COLEGIO DE CIENCIAS Y HUMANIDADES

Coordinador: Ing. ALFONSO LÓPEZ TAPIA
UNIDAD ACADÉMICA DE LOS CICLOS PROFESIONAL Y DE
POSGRADO
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logía Social, SEP.
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Samue/ Am·arán, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Discurso
Director: Gilberto Giménez
Secretario ¡¿cnico y Jefe del Departamento de Difusión,  
Antonio Graham Pontones
Secretaria: Julieta Haidar
Redactor: Samuel Arriarán
dis urso
CUADERNa\ DE TEORIA Y
NÚMERO lO SEPTIEMBRE-DICIEMBRE 1988
Unidad Académica de los Ciclos Profesional y de Posgrado del Colegio
de Ciencias .y Humanidades, UNAM.
Ex-Radio UNAM, C. U., México 20, P.F., C.P. 04510
DISCURSO, Cuadernos de Teoría y Análisis, es una publicación cuatri-
mestral de la Unidad Académica de los Ciclos Profesionales y de Posgrado
(UACPyP) del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM. Sede-de
la Redacción: Edificio de Ex-Radio UNAM, planta baja, Insurgentes Sur y
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co estuvo a cargo de Alejandro Ulloa, Rufino Cortés, Martha Miranda y
Claudia Corral, de la Secretaría de Divulgación del Colegio de Ciencias y
Humanidades, y del Departamento de Difusión del CCH. Revisión, Alfonso
Barbosa. Portada: Carmen Gayón.
ISSN 0188-1825
7
CONTENIDO
Argumentación y análisis del discurso
Unidad Académica de Jos Ciclos Profesional y de Posgrado
.......... 9
Discusión actual sobre la argumentación
Gilberlo Giménez . ................................................ 10
La estrategia argumentativa de Ronald Reagan
Silvia Gutiérrez . .................................................. 40
Sobre la interpretación: la literatura como acto
sociahuente simbólico
Fredric latneson . ....... .. ........................................ 54
Hacia una lecturología. Liminares para una teoría de
la lectura
Nicolas Rosa . ....................................... .
........... 83
Notas sobre la ideología nacional en el discurso
literario de 1930 a 1960 en América Latina
Samuel Arriarán . ................................................. 94
El XXVII Congreso Internacional de Literatura
Iberoamericana
Sa1nuel Arriarán . ..................... . .......................... 108
ARGUMENTACIÓN Y ANÁLISIS DEL DISCURSO
Unidad Académica de los Ciclos Profesional y de Posgrado
La argumentación es una dimensión olvidada el} lO que se ha dado en llamar
"análisis del discurso", a pesar de su alto prestigio y de sus títulos de nobleza
en la retórica clásica. Hoy en día pueden contarse con los dedos de la mano
los analistas que manifiestan algún interés por los procesos argumentativos
en el discurso, y son menos todavía los que los asumen explícitamente como
. objeto de análisis.
!., sin embargo, la orientación argumentativa es constitutiva del discurso,
en la medida en que todo enunciado comporta una orientación interna hacia
cíerto tipo de conclusiones, con exclusión de otros. Dicho de otro modo, todo
enunciado tiende a intervenir persuasivamente sobre un destinatario (o unos
destinatarios) para modificar sus creencias, sus actitudes o, en el caso límite,
su identidad. No existen discursos totalmente o puramente
informativos. La "argumeiltatividacl" supera y sobredeterwina siempre a-la
    ha dicho Ducrot.
Por otra parte, la función argumentativa parece englobar y subsumir bajo
una categoría más general la mayor parte de las operaciones de las que
suelen ocuparse directamente la semiótica y el análisis del discurso; como
son las operaciones enunciativas, las narrativas y las retóricas. Hay estrate-
gias enunciativas, esquemas narrativos y operaciones de seducción retórica
(como la metáfora, la metonimia y otras figuras) que sólo cobran pleno
sentido por su orientación al menos virtualmente argumentativa.
A nadie escapá el interés que revisten estos problemas, no sólo para los
analistas del discurso, sino también para los periodistas, los
y los últimos podrán comprobar fácilmente que el campo
político es el paraíso d.e la argumentación en sentido estricto o en sentido
amplio. Como dijo alguien, la ciencia demuestra mientras que la ideología
argumenta. Y ha argumentado desde siempre y sigue argumentando inter-
minablemente como en los tiempos de los sofistas y de Platón ...
9.
DISCUSIÓN ACTUAL SOBRE LA ARGUMENTACIÓN
Gilberto Giménez
Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM
l. Hacia una cultura de la argumentación
Múltiples factores han contribuido en nuestros días a renovar el interés por
la teoría y el análisis de la argumentación, no sólo en los discursos institucio-
nales, sino también en el lenguaje de la vida cotidiana.
Podemos aludir, en primer término, al hecho de que nuestras sociedades
secularizadas y pluralistas ya no reconocen verdades y valores absolutos, y
se han convertido en gigantescos "mercados simbólicos" donde las más di-
versas y encontradas   ideológicas compiten entre sí por mantener
o conquistar adherentes. Esta situación conduce naturalmente a una espe-
cie de debate social permanente y generalizado, en que las armas de la ar-
gumentación desempeñan un papel de primer plano.
Mencionemos también el hecho de que nuestras sociedades son socieda-
des invadidas por los medios masivos de comunicación. Éstos se caracteri-
zan, como es sabido, por desarrollar una peculiar retórica publicitaria que
éombina en diferentes proporciones la argumentación (entimemática) con
las técnicas de manipulación y seducción. Frente a esta "violencia simbóli-
ca" generalizada que tiende a imponer (por vía de argumentación persuasi-
va) productos de consumo, visiones del mundo y modelos de comportamien-
to, se plantea la nece!.idad de desarrollar un pensamiento. crítico que perrni-
ta decodificar las operaciones retórico-publicitarias y sirva de antídoto con-
tra la manipulación de la opinión.
Estas y otras características de las "sociedades complejas" de nuestra
época parecen reclamar nuevamente, como en los tiempos de Platón y de
los sofistas, una cultura de la argumentación, por oposición a una cultura de
la evidencia como la impuesta por el racionalismo europeo desde Descartes,
o a una cultura. del consenso que parece corresponder a las sociedades tra-
dicionales de tipo "fundamentalista".
10
Discusión actual sobre la argumentación 11
Pero hay más: el trabajo realizado a partir de muy diferentes tradiciones,
desde la lingüística de la f;nunciación hasta la pragmática, la semiótica y la
etnometodología, ha permitido redescubrir el' poder configurador del len-
guaje en la vida social. Ya no se considera al lenguaje como mero vehículo
destinado a transmitir informaciones, sino como un dispositivo que permite
construir y modificar las relaciones entre los interlocutores, sean éstos indi-
viduos o grupos sociales bien definidos; ya no se lo ve solamente como un
sistema de signos destinado a re12resentar el mundo, sino también como for-
ma de acción, arma de combate e instrumento de intervención sobre el m un-
do.
2
Ahora bien, esta eficacia social del lenguaje pasa en buena parte por la
función argumentativa del discurso que en las condiciones apropiadas per-
mite intervenir sobre los más diversos auditorios, incidir sobre las coyuntu-
ras y modificar las relaciones sociales en conformidad con determinados in-
tereses materiales o simbólicos. De este modo el "poder del discurso", es de-
cir, el poder inherente al discurso mismo, se confunde en gran medida con
su "poder argumentativo" o, lo que es lo mismo, con su potencial de convic-
"ó d .,
3
Cl n o e persuas10n.
Se infiere fácilmente de lo dicho hasta ahora la importancia que reviste
la argumentación en el campo político. "El trabajo nolítico se reduce, en lo
esencial, a un trabajo sobre las palabras, porque las palabras contribuyen a
construir el mundo social", dice Bourdieu.
4
Y el politólogo alemán Herman
Lübe, por su parte, defme la política misma como "una intervención discur-
siva orientada a crear una disponibilidad de consenso en   de un actuar
cooperativo para la realización de determinados intereses".
5
Lo que casi
podría parafrasearse en estos términos: hacer política es argumentar con-
vincente o persuasivamente.
Si se tiene en cuenta lo dicho hasta aquí, no es de extrañar que la así lla-
mada "lógica informal" -curioso oximoro que denomina la disciplina que
se ocupa de la argumentación- haya sentado firmemente sus reales, junto
a la lógica formal, en muchas universidades de Europa, Estados Unidos y
Canadá;
6
y que proliferen los congresos y las revistas especializadas dedica-
dos a este tema específico, así como las asociaciones internacionales de los
cultores de esta disciplina.
7
2. Tipos de discursos en relación con la argumentación
Pero, ¿qué es la argumentación? ¿Qué significa argumentar? La respues-
ta a esta cuestión variará según la posición teórica que se adopte al respec-
to. Para obtener un punto de referencia inicial en esta materia distinguire-
12 Discurso
mosgrosso modo tres tipos posibles de discursos en relación con la argumen-
tación.
1 )Discursos lógicos ,.es decir, discursos que contienen razonamientos lógi-
cos. Entendemos aquí por razonamiento un concepto lógico-matemático
que remite a operaciones tales como la deducción (entendida como la infe-
rencia de una serie de proposiciones a partir de otras proposiciones inicia-
les mediante la aplicación de reglas de derivación), y la demostración (o de-
ducción analítica a partir de premisas que son axiomas de una teoría). Pen-
semos, por ejemplo, en un análisis realizado en el marco de la lógica formal
y presentado en forma de artículo en una revista de filosofía.
2) Discursos de estrnctura "logicoide" que se presentan también bajo la
apariencia de razonamientos y están dotados de fuerza de persuasión o de
convencimiento. Pero esta "fuerza" depende esencialmente de premisas o
valores socioculturales que se suponen compartidos por los destinatarios, y
no de "valores de verdad" como en el caso de la lógica formal. Véase un
ejemplo en el Anexo número uno. En este caso decimos que se trata de dis-
cursos argumentados, ya que exhiben las marcas del razonamiento, es decir,
los "argumentos" o "razones" se explicitan y se jerarquizan en determinado
orden.
3) Discursos retóricos que no presentan las marcas del razonamiento, pe-
ro poseen también una fuerza persuasiva que depende ínt.egramente de la
connivencia sociocultural. Aquí la "tesis" y los "argumentos" no se explici-
tan, aunque en principio podrían ser reconstruidos o etiquetados por el ana-
lista, casi siempre a costa de la pérdida total de la fuerza persuasiva del dis-
curso en cuestión. Bajo este último tipo se incluye toda la variedad de dis-
cursos que podrían denominarse "retóricos" en cuanto que recurren, por
ejemplo, al lenguaje figurado, a la metáfora, a la narración ejemplificadora,
a la descripción orientada, a la ironía, a las preguntas retóricas, a los en un-
• ciados axiológicos o evaluativos, a la invocación de una autoridad, etcétera.
Véase un ejemplo en el Anexo número dos.
Estos tres tipos de discursos pueden entrecruzarse o intersecarse, ·dando
lugar a "zonas comunes" de interferencia que, en muchos casos, no permi-
ten delimitar fronteras claras y, por ende, dificultan la clasificación.
Para fijar de algún modo la terminología y los conceptos en la materia,
proponemos llamar "argumentación" sólo a las operaciones discursivas ha-
bitualmente presentes en los do; últimos tipos de discursos, reservando el
término de "razonamiento lógico" a las operaciones propias de Jos discur-
sos del primer tipo.
Discusión actual sobre la argumentación 13
Razonamientos lógicos Argumentación
Una vez clasificado de este modo el material discursivo de referencia, po-
demos distinguir dos concepciones extremas de la argumentación: las con-
cepciones restrictivas que engloban la concepción logicizante, propia de los
lógicos, y la concepción que llamaremos lógico-retórica, y las concepciones
extensivas que a su vez abarcan la concepción constructivista de la escuela
de Neuchatel y la lingüística de O. Ducrot.
3. Concepciones restrictivas de la argumentación
Las concepciones restrictivas reducen la argumentación a las operacio-
nes explícitas de encadenamiento lógico o logicoide del discurso. O, dicho
de otro modo, reducen la teoría de la argumentación a la parte "demostra-
tiva" (de forma silogística o entimémica) del discurso, generadora de supo-
der de persuasión o convicción (docere).
Se inscriben dentro de este conjunto la concepción logicizante y la lógi-
co-retórica de la argumentación.
3.1. La concepció11 logicizante de la argumentación, que se inscribe en la
tradición ·de la lógica formal de Leibniz a Von Wright, rechaza toda distin-
ción entre razonamiento lógico y argumentación, alegando que la lógica mo-
dal y la lógica de los valores, enriquecidas con operadores de tiempo y de lu-
gar, pueden dar cuenta de todas las características que suelen atribuirse a la
argumentación, incluida la argumentación en la vida cotidiana. De este mo-
do la teor ía de la   se reabsorbería en la lógica formal.
Bajo esta perspectiva, la argumentación aparece frecuentemente como
una forma impura y cuasi-patológica del razonamiento lógico en sentido es-
. tricto, sobre todo cuando tiene por marco formas de comunicación que son
J>ropias-dellenguaje ordinario. Tal es la concepción prevaleciente entre los
cultores de la lógica formal como P. Lorenzen Gefe de fila de la escuela de
Er_langenj
8
y, en el ál,llbito francófono, Gilbert Dispaux, enti:e muchos otros.
9
• 3.Z. La concepción lógico-retórica -así llamada porque por un lado man-
tiene como punto de referencia obligado, al menos como elemento de con-
14 Discurso
traste, el modelo del razonamiento lógico, y, por otro, prolonga la tradición
de la retórica clásica que arranca de Aristóteles - insurge contra la "preten-
sión totalitaria" de la lógica formal (en la medida en que tiende a arrogarse
el monopolio de la racionalidad) y establece una distinción marcada entre
argumentación y razonamiento lógico. Esta concepción, que reactualiza de
algún modo la distinción aristotélica entre "razonamientos analíticos" (fun-
dados en silogismos rigurosos) y "razonamientos dialécticos" (fundados en
lo razonable y lo verosímil), fue relanzada en Europa por Ch. Perelman y L.
Olbrechts-Tyteca en los años sesentas, y actualmente está representada p'or
algunos filósofos oxfordianos como Stephen Toulmin y C. L. Hamblins, quie-
nes la desarrollaron y reformularon profundamente.
3.2.1. Como queda dicho, el trabajó de Perelman
10
ha tenido un carácter
pionero en la renovación actual de los estudios sobre la argumentación. Es-
te autor parte de la distinción entre argumentación y demostración. Contra-
riamente a la demostración, la argumentación está ligada a la razón  
cuyo ámbito es lo verosímil y lo razonable, y se dirige siempre a un audito-
rio concreto. En efecto, su objetivo fundamental "no es deducir consecuen-
cias a partir de ciertas premisas, sino provocar o acrecentar la adhesión de un
auditorio a las tesis que se presentan a su asentimiento" .
11
De aquí la necesi-
dad de que las "premisas" de una argumentación sean compartidas por el
auditorio, porque en la argumentación no se trata "de probar la verdad de
una conclusión a partir de la verdad de unas premisas, sino de transferir a
las conclusiones la adhesión acordada a las premisas".
12
Quien en su argu-
mentación no se preocupe por la adhesión del auditorio a las premisas de su
discurso, comete, según Perelman, la falta más grave: la petición de princi-
pio, que no es una falta lógica sino retórica.
En coherencia con esta posición e inspirándose en los topoi
13
de Aristóte-
les, Perelman procede a clasificar lo que él llama "técnicas argumentativas",
que en realidad no son más que tipos abstractos de premisas generales (la
"premisa mayor" de un silogismo, los "warrants" de Toulmin) que se con-
cretizan en forma de "argumentos" para apoyar determinadas tesis en un
proceso de argumentación. Estos argumentos se presentan "sea bajo la for-
ma de un .enlace que permite transferir a la conclusión la adhesión acorda-
da.a las premisas, soa bajo la forma de una disociación que busca separar
elementos previamente asociados entre sí por el lenguaje o por una tradi-
ción reconocida".
14
De donde el esquema siguiente:
Discusión actual sobre la argumentación 15
I
argumentos cuasi-lógicos
argumentos basados en
la estructura de lo real [
..
6
ejemplo,
por asoc1aC1 n
Argumentos '- modelo,
• l argumentos que fundan l á'
la estructura de lo real
met ,ora,
analogía
o o • r dicotomías fi losóficas: ¡o aparente y
por diSOCiliCIÓO '
t lo real, etcétera.
3.2.2. Stephen Toulmin, es uno de los autores claves en la revisión actual
de la argumentación entendida como explicitación de razones en favor de
una tesis en lenguaje natural.
15
Aunque en última instancia también se re-
monta a la tradición retórica, este autor está ligado más bien a la tradición
lógico-filosófica de Oxford, con respecto a la cual asume posiciones críticas
y hasta cierto punto heterodoxas. Al igual que Perelman, aunque por razo-
nes distintas, Toulmin es¡ablece una distinción radical entre lógica fomJal o
lógica idealizada, por un lado, y lógica práctica o lógica forense por otra.
La argumentación que realmente tiene curso en la vida cotidiana o en los
diferentes "campos" o "foros de argumentación" de una sociedad determi-
nada tiene que ver, según nuestro autor, con la lógica práctica y no con la
lógica formal. Esta última ha sido construida íntegramente según el paradig-
ma de la deducción analítica o tautológica, elevada al rango
de modelo ideal y universal de todo razonamiento válido (idealised logic),
relegando todos,los argumentos "substanciales", es decir, no analíticos y ba-
sados en la inducción o en la experiencia, al campo de los razonamientos
lógicamente deficientes, inciertos y no susceptibles de validación rigurosa.
De este modo se llega a la paradoja de negar toda pretensión de rigor y de
validez lógica a los modos de razonamiento que sirvieron de base al desarro-
llo de las ciencias experimentales y, por lo que se refiere a la vida cotidiana;
ni siquiera podemos tener la certeza lógica de que una pizca de sal se disol -
verá inevitablemente en la sopa que nos disponemos a sazonar.
La imposibilidad de reconciliar estas posiciones lógico-filosóficas con los
usos y las prácticas de la vida cotidiana ha conducido a muchos filósofos a
una verdadera esquizofrenia.
Según Toulmin no debe confundirse la deducción (o la inferencia) con
una sola de sus la deducción ah a lítica more geoinetrico. Éste habría
sido el pecado capital de los culto res de la lógica formal. Los criterios analíti-
16 Discurso
cos, que son pertinentes en el ámbito del razonamiento matemático, son ab-
solutamente irrelevantes en el de los razonamientos prácticos, que requie-
ren otras medidas (standards) de validez y de certeza.
Por lo demás, lo que interesa en una argumentación práctica es la posibi-
lidad de obtener nuevos conocimientos a partir de cier(as premisas, lo que
sólo se logra a través de los argumentos "substanciales", ya que los analíti-
cos son tautológicos por definición, en la medida en que la conclusión no nos
enseña nada nuevo que ya no esté contenido en las premisas. De aquí la ne-
cesidad de ampliar el concepto de racionalidad, de modo que incluya tam-
bién la lógica de la práctica o de los procedimientos que, contrariamente a
la "lógica idealizada"; se caracteriza esencialmente por su referencia a deter-
minados campos o foros de argumentación, como son los de la ciencia, las ar-
tes, la administración, la ética, etcétera (special fields of reasoning).
Para Toulmin el modelo fundamental de referencia es aquí la "lógica de
los procedimientos forenses" o, más precisamente, la lógica de los procesos
judiciales que se contrapone a los modelos matemáticos. Por eso concibe la
argumentación como una especie de "jurisprudencia generalizada".
Un!! vez planteado el problema en estos términos, Toulmin distingue en
todo proceso argumentativo un esquema formal invariable (basic pattern of
analysis), cuyos elementos, sin embargo, responden a medidas y criterios va-
riables según los diferentes campos o foros de argumentación.
El esquema en cuestión constituye· un desarrollo crítico del modelo ele-
mental de todo razonamiento: si p, entonces q; o q porque p. En efecto, en
todo proceso de argumentación que supone siempre un marco dialógico por
lo menos virtual se trata en primer lugar de plantear un aserto con la preten-
·sión (implícita) de que sea reconocido como válido y, por tanto, como racio-
nalmente defendible frente a un eventual impugnador. Toulmin llama
"claim" a este tipo de asertos, que equivale a lo que en términos lógicos sue-
le llama'rse "tesis". Ahora bien, si el impugnador cuestiona la validez de tal
aserto, el proponente se verá obligado a explicitar los "datos" o fundamen-
tos particulares (Grounds), de donde se "infiere" el aserto o tesis en cues-
tión. Si de nuevo el impugnador pone en cuestión la legitimidad de la infe-
rencia realizadá, el proponente tratará de legitimarla invocando ciertos prin-
cipios, criterios o normas de carácter general que sirven de "garantía" a este
respecto (Warrants). Si el oponente cuestiona ahora la validez o la pertinen-
cia de los "Warrants" invocados, el proponente tratará de explicitar los "res-
paldos" (Backing) que los sustentan, como la observación, la experiencia
común, la experimentación, los principios de clasificación, etcétera. Final-
mente, el proponente explicitar también el grado de fuerza o de cer-
Discusión actual sobre la argumentación 17
teza que los datos o "fundamentos" confieren a un determinado "claim" me-
diante calificadores modales (Modality- M) apropiados, tales como "cier-
tamente", "probablemente", "presumiblemente", etcétera. En estrecha co-
nexión con estos calificadores modales, el esquema prevé un lugar a lo que
podría llamarse condiciones o cláusulas de excepción (Rebuttal- R), bajo
las cuales no opera la argumentación desarrollada. Todo esto puede com-
pendiarse en el siguiente esquema básico (basic pattern):
@] ---
(Grounds)
(Backing)
(Warrant)
         
(Modality)
rfJ (Rebuttal)

(Claim).
En base a los siguientes estatutos y otras provisiones legales
..¡,
Toda persona nacida en Bermuda será, por lo general,
ciudadano británico

Harris nació.
en Bermuda ------- >
por lo que
presumiblemente ----- >
f
Harris es
ciudadano británico
a no ser que sus padres sean extranjeros, o
Harris haya obtenido la ciudadanía america.1a,
etcétera
Según Toulmin, este esquema despeja la ambigüedad inherente a la "pre-
misa mayor" del silogismo aristotélico, que puede interpretarse ya sea como
un "warrant", ya sea como un "backing". Sean los siguientes silogismos:
Petersen es sueco.
Es raro que un sueco sea católico.
Luego es casi seguro que Petersen no sea católico.
18 Discurso
Petersen es sueco.
Es así que la proporción de católicos en Suecia es menos del 2%.
Luego es casi seguro que Petersen no sea católico.
En el primer silogismo la "premisa mayor" es una proposición general y
funciona como un "warrant"; en el segundo la "premisa mayor" ya no es una
proposición general, y funciona como un "backing" que sustenta y presta
apoyo al "warrant" del primer silogismo.
Cabe hacer la misma observación, según Toulmin, con respecto a la am-
bigüedad esencial de premisas universales del tipo: "todo A es un elemento
deB".
Una vez establecido el "esquema básico" de la argumentación, Toulmin
pasa a ilustrar cómo se actualiza y opera en los diferentes campos o foros de
argumentación como son los del derecho (legal reasoning), la ciencia ( argu-
mentation in science), las artes (arguing about the arts), la administración
(reasoning about management) y la moral (ethical reasoning). Cada uno de
estos campos manifiestan exigencias específicas en cuanto a los grados de
formalidad, de estilización, de precisión y de exactitud requeridos, así como
a los modos de resolución y a los fines que deben perseguirse. De aquí la po-
sibilidad de distinguir diferentes tipos de argumentación según los campos
concernidos.
3.3.3. A este respecto cabe señalar una contribución importante de Karl-
Heinz Güttert,
16
quien distingue dos tipos polares de argumentación: la ex-
plicación (Erklarung) y la justificación (Rechtfertigung).
Las explicaciones se refieren siempre al ámbito de los hechos o aconteci-
mientos (Ereignissen) considerados ''objetivamente", es decir, desde el pun-
to de vista del observador; mientras que las justificaciones tienen por objeto
sólo acciones o comportamientos pasados (evaluaciones) o futuros (reco-
mendaciones) que se consideran desde un ángulo valorativo o normativo.
Pueden "explicarse", pero no "justificarse", las propiedades de la luz, la in-
tensidad de un sismo o la ocurrencia de un eclipse solar; por el contrario,
pueden "justificarse", pero no se "explican", propiamente hablando, la
política económica de un gobierno, la legalización del aborto o la construc-
ción de una central nucleoeléctrica. Las explicaciones presentan siempre un
carácter teorético o cuasi-teorético, mientras que las justificaciones revisten
un carácter práctico. En las primeras el "claim" (o la tesis) asume normal-
mente la forma de un juicio constatativo "de observador" (v.g., "esta com-
putadora es la más cara del mercado"); mientras que en las· segundas asume
la forma de un juicio evaluativo o prescriptivo (v.g. "es deseable la despena-
1
Discusión actual sobre la argumentación 19
lización del aborto"; "debe prohibirse la prostitución en la vía pública"). En
el primer caso la "garantía" (W arrant) se confunde con algún tipo de ley (na-
tural) o con una generalización respaldada (Backing) por la observación re-
petida o la experiencia; en el segundo se trata siempre de una norma o de
un criterio evaluativo respaldado por el consenso social.
Nótese que, según Gottert, también las acciones o comportamientos pue-
den ser objeto, bajo ciertas condiciones, de "explicación". Pero entonces se
asume el punto de vista del observador y se los objetiva como si fueran "he-
chos", cuyas causas se caracterizan (v.g., en psicología) como "motivos".
He aquí el esquema recapitulativo de Góttert:
Argumentación
Tipo/
Explicación Justificación
1
Forma de la tesis
Juicio constatativo
(Beh.auptung)
 
/
Forma de la tesis
Recomendación
(Empfehlung)
"-..
Forma de la tesis
Evaluación
(Bewertung)
 
Objeto de la tesis
Hechos o
acontecimientos
Objeto de la tesis Objeto de la tesis
Acciones
1 1
Tipo de fundamento Tipo de fundamento
Causas
.........
Criterio
Leyes
Motivos
/
Acciones
1
Tipo de fundamento
"Razones"
1
Criterio
Normas o valores
3.3.4. Las hasta ahora presentadas sólo permiten analizar mi-
croprocesos argumentativos que se manifiestan a nivel de frases. Pero estos
microprocesos suden formar parte, por lo general, de una red más comple-
ja de razonamientos Cl.!ya configuración total se hace visible a nivel
20 Discurso
transfrástico, esto es, a nivel discursivo o textual. Cabe distinguir, entonces,
entre microanálisis y macroanálisis argumentativo.
Elmacroanálisis, 'del que ahora nos ocuparemos, se propone reconstruir
la estructura global de un proceso argumentativo más o menos complejo que
se manifiesta a nivel textual. Entendemos por estructura global el conjunto
de las relaciones de que forman parte las proposiciones o frases que tienen
sentido argumentativo dentro de un texto determinado.
Según J osef Kopperschmidt,
17
este análisis macroestructural comprende
los siguientes pasos analíticos:
l. Definición del problema o de la "quaestio", según la terminología de la
disputatio escolástica.
18
V.g.:
1) ¿Debe construirse una planta nucleoeléctrica como la de Laguna Ver-
de en México?
11. Formulación de la tesis (Claim) en discusión, v.g.:
2) Sí, deben construirse plantas nucleoeléctricas en México.
III. Segmentación de los argumentos en pro (P) o en contra (C) de la te-
sis en discusión, así como de los contra-argumentos respectivos del propo-
nente (Pr) y del oponente.(O). A. Naess
19
llama argumentos de primera cla-
se a los que apoyan o debilitan directamente a la tesis en discusión (P1 ... n; o
Ct ... n); y argumentos de segunda clase o contra-argumentos a los que se adu-
cen en apoyo o en desfavor de cualquier otro argumento, en cualquiera de
los niveles. Así, por ejemplo, la proposición siguiente constituye un argumen-
to de primera clase:
3) Sólo construyendo plantas nuclcoeléctricas se podrá compensar la es-
casez de energéticos que se prevé en un futuro próximo para el país.
En cambio, el argumento siguiente es de segunda clase:
4) Pero una eventual escasez de energéticos puede prevenirse también
recurriendo a otras fuentes alternativas de energía, como la energía so-
lar, por ejemplo.
De acuerdo a la propuesta de Naess, la proposición 3) '!>e simboliza como
P1 (es decir, primer argumento de primera clase en pro de la tesis), mien-
tras que 4) se simboliza como ClP1 (es decir, primer argumento de segun-
da clase contra Pl).
El macroaná/isis prevé también la reconstrucción de los hilos o ramales
de la argumentación. Llámase hilo o ramal de una argumentación la cadena
de argumentos indirectos originada por cada argumento directo en pro o en
contra de la tesis debatida. Sea, por ejemplo, el siguiente ramal argumenta-
tivo simbolizado conforme a la propuesta de Naess:
5) T: Deben construirse plantas nucleoeléctricas en México.
Discusión actual sobre la argumentación 21
'
C1 Pero las plantas nucleoeléctricas son muy peligrosas y pueden provo-
car daños irreversibles tanto a la población como al entorno ecológico.
C1C1 Para eso nornias apropiadas de seguridad, además de la vi-
gilancia permanente de las responsables.
ClClCl Sin embargo, esas normas no bastaron para impedir la catástro-
fe de Chernobyl y el accidente de Three Mile Island.
Para reconstruir la estructura-argumentativa global de un texto se puede
recurrir al esquema tabular de Naess, que presenta más o menos el siguien-
te perf1.l.
o
(Oponenle)
T
Pr.
(Proponente)
CJ/
Pl
ClCl
ClClCl
El árbol invertido de W. Klein
20
sirve para el mismo propósito:
ao

< 1.1 >
  a3
<1.3>
 
ll4
<1.1.1>
as
< 1.1.2>
<1.2>
a6
< 1.1.3>
/""'
a?
ag
< 1.1.4> < 1.1.5>
Este "árbol", que suele utilizarse en lingüística formal, sirve también pa-
ra representar la "lógica" de una argumentación compleja (que debe distin-
guirse, según Klein, de la "pragmática" de la argumentación). Cada "nudo"
del árbol representaría entonces una proposición argumentativa, cuales-
quiera sean su naturaleza y su (unción (puede ser una proposición general o
particular, simple o compuesta, constatativa o normativa, etcét'era). Las pro-
posiciones se enumeran en forma consecutiva (ao, a1, a2 ... an), señalando en
cada caso el nivel de jerarquía y las relaciones de dependencia que les co-
22 Discurso
rresponde, simbolizados por la serie de números naturales < 1.1 > --- >
< 1.1.1 >, < 1.1.2 > ... etcétera. La "raíz" a o del árbol corresponde a la
"quaestio". Los demás niveles corresponden a los argumentos aducidos sea
para apoyar la tesis, sea para prestar un apoyo adicional a los argumentos
del nivel inmediatamente superior (serían los argqmentos indirectos o de se-
gunda clase de Naess). He aquí un ejemplo:
ao.
Quaestio: <¿Deben recomendarse exámenes médicos preventivos para diagnosticar a tiem·
po el cáncer de próstata?>
1
1.1
Tesis: < Sf: deben recomendarse en este caso exámenes médicos preventivos>
l.LJ
------ ---- 1.1.2
<Es recomendable en este caso <El diagnóstico por palpamiento constituye
el diagnóstico por palpamiento> un caso especial de examen médico preventivo>
l.l.l.l  
1.1.1.2
<Los diagnósticos por <Los diagnósticos eficientes
palpamiemo son eficientes> siempre son recomendables >
 
1.1.1.2.1. 1.1.1.2.2
<Las terapias disponibles de tipo G
contra el cáncer son recomendaoles >
<No debe admitirse ninguna
terapia sin diagnóstico >

1.1.1.2.1.2
<Sólo las terapias de tipo G contra
el cáncer evitan muertes dolorosas>
1
1.1.1.2.1.1.1
<La experiencia médica>
<Son indeseables las muertes dolorosas>
Discusión actual sobre la argumentación 23
4. Concepciones extensivas de la argumentación
Las concepciones extensivas de la argumentación parten del supuesto de
que ésta no se reduce a las modalidades "logicoides" del discurso, que se
presentan como razonamientos o cuasi-razonamientos, sino que constituyen
una dimensión inherente a todo discurso en cualquiera de sus formas, aun si
no presentan las marcas explícitas del razonamiento. En realidad, la argu-
mentación ya está virtualmente presente en la simple presentación de un he-
cho o de una situación bajo una perspectiva interesada. Por ejemplo, descri-
bir o narrar ya es argumentar, en la medida en que suponen una "puesta en
escena" orientada de lo real, de modo que lo narrado o lo descrito resulte
verosímil o aceptable para el destinatario (actual o virtual).
Más aún, el simple hecho de calificar evaluativamente a un objeto.(v.g.:
"ese hotel es muy bueno"), ya equivale a un "acto de argumentar" (Ducrot),
puesto que orienta al destinatario hacia determinadas conclusiones ("luego
ha de ser un hotel caro, con excelente servicio, etcétera") y lo aparta de otras
("los meseros son poco diligentes, etcétera").
Según O. Ducrot todos los enunciados de una lengua se presentan como
imponiendo al interlocutor un determinado tipo de conclusiones. "Toda pa-
labra es, desde el fondo de sí misma, publicitaria, no sólo en el sentido de ve-
hicular informaciones que autoricen ciertas conclusiones, sino por el hecho
de que su valor interno se confunde con la continuación que reclama: lo que
quiere decir es lo que quiere hacer aecir a su interlocutor."
21
4.1. Se sitúa dentro de esta perspectiva la concepción constructivista de la
argumentación," representada principalmente por la escuela de Neuchatel,
cuyo jefe de fila es J ean-Blaise Grize.
22
Según los representantes de esta es-
cuela, toda argumentación implica cierta "teatralización" de lo real (Vi-
gnaux) a intención de un destinatario, y puede definirse como una "esque-
matización" de la realidad. La "esquematización" constituye entences el
concepto clave para comprender los mecanismos de la argumentación, y
puede definirse como "una representación elaborada en lenguaje n"atural
por un sujeto A, C6n el propósito de volverla aceptable y verosímil para su-
jetos B en una situación S".
23
Así definida, la "esquematización" comporta
la idea de una producción esencialmente dialógica cuyo resultado es el "es-
quema", es decir, un microuniverso construido para B en lenguaje natural
con el objeto de producir cierto efecto sobre él por resonancia o inducciQn.
24
Una "esquematización" no apunta a lo verdadero sino a lo verosímil, es de-
cir, a lo que parece verdadero al destinatario teniendo en cuenta quién es y·
cuál es la situación en que se encuentra. Pero no basta: se requiere todavía
24 Discurso
que la esquematización sea compatible con los valores, éticas, estéticas e in-
tereses de este destinatario socialmente situado. Dadas estas condiciones, lo
que es verosímil para B es también aceptable para él.
Toda esquematización es resultado de complejas operaciones lógico-dis-
cursivas que permiten, en primer término, construir en forma orientada de-
terminados objetos, para luego operar discursivamente sobre "lo construi-
do" con el propósito de intervenir sobre un destinatario. Tales operaciones
pueden clasificarse por "familias":
a) Operaciones constitutivas o "de objeto": el sujeto hace surgir la clase-
objeto de que va a tratar (o<..), introduce o enumera sus "ingredientes" (i),
la especifica aspectualmente (e-) y la determina progresivamente (cf) me-
diante predicados. He aquí un ejemplo:
"La Orquesta Sinfónica de México tuvo ayer su día de gloria. Los músi-
cos se superaron en el adagio y los violines conmovieron literalmente al au-
ditorio .. . "
b) Operaciones de apropiación (prise en charge): tienen por objeto ase-
gurar la credibilidad de la esquematización, en la perspectiva de un diálogo
entre el proponente y su eventual oponente. Implica operaciones de toma
de distancia(}'--) (v.g., "el pretendido fraude electoral"), de señalamiento de
fuentes ("el doctor X ha demostrado experimentalmente que el cáncer es
hereditario"), y de delimitación del campo de la enunciación mediante cuan-
tificadores ("en las condiciones señaladas, el cáncer es hereditario").
e) Operaciones de "composición" (t): relacionan entre sí asertos, enun-
ciados, párrafos, parágrafos, etcétera, asegurando de este modo la coheren-
cia de la esquematización (repeticiones, cuasi-implicación, conectores ... ).
d) Operaciones de localización temporal y espacial   la deixis yo-aquí-
ahora. V.g.: "estudié filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma".
e) Operaciones de proyección valorativa (11'): constituyen los enunciados
axiológicos o evaluativos. V.g: "El diario Vnomásuno consagró dos colum-
nas enteras de su primera plana a las declaraciones del líder vitalicio de los
maestros."
Según Grize, estas operaciones son manifestaciones de la lógica natural
de/lenguaje, es del sistema (en principio axiomatizable) de operacio-
nes de pensamiento que permiten a un sujeto-locutor en una situación, pro-
poner sus representaciones a un auditorio por medio del discurso. En este
sentido, la lógica tiene que ver con procesos de pensamiento que manifies-
tan ciertas regularidades (como, por ejemplo, probar un aserto por simple
enumeración de ejemplos concretos no articulados nwre geometlico). Esta
"lógica operatoria", inspirada en los trabajos de Piaget, no debe confundir-
Discusión actual sobre la argumentación 25
se con la lógica matemática, que remite a un sistema hipotético-deductivo
abstracto y prescinde de toda situación concreta. La lógica natural, en cam-
bio, no es una lógica de "todos Jos mundos posibles", sino una lógica de la
verosimilitud de carácter restringido y local, en la medida en que incluye ne-
cesariamente la situación en que se hallan inmersos los interlocutores.
La concepción cotlstructivista de la argumentación no se contrapone a la
concepción sino que pretende englobarla como uno de sus
momentos en el proceso más am-plio de la esquematización. En efecto, he-
mos visto que toda esquematización reviste un carácter esencialmente
dialógico, en la medida en que se presenta como discurso dirigido a B. Por
consiguiente todo discurso, por más verosímil que sea, puede ser cuestiona-
do por B. De aquí cierto número de exigencias como las de presentar prue-
bas. Pero no las pruebas de la demostración formal, sino las de la lógica in-
formal que dependen de la situación y del auditorio (Perelman).
25
Aquí se
inscribe la necesidad de cierto tipo de operaciones "logicoides" ( operacio-
nes-'&) destinadas a fundamentar una tesis, como las que dan al basic
pattem de Toulmin. Pero sólo se trata de un tipo de entre otras
muchas que contribuyen al proceso global de esquematización. Además, da-
do el principio de economía por el que parece regirse la argumentación, es-
te tipo de operaciones puede ser elidido sin que el discurso pierda su virtua-
lidad argumentativa. Es precisamente lo que ocurre en los discursos que he-
mos llamado retóricos.
4.2. También la "retórica integrada" de O. Ducrot puede clasificarse en-
tre las concepciones extensivas de la argumentación. En efecto, Ducrot ha
puesto de manifiesto más que nadie la amplitud de los fenómenos argumen-
tativos en el discurso, estableciendo una distinción entre el acto de argumen-
tar, virtualmente presente en la mayor parte de los enunciados del discurso,
y la argumentación propiamente dicha, que sería una expansión o una explo-
tación posible del prin1ero por explicitación de las conclusiones. En efecto,
para Ducrot todo enunciado, independientemente de que sirva o no como
premisa de una argumentación explícita, es objeto de un "acto de argumen-
tar" que forma parte de su sentido, en la medida en que atribuye a un obje-
to cierto grado (variable) de una propiedad o cualidad R. Sean, por ejem-
plo, los enunciados siguientes:
La cena está lista.
La cena está casi lista.
La cena aún no está lista.
La cena está lejos de estar lista.
Estos enunciados tienen la virtud de orientar al destinatario hacia deter-
26 Discurso
minadas conclusiones, no eti forma directa, sino por mediación de una pro-
piedad abstracta R que se atribuye al objeto en determinado grado o medi-
da. Por ejemplo:
La cena está lista- > ya pueden pasar a la mesa.
La cena está casi lista-> unos minutos más y pasaremos a la mesa.
La cena aún no está lista-> tenemos tomar otra copa.
Pero el "acto de argumentar" puede estar presente también en enuncia-
dos no asertivos, como es el caso de \as preguntas retóricas que orientan ha-
cia determinadas conclusiones y excluyen otras ("¿Hasta cuándo, Catilina,
abusarás de nuestra paciencia?"), y en toda una clase de enunciados aparen-
temente informativos, que en realidad son evaluativos y que por eso mismo
restringen el campo de las conclusiones posibles:
José es inteligente.
Ese hotel es muy bueno.
Se echa de ver en este punto que, tanto Ducrot como Grize, coinciden en
reconocer una virtualidad fuertemente argumentativa a todos los enuncia-
dos evaluativos que implican un juicio de valor (serían las operaciones7r de
Grize).
En fm, de todo esto Ducrot infiere que la argumentatividad es una fun-
ción general del discurso que prevalece sobre la informatividad. En efecto,
esta última constituye un hecho secundario con respecto a la primera. Por
lo tanto, la pretensión de describir la realidad no sería más que "el enmas-
caramiento de una pretensión más fundamental, que es la de ejercer presión
sobre las opiniones de los demás" .2
6
La argumentación propiamente dicha constituyt: entonces, según el mis-
mo autor; una explotación peculiar de esta virtualidad argumentativa inhe-
rente a todo discurso (el "acto de argumentar"), y se da cuando "un locutor
presenta un enunciado E 1 (o 1m conjunto de enunciados). como destinado a
hacer admitir otro enunciado (u otros enunciados) E2''.
7
- ---- - ------- > Ez
Según la terminología de Toulmin, E1 sería el "Ground" y Ez el  
Ducrot distingue (con excesiva sutileza, a nuestro modo de ver) la argu-
mentación así entendida de la explicación (explicar E2 por El) y de la infe-
rencia (inferir E2 de un hecho X). Pero su contribución esencial radica en
haber demostrado qJie la argumentatividad ("acto de argumentar" + "argu-
mentación" propiamente dicha) es un fenómeno totalmente discursivo que
forma parte del sentido de los enunciados. "El tema central de la teoría de
Discusión actual sobre la argumentación 27
la argumentación es que el sentido de un enunciado tontiene una alusión a
su eventual continuación: le resulta esencial postular uno u otro tipo de con-
tinuación ... " O dicho de otro modo: "En las lenguas naturales, el sentido .
de una proposición está constituido en todo o en parte por su valor argu-
mentativo: lo que dice no puede disociarse de la manera en que ella orien-
ta."
28
Tan es así que la función argumentativa deja huellas en la estructura
misma de la lengua, bajo la forma de morfemas, expresiones o giros q'ue sir-
ven para conferir una orientación argumentativa al enunciado, inde-
pendientemente de su contenido informativo. Una buena parte de los traba-
jos de Ducrot y de sus discípulos ha sido consagrada precisame11:te al estu-
dio de estas marcas lingüísticas de la argumentación (pero, sin embargo, en
efecto, puesto que, aun cuando, casi, al menos, tanto como ... , etcétera.) De
aquí el concepto de retórica integrada (l'argumentation dans la langue ), que
Ducrot contrapone a la retórica extralingüística, que trabaja sobre el conte-
nido informativo de los enunciados.
5. Observaciones críticas
Con excepción de la concepción logicizante de la argumentación, todas
las teorías hasta aquí reseñadas parten de una distinción radical entre argu-
mentación y demostración lógica, aunque los criterios de la distinción no sean
totalmente coincidentes.
Para Perelman y Grize, la argumentación es siempre "ad hominem", es
decir, tiene siempre en vista a un destinatario (el "auditorio") considerado
en una situación concreta. La demostración, en cambio, es "pour n' im-
porte qui", es decir, prescinde de la situación concreta (Perelman habla a
este respecto de "auditorio.universal'').
Otro criterio de distinción se remonta a la retórica aristotélica: argu-
mentación sólo apunta a lo r(lzonable y verosfmil, mientras que la demostra-
ción asume valores de verdad.
También para Toulmin la argumentación (es decir, la lógica forense o
lógica práctica que él contrapone a la "lógica idealizada") caracteriza por
su fuerte dependencia de un determinado "campo" o "foro de argumenta-
ción" (field depending). Pero, contrariamente a los autores precedentes, no
recupera la distinción aristotélica entre /o verosfmil y lo verdadero, sino que
se contenta con afirmar que los diferentes "campos de argumentación" re-
claman diferentes grados o "estándares" de exigencia para la validez o la
aceptabilidad de una argumentación en una época y un:a cultura determiD.a-
da. En principio, el "campo científico" no es más que un campo entre otros,
28 Discurso
y sólo se distingue de los demás por haber logrado refinar y elevar sus
"estándares" en el curso del tiempo en lo que se refiere al grado de forma-
lidad y precisión, así como a los modos de resolución de los problemas.
Éste suele ser uno de los puntos más controvertidos de la teoría de Toul-
min. En efecto, el "campo científico" no puede yuxtaponerse simplemente a
los otros campos, sino que se distingue cualitativamente de los demás por su
intención demostrativa, en la medida en que pretende fundarse en valores de
verdad. Dicho con otros términos, la ciencia "demuestra", y no sólo "argu-
menta".
29
Para Ducrot la argumentación se distingue del razonamiento lógico por
su carácter esencialmente discursivo. Según este autor, un razonamiento no
constituye un discurso. Sus enunciados o proposiciones son independientes
los unos de los otros, como se echa de ver en el silogismo. La argumentación,
en cambio, supone el discurso, es decir, la concatenación interna de enun-
ciados fundada en el sentido de los mismos. Apoyándose siempre en crite-
rios lingüístico-discursivos, Ducrot excluye de la argumentación no sólo las
explicaciones, sino también todas las manifestaciones "logicoides" del dis-
curso, como las inferencias (formales o pragmáticas) y las deducciones.
Sin embargo, suscita serias dudas la pertinencia de los criterios meramen-
te discursivos para fundamentar las distinciones propuestas por Ducrot. En
efecto, también se puede discursivizar un razonamiento, y el contenido infor-
mativo de los enunciados también forma parte de su sentido. Además, se
puede comprobar con numerosos contraejemplos -a la manera de Du-
crot- la identidad entre la argumentación (Et --- > E2) y la explica-
ción (E2 < - -- El), que no es ~ s que su forma invertida. Así, por ejem-
plo, las dos proposiciones siguientes son equivalentes y tienen el mismo sen-
ti do:
- Harris nació en Bermuda, por lo tanto probablemente es ciudadano
inglés.
-Probablemente Harris es ciudadano inglés, porque nació en Bermuda.
Se pueden hacer consideraciones semejantes con respecto a la distinción
establecida por Ducrot -y basada igualmente en criterios discursivos - en-
tre argumentación_ e inferencia. Si bien es cierto que la argumentación "se
halla situada enteramente en el plano del discurso", mientras que la inferen-
cia "está ligada a creencias relativas a la manera en que los hechos se entre-
determinan", nada impide discursivizar estas creencias, en cuyo caso ya no
opera el criterio discursivo como indicador de distinción.
Todo parece indicar que son criterios lógicos, y no meramente discursi-
vos, los que se requieren para caracterizar adecuadamente la argumenta-
Discusión actual sobre la argumentación
29
ción, tal como lo ha hecho la tradición retórica recuperada por Perelman,
Toulmin y Grize. Por lo demás, resulta muy difícil no hablar de "razonamien-
to" cuando nos referimos a la argumentación. En todo caso habrá que reco-
nocer con Grize que el razonamiento, definido en sentido lato como activi-
dad de "puesta en relación",
30
presenta diferentes niveles y comprende tan-
to los razonamientos formales como los informales. Si éste es el caso, ya nc
se puede oponer abruptamente el razonamiento a la argumentación, como
lo hace Ducrot. De hecho Grize contrapone fuertemente la argumentación
a la demostración, pero no al razonamiento.
Por lo que toca a la concepción extensiva de la argumentación, tanto
Grize como Ducrot la caracterizan, con razón, como una dimensión inheren-
te a todo discurso, independientemente de que exhiba o no las marcas del ra-
zonamiento; y han sabido incorporar dentro de esta concepción globalizan-
te la concepción más restringida que abreva en la tradición lógico-retórica . .
Sólo varían las perspectivas adoptadas por estos autores. Ducrot adopta la
perspectiva lingüístico-discursiva, mientras que Grize .prefiere abordar el
problema desde la perspectiva de una lógica natural del lenguaje, inspirada
en la lógica operatoria de Piaget. De aquí la idea de asimilar el proceso de
argumentación a una operación compleja de "esquematización" de la reali-
dad.
La contribución de Ducrot no se contrapone a la de Grize, sino más bien
parece complementarla ilustrando desde el ángulo lingüístico-discursivo la
"argumentatividad" generalizada del discurso, y elaborando criterios muy
precisos para interpretar el sentido argumentativo de los enunciados.
Sin embargo, la síntesis teórica de Grize se presenta como la más ambi-
ciosa y la mejor lograda, tanto por su coherencia orgánica como por su ca-
pacidad explicativa y analítica. Además, es una síntesis elaborada en función
de criterios lógico-discursivos, que a nuestro modo de ver son los únicos per-
~   n t   s en esta materia.
Debe advertirse, sin embargo, que la teoría constructivista de la argumen-
tación no ha logrado todavía generar un instrumental analítico adecuado pa-
ra abordar análisis concretos. Bajo este aspecto puede decirse que se en-
cuentra en situación de inferioridad con respecto a las posibilidades meto·
dol6gicas ofrecidas por concepciones más restringidas, como la de Toulmin,
por ejemplo, que ya ha dado lugar a desarrollos y aplicaciones interesantes.
6. Pragmática de la argumentación: estrategias argumentativas
Al seguir la clásica distinción de la escuela de Viena, muGhos autores con-
30 Discurso
traponen la lógica a la pragmática de la argumentación?
1
Según estos auto-
res, la lógica de la argumentación tiene que ver con las relaciones que arti-
culan entre sí los diversos tipos de enunciado, consideradas inde-
pendientemente de su modo de empleo en una situación comunicativa de-
terminada. El "basic   de Toulmin y el árbol de Klein no hacen más
que visualizar gráficamente esta lógica. La pragmática de la argumentación,
en cambio, tiene que ver con fenómenos directamente ligados a una situa-
ción comunicativa concreta, como. serían, por ejemplo, los fmes extradiscur-
sivos perseguidos por los interlocutores, los intereses subyacentes, las técni-
cas retóricas empleadas, las maniobras elusivas, etcétera.
Dentro de este conjunto de fenómenos pragmáticos se destacan las esrru-
tegias argumentativas.
Pueden proponerse dos concepciones de estrategia: a) la estrategia co-
mo programación óptima de acciones orientadas, y b) la estrategia como in-
tersección de programas, que implica la interdependencia de las acciones
programadas entre dos sujetos en el marco de un conflicto de evaluaciones
, 3?
rectprocas. - .
La virtualidad dialógica de toda argumentación -por la que se puede
distinguir siempre un proponente y un oponente por lo menos virtual- nos
obliga a asumir la segunda concepción de estrategia. En este sentido, la es-
trategia remi!e a la idea de una confrontación interactancial del tipo: sujeto
vs. anti-sujeto.
33
Según el modo en que el sujeto estratego visualice o iden-
tifique a su oponente actual o virtual, la estrategia pondrá en juego determi-
nado tipo de acciones (o secuencia de ellas) que con la ayuda del cuadrado
semiótico de Greimas pueden reducirse a las siguientes formas básicas:
hacer polftico
"manipular hombres" atribuyéndoles una competencia racional (v.g., argu-
mentar racionalmente para convencer al oponente)
hacer mftico
"manipular cosas" (como si hombres o seres racionales), v.g., la es-
trategia ritual del brujo.
hacer tecnológico
"maniobrar cosas", v.g., tomar providencias y emplear los dispositivos ade-
euádos para apagar un incendio.
hacer tecnocrático
"maniobJar hombres" (como si fueran cosas, seres pasionales, instintivos,
etcétera), v.g., un anuncio comercial que pretenda persuadir mediante la
"aDlfllgama" de un producto con imágenes eróticas ...
Discusión actual sobre la argumentación 31
Por definición las estrategias argumentativas sólo pueden movilizar pro-
cedimientos de tipo "político" -en el caso de una argumentación racional
orientada a "convencer" al oponente- y, eventualmente, los de tipo "tec-
nocrático", como en el caso de argumentaciones que utilizan recursos de se-
ducción retórico-publicitarias destinados a arrancar un "consentimiento re-
activo" resultante de la relación estímulo-respuesta, y no un 'consentimien-
to crítico y racional (Habermas). De aquí la distinción fuertemente enfati-
zada por algunos autores entre convencer (que implica el logro de un acuer-
do racional), y persuadir (que implica la seducción y el consentimiento pu-
ramente reactivo).
Según Habermas, la retórica crítica propia de una situación comunicativa
"libfe de presiones" sólo puede admitir procesos argumentativos de tipo
"político"; el modelo "tecnocrático", en cambio, responde a una retórica ma-
nipuladora propia de situaciones comunicativas autoritarias y opresivas.
Si se toman en consideración los designios del sujeto-estratego con res-
pecto a su oponente, cabe distinguir, con Landowski, dos grandes tipos po-
lares de estrategia: a) la polémica, cuya figura prototípica es la lucha y que
se caracteriza por la búsqueda de un desenlace disimétrico frente al adver-
sario (victoria Vs. derrota; ganancia Vs. pérdida, etcétera); y b) la contrac-
tual o conciliatoria, cuya figura prototípica es la negociación para ganar la
voluntad del adversario.
34
Si aplicamos estos dos tipos de estrategia a la argumentación, reencon-
tramos la antigua distinción platónica entre erística y dialéctica,
35
según que
los interlocutores argumenten el uno contra el otro con voluntad excluyen-
te, o el uno C01J el otro en actitud cooperativa y "La erística trans-
forma los diálogos en terrenos de lucha, donde cada quien se esfuerza por
hacer morder el polvo a su adversario con el fin de arrancar los aplausos del
público. La relación dialéctica, por el contrario, comporta una actitud de
t
.. d ,. ,36
aper ura positiva y e empaha sm reservas.
La confrontación erística es una especie de juego-espectáculo en la que
no existe voluntad de concertación alguna. Por eso su estructura· privilegia-
da es el "diálogo de sordos" a que nos tienen acostumbrados los políticos
cuando hablan frente a los periodistas o frente a las cámaras de la televisiQn.
En este tipo de confrontación no se trata de acercar de vista ni 'mu-
cho menos de llegar a algún acuerdo con el adversario. El interé!i real de los
contendientes se sitúa en otra parte, del lado del público espectador que no
participa en el debate, pero cuya presencia es aquí determinante. Se trata de
ganar puntos ante sus ojos y de atraerlo hacia la propia causa.
Los teóricos de la erística han elaborado una serie de rtglas concerní en-
32 Discurso
tes al arte de la controversia, por analogía a las de la polemología (o arte de
la guerra). Por ejemplo: según las circunstancias, atacar primero a abmpto
para sorprender al adversario, o reservarse para el final, una vez que el ad-
versario hubiere agotado su arsenal de argumentos; no atacar todas las pro-
posiciones del adversario, sino sólo las que tienen un carácter estratégico o
nodal; désplazar la quaestio mediante maniobras elusivas, si así conviniere a
los propios intereses; tener siempre a la mano "lugares comunes" suscepti·
bles de ser utilizados en la discusión; cargarle al adversario la obligación de
la prueba (onus probandi), etcétera, etcétera.
37
Por lo que toca a la "dialéctica" o controversia constructiva, ésta presu-
pone esencialmente una voluntad de concertación, es decir, la voluntad de
llegar a algún tipo de consenso con el oponente. Se trata de un diálogo ra.
cional que sólo es posible si va acompañado por una ética del diálogo, es de·
cir, por un acuerdo sobre las prescripciones que los interlocutores se coro·
prometen a respetar.
Para Habermas, éste es el único tipo de argumentación aceptable al me-
nos si se toman en cuenta los prerrequisitos pragmáticos de toda comunica-
ción racional en una situación ideal libre de presiones.
38
"Los protagonis-
tas de una argumentacién deben presuponer, de modo general, que la es-
tructura de su comunicación excluye toda presión (exterior o interior al pro-
ceso de interlocución), fuera del que derive de la fuerza del mejor argumen-
to. Por lo tanto debe excluir también toda motivación que no sea la de la
búsqueda de la verdad en actitud cooperativa."
39
Desde este punto de vis-
ta Habermas define la argumentación como el desarrollo reflexivo de una
práctica orientada al consenso por otros medios.
40
Adviértase que, pese a su orientáción conciliadora, la "dialéctica" no ex-
cluye la posibilidad del desacuerdo, esto es, de una negatividad interna que
permita la evolución de las actitudes. "Por más que nos guste escuchar lo
que nosotros mismos hubiéramos querido decir, o no nos cansen nunca los
mensajes que repiten nuestras propias opiniones, o preferentemen-
te periódicos y escuchemos a políticos que son de nuestra misma opinión,
no podemos menos que reconocer que alguien que lo admite y concede to-
do no constituye un interlocutor interesante en una óptica dialógica."
41
Discusión actual sobre la argumentación 33
Anexo número 1-discurso "logicoide"
Pablo González Casanova
(La Jornada, 18 de mayo de 1989)
Una declaración lamentable y peligrosa
La declaración de la cancillería mexicana en supuesta defensa de la no-
intervención en la política interna de otros países y que critica, con máxi-
ma dureza, al jefe de las Fuerzas de Defensa de Panamá, rompe las tradi-
clones de la política exterior mexicana y vulnera seriamente la seguridad
nacionaJ, restando a México autoridad para pedir en el futuro que el go-
bierno de Estados Unidos no intervenga en nuestros asuntos de política in-
terna.
El gobierno de México califica al jefe de las Fuerzas de Defensa de inmo-
ral (falto de "moral" y también (sic) de "ética"), afirma que ha hecho pre-
valecer sus intereses particulares sobre los del pueblo panameño, declara
a Panamá "alejada de la comunidad democrática latinoamericana", con si-
dera que Panamá vive en "una situación de enfrentamiento y violencia", y
afirma que todo lo anterior ha derivado en "la pública violación de los de-
rechos humanos". Es decir, declara exactamente lo que sirve al gobierno de
Estados Unidos para justificar una intervención militar en Panamá si las
circunstancias se lo permiten.
El hecho constituye un acto insólito en la historia de la nación. La decla-
ración no sólo parece suponer que va a engañar a quienes hacen de la no-
intervención y la libre autodeterminación de los pueblos una bandera de la
sobrevivencia nacional e internacional, sino que imita la práctica tradicio-
nal del gobierno de Estados Unidos de declarar qué gobiernos son morales
y cuáles no, qué gobiernos son democráticos y cuáles no, de acuerdo con sus
intereses, que en este momento para el   de Estados Unidos, objeti-
vamente, son evitar el cumplimiento de los tratados Torrijos-Carter, con-
servar indefinidamente el control del Canal de Panamá y aumentar la pre-
sióo contra Nicaragua, Centroamérica toda, y México. A ese objetivo se han
'sumado la cancillería y el gobierno de México. Han roto asf una tradición
q&e ounca antes fue rota, pues siempre que el gobierno mexicano se refirió
a asuntos internos de otros países lo hizo en apoyo de sus gobiernos y de sus
pueblos -desde España h&sta Nicaragua, pasando por Chile o Cuba. Méxi-
co siempre enarboló el principie de no-intervención contra el Imperio, no
ceo el Imperio. Ahora, la Secretaría de Relaciones Exteriores ha hecho una
--8J»>rtación original y lamentable al maquiavelismo expansionista de Esta-
34 Discurso
dos Unidos, de serias repercusiones para la soberania y la sobrevivencia
nacional e internacional. Esa declaración no sólo tiende a romper la uni-
dad de los latinoamericanos, sino la de los mexicanos. El gobiemÓ de Méxi-
co deberla corregirla de inmediato para su propia estabilidad, y la de Méxi-
co.
Anexo número 2 -discurso "retórico"
Juan José Hinojosa
(Proceso número 640, 6 de febrero de 1989)
Glorias marchitas
Juan José Hinojosa
(Proceso número 640, 6 de febrero de 1989)
Transcurre sobre el calendario otro 5 de febrero. En la liturgia laica del
sistema politico mexicano es fiesta de guardar. Se reúne el Imperio para
recordar a los Constituyentes, para repasar; en su propia versión, las lectu-
ras constitucionales. Cada Presidente imprime a su sexenio su propio estilo.
Queda hoy la impresión de que con el festejo se pretende recoger y resucitar
las glorias marchitas por el tiempo y el olvido de las Reuniones de la Repú-
blica en los años de adviento de la abundancia.
En el recuerdo se carga el énfasis sobre la Constitución de 1917. La última .
en el inventario de las cuatro. Eljilguerismo oficial cargará el discurso con
los temas de moda: la reforma política, la renegociación de la deuda, el Pacto
para la Estabilidad y el Crecimiento Económico. Los Constituyentes, prota-
gonistas de los sueños, serán figuras desdibujadas que transitarán sobre la
'palabra. El   r s o n ~   central de la fiesta y del aniversario será el Presidente.
Los de entonces, personajes que hoy reencarnan en el hombre del presente
que edifica los edenes del futuro.
Más allá de la liturgia, del protocolo, de la ceremonia, el repaso de los
tiempos y de los hombres. La Revolución Mexicana, los apóstoles, Madero y
Pino Suárez, los caudiUos, Zapata, Obregón. Carranza, Calles, Villa, los
deQlás, f¡guras de esfumino para la cita erudita o para la investigación
profesional. Siete años convulsos que desenlazan en Querétaro para realizar
el terco sueño de Carranza: una nueva Constitución.( ... )
Anexo número 3-dos "esquematizaciones" argumentativas contra pues·
tas:
Discusión actual sobre la argumentación 35
(La l omada, 7 de junio de 1989)
Panamá frustró maniobras de sabotaje de Estados Unidos
Carmen Lira, corresponsal/U y última, Washington, 6 de junio. El otor-
gamiento de 10 millones de aólares a la oposición panameña, a escasos días
de la celebración de elecciones, fijadas para el 7 d¡; mayo, en concepto del
gobierno panameño "demuestra la intención inmoral y dolosa del gobierno
de Estados Unidos de recurrir a la práctica bochornosa, ilegal y antide-
mocrática, de comprar conciencias para lograr la elección de candidatos
afectos a los intereses de aquella potencia, los cuales son contrarios a la lu-
cha de liberación nacional en la cual estamos empeñados los panameños que
representamos la dignidad y el más puro sentimiento nacionalista en el
, , ( )
paiS ....
(La lomada, 7 de julio de 1989)
Informan a Carlos Salinas de la política exterior de EE.UU.
Dianche Petrich. El asesor especial del Presidente de Estados Unidos pa-
ra cuestiones de control de armamentos, Edward Rowny, se reunió ayer con
el presidente Carlos Salinas para informarle personalmente sobre las líneas
que orientarán la política. exterior y la política de armamentos de la nueva
administrar-ión en Washington.
En una conferencia de prensa ofrecida posteriormente, informó· que
"percibió alguna preocupación" por la actitud de Estados Unidos ante Pa-
Damá y Nicaragua por parte de las autoridades mexicanas con las que dia-
logó.( ... )
Interrogado sobre el financiamienro proporcionado por su gobierno a la
Oposición de Panamá en las pasadas elecciones del 7 de mayo, Rowny dijo
que "a veces es difícil que Estados Unidos ayude a los pueblos a enéontrar
a SUs verdaderos representantes sin que esto provoque reacciones negati-
vas".
36 Discurso
NOTAS
1 Según algunos politicólogos ingleses, la integración y la estabilidad so-
cial en las sociedades industriales avanzadas no son el resultado de un con-
senso ideológico, sino, por el contrario, de la extrema fragmentación
ideológica que caracteriza a estas sociedades. Cf. John B. Thompson, Stu-
dies in the 17wory of Ideology, Polity Press, Cambridge, 1984, p. 5.
2 Pese a las divergencias entre la pragmática y la lingüística de la enun-
ciación, ambas coinciden "en el rechazo de cierta concepción que convier-
te al lenguaje en simple soporte para la transmisión de informaciones, en lu-
gar de encararlo como aquello que permite construir y modificar las re lacio-
nes entre los interlocutores, sus enunciados y sus referentes. De este modo,
es la noción misma de 'comunicación lingüística' la que se ve desplazada ... "
D. Maingueneau, Nouvelles tendences en ana/yse du discours, Hachette,
París, 1987, p.14.
3 Incluso la tesis (aparentemente sociologísta) de Bourdieu, según la cual
la eficacia del discurso radial esencialmente en la autoridad socialmente re-
conocida al sujeto enunciador, en cuanto "portavoz" autorizado y legítimo
de la colectividad, se reduce en última instancia al conocido mecanismo del
argumento (en este caso virtual e implícito) de autoridad. Cf. P. Bourdieu,
Ce que parler veut dire, Fayard, París, 1982, pp. 111-113.
4 Entrevista con Didier Eribon en el periódico Libération, del 19 de oc-
tubre de 1982.
5 Citado por Josef Kopperschmidt, Problemsk.izze zu den Gesprach-
schancen zwischen Rhetorik und Argumentationstheorie, in: Michael Sche-
cker (ed.), Theorie der Argumentation, TBL Verlag Gunter Narr, Tübingen,
1977, p. 214. Nótese, sin embargo, que para Lübe existen dos vías para la
"realización de intereses" en política: la directa, basada en procedimientos
no discursivos (como es el recurso a la fuerza o a la coacción física) o en ac-
tos de lenguaje tales como la orden y el mandato; y la indirecta, que descan-
sa exclusivamente e_n la influencia retórica o argumentativa del discurso
(beeinflussen), que a su vez puede orientarse a la convicción (überzeugen)
o a la persuasión (überreden) de los destinatarios.
6 En los Estados Unidos la enseñanza de la lógica informal es impartida
bajo una considerable variedad de nombres: Reasoning and Critica! Think-
ing, Applied Logic, Practica! Reasoning, Theorie of Argumentation, etcéte·
ra.
Discusión actual sobre la argumentación 37
7 La mayor parte de los culto res de la lógica informal están agrupados en
dos grandes asociaciones: una nacida en Norteamérica, la Association for
Informal Logic and Critical Thinlcing (AILACI); y otra en Europa, la Inter-
national Soc1ety for the Study of Argumentation (ISSp). Entre las principa-
les revistas especializadas en el tema de la argumentación cabe citar las si-
guientes: lnfOJma/ Logic Newsletter, que en 1984 tomó el nombre de Infor-
mal Logic, y se publica en la de Windsor, Ontario (Canadá); y
Argumentation, editada por J.B. Grize en Neuchatel, Suiza.
8 Véase P. Lorenzen, Regel vernünftigen Argumentierens, in: P. Loren-
zen, Konstntktive Wissenchaftstheorie, Frankfurt, 1974, pp. 47-97.
9 Véase Gilbert Dispaux, La logique et le quotidien, Une analyse dialogi-
que des mécanismes d'argwnentation, Les Edition de Minuit, París, 1984.
'')Véase sobre todo su opus magnum, elaborado en colaboración con L.
O ;cchts-Tyteca: Traité de l'argumentation. La nouvelle rcthorique. Edi-
tions Université de Bruxeilles, Bruselas, 1970.
11 Ch. Perelman, L'empire dzétorique, J. Vrin, París, 1977, p. 23.
12 lbid., p. 35. .
13 "Lugares comunes" disponibles en una cultura o en una disciplina par-
licular, de donde se pueden extraer "argumentos" convincentes para apoyar
una tesis.
14 Perelman, op. cit., p. 64.
15 Véanse las siguientes obras de este autor:
- The Uses of Argument, Cambridge University Press, Cambridge, 1958.
- Knowing and acting, Macmillan, New York, 1976.
- En colaboración con Richard Rieke y Allan J anik: An introduction to
reasoning, Macmillan Publishing Co., New York, 1979.
16 Véase Karl-Heinz Gottert, Argumentation, Max Niemayer Verlag,
Tübingen, 1978, p. 20 y SS.
17 Josef Kopperschmidt, An Analysis of Argumentation, in:
Teun A. Van Dijk ( ed.), Dimensions of Discurse, Vol. 2, Academic Press,
Londres-New York, 1985, pp. 159-167.
18 Cf. W. Klein, Logik der Argumentation, in: P. Schoder & H. Steger
(ed.), Dialogforschung, Schwann, Düsseldorf, 1981, pp. 226 y ss.
19 A. Naess, Communication andArgument, Universitets-Forlaget, Oslo.
1975.
20 W. Klein, op. cit.
21 Oswald Ducrot, Les eche/les argumentatives, Les Editions de Minuit,
París, 1980, pp. 11-12.
22 Cf. Jean-Blaise Grize, De la logique a l'argumentation, Librairie Droz
38 Discurso
-Ginebra-París, 1976. Deben incluirse dentro de esta misma escuela otros
autores importantes como Georges Vignau., L'argumentation, Librairie
Droz-Ginebra- París, 1976; y Henry Portine, L'argumentation écrite,
Hachette/Larousse, París, 1983.
23 Grize, op. cit., p. 188 y ss.
24 El "esquema" argumentativo se contrapone a "modelo formal". Este
último supone la separación entre forma y contenido, así como la abstra9-
ción de todas las contingencias de la situación. El "esquema", en cambio, no
permite la separación entre forma y contenido (el lenguaje natural utilizado
es inmediatamente significativo) y no puede prescindir de la situación.
Además, el "esquema" constituye un "conjunto mereológico" y, por ende,
carece del carácter cerrado de los modelos. Los conjuntos mereológicos
pueden modificarse, completarse o alargarse a voluntad, admitiendo nuevos
"elementos" o ingredientes. Cf. Grize, o p. cit., p. 221 y ss.
25 Por eso la aceptación de un discurso argumentado no depende de la
"calidad lógica" de las pruebas, sino de la representación que el locutor tie-
ne de su auditorio, lo que le permite modular adecuadamente las "pruebas"
en función de sus marcos culturales.
26 Jean-Claude Anscombre y   s ~ a l d Ducrot, L'argumentation dans la
langue, Pierre Mardaga, Editor, Bruxeilles, 1983, p. 169.
27 Op. cit., .p. 8.
28 Op. cit., p. 10
29 Habermas, por su parte, critica los criterios puramente empíricos o,
en el mejor de los casos, institucionales, que parecen haber guiado la deli-
mitación de los "campos" en Toulmin. En un precioso "excurso a propósito
de la teoría de la argumentación", Habermas sustituye los "campos" por una
tipología de las "formas de argumentación" que tiene por base teórica el sis-
tema de "pretensiones de validez" reclamadas por los diferentes tipos de te-
sis. De este modo el autor distingue las siguientes "formas de argumenta-
ción": discursos teóricos, discursos r"ácticos, crítica estética, crítica te-
rapéutica y discursos explicativos. Cf. Jürgen Habermas, Theorie des com-
munikativen Hande!n, tomo 1 Suhrkamp Verlag, Frankfurt am.Main, 1981,
pp. 44-71 (hay traducción española).
39 Jean-Biaise Grize, Du raisonnement en logique naturelle (mimeo).
31 Véase, entre otros, Wolfgang Klein, op.cit.
32 Paolo Fabri, enActes Semiotiques, VI, 25 de marzo de 1983, p. 47.
33 Véa.Se a este respecto Eric Landowski, La societé réfléchie, Essais de
Soéio-sémiotique, Editions du Seuil, París, 1989, p. 234 y ss.
34 Landowski, op. cit., p.241-242.
Discusión actual sobre la argumentación 39
35 Véase a este respecto P . Lorenzen y K. Lorenz, Dia/ogische Logik,
Wissenchaft/iclze Buchgesellschaft, Darmstadt, 1978, p. 8.
36 Gilbert Dispaux,La logique et le quotidien, op.cit., p. 51. También Toul-
min se refiere a estos dos tipos fundamentales de estrategia cuando distin-
gue entre "adversary" y "consensus procedi\res". Véase Introduction to
reasoning, op.cit., p. 119.
37 Cf. Thadée Kotarbinski, L'eristique, cas particulier de la théorie de la
lutte, in: La 17zéorie de l'Argwnentation, Recueil publié par le Centre Natio-
nal Beige de Recherches de Logique, Editions Nauwelaerts, Lovaina, 1965,
pp.19-29.
38 Cf. Jürgen Habermas, Wahrheitstheorien, in: Fahrenbach, H. (edit.),
Wirklichkeit zmd Reflexion, PfuUingen, 1973.
39 Jürgen Habermas, 17ze01ie des kommunikativen Handelns, op.cit., to-
mo I, pp. 47-48.
40 Op.cit., p. 48.
41 Gilbert Dispaux, op.cit., p. 56.
LA ESTRATEGIA ARGUMENTATIVA DE RONALD
REAGAN
Silvia Gutiérrez V.
UAM- Xochimilco
El objetivo de este artículo es presentar algunos rasgos   de la
estrategia argumentativa del expresidente Ronald Reagan en los discursos
que emitió para conseguir ayuda para la contrarrevolución nicaragüense. Es-
te trabajo es parte de una investigación mucho más amplia que tiene como
tema el análisis del discurso neoconservador y cuyos objetivos  
son: a) mostrar que la técnica del análisis del discurso político nos puede
servir para reconstruir ciertas dimensiones de la realidad social y b) mostrar
cómo funciona la ideología reaganiana.
El tema de dicha investigación surgió de la inquietud de hacer un análi ··
sis ideológico a través del análisis de los discursos del expresidente Ronald
Reagan. En otras palabras, lo que nos interesa es mostrar la utilización que
hace de la significación para conseguir sus fines y objetivos. Al llevar a cabo
el análisis de sus discursos no se intenta solamente descubrir los elementos
lingüísticos, sino también llevar a cabo un análisis político, histórico y social
del emisor de dichos discursos y del momento coyuntural en que fueron e mi-
tidos. Es por eso que se ha escogido la técnica del análisis del discurso políti-
co para llevar a cabo dis;ha tarea.
El corpus de dicha investigación se ha constituido partiendo de la pro-
puesta de Yves Delahaye (1977) de constituir un corpus a partir de un mo-
mento coyuntural, o nudo crítico. En nuestro corpus dicho momento coyun-
tural es el momento en que Reagan se presentó ante el Congreso (25 de fe-
brero de 1986) para solicitar ayuda fmanciera para sus "luchadores de la li-
bertad". Ésta no fue la primera vez que Rcagan acudió al Congreso para so -
licitar ayuda para la "contra", pero lo importante de esta petición es que en
ella se cuadruplicó el monto de la ayuda solicitada (lOO millones de dólarc
en comparación a los 27 millones solicitados en 1985). Por otra parte,
también fue la primera vez que Reagan abiertamente solicitó ayuda militar
40
La estrategia argumentativa 41
y permiso para que la CIA o cualquier otra agencia de inteligencia pudiera
intervenir directamente en el conflicto.
El marco teórico-metodológico de esta investigación se deriva principal-
de los aportes de la escuela materialista del discurso (M. Pecheux, R.
Robin), las propuestas teórico-metodológicas del sociólogo inglés J.B.
Thompson y los trabajos realizados por G. Giménez en México.
Así, entendemos por discurso toda práctica enunciativa considerada en
función de sus condiciones sociales de producción, que son condiciones ins-
titucionales, ideológico-culturales e histórico-coyunturales *. Esta concep-
ción del discurso como práctica social nos lleva a analizar el discurso no co-
mo una unidad autocontenida y automatizada de lo social, sino como una
práctica social significativa inserta en ciertas relaciones de poder y domina-
ción, como producto de una circunstancia, pero a su vez interviniendo y mo-
dificándola como parte de un proyecto social.
En torno a la relación ideología-lenguaje hemos retomado las propues-
tas de J.B. Thompson (1984), para quien la ideología es un conce; to orde-
nador, el punto central del análisis del discurso que vincula necesariamente
al lenguaje y al poder. Para Thompson estudiar la ideología es estudiar la
manera en f1Ue el significado sirve para mantener relaciones de dominación.
Por lo tanto, el análisis de la ideología tiene que ver con las maneras en que
el significado y el poder se intcrsectan, con las maneras en que el sentido es
movilizado en el mundo social para los intereses de individuos o grupos po-
derosos (Thompson 1987 p. 519). Asimismo, la ideología tiene que ver con
el lenguaje, porque éste es el principal medio de significación en que,
además, hablar es una forma de actuar y donde las formas de actuar llevan
en sí formas de poder.
Esta conceptualización de la ideología y la tesis de la indisociabilidad en-
tre el discurso político y sus condiciones histórico-sociales de su producción
nos han llevado a seguir las siguientes fases de análisis, propuestas por
Thompson.
1) E/-análisis social. Las producciones discursivas que son el objeto de
nuestra investigación son producidas y recibidas por individuos situados en
circunstancias sociohistóricas específicas. De ahí que en esta fase se trate de
llevar a cabo un análisis social bastante amplio que incluya la reconstrucción
histórica de los aparat<'s ideológicos y políticos que delimitan la escena
política dentro de 1 (;ual · e inscribe el discurso, así como un análisis de la
• Esta concepción del discurso se deriva tle los trabajos de Regine Robin y Michel Pecneux.
Cf. Giménez, 1983.
42 Discurso
coyuntura política que determina el discurso, a la vez que se inscribe en él.
2) El análisis discursivo. Las formas de discurso que expresan una ideo-
logía deben ser consideradas no solamente como prácticas social e históri-
camente situadas, sino también como construcciones lingüísticas que pre-
sentan una estructura articulada. Aquí el objetivo es el análisis de la dimen-
sión específica del discurso ya sea en el plano lingüístico, semiótico, argu-
mentativo, etcétera, como producto y síntoma de las condiciones extratex-
tuales anteriormente señaladas.
3) La interpretació11. Si bien la interpretación está ya contenida en la sig-
nificación en su sentido más amplio, en este nivel ella se constituye en herra-
mienta privilegiada de penetración en la explicítación de las ideologías y en
una articulación del nivel del discurso con la totalidad social. La interpreta-
ción cumple dos funciones. Por un lado, articula una totalidad teórica y, por
el otro, integra conocimiento y práctica a través de la crítica y la autorrefle-
xión.
Aunque por limitaciones de espacio no podemos desarrollar con detalle
el tipo de análisis que estamos llevando a cabo en cada una de estas fases,
señalaremos brevemente algunos aspectos generales del "análisis social" y
mosl!raremos con más detalle el análisis de Id "dimensión discursiva".
1. Análisis social
De acuerdo a la definición de discurso que hemos adoptado, considera-
mos que las prácticas discursivas y, por lo tanto, los discursos están regidos
por condiciones sociales de producción específicas en las cuales tienen lu-
gar y que.le son constitutivas.
El discurso político no puede ser analizado en forma aislada, como si éste
fuera una entidad consistente y autónoma en sí misma, sino por referencia a
la circulación social de discursos dentro de la cual se inscribe y con respec-
to a la cual se autodefme y asume posiciones en una determinada coyuntu-
ra o situación histórica. "El discurso político supone siempre otros discur-
sos, responde a otros discursos y está hecho de otros discursos. Es lo que los
teóricos suelen llamar 'interdiscurso'." (Giménez, 1983, p. 510).
De ahí que para entender los discursos del expresidente Reagan sobre la
ayuda a la "contrarrevolución nicaragüense" sea necesario explorar previa-
mente su entorno discursivo inmediato, a partir de su campaña política, su
artibo al poder en 1981 y los ocho años que duró su administración.
El esquema teórico-metodológico que estamos utilizando para el análisis
de los discursos del expresidente Reagan sobre la ayuda a la contrarrevolu-
La estrategia argumentativa 43
ción nicaragüense contempla lo antes expuesto. Es decir, ve la necesidad de
llevar a cabo un análisis sociopolítico que nos sirva como marco de referen-
cia para poder analizar e interpretar el contenido de los discursos. Como
señala J.B. Thompson (1984), el estudio de la ideología es inseparable del
análisis socio político de las formas de dominación de los contextos de acción
e interacción, dentro de los cuales los agentes persiguen sus fines u objeti-
vos. Las acciones son llevadas a cabo por agentes particulares en momentos
particulares y en escenarios particulares. Como lo han dicho Goffman y
Bourdieu, la ubicación espacio-temporal de la acción y la interacción es vi-
tal para el análisis sociológico.
Nuestro análisis parte de un hecho indiscutible: que la administración
Reagan estuvo interviniendo en contra de la revolución nicaragüense, diri-
giendo una guerra muy real, aunque no declarada.
La administración Reagan desplegó una guerra contrarrevolucionaria y
regionalizada contra Nicaragua. Dicha guerra, como señala Escurra (1983),
fue integral, porque operó simultáneamente en varios frentes, interno e in-
ternacional, económico, político e ideológico. Fue regionalizada, porque se
articuló directamente con las decisiones estadounidenses en relación a El
Salvador y Guatemala, y porque los principales instrumentos políticos y mi-
litares provenían del área (ejército hondureño, comunidad democrática cen-
troamericana, etcétera). Pero también fue internacionalizada, porque pro-
cedía de un Estado extrazonal, como es el norteamericano.
Desde el arribo de Reagan al poder, el gobierno sandinista se enfrentó.a
una política de desestabilización que incluyó un amplio espectro: guerra
económica, apoyo a contrarrevolucionarios, utilización de sectas religiosas,
campañas de desiPformación y rumores, guerra psicológica mediante las ma-
niobras navales realizadas en las costas nicaragüenses, minado de puertos,
etcétera.
El propósito de este análisis sociopolítico es presentar con detalle ·esta
guerra y analizar sus diferentes componentes. Así, hemos analizado la im-
portancia geopolítica de la región centroamericana para el gobierno de Es-
tados Unidos, la política o doctrina Reagan en relación a Centroamérica, la
constitución de la '!contra", sus orígenes y vínculos con el gobierno de E:U.,
así como el tipo de guerra que se llevó y se sigue llevando contra el gobier-
no sandinista (conflicto de baja intensidad) y las agresiones en el plano
ideológico, económico y político. Todo esto con el fm específico de enmar-
car el contexto sociopolftico en el que se inscriben los discursos del expresi-
dente Reagan en relación a la ayuda a los contrarrevolucionarios nicaragüen-
ses.
44 Discurso
2. Análisis discursivo
Esta fase de análisis tiene como objetivo el análisis de la dimensión es-
pecífica del discurso. Los discursos pueden ser analizados desde varios r'
nos: el lingüístico, el semiótico, o el argumentativo, y también en varios m-
veles. Para los propósitos de esta investigación nos hemos propuesto llevar
a cabo el análisis de los discursos, que constituyen nuestro corpus, en dos ni-
veles: lo que llamaremos el nivel micro o frástico (nivel de enunciado) y el
nivel macro o transfrástico (más allá del enunciado. unidades más amplias
como un conjunto de enunciados, un párrafo o una superestructura).
Para el análisis a nivel micro hemos seleccionado la propuesta meto-
dológica de Olivier Reboul (1980). Dicha propuesta tiene como objetivo fun-
damental analizar la ideología a través del lenguaje. Dado que para Reboul
el dominio privilegiado de la ideología es el lenguaje, propone· analizar el
discurso de acuerdo al poder que éste sostiene y determinar así cuáles son
las palabras claves - las que permiten no decir ciertas cosas o falsearlas (los
presupuestos, los implícitos, los eufemismos, etcétera). Para analizar el sen-
tido escondido de las palabras, Reboul propone analizar el mensaje en térmi-
nos de las funciones q4e desempeñan los enunciados y los mecanismos
lingüísticos o figuras retóricas que permiten ver cómo funciona la ideología
en la utilización de cada una de las funciones propuestas por Jakobson. Es-
ta manera de analizar el discurso nos permite ver el modo en que el en un-
ciador construye su referente y los mecanismos utilizados para dicha cons-
trucción; la manera en que el enunciador se expresa: ver si aparece como
enunciador o si utiliza ciertos mecanismos para borrar las huellas de enun-
ciación. También nos permite ver los mecanismos que utiliza el productor
del discurso para incitar a su auditorio, por ejemplo el uso de las preguntas
retóricas, etcétera.
Puesto que lo que nos interesa, en particular, es analizar e identificar las
estrategias discursivas que utilizó Rcagan en la movilización del sentido, con-
sideramos necesario trabajar también a un nivel macro.
A nivel macro hemos seleccionado la narración y la argumentación. Una
de las formas en que el discurso puede ser analizado es como narraciones
que manifiestan una cierta lógica o una estructura actancial ( Greimas 1966,
1970). Este tipo de análisis puede facilitar la explicación de los rasgos
ideológicos, ya que la ideología, al buscar mantener las relaciones de dorni·
nación presentándolas como legítimas, tiende a asumir una forma narrativa.
Se cuentan historias que glorifican a quienes se encuentran en el poder y tra-
tan de justificar el statu quo. La otra propuesta metodológica a nivel macro
La estrategia argumentativa 45
es la de la argumentación. Existen diferentes propuestas metodológicas pa-
ra el análisis de la argumentación, por ejemplo la de Ch. Perelman (1976,
1977), la de S. Toulmin (1979), de H. Portine (1983) y de G. Vignaux (1976).
Consideramos que, en general, los·discursos emitidos por el expresiden-
te Reagan se encuentran ubicados fundamentalmente en el tipo de textos•
que no funcionan a base de razonamientos lógicos, sino más bien a base de
procedimientos que son entendidos en referencia a la convivencia sociocul-
tural; textos que utilizan procedimientos tales como la ironía, la narración
ejemplificadora, el argumento de autoridad, las relaciones causa y efecto,
etcétera. Es por esto que hemos analizado algunos discursos siguiendo la
propuesta de G. Vignaux (1976), quien pertenece a la tradición constructi-
vista de la argumentación (encabezada por J .B. Grize), y cuya propuesta me-
todológica es de gran utilidad para analizar el tipo de teA1:0s en los que caen
los del expresidente Reagan.
En este artículo no daremos u11a explicación teórica de lo que es la argu-
mentación y de las diferentes corrientes que existen para el análisis de la ar-
gumentación, ya que en el articulo de G. Giménez, que aparece en este
número, se encuentra una explicación sobre estos aspectos. Lo que haremos
aquí es ilustrar la forma en que hemos aplicado la propuesta de Vignaux: pa-
ra el análisis de los discursos de Reagan y presentar algunos avances de di-
cho análisis.
De acuerdo a Vignaux el análisis del proceso de esquematización de la
realidad operado por el discurso comprende tres momentos o etapas funda-
mentales: A) el reconocimiento de argumentos; B) la explicitación de la
"gramática de argumentos", y C) la identificación de las estrategias discur-
sivas, etapas que a continuación describiremos.
A. El reconocimiento de argumentos
Consiste en inventariar en forma abreviada, y según el orden en que apa-
recen en el texto, las series de argumentos en función de sus respectivos ob-
jetos discursivos.
Los "objetos discursivos" son los grandes tópicos, asuntos o focos del dis-
curso, considerados anteriormente a sus determinaciones predicativas. Es-
tos objetos pueden ser figuras o personajes (v.g. "la contra", Daniel Ortega),
nociones (la democracia, el peligr? comunista), hechos (las incursiones e:Q
• Clasificación que propone Gilberto Giménez en sus "Simples apuntes sobre la argumenta-
ción", 1984.
46 Discurso
territorio ajeno) o situaciones (Nicaragua bajo el régimen sandinista). Se les
identifica gracias a su recurrencia en forma de repeticiones, redundancias
o énfasis.
Se llaman "argumentos" las determinaciones predicativas que defmen y
dan contenido a los objetos discursivos atribuyéndoles determinados aspec-
tos, características, funciones o propiedades. Un mismo objeto discursivo
puede ser construido con argumentos diferentes y hasta contradictorios.
Hemos escogido uno de los discursos de Reagan, el del 26 de marzo de
1986, para ilustrar la manera en que hemos aplicado esta técnica. Ya que no
podemos presentar aquí el análisis completo de la intertextualidad (o ínter-
discurso) interna y externa del discurso en cuestión (debido a las limitacio-
nes de espacio), proporcionaremos en forma breve algunos datos importan-
tes en torno a dicho discurso. Éste fue emitido 72 horas antes de la priniera
votación sobre el tema en la Cámara de Representantes (la cual estaba cons-
tituida por mayoría demócrata) para el año 1986. Fue pronunciado después
de los arreglos negociados de Haití y Filipinas y en el momento en que los
esfuerzos del Grupo Contadora se encontraban en un impasse. Fue airigido
a todo el pueblo americano y fue transmitido por televisión.
De acuerdo a la técnica de Vignaux, en el discurso mencionado encon-
tramos que Reagan teje su argumentación en torno a los siguientes cinco ob-
jetos discursivos.
Objeto 1: La amenaza a la seguridad nacional.
Objeto 2: Nicaragua como peligro para la seguridad de Centroamérica y
Estados Unidos.
Aquí se abren tres subtópicos:
a) El a.lcance de los sandinistas.
b) La naturaleza del régimen sandinista.
e) La historia de los sandinistas.
Objeto 3: Los contras (la resistencia democrática).
Objeto 4: La necesidad de la ayuda.
Objeto 5: La necesidad de una votación conjunta.
Ahora pasaremos a especificar cada uno de los argumentos que utiliza
Reagan en la construcción del objeto discursivo "la seguridad nacional".
Con este tópico. inició Reagan su discurso. Después del exordio "M y fel-
low Americans" (mis conciudadanos americanos*), ubica el tópico funda-
mental de su discurso: "1 must speak to you tonight about a mounting dan-
• las traducciones que a continuación estaremos presentando son traducciones literales que
tienen como objetivo que el lector siga la argumentación analizada.
La estrategia argumentativa 47
ger that threatens the security of the United States". (Debo hablarles, esta
noche, sobre un peligro creciente que amenaza la seguridad de los Estados
Unidos). Después señala quién constituye-este peligro.
"1 am speaking of Nicaragua, a Soviet ally on the American mainland only
two hours flying time from our own borders." (Estoy hablando de Nicara-
gua, un aliado soviético en la tierra americana a sólo dos horas de vuelo de
nuestras propias fronteras.)
Consideramos necesario señalar que la construcción de este tópico no es
de manera lineal; Reagan va intercalando otros tópicos que le sirven como
apoyo a sus argumentos sobre la importancia de la seguridad nacional. Es
más, a veces estos argumentos sobre la seguridad nacional son utilizados por
Reagan para indicar un cambio de tópico. Por ejemplo:
"For our own security the United States must deny the Soviet Union a
beachhead in North America."
(Por nuestra propia seguridad, los Estados Unidos deben negar a la
Unión Soviética una cabeza de playa en Norteamérica.)
Y continúa con una explicación en la que señala que no está pidiendo en-
viar tropas americanas. En otras palabras, trata de ahuyentar el "fantasma
de Vietnam".
También es importante apuntar que, en la construcción del argumento
pivote -Nicaragua representa un peligro para la seguridad de Estados Uni-
dos- Reagan siempre ubica esta problemática dentro de la confrontación
Este-Oeste, ya que de acuerc!_o a §1:
"It is not Nicaragua alone that threatens us, but those using Nicaragua as
a priviledge sanctuary for their struggle against the United States."
(No es solamence Nicaragua la que nos amenaza, sino aquellos que utili-
zan a Nicaragua cumo un santuario privilegiado para su lucha contra Esta-
dos Unidos.)
  t ~ o de los argumentos para explicar la importancia de defender la segu-
ridad nacional es lo que Reagan denomina la posición estratégica de Nicara-
gua. Este subtópico lo construye de la siguiente manera: Primeramente uti-·
liza la ayuda de un mapa:
"If we return for a moment to our map, it becomes clear why having this
regime in Central America imperils our national security interests."
(Si regresamos por un instante a nuestro mapa, queda claro por qué el te-
ner este régimen en Centroamérica pone en peligro nuestros intereses de se-
guridad nacional.)
Los argumentos que da es que por esa parte crucial (que señala en el ma-
pa) pasan más de la Ínitad de sus importaciones de petróleo crudo y una por-
48 Discurso
ción significativa de los suministros militares en caso de que la OTAN los
necesitara. Aquí recurre a dos tópicos fundamentales en el imaginario so-
cial norteamericano: la necesidad del petróleo y el acuerdo de la OTAN.
Posteriormente proporciona el siguiente argumento: "Central America is
strategic to our Western alliance" (Centroamérica es estratégica para nues-
tra alianza con Occidente), y como comentario dice: "a fact always under-
stood by foreign enemies" (un hecho que nuestros enemigos siempre han en-
tendido). La forma en que construye este argumento es a través de la narra-
ción ejemplificadora. Narra lo que aconteció en la Segunda Guerra Mundial
cuando los botes alemanes tipo U que operaban desde bases a 4000 millas
de Alemania y de la Europa ocupada infligieron pérdidas cuantiosas a los
buques de Estados Unidos ubicados en sus fronteras sureñas. Y por si fue-
ra poco, de acuerdo a "the Warsaw Pact engineers are building a deep-
water post on Nicaraguan's Caribbean coast" (los ingenieros del Pacto de
Varsovia están construyendo un puerto de aguas profundas en la costa cari-
beña de Nicaragua) y para darle más fuerza a este enunciado utiliza la ana-
logía: "similar to the naval base in Cuba for Soviet-built submarines" (simi-
lar a la base naval en Cuba para submarinos de construcción soviética).
De ahí pasa a un cambio de tópico el cual está marcado por la siguiente
pregunta:
"How did this menace to the peace and security of our Latin neighbors
and ultimately to ourselves - suddenly emerge?"
( lCómo emergió súbitamente esta amenaza para la paz y la seguridad de
nuestros vecinos latinos y finalmente para nosotros?)
Continúa con una historia breve de los sandinistas (tópico num. 2) y vuel-
ve a mencionar el tema de la seguridad nacional al hacer su exposición so-
bre quiénes son los "freedom fighters" (los luchadores de la libertad) y di-
ce:
"We Americans owe them a debl of gratitude. In helping to thwart the
Sandinjstas and their Soviet mentors, the resistance has contributed to the
security of the United St(ltes."
(Nosotros los americanos les debemos gratitud. Al ayudar a desbaratar a
los sandinistas y a sus mentores soviéticos, la resistencia ha contribuido a la
seguridad de los Estados Unidos.)
Los otros argumentos de este tópico tienen que ver con la necesidad de
la ayuda y la votación que se llevará a cabo en el Congreso. Después de u ti-
La estrategia argumentativa 49
!izar un recurso altamente retórico como es la repetición, combinado,
además, con un sinnúmero de palabras shock (en el contexto norteamerica-
no), regresa a su tópico de la seguridad nacional. Éstos son los enunciados
que ilustran lo anterior!
"The Soviets have made their decision - to support the Communists. Fi-
del Castro has made his decision - to support the Communists. Arafat, Qad-
dafi and the Ayatollah have made their deci:rion - to supp01t the Commu-
.nists. Now we must malee our decision."
(Los soviéticos ya han tomado una decisiqn: apoyar a los comunistas. Fi-
del Castro ha tomado una decisión: apoyar a los comunistas. Arafat, Kadafy
y el Ayatol& han tomado su decisión: apoyar a los comunistas. Ahora, noso-
tros debemos tomar una decisión.)
Después señala: "With Congress help we can prevent an outcome deeply
injurious to the national security of the United S tates."
(Con la ayuda del Congreso podemos prevenir un resultado altamente in-
jurioso para la seguridad nacional de los Estados Unidos.)
Después de asegurar que si fallan no habrá forma de evadir la responsa-
bilidad y que la los juzgará como culpables, pasa a otro tópico - la
necesidad de una votación conjunta- . Este cambio de tópico está marcado
por el siguiente argumento:
"This is not sorne narrow partisan issue, it is a national security issue, an
issue on which we must act notas Republicans, notas Democrats but as Ame-
ricans." (Ésta no es una cuestión de partidismo reducido, es una cuestión de
seguridad nacional, una cuestión en la que debemos actuar no como repu-
blicanos o como demócratas, sino como americanos.)
Y continúa con otra narración ejemplificadora - la Doctrina Truman y
el consenso al que se llegó durante la crisis griega.
B. La explicitación de la "gramát.lca de argumentos"
El procedimiento consiste en seleccionar los argumentos pivotes del dis-
curso para explicitar y presentar en un diagrama las relaciones lógicas que
los articula y enlaza.
A continuación presentamos un diagráma que representa la forma en que
los argumenros pivotes de los cinco tópicos están relacionados.
50 Discurso

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La estrategia argumentativa 51
En el esquema se puede ahervar que en dicho discurso la argumentación
de Reagan gira en torno al argumento pivote de que la seguridad de los Es-
tados Unidos está en peligro.
De ahí que por implicación se vayan entretejiendo los demás argumentos
hasta llegar a la conclusión : "voten a favor de la ayuda". Cuando argumen-
ta en torno al objeto -Nicaragua- las relaciones que predominan son las
de oposición, y en el caso del otro objeto -la resistencia democrática-, las
son de complementación.
C. La identificación de las estrategias discursivas
Se trata aquí de la selección y el orden de las operaciones lógicas y mo-
dales aplicadas a las series de argumentos agrupados en función de sus res-
pectivos objetos discursivos. La "gramática de argumentos" da ya ciertos ele-
mentos que permiten apreciar globalmente la estrategia lógica y conceptual
del discurso. Pero es posible afinar más el análisis considerando también las
operaciones modales, aspectuales y las temporales. En algunos discursos las
estrategias a base de modalizaciones deónticas (deber ser, tener que ser, es-
tar permitido, etcétera) desempeñan un papel esencial; en otros casos, exis-
te todo un juego estratégico de temporalización (antes, ahora, después).
A continuación presentamos algunas de las estrategias que hemos podi-
do detectar en el discurso de Reagan:
. a) En el caso del discurso analizado, hemos identificado la utilización de
una estrategia a base de modalizaciones deónticas. Reagan representa la
problemática de Centroamérica, específicamente de .Nicaragua, a través de
la utilización de ciertos argumentos que tienen como objetivo hacer creer a
los norteamericanos que su deber es defender la seguridad nacional y dete-
ner el comunismo en esa región. Así tenemos varios enunciados en los que
aparecen estas modalizaciones deónticas:
"Debo hablarles de un peligro creciente que amenaza la seguridad de los
Estados Unidos."
"Por nuestra propia seguridad los Estados Unidos deben negar a la Unión
Soviética una cabeza de playa ... "
"Ésta es una cuestión sobre la seguridad nacional, cuestión en la que de-
bemos actuar no como republicanos o como demócratas sino como ameri-
<:anos."
También encontramos otro tipo de estrategias, que se podrían catalogar
retóricas. Por ejemplo:
b) La manipulación de dicotomías entre conceptos ideológicos (demo-
52 Discurso
cracia versus totalitarismo, libertad l>ersus represión, etcétera, para así aso-
ciar a la Revolución Sandinista con todos los conceptos caracterizados co-
mo negativos (los comunistas nicaragüenses, los enemigos de la Iglesia, el
régimen totalitario).
e) El uso constante de analogías. Por ejemplo las analogías que utiliza pa-
ra sublimar a los contras. A veces son como "la resistencia francesa", otras
como "los padres fundadores de la tierra americana", etcétera.
d) La narración ejemplificadora. Un buen ejemplo es la forma en que
Reagan narra la historia de Nicaragua, en la que encontramos la repre-
sentación del "bien" y el '' mal". En esta narración l<.eagan da su punto de
vista sobre la historia de Nicaragua donde hace aparecer a los sandinistas
como "los malos", los "traidores", y a los Estados Unidos y los contras co-
mo los "buenos", todo esto con el propósito de legitimizar la intervención de
los Estados Unidos en el conflicto nicaragüense.
En términos generales podemos afirmar que la estrategia argumentativa
de Reagan consiste no en presentar argumentos lógicos y sólidamente cons-
truidos, sino más bien en la utilización de la ironía, de la narración ejempli-
.ficadora, la construcción ideológica de su referente, el uso de dicotomías, de
argumentos tipo causa-efecto, de palabras shock y de preguntas retóricas.
Como señala Benedetti en relación al discurso de Reagan y a los mecanis-
mos que utiliza, encontramos "la presentación a medias de la verdad, lama-
nipulación de citas y contextos, el empleo en la prensa de encabezamientos
tendenciosos, el uso intencionado de adjetivos, y comillas, el aparentar siem-
pre un estilo objetivo, aunque de hecho el propósito de la información es de-
sinformar al lector, al radioyente, al televidente". (La lomada, suplemento
Sábado, 15 de marzo de 1986).
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SOBRE LA INTERPRETACIÓN: LA LITERATURA
COMO ACTO SOCIALMENTE SIMBÓLICO*
Fredric Jameson
En este momento podría parecer apropiado yuxtaponer un método marxis-
ta de interpretación literaria y cultural a aquellos que acabamos de bosque-
jar y documentar sus pretensiones de una mayor idoneidad y validez. Sin
embargo, para bien o para mal, ese obvio paso siguiente no es la estrategia
proyectada por el presente artículo, que más bien procura argumentar las
perspectivas del marxismo como requisitos necesarios para una adecuada
comprensión literaria. Por tanto, las percepciones críticas marxistas serán
defendidas aquí en calidad de algo así como un requisito semántico último
para la inteligibilidad de los textos literarios y culturales. Sin embargo, inclu-
so este argumento requiere cierta especificación: en particular, sugeriremos
que tal enriquecimiento y ampliación semánticos de los datos y materiales
inertes de un texto particular deben efectuarse dentro de tres armazones
concéntricas que señalan una ampliación del sentido del fundamento social
de un texto a través de las nociones, primero, de historia política, en el es-
trecho sentido de acontecimiento con carácter de punto y de secuencia de
acontecimientos en el tiempo, semejante a una crónica; después, de socie-
dad, en el sentido, ahora ya menos diacrónico y ligado al tiempo, de una ten-
sión y lucha constitutivas entre clases sociales, y, por último, de historia,
ahora concebida en su más vasto sentido de secuencia de modos de produc-
ción y de sucesión 'y destino de las diversas formaciones sociales humanas,
desde la vida prehistórica hasta lo que la remota historia futura nos tenga re-
servado?·
Estos diferentes horizontes semánticos son también, con seguridad, dife<
•Unidad IIl del estud.io "On interpretation: Literature as a Socially Symbolic Act", en:
fJ., The Political Unconscious. Narrative as a Socially Symbolic Act, lthaca, Comell
pniversity Press, 2a ed., 1982, pp. 74-102.
54
Sobre la interpretación 55
rentes momentos del proceso de interpretación, y en ese sentido pueden ser
entendidos como equivalentes dialécticos de lo que Frye ha llamado las su-
cesivas "fases" en nuestra reinterpretación -nuestra relectura y rescritu-
ra- del texto literario. Sin embargo, lo que también debemos notar es que
cada fase u horizonte rige una reconstrucción diferente de su objeto, y cons-
truye de una manera diferente la estructura misma de lo que ahora sólo en
un sentido general puede ser llamado "el texto".
Así, dentro de los límites más estrechos de nuestro primer horizonte, es-
trictamente político o histórico, el "texto", el objeto de estudio, todavía es
construido más o menos como algo que coincide con la obra o enunciado li -
terario individual. Sin embargo, la diferencia entre la perspectiva impuesta
y permitida por este horizonte y la de la habitual explica/ion de texte, o exége-
sis individual, es que aquí la obra individual es aprehendida esencialmente
como un acto simbólico.
Cuando pasamos a la segunda fase y hallamos que el horizonte semánti-
co dentro del cual aprehendemos un objeto cultural se ha ampliado para in-
cluir el orden social, descubrimos que por esa vía el objeto de nuestro análi-
sis ha sido transfo{mado dialécticamente, y que no es construido ya como un
"texto" u obra individual en el sentido estrecho, sino que ha sido reconsti-
tuido en la forma de los grandes discursos colectivos y de clases, de los que
un texto es poco más que una paro/e o enunciado individual. Así pues, den-
tro de este nuevo horizonte, nuestro objeto de estudio resultará el ideologe-
ma, esto es, la más pequeña unidad inteligible de los discursos colectivos
esencialmente antagónicos de las clases sociales.
Finalmente, cuando hasta las pasiones y valores de una formación social
particular se ven colocados en una perspectiva nueva y aparentemente rela-
tivizada por el horizonte último de la historia humana como un todo, y por
sus respectivas posiciones en toda la compleja secuencia de los modos de
producción, tanto el texto individual como sus ideologemas experimentan
una transformación final y deben ser leídos en términos de lo que yo llamaré
la ideología de la forma, esto es, los mensajes simbólicos que nos son· trans·-
mitidos por la coexistencia de diversos sistemas sígnicos que son, ellos mis-
mos, vestigios o anticipaciones de modos de producción.
El movimiento general a través de esos tres horizontes progresivamente
más amplios coincidirá en gran medida con los cambios de foco de las par-
tes finales del artículo, y se sentirá, aunque no subrayado de manera estric-
ta y programática, en las metamorfosis metodológicas determinadas por las
transformaciones históricas de sus objetos textuales, de Balzac a Gissing y
de éste a Konrad.
56 Discurso
Ahora debemos caracterizar de manera breve cada uno de estos horizon-
tes semánticos o interpretativos. Hemos sugerido que sólo en el primer ho-
rizonte, el estrictamente político -en el que la historia es reducida a una se-
rie de acontecimientos y crisis con carácter de puntos en el tiempo, a la agi-
tación diacrónica de lo que sobreviene de un año al otro, a los anales, seme-
jantes a crónicas, del ascenso y caída de regímenes políticos y modas socia-
les, y a la apasionada inmediatez de las luchas entre individuos históri-
cos-, es que el "texto" u objeto de estudio tenderá a coincidir con la obra
literaria o artefacto cultural individual. Pero especificar este texto individual
como un acto simbólico es ya transformar fundamentalmente las categorías
con que la tradicional explicalion de texte (sea narrativa o poética) operaba
y todavía opera en gran medida.
El modelo para tal operación interpretativa siguen siendo las lecturas del
mito y de la estructura estética de Claude Lévi-Strauss, tal como están codi-
ficadas en su fundamental ensayo "El estudio estructural del mito".
2
Esas
lecturas y glosas especulativas sugerentes, a menudo puramente ocasiona-
les, de inmediato imponen un principio analítico o interpretativo básico: la
narración individual, o la estructura formal individual, ha de ser aprehendi-
da como la solución imaginaria de una contradicción real. Así, para tomar
solamente el más dramático de los análisis de Lévi-Strauss -la "interpreta-
ción" de las singulares decoraciones faciales de los indios caduveos - , el
punto de partida será una descripción inmanente de las peculiaridades for-
males y estructurales de ese arte corporal[body 011]; sin embargo, debe ser
una descripción ya preparada y orientada a trascender lo puramente forma-
lista, un movimiento que es llevado a cabo no abandonando el nivel formal
por algo extrínseco a él -como algún "contenido" inertemente social - , si-
no más bien inmanentemente, construyendo patrones puramente formales
como una actuación fenactment} simbólica de lo social dentro de lo formal y
lo estético. Sin embargo, tales funciones simbólicas raras veces son halladas
por una enumeración sin objeto de rasgos formales y estilísticos casuales;
nuestro descubrimiento de la eficacia simbólica de un texto debe ser orien-
tado por una descripción formal que procure aprehenderlo como una es-
tructura determinada de contradicciones propiamente formales. Así, Lévi-
Strauss orienta su análisis aún puramente visual de las decoraciones faciales
caduveas hacia esa descripción culminante de la contradictoria dinámica de
las mismas: "el uso de un dibujo que es simétrico, pero que está situado en
cruz con un eje oblicuo( ... ) una situación complicada, basada en dos for-
mas contradictorias de dualidad, y que termina en una transacción efectua-
da por una oposición secundaria entre el eje ideal del objeto mismo [el ros-
Sobre la interpretación 57
tro mismo] y el eje ideal de la figura que representa".
3
Así pues, ya en el ni-
vel puramente formal, este texto ha sido aprehendido como una contradic-
ción a través de la solución curiosamente provisional y asimétrica que él pro-
pone para esa contradicción.
Ahora podemos detallar, quizá de una manera demasiado apresurada, la
"'interpretación" de este fenómeno formal ofrece Lévi-Strauss. Los ca-
duveos son una sociedad jerárquica, organizada en tres grupos o castas
endógamas. En su desarrollo social, como en el de sus vecinos, esa naciente
jerarquía es ya el lugar de la aparición, si no de un poder político en el sen-
tido estricto, por lo menos de relaciones de dominación: el status inferior de
las mujeres, la subordinación de los jóvenes a los ancianos y el desarrollo de
una aristocracia hereditaria. Pero mientras que entre los vecinos guana y bo-
roro esta estructura de poder latente es enmascarada por una división en mi-
tades que corta al través las tres castas, mitades cuyo intercambio exogámi-
co parece funcionar en un modo no jerárquico, esencialmente igualitario, en
la vida de los caduveos está abiertamente presente, como     y con-
flicto en la superficie. Las instituciones sociales de los guana y los bororo,
por otra parte, suministran un reino de apariencias, en el que la jerarquía y
las desigualdades reales son disimuladas por la reciprocidad de las mitades,
y en el que, por tanto, "la asimetría de las clases es balanceada ( ... ) por la
simetría de las 'mitades'".
En cuanto a los caduveos, nunca fueron lo suficientemente afor-
tunados para resolver sus contradicciones, o para disfrazarlas
con ayuda de instituciones artificiosamente ideadas con ese
propósito. En el nivel social, faltaba el remedio ... pero nunca
estuvo completamente fuera de su alcance. Estaba dentro de
ellos, nunca formulado objetivamente, pero presente como una
fuente de confusión o inquietud. Pero, puesto que no podían
conceptualizar o vivir esa solución directamente, comenzaron a
soñarla, a proyectarla en lo imaginario ... Por eso, debemos in-
terpretar el arte gráfico de las mujeres caduveas y explicar su
misterioso encanto, y también su complicación aparentemente
gratuita, como la producción de fantasía de una sociedad que
procura apasionadamente dar expresión simbólica a las institu-
ciones que podría haber tenido en la realidad, si el interés y la
superstición no se hubieran interpuesto en su camino.
4
De este modo, pues, el texto visual del arte facial caduveo constituye un
58 Discurso
acto simbólico por medio del cual las contradicciones reales, insuperables
en sus propios términos, hallan una solución puramente formal en el domi-
nio estético.
Este modelo interpretativo nos permite así una primera especificación de
la relación entre ideología y textos o artefactos culturales: una especificación
todavía condicionada por los límites del primer horizonte, el estrictamente
histórico o político, en el cual es realizada. Podemos sugerir que, desde es-
ta perspectiva, la ideología no es algo que dé forma a la producción simbóli-
'ca o la envuelva; más bien el acto estético mismo es ideológico, y la produc-
ción de forma estética o narrativa ha de ser vista como un acto ideológico
por derecho propio, con la función de inventar "soluciones" imaginarias o
formales para contradicciones sociales insolubles.
La obra de Lévi-Strauss también sugiere una defensa más general de la
propuesta de un inconsciente político que la que hasta ahora hemos podido
presentar, en la medida en que ofrece el espectáculo de los llamados pue-
blos primitivos lo suficientemente confundidos por la dinámica y las contra-
dicciones de sus formas todavía relativamente simples de organización tri-
bal para proyectar soluciones deéorativas o míticas de cuestiones que no
pueden articular conceptualmente. Pero si eso es cierto en lo que respecta
a las sociedades precapitalistas o incluso prepolíticas, entonces, lcuánto más
cierto debe ser en lo que respecta a los ciudadanos de la moderna Gese/1-
schaft, colocada frente a las grandes opciones esenciales del periodo revo-
lucionario y a los efectos corrosivos y aniquiladores de la tradición, que son
propios de la expansión de una economía monetaria y de mercado; al caro-
biante reparto de papeles colectivos que opone a la burguesía, ora a una aris-
tocracia en orden de batalla, ora a un proletariado urbano; a los grandes fan-
tasmas de los diversos nacionalismos, ahora ellos mismos virtuales "sujetos
.de la historia" de una especie algo diferente; a la homogeneización social y
la constricción psíquica del auge de la ciudad industrial y sus "masas", la re-
pentina aparición de las grandes fuerzas transnacionales del comunismo y el
fascismo, seguida por el advenimiento de los superestados y el arranque de
esa gran rivalidad ideológica entre capitalismo y comunismo que -no me-
nos apasionada y obsesiva que aquella que, en la aurora de los tiempos mo-
dernos, hirvió a través de las guerras de religión- marca la tensión final de
nuestra aldea, ahora global. En verdad, no parece muy forzado sugerir que
estos textos de la historia, con sus "actantes" colectivos fantasmáticos, su or-
ganización narrativa, y su inmensa carga de ansiedad e investidura [invest-
ment) libidinal, son' vividos por el sujeto contemporáneo como un genuino
pensée sauvage político-histórico que, necesariamente, da forma a todos
Sobre la interpretación 59
nuestros artefactos culturales, desde las instituciones literarias del alto mo-
dernismo hasta los productos de la cultura de masa. En estas circunstancias,
la obra de Lévi-Strauss sugiere que la proposición de que todos los artefac-
tos culturales han de ser leídos como soluciones simbólicas de contradiccio-
nes políticas y sociales reales merece una explicación seria y una verificación
experimental sistemática. Posteriormente, se hará evidente que la articula-
ción formal más prontamente accesible de las operaciones de un pensée sau-
vage político de esta especie será hallada en lo que llamaremos la estructu-
ra de una alegoría propiamente política, como se desarrolla desde las redes
de alusiones tópicas en Spencer, o Milton, o Swift, hasta las narraciones
simbólicas de representantes de clase o "tipos" en novelas como las de Bal-
zac. Así pues, con la alegoría política -una ur-narración o fantasía maestra,
a veces reprimida, sobre la interacción de sujetos colectivos - nos hemos
desplazado hasta las fronteras mismas de nuestro segundo horizonte, en el
que lo que anteriormente considerábamos textos individuales es aprehendi-
do como "enunciados" en un discurso esencialmente colectivo o de clase.
Sin embargo, no podemos cruzar esas fronteras sin dar cierto informe fi-
nal de las operaciones críticas involucradas en nuestra primera fase inter-
pretativa. Hemos sugerido que, para ser consecuente, la voluntad de leer tex-
tos literarios o culturales como actos simbólicos debe aprehenderlos nece-
sariamente como soluciones de determinadas contradicciones, y está claro
que la noción de contradicción es central para cualquier análisis cultural
marxista, tal como seguirá siendo central en nuestros dos subsiguientes ho-
rizontes, aunque allí tomará formas algo diferentes. La exigencia meto-
dológica de articular la contradicción fundamental de un texto puede ser vis-
ta, pues, como un test para determinar si está completo el análisis: es por eso
que, por ejemplo, es totalmente inaceptable la sociología convencional de la
literatura o de la cultura, que se limita modestamente a la identificación de
motivos o valores de clase en un texto dado, y siente que ha hecho su traba-
jo cuando ha mostrado cómo un artefacto dado "refleja" su fondo social. En-
tretanto, el juego de los énfasis de Kenneth Burke -en el que un acto
simbólico, por una parte, es afrrmado como un acto genuino, si bien en el ni-
vel simbólico, mientras que, por otra, es registrado como un acto que es "me-
ramente" simbólico, y sus soluciones, como soluciones imaginarias que de-
jan intacto lo real- dramatiza adecuadamente el status ambiguo del arte y
la cultura.
No obstante, hemos de decir algo más sobre el status de esta realidad ex-
terna, de la que, de otro modo, se pensaría que es poco más que la noción
tradicional de "contexto", familiar en la crítica social o histórica más vieja.
60 Discurso
El tipo de interpretación aquí propuesto se aprehende de una manera más
satisfactoria como la rescritura del texto literario en un modo tal que este
mismo pueda ser visto como la rescritura o restructuración de un subtexto
histórico o ideológico anterior, sobren tendiéndose siempre que ese "subtt. .
to" no está inmediatamente presente como tal, no es alguna realidad exter-
na de sentido común, ni siquiera las narraciones convencionales de los ma-
nuales de historia, sino que más bien él mismo siempre debe ser (re)cons-
trwdo post factum. Por eso, el acto literario o estético siempre mantiene al-
guna relación activa con lo Real; pero, para hacerlo, no puede simplemente
permitirle a la "realidad" que persevere inertemente en su propio ser , fuera
del texto y a distancia. Más bien debe introducir lo Real en su propia textu-
ra; y el origen de las paradojas fundamentales y los falsos problemas de la
lingüística, y muy en especial los de la semántica, ha de ser hallado en este
proceso, mediante el cual el lenguaje se las arregla para llevar lo Real den-
tro de sí como su propio subtexto intrínseco o inmanente. En otras palabras,
en la medida en que la acción simbólica -lo 4ue Burke señalara como
"sueño", "plegaria", o "mapa"-
5
es un modo de hacerle algo al mundo, lo
que estamos llamando "mundo" debe residir dentro de ella, como el conte-
nido que ha de recibir.dentro de sí para someterlo a las transformaciones de
forma. Por eso, el acto simbólico empieza por generar y producir su propio
contexto en el mismo momento de aparición en que se aparta de él, j uzgándo-
lo con miras a sus propios proyectos de transformación. Toda la paradoja
de lo que aquí hemos llamado el subtexto puede resumirse en lo siguiente:
la obra literaria u objeto cultural trae a la existencia, como si fuera por pri-
mera vez, esa situación misma a la cual ella es también, al mismo tiempo, una
reacción. Articula su propia situación y la textualiza, alentando y perpetuan-
do la ilusión de que la situación misma no existió antes de ella, que allí no
hay nada más que un texto, de que nunca hubo alguna realidad extra-textual
o con-textual antes de que el texto mismo la generara en la forma de un es-
pejismo. No tenemos que dar argumentos en favor de la realidad de la bis-
toria: la necesidad, como la piedra del doctor J ohnson, lo hace por nosotros.
Esa historia -la "causa ausente" de Althusser, lo "Real" de Lacan- no es
un texto, porque es no narrativa y no representacional;
lo que se puede añadir, sin embargo, es la salvedad de que la historia es inac-
cesible para nosotros excepto en forma textual, o, en otras palabras, que sólo
nos podemos acercar a ella por la vía de una previa (re) textualización. Así,
insistir en cualquiera de las dos dimensiones inseparables pero inconmen-
surables del acto simbólico sin la otra -acentuar excesivamente el modo ac-
tivo en que el texto reorganiza su (presumiblemente, para llegar a
Sobre la interpretación 61
la conclusión triunfante de que el "referente" no existe), o, por otra parte,
acentuar el status imaginario del acto simbólico tan completamente como
para reificar su base social, ahora no entendida ya como un subtexto, sino
meramente como cieito dato inerté que el texto "refleja" pasiva o fantasmáti-
camente-; sobreacentuar cualqwera de estas dos funciones del acto
simbólico a costa de la otra es, sin duda, producir pura ideología, sea, como
en el primer término de la alternativa, la ideología del estrllcturalismo, o, co-
mo en el segundo, la del materialismo vulgar.
No obstante, esta visión del puesto del "referente" no será ni completa ni
empleable metodológicamente a menos que especifiquemos una distinción
suplementaria entre varios tipos de sub texto que han de ser (re )construidos.
Hemos sugerido, realmente, que la contradicción social encarada y "resuel-
ta" por la prestidigitación formal de la narración debe, comoquiera que sea
reconstruida, seguir siendo una causa ausente, que no puede ser conceptua ·
!izada directa o inmediatamente por el texto. Por eso, parece útil distinguir
de ese subtcxto último, que es el lugar de la contradicción social, un subtex-
to secundario, que es más propiamente el lugar de la ideología y que toma
la forma de la ap01ia o la antinomia: lo que en el primero puede ser resuel-
to sólo a través de la intervención de la praxis, aquí se presentará ante la
mente puramente contemplativa como un escándalo o dilema lógico, lo in·
concebible y lo conceptualmente paradójico, lo que no puede ser desanuda-
do por la operación del pensamiento puro, y que, por tanto, debe generar
todo un aparato más propiamente narrativo -el texto mismo- para cua-
drar sus círculos y disipar, a través del movimiento narrativo, su intolerable
clausura. Tal distinción, que postula un sistema de antinomias como la ex-
presión sintomática y el reflejo conceptual de algo completamente diferen-
te, esto es, de una contradicción social, ahora nos permitirá reformular esa
coordinación entre un método semiótico y un método dialéctico, que evoca-
mos anteriormente. La validez operacional del análisis semiótico, y en par-
ticular del rectángulo semiótico
6
se deriva, como hemos suge-
rido aquí, no de su carácter adecuado a la naturaleza o al ser, ni siquiera de
su capacidad para delinear todas las formas de pensamiento o lenguaje, si-
no más bien de su vocación para modelar específicamente la clausura
ideológica y articular las operaciones de las oposiciones binarias, que son
aquí la forma privilegiada de lo que hemos llamado la antinomia. Sin embar-
go, tiene lugar una revaluación dialéctica de los hallazgos de la semiótica en
el momento en que todo ese sistema de clausura ideológica es tomado co-
mo la proyección sintomática de algo completamente diferente, o sea, de la·
  social.
62 Discurso
Ahora podemos dejar atrás este primer modelo textual o interpretativo
y pasar al segundo horizonte, el de lo social. Éste sólo se hace visible, y los
fenómenos individuales sólo son revelados como hechos e instituciones so-
ciales, en el momento en que las categorías organizadoras del análisis pasan
a ser las de clase social. En otra parte he descrito la dinámica de la ideología
en su forma constituida como una función de la clase social:
7
basta recordar
aquí que, para el marxismo, las clases siempre deben ser aprehendidas rela-
cionalmente, y que la forma última (o ideal) de la relación de clase y de la
lucha de clases siempre es dicótoma. La forma constitutiva de las relaciones
de clase siempre es la existente entre una clase dominante y una clase traba-
jadora; y sólo en términos de este eje es que están situadas las fracciones de
clase (por ejemplo, la pequeña burguesía) o las clases ex-céntricas o depen-
dientes (como el campesinado). Definir así la clase es diferenciar con niti-
dez el modelo de las clases de Marx, del análisis sociológico convencional
de la sociedad en estratos, subgrupos, élites profesionales y cosas similares,
cada uno de los cuales, supuestamente, puede ser estudiado en aislamiento
de los otros, de tal manera que el análisis de sus "valores" o de su "espacio
cultural" se repliega en Weltanschauungen separadas e independientes, ca-
da una de las cuales refleja inertemente su "estrato" particular. Sin embar-
go, para el marxismo, el contenido mismo de una ideología de clase es reJa-
cional, en el sentido de que sus "valores" están siempre activamente situa-
dos con resp·ecto a la clase opositora y son definidos contra esta última: nor-
malmente, la ideología de una clase dominante explorará varias estrategias
de legitimación de su propia posición de poder, mientras que una cultura o
ideología de oposición procurará, a menudo en estrategias secretas y disfra-
zadas, impugnar y minar el "sistema de valores" dominante.
8
Éste es el sentido en que diremos, siguiendo a Mijail Bajtín, que, dentro
de este horizonte, el discurso de clase -las categorías en términos de las
cuales se rescriben ahora los textos y fenómenos culturales individuales- es
esencialmente dialógico en su estructura. Como la obra propia de Bajtín (y
de Vol6shinov) en este campo es relativamente especializada, concentrada
principalmente en el pluralismo heterogéneo y explosivo de los momentos
de carnaval o festival (momentos, por ejemplo, como el inmenso retorno a
la superficie de todo el espectro-de sectas religiosas o políticas en los años
405-del siglo XVII en Inglaterra, o en los años 20s del siglo XX en la Unión
Soviética), será necesario añadir la salvedad de que la forma normal de lo
dial6gico,es esencialmente una forma antagónica, y que el diálogo de la lu-
cha de clases es un diálogo en el cual dos discursos que están frente a freo-
te luchan hasta zanjar la disputa dentro de la unidad general de un código
,
Sobre la interpretación 63
compartido. Así, por ejemplo, el código maestro de la religión pasa a ser, en
los años 40s del siglo XVII, en Inglaterra, el lugar en que las formulaciones
dominantes de una teología hegemónica son reapropiadas y modificadas
polémicamente.
9
Entonces, dentro de este nuevo horizonte se mantiene la exigencia formal
básica del análisis dialéctico, y sus elementos siguen siendo restructurados
en términos de contradicción (esto es, fundamentalmente, como hemos di-
cho, lo que distingue la relacionalidad de un análisis marxista de clase, del
análisis estático de tipo sociológico). Sin embargo, mientras que la contra-
dicción del primer horizonte era unívoca y estaba limitada a la situación del
texto individual, al puesto de una solución simbólica puramente individual,
la contradicción aparece aquí en la forma de lo dialógico como las deman-
das y posiciones inconciliables de clases antagónicas. Así pues, aquí de nue-
vo el requerimiento de prolongar la interpretación hasta el momento en que
esta contradicción última comience a aparecer ofrece un criterio para de-
terminar el carácter completo o insuficiente del análisis.
Sin embargo, rescribir el texto individual, el artefacto cultural  
en términos del diálogo antagónico de las voces de clase, es realizar una ope-
ración algo diferente de la que le hemos asignado a nuestro primer horizon-
te. Ahora el texto individual será renfocado como una paro/e, o enunciado
individual, de ese sistema más vasto, o langue, del discurso de clase. El tex-
to individual conserva su estructura formal como acto simbólico, pero aho-
ra el valor y el carácter de tal acción simbólica son modificados y ampliados
significativamente. Al realizar esta rescritura, el enunciado individual o tex-
to es   como un movimiento simbólico en una confrontación
ideológica esencialmente polémica y estratégica entre las clases, y describir-
lo en esos términos (o revelarlo en esa forma) requiere todo un juego de di-
ferentes instrumentos.
En primer lugar, la ilusión o apariencia de aislamiento o autonomía que
un texto impreso proyecta ahora debe ser minada sistemáticamente. En
to, puesto que, por definición, los monumentos y obras maestras culturales
que han sobrevivido tienden necesariamente a perpetuar de manera exclu-
siva una sola voz en este diálogo de clases, la voz de una clase hegemónica,
no se les puede asignar como es debido su puesto relacional en un sistema
dialógico sin restaurar o reconstruir artificialmente la voz a la que ellos se
oponían al principio; una voz que en su mayor parte fue ahogada y reducida
al silencio, marginalizada, y cuyos propios enunciados fueron esparcidos al
viento, o reapropiados, a su vez, por la cultura hegemónica.
Ésta es la armazón en que debe tener lugar propiamente la reconstruc-
64 Discurso
ción de las llamadas culturas popula·res -muy en especial, a partir de los
fragmentos de culturas esencialmente qtmpesinas: canciones folclóricas,
cuentos de hadas, festivales populares, sistemas de creencias ocultos o de
oposición como la magia y la brujería. Tal reconstrucción tiene el mismo
carácter que la re afirmación de la existencia de culturas marginalizadas o de
oposición en nuestro propio tiempo, y que la reaudición de las voces de opo-
sición de las culturas negras o étnicas, de la literatura de mujeres y de ho-
mosexuales, del arte folclórico "ingenuo" o marginal izado, y cosas similares.
Pero, una vez más, la afirmación de tales voces culturales no hegemónicas
sigue siendo ineficaz si se limita a la perspectiva meramente "sociológica"
del redescubrimiento pluralista de otros grupos sociales aislados: sólo una
rescritura fundamental -de esos enunciados en términos de sus estrategias
esencialmente polémicas y subversivas los devuelve a su justo lugar en el sis-
tema dialógico de las clases sociales. Así, por ejemplo, la lectura que hizo
Bloch del cuento de hadas, con todas sus realizaciones máwcas de deseos y
sus fantasías utópicas de abundancia y el pays de Cocaf?ne.
1
restaura el con-
tl!nido dialógico y antagónico de esa "forma", mostrándola como una   e s ~
construcción y minado sistemáticos de la forma aristocrática hegemónica de
la época, con su sombría ideología de heroísmo y funesto destino; así, tam-
bién la obra de Eugene Genovese sobre la religión negra restaura la vitali-
dad de esos enunciados, leyéndolos no como la repetición de creencias im-
puestas, sino más bien como un proceso por el cual el cristianismo hegemóni-
co de los propietarios de esclavos es apropiado, vaciado secretamente de su
contenido y subvertido para la transmisión de mensajes de oposición codifi-
cados, completamente diferentes.
11
·
Además, el acento en lo dialógico nos permite, entonces, releer o rescri-
birlas formas hegemónicas mismas; éstas también pueden ser aprehendidas
como un proceso de reapropiación y neutralización, de cooptación y trans-
formación clasista, de universalización cultural de formas que, originalmen-
te, expresaban la situación de grupos "populares", subordinados o domina-
dos. Así, la religión cristiana de los esclavos es transformada en el aparato
ideológico hegemónico del sistema medieval; mientras que la música
folclórica y la danza CéllJlpesina se ven transmutadas en las formas de la fies-
ta aristocrática o de corte y en las visiones culturales de la pastoral; y la na-
rrativa popular desde tiempos inmemoriales -romance, cuentos de a ven tu-
ras, melodrama y cosas similares- es tomada incesantemente como una
fuente para devolverle la vitalidad a una "alta cultura" debilitada y asfixian-
te. Precisamente así, en nuestro propio tiempo, lo vernáculo y sus fuentes de
producción aún vitales (como en la lengua de los negros) son reapropiados
Sobre la interpretación 65
por el discurso de una clase media hegemónica, agotado y estandarizado por
los medios masivos. En el dominio estético, en efecto, el proceso de "univer-
saüzación" cultural (que impüca la represión de la voz de oposición y la ilu-
sión de que hay una sola "cultura" genuina) es la forma específica que hato-
mado lo que podemos llamar el proceso de legitimación en el dominio de la
ideología y los sistemas conceptuales.
Sin embargo, esta operación de rescritura y de restauración de un hori-
zonte esencialmente dialógico o de clases no estará completa mientras no
especifiquemos las "unidades" de este sistema más amplio. En otras pala-
bras, la metáfora lingüística (rescribir tex1os en términos de la oposición de
una paro/e a una langue) no puede ser particularmente fructífera mientras
no seamos capaces de comunicar algo de la dinámica propia de una langue
de clase, la cual es, evidentemente, en el sentido saussureano, algo así como
un constructo ideal que nunca es totalmente visible y nunca está completa-
mente presente en ninguno de sus enunciados individuales. Se puede decir
que este discurso de clase más amplio está organizado en torno a "unidades"
mínimas, que llamaremos ideologemas. La ventaja de esta formulación resi-
de en su capacidad de mediar entre concepciones de la ideología como opi-
nión abstracta, valores de clase y cosas similares, y los materiales narrativos
conque trabajaremos aquf. El ideologema es una formación anfibia cuya ca-
ractcrística estructural esencial puede ser descrita como su posibilidad de
manifestarse ora como una pseudo idea -un sistema conceptual o de creen-
cias, un valor abstracto, una opinión o un prejuicio-, ora corno una proto-
narración, una especie de fantasía última de clase sobre los "personajes co-
lectivos" que son las clases en oposición. Esta dualidad significa que el re-
querimiento básico para la completa descripción del ideologema ya está da-
do de antemano: como un constructo, debe ser de tal naturaleza que pueda
recibir, a la vez, tanto una descripción conceptual como una manifestación
narrativa. Desde luego, el ideologema puede ser elaborado en cualquiera de
e s t ~ s dos direcciones y tomar la apariencia acabada de un sistema filosófi-
co, por una parte, o la de un texto cultural, por otra; pero el análisis ideológi-
co de estos productos culturales acabados nos exige que demostremos cómo
cada uno de ellos es un complejo trabajo de transformación sobre esa mate-
ria prima que es el ideologema de que hablamos. Así, el trabajo del analista
es, primero, el de identificar el ideologema y, en muchos casos, el de nom-
brarlo inicialmente en instancias en que, por cualquier razón, todavía no ha
sido registrado como tal. La inmMsa labor preparatoria de identificar e in-
ventariar tales ideologemas apenas ha comenzado aún; el presente artículo
sólo hará la más modesta contribución a esa labor: muy en especial, al aislar
66 Discurso
ese fundamental ideologema decimonónico que es la "teoría" del ressenti-
ment, y al "desenmascarar" la ética y la oposición binaria ética del bien y el
mal como una de las formas fundamentales del pensamiento ideológico en
la cultura occidental. Sin embargo, nuestro énfasis, aquí y en todas partes,
en el carácter fundamentalmente narrativo de tales ideologemas (incluso
donde parecen estar articulados solamente como creencias conceptuales o
valores abstractos), ofrecerá la ventaja de restablecer la complejid,ad de las
transacciones entre opinión y protonarración o fantasía libidinal. Así, obser-
varemos, en el caso de Balzac, la generación de un "sistema de valores"
ideológico y abierto y constituido a partir de la operación de una
dinámica esencialmente narrativa y de fantasía; lo referente a Gissing, por
otra parle, mostrará cómo un "paradigma narrativo" ya constituido emite un
mensaje ideológico por derecho propio, sin la mediación de la intervención
autora!.
Este foco u horizonte, el de la lucha de clases y sus discursos antagónicos,
no es, como hemos sugerido ya, la forma última que un análisis marxista pue-
de tomar. El ejemplo al que acabamos de aludir -el de la revolución ingle-
sa del siglo XVII, en la que las diversas clases y fracciones de clase se vieron
obligadas a articular sus luchas ideológicas a través del medio compartido
de un código maestro religioso- puede servir para dramatizar el desplaza-
miento mediante el estos objetos de estudio son reconstitaidos en un
"texto" estructuralmente distinto, específico de esta ampliación final del
marco analítico. Porque la posibilidad de un desplazamiento del énfasis está
dada ya en ese ejemplo: hemos sugerido que, dentro de la aparente unidad
del código teológico, se puede hacer que emerja la diferencia fundamental
de las pqsiciones de clase antagónicas. En ese caso, también es posible el
movimiento inverso, y tales diferencias semánticas concretas, por el contra-
.rio, pueden ser enfocadas de tal manera que lo que emerja sea más bien la
unidad omniabarcante de un único código que ellos deben compartir y que
caracterizará así la más amplia unidad del sistema social. Este nuevo objeto
- código, sistema sígnico, o sistema de producción de signos y códigos- de-
viene así un índice de una entidad de estudio que trasciende en gran medi-
da aquellas anteriores de lo estrictamente político (el acto simbólico) y lo
social (el discurso de clase y el ideologema), y que hemos propuesto llamar
lo histórico en el sentido más amplio de esta palabra. Aquí la unidad org<;l-
nizadora será lo que la tradición marxista designa como modo de produc-
ción.
He observado ya que la "problemática" de los modos de producción es
la nueva área más vital de la teoría marxista en todas las disciplinas hoy día;
Sobre la interpretación 67
y, sin que ello sea paradójico, es también uúa de las áreas más tradicionales;
por eso debemos bosquejar, de una manera preliminar breve, la "secuencia"
de los modos de producción tal como el marxismo clásico, desde Marx y
Engels hasta Stalin, tendió a enumerarlos.
12
Estos modos, o "estadios" de la
sociedad humana, han sido tradicionalmente los siguientes: el comunismo
primitivo o sociedad tribal (la horda), la gens o sociedades de parentesco
jerárquicas (sociedad neolítica), el modo asiático de producción (el llama-
do despotismo oriental), la polis o sociedad esclavista oligárquica ( c1 modo
antiguo de producción), el feudalismo, el capitalismo y el comunismo (con
bastante debate en cuanto a si el estadio "de transición" entre estos últimos
-a veces llamado "socialismo"- es un genuino modo de producción por
derecho propio). Lo que es más significativo en el presente contexto es que
hasta esta concepción esquemática o mecánica de los "estadios" históricos
(lo que los althusserianos han criticado sistemáticamente bajo el término
"historicismo") incluye la noción de una dominante cultural o forma de co-
dificación ideológica específica de cada modo de producción. Siguiendo el
mismo orden, éstas han sido concebidas generalmente como narración mági-
ca y mítica, parentesco, religión o lo sagrado, "política" de acuerdo con la
categoría más estrecha de ciudadanía en la antigua ciudad estado, relacio-
nes de dominación personal, reificación y (presumiblemente) formas origi-
nales de asociación colectiva o comunal, todavía no desarrolladas comple-
tamente en ninguna parte.
Pero, antes de que podamos determinar el "texto" cultural u objeto de es-
tudio específico del horizonte de los modos de producción, debemos hact<r
.dos observaciones preliminares sobre los problemas metodológicos que éste
plantea. La primera estará relacionada con la cuestión de si el concepto de
"modo de producción" es un concepto sincrónico, mientras que la segunda
estará dirigida a la tentación de emplear los diversos modos de producción
para una operación clasificadora o tipologizadora en la que los textos·cultu-
rales son simplemente echados en otros tantos compartimientos separados.
En efecto, a cierto número de teóricos los ha inquietado la aparente con-
vergencia entre la noción propiamente marxista de un modo de producciót1
omniabarcante y omniestructurante (que le asigna a todo dentro de sí - cul-
tura. producción ideológica, articulación de clase, tecnología- un lugar-es-
pecífico y único) y las visiones no marxistas de un "sistema total" en el que
los diversos elementos o niveles de la vida social son programados de una
manera cada vez más constrictiva. La dramática idea de Weber de la "jaula
de   de una sociedad cada vez burocrática
13
Ja imagen de Fou-
cault de la red de una "tecnología política del cderpo" i
4
que penetra y se di-
68 Discurso
funde cada vez más, pero también descripciones "sincrónicas" más tradicio-
nales de la programación cultural de un "momento" histórico dado, como
las que han sido propuestas anteriormente, desde Vico y Hegel hasta Spen-
gler y Deleuze - todos esos modelos monolíticos de la unidad cultural de un
'periodo histórico dado han tendido a confirmar las sospechas que ha abri-
gado una tradición dialéctica respecto a los peligros de un pensamiento
"sincrónico" emergente, en el que el cambio Y. el desarrollo son relegados a
la categoría marginalizada de lo meramente ,tdiacrónico", lo contingente o
lo rigurosamente no significativo (y esto incluso donde, como en Althusser,
tales modelos de unidad cultural son atacados o m ~ formas de una "causa-
lidad expresiva" más propiamente hegeliana e idealista). Este presentimien-
to teórico sobre los límites del pensamiento sincrónico quizá puede ser apre-
hendido de una manera más inmediata en el área política, en la que el mo-
delo del "sistema total" parecería eliminar lenta e inexorablemente cualquier
posibilidad de lo negativo como tal, y reintegrar en el sistema el espacio de
lllla práctica y resistencia oposicionistas, o induso meramente "crílicas", co-
mo una mera inversión del sistema. En particular, todo lo que sobre la lucha
de clases era anticipatorio en la vieja armazón dialéctica y era visto como un
espacio emergente para relaciones sociales radicalmente nuevas, en el mo-
delo sincrónico parecería reducirse a prácticas que, de hecho, tienden a re-
forzar el sistema mismo que previó y dictó los limites específicos de las mis-
mas. Éste es el sentido en que Jean Baudrillard ha sugerido que la visión de
la sociedad contemporánea como "sistema total" reduce las opciones de re-
sistencia a gestos anarquistas, a las únicas protestas últimas restantes de la
huelga ilegal, el terrorismo y la muerte. Entretanto, también en la armazón
del análisis de la cultura, la integración de esta última en un modelo sincróni-
co parecería vaciar la producción cultural de todas sus capacidades anti-
sistémicas y "desenmascarar" hasta las obras de una postura abiertamente
oposicionista o política como instrumentos programados en última instan-
cia por el sistema mismo.
Sin embargo, precisamente la idea aquí propuesta de una serie de hori-
zontes teóricos en aumento es la que puede asignarles a esas armazones
sincrónicas inquietante,s sus puestos analíticos apropiados y dictarles su uso
correcto. Esta noción proyecta una perspectiva de la historia que sólo es in-
compatible con la acción política concreta y la lucha de clases si no se res·
peta la especificidad de los horizontes. Así, aunque el concepto de modo de
producción haya de ser considerado un concepto sincrónico (y dentro de un
momento veremos que las cosas son un poco más complicadas) en el nivel
de abstracción histórica en que tal concepto ha de ser usado correctamen·
Sobre la interpretación 69
te, la lección de la "visión" de un sistema total es, a la corta, más bien uno de
los límites estructurales impuestos a la praxis que la imposibilidad de esta
úlcima.
El problema teórico'con los sistemas sincrónicos antes enumerados resi-
de en otra parte, y menos en su armazón analítica que en lo que en una pers-
pectiva marxista podríamos llamar su refundamentación infraestructura!.
Históricamente, tales sistemas han tendido a entrar en dos grupos genera-
les, que podríamos llamar, respectivamente, la visión dura y la visión blanda
del sistema total. El primer grupo proyecta un futuro fantástico de un tipo
"totalitario", en el que los mecanismos de dominación -ora se los entienda
como parte del proceso más general de burocratización, ora se deriven más
directamente del despliegue de la fuerza física e ideológica- son aprehen-
dirll)s como tendencias irrevocables y cada vez más penetrantes y extendidas
ct 1 misión es colonizar los últimos remanentes y supervivencias de libertad
humana, en otras palabras, ocupar y organizar lo que todavía sigue existien-
do de la Naturaleza objetivamente y subjetivamente (de manera muy es-
quemática: el Tercer Mundo y el Inconsciente).
Este grupo de teorías tal vez pueda ser asociado apresuradamente con
los nombres centrales de Weber y Foucault; el segundo grupo puede ser aso-
ciado, entonces, con nombres como los de Jean Baudrillard y los teóricos
norteamericanos de una "sociedad posindustrial".
15
Para este segundo gru-
po, las características del sistema total de la sociedad del mundo contem-
poráneo son menos las de dominación política que las de programación y
penetración cultutales: no la jaula de hierro, sino más bien la societé de con-
sommation con su consumo de imágenes y simulacros, sus significantes li-
bremente flotantes y su obliteración de las viejas estructuras de clase social
y la hegemonía ideológica tradicional. Para ambos grupos, el capitalismo
mundial está en evolución hacia un sistema que no es socialista en ningún
sentido clásico: por una parte, la pesadilla del control total, y por la otra, las
intensidades polimorfas o esquizofrénicas de cierta contracultura última
(que pueden ser no menos inquietantes para algunos que las características
abiertamente amenazadoras de la primera visión). Lo que debemos agregar
es que ninguna de las dos especies de análisis respeta el mandamiento de
Marx sobre la "determinación en última instancia" por la organización y las
tendencias económicas: para ambas, en verdad, la economía (o la economía
política) de ese tipo se ha acabado en el nuevo sistema total del mlllldo con-
temporáneo, y en ambas lo econÓmico se ve asignado de nuevo a una posi-
ción secundaria y no determinante, bajo la nueva dominante del poder poli ti-
co o de la producción cultural, respectivamente.
70 Discurso
Sin embargo, dentro del marxismo mismo existen equivalentes precisos
de esas dos visiones no marxistas del sistema social total contemporáneo:
rescrituras, si se quiere, de ambas en términos específicamente marxistas y
"económicos". Son los análisis del capitalismo tardío en términos de capi-
ta/6gica16 y de desacumulación,
17
respectivamente; y aunque este articulo,
claro está, no es el lugar para discutir esas teorías en ninguna extensión, de-
bemos observar aquí que ambas, al ver la originalidad de la situación con-
temporánea en términos de tendencias sistémicas dentro del capitalismo,
afirman de nuevo la prioridad teórica del concepto organizador de modo de
producción que nos ha interesado argumentar.
Por tanto, debemos volvernos ahora hacia el segundo problema mencio-
nado acerca de este tercero y último horizonte, y ocuparnos brevemente de
la objeción de que el análisis cultural efectuado dentro de él tenderá hacia
una operación puramente tipológica o clasificatoria en la que tenemos la
obligación de "decidir" asuntos tales como si Milton ha de ser leído dentro
de un contexto "precapitalista" o dentro de un contexto capitalista nacien-
te, y así sucesivamente. En otra parte he insistido en la esterilidad de tales
procedimientos clasificatorios, que, a mi parecer, siempre pueden ser toma-
dos como síntomas e indicios de la represión de una práctica más genuina-
mente dialéctica o histórica de análisis cultural. Este diagnóstico ahora pue-
de ser extenqido para que cubra los tres borizontes que aquí se discuten,
donde la práctica de la homología, la de una búsqueda meramente "so-
ciológica" de algún equivalente social o de clase, y, finalmente, la del empleo
de alguna tipología de los sistemas sociales y culturales, respectivamente,
pueden servir como ejemplos del abuso de esas tres armazones. Además, del
mismo modo que en nuestra discusión de las dos primeras acentuamos la
centralidad de la categoría de contradicción para cualquier análisis marxis-
ta (vista, dentro del primer horizonte, como aquello que el artefacto cultu-
ral e ideológico trata de "resolver", y en el segundo, como la naturaleza del
conflicto social y de clase dentro del cual una obra dada es un acto o gesto),
también aquí podemos validar eficazmente el horizonte del modo de pro-
ducción mostrando la forma que la contradicción toma en este nivel y la re-
lación del objeto cultural con ella.
Antes de hacerlo, debemos tomar nota de objeciones más recientes al
concepto mismo de modo de producción. El esquema tradicional de los di-
versos modos de producción como otros tantos "estadios" históricos, gene-
ralmente ha sido considerado insatisfactorio, y no en último término porque
alienta la especie de tipologización antes criticada, en el análisis político en
la misma medida que en el análisis cultural. (La forma que toma en el análi-
Sobre la interpretación 71
sis político es, evidentemente, el procedimiento que consiste en ·'decidir" si
una coyuntura dada ha de ser asignada a un momento dentro del feudalis-
mo -el resultado es una exigencia de derechos burgueses ·¡ parlamenta-
ríos-, o dentro del capitalismo -con la concomitante estr attgia "refor-
mista"-, o, por el contrario, a un genuino momento. "revolucionario" -ca-
so en el que se deduce entonces la estrategia revolucionaria apropiada-.)
Por otra parte, a cierto número de teóricos contemporáneos les resulta
cada vez más claro que tal clasificación de los materiales "empíricos" den-
tro de ésta o aquella categoría es inadmisible en gran parte a causa del nivel
de abstracción del concepto de modo de producción: ninguna sociedad
histórica ha "encarnado" nunca un modo de producción en estado puro
(tampoco El capital es la descripción de una sociedad histórica, sino más
b; '!l la construcción del concepto abstracto de capitalismo). Esto ha condu-
cido a ciertos teóricos contemporáneos, muy en especial a Nicos Poulan-
tzas,18 a insistir en la distinción entre un "modo de producción" como cons-
trucción puramente teórica y una "formación social" que implicaría la des-
cripción de alguna sociedad histórica en cierto momento de su desarrollo.
Esta distinción parece inadecuada y hasta desorientadora, en la medida en
que estimula el mismo pensamiento empírico que estaba     en de-
nunciar, al subsumir un "hecho" particular o un "hecho" empírico bajo tal o
cual "abstracción" correspondiente. Pero podemos retener un rasgo del exa-
men que hace Poulantzas de la "formación social": su sugerencia de que to-
da formación social o sociedad históricamente existente ha consistido, en
realidad, en la superposición y coexistencia estructural de v01ios modos de
producción a la vez, que incluye vestigios y supervivencias .:le viejos modos
de producción, ahora rele_gados a posiciones   dependien-
tes dentro del nuevo, así como tendencias anticipatorias que son potencial-
mente incompatibles con el sistema existente, pero que todavía no han ge-
nerado un espacio autónomo propio.
Pero si esta sugerencia es válida, entonces los problemas del sistema
''sincrónico" y de la tentación tipológica se resuelven, ambos, de un solo gol-
pe. Lo que es sincrónico es el "concepto" del modo de producción; el mo-
mento de la coexistencia histórica de varios modos de producción no es
sincrónico en ese sentido, sino abierto a la historia de una manera dialécti-
ca. De esa manera se elimina la tentación de clasificar los textos según el mo-
do de producción apropiado, puesto que los textos surgen en un espacio en
el que podemos esperar que estén atravesados e intersectados por variados
impulsos provenientes a la vez de modos contradictorios de producción cul-
tural.
72 Discurso
Pero aún no hemos caracterizado el objeto específico de estudio que es
construido por este nuevo y último horizonte. Como hemos mostrado, no
puede consistir en el concepto de un modo individual de producción (en la
misma medida en que, en nuestro segundo horizonte, el obj eto específico
de estudio no podía consistir en una clase social particular en aislamiento de
las otras). Por eso, sugeriremos que, tomando como fuente la experiencia
histórica reciente, este nuevo y último objeto puede ser designado como re-
volución cultural, el momento en que la coexistencia de diversos modos de
producción se vuelve visiblemente antagónica, al desplazarse sus contradic-
ciones al centro mismo de la vida política, social e histórica. El experimen-
to incompleto chino con una revolución cultural "proletaria" puede ser in-
vocado en apoyo de la proposición de que la historia precedente ha conoci-
do toda una serie de equivalentes de tales procesos a los que se puede ex-
tender legítimamente el término. Así, podemos aprehender la ll ustración oc-
cidental como una parte de una revolución cultural propiamente burguesa,
en la que los valores y los discursos, los hábitos y el espacio cotidiano del an-
cien régime fueron desmantelados sistemáticamente de manera que en su lu-
gar se 'pudieran establecer las nuevas concepciones, hábitos, formas de vida
y sistemas de valores de' una sociedad capitalista de mercado. Este proceso
implica· claramente un ritmo histprico más amplio que acontecimientos.
históricos con carácter de punto, como la Revolución Francesa o la Rcvolu-
ción Industrial, e incluye en su longue durée fenómenos como los descritos
por Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo, una obra que
ahora, a su vez, puede ser leída como una contribución al estudio de la re-
volución cultural burguesa, del mismo modo que el corpus de los trabajos
sobre el romanticismo es reubicado ahora como el estudio de un momento
significativo y ambiguo en la resistencia a esa particular "gran transforma-
ción", al lado de las formas más específicamente "populares" de resistencia
cultural (precapitalistas, así como de la clase obrera).
Pero si eso es cierto, entonces debemos ir más adelante y sugerir que to-
dos los precedentes modos de producción han sido acompañados por revo-
luciones culturales específicas de ellos, de las cuales la "revolución cultural"
neolítica, digamos, el triunfo del patriarcado sobre las viejas formas matriar-
cales o tribales, ó la victoria de la "justicia" helénica y la nueva legalidad de
lapolis sobre el sistema de vendetta, son solamente las manifestaciones más
dramáticas. Así pues, podemos esperar que el concepto de revolución cul-
tural - o, con más precisión, la reconstrucción de los materiales de la histo-
ria cultural y literaria en la forma de este nuevo "texto" u objeto de estudio
Sobre la interpretación 73
que es la revolución cultural- proyecte toda una nueva armazón para las
humanidades, dentro de la cual se podría colocar sobre una base materialis-
ta el estudio de la cultura en el más amplio sentido.
Sin embargo, esta descripción resulta desorientadora en la medida en que
sugiere que la "revolución cultural" es un fenómeno limitado a los llamados
periodos "de transición", durante los cuales las formaciones sociales domi-
nadas por un modo de producción sufren una restructuración radical en el
curso de la cual surge una "dominante" diferente. El problema de tales "tran-
siciones" es un punto crucial tradicional de la problemática de los modos de
producción planteada por Marx, y tampoco puede decirse que alguna de las
soluciones propuestas, desde los propios exámenes fragmentarios de Marx
hasta el rcciénte modelo de Etienne Balibar, sea del todo satisfactoria, pues-
lo que en todas ellas la incompatibilidad entre una descripción "sincrónica"
de un sistema dado y una descripción "diacrónica" del paso de un sistema a
otro parece reaparecer con no menor intensidad. Pero nuestra propia dis-
cusión comenzó con la idea de que una formación social dada co_.sistía en
la coexistencia de varios sistemas sincrónicos o modos de producción, cada
uno con su propio esquema dinámico o temporal - una especie de metasin-
cronicidad, si se quiere-, mientras que ahora nos hemos desplazado a una
descripción de la revolución cultural que ha sido formulada en el lenguaje
más diacrónico de la transformación sistémica. Por eso, sugeriré que estas
dos descripciones aparentemente incompatibles son simplemente las pers-
pectivas gemelas que nuestro pensamiento (y nuestra presentación o Dars-
tellung de ese pensamiento) puede tomar sobre ese mismo vasto objeto
histórico. Así como la revolución manifiesta tampoco es un acontecimiento
con carácter de punto, pero trae a la superficie las innumerables luchas y
formas de polarización de clase cotidianas que estaban actuando en todo el
curso de la vida social que la precedió, y que por eso están latentes e implíci-
tas en la experiencia social "prerrevolucionaria" y sólo en esos "momentos
de la verdad" son puestas de manifiesto como la estructura profunda de es-
ta última, también los propios momentos manifiestamente "transicionales"
de la revolución cultural no son sino el paso a la superficie de un proceso
permanente en las sociedades humanas, de una lucha permanente entre los
diversos modos de producción coexistentes. Así pues, el momento triunfan-
te en que una nueva dominante sistémica logra predominar no es más que
la manifestación diacrónica de una lucha constante por la perpetuación y re-
producción de su dominio, una lucha que debe continuar a lo largo de su vi-
da, acompañada en todo momento por el antagonismo sistémico o estructu-
ral de aquellos modos de producción más viejos o más nuevos que resisten

74 Discurso
a la asimilación o procuran librarse de ella. La tarea del análisis cultural :y
social así interpretado dentro de este horizonte final será, pues, evidente-
mente, rescribir sus materiales de manera que esta revolución cultural per-
petua pueda ser aprehendida y leída como la estructura constitutiva más prv-
funda y más permanente en que los objetos textuales empíricos llegan a ser
inteligibles.
Podemos decir que la revolución cultural así concebida está más allá de
la oposición entre sincronía y diacronía, y corresponde aproximadamente a
lo que Ernst Bloch llamó la Ungleichzeitigkeit (o "desarrollo no sincrónico")
de la vida cultural y social.
19
Tal visión impone un nuevo empleo de los con-
ceptos de periodización, y en particular, de aquel viejo esquema de los esta-
dios "lineales" que aquí ha sido preservado y cancelado a la vez. De los pro-
blemas específicos de la periodización nos ocuparemos de una manera más
completa posteriormente: basta decir aquí que esas categorías son produci-
das dentro de una armazón diacrónica o narrativa inicial, pero que sólo lle-
gan a ser empleables cuando esa armazón inicial ha sido   lo que nos
permite ahora coordinar o articular categorías de origen diacrónico (los di-
versos modos de producción) en lo que es ahora un modo sincrónico o me-
tasincrónico.
Pero todavía no hemos especificado la naturaleza del objeto textual que
es construid<:> por este tercer horizonte de la revolución cultural y que sería
el equivalente, dentro de esta armazón dialécticarncnte nueva, de los obje-
tos de nuestros dos primeros horizontes -el acto simbólico y el idcologema
o la organización dialógica del discurso de clase - . Sugeriré que, dentro de
este horizonte final, el texto o artefacto cultural individual (con su aparien-
cía de autonomía que también fue disuelta de maneras específicas y origina-
les dentro de los primeros horizontes) es restructurado aquí como un cam-
.po de fuerza en el que se puede registrar y aprehender la dinámica de los
sistemas sígnicos de varios modos de producción diferentes. Esta dinámica
-el "texto recién constituido de nuestro tercer horizonte- viene a ser lo
que podemos llamar la ideología de la fonna, esto es, la contradicción deter-
minada de los mensajes específicos emitidos por los variados sistemas sígni-
cos que coexisten en un proceso artístico dado, así como en su formación so-
cial general.
Lo ahora debemos subrayar es que, en este la "forma" es apre ·
hendida como contenido. El estudio de la ideología de la forma se basa, sin
duda, en un análisis técnico y formalista en el sentido más estricto, aunque,
a diferencia de muchos análisis formales tradicionales, procura revelar la
presencia activa, dentro del texto, de cierto número de procesos formales
_J
Sobre la interpretación 75
discontinuos y heterogéneos. Pero, en el nivel del análisis de que aquí se tra-
ta, ha ocurrido una inversión dialéctica en la cual se ha hecho posible apre-
hender tales procesos formales como contenido sedimentado por derecho
p.ropio, como portadores de mensajes ideológicos propios, diferentes del
contenido ostensible o manifiesto de las obras; en otras palabras, se ha he-
cho posible mostrar tales operacio'nes formales más bien desde el punto de
vista de lo que Louis Hjelmslev llamaría el "contenido de la forma", que des-
de el punto de vista de la "expresión de la forma", que es generalmente el
objeto de los diferentes acercamjentos más estrictamente formalizantes. En
el área del género literario podemos hallar la demostración más simple y más
accesible de esta inversión. De hecho, un próximo capítulo modelará el pro-
ceso por el cual la especificación y la descripCión genéricas, en un texto
histórico dado, pueden ser transformadas en la detección de una multitud
de distintos mensajes genéricos -algunos de ellos supervivencias objetifi-
cadas de modos de producción cultural más viejos, algunos anticip¡tto-
rios, pero todos participantes en la proyección conjunta de una coyuntura
formal a través de la cual podemos detectar y articular alegóricamente la
"coyuntura" de los modos de producción coexistentes en un momento
histórico dado.
Entretanto, que lo que hemos llamado la ideología de la forma no es una
retirada de las cuestiones sociales e históricas hacia las cuestiones más es-
trictamente formales, nos lo puede sugerir la relevancia de esta perspectiva
fmal para intereses más abiertamente políticos y teóricos; podemos tomar l.a
muy debatida relación del marxismo con el feminismo como una ilustración
particularmente reveladora. La antes delineada ·de modos de produc·
ción superpuestos tiene, en realidad, la ventaja de permitirnos desactivar el
falso problema de la prioridad de lo económico sobre lo sexual, o de la opre-
sión sexual sobre la opresión de clase social. En nuestra presente perspecti-
va resulta claro que el sexismo y lo patriarcal han de ser aprehendidos como
la sedimentación y la virulenta supervivencia de formas de alienación es-
pecíficas del más viejo modo de producción de la historia humana, éon sú
división del trabajo entre los hombres y las mujeres, y su división del poder
entre los jóvenes y los ancianos. El análisis de la ideología de la forma, co-
rrectamente llevado a cabo, debería revelar la persistenéia formal de tales
estructuras de alienación arcaicas -y los sistemas sígnicos específicos de
ellas- debajo de la capa de todos los tipos de alienación más recientes e
históricamente originales -como la dominación políti<¿l y la reificación-
que han devenido las dominantes de la más compleja de todas las revolucio-
nes culturales, el capitalismo tardío, en el cual todos los anteriores modos
76 Discurso
'
de producción coexisten estructuralmente de una manera o de otra. Por eso,
la afirmación del feminismo radical en el sentido de que anular el patriarca-
do es el más radical acto político -en la medida en que incluye y subsume
demandas más parciales, como la liberación de la forma de mercancía -
perfectamente compatible con una armazón marxista ampliada, para la C<lal
la transformación de nuestro propio modo dominante de producción debe
ser acompañada y completada por una restructuración igualmente radical
de todos los modos de producción más arcaicos con que él coexiste estruc-
turalmente.
Con este horizonte final, salimos, pues, a un espacio en el que la Historia
misma deviene el fundamento último, así como el límite intrascendible de
nuestra comprensión en general y de nuestras interpretaciones textuales en
particular. Desde luego, éste es también el momento en que todo el proble-
ma de las prioridades interpretativas regresa con gran fuerza, y en el que los
practicantes de códigos interpretativos alternos o rivales - lejos de haber si-
do persuadidos de que la Historia es un código interpretativo que incluye y
trasciende todos los otros- proclamarán de nuevo que la "Historia" es sim-
plemente un código más entre otros, sin ningún status particularmente pri-
vilegiado. Esto se efectúa de manera más sucinta cuando los críticos de la
interpretación marxista," haciendo suya la propia terminología tradicional de
ésta, sugieren que la operación interpretativa de Marx implica una temati-
zación y reificación de la "Historia" que no es muy diferente del proceso por
el cual los otros códigos interpretativos producen sus propias formas de cla·u-
sura temática y se ofrecen como métodos absolutos.
Por ahora debería quedar claro que nada se podría ganar oponiéndose a
un tema reificado -la Historia- mediante otro -el Lenguaje- en un e ~
bate polémico en cuanto a la prioridad última de uno sobre el otro. Las for-
mas influyentes que ha tomado este debate en años recientes -como en el
intento de Jürgen Habermas de subsumir el modelo "marxista" de la pro-
ducción bajo un modelo más omniabarcante de la "comunicación" o la in-
tersubjetividad,20 o en la aseveración de Umberto Eco de que lo Simbólico
en general tiene prioridad sobre los sistemas tecnológicos y productivos que
lo Simbólico debe organizar como signos antes de que pueda echar mano de
ellos como instrumentos-
21
están basadas en la concepción errónea de que
la categoría marxista de "modo de producción" es una forma de determinis-
mo tecnológico o "produccionista".
Por eso, parecería más útil que nos preguntáramos, en conclusión, de qué
modo podemos concebir la Historia como base y como causa ausente de ma-
nera que resista a esa tematización o reificación, a esa retrotransformación
Sobre la interpretación 77
en un código facultativo entre otros. Podemos sugerir indirectamente esa
posibilidad dirigiendo la atención a lo que los aristotélicos llamarían la sa-
tisfacción genérica específica de la forma de los grandes monumentos de la
historiografía, o lo que· los semióticos podrían llamar el "efecto de historia"
de tales textos narrativos. Cualquiera que sea la materia prima sobre la que
la forma historiográfica trabaje (y aquí sólo tocaremos ese tipo sumamente
extendido de material que es la pura cronología de hechos tal como la pro-
duce la enseñanza mecánica del manual de historia), la "emoción" de la gran
forma historiográfica siempre puede ser vista, pues, como la restructuración
radical de ese material inerte, en este caso: la poderosa reorganización de
datos cronológicos y "lineales" de otro modo inertes en la forma de Necesi-
dad: por qué lo que ocurrió (al principio recibido como hecho "empírico")
tenía que ocurrir en el modo en que ocurrió. Así pues, desde esta perspec-
tiva, la causalidad es sólo uno de los tropos posibles mediante los cuales se
puede llevar a cabo esa restructuración formal, aunque ella ha sido, obvia-
mente, un tropo privilegiado e históricamente importante. Entretanto, si se
objetara que el marxismo es más bien un paradigma "cómico" o "romances-
co", un paradigma que ve la historia en la perspectiva de salvación de cier-
ta liberación fmal, debemos señalar que las más poderosas realizaciones de
una historiografía marxista -desde las propias narraciones de Marx sobre
la revolución de 1848, pasando por los ricos y variados estudios canónicos
de la dinámica de la Revolución de 1789, hasta el estudio de Charles Bettel-
heim sobre la experiencia revolucionaria soviética- siguen siendo visiones
de la Necesidad histórica en el sentido antes mencionado. Pero la Necesi-
dad es representada aquí en la forma de la lógica inexorable involucrada en
el determinado fracaso de todas las revoluciones que han tenido lugar en la
historia humana: la presuposición fundamental de Marx -de que la revolu-
ción socialista sólo puede ser un proceso total y universal (y que esto, a su
vez, presupone la consumación de la "revolución" capitalista y del proceso
de conversión en mercancía en una escala global)- es la perspectiva en que
el fracaso o el bloqueo, la reversión contradictoria o la inversión funcional
de tal o cual proceso revolucionario local son aprehendidos como "inevita-
bies" y como la acción de límites objetivos.
La Historia es, pues, la experiencia de la Necesidad, y sólo ésta puede
prevenir su tematización o reificación como un mero objeto de repre-
sentación o como un código maestro entre muchos otros. La Necesidad no
es, en ese sentido, un tipo de contenido, sino más bien lafomta inexorable
de los acontecimientos; por eso, es una categoría narrativa en el sentido am-
pliado de un inconsciente político propiamente narrativo que hemos argu-
78 Discurso
mentado aquí, una retcxrualizac1ón de la Historia que no propone a esta últi-
ma como una nueva representación o "visión", como un nuevo contenido, si-
no como los efectos formales de lo que Althusser, siguiendo a Spiooza, lla-
ma una "causa ausente". Concebida en este sentido, la Historia es lo que hie-
re, es lo que se niega al deseo y le establece límites inexorables tanto a la pra-
xis individual como a la colectiva, que sus "astucias" convierten en inversio-
nes espantosas e irónicas de la intención manifiesta de las mismas. Pero es-
ta Historia sólo puede ser aprehendida a través de sus efectos, y nunca di-
rectamente como una fuerza reificada. Éste es, en realidad, el sentido últi-
mo en que la Historia como fundamento y horizonte intrascendible no ne-
cesita ninguna justificación teórica particular: podemos estar seguros de que
sus necesidades alienantes no nos olvidarán, por más que prefiriéramos ig-
norarlas.
Traducción del inglés, Desiderio Navarro.
NOTAS
1 En Hans-Georg Gadamer, Trnth and Metlzod (trad. G. Barden y J. Cum-
ming, Nueva York, Seabury, 1975, pp. 216-220, 267-274), se puede hallar una
útil discusión del concepto fenomenológico de "horizonte". En el curso de
mi subsiguiente examen quedará claro que una concepción marxista de nues-
tra con el pasado requiere un sentido de nuestra diferencia radical
respecto de culturas anteriores que no es tomada en consideración adecua-
damente en la influyente noción de Horizontverschmelzung (fusión de hori-
zontes), de Gadamer. Tal vez éste es también el momento de agregar que,
desde la perspectiva del marxismo como un "historicismo absoluto", la rígi-
da antítesis propuesta por E.D. Hirsch J r. entre el "relativismo" historicista
de Gadamer y la ·propia concepción de Hirsch de una validez interpretativa
más absoluta ya no parecerá particularmente inconciliable. La distinción de
Hirsch entre Sinn y Bedeutung, .entre el análisis científico del "significado"
intrínseco de un texto y lo que él se complace en llamar nuestra evaluación_
"ética" de su "significancia" para nosotros (véase, por ejemplo, The Aims 'of
Interpretation, Chicago, U niversity of Chicago Press, 1976), corresponde a
la tradicional distinción marxista entre ciencia e ideología, especialmente co-
mo la han reteorizado los althusserianos. Es, séguramente, una útil distin-
Sobre la interpretación
ción de trabajo, aunque, a la luz de las revisiones actuales de la idea de cien-
cia, probablemente no deberíamos hacer para ella reclamaciones teóricas
más amplias que esta reclamación operativa.
2 Claude Lévi-Strauss, Strnctural Anthropology, trad. de C. Jakobson y
B.G. Schoepf (Nueva York, Basic, 1963), pp. 206-231. La posterior Mytho-
logiques, en cuatro volúmenes, invierte la perspectiva de este análisis: don-
de el ensayo anterior se concentraba en la paro/e o enunciado mítico indivi-
dual, la serie posterior modela el sistema entero o langue en términos del
cual están relacionados entre sí los diversos mitos individuales. Por eso,
Mythologtques debería ser utilizada más bien como un sugerente material so-
bre la diferencia histórica entre el modo de producción narrativo de las so-
ciedades primitivas y el de nuestra propia sociedad; en este sentido, la obra
posterior hallaría su puesto en el horizonte tercero y último de la interpre-
tación.
3 Claudc Lévi-Strauss, Tristes tropiques, trad. de John Russell (Nueva
York, Atheneum, 1971), p.176.
4 Ibid., pp. 179-180.
5 Kennelh Burke, The Philosophy of Litterary Fonn (Berkeley, University
of California Press, 1973), pp. 5-6; y véase también mi "Symbolic lnference;
or, Kenneth Burke and Ideological Analysis", Criticallnquiry, número 4 (pri-
mavera, 1978), pp. 507-523.
6 Véase el capítulo 3, nota 13, y en este mismo capítulo, pp. 46-49. [N. del
T.: esas páginas no pertenecen a la unidad del capítulo aquí traducida.]
7 Marxism and Fonn, pp. 376-382; y en este mismo libro, pp. 288-291.  
más autorizado planteamiento marxista contemporáneo de esta visión de la
clase social ha de ser hallado en E.P. Thompson, The Making of the English
Working CJasses (Nueva York, Vintage, 1966), pp. 9-11. En The Poverty of
Theory, Thompson ha sostenido que su visión de las clases es incompatible
con el marxismo "estructural", para el cual las clases no son "sujetos", sino
más bien "posiciones" dentro de la totalidad social (con respecto a la posi-
ción althusseriana, véase a Nicos Poulantzas, Po/itica/ Power and Social
C/asses).
-gMi::<.J,- .ai ..,., .l,...,B::::-a -;j-, tín :-- , .P-=,., -o-=- b-=- /e_m_s of Dostoyevsky's Poetics, tiad. de R.
(Ano Arbor, Addis, 1973), pp. 153-169. Véase también el importante libro
de Bajtín sobre lingüística, escrito bajo el nombre de V .N: Volóshinov, Marx-'
ism and the Philosophy of Language, trad. de L. Matejka e I.R. Titunik (Nue-
va York, Seminar Press, 1973), pp. 83-98; y la recopilación póstuma de Bajtín,
Esthétique et theon·e du roman, trad. de Daría Oliver (París, Gallimard, 1978),
especialmente pp. 152-182. · ·
80 Discurso
9 Véase Christopher Hill, The Wor/d Tumed Upside Down (Londres,
Temple Smith, 1972).
10 Ernst Bloch, "Zerstorung, Rettung des Mythos durch Licht", en Ver-
fremdtmgen, I (Frankfurt, Suhrkamp, 1963), pp. 152-162.
11 Eugene Genovese, Ro/1 Jordan Ro/1 (Nueva York, Vintage, 1976), pp.
161-284.
12 Los textos "clásicos" sobre los modos de producción, además de An-
cient Society (1877) de Lewis Henry Morgan, son: Karl Marx, Pre-Capitalist
Economic Fonnntions, una sección de los Grundrisse (1857-58) publicada
separaoamemt: por Eric Hobsbawm (Nueva York, lnternational, 1965), y
Friedrich Engels, The Family, Private Property, and the State (1884). Entre
las importantes contribuciones recientes al "debate" sobre el modo de pro-
ducción están: la contribución de Etienne Balibar al volumen colectivo de
Althusser, Reading Capital; Emmanuel Terray, Marxism and "Primitive" So-
cieties, trad. de M. Klopper (Nueva York, Monthly Review, 1972); Maurice
Godelier, Horiwn: trajets marxistes en anthropologie (París, Mas pero, 1973);
J. Chesneaux, ed., Sur le "mode de production asiatíque" (París, Editions So-
1969); y Barry Hindess y Paul Hirst, Pre-Capitalist Modes of Produc-
tion (Londres, Routlepge and Kegan Paul, 1975).
13 "El puritano quería trabajar en una profesión; nosotros somos forza-
dos a ello. Porque cuando el ascetismo fue llevado de las celdas monásticas
a la vida cotidiana y comenzó a dominar la moralidad mundana, desempeñó
su papel en la construcción del tremendo cosmos del orden económico mo-
derno. Este orden está atado ahora a las condiciones técnicas y económicas
de la producción mecánica que hoy día determina con fuerza irresistible las
vidas de todos los individuos que' nacen dentro de este mecanismo, no sólo
de aquellos directamente ocupados en la adquisición económica. Quizás ella
los determinará así hasta que arda la última tonelada de carbón fósil. En la
opinión de Baxter, el deseo de los bienes externos sólo debería descansar en
los hombros del santo 'como una capa ligera, que puede ser arrojada a un
lado en cualquier momento'. Pero el destino decretó que la capa se convir-
tiera en una jaula de hierro." The Protestan! Etlric and the Spirit of Capita-
/ism, trad. de T. Parsons (Nueva York, Scribners, 1958), p. 181. -
/
14 Michel Foucault, Surveil/eret punir (París, Gallimard, 1975), pp. 27-28
y en todas partes.
15 Jean Baudrillard, Le Systeme des objets (París, Gallímard, 1968); La
Societé de consommation (París, Denoel, 1970); Pour une économie politique
du signe (París, Gallimard, 1972). La formulación más influyente de la ver-
sión norteamericana de esta posición del "fin de la ideología"/sociedad de
Sobre la interpretación 81
consumidores es, desde luego, la de Daniel Bell: véase su Coming of Post-In-
dustrial Society (Nueva York, Basic, 1973) y The Cultural Contradictions of
Capitalism (Nueva York, Basic, 1976).
16 Para una revisión y crítica de la literatura básica, véase S tan ley Arono-
witz, "Marx, Braverman, and the Lógic of Capital", Insurgent Sociologist,
Vlll, núm. 2/3, otoño 1978, pp 126-146; y véase también Hans-Georg Back-
haus, "Zur Dialektik der Wertform", en A. Schmidt, ed., Beitriige zur marxis-
tisclten Erkenntnistlteorie (Frankfurt, Suhrkamp, 1969), pp. 128-152; y Hcl-
mut Reichelt, Zur lo¡dsclten Stmktur des Kapitalbegriffs bei &rl Marx
furt, Europaische Verlagsanstalt, 1970). Para los capitalógicos, el "núcleo
materialista" de Hegel se revela aprehendiendo la realidad concreta u obje- -
tiva del Espíritu Absoluto (la Noción en-y-para-sí) como el capital mismo
(Reicbclt, pp. 77-78). Sin embargo, esto tiende a obligarlos a pasar a lapo-
sición post-marxista, Que ve la dialéctica como el modo de pensar que es pro-
pio exclusivamente del capitalismo (Backhaus, pp. 140-141); en ese caso,
desde luego, la dialéctica se volvería innecesaria y anacrónica en una socie-
dad que haya abolido la forma de mercancía.
17 Los textos básicos sobre "teoría de la desacumulación" son: Martín J.
Sklar, "On the Proletarian Revolution and the End of Political-Economic
Society". Radical America, Il, número 3, mayo-junio, 1969, pp. 1-41; Jim
O'Connor, "Productive and Unproductive Labor", Poli ti es and Society, núm.
5, 1975, pp. 297-336; Fred Block y Larry Hirschhorn, "New Productive
Forces and the Contradictions of Contemporary Capitalism", 17teory and So-
ciety, núm. 7, 1979, pp. 363-395; y Stanley Aronowitz, "The End of Política!
Economy", Social Texl, núm. 2, 1980, pp. 3-52
18 Poulantzas, Politica/ Power and Social CJasses. pp. 13-16.
19 Ernst Bloch, "Nonsynchronism and Dialectics", New Gennan Critique,
núm. 11, primavera, 1977, pp. 22-38; o Erbschaft dieser Zeit (Frankfurt, Suhr-
kamp, 1973). El uso "no sincrónico" del concepto de modo de producción
antes esbozado es, en mi opinión, el único modo de cumplir el bien conoci-
do programa de Marx para el conocimiento dialéctico, según el cual éste ha
de "ascender de lo abstracto a lo CQncreto" (1857, Introducción, Gmnd-
risse, p. 101). Marx distinguió allí tres estadios del conocimiento: 1) el regis-
tro de lo particular (esto correspondería'a algo así como la historia empíri-
ca, la recopilación de datos y materiales descriptivos sobre la variedad de las
sociedades humanas); 2) la de la abstracción, el nacimiento de una
ciencia propiamente   o de lo que Hegel llamaba las categorías
del entendimiento (este momento, el de la construcción de un concepto
estático y puramente clasiticatorio de "modos de producción", es lo que Hin-
81 Discurso
dess y Hirst criticaron de manera del todo correcta en Precapita/ist Modes
of Productions ); 3) la trascendencia de la abstracción por la diálectica, la "as-
censión a lo concreto", la puesta en movimiento de categorías hasta ahora
estáticas y tipologizantes mediante su reinserción en una situación histórica
concreta (en el presente contexto,esto se logra pasando de un empleo clasi-
ficatorio de las categorías de los modos de producción a una percepción de
su coexistencia dinámica y contradictoria en un momento cultural dado). La
propia epistemología de Althusser, incidentalmente - Generalidades, 1, II
y III (Pour Marx, París, Maspero, 1965, pp. 187 -190) -, es 11na glosa sobre
ese mismo pasaje fundamental de la Introducción de 1857, pero unL glosa
que lo único que logra demasiado bien es eliminar el espíritu dialéctico de
ese pasaje.
20 Véase Jürgen Habermas, Knowledge and Human Interests, trad. de J.
Shapiro (Boston, Beacon, 1971), especialmente la Primera Parte.
21 Umberto Eco, A. Theory of Semiotics (Bloomington, Indiana Univer-
sity Press, 1976), pp. 21-26.
HACIA UNA LECTUROLOGÍA
LIMINARES PARA UNA TEOIÚA DE LA LECTURA
Nicolás Rosa
Se ha dicho, y se sigue diciendo, que en las prácticas sociales significantes
llamadas estudios literarios, teoría literaria, crítica literaria, análisis y/o me-
todologías subsecuentes -y somos conscientes de la heterogeneidad
epistémica de la serie que acabamos de ordenar- ha sonado la hora del lec-
tor. Dicho en otros términos más específicos, es por todos sabido que las
propuestas de análisis de los textos literarios, tanto tradicionales (las filo-
logías y las formas de la estilística (estética, lingüística, estructural) como las
actuales (la escritura COOJ.O producción, el análisis genético de los pre-tex-
tos, la búsqueda de matrices de producción textual, etcétera) parten de un
presupuesto básico: privilegian al autor, al emisor, al narrador, al sujeto pro-
ductor del texto, al enunciante, al locutor, en todas sus variantes metodológi-
cas e ideológicas. En una segunda instancia, aunque paralela en su formación
histórica, el fenómeno de la lectura ha sido analizado desde la
de la sociología de la cultura/sociología de la literatura, atendiendo preva-
lentemente a los análisis sociales y económicos de la producción, emisión y
circulación de la así llamada obra literaria, desde la sociología estadística
(tipo Escarpit) hasta las formulaciones más refinadas de una sociología mar-
xista. Esta última vertiente se sustenta en una investigación de los procesos
de producción económica en un sistema de producción determinado .hlstór:i-
camente para describir, ya sea por analogía, homología o isomorfismo, la ins-
tancia de la obra como reflejo ideológico de la conciencia· del autor o como
producto determinado, en última instancia, en la superestructura cultural
por la ideología dominante. Dejamos de lado el serio problema de la carac-
terización del concepto de ideología y de las relaciones entre ésta y la obra
literaria, pero queremos señ:.tlar que esta posición, si bien aporta elementos
pertinentes para el análisis de la   socialmente de.terminada, no alean-
za- no es suficiente en su estado actual - para producir hipótesis consisten-
83
84 Discurso
tes en la formulación de un modelo de lectura entendido, según nuestra
opinión, como ideogramas textuales determinados por el imaginario colec-
tivo (colectivizado) producido como condensado ideológico en una situa-
ción histórica dada.
1, En una primera aproximación, podemos adelantar que nuestro interés
es proponer de entrada una separación entre el campo de la recepción de la
obra literaria (Jauss, Vodicka) y el fenómeno de la escritura-lectura según
la propuesta que subyace, con distinciones sustanciales, en otros teóricos ac-
tuales (R. Barthes, J. Kristeva, Ph. Sollers, J. Derrida, etcétera). Esta divi-
sión fundant e repartiría los campos específicos de un estudio e investigación
de la recepción artística. La así llamada estética de la t·ecepción intenta fun-
damentar históricamente la construcción de una categoría de análisis como
la de lectura-recepción que sería la base dt: la investigación histórico-litera-
ria. El apoyo buscado en la tradicional crítica. de fuentes ya criticado por los
formalistas rusos (Cf. Schlovski, El arte como procedimiento) se realiza dis-
tinguiendo entre la apreciación personal (la disposición psíquica mo-
mentánea del lector: valoración subjetiva) y la norma literaria de la época.
La intención de este tipo de análisis es lograr una restitución de la norma
estética (norma literaria) en el desarrollo histórico (Cf. La norme estbéti·
que, J. Mukharovski, Praga, 1966). Este intento, válido sin lugar a dudas, no
deja de suscitar varios inconvenientes de orden teórico y metodológico. Al-
gunos-de ellos no son otros que los que se planteaban ya a todo intento so-
ciológico o estilístico de valorar (no evaluar) la obra. Las nociones de valor
y de norma siempre han sido incómodas y no han podido ser resueltas rigu-
rosamente ni en la estilística estructural (M. Riffatere, Essais de stylistique
structurale) ni en la línea sociológica. Los formalistas rusos, y quizá sobre
todo M. Bajtine (Philosopbie du langage et marxisme, Poétique de Dos-
toievsky), permitirían una revisión de estas nociones posibilitando una reu-
bicación de las mismas o su destierro definitivo del campo de la critica lite-
raria. Sin entrar en mayores consideraciones sobre probk:mática que-
remos ubicarnos frente a este conjunto de interrogantes.
1) El campo de la lectura, como lo entendemos, no se superpone ni
necesariamente con el campo de la llamada recepción.
2) La operación lectura, superando sus formas empíricas, no es
más que un acontecimiento sincrónico a la operación llamada escritura,
según la propuesta formulada por J. Kristeva (Para una semiología de los
paragramas), R. Barthes en casi toda su obra (Cf. S/Z), y, sobre todo, según
lo propone la práctica escrituraría contemporánea, que, en sus líneas gene-
rales. revela un estadio narcisista (especular) (según lo hemos evaluado en
Hacia una lecturología 85
otra oportunidad) de la escritura fundado en la demostración de su propia
producción-refleja, manifestando una constante revelación de los linajes y
las genealogías litcrarias.
1
Aclaramos que esta postulación no determina
agotar la significación-del texto en su propio reflejo especular de la literatu-
ra (biperliteratura); sólo descubre un funcionamiento específico de la escri-
tura que señala como dominante, pero no como excluyente. Las sustancias
literarias consideradas menores, populares, marginales, sublitcrarias, géne-
ros menores, en un aberrante racismo literario, podrán ser reubicadas en es-
ta perspectiva (fuera de los sistemas literarios axiológicos) como altamen-
te relevantes de estas formaciones (Cf. el topos del linaje [y del linaje litera-
rio] en el folletín, por ejemplo, o en la novela como autobiografía ficticia).
2
3) Esta postura implica reconocer una escansión fundante entre literatu-
11 y escritura. Definamos provisionalmente la literatura como el nombre es-
'
ífico que una sociedad da a una producción específica. La escritura es el
',
0
JStro de la producción lectura-escritura en sus condensados ideológicos
mayores, que se configuran como constelaciones ideológicas dentro del re-
gistro imaginario de una cultura y sus relaciones con el registro de lo simbóli-
co en un momento determinado de su historia. De esta división deben deri-
. ·se algunos axiomas complementarios:
a) La escritura no posee el mismo registro que el de la literatura, aun-
que exista una estrecha interdependencia entre ambas, que podría ser pen-
sada como la relación entre Valor/Forma.
b) La historia de la escritura no tiene exacta correspondencia con la de
la literatura (Cf. R. Barthes, El grado cero de la escritura). La escritura no
es ahistórica, pero puede formularse el principio de que los mecanismos de
producción de lectura-escritura son transhistóricos, como los del les. o los
de la ideología.
e) El estudio de la literatura se consagra a los objetos y categorías gene-
rados por un metalenguaje (el de la crítica, estudios literarios, etcétera): va-
lor, sistema, obra, corpus, periodización, etcétera.
d) El análisis de la escritura entendida como el proceso de lectura-escri-
tura no puede construir, a menos de entrar en una profunda contradicción,
ni generar un metalenguaje: el entramado, la trama, de la lectura-escritura,
posee un solo objeto reconocible en sus efectos que se llama Texto {Cf. R.
Barthes, Le Texte. De la tbéorie a la recherche, Communications núm. 19,
1972, Seuil).
e) Por ende, la lectura, inseparable de la escritura, sólo puede encontrar
sus limites (y por tanto su constitución) en la propia operación de textuali-
zación (la puesta en escena del texto - la puesta en escena de la lectura). Su
86 Discurso
teoría, la teoría de la lectura, es inseparable de la textualización. Si bien no
hay un antes v después cronológico de la lectura -la lectura posee valor de
acontecimiento, es decir, de palabra- esto no es obstáculo, o es obstáculo
para ciertas posiciones que genéricamente podemos llamar positivistas (el
texto no es una positividad), para que la lectura pueda ser convocada por
otro texto (no un meta-texto) como texto-efecto. Esto obliga a conjeturar
que existe un Sujeto-Efecto del Texto antes que el sujeto-productor del
texto.
2. La teoría del texto, una posible teoría del texto, se viene elaborando
desde distintas perspectivas y en distintos espacios y tiempos, sólo por dar
algunos la Text-Linguistik alemana, con prec:lominio de la
Pragmática Textual, la Teoría del Discurso, en todas sus variantes teóricas,
la Narratología (en la tradición de Propp), los teóricos del Tel Qucl en su
momento, Roland Barthes, Julia Kristeva, Ph. Sollers, la Escuela de Tartu,
la Retórica Contemporánea (en un renacimiento problemático de la antigua
retórica: Genot, Genelte, Todorov, etcétera), los desconstructivistas, y más
ampliamente, un recorte capital no sólo para los textualistas sino también
para cualquier intento serio de análisis literario, el reconocimiento de la ne-
cesidad de apoyaturas teóricas externas a la lingüística y a la teoría litera-
ria, como ser la Semiótica, la Antropología, la Lógica (o las varias lógicas ac-
tuales), el Psicoanálisis, en sus diversas configuraciones contemporáneas.
Esta conexión de saberes conlleva graves problemas de orden epistemológi-
co y teórico, problemas·que no trataremos aquí, pero que sin lugar a dudas
ponen en evidencia algunos hechos fundamentales:
a) El objeto literario y el objeto-escritura son radicalmente heterogéneos
y los intentos de homogelteización de una presunta Teorín Literaria no han
sido fecundos.
b) La disolución del objeto produce una "angustia científica" que genera
resistencias muy fuertes ante una posible absorción del objeto por otros sa-
beres, otras disciplinas, resistencias que, como tales, no tienen en cuenta
que esos otros saberes, más aliá de un predominio coyuntural, están sufrien-
do los mismos efectos de desconstrucción en el campo crítico del saber con-
temporáneo.
e) El objeto literatura y el objeto escritura deben ser reelaborados en
una problemática fundante del sujeto humano: la ficción. El sujeto humano
se define por esa actividad ficcional que lo constituye en oposición a la rea-
lidad.3
d) Una teoría del texto debería dar cuenta de esa producción de ficcio·
nes.
Hacia una lecturología
3. Si podemos decir ya que existe un campo impreciso en sus fronteras,
pero suficientemente recortado como para ser reconocido como campo de
la letra, es decir, de una gramatología (J. Derrida), tal vez sea llegado el mo-
mento de postular la creación de un nuevo campo, el de una lecturología
inscripta en el marco de una teoría de la Textualidad.
En un nivel de generalidad mayor podríamos afrrmar que los grandes cor-
pus teóricos contemporáneos del marxismo y el freudismo presuponen o im·
plican una teoría de la lectura y es así como bao producido, en el campo que
nos interesa, respuestas de mayor o menor consistencia teórica, como las lec-
turas hermenéuticas (interpretativas), lecturas sintomales (interpretativas-
explicativas) y lecturas literales (de la letra, descifrativas-cifrativas, en el sen-
tido lacaniano del término). Estas generalidades pueden ser aplicadas a di-
versas prácticas de lectura que se han realizado, presuponiendo que nunca
se dan en puridad sino que coexisten en las distintas prácticas, históricamen ·
te determinadas.
4. Hacia una conjetura del espacio texto.
Meta-texto
No-"""' ---- 1 --- Co"'m-•aoo
        TEXTO 1<.___
Pre-texto ---- 1  
Archi-textc.
Este diagrama no tiene más pretensiones que la de actualizar la reflexión
contemporánea sobre el objeto texto, sin entrar en consideraciones sobre sus
valores específicos de una presunta rigurosidad científica. Las teorías actu;l·
les que valorizan el pre-texto (análisis genéticos) reponen en el campo de
estudio un estigma filológico, el de la causa y el de la causa eficiente; ¿cuál
es el material-causa-protocolo que origina y pre-forma el texto, que desde
esta perspectiva sólo puede ser pensado como efecto de una causa, y quizás,
aunque la teoría no·lo explicita, como definitivo? Los estudios pretextualcs
se han originado en una sana reivindicación genética nacida frente al auge
de ciertos estatismes sincronicistas del estructuralismo, pero no han podido
-por lo menos en los trabajos que conocemos- satisfacer el estudio y la
88 Discurso
valoración epistémica de la categoría que los funda: el concepto de pre-tex-
to (Le texte et l'avant-texte, J. Belamin-Noel; Essais de critique génetique,
L. Hay, R. Debray-Genette, H. Mitterand). ¿Cuál es la realidad y el rango
de esta noción?, ¿sólo puede ser considerada a partir del texto realizado?
La operación de retroacción significativa que lo funda no ha sido totalmen-
te ponderada, pues podría pensarse que esta noción puede ser recuperada
y absorbida en la noción de intertextualidad kristeviana. Lo mismo podría
decirse del meta texto (y tal vez con mayor razón), ya se lo entienda como re-
ferencia discursivizada actualizada en el texto, o como fuente (género-for-
ma), e incluso como sistema modelizante secundario (Lotman y la Escuela
de Tartu piensan el texto literario como un Sistema Modelizante secundario
en relación al primer sistema de la Lengua), como pre-forma del texto. El
pos-texto integra aquellos fenómenos que hoy día han sido recuperados por
la Estética de la Recepción, con base sociológica en Jauss y Vodicka, o con
base informática en Max Bense (Estética de la información). Señalemos
nuevamente que la recepción no recubre ni congrúe con la noción de Lec-
tura que aquí empleamos. El Archítexto corporiza la zona de estudios y pro-
  que tienden a explicar la producción textual a partir de estructuras
lógico-semánticas o lógicas matriciales que, más allá de una perspectiva
pragmática (Cf. Siegfried Schmidt, Théorie et practique d'une étude scien-
tifique de la narrativité üttéraire; Van Dijk, Teun A., Grammaires tex-
tuelles et structures narra ti ves), o de una perspectiva estrictamente semióti-
ca como podría ser la de Greimas y sus discípulos ( Coquet, Rastier, Latela)
donde el punto de partida es la producción de la significación, acaba en J.
Kristeva aliándose a la producción de significación en las formaciones del
inconsciente según el modelo freudiano de las formaciones del sueño, el lap-
sus, el chiste (Lógica del sueño, Cf. Semiotiké, París, Seuil, 1969). Estas pos-
turas se diferencian en relación al rango y nivel - y al estatuto epistémico-
de los procesos de semiotización. Pero en nuestro diagrama aparecen dos
nuevas categorías que no han sido hasta ahora categqrizadas: el No-texto,
entendido como la instancia de aquello no textualizable (inenarrable) en una
zona determinada de la cultura en un momento histórico determinado. Si
bien es cierto que est(! categoría no remite sólo a la letra, sino que implica
el nivel amplio de la cultura en sus registros simbólico e imaginario,
podríamo.s decir que la letra (lo literario, por defmiéión) es la zona privile-
giada que marca, por su presencia absoluta, la diferencia con aquello que,
como utopía literaria, se densifica en un momento determinado y en el cs-
paó.o localizado. Zona imprecisa, lábil, que recubre nombres diversos, for-
ma parte de los imaginarios colectivos que se adelantan o retroceden (;n la
Hacia una lecturología 89
línea de la diacronía. Llámese Dios en la teología medieval, sexo en la lite-
ratura cortesana, o relación sexual en la propuesta lacaniana, siempre hay
un no-textualizado (no textualizable fantasmático) que defme el objeto tex-
tual como horizonte de negatividad necesario para que se manifieste supo-
sitividad. Este no-textualizado entra en relación en el horizonte de lo escri·
bible (Barthes. S/Z) y de lo inescribible de cada época y en su doble relación
genera la zona de lo legible/ilegible. Aquello que no puede ser escrito mani-
fiesta simultáneamente aquello que puede ser leído. Las zonas de silencio
que marcan una historia de la lectura no han sido recuperadas, pero pueden
ser pensadas como proyectos utópicos de la arquitectura renacentista que
no fueron realizados nunca resistidos por la imposibilidad de lo real. Es sim-
plemente aquello que en otros teóricos se llama la u-topía literaria (Blan-
chot, Mallarmé).
4
El contra-texto es producto de esa resistencia generada por lo Real, son
textos que sólo pueden ser evaluados desde una postura negativa, como pro-
ducciones poderosamente contestatarias que sólo se definen en n.:ación de
oposición al sistema textual imperante (Parodia y Carnavalizacióo, Cf. Baj-
tine, La poétique de Dostoievski, L'oeuvre de F. Rabelais et la culture po-
pulaire au Moyen Age et sous la Renaissance). Estos contra-textos (no ne-
cesariamente vanguardistas ni experimentales, pero sí transgresivos) son ex-
tra-sistemáticos, no integran serie y son difícilmente cuantificables dentro
de la historia de la literatura (discursos de "payada", el combate   el
apóstrofe, la injuria, la calumnia, el chisme, e! rumor, la anécdota, o textos
como cartas de soldados, cartas de sirvientas, panfletos, las inscripciones en
los muros fgraffiti] o en los bancos o en los baños de las escuelas), son con-
tracomunicacionales y puede postularse que poseen una vida efímera en la
memoria texlual. Integran un registro muy inconsistente del imaginario co-
lectivo.
Creo que es Borges (y también Genette) quien recuerda el asombro de
San Agustín frente a su maestro San Ambrosio leyendo en silencio. Este pre-
ciso y definido momento donde por primera vez se comienza a leer silencio-
samente es quizás un momento inaugural del registro semiótico moderno. Si
la lectura antigua se realizaba obligatoriamente en voz alta (la Voz legitima-
ba la lectura, era la Verdad del Texto), la voz excluida, silenciada de la lec-
tura moderna nos lleva a un interrogante: ¿a dónde fue a parar la voz como
pura exterioridad, como pura   (Cf. J. Derrida, La Voix et le pbéno-
mene) y como razón de verdad del texto? Podríamos conjeturar que esa voz
no se ha perdido sino que interiorizada en el centro de la lectura-escritura
reaparece como visión del texto, y por ende como _función de escrito en el
90 Discurso
1
mismo.
5
La razón de Verdad del texto moderno se constituye a partir de la
visión. Leemos sintagmáticamente, paradigmáticamente, o, siguiendo ambos
órdenes, barriendo (en el sentido informático del término) el texto con una
mirada. Presuponemos que esa mirada re-construyG la lógica gramatical de
1 ~ lengua, la lógica programática de la historia, la lógica causal de la narra-
ctón (el discurso). Esta presunción se ve limitada por las detenciones en el
relato, las digresiones en la lectura, el subir y bajar la cabeza, el movimien-
to de rotación de la misma que impone la linealidad (de la lengua, del rela-
to), por la suspensión sintáctica, semántica, por el suspenso del relato y por
el suspenso del deseo del lector. El lector se aburre, el lector se interesa, el
lector discute, polemiza, el lector se rehúsa, el lector abandona. La mirada
se detiene, se fija, se resiste, los ojos se cierran o van a posarse en otro obje-
to más seductor, por el momento. La mirada vuelve, retrocede a la página
anterior y salta sobre las no leídas para empezar, por supuesto, por el final.
El cine nos obliga a una lectura· monocular. El libro como objeto-material-
ideológico (el volumen) nos permite libertad (libertad limitada, puesta en
suspenso, por las constricciones de la lengua y por las del relato o por las
construcciones figuráticas del poema): esta libertad tiene, como toda liber-
tad, condiciones históricas. La lectura de la Novela Realista (N.R.), ponga-
mos por caso, se rige por las leyes de una serie determinística que rige la
construcción del relato realista. Más allá de las actualizaciones o de las len-
guas (todo texto es lacunario, por defmición), el verosímil realista constru-
ye una serie de entidades (funciones, constantes, variables) que integran una
suma (infmita), pero que convergen unitariamente en la totalidad fmita del
texto. La pretensión del verosímil realista es contarlo todo (Balzac) y por en-
de presppone una lectura de todo y que todo puede ser leído.
Podríamos notarlo así:
f 'f (S1, S2, S3, $4, Sn ... )
donde es suma, es la función S (Sujeto de la lectura) y si k es la varia-
ble k = 1, el subconjunto de la lectura reúne las variables como fmitas en el
espacio de la lectura y como infmitas en el espacio imaginario (cada N.R.
vale por otra N.R. y cada N.R. Yale por el mundo).
f (Sk1, Sk2, Sk3, Sk4, Skn ... ) t (suma)
La memoria de lectura opera como una sumatoria convergente.
Hacia \lila lecturología 91
El Texto Moderno (T.M.) suma una serie probabilística (divergente u os-
cilante, depende del grado de alternancia o discontinuidad) que obliga a una
lectura divergente o suspensa (suspensión del sentido). La serie probabilísti-
cz u aleatoria funciona no sobre. una entidad (funciones y valores) sino so-
bre un grupo binomial (G.B.) excluyente que contiene simultáneamente un
registro tabular (por lo menos dos) y un grado de incertidumbre sobre la ver:
dad que ejecuta el texto (no finición estructural-obra abierta), exclusión del
régimen V/F (verdad/falsedad) del texto e inclusión de nuevas variables que
amplían el espacio textual (texto paragramático según Kristeva). Ruptura,
en suma, del principio de identidad, impidiendo una sumatoria final. No hay
un todo del texto, no hay por lo tanto una lectura total.
t (St, Sz, S3, S4, Sn ... )
y si k es variable divergente (dos variables excluyentes, pero simultánea-
mente presentes), tenemos
~ (Sk xl y2, Sk xl y3, Sk xl y4, Sk xl yS, Sk xl yn ••. ) f
siendo x, y las divergentes que forman el grupo binomial (G.B,)
4. Que el lector no sepa todo, que el lector no pueda cerrar la acción, que
no pueda concluir el circuito de los significantes, que no pueda clausurar. el
texto, pues el texto no se clausura, es una manera de mostrar la imposibili-
dad textual de narrarlo todo. Por supuesto que el T.M., como forma genéri-
ca, es mucho más potente y muestra muchos otros elementos e inclusive per-
mite la coexistencia de órdenes de lectura diferentes. Allí radica su riqueza
y es allí donde se puede leer una problemática de la CUltura. En un sentido
formal y extendiendo las categorías bajtinianas sobre enunciados ideológi·
cos (discursos) en la novela, podríamos proponer un modelo general de la
connotación:
~ ~ g
0= C3
. . . . .   . ~ C 4
Cn
= S(ujéto de la lectura)
sujeto ideológico
Donde 0 = texto virtual -no significante- potencial de lettura.
92 Discurso
C1, Cn ... = connotadores, por definición infinitos.
o= jerarquía fluctuante de los coonotadores.
S= sujeto de la lectura (producto de la lectura) que redistribuye (escri-
be) los connotadores de lectura (gramas lecturales en Kristeva).
5. Cada lectura es siempre una nueva organización de los connotae1 .:
teóricamente fluctuantes, un cierre ideológico del texto: una clausura del
sentido, pero cada lectura se define dentro de la serie por sus efectos. Dis-
tinguimos, pues, las lecturas de la lectura como efecto que al redistribuir las
categorías del texto lo genera, lo textualiza. El texto (fuera de la empiria) se
extiende en el tiempo de la lectura. Las lecturas como formaciones ideológi-
cas pueden ser consideradas como
lecturas monoculares
lecturas binoculares
lecturas plurioculares
que se orientan y orientan los te>..tos según lógicas distintas (la lógica para-
gramática). Que la lectura que evocamos se funda sobre un imaginario, so-
portada sobre la mirada, nos lleva a preguntarnos por ese Sujeto producido
por la encrucijada de ambas. Sujeto ideológico, sin duda, pero también su-
jeto del deseo (el de la pulsión escópica lacaniana), que nos interroga no tan-
to sobre lo que se lee sino, sobre todo, sobre lo que se quiere leer. Pero es-
to es harina de otro costal, ¿o no?
NOTAS
l. Estamos trabajando en una propuesta apuntada hace algunos años: el
Otro Textual. El régimen de lo textual como Otro Simbólico en la determi-
nación de las articulaciones del texto y en la relación -altamente compleja
de filiación textual como lectura de los ancestros - con los Otros Textos: ge-
nealogías, linajes, estirpes. La relación de los Ancestros Textuales con sus
descendientes se da en una doble relación de determinación intrate>..tual
(Kristeva, Genette, etcétera), lo que el texto recuerda de otros textos: reme-
moración, y en la determinación de la no-relación, aqyello que el texto olvi·
da, la deslectura. ·
2. La serie de los textos autobiográficos ya planteada (San Agustín, Rous-
seau, etc.) y la serie autobiográfica ficticia responden a la misma operación
de ficcionalización: la especularización de un yo potente y engrandecido que
va desde el registro puramente narcisista y autoerótico hasta la apoteosis de
Hacia una lecturología 93
"otra parte, de las confesiones hasta las memorias, pasando por el diario ínti-
mo, lo que se juega es la escritura de una voz -de una elocutio- y la escri-
tura de una oreja: una orto-fonía por una orto-grafía.
3. La ficción y lo ficcional son el registro de toda letra, la letra hist(}rica,
sociológica, antropológica, psicoanalítica. La letra es la hipótesis de máxi-
ma ficción del discurso de la cultura occidental y como tal opera como el si-
mulacro de todo otro discurso. Lo ficcionante es aquel Imaginario que eva-
cua lo Real y lo enfrenta; muestra simultáneamente la   de lo
Simbólico por lo Real y el retorno de lo Real absolutizado.
4. Toda resolución textual posee un registro utópico, el texto del futuro,
futurible, la literatura por-venir, lo inenarrable. Pero las lecturas que la es-
critura realiza de ese texto imposible son múltiples: señalemos por lo menos
dos: o la escritura hace como que el texto utópico M existe y se pretende es-
crita en presente absoluto (aquí y con el mismo gesto se reniega ( d)el futu-
ro y se deniega el pasado: escribir sin ancestros ni descendientes (sueño fa-
tuo de partogénesis), escribir lo inescribible, o la escritura fmge que el tex-
to futuro no existe como tal y lo carga a la cuenta del pasado: mi futuro es
un pasado, dice, estirpe filicida que se aliena en el deseo de los padres tt::x-
tuales: la Copia absoluta, escribir lo ya definitivamente escrito.
5. Esta interiorización de la Voz en el discurso no debe ser leída según la
hipótesis dcrridiana de la escritura fonético-alfabética como presencia in-
terna al discurso logocéntrico occidental (De la gramatología). La conjetu-
ra lacaniana de la Voz reaparecida como letra haciendo función de escrito
en el discurso es la que aquí adoptamos.
NOTAS SOBRE LA IDEOLOGÍA NACIONAL EN EL
DISCURSO LITERARIO DE 1930 A 1960 EN AMÉRICA
LATINA
Samuel Arriarán
Un problema importante y de permanente actualidad es la identidad nacio-
nal en el discurso de la literatura latinoamericana. Esto se advierte en el últi-
mo congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana,
realizado en San Ildefonso, en la Ciudad de México, del22 al 26 de agosto
de 1988, cuyo tema central fue precisamente la unidad y diversidad de
nuestra literatura. _
iA qué se debe que el tema de lo nacional en nuestra literatura sea el
principal punto de discusión actual? ¿Hasta qué punto tiene razón Octavio
Paz cuando afirma que la frontera de la literatura pasada y moderna está tra-
zada por la-crítica? ¿se pueden sostener todavía posiciones críticas que re-
chacen todo análisis lingüístico, sociológico, semiótico o psicoanalítico de la
literatura en América Latina?
Si aceptamos proposiciones tan diversas de autores como Claude Duchet
o Yuri Lotman, las relaciones entre el discurso literario y el discurso social
resultan· consustanciales hasta el último detalle. Todo es ideológico, incluso
las metáforas poéticas. No habría, pues, razón alguna para defender ideas
sobre la "inefabilidad" de la literatura. Por el contrario, harían falta estudios
rigurosos, guiados por métodos descriptivos que, además de buscar proble-
mas de sintaxis combinatoria, modos de narrar, tiempos del relato, modos
de enunciación, etcétera, también buscaran problemas   particu-
larmente de carácter ideológico. ·
Desde nuestro punto de vista, el discurso literario de 1930 a 1960 en
Latina nos brinda la posibilidad de un rico análisis sociocrítico cen ·
trado en el problema de la ideología nacional, esto es, en el espacio privile-
giado donde se realiza el cruce de lo discursivo a _lo. no discursivo, de lo
real a lo ficticio, de la estructura social objetiva a la estructura del discurso
literario. Se trataríá, entonces, de estudiar nuestra literatUra en cuanto ésta
produce su propio discurso específico. No se trataría de una producción o
94
Notas sobre la ideología nacioaal 95
reproducción al estilo de un texto histórico, sino más bien de una reconstrnc-
ción (ideograma, según Claude Duchet, ideosema, según Edmond Cross}
que dé cuenta de la socialidad propia del literario. Dentro de esta so-
cialidad se trataría de hallar la ideología nacional, tal como se presenta en
los poetas y novelistas como César Vallejo, Nicolás Guillén, Ciro Alegría,
José María Arguedas, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Carlos Fuen-
tes, y muchos otros autores de aquellos años.
Antes de entrar propiamente a este análisis, debemos aclarar que no tra-
tamos de buscar supuestas "esencias" de lo nacional tal como aparece en las
diversas versiones sobre la "nacionalidad". Al revisar la producción en-
sayística durante el periodo de 1930 a 1960 encontramos que dicha produc-
. ción de carácter ftlosófico aparece rezagada epistemológicamente en rela-
ción a la producción literaria. En efecto, el discurso literario de aquellos años
resulta superior en cuanto ha podido captar mejor los problemas sociales de
aquella época. El rezago del ensayismo ftlosófico (y de las ciencias sociales)
se explicaria por el hecho de que ya desde ftnes del siglo XIX, dichos ensa-
yos no florecieron debido a la censura y a la falta misma de revoluciones so-
ciales. Las clases dominantes, a su vez, conscientes de su falta de legitimidad
histórica, acogieron con beneplácito las teorías sobre el ''ser nacional", m,is-
mas que les sirvieron para aftanzar ideológicamente su naCionalismo
oligárquico. En este sentido compartimos plenamente la hipótesis de
Pérus cuando señala que:
"En más de un caso, la amplitud y el vigor de las coaiiciones antioligár-
quicas y antimperialistas llevaron a las mismas oligarquías a elaborar sus pro-
pías versiones de la 'nacionalidad'. Los numerosos ensayos qué aparecieron
entonces. sobre el 'ser' argentino, mexicano o fueron de he-
cho los encargados de derivar hacia la metafísica lo que la narrativa plantea-
ba generalmente en forma de análisis concreto."
1
·
Así, pues, el estudio del discurso literario de aquellos años puede een-
trarse sobre e1 análisis de la ideología nacional, entendida ésta no como la
"esencia" metafísica que se plantea, sino bien en función de análisis críti-
cos sobre el subdesarrollo y la dependencia. De acuerdo a este método de
análisis, la literatura puede ser entendida no sólo por su condicionami-ento
social, sino también por la forma misma que se estructura internamente el
discurso literario. Esto significa que se pueden reconstruir los modos con-
cretos en que lo imaginario social (conjunto de códigos culturales de una so-
ciedad determinada) se·incorpora a la obra.
2
Este paso del discurso social
al discurso propiamente literario (del ca-texto al texto, según C. Ducbet) no
96 Discurso
puede ser entendido únicamente con;w la asimilación por parte del autor de
una "conciencia falsa".
Un autor como Carlos Fuentes puede ciertamente reproducir en La re-
gión más transparente las concepciones de Octavio Paz en su Laberinto de la
soledad, mismas que a su vez reproducen las versiones de la ideología domi-
nante sobre el "ser nacional". Pero no se puede reducir a Fuentes a esa ver-
sión dominante de lo nacional ya que en su obra también se encuentra una
búsqueda de la identidad nacional desde el punto de vista de las clases sub-
alternas. En este sentido, tiene razón Philj.ppe Hamon, cuando señala la ne-
cesidad de diferenciar la ideología del autor, respecto a la ideología del tex-
to. Según Hamon, la ideología que surge en la obra literaria puede estar en
(;Ontradicción con el proyecto ideológico del autor.
3
De acuerdo a nuestro propio análisis sobre La región más transparente,
encontramos que, efectivamente, en dicha obra existe una ideología que con-
tradice la ideología del autor.y que podría graficarse de la siguiente manera:
Modernidad Tiranfa porfiriana
Progreso o 4 .._
Riqueza 1
Democracia
1
1
1
1
1
1
1
1
1
l
1
Atraso
._: __________ .J Subdesarrollo
Miseria
De acuerdo a esta ideología del texto que escapa al control del autor, la
democracia estaría en una relación de contradicción con la tiranía encarna-
da por Porfirio Díaz, lo cual justificaría la visión dé la historia de la Revolu-
ción de 1910 como una lucha antioligárquica tal como lo plantean primero
los magonistas, zapatistas y otros grupos que pugnaban por un proyecto na-
áonal popular y que luego resurgió con el cardenismo. La democracia es-
Notas sobre la ideología nacional 97
taría en relación de implicacióh con respecto a la modernidad y el progreso,
los cuales, a su vez, estarían en !'elación de contradicción con el pasado pre-
revolucionario que simbolizaría el atrasO y la miseria.
Así, pues, tal comb se plantea en Lá región más transparente, habría otras
elaboraciones ideológicas, además ck la del autor. Entre otras elaboracio-
nes habría que mencionar por lo menos ·otras dos: la que se haUa fuera del
teX[o (que existía en el imaginario social de la época y que Fuentes ha tema-
tizado) y la ideología nacional otigárqvica.
La ideología de fuera de/texto
Mito(lo  
1
1
(después de la
1 1 Revolución
1 1 de 1910)
1 :
1 ·,
1 1
1 1
1 1
Atraso 1 . .
(el pasado anterior o ./ ""'- • 1
a la Revolución 1 fiC 1 (mdustna
de 1910) -----------------;,)capitalista)
La ideología oligárquica
La Revolución 1(----
0
--- - :- ---
("orgía de bandidos") l r porfiriana (la vida
1 en las haciendas)
1 1
1 1
1 1
1 1
1 1
1 1
1
1
"Indecencia" (lo : / """- : "Paz y progreso"
indígena) (los 1 V 1 (gobierno de
nuevos ricos) -- - --- - - - - - --)1 Porfirio Dlaz)
9b Discurso
Si tomamos en cuenta algunas indicaciones de Benveniste sobre la lógica
del acto de enunciación, además de otras sugerencias de Edmond Cross so-
bre la estructuración textual a base del juego entre el "yo-tú" y "yo-él" en la
novela picaresca, podemos extender el análisis sobre el problema de la iden-
tidad no ya entre individuos sino entre clases. En efecto, al igual que en el
juego del "yo" con "él'' hay una pérdida de la identidad puesto que "él" es
no persona, mientras que en el juego "yo-tú" habría recuperación de esa
identidad, también entre las clases sociales podrfan darse relaciones parecí-
das. Esto se comprueba en la novela de Fuentes que estamos analizando. En
el otro cuadrado semiótico (la ideología de fuera del texto) se descubre una
contradicción fundamental entre el mito y la historia, es decir, entre la cla-
se indígena y la nueva burguesía posrevoluci6naria. En tanto ideología de re-
ferencia corresponde al discurso social de los años 40s, cuando se veía al ele-
mento indígena como el pasado mítico que debía ser superado a través de
una política de industrialización nacional. En este sentido, la historia, como
sintagma, está del lado del progreso, mientras que lo indígena está del lado
del atraso. Esta representación de la historia y del mito existía en el ambien-
te de aquella época y correspondía a la ideología de la Revolución Mexica-
na. Esta ideología de fuera del texto es la que Fuentes ha recogido y temati-
zada en su novela.
4
En el siguiente cuadrado semiótico (la ideología nacional oligárquica) la
ideología esbozada es también de referencia y corresponde a la manera par-
ticular en que la vieja clase de hacendados se representaba su derrota en la
Revolución de 1910. Para esa clase vencida, los "bandidos" (nuevos ricos co-
mo Federico Robles y Norma) se sitúan del lado de los indígenas, ya que
eran par.te de lo indecente; lo bárbaro, lo inculto, que aunque tuvieran m u-
cho dinero, jamás alcanzarían la nobleza aristocrática de los hacendados.
Para esta oligarquía en decadencia, los nuevos burgueses que surgieron de
la Revolución de 1910 constituyen el "él", es decir, la no persona. A su vez,
para los nuevos ricos, la no persona viene a ser lo indígena. De ahí su oposi-
ción a reconocer el pasado mítico como base fundamental de su proyecto
nacional. En esta contraposición entre un "yo" (los nuevos ricos) y un "él"
(lo indígena= México profundo) hay tal incomunicación que parece aniqui-
lar la identidad del sujeto enunciador. No es casual que La región más trans·
parente termine en un caos. Ello se explica por la ausencia de una  
"yo-tú" capaz de buscar una reivindicación nacional ya sea como relación de
"yo-no yo".
Del análisis deLi'l región más transparente se pueden derivar muchos otrOS
problemas importantes. Entre esos problemas Ciibe mencionar la socialidad
Notas sobre la ideología nacional 99
de la novela, los sociogramas, la estructura tópica, las identidades, etcétera.
No podemos extendernos aquí en dichos temas. Solamente podemos indi-
car la presencia en esta obra de diversas clases con sus respectivas ideologías.
Se puede destacar también la ideología del autor, que puede estar indt1so en
contradicción con la ideología del texto. Tal como vimos en el primer cuadra-
do semiótico, La región ... presenta la búsqueda de una identidad nacional
"verdadera". Esto contradice la visión fatalista de Fuentes sobre la historia
de México.
De todas maneras, lo importante de todo esto reside en tratar de estudiar
las diversas tradiciones narrativas en América Latina, a partir de las relacio-
nes entre el texto y la ideología. Se puede destacar para fmes de análisis la
ideología del autor, que puede ptesentar' una actitud ante lo nacional en
términos positivos o negativos. Dicha actitud resulta siempre valorativa y se
presenta en forma de "programa"
5
. En virtud a ello, se pueden encontrar
dos tradiciones narrativas en América Latina según su valoración sobre lo
nacional. Estas tradiciones corresponden a la narrativa rural y urbana. Tal
como veremos más adelante, en ambas tradiciones na"ativas existe una
búsqueda de la identidad nacional verdadera, aunque para ello tuvieran que
valorar lo nacional de manera opuesta. Resulta paradójico también que di-
cha valoración positiva o negativa dé lugar a una confrontación abierta en-
tre dos universos ideológicos contrariós y que serían a grosso modo los si-
guientes:
PROGRAMA EVALUATIVO 1
(Tradición narrativa de la novela
rural: Ciro Alegría, Jorge Icaza,
J.M. Arguedas ... )
Visión no fatalista de lo nacional '
l . Creencia en la utopía revolucionaria
2. Creencia en la voluntad y
determinación humana
PROGRAMA EVALUATIVO 2
(Tradición narrativa de la novela
urbana: Juan Carlos Onetti,
Fuentes ... )
Visión fatalista de lo nacional
l. Escepticismo visceral ante
revolucionarias
.l.. Creencia en la predetemunacton
)bjetiva
100 Discurso
Veamos algunas valoraciones de estos autores:
En 1941, Ciro Alegría publica su novela titulada El mundo es ancho y aje-
no. En ella describe la vida de una comunidad indígena que es expulsada de
sus tierras mediante maniobras jurídicas, amparadas por el gobierno perua-
no. Jacinto Prieto, un personaje de esta novela, exclama desesperado:
"Todo es mentira, no hay justicia, no hay patria. Todos son unos Jogreros,
unos serviles a las órdenes de los poderosos ... Ellos son más ladrones y cri-
minales, ya que roban desde sus puestos, amparados por la juerza. Ese sub-
prefecto, ese juez, explotadores del pueblo, y la patria los consiente y los apo-
ya. lQué es la patria? lPa' qué sirve? Es lo que quiero que me expli-
que ... Hay que ensartar a los ladrones y logreros. Entonces habrá patria ...
Yo haré mi parte. Yo mataré a unos cuantos bandidos solapaos .. . "(El mun-
do es ancho y ajeno)
Otros novelistas como Jorge !caza, Carlos Luis Fallas, Jesús Lara, José
María Arguedas construirán narraciones de este tipo, en las que los pode-
rosos aparecen sometiendo y explotando a las comunidades indígenas. Esto
que ha sido criticado como visión maniquefsta del mundo responde a la fun-
ción testimonial de la narrativa latinoamericana. Tal como señala justamen-
te Augusto Roa Bastos: .
"La literatura latinoamericana y, en especial, los géneros narrativos na-
cieron, así, comprometidos fundamentalmente con la realidad social; no
podíañ menos que asumir esta actitud como instrumento de captación y, en
una segunda instancia, de transformación de esa realidad social; una misión
de denuncia de sus problemas y males mayores; una función testimonial de
las aspiraciones colectivas, de las cqnmociones sociales, de sus derrótas, de
sus triunfos, y de sos carencias. No podemos olvidar que en su primer mo-
mento, bajo el signo de este compromiso inaugural, la narrativa latinoame-
ricana tuvo que desempeñar el papel de la épica, inherente a las condicio-
nes históricas de una sociedad en formación, y que este papel lo cumplió en
mayor o menor grado - como ya se ha dicho- , en desmedro a veces de su
calidad estética, ocupados como estaban sus cultores en la descripción ex·
terior del contorno y del contexto social, urgidos por la necesidad de una to-
ma de conciencia de tales condiciones vida que mantenían -y aún man-
tienen- a la mayoría de nuestros países en niveles infrahumanos de miseria
y atraso en lo material y en lo cultural."
6
Hay que destacar que, en un momento posterior, esta corriente literaria
fue enriquecida por grandes aportes artísticos sin perder de vista su función
de análisis de la realidad social y su papel eñ la formación de la conciencia
nacional. Esto es lo que se advierte en la obra posterior de José María Ar<
Notas sobre la ideología nacional 101
guedas, Juan Rulfo, Joáo Guimaráes Rosa y Gabriel García Márquez, quie-
nes siguen, desde nuevas perspectivas, personajes y asuntos rurales.
En su novela Los ríos profundos, Arguedas llegó a una concepción de las
palabras ya no como simple escritura o registro de ideas y emociones, sino
también como musicalidad ligada a una recuperación mítica de ciertas raíces
populares:
"Acompañando en voz baja la melodía de las canciones, me acordaba de
los campos y las piedras, de las plazas y los templos, de los pequeños ríos
donde fui feliz." ... "En los grandes lagos, especialmente en los que tienen
islas y bosques de totora, hay campanas que tocan a la medianoche. A su
canto triste salen del agua toros de fuego o de oro, arrastrando cadenas; su-
ben a las cumbres y mugen en la helada, porque en el Perú los lagos están en
la altura." (Los ríos profundos)
, ambién en la obra de Juan Rulfo aparece una valoración positiva del te-
rruño:
"Hay allí, pasando el puerto de los Colimotes, la vista muy hermosa de
una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Uanuras verdes. Ver
subir y bajar el horizonte con el viento que mueve las espigas, el rizar de la
ta, cie con una lluvia de triples rizos. El color de la tierra, el color de la alfal-
fa y del pan. Un pueblo que huele a miel derramada .. . Mi pueblo levanta-
do sobre la llanura, lleno de árboles y de hojas, como una alcancía donde he-
mos guardado nuestros recuerdos. Sentirás que allí uno q uisiera vivir para
la eternidad. El amanecer, la mañana, el mediodía y la noche, siempre los
mismos, pero con la diferencia del aire. Allí, donde el aire cambia el color
de las cosas, donde se ventila la vida como· si fuera un murmullo, como si fue-
ra un puro murmullo de la vida ... " (Pedro Páramo)
Tal como ha señalado Ángel Rama, el referente de Rulfo no está aparta
do de su contexto nacional. Su obra se sitúa en los últimos años de la Revo-
lución (1926-1928) cuando se desarrolla la violencia cristera, el despobla-
miento del campo en la zona centro-oeste de México, cuyo núcleo es Jalis-
co, y que reúne parcjalmcnte los estados de Michoacán, Colima, Guanajua-
to, Aguascalientes, Zacatecas y Nayarit? Esta zona se caracterizó por su ais-
lamiento prolongado, su extrema pobreza y la sobrevivencia de grandes ha-
ciencias. De ahí que Pedro Páramo nos muestre cómo el periodo revolucio-
nario pasó sin dañar a esos grandes latifundios.
8
Felipe Garrido ha advertido lúcidamente que lo que busca Juan Precia-
do, en su retorno a Coma la, es "recuperar sus raíces, la tierra bajo las plan-
las. La tierra que es el polvo, las espigas, los olores, el aire, la gente". Habría
entonces una especie de pérdida del terruño aun cuando éste es encarnado
102 Discurso
por Susana San Juan, a quien Pedro Páramo sufre como una región inalcan-
zable ("eso separa la unidad perdida, paraíso del otro, es el más dolo-
· roso exilio").
Con Guimaráes Rosa y García Márquez, el referente tampoco está apar-
. tado de su contexto nacional. Ambos autores exploran caminos inéditos más
allá de los regionalismos y folclorismos trillados. En ellos hallamos fábulas
y mitos que traducen la mentalidad rural contraposiciones entre
lo real y lo irreal, el bien y el mal, di'oses y demonios, ángeles y bestias. A m-
bos escritores nos hacen comprender así que el discurso mítico, como cual-
quier otro discurso humano, necesita una materia previa que le sirva de so-
porte. Tanto Guimaráes Rosa como García Márquez enc.uentran este mate-
rial en el medio natural y humano en cuyo seno apareció. De este modo sus
narraciones tienden a resolver en el plano simbólico las antinomias vividas
como difícilmente conciliables en la vida real.
Resumiendo hasta aquí, podríamos decir que a partir de 1930, aproxima-
damente, se desarrolla en América Latina una corriente literaria caracteri-
zada por una valoración positiva de los rasgos locales o nacionales cuyos ob-
jetivos, consciente o inconscientemente, fueron:
l. Recuperar nuestras raíces populares.
2. Reinterpretar la historia y las tradiciones regionales.
3. Crear un repertorio simbólico no folclorista.
Ahora bien, lde qué manera sobrevive esa valoración de lo nacional en
el desarrollo posterior de la literatura latinoamericana? lPodría decirse que
la novela· urbana rompe esa visión nacional?
Ciertamente, las nuevas experiencias de nuestros países han cambiado la
problemática anterior de la novela. Es evidente que numerosos escritores
han pasado de la expresión de fenómenos locales a la expresión de temas
universales. Otros autores, paradójicamente, han· unido los temas universa-
les con la observación profunda de la realidad local. De este modo han po-
dido unir creativamente la realidad local con la experiencia humana univer-
sal. Éste .es el caso de Juan Carlos Onetti, Maño Benedetti, Julio Cortázar,
  Prada Oropeza y muchos otros que entienden el universalismo como
vivencia· urbana local. Para estos autores, el predominio de la vida urbana
sobre la vida rural ha generado una nueva preocupación que subraya la
modenia ansiedad de los latinoamericanos por compartir el dilema de todos
y no sentirse separados por falsas fronteras geográficas y p(>líticas. Fronteras
que, como se sabe, responden más a los intereses de las clases dominantes
Notas sobre la nacional 103
que a los intereses populares. Así, pues, nos encontramos con una nueva
corriente literaria que plantea, de modo más angustioso que antes, el
problema de la búsqueda y recuperación de la identidad nacional verdadera.
Hay que advertir, por otra parte, que esta nueva corriente denominada
Aove/a urbana se diferencia de la novela mral en que ya no se plantean sol u-
iones revolucionarias.
El caso inás interesante de la novela urbana nos parece ser el de Juan Car-
los Onetti por ser el primero que escribió e instó a escribir una literatura
.corde con la nueva realidad de los países sudamericanos. A él nos referire-
mos a continuación a fin de ejemplificar una tradición narrativa que ha abar-
cado la totalidad de América Latina en la últimas décadas. En todos ellos,
lm temas universales de la soledad y la incomunicación humana se han ve-
nido presentando también como temas del subdesarrollo y del capitalismo
dependiente. De esta nueva realidad han surgido nuevos personajes que ex-
presan al ciudadano de la clase media, vulgar, anónimo, que sueña lo que no
se atreve a vivir por causas que él mismo desconoce. Onetti lo describe de
la siguiente manera: "Soy este hombre pequeño y tímido, incambiable, casa-
do c.)n la única mujer que o me sedujo a mí, incapaz, no ya de ser
.otro, sino de la misma voluntad de ser otro. El hombrecito que disgusta en
la medida en que impone la lástima, hombrecito confundido en la legión de
hombrecitos a los que fue prometido el reino de los cielos." (La vida breve)
Parecería que este personaje "pequeño", "hombrecito que disgusta y con·
funde", surge muchas veces en las novelas y cuentos de Onetti. Veámoslo un
día cualquiera de su vida enajenada:
"Salí a la calle. Estuve en la agencia, recorrí hasta el anochecer las ofici-
nas de los clientes, sentí abandonarme a repentinas miserias mientras esti-
raba las piernas en las salas de espera para contemplar mis zapatos nuevos,
mientras me levantaba casi de un salto, cuando la voz indiferente de.uria em-
pleada muy pintada me hacía pasar; mientras conversaba, en
un cretino jovial, somiente, locuaz, cortés y animoso, con cretinos gordos y
flacos, viejos y jóvenes, deliberadamente jóvenes, todos bien vestidos y segu-
ros, temporariamente hospitalarios, con comunes preocupacipnes patrióti-
cas y sociales, que eran compensados detrás de las puertas con cristales opa-
cos, a un fondo de carteles que hablaban de días de pago, sentenCias
sobre el tiempo y la actividad, almanaques, fotos de paisajes y litografías a
colores:· (La vida breve)
Esta descripción de una oficina anónima, en una ciudad cualquiera que
podría Buenos Aires o Montevideo, expresa: bien el modo de vida des-
humanizado de una cultura nacional en decadencia. En este sentido, lo na-
104 Discurso
cional bien podría defmirse como el drama de la clase media, de sus pe-
queñas ambiciones y frustraciones. Tal como ha señalado Cristina Peri Ro-
si, "lo nacional, para Onetti, es lo neurótico, lo frustrado por morbosidad,
por falta de esperanzas o por escepticismo visceral".
10
Esto se ve claramente en el siguiente pasaje:
"Lo único importante de la quincena fue mi cuerpo echado en la cama,
mi cara hundida levantada contra la pared, con la boca abierta para que no
me molestara el ruido de la respiración, el dolor en la espalda y la cintura,
mi oreja recogiendo las voces y los ruidos del otro lado de la pared ... Tira-
do .en la cama, mientras vigilaba los movimientos de la tristeza y la alegría,
mientras movía la lengua en la boca llena de pastillas de menta, admití que
el mutuo amor estaba, sin duda, tibio y encanallado, tan lejos de su origen
como un emigrante al que hubiera arrastrado furiosamente la vida." (La vi-
da breve)
En su novela corta titulada El pozo (publicada en 1939), Onetti escribe el
siguiente diálogo que nos aclara el.sentido de frustración de su personaje:
"El pobre hombre inventa el apocalipsis, me habla del día de la revolu-
ción (tiene una frase genial: ' cada día falta   Digo otra vez que me da
mucha lástima. Pero el animal sabe tambiét:t defenderse. Sabe llenarse la bo-
ca con una palabra y la hace sonar como si escupiera.
"iFraa ... casado!
"Me aparté en seguida y volví a estar solo. Es por eso que Lázaro me di-
ce fracasado. Puede ser que tenga razón; se me importa un corno, por o¡ra
parte. Fuera de todo esto, que no para nada, ¿qué se puede hacer en
este país? Nada, ni dejarse engañru: ... Detrás de nosotros no hay nada. Un
gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos." (El pozo)
Tal como ha señalado Carlos en aquello.<; años de 1930, mien-
tras una gran parte de la literatura se ceñía al desierto, la pampa, la selva,
con personajes engullidos por la geografía, Onetti planteaba lo inexorable
no como una meta sino como un punto de partida, ya que "la nueva civiliza-
ción crea seres destruidQs no por l'ls Causas Mayores, sino por el tedio, e]·
envejecimiento, la miseria económica, el fastidio de ser como los demás, la
mezquindad de la rutina".
11
Habría que añadir dos cosas a este respecto. Por una parte, el concepto
equivalente de las cosas que Onetti átribuye a sus personajes: "Era el t.em-
po de la espera, la infecundidad y el desconcierto; todo estaba confundido,
todo tenía el mismo valor, idénticas pwporciones, un significado equivalen-:
te, porque todo estaba desprovisto de importancia." (La vida breve)
Notas sobre la ideología nacional 105
Esta idea posmodernista de raíz está descrita también de la
siguiente manera: "Yo avanzaba buscando la armonía perdida, evocaba el
antiguo ordenamiento, la atmósfera del eterno presente, donde era posible
nbandonarse, olvidar las viejas leyes, no envejecer." (La vida breve)
Este conservadurismo radical explicaría también la personalidad irreal -
de este especie de "soñador de paraísos perdidos". La búsqueda del antiguo
ordenamiento y el miedo a envejecer son dos polos que Onetti no se cansó
nunca de señalar. Según él, envejecer es transigir con el mundo, acomodar-
se a sus reglas, dejarse aletargar por los llamados mediocres de la vida coti-
diana. En este sentido, el fracaso del proyecto humano lo reitera en la ima-
gen de la edad juvenil como un paraíso perdido frente a la edad adulta equi-
valente a un reino de corrupción:
"A esta edad es cuando la vida empieza a ser una sonrisa torcida. Y se
descubre que la vida está hecha, desde años atrás, de malentendidos." (La
vida breve)
"Fue entonces que aceptó sin reparos la convicción de estar muerto." (El
astillero)
"Esta ciudad me enferma. Viven como si fueran eternos." (Para una tum-
ba sin nombre)
"Vivir aquí es como si el tiempo no pasara, como si pasara sin poder to-
carme, como si me tocara sin cambiarme." (Los adioses)
Vemos, pues, cómo, poco a poco, la realidad social descrita por Onetti se
parece mucho a la realidad deshumanizada descrita por Kafka, sólo que con
la diferencia que implica vivir en las sociedades subdesarrolladas del Tercer
Mundo. Sin embargo, en ambos autores aparece la misma caracterización
del capitalismo como una má'\uina inexorable que funciona independiente-
mente de la voluntad humana.
2
En Onetti, lo absurdo y lo irracional está expresado en la intensidad de
los sentimientos (como el miedo), que no encajan de ninguna manera con
una explicación lógica del funcionamiento social:
"No se trataba de un miedo que él hubiera podido explicar de buena fe ...
Llega el momento en que algo sin importancia, sin sentido, nos obliga a des-
pertar, y mirar las cosas como son. Era el miedo de que el juego se había he-
cho independiente de él." (El astillero)
Al igual que en Kafka, también en Onetti, las relaciones capitalistas, ya
sea que estén establecidas en Europa o América Latina, no sólo ocasionan
el aislamiento del individuo, sino: además, la caída en una irrealidad que con-
vierte las relaciones humanas en relaciones cosificadas. Esta situación crea
inevitablemente un universo compuesto por hombres vivos que se ven obli-
106 Discurso
·gados a convivir con hombres muertos:
"Sospechó, de golpe, lo que todos llegan a comprender, más tarde o más
tempranQ: que era el único. hombre vivo en un mundo ocupado por fantas-
mas, que la comunicación era imposible y ni siquiera deseable, que tanto da-
ba la lástima como el odio, que un tolerante hastío; una participación divi-
dida entre el respeto y la sensualidad era lo único que podía ser exigido y
convenía dar." (El astillero)
La idea de un Onetti, cantor de la soledad y apologista del existencialismo
sartreano, no sólo se ha hecho un lugar común con respecto a su obra, sino
también con otro gran escritor como José Revueltas, al cual nos referimos
ahora para este trabajo.
Esa idea que los relaciona con los fllósofos existencialistas proviene de
una desmesurada y forzada aproximación que no responde a la realidad. José
Revueltas, superando quizás a Onetti, no tanto por su obra literaria sino más
bien por el conjunto de sus ensayos políticos, ha sentido la necesidad de una
verdadera comunidad entre los hombres y ha denunciado el carácter inhu-
mano de esa comunidad enajenada como fue el Partido Comunista Mexica-
no (reflejo fiel del dogmatismo stalinista de todos los partidos comunistas
de América Latina en aquella época):
"Allá arriba, en el Comité Central, era imposible que comprendieran, no
por falta de honradez, sino porque simplemente no podían ver las cosas a
del complejo tejido de fórmulas en estaban envueltos; no podían
razonar sino dentro de la aritmética atroz que aplicaban a la vida." (Los días
te"enales) ·
"Descubrir hasta el fondo la verdad de Emilio Padilla (preso desde hacía
quién sabe cuántos años en la URSS), y más aún, pretender que las cosas se
rectificaran de acuerdo con esa verdad, era enfrentarse a una lucha amarga
·y descorazonadora en la que estaría más solo de lo que nadie estuvo antes
jamás." (Los e"ores)
Esta soledad que describe Revueltas cambia totalmente la problemática
de la identidad nacional en la novela latinoamericana, ya que sitúa el pro-
blema de las relaciones entre el individuo y la comunidad sobre una base
histórico-social y al mismo tiempo nos plantea una solución concreta. Re-
cordemos que la tradición narrativa iniciada por Oneui dejaba la solución
en el aire, y con el!o se cerraba el camino para encontrar las fuerzas socia-
les que. estaban llamadas a poner fin a la enajenación de nuestros pueblos.
Tanto es así que no ha visto en los oprimidos más que seres sufrien-
tes por el tedio, el envejecimiento, el fastidio de ser como los demás, y no
una fuerza social transformadora. De ahí su escepticismo visceral hacia la
Notas sobre la ideología nacional 107
revolución. José Revueltas, por el contrario, junto a una crítica profunda del
stalinismo deshumanizado, intentará unir, a través de su concepto propio de
- lo nacional, la verdadera comunidad y la verdadera individualidad.
NOTAS
1
1 Pérus, Historia y crítica literaria. El realismo social y la crisis de
la dominación oligárquica, Casa de las Américas, La Habana, 1982, p. 104.
Esta idea está también desarrollada por J acq u es Lenhart, "La estructura en-
sayística de la novela latinoamericana" y Tulio Halperin Donghi, "Nueva na-
rrativa y ciencias sociales", ambos en el volumen colectivo Más allá del boom,
Marcha, México, 1981.
2 Cf. Claude Duchet, Sociocritique, Nathan, París, 1979. También Edmond
Cross, Literatura, ideología y sociedad, Gredos, 1987.
3 Philippe Hamon, Text et ideologie, PUF, París, 1980.
4 Fue Philippe Hamon quien ha visto con más claridad la diferencia entre la
ideología de referencia y la ideología del autor. Además, este autor señala
la necesidad de diferenciar también la ideología del texto y la ideología glo-
bal. Cf. Texte et ideologie, PUF, París, 1980.
5 Cf. Philippe Hamon, op . .cit. Este autor señala que todó autor tiene su pro-
grama evaluativo, al igual que el texto. Estas evaluaciones positivas o nega-
tivas dependen de las percepciones de los personajes acerca de su5 formas
de saber, hacer, gozar, vivir, mirar.
6 Augusto Roa' Bastos,"Imagen y perspectivas de la·narrativa latinoameri-
cana actual", en la antología de Aurora M. Ocampo, La crítica de la novela
iberoamericana contemporánea, UNAM, México, 1984, p. 51.
7 Ángel Rama, Transcu/turaci6n narrativa en América Latina, Siglo XXI,
1982, p. 103.
8 Jorge Rufmelli, El lugar de Rttlfo, U Diversidad Veracruzana, 1980, Jalapa.
9. Felipe Garrido, "Exilio interior", Unomásuno, Sábado, 24 octubre de
1987, p. 4.
10 Cristina Peri Rosi, "Entrevista", Texto Crítico, Universidad  
número 9, Jalapa, p. 135.
11 Carlos Monsiváis, "Onetti. Los monstruos engendran los sueños de la
razón", en Texto Crítico, número 18-19, Universidad Veracruzana, Jalapa,
1980.
12 Cf. el ensayo de Adolfo Sánchez Vázquez "Un héroe kafkiano: José K.",
en su libro Las ideas estéticas de Marx, Era, México, 1982, pp. 135-151.
EL XXVII CONGRESO INTERNACIONAL DE
LITERATURA IBEROAMERICANA
Samuel Arriarán
'Del22 al 26 de agosto de 1988 se llevó a cabo el XXVII Congreso Interna-
cional de Literatura Iberoamericana en el Antiguo Colegio de San Ildefon-
so de la Ciudad de México. El tema más discutido fue la identidad naciona!
en nuestra literatura. Sobre éste y otros temas predominaron una vez más
los enfoques tradicionales de la crítica literaria en relación con los enfoques
lingüísticos, semióticos, políticos o psicoanalíticos. Después de una semana
agotadora que abarcó cerca de 300 ponencias de todo tipo, nos queda el re-
cuerdo de pocas comunicaciones verdaderamente importantes,
contactos personales y unos cuantos· nombres.
De aquella gran cantidad. de de diversas nacionalidades que
trataban de impresionarnos a través de breves intervenciones, nos queda el
recuerdo de Edmond Cross, cuya ponencia sobre la sociocrítica literaria nos
provocó un vivísimo interés por la claridad y originalidad de su enfoque. Su
aspecto juvenil y nada intelectual contrastaba con el ambiente solemne,
ecléctico y posmodernista de aquel Congreso.
No conocíamos hasta entonces a Edmond Cross ni a su obra. Después de
presentarnos de manera sintética sus principales hipótesis, surgieron en no-
sotros numerosas dudas y objeciones, algunas de las cuales alcanzamos a for-
mularle durante el debate correspondiente. Pero sólo al finalizar el acto y de
manera más informal y agradable, t11vimos ocasión de discutir con él en los
históricos pasillos dé San Ildefonso.
Desde el principio Edmond Cross nos produjo la más grata impresión.
Cuando nos empezó a platicar de sus investigaciones sobre la literatura ibe-
roamericana, ya teníamos en las manos un ejemplar de su libro Literatura,
ideología y sociedad, publicado recientemente por Gredos. En seguida nos
dimos cuenta de que aquella persona de aspecto no muy intelectual era un
pensador eminente que respondía con firmeza a nuestros cuestionamientos.
Pero digamos ya algo sobre él y sus principales ideas.
108
El XXVII Internacional 109
Edmond Cross trabaja en la Universidad Paul Valer;y, de Montpellier,
Francia. Por trabajar allí señala que sus investigaciones se desarrollaron in-
dependientemente de Claude Duchet. Aunque coincide con él en algunos
planteas, afirma que se diferencia por su especial interés en la literatura his-
panoamericana, "lo cual revela ya una diferencia ideológica". Para Cross, la
literatura hispanoamericana debe ser la base del análisis sociocrítico y no
mera ilustración de una teoría francesa.
Entre sus conceptos propios que ló diferencian del enfoque sociocrítico
de Claude Duchet señala el de genética textual, ideosema, microsemióticas
interlextuales, etcétera. De estos conceptos, Cross destaca el de ideosema,
porque resulta importante para explicar el funcionamiento de la ideología
al interior del texto literario. Este funcionamiento estaría· caracterizado
según él por la forma peculiar en que se pasa de lo discursivo a lo no discur-
sivo, de lo real a lo ficticio, de la estructura social objetiva a la estructura de '
representación arbitraria.
Según Cross, cada texto literario se relaciona indisolublemente con una
práctica social determinada. Por esta vinculación el texto siempre es ideológi-
co ya que está ligado con los aparatos del Estado. En el caso de Ellazari//o
de Tonnes, señala por ejemplo que allí se presentan dos formas de estructu-
ración textual. Una primera forma consiste en un juego entre un Yo y Él que
1
viene anunciado como epígrafe al principio de cada capítulo, Este juego es
de carácter confesional que revela una estructuración textual ligada a una
práctica social específica (la inquisición).
La segunda forma de estructuración textual ·consiste en un juego de
carácter epistolar entre un Yo y un Tú. Mientras que en la primera forma de
estructuración textual (yo-Él ) habría una aniquilación del sujeto enuncia-
dar con la siguiente pérdida de su identidád, en la segunda forma (Yo-Tú)
no habría tal destrucción sino más bien una reivindicación de la identidad
frente a esa práctica inquisitorial.
Sin lugar a dudas, este análisis de Cross resulta importante yo. que
esclarece el problema filosófico del sujetQ de enunciación. En este sentido
confluye con Benveniste cuando éste señala que en el acto enunciativo el
pronombre Él es No persona. En este sentido, Edmond Cross parece estar.
bien fundamentado cuando explica que en la relación Yo-Él no puede
más que una aniquilación o pérdida de la identidad del sujeto enunciador.
La reivindicación de tal identidad sólo podría darse en la relación Yo-Tú,
aunque, claro está, esta identidad no equivale a una fusión de tipo hegeliano
ni a una especie de pluralización de objetos idénticos fundidos en un
Nosotros mágico.
110 Discurso
Al centrar su enfoque sociocrítico en este problema vital, especialmente
para los países latinoamericanos, Edmond Cross se perfila como un pensa-
dor original que pronto ocupará un lugar insustituible en ·la bibliografía so-
bre el discurso literario. No creemos que entre Duchet y él existan muchas
incompatibilidades, sino, al contrario, pensamos que ambos pueden comple-
mentarse en una visión más amplia de la sociocrítica. A nuestros ojos, más
allá de las polémicas académicas sobre el monopolio del saber, ambos auto-
res púeden hacer igualinente aportes muy fecundos para el desarrollo de una
teoría del discurso literario en América Latina. Dentro de esta teoría, el te-
ma de la identidad nacional es ya un punto de análisis obligatorio. Hasta ah o-
ra este tema ha sido abordado sólo por la crítica literaria tradicionalista,
ecléctica e impresionista. Para superar este estancamiento reaccionario des-
de el punto de vista científico, es necesario abordar el tema de la identidad
sobre la base de categorías de análisis lingüísticas, semióticas, tal como nos
proponen Benveniste y Edmond Cross.
Para terminar esta reseña, es oportuno informar que Edmond Cross vol-
verá a México. Tras aceptar invitaciones de algunas universidades del país,
abrigamos la esperanza de discutir con él en el marco de un simposio orga-
nizado por nuestra revista y que llevará el nombre de Nuevos análisis sobre
te01ia del discurso literario.