Compasión en la línea del frente de batalla

Se requiere un compromiso para fabricar armas. Pero se requiere un compromiso
más profundo para usarlas de forma efectiva en la línea del frente de batalla. Asimismo,
se requiere un compromiso para publicar tratados cristianos. Pero se requiere un
compromiso aun más profundo para usarlos de forma efectiva en la línea del frente de la
batalla espiritual.
La distribución de tratados es una parte de la obra grande de la evangelización. El
diablo desea obstaculizar esta obra. Por esta razón tenemos que tener cuidado de hacer
esta obra grande de una forma que agrade a Dios.
Quizá sea más fácil entregarle un tratado a alguien que testificarle acerca de lo
que Dios ha hecho en nuestra vida. Pero la distribución de tratados no debe reemplazar el
testimonio verbal. El hecho de tener un tratado en la mano no deberá privarnos del
privilegio de testificar acerca de Cristo. Un tratado nunca deberá utilizarse como una
muleta para un testimonio cojo.
Los tratados que distribuimos deben ser parte de nosotros. No debemos repartir un
tratado que no hayamos leído por la misma razón que no debemos decir algo sin saber lo
que estamos diciendo. Medite en oración en cuanto al mensaje del tratado que piensa
distribuir. ¿Acaso el mensaje concuerda con su corazón? Si no es así, ¿por qué fingir que
sí? Pero si concuerda, acéptelo. Entonces regálelo a otro e incluya en su regalo parte de
usted mismo.
¿Desea Dios que nos acerquemos a algún incrédulo para decirle que deje de fu-
mar? Entonces, ¿por qué le damos un tratado acerca del vicio de fumar? ¿Por qué decir
algo con nuestras manos que no diríamos con nuestros labios? Ese tratado acerca del
vicio de fumar sería un tratado muy bueno para entregarle después de que Dios le ha
limpiado en su interior y está a punto de comenzar con la limpieza exterior. Al
enfocarnos en lo exterior en lugar de lo interior resulta una reformación en lugar del
nuevo nacimiento. El hecho de que la perla esté en forma de tratado no quiere decir que la
debemos echar a los cerdos.
Un hermano me comentó que en su comunidad no distribuye cierto tratado que
nosotros publicamos. ¡Alabado sea Dios! No porque el tratado fracase al satisfacer la
necesidad, sino porque el hermano es sensible a las necesidades específicas de su
comunidad. Un tratado que es apropiado para cierta área puede servir de tropiezo en otra.
Algunos tratados son más apropiados para colocarlos en un portatratados y otros se
prestan para la distribución personal. El hecho de que una casa publicadora publicó cierto
tratado no comprueba que este tratado podrá satisfacer las necesidades de todas las almas
en todo lugar. Dios ha llamado a cada uno de nosotros para que seamos sensibles en
cuanto a las necesidades que nos rodean y para discernir la manera en que él desea
satisfacerlas por medio de nosotros.
Esta sensibilidad nace de un corazón de amor. Si no entregamos el tratado cristia-
no con un amor genuino, éste podría ponerse al mismo nivel de los documentos que nos
llegan en el correo y que echamos a la basura. ¿Es usted sólo un religioso más que desea
atraer a las personas a su religión para su beneficio personal? ¿O tiene una preocupación
por las almas perdidas que le conmueve a guiarlas a su única esperanza? Si su caso se
refleja en el primer ejemplo y usted está fingiendo ser parte del segundo, su evangelismo
puede traer reproche sobre el nombre de Cristo, y hacer que las almas rechacen a Dios.
Cuando usted le entregó su vida a Dios, él llenó su corazón con su amor. Dios desea
que ese amor encuentre una expresión guiando a otros a la fuente de tal amor. Los tratados
pueden ser una herramienta que le ayuden a hacer esto.
Las armas almacenadas no ayudan a ganar una batalla. La literatura almacenada
no ayuda a ganar un alma. Dios nos ha dado la posibilidad de producir literatura cristiana.
¡Que él levante a hombres que compartan su compasión por las almas perdidas! ¡Que
Dios llame a hombres que difundan las Buenas Nuevas!
A decir verdad, él está llamando. ¿Usted, cómo responderá?
—Harvey Mast


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Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría,
agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación la locura de la predicación la locura de la predicación la locura de la predicación. (1Cor 1.21)
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