Para leer a Octave Mirbeau: etica y estética de un hombre libre

“Que un diputado, o un senador, o un presidente de la República, o el que sea, entre todos los farsantes que reclaman una función electiva, cualquiera que sea, encuentre a un elector, es decir, a un ser fantástico, al mártir improbable que os alimenta con su pan, os viste con su lana, os engorda con su carne, os enriquece con su dinero, con la sola perspectiva de recibir, a cambio de esas prodigalidades, golpes en la cabeza o patadas en el culo, cuando no son golpes de fusil en el pecho, verdaderamente, todo eso supera las nociones, ya muy pesimistas, que tengo sobre la estupidez humana en general, y la estupidez francesa en particular, nuestra querida e inmortal estupidez”.

La frase anterior no es la invectiva de un decepcionado votante de François Hollande; ni la salida de tono, redactada hoy mismo, que cabría esperar en un indi nado con causa, de esos a los que nuestros peri!dicos tildan de “ extremistas antisistema”. Lo anterior fue escrito hace ciento die" a#os, pertenece a un te$to titulado La huelga de los electoresy su autor, %ctave &irbeau, que e'erci! de periodista y de dramatur o, lo fue tambi(n de al unas de las novelas m)s radicalmente libres y su erentes, y en ran parte desconocidas, de la literatura francesa. *dentrarse hoy en la obra de &irbeau equivale a reconocerse y a reconocer nuestro mundo, visto en la nítida y vibrante ima en de un espe'o tan querido e inmortal como la estupide" de la que nos habla, un espe'o satírico que refle'a nuestra contemporaneidad y en el que podríamos comprobar, si quisi(ramos, que hemos cambiado mucho menos de lo que nos usta creer o aparentar, y que si nos resulta al o menos inc!modo es racias al humor que afortunadamente a &irbeau nunca le falt!.

Fue el +uvenal de su tiempo, que como queda dicho es tambi(n el nuestro, y como tal fue admirado por ,olstoi, &allarm(, *pollinaire y -ola. .ero hay adem)s un no s( qu( en &irbeau sin lo que no se e$plicaría la Francia que m)s tarde fue venerada por los rebeldes de varios continentes y que hoy parece tambi(n caída en des racia, la de /artre y 0amus, que era i ualmente la de los e$ilios del resto del mundo, la de los chansonnieres, la ouveau Roman y la ouvelle !ague, un no s( qu(, precisamente, que no es otra cosa sino el perfume de las cosas nuevas, un perfume hoy ausente de nuestro olfato y que sin embar o podemos evocar en al unos tarros que uardan celosamente, a la espera de me'ores tiempos, sus esencias. *sí sucede con los libros de este autor que escribi! que “en el arte, la precisión es la deformación" y la verdad, una mentira”. &irbeau naci! en 1ormandía, como 2ri3 /atie, y como (ste pronto march! a .arís, donde fue secretario del diputado bonapartista 4u u( de la Fauconnerie. .arís fue una dura escuela para &irbeau, que durante lar os a#os debi! ser colaborador involuntario en la prensa reaccionaria de la (poca y “ne ro” de diversos editores, para los que escribi! una docena de vol5menes, entre novelas y nouvelles. .or esas fechas empie"a a editar su propia revista6 Les #rimaces$ 2$pulsado de la redacci!n de Le %igaro, como antes lo había sido de un cole io de 'esuitas, no es hasta 7889 :ya cercano a la cuarentena; cuando &irbeau e$trae de su propia e$periencia el asunto del que sería la primera novela publicada ba'o su nombre, &l 'alvario, en la que narr! su atormentada y tortuosa relaci!n con una mu'er de vida ale re, +udith <inmer, a la que dio el nombre ficticio de +uliette. * partir de entonces nuestro autor empe"! a hacerse un nombre en los círculos literarios y sobre todo en la prensa, lo que le permiti! consa rar su pluma a sus dos principales campos de inter(s6 la 'usticia social y la promoci!n de nuevos artistas. 4e estos a#os data su amistad con el e! rafo =lis(e >eclus, quien se había destacado por su participaci!n en la 0omuna y con el que coincidiría en diversas actividades de inspiraci!n anarquista. 2n esa (poca escribe su “ drama obrero” Los malos pastores :78?@;, que fue estrenado por /arah Aernhardt y Lucien Buitry, y redacta el pr!lo o de La sociedad moribunda y la anarqu(a, libro de +ean Brave por el que su autor sería acusado de incitaci!n al terrorismo y condenado a prisi!n. /in embar o, la obra de crítica social escrita por &irbeau que alcan"! mayor ($ito fue la comedia Los negocios son los negocios :7?CD;, cuyo prota onista, el inmoral Esidore Lechat, se ha convertido en el arquetipo del empresario moderno. &ientras tanto, y desde 7889, &irbeau venía publicando en la prensa artículos sobre arte que acabarían cimentando su presti io en Francia. /e convierte en divul ador de la obra de Bau uin, >odin y &onet, y en el principal promotor de los 1abis. * su amistad con los artistas de su tiempo, unía &irbeau una mirada intuitiva para comprender y valorar la calidad del arte, el cual por sí solo no era nada, ya que, m)s all) del talento o la t(cnica, toda representaci!n debía obedecer a una visi!n previa o simult)nea del mundo real. *sí se e$plica que “un pintor que no sea m)s que un pintor,

nunca ser) sino la mitad de un artista”. .ues (ste en efecto debe ser capa" de e$presar con su arte el conocimiento de las tensiones, las luchas, las ener ías, los desen a#os y las esperan"as del hombre. 4e este modo las dos pasiones de &irbeau se confunden en una sola, la cual, de encarnarse en al uien, lo haría sin duda en <an Bo h, a quien dedic! la que acaso es su me'or novela, y cuya obra rescat! pacientemente, con sus artículos, del olvido en que se encontraba. 4espu(s del ($ito de la ya mencionada &l 'alvario, las si uientes novelas de &irbeau son tambi(n autobio r)ficas6 &l )bate *ules :7888; cuenta la historia de un eni m)tico sacerdote vista a trav(s de los o'os de un adolescente, el cual no lo ra entender el perpetuo des arro del prota onista entre sus necesidades carnales y sus convicciones reli iosas, como tampoco su rebeli!n contra la E lesia y contra una sociedad opresiva y sofocante. +,bastien Roch :78?C; no se ale'a del mismo tema, y muestra el trauma que supuso para el autor su estancia de “ cuatro a-os de infierno” en el cole io 'esuita de /aintFFrançoisFGavier de <annes, en el que la violaci!n de los alumnos constituía una pr)ctica corriente. 4esde la perspectiva de &irbeau, la educaci!n en los centros reli iosos no es m)s que el inicio de un proceso de “putrefacci!n de las almas” que deber) continuar en el e'(rcito y alcan"ar su culminaci!n en la llamada democracia, instituciones todas ellas que este libro cuestiona radicalmente por medio de la conmovedora p(rdida de la inocencia de un ni#o. * esa sociedad, con sus derechos implacables a 'u" ar y casti ar, se refiere tambi(n en .emoria de #eorges el amargado :78??;6 “.uchas veces me he preguntado a consecuencia de qu, deformaciones morales, de qu, aberraciones intelectuales, aquellos a quienes la pretendida sociedad delega sus derechos arbitrarios de /uzgar y castigar tienen todos un aire de parentesco f(sico, un parecido material que hace que, en los últimos dos mil a-os, todos los rostros de /ueces sean seme/antes, y lleven las mismas siniestras taras de iniquidad, ferocidad y crimen ”. Lo que muy bien sirve de fondo a la historia de esta nouvelle prota oni"ada por un hombre vul ar o como &irbeau dice6 “una larva”, un ca'ero parisino que frente a la opresi!n que padece s!lo encuentra alivio en la vida interior. 4e un poco antes :78?HF78?D; es esa obra ma istral que se llama &n el cielo con la que &irbeau intent! penetrar en la conciencia atormentada de un hombre absorbido por su actividad creativa. .ublicada por entre as en L01cho de 2aris, y que su autor nunca lle ! a ver en forma de libro, &n el cielo es una obra abiertamente van uardista construida con una estructura en abyme y un desprecio absoluto hacia las formas tradicionales de novelar. 2n ella, un primer narrador hace un via'e para visitar a su vie'o ami o, GI, que “vive en una vie/a abad(a colgada en la cima de un pico”. 2l anfitri!n es un persona'e trastornado con el que apenas lo ra comunicarse, pero que parece ser víctima de al una perturbaci!n causada por la belle"a y la soledad del entorno, y en especial por el cielo estrellado, tan aparentemente pr!$imo y vivo desde las alturas en que habita. 4e (l recibe el narrador un manuscrito que constituye el cuerpo principal de la novela, un te$to autobio r)fico en el que en un momento determinado aparecer) el

pintor Lucien, anterior ocupante de la abadía y que no es sino un trasunto de <an Bo h, que habría pintado en ese mismo lu ar su oche estrellada. 2n esta novela vuelve a desarrollarse el concepto de esa vida larvaria ya aludido, para el que aparece como alternativa la autoe$i encia del hombre creador, e$i encia que le llevar) a elevarse hasta la cima de su arte, pero tambi(n hasta la locura y la muerte. .or ella transitan los pensamientos de .ascal, una teoría est(tica basada en el “ver, sentir, comprender” y una profunda refle$i!n sobre el papel del arte. 2l 0aso 4reyfus, que conmocionaría Francia en el cambio de si lo, a udi"! el pesimismo de &irbeau y a la ve" le invit! a refu iarse en esa activa vida interior a la que se había referido en sus obras. 4e ello fue producto una especie de trilo ía que la crítica de su (poca 'u" ! como libertina6 &l *ard(n de los suplicios :78??;, 3iario de una camarera :7?CC; y Los 45 d(as de un neurast,nico :7?C7;, obras que oscilan entre el erotismo y la s)tira social, de las que la se unda inspir! una e$celente versi!n cinemato r)fica de Au#uel, y otra, la tercera, s!lo parcialmente ha sido traducida al castellano. ,ras eso, hastiado de las limitaciones que le imponía la narrativa tradicional, &irbeau culmin! su carrera novelística con dos libros inclasificables, el primero de los cuales, 6478&7 :7?C@;, est) prota oni"ado por su coche, un 'harron cuya matrícula da título a la novela, que es qui") uno de los me'ores y m)s ori inales libros de via'es que se han escrito y que incluye un impresionante relato de la muerte de Aal"ac, y el se undo, 3ingo :7?7D;, que no pudo concluir y que tiene por prota onista a su perro. La obra de &irbeau se ha publicado entre nosotros de manera dispersa y resulta a menudo inencontrable, cosa que empeora si nos referimos a su teatro y sobre todo a esa comedia, Los negocios son los negocios, que hoy sería de ($ito se uro en cualquier escenario. 2ntre las líneas de estas p) inas es f)cil adivinar mucho de lo que vendría m)s tarde, desde el me'or LouisFFerdinand 0(line hasta ,homas Aernhard, y se uramente no poco de lo que est) por escribir y que ser) tambi(n producto tanto de la indi naci!n hacia los poderosos como de la ale ría que a5n deben proporcionarnos el arte y la vida +os( >am!n &*>,J1 L*>B% La República 'ultural HD K C9 K HC7D

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