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LAS CONTRADICCIONES DE LA CULTURA

El hombre se acostumbra a vivir en las contradicciones; el cansancio de pensar lo introducen a uno en la inercia de vivir los días buscando la satisfacción del momento. El mundo sigue su marcha y nos dejamos llevar sin que importe que nuestra libertad no cuente mucho en las decisiones que nos afectan directamente. Pensamos que mientras nos engañen o nos engañemos podemos imaginar vivir en un mundo de maravillas donde, ya no digamos la felicidad, el bienestar no se encuentra amenazado.
Las contradicciones están ahí, son cotidianas y a nadie parece importar mucho. Seguimos viviendo. Todo puede reducirse a seguir viviendo no importando de qué manera se viva. ¿Primera contradicción: qué tipo de sociedad hemos venido forjando a través del siglo XX para llegar al XXI? Creo que muy pocos pueden responder a esa pregunta. Si la demagogia contesta que es una sociedad democrática, entonces tenemos qué cuestionarnos por qué la decisión de suspender el desfile del 20 de noviembre cuando lo que festeja es precisamente eso, la lucha por la democracia en contra de una dictadura. ¿Qué cuesta? Después de un siglo se dan cuenta de que eso cuesta; más es un gasto necesario pues se subraya el sentido de nuestra sociedad, la razón de nuestra cultura. Yo no creo que nadie tiene el derecho de poner en entredicho la validez de nuestras tradiciones o rebajarlas a la mínima expresión para que los políticos actuales puedan realizar sus actos anticonstitucionales o no mecerse en problema. Hay que proteger la poca estabilidad con la que contamos en el país aunque eso signifique ceder más cada vez los horizontes de nuestras libertades. Contradicción que un enmascarado haga política, contradicción que todo un Estado esté en jaque por la incapacidad de resolver los problemas por medio del diálogo, contradicción la impotencia para resolver la inestabilidad social, contradicción el gran riesgo en que ponemos al futuro a cambio de nada. Los beneficios que consigue nuestra apatía son nulos, ni siquiera nos produce tranquilidad. Vivimos en el dejar hacer y en el dejar pasar pretendiendo que la demagogia lo resuelve todo. ¿Qué nos van a decir de la revolución? ¿De la independencia o de la reforma? ¿Con qué la van a suplir? En un país donde las inconformidades se multiplican y los problemas no tienen solución, no hay nada con qué suplir la gesta de los héroes, no hay nada con qué suplir a un Morelos, o a un Juárez, o a un Madero. Equivocados o no, son los antecedentes que le dan consistencia a la patria. Durante todo el siglo XX hemos tratado de construir un estado moderno y a pesar de los logros, algunos cuestionan sin que las proposiciones alternas estén claras.

Por lo menos en el actual sistema es más sencillo virar hacia uno u otro método según resultados. como en Cuba. en otro tipo de sistemas esto resulta imposible.Es muy fácil cuestionar a la democracia cuando a uno no le toca ganar. sobre todo en un país que no acostumbra a profundizar mucho. Una contradicción más. Hay que ser más conscientes de nuestros actos y pedir más claridad de intenciones en aquéllos que tratan de sacrificar lo que tenemos por lo que quién sabe qué vayamos a tener. Cada vez resulta más confuso aquello que se quiere ser. Pescar en las confusiones resulta provechoso para alguien. y quienes atentan contra el actual sistema son aquéllos que sostienen ese otro donde lo primero que se prohíbe es el derecho a no estar de acuerdo con la cúpula del poder. Fácil también es cuestionar los actuales sistemas económicos y sociales cuando los alternos no han dado resultado. .