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30 DICIEMBRE /LUNES Tiempo de Navidad

Testigos y testimonios de allá y de aquí + 30 de diciembre de 1502: Sale de España hacia América la mayor flota de entonces: 30 barcos con unos 1.200 hombres, al mando de Nicolás de Obando… Antífona Mientras un silencio sereno lo envolvía todo, y al mediar la noche su carrera, tu palabra todopoderosa bajó, Padre desde el trono real de los cielos. (Sb 18, 14-15) Oración colecta Concédenos, Dios todopoderoso, que la novedad del nacimiento de tu Unigénito en la carne, nos libre de la antigua esclavitud del pecado que todavía nos oprime. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Día litúrgico: Diciembre 30 octava de Navidad.
Primera Lectura 1Juan 2,12-17 El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre Les escribo, hijos míos, que se les han perdonado sus pecados por su nombre. le escribo, padres, que ya conocen al que existía desde el principio. Les escribo, jóvenes, que ya han vencido al Maligno. les repito, hijos, que ya conocen al Padre. les repito, padres, que ya conocen al que existía desde el principio. Less repito, jóvenes, que sean fuertes y que la palabra de Dios permanece en ustedes, que ya han vencido al Maligno. No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo -las pasiones de la carne, y la codicia de los ojos, y la arrogancia del dinero-, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Palabra de Dios R Te alabamos Señor.

Salmo responsorial: 95 R/ Alégrese el cielo, goce la tierra. + Familias de los pueblos, aclamad al Señor, / aclamad la gloria y el poder del Señor, / aclamad la gloria del nombre del Señor. R/ + Entren en sus atrios trayéndole ofrendas, / póstrense ante el Señor en el atrio sagrado, / tiemble en su presencia la tierra toda. R/ + Digan a los pueblos: “El Señor es rey, / él afianzó el orbe, y no se moverá; / él gobierna a los pueblos rectamente.” R/

EVANGELIO Lucas 2,36-40 Hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
Palabra del Señor. R/Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión: En el Templo de Jerusalén, exactamente en el atrio de las mujeres, está Ana, una mujer con una triple exclusión: es mujer, es viuda y es anciana; y, al igual que Simeón, otro anciano del que hablan los versículos precedentes, perseveró muchos años esperando al Salvador. Ana sabe leer los signos de los tiempos y descubre la mano de Dios en la historia y en la cotidianidad de los que visitan el templo. Ana abre sus ojos cansados y viejos y descubre en Jesús al Mesías esperado, al que muchos excluidos como ella esperan para que surja un nuevo orden. Dios, hecho carne en Jesús, llena las expectativas de un pueblo cansado de opresiones políticas y religiosas. El texto termina con el retorno de la familia a Nazaret, donde en un hogar sencillo, pobre y callado, Jesús va a crecer y a fortalecerse en sabiduría, y donde sentirá la presencia del favor de Dios que lo acompaña. ¿Somos como Ana, profetas propagadores de esperanza en la liberación de Dios? ¿A dónde tendríamos que volver para comenzar a crecer en el amor de Dios? ¿Qué hacer para ayudarle al mundo a crecer en sabiduría, justicia y amor? (www.servicioskoinonia.org) Oración sobre las ofrendas: Acoge complacido Señor, las ofrendas de tu pueblo, y haz que, por estos sacramentos celestiales, consiga lo que su ardiente fe proclama. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. Oración después de comunión Oh Dios que llegas hasta nosotros con la participación en tu sacramento, transforma nuestros corazones con su poderosa eficacia para que, la recepción de tus dones, nos haga más dignos de recibirlos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.