AÑO II NÚMERO XIV

EDICIÓN DE JULIO DEL 2009

/ DANIEL ROJAS PACHAS / JOSÉ MARTÍNEZ FERNÁNDEZ / ROLANDO GABRIELLI / LUIS CERMEÑO / ARTURO RUIZ / JORGE VARGAS PRADO / CARLOS AMADOR MARCHANT / NADIA FILBERTI / RODRIGO RAMOS BAÑADOS / CÉSAR VADEBENITO / ARTURO RUIZ / JOSÉ CÓRDOBA

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Editado en Arica- Chile 2009 Diseño: Daniel Rojas Pachas Cinosargo Contacto: carrollera@gmail.com Web: www.cinosargo.cl.kz Editorial Cinosargo by Daniel Rojas Pachas Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.0 Chile

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Director: Daniel Rojas Pachas Coordinadores. Milvia Alata y Daniel Rojas. Redactores: • • • • • • • • • • • • Daniel Rojas P. Milvia Alata Arturo Volantines Violeta Fernández Oliver Beltrán Rolando Gabrielli José Martínez F. Victor Sampayo. Wilfredo Carrizales Dios Pérez. Soledad Díaz E. Juan Carlos Gómez

Colaboradores externos: • • Grupo MAL. Comics Engranaje.

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EDITORIAL.

CINOSARGO TIENE LA PALABRA!!!!!!!!! Daniel Rojas Pachas Director de Revista Cinosargo. 18/07/09

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Sobre el arte poético y la
Por Daniel Rojas Pachas Ocio increíble del que somos capaces, perdónennos los trabajadores de este mundo y del otro pero es tan necesario vegetar. Dormir, especialmente, absorber como por una pajilla delirante en que todos los sabores de la infelicidad se mixturan rumor de vocecillas bajo el trueno (Lihn -Mester de juglaría)

Sobre el arte poético y la llamada función social. Mucho se puede decir al respecto, a lo largo de la historia han existido infinidad de discusiones bizantinas e inoficiosas (lo cual no les resta valor, es un ocio necesario) asimismo se han logrado alcances interesantes y un poco más certeros sobre el tema, sin embargo, mi intención al redactar este artículo, no es entrar teóricamente a la discusión (aún cuando me cueste mucho desprenderme de aquel ropaje). En realidad, me auto-impongo el asunto, como oportunidad para el diálogo, lo cual no deja de verse afectado por mis aprehensiones y pensamientos y por qué no, también por las intuiciones que sostengo en torno a la poesía, con sus respectivos aciertos y fracasos. No hace mucho en una reunión con amigos escritores, cuyos nombres voy a obviar por motivos de seguridad hacia mi persona; todos de diversas edades y criterios, con una visión forjada desde puntos disímiles, no sólo por el área de la cual provienen, ingenieros, autodidactas, ermitaños, antropólogos, profesores, estudiantes y aquellos que sólo prefieren llamarse poetas, se puso en tela de juicio, la llamada función social de la poesía; para ser sincero, hasta ese momento, si bien he pensado mucho en la función social de infinidad de aspectos de la vida humana, sin ignorar que la poesía como tal, no escapa a ser sometida a ese escrutinio, debo confesar qué jamás, pensé en confrontar mi propio quehacer literario y poético con ese concepto o constructo “función social”, quizá esto ocurre porque siento que dialécticamente el pensar y escribir es un “hacer”, aún cuando muchas veces resulte para algunos un oficio, vano y solitario, pasión inútil en su máxima expresión de ociosidad, fluir de la conciencia o para el más objetivista, un soliloquio textual sumamente consciente, y no un producto de las musas, pero en definitiva, una actividad sumamente burguesa y contemplativa, incluso más que el drama, destinado a su montaje y la novela a la entretención, documentación y elevamiento espiritual. La poesía, de cualquier modo en su decir y crear, nos ubica ante una función social, destinada al individuo puede decirse, pero social al fin y al cabo.

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a llamada función social.
Me explico, el emisor, que en este caso recibe el nombre de creador, genera un signo poético a través de un proceso escritural que pretende o intenta hacer una lectura o desviación de la realidad o ambos procederes juntos. Instituir una nueva visión, para un impensado receptor, o quizá, no tan impensado… quizá el destinatario está implícito y puede por tanto existir una codificación, encarnadura, apropiación de la realidad como quieran llamarla, pendiente hasta en el más mínimo detalle. Escritura anticipatoria de los movimientos del receptor; desde el perfil que debe tener hasta la compra que hará del libro y la posición que debe asumir, física y mental en la lectura y re-escritura de lo dicho… de modo que el acto creativo poético, tiene una segunda arista social, no sólo ligada al individuo que exorciza sus demonios, experimenta con el lenguaje, encubre y descubre su voz, está también la recepción que puede o no ser representada por una colectividad, un ente ficticio, algo así como el narratario o un ente de carne y hueso pero impensado, sin rostro, sexo o visión definida; y claro, también puede tratarse de uno mismo, en el más puro y narcisista acto por no decir onanista, en fin, la consideración y prefiguración de una enciclopedia venga ésta en el vehiculo que sea, resulta consecuencial y necesaria dentro de la comunicación y eso implica ya, una función social, entidades diversas que se vinculan en una síntesis que comprende la confrontación de lecturas e idearios, experiencias, cosmovisiones y temporalidades. De manera que, en la aventura de enfrentar un texto, producido por uno mismo u otro, se conjuga la otra cara de la función poética, la agonal mixtura del lenguaje original y voz propia del autor, esa metáfora que surge ante la lengua general (esa lengua a la cual el escritor también pertenece y que confronta personalmente en su lucha artística) Por ende, en la medida que hay interpretación de mundo, extra e intertextual, se va generando sin excepción cultura en las herramientas, estructuras, estrategias y signos, política en el autogobierno y toma de decisiones, y sociabilidad en el proceso dialogante o monologante, si atendemos al caso del ermitaño o naufrago que se comunica consigo mismo en calidad de alterno, el primero habla con el ermitaño y naufrago de mañana dirá Umberto Eco en su tratado de semiótica general. Por tanto en el desarrollo creativo y en el vértice mas reduccionista, incluso bajo el desglose del más purista ojo, se cumple de todos modos aquella bendita función social, tanto para el autor y para ese lector en potencia que no requiere materialidad, así lo he pensado, eso argumenté y argumento ante mis compañeros escritores y no escritores, así he pensado y sentido mis textos, en ese orden… con un cogito escritural que no abandona lo intuitivo ni lo pormenoriza, por ello creo sinceramente que todos vamos creando textos para nadie y para todos al mismo tiempo. Quienes me han leído pueden rescatar ello, aunque bien pueden no haberme leído jamás o al hacerlo comprender los mismos textos bajo otra óptica, la personal, en cualquiera de sus dimensiones y posibilidades, en fin, la combinación no es uniforme y plana, pues esa otra escritura, la del lector, es la mitad necesaria del acto, acto que en verdad es uno mismo y sin escisión y que separamos y confundimos al verlo simplemente desde ángulos diversos, por tanto lo que expongo… resulta en síntesis, más bien la suma de riesgos y bondades de una maravillosa lectura abierta; ahora debo aclarar que para muchos, esto parecerá farragoso, y ultra-teórico, pero es una poética, una postura ante la creación y la vida, que por lo mismo se opone, complementa o desvía otras visiones previas y venideras, y entre esas, la noción de “función social” que muchos esperan o consideran como válida y única, al hablar de poesía y voces comprometidas, telúricamente, líricamente, románticamente y sobre todo en medio de la revolución.

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En mi caso, no creo que la poesía se haga para salvar vidas, para apaciguar las venganzas o iniciar tragedias, y dudo que se logre curar la hambruna y las enfermedades del globo con poemas, eso es demasiado idealista y utópico en una realidad francamente distópica, por ello en lugar de favorecer a los textos y sus autores, los grava con una responsabilidad que no les compete en lo absoluto, al menos no particularmente como aedas o vates, respondiendo a un llamado divino. Aunque; en un sentido contrario, también vale la pena destacar que esto tampoco les excusa e invita a la indiferencia, el rol que les compete es igual que el de los demás como especie, pero en fin… eso es harina de otro costal y lo que nos importa en este momento es la poesía, por tanto, lo expuesto previamente se puede entender mejor leyendo a un poeta; Enrique Lihn:
Porque escribí no estuve en casa del verdugo / ni me dejé llevar por el amor a Dios / ni acepté que los hombres fueran dioses / ni me hice desear como escribiente / ni la pobreza me pareció atroz / ni el poder una cosa deseable / ni me lavé ni me ensucié las manos / ni fueron vírgenes mis mejores amigas / ni tuve como amigo a un fariseo / ni a pesar de la cólera / quise desbaratar a mi enemigo. / Pero escribí y me muero por mi cuenta, / porque escribí porque escribí estoy vivo.

Ahora de que la poesía puede mover masas, eso es relativo, lo ha hecho sí y desde luego ha servido como arenga y hay actos que en estricto rigor, en lo épico y maravilloso de su canto y realización adquieren el carácter de poesía pura, pero del mismo modo, el acto poético puede ubicarse en la inutilidad misma, en la Intra- e Infra-historia, incluso en la ahistoricidad y en la negación misma del lenguaje, en el tartamudeo feroz, y en la espera irresoluta y estoica a la manera de Beckett, sin mas sentido que el no decir, y aún así tener un carácter social, pues todo es un juego de probabilidades, de emisión y destinación en un circuito cuyos casilleros deben enfocarse sin restricción; pues no hay una regla de oro para demarcar a sangre quien inicia y recibe el mensaje o cómo lo diseña y envía, si es que lo envía en verdad, y que naturaleza y condición tiene o debe tener el acto en su totalidad; de modo que no hay certezas o absolutos, incluso muchas veces cuantificables o directos en su proceder, como ocurre por ejemplo en otro tipo de acciones, tales como regalar una limosna o un mendrugo de pan, hacer una protesta, o lanzar una molotov, ahora que si lo pensamos bien, esos también son signos, y haceres cuyo fin tampoco es comprobable a plenitud, quizá en el momento y en la reacción inmediata de alegría, disgusto o violencia que generan, son actos más concretos pero de cualquier modo no pasan del gesto, pues al final movilizan al hombre en torno a improbables cuyas repercusiones son inenarrables e insondables, piénsese cualquier cadena de eventos, como por ejemplo el asesinato de Franz Ferdinand, quien hubiese dicho que eso desembocaría en arte y vanguardias producto de las guerras mundiales y desde allí una cadena de influencias e intertextualidades infinitas como una banda indie con el nombre del monarca asesinado… lo importante es que los actos movilizan, no curan, alegran, entristecen o dañan; movilizan sin adjetivos o cualificaciones, al igual que la poesía de todo tipo, desde la más hermética a la más explícita, movilizan los engranajes emocionales y mentales del creador y de sus receptores, sean estos de la índole que sean; por eso en la condena eterna en la que el hombre está sumido, repitiéndose entre aciertos y errores, distancias y aproximamientos; en un acertar que yerra o el error que certeramente pone en desequilibrio la realidad, con normas y lenguaje incluido (el signo de mayor arbitrariedad), sin obviar las consecuencias que eso guarda para el pensamiento; la poesía en conclusión, evidencia la carnadura más profunda de nosotros y el mundo que hemos construido y seguimos construyendo por encima de todo lo anterior al lenguaje. E ahí, en ese desenmascaramiento, la función social de la poesía, el decir… el decir y no decir… Daniel Rojas Pachas. / Publicado en Cinosargo.

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Los Migs

por Rodrigo Ramos Bañados.

La guerra se declaró el 6 de julio. Fue por un trozo del océano Pacífico marcado como corte de pastel frente a la Línea de la Concordia que no tenía nada de concordia. La guerra era la continuación de la guerra de hace 100 años, la Guerra del Pacífico. Y la segunda de la que vendría en otros 100 años pues nunca quedarían bien definidos los límites. Los victoriosos rayaban la cancha a su modo. La historia se había encargado de escribir versiones opuestas. Los niños peruanos trasportaban el odio y revanchismo hasta la adultez, y esto se pasaba de generación en generación. Hace 100 años la bandera chilena flameó en Lima. Hacía 100 años que los peruanos odiaban a los chilenos.

En Perú los generales brindaron con pisco sour amargo y con la música de Chabuca Granda en un antiguo hotel frente a la Plaza Bolivar, mientras la gente saqueaba las multitiendas chilenas de los malls a vista y paciencia de la policía que también se llevaba lo suyo. El resto comía chicharrones y anticuchos de corazón como si el mundo se fuera a acabar. Las marineras se escuchaban por toda la festiva Lima. Alardeaban que los chilenos saldrían en cajones de papas. Alardeaban contra las mapochinos del carajo, hijos de puta y ladrones. Alardeaban que contaban con la Bomba H y un pacto secreto con Argentina. Esa noche murieron 120 chilenos, la mayoría turistas. Todos linchados. En Chile no hubo celebraciones de generales, pero desde las cantinas se escucharon arengas futboleras y el himno nacional como si la guerra fuera un partido de fútbol. Los borrachos recordaban a Zamorano, Salas y al Chino Ríos como si fueran Prat, Condell o Luis Cruz Martínez. Desde Iquique al sur a nadie le importaba mucho la guerra. No hubo ni apagones ni ensayos de ataque antiaéreos ni nada semejante. La televisión siguió emitiendo realitys. Las ciudades operaron como siempre. La presidenta habló del profesionalismo de las FF.AA. Para eso se habían invertido millones de dólares. Para eso estaban los F-16. Para eso estaban los submarinos Scorpene. Además la zona de conflicto estaba a 2 mil kilómetros de Santiago. Arica, en cambio, no volvió a ser la misma después del 6 de julio. Santiago se acercó a la guerra la tarde que la televisión filmó un vehículo militar incendiado en la Cuesta Camarones. Los misiles de los Mig cayeron precisos y la televisión chilena logró sus primeros mártires: Gary y Matías, dos soldados de Valdivia. De inmediato quinces peruanos fueron asesinados a patadas y combos por una horda de chilenos furiosos en los costados de la Plaza de Armas. La policía hizo la vista gorda. Otros peruanos alcanzaron a arrancar a la Catedral esperando el arribo de los cascos azules que nunca llegaron a Santiago. Ese día martes nadie tomó en cuenta en Santiago el sonido de los Mig peruanos. En Antofagasta e Iquique estaban los F-16. Los Mig habían salido desde las cercanías de Córdoba. La vuelta de mano de Las Malvinas, dijeron después los argentinos. Un satélite estadounidense fotografió el momento justo de la explosión. Por casi un mes Santiago fue la palabra más búscada en Google y en Youtube, incluso Bono dedicó un concierto completo de U2 a la ciudad perdida.

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LA HISTORIA INCONFESABLE: CONGRESOS DE ESCRITORES LATINOAMERICANOS DE LOS 60 Por César Valdebenito
Los Congresos de Escritores Latinoamericanos en Concepción, en los años 60, marcaron la vida literaria de Chile. Las crónicas y alabanzas abundan, pero nunca se ha realizado un retrato pormenorizado en la voz de los mismos escritores. Rulfo en sus memorias nos dice: “Sí, la literatura había prevalecido de alguna manera, hasta el punto de provocar la escalada de la guerra de los egos. Peor aún, Onetti y Vargas Llosa habían empezado a desgastarse por dentro y el espectro de Neruda invadía los congresos, aunque a nuestro pesar sabíamos que Neruda, se había hundido en la derrota.” A lo que Vargas Llosa responde en una crónica de 1967: “No sólo se había hundido en la derrota, ciego en política, grosero en táctica, resentido, loco, un desastre.” Este tipo de comentarios los podemos seguir encontrando si escarbamos con paciencia. Jorge Edwards nos señala en su libro el Boom Latinoamericano; “el Boom tiene su inicio en el Congreso de Escritores Latinoamericanos de 1962, en Concepción” y Edwards agrega en una confesión que fue censurada por su editor y amigo: “Durante años Concepción constituyó uno de los tres o cuatro lugares famosos de Latinoamérica entre escritores homosexuales como Rulfo, también uno de los avatares del bueno y viejo sexo onanista de Onetti y Argüedas. Las noches de esa capital cultural del sur de Chile se alargaban, una tras otra, con la dulzura de la obscenidad, hoteles indecentes, por horas, a la vuelta de la esquina, en los que se realizaban los contactos. Las sórdidas tiendas de libros y fotografías, bares de ligue y cines, esa era la capital literaria de Latinoamérica. Eso era lo que nos impulsaba a venir aquí y luego nos impulsaba a escribir…” Por entonces un desconocido Juan Emar envía uno de sus libros a Onetti y este en el cierre del congreso del 62 pronuncia uno de los más recordados discursos de presentación de un escritor: “…no rechacemos a este hombre que hará que todos nos sintamos orgullosos de ser escritores, no abandonen a este profeta sin honor en el seno de su propio pueblo.” Después de escuchar el discurso Gonzalo Rojas escribe una columna en un diario de circulación nacional, leemos; “… se ha elevado el optimismo de los egos de los escritores al punto más alto de la década, pues ellos han aprendido una lección prácticamente insoportable: su historia de congresos está a punto de terminar y no hay ningún interés en mantener a estos pretenciosos escritores en esta tierra.” A la mañana siguiente se reúnen Arguedas, Onetti y Rojas. Arguedas relata los hechos: “Onettí le susurró a Rojas, el susurro le salió desde la comisura de los labios: Más vale que aprenda a expresarse, mi joven amigo, y luego lo empezó a entretener con una combinación de buena educación, elegancia profesional y destreza política.” Desde entonces se decía que Onetti estaba obsesionado con Rojas y Rojas con Onetti.

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Onetti nunca decía nada favorable de Rojas. Con los años, reservó algunos de los comentarios más mordaces precisamente para dedicárselos a él, por quién sintió el más profundo desprecio desde aquella “columnita” de 1962. Como le decía Parra a Onetti en una conversación privada: “…una persona dispuesta a derramar sentimentalismo en semejante lodazal era el tipo de persona capaz de apretar cualquier botón para manipular a las masas.” Y en aquellos tiempos se tenía mucho miedo a los botones que pudieran desencadenar guerras atómicas. Donoso señala en una entrevista de aquellos años y que luego fue publicada en un libro: “Se hablaba en todas las reuniones del congreso de las mutuas nauseas que se causaban Parra y Rojas. Rojas le echaba la culpa a Parra de azuzar a Onetti contra él.” Así entramos en las cámaras de tortura de la conciencia literaria del 62. Argüedas en un libro de memorias editado por Losada, retrata a Gonzalo Rojas al final del Congreso y después de tantas rencillas privadas: “ Se lo veía más delgado, más calvo, menos fuerte y menos relajado, lo que de alguna manera recordaba a un boxeador rápido y nervioso que finalmente queda fuera de combate tras ser duramente castigado durante diez asaltos y al que se le ve a la semana siguiente, con chichones en la cabeza, las fláccidas bolsas de los ojos e incluso decaída su actividad mental…” y agrega “en definitiva era un consentido, egocéntrico, un inútil…” Pero Onetti años más tarde tiraría sus dardos contra Parra: “ …su instrumento de supervivencia fue el ingenio, descubrió su capacidad para hacer reír a sus pares lo que le proporcionó cierta aceptación, al final se convirtió en el bufón de la corte para todos nosotros…” Donoso explica: “cuando Parra escuchaba esto echaba humo por las orejas y se encolerizaba un poco…” También Cortázar comentará estos congresos: “…llega una cantidad despreciable de beatniks. Y en medio del público que asistía encontramos una desproporcionada cantidad de muchachos bajos y demacrados, de barbas no muy finas y retorcidas y con guitarras de tres cuerdas a quienes acompañaba un contingente de ascéticas jovencitas, sin maquillaje, con poleras y jeans. Por no mencionar a todos los Holden Caulfield que llegaban hasta el fin.” Estos escritores mientras llegaban a estos congresos, merecida o inmerecidamente, gozaron del respeto de la gran mayoría de los Penquistas. Y vivieron no sólo una atmósfera literaria sino también una atmósfera de indignación, de histeria, de pánico, de rumores enloquecidos, de explosión incontrolada, de furia, de locura, de humor patibulario y del abatimiento que se cernía al final de aquellos Congresos. César Valdebenito

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Y así se realizó el primer encuentro binacional de poesía Perú-Chile en Tacna y Arica. Tacna extraña les frunció el ceño a todos. Sin embargo fue buena la alegría, fue fácil abrir la boca y abrazar a los que serían nuestros hermanitos luego, a unas horas. Daniel, Milvia, Edgar, Rodrigo y, por supuesto, Blue. La frontera gigante, musical, emotiva. Luego, unos minutos y ya estábamos en el país de la estrella solitaria (¿cómo se siente una estrella tan sola?). Arica, ciudad de arena (literalmente), edificios de veinte andares, de McDonald’s y donde es imposible suicidarte si quieres ser atropellado por un auto. Todos detienen los carros a decenas de metros para que uno pase tranquilo. Hay mudez, extraña mudez en el aire, pareciera que los buses tienen siempre un solo pasajero. Y así se alegra el corazón porque los viajes, aunque andando se te quiebre la espalda por el peso, ayudan a entender que todos somos, entiéndase lo que sigue extensamente, al final, lo mismo. Tacna y Arica están sólo separadas por grandes edificios aduaneros, por algunos colores y por los no-lugares que se construyen o destruyen según la perspectiva.

Ya, mucha huevada. María Miranda, Kreit Vargas, Evelyn Anco, Cristian Astigueta, Juan Zamudio, Oscar Saldívar y yo estamos agradecidísimos hasta las entrañas por esta arena que nos trajimos en los oídos. Muchas gracias a Cinosargo (Daniel Rojas Pachas, te amamos!!!), a Milvia, a Edgar, a Rodrigo y a Eduardo por la indignación (jejeje), el esfuerzo, la seriedad, la inteligencia, el talento, la entrega, el desespero, la pasión, la amabilidad, la disposición, la ternura, el interés, la sonrisa sincera, la insistencia, el orden, la belleza, la buena onda, el trabajo, la cruda sinceridad, el mar, el vodka, el vino, la cerveza, la comida especial en el comedor de la UTA, la hermosa biblioteca, los caminos, la playa, los flaites, los pokemones, los fletos, los pokefletos, los pokeflaites, los Rolys, los ceros de más (Dios! Fue tan difícil volver a pensar en Soles cuando llegamos nuevamente a Perú), la venta de los libros, el espacio, las fiestas patrias en el mar a medianoche junto a los espíritus-perros, las frazadas y el amor. Vengan a Arequipa, perros quliaos, o a Cusco. Morimos por abrazarlos de nuevo, fuerte, harto, hondo, bacán, no-penca, chéverepajitapulenta. (Y qué te importa a vó, cómo sea yo, a ver?... cállate pe, huebbbón) Vengan a Perú para que nos sigan sorprendiendo. Gracias, sinceras, gracias (en millones y millones de pesos chilenos!). p.d.: Ya saben, publiquen pe en Dragostea. Cómics, poesía, cuento, ensayo, novela, porno. ¡Lo que sea, pero publiquen!

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DIBUJÉ UN UNIVERSO EN LA SECUNDARIA
Por Manuel de Jesús Jiménez “Una época puede nacer con un poema, todo este mundo terminar con su incomprensión”, es la primera oración de El Nuevo Mundo de Yaxkin Melchy. A través de este epígrafe de Verástegui, se da un argumento primigenio para edificar otra era nacida de los apocalipsis continuos del autor. Las nuevas revelaciones son juntadas una por una hasta crear una obra inconmensurable. Si El Nuevo Mundo es un corpus que todavía hoy se sigue escribiendo, sería inútil abordarlo en conjunto. “Poemas para una secundaria técnica” es el antepenúltimo apartado del libro, aquí la secundaria técnica no es una etapa de la vida, es la infancia y la pubertad unidas, toda la vida a la que recurre Yaxkin otra vez. Trazar una vida mejor encima de su vida maltrecha: Mis ojos están obscuramente abiertos otros ojos negros se comieron a los míos y regresé por tus palabras en los libros y en los poemas y en los recuerdos de mi familia es cierto todos esos fragmentos son tablones un niño terrestre no hace sino construir su casa su vecindario y su ciudad amarrada por rayos eléctricos Deconstruir y construir, es el ejercicio de caligrafía dictado por su ética, las memorias no sirven de añoranza cuando no haces de ellas un ramillete de poemas. El flujo viene de todos los momentos, nada se deja intacto; hay un alud que destruye el Coatzacoalcos de la niñez, hay muertes sucesivas de familiares para después revivirlos en el recuento de tristezas y odio. La mirada de niño no acaba y por ella sufre, pero a la vez, observa los poemas en las cosas más simples. La casa es donde comienza el encuentro con las zanjas en su cuerpo, que posteriormente se llenarán por las corrientes de sus letras. “Nadie te leerá hoy”, él escucha en su hogar. Mi hermana duerme a esta hora quizás mi madre duerma en algún futuro y sobre algún sillón mi padre en su caja Yaxkin vuelve a la escuela, no por nostalgia, sino para saldar cuentas consigo mismo. Quiere reescribir su propia educación y derrotar con un sólo verso a aquellos que se burlaban de él. “Me sacaron los ojos/ sin retinas he esperado a mi niñez en el futuro”. La infancia del porvenir es una Ítaca desconocida, donde se limpiarán sus huesos y se lavará el alma. Las bombas caen y mira a los soldados muertos con una flor en la boca. Aparece una Guerra Mundial y no le importa. Sus amigos son “puro cuento” mas él no quiere ser médico o juez, quiere volar aunque tenga frío.

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Todo el cielo es un récord de vivir adolescente Todo el cielo es un récord de llorar como un niño malcriado Todo el cielo es ahogarse en ternura como viejos heridos por una máquina de hospital Reconsiderar su crecimiento, ¿a dónde a llegado? Pasó siempre entre años de recolección, juntando lo que hallaba tirado. El universo que arma continuamente está hecho de pedazos. Mira al suelo y toma los planetas enanos para que giren en una órbita donde aún Yaxkin madura y se niega a ser hombre. El universo más genuino lo acaba de dibujar y no hay motivos para crear un universo como adulto. Su padre anota en una libreta “Y+12x M=0”, pero su madre le ayuda a sumar valores desde el 2000, la hermana lo espera al otro lado, los poetas salvajes caen como lluvia a cantaros y él tiene en sus enumeraciones las serie angustiantes en los versos, en su vida de sol a punto de reventarse en anáforas. El desarrollo de su vivir cuántico es un proceso inexorable y doloroso. Por ti, por mí no estudies niño sin que salga el sol la guerra en una enorme batalla entre versos y moléculas de óxido la batalla es entre ángeles malditos y naves espaciales que van hacia el paraíso Mi crecimiento ha desbordado de mi amor Te lo regalo Mi crecimiento ha desbordado de mi cariño Te lo regalo Mi crecimiento ha desbordado de mi ternura Te lo regalo Mi crecimiento incansable Te lo regalo ¿Qué es el universo y él? Y el universo es como la pantalla apagada Y el universo es como la pantalla prendida el universo de mi muerte es como la pantalla apagada el universo de los muchachos es la pantalla prendida Al joven Yaxkin no le alcanza el cuerpo para medir el siglo (1985-2085), son los cien años más íntimos cuando leyó su último poema. La intimidad cambia y es cosmogónica: Todos los códices de la nueva era, del nuevo mundo del niño galáctico, son su experiencia mitificada. Es el infante que ahora ya es grande.

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Soy grande construyo cohetes planetarios satélites rosas bulbos flores luminosas en la primavera campos campos rojos campos de vendajes mi multicolor niñez femenina (…) - Soy grande me canta el corazón bajo la noche En “Ensayos para una secundaria técnica”, los ensayos se convierten en tentativas. Son los escenarios que narra el autor sobre el devenir de la poesía. La podredumbre es el futuro, pero la poesía es un fulgor en la mente de los hombres tecnócratas. El siglo XXI será el siglo de la poesía en las calles y los anuncios fosforescentes. “Antes de morir la poesía será anónima”, no hay poema más sincero que el que no está firmado. La poesía es un área común donde las estructuras de Nación, democracia y poder se desvanecen paulatinamente. Los hombres son un solo hombre y un hombre respira con los pulmones de la humanidad entera. Yaxkin Melchy es un poeta-niño-vidente: La poesía anónima nacerá en las periferias los hombres anónimos son los de las periferias, en los suburbios los poetas danzan en torno al centro del fuego

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“El futuro es comenzar un poema”. El afán de intentar un poema implica la ventana a un porvenir mejor. ¿Dónde aparece el pasado? Quizás sea apenas un presente, porque futuro y pretérito es Yaxkin Melchy desde su anatomía hasta el núcleo de su poética. Poco a poco recupera los recuerdos, la Historia Universal y la humanidad que somos nosotros, puesto que él ya se halla a años luz de este siglo y nuestro pasado concreto. Se despidió hace tiempo de Darío durante la primera vez que lo leyó, hay un rumor de Zurita y de las naciones del antiguo régimen. “El carbono es una noción elemental de la poesía”. Allí sigue con su investigación arqueológica, vista desde sus ojos de científico. Ya caminó con los viejos poetas, los que nosotros aún no conocemos; y llegó al lindero de su propia visión. Caminé y recité entre los viejos poetas que eran el 0.01% del mundo ellos sólo salvaron el 0.01% de sus palabras cuando el universo pidió fuego y los textos se quemaron Yaxkin regresa intermitente de esas visiones. Vuelve a ser el niño de 12 años con miedo, otra vez quiere ser grande y sueña con lo que hará de mayor. La vida es un calendario escolar donde un miércoles nos toca examen y un lunes recreo. Alguien lo espera a la salida del colegio, es su madre con un poema dulce bordado en su vestido. El llora sin saber por qué y después le dice: Mamá el futuro de la señora poesía se ha ido y yo quiero un retrato como su hijo en donde aparezca ella acariciando mi pelo Datos bibliográficos: Manuel de Jesús Jiménez (México D.F., 1986) Poeta y editor. Trabajó en la editorial de la Facultad de Derecho de la UNAM y en CEID ediciones. Director de la revista de literatura Trifulca, ha publicado Los autos perdidos (Red de los poetas salvajes, 2008)

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NO UNA, SINO MUCHAS MUERTES: UN MERECIDO ADIOS A ENRIQUE CONGRAINS MARTÍN Por José Córdova La primera vez que leí a Enrique Congrains fue a mitad del colegio, cuando en el curso de Lenguaje y Literatura hallé su cuento —clásico e inolvidable en nuestras letras— El niño de Junto al Cielo. Claro, en ese tiempo, el efecto que me causó al principio fue lo anecdótico, jugó más la historia del personaje: Esteban, un pequeño inmigrante que proveniente de Tarma, terminó viviendo en un cerro, es decir, un pueblo joven de Lima (en El agustino). Pero la historia iba mucho más allá de lo contado. Y todo ello lo fui descubriendo a medida que pude conseguir dos de sus primeras obras: el libro de cuentos Lima, hora cero, y la novela, No una, sino muchas muertes, ambas editadas en la desaparecida editorial Populibros peruanos. Las dos obras retratan los avatares de esa Lima descubierta y nombrada irónicamente en El niño de Junto al cielo como “La bestia con un millón de cabezas” (y que 50 años más tarde ha aumentado a ocho millones de cabezas, y algo más) volviéndose más “horrible” que la Lima de Augusto Salazar Bondy; ya que por ese entonces se encontraba en plena y caótica expansión debido a las grandes olas de inmigrantes provenientes de todas partes del país, tras la conquista de una ciudadanía esquiva desde los inicios de la República, o mejor dicho, tras la nueva “conquista del Perú”. Y, además, de todos aquellos testimonios de una época de cambios que comenzaron a darle otro rostro al país (el que también fue plasmado por las geniales plumas de Julio Ramón Ribeyro, Oswaldo Reynoso, Carlos Eduardo Zavaleta, entre otros), Lima era descrita o mejor dicho, cuestionada desde todo punto de vista: sus habitantes “criollos” indiferentes, abusivos, malvados, explotadores, que junto a la ironía de los desposeídos que persiguían el sueño de tener un lugar donde vivir, hacían de esta “bestia” un paisaje literario lleno de retratos de dramas y tristezas, de crueles desengaños (como en Lima, hora cero por ejemplo), y cuya entropía nunca le ha permitido —ni permitirá— ver, más allá de sus propias narices, lo que sucede con lo más distante del Perú (sino, veamos lo de Bagua por ejemplo). Es así que quizá la única vez que “la capital” volteó la cabeza para ver lo que había en su periferia cercana (y un poquito más allá) fue cuando el conflicto “interno” llegó hasta (su) la cabeza, y se dio cuenta que estos inmigrantes soñadores estaban tan cerca y tan lejos de sus aspiraciones que la convirtió en “chicha”, para luego volver nuevamente a enterrarla (misma avestruz) con la satisfacción de que esa migración por fin se ha convertido en la representación de “lo peruano”, (por ello hoy en día es denominada como clase provinciana emergente). Nunca ha habido una, sino muchas muertes. Es cierto. Sobre todo, cada vez que muere un escritor nuestro. Y quizá nunca terminemos de reflexionar sobre el significado de sus vidas, pero quizá también, esto sirva para darnos cuenta de lo necesarios que han sido, y de lo importante que seguirán siendo en nuestras vidas, todo el legado que nos van dejando.

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A continuación transcribo el colofón de la contratapa de su novela No una, sino muchas muertes, sólo para que se sepa lo importante que siempre ha sido Congrains en y para nuestra literatura: En 1954 un joven de apenas veintidós años, que acababa de aparecer en las letras peruanas con algunos cuentos, publicó su primer libro: “Lima, hora cero”. Este muchacho, Enrique Congrains Martín, aun inexperto en el manejo del idioma pero dueño de un poder de observación de la realidad y de una inteligencia capaz de interpretar los hechos en forma literaria, concitó la admiración de los medios intelectuales. Su personalidad era, además, singular. Antes de ser escritor, había sido inventor, pequeño industrial, vendedor de objetos domésticos, y esa habilidad comercial la puso al servicio de su producción narrativa siendo así escritor, editor y vendedor al mismo tiempo, y convirtiéndose en agente de otros escritores. Su segundo libro, “Kikuyo”, fue también recibido con elogios. Inquieto, Congrains salió entonces al extranjero: recorrió Brasil, Argentina, Chile, Venezuela, Centroamérica, México, como vendedor de los libros que editaba. En el exterior redactó su novela “No una, sino muchas muertes”, que ahora Populibros incluye en esta serie como expresión de la literatura realista que prospera en el país, no porque ella halague con referencias a temas escabrosos, sino porque pinta con fuerza y profundidad un medio en que miseria y ternura se alternan al modo de un contrapunto acertadamente conducido por una siempre afortunada calidad narrativa. Dementes, muchachos violentos, pequeños y grandes explotadores, ansiedad y pureza en una palabra, son materia en “No una, sino muchas muertes” de una verdadera poetización. A propósito de la reciente novela de Mario Vargas Llosa premiada en Europa, Mario Castro Arenas ha proclamado la superioridad de ésta de Congrains: es “la más valiosa novela de los narradores peruanos jóvenes”, dijo. Y añadió el citado crítico: “Congrains logró una atmósfera, una cierta fuerza narrativa para incorporar a su citada novela el aire infecto de la barriada, el aroma de abyección que, por igual, corroe en las zonas marginales a humanos y objetos materiales, a todo ese vasto mundo heteróclito que desfallece, agoniza, muere, entre túmulos humeantes de basura y tiznadas casuchas de esteras”.

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Hace poco leía La Insoportable Levedad Del Ser, de Milán Kundera, cuando una reflexión en primera persona sacudió la miopía con que lo estaba leyendo: “Los personajes de mi novela son mis propias posibilidades que no se realizaron. Por eso les quiero por igual a todos y todos me producen el mismo pánico: cada uno de ellos ha atravesado una frontera por cuyas proximidades no hice más que pasar. Es precisamente esa frontera (la frontera tras la cual termina mi yo), la que me atrae. Es más allá de ella donde empieza el secreto por el que se interroga la novela. Una novela no es una confesión del autor, sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en que se ha convertido el mundo.” Esta idea es la que parece haber seguido Alejandro Colliard con su libro ¡Aguante Barreda! En él, los actores principales son personalidades mediáticas que, con un oscuro y hasta tenebroso historial, juegan en una ficción satírica hasta lo absurdo, pero que también pueden ser premoniciones del mundo en que vamos a existir. El personaje principal, Ricardo Barreda, es un odontólogo devenido en filicida – un domingo 15 de noviembre de 1992 en la cuidad de La Plata, Argentina – al asesinar, en una misma secuencia, a su mujer, suegra e hijas. Condenado a prisión perpetua, tiempo después, y por medio de artilugios legales y arrepentimientos dudosos, es liberado dieciséis años más tarde. Es en este punto donde el autor inicia su descarnada ficción.

El elenco lo completa Ricardo Ruckauf, un político en decadencia que llegó hasta la Vicepresidencia del país en mención, y que en la novela busca recuperar su liderazgo. También se encuentra “La Pochi”, novia en la vida real del odontólogo, cuya participación es casi muda por completo. Al reparto se une el propio autor, Alejandro Colliard, que (usando al parecer la reflexión que empleé al principio) se hace vivir en una realidad grotesca donde no sólo es víctima, sino también cómplice, y nos invita en su lectura a ser un partícipe necesario del absurdo. Rara vez se nos presenta la posibilidad de encontrar una obra que con singularidad y sarcasmo nos muestre el afán de poder, la doble moral, la manipulación de los medios y el liderazgo sin responsabilidad con que tenemos que convivir día a día. ¡Aguante Barreda! puede leerse gratuitamente en: http://books.google.es/books?id=AfQIt7lEjpkC

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Sobre cosas de la pampa-pampa y el caudillo Hernán Rivera Letelier

Escribe Carlos Amador Marchant

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Hay asuntos por millones para dialogar y debatir. Pero aquí no existen reyes ni príncipes, sino más bien quienes han logrado introducirnos en el tema del desierto, el apasionante, el indeleble, y que nos nutrirán o nos han nutrido para un conocimiento más amplio de este tema. Quienes hemos nacido en la zona norte de Chile sabemos perfectamente de nuestros intereses y temáticas. Por otro lado, si recurrimos a estrategias como decir que nuestro país por décadas sufrió de ser el patito feo en temas de desvestirse a la luz del día, es preciso entablar el tema de las nuevas frecuencias o cambio de interpretación de nuestra idiosincrasia. Cachimoco Farfán y Expedito González me dieron el tema para esta crónica, dos personajes de “El Fantasista” de Hernán Rivera Letelier. No quiero decir que es el primer libro de este autor que leo, sino más bien por el tema del deporte entre comillas, el deporte del fútbol, a esto que se le llama correr tras una pelota de cuero y que a muchos otros escritores les duele el pescuezo, que han tratado de deporte torpe, y que nombrarlos sería estropear la concepción de los minutos que nos circunscribe la vida. Pues bien, recurriendo a estos dos personajes, sin dejar de lado los textos anteriores de este autor donde nos ha adentrado en temáticas tan profundas como humorísticas de este peladero del desierto, quisiera terminar con el asunto de la soledad creativa del pampino y de las oficinas salitreras, sin menospreciar a autores anteriores a él, diciendo o reconociendo que este creador representa la parte de un todo en cuanto al desierto salitrero, lo que podría llamar en términos literarios, un Santos Ossa: Ossa descubridor del salitre, Rivera Letelier, descubridor de la verdadera y total literatura sobre este tema. Rivera Letelier, a quien conocí en encuentros nortinos cuando recién nos tratábamos de conformar como generación en la década del 80, no era un mal poeta, por el contrario, estaba dentro de los que innovaban estos caminos. Sin embargo un día cualquiera se lanzó con su pluma narrativa, asertiva, hasta nuestros días. Porque el norte de Chile es toda una profundidad y al mismo tiempo una superficie. Permítanme decir que las narraciones de Rivera Letelier no sólo identifican nuestras raíces, sino que las recrean y las vuelve al presente para regalarnos risa, humorada. Es posible que sin su literatura pudiese haber olvidado estas situaciones de Cachimoco Farfán, los relatos deportivos junto a los centenares de locos que existieron en la época, que pululaban no porque se chalaron en tiempos de universidad, sino también por la pobreza de la zona.

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Otros autores del norte hablaron sobre este tema. Yo recuerdo, en Arica, al “Socorro”, quien gritaba a gran fuerza por las calles del centro de la ciudad ¡¡Socorro¡ mostrando sus genitales y lanzando excremento en medio de las calles. Era la pobreza del puerto limítrofe con el Perú en la década del 70 post golpe. Recuerdo los partidos de fútbol en Iquique, en el sector de la Plaza Brasil, partidos que comenzaban a las dos de la tarde y terminaban cuando oscurecía, es decir a las ocho de la noche. Seis horas peloteando con 16 jugadores por lado y cuyos arcos estaban señalizados con peñascos traídos del sector El Morro. Es decir, a Rivera Letelier, no se le escapa nada. Mis vecinos replican desde los costados de las casas..¡¡qué pasa¡¡..es que yo lanzo carcajadas cuando leo las anécdotas y la narrativa de Rivera Letelier. La verdad es que mientras pase el tiempo el norte de Chile seguirá iluminándose con su literatura, y no lo digo yo sino las editoras y miles de lectores que lo siguen por el mundo. Nací en el norte, le conté un día a unos de mis paisanos sureños. Él miró mis canas y no dijo nada. Le señalé los montículos de la salitrera donde nació mi madre, aquélla que llevaba el mismo nombre del gran puerto donde el buscador de minas Santos Ossa instaló un banco con su fortuna: Valparaíso. El paisano me miraba. No decía nada. Le dije que esos cerros, que en ésos, habían casas y que la gente se trasladaba y reía, que más allá, en la esquina invisible del fondo había nacido mi madre justo cuando mi abuela moría, que en ese cementerio se esconde una vida difusa y que en el viento no sólo está la pala entreverada, sino la vida que iba a ser y que ya fue. El paisano sigue- seguía sin decirme nada. Un periodista peruano ríe a carcajadas en una de las ferias del libro del año 2008, en Lima. La razón: entrevistaba a este novelista. El tema en cuestión fue la misteriosa vida de los pampinos, la historia y los personajes que deambulan en las obras del escritor chileno. Entre palabras y palabras llegaron al tema de “Santa María de las Flores Negras”, y Rivera Letelier, con su acostumbrada e irónica sonrisa, conversa sobre la bajada de los pampinos en la huelga de 1907, sincroniza con eufemismo, mira fijo, y habla de la valentía de los peruanos y bolivianos, de la hermandad de los trabajadores en conflicto, de que a muchos de ellos, antes de bajar el inmenso cerro que accede a Iquique, le dijeron que regresaran a sus países de origen, pero prefirieron quedarse junto a sus hermanos chilenos. Murieron en la Escuela Santa María cuando las tropas enviadas disparan sobre los desprotegidos trabajadores. Hernán Rivera Letelier, nombre que sabe a caudillo, explica al periodista los años que le correspondió investigar sobre esta masacre, y luego dice: “Chile, Perú y Bolivia, por su historia y amistad deberían ser un solo país”…luego mira y saca su misma sonrisa irónica y gatilla con humorismo “Claro, el país se llamaría Chile” (ambos ríen a carcajadas). Ocurre que el novelista ha sabido ganarse a la gente. La pampa es de largo aliento, no creo en quienes dicen que el tema se está agotando en las manos de este escritor. Soy un convencido que buscarle un sucesor será lo complicado. Más información del autor de esta crónica en: http://carlosamadormarchant.blogspot.com/

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Sobre vanguardias, eternos retornos y proclamas vacías.
Autor: Daniel Rojas Pachas Cada cierto tiempo el arte en su totalidad de disciplinas (pintura, poesía, música entre muchas más) y en todo nivel, local, nacional y universal, se ve sacudido por la aparición de voces disidentes. La historia ha visto emerger, múltiples movimientos, escuelas y manifiestos que pretenden, romper el status quo productivo e interpretativo de su medio, muchas veces a estos aventurados los reconocemos con el apelativo de vanguardia, pues tal como señala el nombre asociado a la formación militar –avant- garde-, los creadores que se posicionan en este sitial, van a la delantera, en primera línea, exponiendo sus vidas por aquello en lo que creen o ordena sus discursos. Emblemáticos son los casos de todos los que por asumir ese rol, son satanizados, acusados de heréticos o terminan relegados al olvido, ninguneados o lo que es peor, reducidos con adjetivos burdos y eufemísticos como “son especiales, experimentales o mi favorito herméticos”

De cualquier modo, este texto, no pretende ser una apología a tales espíritus, no podemos establecer, una regla general, pues hay muchos que desde esa posición han alcanzando el rol de clásicos tanto canónicos como de culto, lo primero resulta paradójico, independiente de que ocurra en función de la calidad del trabajo, no podemos ignorar que en ocasiones se da tan sólo por maniobras políticas o comerciales, todo país o ciudad necesita un icono, aun cuando en vida hayan hecho hasta lo imposible por defenestrarlo. Esos movimientos de las sociedades y cambios de apreciación, responden a otros intereses, que son por lo general, extra-artísticos, por lo mismo resulta tan absurdo y tajante ver en libros escolares fragmentos de Nadja de Breton, o fotos de artefactos surrealistas para explicar la excentricidad o la abstracción del arte a impúberes. Algo así como Juan Emar como lectura de fin de semana, en fin, el destino de los textos y los hombres y sus vidas también como textos, no tiene un paradero definido, otros de igual calidad y menos representatividad o con escasas posibilidades de ser empaquetados y vendidos, solamente desparecen y responden al morbo, curiosidad o devoción de trasnochados investigadores o alucinados jóvenes en búsqueda de una patentad irresoluta (por lo general estos jóvenes son poetas) tal es el caso de Boris Calderón en Chile. Al respecto tampoco podemos olvidar el caso de aquellos que solo asumen el ropaje, la pose de bohemio, de artista martirizado a perpetuidad por la carga que les significa ser tan creativos y desvivirse en la lucha contra los dinosaurios de su entorno en clave ofensiva, aunque sin creación de por medio claro está, sin un respaldo que hable por ellos. Sí, de todos modos, siempre podrá alegarse que ellos mismos son una creación, una performance constante, una especie de fauvismo o arte por el arte llevado en la piel, un derroche de histrionismo, sarcasmos, grotescos, y supuesta originalidad y ruptura en cada paso y aliento, el punto para establecer una figura de esta índole, puede ser cualquier manifiesto o postura a la moda y a la orden del día… acorde al ánimo, lo importante es el efectismo inmediato… en general; las expuestas son faunas distintas en una misma selva enmarañada… responden a un mismo llamado, el de la rebeldía y la confrontación, el malestar y la inconformidad, pero no es todo artista, inconforme per se.

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Eso también es discutible, le paso a los más acérrimos vanguardistas y hasta cierto punto infranqueables capitanes del creacionismo, surrealismo, dadaísmo, futurismo y en general, en todos los -ismos imaginables, sucumbieron ante totalitarismos e idearios que en un punto fueron el germen que les dio origen, Vendidos!!!! Enmohecidos!!!! Aburguesados!!!!! Todas las proclamas caen por su propio peso, así como los cabellos estridentes y las carnes del estomago… pocos aguantan a pulso el devenir y las normas, las benditas normas y la cortesía… Oh la cortesía… quizá es mejor como dice la letra de Neil Young en My, My , Hey, Hey: it's better to burn out / than to fade away… o también podríamos decir “muere joven y deja un bello cadáver”, esa es una de las máximas del rock… sin embargo insisto, no hay un solo camino. Los seguidores de Dylan por ejemplo o de Dalí, tienen mucho que decir… se que la comparación es disímil y en apariencia inconexa, pero resulta ilustrativa… ambos revolucionarios en su arte, uno músico el otro pintor, de pronto ambos se tornan pacatos… uno franquista totalitario el otro un fanático religioso, converso y predicante, al final lo único que queda es su arte… el cual felizmente se impone, reivindicando cualquier inconsecuencia, por algo aún existen aquellos que perdonan el maoísmo de Sastre, el stalinismo de De Rokha, el nazismo de Pound, Celine o Heidegger, en fin la lista es inmensa y la consecuencia de las vanguardias en medio del eterno retorno del hombre, plagado de proclamas que suben y bajan, vacías como precios en la bolsa, parece estar sólo con el non plus ultra como lo concebía el mismo Dalí, la imagen de ese puerco que avanza, sin retroceder, indomable… arrastrando todo a su paso, más allá, sin mediar y hacia el infijito. Mientras haya arte que valorar, bienvenido sea, mientras la voz tenga ese espaldarazo: El genio del artista y sus berrinches podrán sucederse, no así, cuando sólo sean berrinches sin estética, de cualquier modo, mucho de lo expuesto en estas líneas, se resume en lo dicho por uno de los más grandes cambios de paradigma de los últimos siglos, una verdadera alegoría del cambio, Kafka, en una de sus tantas asertivas frases menciona, toda revolución trae consigo el limo de una nueva burocracia, por eso… en Kafka confiamos.

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Arturo Ruiz Ortega en DESDE LA ABSOLUTA Y FORZADA INDEPENDENCIA
Es inútil. Todo este ejercicio de creación artística; el pensar filosófico es inútil. Desde un punto de vista pragmático, burgués, responsable, debiéramos estar haciendo dinero. Yo mismo cuando escribo guiones, hago simplemente lo que el director quiere, si escucha lo que tengo que decir bien, si no también; finalmente se hará lo que él quiere y yo cobraré si tengo suerte. Sin embargo... Son las actividades inútiles las más importantes, las que nos transforman en personas en vez de máquinas o animales. El juego del animal tiene claros fines pragmáticos -el aprendizaje de la cacería, por ejemplo -, la máquina no tiene más posibilidad que su tarea... pero nosotros podemos hacer cosas que escapan a lo cotidiano y es en ello que nos hacemos más humanos, menos maquinales, menos animales. El menester es lo odioso de la condición humana. Necesitamos comer, dormir, reproducirnos. La gran mayoría de nuestras acciones se orientan al menester, a la necesidad, sin embargo, nuestra tendencia más íntima es la gratuidad, a lo inútil. La mayor parte de nuestro tiempo la pasamos trabajando, sin embargo, nuestro tiempo libre lo gastamos en acciones inútiles: comer una cena agradable, siendo que debiéramos conformarnos con algo simplemente nutritivo, contemplar ficciones en la televisión, escuchar música ¡algunos incluso leen libros! Fuera de la identidad que nos confiere nuestro trabajo -soy abogado, médico, albañil -nos definen estas preferencia inútiles. Nuestro trabajo tiene por fin pagar por ellas. Los antiguos concibieron a sus dioses como superhombres que no padecían hambre, ni sed y que se movían por caprichos inhumanos. En el dios se proyecta el hombre como un ser más allá de la necesidad, libre, gratuito. En inglés la palabra libre y gratis son la misma: free. La palabra gratis viene del latín gratia, aquello que tiene por fin el adorno o aquello que se da por puro gusto por pura LIBERALIDAD. Aquí estamos jugando. Estamos creando gratis, por mera liberalidad. La paradoja del valor que tiene esto en nuestras vidas es tremenda: es precisamente la gratuidad de nuestra labor aquí la que nos acerca más a los dioses que el resto de nuestros congéneres y precisamente eso es por la inutilidad de nuestro cometido. Ahora bien, existe la crítica. No sé si alguien aquí alguna vez efectivamente haya enfrentado crítica dura. Yo sí, yo he trabajado con directores que han dicho que mis guiones valen hongo, y con los que después he ganado premios importantes; sobre un mismo trabajo me han dicho que es demasiado intelectual o muy superficial...

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Tengo las herramientas para demoler con crítica cualquier cosa. La crítica es el arte de econtrar defectos incluso en Shakespeare, pero... son sofismas. La gran mayoría de las teorías estéticas de los literatos se basan en peticiones de principios ¿sabían que existe una estética QUEER? O sea, evaluar todo desde un punto de vista homosexual... existen estéticas SOCIALISTAS que evalúan el arte según si es que es revolucionario en términos socialistas o no... CLASICISMOS, VANGUARDISMOS... etc. En vez de las teorías estéticas modernas, estructuralismos, constructivismos... mi forma de evaluar es el intento de saber si mi trabajo causa el efecto deseado en el otro. La materia última de la obra de arte es la emocionalidad del destinatario y, a veces, mostrarle mi visión de mundo, si es que he logrado construir una. También el intento auténtico de lograr una visión es valioso ¡la mente que se ha enfrentado a lo Ente sin recurrir a ningún artificio y que ha sido incapaz de encontrarle un sentido es heroica! A esto, que es coger al espectador desde un lugar superior a sí mismo y mostrarle otra visión del mundo se le llama sobrecoger. El arte debe ser sobrecogedor. El artista y el crítico son de especies distintas: mientras que el crítico es un zoólogo el artista es un elefante. El artista piensa como creador, evalúa la obra desde el mensaje que quiere entregar. El crítico ve si se adapta a sus teorías estéticas baladíes... mi experiencia, sin embargo, puede dar algunas normas, pero estas son normas de orfebre, de creador, de artesano y artista y no de crítico. El artista debe darnos una mirada nueva, mientras que el artesano debe cumplir con las normas. En cuanto guionista he intentado ser un artesano, en cuanto escritor intento con humildad y por compulsión ser un artista y a veces pensar. El ejemplo más loable del artesano es el restaurador: virtuoso, sabe perfectamente las técnicas y los materiales que usó Tiziano, por ejemplo: agarra su cuadro y lo deja como nuevo y su labor es anónima, nadie lo conoce y es capaz de recuperar para nosotros la belleza del pasado. Renuncia a su punto de vista por la pureza técnica... no es un ejercicio inferior, también es un desafío. El artista por su parte se arriesga a la incomprensión, al anonimato, a la pobreza por servir a una visión y esta visión es lo que lo define en parte... la otra parte es su lealtad a esa visión, que puede llegar a la muerte...

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LA VASIJA ENORME DE JORGE ENRIQUE ADOUM por Rolando Gabrielli
Jorge Enrique Adoum nos habìa acostumbrado a su inmortalidad física porque ya pertenecìa al inventario geográfico, natural, cultural e histórico de Ecuador y Amèrica latina. Ha vuelto el poeta a la vasija de barro junto con su entrañable amigo, el pintor Oswaldo Guayasamìn, que un dìa se nos quedó en un aeropuerto de Estados Unidos. La vasija de barro es de una materia noble, absolutamente terrena y digna. Desde el fondo de la tierra, su voz y poesía nos seguirà hablando de su compromiso con la gente y la vida. Un poeta no es màs que sus palabras y consecuencias, finalmente, siempre vuelve al principio. Adoum es un poeta telúrico, vivencial, del amor, de las causas sociales, de la vida que abandonò por razones y causas mayores, ajenas a su voluntad. Viajero inagotable y animador de tertulias y foros literarios, Adoum concluyò su carrera como abogado en Chile y por dos años fue secretario de Pablo Neruda. Estuvo aquí y allà en medio de las grandes agitaciones políticas de su época y no se conformò con escribir poesía, sino se comprometió con la historia y su tiempo. El poeta mirò los cuatro colores opacos de la realidad Poeta, ensayista, novelista, crìtico, político y diplomàtico, autor de una vasta y profunda y variada obra, amò la vida y el amor, soñò por todo el Ecuador. Su primera época poética, como suele corresponder a la poesía joven, se armò bajo el paraguas nerudiano. Pero es notable con el tiempo, como Jorge Enrique Adoum, trabajò con sus propias palabras e historia, el lenguaje que le caracterizò. No podía ser de otra manera, un poeta busca su propio nicho mucho antes de morir. Un poeta vive su propia historia y sobrevive su propia vida por cuenta riesgo propio. Batallò por las causas de los màs desfavorecidos, pero no se panfletiò. Fue nerudiano y cortazariano (Ecuador amargo…Entre Marx y una mujer desnuda) y mucho màs, sin duda, porque fue él mismo. Trabajò con todos los olvidos de Nuestra Amèrica. Ese es nuestro trabajo, digo, en la Gran Casa de la Poesía. Con su libro Los Cuadernos de la tierra obtuvo el Premio Nacional de Poesía del Ecuador en 1952. A partir de allì, se convertirìa en un poeta emblemático en el Ecuador, siempre nombrado, antologado, citado y referencia obligada para als nuevas generaciones. Con su mirada egipcia, donde el destino era el presente, siempre se instalò en la realidad y vivió la época dura de los pasos cambiados en América latina. Un poeta verdadero siempre se sale de sus cauces y Adoum fue uno de ellos, experimentò en la vanguardia. Y ahì, bajo un pino, que llamaron sus dolientes el Árbol de la Vida, reposa a la derecha de Guayasamìn, el pintor del horror y la salvación indo-mestiza, de esos rostros y manos que salen de los cuerpos de Amèrica. Presintiò la muerte en el día de su cumpleaños, hace unos días, aunque estaba en perfectas condiciones, contò su mujer Nicole. Cosa de poetas. Recuerdo de la bella después de anísimos de quizases talveces ojalases no quedan sino porqués nuncamases y tampocos ya jamásmente la ísima ya sólo la escorpiona parasiempremente no sida el puro postamor casi inamor amortajado en la subalma o la desvida diciembremente terminado

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NERUDA-DE ROKHA: DEBATE INTELIGENTE SOBRE DOS MAESTROS DE LA POESÍA CHILENA por José G. Martínez Fernández

¡Qué lindo!...Reunidos estuvimos en un restaurante playero de Arica algunos poetasestudiosos…al que concurrieron, como oyentes, diversos artistas de la palabra. Participaron tres profesores de Literatura: Luis Araya Novoa, José Morales Salazar y Daniel Rojas Pachas, además de Bellamín Silva Carrasco, autodidacta nerudiano; Rodolfo Khan, figura central de la poesía nortina; Erna Aros, Gastón Herrera y el que escribe, bajo la batuta del interrogador Eduardo Ignacio y de Anita Labbé, sabios trabajadores de la cultura nortinaquienes analizaron parte mínima de la vida y obra de Pablo Neruda en el 105 aniversario de su natalicio. Concordancias y discrepancias se plantearon en dicho encuentro. Silva, admirador de Neruda, defendió a ultranza las alturas poéticas del autor del CANTO GENERAL. El poeta Rodolfo Khan planteó su visión advirtiendo la grandeza creativa no sólo de Neruda, sino que de otros valores poéticos. Daniel Rojas, al igual que Eduardo Ignacio, señalaron una crítica al poeta…dejando entrever, eso sí, ciertos aportes del Premio Nobel. Rojas fue claro al exponer que la gran poesía existe antes y después de Neruda: explicación muy lógica. Nosotros planteamos la necesidad de que Pablo de Rokha merecía iguales festejos que el poeta parralino, visión muy compartida por Rojas e Ignacio. El mismo Daniel Rojas fue muy explícito en su exposición de nombres de otros grandes poetas chilenos, aunque a más de uno de nosotros nos hayan parecido intrascendentes algunos de los citados. Rojas maneja muy bien la idea de la universalidad e historicidad de la poesía. De allí sus alcances a Ovidio y el Cantar de los Cantares. El interrogador Eduardo Ignacio posee la facilidad de desplazarse de uno a otro lugar del mundo interrogativo a que todo gran poeta da origen. Y así lo hizo. Anita Labbé habló de aquella “amistad desconocida” entre Neruda y de Rokha. Alguien dijo hace muchos años que los dos genios se disputaban el territorio de Chile. Válida y certera, por lo tanto, fue la exposición de la profesora. Pablo Neruda, “endiosado” por muchos poetas y Pablo de Rokha, “admirado” por otros, son cumbres verbales poéticas de Chile que incitan al debate. La exposición de estos creadores y estudiosos puede dar origen a una polémica. Bien. No otra cosa se propuso el brillante conductor que es Eduardo Ignacio. Una mesa que se planteó con alta sabiduría. Rojas, como maestro universitario y creador. Khan, como lúcido poeta. Silva, como autodidacta encandilado por Neruda, fueron grandes aportes. Todo ello quedó de manifiesto en la mirada de los asistentes que se clavó –una y otra vez- en los expositores. Y eso es lo importante. Producir el debate. Este acto no fue sólo para alabar al poeta de los VEINTE POEMAS DE AMOR, sino que sirvió para saber que Pablo de Rokha también merece un espacio importante en nuestra lírica… La convocatoria del Consejo de la Cultura y las Artes de la Región de Arica y Parinacota, tienen ese mérito.

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Escrito por Andrés Felipe Escovar

Dezzutti: Un lienzo vacío

El departamento de Matías Fernando Dezzutti está ubicado en la calle San Juan, en el barrio Constitución de la ciudad de Buenos Aires. A pesar del calor que por estos días azota a la ciudad, no tiene abiertas las ventanas ni sube una sola de las persianas, de manera que los lienzos sobre los que hay pedazos de su piel pegados con ganchos para grapar, parecen flotar en la penumbra. Dezzutti nunca se ha hecho a un premio. Sobrevive vendiendo acrílicos en los que plasma el ideal de una escena de baile tanguero, los cuales expone en la calle peatonal Florida, siempre atestada de turistas extranjeros que solo buscan acabar con sus dólares. Los treinta y cinco años que tiene parecen casi cincuenta; su cuerpo delgado, carente de la pierna derecha y los brazos venosos y con marcas de cigarrillos apagados sobre ellos, le dan el aire de uno de esos artistas que tuvieron que apañárselas en el siglo XIX para vencer al hambre. Andres Felipe Escovar: ¿En qué consiste su propuesta artística? Matias Fernando Dezzutti: En pintar cuadros con escenas de bailes tangueros. A.F.E: Nos referimos a las partes de piel pegadas en los lienzos…. M.F.D: Ah… ignoro si eso sea arte. Esto es una imitación de Jeremi Riltse, el epicentro del sick art, quien se tajó parte de un muslo y lo colocó sobre una placa… la obra se llama así: “Placa”. Mi admiración por él me condujo a buscarlo en Europa a comienzos de los noventa, y logré que me firmara un lienzo vacío. Dezzutti esculca en un armario y nos enseña el lienzo, mientras comenta que el mismo Riltse le dio permiso para que colocara sobre este lo que le placiera y lo vendiera por una buena suma de dinero. A.F.E: ¿Por qué no califica como arte esto que usted realiza? M.F.D: Quiero evitar discusiones. Han salido innumerables textos en los que se discute, por ejemplo, si animales disecados pueden ser obras de arte…prefiero alejarme de esas cosas que no comprendo. Sólo hago esto porque para mi pintar no fue difícil y busco algo más. A.F.E: ¿Hace cuánto tomó la decisión de pegar partes de su piel en lienzos?

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M.F.D: Desde que regresé de Europa, hace ya más de diez años. Pero le aclaro que dejé de hacerlo. Dezzutti se levanta la camiseta y me enseña la cicatriz de una apendicetomía. M.F.D: Desde que tuve que ser intervenido quirúrgicamente decidí que mi sendero iba a ser otro. Apenas superé el aletargamiento de la anestesia, les pedí a los médicos que me dieran el apéndice pues quería pegarla en un lienzo. Ellos negaron mi solicitud, lo cual agradezco porque a partir de ese momento concluí que ni siquiera tenia por qué exponer mis amputaciones sino más bien dejar los rastros de una ausencia en mi cuerpo, es decir, que él mismo se expresara a partir de sus carencias. El acto de colocar sobre un lienzo un órgano, ya le otorga cierta artificialidad: es como no matar a un toro en una corrida. A.F.E: ¿Así fue como asumió la pérdida de una de sus piernas? M.F.D: Eso no fue producto de un accidente o enfermedad; yo mismo busqué que me la amputaran y, afortunadamente, encontré a un médico que me realizó dicha intervención quirúrgica. La pierna la incineré y está en una caja esperando por el resto de mi cuerpo. A.F.E: ¿Qué proyectos tiene a futuro? M.F.D: Quiero que me realicen una colostomía, sin embargo, el doctor que me operó ya murió y nadie me la quiere realizar, de manera que he debido iniciar acciones legales. Si uno es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera, no entiendo por qué no acceden a realizarme esa cirugía. A.F.E: ¿Pero en ese caso, la colostomía sería obra suya o del doctor? M.F.D: Ese tema de la autoría ha sido muy debatido, recuerde que en los sesenta ya se hablaba del borramiento del autor. Desde hace un tiempo se ha vuelto a colocar en un pináculo a la figura del artífice de una obra, ya sea mediante fotografías de los autores, biografías o entrevistas como ésta… La verdad, no me preocupa ese tema; sin embargo, encuentro una gran diferencia entre mi caso y el de quienes son sometidos a una intervención quirúrgica por temas de salud: yo tengo la voluntad de que me la practiquen, aunque, claro, si a esto que hago le llaman arte, no podría menos que reconocer que quienes son operados para intentar salvar sus vidas, vendrían a ser unos artistas espontáneos, como cuando se alude a la creación poética, la cual, muchos entienden, es producto de algo que supera al propio poeta. Al final me dijo que prefería no explicar más lo que hacía y que debía elaborar unos cuadros de tango porque en la primavera había más turistas y así se incrementaban sus posibilidades de vender acrílicos. Antes de despedirse, me pidió que no le tomara fotos ni a él ni a sus lienzos que flotaban en la oscuridad. A Dezzutti se le puede encontrar en la calle Florida sentado en una butaca de madera, fumando un cigarrillo y moviendo incesantemente su muñón derecho. Espera que la colostomía no pase de este año y que, con las ventas de sus trabajos, pueda solventar la futura cirugía y los honorarios del abogado que ha debido contratar, aunque no deshecha que para tales efectos deba cortarse parte de su muslo izquierdo y adherirla al lienzo vacío que Riltse le firmó. Andrés Felipe Escovar Buenos Aires Julio 6 2009

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