La constitución del tiempo histórico Carlos N. Mora Duro duu.carlos@gmail.

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Agustín dice que puede saberse lo que es el tiempo excepto cuando nos preguntamos qué es el tiempo. La aporía, entonces, manifiesta un conjunto variopinto de resoluciones sobre la experiencia del tiempo vivido y sobre su extensión. Ilán Semo nos invita a pensar la temporalidad de una manera fenomenológica partiendo del pasado, del cual afirma: «no es lo que ha sido, sino el ser de lo que ha sido». Esta definición esencial de su propuesta implica la consideración de dos planos del pasado: por un lado, el acontecido perse y, por el otro, la construcción en el presente de eso que fue. Una analogía bondadosa de esta relación es la de la muerte. A decir del historiador, la muerte es un problema de los vivos y lo único significante de este fenómeno, ya que no tenemos noticias de aquellos que han muerto, es el ser de la muerte o «cómo la muerte es» para los que continuamos en vida. Toda concepción de pasado supone, por tanto, una noción de tiempo; sin embargo, el tiempo, a diferencia de otros tópicos universales, no puede ser enmarcado fuera de su propia subjetivación: no hay tiempo perceptible. Semo rescata la delimitación de Norbert Elias sobre el tiempo: acontecimientos perceptibles cuya relación constituye una elaboración de percepciones que hacen hombres determinados, pero fuera de estas percepciones el tiempo no es por sí mismo. En este sentido, el historiador sugiere pensar el tiempo como la relación que se establece entre las representaciones del presente, el pasado y el futuro mediante dos órdenes: el de los conceptos y el de las representaciones: «tiempo es una forma en que figuramos la relación entre nuestras concepciones sobre el pasado, sobre el presente y sobre el futuro a través de dos operaciones: la operación narrativa y la operación conceptual». Lo fundamental de la operación narrativa es que constituye representaciones que no están comprometidas con la oferta de verdad: la estética, el arte, el mundo moral y la configuración de mitos nacionales, por ejemplo. En contraste, los conceptos, en la segunda operación, reclaman un territorio: una proposición de validez. Son estas palabras las que producen a la sociedad y sin ellas no existiría: «no es que la sociedad produzca conceptos, son los conceptos los que producen la sociedad», asegura Semo. La noción para el acuerdo sobre el desacuerdo en la modernidad es una ilustración sine qua non de esta precedencia de los conceptos. El concepto, en esta dirección, es el sitio en el

que sustituye el concepto de futuro de las filosofías de la historia y determina que cada objeto tiene su propia temporalidad: «una polisemia temporal». no por el pasado sino por el futuro. Sobre el primer asunto. en la producción de memoria popular e ideológica o en las refiguraciones más creativas del pasado desde el arte. d) la concepción de un futuro nuevo a partir de la Revolución Francesa: este futuro moderno es abierto porque se construye mediante la acción política. sino de las ideas que una sociedad se hace sobre el futuro». ese conjunto de narrativas con dos características básicas. ley. inaugurada por Maquiavelo en el siglo XVI con los informes de Nápoles y París o lo que también se ha llamado estudio de escenarios o futuros posibles. aunque estas narraciones están lejos de ser homogéneas al interior de los sectores de la propia historiografía. durante el siglo XVII y XVIII. conjuntamente con la teoría marxista. Estado. ha sido un tópico que ha retornado de diversas maneras en la narrativa histórica: desde los testigos. precisamente. b) la prognosis. c) la constitución de un pasado como un territorio distinto del presente y del futuro. las expectativas de la espera en la figuración de un ser que ya ha sido. de desorientación o sisma intelectual. que nos describe las representaciones conmensurables del horizonte de espera: el juicio final que determinó el control del tiempo teológico en la sociedad europea. d) el futuro en riesgo.mundo de las representaciones que produce a la sociedad a través de la producción de significantes: derechos humanos. el pasado (el ser de lo que ha sido) tiene un «metabolismo» de retorno mediante sus conceptos. por nombrar algunas. Tal es. etcétera. de esta manera. y para descubrir este primado hay que preguntarse ¿cómo una sociedad ve su futuro?. por ejemplo. «porque en realidad las narrativas históricas son una proyección no del presente. que configura un pasado déjà vu. segundo. La historia (el tiempo histórico) es un polo que relata. debe vincularse con las representaciones de futuro de cualquier sociedad. desde los revisionistas. y. la riqueza de este argumento: el abigarramiento que supone la persistencia de futuros . Bajo los argumentos anteriores. es un tiempo territorializado. La revolución. Semo recomienda observar algunos puntos: a) el horizonte de expectativa. Así se constituye el tiempo histórico. Y. a decir de Semo. particularmente en México. religión. a través de la territorialización del futuro y la pulsión de retorno. el tiempo histórico –el que Ricoeur sitúa simultáneamente con el polo del tiempo vivido y el tiempo cósmico– es. en efecto. Lo que entendemos sobre el pasado. es decir. e) la duración. Primero. de la mano de la historia de las luchas sociales y en las representaciones ideológicas del Estado.

Sus intereses principales son: historia conceptual. . historia de las ideas. teoría literaria. Trabaja actualmente sobre el tema de la experiencia del tiempo vivido y la representación del tiempo histórico. así como el fenómeno de la conmemoración. la lucha por el establecimiento de un horizonte hegemónico y la tensión entre memoria popular e historiografía.heterogéneos. Maestro en Ciencias Sociales por la FLACSO México. *Sociólogo por la Universidad Autónoma del Estado de México. sociología cultural. retórica política y sociología de la religión.