La conformidad a Cristo

y la disconformidad al mundo
La conformidad a Cristo:
“...despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen
del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Colosenses 3.9–10).
La disconformidad al mundo:
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimien-
to, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12.2).
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Conformidad significa “estado de dos cosas parecidas o análogas. Semejanza.” Conformar significa
“convenir una persona con el dictamen de otra” (Pequeño Larousse Ilustrado). Así que nosotros, al
conformarnos a Cristo, convenimos con el dictamen de él, y llegamos a ser parecidos a él en nuestra actitud,
nuestro hablar y nuestros hechos. De esto habla Colosenses 3.9–10 al decir: “...despojado del viejo hombre
con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el
conocimiento pleno”.
En este artículo exploraremos por medio de las escrituras lo que significa conformarnos a la imagen de
Cristo.
Al desear conformarnos a Cristo nos encontramos en un dilema: todos hemos nacido con una naturale-
za contraria al dictamen de Cristo. Y al crecer, todos hemos mostrado nuestra conformidad a Satanás el
enemigo de Cristo y el príncipe del mundo. ¿Te suena raro? Lee, pues, Efesios 2.1–2: “Estabais muertos en
vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo,
conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”.
Así que, para efectuar una conformidad real a Cristo, nosotros tenemos que deshacer nuestra con-
formidad a Satanás y al mundo controlado por él. De esto habla Romanos 12.2: “No os conforméis a este
siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál
sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
¿En cuáles áreas de nuestras vidas, pues, demostramos nuestra conformidad a Cristo y nuestra discon-
formidad al mundo? A continuación te presento siete áreas de nuestras vidas que tienen que conformarse a
Cristo:
1. El corazón
En cuanto a David, Samuel dijo a Saúl: “Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón” (1
Samuel 13.14). Hoy día Jesús busca seguidores conforme a su corazón. Y ¿cómo es el corazón de Jesús? En
Mateo 11.29 él dice: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón”. Jesús es humilde de corazón. ¿Eres tú humilde de corazón?
Al verdaderamente conformarte con Cristo en el corazón entonces esta conformidad se manifestará en
tu vida diaria, en las áreas de tu vida que mencionaremos adelante.
2. El hablar
Jesús dijo que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12.34). Pues, resulta claro que
sólo los que tienen el corazón conformado a Cristo pueden conformarse a él en su manera de hablar.
Y ¿cómo habló Cristo?
Lucas 4.22 dice que todos “estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca”.
Colosenses 4.6 pone de relieve el hecho de que nuestras palabras deben ser iguales a las de Cristo, al decir:
“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada
uno”.
¿Será que tus palabras son así, o es que siempre estimulan contienda?
Jesús dijo: “Según me enseñó el Padre, así hablo” (Juan 8.28). ¿Hablas tú según te enseña Jesús, o
será que tu manera de hablar pone en evidencia un corazón sucio, egoísta y orgulloso?
3. La devoción
Jesús puso un ejemplo perfecto de devoción a su Padre al dedicarse por completo a hacer lo que su
Padre deseaba. Cristo dijo a sus discípulos, en Juan 4.34, que “mi comida es que haga la voluntad del que me
envió, y que acabe su obra”. ¿Qué quiso decir con eso? Que lo que lo preocupaba más que cualquier otra cosa
fue hacer lo que agradaba a su Padre. Esto lo preocupó más que ganar dinero, más que tener amigos, más
que casarse... aun más que comer. ¡Qué devoción!
Cristo requiere la misma devoción de nosotros.
4. La educación
Juan 7.15 nos dice que los judíos se maravillaban de Jesús porque él sabía letras “sin haber estudia-
do”. No creo que esto signifique que Jesús no había estudiado nada, sino que no había cursado los estudios
religiosos estimados por los judíos.
En la actualidad debemos conformarnos con el ejemplo de Jesús, quien puso como base de su educa-
ción la dedicación a la obra de su Padre. Tal como lo hizo Jesús, nosotros debemos estar siempre solícitos a
aprender, pero con el fin de buscar servir mejor a Dios.
Al considerar la educación que deben recibir nuestros hijos, recordemos que hay una gran diferencia
entre la sabiduría de Dios y la de los colegios seculares. “Lo insensato de Dios es más sabio que los
hombres” (1 Corintios 1.25). Francamente, los colegios y las universidades del mundo promueven la
conformidad al mundo en un sinnúmero de áreas relacionadas al humanismo y la evolución. No es realista
pensar que podemos enviar a nuestros hijos a tales instituciones y esperar que salgan dispuestos a conformarse
con Cristo. ¡No, señor! Incluso la mayoría de los seminarios supuestamente bíblicos se han conformado a las
filosofías del mundo.
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los
hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2.8).
5. Los anhelos
La conformidad a Cristo en lo que anhelamos requiere una transformación de la propia mente y abarca
todos los deseos y sueños que tenemos en cuanto al futuro de nuestra familia, nuestro lugar en la hermandad y
nuestro negocio. Al conformarnos a Cristo en nuestros anhelos y nuestras metas, adoptamos su sistema de
valores, no las filosofías del mundo. Aceptamos el lugar que él nos ha asignado en la familia y en la
hermandad, no el que desearíamos nosotros.
Y en cuanto a la conformidad a Cristo en lo relacionado a los sueños y las metas que tengamos acerca
del negocio, Cristo mismo resumió el asunto al decirnos: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o
qué beberemos, o qué vestiremos? (...) Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas” (Mateo 6.31–33).
He oído decir que el cristiano puede pedir a Dios lo que le dé la gana y Dios con gusto se lo concede-
rá. Si deseas una casa bonita, sólo hay que pedirla a Dios y él te la dará. Si deseas un automóvil de lujo, pues,
pídelo a Dios.
Es cierto que Jesús dijo que él daría a los suyos lo que le piden. Al decir esto, Jesús estaba dirigiéndose a
los que se han conformado a él en los deseos y anhelos de sus corazones. Lee este testimonio del apóstol Juan en
1 Juan 5.14: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él
nos oye”. La persona que pide cosas para gastarlas en sus propios deleites (véase Santiago 4.3–4) no pide
conforme a Cristo, sino conforme a este siglo.
6. Los deseos del cuerpo
Pablo escribió a los filipenses que él quería llegar a ser semejante a Cristo “en su muerte” (Filipenses
3.10). ¿En su muerte? ¿Acaso Pablo no sabía que Cristo había sufrido una muerte cruel, colgado sobre un
madero?
Sí, Pablo lo sabía.
¿Por qué, pues, Pablo buscaba llegar a ser semejante a Cristo en su muerte?
Bueno, Pablo habló de hacer morir los malos deseos de su cuerpo. Lo explica más en detalle en varios
pasajes bíblicos; por ejemplo, en Gálatas 5.24, dice: “Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus
pasiones y deseos”.
Recomiendo que hagas un estudio minucioso de los versículos bíblicos que hablan acerca de este
tema, porque creo que demasiados “cristianos” no entienden lo que implica conformarse a Cristo en cuanto
a los deseos de sus cuerpos. Romanos 8 destaca que conformarse a Cristo tiene mucho que ver con la
manera en que nos comportamos, pensamos y vivimos. Lee cuidadosamente estas frases:
“No andamos conforme a la carne” (Romanos 8.4).
“Los que son de la carne piensan en las cosas de la carne” (Romanos 8.5).
“Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8.8).
La Biblia dice que Cristo fue tentado en todo como nosotros, pero sin pecado (véase Hebreos 4.15).
Para él, ¿qué significó vivir “sin pecado”? ¡Significó hacer morir los deseos malos de su cuerpo para hacer los
deseos de su Padre! Por ejemplo, para Cristo hacer morir los deseos de la carne significó mirar las mujeres en
una manera totalmente disconforme a la manera del mundo. Él dijo: “Yo os digo que cualquiera que mira a
una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5.28).
Para nosotros significa lo mismo. Significa no mirar las fotos de desnudez al entrar a la tienda. Signi-
fica no leer las novelas de amores ni escuchar los cantos de amores en la radio. Para los novios significa ni
pensar en tocarse. Para los casados significa dedicarse sólo a sus propios cónyuges. Además, para todos
significa guardarse de la glotonería y la embriaguez. “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos
que antes teníais estando en vuestra ignorancia” (1 Pedro 1.14).
7. La apariencia personal
La conformidad a Cristo en la apariencia personal empieza en el corazón. No es por casualidad que la
Biblia nos manda a revestirnos de humildad (véase 1 Pedro 5.5). Esto nos hace entender que la humildad del
corazón se demuestra en lo exterior, ya sea en el rostro, en la manera de llevarse unos con otros, en lo que uno
hace y en el vestido que lleva. De esto habla 1 Pedro 3.3–4 al decir: “Vuestro atavío no sea el externo (...)
sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible”. Así es que la
humildad del cristiano llega a ser su “vestido” que señala a otros hacia Jesús. Siendo esto así, concluimos
que:
• • El vestido más importante del cristiano no es el del cuerpo, sino el del corazón.
• • El vestido del corazón de uno tiene su lenguaje propio que habla fuertemente a todos los que lo
rodean.
• • El vestido del cuerpo de uno también tiene su lenguaje propio que también habla a los que lo rodean.
• • El vestido del cuerpo de uno debe comunicar el mismo mensaje que el vestido de su corazón.
• • La persona verdaderamente vestida de humildad en el corazón desea comunicar el mismo mensaje de
humildad por fuera al vestirse con modestia.
• • Uno de los rasgos de las personas verdaderamente conformes a Cristo en el corazón es que desean estar
conformes a Cristo por fuera también.
Ahora bien, hay muchos que se visten de cierta manera, sin entender el mensaje que se comunica a
otros por su manera de vestirse. Un ejemplo de esto es el pantalón que llevan muchas mujeres cristianas. Ellas
aparentemente no entienden el lenguaje del pantalón de la mujer.
¿Cuál fue el origen del pantalón de la mujer? ¿Qué se comunica cuando una mujer lleva pantalón? He
averiguado un poco este asunto y en breve esto es lo que he hallado:
En los Estados Unidos, hasta la década de los veinte, casi toda mujer llevaba vestido, aun en la casa.
Esto continuó hasta el año 1933 cuando la actriz Marlene Dietrich empezó a llevar pantalón. Sin embargo, las
mujeres en general no llevaban pantalones hasta unos diez años después cuando las mujeres empezaron a
trabajar en las fábricas. Y aun entonces, sólo llevaron el pantalón en el trabajo, no en casa.
El pantalón para la mujer común recibió su aceptación en la década de los sesenta cuando la actriz
Mary Tyler Moore apareció en la función “Dick Van Dyke”, llevando pantalón. El resultado de esa función fue
tremendo. ¡Toda mujer norteamericana ya deseaba el pantalón!
Hermanos, el pantalón para la mujer representa una conformidad al mundo, no a Cristo. Quiero decir
que representa el feminismo, que en realidad es una rebelión contra el papel bíblico que Dios ha asignado a la
mujer en el hogar y en la sociedad. Sin lugar a duda, la popularidad del pantalón para la mujer latinoamerica-
na viene de la corrupción que es exportada todos los días desde los Estados Unidos y Europa por medio de la
maravilla satánica que llamamos el televisor.
Para todos los hermanos que conmigo desean vivir conformes a Cristo y disconformes al mundo,
tengo este mensaje: el televisor no tiene lugar en nuestros hogares. ¡No le corresponde en ninguna manera a
Hollywood fijar la norma para el cristiano!
¡Cristo es nuestra norma! Conformémonos con él en todo aspecto de la vida.
—Rodney Q. Mast
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Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría,
agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación la locura de la predicación la locura de la predicación la locura de la predicación. (1Cor 1.21)
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