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Notas históricas sobre el Parque Tres de Febrero y el Rosedal – Primera Parte Febrero de 2011 Arq. Jorge D.

Tartarini San Benito de Palermo Hablar sobre los orígenes de las tierras que hoy forman parte del Parque Tres de Febrero, es adentrarnos en una historia que comienza en los tiempos de la fundación de Buenos Aires, cuando formaban parte de las chacras de cultivo para el abasto de la población. Aquellos terrenos bajos y anegadizos, ubicados entre la orilla del Río de la Plata y el albardón, habían sido poblados por Domínguez (Doménico) de Palermo, un siciliano arribado hacia 1590, que comenzó sus ensayos agrícolas en el lugar en continua lucha contra las crecientes del río. Al añadir a su nombre el de su patria de origen, este pionero sin quererlo acuñó la designación con que años más tarde comenzó a conocerse la zona: el Bañado de Palermo. Un topónimo que ya aparece en las cartas oficiales de 1635.[1] Proveedor de carne de la ciudad entre 1605 y 1614, Palermo tenía una chacra en la que plantó frutales, cultivó vides -elaborando buen vino- y, además de dedicarse al encierro y matanza de la hacienda cimarrona, ocupó distintos cargos de importancia, como el de Alguacil, Regidor, Juez de Bienes Difuntos y Mayordomo de la ciudad. Para Borges, las tierras del Bañado de Palermo fueron vagos terrenos anegadizos “a espaldas de la patria”, hasta la llegada al lugar de Juan Manuel de Rosas, al que considera su “padre mitológico”. [2] Rosas -Gobernador de la Provincia de Buenos Aires entre 1829 y 1831, y de 1835 a 1852comenzará la compra de los terrenos en 1838 para levantar en ellos su residencia familiar, la que habitará con la única compañía familiar de su hija Manuelita, pues su esposa Encarnación falleció en ese último año. Según Manuel Bilbao, la existencia en el camino a Belgrano de una capilla puesta bajo la advocación del santo negro San Benito, fue la referencia utilizada por Rosas para que su propiedad encabezara los documentos con el nombre: San Benito de Palermo. El santo era venerado en un oratorio en un paraje que según la denominación colonial ya era asignado a Palermo, y así figura en una relación remitida a España en 1635 al describir esta zona de la ribera al norte de la ciudad. [3] Para nivelar los terrenos y evitar los efectos de las crecientes, Rosas hizo trasladar desde los alfalfares de Belgrano y el bajo de la Recoleta miles de carretas con humus, respetando la forestación -básicamente sauces, ceibos, talas, espinillo y mimbres- y los cursos de agua existentes, como el Maldonado, los zanjones de Palermo y de Manuelita. En una superficie mayor a las 540 hectáreas incrementó las especies vegetales con ejemplares de la flora autóctona e instaló un plantel de animales de nuestra fauna nacional, que puede considerarse un antecedente del actual Jardín Zoológico. [4] Era un establecimiento de uso residencial y recreativo, que no eludió aspectos productivos, y que fue utilizado como residencia privada y también como sede gubernamental. El plan general fue proyectado por Nicolás Descalzi y Miguel Cabrera, sobre ideas de Rosas, quien supervisó 1

personalmente la construcción y parquización del lugar. [5] El caserón llegó a tener veinte habitaciones y se encontraba en la intersección de las actuales avenidas del Libertador y Sarmiento, hacia el lado del Río de la Plata, próximo al monumento denominado “La Carta Magna y las cuatro regiones argentinas”, comúnmente conocido como “Monumento de los Españoles”. El camino que unía el centro de la ciudad con el caserón corresponde al trazado de la actual Avenida del Libertador, considerado excelente para la época, y su apisonado era “como sendero de parque inglés y alumbrado por la noche con dos líneas de reverberos, como una avenida de los Campos Elíseos”. Estaba formado por dos caminos paralelos, delimitados por sauces y postes de madera dura pintados de rojo, unidos por cadenas de hierro, y un canal en el medio que llegaba hasta un gran canal frente a la casa. [6] Convertir esta zona en un parque demandó, grandes esfuerzos a Rosas. En su correspondencia con Miguel Cabrera, encargado de las plantaciones, no se cita gran cantidad de especies, sólo aparecen nogales, ombúes, montes de duraznos, naranjos, limoneros y líneas de sauces bordeando los canales. Próximo a la casa había un estanque y en torno al mismo se disponían rosales, claveles, alhucemas, y frutales.[7] Es muy probable que éstos hayan sido los primeros rosales en conocer los bañados de Palermo. La arquitectura de la residencia conjugaba la simpleza expresiva de las construcciones tradicionales criollas con influencias de los tratadistas clásicos, y estaba constituida por un inmenso rectángulo, de volumetría chata, con un gran patio central en torno al cual se disponían las habitaciones, mientras que en los ángulos de la construcción se levantaban cuatro bastiones o torreones. Mientras que el torreón sur albergaba una capilla dedicada a San Benito con la imagen de la Purísima, otro estaba totalmente abierto, a modo de vestíbulo, antecediendo a las galerías con arcos de medio punto que rodeaban la residencia, en una actitud romántica de integración con el paisaje circundante. Durante doce años Rosas ocupó aquella casona convertida en sede del gobierno provincial y centro de la actividad social y política de la época. En las reuniones eran comunes los bailes, los recitados y los juegos de ingenio, en tanto que la música estaba en manos de los maestros Massini, Esnaola, Sívori y Marota. El Palermo de la Gran Aldea La historia del San Benito de Palermo cambió drásticamente el 3 de febrero de 1852, cuando Rosas fue derrotado en la batalla de Caseros por el Ejército Grande al mando del General Justo José de Urquiza, quien estableció en el lugar su cuartel antes de entrar en la ciudad. Desde entonces, en el Caserón se sucedieron distintos usos. En 1857 las tierras y las fincas urbanas de Rosas pasaron a considerarse bienes municipales. En abril de 1858 -y luego al año siguiente- el Caserón fue utilizado por la Primera Exposición Agrícola Argentina, en la que, según un diario de la época, se podían encontrar “entre otras preciosidades…desde el oscuro gusano de seda encerrado en su capullo hasta el altivo tigre de las selvas y el guanaco de las cordilleras heladas”. [8] En enero de 1865 se instaló una Escuela de Artes, Oficios y Agronomía que, a poco de funcionar, fue disuelta, pues el Caserón se destinó a servir como sede del nuevo Colegio Militar inaugurado en 1869. 2

A pesar de que en el plano de Sourdeaux de 1850, Buenos Aires apenas duplicaba la extensión fundacional del ejido urbano definido por Garay de 323 hectáreas, la tendencia a avanzar sobre los suburbios de quintas era evidente. En 1867 la extensión ya era de 3.936 hectáreas, y los espacios verdes al norte de la ciudad se iban definiendo más claramente, empalmando la zona de Recoleta, donde se ubicó el Cementerio, con la creación del futuro Parque Tres de Febrero. En 1887, al incorporarse los poblados de Flores y Belgrano llegaría a las 18.141 hectáreas. En este proceso de expansión tuvieron decisiva influencia los episodios endémicos que sufrió Buenos Aires en 1868 (cólera) y 1871 (fiebre amarilla), y la necesidad de espacios verdes que favorecieran la higiene y salud de la población. Hacia 1872 las tierras de Rosas, se hallaban prácticamente abandonadas, con excepción del Colegio Militar que ocupaba las instalaciones. Los lagos se encontraban secos y la maleza invadía lo que antes habían sido cuidados jardines y senderos. Nuevos vientos soplaban sobre la sociedad local y la Gran Aldea estaba iniciando el camino que la transformaría en la gran metrópoli cosmopolita finisecular. En este clima, los vestigios del austero Caserón, su bosque de tipo criollo, sus escasas obras de arte, la ausencia de algún pabellón de caza o de recreo, y otros refinamientos eran demasiado sencillos y autóctonos para una sociedad que había hecho suya la aspiración primordial de “vivir a la europea”. Nace el Parque Tres de Febrero Fue Sarmiento durante su presidencia quien se convirtió en el principal impulsor de la transformación de Palermo, presentando un proyecto para crear un Parque que se denominaría “Tres de Febrero”; nombre indicado por el doctor Vicente Fidel López en alusión a la derrota de Rosas en Caseros. Tuvo Sarmiento grandes opositores a esta iniciativa, como el doctor Guillermo Rawson que consideraba los bañados de Palermo antihigiénicos, y proponía construir en su lugar un gran parque en terrenos de la Chacarita. Pero a pesar de las críticas, el proyecto se hizo efectivo por Ley del 25 de Junio de 1874. Los trabajos de recuperación se llevarían a cabo bajo la dirección del Departamento Agronómico y una comisión de profesores y alumnos de la Escuela Militar. Además de las plantas y árboles exóticos existentes se plantarían otras especies que por su rareza, aplicación a la industria o belleza fueran dignas de estudios de propagación y cultivos, hallándose igualmente representada la fauna argentina y animales de otros países. [9] A Sarmiento le sucedió en la Presidencia el Doctor Nicolás Avellaneda, quien nombró al primero a cargo de una Comisión encargada de iniciar la formación del nuevo Parque. [10] Los personajes fundamentales del trazado y construcción de Palermo entre 1874 y 1876, conformaban un grupo de técnicos europeos aglutinado en torno a la figura de Sarmiento, su principal promotor. Ernesto Oldendorff, prusiano, era el Director Nacional de Arquitectura; Fernando Mauduit, francés, botánico y Jardinero Jefe del Parque; Jordán Czelaw Wysocky, polaco, ingeniero militar, autor de los planos de relevamiento y trazado del Parque. Las obras se iniciaron con la dirección de Wysocky, y hacia julio de 1874 presentaban un ritmo acelerado, manteniéndose correspondencia con Europa para la adquisición de puentes, sistemas 3

de riego e invernáculos. En septiembre de ese año se convoca a un concurso para el diseño del trazado y, dentro de los quince proyectos de trazados presentados, obtuvieron el primer premio los paisajistas suizo alemanes Adolfo Methfessel y Karl Böermel -ambos vinculados al grupo de técnicos y científicos que trabajaban con Sarmiento- mientras que en segundo lugar se ubicó el arquitecto belga Julio Dormal, quien sería el encargado de finalizar las obras pues los primeros fueron rápidamente dejados de lado. Entre las previsiones, se disponía la creación en el Parque de un patio español, un puente japonés y los jardines botánico y zoológico. En 1874 se construyó la Avenida de las Palmeras -hoy Avenida Sarmiento- con un trayecto que partía desde los Portones y llegaba hasta el río, culminando en un muelle, donde aproximadamente hoy se ubica el Club de Pescadores. Los citados Portones, fueron levantados en 1875 y se ubicaban en el comienzo de la Avenida Sarmiento, frente a la Av. Santa Fe, a un lado del Jardín Zoológico. Hasta sus rejas llegaban las dobles filas de coches que ocupaban quienes animaban los Corsos de Flores, y además eran el punto de referencia para los inmigrantes -especialmente franceses y españoles- antes de encaminarse a los bosques de Palermo para celebrar sus romerías [11]. Esta puerta de entrada al “Bois de Boulogne criollo” fue demolida a fines de 1917. El Parque se inauguró el 11 de noviembre de 1875, día de San Martín de Tours, patrono de Buenos Aires. Sarmiento pronunció las siguientes palabras: “Como se ocultan a la vista los cimientos sobre los cuales reposan los grandes monumentos, así las miradas no ven aquí los millares de metros cúbicos de tierra removida para dar formas artísticas a la superficie, ni esas plantas en embrión dejan presagiar las armonías de forma, colorido y dimensión con que el arte del jardinero paisajista se propone embellecer las perspectivas cuando a merced al tiempo y a favor del crecimiento respectivo la encina habrá de distinguirse del hisopo. En el fango actual la azada tropieza a veces con las armas y utensilios de piedra del hombre prehistórico, (…) Como el resumen de todas las épocas pasadas, como el último retoño de la antigua barbarie, aquí en Palermo de San Benito se atrincheró, contra toda idea de libertad y de progreso el hombre de la época pampeana, como Bravart llamó a esta formación, el tirano de ejecuciones a lanza y cuchillo, que terminó el 3 de febrero de 1852. El Parque 3 de febrero será de hoy en adelante el patrimonio del pueblo, verdadero tratamiento higiénico que robustecerá a sus miembros (…) cultivará el buen gusto, con la combinación de bellezas naturales y artísticas que estos dilatados jardines ofrecerán (…) El pueblo puede pasearse complacido por su Bois de Boulogne, su Hyde Park o su Central Park. Solo en su vasto, artístico y accesible parque, el pueblo será pueblo: solo aquí no habría ni extranjeros, ni criminales, ni plebeyos”. [12] Más de treinta y cinco mil personas que llegaron en unos mil quinientos carruajes, asistieron a la inauguración de la primera sección del Parque, delimitada por las actuales avenidas del Libertador, Sarmiento, Casares y la antigua ribera del río, poco más allá de la actual Figueroa Alcorta. Los festejos comenzaron a las 8.00 horas y el presidente Nicolás Avellaneda procedió a plantar una magnolia, que aún se conserva en la Av. Adolfo Berro. Por otra parte, se iniciaba la construcción del Hipódromo, se otorgaban las concesiones para las 4

líneas de tranvías y se cedía a la Sociedad Rural un predio para exposiciones. La sección inaugurada, construida sobre la base del mantenimiento de los árboles y el sistema hidráulico existentes, presentaba un tratamiento paisajístico pintoresquista y en sus usos daba un lugar importante a la experimentación técnica. A partir de 1876 la construcción del Parque quedó demorada. Este primer Palermo, pionero como modelo de actuación pública en la ciudad, era bastante distinto al desarrollado años después: no formaba parte de un sistema de parques, no estaba vinculado a áreas residenciales que podrían contribuir a cierto desarrollo inmobiliario de sus alrededores, sus senderos eran casi intransitables y, consecuentemente, poco concurrido. El Palermo Cosmopolita Los cambios recién comenzarían a plantearse hacia 1880, y especialmente durante la Intendencia de Torcuato de Alvear, adquiriendo nuevo impulso y convirtiéndose en el paseo más concurrido de la ciudad En 1888, después de federalizado el territorio de la Capital, el presidente Juárez Celman dispone hacer entrega a la Municipalidad del Parque Tres de Febrero, reservando la parte de la Sección 3ª, para destinarla a ensayos o cultivos experimentales. El programa del Parque Tres de Febrero comprendía la construcción de viveros, invernáculos, lugares para exposiciones agrícolas, tambos, jardín zoológico y utilización de tecnologías experimentales para ser aplicadas en establecimientos rurales. Como se ve además de espacio de paseo y esparcimiento, con una atmósfera pintoresquista indispensable al recorrido lúdico por la ciudad extra-muros, buena parte de las intenciones estaban dirigidas a exponer los adelantos del ámbito rural, es decir, la fascinación de la técnica y la maquinaria, como sinónimo de progreso, modernidad y -sobre todo- civilización. El Parque quedaba entonces delimitado por las calles Ugarteche, Alvear (Av. del Libertador), Vértiz, Pampa y el Río de la Plata. Parte de esta superficie será luego cedida al Hipódromo, a las instalaciones de la planta purificadora de Obras Sanitarias de la Nación y a varios clubes deportivos. Entre 1889 y 1892 se construyó el Jardín Zoológico, un complemento indispensable del paseo por el Parque. En el Buenos Aires cosmopolita de fines del siglo XIX, la moda europea no sólo exigía cambios edilicios y urbanos que modificaran el rígido damero hispano cuadricular, demandaba además una nueva concepción en el diseño y aprovechamiento de los espacios verdes de la ciudad, con la indispensable incorporación de nuevos trazados, especies y equipamiento a tono con los cambios. Era una ciudad sustancialmente distinta a la del primer Palermo de Sarmiento. Uno de los principales artífices de esta transformación paisajística fue Carlos Thays (n. París, 1849, m. Buenos Aires, 1934), para quien la educación y el cultivo del espíritu por medio de los espacios públicos, y la consideración del jardín como obra de arte, eran premisas fundamentales en su accionar. En consonancia con la cultura profesional de la época, Thays pensaba que estos lugares de esparcimiento debían, además, fomentar en la población la valoración de la higiene, el ornato, la educación y el cultivo del arte. En un informe, presentado al concurso en el que obtuvo el cargo como Director General de Paseos el 5 de mayo de 1891, a tan solo un año y medio de su llegada al país, Thays sostenía que en el 5

diseño de los paseos de Buenos Aires, la “variedad de aspectos” era una premisa fundamental a considerar, de tal manera que cada uno pueda presentar un carácter definido y particular. En el mismo manuscrito, al aconsejar los distintos tipos de tratamiento que merecería el Parque Tres de Febrero en Palermo, Thays señala que su sector Oeste podría dedicarse a la creación de un Jardín Botánico, cuya inauguración se efectivizó en septiembre de 1898. [13] El diseño del paseo como espacio de representación social, no ya como lugar de experimentación técnica, tomará cuerpo con la acción de Carlos Thays entre 1892 y 1914. Thays, construyó el parque cuidando cada uno de los detalles, combinando follajes, texturas, colores, colocando embarcaderos, puentes, pérgolas, fuentes, bancos, barandas, faroles, y demás elementos habituales a los paseos europeos. El clima romántico ni siquiera fue alterado por la presencia de los puentes del ferrocarril construidos a fines del siglo XIX, los que con sus ladrillos rojizos ofrecen un hermoso contraste con el verdor de la hierba. [14] En 1893 la comuna adquirió nuevos terrenos para el Parque y en 1896 se terminó la segunda sección, que incluía el Tiro Federal y la sección Lagos, originados en desagües pluviales naturales de los terrenos. Estos lagos recién se conformaron como tales con la construcción de los terraplenes para el acceso del ferrocarril en altura, salvando los distintos cruces y también facilitando la contención de las aguas del río ante posibles avances. La tierra para estos trabajos se sacó de los lugares que hoy ocupan los lagos.[15] El caserón de Rosas permaneció en pie hasta el 3 de febrero de 1899 cuando fue dinamitado y reemplazado por jardinería a la francesa, emplazándose en su lugar en 1901 una estatua de Domingo F. Sarmiento realizada por Eugenio Rodin. Conociendo la aversión de Sarmiento por la figura de Rosas, el lugar elegido resulta tan significativo como el nombre elegido para el Paseo de Palermo, que evoca la fecha de la derrota rosista. También fue creado un rond point que años más tarde será ocupado por el Monumento de los Españoles, del que más adelante nos ocupamos. El Centenario 1910 y el Bois de Boulogne criollo La modernización y transformación de la ciudad impulsada por la corporación municipal desde 1880, llevando a cabo grandes obras de remodelación urbana, fue continuada con más regulaciones y emprendimientos públicos y privados durante las décadas siguientes, y en especial en los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo de 1910. La moda europea exigía nuevos trazados y la indispensable incorporación de especies y equipamiento importado, a tono con los cambios. En general, el paisaje de los parques y paseos diseñados entre 1880 y 1930, daba rienda suelta a la imaginación y a un escapismo exotista que no admitía una ciudad con su orden urbano cuadricular. Sus trazados, inspirados mayoritariamente en el modelo geométrico francés, a menudo recurrían a un conjunto de elementos dispuestos pictóricamente en el paisaje, de tal manera que apareciesen como curiosos incidentes en escenas de controlado salvajismo. En estos diseños, los espejos de agua eran elementos primordiales, acompañados por puentes de troncos simulados, islas, grutas, confiterías con embarcadero, esculturas y demás elementos que enfatizaban su carácter romántico y pintoresquista. Se incorporaron fuentes ornamentales de hierro fundido o mármol, en su mayoría importadas, con cascadas y juegos de agua. En suma, eran considerados lugares de esparcimiento que, además, debían fomentar en la población la valoración de la higiene, el ornato, la educación y 6

el cultivo del arte. [16] En 1910 el Parque fue, además, el lugar elegido para presentar otras creaciones afines a los ideales de modernización y progreso, tales como la Exposición Industrial del Centenario y la Exposición de Agricultura, con sendos pabellones de las distintas provincias, vistos como el símbolo privilegiado de una pujante Nación en plena expansión. La elección de los lugares de ubicación, fue motivo de conferencias, reuniones, etc., pues uno de los principales objetivos de los emplazamientos era proteger las plantaciones y perspectivas amenazadas por las grandes construcciones que era menester efectuar. El Paseo Intendente Bullrich, que se extiende al costado izquierdo del arroyo Maldonado, poniendo en comunicación las dos grandes arterias: Santa Fe y Vértiz (actual Av. Libertador), de 1.600 metros cuadrados de superficie, con plantaciones, jardines, etc., fue otro de los trabajos realizados con toda premura. En la Avenida de Los Lagos, denominada ahora Presidente Montt, donde los inconvenientes que presentaba su calzada de arena, mantenían alejada la concurrencia, se pavimentó con macadam; colocándose además jarrones florales y artísticos. Pleno de románticos exotismos, un lugar que estuvo muy de moda en los lagos de Palermo fue el Pabellón de los Lagos, proyectado por el arquitecto Rolando Le Vacher en 1899 y construido en hierro y vidrios traslúcidos y de colores. Una gran afluencia de público colmaba sus salones que albergaban banquetes, fiestas de beneficencia y la asistencia cotidiana de paseantes. La arquitectura de este pabellón con planta en hemiciclo y terraza central, presentaba una mezcla de formas “indomusulmanas” que recuerdan al Pabellón Real de Brighton en Inglaterra. Inaugurado en octubre de 1901, por las noches su envolvente vidriada reflejaba la activa vida social que se convocaba en sus salones, y, junto con las barcas del lago iluminadas con linternas venecianas, creaban en esa zona del Parque un ambiente feérico y encantador. [17] Además de este colorido panorama, en Palermo coexistían -todavía armónicamente- clubes de “foot-ball”, de cricket, el Tiro Federal Argentino, la Sociedad Hípica Argentina, el Hipódromo y el Velódromo. En las proximidades de este último en los primeros años del siglo XX, se ubicaron locales emblemáticos en la historia del tango argentino, como el “Café Tarana” -conocido luego como “lo de Hansen”-, “El Kiosquito”, “La Glorieta”, “La Red” y “El Velódromo”, que se colmaban de público para escuchar y bailar tangos ejecutados por figuras como Roberto Firpo, Arolas, Juan Carlos Bazán y otros. El antiguo Velódromo había sido inaugurado el 15 de enero de 1899, con la participación de ciclistas locales y europeos de renombre especialmente invitados. En los años del Centenario ya la unión de los parques al norte de la ciudad, en forma paralela al río, prácticamente desde Plaza San Martín hasta Palermo, era una realidad vertebrada por la Av. Figueroa Alcorta -ex Centenario- y acompañada por una gran inversión pública y privada, en la que se destaca el inicio de la urbanización de Palermo Chico en 1912. La remodelación de los espacios verdes de la zona norte apuntaban a consolidar la idea de un espacio afrancesado y exclusivo; el mismo que hiciera pensar en 1910 a Jules Huret que Buenos Aires era una de las ciudades más forestadas del mundo. [18] Otro visitante, Francois Crastre, apuntaba sobre la concurrencia de carruajes de la clase aristocrática al Parque Tres de Febrero: “Es de buen tono exhibirse allí, tal como es chic pavonearse una o dos horas más tarde, en el desfile de la Avenida de Mayo”. [19] De estos y otros atractivos no sólo disfrutaban los porteños. Los lagos de Palermo fueron en los 7

primeros años del siglo XX, lugar de esparcimiento de famosos cantantes como Enrico Caruso, durante su estadía en Buenos Aires en 1901, la soprano Luisa Tetrazzini que en 1898 acostumbraba a pasear en bicicleta por Palermo, el bajo español Perelló de Segurola, y ya en 1915 nuevamente Caruso recorrió la Av. de las Palmeras -hoy Sarmiento- y el flamante Rosedal, del que nos ocuparemos en el próximo capítulo de esta historia.

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