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EL MAL DETRÁS DE LA CERCA

Las navidades son peligrosas: pero el día previo puede ser (es) peor.

La señora Heller prendió la radio con rapidez, sin soltar su tejido a crochet, queriendo informarse de la tormenta; pero tampoco era tan importante como para dejar sus quehaceres. Había estado todo el día armando ese tejido para su nieto y una tormenta no la detendría <Una odisea con un final ya escrito> pensaba; ya que aunque en ese instante se fuera a cortar la luz de toda la cuadra, ella no pensaba soltar su tejido. Había trabajado muy duro. La estática de la radio se arregló luego de unos segundos y la agradable y festiva voz de BOBWGH72 comenzó a resonar en los viejos parlantes. De fondo una de esas inolvidables canciones de Johnny Cash que todos disfrutan, iba bajando mientras era ahogada por la voz del locutor. - BOB (Los sonidos de inodoro, chistidos y onomatopeyas tan típicas interrumpian e intercalaban entre letra) W <<Bauunnggg!!!!>> G << Ssschhhuirrtt >> H << kuiiijjtsss >> ¡SETENTA Y DOS! - ¡BOBWGH72! – Repetía ligeramente, con una audaz voz de fiesta. - Les habla su fiel servidor, acaban de escuchar The Beast in Me del fantástico Johnny Cash. En breve vamos a trasladarlos al mundo del Rock’n Roll con Stooges, Iggy Pop y Sabbath. - ¡FALTA UN DÍA PARA LA NAVIDAD! ¡Así es! Ya pasadas las doce; buenas noches radioescuchas. La fecha exacta es veinticuatro de diciembre de 1977 y espero que Santa ya esté preparado, mañana será un día movido. ¿Alguna novedad de la tormenta? - Sí Bob – Contestó el compañero – Desde la central meteorológica llegan informes del acercamiento de la tan temida y esperada tormenta que pasará esta noche por Danville. - Mis conejos son: atranquen bien las ventanas, metan al perro adentro, desconecten el televisor para evitar que se queme por una de esas casualidades y disfruten de la música. ¿Nevará mañana? No puedo esperar para averiguarlo. Milda Heller cruzó sus arrugadas piernas, las tapó con su camisón de seda y dejando el tejido de lado se durmió ante el resplandor de su vieja chimenea. <Soñó con su esposo muerto>

Henry había fallecido hace 3 años y esa noche se le presentó en un sueño a base de recuerdos, lindos recuerdos, jóvenes. No corras, te vas a lastimar – Repetía por alguna razón Henry. No lo haré. Pero no porque tú me lo digas, sino, porque no quiero. Aún estás enojada conmigo; lo siento en tu voz, cariño. Sí… porque te fuiste; me dejaste sola en esta maldita casa. Soy vieja, no quiero estar sola. – Decía Milda, llorando. En su sueño lucía joven, pero la angustia era inevitable de todas formas. Cuidado. ¿De qué? De las ramas. No hay ramas, Henry. Estamos parados sobre el océano. Pero las habrá.

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Contra toda explicación, el Henry de ensueño acertó. Las ramas excitadas por el lamento del viento irrumpieron en el ventanal de la señora Heller. Una lluvia de diminutos cristales calló sobre la alfombra y ráfagas de ventisca apagaron la chimenea. El radio voló, los tejidos y la arrugada piel de Milda quedó estropeada por incontables cortes. Una horda de inquietas hojas, mojadas por lluvia invadió la alfombra y hasta llegaron a la cocina (Casi parecía él Diablo). La señora Heller, atónita y atemorizada no llego a ponerse de pie cuando uno de los cristales se enterró con extrema fuerza en su cuenca derecha. Se desvaneció sobre el sillón de tela morada, ahora cubierto por hojas y un crujido se oyó, casi mudo ante la convulsión del viento.

<… Y ahí quedó tendida, en sus propios jugos>

La mañana siguiente fue ajetreada… La calle Neyland parecía un cementerio de árboles y postes de electricidad. Las cercas, previamente blancas, ahora estaban bañadas en fango y pasto. Cadáveres de arbustos surcaban la calle, impidiendo el paso a los bomberos, las ambulancias y patrulleros. Incluso los árboles más viejos habían sido vencidos en batalla por la tormenta de la noche anterior. ¡Y qué tormenta! ‘’El Ombú de la señora Mosby había destrozado la camioneta Peugeot de Malcom, el hijo de la familia McCardy; cuando llegara de sus vacaciones, va a ponerse muy feo’’ – Pensaba Nicky mientras apoyaba sus cachetes sobre el pálido vidrio, los levantaba y hacía nubes de vapor corporal para luego destruir con dibujos de penes. - ¡MAAAAAAAAAAA! ¡NICKY ESTA DIBUJANDO ESAS COSAS DE NUEVO! - < Cállate tonto > pensaba Nicky. Las ganas no faltaban de pegarle a Tommy. Siempre se metía donde no le incumbía: El año pasado le había contado lo de los sapos. < Tengo una idea; pongamos una bolsa de sapos muertos en la chimenea del director Tennant > Había estado todo un día juntando sapos y Tommy había arruinado el plan cuando se lo con a Má. - ¡Cállate tonto! - No, cállate tú. - ¡Te voy a pegar Tommy; si no te callas te voy a pegar! Tommy corrió a avisarle a Má y para cuando ella llegó, Nicky ya había borrado la evidencia del crimen. - ¡TOOOOMMY! ¿Qué dije de mentir? Debes dejar de acusar a tu hermano. - Pe-pero, él había… - ¡Pero nada! Ve a la mesa que ya está el desayuno; Nick, tú también… - Sin ninguna respuesta, vuelve a repetir - ¡NICHOLAS RYAN PARKER!

- ¿Q-QUÉ? – Volteo asustado el pobre niño. - ¡A DESAYUNAR! - Ya voooooy… - ¡YA! – Fue la respuesta inmediata de su madre. Entonces tuvo que pararse, ponerse sus ridículas pantuflas lanudas, acomodarse el salto de cama bordó y caminar recto, cual dictadura, hacía la mesa a comer su desayuno – Ricos huevos, cereal y jugo. - <Un momento… ¡No me lavé los dientes!> - Pensó Nicky – Tal vez no se de cuenta esta vez. ¡Oh no, ahí estaba! - ¡NICHOLAS! Los dientes… ¿Los lavaste? - ¡Sí! - No me mientas. - No… - Nicky bajó la cabeza. A paso lento fue al baño mientras rosaba la pared con sus dedos, haciendo líneas imaginarias. Subió las escaleras y se dirigió al baño al lado de su habitación; abrió el botiquín, tomó su pasa dental y cuando lo cerró, el espejo enfocó en su reflejo la vieja casa de Rodrerick. A la cuál ningún niño se animaba a ir, a la cual ningún padre se atrevía a hablar y de la cual nadie sabía nada ‘’Sólo sé que es del viejo Rodrerick: Esta vivo, creo, pero nunca sale de su casa’’. Cogió el cepillo, lo bañó en mucha pasta dental y comenzó la rutina. De momento algo le llamó la atención y lo interrumpió: Ladridos. Volteo y se dirigió a la ventana, húmeda por el rocío y la abrió – Esta muy frío este mango – Pensó. Y era así, estaba helado: CASI CONGELADO. Sacudió sus pequeños dedos y al compás bajó la vista hacía la casa de la vieja Heller. - ¡MADRE MÍA! – Pensó. El cuerpo de la señora Heller era trasladado en una bolsa negra y brillosa hacía el interior de una ambulancia; los perros no paraban de ladrar y un tumulto de viejas chusmas comenzaban a organizarse alrededor.

De nuevo la distracción: Justo en la casa de al lado, se asomaba por la puerta Mindy Campbell ‘’La hermosa, preciosa, perfecta Mindy Campbell’ Nicky tiró su cepillo y se escondió tras la cortina mientras se atragantaba con la asquerosa pasta dental.

Esperó unos minutos y asomó su ojo para ver si ya había vuelto a dentro. Tiró un tonto suspiro y relajó los hombros; al voltear la vista abajo vio que su cepillo de dientes había caído en el inodoro – ¡DIUUUUG! No pienso volver a usarlo. Cuando volteo para irse, Nicky quedó helado del susto: Una extraña sensación corrió su brazo izquierdo. Como si alguien hubiese pasado su mano por su brazo, lo hubiese rozado y lo hubiese retirado en seguida. Como si… - Como si fuera el fantasma de la señora Heller - ¡NO! ¡YO NO CREO EN ESAS COSAS! En eso cree Tommy… Pensó nuevamente. Tomó coraje, volteo y observó que no era más que la cortina. Que ondulaba de afuera a adentro y se había topado con su muñeca – Te lo dije – se dijo a si mismo. Al acercarse para cerrar la ventana y acomodar las cortinas, vio una avioneta roja sobrevolar muchos metros sobre el cielo, su casa. Dirigiéndose hacia la colina. Bajó las escaleras, se sentó en su silla y terminó su desayuno. Cuando lo recordó, mencionó – Ha, la señora Heller está muerta. – Su madre se detuvo de repente, soltó los platos que aún no había terminado de fregar y volteó hacía Nicky. - ¿Qué? - Sí, se la llevaron en una bolsa negra. - ¿En serio? – La madre se dirigió a la puerta de entrada y el pequeño Tommy (Era un niño muy pequeño, siempre andaba en piyamas y tenia rulos de color dorado como el sol en la mañana… pero era muy travieso)

quiso pasar por los lados, pero al ver que su madre mantenía la postura, intentó pasar por debajo de sus piernas; Tommy empujó tanto mientras Má estaba distraída que hizo que tirara su café sobre la nieve. - ¡Tommy! El crimen estaba hecho: Tommy corrió riéndose a carcajadas, se dirigió a la puerta trasera y se escondió en el cobertizo, aún riéndose. Su madre atrás intentaba adivinar el camino que tomó. Abrió repentinamente las puertas del armario del Living, creyendo que estaba escondido ahí - ¡TE ENCONTRÉ! Pero no lo estaba. Así que vio la puerta trasera abierta y se enojó: - ¿Tommy? Tommy, no llevas tus pantuflas. Vas a resfriarte, ¡TOMMY! Tommy espiaba a su ma, con una sonrisa entre labios desde atrás del cobertizo cuando fuera de su cerca, allá a lo lejos, más allá de la casa de la señora Heller. En la vieja colina, vio lo que vio. Una avioneta surcaba los cielos tormentosos en ese instante, y al llegar a la colina, simplemente desapareció (Cómo si se hubiese hecho invisible) Tommy intentó advertírselo a su madre, que cuando lo vio, instantáneamente corrió, lo alzó sobre ella y empezó a torturarlo con cosquillas – No debes salir afuera si no estás vestido, puedes enfermarte. - Pero… - Tommy no quitó ni un segundo la vista de la vieja colina y no lograba poder completar ni una sola palabra. - ¿Pero? Querrás decir ‘’Perdón’’. – Su madre lo sacudió lo suficiente para hacerlo reír a carcajadas nuevamente y el pequeño volteó la vista hacía ella y apoyó su cara sobre su cuello riéndose. Cuando volvieron adentro, Tommy se puso sus pantuflas y corrió a su habitación, que también era la de Nicky. Se escabulló por debajo de la cama de su hermano y tomó una vieja caja empolvada – Al igual que su hermano, Tommy era un niño

inteligente y valiente – Una gigantesca araña dormitaba sobre unos relucientes cómics guardados en folios. Tommy sin pudor, la tomó con sus pequeños dedos y la lanzó sobre la alfombra: La misma se perdió en la oscuridad de las hendiduras de los muebles. Había una colección de la más variada dentro de esa vieja caja: The xMen, The Invisible Man, Flash Gordon, Batman y Robin, Tales from the Crypt y algunos que Tommy ni siquiera podía pronunciar y que se negaba a pronunciar de tan difíciles que eran. Mientras revolvía los cómics, los iba arrugando de manera irresponsable: Su objetivo era encontrar uno que ya había leído. Nicky terminó su desayuno y corrió a su habitación para cambiarse la ropa – Debía ir al centro comercial. Cuando entró, se encontró con su hermano ¡ARRUINANDO SUS CÓMICS FAVORITOS! – Esta vez no se salvaría. Se los quitó de la mano, mojó su dedo en su asquerosa saliva mezclada con huevos y tocino y perforó su oreja. - ¿Qué te dije de tocar mis cómics? ¿Qué te dije de tocar mis cómics? - ¡BASTA NICKYYYY! Nicky esperó a que Tommy se parara para nalguearlo mientras corría a quejarse con su Má. - Diablos… mis cómics. Los tomó, los devolvió a su empaque y esta vez los guardó sobre el armario. Justo cuando terminaba, se encontró con su madre apoyada sobre el marco de la puerta… muy enojada. Bajó de la silla y esperó el peor reproche – El de navidad. Pero para su sorpresa, no fue así. Su madre lo tomó del hombro, se sentó con él en su cama y le explicó de la mejor manera que Tommy era pequeño, que le gusta explorar y que cometerá errores toda su vida. Como ella, como él y… y como papá. Papá se había ido y ahora

mamá los cuidaba. Nicky ya entendía eso hace años, pero Tommy aún era pequeño para comprenderlo. No había un Pá que estuviera todas las mañanas en casa y le hiciera las cosquillas que ahora Má le hacía. Y no había alguien que lo protegiera de las maldades de Nicky. Así que tenía que aprender que él era el que tenía que protegerlo y no molestarlo. Nicholas entendió eso, frunció el ceño, bajó los hombros y comenzó a vestirse – Debía ir al centro comercial antes de las nueve, pues Adam (Su mejor amigo), Edward/ Ed (El que le gustaba Star Trek y no Star Wars) y Jonathan (El de los lentes raros) habían acordado ir a buscar a Benjamin (El que era Rico) y jugar guerra de bolas de nieve extrema ‘’Como él le llamaba’’. Obviamente, Tommy no estaba incluido.

Bajó las escaleras, su madre tomó su abrigo y el de Tommy, se dirigieron al garaje, ajustó su cinturón, abrió la puerta del garaje y emprendió camino. Pero cuando llegó al final de la cuadra se encontró con una barricada de coches de bomberos. Un oficial se acercó a la camioneta y le explicó que no podía salir de la calle. - ¿Disculpe? - ¿Ve los arboles al final del camino? Hay unos cables de alta tensión enredados, no va a poder salir de la cuadra hasta que retiremos esos árboles. Lo siento señora… - Parker. - Señora Parker. Nosotros notificaremos a todos los vecinos cuando terminemos el trabajo. - Oficial, muchos de nosotros debemos ir al centro comercial – Interrumpió una anciana. - Es cierto, algunos incluso tenemos que ir a trabajar – Comentó un hombre.

De repente el pequeño Tommy desabrochó su cinturón y miró por la ventana trasera. El avión volvía a sobrevolar la colina y volvía a desaparecer cuando llegaba. - ¡Nicky, Nicky! ¡Má! – Intentó advertir sin que le prestaran atención. - ¿No lo viste Nicky? ¿No lo viste? - ¿El qué? ¿Tu? ¿Comiéndote los mocos? ¡Sí! Mamá, Tommy se come los mocos de nuevo – Acusó injustamente a su hermano por diversión. - Tommy, te dije que no hagas eso, es asqueroso – Volvió la atención al grupete de molestas personas. - Lo siento, entiendo sus problemas pero nosotros también estamos trabajando. Ni bien quitemos la arboleda del camino, ustedes podrán salir de la calle principal. - Mientras tanto, agradecería que liberen la zona para permitir a mis hombres trabajar. - Má, hazle caso al señor. - Señora, hágale caso a su hijo. - Y usted hágale caso a su jefe… Lo está llamando. El Oficial se alejó y entonces retrocedieron la camioneta. La volvieron a meter al garaje y se quedaron sentados en la cocina, tratando de batallar el aburrimiento que les esperaba.

Media hora más tarde...

Se hicieron las diez de la mañana y había comenzado a nevar. Nicky tomó su abrigo, su gorro y sus guantes y corrió a la casa de Adam. Mientras escuchaba los pasos de la madre de Adam acercarse hacía la puerta principal, vio que al final de la calle había un caballo… un extraño caballo.

Casi idéntico al caballo del profesor Richards ‘’Un viejo loco que vivía en la casa siguiente’’. Pero ese caballo estaba muerto; lo habían sacrificado. – Hola señora Jordison ¿Está Adam?. Llamó a Adam, que apareció detrás de su madre repentinamente y le dio un espantoso susto. - ¡QUÉ DEJES DE HACER ESO! TE LO DIJE MIL VECES. - Lo siento Má. - Vuelve a las once ¿Escuchaste? - Síiiii má. (Adam era un niño esbelto, con un enorme jopo ‘’atrapado en la historia’’ sobre su cabeza.) Mientras se alejaban de la puerta, Nicky repetía ‘’Fsíiiii Maaa’’ Con una voz extraña para molestar a su amigo. Quien se defendió tirándole bolas de nieves. Cuando las aguas se calmaron, Nicky le contó del caballo y Adam se burló – Te dije que dejes de mirar Twilight Zone antes de ir a dormir. Te lo dije. Camino a la casa de Jonathan (El de los Lentes raros y pelirrojo) ‘’Que quedaba casi al final de la calle’’ dibujaron penes por doquier en las ventanillas de los automóviles bañados en nieve y la señora Mong (era la asiática) les gritó, lo que ellos querían creer, insultos en chino, mandarín, japonés y todas las lenguas asiáticas. Al llegar a la puerta de la casa de ‘’El loco Johnny’’ o ‘’Red Johnny’’, se encontraron con todo abierto de par en par y un sinfín de gritos, ladridos e insultos. - Ho, otra vez los padres de Johnny. - Sí… Siempre dice que cuando sea grande, va a mudarse a Canadá o algo así. - ¿Canadá? ¿No es donde están esos esquimales raros? - Na, eso es Alaska. - Alaska… algún día deberíamos ir Adam. - Tenemos 12 años y apenas nos dejan ir a la escuela. - Habla por ti; yo no quiero ir a la escuela. - La educación es importante. - ¿Sí? Y tú te comes los mocos.

- No, tú. - Tú. En ese momento interrumpió Red Johnny - ¿Adivinen quien se come más mocos? ¡LOS 2! Rieron inexplicablemente – Teniendo en cuenta que la broma no era tan buena. Red Johnny tomó sus botas, su campera lanuda con cuadros rojos y marrones, un gorro, desempañó sus lentes y con un portazo enorme al ritmo de – Ma, a las 11 vuelvo. – Partió con sus amigos. Espera, espera, espera – Alzó la voz Nicky. ¿Qué? – Respondieron Adam y Red Johnny al mismo tiempo. ¿Lo trajeron? ¿Lo trajeron? ¡Ho, no! Lo olvidé… Esperen aquí – Exclamó frustrado Red Johnny corrió media cuadra hasta su casa. - ¿Y tú? - Sí, mira ‘’Avion Cessna Brushless A Radio Control Remoto Rc Eléctrico Modelo 933’’ - ¡WOOOOH! Es fantástico viejo. ¿Cómo lo sacaste sin que tu padre se enterara? - ¿Por qué crees que llevo una campera tan grande? - Ahí viene Johnny… Johnny se acercó corriendo, de nuevo con sus lentes empañados y sacó del interior de su campera lanuda, una ‘’perfecta, sí, esa era la definición’’ gomera. - Miren chicos, la armé ayer. - ¿Ayer? ¿Y qué pasó con la anterior? La… Scout. - La tiré; esta es mejor. La mejoré en todos los aspectos. Mira – Tomó una piedra congelada, estiró el elástico hasta más allá de su cabeza, apuntó y destrozó el ventanal de una vecina de la que ni siquiera sabían el nombre.

Corrieron hasta saltar la valla de la casa de Adam y llega al conservatorio abandonado, salir por la puerta trasera directo al callejón que llegaba a dos cuadras de la calle principal de Danville. - Woh, nunca corrí tanto en mi vida. - Sí – Soltó una risa Nicky mirando a Adam. - Sí… – Tomó aliento – Si corriéramos así en la clase de gimnasia del señor McCardy, seguramente nos aprobaría a todos. - Sí – Todos soltaron una risa. - Sí pero es un cretino – Volvieron a reír pero esta vez a carcajadas. Cuando llegaron al centro de Danville, tomaron un autobús hasta la casa de Edward del otro lado del centro. Al llegar, se encontraron con Big-Mike, un bravucón de poca monta que los molestaba siempre; especialmente a Eddie. Medía como dos metros, pesaba una tonelada, tenía un ojo bizco y los puños parecían bolsas de boxeo de carne. De esas que lastiman si no usas guantes. - No bajaré aquí – Exclamó Red Johnny. - ¡Ni yo! – Le siguió Adam. - Vamos chicos, es nuestro amigo. ¿Vamos a dejar que ese gordo lo siga molestando? - Sí – Respondieron en dúo. Discutieron tanto que Eddie y su bravucón se fueron esfumando en la esquina de la última ventanilla del autobús. Bajaron dos calles adelante con la esperanza de no cruzárselo y de que Eddie siga vivo. ‘’Pobre Eddie… Él no tenía la culpa de ser judío.’’ Al llegar a la esquina, observaron que a mitad de cuadra se encontraba tendido en un charco de sangre, el cuerpo de Eddie. - Oh no, lo mató, lo mató, por fin lo hizo. – Exclamaba Red Johnny mientras corrían a socorrer lo que quedaba de él. - ¡CÁLLATE JOHNNY Y AYUDA! - Está muerto, oh dios mío, está muerto… murió. Oh Dios, murió. - ¡Que te calles idiota!

Los mocasines marrones de Eddie, se encontraban ahora con unas enormes manchas de sangre proveniente del rostro del pobre Eddie. Tendido en un charco que se esparcía en los pliegues de la vereda y escapaba a la corriente casi congelada del cordón. Su moño estaba desatado y fundido en la indescriptible forma que tomó su rostro por tantos golpes que había recibido. Algunos dientes estaban esparcidos por todo el lugar, perdidos y casi indescriptibles en la nieve, si no fuese por esas pequeñas gotas de sangre que emergían de él. Adam comenzó a llorar y movía el cuerpo de su amigo. Red Johnny se agarraba su pelirroja cabellera y se desempañaba los lentes con nerviosismo, intentando repetirse a sí mismo que todo iba a estar bien. En las cercanías, algunos peatones comenzaban a llegar debido al alboroto que provocaba Adam mientras Nicky intentaba calmarlo. Sin perder más tiempo, decidieron llamar a la mamá de Eddie, que vivía a dos casas de ahí. Justo encima de un viejo local chino. Nicky tocó el timbre tantas veces como su dedo pudo y llamaba a gritos a la madre de Eddie por la apertura donde van las cartas. Manchando de sangre todo el vidrio; dejando marcas de su palma. En la lejanía se escuchó un – Ya voy. – Muy preocupado. El resonar de los tacos de la mamá de Eddie bajaron a tal velocidad que formaron una repugnante melodía entre el eco de las paredes. - Oh dios ¿Eso es sangre? Oh dios ¿EDDIE? Gritaba la madre mientras bajaba por las interminables escaleras, observando las manchas de sangre sobre el vidrio de la puerta principal. - Es Eddie, está herido. Esta herido – Exclamó Nicky llorando. - ¡EDDIEEEEE! – Gritó la madre y por fin llegó a la puerta. Al intentar abrirla, la llave se trabó y tuvo que intentar dos veces más.

- Eddie… lo vimos desde el autobús, lo estaban molestando y lo golpearon y… y… murió. De repente la madre abrió con ímpetu la puerta y para la sorpresa de Nicky, lo recibieron con una sonrisa. Tras ella, se asomaba Edward. Adam, Red Johnny y Nicky miraron atemorizados. Cuando voltearon para advertir que el cuerpo de Eddie estaba tendido en un charco de sangre, se encontraron con… nada. No estaba allí, había desaparecido y de alguna forma, estaba bien, dentro de su casa. Sano y salvo. - ¿Qué pasa chicos? – Exclamó la madre de Eddie. - N-n-nosotros… estábamos. - ¿No es muy temprano para juegos? Ha… pero bueno. Es víspera de navidad. ¡Eddie! - ¿Sí ma? – Respondió Edward sin quitarle la vista a la extraña actuación de sus amigos. - Termina tu desayuno y puedes salir con tus amigos. - Sí ma. La madre se alejó con una molesta sonrisa, subió las escaleras con su gran vestido amarillo y peinado extravagante y se perdió en la esquina de la subida. ¿Chicos…? ¡CHICOS! – Exclamó Eddie. Tú… tú estabas… ¿Qué? Tú estabas muerto Eddie – Tartamudeo Red Johnny y desempañó sus lentes de nuevo. ¿De qué hablan?. Nosotros te vimos Eddie. Estábamos en el autobús con Adam y Johnny y los quería convencer de bajar para ayudarte. ¿Ayudarme de quién? ¿Los monstros? ¡BIG-MIKE! – Aclamaron los tres juntos.

Eddie entrecerró la puerta y miró por el borde asustado - ¿Big-Mike está aquí?

- Lo estaba Eddie. Nosotros te vimos; te estaba golpeando hace dos minutos. Bajamos del autobús y estabas muerto. Ahí, mira – Señaló el lugar donde previamente se encontraba el desaparecido cuerpo de Eddie. El viejo Eddie; el nuevo estaba a salvo. - Chicos ¿De qué hablan? Mi madre me levantó hace cinco minutos. ¿Y por qué vienen tan temprano? - ¿Temprano? ¿De qué hablas? Son las… - Nicky miró su reloj sabiendo que iba a marcar las 9:30. Pero en su lugar, marcaba las 7:45. Él sabía que el reloj marcaba las nueve, pero en su lugar, se había atrasado dos horas con cuarenta y cuatro minutos. - Son las… - Sí, son las siete de la mañana. Nicky miró a Adam y a Johnny sabiendo que algo malo estaba pasando y ellos tampoco entendían.

Esperaron a que Eddie termine su desayuno, sentados en el escalón de su departamento. Pensando y re-pensando una y otra vez lo que había pasado… …¿Qué diablos había pasado?

Eddie bajó por las escaleras y sus mocasines ya no estaban manchados con sangre y él ya no estaba muerto. Su madre ya no estaba histérica y Adam, Red Johnny y Nick, aún no entendían que había pasado, o peor, CÓMO había pasado. Al salir, Eddie tomó su abrigo del perchero, se lo abrochó como le había prometido a su madre y abrió la puerta para encontrarse con una leve nevada frente a él. Se dirigieron en silencio hasta la casa de Ben o ‘’Benjamín el Rico’’: El plan era juntarse todos para poner en marcha un elaborado plan que constaba

de tirar cohetes a la fuente del centro comercial principal de Danville y salir corriendo. Benjamín era el encargado de traer los petardos. Adam la avioneta para atacar por los lados. Red-Johnny la gomera y Nick era el elaborador del plan maestro. No tardaron mucho en cruzar el pueblo y llegar a la parte snob del lugar. Durante el viaje, Eddie mencionaba que estaba tranquilo de que estos días Big-Mike no lo molestó. << Siempre le tomaba los calzones por sorpresa y se los estiraba hasta rasgárselos. O le vertía toda la leche del almuerzo en sus orejas de golpe>> Pobre Eddie; sufría más abusos de su bravucón que cualquier niño del pueblo con un padre alcohólico. Su madre siempre se quejaba con el director principal, o al menos eso creía Eddie. Hasta que un día los encontró teniendo ‘’el sexo’’ en la dirección. << Pobre Eddie, mi pobre Eddie. Estaba charlando con el profesor cuando entraste y me resbalé>> ¡JA! Cómo no. Estabas metiendo su sucia lengua en su sucia boca – Pensaba Nicky. Intentando distraerse de la pesadilla que vivieron hace un momento y de la que nada sabe el pobre Eddie. - Hace una semana que no veo a Big-Mike. Debo estar en mi racha. - ¿De qué hablas Eddie? Si hace dos días te empujó desde una montaña de nieve. – Acotó Red Johnny. - Johnny, te dije que dejes de comer azúcar. Te hace mal. - Sí, Eddie, es cierto. Hace dos días te empujó. Todos estuvimos ahí. - Es cierto, Eddie. - Chicos… – Soltó una risa nerviosa. – No veo a esa bestia come-niños hace una semana. - Algo anda mal – Murmuró Nicky. - Lo sé – Respondió Adam… – Algo muy malo. - Sí – A la par de los dos, respondió Johnny.

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Chicos ¿De qué hablan? Eddie… ¿En serio no te acuerdas?. ¿De qué? ¡Estuviste muerto, por dios!

Una risa nerviosa y un tartamudeo ligero le dieron paso a la respuesta – Chicos… estoy bien. Solo estuve resfriado unos días. ¿De qué hablan? - Nada, déjalo – Respondió Nick. - Okay… lo que ustedes digan, chiflados. Voy a buscar a Ben, no se vayan. – Eddie subió las escaleras del enorme chalet donde el Benjamín vivía y se perdió en los arbustos bañados en el blanco de la nieve. Nick, Adam y Johnny se miraron frustrados y asustados. Eddie no se acordaba de que había muerto… por supuesto ¿Quién lo haría? Estaba pasando algo muy raro y terrorífico y ellos estaban en el medio de todo. - Tal vez sea el frío. - O tal vez seas estúpido Johnny – Respondió Adam con el ceño fruncido. - O tal vez el estúpido eres tú. - No, tú. - Tú. – Un puñetazo sorpresa llegó al rostro de Red Johnny rompió sus enormes lentes y lo tiró al duro suelo de concreto. Ahí, Adam y él comenzaron a forcejear para ver quien ganaba una inútil pelea provocada por tontos insultos. Nick los separó con orden y trató de explicar que si algo realmente raro y espantoso había sucedido, no podía ser un caso aislado. Con doce años cada uno, a excepción de Eddie que tenía 11, estaban en presencia de un episodio de Twilight Zone (La dimensión desconocida). Esperaron por varios minutos bajo la nevada, pero Eddie jamás bajó y Ben tampoco. – Seguramente se quedó jugando con sus juguetes. Estúpido niño. – Pensaron.

Subieron la mitad de los escalones y vieron como Red-Johnny se adelantaba a paso ligero sobre ellos y se perdía también en los arbustos. Un repentino – ¡CHICOS! – resonó a sus espaldas. Al voltear pasmados, se encontraron con Eddie mirándolos con su inagotable risa pegada a su rostro. - ¿No me esperan? Nick tartamudeo del susto hasta lograr sacar una palabra de su boca… ¿C-c-cómo? – Trago saliva. Chicos, no me esperaron. ¿D-d-e qué hablas? – Tragó de nuevo. Salí a la entrada y ustedes ya se habían ido. Pensé que iban a esperarme, come mocos.

Un portazo se escuchó desde la cima de las escaleras. Ruidos de pasos se oyeron desde las escaleras. Estaban bajando Johnny, Benjamin… y Eddie con una charla de por medio. Adam y Nick voltearon sin aliento y quedaron blancos del susto al ver que sin ninguna explicación, Eddie estaba bajando de las escaleras. Al voltear a la reja de entrada, el Eddie que los había sorprendido, ahora había desaparecido. Nick golpeo en el hombro a Adam para hacerlo reaccionar, tragó saliva y le advirtió que se callara la boca. Solo podían hablar de esto con Johnny, pero no ahora. La nevada aumentaba y algo raro y terrorífico comenzaba a suceder en el pequeño pueblo de Danville… y los chicos eran los únicos enterados.

Al alejarse de la casa, luego de caminar pocas cuadras en total silencio, Johnny rompió el hielo con un absurdo chiste. - El entrenador entra al baño de los chicos y le pregunta a uno de ellos - ¡EY! ¿Usas desodorantes de bolitas? – Johnny hace una pausa nerviosa mirando a sus amigos. - Y el chico responde – No, de axilitas. En las bolitas me pongo talco. Ben y Ed rieron descaradamente – Es lo menos que se puede esperar de un grupo de niños. Adam intentó sonreír para ocultar su preocupación, pero perdió la batalla. Nick soltó una risa, que a pesar de todo, sí era real. Johnny rio nervioso frente a sus dos amigos, quienes aún no sabían que pasaba. Se sacó los lentes con una larga y murmurante risa y limpió sus empañados anteojos, sus grandes anteojos, con el dorso de su camisa leñadora roja. Caminaron varias cuadras más para llegar al centro comercial, de las cuales Johnny aprovechó para contar chistes y tratar – aunque no pudiera – de olvidar esa extraña pesadilla que habían vivido hace unos momentos. La ventisca estaba parando; las camionetas dejaban las marcas de su peso sobre la calle. La nevada había reducido, pero aún era peligroso. Todos los coches estacionados estaban cubiertos en una apacible sábana de blanca nieve. Blanca como un sol de invierno. Desde media cuadra, se podía observar, parados en la entrada, contemplando los pequeños copos fríos que se desasían en el vapor sus bocas por mirar a arriba con la lengua hacía afuera, un grupo de niños de no más de 6 años y no menos de 9, yacían en ronda. Riendo y compartiendo esa sensación tan especial que da la nieve. Adam se descompuso al verlos y sin que sus amigos se dieran cuenta, salvo por Nick, vomitó detrás de un auto-móvil. - ¡Ey, chico! ¿Estás bien? – Preguntó un anciano que pretendía alejarse, porque sus bolsas de regalos pesaban demasiado.

- No hay problema – Tragó saliva. - Es que… es epiléptico. – Respondió Nicky luego de unos segundos, dudando de si lo que había dicho tenía sentido. El hombre se alejó junto con su sombra y Adam y Nick alcanzaron al resto cruzando rápido la calle. Al pasar las puertas principales, el aire se tornó tibio y vicioso. Estaba atestado de compradores por todos lados – Diablos, sí una tienda estuviera metida dentro de la fuente, la gente de todas formas entraría y se mojaría para poder comprar y gastar sus sueldos. – Benjamin y Ed corrieron al estanque a molestar un grupo de niñas; cuando Johnny estaba por seguirlos, Nicky lo paró. - Algo malo está pasando Johnny. Algo muy malo. - Okay, ya basta de eso. Tal vez… tal vez tenemos el cerebro congelado por el frío y alucinamos. Como la hipnosis. - Hipotermia – Corrigió Adam, descompuesto. - No; la que estás congelado. - Sí, Hipotermia estúpido. - Hipo-bla-bla – Comentó Johnny burlándose. - Cállate estúpido. – Adam - Tú cállate, niño de mamá. – Johnny. - Cara de vómito. – Adam. - Come mierda. – Johnny. - Idiota. - ¡Mirenme, soy Adam y soy un niño pobre!… - Eso le molestaba a Adam. Apretó su puño y antes de que Johnny pudiera pronunciar otro tonto insulto, le rompió sus gafas y le hizo sangrar su nariz. Un guardia los detuvo, los separó y le dio algo para limpiarse. Los agarró a los tres de los brazos con ayuda de otro oficial y se alejó hacía la puerta de salida para poder sacarlos.

Antes de que pudieran dejar de quejarse sobre cuanto apretaban esas gordas manos sus pequeñas muñecas <Esos oficiales son muy gordos> otra vez lo volvieron a experimentar. De repente, nadie los estaba empujando. Voltearon los tres al mismo tiempo y los oficiales ya no estaban ahí. Habían desaparecido por alguna razón. ‘’Como pasó con el cuerpo del muerto Eddie’’. Se dijeron a sí mismos ‘’¡Tenemos que salir de aquí, ya!’’. Cuando dieron vuelta en sí mismos para dirigirse a la salida, ya no estaba. Había un muro de ladrillos rojos impenetrables. Asustados, volvieron a voltear hacia el interior del centro y observaron aterrados y detenidamente como las personas que iban caminando con sus familias, sus amigos, sus padres y sus primos, iban desapareciendo. Se desvanecían en sí mismos a la par de sus pasos. Luego comenzaron a desaparecer los negocios, el techo y luego el suelo. Nicky gritó ¡CORRAN! Y sin pensarlo dos veces, Johnny sin sus lentes y Adam comenzaron a seguirlo. Todo el edificio detrás de ellos parecía derrumbarse en un vacío temporal. El camino desaparecía detrás, a sus lados y delante de ellos. De repente, a dos metros de distancia comenzó a aparecer un pozo ciego. Nicky frenó de golpe e hizo una seña justo a tiempo para que sus amigos no sigan de largo. Lo rodearon con cuidado mientras toda la estructura se hacía transparente y desaparecía. Benjamín y Edward también habían desaparecido; y la fuente, y el grupo de niñas. Y el tipo de los globos y todas las personas. Corrieron, corrieron y corrieron como nunca lo habían hecho en su vida. Corrieron hasta llegar a la puerta trasera del centro comercial y antes de que se convirtiera en un muro de ladrillos rojos impenetrables, la traspasaron. Sin querer saber que pasaba detrás de ellos, siguieron corriendo. Hasta que llegaron al estacionamiento y vieron como los coches también

desaparecían. Donde antes había faros, semáforos y carteles, ahora comenzaba a cubrirse de árboles gigantes. Se alejaron del estacionamiento también; corrieron en línea recta y comenzaron a subir una pendiente de tierra. Corrieron tan rápido que tropezaron; pero no pararon, se levantaron y siguieron corriendo más rápido aún. Miraron a sus espaldas y todo el centro comercial había desaparecido; ahora era una gran fábrica hecha de cemento y ladrillos rojos. Siguieron corriendo hasta que llegaron hasta la cumbre de la pendiente. Cansados, apoyando sus palmas sobre sus rodillas, miraron de nuevo hacia atrás y cayeron sentados del susto cuando observaron que el centro comercial había aparecido de nuevo. Y el estacionamiento, y los coches, y los faros y los semáforos. La gente con bolsas de compras (Ahora diminutas desde la distancia que ellos miraban sorprendidos: Parecían hormigas con muchas bolsas de regalos) Y los árboles habían desaparecido; una avioneta roja sobrevoló varios metros en el cielo, sobre ellos y desapareció al llegar a la colina. Como si un manto de invisibilidad la hiciera desaparecer a la vista de todos. Los tres niños se miraron entre ellos, preocupados y aterrorizados. Eran niños, solo niños. Pero esto eran cosas de adultos. Era una película de terror no apta para menores; ya que no hay niños en las películas de terror. Y si los hubiera, siempre morirían. Por eso solo hay adultos. Pero no, eran niños y estas cosas de adultos les estaban pasando a ellos. Tomaron sus gorros de sus bolsillos, se los pusieron para protegerse del frío y acordaron irse a su casa. Emprendieron un largo camino de dos kilómetro hasta sus hogares y cuando se dieron cuenta, de repente estaban parados en el medio del centro, de espaldas a la gran biblioteca.

Adam comenzó a sentir nauseas de nuevo y sin molestarse en aguantar, vomitó donde estaba parado. Otra vez el susto los invadió… ¿Por qué les estaba sucediendo esto a ellos? - ¿Por qué nos sucede esto? ¿Qué diablos está sucediendo? - No lo sé Johnny, pero no creo que queramos averiguarlo. Mira el cielo… - Dictó asombrado. Adam, Nicky y Johnny miraron el cielo, profundizados en horror. Los tres tragaron saliva y temblaron. Retrocedieron unos pasos hasta toparse con los escalones de la biblioteca y cayeron sentados. Sin quejarse del dolor o asegurarse en dónde habían caído, no quitaron la vista del cielo. Los ojos brillosos y llorosos de Adam reflejaban todo. Johnny volvió a tragar saliva y murmuró… - Chicos… ¿Estoy soñando? - No lo creo… – Respondió Nicky – Porque yo también lo veo. - No podemos quedarnos aquí… Tenemos que volver a casa – Dijo entre vómitos el pobre Adam. - Cierto… debemos… volver – Respondió Johnny, aún con la vista en el espantoso cielo. Ambos se pararon y comenzaron a alejarse cuando vieron que Nicky se quedó contemplando caótico y gris cielo. Todo lo que estaba pasando, no podía estar pasando. Pero lo estaba. Esa cosa era la luna. La luna de tantos cuentos, historias, leyendas y mitos. De tantos chistes, de tantas sonrisas, de tantas promesas de enamorados. La luna de la tierra, ahora solo eran escombros. Escombros fríos, suspendidos en el espacio que formaban una devastadora vista del pasado… o del futuro. Adam se paró y observó a un hombre que bajaba de las escaleras de la biblioteca y le preguntó.

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Disculpe – Tragó saliva – ¿Esa es la luna? ¿Qué enseñan en las escuelas? ¡Por supuesto que es la luna niño! ¿Cuándo pasó? 200 años. Y… ¿Y cómo pasó? Niño, de veras que estás muy mal educado. – El hombre se alejó y fue detenido por el llamado de Nick – - ¡Espere! ¡En serio! ¿Qué sucedió? El hombre de traje extraño y luminoso frenó, se acercó a Nick y le dijo - ¡Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn¡ - ¿¡Qué!? – Exclamó sin entender Nick y un tanto asustadoEl hombre siguió bajando y se alejó citando unos extraños versos: - ¡Vd'ek nafln'gha ng n'gha fhokhu! ¡ fhma'a Suth vehtmashugg.! Unos extraños trozos de dermis fluían por debajo del doblaje de su pantalón y caía sobre la acera. Se derretían en una viscosa materia de color negro; burbujeante y mal oliente. Los tres niños corrieron espantados hacía el interior de la biblioteca. Al entrar, una señora con aspecto taciturno se les acercó y con un tono autoritario pronunció: ¡Kxnog s poksla vetjkxo! Los niños se quedaron absolutamente congelados del susto y no dijeron nada. La señora repitió dos veces más: ¡Kxnog s poksla vetjkxo! ¡Kxnog s poksla vetjkxo! Luego soltó un mal humorado suspiro y dijo: ¡Deben quitarse los gorros, están en una biblioteca! ¡Mocosos! Los tres se destaparon sus cabezas instantáneamente y guardaron sus gorros y bufandas dentro de sus bolsillos. Se alejaron del mostrador y se adentraron en los confines cultos del lugar. Acordaron no separarse, estar juntos todo el tiempo y no tocar nada al menos que sea necesario: Menos si es un bicho raro – Pronunció Johnny.

Llegaron a una inmensa estantería que parecía llegar hasta el techo (muy alta, 5 metros) y Adam observó un inmenso cartel que decía: ¡Historia Antigua! Un hombre se les acercó y les alcanzó el libro. Para su suerte no pronunció ninguna extraña palabra que ellos no entendieran. Solo soltó un: Gracias. En idioma humano. Los tres rodearon una lámpara, tomaron unas sillas y apoyaron el gordo libro polvoriento sobre una mesa de madera antigua. Las esporas volaron sobre ellos y Johnny volvió a limpiar sus lentes. Pasaron las páginas viejas sin entender ni una sola palabra; así que siguieron pasando y pasando las páginas que no parecían terminar más. En busca de alguna imagen que les ahorre pensar. Pero no encontraron nada, así que refunfuñaron. Adam se paró de su asiento y se acercó al hombre que les había alcanzado el libro y le preguntó: ¡Disculpe! ¿No hay enciclopedias con imágenes? - Ahí está el traga libros haciendo su trabajo – Comentó Johnny. Y Nick rio tan fuerte que se escuchó en toda la biblioteca. El hombre le respondió: ¡Niño! ¡La tienes en la mano! - No, esto parece un diccionario más que una enciclopedia. Aquí no hay imágenes. - Sí las hay. - Que no. - Sí… ¿Qué les enseñan en la escuela? – Tomó la enciclopedia y presionó un botón azul oculto en la página (casi diminuto) y una serie de imágenes y videos se suspendieron sobre la hoja. Hologramas y muchas cosas más que ellos aún no entendían. - ¡WOW! – Exclamaron los tres a la par. - Gr-gr-gracias.

Adam se acercó a la mesa donde estaban sus amigos y sentó la enciclopedia allí. Pasaron página tras página, buscando la historia de la Humanidad y si era posible, de Danville. - ¡Mira! Aquí. La página estaba cubierta otra vez de palabras extrañas y la única que se reconoció fue ‘’Danville’’. Adam buscó el botón azul, casi invisible sobre la hoja y lo presionó. Una serie de hologramas se suspendieron a la altura de sus frentes. Y sus ojos se invadieron de parpadeantes y cegadoras luces que alumbraron la mitad del recinto. El hombre sentado atrás de ellos, se paró y se retiró enojado. Mientras que el que los había ayudado anteriormente, se acercó y presionando un medidor dentro del holograma, hizo que su brillo disminuyera. - ¡Gracias! – Exclamó Adam. - ¡Ykspo ls! – Exclamó el hombre y Adam retiró la vista de su persona sin saber que responder. - Seguramente dijo ‘’de nada’’ – murmuró Johnny. - ¡O tal vez que tu mamá es gorda! – Murmuró tras él, Nicky. Ambos rieron y giraron la vista a la gran enciclopedia. Adam presionó un botón holográfico con pudor y una película comenzó a reproducirse. Un hombre con aspecto de presentador, bien peinado y bien vestido comenzó a relatar: ‘’El 24 de Diciembre del año 1977 ocurrió un sin precedente en el planeta tierra. El pequeño pueblo de Danville fue testigo y víctima de una incisión temporal. Se descubrió lo que serían, restos de un agujero negro o portal temporal. Un túnel de dos direcciones que se abre en dos distintos lados del universo. De nuestro lado, el agujero emana rayos gamma que rodean la tierra hasta volver

al interior del mismo hoyo (que también tiene la capacidad de absorber energía). La misma energía que emana el hoyo, vuelve dentro de él en pocos segundos e irrumpe en; lo llamaremos: Un hipotético muro dimensional. La energía corrompe el estado de las partículas del hoyo, alterando la fuerza de la succión desde el otro lado. Del otro lado, el mismo hoyo absorbe energía hasta que es corrompido por sus propios rayos que viajan desde el otro extremo. Básicamente, se rompe el muro desde ambos lados. Una aspiradora galáctica que succiona desde ambas partes del tubo, chocan energía y corrompen el hipotético muro dimensional. Sin lugar a donde viajar, los objetos atraídos desde ambos lados, se quedan en un statu quo sin precedentes. Un vacío repleto de todo: básicamente los dos lados del hoyo representan el tubo de la aspiradora. El lugar a donde va a parar el 90% de la energía y las masas, es la bolsa <Otra dimensión actúa como soporte entre el puente temporal> Mientras que la potencia se altera desde el lado (A), absorbiendo energía desde perforando la pared. El Lado (B) es testigo de la parte más complicada: La tierra es víctima de un desequilibrio de partículas y antipartículas. El hoyo hace una incisión en el tiempo. Apareciendo en cada momento de la historia y mezclándola en cada momento de la misma: Sin

mencionar todas las cosas que son atraídas por él. Afortunadamente para la raza humana, con el pasar de los años y la evolución de la tecnología construida a partir de la información que nos brindaron los Sirianos, hoy podemos vivir en paz. El Hoyo Negro o como el gobierno lo llamó: Alfa MDL 00214, ahora está equilibrado gracias a un condensador de átomos que mantiene la energía centrada para poder experimentar con el hoyo y al mismo tiempo, es reciclable. Toda la energía Gamma que ejerce del mismo, es utilizada para la maquinaria que lo equilibra. El hoyo se encuentra en vigilancia en la base A.A – Adam presionó el botón y frenó la película. Los tres niños quedaron pensativos frente a lo que acababan de ver. Cerraron la enciclopedia, la colocaron en su lugar y los tres salieron en silencio de la biblioteca. Volvieron a mirar lo que quedaba de la luna en el cielo y como unos objetos que posiblemente sean vehículos, sobrevolaban la zona. - Un segundo, hay algo que no entiendo. – Acotó Johnny. - ¿Qué? - Si nosotros estábamos en la colina y luego aparecimos en esta biblioteca, en este año… ¿No quiere decir qué…? - ¿Qué, qué? – Respondió Adam. - Ya han visto tanta ciencia ficción como yo chicos, ustedes saben. ¿Nos movimos de lugar? ¿O de tiempo? ¿O de tiempo-lugar? Adam y Nicky miraron impresionados a Johnny. Él no era tan listo como ahora aparentaba ser. Decidieron ir a la parte trasera del edificio de la biblioteca. Si las coordenadas eran correctas y ellos habían viajado solo en tiempo y no en

espacio, ellos debían seguir en la misma colina. Por lo tanto solo estarían a diez cuadras de sus casas. Al llegar a la parte trasera del edificio, se encontraron con un inmenso callejón de estanterías con libros al completo aire libre. Como si fuera un supermercad que abarca más de 50 cuadras. Algunos droides con aspecto de pequeños balones, blancos, plateados y azulados sobrevolaban las estanterías y por debajo, una multitud incontable de criaturas extrañas (entre ellos, humanos) parecían compartir gustos literarios. El corazón de Adam comenzó a latir tan rápido que el sudor se resbalaba en gran cantidad sobre su frente. Para poder llegar a donde antes estaba su hogar y descubrir que había sido de su familia, primero deberían cruzar la biblioteca.

Habían caminado ya cinco cuadras, pero parecían setenta. El tumulto de criaturas entre pasillo y estantería, atestaba el espacio. Los tres niños tenían que pasar entre las piernas de los compradores y empujarlos pidiendo disculpas en un idioma que las criaturas no entendían. Llegaron a una sección donde había colgado un enorme cartel de neón flotante con un gorro de cheff : ¡Ese sí lo entiendo! Entre la multitud, se abría paso una extraña e inmensa criatura. Un ser de aproximadamente cinco metros, con huesos extremadamente delgados y una textura de madera de pino. ‘’Como un bicho palito gigante, que busca libros de cocina’’

Un droide se le acercó a su altura y expresó unas palabras que los tres niños no entendieron. La bestia pareció enojarse y colérica destrozó al pequeño droide volador, con la palma de su… lo que fuera que sea.

Mientras Nick esquivaba los descomunales y pegajosos cuerpos extraterrestres, pensaba en todas las veces que no le había hecho caso a su madre. En todas las veces que había tratado mal a su pequeño hermano Tommy y cuando no le prestaba sus cómics. ‘’Extraño mi hogar’’ – Pensó. Adam por otra parte estaba totalmente maravillado con lo sucedido. Los tres niños siempre habían compartido un sinigual gusto por la ciencia ficción: Los Renegados de las cosas cool. Los llamaban. No eran populares en la escuela por demostrar sus propios gustos y personalidades, pero eso nunca les importó demasiado. Johnny, Adam y Nicky siempre habían sido amigos. A un paso lento, el pobre Johnny se perdió entre la multitud mientras limpiaba el vidrio de sus anteojos con el dorso de su camisa leñadora. Antes de terminar, una enorme mancha negra se posó delante de su vista. Cuando Johnny se puso los lentes, retrocedió gritando ¡AUXILIO!. Sus amigos miraron a sus espaldas y corrieron a buscarlo. Una extraña criatura de aspecto taciturno y encorvado, de una estatura de no más de un metro, extrañas patas de langosta, un cuerpo humanoide, seis ojos de reptil y un… ¿Hocico de perro? Se posó delante de Johnny. Apoyado en una pila de viejos libros, comenzó a recitar un extraño idioma dirigido al extrañado niño. - ¡Abaabb a sbs aaccs akkatr kronn sk s at ak at kattt! - ¿QUÉ? – expresó Johnny. - ¡Hooo! ¿Ginglés? ¿Gun Gumano? At kst katt. Johnny soltó una pequeña risa. La aparente inofensiva criatura, solo era amigable.

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¡Inglés! ¡Humanos! – Corrigió Johnny. ¡Gek, Gk, Gumanos!. ¡No, no! ¡H-u-m-a-n-o-s! ¡Gel, sgls ¡ gel! ¡Gek!

Johnny asimiló en la lejanía, como sus amigos se acercaban corriendo, sin darle mayor importancia expresó: - ¡Ahí vienen mis amigos! ¡Son humanos también! - ¡Googgg!! ¡Maks Gumanos! – Una extraña risa de catarro surgió de su cuello. Unas ventosas se abrieron y expulsaron el sonido de su cuello antes de viajar a su boca. ‘’La criatura que reía por el cuello y hablaba por la boca’’. - ¡Gumanos, gek, g, Gumanos! ¡Geños Gumanos!

De repente, la extraña charla fue interrumpida por un armado Nick y un escudero Adam. Ambos protegidos con gigantes enciclopedias que pesaban más que ellos. Pero hacían el esfuerzo. Intentaron pegarle a la criatura, que soltó un siseo rabioso frente a ellos y saltó sobre sí misma y volvió a caer en la pila de libros. ¡Alto, alto! ¡ALTO! Chicos. ¡Alto! Es bueno, es amigable. ¿De qué hablas? ¡ES UN BICHO! Sí Johnny, ¡UN BICHO! ¡No, miren! ¡Es bueno! – Johnny volteo a la extraña criatura humanoide y retomó la charla. - ¿Cómo te llamas? - ¡SL S! Los tres niños se miraron entre risas y voltearon a la criatura que tosió y corrigió. - ¡Sletsak! ¡Gusto! ¡Gek! - ¡Yo soy Johnny, soy humano! ¡Él es Adam y él es Nick! ¡Venimos de… – Interrumpió Nick en ese momento – - ¡No, no le digas! - ¿Qué? ¿Por qué?

- ¡Alguien puede estar espiándonos, mira si se enteran de dónde venimos y nos arrestan! – Murmuró. - ¡No pasa nada, imbécil! – Prosiguió – ¡Somos tres niños humanos y venimos de 1973! - ¡GESK ,S TPO SK S ¡ - Expresó la criatura. Luego se acercó a Johnny y tomó de improviso, sus lentes. Los tambaleo sobre sus ojos y los analizó detenidamente, luego se los tragó. - ¡OYE! ¡MIS LENTES! – Exclamó Johnny casi ciego. La criatura vomitó las gafas en una laguna de extraña baba verdosa y burbujeante – ¡Diug! – exclamaron Adam y Nick, mientras Johnny preguntaba que sucedía (ya que no podía ver bien). - ¡Tienes razón, esta cosa me cae bien! – Acotó Nicky. - ¡Me debes unas gafas nuevas! – Dijo Johnny apuntando con su dedo a un gran monstruo que justo pasaba por su lado. Parecía un cerdo gigante con ventosas en el cuerpo y unos colmillos que sobresalían de su mandíbula inferior y se estiraban hasta atrás de su nuca. La criatura gruñó y se precipitó hacía el pequeño Johnny, totalmente furioso. De hecho, se lo hubiese comido si no hubiese sido por la inesperada ayuda de un hombre en armadura que se interpuso entre el niño y la bestia. El monstruo retrocedió varios metros y se perdió entre la multitud, siendo perseguido por los droides. El hombre era alto, casi dos metros; llevaba un extraño casco sobre su cabeza, que solo dejaba al descubierto una inmensa barba pelirroja. En el resto del cuerpo, llevaba una armadura plateada y negra, que contaba con dos espadas a sus espaldas y una extraña arma de fuego en su pierna derecha. - Deben tener cuidado aquí, niños. ¡Especialmente tú… Nicky! - ¿Cómo sabes mi nombre? – Preguntó asustado el niño. - No importa eso, tenemos que salir de aquí. Hay D E E C C ’ s por toda la cuadra.

- ¿D E E C C ’ s ? – Preguntó Adam. - Droides Especializados En Conducta Criminal. - ¡Haaa! ¡D E E C C ’ s ! - ¡Pero nosotros no somos criminales! – Interrumpió Johnny, aún con la vista nublosa. - Lo son para el sistema: Principalmente si son Viajeros Del Tiempo. No pueden andar así como así por estos lugares; es peligroso. - ¡Es una biblioteca! – Acotó Adam, que pensaba hasta el día de hoy, que una biblioteca era el lugar más seguro del planeta. - Un 30% de criminales se refugian en las bibliotecas. Incluyéndome. - ¿ERES UN CRIMINAL? – Descartó toda su confianza en un segundo el pequeño Adam. - De los más buscados. Ese Abactrol los distraira por un rato. - ¿Aba-qué? - La obesa criatura que quiso comer al ciego de tu amigo. - No es mi culpa, ese mono mocoso se comió mis lentes. - ¡Ha, ha, ha! Sí, hay que tener cuidado con los monos mocosos aquí. - Por cierto… ¿A dónde se fue? – Preguntó Nicky – ¿Y cómo es que sabes mi nombre? - Todo a su tiempo. Ahora, síganme; debemos encontrar un lugar seguro. El anochecer no es lindo en este sitio: Principalmente si no quieres que el sol te queme vivo. - ¿De qué hablas? – Este tipo es idiota: Pensó Adam – De noche, hay lu- ¿Sí? ¿Luna? ¿Tú ves la luna? Los tres niños comenzaron a seguir al extraño de armadura por los callejones de la biblioteca, que cada vez se vaciaban más. El hombre les explicó en pequeños resúmenes, que una compañía llamada SPIRAL tomó control de la luna. La hizo su centro de investigación más grande en este sistema solar, pero unos desperfectos hicieron estallar la base y junto con ella, la luna. En un intento por reestablecer el orden de las mareas, los gobiernos contrataron a los científicos más brillantes del planeta y decidieron crear

otra luna, que mantenía su propio curso gravitatorio gracias a la energía sacada de una supernova (redirigida desde un agujero negro que lograron controlar). Lamentablemente el exceso de energía hizo estallar esa segunda luna. Convirtiéndola en un segundo sol que rota sobre la tierra a 7.573 Kilómetros por Hora. Esto hizo que la noche dejara de existir para todo el planeta y llevar a toda la vida en el mismo, al borde de la extinción: Si no hubiese sido por la ayuda de los Sirianos. Los expertos aún tratan de parar esta falsa supernova/sol que gira alrededor de la tierra y la quema poco a poco. A pocos metros de una extraña entrada con una gigantesca puerta metálica, las estanterías de la biblioteca comenzaban a sumergirse en ascensores. Un mecanismo las había bajar y una compuerta se cerraba detrás de ellas; a sus espaldas, toda la ciudad quedaba oculta en un subterráneo, dejando a la vista nada más que un desierto de suelo metálico que se extendía hasta más allá del horizonte. Rayos de un inmenso sol rojo como el mismo infierno rebotaban en las capas metálicas e iban hirviéndolas desde la lejanía. La última compuerta estaba cerrándose y los tres niños, el hombre y unas cuantas criaturas con aspecto monstruoso se ocultaron detrás de ella. Un ascensor comenzó a bajar (Parecía interminable y los niños aún no comprendían que sucedía). Cuando las automáticas puertas se abrieron delante de ellos, los pasajeros bajaron rápido y se perdieron en una multitud de extrañas criaturas de incontables razas. Una extraña feria extraterrestre se alargaba hasta los confines; el lugar era iluminado por unos faros en el techo y el aire era más denso. Los tres niños perdieron de vista al hombre (en realidad solo Adam y Nicky: El pobre Johnny aún no sabía qué pasaba. Su vista era horrible sin sus anteojos que ahora yacía en el estómago de un monstruo enano).

Pero a los segundos lo volvieron a encontrar, cuando de repente salió de entre una juntada de obesas criaturas con ojos en sus hombros. El extraño sin nombre se acercó al pequeño Johnny y pinchó su frente con un extraño artefacto circular. El niño gritó del dolor mientras Nicky y Adam retrocedían asustados. Para sorpresa de todos, Johnny le dio las gracias. Cuando sacudió su cabeza, se dio cuenta que ahora podía ver con claridad. Ya no tenía más la vista borrosa y ya no necesitaba sus lentes: Menos ahora que tienen vómito de monstruo. Para ahorrarles el rato y vómitos. Para evitar mencionar las cantidades de especies que los niños cruzaron en su camino (que parecía que este extraño hombre de armadura futurista, plateada y azulada conocía) voy a adelantarles la historia. La mañana siguiente, el extraño los acompañó a la superficie mientras le contaba que este proceso sucedía todos los días ‘’Por lo menos hasta que destruyamos ese maldito segundo sol’’. - Nada de esto hubiese ocurrido si ese maldito hoyo negro se hubiese cerrado. - ¿Hoyo negro? ¡Oímos de él! - ¡Por supuesto que sí; si vivieron en la cuadra donde estaba!. - ¿Puedes decirnos quien rayos eres? – Preguntó enojado Nicky. - ¡Es cierto, nos ayudaste. Queremos saber tu nombre! – Preguntó Adam. - Chicos, antes de darles las gracias. Y por cierto, gracias por lo de los ojos. - De nada chico. - Quisiera saber cómo rayos volveremos a nuestro tiempo, con nuestras mamás y el resto de nuestros amigos. - ¡Idiota! ¡El hoyo negro, el hoyo negro! - ¿Qué tiene? - ¿No recuerdas come-mocos? ¿Eddie? ¿El centro comercial? - Cieeeeerto… - ¿De qué hablan? – Preguntó intrigante el hombre de armadura. - En 1977, de donde nosotros venimos, pasaba algo raro.

- Danville, sí, lo recuerdo. – Contestó el extraño. Nicky pensó que tal vez este extraño hombre había leído sobre su ciudad en alguna de esas inmensas enciclopedias… Pensó. - A mi mamá le desaparecían los platos y los cubiertos y a mi padre sus bufandas. En un día viajó dos veces al trabajo – Fue y volvió – y mi mamá no entendía. - Un segundo Adam, jamás me contaste esto. - Sí, es que pensé que me iban a creer estúpido. - No te preocupes, ya te creemos estúpido – Contestó Johnny riéndose. - Como sea… - ¿Algo más… concreto o importante? – Preguntó el extraño. - Sí… - ¿Qué? Los tres niños se miraron entre ellos y comenzaron a contarle la horrible pesadilla que los llevó hasta ese lugar. Su amigo Eddie había muerto y luego apareció vivo sin saber que había pasado, o más bien ‘’Como si nunca le hubiese pasado’’. Luego le contaron lo del centro comercial: ‘’Y corrimos… Johnny como una niña… Pero corrimos y cuando nos dimos vuelta, todo el centro comercial había desaparecido y luego apareció de nuevo. Cuando quisimos volver a nuestras casas, aparecimos en la biblioteca’’. - ¿Y qué hicieron en la biblioteca? - Primero nos asustamos, pero luego Adam investigó sobre Danville. ¿Esto es Danville verdad? - Centauri 13. - ¿Cómo? - Sí… Es Danville. O más bien fue Danville. Hace 203 años. - ¡Wow! – Contestó Nicky. Siguieron su camino traspasando por lo menos 10 filas más de estanterías de libros. El camino se empinaba hasta llegar a una enorme pared que tapaba el sol de día.

El extraño hombre de armadura insertó una tarjeta transparente en una ranura y una pantalla se abrió en la pared. Delante de él, se proyectó un perfil con el rostro de un humano… tal vez un soldado. Y aunque los niños jamás lograron verle el rostro al extraño, en la foto de su perfil figuraba un hombre de ‘’505’’ años. Los niños quedaron totalmente sorprendidos y Johnny, sin poder contenerse dijo: ¡Wow, luces para nada viejo, viejo! El hombre le sonrió por debajo del casco y una puerta se abrió en el muro. Pasaron en fila y Nicky fue el último en entrar; aprovechó para ojear rápidamente el perfil de ese extraño hombre. Cuando leyó lo que leyó, su corazón casi se detiene, unas lágrimas brotaron de sus ojos y se puso blanco como una cebolla. El grito ‘’¡Vamos Nicky!’’ de su amigo Johnny fue el desfibrilador. Cuando reaccionó corrió tras ellos y la puerta se perdió en la oscuridad. Una penumbra se visualizaba en un horizonte muy lejano de color negro. El traje del extraño alumbraba su caminar; que brillaba de color azulado/celeste y rebotaba en las partes metálicas de su armadura. Los niños pisaban con cuidado la oscuridad cegadora del suelo, con miedo a caerse en un vacío lleno de monstruos ojones y con pinzas gigantes. Caminaron durante media hora en línea recta, mientras la penumbra se agrandaba y la luz comenzaba a brillar más. Pero de repente, la luz en su traje cedió y quedaron totalmente a oscuras; aterrados y mudos se movían para todos lados hasta que a uno por uno, los atrapó algo. Gritaron, patalearon y lloraron. No se iban a sentir más que avergonzados cuando el hombre encendiera de nuevo su traje (esta vez más resplandeciente) y se riera de ellos por debajo de su casco. Siguieron su camino y Adam preguntó a donde iban – Vamos a la Cumbre – Contestó el enmascarado. - Ha, está bien – respondió Adam sin haber entendido.

Casi al final del viaje, el paso del extraño comenzó a volverse lento. Una extraña y diminuta barra digital yacía en su nuca. Adam entendió lo que significaba e intentando ayudar al extraño a ponerse de pie, le murmuró – ¿Es tu batería verdad? - Sí – respondió – Ningún hombre es capar de vivir tanto como yo. Vi que observaron sorprendidos mi edad ¿Verdad? - Sí – Respondió Johnny. - Sí – respondió Nick con un tono decepcionado y lloroso. - Yo me sustento de energía de átomos térmicos. No puedo estar más de 15 días sin ella. Hace 14 no me recargo… - ¿Y no puedes recargarte aquí? ¡Mira, aquí hay un botón! - ¡No, no, no,! ¡NO! – Respondió el hombre y antes de que pudiera hacer más para impedirlo, Johnny presionó un flotante botón negro con unos dorsos blancos parpadeantes. Luz tras luz, comenzaron a encenderse. Iluminando de principio a fin, de lejanía hacía a ellos, interminables pasillos con librerías de mil metros de alto. Ellos estaban parados sobre un invisible cristal y por debajo, se podía ver un número infinito de inmensas estanterías, pisos de color negro y… lo espantoso. Extraños seres; criaturas de cientos de ojos, lenguas retorcidas y pegajosas ventosas yacían en los pasillos. Alterados por la luz, comenzó una repartida de gruñidos entre ellos; algunos se devoraban entre sí y otros sobrevolaban y chocaban sobre el techo. ¡NECESITAMOS SALIR DE AQUÍ! – Pronunció el hombre. ¡No puedes! ¡No tienes energía! ¡No… pero hay un modo! ¿Cómo? ¡HAZLO AHORA, SE ACERCAN!

El extraño pidió ayuda a los tres niños para que lo paren. Luego presionaron un botón en su espalda y sacó un extenso cable con picos indefinibles.

Johnny tomó el dorso y lo acercó al invisible muro ‘’Al lado del botón flotante’’ De repente unas entradas aparecieron delante de sí. Pero eran inconexas con el enchufe que Johnny sostenía. Nervioso comenzó a gritar que no servía - ¡No sirve, no sirve, no sirve! ¡Déjalo cargar! – Contestó con una voz robótica el hombre. ¿Qué pasa? Las… bater…rías. ¡APURATE IDIOTA! ¡NO CARGA! ¡APURATE! ¡NO CARGA! ¡Déjame a mi! – Adam se acercó, tomó el cable de la mano de Johnny y lo empujó bruscamente contra el invisible muro.}

Entró de lleno y las luces de los infinitos e inmensamente grandes pasillos debajo de ellos, comenzaron a titilar. Comenzaron a apagarse y una descarga diminuta corría por el cable; Adam tuvo que soltarlo. Los ruidos que las criaturas pronunciaban dejaban de sonar. Ya no parecían enojadas – Y mejor. No quisiera enfrentarme a un monstruo de doscientos metros – pensó Adam. El hombre cayó aún con el cable enchufado y murmuró. Pero ninguno de los tres niños lo oyó. Cuando se acercaron, escucharon con más claridad – ¡Van a tener que correr! – ¿De qué hablas? Sí, ya apagaste las luces. Sí… apagué las de la biblioteca. ¿Hay más? – Preguntó asustado Adam. Queda una… yo. ¿De qué hablas? Cuando termine de consumir la energía, voy a sobrecargarme. ¿Cómo que sobrecargarte?

- Escuchen bien… cuando llegue el momento y les diga que corran a la salida, ustedes háganlo. - ¡¡¡No hay salida!!! - Lo hay. La penumbra es la cerradura. Para poder abrirla necesitas una fuente de energía sustentable o al menos un pulso. - ¿Un pulso? - Sí… - ¿De qué hablas? - No soy un humano, tampoco un robot. Soy un arma; me modificaron para combatir en una guerra. Puedo canalizar parte de la energía de mi núcleo y dispararla para utilizarla como un pulso. - Entiendo – Respondió Adam. - No, no lo haces – Respondió Johnny. - ¡Cállate! - ¡No, cállate tú, idiota! - ¡CÁLLENSE LOS DOS! – Contestó llorando Nicky. – S-s-sigue hablando. - Cuando termina mi recarga, voy a disparar un pulso térmico dirigido en esas cordenadas – Señaló a la penumbra. – Ustedes deberán correr lo más rápido que puedan detrás del pulso y llegar a la puerta antes de que se cierre. - Pero… Hay tiempo suficiente ¡Puedes correr tú también! - No, no puedo. La sobrecarga dañará mi sistema y por eso deben correr. - ¿Qué pasará? - ¡Prometan que correrán! - ¡Pero señor! – respondieron llorosos Adam y Johnny. - ¡PROMETANMELO!... Un pequeño silencio invadió sus corazones, abrazaron al extraño sin nombre y comenzaron a alejarse. Tú también Nick… Yo sé quién eres… Vete… ahora… que… puedes. Tommy.

La cabeza del extraño giró intensamente hacía Nick. Un penetrante reflejo del rostro del niño aparecía en el casco del extraño. Sus labios se fruncieron y una lágrima calló por ellos. Presionó un botón y el casco se extendió hasta su nuca, dejando al libre una corta cabellera rubia, una nariz prominente y la indiscutible cicatriz del pómulo derecho que Nicky le había hecho al pequeño Tommy contra el lavados cuando tocó sus cómics. Adam y Johnny frenaron sin comprender que pasaba y se quedaron expectantes. - Tommy… - Sí… - Una pequeña risa salió de su boca y unas lágrimas más fuertes le siguieron – Así es. - Tommy… - Sí Nick… - ¿Pero… - ¿Cómo es posible? – Tommy hizo una pausa – ¿Recuerda la casa del viejo Rodrerick? ¿Recuerdas la avioneta roja? - ¿TÚ TAMBIÉN LA HABÍAS VISTO? - Sí Nick… e intenté advertirle a mamá. Siempre que la veía desaparecía. - Sí… – Nick soltó unas extensas lágrimas. - Cuando desapareciste, mamá te buscó por todas partes. Le intenté advertir de la avioneta, que siempre sobrevolaba casa y se perdía en la colina… sobre la mansión del viejo… ¿Cómo se llamaba? - ¡Rodrerick! - ¡Ese viejo! Luego de que desapareciste, mamá desesperó. Te quería mucho Nick… tú eras su favorito. - Tú lo eras – entre llantos. - Na… eras tú. Siempre me reprochaba que no toque tus cómics. Ella te quería más a ti Nick y cuando desapareciste, la destrozó. Pero yo sabía que algo extraño sucedía. Todos los vecinos comenzaron a desaparecer y un día me acerqué a la cerca de la colina y encontré Sparklis. - ¿Sparklis?

- Sí… un gato. Tuve un gato. - Tú amabas los gatos… - Sí… Encontré a Sparklis cortado al medio. Las patas delanteras y su cabeza no estaban, solo estaban las traseras y su cola. Pero lo más extraño es que del lado de adentro de la cerca, el césped estaba totalmente limpio. Ni un solo rastro de sangre ni del cuerpo de Sparklis. La avioneta siguió sobrevolando y siempre desaparecía. Y parecía ser yo el único que la vio. Hasta que un día me acerqué a la casa de la señora Heller y le pregunté… - ¿De qué hablas? La señora Heller murió el mismo día que me ocurrió todo esto… Tú estabas all- Sí, pero era muy pequeño. Luego lo olvidé. La señora Heller estuvo viva cuando te fuiste. Apareció y mi madre no podía creerlo. - Es como si se mezclara el – - – tiempo, LO SÉ. Es ese maldito agujero negro. Está ubicado justo en la colina. Todo lo que pisa el otro lado de la cerca, desaparece para siempre. Pero la peor parte la llevamos nosotros… el lado de afuera. La fluctuación de energía mezcla las líneas temporales. Podías vivir dos veces el mismo día en Danville y nadie se iba a dar cuenta. - Pero nosotros… - Sí, bueno algunos sí, nunca supe por qué. Un día fui a visitar a la señora Heller y le pregunté por la avioneta roja; ella me contó que pertenecía a su marido Henry ‘’Es piloto de publicidades’’. Cuando tuve edad suficiente, le pedí permiso al señor Henry para que me enseñara a volar. - Tommy… el señor Henry estaba muerto. - Estaba… - Esto es espantosamente asombroso. - Lo sé. Le pedí permiso a mamá, busqué un trabajo y me pagué las lecciones de vuelo. Yo sabía que esa avioneta siempre desaparecía al traspasar la valla de la colina, pero yo no estaba piloteando, era Henry el que lo hacía. Le advertí que no pasara por ahí, pero no me hizo caso. Traspasamos la valla y simplemente aparecimos acá, en medio de una tormenta. Henry me dio el único paracaídas y me obligó a

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saltar; lo perdí de vista enseguida y aterricé en una base donde me hicieron… lo que soy. No supe más de Henry hasta que un día investigando, me encontré con que él había muerto en 1970. Para ese entonces, yo ya conocía el poder de las fluctuaciones temporales, y la energía condensada que proporcionaba ese maldito agujero. Henry murió cuando estrelló su avioneta en… – Nick lo interrumpió terminando la oración. La colina del viejo Rodrerick… Eso quiere decir que la avioneta que tú viste de pequeño, era el accidente del viejo Henry. Así es. La historia estaba escrita; yo debía subirme a esa avioneta y desaparecer en el hoyo. Para el momento en que yo saltara – Nick volvió a terminar la oración… tenía esa mala costumbre. Henry ya habría pasado por el hoyo de nuevo, habría vuelto en el tiempo y se habría estrellado contra la colina del viejo Rodrerick. Lo más fascinante de esto es que la apertura de ese maldito agujero negro, puede evitarse. ¿Pero cómo?

En ese instante Adam y Johnny se acercaron sin comprender porque rayos su amigo tardaba tanto ¡Recuerden las gigantes criaturas debajo del suelo! O más bien del techo… Nick les explicó que él era su hermano… y ellos quedaron totalmente anonadados. Pero prosigamos: - La avioneta actuó como conductor de energía del propio hoyo. Es una paradoja; la misma avioneta abrió el hoyo. - No entiendo… - La avioneta pasó por el agujero en 1983 (Cuando yo ya tenía 15 años), viajó al futuro donde yo me quedé estancado, volvió al interior del hoyo en algún momento de la tormenta y cayó en 1970. Donde la explosión abrió una grieta en el tiempo, el susodicho hoyo negro en el que viaja la avioneta, es abierto por la misma. La energía condensada que quedó adherida al centro gravitatorio del planeador, fue suficiente para que cuando explotara el mismo, se abriera una grieta.

- Pero eso no tiene sentido… – interrumpió Adam. – Las paradojas solo nacen con un previo desencadenante. Un primer hoyo negro debió existir. Luego se le da otro inicio cuando la avioneta viaja por el interior de él. Pero debió existir en otra… – - ¿Línea temporal? - ¡SÍ! - Sí… pero quedó destruida. - ¿Cómo destruyes una línea temporal? - ¡Cambiando el futuro Adam, cambiando el futuro! La avioneta que cruzó el agujero de gusano y volvió por el mismo al pasado, fue la que tuvo la culpa. Yo tuve la culpa… si no hubiese viajado ese día, nada de esto estaría ocurriendo. - No, Tommy. Tú no sabías. - Hay algo que no tiene sentido. - ¿Qué? - Si el agujero negro no existía en 1970 ¿Cómo es posible que la avioneta haya viajado a 1970 y hecho el agujero negro? No tiene sentido. Debería haber dos agujeros negros. - Tiene si lo entiendes. Los agujeros negros son misteriosos y muchas veces eternos; algunos pueden llegar a tener hasta tres entradas o cuatro. - No entiendo… - Yo entré por la primera versión del agujero negro y Henry volvió, pero se desvió dentro del túnel y creó otra salida. Cuando apareció en 1970, la tercer salida se desvaneció sin dejar rastros, pero cuando se estrelló contra la colina, el flujo de energía creó la tercer entrada. Que es la prevalecería hasta 1983 (El año donde yo desaparezco) y hasta el día de hoy. - ¿Quieres decir que aún existe? - Sí… Está en la base AAB3. A donde ustedes deben… – Un flujo de sangre comenzó a brotar de su boca. - ¿Estás bien? – Preguntaron asustados. - Es… la energía. Aún soy un poco humano – soltó una pequeña risa. – Deben apurarse. Cuando lleguen allí, se encontraran con un droide

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llamado K3G… O Keitrish. – otro flujo salió a la superficie e invadió su pera. – deben irse… ahora… No… no… no… – contestó llorando Nick. Debes irte Nick. K3G te enviará a 1973, el día en que tú desapareces. Pero… pero no entiendo. – Es cierto Tommy; si volvemos, el agujero aún estará ahí… ¿No habremos viajado por él? No… no hay tiempo de explicar. Keitrish les enseñará t . t . t o – su voz se fue apagando poco a poco y la luz que emanaba de su cuerpo desapareció.

Los niños volvieron a quedarse a oscuras por unos pocos segundos, de repente el cuerpo de Tommy se elevó (como si flotara) y comenzó a brillar de un color azul cegador. – SE ESTABA SOBRECARGANDO. Su brazo se extendió señalando la penumbra, mientras sus ojos y su boca brillaban y consumían la visibilidad de sus formas. Una especie de rayo brotó de su mano, un rayo tan inmenso que no parecía tener final. En la lejanía, un estrambótico sonido comenzó a resonar: la puerta comenzó a abrirse entre las negras paredes interminables. (Era como estar parada en la nada misma… no creo que así se exprese tampoco. La nada no es nada, pero esto era un interminable negro) Una luz de cientos de metros comenzó a surgir del dorso de la gran puerta y a iluminarlos. Tommy los miró con sus luminosos ojos, sonrió y dijo – Adiós chicos… buena suerte, come-mocos. Luego mientras los niños se alejaban, la luz en su cuerpo comenzó a aumentar de tal manera que ya era imposible ver que había pasado con Tommy. Debajo de él, el piso comenzó a retumbar y las criaturas, coléricas comenzaron a romperlo. Nick, Adam y Johnny corrieron lo más rápido que pudieron, intentando no ver atrás. Pero si lo hicieron, y vieron como las criaturas de cientos de metros trepaban el suelo-techo y se aproximaban hacía lo que ya dejó de ser Tommy y ahora era una impenetrable y gigantesca ráfaga de luz. Llegaron antes de que el gran portón se cerrara detrás de ellos y pudieron ver un estallido tan luminoso que tuvieron que mover la mirada. Para el

momento en que la dirigieron hacía Tommy, la puerta ya se había cerrado y detrás de ello, una gran escalinata llena de bestias desnudas y gigantes, de muchos brazos y ojos apareció. La escalera era tan grande que cada escalón medía lo que un edificio de tres pisos, y su final parecía un precipicio. Los gigantes parecían ignorar a los tres muchachos, que corrieron tras una columna de miles de metros y se ocultaron. Tres niños de extraterrestres de su estatura se burlaron de ellos por no conocer la zona de los gigantes, y aunque Adam quiso pegarles hasta sacarle sus jugos, se quedó quiero por miedo a encontrarse con la madre de ese bicho y que lo aplasten. Se quedaron un rato mirando como los gigantes pasaban a su lado, asustados y decepcionados. No entendían lo que Tommy les había mandado a hacer; no entendían como llegar a la base ‘’AAB3’’ ni donde estaban ahora: Aunque podían imaginarlo. En el mundo de los gigantes. Para su suerte y sorpresa, una figura de su tamaño comenzó a verse en lo lejos. Tapada por las ondas de calor del lugar, comenzó a acercarse. Brillaba en sus plateados y oros. Johnny abrió la boca de punta a punta y se refregó los ojos para ver si su vista lo estaba engañando, pero no. ¡ERA C3-PO! El icónico droide se acercó entre la multitud de pisadas gigantes y habló frente a los niños – Hola, soy… ¡C-3PO! ¡WOW! – Exclamaron los tres. Mi verdadero perifl es K3G. ¡ERES C-3PO! Ustedes me ven como C-3PO. ¿Cómo sabes que te vemos como él? Porque estoy diseñado para recibir y transmitir señales sobre la corteza cerebral. ¿Lees mentes? Así es señor. ¡WOOOW! ¡Pero eso no explica que te veamos como C-3PO!

- He localizado sus neo-cortezas desde una distancia de 15, 3 metros de distancia y he accedido a su centro de memoria subconsciente. Estoy diseñado para tomar el aspecto con el que receptor esté más familiarizado o con el que no desencadena un flujo cardíaco mortal. - ¿Estás diseñado para verte como nosotros queremos que te veamos? - Sí señor.. s s. s – La forma del droide comenzó a cambiar y tomó el aspecto de Mindy Campbell ‘’La hermosa, preciosa, perfecta Mindy Campbell’’. Adam y Johnny se rieron de Nick, porque sabían que no era secreto que él la amaba. - El ritmo cardíaco del señor Nicholas está aumentando ¿Desea que cambie de aspecto señor? - Robot idiota… – Dijo en lo bajo y se alejó hacía las escaleras enojado. Luego volvió a tomar la forma de C-3PO. - ¿Entonces… tú eres K3G? ¿Eres amigo de Tommy? - Thomas ha sido mi amo por exactamente 357 años, 12 meses, 23 semanas, 15 días, 72 horas y – Sí, sí, sí, te entendimos. - Está bien señor – Respondió el droide cambia formas de una forma educada. – Mi misión encomendada es alcanzarlos hasta la base AAB3. ¿Están preparados?. - Espera, espera, espera ahí chatarra ¿Cómo sabemos si no es una trampa? – Preguntó dudoso Johnny. - El señor Thomas dijo que tal vez pensarían eso. – Del pecho del droide apareció una pantalla holográfica que comenzó a reproducir una película. Tommy hablaba en ella y explicaba que él era su compañero. Él había construido a K3G y ahora los ayudaría a llegar a la base. También les explicó que una vez dentro, llevarían puestas unas pulseras con las cordenadas de espacio-tiempo hacía 1977. Volverían a su año natal y descargarían un pulso electromagnético que apagaría el hoyo negro. – Ninguno de los tres entendió a que se refería. - ¿Están listos? - ¡Sí C-3PO! ¡VAMOS! - Espera… ¿Cómo vamos a bajar de este lugar? ¡Esos escalones son gigantes! Nos romperíamos los huesos.

- No se preocupen señores. El droide se acercó a la escalinata y presionó un interruptor holográfico. Del lado de afuera de la inmensa escalera de gigantes, comenzó a surgir una escalera mecánica que iba en bajada. Johnny sintió tanto vértigo que casi vomita y dudó por varios segundos si era seguro bajar por ahí. Pero Adam lo convenció y bajaron los cuatro. La escalera se deslizaba hacía abajo y era iluminada por un azulado sol; a su izquierda estaba la inmensa escalera de gigantes, de donde ellos bajaban. Cada pisada hacía rebotar sus corazones y tenían miedo de que uno piense que eran bichos y los aplastara. A su derecha se extendía un valle verde. En el había cientos de edificios muy modernos y sobrevolaban naves, platillos y extraños automóviles propulsados por algo que no sabían que era. Unas criaturas con aspecto de terodáctilo pasaron sobre sus cabezas; medían lo que el titanic, multiplicado por tres veces. - Son inofensivas señor. - Eso espero… – Contestó asustado Johnny. Luego de un rato largo sobre la escalera, ya se les había pasado el mareo y finalmente bajaron. El extraño droide los guio hacía un vehículo y se infiltró en unos túneles que lo guiarían hasta la base. Unos coche-patrulla voladores lo siguieron pero aparentemente, el robot sabía lo que hacía. Los esquivó a todos y los perdió de vista con un truco muy gracioso: Su auto era igual que él… o lo que fuera que sea esa cosa donde navegaban los tres niños. Tomó forma de una criatura reptiloide con cuatro patas llenas de escamas y cuando uno de los oficiales lo frenó, su boca se abrió y de adentro salió una señorita muy hermosa – ¿Pasa algo malo oficial? – ¡No señorita, disculpe! El oficial siguió su curso junto con los compañeros y les contó lo hermosa que era. Los niños aguantaron sus risas hasta que se perdieron en la muchedumbre; luego el coche tomó su forma original, aceleraron y se dirigieron a la base.

La base tomaba forma de un extraño cubo metálico con compuertas que llegaban hasta el cielo y se perdían más allá. Los cuatro fugitivos entraron de incógnita por subterráneo. No les sirvió de mucho; un ojo vigía que colgaba en la superficie, en una de las esquinas del cubo logró visualizarlos. Las alertas rojas saltaron en el interior del cubo: NOMBRE – K3G TIPO – ROBOT DROIDE GENERACIÓN – 15. ESPECIALIZACIÓN – RELACIONES CIBERNÉTICAS HUMANAS E INTERACCIÓN A.G.G. TIPO DE INTELIGENCIA – CLASE A.A+ GN. DELITOS – ASOCIARSE CON UN TERRORISTA PARA COMBATIR AL SISTEMA. EL ACTA NÚMERO 33 DEL LIBRO DE LEYES INTERNACIONALES GALÁCTICAS, DICTA QUE TODO AQUEL SER VIVO QUE SEA CONSCIENTE DE SUS ACTOS – INCLUYENDO DROIDES – SEGÚN SU GRADO DE BUSQUEDA, SERÁN SOMETIDOS A JUICIO O EN EL SUSODICHO CASO, EXTERMINADOS, EVAPORADOS O DESACTIVADOS. GRADO DE BUSQUEDA – ROJO. Una criatura reptiloide con ojos hundidos en sus cuencas y unas espinas amenazantes sumergiendo de un aparente uniforme militar, volteo la espalda a la pantalla y se dirigió hacia otro extraño ser totalmente indescriptible (si no fuera por su uniforme, uno pensarían que son enemigos) y en una indescifrable lengua le expresó colérico: - ¡PKRSAAA KTA J NA J TJOJ SOT SJTS! Pero como tengo una maestría en lenguas reptiloides, les haré el honor. - ¡Atrapen a ese droide y maten a los niños que viajan con él! - ¡TJK NTTA TEJ O K T EJ E KOS SP OPS ¡

- ¡Y lo quiero vivo!. Volvió la vista a la pantalla, cruzó sus manos (o garras) por sus espaldas, arrugando su uniforme y quedó furioso observando la repetición del gran ojo: En él, el extraño droide multiformas y los niños entraban en una compuerta del nivel más bajo. Las alarmas y luces se dispararon detrás del coche del droide. Los niños asustados, miraron a sus espaldas y observaban como se iban encendiendo unas sirenas ubicadas en el techo, justo detrás. Unos vehículos sin ruedas salieron de la superficie del suelo, impulsados por una extraña gelatina ‘’Es como si el suelo estuviera hecho de baba y se convirtiera en un auto-patrulla’’ y los comenzó a perseguir. Por delante, unas mortales trampas con bujías atómicas sumergían de la gelatinosa. El Droide las esquivó, pero otros no tan suertudos robots que conducían los vehículos, fueros tragados. Cuando las chocabas, sobre ti crecía una burbuja que condensaba la energía de la bujía. En pocas palabras, te atrapaban en una burbuja gigante y explotaban una bomba nuclear. Ese fue el mal destino de varios robots y reptiloides de la ley. - ¡SALDREMOS VIVOS DE ESTO! ¿VERDAD C-3PO! - Señor, mi nombre es K3G. Las probabilidades de supervivencia dentro de esta autopista-túnel es de un %9,3.000.000.000.001 por ciento señor. - ¿No hay otra forma de salir? - No señor. - ¡Sigamos adelante! ¿Por qué estás frenando? - Mis indicaciones de base de datos informan que hay una probabilidad de un % 97.9.000.000.001 de que el final del camino esté cerrado por una barricada señor. - ¿Entonces qué hacemos?... - Procesando… Procesando… Procesando… - ¡DIABLOS C-3PO! - Mi nombres K3G señor.

- ¡Ha, eso si sabes hacer! ¡Sabes corregir tu nombre pero no nos puedes sacar de aquí! - Sí señor, eso es correcto. - Diablos… que vamos a hacer – Preguntó preocupado Johnny. - No tengo ni la menor idea – Respondió Adam, mirando sobre el descapotado vehículo robótico para ver si se acercaban más oficiales. No podían avanzar ni podían retroceder. Estaban atrapados en la mitad del camino… tan cerca. - ¿No hay forma de salir? ¡Tiene que haber una forma de salir! – Gritó Johnny. - ¿Le repito las estadísticas señor? - Tiene que haber una forma… - Contestó Adam. - . Las probabilidades de supervivencia dentro de esta autopista-túnel es de un %9,3.000.000.000.001 por ciento señor. - ¡Ya lo sabemos KRG! - Siempre hay una forma de salir… – Acotó Nicky. - Mis indicaciones de base de datos informan que hay una probabilidad de un % 97.9.000.000.001 de que el final del camino esté cerrado por una barricada señor. - ¡ESO TAMBIÉN LO SABEMOS K3G! – Contestó Adam enojado. - Mis sensores indican un aumento de presión sanguínea en su torrente. Déjeme administrarle un calmante. De su dorado dedo surgió una puntiaguda, filosa y brillante aguja que se enterró en el brazo de Adam. Quien sin no dar pelea, golpeo tan fuerte en la cabeza al droide, que se desactivó. ¡MIRA LO QUE HICISTE TONTO! ¡Yo no no, yo no lo hice! ¡Diablos Adam! ¿Ahora cómo saldremos de aquí? – Nicky. ¡Diablos! ¡Maldito come mocos! ¡Él come-mocos eres tú! – Contestó Adam mientras se retorcía lentamente en el asiento del vehículo. - ¡MIREN! ¿Ven lo que yo?

- ¿Qué? - ¡Una escotilla! – Adam encontró una pequeña escotilla sobre el techo. Si se ponían uno sobre uno, podrían alcanzarla antes de que lleguen los reptiloides. – Si nos ponemos uno sobre uno, podemos antes de que lleguen los bichos. - ¡Es cierto!... Ha, pero tenemos un problema. - Sí, sí, sí, tenemos un problema – Contestó Adam con una voz de borracho… sí, en presencia de un niño de 12 años ebrio. - ¡Adam está drogado! - ¡Maldita sea K3G! – Nicky golpeo tan fuerte al robot, que se volvió a activar nuevamente. ¡Mi nombre es K3G señor! Soy un droide especializado en relaciones cibernéticas humanas e interacción. ¿En qué puedo servirles?. Johnny lo volvió a golpear y el robot al parecer, volvió a recordar a los niños. ‘’Nada como un buen golpe para arreglar la tecnología’’. El droide escuchó el plan atentamente, dio unas aburridas estadísticas de supervivencia, de cuanto tardarían en abrir la compuerta, cuanto tiempo les tomaría a los oficiales llegar desde las dos entradas del túnel hasta ellos y cuando tiempo le tomaría al mecanismo del coche, hacerse invisible e indetectable. Nadie lo escuchó y el plan se puso en marcha. Sin ayuda de los niños, el robot se propulsó hasta el techo mientras su mano se abría hacía el lateral y surgía una especia de ranura-chip. El droide insertó esa extraña tecnología en una ranura de la compuerta y en cuestión de segundos se abrió. Tomó a todos los niños, que se quejaban por los apretados dedos del robot, a excepción de Adam, que gritaba: - ¡YO LE VOY A DECIR A MI MAMÁ, YO LE VOY A DECIR A MI MAMÁ Y TE VAN A CASTIGAR – Rayos, ese suero si era poderoso. Para el momento en que los oficiales llegaron al centro del túnel, el coche ya se había hecho invisible y los tres niños y el droide se habían escapado por el techo.

Dentro del ducto que parecía un laberinto, el frío comenzaba a helar sus narices, no para el droide, pues él era un droide. Ellos no sienten frío, pero los humanos sí. Los niños sacaron sus gorros de lana (Recuerden que de donde vienen, aún existe el invierno) y los apoyaron sobre sus cabezas. Adam estaba tan distraído que se intentó poner el gorro en el pie, diciendo que era una media para las cabezas de sus dedos. Una media gigante… – Nunca droguen a un niño. Estuvieron varados en es metálico laberinto por diez minutos. K3G volvió a dictar las estadísticas y probabilidades de supervivencia y los niños volvieron a insultarlo. Al final de un túnel, lograron divisar una rejilla que K3G fundió con un laser. Bajaron a una extraña zona de oficinas donde unos inquietos seres de camisa y corbata trabajaban frente a lo que los niños dedujeron, eran computadoras del futuro. ‘’¡Parece donde trabaja mi padre!’’ Mencionó Johnny. ‘’¡Nunca pensé que en el futuro hubiera oficinistas!’’ - ¡Es el presente señor, no el futuro! – Aclaró K3G. Y los niños lo insultaron por lo bajo para no llamar la atención de las criaturas que estaban trabajando en una cantidad incontable de cubículos. Traspasaron toda la zona de oficinas en cuclillas, evitando ser vistos por estas inmensas, gordas, asquerosas, rabiosas e inquietas criaturas oficinistas. Una de ellas se paró y se posó justo delante de ellos, se rascó una zona que preferiría no describir como lucía y sin mirar abajo, arriba o a sus costados, bostezó y volvió a su asiento. Al acercarse a la puerta, una estrepitosa alarma resonó por todos lados. Las bestias de camisa y corbata salieron de sus cubículos alteradas mientras otra similar, pero de mayor tamaño (como una oruga con cuatro patas) tomó una planilla y comenzó a dictar: En orden, sigan el protocolo. En orden, sigan el protocolo. Se escabulleron detrás de un gran cesto de basura repleto de comida podrida y esperaron a que todas las filas de oficinistas dejaran el lugar.

Luego, salieron por la puerta principal y corrieron por un desolado pasillo de luces azules y plateadas hasta llegar a un gigantesco portón blanco. Bajaron por unas extrañas escaleras que parecían tener vida y al llegar a una zona de tres puertas, solo tres puertas, el droide se detuvo. - ¡Esta zona no está en mi base de datos! - ¿Cómo que no está en tu base de datos? – Exclamó furioso Nicky. - Solo tonto como un robot podría serlo – dijo Johnny. Los tres niños y el robot se quedaron observando las tres puertas. Nick miró a K3G esperando que resuelva el problema, pero hasta la máquina más inteligente sería incapaz de hacerlo. Las sirenas comenzaron a rebotar en las paredes, el peligro se acercaba y ellos no tenían tiempo para elegir dos de tres puertas. Debían acertarle a la primera porque los pasos de los uniformados estaban casi en sus nucas. En un impulso recurrente, Adam eligió la puerta número uno con la certeza de encontrar la salida o un inmenso monstruo devorador de niños. Por suerte, era la primera. K3G selló la entrada por dentro y corrieron por el pasillo en bajada. Se alejaron tanto de la puerta que la perdieron de vista, y luego siguieron corriendo. Los sensores del droide se activaron de repente y su voz volvió a resonar. Tengo las cordenadas, señor. ¿Qué cordenadas? Es cierto ¿Hacía donde vamos?. El portal señor. Estamos a exactamente 10,3 metros del portal. ¡Perfecto!

Se adelantaron a una gran velocidad y frenaron atónitos al encontrarse con una estructura en forma de arco. Podrían haber llegado a ella, si no fuera por una extraña y poderosa pared holográfica que rodeaba el portal. K3G se puso en marcha, se arrodilló e insertó en la ranura de un tablero, un especie de conductor. El droide comenzó a hacer extraños ruidos y los

niños miraban preocupado, pensando ‘’¿Y si no lo logra?’’ pero no fue así. Los ruidos cedieron y el muro holográfico cedió. Los niños se adelantaron hacía la inmensa estructura en forma de arco, metálico y de color blanco. Contenía un panel del lado izquierdo y otro del lado derecho. Los tres se pararon totalmente sombrados frente a ella mientras el droide se adelantó a una consola y presionó unos botones que la encendieron. Una resplandeciente luz de neón comenzó a surgir de los bordes del arco e iluminaron por completo la habitación, que resultaba ser una especie de garaje militar extraterrestre. Un ruido se escuchó a sus espaldas, los niños voltearon y se encontraron con una extraña silueta en la penumbra. Se acercó lentamente y rengueando y cobró la forma de un humano. Era un hombre en delantal, un científico seguramente – Pensó Adam. Pero sin dudarlo dos veces, alertaron a K3G con un espantoso grito, tomaron lo que tenían a mano y lo amenazaron. - ¡No, no, no, no! ¡No se preocupen! ¡Estoy con ustedes! Soy el doctor Richard Caine, estoy con ustedes, lo juro. El droide interrumpió para confirmar la historia. - El doctor es un colega de mi amo. - ¡Sí, sí! Me dijeron que ustedes iban a estar aquí. Me dijeron que iban a volver por el portal. - ¡Sí, a casa! - Sí… pero hay algo más. - ¿De qué hablas? – Preguntó Nicky. - ¡Thomas… tú hermano! Esto es difícil de decir, pero ustedes están aquí por una razón. - ¿De qué hablas? - Había una remota posibilidad de que la incisión temporal en su tiempo los enviara acá. Verán, el puente comparte un enlace muy complejo con esa década. Las cosas que pasan a través de el,

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mayormente caen en este futuro. Y si había una remota posibilidad de que ustedes viajaran aquí, el plan serviría. ¿De qué plan hablas? Necesitan destruir esto… necesitamos destruir esto. El gobierno ha abusado de su poder durante demasiado tiempo y estamos en constante riesgo. No se puede permitir que alguien manipule tal cantidad de energía… simplemente no debería ser así. Espera, espera, cuatro ojos – Expresó Johnny. El aspecto del científico era deplorable, tenía un desarreglado peinado largo y unos extraños lentes. – ¿Estás diciendo que nosotros teníamos que venir aquí? ¿Qué esto fue planeado?. Fue planeado por si sucedía, no por saber que iba a suceder. ¿Qué? ¿De qué hablas? Como expliqué, había una remota posibilidad de que ustedes viajaran por el agujero. Como todo lo que pasó en Danville… estaba predestinado. Ustedes han sido los primeros en viajar completos. ¿Completos? – Preguntó asustado Adam. Sí… Completos. ¿Qué quieres decir con completos? – Exclamó Nicky.

A sus espaldas, un estruendo salió del arco metálico. K3G expresó con su robótica voz que el dispositivo estaba encendido y en marcha… no quedaba mucho tiempo. - ¡No tenemos tiempo! - ¡Espera, explicanos que sucede! – se opuso Adam gritando, pues el ruido que surgía de aquella extraña máquina, aturdía por doquier. Seguido, unas extrañas ráfagas de viento comenzaron a viajar hacia el interior del mismo. - ¡Ustedes son los primeros en pasar completos! – Gritó el científico – La condensada energía que liberan estas cosas, son muy difíciles de controlar. La mayoría de los objetos que viajaron a través de él, quedaron destrozados a un nivel subatómico. Ustedes son un extraño caso, como su hermano, que lograron mantener la masa atómica totalmente equilibrada.

- ¿ESTÁS DICIENDO QUE PODRÍAMOS HABER LLEGADO HECHOS PURÉ? – Gritó Nicky. - ¡EXACTO!. Ustedes son un extraño caso y su tiempo aquí se terminó. - ¿De qué hablas? - Hay un límite de tiempo… si ustedes se quedan demasiado, van a estar atascados en el futuro. - ¡Eso sería muy malo! - ¡Para ambos lados! – exclamó el científico. - ¿Qué quieres decir? – Preguntó Nicky. - Lo que el señor Richard intenta expresar, es hay un nivel de moléculas disponibles que sirven como conductor y aislador para poder pasar por el portal. Si ustedes se quedan demasiado tiempo en el futuro, las probabilidades de que puedan volver por donde entraron son de %1,3 en 10.003.405.405.000%. - ¡No pueden perder esta oportunidad, deben volver ahora! - ¿Qué hacemos? - Tomen… – el científico retrocedió y tomó un maletín muy pesado, se acercó a los niños y dijo – estoy es una bomba de pinch. Es un pulso electromagnético lo suficientemente poderoso como para cerrar un agujero negro, pero… - ¿Pero qué? - Ustedes viajarán en ese portal, se reunirán con sus familias pero no pueden condenarnos… - ¿De qué hablas? - Necesitan activar el Pinch una vez que traspasen el portal. El pulso destruirá el agujero negro, pero deben hacerlo en el momento exacto. La explosión debe ocurrir dentro del agujero, justo antes de que salgan. Ni un segundo más, ni un segundo menos. - ¿Qué pasaría si nos equivocamos? - ¡No se pueden equivocar! - Sí, pero que pasa si nos equivocamos. - Si la bomba estalla antes de tiempo, ustedes podrían quedar atrapados dentro del túnel su estructura atómica se desintegraría en cuestión de nanosegundos. Morirían sin saber que han muerto.

- ¿Y qué más? – Preguntó titubeante Adam, con un nudo en la boca. El ruido del portal cada vez se hacía más enorme. - Si el pinch estalla fuera del hoyo, es posible que el alcance de la onda apague todo en kilómetros y kilómetros a la redonda y el hoyo aún quede abierto. - ¡Espere, espere! ¿Está diciendo que nos va a mandar por esa cosa, con una rara bomba que debe explotar dentro del hoyo y con nosotros afuera y que si nos equivocamos podemos morir? - ¡EXAC – En ese momento, una explosión los interrumpió. Detrás de ellos había una barricada de reptiloides armados, apuntándolos. Intentaban volar el muro holográfico pero era en vano. El tiempo se estaba agotando. El científico tomo a los niños y los acercó a una plataforma justo delante del portal, les dio el maletín y les murmuró algo al oído. Luego se alejó lo suficiente y le gritó a K3G que los devolviera. En ese momento, otra explosión ocurrió a sus espaldas, esta vez los reptiloides arrasaron con el muro holográfico y entraron disparando unas armas con rayos color escarlata. El primero en recibir un disparo fue el científico, la zona del disparo comenzó a desintegrarse y dejar al aire los huesos de su brazo ‘’Eso debía doler’’. Antes de caer al suelo y recibir un disparo final, el científico miró a través de sus ensangrentadas gafas y le dijo a los niños, que miraban desde la plataforma, llorosos y totalmente espantados: ¡Suerte! K3G se adelantó al cuerpo del científico, lo analizó rápidamente y se puso de pie. El cuerpo del droide comenzó a brillar como lo había hecho el de Tommy y los reptiloides debieron tapar sus ojos con sus escamas. Antes de poder ver el desenlace, y créanme, seguramente no fue bonito, la plataforma entró en el agujero negro. Una poderosa fuerza chocaba contra un invisible muro de energía que sostenía y protegía a los niños en la plataforma. Un cronómetro comenzó a correr en el dorso del maletín, desde 50 segundos hasta 00. Ese sería el final…

El sin fin de luces que formaban la estructura del túnel, cegaba a los niños. Era imposible mirar cualquier extremo por más de cinco segundos. Los colores fueron variando entre negros, amarillos, rosas, azules y blancos. Era imposible mantenerse de pie dentro de la pequeña base que viajaba a una velocidad incalculable por el vórtice. Una luz se activó en la tapa del maletín y una película holográfica se reprodujo delante de los niños. Era Tommy. - ¡Nick, Adam, Johnny! No tengo mucho tiempo y ustedes tampoco. - ¡Tommy! – gritó Nicky llorando. – ¡Ayudanos! - En este momento estarán pasando por el interior del vórtice. No intenten mirar las paredes, la condensada energía y luces podrían dañar sus córneas, presten total atención a esta película. - A sus pies, en la plataforma, hay una compuerta, ábranla. Dentro encontraran unas gafas construidas para poder ver dentro del vórtice. Adam corrió una manivela y las gafas estaban ahí. Parecían esas gafas que se usan para ver dentro del agua, pero aparentemente estas servían para los agujeros negros. Tomaron las gafas, se las pusieron y siguieron viendo el holograma. - ¡El tiempo es oro! Ahora mismo están aproximadamente a 35 segundos de salir por el primer extremo del vórtice. No hay tiempo que perder, presten atención. - Detrás de ustedes hay otra compuerta, ábranla. Cuando el marcador del maletín llegue a cero, ustedes tendrán aproximadamente 3 segundos para deshacerse del maletín antes de que estalle. Deben hacerlo en el momento justo, la explosión debe ocurrir dentro del vórtice ¡NO FUERA! - ¡NO- N – N- – El holograma comenzó a trabarse y el marcador marcó 10 segundos. Adam abrió la compuerta lo más rápido que pudo y arrastraron el maletín hasta la entrada. El maletín ahora marcaba 5 segundos… lo peor aún no sucedía.

Al llegar a cero, forzaron con sus pequeños brazos pre-adolescentes el maletín. Ahora era -0. Empujaron contra toda voluntad de sí mismos. Contra toda contradicción, contra toda fuerza en el universo, los niños no se detuvieron y empujaron. Ahora marcaba -1. El final del túnel estaba cerca. Detrás de ellos comenzó a divisarse unas pequeñas nubes y luego una extraña estructura… casi como una casa. Ahora marcaba -2. El maletín era más pesado de lo que hubiesen creído, peor ya estaba a mitad del camino, una parte sobresalía de la plataforma y la otra aún estaba dentro. La luz comenzó a acercarse a gran velocidad y cuando quisieron darse cuenta, ya habían lanzado el maletín de la plataforma y estaban entre las tejas de lo que parecía una gran mansión de madera. Miraron hacia abajo y una extraña y poderosa fuerza impulso la plataforma, que calló y destruyó gran parte de la gigantesca mansión. Estaba nevando con gran ímpetu y los niños estaban adoloridos. Parecía que todo había salido bien, parecía que habían hecho todo como se debía hacer. El campo de energía desapareció y ellos salieron de la plataforma. Miraron asombrados y felices a su alrededor, estaban dentro del terreno del viejo Rodrerick. Ningún niño había pisado ese lugar antes, ninguna cosa había vuelto de ahí una vez que traspasaba esa vieja cerca de madera. Ahí comprendieron que lo que sucedía, sucedía por ese maldito hoyo negro, que ahora no era más que unas nubes en el alto cielo del 24 de diciembre de 1977. Los tres pequeños habían vivido una mortal, fantástica y sin igual aventura que ninguno de sus otros amigos o padres le podrían creer, nunca. Se abrazaron como nunca lo habían hecho, lloraron y se secaron los mocos. Se ajustaron sus sombreros de lana, sacaron las bufandas de sus bolsillos y se cubrieron sus cuellos. Nunca habían estado más felices de

estar a solo 15 metros de sus casas. Tan cerca de sus familias y con tanta seguridad. Caminaron los metros que separaban la vieja casa de Rodrerick de la indistinguible cerca de madera blanca, tapada por la nieve riendo. La plataforma que les había servido para traspasar el hoyo, ahora estaba cubierta de nieve. Saltaron la cerca, saludaron a los vecinos como si nada de eso nunca hubiese pasado. Saludaron al señor Stevens, a la señora Malcom, al viejo Bill y a las mellizas Quintana. Johnny los abrazó, les dijo cuanto los quería y se alejó hacía la puerta de su hogar. Un agradable calor surgía desde adentro, risas e insultos familiares. Johnny nunca había estado tan feliz de ver a su disfuncional familia de nuevo. Bajaron a la calle cubierta por nieve y Adam tocó el hombro de Nick. Le dijo cuanto lo quería, que siempre iba a estar ahí y entró a su hogar. Su madre preocupada lo retó, pero antes de que pudiera armar bien su argumento, Adam la tomó de las piernas y la abrazó como nunca lo había hecho en su vida. Nicky logró escuchar algo, aparentemente habrían llegado unas horas tarde y seguramente su madre también estaría enojada con él, pero también la abrazaría. A una casa de la suya, se asomaba por la puerta Mindy Campbell ‘’La hermosa, preciosa, perfecta Mindy Campbell’ con una pala en sus brazos. Sus mejillas rojas y un gorro de lana que cubría su hermosa cabellera negra. Guantes rosados y una campera blanca. Comenzaba a recoger la nieve de su entrada cuando vio que a paso ligero, se acercaba Nicky con una sonrisa de oreja a oreja. ¡Hola Mindy! ¡Hola Nick! ¿Qué haces? Junto la –

-

Nieve… sí.. Sí – Mindy soltó una hermosa sonrisa. Crees que… algún día podríamos sa – ¿Salir? Sí… sí tú quieres. ¡Sí quiero! – exclamó en voz alta y luego corrigió – Digo… sí, sería agradable. ¡Te ves muy lin – La voz de su madre interrumpió… ‘’No ahora’’ pensó Nick – ¡NICK! ¡Por Dios! ¿Dónde estuviste? Creo que… me tengo que ir. Sí, yo también. Adiós Nick – una mirada enamorada siguió a Nick hasta la entrada de su casa. ¡Llegué má! ¿Dónde estuviste todo el día Nick? ¡Estuve muuuy preocupada! Con Adam y Johnny… ¿Qué hicieron? ¡Lo usual! ¿y QUÉ ES LO USUAL? Ya sabes… viajar al futuro, conocer robots y bichos.

Su madre soltó una pequeña carcajada que corrigió con un mal humorado gesto. Se acercó a Nick y lo abrazó muy fuerte. A sus espaldas, apareció el pequeño Tommy, en pijamas y con un pequeño peluche de conejo. - ¡Hola Nicky! - ¡Hola Tommy! – Nunca había estado tan feliz de ver a su pequeño hermano. Nunca. Lo abrazó, le hizo cosquillas, le quitó su conejo y juntos corrieron a su cuarto. Sacó su empolvada caja de cómics y ambos se sentaron en cuclillas a leerlos. Su madre se asomó en el marco de la puerta y con una lágrima en sus ojos pensó que había hecho algo bien; que sus hijos eran los mejores del mundo. Se alejó a la cocina, encendió la hornalla y comenzó a preparar la cena. Pero tuvo que de tenerse cuando se dio cuenta que las luces no

encendían. Retrocedió y algo le llamó la atención: toda la calle estaba a oscuras. Toda la calle. Pero no le preocupó, seguramente era algo regulatorio por la tormenta que se avecinaba, seguramente. Encendió unas velas y continuó preparando la cena en la penumbra. Cuando la terminó, subió con tres platos de una deliciosa sopa con pollo en una bandeja para encontrar que sus dos hijos aún estaban leyendo las historietas a la luz de unas velas. Se sentó con ellos, rieron, comieron y esperaron a que la electricidad vuelva… si es que algún día fuera a volver.

Fin

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