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- INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA HOMINAL -

No sólo: “El conocimiento crece por la pregunta” sino


que el Hombre también…
Activar, estimular el deseo en el humano, es callar esas
preguntas. Es desviar la búsqueda espiritual del Hombre
posible hacia señuelos de respuestas, volviéndolo a la
animalidad.
Porque satisfecho un deseo, la pregunta permanece intacta.
Por el ejercicio de la voluntad, del querer querer1 y su
puesta en marcha, la búsqueda de respuesta se intenta
satisfacer sobre la marcha: en la manifestación se buscan
rastros de lo no manifiesto, el reino de las intenciones, pero
todavía resulta un método a posteriori, retrospectivo, y no
permite “prever”, anticipar, si bien da una explicación
posible de las motivaciones que indujeron el acto.
Como dice Liu Tse en el Tratado de la Flor de Oro, no
podemos impedirnos de actuar en el Mundo, pero antes de
hacerlo, debemos detenernos a “ver” donde y cómo lo
haremos.
Y es que cada acto es en cierto modo una pregunta, una
percha tendida en el abismo de lo que no conocemos.
El alcance de esa percha depende en fuerte medida de
cuán apretadas o sueltas están las riendas espirituales que
constituyen aquel edificio de significante que llamamos
nuestra “educación”.
Un musulmán, latigado desde niño para aprender los versos
del Corán, no puede sino sentir como amenaza la existencia
del Paramahamsa2, aquel asceta de la sociedad hindú,
maestro libre de vivir dónde y cómo se le antoje, y sin
embargo, más alto sacerdote de cualquier ceremonia en la
que llegue a asistir, aún de casualidad…
Esto apunta a una de las más grandes problemáticas de la
educación en su conexión con el poder, a saber:
¿Puedo llevar a mi hijo hacia una sabiduría que luego lo
hará desplazarme?
La respuesta de los viejos de hoy, es: no…

1
Concepto acuñado por Enzo Talarico en su texto: La Posesión, Libro de Filosofía Cultural
nº30, Paris 2004.
2
Traducido como “cisne supremo”, igualmente cómodo en el agua como en la tierra, ese
maestro del hinduismo se encuentra en casa tanto en los asuntos de la materia como en los del
espíritu…
Como bien dice mi amigo Jorge Almeyda: el drama siempre
ha sido la guerra de los viejos contra los jóvenes…
Sin percatarse de que ellos ya son hijos de milenios de
lucha por el control del futuro, y que no hacen sino
perpetuar el vacío de respuestas a las que ya son incapaces
de responder…
¿Pero qué significa ser sabio?
Quizá en un comienzo sólo signifique: ser adepto de la
simplicidad, “chupar la teta de la gran madre” como diría
Lao Tse, y darse cuenta de que la inmortalidad de la Vida
radica en su desprendimiento de todo lo viviente emanado
de ella. Si partimos de la observación de que ni siquiera
somos capaces de retener nuestra respiración más de 5
minutos, controlar nuestro flujo sanguíneo, nervioso y
seminal, detener nuestro corazón, transpiración, saliva,
sucos gástricos, o el crecimiento de las uñas y vellos;
pronto, caemos en la cuenta de que lo que llamamos
nuestro cuerpo, es pretensión más alegórica que real, y si
bien, nuestra voluntad lo puede dirigir en algunas funciones
motrices (ya que tampoco en la motricidad refleja) aquel
todo orgánico tiene una autonomía de sistema que llega a
volver ridículas todas nuestras ilusiones de control sobre
cosas y seres externos: apenas si somos dueños de
nosotros mismos…
Los Siete Sabios de Delfos habían acuñado dos fórmulas:
“Conócete a ti-mismo” y “Nada de más”
Pero ¿Quién se conoce a sí-mismo?
Todos sabemos que además de los innumerables funciones
biológicas -todavía no del todo comprendidas- nuestro
organismo obedece a pulsiones llamadas: “instintivas” (ya
que no adquiridas) que obedecerían en su aspecto
fisiológico a detonaciones hormonales3, a su vez gatilladas
por estímulos no siempre perceptibles (reloj biológico,
cambio estacional, presencia de campos telúricos,
magnéticos o de hiperfrecuencias, etc.) pero de ahí a
gobernar nuestros instintos al punto de decidir su aparición,
resulta un Tour de Force, digno de los héroes antiguos:
domar al Minotauro en el laberinto de nuestras propias
pulsiones, es en efecto una tarea de Teseo, cuando no, un
auténtico trabajo de Hércules…
3
La Oxitocina, por ejemplo, llamada “hormona del Amor”. Aunque el autor del presente texto no
concuerde con la visión materialista de las neurociencias, léase al respecto su próximo texto:
La Conciencia Celular.
¿Pero hay alguno de esos viejos matreros de la política
moderna que haya siquiera intentado aquel arduo camino
del conocimiento de sí?
La proliferación de Tecnologías del Control del ganado
humano, ese miedo a perder el control, acentuando el
control por el miedo, son una clara negativa a dicha
interrogante. Desde varios milenios, nuestras elites se han
comunicado –de generación en generación- una tecnología
de gobierno basada en estos tres ejes principales:
1. La Verdad es lo que el poder dice que es.
2. Nadie debe investigar fuera del marco de esa verdad,
y si lo hace, debe ser eliminado. (“el que sabe de
Amon, muere”)
3. La perpetuación del poder, está en la perpetuación de
la Ignorancia de los métodos para acceder a la
Verdad…

De ahí, la insistencia de los gobernantes en sostener las


riendas de la “educación”, directa o indirectamente.
Ahora bien, la clave de la Perpetuación de la Ignorancia
está sin duda en el estricto control de los significantes,
mediante los cuales se tuercen los significados -semántica
dirigida, diría un intelectual francés- hacia lo que sirve el
mayor control.
Veamos:
El niño percibe desde el nacimiento innumerables
sensaciones nuevas y diversas a las de su estadía en el
útero materno, dichas sensaciones sólo se transformarán en
percepciones, y luego en facultades sensoriales por
adiestramiento y formación de la facultad lingual -como la
llama Enzo Talarico en su Tratado del Lingual4-; antes, sólo
eran estímulos incomprensibles, porque no identificados por
un nombre, esto es, no individualizados en el magma
indiferenciado de los demás estímulos.
Estudios recientes comprobaron -por ejemplo- de que los
niños no percibían ciertos matices de colores, hasta que se
le daba un nombre.
Y ahí, comienza también la programación a la futura
obediencia al Control…
4
Lo que Manuel Delaflor llama estado homeostático intensional (sí, con “s” en oposición a
extensional) léase al respecto su excelente texto: El lenguaje y la percepción de la realidad:
La extensión intensional, Red Científica, sitio web:
http://www.redcientifica.com/doc/doc200105030001.html
En efecto, al convencernos de la identidad de las cosas y
seres que nos rodean, edifican alrededor nuestro un mundo
de representaciones arbitrarias, -esa criatura intensional de
M.Delaflor-, sin los cuales ya no podemos comunicarnos,
bajo riesgo de quedar incomprendidos: somos rehenes de
los dueños de los significantes…
Nuestra propia percepción del mundo y la circulación de
energías en él desenvueltas para por un prisma que decide
por nosotros qué existe y qué no, qué es real o ilusorio, qué
es normal u anormal…
Sin duda, la carencia de arbitrarios linguales, geométricos o
matemáticos nos complicaría enormemente cualquier
operación simple de comunicación. Pero, visto desde la
perspectiva facultativa, todo lo que podamos comunicar en
base a significados torcidos o semántica dirigida, resulta
una mentira, cuando no, absolutamente irrelevante… Como
lo vimos al inicio, quien puede llegar a conocerse a si-
mismo, si ya está convencido de que ese yo existe, que su
cuerpo es suyo, y que cuanto más saber inútil rellena su
cerebro, cuanto más evolucionado y cercano a la perfección
se encuentra, aunque se revele incapaz en la práctica de
dominar funciones básicas de su propio cuerpo, controlar su
ira, ansiedad, y otras pasiones u estados anímicos, ya no
hablemos de orientar su propio desarrollo espiritual…
Corrientes teóricas modernas hablan del control de un
supuesto Sistema sobre nuestras propias carencias
emocionales cultivadas desde pequeño.
Y bien, la carencia de esas teorías es que siguen
considerándonos como un ser hecho para siempre, e
ignorar la realidad fluyente de la que participa también ese
supuesto sistema.
El Sistema no existe en sí, como todo lo que tiene
fundamento cultural y natural, es la resultante de
interacciones volitivas, entre núcleos momentáneos de
potencias (voluntades fuertes unidas en un designio común)
orientadas a un propósito inalcanzable de por sí: la
perpetuación del dominio de los externo…
¿Por qué inalcanzable?
Si ya vimos qué clase de control ejercemos sobre algo tan
cercano como ese envoltorio precario llamado cuerpo,
imagínese la clase de validez que puede tener la ilusión del
dominio de los demás…
Pues bien, en última instancia, ese no es problema nuestro.
Cada cual combate sus propios demonios.
A aquellos que buscamos conocernos un poco más, sí debe
importarnos -en cambio- qué mecanismos adquiridos
permiten que esa clase de ilusión cobre una importancia
práctica: nuestra efectiva servidumbre diaria a dicha red
volitiva…
Desde la visión del Movimiento y su Devenir: todo fluye,
cambia y se trans-forma, y por ende, nada es realmente. Lo
que sí permanece en esa transitividad, es el querer que las
cosas sean como queremos que sean, y ello hace recargar
toda la responsabilidad de nuestra esclavitud para con
otras voluntades, sobre nosotros mismos: porque no
queremos otra cosa…

La Clave de la Libertad… está en querer otra cosa…

Christian TALARICO