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Jueves 31 Mayo 2012

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Los jueces de paz, los grandes olvidados
Tal como está regulada, en la Ley Orgánica del Poder Judicial, la forma de elección de Juez de Paz de los más de siete mil municipios españoles donde existe este órgano como única instancia judicial, conduce, inevitablemente a convertir es tos juzgados en un órgano municipal más, al s ervicio del grupo político que gobierne. Es decir, que la primera característica -yo diría la fundamental- cual es su independencia, queda eliminada en el 99 por ciento de los cas os, y soy generoso dejando el uno por ciento como posibilidad de que así no sea. El artículo 101 de la LOPJ es tan claro como es cueto. Es el Pleno del Ayuntamiento el que por mayoría elige a esta institución y s u s ustituto, sin más requisitos que ser español, mayor de edad, no es tar condenado por delito doloso y estar en pleno ejercicio de sus derechos civiles. O lo que es lo mismo, un analfabeto podría perfectamente ser nombrado Juez de Paz, como de hecho conozco un caso que as í ha sucedido, ya que la Sala de Gobierno de los Tribunales Superiores de Jus ticia de las CCAA, por determinación de la Ley, está obligada a nombrar Juez de Paz y sustituto a quienes el Pleno del Ayuntamiento haya elegido si cumplen los requis itos antes enunciados, su misión es s implemente constar este hecho. Es decir, que inevitablemente, s e garantiza casi con toda seguridad, que un acto dis crecional s e convierta en un acto arbitrario en la mayoría de los casos . El Reglamento de los Jueces Paz, que desarrolla es te Capitulo VI de la Ley Orgánica del Poder Judicial, no viene a corregir mucho a este despropósito de la ley, más bien todo lo contrario. En su desarrollo contiene una incongruencia que bien merece que algún órgano judicial hubiese promovido ya una cuestión de incons titucionalidad. Resulta que el legislador, en el Reglamento, trata de asegurar que exis ta en cada municipio, un Juez de Paz, aunque falle los mecanismos del primer y único escalón previsto en la Ley. Y así dispone, por su cuenta, en su articulo 9.2 que si el Ayuntamiento deja pasar tres mes es sin elegir al nuevo Juez de Paz, s erá la Sala de Gobierno del TSJ la que convoque en el BOP de la provincia en cues tión la plaza vacante. Y así, el articulo 11.2 dice: “La Sala de Gobierno valorará los méritos de los s olicitantes y designará entre los peticionarios al que estime más idóneo”. Es decir, que el Reglamento introduce ya, en es ta es pecie de s egundo escalón de la elección para cuando el Ayuntamiento no ejerza iniciativa alguna en el primero, el corrector cons titucional del articulo 9.3, que obliga a preterir la arbitrariedad, introduciendo los principios cons titucionales de mérito y capacidad para la elección de las pers onas destinadas a ejercer la función pública. Y yo, que he s ufrido en mis propias carnes este des propós ito legal, me pregunto. ¿Cómo es posible que en una misma norma legal, aplicada en dos momentos distintos, produzca dos res ultados tan diferentes? La respuesta es que constitucionalmente no es posible, y sin embargo es un hecho cotidiano, que ya he sufrido en tres ocasiones , durante tres convocatorias de Juez de Paz de mi pueblo durante los últimos 12 años. Desgraciadamente para mí – yo diría que también para este órgano judicial- el Ayuntamiento siempre ha ejercido en plazo la convocatoria y elección de Juez de Paz, y dado que ni la Ley ni el Reglamento les obliga a los concejales a motivar, aunque sea someramente el acto discrecional, han elegido a la pers ona ligada al partido gobernante, ligada familiarmente al alcalde y finalmente en la otra ocasión, ligada al Juez s aliente, que le garantiza que el nuevo Juez va a tener el mismo comportamiento de fidelidad y servilismo hacia las personas que rigen el Ayuntamiento. Esta última pers ona elegida, obrero manual, aunque sepa leer y escribir, lo hace con dificultad y con muchas faltas de ortografía, y por supues to, de la lectura de un texto jurídico se duda que comprenda algo del mismo. Sin embargo es elegida por la mayoría del Pleno, la del político que ostenta la mayoría, prefiriendo a este candidato en detrimento del otro candidato, que es Licenciado en Derecho, con mas de 25 años de ejercicio profesional y en estado de prejubilado dispuesto a poner a dispos ición del Juzgado de Paz sus conocimientos . Y para más des precio, en el Pleno, ni siquiera de lee la profesional de cada candidato ni tampoco el currículum que se acompaña. Ni s iquiera por el alcalde que preside el Pleno se dice, aunque solo sea para cubrir las apariencias, “vamos a proceder a elegir el candidato más idóneo”, por camuflar algo la arbitrariedad que se preparar a perpetrar. Para el supuesto de que el Ayuntamiento, en este mis mo caso, no hubiese ejercitado su derecho a elegir al Juez de Paz, y la convocatoria del BOP viniera hecha por la Sala de Gobierno del TSJ como dice el Reglamento, y se recibieran es tas dos mis mas candidaturas, el resultado de la elección, con total seguridad, hubies e sido el contrario, es decir, se hubiera elegido al Licenciado en Derecho en lugar de al obrero manual, dando por s upuesto, que ambos son buenas personas y reúnen los requisitos legales. No hace mucho hemos asistido a la anulación del nombramiento de dos Magistrados de la Sala 3ª del Tribunal Constitucional, exigiendo que se motive el acto discrecional porque, aún no siendo un acto reglado, sí tiene que cumplir, al menos, las garantías mínimas constitucionales como son las del artículo 9.3 de preterición de la arbitrariedad. Y yo, que ya he s ufrido en tres ocasiones en los últimos doce años las cons ecuencias de esta mala legislación que garantiza, absolutamente, la arbitrariedad, me pregunto: ¿Me moriré antes de ver como el Poder Judicial repara este atropello constitucional para el grupo más numeros o de jueces que conforman la base de la pirámide del Poder Judicial en España? Por: Manuel Rodríguez Duarte, Colegio de Abogados de Sevilla.

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