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LIF

Revista digital para la difusión del librepensamiento
AÑO I número 1 octubre 2006

ASALTO A LA SOCIEDAD CIVIL

Pedro Díaz Villaverde No hace demasiados meses podíamos encontrar en los medios de comunicación una serie de artículos que reflejan una honda preocupación por la pérdida de valores de la Sociedad Occidental. Hoy estamos viviendo la respuesta de las Iglesias Cristianas, abanderadas por el poderío mediático del Catolicismo, a ese profundo dislate. A imagen y semejanza de las otras monoteístas religiones del libro, el Cristianismo se ha lanzado al asalto de la Sociedad Civil. Hace mucho tiempo que no se opinaba, luchaba, adoctrinaba y se lanzaban tantas organizaciones bajo la a las calles. ¿Por qué? En nuestra primera portada aparecen los símbolos de tres religiones; Judaísmo, Islamismo y Cristianismo. Curioso juego mental del diseñador, y es que ¿son todas las religiones nidos de intransigencia? Los istmos nacen de un cuerpo teórico que cree haber definido la Verdad Absoluta adueñándose de ella, y estas tres religiones, en su doctrina fuerte, o tronco principal, lo creen, No hay salvación fuera de ellas. Quizás las grandes Iglesias Occidentales ante este mal querer de los ciudadanos temieran que el vacío de herramientas de satisfacción del Espíritu fuera aprovechado por otras Iglesias más combativas como en otras latitudes estaba siendo aprovechado por algunas Iglesias Protestantes. O incluso peor, Dios no lo quiera, los ciudadanos pudieran encontrar como satisfacer el Espíritu construyendo activamente este mundo y dejando para otro momento el impreciso Más Allá. Pero el giro que han decidido dar estas Iglesias a sus posturas en el combate por las Almas Perdidas está llevando a la radicalización de los participantes con el fin de que dichos vagabundos puedan identificarlas como una salvación. Y es que para poder salvar, hace falta algo de lo que salvar. Radicalización que está siendo criticada desde el seno de las propias organizaciones. Por supuesto, hay teóricos y movimientos internos en el seno de dichas organizaciones que abogan por una comprensión más amplia de otras realidades. Movimientos como “Somos Iglesia ” y otros, o incluso declaraciones conjuntas como la firmada en el II Congreso de líderes de las religiones tradicionales del mundo en Kazajastán, que afirman que hay que buscar el diálogo interreligioso y

cultural y crear una cultura de Paz y rechazo de toda violencia y terrorismo, parecen discurrir por otros caminos. Pero no podemos dejar de lado que no hay mas Dios que Dios y Alá es su profeta (y aplíquese a cada una de ellas). Pero no queremos desde estas páginas marcar un camino, sino ser un vehículo para la reflexión de nuestros lectores. La radicalizaron no es el problema en sí, sino el síntoma de una infección todavía oculta. ¿Cuál será esta? El ser humano tiene unas necesidades que llamamos espirituales, necesidad de dar valor a su existencia como individuo y como miembro integrado de un grupo. ¿Son las Iglesias el medio idóneo para resolver estas necesidades? O más exactamente, ¿son Estas Iglesias las que los ciudadanos de hoy necesitan?. Hay otos medios, como la participación activa en la construcción de la sociedad y de un mismo. Quizás organizaciones, eclesiales o laicas, que sirvan como sistemas que permitan a los ciudadanos integrarse en sus propias Repúblicas sean las herramientas necesarias. Las Iglesias deben responder encontrando nuevos caminos para hacer frente a los retos de hoy y de mañana. No nos sirven los antiguos métodos de exclusión y de confrontación sencillamente porque el ser humano hoy, no se los cree. La propuesta es simple aunque la labor ardua. El Ser Humano necesita respuestas, íntimas y públicas, a su dimensión espiritual. Así que extendamos la capacidad de pensamiento crítico, busquemos porqués, y derribemos muros de ignorancia.

LA PAJA Y LA VIGA

Pedro-José Vila Santos

Asistimos espantados a un crecimiento de la violencia generada a partir de sentimientos religiosos y no vemos más que aquella que nace en el mundo islámico hasta el extremo de que datamos el comienzo de esta situación en el momento en el que Salman Rushdie fue condenado a muerte por el ya fallecido ayatollah Jomeini. Este punto de vista no es más que la representación del viejo y conocido principio de ver la paja en el ojo ajeno y olvidar la viga en el propio. La sociedad occidental de raiz cristiana tiene la facultad de olvidar algunos de sus más bochornosos actos del pasado lejano y reciente, que de todo hay, como muy bien podrían ilustrar algunos hechos históricos: matanza de cátaros, matanza de hugonotes, expulsiones de judíos y moriscos en la España de los Reyes Católicos, Inquisición (ese invento no exclusivamente español), persecuciones a católicos por parte de protestantes (ejecución de Miguel Servet a manos del déspota Juan Calvino), holocausto judío, represión en España desde posiciones de nacional-catolicismo, masacres de católicos y protestantes en Irlanda del Norte y un larguísimo etcétera que nos mostraría que la intransigencia por motivos religiosos no es privativa del islamismo. En cualquier caso hay algunas cuestiones de rabiosa actualidad que no deben ser echadas en saco roto. La suspensión de una ópera en Berlín, la amputación de una parte de una fiesta española son síntomas de que frente a la intransigencia estamos respondiendo con el miedo y la autocensura cuando deberíamos defender nuestro derecho a expresarnos con total libertad ya que únicamente ejerciendo este derecho podremos hacer frente a la marea integrista que amenaza con arrastrarnos. Ahora bien, no seamos tan ilusos como para pensar que el enemigo se encuentra únicamente en el otro lado. La intransigencia parece estar íntimamente unida a la cuestión religiosa fundamentalmente porque las verdades reveladas son indiscutibles, son dogmas, y todas las creencias de tronco semita parece estar llenas de ellas. Además y por si no tuviéramos bastante con el fanatismo religioso, en algunas partes comienza a tomar cuerpo un fanatismo de signo contrario que se alimentan del mismo dogmatismo intolerante hasta el extremo que no sería descabellado afirmar que nos encontramos ante el nacimiento de la intolerancia laica, bandera bajo la que parecen querer acogerse todos aquellos que han visto como en las postrimerías del siglo XX desaparecían los viejos símbolos a los que durante muchos años se habían aferrado despreciando la posibilidad de ejercer la libertad de elegir y criticar salvedad hecha de todo aquella que representaba "al enemigo".

El velo islámico tiene su correspondencia en determinadas actitudes de las comunidades cristianas que proliferan a lo largo y ancho de los Estados Unidos cuyos pastores no son menos peligrosos que los ayatolahs. El integrismo islámico se corresponde milimétricamente al que representan movimientos católicos como el Opus Dei o los Legionarios del Evangelio. En medio de todo esto, imagino, viven personas sensatas y razonables tan espantadas como nosotros que consideran su fe como una cuestión absolutamente privada y sin ninguna necesidad de imponérnosla al resto de los mortales. Quizás la "Alianza de Civilizaciones" debería empezar a conocerse como "Alianza de los Tolerantes" no en vano quienes pensamos que la religión es una rémora y aquellos que sienten que se trata de una cuestión totalmente privada tenemos la obligación de hacer un ejercicio de moderación con el fin de que minorías fanatizadas no terminen por dictar unas normas de conducta rechazadas por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Es necesario que la cultura llegue a las masas en todo el mundo ya que únicamente así será posible modelar ciudadanos libres y tolerantes

NACIONALISMO Y RELIGIÓN

Pablo A. Mosquera

Ser el pueblo elegido de Dios. Ser para decidir. Ser diferente y negarse al mestizaje. Algunas de las cuestiones que plantean de palabra y obra los nacionalistas al uso. El nacionalismo no es sólo encendido amor por la tierra que conforma el lugar al que se pertenece por nacimiento; es una manera de vivir, una cultura que lleva a confundir el mito con la realidad, haciendo de la historia una adaptación romántica al mundo de los ensueños. Los vascos que practican el nacionalismo están convencidos de ser el pueblo más viejo de Europa, sobre el que no ha influido el devenir de los movimientos migratorios. Descienden de la costilla de Aitor. Dios les hizo fuertes, puros y capaces para alcanzar el éxito. Sus problemas llegan al mismo tiempo que otros no vascos invaden su territorio y se mezclan con sus gentes. Tales aseveraciones se pueden deducir tras la lectura de las obras de Sabino Arana. Sólo con la ayuda de Dios se puede sobrevivir a la pérdida de la identidad como pueblo-raza, en un mundo de conquistadores e inmigrantes. El convencimiento del ser, mediante la educación, constituye el sistema preciso para formar la conciencia nacional de pertenencia por raíces históricas a una vieja raza que ha sobrevivido a las corrientes migratorias y sus consecuencias. A partir de esta conciencia de fe, se desarrolla la cultura de los derechos históricos que deben ser reivindicados ante quien corresponda por los siglos de los siglos mientras no se logra Territorio-NaciónEstado. La primera Cruzada trata de recuperar el derecho histórico a los Santos Lugares. El pueblo cristiano es el elegido de Dios para asentar el reino de Jerusalén, con la espada y la cruz. Tales aspiraciones y sus correspondientes resultados en forma de guerras e imposiciones por la fuerza, tienen mucho que ver con ese nacionalismo religioso en el que unos se sienten superiores y portadores de valores eternos, dando razones para imponer a los demás su credo.

Ser para decidir significa, unas veces derecho a transformar el mito en realidad, prescindiendo de todos los que no sean pueblo en estado puro. De ahí la negación del concepto de ciudadanía. Sólo se tiene derecho a manifestarse si se acredita fehacientemente la pertenencia al pueblo. Otras veces, las cosas llegan muy lejos. Los guardianes del Santo Grial de la verdad, deciden eliminar toda disidencia con la doctrina oficial que emiten e interpretan los santones de la tribu. Así se explican el fenómeno de la Inquisición y el fenómeno del terrorismo; pero también, la negación del derecho al sufragio de aquellos que no son pueblo, con independencia de su vecindad. Entre los instrumentos al servicio de la causa que conserva al país de los nacionalistas está el idioma. Los idiomas pierden su sentido. No sirven para comunicarse. Sirven para diferenciarse. De ahí que se les niegue su aprendizaje a los llegados de fuera. Una vez más, me remito a las obras de Sabino Arana. Pero también hay mucho de esto en la forma y la comunicación de ciertas liturgias, mandamientos y misterios, que trataron de marcar distancias con el conocimiento de las gentes para evitar la igualdad de oportunidades. Evitar la igualdad de oportunidades y administrar las libertades forma parte de la metodología nacionalista para evitar un proceso “perverso” de mezclas y pérdidas de los sacrosantos signos de la identidad. Al servicio de este objetivo se ponen todas las fuerzas que evitan la mezcla y que mantienen los diferentes cohortes en la sociedad, de la que será muy fácil distinguir “los nuestros” de los demás. Tras esta somera descripción de algunos elementos del nacionalismo comunes con determinadas prácticas religiosas en el tiempo y en el espacio mundial, se deduce que no se puede ser nacionalista y progresista. Curiosamente, la explotación del complejo de culpabilidad que han logrado los nacionalistas sobre los demás, ha llevado a la sociedad del siglo XX en España, a buscar en el nacionalismo las coordenadas de la progresía. Incluso en el marco de la Iglesia Católica se consideraba progres a los curas nacionalistas vascos y catalanes. Tanto el nacionalismo como la religión han dado demasiadas muestras históricas que han colisionado y siguen colisionando con los viejos preceptos de: libertad, igualdad y solidaridad. El nacionalismo es la religión de los que pretenden ser diferentes. La religión es una forma de nacionalismo excluyente y superior que determina quien se salva y quien se condena. La religión Católica ha operado en España con formas similares a las del nacionalismo. Incluso podemos identificar tres confesiones católicas íntimamente ligadas al nacionalismo: Nacional catolicismo en el franquismo; catolicismo nacionalista catalán; Iglesia Vasca. En Euskadi la práctica cristiana dirigida por la Iglesia fomenta la diferenciación hasta en los símbolos navideños. El misterio de Belén es sustituido por el Olentxero. Un carbonero navarro que simboliza la celebración de la Noche Buena y que se encarga del regalo a los niños. Los lugares del culto y la ideología católica vasca se encuentran en Loyola,

Begoña y Aránzazu. Por cierto en esta última hay una anécdota muy vasca… Le encargan a Oteiza el grupo escultórico para la fachada principal de la rehabilitación de Aránzazu y el escultor vasco con fama de nacionalista coloca 14 apóstoles. Preguntado por la cuestión dice. “Puse 14 por no caber más”. En Cataluña los lugares mágico religiosos, en dónde se reinterpreta la historia de la formación de Cataluña como nación, son: Poblet; Montserrat y los capuchinos de Sarriá. No olvidemos que los dos Partidos en torno a los que gira el nacionalismo catalán y vasco, son fundadores de la Internacional Demócrata Cristiana Europea. Por fin, la Iglesia en tiempos de la dictadura fue instrumento para consolidar al régimen ante el pueblo español. Recuérdese la leyenda de las monedas: “Caudillo de España por la gracia de Dios”. Tanto ETA como IRA, por citar dos organizaciones terroristas europeas, mezclan religión católica y discurso nacionalista. Durante mucho tiempo en España la propaganda oficial nos hacía ver con buenos ojos a los católicos irlandeses que luchaban por su religión y país frente al odiado imperio británico, que además practicaba el cristianismo hereje de Lutero. A la vista de nuestra historia, antigua y reciente, no es difícil entender que el nacionalimo árabe frente a los invasores de las multinacionales e infieles, practique la guerra santa en todo el orbe. Termino expresando algo obvio. Tan peligrosa es la escalada de armas de destrucción masiva como la mezcla y extensión de la cultura religioso-nacionalista.