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UN MODELO DE PENSAMIENTO CAUSAL Presupuestos del modelo Antes de pasar a describir sus rasgos generales conviene ha unas breves

observaciones sobre qué tipo de modelo es el que se propone y, especialmente, sobre qué tipo de modelo no es. En la física y otras ciencias «duras» los modelos son representaciones simbólicas de las variables y de las relaciones cuantificables existentes entre ellas. Por el contrario, los modelos vigentes en la mayor parte de las ciencias sociales son más bien modelos cualitativos, más abiertos e imprecisos. La fascinación que siempre ha sentido la psicología por esas ciencias duras se ha traducido en una proliferación reciente de modelos de pensamiento sumamente detallados y precisos, generalmente basados en rutinas computacionales. Sin embargo, estos modelos, a diferencia de los físicos, suelen «simular» la resolución de tareas con escasa «centralidad» (Rips, 1983) ea la conducta humana. En la física existe, con ciertas limitaciones, un acuerdo tácito sobre cuáles son las preguntas fundamentales que deben responderse. Modelos tan trascendentales como las leyes de Newton perduran porque dan respuesta, si bien limitada, a algunos de los interrogantes centrales sobre el funcionamiento de la materia. Por el contrario, la mayor parte de los modelos detallados que simulan la actuación de sujetos humanos se ocupan de tareas de discutible, si no escasa, relevancia y centralidad en el funcionamiento cognitivo humano, relevancia que es aún menor a tenor de la ya referida especificidad de los modelos recientes en psicología del pensamiento. Suele salirse a un modelo por tarea y viceversa. Por todo ello nos parece que en el momento actual de nuestros conocimientos sobre el pensamiento causal los modelos detallados de la actuación tienen una utilidad limitada, ya que carecemos de un modelo general en el que enmarcados. El modelo que aquí se propone de una manera tentativa pretende proporcionar una mejor comprensión global de los rasgos fundamentales del pensamiento causal. No se sostiene en ningún momento que este modelo refleje la forma concreta en que los sujetos resuelven problemas concretos. Debe entenderse más bien como un esquema comprehensivo de los elementos que componen todo pensamiento causal o, si se prefiere así, como un modelo de la competencia causal. Componentes del pensamiento causal A pesar de sus propósitos generales, el modelo no concibe el pensamiento causal como el producto exclusivo de un conjunto de leyes generales —tanto entre sujetos como entre tareas—, sino que pretende alcanzar un cierto «compromiso» —una especie de «compromiso histórico»— entre la especificidad y la generalidad del pensamiento Causal. Este compromiso es posible mediante la formulación de un modelo interactivo, cuyo objetivo fundamental sería establecer la naturaleza de las interacciones entre los aspectos representacionales de la causalidad (teorías causales) y los aspectos procesuales (reglas de inferencia). Se parte de la idea de ambos aspectos tienen una cierta estructura formal común que es necesario considerar. No obstante, se diferencian en otras muchas variables. Especialmente, las reglas de inferencia tendrían una naturaleza esencialmente formal y un rango alto de generalidad, mientras que las representaciones son esencial, pero no exclusivamente, factuales y de un nivel menor de generalidad. Son, por consiguiente, dos aspectos diferenciados, pero no separados. Para dar cuenta de sus interacciones formales. y factuales se propone la existencia de un tercer componente en el pensamiento causal, jerárquicamente superior, que consistiría en un conjunto de principios generales que regirían el pensamiento causal, tanto en sus aspectos de representación como de razonamiento. Situado en el marco del semicausalismo, el modelo postula, por tanto, la existencia de tres componentes jerárquicamente organizados en el pensamiento causal unos principios que determinarían la forma del vínculo causal que adoptarían los otros dos componentes; una teoría o esquema del funcionamiento causal del fenómeno estudiado, que haría posible la comprensión del mismo, y, finalmente, un conjunto de reglas de inferencia que permitirían decidir entre varias ideas o relaciones plausibles presentes en un mismo fenómeno y que ayudarían de este modo a la construcción de teorías. Esta misma distinción en tres componentes está ya explícitamente presente en el modelo causal propuesto por Bullock Gelman y Baillargeon (1982). Sin embargo, nuestra propuesta, siendo, sin duda, deudora del trabajo de estas autoras, desarrolla de modo más detallado los rasgos de cada uno de los componentes y, lo que es más importante, atiende también a las relaciones entre ellos, en lugar de limitarse a yuxtaponerlos. En concreto, las relaciones entre los componentes estarían guiadas por

aplicándose por tanto los cuatro principios anteriores no ya a todas las situaciones causales sino. Esta organización. no universalmente admi tido. según la conceptualización de Keil. la mejor prueba de la necesidad de postular esos principios es que nos resulta inconcebible que ninguna relación causal pudiera ser de otra forma. nos obligaría a sostener la existencia ya sea de una equivalencia universal de las situaciones causales (incompatible con la propia diversidad inherente a la causalidad) o de una fuerte predisposición innata a la adquisición de esos principios. que no adopte la forma del nexo causal. Cada una de estas limitaciones constituye un principio del pensamiento causal. La conjunción de todos estos principios da forma al nexo causal. 30-31). Mientras que los tres primeros son exclusivamente formales y caracterizan a . admitiendo la universalidad de los principios. Resultan. de la naturaleza innata de los principios causales Creemos que. a todas las situaciones. De hecho. Asimismo nos interesa profundizar en las relaciones que mantienen los distintos principios entre sí. con independencia de su contexto o contenido. Por ejemplo. por ejemplo. En otras palabras. c ) asimetría (las causas y los efectos no son in tercambiables. En otras palabras. que determinaría el funcionamiento último del pensamiento causal como un todo. En cuanto al metaprincipio. Como tales restricciones o formas «a priori» dichos principios tendrían posiblemente-una naturaleza innata. tanto en un sentido temporal como existencial) y d ) transmisión generativa (la causa genera el efecto y no sólo lo precede en el tiempo). las ideas de Chomsky. por tanto. ya que esos principios constituirían categorías «a priori» del pensamiento. En este sentido creemos que el nexo causal posee una forma propia derivada de la organización interna de sus principios componentes. La naturaleza esencialmente pragmática del pensamiento causal vendría determinada por la organización de esos principios generales que proporcionan los rasgos formales y funcionales de todo el sistema de pensamiento causal. ya que no puede establecerse ninguna relación causal que no respete alguno de esos principios. que implicarían diferencias jerárquicas en la organización de los componentes. que la causa pudiera producirse después que el efecto. siempre que se producen las mismas causas deben seguirse los mismos efectos. lo cual. págs. Esos causales tendrían un carácter universal e inviolable. desde el punto de vista de los procesos psicológicos. A la luz de los estudios filosóficos hemos recogido cuatro principios genérales y metaprincipio (véase capítulo anterior. para que admitamos la existencia de una relación causal. estaría apoyada en la diferente naturaleza de los principios anteriormente enunciados. Los cuatro principios serían: a ) constancia (las mismas causas se siguén siempre de los mismos efectos) b ) condicionalidad (la relación causal no afirma nada sobre los hechos sino sobre las condiciones para que se produzcan esos hechos). de modo más universal. que son una interacción entre el sujeto y el objeto. al modo piagetiano. por así decirlo. descrita en el capítulo anterior. en cierto sentido.criterios pragmáticos. esto es. esto es. Al defender la existencia de unos universales causales predeterminados nos estamos situando dentro de la tradición kantiana del estudio de la causalidad. etc. Uno de los objetivos del presente trabajo es comprobar la validez psicológica de estos principios. la causalidad cotidiana. De lo contrario habría que postular o bien que esos principios no se hallan en la mente de los sujetos sino en la realidad (lo cual violaría la idea constructivista que mantenemos en este trabajo) o bien. si bien esa naturaleza no es finalmente comprobable. inviolables. Esto último constituye una afirmación débil. comprobando si estas leyes se ajustan a los principios que rigen el pensamiento causal científico. Principios Todas las relaciones causales que establecemos los humanos están sujetas a un conjunto de limitaciones formales predeterminadas. siendo por tanto deudores. la causa ha de preceder siempre —o como máximo ser simultánea— al efecto. afirma el determinismo causal según el cual codo hecho es causado. pretende identificar las leyes formales que rigen. estamos afirmando que esos principios regirían todos los actos de pensamiento causal en todos los sujetos y en todas las tareas. En el plano psicológico estos principios constitujrían restricciones del pensamiento. pero nada ambigua. los datos con respecto al desarrollo psicológico de estos principios y a la universalidad transcultural de los mismos resultan muy informativos con respecto a este debate.

Resulta de sumo interés comprobar la validez de este modelo de cambio conceptual en el terreno de las teorías causales «cotidianas» o «ingenuas». Además de adoptar su naturaleza pragmática. la organización interna de los principios tiene importantes consecuencias sobre los otros dos componentes. las teorías causales tomarían también la forma de los otros principios. Dichas teorías finalistas o teleológicas se sitúan simplemente. 6). Esta primacía puede. frente a otras formas de determinación. de las que ni siqúiera ha llegado a tomar conciencia (ejemplos de esto último pueden encontrarse incluso en el pensamiento de científicos eminentes como Darwin. que atribuyen el efecto no a un mecanismo productivo sino a las intenciones de un agente. fuera del terreno de las explicaciones causales. En concreto. estudiarse desde un punto de vista psicológico. poniendo en entredicho su validez como metaprincipio causal. no sólo causal.cualquier tipo de determinación. Tal comparación tiene indudable repercusión en las decisiones que pueden tomarse en el ámbito educativo con respecto a la transmisión de esas mismas teorías (véase caps. la falta de universalidad del determinismo causal y. llegando a incorporar una serie de predicciones detalladás.. Karmiloff-Smith e Inhelder. en términos de la psicología cognitiva actual. Varias relaciones causales observadas en contextos distintos pueden compartir un mecanismo productivo común. que como señalabamos en el punto anterior serían universales. constituyen do «teorías-en-acción» (Driver y Erickson 1983. especialmente en el caso de los mecanismos causales. como es el caso de las teorías científicas. la comparación entre las teorías (o los sistemas) de expertos y novatos resulta sumamente esclarecedora (véase el cap. Ahora bien. identificando los mecanismos comunes y diferenciadores entre ambos procesos. La primacía de este principio sobre los demás determinaría el carácter pragmático del pensamiento causal. La función de las teorías en el pensamiento causal viene determinada por la primacía de la transmisión en la organización de los principios causales. Lakatos. como las animistas estudiadas por Piaget (1926). 8 y 9). En este sentido. En el pensamiento causal esto se traduce en una primacía funcional de las teorías sobre las reglas de inferencia. como indicabamos en el capítulo anterior. por oposición al dominio histórico-científico en el que ha sido inicialmente desarrollado. o. al que hemos aludido reiteradamente. podemos estudiar la relación entre la génesis de las teorías causales en sujetos individuales y la evolución de esas mismas teorías en el curso de la historia de la ciencia. tal como relata Gruber. haría posible el cambio. En otras palabras. profundizando en el desarrollo de cada uno de lós principios y en sus interacciones. con un exceso de contenido empírico con respecto a la anterior. Teorías causales El rasgo más característico de la causalidad. hallarse úni camente larvadas o implícitas en la conducta del sujeto. produciéndose un procesamientó de arriba a abajo en el que. las teorías mostrarían una notable resistencia al cambio o reorganización de sus esquemas componentes. deriva do de la organización de sus conocimientos. mostrando. en el otro extremo. Sólo la aparición de una nueva teoría alternativa. En este sentido las teorías causales erróneas no suponen ninguna violación de los prin cipios causales. promocionar a un primer plano la función de las teorías causales. esas ideas no actúan de un modo aislado sino que. Ni siquiera pueden considerarse contrarias a los principios causales aquellas teorías. de hecho. es la existencia de una transmisión generativa del antecedente al consecuente. la causalidad estaría «formalmente» regida por un principio de primacía del contenido. eso sí. Un modelo de pensamiento causal debe recoger las ideas de los sujetos tanto sobre las transmisiones que tienen lugar entre los objetos como sobre los mecanismos que subyacen a esas transmisiones. por lo demás. Así. jerarquías de esquemas. Lo que hace errónea a una teoría es su contenido factual. 1981). constituyen sistemas de ideas o. la primacía del principio generativo supone. ya que respetan la forma del nexo causal. Las diferencias entre una buena y una mala teoría no . dada la naturaleza pragmática de la causalidad. 1978). en consecuencia. Estas teorías pueden ser muy elaboradas y explícitas. El conjunto de ideas o esquemas causales con respecto a mecanismos productivos conectados entre sí constituye una teoría causal. 1975). que da lugar a un predominio de las teorías sobre los propios datos acorde con las ideas vigentes en filosofía de la ciencia (por ej. según las cuales las teorías no son falsadas por los propios datos sino por la aparición de una nueva teoría. Como hemos señalado. el principio de transmisión constituiría el rasgo diferenciador de las relaciones causales y tendría una naturaleza factual y no formal.

Posiblemente estarían ligadas a limitaciones inherentes al pro pio sistema humano de procesamiento de la información. posiblemente. Las respuestas suelen situarse dentro del continuo inducción-deducción. Tales comparaciones permiten identificar la existencia de unas ideas o reglas de conocimiento que aparecen. mostrando que estas restricciones factuales son. de modo recurrente. De todas formas son obstáculos que la enseñanza de la ciencia debería considerar con mucho interés (véase cap. el estudio psicológico de las teorías causales. procedería del análisis de realidades empíricas mediante el recurso a unas reglas de inferencia o de decisión. 6). Una teoría o concepción es errónea no sólo cuando realiza predicciones que no se cumplen. es asimismo una de las primeras conservaciones físicas que se constituye. 9). como sistemas jerarquizados de esquemas. por el contrario. estas resistencias acaban siendo superadas por sujetos expertos. las ideas sobre la influencia del peso dificultan considerablemente la comprensión de las leyes de la mecánica (véase más adelante cap. sino en la naturaleza de las transmisiones o los mecanismos productivos postulados. predisposiciones pero no limitaciones stricto sensu. que son comunes. . La inducción. que parece ocupar un lugar central en las explicaciones físicas de los humanos. Siendo un concepto de temprana adquisición sensoriomotora. Estas ideas constituirían restricciones factuales —por oposición a las restricciones generales postuladas en el punto anterior— ligadas al contenido. Sin embargo. Muchos de los problemas que estamos suscitando están relacio nados con la gran pregunta sobre el origen y el desarrollo de las teorías causales. Una vez más la comparación entre la historia de la ciencia y la ontogénesis de las teorías proporciona información muy relevante en este punto. La deducción procedería por reorganización interna de las propias teorías.se hallan en los principios que las rigen. tanto en la historia de los individuos como de las culturas científicas. sino en muchas ocasiones simplemente porque no se ajusta a la naturaleza de las transmisiones legalmente reconocidas por las teorías vigentes en esa disciplina. Asimismo. observándose un notable décalage con respecto al volumen. en ocasiones de modo erroneo. ha de pasar necesariamente por un estudio previo de la organización de esos con tenidos en la disciplina científica correspondiente. De esta forma. estando su naturaleza aún por determinar. constituyendo el núcleo de múltiples mecanismos productivos y siendo muy resistentes al cambio. Un ejemplo de estas «restricciones» factuales lo constituiría el peso. con la particularidad de que la adquisición del peso no sólo precede a la del volumen sino que además la obstaculiza notablemente.