suelo, apoyada en la pared como si estuviera sentada. En el escenario no había sonido alguno que incomodara tan

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terrible y lamentable acto. Ulric, aún lloroso, le dio un beso en la frente y pronunció delicadamente “Yo… te prometo traerte de vuelta”. Se levantó como poseído, sus movimientos eran extraños, con la mirada al suelo, caminaba anormalmente. Ulric había perdido la noción de la realidad, o tal vez habría estado tan enojado que no se atrevía a ver a sus adversarios en frente. Los bandidos estaban muy asustados, de por sí ya el asalto se les había frustrado, habían asesinado a la chica más inocente y delicada del lugar, ahora… enfrentarían la ira de Ulric. Recuerdo muy bien sus palabras. Ulric de cierta manera advirtió que lo que vendría sería brutal. Ulric estaba enojado, triste, pero sobretodo muy enojado; y alguien inteligente y hábil es muy peligroso cuando está enojado. Porque con ella lo perdió todo, y ahora él sería capaz de todo. “Venga, dispárenme. No les estoy pidiendo nada más fuera de lo que pudieran hacer, si la mataron a ella, terminen su munición y mátenme a mí” dijo Ulric con una voz tan distinta a la suya, aquel eco dentro de su voz provocaba miedo. Los bandidos asustados le apuntaron, y bastó con solo una señal de uno de ellos para que todos empezaran a descargar sus balas disparándole al chico. Terrorífica, esa escena fue terrorífica. El pobre muchacho estaba siendo atravesado por balas en distintas

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direcciones. Las balas parecían nunca terminar, cada impacto quemante atravesaba la piel del muchacho provocándole grandes heridas. Su cuerpo solo se movía por cada impacto, pero seguía firme sobre el mismo sitio. Hasta las balas de aquel rifle se agotaron cuando se dieron cuenta que Ulric no caería. En eso el muchacho pronunció su última frase como héroe: “¿Es todo lo que tienen? Si la mataron a ella como es posible que no puedan matarme a mí, acaso es tanta la maldición de no dejarme morir. Mírenme, ¡sigo de pie!”. Los asaltantes asustados estaban inmóviles. Miraban a Ulric como si se trataba de algún demonio. El cabello del chico se erizó de la ira, su voz estuvo mucho más transformada, sus ojos negros tenían el centro amarillo brillando y su sangre saltaba de sus heridas. “¿Tienen miedo? Pues… deberían”. Entonces el chico no dudó en saltar y con tremenda fuerza rompió el rifle sobre la espalda de quien lo sujetaba. Ese sujeto antes de que cayera al suelo fue cogido por el cuello de su casaca y lanzado por el muchacho hacia otros bandidos. De rápidos tres saltos, con un fuerte codazo dando media vuelta dejó noqueado a otro. Los que quedaban se levantaban y sacando puñales de sus bolsillos empezaron a atacar a Ulric. El chico dio un salto y en el aire le estampó una patada en el pecho haciéndole caer su puñal. La navaja del último en pie temblaba. Era normal la

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reacción, el miedo y la desesperación en el momento lo ameritaban. Ulric cogió el brazo con el que lo amenazaba con el arma punzocortante y se la apretó tan fuerte que le rompió los huesos del brazo. No bastaba eso y lo lanzó lejos. Pasó tiempo cuando Ulric me explicó lo que había ocurrido luego. Murmurando “Ustedes son los asesinos de Vanessa y no se los perdonaré” caminaba hacia donde estaba el cuerpo recostado de su amada, sin embargo dentro de la cabeza de Ulric una voz extraña le habló diciendo: “El culpable eres tú”. Tal acusación mental de Ulric lo dejó el shock, se asustó pues la voz le pareció muy real. Nosotros, como grupo de investigación llegamos con policías y patrullas, y encontramos a Ulric tendido en el suelo pronunciándose a sí mismo “¡cállate, cállate!” tocándose la cabeza. Obviamente fue necesario inyectarle tranquilizantes, aun con eso fue difícil que se apacigüe. Se resistió, pero después pudimos llevarlo sobre una camilla para su recuperación. No sabíamos exactamente qué fue lo que pasó pero luego de ver la grabación de las cámaras de seguridad todos nos quedamos completamente impresionados. Esa gran habilidad, ese trágico momento, la despedida de Vanessa, lo vimos todo. Y también se nos partió el alma.

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Dadas las circunstancias, pasó tiempo y Ulric despertó en su casa. Lo llevamos, pero ya no sabíamos qué hacer, qué decirle, cómo explicarle. No fue necesario. Ulric sabía lo que pasó. Lo sabía muy bien. Y nos provocó miedo. Sé que Ulric no está bien, en su mente le juegan sombras. Ulric necesita ayuda. Si está él ahora aquí es porque me pidió ayuda para revivir a Vanessa y yo acepté pues él me ayudaría a resolver este caso. Le dije que le ayudaría, pero no me refería a revivirla, sino a que acepte la muerte de ella con tratamiento psicológico, yo…” “¡Alto… cállese mi coronel!” pronunció Ulric levantándose del sillón donde yacía recostado. “Ya mucho tuvo con contar esa historia como para agregarle que no tiene fe en mí de poder… revivirla”. Ya recuperado, Ulric se levantó acomodándose y arreglando los pliegues de su ropa. Se acercó a la puerta y antes de salir de la casa, el chico pronunció sin mirar atrás: “sólo continuaré con el caso por la única razón que nunca dejo las cosas a medias, así lo aprendí de ella y así es como siempre deberá de ser. Cuando resuelva su caso de este asesino psicópata, déjenme en paz con mi investigación acerca de Vanessa. Algo tengan por seguro, su asesino no atacará como lo piensan, estaré vigilándolo una vez que lo encuentre para poder unir los eslabones que tengo en mente. Hasta luego

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señores”. Golpeando la puerta, Ulric salió y nadie pudo impedírselo.

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La Maldición de la Sombra
Capítulo 6:

Azul, las dos caras.
La noche cayó de manera inesperada, el frio ambiente refrescaba los rostros después de un caluroso día y otorgaba la sensación de impaciencia. Ulric se había ido hace horas y parecía que no regresaría por algunos días. …

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La historia restante vendrá en la 2da parte. Espero sean pacientes hasta cuando las suba. La segunda parte contiene:

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Capítulo 7: Muerte sin funeral Capítulo 8: El milagro de Ulric Capítulo 9: Caíste en la Pesadilla de Dios Parte I : La antesala Parte II: La locura y la desesperación Parte III: ¿Por qué nos has abandonado? Capítulo 10: Resurrección Parte I: El infierno. Parte II: El cielo. Epílogo.

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