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Estudios críticos sobre el modernismo

De aquella unión quedan
cuencias. Mucho ganó

hermosas criaturas

y

fecundas conse-

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la literatura especial, sobre todo la poesía, gracias a ella. Si bien no ha habido ningun gran poera modernista en España, en casi todos los poetas españoles de hoy se siente el provecho de aquella gran conmoción de conceptos y de técnica poéticos. El modernismo para algunos poetas españoles fue un estado transitorio, para otros un experimento fructuoso. Para ninguno, creo, ha sido un ideal ni una meta. Aprendieron del modernismo para servir necesidades espirituales que iban mucho más allá del modernismo. Y nuestra poesía española tomó otro rumbo. Aunque esto se salga de mi tema, si se me preguntara cuál es ese camino divergente del moderpismo, yo contestaría que no es otro que el de la gran tradición poética viva, no académica, española, la de Garcilaso y Góngora, San ]uan de la Cruz y Bécquer. Se repetiría aquí un fenómeno muy frecuente en Ia historia de la literatura española y que en el siglo xrx se cumple lo mismo con el romanticismo que con el realismo. Es la conversión de un movimiento revolucionario, despertado por estímulos extranieros en sus comienzos, en una revisión depuradora de lo uadicional, que da por resultado un renacimiento restaurador de los más puros y auténticos valores del pasado. Porque no hay duda de que los tres poctas mayores de Ia España reciente, forge Guillén, Federico Garcfa Lorca y Alberti, aunque sean beneficiarios de la herencia modernista, cn distinto gradq atienden desde su poesfa muchlsimo mris al son del Romancero, a la mrlsica refinada de los Cancioneros o de Góngora, a las pastorales platónicas o mlsticas de Garcilaso o de San Juan dc la Cruz, que a las cantarinas scducciones de aquellas sirenas parisicnsee con quienes Rubén Darfo bebla champaña en cualquier pabellón dc Ermenonviüe, verdadero o imaginario, mientras revolucionaba, entrc trago y bcoo, la pocsfa española.

Fr»rnrco DE ONfs
SOBRE

EL

CONCEPTO

DEL MODERNISMO

Hrcc algunos años presenté ante nuesua Asociación un trabajo cl concepto del Renacimiento r, tratando en él de llegar a una
que reflejase la unidad y sentido de aquella época en la para lo cual era necesario ampliar y mo¿lificar el España, de general del Renacimiento en Europa. La aplicación a España l&ar parciales e insuficientes del Renacimiento había llevado a confusiones, haciendo aparecer como trunca y contradictoria lulldad española en Ia época en que evidentemente España habla u{¡ una y más ella misma. Ahora me propongo, en cierta meh¡ccr lo mismo respecto al concepto del Modernismo, época que tto pocas semeianzas con la del Renacimiento, como veremos al de la una para entender la otra. Tambifu los iuicios acerca época reciente empiezan a ser cada vez más confusos y con-

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-Renacimiento una al principio y otra al fin de la Edad Moderna, son do profunda y rica originaüdad en las quq la cultura hispánica c¡rácter propio a un movimiento universal. Lo cual quiere quc Io raiz de la originalidad hispánica en esas épocas hay que dcntro de ella y no en las influencias generales del tiempo,

y por Io tanto,

insuficientes. Ambas

y

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Ls Moilsrn Langtuge Association de los Estados Unidos, donde fue trabaio. El aatcrior, a que se alude, se titulaba "El concepto del bnm rplicado a la líteratu¡a cspañola" y fue publieado ea mi libro nbrt cl sc¡tido de la cultwa espúota, Mad¡id, Publicaciones de la dc E¡tudiantcs, 1932, p, tg5-z)3.

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que le vinieron de fuera. La originalidad de los puebros y de los individuos no se da en el aislamiento, sino en ra comunicación con los demás, y precisamente estas dos épocas de máxima originalidad hispánica sou las de máxima comunicación de los pueblos hlsprínicos con el resto del mundo. - La causa principal de la i¡ssmprensión del Renacimiento español fue el mirar como Io más importante y característico de ér ra iniuencia italiana y clásica cuya manifestación más visible y general en la Iiteratura fue Ia introducción por Bosain y Garcilaso di los metros, formas y espíritus italianos y clásicos, dando así origen a una escuela poética italianizante que en España, como en toda Europa, se extend.ió y nacionalizó en el siglo xvr. Idéntico error se comete cuando se trata de reducir el Modernismo a una influencia exüaniera, en este caso la francesa, y a una escuela poética, que consistió en introducir ciertos metros, formas y espíritu franceses que en Hispanoamérica, y luego en España, como en todas partes, se extendieron y nacionalizaron a fir¡es del siglo xrx. Los mismos merros franceses ---el alejandrino y el eneasllabo- que introdujeron los pfimeros modernistas, hablan sido introducidos de la misma Francia por los primeros poetas españoles del siglo xrI al xrv, sin que por eso dejen de ser Berceo y Juan Ruiz grandes poetas originales españoles de su tiempo, como siglos después lo son del suyo los americanos Gutiérrez Nájera y Rubérr Darío. Como hubo además evidente influencia de la épica francesa en la castellana, también aquella época decisiva del,nacimiento de la literatura española ha sido mirada en la historia literaria como r¡na hijuelar o apéndice dc la literatura francesa medievaL y ha sido muy difícil ráctificar este emor y probar lo que debfa laber sido evidente: la originalidad radical desde sus principios de una literatura que al desarrollarse llega a culminar en su Siglo de Oro bon caracteres no sólo disrintos sino antitéticos dc la de Francia. La influencia italiana del siglo xvr y la francesa de la Edad Media o de los siglos xvur y xlt( son hechos de magna c innegable importancia histórica, no sólo para el mundo hispano, sino para toda la civilización occidental, y por su misma generalidad no pueden tomarse como carácter de ninguna de las culturas nacionales que tiñeron y fecundaron. Esas influencias, por grandes que fueran, no explicarán iamás la originalidad y el valor propio de los productos de la cultura hispánica, que en las épocas a que nos

§trmo¡ refiriendo son distintos de los extranjeros que en ellos influ[ron. Rcspecto del Modernismo americano lo ha dicho, con su acostmb¡adu agudeza, Alfonso Reyes: "Admitimos, por ser de evidencia, h reeión determinante de Francia sobre este ciclo; pero casi nadie I &cldc a romper en esta dulce penumbra con la Iámpara de la preddón. Un estudio más anaütico arroiaría luz sobre esa misteriosa desTb€lén, csa equivocación fecunda que se produce en la poesía de un Sblo cuando recibe y traduce el caudal de una sensibilidad extranpt, l,orque Io cierto es que aquellos hiios de Francia brotados en
f,mérlcn son muy diferentes de sus padres, acaso muchas veces a pesar Bto, aun cuando ellos mismos declaren la filiación. Este fenómeno de Sdopndencia involuntaria es lo más interesante que encuentro en el *lgdernismo americano, y lo que todavía está por estudiar". ¡ ttHl Modernismo -como dijo Díez-Canedo en ¡943- es más que €¡cucla: es una época; y su influjo sale del campo literario para en todos los aspectos de la vida"; lo cual confuma lo que dlfe cn t934: "El Modernismo es la forma hispánica de la crisis ¿/ de las letras y del espíritu, que inicia hacia 1885 la disodel siglo xlx y que se había de manifestar en el arte, la ciencia, nllglón, Ia política y gradualmente en los demás aspectos de la vida con todos los caracteres, por lo tanto, de un hondo cambio cuyo proceso continúa hoy". Hay signos de la influencia de §rl¡l¡ universal en la ultima fase de la obra de los grandes escrietpañolcs del siglo xu la Pardo Bazán, Palacio Val-Galdós, Leopoldo Alas, Echegaray- y en hombres de pensamiento como y Costa; pero en lo esencial estos hombres más o menos senI lo; tiempos nuevos siguieron perteneciendo a la época ante-. tn tB que nacieron y se formaron. La revolución literaiia qn" r. ] ú derpués Modernismo surgió, no en España, sino en Américari obra de individualidades aisladas y pequeños gupos selectos en üütento mismo en que las naciones hispanoamericanas habían lleoldr una I su modo, a su organizacién interna, y hablan enOt un largo perlodo de relativa paz, estabilidad y prosperidad. kcho, aunque con caracteres americanos, corresponde al hecho I curopeo dc quc hacia r&7o tomen forma y organización defif nuÉval todos los palses mediante un compromiso entre las Hrdlclonnlcs y las progresistas del siglo xrx, lo cual significó

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Estudios críticos sobre el modcrnismo
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¡¡6hu ac traduio en contactos e influencias que por primera vez eran JUtuo¡ y en algunos aspectos predominantemente americanos. . Bl Modernismo significó, por lo ranro, no sólo la incorporación |¡ Améric" a Ia literatura europea y universal, sino el logro por pritllr vcz de su plena independencia literaria. El apartamiento inevi,lbl¡ de los rnodelos europeos, que en el siglo xli r" manifiesta en lbu producto de la tierrá y la iociedad amáricanas, dio nacimiento, I Verdad, a formas de literatura como la política y la gauchesca, que

el triunfo posible y diverso de éstas. En la década de rggo-rg9o surgen en Europa, como en América, individualidades aisladas que tienen como rasgo común la insatidacción con el siglo xlx, cuando éste ha llegado a su:riunfo, y ciertas tendencias, entre las que descuellan el individualismo y el cosmopolitismo. Estas tendencias universales coincidían con rasgos propios de los hispanoamericanos, que encontraron así terreno favorable para su desarrollo en forma más fuerte y original. La insatisfacción en América tenía que ser doble y distinta, por-

que en ella no podía significar la ruptura con el siglo xrx, cuya civilización, al¡nque imperfectamente asimilada y realizada, venía a ser consustancial con el nacimiento de la América iu'dependiente, y, por lo tanto, siguió siendo el ideal y meta de los americanos, al mismo tiempo quÉ sentían Ia necesidad de superarla conforme a las tendencias europeas nuevas. El esfuerzo de los hispanoamericanos iniciadores del Modernismo tendió a salvar la distancia que separaba a América de Europa desde siempre, por el hecho de ser América y de ser España, continuando así los esfuerzos repetidos de sus antepasados de los siglos xvlrr y xrx, aunque con la sensación de su fracaso y de la necesi&ad por tanto, de empezar de nuevo. Por eso la voluntad de innovación, iunto con el individualismo y el cosmopolitismo, es carácter del Modernismo hispanoamericano. También lo era en la revolución que se estaba llevando a cabo en Europa por el mismo tiempo; pero allf se trataba de una decadencia y liquidación del pasado, mien. trae que en América s€ trataba de un principio y anuncio del porvenir, Cuando en la década de r89o-r9oo surgen en España tardíamente respecto de América y Euopa las primeras grandes individualidades del Modernismo Ifnamuno, Ganivet, Valle-Inclán, Azorín-Benavente, la literatura que crean tiene también carácter autóctono y original, independiente del de la americana anterior; pero coinciden las dos en tendencias y espfritu, con las diferencias que siempre hay que esperar entre España y América. El individualismo es más fuerre en España y el cosmopolitismo más débil; la actitud hacia el siglo xr5 más negativa; el problema de salvar la distancia entre España y Europa adquiere caracteres de tragedia nacional. Pero en el fondo hay una correspondencia esencial entre el Modernismo de España y el de América, que los uue en comparación con el resto del mundo, y que de

fUnquc produjeron obras como el Facundo y el Martín Fiero, que .fuy eonsideramos las creaciones superiores dá h üteratura americÁa, lu tiempo eran miradas como formas inferiores y casi ajenas a la culta de tipo europeo, en graq parte olvidada hoy. En camol movimiento literario que, independientemente de España, creaÉntre ¡882 y 1896 los primeros modernistas al norte del ecuador, uyó dccisivamente no §ólo en el resro de América sino en España. Llcvaba dentro de sí el tr{.odernismo algo muy específicamenie esque era válido y fecundo en todos los países hispanoamericanos Brpaña misma. Habrá que encontrar el sentido hispánico que hay ü I lo¡ caracteres generales de esta revolución literaria, que tuvo la de cambiar tanto el fondo como la forma de la literatura en aus géneros, de modo tan hondo y general que ha quedado deincorporada a ella como una fase decisiva de su historia. lfrsncesamiento, que es el carácter más aparente de la época, repnradójicamente significar la liberación de la influencia francesa, tcr la Francia de entonces escuela e impulso de exuanierizaciín. cttc respecto el americanismo del movimiento modernista está en erpecidad de los americanos para asimilar y mirar como propias ll luc formas de cultura extranjera, mucho mayor, sin duda, que la Frnncia al seguir aquella misma tendencia de la época. El ameri¡icnte como suyas todas las tradiciones sin que ninguna le ate al

y mira al porvenir

como campo abierto a todas las posibili-

rnbe que.América es hiia de Europa y que al mismo tiempo Buropa; aspira como cosa natural a sintetizar e integrar en y en sf mismo todo lo que le llega de fuera, lo mismo que pucblos absorben la inmigración diversa, que en los días del Mollegaba a todos ellos con intensidad variable y conüibuía a tfecJmicnto y prosperidad. De ahí que la extranierización del Mo-

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Estuüos críticos sobre el modcrnismo Etrd lndivid-ugl" y la .yp-l-u¡!ed .dp""innpy-aci0n En España igualmente brpo¡iblc reducir a una escuela a los escrito¡es modernistas: cada É! un cstilo y una personalidad. Se ha tratado de reunirlos baio ldvoceción de una fecha, la de 1898, y de sustraerlos a la unidad Modcrnismo hispánico. No puedo entrar en esre tema, que ha §eltEtlo muchos artículos y algunos libros polémicos y contradicto-

muno en España, o, meior dicho, los dos en España y en América, representan desde el principio esta actitud esenciaf del Modernismo, que es la busca y afirmación de lo propio a través de lo universal. La reacción conua el siglo xrx, que en Europa fue el carácter negativo que unió a los escritores, en América es más imitación que realidad. Los modernistas hispanoamericanos combaten, es verdad, el verbalismo, los lugares comunes, el anquilosamiento, todos los defectos de la literatura inmediatamente anterior; pero no niegan ni el romanticismo somos, ¿quifu, que es, no es romántico?" (Darío)- ni-"¡s¡1{¡1isos y el realismo naturalismo, que van a continuar y dar sus meiores frutos hispanoamericanos durante el período modernista y después. Es decir éste es un carácter esencial y constante de la -y literatura americana, al que ésta debe mucho de su mayor originalidad y valor- que en ella coexisten, aun en los mismos autores, tendencias literarias que en Europa fueron fases sucesivas incompatibles las unas con las otras; que el escritor americano al afirmar y realizar algo nuevo no niega lo anterior ni renuncia a ello, sino que lo integra en una superposición de épocas y escuelas que conviven armónicamente en una unidad donde están vivos y presentes todos los valores humanos del pasado. Asl ocurre que los modernistas hispanoamericanos son al mismo tiempo clásicos, románticos, parnasianos, simbolistas, realistas y naturalistas. Muchos mezclan en su obra, en mayor o menor proporción, todas o varias de estas escuelas, con alguna de ellas como
predominante. No es, por lo tanto, la escuela, sino la diversidad de escuelas, lo que caracteriza al Modernismo hispanoamericano, por el motivo indicado, aparte de los generales de la época: el subistivismo, el."cf-eu.-d§

dernismo hispanoamericano fuera más bien expresión de su cosmopolitismo nativo, de su flexibilidad para absorber todo lo extraño sin deiar de ser el mismo. Por eso la exaget'ada extranjerización que al principio caracteriza a muchos de los modernistas se convirtió muy pronto en la vuelta a sf mismos, y el resultado final fue el descubrimiento de la propia originalidad y la conciencia de las realidades americanas. En España, de otra manera, la tendencia extranierizante, que se llamó europeización, significó la resurrección del carácter esencial de la cultura española, la aspiración a Ia universalidad y acabó en la afirmación más absoluta de todo lo nacional. Martí en América y Una-

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§ólo diré que esa fecha de J--8-9-E,.-.esmq -tp*dplo .to,.c¿¡,Ie-.al-M-sdsrtlene una significación a le".v9?" qspaflolC e.hispaqg3nglisa[a, Hl: hlopanoamericána que española. -Es!á.. en el centro y ¡rq .9-n el del período modernista, y signiñca la culminación de dos de larga preparación anterior, que determina! lrn cambio fuq; al cn las relaciones de la América española con el mundo: la del imperio colonial de España en América, y el principlq, h cxpansión de los Estados U:ridos hacia el sur del continente. al salir definitivamente de América como poder político¡ €rr\ I aer vista por los americanos, independientes desde hacía ochen= É¡, a una luz distinta de la dominante en el siglo xx: si antes rldo mirada como la antigua metrópoli, con la que había que no sólo políticamente, sino en todos los aspectos de la cultura lograr la completa independencia espiritual, bor¡ando deliberahasta los últimos restos de su tradición, ahora esta tradición y los lazos de la lengua, sangre y cultura comunes apareI loa ojos de los modernistas como la base indestructible del caü y originalidad de la América española y la fuerza y razón de & ¡u unidad. Esta nueva actitud hacia España, que se traduce en manifestaciones de lo que entonces se empieza a llamar "his, Be enlaza con la nueva actitud de los Estados Unidos hacia dcl continente americano, que empieza llamándose "paname!ürto y que se traduce en múltiples manifestaciones de relación l¡t dos Américas. Es-tos-hec-hos, que erpp_i_ezag en 1889 qqn la confercncia de naciones americanas en Washingto& y ql¡p -§-9con rapidez'y eficacia crecientes, produjeroa en los hispano. lo convicción casi general, profetizada pqr M4rtí, de que Unidos hablan llegado al momento en que, como resultadp e lncvitable del crecimiento de -§u fuerza interna, rebasaban

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y amenazaban con la dominación de los estados desunidos Amérlc¡ que cntonces se empezaba a llamar "latina". "Nuestra

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ry-uc+rosr.I^ :^1"-lji:1d",' Yrl*t "{ o{ia ,Aur+.q{:: q{t¿f+ ¿9í uqa nueva -concepción de la existencia ¿ -ilt" Áñ-qiffiJ[mG con un sentimiento, primero de incompáti¡iUaa¿,"-Aápües-&ffitrd y colaboración. Estos dos temas, el de Ia unidad hispánica de Hispania ?\ vfécunda" (Darfo); -(.s¿¡g¡s la América "patria es para los hispanoamericanos, española" (Rodó)- y el de la incompatibilidad con la América sajona del Norte -" ¿ seremos,§r_rjr-egados- a los_ bárharos*fie'o§? ¿ Trltos m i.[gges de hombres habl?le¡qg,s, "jlglés?" (Darío)-, iniciados como mucho de lo meior y más hondo del modernismo por Martí, encontrarán sus grandes voceros en Rubén Darío y Rodó, y serán dominantes y generales en la literatura del período modernista. El examen, aunque somero, de otros temas del Modernismo nos llevaría a la misma convicción que he tratado de sustentar en este
reducirto -4 upa escuela "ubeadaria_ua, 9p la .que no cab¡jan _M-artji,_ni U¿qpHluno, ni e! mismo Rutén.D.p--rlg,+!rrl.cambio, hay que mimrlo 5/ rvd eñ sü-unidad y coniunto, como una_ crisis espiritual que en múltiples formas individuales y nacionales diversas y aun contradictorias rogré dar nueva expresién universal y ,moderna a lo más hondo del . ser
"hispánico.

Ar4ériea" la llamó Martí, y así la llamaron generalmente los hispano-

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LOS LfMITES DEL MODERNISMO Y LA GENERACIóN DEL NOVENTA Y OCHO

trabajo en la forma más breve posible: la de que pg4__euterl-dcrluJury glle--dqsechar las iate¡p_¡9-9.9¡l9q-per.c-ielp-c_y,.sobre todo, le- de iutsntar

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En 1938 publicó Pedro Salinas su interesante ensayo "El probledcl modernismo en España, o un conflicto entre dos espíritus" l, el l! que pretende y quiere separar en dos escuelas, en dos denomiilciones diferentes (modernismo y 98) a los escritores que hoy, gracias lu esfuerzo y al de los que le han seguido, pasan por tales. §u tesis rro es que "España reúazara el modernismo de buenas a El modernismo fue aceptado y cultivado durante varios años, Sntonces es cuando nace la confusión que tratrimos de deshacer" 2. que confusión, como dice el admirado poeta, sería mejor indicar entre estas dos actitudes literarias y vitales bastante afines, como Con este afáu que hay de clasificar todo lo material y huhabía que poner etiqueta preceptiva, había que reunir gregariaa los escritores más diferenciados entre sí de toda la historia de lltcratura española. Este loable deseo inicial de Salinas de poner un

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Incluido ea su lib¡o Literuttna espúola del sigto XX, z." edición, MéI

B¡c¡ibe Salinas en el citado ensayo: 'Rubén Dario, en varios pasaies lut obras, se jacta, no sin razón, de su influencia en el nuevo rumbo que las letras españolas. En efecto, ¿por qué no habían de aceptar los del noventa y ocho el nuevo idioma poético, el modemismo, como oficial de la nueva geneiación? Al fin y al cabo, convenía con su ínüortc, tenía algo de revolucionario y de renovador, era lo mismo que eüos hacer, sólo que en un horizoote mucho más amplio: una revolución