Reseña El capitalismo y los historiadores F.A. Hayek (editor), T.S. Ashton, R.M.Hartwell, D. De Jouvenel, A.

H Hutt Unión Editorial, Madrid, 1997 203 páginas L.M. Hacker,

Revolución Industrial y mitos socialistas

Por Albert Esplugas Boter Aún hoy está ampliamente extendida la idea de que la Revolución Industrial fue un período oscuro en la historia de Occidente, una etapa lúgubre y vergonzante en la que el hedor de las fábricas sustituyó el aire puro del campo feudal y las masas se vieron sometidas al látigo de los avariciosos capitalistas, empobreciéndose en beneficio de esta nueva clase pudiente. Persiste, todavía, en el imaginario de mucha gente la estampa de unos obreros, antes boyantes campesinos, urbanizados y explotados en las fábricas de la burguesía, en condiciones laborales atroces y en estricto régimen de subsistencia. La Revolución Industrial constituye de este modo el pecado original del capitalismo, cuando no la prueba de que el libre mercado es inherentemente injusto y debe ser corregido o superado por otro sistema que no esté en contradicción con la justicia social. La prosperidad de que gozamos, alegan, se alza sobre el sacrificio de aquellas generaciones pretéritas. El nuestro es un progreso teñido de culpa. Y si el capitalismo, para generar bienestar, requiere de un período inicial de penuria y explotación intensificada y generalizada, es que el capitalismo es indigno per se, porque nada intrínsecamente justo necesita de lo injusto para desarrollarse. Luego su status será, a lo sumo, provisional. El Capitalismo y los Historiadores, editado por Friedrich Hayek, es un compendio de ensayos que se propone refutar, de una vez para siempre, la popular y populista mitología socialista que envuelve la Revolución Industrial inglesa, manejada en esta obra como modelo paradigmático por ser la primera, la más afamada y la más estudiada de las revoluciones industriales. El libro reúne ensayos de Hayek, Ashton, Hacker, Hartwell, De Jouvenel y Hutt. La calidad y el interés de los distintos artículos es desigual, si bien no haremos aquí ninguna crítica exhaustiva de los mismos. Me parece más interesante destacar los aspectos relevantes de la exposición de cada autor y acaso emitir algún que otro juicio valorativo puntual.

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difundieron una visión radicalmente distorsionada y partidista de la realidad. refrendando las ideas estatistas esparcidas por doquier. tras el estudio de los datos de que disponen. el ejército de reserva de hambre”[2]. que en su día contribuyeron grandemente a la propagación del mito.La Revolución Industrial inglesa. Una muestra de esa imagen ilusoria divulgada durante más de un siglo la encontramos en The Impact of Science on Society. carentes de rigor e imparcialidad. criticada e impugnada por la mejor historiografía económica en la primera mitad del siglo XX. no pudo ser ignorada por aquellos autores con un mínimo de honestidad intelectual que antaño divulgaron falsedades. un dramatizado cuadro que se alejaba de los hechos tanto como se ajustaba a los esquemas ideológicos de la pujante masa socialista. que cabe ubicar entre mediados-finales del siglo XVIII y mediados del siglo XIX. faltos de una teoría previa y una metodología adecuada. sin embargo. no hostil a la tradición política decimonónica. 2 . Pese a ello. abarató todavía más el trabajo que ofrecían en el mercado: crisis industriales numerosas y frecuentes – inevitables en un período de crecimiento. antes al contrario: “Los estadísticos nos informan que. apenas nadie que se ocupe de historia económica puede dudar que el nivel medio de vida en la Inglaterra de los primeros años del XIX era más bajo que el de cien años antes. los Hammond. cuando la población y el consumo no se han estabilizado todavía. imbuidos de ideas marxistas. la ocupación de mujeres y niños en las fábricas hizo descender los salarios. como también en América. La duración del trabajo se alargó desmesuradamente. Esta falaz interpretación de los acontecimientos fue revisada. aún predomina en la opinión pública. ha sido objeto de estudio de un sinnúmero de historiadores que durante décadas. Así. una miseria indescriptible. En mi opinión. reconocieron al final de su vida que la Revolución Industrial no empobreció a las masas trabajadoras.incrementaban de tiempo en tiempo la multitud de parados. aunque en el mundo académico ya no pueda sostenerse seriamente tamaño artificio. advertimos la aciaga influencia de esa popularizada interpretación de los hechos: “Fue precisamente en el periodo del desarrollo industrial más activo cuando empeoraron la condiciones de vida del trabajador. Incluso en una obra como Historia del liberalismo Europeo. de Guido de Ruggiero. de Bertrand Russell: “La revolución industrial provocó en Inglaterra. La verdad. sino que viajaban libremente y podían reunirse allí donde la demanda de sus servicios era mayor. y esto ha de atribuirse casi exclusivamente a la técnica científica”[1]. la aguda competencia entre los mismos trabajadores que ya no estaban ligados a sus parroquias. pueden afirmar que los ingresos subieron y que la mayoría de hombres y mujeres. La ficción ha adquirido carta de naturaleza pasando a formar parte del reino de los hechos consabidos e indisputables.

Siendo todos testigos del progreso. Las concepciones políticas se filtran en la opinión pública no tanto en su forma abstracta como a través de imágenes e interpretaciones históricas. el hecho de que el ascenso del nivel de vida facilitara la toma de conciencia de una miseria que hasta entonces. En vano reúne un observador infinidad de datos si lo que pretende es extraer la teoría de ellos[4]. los terratenientes y los círculos conservadores de la capital difundieron esta versión sesgada de la acontecimientos en su pugna contra los fabricantes y el librecambismo. pero probablemente esta afirmación sea cierta. pero ausente la justificación teórica de 3 . La leyenda de los horrores de la Revolución Industrial es en este sentido un ejemplo paradigmático. Ahora bien. ¿Cómo va a distinguir. Pero. Apunta Hayek que la interpretación de la historia requiere de una teoría previa. motivo por el cual no siempre lo que creemos que ocurrió en el pasado se corresponde con lo que ocurrió realmente. ávida por reafirmar sus tesis con datos empíricos.en el tiempo en que este descontento se hizo más ruidoso y activo. las referencias que manejamos y que nutren tales opiniones están a menudo viciadas. con frecuencia la ideología y la historia se retroalimentan mutuamente. de golpe la pobreza se convirtió para muchos contemporáneos en una realidad anacrónica. Por un lado. Por otro lado. pues nuestra opinión sobre unas doctrinas e instituciones concretas viene marcadamente influida por los efectos pretéritos que les atribuimos. destaca Hayek. eran menos pobres que anteriormente. de modo que la industrialización no fue aplaudida por generar riqueza sino criticada por no producir la suficiente. versión que fue recogida por la historiografía socialista. como advierte Hayek. Hayek: historia y política Ha habido siempre una estrecha relación. luego la presentación que de los hechos hagan los historiadores puede tener una influencia vastísima en la sociedad. según Hayek. El material de prueba es naturalmente escaso. había pasado relativamente desapercibida. si un aumento del precio de un producto básico de la época es la causa o el efecto de una contracción de su demanda? Puede asociar dos realidades cualesquiera. En este contexto los historiadores juegan un papel preponderante. entre las convicciones políticas y los juicios que nos merecen determinados eventos históricos. Dos razones explican. en el silencio otoñal de los últimos años del siglo XVIII. De este modo el estatismo imperante se sirve de mitos históricos para reafirmarse mientras el pasado se examina a través de unas lentes estatistas. como la introducción de las máquinas y la pobreza. y su utilización no es fácil. el alcance y la pervivencia del mito. dice Hayek. atendiendo sólo a los hechos. en términos generales”[3]. al tenerse por usual e inevitable.

Ashton también da cuenta de la visión romántica de cierta literatura en relación a la época preindustrial. expresiones que no se corresponden con un tratamiento histórico serio de los procesos sociales. cricket. poco receptiva a unas tesis que cuestionaban algunos de los pilares de su ideología. toparon con una opinión pública saturada de estatismo. Disponían de tiempo libre para el saludable trabajo en su jardín o en su huerto. llevó la idealización de dicha época hasta extremos abiertamente ridículos: “Los trabajadores vegetaban en una existencia relativamente confortable. y si 4 . y en su físico poca o ninguna diferencia podía apreciarse con respecto a sus vecinos campesinos. y todos estos juegos: bolos. Sus hijos crecían al aire libre en los campos. Sus conclusiones. De esta suerte la pregonada ficción. resultado de navegar sin cartas y atender a prejuicios socialistas. No necesitaban trabajar en exceso. por ejemplo. football. y su situación material era mucho mejor que la de sus sucesores.. se ha personificado el capitalismo. ¿Desplazaron las máquinas a los trabajadores o elevaron su productividad marginal y abarataron los productos? ¿Causó la industrialización la miseria existente o permitió que ésta fuera menos severa? Un historiador sin teoría es un viajero sin mapa ni brújula. trabajo que constituía un solaz para ellos. las palabras de Hayek nos invitan a un moderado y prudente optimismo: “si hemos valorado correctamente la importancia que las valoraciones erróneas ejercieron en la formación de la opinión pública. etc. Pero aun cuando la auténtica versión de los hechos circula todavía hoy a contra-corriente. No hacían más de lo que habían decidido hacer y. no obstante. se ha atribuido a la legislación estatal mejoras que tienen que ver con el ascenso de la productividad de los trabajadores. y podían participar en otros juegos y diversiones de sus vecinos. Ashton: el tratamiento del capitalismo por los historiadores Ashton critica el infundado pesimismo que trasluce buena parte de la historiografía de la Revolución Industrial así como el que numerosos autores interpretaran los acontecimientos prescindiendo de las enseñanzas económicas. desvinculándolo de las interacciones humanas que lo definen. llevando una vida limpia y pacífica con toda piedad y probidad. Se ha dicho que los salarios vienen determinados por el mínimo de alimento necesario para subsistir. ganaban lo necesario.tal asociación el acto de interpretar la historia se convierte en un arbitrario juego adivinatorio. podemos concluir que ha llegado la hora de que la verdad acabe imponiéndose sobre la leyenda que ha dominado tanto tiempo a esa opinión”[5]. Friedrich Engels. En su mayor parte eran fuertes y bien formados. fue contestada en el siglo XX por una legión de historiadores sólidamente formados en teoría económica. con expresiones como “el capitalismo exalta la unidad monetaria” o “el capitalismo produjo la actitud mental de la ciencia moderna” (Schumpeter). sin embargo. contribuían a su salud y vigor físico.

que era en los talleres aislados. sin embargo. lo cierto es que no cabe concebir dicha injerencia estatal como algo justo o beneficioso.. Exactamente las mismas consideraciones que nos llevan a rechazar hoy la intervención del Estado en el ámbito de la sanidad y la enseñanza son las que debieran llevarnos a reprobar esta lamentable concesión de Hacker. Las causas. al tiempo que la jornada de ocho a doce horas era algo que no les concernía”[6]. Explica Ashton que una lectura atenta de los numerosos informes de las Comisiones Reales y de los Comités de Investigación redactados durante los siglos XVIII y XIX permite aseverar que muchas de las penurias y desdichas de la época fueron producto de una legislación. prosigue Ashton. la introducción “de una política estatal en gran escala a favor de la salud y de la instrucción pública”[7]. se desprende que los trabajadores industriales estaban mejor pagados que los domésticos. los slums. El profesor Hacker. familiarizados con métodos caducos. unos hábitos y unas formas de organización que habían quedado obsoletas.ayudaban a sus padres en el trabajo. añade en defensa del siglo XIX un tercer punto del todo desafortunado. El caso de las viviendas es ilustrativo. para centrarse luego en los particulares prejuicios anticapitalistas de numerosos historiadores norteamericanos. donde se registraban unas condiciones laborales más precarias. De aquellos informes.. alude a los obstáculos institucionales que en ocasiones ralentizaron el acentuado progreso en Inglaterra. era de manera meramente ocasional. estudios como los de Bowley y Wood ponen de manifiesto que los salarios reales siguieron un recorrido ascendente durante la mayor parte de aquel período. y al mismo tiempo los países menos desarrollados se vieron favorecidos por un creciente flujo de inversiones. que era en los pueblos remotos y en las zonas rurales. no en las fábricas de vapor. donde las restricciones a la libertad personal y los malos tratos eran más frecuentes. por un 5 . Asimismo. siguiendo a Ashton. Aunque este hecho desmintiera las afirmaciones socialistas en sentido contrario. y no en los campos carboníferos o en las zonas urbanas. Hacker. que achacaron la responsabilidad de tal estado de cosas a la industrialización. no obstante. fue expresivamente denunciado por los reformadores sociales. Hacker: los prejuicios anticapitalistas de los historiadores americanos Hacker reflexiona primero acerca del sesgado tratamiento histórico de que ha sido objeto el capitalismo en los siglos pasados. cabe buscarlas en los movimientos migratorios de la población. la precariedad de las casas. a saber. Hacker tilda de burda calumnia el epíteto de “inhumano” que con frecuencia se adjudica al siglo XIX: por aquel entonces los salarios reales aumentaron en los países industrializados debido al descenso de los precios de las mercancías. El abarrotamiento.

tomando partido por unas políticas que por muy capitalistas que se les antojen a sus detractores no son para nada liberales. Los federalistas.. y la política fiscal. planes de obras públicas. los prejuicios anticapitalistas no eran aquí tanto de ascendencia marxista como producto de ideas socialdemócratas y fabianas y de un examen histórico viciado por juicios morales. Hamilton fue asociado con el capitalismo y Jefferson (y Jackson) con el igualitarismo. Atendiendo a consideraciones más morales que económicas. El énfasis de Jefferson en los derechos naturales y la propiedad privada da cuenta de sus principios liberalclásicos[8]. de estirpe hamiltoniana.lado. por el contrario. contendría reveladoras enseñanzas para el mundo de hoy. aranceles protectores. electromagnetismo o termodinámica. De Jouvenel: los intelectuales europeos y el capitalismo Explica De Jouvenel que los procesos sociales son sensiblemente más complejos que los fenómenos físicos. mientras que los impuestos sobre los materiales de construcción encarecieron las viviendas. pero muchos sí se creen capacitados para opinar sobre economía. Si el desarrollo del capitalismo americano hubiera sido objeto de un adecuado tratamiento histórico. sino más bien en mercantilistas. Lo que se echa en falta 6 . y sin embargo se da la paradoja de que las gentes están menos dispuestas a reconocer su ignorancia en cuestiones sociales que en cuestiones de física. los whigs y luego los republicanos. un sistema monetario nacionalizado. ayudas estatales para las industrias nacientes (uno de los pilares del programa de Hamilton). sostiene Hacker. lo cual no les convierte en pro-capitalistas. Hakcer se refiere en este contexto a la increíble influencia que ha ejercido tradicionalmente la disputa política entre el hamiltonismo y el jeffersonismo. Jefferson y Jackson.. por el otro. Los individuos de a pie no emiten juicios sobre acústica. sus fundamentos y sus implicaciones. dificultaron la inversión de capital. promovieron un gobierno central fuerte. con conocimiento de causa parece. A diferencia de los del viejo continente. motivo por el cual los historiadores anticapitalistas se sirvieron de la figura del segundo para divulgar sus interpretaciones. Hacker alude a los prejuicios anticapitalistas extendidos entre estos últimos y ahonda en sus rasgos. por ejemplo. a menudo incluso pomposamente. Fatalmente Hacker hace suya esta misma asociación. Unos tipos de interés artificialmente fijados. señala Hacker. fueron valedores de la corriente demócrata más anti-estatista. hostil al intervencionismo del gobierno federal y a la existencia de un banco central. En lo tocante al desarrollo del capitalismo en Estados Unidos y a su tratamiento por parte de los historiadores norteamericanos.

encuentra una fortísima resistencia a la venta de su propio producto y trabaja con pérdidas”[11].aquí es por supuesto un ápice de humildad y sensatez[9]. es una delicada responsabilidad. Ya que el cometido de los intelectuales es pregonar la verdad. Por eso no es extraño que el intelectual se sienta identificado a menudo con el déficit: “Se ha observado que tiene simpatía por las instituciones deficitarias.. Pero el pobre que yacía en el camino. por las industrias nacionalizadas financiadas por la Hacienda pública. ¿Cuántos bienes 7 . sin atender a la correspondencia entre los efectos de dichas instituciones y el fin propuesto. por los periódicos incapaces de autofinanciarse. Luego armoniza ambas ideas asignando a la “fuerza del progreso” aquello que le gusta y a la “fuerza del capitalismo” aquello que no le gusta. Los intelectuales menosprecian al hombre de negocios porque éste ofrece al público lo que desea. elogiaban a Moscú porque se alegaba que aquélla era la motivación del régimen soviético y no la del norteamericano. De Jouvenel expone el caso de los estudiantes occidentales que. mientras que ellos dicen al público lo que debe y no debe desear. “El hombre de negocios obra dentro del sistema de gustos y de juicios de valor que el intelectual debe intentar siempre cambiar”[10]. apunta De Jouvenel. argüían que el bienestar de los trabajadores debía ser el objeto de los gobernantes y. Han sido especialmente los hombres de negocios y no los intelectuales los que han hecho posible el crecimiento exponencial del bienestar. dice De Jouvenel. El estudio del pasado lleva la impronta de las ideas del presente. “servir a necesidades más elevadas”. pero por otro lado considera que la industrialización destruye valores y comporta una ruda disciplina. ¿Por qué? Porque sabe por personal experiencia que siempre que obra como piensa que debe obrar no hay coincidencia entre su esfuerzo y la manera en que éste es acogido. virtudes olvidadas por no pocos historiadores. en tiempos de la Guerra Fría.) Puesto que la misión del intelectual es hacer comprender a la gente que son verdaderas y buenas ciertas cosas que antes no reconocía como tales. la disposición del intelectual con respecto al proceso económico es doble: por un lado ensalza las conquistas de la técnica y se congratula de que la sociedad goce de un mayor número de bienes. De acuerdo con De Jouvenel. Asimismo cierta intelectualidad juzga las instituciones desde un punto de vista pretendidamente ético. no fue socorrido por el intelectual (el levita) sino por el comerciante (el samaritano). aunque era en Estados Unidos y no en la URSS donde aquel fin se había alcanzado. Para ilustrar su tesis. Por otro lado. afirma De Jouvenel. De Jouvenel destaca que “tendemos a adoptar respecto al hombre de negocios la misma actitud de superioridad moral que el fariseo respecto al publicano”[12]. por los centros universitarios que dependen de subsidios y donaciones. advierte. Por eso “la actitud del historiador refleja una actitud difundida entre los intelectuales en general” y para explicar el sesgo de los primeros debemos remitirnos a los segundos. (..

Ashton: nivel de vida de los trabajadores en Inglaterra desde 1790 a 1830 En este segundo ensayo Ashton empieza reconociendo que hubo varios economistas que en su día juzgaron con pesimismo los efectos de la industrialización. Así John Stuart Mill escribía en 1848: “Hasta este momento es discutible que las invenciones mecánicas realizadas hayan aliviado la fatiga diaria de cualquier ser humano. La 8 . o los medios para obtener lo necesario para vivir. la máxima “dad al público lo que quiere” sea aplicable al empresario pero no a un buen escritor. la dificultad de importar alimentos motivó el desarrollo de cultivos marginales y los ingresos de los agricultores y los propietarios de parcelas aumentaron.. Opiniones similares expresaron Thomas Malthus o J. en Inglaterra los salarios. Ashton diferencia tres períodos en su análisis: el período de la guerra. En el bando opuesto encontrábanse hombres igualmente distinguidos y con no menos afán reformador. y los bienes económicos al alcance de estas clases han aumentado con el último aumento de población”[14]. radicales.. junto con el coro de filósofos. En palabras de este último. han aumentado para el conjunto de los trabajadores. la realidad fue más halagüeña: “Es un hecho que. conservadores. John Rickman y Edwin Chadwick. McCulloch.de los que se comercian en el mercado puede uno considerar más o menos perjudiciales? ¿Acaso no son infinitamente más numerosas y devastadoras las ideas perniciosas que muchos intelectuales diseminan por doquier? Si los intelectuales se ven relegados a un segundo plano es porque otros satisfacen mejor las necesidades de la sociedad. hasta este momento [1842]. y el período de expansión económica. Ha aumentado el bienestar de las clases medias. John Wesley. En el período de reajuste subsiguiente los alquileres de las casas y el tipo de interés apenas disminuyeron.. Han hecho posible que un número mayor de personas vivan la misma vida de ingrato trabajo y de reclusión. se contrajo el gasto público y hubo una reticencia generalizada a invertir a largo plazo.. Si en el primer período las condiciones de los trabajadores empeoraron y en el segundo apenas experimentaron mejora. y que un número creciente de industriales y de otro acumulen riquezas. que compartían una explícita aversión al sistema de fábrica. Patrick Colquhoun. aunque como dijera De Jouvenel. Al mismo tiempo se sucedieron quiebras bancarias. Durante la guerra el ingente gasto público improductivo redujo el bienestar de la población. en el tercero se inició una tendencia de progreso. la escasez de materiales de obra así como las elevadas tasas de interés y los impuestos sobre la propiedad refrenaron la construcción de viviendas en un momento en el que su demanda había crecido. George Chalmers. el período de la posguerra y el reajuste. como Sir Frederic Eden. clérigos. pero hasta ahora no han comenzado a realizar los grandes cambios en el destino humano que está en su naturaleza y que están llamadas a efectuar en el futuro”[13]. poetas.R.

. La producción industrial.). las escuelas. aumentó a un ritmo del 3-4% anual durante el intervalo 1782-1855. todo ello reflejo de un notable progreso económico. Las botas reemplazaron a los chanclos y se popularizaron complementos como los sombreros. Prosperaron las cajas de ahorro. del té. Elizabeth Gilboy. el progreso técnico y un aumento de las capacidades laborales y empresariales”[15]. por ejemplo. abrieron perspectivas de mejora para las masas trabajadoras. con un estancamiento durante la guerra y quizás un leve retroceso en los años 30). Después de destacar la valía de los estudios de Norman J. que en 1770 constituía un quinto de la renta nacional. y aquellos cuya productividad marginal se vio incrementada y gozaron de un poder adquisitivo más elevado.2% al 28. la renta nacional inglesa se duplicó entre 1800 y 1850 (el crecimiento fue irregular.vuelta al patrón oro. el precio de los vestidos. Paralelamente aumentó el número de empleados en el sector servicios (transportes. el descenso del tipo de interés y de los alquileres. los periódicos y opúsculos.2%)... del café y del azúcar. tras su creación en 1817. los sindicatos. las sociedades de mutuo socorro. Las cajas de ahorro... profesiones liberales. pasó a representar un tercio del total en 1831. acumulaban unos depósitos de 14. la reforma del sistema fiscal. los pañuelos o los relojes. la superación de la escasez de la etapa bélica.5% anual. Hartwell: el aumento del nivel de vida en Inglaterra de 1800 a 1850 El artículo de Hartwell es un compendio de datos y argumentos que respaldan la tesis de que el bienestar de la población aumentó extraordinariamente como consecuencia de la Revolución Industrial.. Los censos muestran que el porcentaje de familias dedicadas a la agricultura descendió siete puntos entre 1811 y 1831 (reducción del 35. Silberling.) que apenas participaron de las ventajas de la industrialización. tejedores a mano. de acuerdo con los datos de Hoffmann. finanzas. Según las estimaciones de la época..3 millones de esterlinas en 1829 y de casi 30 millones en 1850. Disminuyó. los más importantes fueron la formación de capital.. los templos no conformistas. administración pública.2-1. siendo la mayor 9 . la caída de los precios fruto de la reducción de costes. comercio. Hartwell destaca que “entre los factores que contribuyeron a aumentar la producción per cápita. Rufus T. Tucker. En este contexto es preciso señalar que la industria manufacturera. mientras que para ese mismo período la tasa de crecimiento de la población fue del 1. Por último cabe subrayar que Ashton distingue dos grupos de trabajadores: aquellos con escasa o nula especialización (agricultores. Ashton pasa a criticar ciertos aspectos de su metodología y a señalar el ligero aumento del coste de los productos alimenticios así como la caída de los precios y el vasto aumento de la oferta en otros ámbitos.

parte ahorros de asalariados y artesanos. llegaron a reunir cerca de dos millones de socios. 51 onzas de patata y 32 onzas de fruta. refiriéndose al período 1822 –1856. lo que no significa que fuera un nivel de vida alto o que no hubiera grandes focos de extrema pobreza. 30 onzas de carne. Hartwell considera positiva cierta legislación que limitó la jornada laboral y restringió el trabajo de los menores. P. 35 onzas de carne. Hutt: el sistema de fábrica a principios del siglo XIX Hutt se propone examinar críticamente las principales fuentes de que se han servido los historiadores e interceder en algunas de las disputas más importantes sobre la materia.000 en 1858. Debido a una alimentación más sana. el trabajo infantil y femenino.. que 10 . se inició una de las revoluciones sociales más notorias: la emancipación de la mujer. que “todas las enfermedades típicas del trabajo de fábrica en 1822 han desaparecido casi completamente”[17]. escribía en un ensayo para la Social Science Associaton de Bradford. en absoluto constituían fenómenos nuevos. sin embargo. cifras muy similares a las del consumo inglés registradas en 1959: 5 onzas de mantequilla.Simmonds. afirmó que “el hombre inglés está mejor alimentado que cualquier otra persona en el mundo”[16]. las adulteraciones alimenticias. Hubo asimismo avances sanitarios y las condiciones laborales de las fábricas mejoraron. Las sociedades de asistencia y ayuda mutuas. Desafortunadamente. legislación innecesaria en la medida en que vino a sancionar una realidad ya establecida y contraproducente en la medida en que elevó los costes de los empresarios y rebajó la producción y los ingresos de las familias Hartwell asevera que todos los indicios apuntan en la misma dirección: el nivel de vida aumentó para la mayor parte de la sociedad inglesa en la primera mitad del siglo XIX.L. Precisamente la Revolución Industrial permitió su paulatina superación. Hartwell destaca además que en aquel período. que estudió las costumbres alimenticias inglesas a mediados del siglo XIX. unas 20. 56 onzas de patatas y 16 onzas de fruta. unos hogares más confortables y una mayor higiene la población fue menos propensa al contagio de enfermedades como la tisis. R.. las duras condiciones laborales. uno de los primeros inspectores de fábricas. Pero la miseria. En primer lugar valora las declaraciones del Comité Sadler. algo inconcebible hasta entonces. Hartwell también examina un conjunto de datos sobre productos alimenticios para concluir que el londinense medio en 1830 consumía semanalmente 5 onzas de mantequilla. Baker. en parte debido a las oportunidades económicas que surgieron.

describen una espeluznante sucesión de crueldades. Por un lado varios autores consideraron síntomas de decadencia comportamientos que a otros pudieran parecer más bien signos de progreso: el que los niños prefirieran golosinas a alimentos sencillos. aquellas factorías que recortaban sus jornadas eran en ocasiones testigos de la 11 . Hutt cuestiona que las fábricas alentaran la discutible degradación moral de los asalariados.. Los industriales reclamaron una nueva Comisión. que dejó patente los embustes formulados por el Comité anterior. acervo adversario del sistema fabril. el que las chicas compraran los vestidos en lugar de confeccionarlos ellas mismas. y mientras se les deje hacer una vida salvaje.. que el declive moral fuera producto de la masiva inmigración irlandesa. el consumo de té. Hutchins. médico hostil al sistema industrial que si bien censuró la degradación moral de los trabajadores.. enfermedades y deformaciones que supuestamente afectaban a los niños que trabajaban en las fábricas inglesas. Greg se tratara de una “masa de declaraciones unilaterales y de groseras falsedades y calumnias. la segunda. redactado con fines de partido por enemigos declarados del sistema industrial.H. Al mismo tiempo. se encontrarán en cierto sentido en una situación mejor cuando se les emplea en un trabajo ligero. con una tradición social menos arraigada. El propio Engels. que podrían moverles a la intemperancia (tesis que sostienen enemigos de la industrialización como Thackrash o Gaskell). Se advirtió que la acusación de crueldad sistemática con respecto a los niños carecía por completo de base. a pesar de que en opinión de R.. Los obreros tendían a preferir las fábricas porque allí era donde se ofrecían salarios más elevados. Harrison y otros historiadores de renombre. como algunos reformadores reconocieron. De hecho se deducía de los informes de esta segunda Comisión que los maltratos que en ocasiones padecieron fueron perpetrados por obreros en contra de la voluntad de los patronos y sin su conocimiento. se opuso a la prohibición del trabajo infantil: “Mientras [los niños] no puedan recibir en casa una educación. los altos salarios de los obreros. Así. Por otro lado Hutt apunta dos posibles causas que explicarían la aparente degradación moral: la primera. Interesante resulta asimismo el testimonio de Gaskell. En el Comité de los Lores de 1818 las declaraciones de los médicos corroboraron en general que la salud de los niños que trabajaban en las fábricas era por aquel entonces tan buena como la de los niños que no trabajaban en ellas. señaló que el informe “es claramente partidista. Hutt enjuicia las condiciones laborales en las fábricas de acuerdo con los criterios de la época. Sadler se dejó traicionar por su noble entusiasmo y ofreció declaraciones falseadas y completamente erróneas”[19]. elegían las condiciones que los reformadores condenaban”[21]. Tales declaraciones fueron recogidas con avidez por parte de los Hammond.. como es el que de ordinario les toca efectuar”[20]. como probablemente jamás se había visto en un documento oficial”[18]. el consumo de tabaco. miserias.. no deja de resultar ilustrativo el hecho de que “en los límites en que los trabajadores de entonces tenían la posibilidad de ‘elegir entre beneficios alternativos’.

“El Capitalismo y los Historiadores” desnuda el mito de los horrores de la Revolución Industrial. no obstante. 23 [2] Íbid. Impugnarlos a veces resulta no sólo políticamente incorrecto. Mientras el desarrollo del sistema industrial no produjo un aumento general de la prosperidad material. y que la legislación fabril no contribuyó de una manera esencial a la erradicación de estos “males”. Esta obra constata que no hay razón para que los liberales permanezcan a la defensiva. sigue empleando la Revolución Industrial como arma arrojadiza contra aquellos que secundan el mercado libre. El mito de la “democrática” Segunda República española. El apoyo de las clases pudientes a las restricciones legales del trabajo infantil “obedecía a una absoluta falta de comprensión de las dificultades que las clases trabajadoras tenían que afrontar.. Pág. luego uno debe remitirse al contexto social de aquel período para entender porque las familias les enviaban a las fábricas.marcha de sus propios obreros a factorías en las que se laboraban más horas a cambio de salarios más altos. A lo largo de sus siete ensayos desenmascara las simples falsedades y las burdas exageraciones de que ha sido objeto la historia de aquel período. 1997. sino políticamente grotesco. El socialismo. lejos de ser una muestra de los horrores del capitalismo. “Algunas condiciones que con criterios modernos se condenan eran entonces comunes a la colectividad en su conjunto. Conclusión El estatismo es prolífico en mitos. sino que contribuyó también a oscurecer y a obstaculizar remedios más naturales y deseables”[23]. pág. La Revolución Industrial. es un formidable ejemplo de los beneficios del libre mercado. Hutt concluye que hubo una tendencia a exagerar los “males” de la Revolución Industrial. el mito de Lincoln el “libertador”. y la legislación no sólo causó otros inconvenientes. sugiriendo las causas que se esconden tras esta popularizada tergiversación de los hechos. no claramente visibles en los complejos cambios de la época. 21-22 12 . estas restricciones sólo pudieron aumentar la miseria”[22]. [1] Friedrich Hayek (editor). Hutt apunta que el afecto de los padres hacia sus hijos no era entonces menor que ahora.. y algunos están de tal modo consolidados que cuestionarlos implica exponerse automáticamente al menosprecio y a la marginación intelectual. “El Capitalismo y los Historiadores”. el mito del crack del 29 como “corolario del capitalismo irrestricto”. En cuanto al trabajo de los niños.

1997. [16] Íbid. 2004 (http://www. En palabras de Robert Nozick: “Los intelectuales piensan que son las personas más valiosas. 1995. which is. Pág. el mercado distribuye a aquellos que satisfacen las demandas de los demás expresadas a través del mercado. “For a New Liberty: The Libertarian Manifesto”.lewrockwell. 162. Robert Nozick. pág 39. engendrados por la concurrencia de diversas relaciones causales. “The Bleak Age”. 114. Pág. 2004 (http://www.L. citando a J. produce esa animadversión”. pág. Pág. véase Luigi M. véase Murray Rothbard. Hammond y Barbara Hammond. 23. Para una síntesis de la historia del libertarismo jeffersoniano y jacksoniano. y lo que distribuya de este modo depende de lo que se demande y del volumen del suministro alternativo. Pág. Los empresarios fracasados y los trabajadores no sienten la misma animadversión al sistema capitalista que los intelectuales forjadores de palabras. [15] Íbid. 7ª edición. “¿Por qué se oponen los intelectuales al capitalismo?” [12] Íbid. after all. Antes al contrario. “The Rousseau of the Right”. [6] Íbid. [14] Íbid. 145. no permiten evidenciar la certeza o el error de teoría alguna. 1934. [5] Friedrich Hayek (editor).: Jefferson on Property Rights”.mises. 1997. Pág. 34. Journal of Libertarian Studies. “El Capitalismo y los Historiadores”. o de unos derechos traicionados. 115. 110. [10] Friedrich Hayek (editor). Aparte de los regalos. [8] Sobre el mercantilismo de Hamilton. Ludwig von Mises. [7] Íbid. pág. Liberty. “Life. 108-109. Solamente la conciencia de una superioridad no reconocida. Sobre Jefferson y su defensa de los derechos naturales y la propiedad. esos fenómenos sólo resultan inteligibles si se interpretan a la luz de teorías previamente desarrolladas a partir de otras fuentes”... [4] “Los fenómenos complejos. a specialized discipline and one that most people consider to be a "dismal science. 2002 (http://www.pdf).mises. “El Capitalismo y los Historiadores”. 13 .[3] Íbid. 1997. Pero una sociedad capitalista no cumple el principio distributivo "a cada uno según sus méritos o valía".org/journals/jls/18_1/18_1_2. Bassani. 109. véase Thomas DiLorenzo. [11] Friedrich Hayek (editor). las herencias y las ganancias del juego que se dan en una sociedad libre. [13] Íbid. “Making Economic Sense”. Murray Rothbard. “El Capitalismo y los Historiadores”.com/dilorenzo/dilorenzo64. y que la sociedad debería premiar a la gente en función de su valía y mérito.asp) [9] “It is no crime to be ignorant of economics. Pág.html). Pág. las de mayor mérito." But it is totally irresponsible to have a loud and vociferous opinion on economic subjects while remaining in this state of ignorance”. 40-41. pág. Pág 65. and.org/rothbard/newliberty01. “La Acción Humana”.

[23] Íbid. Pág. Pág. 174. 183. 198. 184. Pág.org 14 . 190-191. Pág. Pág. 199. [18] Íbid. [20] Íbid. Pág. [21] Íbid. © 2001-2011 liberalismo. [22] Íbid. 203. [19] Íbid. Pág.[17] Íbid.