Txetxu Núñez

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Estamos en el año 3.025, la vida en la Tierra ha desaparecido tras la tercera guerra mundial. Todas las bombas que se han lanzado entre las naciones han sido químicas, los edificios de todas las ciudades han quedado intactos, pero la atmósfera ha quedado contaminada.

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Richard Jesse, Dr. Ingeniero electrónico y Dr. químico es el único hombre que ha quedado con vida en New York…

Unos años antes de la gran guerra, Richard trabajaba en algo muy especial para su gobierno, inventar un antídoto contra cualquier clase de gas venenoso. Pocos días antes de estallar la guerra había conseguido terminar su trabajo, el antídoto estaba preparado, pero antes lo tenía que probar con animales para dar el visto bueno a su descubrimiento. Ese día llegó muy tarde a su casa, pero estaba contento, después de tantos años de trabajo había conseguido la vacuna, solo faltaba probarla en unos conejillos que tenía en su laboratorio. Se puso cómodo y conectó el televisor para oír las noticias. Poco después mientras cenaba oyó lo que se venía esperando desde hacía tiempo: había estallado la tercera guerra mundial. Richard salió de su casa apresuradamente en dirección al laboratorio, no tenía tiempo que perder, tenía que probar la vacuna cuanto antes, se podrían salvar muchas vidas. Nada más llegar al laboratorio preparó la dosis y el mismo se la puso, no esperó a probarla en sus animales; si la vacuna daba positivo se salvaría él y muchas personas; si no, moriría igualmente, envenenado por los gases de las bombas, no se salvaría nadie. 3

Pasaron varios días; a Richard sin embargo le parecieron segundos. Cuando despertó estaba tumbado en el frío suelo. De repente, cuando quiso levantarse notó que estaba muy débil, tenía bastante hambre y le dolía el cuerpo terriblemente. Intentó hacer memoria, -¿que es lo que me ha pasado?.- lo último que recordaba es que se había dado la vacuna, después no recordaba nada más. Notaba un silencio extraño, tenía una sensación rara, aquel presentimiento le hizo dirigirse hacia la ventana que daba a la calle, se asomó y se quedó paralizado: los coches estaban parados en medio de la carretera. En la calle se veían personas y algunos perros tumbados en el suelo; parecían muertos, enseguida se dio cuenta que el aire que estaba respirando estaba envenenado, sin embargo a él no le hacía ningún daño. Entonces se dio cuenta de que la vacuna le había librado de una muerte segura. Salió a la calle y fue sorteando los cadáveres de las personas y de algún perro. Su estómago no hacía más que protestar, notaba que hacía tiempo que no había comido nada, se dirigió hacia el primer supermercado que había cerca, poco después salía comiendo una tableta de chocolate y llevaba dos bolsas llenas de comestibles. Durante un mes Richard salía todos los días a primera hora de la mañana en busca de algún superviviente, pero siempre volvía solo. Un día no volvió a salir en busca de nadie, estaba convencido que era la única persona que había quedado con vida 4

en New York, sin embargo tenía que hacer algo para encontrar compañía, si no, se volvería loco. Uno de los días que salió a buscar comestibles le vino a la cabeza la posibilidad de hacer un robot, al principio la idea le pareció descabellada, pero a través de los días fue cogiendo forma en su cabeza, lo único que tenía que hacer era hacerse con las piezas que iba a necesitar para construirlo; sabía que podía conseguirlo, no podía ser tan difícil, lo tenía que intentar. Un día empezó a hacer los planos de cómo iba a ser su robot, una vez que lo hubo terminado cogió la furgoneta y salió en busca del material que iba a necesitar; se desplazó a varias fábricas que había en la ciudad para conseguir todo lo que le hacía falta, siete horas más tarde volvía con todo lo que pensaba que necesitaría para hacer su robot. Después de un año de intenso de trabajo había conseguido hacer un robot muy parecido al ser humano. A unos metros de distancia no se diferenciaba en nada de una persona normal. Richard después de contemplar su trabajo se quedó satisfecho, a partir de ahora no estaría solo en New York, había conseguido la compañía que necesitaba. Mientras miraba su creación leía en voz alta las características que tenía el robot: -1,90 m. de alto, 130 kgs. de peso, cinco veces más fuerte que un humano, tiene tres sentidos muy desarrollados: es capaz de ver perfectamente a una distancia de 5 km., oír cualquier ruido que no es sentido por un hombre y el olfato lo tiene tan desarrollado como un animal. Es capaz de repetir todo lo que vea hacer a alguien sin equivocarse y guardarlo en su memoria para cuando lo necesite 5

utilizar. Cualquier libro que lea lo archiva en el chip que tiene en la cabeza y no lo olvida. Siempre está aprendiendo cosas nuevas. Tiene un punto débil, tiene que abastecerse con la energía del sol. Si estuviese más de doce horas sin recibir los rayos solares dejaría de funcionar y caería al suelo a la espera de volver a recibir la luz del sol para volver a cargar su batería. - Te llamarás Mark, le dijo Richard al robot. Durante el primer mes Richard le fue enseñando las cosas más elementales. A partir del segundo mes le hizo leerse un montón de libros para que fuese archivando en su memoria todo lo que necesitaba saber. Con el tiempo se convirtieron en dos buenos amigos, ambos se entendían a la perfección, todo lo que Richard le mandaba a Mark este lo hacía con prontitud. A Richard le gustaba mucho investigar e inventar y ahora contaba con la ayuda de Mark para ayudarle. Richard llevaba unos meses investigando en un brebaje que le hiciese envejecer mas despacio, tenía que conseguirlo para que el tiempo no pasase tan rápido para él, y si pasaba que lo hiciese lo más lento posible; con los años fue bebiendo brebajes uno tras otro pero ninguno de ellos le daba un resultado satisfactorio, esto no le desanimó, si no que luchó con más ahínco, pero siguió pasando el tiempo y no llegó a conseguir el elixir esperado. Un día, Mark le dijo a Richard: ¿Por qué no construyes más androides?, de esta manera no estaremos solos y podremos hacer muchas más cosas. 6

Richard no contestó a la pregunta de Mark, sin embargo a partir de ese día empezó a dar vueltas a su cabeza a la pregunta de Mark. Un día se acercó a su amigo y le dijo: He pensado mucho sobre lo que me dijiste el otro día y he llegado a la conclusión de que tenías razón. Si construimos más androides podremos llegar a ser un pueblo. Así que a partir de ahora nos vamos a poner manos a la obra y vamos a hacer muchos parecidos a ti. Gracias Richard, contestó Mark.

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Pasaron los años, Richard y Mark construyeron unas cubetas para hacer muchos androides a la vez. Tras un largo tiempo ya los tenían a todos-as entre ellos, habían conseguido hacer veinticinco hombres y veinticinco mujeres: había nacido una nueva raza de hombres y mujeres de acero. Quiero que les pongas nombre a todos y les enseñes todo lo que has aprendido junto a mí, le dijo Richard a Mark.

Mark se puso manos a la obra y en unos meses concluyó su trabajo, había puesto nombre a todos y les había enseñado todo lo que el sabía. Pasaron los meses y Richard empezó a dar trabajo a todos. Mark se encargaría de supervisar todo lo que hacían los demás, entre los encargos estaba el de 7

recoger latas en conserva de todos los supermercados de la ciudad, limpiar las calles de los despojos que había dejado la guerra, buscar semillas para plantar árboles frutales y toda clase de plantas para comer. Meses más tarde todos los androides estaban trabajando en un pabellón muy grande herméticamente cerrado por unas placas transparentes para que a través de ellas entrase la luz solar y para que no entrase el gas envenenado que aún permanecía en la atmósfera. Cuando por fin terminaron empezaron a sembrar toda su superficie de árboles frutales, olivares, toda clase de plantas comestibles y viñedos. Un día después de haber terminado todos los trabajos Richard reunió a todos los androides y les dijo: Ha pasado mucho tiempo desde que estalló la guerra. Sabemos que en New York no ha quedado con vida ningún ser humano. Sin embargo el mundo es muy grande y cabe la posibilidad de que haya más personas como yo. Todas las noches sueño con esa posibilidad, si puede haber algún humano más en la tierra a parte de mí que la contaminación no le haya matado. Como la duda no me deja dormir tranquilo voy a enviar una expedición de reconocimiento por todo el mundo para cerciorarme de que verdaderamente no haya nadie en ningún lugar. He preparado un montón de vacunas. Si por casualidad encontráis a alguien con vida en cuanto le deis la vacuna 8

serán inmunes a este veneno que hay en la atmósfera. Mark será el que mande la expedición, irán diez hombres y diez mujeres. Saldréis dentro de una semana. – Mark escoge a los hombres y a las mujeres que vayan a ir y organiza el viaje.Al día siguiente Mark escogió entre los hombres y las mujeres a los que irían con él en la expedición. Los hombres eran: Kin, Pool, Lang, Peer, Tom, Timy, Karr, Marco, Tulak y Dimitry y las mujeres: Sue, Natali, Many, Mulai, Any, Doroty, Avelin, Matilde, Lorea y Krimsu. Llegó el día de la salida de la expedición. Nadie sabía a ciencia cierta el tiempo que duraría y los peligros que se podrían encontrar a lo largo del camino, pero llevaban armas para defenderse de lo que les pudiese salirles al paso. Se dirigieron hacia México en cinco camionetas todo terreno. Por donde iban todo estaba desértico, la contaminación había matado todo lo que tenía vida, solo permanecía igual todo lo que no tenía vida: edificios, coches, barcos, etc. Pasaron las horas y el viaje se hacía monótono, todo el paisaje era muy parecido. No descansaron hasta que llegaron a México. Allí también había desolación, no se veía a nadie por ningún sitio, había un silencio aterrador. Pararemos aquí, dijo Mark, pasaremos la noche y mañana a primera hora continuaremos hacia Venezuela. Esta noche harán guardia: Kin, Pool, Lang, Peer y Tom. 9

Poco después, todos se habían acomodado en el campamento que habían organizado para pasar la noche. Sobre las dos de la mañana un ruido alertó a Kin y a Pool, minutos después, habían avisado a Lang, Peer y Tom. La guardia al completo estaba en alerta. Cinco minutos más tarde, todos los que componían la expedición estaban armados y dispuestos a lo que hiciese falta. Mark organizó la defensa. Sue, Natali, Many, Mulai y Ani, cubrir la parte derecha del campamento. Doroty, Avelin, Matilde, Lorea y Krimsu la izquierda.

Pasó el tiempo y la oscuridad dejó paso al sol que salió tímidamente por el horizonte bañando todo con sus rayos. Mark se tranquilizó un poco y tranquilizó a sus compañeros. Cuando se disponían a seguir el camino, Krimsu se apartó un poco del camino y se encontró con un agujero bastante grande en el suelo. Rápidamente fue donde Mark y le dijo lo que había visto. Poco después Mark, Kin y Pool estaban investigando el agujero que había encontrado Krimsu. Después de examinarlo concienzudamente llegaron a la conclusión de que aquel agujero se parecía a una cueva por sus dimensiones: metro y medio de largo por uno de ancho y la tierra había sido removida hacía poco tiempo. Bajaba dos metros del suelo en vertical y se suponía que continuaba en horizontal.

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Tenemos que meternos en el agujero si queremos saber a que nos enfrentamos, dijo Mark a sus compañeros.

Seguidamente mandó a Krimsu y Lorea bajar a inspeccionar el túnel. Poco después se deslizaron por el agujero con armas y linternas. Pasaron varias horas y no había noticias de ninguna de ellas. Mark llamó a varios de sus hombres y les dijo: No podemos esperar más tiempo. Kim, Pool y Lang tenéis que investigar que es lo que sucede ahí abajo y que les ha pasado a nuestras compañeras.

Una hora más tarde Kim fue el primero en salir por el agujero de la cueva seguido de Pool y Lang, volvían llenos de barro. ¿Qué ha pasado?, preguntó Mark. Las hemos encontrado, estaban totalmente destrozadas. Ha tenido que ser un animal con unos dientes muy grandes porque en los cuerpos se veían los mordiscos, cerca de ellas había unas huellas y las hemos seguido durante varios kilómetros a través de varios túneles, al final habíamos desesperado de seguir, apenas se veía nada y cada vez era más difícil avanzar, cuando nos íbamos a volver hemos oído un ruido extraño y hemos acudido hacia donde habíamos oído el ruido; allí estaba el monstruo, era una hormiga gigante, menos mal que por donde iba no se 11

podía dar la vuelta y allí mismo la hemos acribillado.

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¡Una hormiga gigante decís que habéis matado!. Las hormigas no suelen estar nunca solas y viven en comunidad. Tenemos que irnos de aquí inmediatamente. No tardarán en volver sus compañeras y no tenemos tiempo para perderlo aquí con ellas.

Media hora más tarde se ponían en camino hacia Venezuela.

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De repente, dijo Timy: ¡Mirad, mirad!

Todos dirigieron sus miradas hacia donde señalaba Timy y vieron un montón de hormigas gigantes. De buena nos hemos librado, dijo Tulak, cada vez hay más y son enormes.

Empezaron a salir por el agujero de la cueva hormigas y más hormigas, sus antenas no hacían más que vibrar llamando a sus compañeras a la lucha, menos mal que los de la expedición se habían alejado varios kilómetros de donde estaban ellas. Las veían desde las camionetas que tragaban los metros a mucha velocidad. Poco después siguieron el camino, aumentaron la velocidad de las camionetas para distanciarse cuanto antes de aquellos animales que les miraban de muy mala forma. Una hora más tarde ya no se veía a ninguna hormiga, poco a poco fueron reduciendo la velocidad de las camionetas para ir más tranquilos. Pasaron varias semanas y no volvieron a ver nada extraño, el paisaje seguía igual, parecía desértico, toda la vegetación había desaparecido. Nada más entrar en Colombia, todo cambió de repente. La vegetación lo abarcaba todo, había cantidad de árboles y arbustos, la carretera había desaparecido por completo y había que abrirse 13

camino constantemente para poder seguir hacia delante en medio de aquella selva. En cuanto se internaron en ella la luz del sol desapareció por completo, todo estaba muy tranquilo, era un silencio tenebroso. En cualquier selva antes de la gran guerra se oían cantidad de ruidos producidos por los animales que viven en ellas. Aquí sin embargo, no se oía absolutamente nada, solo oían el sonido de los motores de las camionetas y los ecos de sus voces. Fueron avanzando penosamente a causa de la maleza, así permanecieron durante varias horas hasta que al final decidieron descansar. Dimitry, Tulak, Marco, Kar y Timy haréis la primera guardia, mandó Mark. Escoger varios puntos estratégicos para que no pueda entrar nadie en el campamento y tened cuidado, ya sabemos que si hay vida.

Diez minutos después los hombres de la primera guardia ya estaban en sus puestos. Todos los demás se habían sentado o tumbado. Una hora más tarde ardía un fuego en medio del campamento dándoles luz y calor. No se oía nada, todo estaba muerto menos aquella selva que lo abarcaba todo con su vegetación. A la mañana siguiente, cuando se replegó la última guardia sobre el campamento, no apareció Peer. Mark organizó una batida con sus hombres para intentar localizar a su compañero. Poco después salían del campamento: Kin, Pool, Tom, Lang, Timy, Kart, Marco, Tulak y Dimitry. Los demás esperarían en el campamento las noticias sobre Peer. Pasaron varias horas, pero a pesar de la 14

batida no encontraron ninguna señal de él, no había ningún rastro. Mark muy a pesar suyo mandó seguir adelante, no podían perder más tiempo en aquel lugar que la maleza lo invadía todo. Tenían que salir de aquella selva cuanto antes porque era muy peligroso seguir allí, donde no se veía nada a un metro, todo era vegetación. Pasaron las horas, la travesía era lenta a pesar de llevar unas camionetas todo terreno. Volvió a caer el día, tuvieron que montar el campamento antes de que les llegase la noche, era muy peligroso no estar bien situados en caso de algún ataque. Esta vez la primera guardia la hicieron por parejas: Sue y Natali, Many y Mulai, Ani y Doroty y Avelin y Matilde. Todas situadas cerca del campamento a muy poca distancia unas de otras. La noche era cerrada, el silencio que reinaba en aquella selva era aterrador. Pasaron las horas y llegó el amanecer. La última guardia se replegó sobre el campamento y esta vez faltaban Lang y Kart. Esto no me gusta nada, dijo Mark. La noche anterior desapareció Peer y ahora faltan Lang y Kart. Coged las armas y demos una batida por los alrededores. Si veis algo sospechoso disparáis antes de preguntar.

Media hora después todos los hombres estaban desperdigados por la selva buscando a sus compañeros. De repente, se oyó el disparo de una metralleta. Todos los hombres se dirigieron hacia el lugar donde habían oído aquel ruido. Allí estaba Kin el que había descubierto a una araña tan grande 15

como un elefante. Poco a poco fueron apareciendo los demás hombres. Nada más ver a la araña se quedaron impresionados, pero nadie dijo nada. La araña era increíblemente grande, sus patas delanteras se levantaban del suelo con intención de atacar pero no se decidía.

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La he disparado varias veces, dijo Kin, pero parece que las balas no le hacen nada. Preparad las metralletas chicos, cuando yo diga disparamos todos a la vez dijo Mark. Segundos después se oyó: ¡Disparad!

Ratatatatatatata.......... fueron unos minutos largos lo que duraron los disparos. La araña se

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empezó a tambalear y poco después caía muerta. Mark se acercó con sus hombres hasta donde estaba la araña, le pasó la mano por encima y comprobó que tenía una piel que parecía la de un rinoceronte. De su boca asomaban unos dientes que parecían sierras, era una araña carnívora. Mirad por aquí, seguro que nuestros amigos no estarán muy lejos, dijo Mark a sus hombres.

Poco después, todos se dispersaron para volver a buscar a sus compañeros. Un tiempo más tarde, se oyó la voz de Tom. ¡Aquí!, aquí están.

Todos corrieron hacia donde habían oído la voz de Tom. Ahí arriba están, en ese árbol.

Todos miraron hacia arriba y vieron a sus dos amigos envueltos en telas de araña atados con la misma tela sobre unas ramas de un árbol gigante. ¡Bajadles de ahí, mandó Mark dirigiéndose a Kin, Pool, Tom y Timy!

Media hora más tarde tenían los cuerpos sin vida de sus compañeros tendidos en el suelo y envueltos en telas de araña. Cortaron las telas de araña que tenían alrededor de sus cuerpos y

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aparecieron Lang y Peer llenos de un líquido lechoso que les había echado la araña. Recoged el campamento rápido, nos largamos de aquí. No quiero tener que luchar con más arañas como esa y perder más hombres, dijo Mark.

Poco después las camionetas seguían su camino a través de la selva, pasaron los días y no volvieron a tener ningún contratiempo más. Cuando se quisieron dar cuenta entraron en Brasil. Este país también estaba devorado por la selva. Entre los gases producidos por las bombas y el clima tan caluroso se había producido una explosión de calor que había dado lugar a aquella vegetación tan impresionante. No se veían las carreteras, todo había sido tomado por la vegetación. Como había sucedido en Colombia, lo mismo pasaba en Brasil; en cuanto te internabas en la selva, el sol perdía todo su poder, sus rayos no eran capaces de penetrar por ninguna parte. La vegetación era tan espesa que no se veía el suelo. Allí dentro reinaba la penumbra y el silencio. Después de desplazarse durante un par de horas se dieron cuenta que se oían unos ruidos extraños y diferentes. Pararon las camionetas para intentar oír mejor aquellos sonidos: “eran como chillidos estridentes”. ¡Preparad las armas!, dijo Mark a sus compañeros. Presiento que no tardaremos en usar la artillería. Esos sonidos no me gustan nada.

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Volvieron a poner las camionetas en marcha, pero esta vez los hombres y las mujeres estaban preparados ante cualquier eventualidad que se pudiese presentar. Las camionetas siguieron la marcha a través del bosque, pasaba el tiempo, pero todo seguía igual. Llegó la noche y empezaron a montar el campamento protegidos por un equipo de vigilancia. La primera guardia la harán: Kin, Pool, Tom, Timy, Marco, Tulak y Dimitry. Estad muy atentos, no quiero fallos, nos jugamos la vida, les dijo Mark.

Poco después la guardia estaba situada cada uno en su sitio, estaban armados hasta los dientes. Pasaron las horas, pero todo seguía igual, seguían aquellos ruidos que habían oído nada más entrar en Brasil, pero no habían visto quien los producía. Antes de amanecer se oyó el grito de uno de la guardia. ¡Alerta, Alerta!, coged las armas, ya están aquí.

Todos se levantaron rápidamente con las armas en las manos y se dirigieron hacia donde habían oído las voces de alarma. En cuanto llegaron a aquella parte de la selva vieron una serpiente como nunca habían visto en su vida, era enorme: tenía la cabeza como un león de grande, el cuerpo tan ancho como una vaca y tenía una longitud de unos veinte metros; en ese momento se estaba tragando a uno de los de la guardia. Todos abrieron fuego sobre la 19

serpiente pero desapareció tan deprisa que se quedaron boquiabiertos. ¿Quién ha muerto?, preguntó Mark a los que estaban de guardia. Dimitry, contestó Tulak. Bueno, la habéis visto todos, es una serpiente enorme y tiene una velocidad increíble. No quiero que ninguno de nosotros esté solo en ningún momento del día, hagáis lo que hagáis estar siempre con algún compañero. De esta forma le será mucho más difícil a esa serpiente matar a otro de nosotros. No os despistéis en ningún momento, la vida de vuestro compañero está en vuestras manos.

El convoy siguió su marcha, las camionetas se iban abriendo camino poco a poco a través de la selva, detrás de cada árbol, de cada arbusto, se podía esconder la serpiente y atacarles por sorpresa. Los hombres y las mujeres estaban en tensión, todos tenían sus armas dispuestas para abrir fuego en décimas de segundo. Ninguno quería ser el siguiente en la lista de la serpiente, todos querían salir de aquel lugar tenebroso cuanto antes. Las camionetas seguían haciendo kilómetros y kilómetros, volvió a llegar la noche. La primera guardia la harán: Sue, Natali, Many, Mulai, Ani, Doroty, Avelin y Matilde, dijo Mark. Estar juntas unas de otras, guardaros las 20

espaldas, si oís algún ruido extraño dad la voz de alarma, no esperéis un segundo. La noche pasaba lenta, la oscuridad era total, no se veía a un palmo, todo estaba en calma, una calma que no presagiaba nada bueno. De vez en cuando las mujeres que estaban de guardia se llamaban para ver que todas estaban en su sitio. La noche seguía su curso. Sue llamó a Natali, ésta contestó: ¡Aquí estoy! Lo mismo hizo Natali, llamó a Many. ¡Aquí estoy!, contestó ésta. Y así siguió la ronda hasta que llegó a Avelin. ¡Aquí estoy!, contestó Avelin.

Y ésta llamó a Matilde, pero nadie contestó. Avelin volvió a llamar: - ¡Matilde!, pero otra vez el silencio. Entonces Avelin gritó: ¡Alarma!, ¡Alarma!

Todos en el campamento salieron corriendo con las armas en la mano hacia el lugar donde dieron la alarma. ¿Qué sucede?, preguntó Mark.

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Matilde no contesta, la he llamado varias veces, pero nada. Volvamos todos al campamento, que nadie se quede aquí solo.

Rápidamente todos los hombres y mujeres se replegaron hacia el campamento, cuando todos llegaron, Mark dijo: Encender más fuegos y hacer un círculo con ellos alrededor del campamento. Si la serpiente quiere atacarnos la veremos venir y la podremos disparar; se tendrá que quemar si quiere atrapar a alguno de nosotros.

Pasó la noche, pero la serpiente no se dejó ver, no volvió a atacar. Cuando la oscuridad dejó paso a la claridad se pusieron en marcha, querían salir cuanto antes de aquella selva terrible, pero la marcha era increíblemente lenta a consecuencia de aquella maleza tan abundante. Después de muchos kilómetros la vegetación se fue haciendo cada vez menos espesa, los rayos del sol entraban a través del arbolado y la claridad entraba a chorros por todos sitios. Los hombres y las mujeres se miraban con otra cara, el peligro casi había pasado, allí era difícil recibir un ataque por sorpresa. Cuando estaban a punto de salir de la selva la última camioneta recibió una embestida tremenda, ésta dio varias vueltas de campana saliendo por los aires todos los que estaban en ella. Las demás camionetas al oír el ruido pararon en seco y miraron hacia atrás para ver que 22

es lo que había sucedido. Vieron a la serpiente que se abalanzaba sobre los hombres y mujeres de la camioneta. Uno de ellos la disparó a bocajarro pero la serpiente ni siquiera se inmutó, se abalanzó sobre él y se lo tragó. Volvió a abrir la bocaza para tragarse a otro. ¡Disparad, disparad! gritó Mark con toda la fuerza de sus pulmones.

La serpiente dada su gran velocidad ya había destrozado a varias mujeres. Cuando se disponía a atacar a la tercera recibió la descarga de las metralletas de todos sus compañeros; la serpiente sujetándose en el suelo sobre parte de su cuerpo subió hacia arriba alcanzando varios metros de altura, les miraba a todos con unos ojos inyectados en sangre y dispuesta a atacar de nuevo, pero éstos siguieron disparando. La serpiente al final cayó al suelo agujereada por los disparos. Minutos después todos se acercaron para ver a la serpiente de cerca. Ninguno dijo nada, todos estaban asombrados. Poco después seguían la marcha a través de la selva, querían salir de allí cuanto antes. Horas después conseguían salir de aquella selva tropical. Nada más salir al descampado oyeron unos silbidos terribles, miraron hacia atrás y vieron tres serpientes de diferentes colores y tan grandes como la que habían matado, se habían librado de una muerte segura. Por fin entraron en Argentina, el último pedazo de tierra que terminaba en el mar. Las camionetas hicieron unos cuantos kilómetros sin mucha vegetación, pero ya veía a lo lejos otra selva 23

increíblemente grande, tardaron poco en llegar. Antes de internarse en ella, Mark dijo a sus compañeros: No se que nos vamos a encontrar en esta otra selva, pero andad con mucho ojo. Hemos perdido a nueve compañeros desde que salimos de New York. Como sigamos así no sé si alguien de nosotros podrá volver para dar la voz de alarma a Richard. Hay animales que no han muerto, pero la contaminación les ha transformado en lo que habéis visto, en monstruos. Si no conseguimos acabar con ellos tarde o temprano ellos acabarán con nosotros. Antes de entrar en la selva, mirad si tenéis las armas a punto. ¡Adelante!

Las camionetas se volvieron a poner en marcha y entraron en aquella nueva selva. En todos los países las selvas eran totalmente diferentes, en cada una se notaba algo extraño en el ambiente, difícil de explicar, pero en todas, el silencio era aterrador. Las camionetas siguieron su camino. Los hombres y mujeres que iban en ellas estaban armados y dispuestos a disparar sobre cualquier cosa que se moviese. Pasaron las horas pero nada vino a perturbar la calma del convoy, todos seguían en sus puestos dispuestos a defender su vida. Aunque dentro de la selva se veía poco porque el sol no podía entrar allí, ellos seguían haciendo avanzando hasta que el sol se escondió y tuvieron que parar porque no se veía nada. Prepararon el campamento y un montón de fuegos alrededor de éste. Todos harían guardia durante la noche 24

esperando la salida del sol. No podían perder más hombres, solo quedaban doce de los veintiuno que salieron de New York. La noche parecía que no pasaba, el tiempo nunca había pasado tan lento para la expedición. Pero al final el sol se dejó sentir a través de la claridad que se hizo dentro de la selva, aunque no penetraba ningún rayo se colaba la luz a través de las hojas de los árboles. Enhorabuena, dijo Mark, no hemos perdido ningún hombre ni mujer esta noche, espero que sigamos así. Apagad los fuegos y sigamos el camino, cuanto más nos retrasemos en la marcha el peligro nos acechará más.

Las camionetas se volvieron a poner en marcha a través de la selva. Pasaron las horas y seguían el camino hacia la costa. De repente oyeron unos zumbidos, pero no sabían de donde procedían, hasta que Tulak dio la voz de alarma: ¡Están encima de nosotros!, están encima de nosotros!

Todos miraron hacia arriba y efectivamente vieron a lo lejos unos pájaros enormes, no se podía decir a ciencia cierta como eran de grandes porque estaban muy lejos y escondidos en las últimas ramas de los árboles más altos de la selva, poco a poco se fueron acercando hasta que uno de ellos bajó lo suficiente para que la expedición lo viese de cerca; era tan grande como un hombre, no tenía pico, su boca era como la de un lobo. Todos apuntaron sus 25

armas hacia arriba dispuestas a abrir fuego en cuanto un animal de aquellos se pusiese a tiro, pero volaban tan rápidos que en cuanto se dejaban ver desaparecían con la misma rapidez. Así pasaron unas cuantas horas, aquellos pájaros estaban jugando con ellos, tan pronto se les veía como dejaba de vérseles. Ninguno del grupo había conseguido disparar su metralleta sobre ninguno de ellos, en cuanto iban a disparar los pájaros desaparecían. Meteros todos dentro de las camionetas, chilló Mark, presiento que esos pájaros nos están preparando una encerrona.

Los hombres y las mujeres corrieron a meterse dentro de las camionetas sin dejar de apuntar sus metralletas hacia donde estaban los pájaros. De repente uno de los pájaros voló hacia una de las camionetas y cogió a Marco por los hombros con sus garras de acero y rápidamente comenzó su ascensión, pero allí estaban Tom y Tulak que no estaban dispuestos a que aquel bicho se llevase a su compañero. El pájaro al sentir que las balas penetraban en su cuerpo soltó su presa pero otro pájaro antes de que Marco cayese al suelo lo volvió a coger y desapareció con él entre la espesura de los árboles. Poco después caía al suelo malherido el primer pájaro que había cogido a Marco, Mark se acercó a él y le remató en el suelo. Era un pájaro enorme, ahora lo podían ver como verdaderamente era: más grande que una persona, tenía unas alas tan grandes como el cuerpo, la cabeza era grande, 26

peluda y no tenía pico sino una boca como la de un lobo, puntiaguda y llena de dientes. Todos se habían metido dentro de las camionetas, ninguno se atrevía a salir de allí. Los pájaros eran demasiado rápidos para aventurarse a estar fuera de las camionetas y ponerse al alcance de ellos. Pasaron las horas pero los pájaros no volvieron a aparecer. Llegó la noche, pasó más lenta que la anterior. El peligro les acechaba por todas partes y ellos lo sabían, no podían despistarse un segundo. Llegó el alba y los pájaros no daban señal de vida. Las camionetas se volvieron a poner en marcha. Cuando llevaban unos kilómetros recorridos una de las camionetas pinchó, no tuvieron más remedio que parar todas las demás. Alguien tenía que salir para cambiar la rueda pinchada. Yo lo haré, dijo al fin Mark. Tú no puedes ir, si a ti te pasase algo, ¿qué haríamos los demás? tú sabes dirigir bien el convoy, dijo Tulak. ¡Iré yo!

Minutos después Tulak salía de la camioneta con la intención de cambiar la rueda pinchada. Sue, Natali, Mulae y Ani se pusieron a su alrededor para protegerle. Tulak poco a poco fue quitando la rueda pinchada y empezó a poner la nueva, cuando estaba a punto de acabar varios pájaros se dejaron ver en las copas de los árboles. Tulak se dio prisa para acabar, en cuanto puso el último tornillo salió corriendo hacia su camioneta para protegerse de los ataques de aquellos animales. 27

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¡Que raro!, dijo Mark, no nos han atacado, estarán tramando alguna cosa, estoy seguro.

Minutos después empezaron a aparecer pájaros y más pájaros en las copas de los árboles, se podían contar por docenas, todos soltaban unos chillidos escalofriantes. Media hora más tarde, cientos de pájaros comenzaron a atacar a las camionetas y a sus ocupantes. Kin, Pool, Tom, Timy, Tulak, Sue, Natali, Mulai, Ani y Avelin empezaron a disparar sus armas, poco después tenían sus cargadores vacíos, era muy difícil acertar a los pájaros en pleno vuelo, volaban a una velocidad increíble haciendo unas piruetas impresionantes. Volvieron a recargar sus armas y siguieron disparando sin contemplación. Los pájaros eran muy rápidos, aparecían y desaparecían a una velocidad endiablada, pero dos de ellos cayeron al suelo malheridos, tenían el cuerpo y las alas totalmente agujereadas por las balas. Una hora duró el ataque de los pájaros. Cuando por fin desaparecieron, los hombres y las mujeres remataron a los dos pájaros que estaban en el suelo malheridos. Pasaron los días y los pájaros no volvieron a aparecer. La expedición siguió su camino lo más rápido posible. Cada vez estaban más cerca de la costa, se apreciaba porque los rayos del sol eran cada vez más visibles y la vegetación iba disminuyendo poco a poco, no era tan espesa como al principio. Una semana más tarde habían llegado al mar. Habían conseguido dejar atrás otra de las

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selvas llenas de peligros, gracias a Dios que esta vez solo había caído un hombre. Hemos llegado al mar, dijo Mark. Tenemos que pasar a Sudáfrica. Para eso tenemos que construir unas balsas que nos lleven a nosotros y a nuestras camionetas.

Mientras Sue, Natali, Mulai y Ani hacían guardia, los demás cortaban árboles para preparar las balsas. Media hora más tarde caían los primeros árboles y seis horas más tarde tenían cortados todos los árboles que necesitaban para preparar las balsas para navegar. Se nos ha hecho demasiado tarde, dijo Mark, apenas hay luz. Mañana seguiremos trabajando. Esta noche harán la primera guardia: Avelin, Kin, Pool y Tom.

Allí no tenían el peligro que tenían en el interior de la selva, estaban en descampado y los pájaros no se aventuraban a salir de la selva, fuera de ella sabían que eran un blanco bastante seguro. La noche pasó sin sobresaltos. A la mañana siguiente empezaron a trabajar los árboles que habían cortado el día anterior. Habían cogido un montón de lianas de los árboles y con ellas ataban los troncos que habían cortado para hacer las balsas. Todo el día les llevó el preparar las balsas: cuatro balsas grandes para transportar cuatro camionetas y diez hombres; pero les llegó la noche sin que pudiesen hacerse a la mar, aprovecharían esas horas 29

para serenarse un poco, con los primeros rayos del sol se harían a la mar. La noche pasaba lenta, era obscura y no se oía ningún ruido, poco a poco llegó el amanecer, todos estaban dispuestos para navegar, solo les costó media hora para empezar el viaje. En cada balsa iba una camioneta y tres hombres, las balsas tenían varias palas para ser dirigidas y poder luchar contra las olas. Pasaron varias semanas en el mar, no hacía mal tiempo, las balsas navegaban sin problemas. Uno de los días que navegaban plácidamente empezaron a saltar del mar unos peces tan grandes como los brazos de una persona, medían poco más o menos un metro de largo y pesaban como cuarenta kilos, estaban cubiertos de espinas y se abalanzaban sobre los hombres de las balsas, estos al principio se apartaban de la trayectoria de los peces sin dispararles, hasta que uno de los peces consiguió clavarle las espinas a Ani. Al principio no notó nada especial, pero pasado el tiempo Ani cayó desplomada sin vida. Nada más ver esto, Mark dijo a sus hombres: ¡Tened cuidado!, estos peces tienen un veneno que consigue matarnos.

Poco después, dando grandes voces, alertaron a los hombres y mujeres de las otras balsas. Cuando todos se percataron de que los peces espina “como les llamaban”, eran mortales, empezaron a disparar sobre ellos. Media hora más tarde habían conseguido matar a un montón de peces espinosos. Siguieron navegando, se había levantado el viento y las balsas iban a más velocidad. Días después, uno 30

de los vigías de las balsas gritaba: “tierra”, “tierra”. A lo lejos se veía lo que parecía una isla, no tardaron en llegar gracias al viento que hacia días les estaba favoreciendo en su viaje. Cuando por fin llegaron, sacaron las camionetas a tierra y Mark dijo a sus hombres: Esto es Sudáfrica. A esta tierra antes de la gran guerra se la conocía como a una gran selva llena de animales y plantas. Ahora como veis está totalmente desértica, espero que tampoco haya animales contra los que tengamos que luchar.

Poco después se internaron en el desierto, todo eran montículos de arena, se subía y bajaba continuamente, los pies se hundían hasta quedar totalmente cubiertos, era muy difícil avanzar. Por el día hacía un calor sofocante y por la noche el frío helaba hasta la arena. Menos mal que en la expedición solo había robots y a éstos no les afectaba ni una cosa ni otra, sin contar que tampoco necesitaban ni beber ni comer, todo lo que necesitaban era la luz solar para abastecerse y en aquel desierto tenían sol en abundancia. Las camionetas también se abastecían de la luz solar. Pasaron las semanas y no se encontraron con ningún peligro, no se veía nada anormal, no era de extrañar porque por el día la temperatura subía a sesenta grados y por la noche bajaba a la misma en negativo. Allí no podía haber vida, era imposible que algo viviese se decían unos a otros. Uno de los días que bajaban una de las montañas de arena, de repente se abrió el suelo y se tragó a la expedición 31

entera, habían caído como diez metros hacia abajo, el golpetazo fue terrible. Cuando se pudieron levantar del suelo y vieron que todos estaban bien que no les había sucedido nada gracias a como estaban hechos, se dieron cuenta que habían caído en una especie de cueva llena de galerías que iban en todas las direcciones. Mark preguntó a sus hombres: ¿Qué tal estáis todos?, ¡Alguno tiene algo roto o necesita alguna reparación!, ninguno contestó, eso quería decir que todos estaban bien. Exploraremos estas galerías, pero las camionetas me parece que las tenemos que dejar aquí, las galerías son muy estrechas.

Mark se puso al frente de la expedición, poco después iban por una de las galerías; allí abajo tenían un grave peligro y lo sabían, no podían recibir la luz del sol y las baterías que tenían en sus cuerpos podían descargarse, entonces sería el fin para todos, tenían que darse prisa y salir de aquel agujero cuanto antes si querían seguir viviendo. Fueron pasando de una galería a otra, todas parecían iguales, aquello parecía un galimatías. No sabían seguro hacia donde caminaban. Entonces Mark dijo a sus hombres: ¡Quietos!, todos se pararon. Creo que tenemos que encontrar un camino para salir de aquí. Llevamos más de una hora andando y me he dado cuenta que estamos volviendo siempre al mismo sitio. Si no salimos de aquí en cuarenta y ocho horas, nuestras baterías se vaciaran y todos 32

pereceremos aquí abajo. Quiero que todos vosotros os pongáis a buscar alguna pista que nos señale el camino para salir de este lugar. Minutos después toda la expedición se desperdigó por las galerías y empezó a buscar por las paredes y el suelo alguna señal que les llamase la atención. Pasaron las horas y todos seguían buscando sin descanso, hasta que Sue, chilló: ¡Aquí!, ¡Aquí!

Todos corrieron hacia donde se había oído la voz de ella, efectivamente en la pared a la altura de la cabeza había un dibujo que señalaba una dirección pero que pasaba desapercibido si no se miraba con detenimiento. Buscar más símbolos como ese o parecidos, dijo Mark.

Poco después habían encontrado varios signos similares al anterior. Siguieron los signos de las paredes y efectivamente ya no volvieron al mismo sitio del principio. Ahora se dirigían hacia algún lugar que podía ser la salida de aquel agujero. El camino se hacia más lento porque tenían que ir buscando los dibujos en las paredes de la cueva y más tarde seguirlos, pero poco a poco siguieron avanzando. Solo les quedaban cuatro horas para quedarse sin baterías y aquellas galerías parecían que no tenían fin. Cuando terminaban una aparecía otra y así siguieron durante horas. El camino cada 33

vez era más penoso, notaban en sus músculos de acero que les faltaba la energía del sol y sus pasos eran cada vez más lentos. Desde que habían caído con sus camionetas en aquel agujero no habían parado de andar y continuaban avanzando, tenían que luchar por su vida, tenían que cumplir la misión que les mandó el Dr. Richard (su amo). Pero la fortuna no les sonrió, caminaron y caminaron pero poco a poco todos fueron cayendo al suelo sin energía, no tenían la suficiente fuerza para seguir avanzando. Les había llegado su hora, no podrían cumplir su misión. Aquello era el fin para todos.

Pasaron los meses. Un día que Arthur y Kirts dos humanos que se salvaron de la contaminación mundial gracias a que encontraron aquella cueva y se refugiaron en ella estaban buscando un lugar húmedo y oscuro para plantar setas se encontraron a varios hombres y mujeres tumbados en el suelo sin apariencia de ningún daño. Arthur se acercó a Mark le levantó la cabeza y Mark notando que alguien le cogía de la cabeza, pudo decir en un susurro: -solsol-sol........... No está muerto. Pero que querrá decir con sol, sol, sol, le preguntó Arthur a Kirts. Pues no sé, contestó éste. Pero te has fijado como pesa este tío y lo duro que tiene el cuerpo. 34

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Si, ya me he dado cuenta. Es extraño que un tío como éste que no está gordo pese tanto y esté tan duro.

De repente Mark, volvió a decir con voz ahogada: -sol-sol. Ha vuelto a repetir lo mismo, dijo Arthur. Igual quiere tomar el sol, dijo Kirts con una sonrisa en plan burlón. Vamos a llevarle hasta la entrada de la cueva y que le de un poco el sol, no perdemos nada por probar, igual se alimenta solo de sol contestó Arthur con una sonrisa.

Arthur y Kirts cogieron a Mark de un brazo cada uno y lo arrastraron hacia la entrada de la cueva, tardaron un poco en llegar. Poco después los dos se dejaron caer al suelo, estaban completamente exhaustos. Creo que me estoy quedando sin fuerzas dijo Arthur, nunca me había cansado tanto. Lo mismo digo, contestó Kirts, este hombre pesa terriblemente.

Mientras los dos descansaban y hablaban de lo mucho que les había costado arrastrar el cuerpo de aquel hombre. Mark que estaba expuesto al sol, 35

llenó su batería y se levantó como si nunca le hubiese pasado nada. Gracias chicos, me habéis devuelto la vida, me llamo Mark.

Arthur y Kirts se quedaron perplejos al ver a Mark levantado y en plena forma. Cualquier otra persona necesitaría comer y beber para poder sostenerse en pie, sin embargo, Mark estaba como si no le hubiese pasado nada, había vuelto de la muerte a la vida simplemente porque le había dado el sol. Veo muchos interrogantes en vuestra cara, dijo Mark. Os voy a explicar en pocas palabras quienes somos. Somos “robots”, no somos humanos como vosotros. Para vivir solo necesitamos la energía del sol, si nos falta, dejamos de vivir hasta que alguien nos facilite otra vez la energía solar. Mis compañeros también se cargan con la energía solar. Nos hizo un hombre que se llama: Dr. Richard de Estados Unidos. Nos mandó a veintiuno de nosotros en una expedición a buscar algún humano por el mundo. Hemos perdido once hombres-mujeres desde que salimos de allí y gracias a Dios hemos encontrado lo que andábamos buscando “humanos”. Pero nosotros no podemos salir de esta cueva, dijo Arthur, creemos que el aire está envenenado. Nunca hemos salido de aquí.

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Hemos traído con nosotros unas vacunas que después de dároslas os hará inmunes al aire envenenado, dijo Mark. Primero ayudadme a traer a mis compañeros hasta la entrada de la cueva para que cojan el sol que necesitan para vivir.

Dos horas más tarde todos los compañerosras de Mark estaban en plena forma, todos habían llenado sus baterías y estaban de pie para seguir la expedición. Ahora decidme: ¿como habéis podido alimentaros aquí dentro durante tanto tiempo?, les preguntó Mark. Esta cueva que veis está llena de galerías. Desde la costa se puede ir por debajo de tierra hasta Angola. Nosotros hemos conseguido llegar hasta allí a través de las galerías. Las conocemos todas como la palma de nuestra mano. Hay galerías tan grandes que una ciudad puede entrar dentro de ellas. En algunas de éstas hay bosques que están llenos de animales y agua. Nosotros vivimos en una de esas galerías. Vamos hacia allí para que veáis donde está nuestro hogar.

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Empezaron a caminar todos en fila india muy juntos unos de otros para no perderse; en aquel laberinto era muy fácil extraviarse si perdías de vista al que tenías delante. Continuamente aparecían galerías en todas direcciones y todas parecían iguales; los guías eran Arthur y Kirts. No tuvieron 37

que andar mucho, nada más salir de una de las galerías entraron en otra que era increíblemente grande, allí vivían ellos. En cuanto hicieron su entrada: ¡Ohhhhhh!, exclamó Mark, esto es impresionante, nunca hubiese pensado que podía existir algo tan bello dentro de una cueva.

Apareció ante sus ojos un gran valle lleno de árboles por donde pasaba un río. Los árboles son frutales y también crecen las patatas, las lechugas, las cebollas y muchas hortalizas más. También hay conejos, jabalíes, gallinas, patos y creemos que habrá más animales, aunque durante el tiempo que llevamos aquí nunca hemos visto ningún otro, contestó Kirts.

Poco después se internaron en el bosque, era diferente a todos los que habían atravesado últimamente. Allí cantaban los pájaros, los grillos y mil animalillos más. Siguieron andando y llegaron a una casa, era donde vivían Arthur y Kirts. Apenas vivían en ella, la mayoría del tiempo lo pasaban fuera porque el tiempo era muy benigno, la temperatura rondaba entre los veinte y los veinticinco grados centígrados. Como llegaron tarde se dispusieron a acampar allí junto a la casa, minutos después mientras Arthur y Kirts se preparaban un par de conejos con unas cebollas para comer, Mark y sus compañeros se habían 38

sentado sobre la hierba para mirar aquel paisaje increíblemente maravilloso que parecía sacado de un libro de cuentos. Pasaron varias semanas en aquel lugar. Durante ese tiempo Mark habló con Arthur y Kirts tratando de convencerles para que fuesen con ellos a New York. Los primeros días ninguno de los dos estaba convencido para salir de allí. Pero a medida que fueron pasando los días, primero Arthur y después Kirts empezaron a darle vueltas a la idea de ir con Mark y sus hombres a New York para conocer al Dr. Richard y hablar con él, querían ver con sus propios ojos a “otro humano” y quien sabe igual encontraban a más humanos por el camino. Un día Mark les dijo a los dos: Nosotros tenemos que seguir nuestro camino, no podemos quedarnos aquí para siempre. ¿Qué habéis pensando sobre lo que os dije de venir con nosotros?

Los dos se miraron a la cara y sin pensárselo dos veces, contestaron: Hemos decido ir con vosotros. Nos has contado tantas cosas del Dr. Richard que tenemos una gran curiosidad por verle y conocerle.

Una hora más tarde todos estaban preparados para continuar la expedición a través de África.

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Adelante compañeros, dijo Mark. ¡Que Dios nos proteja!

Pasaron las horas y Arthur seguido de Kirts dirigían la expedición a través de las galerías subterráneas. Tanto Arthur como Kirts llevaban un montón de provisiones para ellos, repartidas entre todos los de la expedición. Se hizo tarde y acamparon en otra de las galerías en las que había caza y pesca. Tanto Arthur como Kirts cortaron unas ramas un poco gruesas de unos árboles y atándoles una cuerda en un extremo y con un gancho en la punta se pusieron a pescar. No tardaron en coger varios peces grandes. Poco después se los estaban comiendo mientras Mark y sus compañeros les miraban como lo hacían. ¡Oye, Mark!, dijiste que nos darías unas vacunas para que el aire envenenado no nos matase cuando salgamos de esta cueva, dijo Kirts de repente. No te preocupes, ya las tenéis puestas. ¡Qué!, contestó Arthur que había oído lo que estaban hablando. Hace unas semanas, mientras estabais durmiendo, aproveché para poneros las vacunas. ¡Y si no hubiésemos ido con vosotros!, dijo Kirts.

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Estaba convencido de que al final vendríais. A los humanos en cuanto se os habla de algo que os interesa aunque solo sea un poco, empezáis a darle vueltas a la cabeza hasta que decís que sí. Os pasa lo mismo que a los peces, en cuanto ven algo que se mueve sobre la superficie del agua empiezan a rondarle hasta que se lanzan sobre la presa y caen en el anzuelo.

Había pasado un mes desde que salieron de la casa de Arthur y Kirts, por fin llegaron al final de su recorrido, habían salido a Angola a través de las galerías de la gran cueva; era otro territorio que parecía un desierto. Se veían cantidad de dunas que subían y bajaban continuamente, solo se veía arena y más arena. Hacía demasiado calor durante el día. Viajarían por la noche y se guarecerían por el día. Pasaron los días y todo seguía igual que cuando salieron, todo estaba tranquilo, el único que podía hacer daño a Arthur y a Kirts era el sol, con sus calor asfixiante les deshidrataba, tenían que beber continuamente, pero tenían que tener cuidado porque el agua se podía acabar. Tanto Mark como sus compañeros no tenían problemas ni con el calor ni con el frío, estaban hechos para aguantar temperaturas extremas. Cuando Arthur y Kirts caminaban por la noche envueltos en mantas y miraban a Mark o a sus compañeros que iban tan tranquilos sin dar muestras de que pasasen frío, se quedaban admirados. Cuando por el día se metían debajo de unos toldos para protegerse mejor del calor del sol y no paraban de sudar, miraban a sus compañeros que estaban igual, no se lo podían 41

creer. A veces querían ser como ellos: fuertes, sin necesidad de alimentarse, ni beber, no conocían el miedo y parecían hombres y mujeres de carne y hueso. No tardaron en pasar a Etiopía, la orografía de ese país era igual que el de Angola. Todo se había quedado desértico, arena y más arena, dunas y más dunas, calor y más calor, frío y más frío. Siguieron caminando durante semanas y semanas. Arthur y Kirts parecía que habían perdido la esperanza de salir de aquel desierto, menos mal que Mark les animaba continuamente y en cuanto desfallecían: Tom, Kim, Pool y Timy les cogían de los brazos y les ayudaban a seguir el camino. Una noche hicieron su entrada en Egipto, veían las pirámides a lo lejos, entre las sombras de la noche. Hemos entrado en Egipto, esperemos que aquí haga menos calor y podamos encontrar agua rápidamente, porque se nos está terminando y Arthur y Kirts la necesitan para vivir, dijo Mark a sus compañeros.

Arthur y Kirts siguieron caminando con pasos cansinos pues llevaban muchas horas andando entre la arena. Poco más tarde llegaron hasta la misma entrada de una de las muchas pirámides que habían visto de lejos, era muy grande, ellos parecían enanos al lado de aquella entrada. En cuanto amanezca nos meteremos en esta pirámide para inspeccionarla por dentro, igual encontramos alguna cosa que nos pueda ser útil, dijo Mark. Hasta que amanezca podéis acampar; 42

Sue, Natali, Mulae y Avelin harán la primera guardia. Poco después: Sue, Natali, Mulae y Avelin estaban en sus puestos con las armas cargadas y dispuestas para abrir fuego en décimas de segundo. Lo poco que quedaba de la noche no les trajo problemas, todo estuvo en calma hasta el amanecer. En cuanto el sol apareció en el horizonte y empezó a calentar, todos los hombres estaban preparados para entrar en la pirámide. Iremos en grupos de tres en tres, separados a una distancia de tres metros cada grupo. Llevar las armas cargadas y a punto. No os relajéis, no sabemos que podemos encontrarnos en el interior de éstas pirámides.

Poco después Mark iba en cabeza con Arthur y Kirts, a tres metros les seguían: Kin, Pool y Tom después iba el tercer grupo: Timy, Tuklak y Sue; seguidamente continuaba el cuarto y último grupo: Natali, Mulae y Avelin. Siguieron andando entre laberinto y laberinto, tan pronto subían como bajaban, giraban hacia un lado o hacia otro. Se sabe que los hombres que antiguamente se internaban en las pirámides para robar morían dentro de ellas porque después no sabían salir, dijo Arthur. No te preocupes, contestó Mark, nosotros los humanoides estamos preparados para salir de 43

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cualquier laberinto que el ser humano haya hecho. Tenemos un chip dentro de nosotros que nos va guiando hacia la salida. Sin embargo en las cuevas echas por la naturaleza ese chip no responde. Que alegría me da oír eso, dijo Kirts. Yo estaba pensando lo mismo que Arthur, pero no me decidía a hablar.

Siguieron caminando a través del laberinto que había dentro de la pirámide hasta que llegaron a una sala donde había un montón de esqueletos en el suelo. Estos llevan aquí muchos años, dijo Arthur, por la pinta que tienen los huesos se diría que si soplamos sobre ellos se pueden convertir en polvo.

De repente se oyó un gran rugido que resonó en toda la pirámide. Todos los de la expedición se quedaron sobresaltados, no sabían quien podía haber hecho ese ruido tan extraño y menos de donde procedía. En décimas de segundo, Arthur y Kirts se vieron rodeados por los humanoides para protegerles con las armas preparadas para disparar. Mark al frente de todos, dijo: Ese ruido lo ha hecho algo que tiene vida. Me parece que está en alguna parte de esta pirámide con la intención de saltar sobre nosotros. Estar alerta, no quiero perder más hombres, ya hemos 44

perdido muchos y os necesito a todos para volver a casa, dijo Mark. Otra cosa, a partir de ahora no iremos todos por el mismo laberinto. Cada grupo irá por un laberinto diferente, si ve algo extraño, que mande una señal a los demás grupos. Poco después todos los grupos se habían separado, cada uno iba por una galería diferente. Pasó el tiempo, pero todo seguía igual, parecía que el rugido que habían oído anteriormente podía ser fruto de su imaginación, todo parecía en calma hasta el momento. Poco después se volvieron a reunir todos los grupos en la cámara funeraria del faraón. ¿Nadie ha visto nada extraño?, preguntó Mark dirigiéndose a sus hombres. ¡No!, contestaron los diferentes grupos. Todo está en calma por todas partes. Entonces: ¿qué ha producido ese ruido tan estremecedor?, dijo Mark.

Nadie contestó a la pregunta que dejó Mark en el aire. Minutos después, Mark mandó reorganizarse a todos los grupos y seguir tras lo que habían ido a buscar. No pasó mucho tiempo hasta que se volvió a oír el mismo rugido que habían oído tiempo atrás. Ese se ha oído mucho más cerca que el anterior, dijo Mark, separaros todos los grupos y preparar las armas. 45

Poco después todos los grupos estaban separados. De repente apareció en la galería por la que iba Mark con Arthur y Kirts un bicho gigante de color negro, tenía forma de cucaracha con dos antenas en la cabeza y seis patas, la boca era terriblemente grande con unos dientes que parecían puñales. Se abalanzó sobre ellos, pero Mark empujó a Arthur y a Kirts hacia otro pasadizo para alejarles del peligro y ponerles a salvo del monstruo, empezó a abrir fuego sobre la cucaracha. Las balas rebotaban en su cuerpo, salían despedidas en todas las direcciones, gracias a Dios que como Mark también era un robot las balas tampoco le hacían nada, pero más de una impactó contra su cuerpo rebotando igualmente. Rápidamente aparecieron por otras galerías los otros tres grupos. Todos empezaron a disparar a la cucaracha al mismo tiempo, pero las balas seguían rebotando contra su cuerpo, no había forma humana de matarla.

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Creo que tendremos que luchar contra ella cuerpo a cuerpo, dijo Mark. Me parece que es la única esperanza que tenemos para matarla. Tenemos que intentar meter nuestros puñales entre las escamas de la cucaracha, allí es donde debe estar su punto débil.

Poco después, Mark junto con sus hombres y mujeres armados con unos instrumentos punzantes que tenían muy parecidos a los cuchillos rodearon a la cucaracha, ésta miraba a todos con la intención de atacar, pero parecía que no se decidía a por quien. ¡Ahora! Dijo Mark.

Todos se abalanzaron al mismo tiempo sobre la cucaracha intentando meter sus puñales entre sus escamas, pero era muy difícil penetrar ya que las escamas estaban muy juntas unas de otras. Los puñales rebotaban como las balas. Mientras la cabeza de la cucaracha giraba una y otra vez dando dentelladas a todo el que se acercaba a ella, pero los robots eran muy rápidos, cada vez que entraban para meter los puñales en sus entrañas salían dando volteretas sobre el suelo sorteando los mordiscos del monstruo. Me parece que tiene otro punto débil, dijo Mark. La parte baja de su cuerpo creo que es blanda y allí pueden entrar los puñales con facilidad.

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Pero intentar meterse debajo de ella es muy peligroso, le puede aplastar a uno, dijo Sue. Lo tenemos que intentar, es la única forma de acabar con el monstruo. Tenéis que atacar todos al mismo tiempo para despistarle, mientras, intentaré meterme debajo y clavarle el puñal en las entrañas, dijo Mark.

Poco después todos se abalanzaron sobre el monstruo intentando meter sus puñales entre sus escamas, pero esa empresa resultaba imposible. El monstruo se defendía, a punto estuvo de coger a Tom entre sus dientes y estrujarle. En ese momento Mark se metió debajo de la cucaracha y clavó su puñal: una, dos, tres, cuatro y cinco veces. Seguidamente salió a toda velocidad debajo del monstruo e instantes después el monstruo caía sobre su cuerpo dando unos alaridos terroríficos. Arthur y Kirts que habían presenciado la lucha que habían hecho los humanoides con el monstruo se habían quedado impresionados, no se podían creer lo que habían visto sus ojos. Con estos hombres, dijo Arthur se puede ir al fin del mundo, no tienen miedo a nadie, ni a nada. Bueno, “hombres.....” dijo Kirts, son más que hombres, te has fijado como le rebotaban las balas a Mark. De todas formas, a mí me gustaría ser como ellos.

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Poco después salían todos de la pirámide, estaba anocheciendo y eso favorecía a Arthur y a Kirts, había empezado a hacer frío y era preferible al calor sofocante que reinaba en aquellos países que te secaba como una pasa. Empezaron a caminar entre las sombras de la noche y la claridad de la luna. Se encontraron con muchas pirámides en su camino pero no volvieron a entrar en ninguna de ellas, tenían un mal recuerdo en la que habían entrado y no querían volver a pasar por lo mismo. La noche pasó enseguida, el sol empezó a salir poco a poco en el horizonte. Tenemos que guarecernos, dijo Mark. El sol empieza a calentar mucho y Arthur y Kirts no resistirán mucho más este calor. Allí hay otra pirámide, podemos meternos en ella sin adentrarnos en su interior.

Rápidamente se metieron en la primera pirámide que había en su camino pero sin meterse en su interior, se quedaron prácticamente en la entrada. Poco después, todos se habían descargado los bultos en los que transportaban las provisiones. Sue, Natali, Mulai y Avelin harán guardia mientras los demás nos relajamos un poco, dijo Mark.

El tiempo pasaba lentamente, aunque el sol no les alcanzaba, el calor se dejaba notar, era sofocante para Arthur y Kirts. Ninguno hablaba, simplemente se miraban unos a otros. Siguió 49

pasando el tiempo, el sol empezó a esconderse en la lejanía, la temperatura empezó a bajar y Mark dijo: Arriba, seguimos la marcha, tenemos que conseguir salir de este infierno cuanto antes. Haber si conseguimos entrar en Irán antes de que termine la noche. ¡Animo!.

Todos cogieron sus mochilas y sus armas y empezaron a andar sobre la arena. Tan pronto subían una montaña de arena como comenzaban a bajarla por su otra parte, sus pies se hundían y tenían que hacer un esfuerzo titánico a medida que avanzaban. El frío de la noche ayudaba a Arthur y a Kirts en su andadura por el desierto. Cuando empezó a amanecer hicieron su entrada en Irán, país no menos caluroso que Egipto. Solo habían cambiado de país no de clima, a lo lejos vieron pequeñas cabañas, se dirigieron hacia ellas con la intención de guarecerse de los rayos del sol que ya empezaba a hacerse notar en la piel de Arthur y Kirts. Ahora el encargo más importante que tenían Mark y sus compañeros era proteger a los humanos, llevarlos con vida hasta New York y aún les quedaban muchos kilómetros que recorrer. Antes de entrar en las cabañas, Mark mandó: Kin, Pool y Tom registrar las cabañas.

Poco después: Kin, Pool y Tom salían de las cabañas diciendo: Están vacías. 50

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Cada grupo que se meta en una cabaña, dijo Mark. Un hombre y una mujer de cada cabaña hará guardia en el exterior. Empezarán: Tulak, Sue, y Avelin.

Tulak, Sue y Avelin no temían al sol, eran inmunes a sus rayos. Caminaban de un lugar a otro fijándose bien en la lejanía de que no apareciese por sorpresa ninguna cosa extraña. De repente Tulak se quedó parado durante unos segundos, vio a lo lejos que la arena se movía, algo había debajo de ella que hacía que ésta se moviese, si él veía eso a aquella distancia quería decir que lo que estuviese debajo de la arena tenía que ser bastante grande. ¡Alarma, alarma! Gritó Tulak. El primero en salir de su tienda fue Mark. ¿Qué sucede?, preguntó con impaciencia. Mira allí, en el horizonte. La arena se mueve de un sitio para otro.

Mark miró hacia donde señalaba Tulak, pero no vio nada extraño, todo parecía tranquilo. Sabía que tanto él como sus hombres eran inmunes a la locura del desierto; eso solo afectaba a los humanos cuando estaban expuestos al sol durante muchas horas. Al final después de mucho mirar, dijo:

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Tendremos que ir allí y examinar con cuidado el terreno, no me gustaría que ninguna criatura del desierto se nos eche encima por sorpresa.

Poco después unos cuantos hombres se dirigían hacia donde había visto Tulak moverse la arena. Cuando llegaron: Kin, Tom y Timy vieron que la arena parecía removida, empezaron a inspeccionar el lugar con cuidado pero después de un rato tuvieron que volver al campamento porque no encontraron nada raro. No hemos visto nada extraño, dijo Kin a Mark; todo parece estar tranquilo, aunque hemos visto que la arena en aquella parte no estaba tan lisa como en los demás sitios, presentaba unas formas extrañas, como si algo las hubiese movido por debajo. Redoblaremos la guardia, dijo Mark. Sue, Natali y Mulai acompañaran a los de la primera guardia.

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Pasó el tiempo, todo permanecía tan tranquilo como hacía unas horas. El agua se les estaba acabando, tenían que ir pensando en salir a buscar el precioso líquido en aquellas tierras tan inhóspitas; si no, Arthur y Kirts tendrían serios problemas para seguir adelante. De repente, una de las cabañas saltó por los aires, seguidamente un asqueroso animal apareció en el lugar donde había estado la cabaña anteriormente. Era como un gusano gigantesco; media unos diez metros de largo 52

y tenía un grosor de un metro, su cara se confundía con su cuerpo, en ella los ojos sobresalían de forma llamativa porque eran rojos, la boca era increíblemente grande y de ella sobresalían unos dientes puntiagudos. Gracias a Dios que en la cabaña donde apareció el monstruo no había nadie, todos sus ocupantes estaban de guardia. El bicho se empezó a mover en busca de carne fresca pero todo lo que encontró fueron las balas que le dispararon los hombres que estaban de guardia. El monstruo se retorcía de dolor ante la gran cantidad de balas que le entraban en el cuerpo. Poco después caía acribillado aunque de vez en cuando se movía, debían ser los últimos coletazos que le quedaban de vida. ¿Dónde están los humanos?, preguntó Mark. Están aquí, contestó Tulak, están a salvo. En cuanto amanezca nos vamos de aquí, donde hay un bicho de esta clase seguro que hay más como él, dijo Mark.

Nada más amanecer todos salieron del campamento en fila india. Arthur y Kirts iban en medio de la expedición protegidos por delante y por detrás por los hombres de acero. Ese día no descansaron como los demás días, era muy importante salir de aquel terreno que se movía por debajo de sus pies y en el que podía salir cualquier bicho tragándoselos a todos. Cuando empezaba a anochecer entraron en Rusia. Todo estaba lleno de 53

nieve. Arthur y Kirts se tuvieron que abrigar para no helarse, tuvieron la oportunidad de llenar sus cantimploras de nieve que poco a poco se iría convirtiendo en agua. Mark mandó a varios de sus hombres en busca de algún refugio para pasar la noche, hacía demasiado frío para estar a la intemperie, Arthur y Kirts podrían morir congelados. Un tiempo después aparecieron Tom y Natali, habían encontrado una cueva al pie de una montaña. Rápidamente todos se dirigieron hacia allí, la temperatura había bajado mucho. Cuando llegaron se metieron en ella huyendo del frío. Mark encendió una antorcha y con su luz se internaron en su interior buscando algo más de calor. Después de andar durante un buen rato llegaron a un lugar donde la cueva se dividía en otras tres galerías diferentes. Entonces Mark dijo: Sigamos por ésta.

Poco después, llegaron a otro punto donde había otras dos galerías. Esta vez siguieron por la de la izquierda. Después de mucho andar llegaron a la entrada de una caverna enorme, el techo era tal alto que apenas se veía donde terminaba. A pocos metros de donde estaban ellos había un puente colgante, el suelo era de maderas y tenía una longitud de unos cien metros. Mark lo miró y seguido miró hacia donde terminaba el puente y dijo: Sigamos, pasemos de dos en dos con una distancia entre parejas de diez metros. No me fío mucho de la resistencia de este puente. 54

Minutos después, empezaron a pasar los dos primeros, el puente se empezó a mover por el peso de los dos primeros hombres. Poco después pasaron otros dos y así fueron pasando todos hasta que terminó la última pareja. ¡Mirad!, dijo Arthur. Aquí hace algún tiempo vivieron personas.

Efectivamente se podían ver utensilios de barro hechos por el hombre y armas: arcos, lanzas. Poco después, Mark dijo: Acamparemos aquí, parece un buen lugar. Tulak y Avelin, buscad algo para encender un buen fuego.

Más tarde Tulak y Avelin volvían con troncos de árboles secos, se apreciaba que llevaban mucho tiempo allí. Minutos después había un gran fuego en el campamento. Arthur y Kirts se acurrucaron junto a el, habían pasado un frío terrible. Mulae, Sue y Timy, mandó Mark, quiero que inspeccionéis este lugar, tengo una sensación extraña, pero no se decir de que se trata. Kin y Pool haced guardia alrededor del campamento.

Mulae, Sue y Timy hicieron una antorcha cada uno y desaparecieron del campamento que habían improvisado. Dos horas más tarde, Mulae entró en el campamento corriendo: 55

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Sue ha caído en un terreno pantanoso y no la podemos sacar. Como no nos demos prisa en rescatarla la perderemos para siempre.

Segundos después Mark salió corriendo junto con Mulae, Tulak, Natali y Avelin. Cuando llegaron al lugar vieron que Sue solo asomaba la cabeza por encima del pantano, Mark dijo: ¡Agarrarse todos de las manos!

Seguidamente Mark cogió a Mulae, ésta a Tulak, éste a Natali, ésta a Avelin y ésta a Timy. Mark se metió en el terreno pantanoso agarrado por los demás y fue andando como pudo hasta donde estaba Sue. De la cabeza de ésta solo asomaba la frente. Mark siguió avanzando hasta que agarró a Sue de los pelos. Tiró de ellos y la cabeza de Sue empezó a asomarse por encima del barro. ¡Tirad!, ¡tirad!, dijo Mark. Ya la tengo. ¡Tirad!, ¡tirad!

Empezaron a tirar unos de otros hasta que empezaron a salir del pantano, minutos después todos estaban fuera llenos de barro. He encontrado un lugar asombroso dijo Timy. Venid a ver lo que hay en ese túnel.

Mark y los demás compañeros siguieron a Timy. Este se metió en un agujero que había en la 56

pared rocosa seguido de todos los demás, instantes después aparecía ante sus ojos algo increíble: Un valle lleno de luz, había árboles por todas partes. De repente un grito aterrador se oyó en todo el valle. Miraron hacia donde habían oído aquel grito y vieron con sus ojos algo estremecedor; todo el valle estaba lleno de animales increíbles, nunca habían visto nada igual. Los más fuertes atacaban a los más débiles y el que no caía en las garras de su perseguidor podía seguir viviendo quizá unos días más. Allí solo podían vivir los más fuertes, para los débiles la vida carecía de sentido. Como se den cuenta de que estamos aquí arriba, dijo Mark, no saldremos con vida ninguno de nosotros. No hagáis nada de ruido, salgamos cuanto antes de este agujero.

Media hora más tarde llegaron al campamento y contaron a los demás lo que habían visto. Arthur y Kirts se alarmaron un poco, pero Mark les dijo: No os preocupéis, es casi imposible que suban por aquella pendiente hasta el agujero. Muchos de esos animales son tan grandes que si consiguen subir no podrán entrar por aquella cavidad.

Al día siguiente por la mañana salieron de la cueva. Nada más salir a la intemperie se toparon de lleno con aquel frío helador. Era un frío que se apoderaba de todo lo que tocaba hasta consumir las 57

energías de cualquier cosa; menos mal que Mark y sus compañeros no eran humanos, estaban hechos para el frío y para el calor, soportaban todo lo que ningún humano soportaría nunca. Anduvieron durante horas intentando llegar a algún sitio donde el frío fuese menos intenso. Por fin después de mucho andar llegaron a una cadena de montañas. Empezaron a subir la primera, tres horas más tarde habían llegado a la cima. Seguidamente empezaron a descender en busca de la siguiente montaña. Arthur y Kirts iban bien abrigados y protegidos por sus compañeros androides. Cuando empezaron a ascender la segunda montaña tanto Arthur como Kirts empezaron a notar temblores en sus piernas. Mark que estaba al tanto de todo, enseguida se dio cuenta y mandó hacer un descanso. Mientras tanto, mandó a Kin y Tulak a inspeccionar el terreno que había por delante y puso a Sue, Natali y Mulae de guardia ante cualquier problema que se pudiese presentar. Poco después empezó a anochecer. A Mark no le gustaba mucho aquel descampado de la montaña, estaban expuestos a cualquier ataque. Por eso estaba intranquilo esperando a que volviesen Kin y Tulak. Cuando por fin volvieron, le informaron a Mark de lo que habían visto. Nos queda poco para llegar abajo. La siguiente montaña tiene poca altitud, se puede coronar en poco tiempo. Desde arriba hemos visto que la nieve va desapareciendo poco a poco y en el horizonte se ve un bosque, dijo Kin. ¿Un bosque?, contestó Mark incrédulo. 58

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Sí, eso nos ha parecido ver a lo lejos. Entonces tenemos que seguir adelante, salir de este sitio tan frío, nuestros amigos no soportaran pasar la noche a la intemperie.

Poco después se pusieron en marcha, terminaron de bajar la montaña que habían empezado hacia tiempo y poco después empezaron a subir lo último que les quedaba. Efectivamente era una montaña pequeña comparada con las que habían subido anteriormente, en poco tiempo llegaron a la cumbre. Desde allí pudieron ver a lo lejos un grandísimo bosque que lo abarcaba todo. Ya había anochecido completamente pero Mark quería salir cuanto antes de la nieve que lo invadía todo. Tres horas más les costó salir del terreno nevado. Cuando por fin sus pies se posaron sobre la hierba, un temblor les recorrió por todo el cuerpo. La temperatura había cambiado increíblemente, habían pasado de estar a quince bajo cero a tener veinte grados por encima. Arthur y Kirts se tuvieron que quitar rápidamente parte de la ropa que llevaban puesta. Entonces Mark dijo: Haremos aquí el campamento, parece un buen lugar. Aunque tendremos que estar más alerta que nunca, este terreno es nuevo para nosotros. Esta noche estaremos todos de guardia. Solo descansaran Arthur y Kirts que están completamente rendidos.

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Poco después: Kin, Pool, Tom, Timy, Tulak, Sue, Natali, Mulae y Avelin hacían guardia alrededor del campamento. Mark se subió a uno de los árboles que había cerca y desde allí haría su guardia. Había anochecido completamente, era una noche oscura, no se veía la Luna a consecuencia de las nubes que lo tapaban todo. Todo estaba en silencio. La primera sensación que se percibía era que allí no podía haber vida de ninguna clase porque no se oía ninguna clase de ruido. Pasaron las horas y todo seguía igual. Los hombres y las mujeres que hacían guardia iban andando de un sitio para otro para abarcar más terreno y comunicarse con el que tenían al lado. Poco a poco se fue despejando el cielo y el sol salió tímidamente por el horizonte lanzando sus rayos. Al principio con poca fuerza pero en cuanto el sol se asomó por completo sus rayos empezaron a notarse en la piel si no estaba protegida por algo de abrigo. Recoger todo, dijo Mark. Vamos a atravesar este bosque. Preparad las armas por lo que pudiera salirnos al paso. Después de todo lo que hemos visto, podemos encontrarnos con cualquier cosa.

La expedición se puso en marcha una vez más. En cabeza iba Mark junto con Kin y Pool, un poco más atrás estaban Arthur y Kirts protegidos por delante por Tom y Timy y por detrás por Tulak y Sue. En la retaguardia estaban Natili, Mulae y Avelin cerrando la marcha. Era un bosque muy parecido a los que habían pasado hacía unos meses. Todos parecían iguales: había grandes árboles con muchas ramas y éstas estaban llenas de hojas. Los 60

matorrales lo abarcaban todo, difícilmente se podía andar por allí por la gran cantidad de vegetación que había por todas partes. Había que abrirse camino con machetes, por eso se podía encontrar uno con cualquier cosa que estuviese detrás de la vegetación. Todos los hombres iban con las armas preparadas para disparar en escasos segundos. De repente detrás de la vegetación se toparon con un muro. No podían seguir avanzando, era increíblemente alto y largo. Estaba tapado por la vegetación y a simple vista no se veía. Todo estaba lleno de plantas ¿cómo podía haber un muro en medio de la selva cortando el paso? ¿Quién lo habría mandado hacer y para qué?, aquello era inaudito, nunca habían visto nada igual. Mark envió algunos de sus hombres hacia la izquierda y a otros hacia la derecha del muro para ver si encontraban su terminación y su salida, pero tiempo después volvieron diciendo que el muro no terminaba. Seguiremos a lo largo de la pared, hasta que encontremos una salida, dijo Mark.

Todos se pusieron a buscar detrás de la maleza un agujero que les dejase avanzar hacia delante. Estuvieron durante horas buscando una salida pero no encontraron nada. Se ha hecho tarde, está empezando a anochecer y no podemos seguir hacia delante. Descansemos, pongamos las ideas en claro y mañana continuaremos nuestra búsqueda, dijo Mark. Avelín, Mulae y Natali harán la primera guardia. 61

Timy y Natali ir a inspeccionar el terreno, haber si encontráis algún lugar para poder seguir nuestro camino. Pasaron las horas, pero ni Timy ni Natali volvieron al campamento. Mark estaba intranquilo esperando noticias de sus compañeros pero todo seguía en calma. La noche se había apoderado de todo con su oscuridad. En cuanto salió el sol, Mark dio la orden de ponerse en marcha, tenían que encontrar a sus compañeros cuanto antes. Poco después se los encontraron en el suelo entre la maleza del bosque. Rápidamente Mark se acercó a ellos para ver si tenían vida, pero ninguno de ellos respondía. Entonces Mark se dio cuenta que el cuello lo tenían impregnados de un líquido verdoso pegajoso, por la pinta parecía un ácido porque había penetrado en el interior de los cuerpos y se lo estaba comiendo. Estar atentos, hay algún animal que echa este líquido verdoso que habéis visto y es mortal.

Todos se agruparon apuntando con sus armas hacia todos los lugares. Lo que había matado a sus amigos podía estar cerca, no se podían despistar. Poco después, Kin encontró una abertura en la pared, pero estaba a metro y medio de altura. Metámonos en ese agujero, estaremos más protegidos que aquí en el descampado. En caso de que nos ataquen podremos defendernos mejor, dijo Kin. 62

Mark mandó subir a sus compañeros. Poco después se dispusieron a subir al agujero. El primero en subir fue Kin con la ayuda de sus compañeros, después Sue, seguido Pool, a continuación Tom, más tarde Tulak y por último empezó a subir Mark, cuando estaba ascendiendo por la pared empezaron a aparecer cantidad de animales. El cuerpo lo tenían muy parecido a los lobos, tenían ocho patas y unas cabezas tan grandes como todo su cuerpo, con una bocaza enorme donde se veían gran cantidad de dientes, cada vez que gruñían les salía de sus bocas un líquido verdoso. Desde arriba los compañeros de Mark empezaron a disparar a los animales pero parecía que las balas no les hacían nada. Al fin Mark consiguió subir al agujero, encendió una de las antorchas que llevaba en su equipaje y se internaron en la cueva para alejarse cuanto antes del agujero por donde habían subido. Caminaron por la cueva durante un tiempo hasta que vieron a lo lejos unas luces. Preparad las armas, dijo Mark con voz metálica. No sabemos lo que nos espera ahí adelante.

Todos prepararon las armas y se fueron acercando al sitio de donde provenía la luz. Cuando llegaron se encontraron con algo insólito: Una estatua de la Virgen del Carmen que tenía en su regazo al Niño Jesús estaba sobre un altar de piedra. La Virgen tenía a su izquierda y a su derecha un montón de velas encendidas.

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Todos los androides cayeron de rodillas nada más ver a la Virgen. Arthur y Kirts se quedaron admirados. Te has fijado como se han puesto todos de rodillas, le dijo Arthur a Kirts. ¡Sí!, ya me he dado cuenta. Se ve que ese Sr. Richard, el que los hizo, les enseñó bien. Aquí tiene que haber alguien, dijo Sue. Alguien ha tenido que encender estas velas. De repente detrás de ellos se oyó la voz de una mujer: ¿Quiénes son ustedes?, ¿de dónde han salido?. Yo pensaba que estaba sola en el mundo, que la gran guerra había acabado con todos los seres de la tierra y de repente me encuentro con más gente. Todos nosotros, dijo Mark y señaló a sus compañeros, somos androides. Nos ha hecho el Sr. Richard que vive en Estados Unidos. Sin embargo éstos dos de aquí, Arthur y Kirts son humanos como usted. Los hemos encontrado en otra cueva muy lejos de aquí. Se empezaron a oír unos ruidos extraños en la cueva. Y fue la mujer la que dijo:

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¡Rápido!, encended fuego, a esos animales solo se les puede vencer con el fuego. Mark que tenía aún la antorcha en su mano dijo a sus compañeros:

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Sacad vuestras rápidamente.

antorchas

y

encenderlas

Segundos después aquellos animales asquerosos habían llegado casi hasta donde estaban ellos. Mark con sus compañeros se abalanzaron sobre ellos quemándoles con sus antorchas. Los bichos empezaron a chillar estrepitosamente, se veía que el fuego no les hacía ninguna gracia, como la cueva estaba llena de ellos, casi no podían ir para atrás y los primeros fueron muriendo con el cuerpo cubierto por las llamas. Media hora más tarde habían conseguido despejar el túnel de aquellos feos animales, quedaron unos cuantos carbonizados en el suelo por el fuego de las antorchas, todos los demás habían huido en desbandada. Será mejor que encendáis un buen fuego en la entrada de la cueva, dijo la señora que encontraron en la cueva, sino, es posible que vuelvan otra vez. El fuego es el único elemento que los mantiene lejos de aquí. ¿Cómo ha conseguido vivir aquí sola durante tanto tiempo con estos animales tan cerca?, le pregunto Arthur.

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Gracias a la Señora y a su Hijo, dijo la mujer. La Virgen los mantiene a raya. La verdad que es la primera vez que han llegado hasta aquí. Alguna vez se habían asomado a la cueva pero en cuanto veían a la Virgen con el Niño, enseguida se echaban hacia atrás.

Poco después todos se quedaron callados pensando en lo que les había dicho la mujer de la cueva acerca de la Virgen con el Niño. Aquella noche los hombres de Mark hicieron guardia cerca de la entrada de la cueva por si acaso se apagaba el fuego que habían encendido. Nada más amanecer la mujer de la cueva que era bastante mayor, les trajo a Arthur y a Kirts unos cestos con comida y bebida. Estos empezaron a comer y les gustó tanto lo que les había traído que no dejaron nada en los cestos. Seguidamente la mujer de la cueva que se llamaba: Teodora, le dijo a Mark: ¿Cómo es que ayer al ver a la Virgen con el Niño os arrodillasteis todos? Nuestro amo el señor Richard al crearnos nos hablaba de la Biblia. Poco después dentro de nuestro aprendizaje tuvimos que leernos muchos libros, en especial: “La Biblia”. Por eso sabemos que sólo existe un Dios Todopoderoso que hizo El Cielo y la Tierra. Que tiene un Hijo, Jesucristo que nació de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. Que en Dios hay tres personas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo y no son tres dioses sino un solo Dios. Sin embargo 66

nosotros somos androides, no somos humanos, nuestra vida termina aquí. No tenemos un alma como vosotros los humanos que os hace inmortales. Pero reconocemos al único Dios Jesucristo y a su Madre la Virgen Santísima en cuanto les vemos pintados en cuadros o representados en algunas estatuas. Teodora se quedó callada, pero empezó a pensar: “es increíble como unos androides que son todo metal puedan identificar a “Dios” y muchos humanos no se molesten en buscar la “verdad”, que no se hagan estas preguntas tan fundamentales: ¿Para qué estamos en el mundo? ¿Qué hay después de la muerte? Pasaron las semanas hasta que un día Mark le dijo a Teodora: Tendremos que irnos de este lugar, no podemos estar aquí para siempre, espero que decida venir con nosotros. Lo que no sé es como podemos despistar a esos bicharracos, en cuanto salgamos de este agujero seguro que se nos echan encima. No hace falta que salgáis por donde habéis venido, dijo Teodora. A través de las galerías de esta cueva se sale a un valle donde esos animales no pueden llegar gracias al muro que hay en medio de la selva y que corta esta tierra con la que hay al otro lado. Yo no iré con vosotros, me queda poco tiempo de vida y quiero morir aquí junto a la Virgen y El Niño. 67

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Trataron de convencerla para que fuera con ellos, pero fue imposible. Ella les guió por el laberinto de galerías, en éstas se podía perder cualquiera: humanos y androides. Dos días después llegaron al final de la cueva. Allí mismo se despidieron de ella, poco después ya la habían dejado lejos. Cada vez quedaban menos en la expedición: Mark, Kin, Pool, Tom, Tulak y Sue. Salieron veintiún androides de Estados Unidos y tan solo quedaban seis sin contar a los dos humanos. Mark estaba intranquilo, se le podía ver en el rostro aunque fuese androide. Aún quedaban muchos kilómetros por recorrer y habían perdido muchos hombres y mujeres a lo largo del camino. La expedición se dirigió esta vez hacia China. Durante el recorrido no se encontraron con problemas graves. Un mes más tarde hacían su entrada a través de las montañas en este país inmenso, en cuanto pusieron sus pies en el llano se encontraron con gran cantidad de plantas de colores llamativos de todos los tamaños. Nunca habían visto nada igual, las había: verdes, rojas, amarillas, marrones, azules, blancas, negras y otros muchos colores que no se sabía a ciencia cierta en donde encasillarlas. Llamaban mucho la atención, se podía decir que en cuanto alguien ponía su mirada en cualquiera planta se sentía atraído por ella y a continuación te dirigías hacia ellas sin poder resistirte. Mark recelaba de aquellos colores tan vistosos, había pasado por muy penosas aventuras para fiarse de cualquier cosa que le llamase la atención, por eso dijo a sus hombres:

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No os acerquéis a ellas, presiento que guardan algo maligno, esos colores que tienen son demasiado llamativos para nada bueno.

Poco después Mark cogió una rama de un árbol y se lo acercó a una de las plantas que era de color rojo sangre. Nada más rozar la rama del árbol con la planta, ésta abrió sus hojas apareciendo ante ellos unos dientes increíbles. Era una planta carnívora, se alimentaba de carne. ¡Qué os decía!, dijo Mark. Esos colores no presagiaban nada bueno.

Siguieron andando, trataban de apartarse de las plantas que a medida que avanzaban se iban multiplicando por todas partes. Llegó un momento que había tantas plantas por el camino que los de la expedición tuvieron que ponerse en fila india para pasar a través de una fila de plantas, ese era el único y el mejor camino para avanzar, pero a medida que avanzaban, las plantas se iban juntando peligrosamente hasta que llegó un momento que el sendero desapareció a consecuencia de la gran cantidad de plantas que había en aquella zona. Me parece que tenemos que detenernos, dijo Mark. Esto se ha complicado, por aquí no hay quien pase. ¿Alguna sugerencia?, preguntó a sus compañeros. Podemos tirar unas cuantas bombas de mano para ver como responden las plantas, dijo Kin. 69

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No me parece mala idea, contestó Mark. Alguna otra sugerencia, volvió a preguntar mirando a todos los de la expedición.

Pero nadie contestó, después de unos minutos Mark dijo: Tiraremos las granadas de una en una cuando yo diga. Quiero ver como responden a la metralla.

Poco después, Pool se encargó de tirar la primera bomba a ras del suelo entre las plantas que les impedían avanzar. La explosión fue impresionante. Cuando todos se levantaron del suelo vieron que las primeras plantas estaban arrancadas de raíz y deshechas, habían abierto un pequeño sendero, pero más atrás había otras muchas que seguían replegadas cerrando el camino. Pool, tira la segunda, mandó Mark.

Instantes después, Pool sacó de su cinturón una de sus bombas e hizo lo mismo que su compañero, la envío a ras del suelo entre las primeras plantas que les impedían avanzar. De nuevo la explosión fue increíble. Cuando se levantaron del suelo vieron un montón de plantas deshechas y otras retorcidas y arrancadas del suelo. Esta vez la segunda bomba había abierto un camino más largo y ancho, pero muchas plantas seguían en el camino interrumpiendo el paso de la expedición.

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No conseguimos abrir camino, dijo Arthur. Creo que de aquí no podremos salir. Todo va bien, dijo Mark. Ahora les toca el turno a Tom y a Tulak. Preparad vuestras bombas, cuando os diga las tiráis al mismo tiempo. ¡Preparados, listos, ya!, sentenció Mark.

Poco después, se oyó una explosión terrible. Cuando se levantaron del suelo tuvieron que esperar durante un rato a que el humo de las bombas se disipase para poder ver con claridad lo que había pasado. Cuando llegó ese momento vieron con alegría que el camino estaba despejado. Muchas plantas estaban arrancadas de sus sitios y esparcidas a izquierda y derecha dejando un sendero lo bastante ancho por donde podían pasar sin miedo a que les atacasen. Ha sido increíble dijo Kirts, hubiese afirmado que este era nuestro fin. Sin embargo gracias a Dios seguimos adelante.

A medida que salían de aquel infierno donde abundaban las plantas carnívoras, Mark y sus hombres sabían que se habían librado de una muerte segura. Después de andar durante meses a través de aquellas tierras hicieron su entrada en la India. El clima cambió asombrosamente, hacía un calor fuera de lo normal, quien más lo acusaban eran Arthur y Kirts que eran humanos. Pero no por eso se quedaron atrás, sino que siguieron adelante como los demás miembros de la expedición. A 71

medida que avanzaban la tierra por la que pisaban se empezó a abrir, al principio en pequeños surcos y más adelante en agujeros que se fueron haciendo cada vez más grandes. Ya veis lo que le está pasando al terreno, dijo Mark, se están abriendo agujeros en el suelo y presiento que cada vez se irán haciendo más grandes. Antes de poner los pies en el suelo presionar un poco con la punta de vuestros pies para ver si el terreno es fiable. No obstante, creo que lo mejor que podemos hacer es que nos pongamos en fila india y que cada uno pise donde ha pisado el que tiene delante, nos costará mucho avanzar, pero es la única forma de seguir hacia delante con seguridad.

Así lo hicieron, Mark se puso el primero y fue el que iba abriendo camino a través de aquellas tierras malditas que se querían tragar todo lo que andaba por encima de ellas. Todos los de la expedición tenían buen cuidado de pisar donde pisaba el que tenía delante suyo, si no, podía ser el fin para cualquiera de ellos. Siguieron avanzando lentamente, pero continuaron adelante. Muchos días les costó salir de aquel terreno, pero un día Mark dijo a sus compañeros: Creo que hemos salido de ese maldito terreno. Fijaros bien, el terreno por el que hemos andado durante estas semanas era amarillento, el que tenemos ahora por delante es de color rojizo.

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Nadie en la expedición se había percatado de este detalle. Sin embargo Mark que se fijaba en todo, se dio cuenta enseguida que se había acabado la maldición. Momentos después todos andaban a sus anchas por todas partes, incluso saltaban de alegría. Habían sido unas semanas tortuosas para todos, pero al fin todo había acabado. Este terreno que acabamos de atravesar es un lugar que está maldito, dijo Mark.

Varios meses les costó llegar a la costa. Pero habían conseguido no perder a ningún hombremujer por el camino. Solo nos queda llegar a Australia y podremos regresar a casa. Lo tenemos ahí delante. Para llegar allí tenemos que construir un barco que nos lleve, dijo Mark a sus hombres.

Dos meses les costó construir un barco en condiciones para poder navegar hasta Australia. Tenía de todo: camarote para el capitán, camarote para los tripulantes, bodega y otro camarote para los víveres. Le pusieron de nombre de: “La Virgen del Mar”. Lo hemos conseguido, dijo Mark a sus hombres. Hemos construido un barco que nos llevará a Australia y espero que este mismo barco nos lleve a casa. ¡Pon rumbo a Australia!, gritó Mark con potente voz.

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El barco empezó a moverse poco a poco hasta que se hizo a la mar. La isla quedaba bastante lejos, tendrían unas cuantas jornadas para llegar hasta allí pero no tenían mucha prisa, se habían acostumbrado a esa forma de vida, llevaban cuatro años fuera de casa y que más daba unos cuantos más. Lo verdaderamente importante era regresar con los humanos. Pasaron los días, al quinto día de viaje el vigía gritó con voz potente: ¡Mark!, ¡Mark!, hay algo que va junto al barco, por estribor.

Mark se asomó con alguno de sus hombres por estribor y vieron una sombra increíblemente grande que acompañaba al barco. No se veía con nitidez que podía haber debajo de las aguas. Alguno señaló que se trataba de una ballena azul, el pez más grande que se conoce. Pero Arthur y Kirts dijeron que aquella sombra era mucho más grande que la ballena azul. Nada más oír estas palabras Mark se quedó preocupado. Si aquello que estaba junto al barco se le ocurriese atacarles podrían ir a pique en un abrir y cerrar de ojos. Parece que aquella extraña criatura estaba jugando con ellos, de momento se conformaba con ir junto al barco. Pasaron varios días y aquella sombra seguía pegada a “La Virgen del Mar” como si fuese parte del barco. Todos los hombres estaban alerta ante un ataque de aquello que se escondía bajo las aguas. De repente, se oyó:

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¡Ha desaparecido!, el monstruo que estaba junto al barco ha desaparecido. El grito provenía del vigía que estaba en lo alto del mástil.

Por un momento Mark y sus hombres habían dejado de pensar en lo que tenían debajo del barco. Fue el vigía que con su voz les volvió a la realidad. ¡Que ha desaparecido!, dijo Mark con voz incrédula.

Rápidamente se asomó por babor y poco después por estribor, pero no vio nada de aquella sombra gigantesca que les estuvo acompañando durante tanto tiempo. Entonces Arthur se acercó a donde estaba Mark y le dijo: Se ve que “La Virgen del Mar” nos protege. La gente del mar tiene gran devoción a La Virgen, dijo Mark, si no fuese por Ella, cuantos habrían muerto a causa del mar. Sobre la sombra que hemos tenido todos estos días debajo del barco, dijo Arthur, le quería decir que a ciencia cierta no hay quien pueda saber que se esconde en las profundidades marinas. Nosotros solo conocemos lo que se mueve por arriba, a unos cientos de metros, pero hay sitios tan profundos a los que el hombre aún no ha podido llegar, donde no hay nada de luz, donde todo es oscuridad. En esas profundidades puede haber animales tan enormes y feroces que nos 75

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quedaríamos impresionados. Hace unos años, antes de la gran guerra, en alguna de nuestras playas aparecieron muertos extraños peces del mar o como se les quiera llamar, que nunca se habían visto antes. Algunos científicos decían que eran calamares gigantes, otros sin embargo, no se atrevían a dar un nombre a lo que habían visto, pero se habían quedado impresionados de la longitud de aquellos animales. Mark escuchaba con atención a Arthur. Cuando se quedó solo estuvo pensando en todo lo que le había oído contar al humano. Poco a poco se iban acercando a la isla, una isla increíblemente grande: “Australia”, cada vez la veían más cerca, pero aún les quedaban unas cuantas jornadas para llegar a tierra. Un día que estaban todos atareados limpiando la cubierta del barco se dieron cuenta que ese mismo día pondrían sus pies en la tierra de Australia. Antes del anochecer llegaron a la isla. Echa el ancla, mandó Mark. Sue y Kin se quedarán en el barco con Arthur y Kirts, no quiero que les pase nada, tampoco quiero que le pase nada al barco. Con “La Virgen del Mar” volveremos a casa. Los demás, coged las armas y exploremos esta isla, haber si encontramos a más humanos que podamos llevarnos a casa.

Poco después, Pool, Tom, Tulak con Mark a la cabeza se adentraron en la isla. Había vegetación por todas partes, pero la luna se dejaba ver entre los árboles, no había tantos árboles ni tanta vegetación 76

como en las otras selvas que habían atravesado anteriormente. Seguiremos andando durante toda la noche, dijo Mark. Si hay enemigos a la vista no nos atacarán en la oscuridad, esperarán a que amanezca para vernos mejor y saber a que se enfrentan.

Antes del amanecer salieron a un descampado, todo lo que veían y pisaban eran rocas, era una zona rocosa. Nada más poner Mark los pies sobre la primera roca se dio cuenta que estaba caliente. Dejad las armas aquí, no podemos atravesar este terrero con ellas, podemos perder más fácil el equilibrio. Andar con cuidado, hemos entrado en una zona volcánica, mirad bien donde ponéis los pies, no vaya a ser que caigamos en algún agujero donde haya lava.

Fueron saltando de roca en roca con mucho cuidado para no perder el equilibrio. Tulak tuvo la mala suerte de pisar una roca ardiendo y uno de sus pies empezó a arder, enseguida se paró sobre otra roca menos caliente y allí aprovechó para apagar el fuego. Siguieron el camino durante varias horas hasta que volvieron a entrar en otra zona de tierra y arbolado. De repente notaron un olor fuerte y extraño que no sabían de donde procedía. Tener cuidado, dijo Mark, este olor no me gusta nada. 77

Poco después llegaron a un descampado donde había un gran fuego. Encima había un pez enorme insertado en un palo muy largo a varios metros del fuego y sujeto por otros palos clavados en el suelo. Mark y sus compañeros se quedaron extrañados al ver aquella escena. El pez era gigante, era un tiburón de varios metros de longitud. Se acercaron para verlo más de cerca, pero escucharon un gruñido terrible a sus espaldas. Se dieron la vuelta y se quedaron espantados. Delante de ellos tenían a un “cíclope”, un gigante con un solo ojo en la cara. Tenía unos ocho metros de altura y pesaba más de mil kilos. Yo pensaba, dijo Pool, que los cíclopes eran una leyenda. Pues ya ves que no, dijo Tulak. Ahí lo tienes.

Mark, Pool, Tom y Tulak intentaron escaparse del cíclope pero éste les cerraba el paso. No queremos luchar, gritó Mark al cíclope. Pero el cíclope les respondió con un gruñido. Creo que ha visto en nosotros, dijo Tom, unos sabrosos bocados. Coger unos palos del fuego y separaros, dijo Mark. Tom y Tulak ir hacia la izquierda y Pool y yo iremos hacia la derecha. 78

Nada más hacer eso, el cíclope se encontró con un dilema, no sabía a quien perseguir. Si iba hacia la izquierda se le escapaban los de la derecha y si iba hacia la derecha se le escapaban los de la izquierda. Así que decidió ir hacia la derecha donde estaban Tom y Tulak. Mientras tanto Mark y Pool se pusieron detrás del cíclope y desde allí le atacaron con sus antorchas. El cíclope que se veía atacado con fuego por detrás y por delante iba de un lado hacia otro tratando de no dar la espalda a ninguno de los hombrecillos para que no le quemasen. Sin embargo, tanto Tom y Tulak como Mark y Pool le seguían atacando sin darle tregua para que les dejase ir. De repente el cíclope salió corriendo hacia los árboles y poco después desapareció detrás de ellos. Creo que no volverá dijo Tulak con una sonrisa en los labios, ¡se ha asustado!

Nada más decir eso el cíclope apareció de nuevo a través de los árboles, pero esta vez llevaba un garrote de piedra entre sus manos. Separaros, dijo Mark, así le será más difícil atacarnos.

El cíclope empezó a dar golpes a un sitio y a otro con su porra de piedra, cada vez que lanzaba un golpe el viento silbaba a su alrededor. Mark, Pool, Tom y Tulak trataban de esconderse detrás de los árboles pero al cíclope le daba igual, lanzaba golpes 79

contra los árboles, alguno de ellos cayó al suelo a consecuencia del terrible golpe. Mark dijo a sus hombres: Salgamos de aquí, rápido. Ahora que podemos escapar, es nuestra oportunidad. Empezaron a correr a través de la selva pero el cíclope no estaba dispuesto a dejarles escapar y se lanzó detrás de ellos con el garrote en la mano.

Al cíclope le costaba correr entre los árboles dado su tamaño. Sin embargo a Mark, Pool, Tom y Tulak les beneficiaba la presencia de los árboles para meterse entre ellos y para no ser vistos por el cíclope, de esta forma avanzaban más rápido que él. Durante una hora les persiguió el cíclope hasta que dejaron de oír sus pasos. Escuchad, no metáis ruido, creo que ya no nos sigue, dijo Pool. No se oye retumbar el bosque. Yo no estaría tan seguro, dijo Tulak. Alguna vez leí que estos gigantes no dejan escapar a sus presas tan fácilmente. Pero si éstos gigantes nunca habían existido, contestó Tom. Pues ya ves que si existen, por lo menos ahora, contestó Mark.

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Siguieron andando tratando de meter el menor ruido posible pero al mismo tiempo con el 80

oído muy atento a cualquier ruido extraño. No estuvieron andando durante mucho tiempo. El cíclope volvió a aparecer detrás de ellos. Mark, gritó: ¡Tulak!, ¡cuidado!, detrás de ti.

Tulak rápidamente se echó a un lado y en ese momento cayó el garrote de piedra justo donde estaba él instantes antes. Mark, Pool, Tom y Tulak se escondieron detrás de los árboles para que el gigante no les golpease con su porra. Los árboles recibían el impacto de la porra del gigante en su tronco. Algunos caían completamente destrozados, otros sin embargo, se quedaban de pie con unos destrozos increíbles. ¡Corred!, ¡corred!, dijo Mark. Es nuestra única esperanza.

Salieron corriendo a través de los árboles para que el gigante no les viese, pasaron los minutos y el gigante otra vez había dejado de seguirles. Creo que el gigante, dijo Mark, está jugando con nosotros. El conoce bien el terreno por donde nos movemos; nosotros sin embargo no sabemos a ciencia cierta hacia donde vamos, hasta ahora no hemos hecho más que correr a ciegas. Tenemos que ir en esa dirección y señaló hacia un lado con la mano.

Poco después los cuatro echaron a correr en la dirección que había indicado Mark. Una hora más 81

tarde llegaron a un acantilado. Se asomaron al precipicio y había una caída increíblemente grande. Por aquí no podemos pasar, dijo Pool. Vayamos hacia el norte haber si hay algún modo de pasar hacia el otro lado, contestó Mark.

Poco después siguieron hacia el norte en busca de un paso para poder escapar del gigante. El cíclope no volvió a aparecer, parecía que por fin le habían perdido de vista, aunque después de la última vez aún estaban intranquilos. Pasaron las horas y el acantilado seguía igual, era totalmente inaccesible. De repente oyeron unos ruidos extraños detrás de ellos. Tratar de no meter ruido, les dijo Mark a sus compañeros.

Siguieron andando, pero a partir de ese momento con más cautela, miraban al suelo para no pisar ramas o palos que les delatase. De repente Pool dijo: ¡Un puente!

Todos miraron hacia donde señalaba Pool. Allí estaba, un puente echo con maderas y cuerdas. Mientras miraban hacia el puente apareció inesperadamente el cíclope con la porra en alto. ¡Echaros hacia un lado!, dijo Mark chillando. 82

En ese momento caía desde lo alto la porra del cíclope justo donde segundos antes estaban Mark con sus compañeros. Todos rodaron hacia los árboles para protegerse de los golpes del gigante. Demos un rodeo, dijo Mark a sus compañeros.

Poco después, Mark, Pool, Tom y Tulak se escondieron detrás de algunos árboles esperando a que el cíclope fuese detrás de ellos. Pero el cíclope sabía que si les seguía dejaba libre el camino hacia el puente y se podían escapar, por eso se quedó en medio del sendero esperándoles. Se empezó a hacer de noche, el gigante dejó el sendero y se fue directamente hacia la entrada del puente, al llegar allí se sentó en el suelo con la porra a su lado tapando la entrada del puente. Habéis visto, dijo Mark, este gigante es bastante listo, como ve que se ha hecho de noche y podemos engañarle entre las sombras, ha taponado la entrada del puente con su cuerpo, nos ha tapado la única salida de escape. ¿Qué podemos hacer ahora?, dijo Tulak. Esperaremos a que se duerma y entonces le atacaremos dijo Mark. Cortar unas varas de los árboles y afilar uno de sus extremos.

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Pool, Tom y Tulak empezaron a cortar ramas de los árboles gruesas y largas, una vez cortadas afilaron con los cuchillos uno de sus extremos. Esperaremos a que se quede dormido, entonces le atacaremos en su lado más débil el “ojo”. Si conseguimos dejarle ciego no podrá vernos y podremos pasar el puente, dijo Mark.

Pasaron las horas pero el gigante no parecía que se durmiese, Mark, Pool, Tom y Tulak vigilaban todos sus movimientos desde la espesura del bosque. Parece que no se va a dormir nunca, dijo Tom. ¿Seguro que los cíclopes duermen?, hizo esta pregunta dejándola en el aire para que alguien la respondiese. Todos dormimos, unos tardan más que otros en darles el sueño o duermen menos horas, pero en algún momento necesitan dormir, dijo Tulak.

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Siguieron pasando las horas, el gigante no daba muestras de querer dormir. Su único ojo estaba muy abierto y miraba hacia el bosque esperando cualquier ataque por parte de los hombrecillos. De repente cuando estaba empezando a amanecer, Tom dijo: Compañeros, creo que se le ha cerrado el ojo.

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Mark, Pool y Tulak se quedaron mirando al gigante, pero no vieron nada extraño en su cara que les dijese que se estaba durmiendo. De repente el gigante cerró su único ojo. No estará fingiendo para que nos acerquemos y nos machaque, dijo Tulak. Yo no me fío de ese gigantón. Yo creo que no, dijo Mark. Le ha llegado la hora y se ha quedado dormido. Vosotros quedaros aquí, yo me acercaré para ver si está dormido verdaderamente.

-

Poco después, Mark se fue acercando poco a poco tratando de no meter ruido para que el gigante no se despertase, llevaba en la mano una de las lanzas que habían hecho. Cuando llegó a unos metros del gigante se paró. El gigante estaba roncando, Mark cogió su lanza se acercó al gigante y de un golpe certero se la metió en el ojo. El gigante al notar que algo le entraba en el ojo se levantó del suelo gritando horriblemente, cogió la lanza que tenía metida en el ojo se la sacó y la tiró lejos. El gigante gritaba y gritaba con sus manos en el ojo, el ruido se oía en toda la selva. Mark con sus hombres estaban al acecho para intentar pasar por el puente, pero el gigante aunque no hacía más que lamentarse no se movía de la entrada del puente. Tom, Pool y Tulak salieron de su escondite entre los árboles y se aproximaron a su amigo para ayudarle: 85

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No nos deja pasar, dijo Pool. Sigue taponando la entrada.

- Esperaremos un poco hasta que se quite de la entrada, dijo Mark. Pasó el tiempo, el gigante seguía sin moverse de su sitio y había conseguido encontrar su garrote. Ahora era mucho más peligroso, estaba rabioso y lanzaba golpes hacia todos los sitios. Creo que tendremos que atacarle todos a la vez para hacerle salir de la entrada, dijo Mark, ésta es nuestra única esperanza para pasar el puente.

Poco después, Mark, Pool, Tom y Tulak se acercaron al gigante con las lanzas preparadas. Cuando os de la señal, atacaremos todos a la vez, dijo Mark, pero tener cuidado con el garrote. ¡Ahora!, gritó Mark.

Los cuatro se abalanzaron sobre el gigante y empezaron a pincharle con las lanzas. El gigante que se vio atacado empezó a golpear con su garrote: primero al frente y seguido hacia la izquierda y hacia la derecha, pero como no veía le era difícil acertar con el garrote. Un rato después habían conseguido sacar al gigante de la entrada del puente. Mark hizo unas señas a sus compañeros con la mano derecha para que entrasen en el puente. Segundos después, 86

los cuatro habían empezado a pasar el puente. Cuando habían conseguido llegar a la mitad el gigante se dio cuenta de que los hombrecillos habían comenzado a pasar el puente. El cíclope se acercó al puente y lo empezó a golpear con su porra, quería romperlo para despeñar a los hombrecillos. Agarraros a las tablas dijo Mark, el gigante nos quiere despeñar, como consiga romper el puente caeremos hacia el otro lado. Cogeros con fuerza a las tablas para no caer al precipicio.

No tardó mucho tiempo el gigante en romper el puente. Poco después caía hacia la pared contraria a donde estaba el gigante, Mark, Pool, Tom y Tulak se dieron un buen golpe contra la pared de roca, pero estaban bien agarrados a las tablas del puente y poco después empezaron a subir hacia la cima. No tardaron mucho en llegar arriba. Lo hemos conseguido, dijo Tulak. Ese gigante nos ha dado mucho quehacer, pero le hemos dejado un buen recuerdo, estará ciego para siempre.

Más tarde: Mark, Pool, Tom y Tulak siguieron caminando hacia el otro extremo de la isla. Varios días les costó llegar hasta allí. Cuando por fin alcanzaron su objetivo se encontraron con “La Virgen del Mar”, llevaba varios días fondeada en aquellas aguas esperándoles. Salieron a recibirles Arthur y Kirts.

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Nos teníais preocupados, tardabais mucho en volver y supusimos que os habíais encontrado con algún problema. Decidimos venir hasta aquí por si necesitabais ayuda ¿qué os ha pasado?, preguntó Arthur. Hemos tenido trabajo, contestó Pool, nos hemos encontrado con un cíclope. ¡Con un cíclope!, repitió Kirts. Si los cíclopes no existen. Pues a partir de ahora, podéis decir que si existen, dijo Tom. Hemos tenido que luchar contra él y nos hemos salvado de milagro.

-

Poco después les contaron a los que se habían quedado en el barco la lucha que habían tenido contra el gigante. Y ahora compañeros, dijo Mark, nos vamos para casa. Kin, pon el barco en dirección a América.

Les quedaba una larga travesía para llegar a casa, pero estaban contentos de que por fin habían puesto rumbo a su país. En primer lugar se dirigían hacia las costas de Sudáfrica. Continuarían su viaje hasta Chile y de allí seguirían hacia Estados Unidos. Una semana después seguían navegando con las velas al viento. Todo les era favorable: el viento, el tiempo y el mar. Hacia tiempo que los hombres no gozaban de un tiempo tan tranquilo y lo estaban aprovechando. Mark les había dejado que se 88

relajasen y todo el grupo estaba sentado o tumbado. El barco iba a una buena velocidad empujado por el viento y por la calma del mar. Llegando a las costas de Sudáfrica el vigía del palo mayor gritó: Tenemos compañero a estribor.

Mark junto a Tulak y Pool se asomaron por estribor y vieron una sombra asombrosamente grande cerca del barco, no podían decir a ciencia cierta que es lo que había allí debajo de las aguas, pero sabían que aquella sombra no podía presagiar nada bueno. Yo creo que es la misma sombra que nos siguió cuando íbamos hacia Australia, dijo Pool. Si no es la misma, es parecida, dijo Tulak. Prepararos todos, dijo Mark, presiento que tarde o temprano tendremos que enfrentarnos a lo que hay ahí abajo y no nos va a ser nada fácil acabar con esa criatura.

Sue, Tom, Kin, Arthur y Kirts también se asomaron por estribor para ver aquello que estaba escondido bajo las aguas, pero igual que todos los demás solo vieron una sombra descomunalmente grande. Pasaron las horas y todo seguía en calma. La mancha debajo del agua seguía allí cerca del barco sin dejar ver lo que escondía bajo sus aguas. Mark había distribuido a sus hombres a lo largo del barco: de estribor a babor para que lo que se escondía allí 89

debajo no les cogiese por sorpresa. Una de las noches, una cabeza descomunal salió del agua y se alzó por encima del barco. El vigía que estaba en el palo mayor haciendo guardia, gritó: ¡El monstruo ha salido del agua!, ¡el monstruo ha salido del agua!...

Aunque todos estaban en sus puestos no se habían percatado de que el monstruo había salido del agua y estaba por encima de ellos. ¡Dios mío!, ¿qué impresionado. es eso?, dijo Mark

Varios metros por encima del barco apareció una cabeza descomunalmente grande, tenía una boca enorme llena de dientes que parecían espadas y se movía de un sitio para otro intentado coger a alguien para comérselo. Tulak y Pool cada vez que el monstruo se acercaba a ellos se defendían con sus espadas, le habían dado varias veces pero parecía que no se enteraba de los sablazos que recibía. Arthur y Kirts se habían refugiado en los camarotes del barco por orden de Mark, no quería que les pasase nada. Kin, Tom y Sue disparaban sus armas pero las balas rebotaban en la piel del bicho. Se pasaron toda la noche luchando contra el monstruo, gracias a que no eran humanos resistieron los ataques constantes de la bestia. De repente desapareció debajo del agua y Mark, Tulak, Pool, Sue, Kin y Tom se relajaron un poco.

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Nunca había visto nada igual, dijo Mark. Tiene forma de serpiente gigantesca. Tenemos que pensar que armas podemos fabricar para luchar contra este monstruo. En la bodega tenemos maderas para fabricar lanzas, dijo Pool. Si conseguimos herir al monstruo en alguno de sus ojos igual nos deja en paz y desaparece. Me parece bien lo de fabricar lanzas, dijo Mark, pero como muy bien has dicho, el único sitio donde podemos hacerle daño es en los ojos, en cualquier otra parte del cuerpo nuestras lanzas no sirven para nada, está protegida por unas escamas que parecen de hierro.

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Poco después, mientras Tulak y Pool hacían guardia por si volvía a aparecer el monstruo, los demás se pusieron a preparar lanzas para luchar contra la serpiente. Varias horas más tarde tenían preparadas las lanzas en cubierta, eran en total veinticuatro. Las había de varios tamaños: de 3 metros, de 2,5 metros y de 2 metros, todas ellas terminaban en punta. Estaban repartidas por toda la cubierta por si las necesitaban en cualquier lugar del barco. Salió el sol por el horizonte, sus rayos lo inundaban todo dando claridad al nuevo día. El monstruo no había vuelto a dar señales de vida, tampoco habían vuelto a ver su sombra bajo el mar, parecía que había desaparecido definitivamente...

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No os relajéis mucho, dijo Mark. Que el monstruo no de señales de vida no quiere decir que se haya ido. He leído en algún libro que las fieras primero tantean a su presa para ver como se defiende, después hace que se van durante un tiempo para que se confíe y se relaje, y cuando menos lo espera ataca mortalmente a la presa dándole muerte.

Las palabras de Mark despertaron a sus compañeros que se habían relajado un poco. Todos tomaron conciencia de que en algún lugar cercano estaba el monstruo esperando para atacarles de nuevo. Pasaron varios días y todo seguía en calma. El mar parecía una balsa, tenía una quietud que no era normal, no se veía ningún pez cerca del barco. Los hombres se veían nerviosos porque sabían que tarde o temprano el monstruo saldría del mar para atacarles de nuevo. Un día que los hombres estaban relajados hablando en cubierta, apareció de nuevo la serpiente por encima del barco sigilosamente y empezó dando dentelladas a un sitio y a otro. Los hombres corrían por la cubierta del barco protegiéndose de sus mordiscos, cada hombre tenía en sus manos una lanza y con ella trataba de defenderse del monstruo, pero no le hacían nada, la serpiente tenía una piel increíblemente dura. Mark que estaba en babor se había librado varias veces de los ataques del monstruo. Pool, Tulak, Kin y Tom también trataban de defenderse de la serpiente, pero algunas veces caían al suelo por las acometidas del monstruo. La pelea fue encarnizada. La serpiente como veía que no se hacía con ninguna presa se echó 92

sobre el barco y empezó a ir de estribor a babor. De repente pilló a Sue desprevenida, ésta intentó clavarle la lanza pero ésta rebotó sobre su cabeza y Sue acabó en la boca de la serpiente, ésta al ver que había conseguido cazar a uno se echó al agua con su presa entre los dientes. Segundos después había desaparecido bajo las aguas tranquilas del mar. Ha cogido a Sue, dijo Mark. Si no nos protegemos unos a otros ninguno saldrá con vida de este barco. Sue ha muerto porque no había nadie cerca de ella protegiéndole la espalda. Tenemos que protegernos unos a otros, de esta forma al monstruo no le será tan fácil acabar con nosotros; seguro que durante la pelea a alguno de nosotros se le presentará la oportunidad de herirle gravemente.

Pasó el tiempo, el monstruo parecía que jugaba con ellos al ratón y al gato, quería ponerles nerviosos y lo estaba consiguiendo, aunque eran androides habían adquirido tanta ciencia y estaban tan bien hechos que cualquier cosa les llamaba la atención, se diferenciaban de los humanos porque no tenían un corazón de carne. Esta vez la serpiente no atacó al amanecer, sino cuando empezaba a ocultarse el sol por el horizonte. Todos estaban esperando y no les llamó mucho la atención que la serpiente volviese a atacar, se echó sobre el barco y empezó a atacar a la tripulación. Mark, Pool, Kin, Tom y Tulak hicieron un círculo sobre ellos mismos protegiéndose las espaldas y empezaron a atacar a la

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serpiente, pero los ataques de nada les servia. Mark, viendo como atacaban, dijo: Atacar a los ojos, sólo a los ojos.

Kin se aproximó a ella e intentó meterle la lanza en uno de sus ojos pero falló en su intento y la lanza rebotó sobre su cabeza, lo mismo hicieron sus compañeros, las lanzas rebotaban una y otra vez sobre la cabeza del monstruo. Mark esperó a que la serpiente atacase de nuevo y cuando se acercó a él para engullirlo le metió la lanza en la boca en el momento en que la iba a cerrar sobre él. El animal al darse cuenta que no podía cerrar la boca porque se le había atascado la lanza dentro intentó romperla cerrando la boca, pero lo único que consiguió fue que la lanza le atravesase la parte de arriba de su boca. La serpiente se puso como loca al no poder quitarse la lanza, movía la cabeza de un lado para otro frenéticamente. Kin que vio su oportunidad le tiró su lanza a uno de sus ojos y acertó. La lanza le atravesó un ojo quedándole incrustada en la cabeza. La serpiente lanzaba unos chillidos estremecedores, poco después desapareció bajo las aguas. No creo que vuelva a atacarnos, dijo Mark. Si consigue vivir no volverá a atacar a otro barco.

“La Virgen del Mar” siguió navegando durante semanas, la serpiente después de la última escaramuza no volvió a dar señales de vida. Sólo volvían a casa cinco hombres de los veintiuno que salieron de Estados Unidos hacía diez largos años: 94

Mark, Kin, Pool, Tom y Tulak, habían conseguido encontrar a tres humanos, a dos de ellos les llevaban en el barco: Arthur y Kirts. El barco pronto llegaría a las costas de Chile, desde lejos ya las divisaba el vigía. Habían hecho un gran recorrido y aún les quedaba otra parte importante por recorrer. Pasaron varios días y llegaron a las costas de Chile, las aguas por aquellas latitudes era más claras, pero el mar se había embravecido y a “La Virgen del Mar” le costaba avanzar como lo había hecho hasta ese momento. ¡Todos a sus puestos!, dijo Mark. El viento está cambiando y el mar se está embraveciendo.

Poco después todos estaban en sus puestos para luchar contra el mar. Las olas iban creciendo y el barco bajaba y subía constantemente al vaivén de las olas. Ahora era el mar el que atacaba a la embarcación, las olas iban creciendo y rompían contra el casco del barco con la fuerza de un gigante. Pasaron varios días luchando contra el mar hasta que una mañana vino la calma y el mar se quedó como muerto, apenas se movía el agua. Por fin, ya tenía ganas de terminar esta lucha, dijo Pool. Cuando no nos ataca un monstruo nos ataca el mar. Tengo ganas de pisar tierra, llegar a América y no tener más sobresaltos.

Los demás compañeros se echaron a reír, aunque sabían que tenía razón. Se habían pasado diez largos años luchando contra todo tipo de bichos 95

y en muy pocos momentos habían tenido unos días de tranquilidad. De repente se oyó la voz del vigía desde lo alto del mástil. Nos acompañan peces manta. Hay muchos.

Mark y los demás se asomaron por la borda y vieron un montón de peces manta que iban acompañando al barco. Por este lado también hay muchos, gritó Tulak.

Mark fue al otro lado del barco y también vio que había muchos peces manta por aquel lado, estaban completamente rodeados por estos peces. No me gusta nada esto, dijo Mark, estar alerta. ¿Qué mal nos pueden hacer?, dijo Kin. Ellos están ahí abajo y nosotros aquí arriba.

Poco después el barco recibió una sacudida, fue como si algo enorme le golpease por un lado. Algunos de los hombres debido al impacto cayeron al suelo, pero enseguida se levantaron. Esos peces manta han traído con ellos algo que está golpeando al barco. Creo que esos peces están esperando a que caigamos al mar para abalanzarse sobre nosotros, dijo Mark.

Nada más decir esto, el barco recibió otra tremenda sacudida, de nuevo varios hombres 96

cayeron al suelo debido al golpe. Mark se asomó por la borda para intentar ver que es lo que golpeaba al barco, pero no vio nada, ni por babor ni por estribor. El animal tenía que estar justo por debajo del barco. No se cuanto tiempo aguantaremos estas sacudidas, dijo Mark, pero si tenemos que morir, moriremos luchando.

La tripulación levantó las armas al cielo con un grito. El barco siguió navegando, poco después, recibió otro terrible golpe que hizo que el barco se estremeciese de estribor a babor de proa a popa. ¡Ahí sale!, dijo el vigía. ¡Ahí sale!

Todos se asomaron por la borda para ver a que se tenían que enfrentar. Poco después todos los hombres se santiguaban. Nunca habían visto nada igual, ni siquiera parecido. Era un pez manta enorme, dos veces más grande que el barco. Ahora se había puesto por delante del barco y desde el barco se veía la gran corpulencia que tenía. Con solo ver al animal daba miedo, desplegaba unas halas terriblemente grandes, había momentos que parecía que volaba por encima de las olas. De repente se volvió a sumergir en las profundas aguas y el mar se quedó tranquilo hasta que el barco recibió otro golpetazo que hizo que se estremeciese todo el barco crujiendo como si se quisiera romper en mil pedazos.

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¡Traed las lanzas!, dijo Mark. Cada uno que coja un par de ellas, esperemos que tengamos la misma suerte que tuvimos con la serpiente.

Mark, Kin, Tom, Tulak y Pool se colocaron en los sitios más estratégicos del barco con las lanzas preparadas para atacar a la “criatura” en cuanto apareciese. Cientos de peces mantas estaban alrededor del barco como si se tratase de un espectáculo. Otro nuevo golpe se sintió en el barco, éste se movió como una cáscara de nuez en medio del agua. Mark estaba en la parte delantera del barco con sus lanzas preparadas, Kin en la parte trasera, Tom en la parte media del barco y Tulak y Pool en la otra parte, Arthur y Kirts estaban en el camarote. Tenían orden de Mark de cuando empezase la lucha se encerrasen en el camarote hasta que el peligro hubiese pasado. Otro golpe hizo estremecer el barco. De repente volvió a salir el pez manta de debajo del barco, los hombres prepararon sus lanzas, no podían deshacerse de ellas si no estaban seguros de hacer un blanco seguro, sólo les quedaban dos lanzas a cada uno para defender su vida y la de los demás. De repente el pez manta se levantó del mar como volando entre el mar y el cielo y poniéndose a la altura del barco. Mark vio la posibilidad de lanzar una de sus lanzas contra la criatura y así lo hizo. La lanza salió con fuerza del brazo de Mark y se incrustó en el cuerpo de la criatura. Se oyó un grito inhumano, eso revelaba a la tripulación que le habían hecho daño. El pez manta volvió a sumergirse en las aguas pero esta vez con una lanza clavada en su gran cuerpo. 98

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Buen tiro, le dijo Kin a Mark.

Todos seguían en sus puestos esperando a que la criatura volviese a aparecer, no se hizo esperar. El barco crujió horriblemente debido al nuevo impacto que el animal le había dado, esta vez todos cayeron al suelo. Segundos después todos estaban otra vez en sus puestos preparados para lo peor. De repente el animal salió desde dentro del mar volando por encima del barco. Pool y Kin que estaban atentos lanzaron sus lanzas sobre el cuerpo del animal, este al notar que algo se le clavaba en el cuerpo volvió a chillar estrepitosamente cayendo de nuevo al mar pero esta vez con tres lanzas clavadas en su cuerpo. El mar empezó a cambiar de color, la criatura perdía sangre. Los cientos de peces mantas que había alrededor del barco al oler la sangre de la criatura se abalanzaron sobre ella y en poco tiempo acabaron con su vida. Avisa a Arthur y a Kirts; diles que ya pueden subir a bordo, el peligro ha pasado gracias a Dios, le dijo Mark a Pool.

Un tiempo después Arthur y Kirts subían a cubierta, se asomaron por la borda y vieron algo increíble, cientos de peces mantas se comían a una criatura enorme. Mark, Mark, chilló Tom desde los camarotes. En el barco hay una fuga de agua. La criatura ha abierto un agujero en el casco. 99

Mark bajó rápidamente a las bodegas y vio que el barco poco a poco se estaba llenando de agua. ¡Rápido!, dijo Mark, que todos los hombres se pongan a achicar agua, tenemos que aguantar. Pool dirige el barco hacia tierra, tenemos que salvar el barco antes de que nos vayamos al fondo del mar.

Los tripulantes hicieron una cadena desde la bodega hasta la cubierta, los hombres se iban pasando unos barreños con agua y desde arriba la tiraban al mar. Estuvieron así hasta que llegaron a tierra. Al llegar allí comprobaron que el barco tenía importantes daños en su casco, fue un milagro como “La Virgen del Mar” había aguantado aquellos terribles golpes que la criatura le había dado una y otra vez. Una semana les costó dejar el barco en condiciones para seguir navegando. Un día que el mar estaba en calma se volvieron a hacer a la mar con “La Virgen del Mar”. Poco después estaba navegando en las aguas profundas del mar camino de Estados Unidos. Pasaron las semanas, todo seguía tranquilo, se iban acercando poco a poco a su destino. Seis meses mas tarde, “La Virgen del Mar” llegaba a Estados Unidos tras una larga travesía. Nada más desembarcar; Mark, Kin, Pool, Tom, Mulak, Arthur y Kirts se dirigieron hacia donde tenía Richard el campamento. Al llegar allí se encontraron con unos muros que protegían el 100

campamento, al llegar junto a la puerta les dieron el alto desde lo alto de los muros. ¿Quién va? Soy Mark, acabamos de llegar de la expedición que salió hace muchos años de aquí, ¡Avisad a Richard!

Poco después se abrían las puertas de la ciudad amurallada. Richard salió corriendo y se abrazó a Mark, Kin, Pool, Tom y Mulak, después se quedó mirando a Arthur y a Kirts y preguntó: ¡Los habéis encontrado! Sí, contestó Mark. También encontramos a una anciana en una cueva, pero no quiso salir de allí, dijo que le quedaba poco tiempo de vida y que prefería quedarse en aquel lugar hasta que le llegase su hora.

Mark, le presentó a Richard a Arthur y a Kirts, los tres se dieron las manos. Media hora más tarde, estaban sentados en un gran salón hablando. Cuéntame Mark, querido amigo. ¿Qué tal la expedición?

Mark empezó a contar todo lo que les había pasado desde que salieron de allí. La lucha contra las arañas, los pájaros, las serpientes, el monstruo enorme que parecía un gusano, los peces espina, las 101

hormigas, la serpiente del mar y el monstruoso pez manta. Richard escuchaba con atención todo lo que le contaba su amigo. Tres horas pasaron hasta que Mark dijo: y por fin llegamos a casa. Me imaginaba que me ibas a contar cosas parecidas, dijo Richard. Aquí ha pasado algo parecido; un buen día empezaron a aparecer ratas enormes, ratas tan grandes como perros. Tuvimos que protegernos de ellas. Cuantas más ratas matábamos, aparecían más y más. Tuvimos que levantar ese gran muro que habéis visto al llegar aquí para protegernos de ellas. Por cierto, tener cuidado con el muro, está electrificado, al que lo toca muere electrocutado, la descarga que pega es abrasadora. Aquí las cosas no han cambiado mucho, prácticamente todo sigue igual, excepto las ratas que aparecieron unos años después de haber salido vosotros de aquí. O sea que hemos perdido dieciséis entre hombres y mujeres, gracias a Dios que habéis regresado al menos vosotros con vida. Han pasado casi once años, ha sido mucho tiempo, pensaba que en un par de años volveríais, no me hacía a la idea de que ibais a tener tantos problemas. Cuando pasaban los años y no volvíais caí en la cuenta que a vosotros os estaba pasando lo mismo que a nosotros. El mundo estaba plagado de grandes animales y teníais que luchar contra ellos. Hubo un momento que perdí toda esperanza de que volvieseis.

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¿Cuáles son las órdenes ahora que estamos aquí?, preguntó Mark. Os uniréis a los demás hombres y mujeres y protegeréis la ciudad. Los humanos pueden venir conmigo.

Poco después; Arthur y Kirts siguieron a Richard hasta un despacho en el tercer piso de un edificio amueblado confortablemente. ¡Sentaros!, dijo Richard. Como ya sabéis somos los únicos humanos que estamos en el mundo. Llevo años experimentando con plantas, intento encontrar un alimento que retrase nuestra vejez a base de una comida rica en vitaminas y proteínas. Podíamos llegar a vivir muchos más años, que nuestro organismo note muy poco el paso del tiempo. En una palabra, podemos llegar a los doscientos años teniendo un cuerpo joven. Llevo años experimentando en mi propio cuerpo y he notado algunos efectos beneficiosos de las plantas. Quiero que vosotros dos también me ayudéis en este trabajo. ¡Quién sabe si un día podemos llegar a los quinientos años!

Arthur y Kirts se sonrieron al oír las palabras del profesor Richard. De repente se oyó la sirena de la ciudad. Nos atacan las ratas, dijo Richard. Cada vez que oigáis esa sirena quiere decir que somos atacados por esos monstruos. 103

Poco después todo el perímetro de la ciudad estaba lleno de hombres y mujeres androides armados hasta los dientes dispuestos a defender la ciudad hasta sus últimas consecuencias. Arthur y Kirts también se asomaron por encima del muro, lo que vieron les dejó helados. Había cientos de ratas enormes, corrían de un lado para otro intentando entrar en la ciudad. Cada vez que una tocaba el muro se quedaba pegada a el, poco después caía totalmente tiesa y medio carbonizada. En lo alto del muro todos los hombres esperaban una orden para abrir fuego sobre sus enemigos: “las ratas”. Poco después se oyó: ¡Fuego!.

Desde lo alto del muro salían las ráfagas de las armas. Minutos después iban cayendo ratas y más ratas muertas sobre el pavimento. Poco después se oyó: ¡Alto el fuego!

Las ratas que aún quedaban con vida habían desaparecido entre las sombras de la noche. Han caído muchísimas, dijo Kirts. Pero hay muchísimas más, nunca se terminan, dijo Richard. Mientras no pasen el muro no tenemos nada que temer. Si algún día encuentran el modo de atravesarlo, mis hombres 104

están preparados para luchar contra esos animales, no conocen el miedo y son fuertes. Cuado llegó el amanecer, salió un destacamento de la ciudad y roció todas las ratas muertas con un líquido que había inventado el profesor. Momentos después, ese líquido se iba comiendo las ratas hasta que no quedaba ni rastro de ellas. Todos los días hacían lo mismo. Por la noche mataban un montón de ratas y en cuanto amanecía, salía un destacamento de androides de la ciudad, las rociaba con el líquido y poco después desaparecían completamente, no quedaba ni rastro de ellas. Llevaban varios años haciendo lo mismo todos los días, por eso decía el profesor que las ratas nunca se acababan, porque cuantas más mataban más aparecían. Una noche en la que la luna estaba oculta por las nubes y no se veía a un palmo de la cara, apareció una gran rata dentro de la ciudad. Nadie sabía por donde había entrado, en su caminar para llegar hasta allí había conseguido matar a dos vigías, pero no pudo matar a nadie más. Mark le apuntó con su arma, segundos después una llamarada de fuego se envolvió en la rata y ésta caía al suelo entre espasmos de muerte. Todo el mundo, dijo Mark, ¡buscad por donde ha entrado esa rata!, si las demás encuentran el agujero por donde se ha colado estamos perdidos.

Media hora más tarde uno de los hombres había encontrado el agujero por donde había 105

entrado la rata. En una de las esquinas de la muralla había conseguido hacer un gran agujero en el cemento y poco después había conseguido pasar por debajo a la otra parte del muro. Increíble, dijo Richard, en cuanto le llegó la noticia. Esas ratas son más listas de lo que pensábamos. Son capaces de romper el cemento con sus uñas y con sus dientes, los tienen que tener de acero para hacer lo que han hecho. ¡Doblar la guardia, no me fío de esos animales!.

Pasaron las semanas y las ratas no volvieron a atacar la ciudad. Ningún vigía de la torre vio a ninguna de ellas durante ese tiempo. Es muy extraño que en estas semanas no hayamos visto a ninguna rata, dijo Mark. Se habrán cansado de atacarnos y se han marchando de este lugar. No lo creo, dijo Richard. La rata es un animal que hasta que no consigue lo que quiere, no para. Estoy convencido que las ratas están preparando algún plan, seguro que esperan que nos confiemos para atacar con más contundencia.

-

Las palabras de Richard dejaron a Mark, Pool, Tom y Tulak pensativos. Sin embargo, tanto Arthur como Kirts estaban de acuerdo con lo que acababa de decir, sabían que la rata es un animal que prefiere morir antes de darse por vencida. Siguieron pasando las semanas y las ratas no se 106

dejaron ver por ninguna parte. Un día Mark mandó varios destacamentos fuera de la ciudadela, al mando de éstos estaban: Pool, Tom y Tulak, quería que les trajesen noticias de las ratas. Salieron una mañana temprano y no volvieron hasta la noche. No hemos encontrado ni rastro de ellas, dijo Pool, jefe del primer destacamento que llegó a la ciudadela.

Poco después llegó Tom con sus hombres y dijo lo mismo. No habían visto nada de nada. Y por último llegó Tulak cuando casi no se veía nada. Confirmó lo de sus compañeros, no habían encontrado ningún rastro de las ratas. Siguieron pasando las semanas y todo seguía con la misma calma. Pues parece que si se han marchado dijo Mark. No creo que las ratas sean tan inteligentes como para estar preparando un ataque durante tanto tiempo. Al fin y al cabo es un animal.

Pool, Tom, Tulak y Kin estaban de acuerdo con Mark. Un animal no podía ser tan inteligente como para preparar el asalto a la ciudadela. Un día que amaneció lloviendo torrencialmente y estaba muy oscuro a consecuencia de que el cielo estaba totalmente encapotado, unas sombras de gran tamaño empezaron a aparecer fuera de la ciudadela, todas iban a un lugar concreto del muro que protegía a la ciudad, una vez que llegaron a su sitio empezaron a escarbar con los dientes y con las uñas. 107

El ruido del viento y de la lluvia apagaba el que hacían las ratas al escarbar en la piedra, de esta forma consiguieron perforar el suelo a una velocidad increíble. No había amanecido del todo y tenían los agujeros casi hechos, solo les faltaba empujar un poco para salir al otro lado de la ciudadela. De repente, como si todas estuviesen de acuerdo salieron al patio de la ciudadela cientos de ratas. Los vigías al verse rodeado de ellas dieron la voz de alarma: ¡Nos atacan las ratas!, ¡Nos atac........!

Ese vigía no fue capaz de terminar la frase, un mordisco terrible de una rata le rasgó la cabeza del tronco. El androide que estaba hecho de un material muy duro parecido al acero no aguanto la presión de los dientes de la rata. En escasos minutos toda la ciudadela se llenó de ratas y androides, todos luchaban con un único fin: vencer a su enemigo. Pasaron las horas, tanto las ratas como los androides después de luchar iban cayendo al suelo destrozados. El número de los androides iba disminuyendo considerablemente, pero el de las ratas en vez de ir desapareciendo iba en aumento, cada vez aparecían más. Richard viendo lo que ocurría desde una de las torres del edificio principal gritó: ¡Retirada!, ¡Retirada!

Los androides que pudieron escapar salieron corriendo, pero fueron muy pocos. Las ratas seguían 108

apareciendo por todos los lugares inexplicablemente, cada vez había más. Tengo preparada una sorpresa para nuestras amigas las ratas, dijo Richard. Todo el edificio principal y el patio está preparado para que estalle, hay dinamita por todos los sitios. Tenemos que desaparecer rápidamente de aquí, porque en diez minutos todo estallará.

Poco después: Richard, Mark, Kin, Pool, Tom, Tulak, Arthur y Kirts se metían en una de las habitaciones del edificio. Richard presionó una palanca y la pared se abrió dejando una abertura por donde todos se metieron desapareciendo en su interior. Tenemos que bajar por aquí, dijo Richard. Tened cuidado, la inclinación de las escaleras es muy pronunciada y podéis caeros. No podemos perder el tiempo, en pocos minutos estallará todo esto y no va a quedar nada, todo desaparecerá.

Bajaron con bastante rapidez, sabían que se jugaban la vida y no querían perderla tan pronto. Cuando faltaban diez segundos para que se cumpliese la hora, habían salido de la ciudadela por una puerta secreta que estaba escondida fuera de los muros. ¡Rápido!, dijo Richard. Corred todo lo que podáis, no nos queda tiempo, estallará de un momento a otro. 109

Nada más decir esto, empezaron a estallar los primeros paquetes de dinamita que estaban escondidos estratégicamente en muchos sitios de la ciudad con el propósito de que no quedase piedra sobre piedra y que muriesen todas las ratas. Segundos después empezaron los estruendos, todo empezó a derrumbarse, las ratas chillaban por lo que se les venía encima, habían caído en una trampa mortal de la que les era imposible escapar. Media hora más tarde todo había acabado. La ciudadela estaba totalmente destruida. Las ratas habían muerto, pero ellos habían conseguido escapar gracias al ingenio de Richard que como ser humano era mucho más inteligente que el animal. Poco después se levantó Richard del suelo, fue el primero en ponerse de pie. Ya os podéis levantar, dijo Richard, ha pasado todo. No creo que haya quedado ninguna rata con vida. Toda la ciudadela ha sido reducida a escombros.

Poco a poco se fueron levantando del suelo: Pool, Kin, Tom, Tulak, Mark, Arthur y Kirts, eran los únicos que habían quedado con vida. Tendremos que dirigirnos hacia otro lugar, dijo Richard, empezaremos una nueva vida.

No muy lejos de allí, entre las ruinas de la ciudadela unos ojos rojos miraban a los que habían

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quedado con vida que se alejaban andando entre las casas de la ciudad.

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