Abril , nº 38 , 1989

Copyright 1989 © Papeles del Psicólogo ISSN 0214 - 7823

PSICOLOGÍA: NO HAY MUCHAS ESPECIALIDADES, SINO DISTINTAS APLICACIONES JOSEPH D. MATARAZZO

Universidad de Ciencias Sanitarias de Oregón. Traducción: Nelson Marra
Cualquiera que presenciara durante los últimos cuarenta años las reuniones más importantes de la Asociación Americana de Psicología (A.P.A.), podría pensar que los líderes de la psicología, o al menos muchos de ellos, creían que el curriculum de la enseñanza predoctoral del futuro psicólogo clínico era, es y será diferente de la del futuro psicólogo experimental o de la de los futuros psicólogos sociales, evolutivos o industriales. Tal creencia podría deducirse también al valorar las diferencias entre los curriculums: podría pensarse que en psicología las especialidades antes mencionadas existen y son aceptadas formalmente por la sociedad. En definitiva, podría creerse que los diferentes curriculums predoctorales de cada una de las especialidades existen ya en la mayoría de los departamentos universitarios de los Estados Unidos. En oposición a semejantes opiniones, muy difundidas, deseo formular y defender dos afirmaciones: 1. No existe actualmente ni siquiera una especialidad en psicología que responda al habitual criterio social con que se reconoce una especialidad dentro de las profesiones. 2. Aun en el caso que existieran algunas especialidades en psicología reconocidas como tales, no sé de ningún departamento universitario de psicología que ofrezca un curriculum predoctoral de cursos de licenciatura en psicología que tenga diferencias perceptibles de contenidos, procesos y principios entre quienes mañana serán docentes, científicos o practicarán la psicología clínica, experimental, social, industrial o evolutiva. ¿Qué pruebas tengo para justificar tan rotundas afirmaciones? Primera, que excepto en los curriculums interdisciplinarios de ciencias neurológicas o de inteligencia artificial (y en las ciencias a ellas vinculadas basadas en datos de ordenador), el núcleo específico del curriculum predoctoral de los cursos en departamentos universitarios de psicología no difieren sustancialmente entre los cursos de psicología y los cursos de especialidad. Por ejemplo, compárese el curriculum de licenciatura de un estudiante de psicología clínica con el de un estudiante de psicología experimental; la opinión generalizada entre muchos psicólogos es que los curriculums predoctorales de estos dos cursos de psicología no tienen casi nada en común; por el contrario, yo creo que los claustros de los departamentos de psicología de la universidad ofrecen a sus estudiantes graduados un núcleo común en el contenido de las asignaturas impartidas. El contenido es similar no sólo en las diferentes universidades, sino incluso dentro de un mismo departamento de psicología para aquellos estudiantes que intentan especializarse en muy diferentes campos de aplicación de la psicología. Además, yo creo que estas asignaturas comunes (aunque no necesariamente cursos comunes) asumidas por los estudiantes de psicología durante su

período predoctoral a lo largo y ancho de la nación, no difieren del núcleo de asignaturas estudiadas por los estudiantes de psicología desde 1878 y 1892, cuando la disciplina de la psicología fue por primera vez incorporada a las ofertas de enseñanzas de las universidades del país. Mi aseveración es que cada uno de los estudiantes licenciados (y los aún no licenciados de cada generación) de los departamentos de psicología de los Estados Unidos entre 1890 y 1987 han seguido cursos de psicología (bien los exigidos o bien los elegidos dentro de una cantidad de requeridos en una lista de posibles opciones) que en su contenido más amplio, procesos fundamentales y principios, es decir, en su núcleo específico, son casi idénticos, y esto es aplicable incluso aún entre aquellos estudiantes matriculados en épocas diferentes y en universidades muy apartadas entre sí desde el punto de vista geográfico. Las excepciones a esta relativamente gran familiaridad en lo curricular, en la disciplina específica y en los contenidos transmitidos, reflejaron desde los inicios y reflejan hoy no mucho más que un interés puramente local de parte de los miembros de la facultad. Este punto de vista no nos sorprende, puesto que por medio de cada asignatura diferenciada y del núcleo de conocimiento a ella vinculado, los claustros de los departamentos de la universidad situados en lugares diferentes transmiten a los estudiantes lo que ellos entienden que es la base de conocimiento común de la psicología (o matemática, economía, física, etc.). Es a través de la asimilación de este núcleo de conocimientos y del vocabulario vinculado a él de la disciplina específica, los estudiantes de psicología (o de cualquier otra disciplina) adoptan un marco de referencias comunes que los identifica como miembros de un mismo subgrupo cultural. Además, al igual que en otros campos, es por añadidos a y sustracciones del núcleo específico que la psicología está siendo continuamente definida y redefinida. El estudio de cualquier manual de psicología revelará rápidamente que ha habido grandes incorporaciones y cambios fundamentales en la base del conocimiento empírico y teórico de la psicología durante el siglo pasado. El contenido específico de los manuales introductorios a la psicología más difundidos actualmente es, obviamente, diferente de los Principios de la psicología, de William James (1890), o del manual introductorio de Boring, Lanfeld y Weld, Fundamentos de la psicología. No obstante, los títulos de los capítulos y la mayor parte de los temas desarrollados en las materias tratadas de los manuales introductorios en las materias tratadas de los manuales introductorios y de los más avanzados que han definido los parámetros de la disciplina a las sucesivas generaciones, han diferido de un modo mínimo entre uno y otro durante los últimos cien años. En efecto, los títulos de los capítulos del manual de William James de 1890 difiere muy poco de manuales semejantes del año 1987. En apoyo de esta afirmación mostramos en el cuadro 1 los títulos de los capítulos de los manuales introductorios publicados por William James en 1890, por Angell, en 1906, por Boring y otros en 1948, por Kimble, Garmezy y Zigler en 1984 y por Zimbardo en 1985. Exigencias mínimas para el doctorado El material que ha sido designado por los títulos de los capítulos de los manuales introductorios, y que ha sido elaborado y afinado del contenido general para una aplicación más avanzada en manuales superiores para un nivel de graduados, es el que constituye y conforma el contenido de las asignaturas estudiadas en los programas de psicología. Mis

propias experiencias durante las tres décadas pasadas como director de un departamento de psicología para graduados están de acuerdo con las inferencias que extraemos del cuadro 1. Desde 1957 nuestro departamento ha impartido capacitación clínica y más de 200 internos y residentes de psicología clínica que habían culminado y obtenido su grado de PhD en otra universidad. Paralelamente, en nuestra condición de departamento de ciencias básicas de nuestra escuela médica, nuestro departamento había graduado alrededor de 35 estudiantes que cumplieron cuatro o cinco años de capacitación predoctoral en el departamento de psicología fisiológica experimental. (Los cursos actuales y los programas de estudio de nuestro programa para el PhD han sido catalogados por Matarazzo, 1983), p. 105). De acuerdo con mi posición con respecto al cuadro 1, y como miembro del cuerpo de enseñanza en estos dos programas de estudio a que me refiero, he sido incapaz de encontrar una diferencia entre ambos en lo que se refiere al núcleo específico psicológico, a los procesos psicológicos ya los principios generales aportados. En lo específico, los estudiantes graduados que estaban incorporados a estos dos cursos dentro de mi programa de estudio de psicología para el PhD universitario, y aquellos estudiantes que venían de otras universidades, o bien habían seguido cursos esencialmente similares en cuanto al núcleo de las áreas y asignaturas tratadas (catalogadas en el apéndice A), o bien habían estudiado materiales similares en uno o más cursos impartidos bajo otro título de programa. El núcleo mínimo que constituye un programa de estudio para el doctorado en psicología (mostrado en el apéndice A) fue desarrollado por la Fuerza de Trabajo para la Educación y Acreditación en Psicología (T.F.E.C,) que fuera constituida en 1979 por el Consejo de A.P.A. a participar en el T.F.E.C. se reunieron representantes de cuatro órganos constituyentes con el absoluto interés por definir lo que es un psicólogo. Los cuatro órganos constituyentes eran A.P.A., el Consejo de Departamentos de Psicología para Graduados (C.O.G.D.O.P.), el Registro Nacional de Miembros del Servicio Sanitario en Psicología (el Registro Nacional) y la Asociación Americana Estatal de Psicología (Licensing) Junta de Asociaciones (A.A.S.P.B.). Trabajando sobre elaboraciones previas llevadas a cabo entre 1975 y 1979 por el Nacional Register y la A.A.S.P.B., los representantes de estos cuatro órganos constituyentes participan en las reuniones del T.F.E.C. y pusieron todo su empeño en hallar un criterio común que satisficiera a todos. Por último, tres de los cuatro representantes llegaron a un acuerdo. Tal como fuera aprobado por A.P.A. en 1985 y poco después por el National Register y la A.A.S.P.B., las asignaturas y temas que se muestran en el apéndice. A constituyen el requerimiento mínimo en el aspecto educacional de un graduado, que deberá ser aprobado por un estudiante que aspire a poseer su título de doctorado en psicología en cualquier área de su aplicación de servicios con derecho a honorarios o en consultas concernientes a esta materia (por ejemplo, clínica, asesoramiento, experimental, social, etc.), requerimiento mínimo que será administrado por leyes estatales de este país vinculadas al otorgamiento de licencias y títulos. Basado en mi anterior observación y reflexión del cuadro 1 y en el informe de Isdrvan y Hatton (1987) acerca de las asignaturas estudiadas por los estudiantes matriculados en un «curso de psicología sanitaria predoctoral» en 10 universidades del país, yo creo que con pocas excepciones todos los psicólogos actuales que han obtenido su grado de PhD de un departamento de psicología de la universidad han estudiado todo el contenido o han recibido cursos en todas o en casi todas las áreas incluidas en el núcleo mínimo curricular catalogadas en el apéndice A. Las primeras dos áreas del apéndice A, proyecto de investigación y estadística, no pertenecen al núcleo central de la psicología, pero implican

conceptos e instrumentos de trabajo que los psicólogos con un nivel doctoral necesitan y que han estado incorporados en la psicología durante décadas. La tercera y cuarta áreas, evaluación e historia, también son disciplinas específicas y han estado incorporadas a los programas durante años. La quinta área, ética, fue tenazmente recomendada por A.P.A. durante varios años en cartas dirigidas a las facultades de los departamentos de psicología, aunque no para ofrecerla como un curso. Las áreas 6-9 del apéndice A constituyen el núcleo central de las asignaturas específicas de la psicología, cuya determinación supuso una considerable discusión (entre los representantes del National Register y el A.A.S.P.B. desde 1975 a 1979 cuando se reunieron con A.P.A. y C.O.G.D.O.P.) antes de lograr un consenso entre los constituyentes. No obstante, mi estudio de los informes de las anteriores conferencias nacionales, comenzando por la de Boulder, revela que ha habido pocos cambios en estas cuatro áreas actuales de contenido curricular recomendado (áreas 6-9) a lo largo del tiempo (A.P.A., 1947, pp. 545-551; Raimy, 1950, p. 64). Sin embargo, aunque desde comienzos de 1970 la codificación de lo que significa un doctorado en psicología había sido exigido por la Administración estatal y por la industria aseguradora, al igual que por los propios licenciados profesionales, las concesiones le fueron otorgadas por T.F.E.C. al control universitario local que debía basarse en los criterios mínimos adoptados por A.P.A. en 1985. Las concesiones hechas por T.F.E.C. implicaban el amplio desarrollo (mostrado sólo de un modo sumario en el apéndice A, aunque elaborado en la siguiente lista) de los requisitos contenidos en las cuatro áreas y la sugerencia de que algunos de los títulos de cursos actuales o contenidos de materias equivalentes en esa área fuera calificado. Los ejemplos de cursos preparatorios calificados o de contenido de cursos elaborados con esfuerzo durante el período 1979-1985 por los representantes reunidos de A.P.A., A.A.S.P.B., National Register y C.O.G.D.O.P. son ilustrativos y fortalecen mi punto de vista de que han sido logrados por consenso con respecto al núcleo del contenido de la psicología en cada una de las generaciones a partir de 1980 (ver cuadro 1) y han permanecido esencialmente sin cambios en cada uno de los proyectos de la fuerza de trabajo desde 1979 a 1985. Las cuatro áreas de contenido y cursos calificados y asignaturas desarrolladas son: 1. Bases biológicas (por ejemplo, psicología fisiológica, psicología comparada, neuropsicología, psicofarmacología). 2. Bases cognoscitivo-afectivas (por ejemplo, aprendizaje, memoria, percepción, cognición, pensamiento, motivación, emoción). 3. Bases sociales (por ejemplo, psicología social, cultural, procesos étnicos y de grupos, roles que desempeñan los sexos, conducta organizacional), y 4. Diferencias individuales (por ejemplo, teoría de la personalidad, desarrollo humano, diferencias individuales, psicología anormal, psicología de las mujeres, psicología de los minusválidos, psicología de las experiencias minoritarias). Como añadido a los nueve contenidos exigidos y catalogados en el apéndice A, todos los programas dirigidos al cumplimiento de exigencias mínimas para la obtención de un título de doctorado en psicología deben incluir una secuencia avanzada (área 10) y experiencias de aprendizaje o práctica apropiada al área de aplicación de la psicología que represente la meta subsiguiente del estudiante; es decir, cursos y aprendizajes diferenciales (potencialmente permisibles) de la aplicación genérica de la psicología a los problemas y los pacientes encuadrados dentro de categorías como la psicología clínica, experimental y

evolutiva, la neuropsicología, la psicología de la salud y la psicología escolar. Oposición a una codificación nacional Como lo enseñábamos al principio, el siguiente paso fue la ratificación formal de las exigencias mínimas educacionales (catalogadas en el apéndice A) de parte de cada uno de los cuatro más importantes representantes constituyentes independientes, ya fuera actuando individualmente o de manera asociada. En su reunión de febrero de 1985, en Washington D.C., el Consejo de Representantes de A.P.A. adoptó formalmente las exigencias (en sus principios y sin añadir un mecanismo de implementación) como política oficial de A.P.A. con respecto a lo que constituye un programa doctoral de estudios de psicología. (Esta acción de A.P.A. constituyó una ruptura de la tradición con respecto al resto de las otras asociaciones profesionales, como matemáticas, economía, física, historia, etc., ninguna de las cuales hasta la fecha parece haber ejercido una presión externa o interna con el fin de «codificar» sus propios curriculums doctorales, ni siquiera alcanzando las cotas mínimas que ha codificado A.P.A.). Había que resolver dos cuestiones en esa reunión del Consejo de Representantes de A.P.A. en febrero de 1985, la necesidad de mecanismos de implementación y tomar la decisión acerca de si A.P.A. continuaría decidiendo sola (o asociada a A.A.S.P.B., National Register, C.O.G.D.O.P. u otros) en el paso siguiente, consistente en invitar a la presentación de programas que aspiraran a ser designados como programas doctorales en psicología y de ese modo catalogados pro A.P.A. (y otros) y difundidos públicamente a nivel nacional por medio de listas o registros. Después que A.P.A. ratificó el criterio de febrero de 1985, los representantes oficiales del National Register votaron en junio de 1985 como lo habían hecho desde 1975, o sea, que ellos continuarían manejando el mismo criterio según se entiende la definición oficial de lo que constituye un programa doctoral de psicología. Sin embargo, reconociendo la fuerte oposición a una codificación nacional de las propuestas curriculares dentro del programa de investigación universitaria para la graduación (PhD), oposición expresada por algunos departamentos de psicología de las universidades (por ejemplo, «acreditación» por la vía llamada «designación»), el Consejo de Representantes de A.P.A., en su reunión de agosto de 1985, reabrió las discusiones y puso un «freno temporal» a cualquier forma de implementación de la decisión oficialmente adoptada con respecto al criterio. No obstante, durante esa misma semana, los representantes oficiales elegidos de la A.A.S.P.B. votaron afirmativamente el criterio mínimo y se reunieron oficialmente con los representantes del National Register para formar una asociación, independiente de A.P.A. por el tiempo que fuese, para implementar con sus propios constituyentes la designación nacional de programas doctorales que encaran en el criterio del apéndice A. Además, A.A.S.P.B. acordó publicar conjuntamente la siguiente edición de la lista de programas doctorales de psicología que la National Register había venido publicando desde 1975. Sin embargo, en 1986, en una votación hecha por correo, una gran mayoría de responsables de los departamentos de psicología que representaban a los mismos como miembros del C.O.G.D.O.P., votaron que esta asociación no se conjugarían con ninguna estructura que sirviera de cuerpo nacional para designar (en listas públicas) aquellas universidades cuyas ofertas curriculares constituyen un programa doctoral en psicología, tal como está descrito en el apéndice A. El voto de C.O.G.D.O.P. fue un rechazo de parte de

una gran mayoría de sus miembros al núcleo mínimo propuesto que ya había sido aceptado por el Consejo de Representantes de A.P.A., por A.A.S.P.B. y por el National Register. Me sorprende el rechazo al criterio que ha hecho C.O.G.D.O.P., tanto como tengo bien claro que actualmente todos los departamentos de psicología de la universidad incluyen el contenido de materias que se muestra en el apéndice A para los curriculums de sus Phd. Además, tal como lo he mostrado en el cuadro 1, cada materia allí tratada distinguía, desde 1890, lo que ha sido estudiado por un estudiante graduado de psicología de las materias estudiadas por un graduado en física, economía, historia, y así sucesivamente. En mi opinión, el voto de C.O.G.D.O.P. fue dirigido contra cualquier acreditación de la universidad y no un voto en contra a la sustancia del criterio que está en el apéndice A. Yo estimo que los miembros de la facultad que conformaron y constituyeron el voto en contra de C.O.G.D.O.P. fueron bien representativos de los mismos valores articulados en aquellos psicólogos académicos de que habla Kimble en su estudio sobre la psicología de las «dos culturas» (1985) y no tenían opiniones definidas en contra de hechos concretos o discernibles dentro del contenido de la psicología (ejemplificado en el cuadro 1). Pienso que los votantes de C.O.G.D.O.P. tampoco fueron conscientes de que el mínimo bajo control exterior de parte de la sociedad «codificada» que tenía el criterio fue uno de los necesarios éxitos con respecto a toma de decisiones que se cumplió entre 1947.1949 y que fue un adelanto, en aquel período, de parte de los propios profesores universitarios. Quiero decir que en aquel tiempo A.P.A. y aquellos departamentos de psicología de las facultades de la postguerra llegaron a un acuerdo para el desarrollo de mecanismos de control de calidad como una de las condiciones en la aceptación de grandes sumas de dinero de parte de la Administración de Veteranos y de los servicios de salud pública de los Estados Unidos (Instituto Nacional de Salud Mental), dinero que serviría para gastos de capacitación y nuevos salarios en las facultades, requeridos para el pago de los miles de psicólogos que las agencias del gobierno habían estimado necesarios para tratar tanto a veteranos como al creciente número de pacientes que anualmente ingresaban en hospitales y clínicas estatales (A.P.A., 1947; Raimy, 1950.) De modo que en 1987 no me resulta difícil aseverar lo siguiente: Primero, que estén de acuerdo o no los psicólogos a través de su voto formal, sólo existe un núcleo central de asignaturas tratadas en el campo de la psicología. Segundo, que cualquiera (incluyendo a mis compañeros miembros de C.O.G.D.O.O.) que desee identificar este núcleo central de asignaturas tratadas debe prestar atención a los encabezamientos de los capítulos y a los contenidos de los mejores manuales para estudiantes que aspiran a graduarse en psicología. Tercero, el núcleo central de asignaturas estudiadas por todos los estudiantes graduados en un departamento de psicología de la universidad, no importa las metas de la profesión del estudiante, incluye exposiciones, si no se estudia en profundidad, a este núcleo central de asignaturas. Pienso que el contenido del cuadro 1 es un fuerte apoyo para mi primera aseveración, principalmente porque desde 1890 y hasta 1987 ha habido un único y fácilmente reconocido núcleo de materias desarrolladas de amplio contenido, procesos y principios (áreas 6 a 9 en apéndice A) que diferencian a la psicología de la historia, la matemática, la economía, la física, y así sucesivamente. Además, a pesar de la aplicación diferencial del núcleo central de asignaturas en los textos para graduados en psicología social, experimental, clínica y otros campos de la misma, su amplio contenido, procesos de un doctorado en filosofía incluidos dentro de la carrera de psicología, bien sea clínica, experimental, social o responda a

cualquier otra área de aplicación de la psicología. Tal como lo muestran el cuadro 1 y el apéndice A, existe un contenido común cubriendo todos los aspectos a estudiar sobre los sistemas biofisiológicos de conducta, las bases sociales de la conducta y las diferencias individuales en la emoción, motivación, aprendizaje, memoria, inteligencia y otras bases cognitivo-afectivas de la conducta. Este es el núcleo de conocimientos que todos los psicólogos comparten y el estudio del mismo es el que diferencia claramente a aquellos que alcanzan un grado de doctor en filosofía por medio del estudio dentro del departamento de psicología de la universidad de aquellos que lo alcanzan por medio del estudio dentro de un departamento de matemáticas, economía o historia dentro de la misma universidad. En el aspecto en que especialmente difieren la educación para graduados y la capacitación a estudiantes de psicología clínica de aquella que siguen los estudiantes de psicología experimental, es en el área 10 del apéndice A, o sea, en los cursos colectivos que más tarde le permitirán a cada estudiante aplicar mejor la capacitación común y genérica de la base de la psicología (áreas 6-9 del apéndice A) en las diferentes áreas de aplicación (área 10) vinculadas a los que se llama psicología clínica, social, experimental, y así sucesivamente. Más ficción contra realidad Además, los títulos de las más de 40 divisiones de A.P.A. (humanística, experimental, histórica, industrial, clínica, evolutiva de la salud, etc.) llevan implícitos, de una manera muy marcada, matices y diferencias dentro de lo que es la preparación educacional predoctoral de los estudiantes graduados que siguen las carreras de psicología dentro de estas áreas. Debido a sus muchos nombres, estas divisiones de A.P.A. colaboran en perpetuar la ficción que los psicólogos les atribuyen en cuanto a diferencias dentro del núcleo de formación educativa. Para colaborar aún más con esta confusión entre realidad y ficción, incluso los títulos de los manuales para cursos avanzados de graduados en psicología, inadvertidamente llevan implícitos grandes diferencias en los principios básicos y en los procesos psicológicos que están incorporados en esos cursos. Algunos ejemplos específicos estarían representados en aquellos manuales con títulos aparentemente diferentes, como «psicología de la infancia», «psicología experimental» y «psicología de la infancia», tanto como en manuales más avanzados, con títulos tales como «aprendizaje y memoria», «evaluación a través del tiempo máximo de vida», «evaluación psicológica» y «psicología de las mujeres y otras minorías». Yo afirmo que cada uno de estos manuales (a) incluyen un tratamiento de algunos de los mismos contenidos básicos, procesos y principios (áreas 6 a 9) que diferencia a la psicología de otras disciplinas, pero (b) cambian solamente la locación y enfoque de este núcleo de conocimiento. Yo incluso afirmo que el amplio contenido, el núcleo de los procesos, y los principios en los cursos para graduados que ha ido evolucionando y desarrollándose a partir de este núcleo de asignaturas comunes (catalogadas en el apéndice A) durante los últimos cien años (ver cuadro 1), ha sido esencialmente el mismo para todos los estudiantes graduados de los departamentos de psicología. Se han mantenido iguales incluso para aquellos estudiantes cuya meta definitiva les exigía algún curso electivo extra o cursos adicionales o experiencias de aprendizaje (área 10 en el apéndice A) que pusiera énfasis en una aplicación diferenciada de ese mismo amplio contenido común y de esos principios comunes, para que más tarde pudiera facilitarse y desarrollarse el trabajo del estudiante dentro de un área específica de la psicología.

Estudios y experiencias adicionales Los que asistieron en 1949 a la Conferencia de Boulder sobre Capacitación en psicología clínica fueron los primeros líderes dentro de la psicología que se ocuparon, de un modo organizado, del tema del campo de estudios secundarios incorporado al curriculum doctoral. El consenso que alcanzaron entorno a este tema fue reafirmado en la conferencia de Miami Beach de 1958, la de Chicago de 1965 y la de Vail en 1973 (Matarazzo, 1983). El consenso consistía en que del mismo modo en que la base de conocimiento acumulado de psicología había logrado persuadir a los líderes de la Administración y otros (quienes generosamente fundaron los departamentos de psicología) de que la psicología, en 1949, llevaba implícita una potencial oferta de servicios al público ya fuera incluidos dentro de los gastos del contribuyente, ya que como un servicio profesional a cambio de honorarios, también el curriculum del estudiante predoctoral de psicología que aspirara a una carrera profesional de aplicación clínica necesitaría un elemento adicional. Específicamente, cada estudiante necesitaría añadir a este núcleo común y genérico de asignaturas impartidas un estudio adicional de cursos avanzados requeridos (o cursos elegidos de una lista opcional), así como experiencias de aprendizaje concebidas para la aplicación diferenciada de ese núcleo común de asignaturas a cada área clínica particular (A.P.A., 1947; Raimy, 1950). A pesar de las apariencias, esta decisión en dos partes, tomada en Boulder en 1949, no significó una ruptura con lo que había sido el papel de todos los estudiantes dentro de la educación doctoral tradicional en los departamentos de psicología desde 1890. Es decir, que si hacemos una lectura atenta de las autobiografías (u obituarias) en la mayoría de los psicólogos reconocidos del país, allí se nos revela que después de estudiar esencialmente el mismo núcleo de los contenidos de la psicología durante el período predoctoral, entre 1890 y 1949, los estudiantes graduados en ese período que aspiraban a una carrera dentro de la psicología experimental habían seguido algunos cursos electivos que les facilitarían la aplicación del núcleo de asignaturas estudiadas para el conocimiento de la psicología en investigaciones básicas de la conducta y eran cursos tales como matemáticas, biología e ingeniería. Es así que el estudiante graduado durante el período 1890-1949 que quisiera dedicase a la investigación o ser un enseñante de psicología fisiológica, debía añadir a su núcleo de cursos de un graduado en psicología un estudio secundario, curso de carácter electivo, consistente en neurología, neuroanatomía, fisiología y otros análogos. Por añadidura, los estudiantes graduados antes de la segunda guerra mundial que aspiraran a una carrera de psicología evolutiva o infantil debían agregar a los ya mencionados estudios de cursos secundarios otro programa que incluía cursos de embriología, hogar y familia y análisis de correlación y regresión, los que les posibilitaban una mejor aplicación del conocimiento básico de la psicología a la comprensión y captación de la evolución infantil. Si tenemos en cuenta el masivo aporte de fondos federales en la constitución de departamentos de psicología, la conferencia de Boulder de 1949 significó una leve ruptura con el estado de cosas anterior (1890-1949), en tanto hubo una escasa codificación en los primeros tiempos, y para el grupo de estudiantes con phD se mantuvieron las asignaturas electivas (área 10 en apéndice A) que ya habían sido asumidas por el estudiante graduado en un departamento de psicología de la universidad que aspiraba a una carrera de servicio profesional o de investigación (o ambas cosas) dentro de la psicología clínica (A.P.A., 1947; Raimy, 1950). Incluso a pesar de las diferencias en estos «extras» dentro del contenido del estudio de

un curso secundario, yo pienso que el material que se muestra en el cuadro 1 y en el apéndice A proporciona más que una amplia prueba en apoyo de mi primera aseveración, o sea, que existe una sola psicología y un solo núcleo de asignaturas tratadas dentro de la misma, la única que es estudiada por todos aquellos estudiantes, que reciben un doctorado del departamento de psicología de una universidad. Diferentes aplicaciones, no especialidades He declarado desde un principio mi creencia de que en 1987 no existen aún especialidades postdoctorales en psicología que estén reconocidas formalmente. Mi propio campo, el de la psicología de la salud, proporciona un buen ejemplo de ello. Yo siento que como yo, muchos psicólogos que trabajan en instituciones sanitarias creen que la psicología de la salud es aún en 1987 sólo un vibrante miembro de familia de las aplicaciones específicamente sanitarias de un conjunto de materias comunes de la psicología genérica, aunque sea una de las que ha sobrellevado un rápido crecimiento desde su incorporación y asunción dentro de A.P.A. en 1978 corno división de psicología de la salud (división 38). Sin embargo, a mi juicio (y yo creo en el juicio de la mayoría de los miembros de la división 38), en 1987 el término «de la salud» resulta un adjetivo que define el ámbito donde se aplica el núcleo de conocimientos científicos y profesionales de la psicología, por lo cual no existe actualmente una psicología de la salud que difiera de la propia psicología. Esta visión no debería sorprender a la mayoría de los miembros de A.P.A., tanto más si tenemos en cuenta que entre los años 1978 y 1979 los miembros de la división 38 aceptaron la siguiente definición interina ofrecida por el presidente a cargo de esa división:

La psicología de la salud es el agregado de las contribuciones específicamente educacionales, científicas y profesionales de la disciplina de la psicología a la promoción y mantenimiento de la salud, a la prevención y tratamiento de la enfermedad, a la identificación de las etiologías y diagnósticos relacionados con la salud, a la disyunción vinculada (más la siguiente cláusula que fue añadida en 1982 por el voto de los miembros de la división 38) y al análisis y perfeccionamiento del sistema de tratamiento sanitario y de la formación de una política sanitaria (Matarazzo, 1980, p. 815; 1982, p, 4).
En mi opinión, esta inicial definición del trabajo, que parecen suscribir aún los miembros de la división 38, establece de un modo muy claro que la psicología de la salud es la aplicación del cuerpo común de conocimientos de psicología (tal como aparece catalogado en el cuadro 1 y en el apéndice A) a una gran parte de jurisdicciones dentro del ámbito de la salud. En tanto se ha ido acumulando nueva información y los psicólogos añaden y sustraen elementos del núcleo básico de la psicología, esta continua síntesis y resíntesis determinará cuáles serán los elementos aplicables de la psicología. Al mismo tiempo, las necesidades de la sociedad y los avances de la psicología coadyuvarán a determinar cómo y qué direcciones de las potenciales especializaciones de la psicología (incluyendo la de la salud) deberán ser aplicadas por los científicos y por aquellas instituciones que proporcionan servicios. En definitiva, y tal como lo muestro en el cuadro 2, mi opinión es que en 1987 la mejor descripción de la psicología de la salud es la de una psicología genérica (cuadro 1 y apéndice A) aplicada a un área particular (la salud) por la disciplina científica de los psicólogos y de los suministradores de servicios. Tal como lo he enfatizado repetidamente desde un principio, y como queda expresado en el cuadro 2, yo poseo el mismo punto de

vista en relación con la psicología clínica, social, infantil, experimental e industrial, así como con la neuropsicología y otras áreas de la psicología. Esto es que en 1987 la psicología social es poco más (selecciones del área 10, apéndice A) que psicología genérica (áreas 6 a 9) éticamente aplicada a individuos y problemas que implican uno o más sistemas sociales; psicología infantil supone el mismo núcleo de conocimientos aplicado a los niños (un área 10 diferente) y psicología industrial no significa más que el mismo núcleo de la psicología aplicados a clientes y problemas del sector industrial (un área 10 diferente). Por otra parte, como también puede verse en el cuadro 2, la psicología clínica, militar y del consumo no son más que las selecciones de un único cuerpo de conocimiento que, siguiendo las selecciones del área 10, se aplican a problemas integrados a los ámbitos clínicos, militares o vinculados al consumo, respectivamente. Mi posición es, pues, que el PhD se otorga en filosofía y supone el estudio en profundidad del conjunto de asignaturas tratadas genéricamente en psicología que lo diferencian de 1& historia, matemática y otras disciplinas de estudio. Simplemente que no existe ningún departamento de psicología de la universidad en los Estados Unidos que conceda un PhD en psicología o en cualesquiera de sus aplicaciones específicas. Las opiniones que acabo de expresar con respecto a la psicología de la salud y a otras áreas de aplicación de la psicología (clínica, social, etc.) no significan que yo no crea que pueda haber de buena fe especialidades de la psicología en el futuro. Cada una de esas especialidades, sin embargo, exigirán algunos desarrollos adicionales dentro de la psicología. En particular, los psicólogos deben reconocer más claramente las diferencias entre cuerpos de conocimiento limitados y extendidos y las diferencias entre los cuerpos de conocimiento que se vinculen sólo a una capacidad de aquellos que se vinculen sólo a una especialidad. Una vez que este proceso se cumpla, el mismo colaborará con que la profesión salga del actual reconocimiento de facto de especialidades en psicología -un reconocimiento que actualmente. es apoyado solamente por la Junta Americana de Profesional de la Psicología (A.B.P.P.), pero no todavía por (A.P.A., el National Register, A.A.S.P.B. y otros importantes constituyentes- y sea reconocido jurídicamente el conjunto de especialidades en psicología por los mencionados organismos y otros poderes pertinentes constituyentes establecidos en la socio dad. Especialidades de facto versus de iure A través de todas estas observaciones he transmitido mi opinión de buena fe de que actualmente no existen especialidades en psicología. Sin embargo, reconozco que mi desacuerdo con muchos en lo referente a las observaciones de la neuropsicología clínica, psicología de la salud, psicología clínica o cualesquiera de las otras seis áreas especiales de la psicología reconocidas por A.B.P.P. que ya han alcanzado el estatus de especialidad, puede ser más una diferencia de carácter semántica que una diferencia sustantiva. En escritos anteriores (Matarazzo, 1965, 1977 y 1983) también he transmitido la opinión de que no hay especialidades en psicología ni bien establecidas ni ampliamente aceptadas por otros significantes de la sociedad. Esta opinión estimuló gran cantidad de fuertes contraargumentos. Se basaba en algunas realidades como que recién en 1983 A.P.A. (a través de su subcomité en especialización) comenzó el proceso, a través del cual eventualmente se publicitarian los pasos hacia una división de A.P.A., u otra subcategoría de psicólogos, que se postularía para la designación de las actividades profesionales de sus

miembros como una especialidad de buena fe dentro de la psicología (Sales, Bricklin y Hall, 1984). Sales (1985) y Sales y otros (1983, pp. 6-8) ha informado que desde hace muchos años A.P.A. ha recibido solicitudes de parte de un número de psicólogos constituidos (por ejemplo, psicología forense, psicoanálisis y varias divisiones de A.P.A.) para que sus subcampos fueran oficialmente declarados como una especialidad bona fide dentro de la psicología. Consciente de que no existía un criterio por medio del cual dar cabida o apoyar tales solicitudes, A.P.A actuando a través del Comité de Normas de Suministradores de Servicios Psicológicos (C.O.S.P.O.P.S.) de su Consejo de Asuntos Profesionales (B.P.A.), estableció en 1978 una fuerza de trabajo para el Criterio en Especialidades (T.F.S.C.) que pudiera llenar este vacío. Después de cinco años de trabajo, la T.F.S.C. elaboré el Manual para la Identificación y Reconocimiento Continuo de Capacidades y Nueva Especialidades en Psicología (Sales y otros, 1983). Con este manual, T.F.S.C. trató de concretar los pasos y etapas a dar por la psicología americana par alcanzar su propia identificación y de este modo ayudar a A.P.A. en el reconocimiento oficial de las primeras especialidades de buena fe en psicología. Comenzando por la ayuda de A.P.A. en el establecimiento de la Junta Americana de Psicólogos Profesionales en 1947, la profesión de psicología, a través de A.B.P.P., había reconocido áreas especiales para la práctica de la psicología (por ejemplo, clínica, asesoramiento, industrial y escolar y desde 1984 neuropsicología clínica y psicología forense). No obstante, a pesar de un sistema de A.P.A. para acreditar a cada universidad y sus programas internos, que ha estado en funcionamiento desde 1947 (A.P.A., 1947), ninguna de estas seis áreas de aplicación ha sido oficialmente reconocida por A.P.A. como una especialidad, como tampoco existe un criterio para designación o acreditación que haya sido ratificado por A.P.A. (Sales, 1985). Soy consciente de que algunos cuerpos constituidos dentro de la estructura de gobierno de A.P.A. creen que este organismo ya ha reconocido oficialmente cuatro tipos de especializaciones dentro de la psicología. No obstante, este supuesto reconocimiento por parte de A.P.A. es el resultado de argucias disonantes y de un juego de prestidigitación profesional resultante de aquellas prácticas de acreditación que datan de 1947 (A.P.A., 1947). También está vinculada al hecho de que en 1981 A.P.A. publicó sus «Pautas especiales en la producción de servicios» (A.P.A., 1981) que definía las pautas para el reconocimiento de suministradores y unidades en producción de servicios en cuatro áreas distintas: clínica, asesoramiento, industrial/organizacional y psicología escolar. Sin embargo, en ninguno de los criterios o pautas utilizados por A.P.A. en los procesos de acreditación, desde 1947 hasta el presente existe un proceso por medio del cual identificar, de acuerdo en algún específico criterio de A.P.A., quién es o no un especialista en una de estas cuatro áreas. Por otra parte, aunque las «Pautas especiales» muestran con detalle cuáles son los requerimientos que debe cumplir una unidad de producción de servicios para poder ser calificado como «lugar adecuado», ellas no hacen casi mención a las calificaciones específicas que debe poseer «un psicólogo que trabaja en estas unidades especiales», es decir, algo que confirme que él o ella es un especialista (tal como sería definido por A.P.A.) en alguno de esos campos. Por otra parte, tampoco casi hay menciones en relación a alguna calificación específica en el documento de 1987 que acompaña (A.P.A., 1987) a este conjunto de pautas en la producción de servicios del año 1981. La razón de esta opinión es simple: otros comités dentro de A.P.A., y particularmente el pertinente subcomité de especialización (S.O.S.)

presidido por Sales, han sido (y aún lo son) incapaces de lograr un consenso entre los miembros de A.P.A. para llegar a analizar los específicos y diferentes indicios por los cuales A.P.A. podría formalmente identificar y promulgar un criterio para la designación de una especialidad en psicología. El resultado de toda esta confusión es que a lo largo de un frustrante trabajo de cinco años (981-1986) tratando de elaborar y desarrollar algún criterio, en la reunión de la primavera de 1986 S.O.S. extremó su máximo esfuerzo y puso sobre la mesa un trabajo que explicaría la búsqueda de un criterio para determinar una especialidad en Psicología. Gracias a esta contribución, el Consejo de Asuntos Profesionales de A.P.A. (B.P.A.), el Consejo de origen de S.O.S., comenzó a discutir durante 1987 un conjunto de opciones gracias a las cuales la psicología podría reconocer y reconocería formalmente especialidades dentro de la propia psicología. Estas opciones fueron las siguientes: a) la propia A.P.A. desarrollaría el mecanismo para el reconocimiento de especialidades en psicología; b) A.P.A. le pediría a un grupo u organismo exterior a ella (como el A.B.P.P.) que tomara esa responsabilidad; c) A.P.A. fomentaría el desarrollo de una nueva e independiente Junta Americana de Especialidades Psicológicas (al igual que en 1947 A.P.A. fundó y luego estimuló el desarrollo de la A.B.P.P.), o d) otras alternativas. Tal como espero, la precedente descripción de las continuas divergencias dentro de la propia A.P.A. pondrá en claro definitivamente que, al margen de sus códigos éticos (como organización nacional de la psicología oficial) hasta ahora no ha elaborado un criterio que le permita identificar, incluso entre sus propios miembros, quién es y quién no es un especialista en psicología. A.P.A., sin embargo, continúa reconociendo las cuatro áreas especiales de la psicología c1ínica, de asesoramiento, industrial/organizacional y escolar, las cuales han sido resaltadas como especialidades desde la fundación y desarrollo de A.B.P.P. en 1947. A.P.A. reconoce la existencia de estas áreas, a través de la puerta trasera, por a) la acción, a lo largo de muchos años, de los diplomados de A.B.P.P. en el directorio anual de miembros de A.P.A.; b) por la acreditación de programas de estudio doctorales (más los cursos pertinentes) de cada una de esas áreas; c) la publicación de las Pautas Especiales en la Producción de Servicios (A.P.A., 1981) en esas cuatro áreas de aplicación, y d) la promulgación en 1977 de un formal conjunto de normas para suministradores de servicios psicológicos. Tal como se ve, y lo subrayo, en su recién revisadas Pautas Generales para Suministradores de Servicios Psicológicos (A.P.A., 1987), A.P.A. cambia el término normas, de su trabajo de 1977 para sus suministradores de servicios psicológicos, por el de «pautas». Tanto una legislación como acciones judiciales aisladas desde 1947 han ayudado a estas cuatro áreas especiales de aplicación (más otras dos más recientes) en su evolución hacia lo que un día será ampliamente reconocido como especialidades de buena fe en psicología. Los pasos que deben dar los miembros de una disciplina para dejar de ser reconocidos como miembros de una organización de origen y comenzar a ser identificados como miembros de una nueva especialidad, y más tarde formalmente reconocidos por la sociedad como miembros de esa especialidad, esos pasos para llevar adelante ese proceso aparecen catalogados en el apéndice B (y son analizados y discutidos con más detalles en Matarazzo, 1983, pp. 89-94). A pesar de la actual explotación por parte de B.P.A. en torno. a las opciones de A.P.A. en el aspecto de cómo reconocer formalmente una especialidad en psicología, un paso más firme de cara a la clarificación de una situación tan ambigua en todas sus partes ha sido la publicación en 1983 del ya mencionado manual de T.F.S.C. (Sales y otros, 1983). Especialmente, en ese (aún muy útil) manual, Sales y otros hacen una

distinción entre una «pericia» y una «especialidad» (por ejemplo, la distinción en el progreso de la evolución que se muestra en el apéndice B, entre etapa 1 y etapas 4-15). Esta aparentemente semántica (aunque crítica) distinción ofrecida por Sales y otros ayudará a aclarar, de un modo más nítido, las diferencias entre los psicólogos, con respecto a lo que es y a lo que no es una especialidad en psicología. Según Sales y otros, el reconocimiento de una pericia en psicología, tal como puede ser experto en adiestramiento en relajación, evaluación competente neuropsicológica o asesoramiento en pautas vocacionales, exige la identificación del conocimiento sustancial y de las capacidades vinculadas con uno de los siguientes cuatro, relativamente únicos, componentes: a) el tipo de cliente, b) los servicios prestados, c) los problemas manejados y d) los ambientes y servicios que forman la base de la especialidad. En contraste, el reconocimiento de una especialidad bona fide en psicología (por ejemplo, clínica, de la salud, escolar o de asesoramiento) exige, como mínimo, la identificación del conocimiento sustancial y las capacidades vinculadas a cada uno de estos cuatro componentes (Sales y otros, 1983, p. 129). Gracias a este debate dentro de la organización nacional, A.P.A. demuestra haber hecho progresos en la promulgación del criterio apropiado que necesita un área de aplicación para ser oficialmente reconocido por ella como una especialidad en psicología. Si el acuerdo en torno a un criterio llega a alcanzarse de parte de los constituyentes actualmente puestos en ello (por ejemplo, A.P.A. actuando en solitario o A.P.A. asociada a A.B.P.P. y otros), será mucho más fácil para un área especial, tal como la psicología sanitaria, hacer un estudio de sí misma, solicitar a A.P.A. a A.B.P.P., o a la que corresponda de las otras, su designación como especialidad,. y si ésta se aprueba continuará evolucionando mejor con el nuevo rótulo público recientemente conquistado. Sales (1985) y Sales y otros (1983 y 1984) no desconocen, tal como yo lo he venido expresando a través de este artículo, la realidad de algunos psicólogos que ya creen que sus áreas de aplicación han alcanzado el reconocimiento general de estatus de especialidad (etapas 11-15). Para representar cada una de las percepciones (Sales y otros, 1983, p0. 129; Sales, 1985) fueron más allá de su inteligente distinción entre pericia y especialidad dentro de la disciplina de la psicología y articularon un importante adicional de 15 etapas dentro de la sociología de la profesión que yo he sintetizado en el apéndice B. Sales y otros han hablado de dos caminos bastante diferentes, por medio de los cuales es reconocida una especialidad dentro de la psicología: de facto y de iure. Para Sales y otros la especialización de facto es el resultado de un proceso informal de autoidentificación, seguido de la autoselección de una esfera delimitada en la práctica profesional que implica un ambiente especial del cliente tipo, un conjunto de conocimientos específicos y servicios, problemas manejados y un ámbito para los servicios profesionales. Yo he mostrado en el cuadro 2 y en las etapas 1-10 del apéndice B algunos de los elementos vinculados con la especialización de facto. En contraste, la especialización de iuresupone un proceso de certificación más formal, casi legalístico o legislativo oficial y una licenciatura o reconocimiento semejante que indique que quien ejerce la práctica es un especialista (etapas 11-15 y más allá en el apéndice B). La psicología, de un modo claro, se ha ido dirigiendo hacia un reconocimiento de iure de sus especialistas a través del establecimiento de algunos cuerpos, como el A.B.P.P. (etapa 10). Sin embargo, con pocas excepciones, ninguno de los 51 (estados y distrito de Columbia) consejos que otorgan títulos y licenciaturas y ninguna de las leyes federales definen aún, con lo cual no hay una codificación oficial, el criterio diferencial para

identificar quién es un especialista dentro de la disciplina de la psicología. Estos pasos finales es muy probable que se sigan cuando el A.P.A., siguiendo sus instrucciones de 1986 a su Consejo de Educación y Capacitación, complete el actual proceso de estudio de los mecanismos para la acreditación formal de programas de capacitación postdoctoral en las áreas de aplicación (por ejemplo, clínica, asesoramiento, escolar, neuropsicología clínica, y así sucesivamente). Una vez que una parte de los programas de capacitación postdoctorales a nivel nacional hayan sido acreditados por A.P.A., y de este modo a través del reconocimiento de A.P.A. sea sancionada su acreditación por parte del gobierno, el cuerpo obtendrá el mismo status formal que ya tienen los programas predoctorales y la completa aceptación de quienes practican la especialidad de parte de la sociedad como especialistas de iure en psicología, no tardará en llegar. Tal reconocimiento de iure se producirá a continuación de un modo relativamente fácil, debido a que la psicología ya ha cumplido con algunas de las exigencias vinculadas con las etapas 12-15 del apéndice B. Afortunadamente, para colaborar en las primeras 11 etapas de este proceso, A.P.A. ha distribuido un manual (Sales y otros, 1983) que contiene los pasos y el criterio a seguir por parte de los subgrupos de psicólogos (por ejemplo, neuropsicólogo clínico) que aspiren a que su área de aplicación de la psicología genérica sea oficialmente reconocida como una especialidad en psicología, tal como es definida por la propia disciplina de origen. A pesar que estos nuevos términos han sido presentados aquí sólo en forma de cápsula, parece que mucho del reciente debate acerca de si la neuropsicología clínica y la psicología sanitaria son o no son especialidades, vuelve cíclicamente en torno a los diferentes marcos de referencia de cada uno de los protagonistas. Ahora que las diferencias entre capacitación y especialidad y especialidades de iure y de facto han sido aclaradas por un subcomité de la B.P.A., es bastante probable que los que proponen la posición de que actualmente no hay especialidades de buena fe (como yo mismo y Sechrest, 1985) y aquellos que argumentan que sí las hay (muchos de mis colegas en psicología clínica, en psicología de la salud y en neuropsicología) encontrarán, para su consuelo, que han llegado a un acuerdo sustancial. La historia de la psicología clínica, psicología de la salud y neuropsicología (y podría agregar la psicología experimental, social, fisiológica o industrial/organizacional) me deja la pequeña duda acerca de cada área que para su potencial aplicación postdoctoral de la psicología genérica en un servicio a cambio de honorarios ha desarrollado algunas capacidades originales y únicas, si hacia 1987 cada una de ellas de este modo ha logrado, con su reconocimiento como una especialidad en investigación, una buena cantidad de reconocimiento de facto en su especialidad profesional postdoctoral. Si esto es verdad, mis argumentos iniciales podrán ser posteriormente reemplazados por un argumento en torno a una pregunta más limitada y menos difícil. La pregunta es cuál de las áreas profesionales de servicio sanitario de la psicología en su aplicación postdoctoral, es actualmente percibida (de facto) por nuestra disciplina por la puerta trasera como una especialidad, es también en 1987 una especialidad profesional socialmente reconocida (de iure) de acuerdo al criterio catalogado en el apéndice B y descrito, en términos generales, para todas las profesiones por Matarazzo (1983) y Sales y otros (1983). La experiencia y el debate continuos le permitirán, sin duda, a los protagonistas alcanzar más fácilmente un consejo a propósito de la respuesta para esta más definida y mejor articulada pregunta.
 

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