You are on page 1of 7

CULTURA ACIENTIFICA Y SUBDESARROLLO

Por Oswaldo de Rivero

¿Qué es lo que hace la diferencia entre los países de América Latina, que siguen siempre “en desarrollo” y Corea del Sur, Malasia, Singapur, Taiwán, Hong Kong y las ciudades costeras de la China que se han desarrollado? La diferencia la hace un cambio cultural que da importancia a las ciencias matemáticas, físicas, químicas, biológica y sobre todo a la Investigación científica y el Desarrollo (R&D). Hoy la tecnología derivada de la investigación científica innova las exportaciones de Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Malasia y parte de la China, creando cada vez más prosperidad. El contraste más impactante entre subdesarrollo y desarrollo surge hoy cuando se compara cualquier país de América Latina con Corea del Sur, Taiwán o las ciudades de la costa China. Todos estos países, en 1960, eran mucho mas pobres que cualquier país latinoamericano pero gracias a una profunda revolución educativa científica y una gran política de investigación dejaron de ser economías subdesarrolladas (agrícolastextiles) y se convirtieron en modernos países industrializados exportadores de manufacturas
1

sofisticadas, software, biotecnológicos.

microchips

y

productos

Hoy, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Malasia y China gradúan tantos científicos como los otros países desarrollados. Son además los únicos países, que aparte de los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, registran cada año cientos de patentes de invención. Latinoamérica, después de 190 años de independencia, no inventa casi nada, es un páramo científico comparada al Asia. Salvo Brasil, nadie en la región gasta en Investigación y Desarrollo (R&D) más del 1% de su PBI. En el Perú esta inversión es casi nula, representa sólo el 0,18. Como consecuencia de esta falta histórica de vocación por las ciencias exactas y naturales, las sociedades latinoamericanas son hoy verdaderas culturas acientíficas, sociedades donde casi todo el conocimiento se concentra en las humanidades y en las ciencias sociales. Se prefiere la letra que el logaritmo, la retórica que el experimento, la deducción que la investigación, la creencia antes que la duda científica. La erudición es siempre en las letras, artes y ciencias sociales, rara vez es sobre las ciencias naturales, físicas, biológicas, químicas o matemáticas. Así, el discurso académico es casi siempre, literario, histórico, jurídico, sociológico, económico, casi no existe un discurso de las ciencias exactas y naturales, casi no hay artículos, revistas y debates científicos.
2

Esta cultura acientífica entrampa a los países en el subdesarrollo porque al no existir invención ni innovación sus economías solo son capaces de producir y exportar, recursos naturales, productos primarios o manufacturas con muy bajo contenido tecnológico que tienen menos valor que los productos y servicios de alto contenido tecnológico que importan. En consecuencia, estos países no pueden acumular recursos para satisfacer la constante modernización que exige su explosiva expansión nacional urbana y no tienen otra alternativa que endeudarse para comprar el progreso científico y tecnológico que no saben producir. Así, una de las causas principales del subdesarrollo es cultural. Los economistas siempre han ignorado las explicaciones “culturales” del proceso de desarrollo. Para ellos solo las formulas económicas explican la riqueza de las naciones. Simplemente, esto no es así, la experiencia empírica muestra, por ejemplo, que un país puede practicar la más radical formula del libre comercio o de proteccionismo pero si sigue sumergido en una cultura acientífica, seguirá siendo una sociedad atrasada, endeudada, pobre porque siempre la faltaran recursos con la exportación de sus recursos naturales para comprar un progreso científico que es cada vez mas oneroso. A muchos políticos tampoco les gusta explicar el subdesarrollo por causas culturales porque esta interpretación culpabiliza a la victima al señalar que la idiosincrasia del país, incluida la de los políticos, es la
3

responsable de la histórica ignorancia científica nacional. Este argumento, de echar la culpa a la víctima puede ser severo pero no es falso. Al contrario nos lleva a conocer con entereza las verdaderas causas de nuestro subdesarrollo. Nos hace así responsables de nuestro destino. Responsables de hacer una revolución educativa científica, en vez de echarles la culpa siempre a otros países o al injusto sistema económico internacional. Sin duda, hay factores económicos externos injustos que obstaculizan el desarrollo, pero jamás los vamos a vencer sino realizamos una verdadera revolución educativa y emergemos como una nación innovadora que ama la ciencia y la investigación. Corea del Sur, Taiwán, Malasia y Singapur han tenido también los mismos obstáculos externos de un orden económico internacional injusto, pero han sabido vencerlos, zafándose de su cultura acientífica y con ello de la pobreza. Este mismo esfuerzo se percibe hoy en la China y en la India, mientras que la mayor parte de los países latinoamericanos seguimos culpando a todo el mundo de nuestra pobreza, sin darnos cuenta que con el atraso científico-tecnológico que nos hemos auto infligido estamos condenados a la marginalidad económica global.

Ninguna sociedad podrá salir en el siglo XXI del subdesarrollo solo con humanidades. Estos conocimientos son indispensables, pero no son suficientes para entrar en un verdadero proceso de desarrollo. En efecto, la persistencia de una cultura acientífica en los
4

países, mal llamados en desarrollo, esta haciendo que la humanidad ingrese a su tercer milenio como una sociedad planetaria dual. De un lado, una minoría próspera de países que viven de una cultura científica que inventan e innovan productos y servicios. Del otro, una mayoría de países pobres, como el Perú y la América Latina, con una cultura acientífica, que siguen viviendo de la explotación de recursos naturales y de labores burocráticas rutinarias, comprando cada vez mas caro el progreso científico y tecnológico que no pueden producir. La transformación de las culturas acientíficas de los países atrasados de América Latina, Asia y África no será nada fácil. Se necesitará, nada menos que una profunda revolución educativa, desde la escuela primaria hasta la universidad. Al mismo tiempo, establecer, lo más rápido posible, una efectiva estrategia nacional de Investigación y desarrollo (R&D) para incrementar el contenido tecnológico de la producción y las exportaciones. Desde la más temprana edad hay que modificar la pedagogía y orientar a los alumnos a que tengan curiosidad por las ciencias experimentales y las formulas matemáticas. Las universidades deben hacer actividades empresariales conduciendo investigación industrial para las empresas y estableciendo con ellas proyectos conjuntos. Asimismo, el gobierno debe dar incentivos a las empresas y personas que desean innovar.

5

Sólo así ira emergiendo una nueva cultura donde la actividad en los laboratorios sea por lo menos igual a la disertación humanista de los auditorios, donde la terminología científica abunde tanto como las frases retóricas y donde las publicaciones en ciencias aplicadas equiparen, al menos, a las publicaciones de derecho, historia, economía o sociología. Hoy, para saber si un país está verdaderamente “en desarrollo”, no hay que impresionarse con el crecimiento del PBI, alimentado por la actual bonanza temporal de exportaciones primarias sino observar, si está surgiendo una sociedad con conocimientos científicos, si se están graduando tantos o más científicos, ingenieros y tecnólogos que abogados, letrados, historiadores, sociólogos o psicólogos. Y sobre todo, verificar si el Estado, las empresas, las universidades, los institutos invierten en investigación para innovar constantemente la producción, tal como sucede hoy en Corea del Sur, Singapur, Taiwán y Malasia y la China. Una señal verdadera de que comienza en el Perú un ciclo virtuoso hacia el desarrollo seria la existencia de una efectiva estrategia nacional de Investigación y Desarrollo (R&D) acompañada de una revolución educativa para librarnos de la trampa de la cultura acientífica. Esta señal no se está dando en el Perú, ni tampoco en Latinoamérica, donde la cultura sigue siendo solidamente acientífica, donde las exportaciones siguen teniendo poco contenido tecnológico, donde el
6

PBI crece con exclusión social, donde los ricos viven en un paraíso bajo seguridad privada, la clase media en el purgatorio de la supervivencia y los pobres en el infierno de la escasez.
Copyright © Oswaldo de Rivero

(*) Este articulo esta basado en el Capitulo VII del libro del autor: “El
Mito del Desarrollo” obra traducida a seis lenguas, cuya ultima edición en español, ha sido publicada en el Perú por el Fondo de Cultura Económica.

7