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Había una vez un gran grupo de personas. A un lado del grupo había un hombre, Jesús.

En el otro lado del grupo se puso Satanás. Entre ambos grupo, había una valla que los separaba. En un momento, tanto Jesús como Satanás comenzaron a llamar a las personas a sus grupos. Y una a una, cada persona se fue con Jesús o con Satanás. Muy pronto, Jesús había reunido a su alrededor a una multitud muy grande, como lo hizo también Satanás. Pero un hombre no quiso unirse a ninguno de los grupos. Se subió la valla que estaba allí y se sentó sobre ella. Entonces Jesús y su pueblo se fueron. También lo hicieron Satanás y sus personas. Y el hombre en la valla seguía sentado solo. Al rato, Satanás volvió, en busca de algo que parecía haber olvidado. El hombre le dijo: "¿Has perdido algo?" Satanás lo miró a los ojos y respondió: "No, eres tú el que me faltaba. Ven conmigo." "Pero", dijo el hombre, " yo me senté en la valla. No te elegí ni a ti, ni a Jesús." "Eso no importa", dijo Satanás. "Yo soy el dueño de la valla."

Llega el partido de fútbol amistoso de los ángeles contra los demonios. Le dice uno de los ángeles a un demonio: -Vamos a ganar porque tenemos a los jugadores más buenos. Y contesta el demonio: - Probablemente, pero nosotros tenemos todos los árbitros…

El ministro en la ceremonia se extiende con los elogios: - El difunto era un buen marido, excelente cristiano, ¡un padre ejemplar!... La viuda se vuelve hacia uno de sus hijos y le dice al oído: - Anda a la urna y mira si es tu papá el que está adentro.

Un domingo por la mañana, una maestra de escuela dominical le estaba contando a su clase la historia del Hijo Pródigo. La maestra habló de alguien que, en medio de los festejos, no pudo compartir la alegría de la ocasión. "¿Me pueden decir quién era el único que no estaba feliz por el regreso del hijo pródigo?", le preguntó a la clase. Una niñita emocionada agitó su mano en el aire: "¡Yo sé maestra! Era el becerro gordo."

Cuenta que un hermano, invita a un granjero a la iglesia, pero este le dice que no puede ir porque no tiene quien le cuide las gallinas, el hermano sabiamente le contesta, que Dios se la va a cuidar, el granjero acepta y cuando están en la iglesia, el pastor predica y empieza a decir Dios está aquí, Dios está Aquí; en eso el granjero contesta si Dios está aquí entonces quien cuida a mis gallinas y sale corriendo de la iglesia Entra un borracho a la iglesia y todos los hermanos se quedan asombrados. El pastor nervioso detuvo su prédica. El borracho le dice al p astor: “Siga predicando pastor”, pero el pastor responde: “Es que perdí el hilo”. Entonces el borracho se enfada y dice: “¡Nadie sale de aquí hasta que le encuentren el hilo al pastor!”