Proemio de las Constituciones Amerianas de 1272 Constitucions dels Pares antichs del Orde de la Verge Maria de la Merce, dels

catius christians les quals foren ordenades en lany mill docens setanta e dos (Prólogo) PARTE I: LA ORDEN EN LA IGLESIA Capítulo I: Su origen, fin y naturaleza. Capítulo II: Su espíritu Capítulo III: Su cuarto voto Capítulo IV: Su misión redentora PARTE II: LA CONSAGRACIÓN DEL MERCEDARIO Capítulo I: En el Misterio de la Iglesia Capítulo II: En fraternidad comunitaria. Capítulo III: Por la Castidad Religiosa Capítulo IV: Por la Pobreza Evangélica Capítulo V: Por la obediencia en la fe PARTE III: VIDA ESPIRITUAL Y OBSERVANCIA Capítulo I: Palabra de Dios y vida litúrgica Capítulo II: Oración mental y prácticas de piedad Capítulo III: Devoción a nuestra santísima Madre y a los santos de la Orden Capítulo IV: Abnegación y mortificaciones Capítulo V: Atención a los enfermos y ancianos Capítulo VI: Comunicación, silencio y clausura Capítulo VII: Orden doméstico y otras observancias Capítulo VIII: Participes y colaboradores Capítulo IX: Sufragios PARTE IV: FORMACION Y ESTUDIOS Capítulo I: Fomento, acogida y discernimiento de las vocaciones Capítulo II: Responsables y formadores Capítulo III: Noviciado Capítulo IV: Formación religiosa Capítulo V: Formación sacerdotal Capítulo VI: De los hermanos cooperadores Capítulo VI: Promoción cultural en la Orden PARTE V: GOBIERNO DE LA ORDEN Capítulo I: Su Espíritu y normas generales Capítulo II: La comunidad local: sus miembros Capítulo III: El capítulo local Capítulo IV: El superior local Capítulo V: El consejo doméstico Capítulo VI: La comunidad provincial: sus miembros Capítulo VII: El capítulo provincial Capítulo VIII: El superior provincial Capítulo IX: El consejo provincial

Capítulo X: La comunidad de la Orden: sus miembros Capítulo XI: El capítulo general Capítulo XII: El maestro general Capítulo XIII: El consejo general Capítulo XIV: El consejo de provinciales Capítulo XV: Las visitas Capítulo XVI: La separación de la Orden PARTE VI: LOS BIENES TEMPORALES Capítulo I: Propiedad de los bienes temporales Capítulo II: Uso de los bienes Capítulo III: Administración y enajenación Capítulo IV: Encargados y responsables PARTE VII: OBSERVANCIA DE LAS CONSTITUCIONES Principios fundamentales

PROEMIO DE LAS CONSTITUCIONES AMERIANAS DE 1272 Así como Dios, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo y dador de alivio en toda tribulación, por su gran misericordia, envió a Jesucristo, su Hijo, a este mundo para visitar a todo el humano linaje que se hallaba como en cárcel, cautivo, en poder del diablo y del infierno, y para visitar y librar a todos los amigos que le estaban esperando en la cárcel del Limbo, en poder del antedicho enemigo, y llevarlos a su gloria: a ellos y a otros que, por su gracia, subirían a ocupar los puestos de los ángeles que, por orgullo, cayeron del cielo y se convirtieron en diablos; por semejante manera, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, entre cuyas obras no hay distinción, por su misericordia y por su gran piedad, determinaron fundar y establecer esta Orden, llamada «Orden de la Virgen María de la Merced de la Redención de los cautivos de Santa Eulalia de Barcelona», de la cual disposición constituyeron servidor, mensajero y fundador y adelantador a fray Pedro Nolasco. El poder y entender de Fray Pedro Nolasco y de todos los otros maestres que le ha sucedido, el esfuerzo y la obra de los frailes de toda la Orden se ha encaminado siempre a esto: a que el maestre y los frailes que han hecho profesión en esta Orden, con la fe de Jesucristo, con esperanza de su salvación y con verdadera caridad de Aquel que, tomando carne de la gloriosa Virgen Santa María, verdadero Dios y hombre verdadero en una sola persona, y sufriendo por nosotros muerte y pasión, visitó pues siempre visita a sus amigos y libró a los que estaban en el infierno, trabajen de buen corazón y de buena voluntad y con toda obra buena en visitar y librar a los cristianos que están en cautividad y en poder de sarracenos o de otros enemigos de nuestra Ley, según la determinación y buena voluntad del maestre de esta Orden. Por la cual obra de misericordia o merced, es decir: para seguir y para anticiparse y para visitar y para librar a los cristianos del poder de los enemigos de la Orden de Jesucristo, todos los frailes de esta Orden, como hijos de verdadera obediencia, estén siempre alegremente dispuestos a dar sus vidas, si es menester, como Jesucristo la dio por nosotros; a fin de que en el día del juicio, sentados a la derecha por su gran misericordia, sean dignos de oír aquella dulce palabra que con su boca dirá Jesucristo: Venid, benditos de mi Padre, a recibir el reino que os está preparado desde el comienzo del mundo: porque estaba en la cárcel y vinisteis a mí, estaba enfermo y me visitasteis, tenía hambre y me disteis de comer, tenía sed y me disteis de beber, estaba desnudo y me vestisteis, no tenía posada y me recibisteis. Todas estas cosas ha ordenado Jesucristo que se cumplan en esta Orden, a fin de mantener y hacer prosperar obra de tan gran misericordia como es visitar y redimir cautivos cristianos del poder de los sarracenos y de otros que militan contra nuestra Ley, para lo cual propiamente ha establecido Dios esta Orden.

CONSTITUCIONS DELS PARES ANTICHS DEL ORDE DE LA VERGE MARIA DE LA MERCE, DELS CATIUS CHRISTIANS LES QUALS FOREN ORDENADES EN LANY MILL DOCENS SETANTA E DOS PRÓLOGO Com deu pare de misericordia e deu de tota consolacio e donador de conort en tota consolacio, Jesu Christ son fill per la sua gran misericordia trames en aquest segle per visitar tot lumanal litnatge qui en aquest segle era axi com en carcer catiu en poder del diable e d'infern per visitar e traher tots los amichs qui eren en aquell carcer en poder del damunt dit enemich e metre en la sua gloria e daquells e dels altres qui en aquel loch per la sua gracia pujaren tornar e reparar los lochs daquels angels qui per ergull caygueren del Cel e foren fets diables. Pare fill e sanct sprit entre les obres dels quals departiment no ha ordenaren per sa misericordia e per lur gran pietat fundar establir aquest orde apellat orde de la verge Maria de la merce de la redempcio dels catius de Sancta eulalia de Barchalona del qual ordenament ordenaren lur servent missatge e fundador e enantador frare Pere Nolasch. La vertut e lenteniment del qual e de tots los altres Maestres qui son estats apres de ell el trabal e la obra dels frares e de tot lorda es posada en aço per tots temps quel Maestre e els frares qui an feta profesio en aquesta orda en fe de Jesu Christ en esperança de salvacio en vera caritat de aquell qui en aquest segle prenent carn de la gloriosa sancta Maria Verge ver deu e ver hom en una persona estant, mort e passio per nos prenent nos visita e sempre visita sos amichs e deliura qui eren en infern, treballant de bon cor e de bona voluntat e per bona obra de visitar e desliurar aquells christians qui son en captivitat e en poder de sarrains o daltres enemichs de la nostra leg segons bon ordonament e bona voluntat del mestre daquest orde. Per la qual merce a seguir e a enantar e a visitar e a desliurar christians de poder dels enemichs de la orda de Crhist axi com a fills de vera obediencia alegrament sien aparelats tots temps tots los frares daquest orde si mester es posarlos vida axi com Jesu Christ la posá ver per nos per tal que al dia del judici per la sua misericordia asseguts a la part dreta sien dignes de hoir aquella dolça peraula que ab la sua boqua dira Jesu Christ: Venits beneyts de meu Pare reebre lo regne que a vos es aparellat del començament del segle perço cor en carcer era e vingues a mi. Malalt era e visitas me. Ffam avia e donas me a mengar. Sed avia e donas me abeure. Nuu era e vestis me. Hostal no avia e recolis me. Les quals totes coses ha ordenat Jesuchrist esser complides en aquest orde a mantenir e crexer obra de tan gran misericordia ço es visitar e rembre christians catius de poder de sarrains e daltres qui son contra nostra leg a qui propiament ha deus establit aquest orde.

PARTE I: LA ORDEN EN LA IGLESIA

Capítulo I: Su origen, fin y naturaleza. 1. Dios, Padre de misericordia, ha visitado y redimido a los hombres, ofreciéndoles por Jesucristo el don de su amistad y enriqueciéndolos con la libertad de hijos. De modo semejante ha querido suscitar en la Iglesia hombres y mujeres que, guiados por el espíritu redentor de Jesucristo, visiten y liberen a los cristianos que, por circunstancias adversas a la dignidad de la persona humana, se encuentran en peligro de perder su fe. 1 2. Para llevar a cabo esta misión, impulsado por el amor de Cristo, inspirado por la Virgen María y respondiendo a las necesidades de la Iglesia, el 10 de agosto de 1218, san Pedro Nolasco fundó en Barcelona la Orden de la Virgen María de la Merced de la redención de los cautivos, con la participación del rey Jaime de Aragón y ante el obispo de la ciudad, Berenguer de Palou. Por la confirmación del Papa Gregorio IX, el 17 de enero de 1235, la Iglesia testificó la acción del Espíritu Santo en la fundación de la Orden; la ratificó en la práctica de la regla de San Agustín; le dio carácter universal incorporándola plenamente a su vida y sancionó su obra como misión en el pueblo de Dios 2. 3. Desde la fundación nuestra Orden siguió a Jesús, haciéndole presente como amigo y redentor entre los cristianos que "en poder de los sarracenos y de otros enemigos de nuestra Ley" se hallaban expuestos al peligro de perder la fe; así cumplió la palabra del Evangelio: "El Espíritu del Señor está sobre mí...; por eso me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos" en ellos supo ver el rostro de Jesús que dirá en el juicio: "Estuve en la cárcel y vinisteis a verme". Surgen hoy en las sociedades humanas nuevas formas de esclavitud social, política y sicológica, que derivan en última instancia del pecado y que resultan para la fe de los cristianos tan perniciosas como la esclavitud y cautividad de otros tiempos. Por eso, nuestra Orden se compromete a testimoniar la misma buena nueva de amor y redención que ha hecho presente desde el comienzo de su historia 3. 4. Los mercedarios nos consagramos a Dios, fuente de toda santidad, para conseguir la propia santificación por la profesión de los consejos evangélicos. Fieles a los propósitos del Fundador y "por la integridad de la fe, por la caridad para con Dios y el prójimo, por el amor a la cruz y por la esperanza de la gloria venidera", mediante adecuadas obras de misericordia, nos dedicamos a visitar y redimir a los cristianos de las nuevas formas de cautividad, por las que se ven expuestos al abandono de la práctica de la vida cristiana y a la pérdida de la fe. Con este fin estamos dispuestos a entregar la vida, si fuere necesario, a imitación del Redentor 4. 5. Nuestra Orden es un instituto religioso clerical de votos solemnes y de derecho pontificio, compuesto por clérigos y hermanos cooperadores, que comparten por igual la vida religiosa; asume la perfecta vida común, conforme a la regla de san Agustín y goza de la exención, de acuerdo con las normas de la Iglesia, para un servicio más universal y eficaz al reino de Dios, conforme a su propio carácter religioso y apostólico. Su título oficial es ORDEN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DE LA MERCED y, en forma abreviada, ORDEN DE LA MERCED. Después del nombre del religioso se pone O. de M. o mercedario 5.

_____ 1 . Cf. 2 Cor 1,3; Lc 1,68; Rom 8,21; CA, Proemio 2. Cf. CA, Proemio; Bullarium Romanun, III, Augustae Taurinorum, 1858, 485.3 3. Cf. CA, Proemio; Lc 4,18; Mt 25,36; GS 4.29.41.4 4. Cf PC 25; CA, Proemio. 5. Cf. LG 45b; ChD 33-35; PC 8.15; CIC 678.

Capítulo II: Su espíritu 6. Los mercedarios tenemos como maestro y modelo a Cristo Redentor que con su muerte nos ha liberado de toda esclavitud y estamos dispuestos a seguirlo sacrificando hasta la propia vida en el ejercicio del ministerio redentor. 7. Por su intervención en el principio y la vida de la Orden que lleva su nombre, los mercedarios llamamos a María MADRE DE LA MERCED y la veneramos como inspiradora de su obra de redención. Ella es madre de los cautivos a los que protege como hermanos queridos de su Hijo, y es igualmente madre de los redentores al ofrecer libertad a los cautivos, pues, anima y promueve así la misión del Señor que "derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes". Contemplando a María descubrimos el sentido de nuestra espiritualidad y la urgencia de nuestra acción apostólica 1. 8. Por su entrega en favor de los cautivos y su vida de servicio a la Orden que ha fundado, san Pedro Nolasco es para nosotros el signo más cercano del amor redentor de Jesús y el realizador más perfecto de la obra liberadora de María. Por eso procuramos imitar su vida, continuamos su acción dentro de la Iglesia y le veneramos como Padre. 9. El espíritu mercedario supone fundamentalmente el descubrimiento de Cristo que continúa padeciendo en los cristianos oprimidos y cautivos, expuestos a perder su fe; y asume el compromiso práctico de caridad poniendo la propia vida al servicio de estos hermanos para que vivan la libertad de hijos de Dios. Por eso, los mercedarios debemos ser fuertes en la fe, eximios en la caridad y firmes en la esperanza del Reino de Dios. Viviendo estas tres virtudes experimentamos a Dios como poder de redención, que se ha encarnado por Jesús en nuestra tierra. 10. Dentro del pueblo de Dios e inmersos en la tradición de la vida religiosa, fundamentamos nuestra actividad apostólica y la ejercemos formando una comunidad de hermanos que habitan unánimes, teniendo "una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios" 2. 11. El tesoro espiritual de nuestra Orden se ha enriquecido a lo largo de los siglos con la santidad de muchos religiosos que, fundados en la Eucaristía, han cultivado el espíritu redentor, han propagado como misioneros la fe en Jesús, han extendido el amor a la Virgen María y han sellado, aun con la propia sangre, su ministerio al servicio de la Iglesia. Por eso, nos preocupamos por conocer y amar a la Orden, impregnando con su espíritu nuestra vida individual y nuestra acción apostólica. 12. El espíritu de la Merced está informando un conjunto de Institutos religiosos y asociaciones de laicos que han ido surgiendo a través de los tiempos. Todos ellos apelan al mismo fundador originario, San Pedro Nolasco, a quien a veces se encuentran asociados otros fundadores particulares; se comprometen a realizar, de formas diversas, una misma misión liberadora y se sienten unidos por un mismo amor a la Virgen María bajo la advocación de la Merced. Estos Institutos y asociaciones cultivan un mismo espíritu, promueven lazos de fraternidad y forman la Familia Mercedaria. _____ 1. Cf. Jn 14, 25-27; Mt 25, 31-46; Lc 1, 47ss; LG 55. 56. 58; CR 81.

2. Cf. Reg. san Ag. 1, 3.

Capítulo III: Su cuarto voto 13. Siguiendo a san Pedro Nolasco e iluminados por su carisma, los mercedarios creemos que nuestra misión liberadora pertenece a la naturaleza de la orden y la ejercemos en nombre de la Iglesia, desde una íntima comunicación con Dios y una real encarnación en las necesidades de los hombres 1. 14. Para cumplir esta misión, impulsados por la caridad, nos consagramos a Dios con un voto particular, en virtud del cual prometemos dar la vida como Cristo la dio por nosotros, si fuere necesario, para salvar a los cristianos que se encuentran en extremo peligro de perder su fe, en las nuevas formas de cautividad. 15. Este voto, asumido como una promesa voluntaria, consciente y absoluta, es característico de nuestra orden, inspira todos los actos de su obra redentora y cualifica el cumplimiento de su misión dentro de la Iglesia. 16. Las nuevas formas de cautividad, constituyen el campo propio de la misión y cuarto votos mercedarios, se dan allí donde hay una situación social en la que concurren las siguientes condiciones: es opresora y degradante de la persona humana; 1a a 2 nace de principios y sistemas opuestos al Evangelio; pone en peligro la fe de los cristianos; 3a 4a ofrece la posibilidad de ayudar, visitar y redimir a las personas que se encuentran dentro de ella. _____ 1 . Cf. CIC 675

Capítulo IV: Su misión redentora 17. En el transcurso de su historia, y según las necesidades de la Iglesia, además de su misión redentora, nuestra Orden ha asumido una serie de ministerios caritativos y apostólicos. Actualmente sigue realizando estos ministerios, organizándolos conforme a las necesidades de cada iglesia particular y actualizándolos a la luz de su misión redentora. El espíritu redentor de la Orden ha de alentar toda la acción apostólica de los religiosos, de suerte que de Él se alimente y en Él halle su unidad propia. 18. Los mercedarios, viviendo nuestra consagración religiosa con la actitud interior que comporta el cuarto voto, cumplimos con espíritu redentor los ministerios encomendados por la obediencia, para edificación del cuerpo de Cristo. En la elección o aceptación de ministerios, guárdese un orden de preferencia en función de su aproximación al fin y al espíritu de la Orden, teniendo en cuenta la unidad y eficacia de la acción y las necesidades de tiempos y lugares1. 19. Dado que no se pueden ejercer con eficacia nuestros ministerios en una sociedad desconocida, estudien los religiosos los valores espirituales que se van manifestando históricamente según los signos de los tiempos, y todo aquello que contribuya a un mejor conocimiento individual y social del hombre. 20. El gobierno general y el de cada provincia promueven la misión redentora de nuestra Orden, realizada a través de sus ministerios actuales o por medio de nuevas iniciativas y acciones que broten del espíritu y carisma de san Pedro Nolasco. Los estatutos provinciales regulan la realización de los ministerios caritativos y apostólicos. _____ 1 . Cf. PC 20

PARTE II: LA CONSAGRACIÓN DEL MERCEDARIO

Capítulo I: En el Misterio de la Iglesia 21. Incorporados a la Iglesia por la consagración bautismal, los religiosos son testigos de Cristo ante los hombres, por la plenitud de su vida cristiana y la perfección de la caridad. Expresan su consagración de un modo radical, a través de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia: se entregan a Cristo poniéndose al servicio de la Iglesia, superan los impedimentos para el ejercicio de la caridad y ofrecen el testimonio de su vida consagrada, prefigurando así el valor del reino de Dios que sobrepasa todo lo creado. 1 22. Los mercedarios especificamos nuestra consagración con el voto de redención en la línea del martirio, considerado por la Iglesia como un don eximio y la suprema prueba de amor; de esta forma aparecemos como signo de la entrega de Jesús que ha ofrecido su vida para redimirnos de toda esclavitud 2. 23. Actualizamos nuestra consagración, fundada en María y ejemplarmente vivida por nuestro santo Padre, cultivándola en un proceso de purificación y entrega interior que nos permite vivir en libertad, superando el egoísmo y haciendo fructificar los dones de la gracia. Una constante toma de conciencia dle puesto que Dios nos asignó en la Iglesia, nos impulsa a vivir los votos de nuestra profesión y a tender a las últimas exigencias de la virtud respectiva. 24. Además de la frecuente renovación privada de su profesión, renuévenla los religiosos comunitariamente cada año y según ritual, en el aniversario de la fundación de la Orden o en otro día establecido por el superior con el acuerdo de la comunidad. _____ 1 . Cf. LG 44; PC 5 2 . Cf. LG 42b.

Capítulo II: En fraternidad comunitaria. 25. Nuestra Orden es una fraternidad cristiana donde venerando a María como Madre, inspirados en el testimonio de San Pedro Nolasco y a semejanza de la primera comunidad cristiana, en la que todo era de todos los mercedarios queremos realizar el gran deseo de Jesús: «Padre, que todos sean uno, como nosotros somos uno». La misma vida de comunidad, sustentada en un profundo amor humano informado por el Espíritu Santo, es el lugar de la presencia del Señor, según su palabra: «Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Manifiesta, además, la venida de Cristo y vigoriza la consagración, creando un clima más favorable para la observancia de sus votos1. 26. Profesando la Regla de san Agustín y buscando la perfección del amor que exige el cuarto voto, cultivamos la unión de corazón, de espíritu y de bienes; creando un clima de amistad y afecto mutuo, compartimos lo que tenemos y lo ponemos al servicio de nuestra misión redentora. 27. Viviendo en común la experiencia de fe y de oración que expresamos en nuestro peculiar estilo de vida, debemos llevar unos las cargas de los otros, aceptarnos y amarnos con nuestras afinidades y diferencias estando siempre dispuestos a perdonarnos mutuamente toda ofensa 2. 28. La práctica de la vida común oración, trabajo, comida, recreación y demás actos es expresión de la comunión de espíritu y fraternidad que ha de reinar en nuestras comunidades, fecundando la unidad y fuerza de nuestra misión apostólica. 29. Póngase el máximo empeño en crear una verdadera conciencia comunitaria, mediante la planificación y participación de todos los miembros en las obras y trabajos de la comunidad, con igualdad de derechos y deberes, quedando a salvo la responsabilidad que a cada cual corresponda en razón de su oficio. El superior favorezca esta cordial cohesión y armonía en la comunidad y en la acción apostólica. 30. Los ministerios apostólicos, oficios y actos encomendados por obediencia, considérense como práctica de la vida común; y busquen los responsables del trabajo pastoral las adecuadas fórmulas para conciliar dificultades que puedan surgir entre actos comunitarios y actividades apostólicas. 31. Cuando un religioso, por cumplir su ministerio, no puede asistir a un acto comunitario, únase espiritualmente a sus hermanos, y éstos considérense representados por él en dicho servicio a la Iglesia, prestado en nombre de la comunidad. 32. Los superiores mayores contribuyen a mantener la armonía entre todos los religiosos con su frecuente presencia en las comunidades, preocupándose por ellos y ayudándoles en su vida fraterna. _____ 1 . Cf. Jn 17, 22; Mt 18, 20; Hch 1, 14; Reg. san Ag. 1, 4; PC 15. 2 . Cf. Gal. 6, 2.

Capítulo III: Por la Castidad Religiosa 33. Dios, que bendice abundantemente el amor humano, llama por medio de una vocación especial a algunos de sus hijos a la castidad por el Reino de los cielos. Por medio de su castidad, los religiosos responden generosamente al don del amor que Dios les ofrece en Jesucristo, pobre y virgen: aceptan agradecidos su presencia y cultivan su misterio. Ratificada con el voto, la castidad les consagra en forma eminente al servicio de Dios y de los hombres, realiza en ellos una estrecha unión al misterio pascual, les hace capaces de una mayor fecundidad en el espíritu a nivel comunitario y apostólico y les proporciona un especial dominio de sí; de tal modo que ningún voto expresa mejor la consagración total y exclusiva de la vida religiosa 1. 34. Por la castidad, los religiosos se proponen suscitar y fomentar una fraternidad comunitaria de seguidores de Jesús que, comprometidos por una vinculación definitiva, cumplen el precepto: «Amaos los unos a los otros». Al mismo tiempo, este voto lleva consigo la obligación de observar perfecta continencia en el celibato por el reino de los cielos 2. 35. Siendo una manera integral de realizarse en dimensión de amor, la castidad es fuente de una fecundidad más abundante, capacitando a los religiosos para una entrega apostólica. Por eso, los mercedarios por la castidad, animada por el cuarto voto, aceptamos plenamente el amor de Dios y nos ponemos al servicio de la obra redentora de Cristo. 36. La castidad reviste una especial significación mariana. Como María, esclava del Señor y virgen fecunda, el mercedario entrega su persona y vida en manos de Cristo Redentor. 37. La castidad religiosa procede de Cristo y se mantiene por su gracia, por lo que son necesarios, ante todo, los medios sobrenaturales; se desarrolla progresivamente con una entrega personal, humilde y confiada a Cristo y al ministerio apostólico. Tienen asimismo importancia los medios naturales, que conducen al recto dominio de las pasiones y a un normal equilibrio afectivo 3. 38. Los religiosos vivan la caridad fraterna en comunidad para fomentar un clima en el que, ayudando unos a la castidad de los otros, logre ésta su plena madurez. Y cuando se vean obligados a vivir por algún tiempo fuera de la vida comunitaria, aprovechen toda ocasión para convivir con sus hermanos de hábito, o con otros religiosos 4. 39. El trato de los religiosos con la mujer sea prudente, delicado y con naturalidad; valoren la eficacia de su colaboración en el apostolado, sobre todo en el específico de la Orden. Además de las disposiciones de los superiores para salvaguardar la castidad, serán la propia responsabilidad y conciencia moral las que dicten una mayor exigencia en casos concretos. 40. Los religiosos estiman la castidad como una de las notas más visibles de la santidad y trascendencia de la Iglesia y anticipación, en este mundo, de la futura vida celeste, y la observan ofreciéndose a Dios sin dividir el corazón. _____ 1 . Cf. LG 42c; 46; PC 1. 2 . Cf. Jn 13, 34; CIC 599.

3 4

. Cf. PC 12 . Cf. PC 12; Reg. san Ag. IV, 24.

Capítulo IV: Por la Pobreza Evangélica 41. Por la pobreza los religiosos se consagran a Dios y reciben el tesoro del Reino que ofrece Jesucristo, quien «siendo rico se hizo pobre para que fuésemos ricos en su pobreza». Por eso, consideran secundarias las riquezas de este mundo; viven la pobreza en actitud de desprendimiento interior y da abandono confiado en las manos del Padre, renunciando a toda desmedida solicitud por lo temporal 1. 42. Los religiosos pongan en común lo que son y tienen. Por el voto de pobreza se comprometen a no usar ni disponer de los bienes materiales sin la autorización de los superiores, de modo que todo lo que ganen con su trabajo o por razón del instituto o perciban como pensión, subvención o por cualquier otro motivo, lo adquieren para la comunidad. Con la profesión temporal los religiosos no pierden la capacidad de poseer ya dquirir bienes, sin embargo, antes de la profesión de votos simples cedan la administración, uso y usufructo de sus bienes a quien deseen. Antes de la profesión solemne hagan la renuncia de los mismos de manera que sea válida, si es posible, también en el derecho civil 2. 43. Este desprendimiento interior y comunicación fraterna de bienes culmina en un gesto de ayuda a los necesitados. Por eso, los mercedarios, siguiendo los pasos de San Pedro Nolasco, estamos comprometidos a poner bienes y vida al servicio de la misión redentora. 44. Vemos en María un modelo de pobreza redentora, pues Ella se ha puesto en manos de Dios, como sierva que nada tiene: ha consentido en todas las formas de renuncia pedidas por el Padre, hasta entregar en la cruz a su propio Hijo, y ha terminado su vida terrena compartiéndola con los fieles de Jesús en la Iglesia 3. 45. Este voto exige, además de la posesión comunitaria de los bienes, el desprendimiento real y la dependencia de los superiores en el uso y disposición de los bienes junto con el testimonio personal y colectivo de pobreza. Teniendo presente que la pobreza es signo particularmente estimado del seguimiento de Cristo, no existan en las comunidades acumulación de bienes, lucro inmoderado ni su apariencia 4 . 46. Los religiosos debemos considerar los bienes de la Orden, por razón de la pobreza y del fin a que son destinados, como pertenecientes a los pobres de la Iglesia; usarlos como medio para nuestra misión caritativa y redentora y tratarlos con esmero, como administradores fieles que han de rendir cuenta de ellos a Dios y a la comunidad. 47. La pobreza religiosa se expresa también en la aceptación sobrenatural de la ley común del trabajo, para conseguir como los pobres la propia subsistencia y ayudar a los necesitados. Esto nos urge a evitar el ocio y a poner nuestras mejores cualidades en el cumplimiento de la tarea encomendada. 48. Provéase a cada religioso de lo necesario, según sus necesidades materiales y su propio ministerio, dentro del espíritu de pobreza. Cuando sean trasladados de comunidad, los religiosos pueden llevar consigo aquellos objetos de uso personal que les fueren necesarios.

49. A no ser por causa de enfermedad, vejez u otra necesidad, no haya distinción alguna entre los religiosos en la práctica de la pobreza, haciendo lo posible para que la diversidad de nación, provincia, casa u oficio no introduzca desigualdades. 50. Además de realizar su compromiso redentor, en la medida de lo posible, contribuyan las comunidades al remedio de las necesidades de la Iglesia y al socorro de los indigentes, manifestando especialmente su generosidad con los pobres en ocasión de las fiestas de nuestra Orden. 51. El provincial con su consejo vea la forma de ayudar a los padres de los religiosos que se hallen en necesidad. _____ 1 . Cf. 2 Cor 8, 9. 2 . Cf. CIC 668. 3 . Cf. Hch 1, 14; Lc. 1, 48. 4 . Cf. CIC 600.

Capítulo V: Por la obediencia en la fe 52. Por la obediencia, los religiosos descubren y aceptan la voluntad de Dios manifestada en Cristo que, obediente al Padre, no vino a ser servido sino a servir. A través de ella, renuncian al afán de dominio sobre los demás, poniéndose en manos de Dios y comprometiéndose a realizar su voluntad, convencidos de que la obediencia, lejos de menoscabar la dignidad de la persona humana, la lleva a la madurez, por la mas amplia libertad de los hijos de Dios 1. 53. Por el voto de obediencia los religiosos someten la propia voluntad a los superiores legítimos, a quienes han de mirar como representantes de Dios cuando mandan algo según las constituciones. Reconocemos como signo de la voluntad divina los mandamientos y consejos evangélicos, las enseñanzas de la iglesia, la vida fraterna, la exigencia redentora, las leyes y tradiciones de la Orden, los mandatos de los superiores y los mismos acontecimientos agradables o penosos 2. 54. Siguiendo a san Pedro Nolasco, la profesión de la obediencia culmina para nosotros, en la unión con la voluntad salvífica de Dios mediante el cuarto voto que nos asocia al sacrificio redentor de Cristo, el cual se anonadó a sí mismo, tomando condición de siervo a fin de liberar a sus hermanos 3. 55. Los mercedarios descubrimos el modelo perfecto de la propia obediencia en María, que con fe humilde, generosa y confiada, aceptó plena y responsablemente la voluntad divina, asociándose al ofrecimiento redentor de su Hijo, en espíritu de servicio a Dios y a los hombres. 56. La obediencia obliga por igual a todos los religiosos, comprometidos en el discernimiento de la voluntad de Dios. Los superiores cumplen su tarea animando ese discernimiento, fomentando la vida de oración y caridad fraterna y organizando con los religiosos los servicios del apostolado. Los demás religiosos, con espíritu de fe y corresponsables en la obra común, ofrecen sus propias iniciativas y colaboración; exponen sus razones y aceptan la última decisión de los superiores a través de los cuales se manifiesta en la comunidad el plan del Señor y a quienes prestan el auxilio de la oración. 57. El superior, a ejemplo de Cristo, ejerza su autoridad como servicio a la comunidad, a la manera de un hermano y amigo «más amado que temido» por los religiosos, y ayúdeles paciente y prudentemente a buscar la perfección personal y comunitaria 4. 58. Sientan los religiosos con la Iglesia y adelántense a cumplir sus preceptos e indicaciones; presten filial obediencia, aun en virtud del voto, al Vicario de Cristo, y colaboren, a tenor de las leyes canónicas, con el ordinario del lugar. 59. Para que el diálogo entre los superiores y sus religiosos sea realmente constructivo, desarróllese siempre dentro del máximo respeto y caridad. Facilítenles aquéllos la libertad de hijos de Dios, y sólo en casos excepcionales hagan uso del precepto formal de obediencia, que se dará por escrito. _____

1 2

. Cf. Jn 4, 34; Flp 2, 8-9; PC 14; Mt 20, 28. . Cf. CIC 601. 3 . Cf. Flp 2, 7. 4 . Cf. Reg. san Ag. VII, 46.

PARTE III: VIDA ESPIRITUAL Y OBSERVANCIA

Capítulo I: Palabra de Dios y vida litúrgica 60. La perfección del seguimiento de Cristo se realiza y sostiene, sobre todo, mediante el contacto vivo con la palabra de Dios y la celebración litúrgica. 61. La sagrada escritura, palabra del Padre que «sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos» ha de ser nuestra asidua lectura, acompañada de la oración, para que podamos realizar un verdadero diálogo con Dios y se convierta en fuente de vida espiritual. Se recomienda encarecidamente la lectura espiritual orientada a la imitación de Jesucristo 1. 62. Nos proponemos cuidar la preparación y comprensión teológica de nuestras celebraciones para vivir más plenamente el espíritu litúrgico y recibir gracia más abundante de la acción sagrada, en la cual está Cristo particularmente presente, asociando consigo a la Iglesia que, por Él, tributa culto al Padre 2. 63. Cultivamos el estudio de la liturgia sagrada a fin de vivirla nosotros mismos y comunicarla a los fieles con la palabra y el ejemplo. Organícese con esmero el culto en nuestros templos, como activa participación en el movimiento litúrgico de la diócesis 3. 64. Participamos diariamente de la Eucaristía, fuente y cima de la vida cristiana, ofreciendo la víctima divina y ofreciéndonos con ella y acercamos a comer la Cena del Señor, signo eficaz de la unidad del Pueblo de Dios y vínculo de nuestra comunión fraterna 4. 65. Donde sea posible, celébrese cada día misa comunitaria, en la que concelebren los sacerdotes permaneciendo, sin embargo, la libertad de cada uno para celebrar individualmente la eucaristía 5. 66. Nuestros sacerdotes procuren celebrar cada día el santo sacrificio de la misa, digna y devotamente; y los demás religiosos participen plenamente con él en la recepción del Cuerpo santísimo de Cristo 6. 67. Para obtener y expresar nuestra continua conversión interior, debemos acudir frecuentemente al sacramento de la penitencia, teniendo presente que las ofensas a Dios hieren también a la Iglesia de Cristo 7. 68. Por el oficio divino, o liturgia de las horas, sobre todo celebrado en común, nuestra Orden se asocia al himno de alabanza con que la Iglesia y el mismo Cristo se dirigen continuamente al Padre. Por eso nos esforzamos en «unir la mente con la voz», a fin de representar dignamente ante el Señor a la Iglesia orante, y alimentar nuestra piedad y oración personal 8. 69. Debemos hacer con dignidad y máxima piedad la recitación completa de la liturgia de las horas y su celebración, de ordinario en común a la hora más oportuna, teniendo presente la posible participación de los fieles.

Si la dedicación a las obras de caridad o de apostolado lo impidieren, la comunidad ha de reunirse, al menos, para la recitación de laudes y de vísperas 9. 70. La celebración de las misas en nuestros templos y la recitación de la liturgia de las horas, tanto en común como en privado, se regulan por el calendario de la Orden. 71. Santificamos el día del Señor, fundamento y núcleo del año litúrgico, y los días festivos con celebraciones litúrgicas especialmente solemnes de la Eucaristía y de la Palabra 10. _____ 1 . Cf. DV 21, 25; PC 6. 2 . Cf. SC 7. 11.17. 3 . Cf. SC 16-19; IOE 11-14. 18. 4 . Cf. SC 47. 48. 5 . Cf. EM 47; IOE 15; CIC 902 6 . Cf. PO 13; CIC 663, 2. 7 . Cf. LG 11b; CIC 664. 8 . Cf. SC 84, 90. 9 . Cf. CIC 1173, 1174, 1175. 10 . Cf. SC 106; IOE 15.

Capítulo II: Oración mental y prácticas de piedad 72. Además de la plegaria litúrgica, es necesario orar al Padre en secreto, cultivando el espíritu de oración y la oración misma personal, inspirada en la Palabra de Dios y en las mejores fuentes de la espiritualidad cristiana y mercedaria 1. 73. En nuestra oración, los mercedarios vivimos la presencia de María, la Madre de Jesús que preside e inspira nuestra plegaria y con Ella que «sobresale entre los humildes y pobres del Señor» glorificamos a Dios e imploramos sus misericordias para los oprimidos, alabamos su justicia con los poderosos, y tratamos de imitarla en su unión con El en el ofrecimiento de la propia vida 2. 74. Vemos en nuestro Padre san Pedro Nolasco el guía y modelo de la oración mercedaria, imitamos su actitud contemplativa y encontramos, en la unión con Cristo Redentor que sufre en los cautivos, la fuerza que nos convierte en mensajeros de amor y libertad. 75. La comunidad se reúne para la oración mental cada día, al menos durante una hora, como tiempo consagrado a la íntima reflexión y unión con Dios, la cual ha de informar nuestra vida de fraternidad y nuestra acción apostólica. La comunidad se reúne asimismo diariamente para hacer el examen de conciencia, si es posible en el rezo de completas, a fin de que cada uno de nosotros progrese en el conocimiento propio y en la purificación constante de los motivos de nuestro obrar 3. 76. Cada comunidad determina el momento y las formas de la oración mental y establece las otras prácticas comunitarias de piedad y somete todo a la aprobación del provincial. El superior, animador espiritual de la comunidad, cuida de su realización cotidiana, así como de la celebración de los actos indicados en el ritual para las fiestas de la Orden. 77. Siguiendo la tradición eucarística de nuestra Orden, los mercedarios visitamos y adoramos asiduamente al Señor presente en el Sacramento 4. 78. Al menos una vez al mes se reúne la comunidad para la revisión de vida, sobre temas de espiritualidad y apostolado, estudiando los mejores medios prácticos para la mayor observancia regular y eficacia apostólica. 79. Nuestro retiro mensual y los ejercicios espirituales de cada año, serán cuidadosamente preparados y realizados en lugar y tiempo convenientes para que participen todos los religiosos 5. _____ 1 . Cf. Mt 6, 6; SC 12; PC 6. 2 . Cf. Hch 1, 14; LG 55; Lc 1, 46-55. 3 . Cf. PO 18b; CIC 663, 3; 664. 4 . Cf. PO 18c; CIC 663, 2. 5 . Cf. CIC 663, 5.

Capítulo III: Devoción a nuestra santísima Madre y a los santos de la Orden 80. Nuestra Orden con la Iglesia admira y ensalza a María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo, como el fruto más espléndido de la redención, y la contempla como una Purísima imagen de lo que ella misma ansía y espera ser 1. 81. Los mercedarios nos proponemos amar filialmente a María y honrarla como a nuestra Madre, en cuanto espiritual fundadora de la Orden. Procuramos tenerla como un vivo modelo de consagración a Dios y servicio redentor a los hermanos, pidiéndole constantemente la fiel perseverancia en la vocación; y nos sentimos también obligados a cultivar con ardor su devoción entre los otros miembros de la Familia Mercedaria, cristianos oprimidos y demás fieles encomendados a nuestro servicio apostólico 2. 82. Para conocerla mejor e imitarla, los mercedarios estudiamos con particular interés la figura de María; con sencillez y competencia debemos exponer su misión y privilegios, y con nuestra vida y ejemplo hemos de ser promotores de auténtico culto mariano. 83. Honramos a la Madre de Dios en especial con los siguientes actos: 1. rezo diario de una parte del rosario; 2. los sábados, según las leyes litúrgicas, misa de nuestra santísima madre, y liturgia de las horas de Santa María; y a la hora oportuna canto de la Salve; 3. en el último sábado de mes, plegarias especiales por los cristianos oprimidos; 4. celebración solemne de su festividad, el 24 de septiembre; 5. dedicación de las provincias, iglesias y oratorios; 6. presencia de su imagen en los coros y habitaciones.

84. Veneramos asimismo con singular amor a nuestro Padre San Pedro Nolasco y debemos estudiar cuidadosamente su vida y misión en la Iglesia, para que su espíritu y servicio redentor se perpetúen en la Orden 3. 85. Honramos a nuestro Padre celebrando en cada comunidad solemnemente su fiesta, exponiendo sus virtudes y ejemplos a los fieles, instruyendo a los terciarios y cofrades en el conocimiento de su vida y obra y con el canto de alguna alabanza en su honor después del canto de la salve sabatina. 86. Celebramos las fiestas de los demás santos de nuestra Orden con espíritu fraterno, teniendo presente los ejemplos de sus vidas como modelos de respuesta fiel a la misma vocación. _____ 1 . Cf. LG 53. 68; SC 103. 2 . Cf. CM 1, 5; CR 81. 225 ss. 3 . Cf. Liturgia de la fiesta de San Pedro Nolasco, himno de vísperas.

Capítulo IV: Abnegación y mortificaciones 87. La consagración bautismal y la religiosa exigen del seguidor de Cristo la negación de sí mismo y la actualización, en su vida personal y comunitaria, de la muerte y resurrección del Señor; muriendo al pecado y al mundo a fin de vivir únicamente para Dios 1. 88. Debiendo realizar en nosotros la perfecta imagen de Jesucristo, no sólo necesitamos abnegación interior sino también mortificaciones corporales de carácter personal y comunitario que nos conduzcan a la santificación e informen toda nuestra vida, haciéndose así testimonio apostólico e impulsándonos a una mayor caridad al servicio de los hermanos. 89. Responderemos con generosidad cuando Dios nos inspire alguna mortificación, teniendo presente que la mejor de todas es aceptar con fe las renuncias y sufrimientos que lleva consigo la vida consagrada en comunidad. 90. En el día de retiro espiritual, o en otro más oportuno según el ciclo litúrgico, principalmente en adviento y cuaresma, ténganse celebraciones penitenciales comunitarias, de ordinario acompañadas de la confesión sacramental. 91. Además de los establecidos por la Iglesia, son días de penitencia en nuestra Orden uno de los que preceden a las fiestas de nuestra santísima Madre y de nuestro santo Padre, y los determinados por los estatutos provinciales en casos particulares, que señalan también los actos de mortificación más apropiados al lugar y al modo actual de vivir 2. _____ 1 . Cf. Rom 6, 4-6; PC 15. 2 . Cf. PAE II; CIC 1249-1253.

Capítulo V: Atención a los enfermos y ancianos 92. Hemos de ver todos en la enfermedad una asociación a la Pasión del Señor y, en la muerte, la suprema oblación de nuestras vidas. 93. Los religiosos débiles, enfermos o ancianos, representan de un modo especial a Cristo en la Comunidad. Por eso los atenderemos con suma delicadeza y caridad fraterna, visitando con frecuencia a los enfermos e impedidos. 94. El superior procure, con solicitud y caridad fraternas, que los religiosos se acojan a los seguros sociales de enfermedad y vejez, donde sea posible: tratando que nunca falte lo necesario a los enfermos y ancianos. 95. El superior cuidará también de que nuestros religiosos aquejados de dolencias graves o de avanzada edad reciban a tiempo el sacramento de la unción de los enfermos y el sagrado viático que les administrará ordinariamente él mismo, acompañado por los demás religiosos de la comunidad.

Capítulo VI: Comunicación, silencio y clausura 96. La comunicación humana es un inestimable don que exige capacidad de escucha y cordial acogida del otro en un clima de confianza, sin lo cual se hace imposible la vida comunitaria fraternalmente compartida. La Escritura nos recuerda que hemos de ser «prontos para escuchar y lentos para hablar», y Jesús comunicó a sus discípulos como a amigos, todo lo que había recibido del Padre. También nuestra amistad de hermanos en Cristo ha de expresarse en un sincero intercambio comunitario y en un sencillo trato familiar 1. 97. Nos reunimos a participar de una misma mesa, con la debida bendición y acción de gracias al Señor, en medio de sana alegría que fomenta nuestra unión fraterna, cuidando de que nuestra alimentación sea sobria y suficiente dentro de la pobreza. Después de la acción de gracias, los religiosos comparten por algún tiempo una familiar recreación comunitaria. 98. El uso de los medios de comunicación social hágase con la debida discreción evitando todo aquello que pueda ser nocivo a su consagración religiosa, respetando el debido amor al silencio y contribuyendo a la unión fraterna 2. 99. Nuestros religiosos valoren el silencio como una práctica a la observancia regular que favorece la piedad, el estudio, el recogimiento y el descanso; por tanto, deberán guardar silencio en los momentos y lugares que la comunidad determine, a fin de crear en nuestras casas un ambiente propicio al encuentro con Dios, al cultivo de la inteligencia, al ejercicio de todas las virtudes y al conveniente descanso corporal. 100. A fin de favorecer la intimidad y el espíritu religioso de la comunidad, guárdese la clausura establecida en nuestras casas, cuidando de que no entorpezca el ministerio pastoral y reservando siempre una parte de la casa sólo para los religiosos 3. 101. El provincial, oída la comunidad, determina en cada casa los límites de la clausura, pudiendo dispensarla por causas justas. El superior local, en circunstancias similares, la puede dispensar ocasionalmente. 102. Las visitas recíbanse en lugares y tiempos oportunos, evitando inútiles distracciones; observen los religiosos máxima discreción en las visitas a casas particulares, no mezclándose en asuntos ajenos a su labor apostólica ni llevando afuera los de la comunidad. _____ 1 . Cf. St 1, 19; Jn 15, 15. 2 . Cf. CIC 666. 3 . Cf. CIC 667, 1.

Capítulo VII: Orden doméstico y otras observancias 103. Los horarios por los que se rige el orden doméstico han de ser, al mismo tiempo, determinados y flexibles, a fin de que no sufra detrimento el espíritu religioso ni la eficacia apostólica. 104. Como verdaderos pobres debemos realizar nuestro trabajo haciendo fructificar nuestros talentos con disponibilidad plena en favor de la comunidad. Distribúyanse equitativamente las tareas, según las cualidades personales y las necesidades apostólicas; concediendo también a cada uno el tiempo de necesario descanso y dedicación a sí mismo 1. 105. Por el buen orden interno, los religiosos pidan permiso para salir de casa al superior o vicario, a no ser que se trate de las salidas ordinarias exigidas por el ministerio. 106. Las vacaciones anuales organícense en cada provincia y comunidad de modo que no se perjudique la vida espiritual, ni quede desatendido el servicio apostólico. 107. Como signo de su consagración y testimonio de pobreza lleven los religiosos el hábito de la Orden. Es blanco, de materia sencilla, compuesto de túnica, cinturón, escapulario, capilla y escudo. Por motivos especiales, y mientras duren éstos, el Maestro General puede permitir otro vestido con el distintivo de la orden, que es un broquel en cuya parte superior se reproduce la cruz de la catedral de Barcelona y en la parte inferior el escudo de armas del rey Jaime I de Aragón; suele ir timbrado con la corona real 2. 108. En los documentos y escritos oficiales úsese el sello de la Orden, a no ser que lo impida una razón grave. Los superiores mayores, al final de los documentos dirigidos a los religiosos, a continuación del año del Señor pongan también el de la fundación de la Orden. 109. Para actos que lo requieran se sigue el orden de profesión entre los sacerdotes, hermanos y estudiantes profesos. El Maestro General de la Orden, el provincial en su provincia, y el superior local en su comunidad, ocupan la presidencia. 110. Los viajes de los religiosos háganse con los debidos permisos. Los superiores locales pueden autorizarlos en casos ordinarios; el provincial, dentro de los límites de la nación o provincia respectiva. Para los extraordinarios y prolongados, se requiere la autorización del Maestro General. 111. Cuando un religioso llegue donde haya una casa de la Orden, acérquese a ella, al menos para saludar a sus hermanos, y la comunidad acójalo fraternalmente. Si tuviera que detenerse allí para cumplir algún ministerio, únase a la vida comunitaria, reconociendo la autoridad del superior local, en conformidad con el derecho común y propio. 112. En los momentos establecidos por la comunidad, léase cada semana algún capítulo de la regla y de las constituciones de la Orden, que son la guía segura según la cual vivimos nuestra consagración religiosa. _____

1 2

. Cf. PC 13; ES II, 26. . Cf. PC 18; CIC 669, 1.

Capítulo VIII: Participes y colaboradores 113. Consideramos a los miembros de los demás institutos de la Familia Mercedaria como frutos logrados del espíritu de nuestra Orden, y a las comunidades de monjas y religiosas les prestaremos, con espíritu fraterno y en la medida de lo posible, los servicios pastorales que soliciten. 114. Las Monjas Mercedarias, herencia preciosa de aquel grupo de mujeres que, con santa María de Cervellón, colaboraron desde el principio de la obra redentora de san Pedro Nolasco, están afiliadas a la Orden. Manteniendo su propio modo e vida y su propio gobierno, pueden ser asociadas de tal manera que el Maestro General tenga verdadera potestad sobre sus monasterios, a tenor de las propias constituciones 1. 115. Corresponde al Maestro General, a petición del respectivo moderador supremo, agregar a la Orden otro instituto religioso, a fin de que forme parte de la Familia Mercedaria, quedando siempre a salvo su propia autonomía canónica 2. 116. En el gobierno general y provincial haya un delegado que se preocupe de fomentar las relaciones con aquellos institutos, prestándose mutua ayuda y organizando, si fuera posible, algún apostolado común. Para estrechar mayormente los vínculos de unión, es conveniente promover reuniones de carácter espiritual, de estudio y planificación. 117. Desde los inicios de la Orden, los laicos participan y colaboran en el ejercicio de la misión redentora, constituyendo diversas asociaciones y cofradías. Entre ellas la más importante es la Orden Tercera, asociación de laicos integrada a la Familia Mercedaria, que participa del espíritu redentor; en ella, el cristiano realiza su consagración bautismal inspirado en los valores espirituales de San Pedro Nolasco, se centra en el amor a María de la Merced, busca como fin su santificación y desarrolla una eficaz colaboración en la misión de la Orden. 118. Corresponde a la Orden erigir, organizar y atender con especial esmero estas asociaciones laicales, promoviendo la madurez espiritual y formación permanente de sus miembros, su participación activa en las obras apostólicas y su integración mediante algún vínculo específico en la Familia Mercedaria. 119. La erección de estas asociaciones laicales corresponde a los superiores mayores observando las disposiciones de la Iglesia. El secretariado general y el de la provincia correspondiente preocúpese de la Orden Tercera, Cofradía de la Merced y nuevas asociaciones, poniendo al día o aprobando sus estatutos, fomentando encuentros de los responsables entre sí y con los otros movimientos apostólicos. 120. En cada provincia, búsquese la forma de promover, constituir y desarrollar nuevas asociaciones laicales, según las directrices de la Iglesia, las exigencias de nuestro espíritu redentor y de acuerdo a las circunstancias de cada país. Por lo tanto, ofrézcase a los laicos que colaboran en nuestra acción apostólica la posibilidad de conocer y abrazar el tesoro espiritual de nuestra Orden, de tal forma que, manteniendo el carácter laical, puedan realizar el ideal mercedario. De igual manera préstese especial atención a la juventud, presentándole el ideal mercedario como un camino concreto de vida cristiana para el mundo de hoy. Según las posibilidades de

cada lugar, constitúyase el movimiento juvenil mercedario bajo la guía del secretariado de pastoral. 121 Consideramos a los padres y familiares de los religiosos como parte integrante de la Familia Mercedaria, tratando de estrechar su amistad y unión espiritual, sobre todo, durante el tiempo de la formación de sus hijos. 122. Recibiremos con fraterna hospitalidad a los familiares de los religiosos, los miembros de otros institutos y a los sacerdotes diocesanos, siguiendo el espíritu tradicional de la Orden. 123. A las personas que están al servicio de las comunidades debemos tratarlas con justicia y caridad, dándoles salario justo, suficiente descanso, vacaciones, seguros sociales y cuidando seriamente de su vida espiritual. 124. El Maestro General puede conceder a los bienechores, cuando lo juzgue conveniente, la participación en los bienes espirituales de toda la Orden o de una comunidad provincial o local. Lo mismo puede hacer el provincial respecto a su provincia. _____ 1 . Cf. CIC 614-615. 2 . Cf. CIC 580.

Capítulo IX: Sufragios 125. La caridad, que permanece siempre, ha de unirnos aun después de la muerte. Por eso, los hermanos que descansaron en Cristo estarán siempre presentes en nuestra oración comunitaria y personal, y especialmente en el santo sacrificio de la Misa 1. 126. Los religiosos fallecidos son amortajados con el hábito, añadiendo una estola a los sacerdotes. Comuníquese prontamente la noticia al provincial y a los familiares del difunto. El secretario de provincia notifica la defunción al Maestro General, el cual la comunica a los demás provinciales y, a través de ellos, a todas las comunidades locales. El secretario provincial prepara, además, una síntesis biográfica del religioso difunto, que será publicada en el Boletín de la Orden. 127. Además de los sufragios que pueden establecerse en los estatutos provinciales, aplíquense los siguientes: 1. por el Santo Padre, una misa en cada comunidad local de la Orden; 2. por el Maestro General o ex-General, una misa cada sacerdote de la Orden y participación de los no presbíteros en una misa, a ser posible, comunitaria; 3. por un religioso de la misma provincia, una misa cada sacerdote de la provincia y participación de los no presbíteros en una misa; 4. por un religioso de distinta provincia, una misa en cada comunidad local de la Orden; 5. por cada uno de los religiosos, las exequias y un treintenario de misas, celebradas en la casa a la que estaba asignado; si la comunidad no puede cumplir con el treintenario, el provincial determine cómo celebrarlo; 6. por un religioso elevado al episcopado, los mismos sufragios indicados más arriba, según los casos. La curia provincial respectiva aplique el treintenario; 7. por un novicio, iguales sufragios que por un religioso; 8. por el padre o madre de un religioso, tres misas en la casa a que está asignado éste; 9. en el mes de noviembre y en día señalado, conmemórese a los difuntos religiosos, religiosas, terciarios, cofrades, cautivos, parientes y bienhechores, aplicando una misa de comunidad, y las oraciones y sufragios de ese día. Por la misma intención, la comunidad local celebre una misa de aniversario en febrero, julio y octubre, y, en cada uno de los ocho meses restantes, una por todos los fieles difuntos; 10. por el último Maestro General difunto, una misa de aniversario, cada año, en la Curia General; 11. por los religiosos fallecidos desde el último capítulo, una misa de aniversario en los capítulos generales y provinciales. Aplíquense estos sufragios, donde sea posible, en la misa comunitaria, a fin de que todos los religiosos puedan participar den ella, pues, al celebrar el sacrificio eucarístico es cuando mejor nos unimos con los hermanos que se durmieron en la paz de Cristo 2. 128. En cada comunidad, los nombres de los religiosos difuntos manténganse escritos en lugar público durante algunos años, a fin de que su recuerdo mueva a la piedad y a la oración por ellos.

_____ 1 . Cf. 1 Cor 13, 8 2 . Cf. LG 50d.

PARTE IV: FORMACION Y ESTUDIOS

Capítulo I: Fomento, acogida y discernimiento de las vocaciones 129. El deber de fomentar las vocaciones religiosas afecta a los padres cristianos y a toda la comunidad eclesial. Con mayor razón han de considerarse obligados los religiosos a cultivarlas, acogerlas y discernirlas 1. 130. Nuestros sacerdotes, en la exposición de la palabra de Dios traten con frecuencia el tema de los consejos evangélicos, del espíritu y apostolado de la Orden. Cada religioso, en su ministerio y con su ejemplo, ejercite asimismo su celo apostólico en suscitar, acoger y cultivar vocaciones, observando las normas de la Iglesia. Corresponde a los superiores, y de manera particular a los provinciales, tomar la iniciativa e impulsar activamente, de forma eficaz, la obra vocacional, medio imprescindible para la permanencia e incremento de la Orden 2. 131. Cada comunidad, por su modo evangélico y mercedario de vida, ha de ser una invitación para que otros deseen seguir a Cristo según el carisma de la Orden. Además, ha de estar dispuesta a fomentar y acoger fraternalmente posibles vocaciones que surjan en su entorno o por su actividad apostólica, pero contando con el permiso del provincial, si el aspirante ha de morar con los religiosos. 132. El secretariado provincial de vocaciones, formación y estudios, de acuerdo con el secretariado general correspondiente, organiza la Obra de vocaciones mercedarias y los modos más adecuados para promoverlas, acogerlas y discernirlas, según las circunstancias de cada provincia 3. 133. La tarea de discernimiento continúese cuidadosamente durante todos los períodos de formación hasta la profesión solemne. A quienes no muestren vocación mercedaria oriénteseles hacia otro tipo de vocación cristiana 4. _____ 1 . Cf. LG 11b; OT 2a; RF 5-10. 2 . Cf. PC 24; PO 11. 3 . Cf. RF 10. 4 . Cf. OT 6; RF 40.

Capítulo II: Responsables y formadores 134. La formación en al Orden tiene como fin conducir a los candidatos, de modo progresivo, a vivir plenamente su vida religiosa según nuestro espíritu y misión en la Iglesia. De esta formación son responsables especialmente los superiores mayores, a quienes prestan orientación y ayuda los secretariados de vocaciones, formación y estudios y los equipos de formadores. 135. Para lograr unidad y eficacia en la promoción de vocaciones y en la integral formación de los que son recibidos en la Orden, la ratio institutionis et studiorum general y provincial, siguiendo las directrices de la Iglesia, organicen de tal modo todos los elementos formativos que contribuyan a la unidad de vida en cada formando 1. 136. Elíjanse los formadores entre los sacerdotes de votos solemnes de mayor virtud y de mayores cualidades para cada período formativo, y prepárense con sólidos estudios en cuestiones de teología y pedagogía de la vocación y de espiritualidad mercedaria, debiendo tener también suficiente experiencia pastoral 2. 137. Los maestros son nombrados por el Provincial con el consentimiento de su consejo. Los demás formadores son designados por el provincial. 138. Bajo la guía del superior, establezcan el maestro y sus colaboradores una estrecha unión de espíritu y acción, constituyendo con los formandos una tal comunión familiar que responda a la oración del Señor: que sean una sola cosa, fomentando en ellos el gozo de sentirse llamados a la Orden 3. 139. El equipo de formadores reúnase frecuentemente, bajo la presidencia del superior, para revisar su propia actuación y la de los formandos, a fin de renovar continuamente los métodos pedagógicos y didácticos relativos a los estudios y a la vida espiritual 4. 140. Las casas de formación sean la preocupación primera de los superiores y de todos los religiosos, tanto en lo referente a edificios y medios económicos como, sobre todo, a personal y medios espirituales. Los religiosos aptos préstense de buen grado a la sacrificada tarea de formadores. 141. El secretariado general de vocaciones, formación y estudios, cuya organización y funciones determina la ratio general, impulsa la formación y estudios en toda la Orden. 142. El secretariado provincial de vocaciones, formación y estudios, cuya organización y funciones determina la ratio provincial, impulsa y anima la formación y estudios en la Provincia. ______ 1 . Cf. PC 18b. 2 . Cf. PC 18; OT 5; RF 30, 33-35; CIC 651,1. 3 . Cf. OT 5; RF 29, 38b; Jn 17,22. 4 . Cf. RF 29, 38a, 90.

Capítulo III: Noviciado 143. El noviciado tiene como finalidad facilitar al novicio, en la teoría y en la práctica, el conocimiento de las exigencias de la vida religiosa mercedaria, a fin de que, ejercitándose en los consejos evangélicos y realizando la íntima unión con Cristo en las actividades propias de nuestra Orden, se prepare para la profesión 1. 144. Los aspirantes, tanto clérigos como hermanos cooperadores, tienen un tiempo de preparación antes de su ingreso al noviciado establecido por los estatutos provinciales y planificado por la ratio provincial, según las distintas circunstancias de cada provincia. 145. Durante este tiempo de preparación, los candidatos disciernen, a la luz de la palabra de Dios y de la oración, del carisma mercedario y de sus propias motivaciones, los signos de su vocación en relación a la naturaleza y fin peculiar de la Orden, ayudados por algún formador. Comprueba éste, para comunicárselo al provincial, si aquellos poseen la suficiente madurez y demás aptitudes requeridas por la Iglesia y la Orden para comenzar el noviciado. Si fuera necesario búsquese la colaboración de peritos 2. 146. El provincial admite al novicio teniendo presente el juicio de quienes intervinieron en la formación del candidato y cuidando de que sean admitidos solamente aquellos que poseen las cualidades y grado de madurez necesarias y cumplen todos los requisitos exigidos por el derecho común 3. 147. Antes de ser admitido al noviciado, presente el candidato los documentos exigidos por el derecho y aquellos otros que al provincial le pareciere oportuno. La edad mínima para comenzar el noviciado es la de diecisiete años cumplidos 4. 148. Después de hacer los candidatos ejercicios espirituales, se efectúa el acto de admisión al noviciado, según el ritual de la Orden, dejando constancia en el libro destinado a este efecto. Los estatutos provinciales determinan la forma concreta para llevar a cabo este tiempo de formación, que planifica la ratio provincial. 149. El noviciado, para su validez, hágase en una casa destinada a este fin, mediante decreto escrito del Maestro General con el consentimiento de su consejo, en donde los novicios viven fraternalmente unidos, bajo la dirección del maestro. Mientas cada novicio se esfuerza en ver mejor y seguir con fidelidad los signos de su vocación, el maestro y la comunidad sostienen y ayudan su desarrollo religioso y humano, examinando con él la progresiva realización de su ideal y ofreciéndole un ejemplo de vida y oración 5. 150. Dada la eficacia formativa de vivir en comunión fraterna, cuando el número reducido de novicios no consienta crear esta condición favorable, el Maestro General con el consentimiento de su consejo, vea la conveniencia de establecer el noviciado en una comunidad idónea. En casos particulares, y a modo de excepción, puede conceder a un candidato hacer su noviciado en otra casa de la Orden, igualmente designada, bajo la dirección de un formador que hace las veces del maestro de novicios 6. 151. El provincial puede permitir que los novicios con su maestro vivan un tiempo determinado en otra casa de la provincia por él designada 7.

152. La formación de los novicios comprende: la gradual renuncia a todo lo que impide la respuesta a la llamada de Dios, por la oración y la práctica de las virtudes humanas y cristianas; la lectura meditada de la sagrada escritura y el conocimiento del misterio de la salvación; las celebraciones litúrgicas bien preparadas, especialmente la eucaristía y oficio divino; la docilidad a los impulsos del Espíritu Santo para establecer una filial relación con el Padre, configurando el novicio su vida con la de Cristo para la comunión fraterna y los consejos evangélicos, según la índole, espíritu y disciplina de nuestra orden, debidamente expuestos 8. 153. Iníciese a los novicios en el estudio de la regla, constituciones, ritual, historia y espiritualidad de la Orden y en todo aquello que constituye su mejor tradición ly patrimonio espiritual. Suscite el maestro en los novicios el gozo de sentirse llamados a un instituto que desde hace tantos siglos se entrega a un servicio liberador en la Iglesia, impulsándolos a un gran amor hacia ella y hacia sus sagrados pastores 9. 154. Para centrar mejor su vida en Cristo Redentor, oriéntense los novicios a la imitación y culto de nuestra Fundadora y Madre, grabando su imagen como un sello en sus corazones de forma que nada haya en su boca, en su mente o en su conducta que no respire amor a la Virgen María. De manera semejante, háganlo respecto a nuestro Padre san Pedro Nolasco, estudiando con profundo interés y devoción su figura y su obra, hasta asimilar el espíritu redentor que legó a su Orden y prepararse así convenientemente a emitir el cuarto voto. 155. El maestro, evitando tanto el rigor excesivo como la demasiada indulgencia, les corrige paternalmente los defectos, haciéndoles descubrir las motivaciones profundas de sus actos y de su propio ideal religioso, les ayuda así a purificarlas, a lograr un sano equilibrio humano y vocacional y a cumplir con decisión generosa la voluntad de Dios que se les va manifestando con mayor claridad. 156. El maestro esté siempre dispuesto a acoger y atender a cada novicio en sus problemas, dudas y crisis, con gran comprensión y caridad, respetando su libertad de opción y el don de Dios. Los novicios, por su parte, acudan al maestro confiándole con sinceridad sus dificultades, escuchando con espíritu de fe sus consejos y obedeciendo sus mandatos. Los novicios se ejercitan, además, en aquellas actividades apostólico - formativas que el maestro elige, con el consentimiento del provincial, según la ratio de cada provincia, las cuales pueden hacerse fuera de la comunidad del noviciado por algunos períodos de tiempo. 157. El noviciado debe durar doce meses, sin contar las posibles actividades formativas fuera de casa, y no exceder de dos años, incluidas dichas actividades. El período canónico de noviciado queda invalidado por la ausencia que sobrepasa los tres meses continuos o discontinuos. Si la ausencia del noviciado es por un período mayor de quince días y menor de tres meses debe suplirse. Puede el superior mayor, con justa causa, permitir que se anticipe la profesión, pero, no más de quince días. 158. Un mes antes de terminar el noviciado, el novicio solicita por escrito su profesión al provincial y se prepara para ella haciendo ejercicios espirituales. El maestro envía un detallado informe al provincial. Por indicación de éste, el superior convoca el capítulo consultivo de los religiosos de votos solemnes para someter a votación secreta la admisión de cada novicio a la profesión enviando el resultado al provincial 10.

159. Corresponde al provincial con el voto deliberativo de su consejo admitir a la profesión al novicio que reúna todos los requisitos exigidos por el derecho común, y recibirla por sí mismo o por un delegado suyo, según ritual; dejando constancia del acto en el libro de profesiones con las firmas del profeso y de quien recibió su profesión. En virtud de esta profesión simple el novicio se compromete a participar en la vida común de los hermanos y a observar sus votos según la regla y constituciones de nuestra Orden, preparándose a su profesión solemne 11. 160. La profesión simple se emite de año en año por un período de seis años. En casos excepcionales, es facultad del provincial con el consentimiento de su consejo, adelantar o postergar la profesión solemne, pero, no más de un trienio 12. 161. El novicio puede abandonar la Orden cuando lo desee, y el provincial puede despedirlo por motivos justos; en casos urgentes, también el superior, de acuerdo con el maestro, notificándoselo cuanto antes al provincial. 162. El novicio en peligro de muerte puede emitir la profesión, con autorización del provincial o, en caso urgente, del superior; dicha profesión carece, si sana, de valor jurídico y tiene por finalidad posibilitar al novicio su consagración a Dios y el gozo de morir miembro de la Orden. 163. Tanto la profesión simple como la solemne debe hacerse con esta fórmula: Yo, Fr. NN nacido en... el día... de... de... para gloria de Dios Padre, que nos redimió por Jesucristo y nos concedió la adopción de hijos por medio del Espíritu Santo, quiero consagrarme a El más íntimamente y seguir más de cerca a Cristo durante toda mi vida, por lo cual, ante los hermanos aquí presentes y ante ti, Fr. NN 13, hago profesión de votos14 solemnes y prometo observar castidad, pobreza, obediencia y el cuarto voto, según la regla de san Agustín y las constituciones de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, y me incorporo libre y voluntariamente a esta familia religiosa para vivir en fraternidad comunitaria y, a ejemplo de nuestro Padre y Fundador san Pedro Nolasco, alcanzar con la gracia del Señor y la ayuda de nuestra Madre de la Merced la perfección del amor con el generoso y fiel cumplimiento de la misión redentora de la Orden. Y ratifico esta libre decisión firmándola con mi propia mano, en el convento de ... el día ... de ... de 19...

El que recibe la profesión, dice: Y yo, por la potestad que tengo, en nombre de la Iglesia, recibo de ti (de vosotros) los votos que has (habéis) emitido en la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, y te (os) encomiendo vivamente a Dios, para que puedas (podáis) cumplir tu (vuestra) ofrenda, asociada al sacrificio eucarístico 15. _____ 1 . Cf. ES II, 33; CIC 646. 2 . Cf. CIC 642 3 . Cf. CIC 645

. Cf. CIC 643, 1; 645, 1.5. . Cf. CIC 647, 1; 652, 4. 6 . Cf. CIC 647, 2. 7 . Cf. CIC 647, 3. 8 . Cf. CIC 652,2. 9 . Cf. CIC 646; 652, 2. 10 . Cf. CIC 656. 11 . Cf. CIC 656, 3. 12 . Cf. CIC 655; 657, 2. 13 . Se dice el nombre y el cargo del superior mayor que recibe la profesión, o el nombre del delegado, de este modo: «y ante tí, Fr. NN, delegado por el superior competente». 14 . En la primera profesión se dice: «hago profesión de votos simples por un año» 15 . Si la profesión se emite fuera de la misa, se omiten las palabras: «asociada al sacrificio eucarístico».
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Capítulo IV: Formación religiosa 164. Durante el tiempo comprendido entre la profesión simple y la solemne, se prosigue y completa la formación religiosa, tanto de los clérigos como de los hermanos cooperadores, repartiéndola gradual y convenientemente a través de las diferentes etapas, asistiendo a los formandos en su caminar vocacional ly ofreciéndoles una preparación eficaz para su total consagración. 165. Bajo la autoridad y animación del superior y, si es preciso, la atención más inmediata de un formador o maestro, los clérigos en el estudiantado y los hermanos cooperadores en casas apropiadas, sigan la línea iniciada en el noviciado, en la consecución de una formación religiosa integral que comprenda los diversos aspectos, personal y comunitario, eclesial y ecuménico, alternando el estudio teórico con los correspondientes ejercicios prácticos. 166. para que los religiosos, todavía en período formativo, logren su madurez humana y puedan vivir gozosamente su consagración, tengan presente los superiores y formadores los principios de la sana pedagogía, tanto en la organización interna de la casa de formación, como en las debidas relaciones de los formandos con aquéllos a quienes han de llevar el mensaje evangélico liberador. 167. En un ambiente donde la disciplina sea aceptada por convicción y la responsabilidad compartida, adquieran los religiosos profesos una formación doctrinal adecuada, mediante aquellos métodos didácticos que les faciliten la personal elaboración de lo aprendido, amor a la verdad, seriedad en el trabajo y humilde reconocimiento de las propias limitaciones. 168. La ratio provincial organiza la formación de los religiosos en período formativo, según nuestras constituciones, la ratio general y los estatutos provinciales. Durante este tiempo y hasta que terminen sus estudios eclesiásticos o técnicos, no se les encomienden a los religiosos tareas que impidan su formación religiosa, intelectual y práctica 1. 169. Un mes antes de que termine el tiempo de su profesión, el religioso pide por escrito su renovación al provincial. El maestro o formador responsable envía sus informes. Concedida y efectuada la renovación según ritual, se deja constancia en el correspondiente libro, firmado por el religioso que renovó su profesión y por quien la recibió. Terminado el tiempo de su profesión, puede el religioso abandonar la Orden; y el provincial, oído su consejo, puede negarle la renovación. A los no idóneos se les debe orientar hacia otro tipo de realización cristiana, prestándoles caritativa ayuda. 170. A fin de que todos emitan la profesión solemne con total libertad y con la madurez y la idoneidad requeridas, cada religioso, con tres meses de anticipación, la solicita por escrito al provincial, a quien el maestro o formador responsable le envía sus informes. El provincial, oído su consejo, puede negarle la profesión solemne siempre que existan causas justas. 171. Al menos durante los tres meses anteriores a la profesión solemne, a modo de segundo noviciado y bajo la dirección del maestro o de otro religioso competente, los que van a profesar han de prepararse con más intensidad, haciendo actos particularmente encaminados a este fin y ejercicios espirituales.

172. La profesión solemne supone que el religioso ha alcanzado aquel grado de madurez humana y vocacional que exige su decisión libre, por la cual se consagra a Dios de modo irrevocable y se incorpora definitivamente a la Orden. Para su validez, se requiere en el candidato una edad mínima de veintiún años cumplidos, y haber transcurrido un período mínimo de tres años desde la primera profesión. Por causa justa, al profesión solemne puede anticiparse hasta tres meses. El provincial, con el consentimiento de su consejo, oído el capítulo de religiosos de votos solemnes, después de haberse asegurado que el candidato cumple todos los requisitos exigidos por el derecho común, admite al religioso a la profesión solemne y la recibe por sí mismo o por un delegado suyo, según ritual; dejándose constancia en el libro de profesiones, con las firmas de quien la emitió, de quien la recibió y de dos testigos, previo el cumplimiento de la renuncia de bienes y demás requisitos según derecho 2. 173. Con la profesión solemne termina el tiempo fuerte de la formación religiosa mercedaria, pero ésta deberá ir actualizándose siempre por la formación permanente, que han de facilitar y animar los superiores, sobre todo a través del secretariado de vida religiosa y cuyas directrices deben aceptar y cumplir todos los religiosos con sumo interés.

_____ 1 . Cf. CIC 660,2 2 . Cf. CIC 658.

Capítulo V: Formación sacerdotal 174. Los llamados por Dios al sacerdocio en nuestra Orden han de formarse en todo lo que se refiere al sagrado ministerio, especialmente en teología, sagrada escritura, catequesis y predicación de la palabra de Dios, en el culto litúrgico y administración de los sacramentos; orientando su acción pastoral conforme a nuestro espíritu y ministerio peculiar. 175. A la formación teórica ha de unirse la práctica pastoral, a fin de que, conociendo bien a los hombres y amándolos en Cristo, sepan apacentar la grey del Señor, con preferencia por los que tienen en peligro su fe y por los más necesitados. 176. Los estudios eclesiásticos se adaptan en cada país, al plan de la respectiva conferencia episcopal y al derecho, debiendo aparecer en la ratio general lo que, según las constituciones, complementa la formación del sacerdote mercedario, y en la ratio provincial su concreta planificación. 177. Para la recepción de los ministerios de lector y acólito prepárense los candidatos con el meditado estudio de su contenido y algún retiro espiritual. Entre el acolitado y el diaconado debe mediar un tiempo de ejercicio de estos ministerios no inferior a seis meses. 178. Para recibir las órdenes sagradas, ha de haber adquirido el religioso la competencia pastoral y demás requisitos exigidos por la Iglesia, que garanticen ante los superiores y ante el pueblo de Dios el digno ejercicio de la función sacerdotal. El diaconado constituye para el religioso clérigo un momento de especial identificación con Cristo servidor de los hombres, al que ha de prepararse con una seria reflexión y oración haciendo ejercicios espirituales. No se reciba el diaconado antes de la profesión solemne y de haber cumplido el candidato al menos veintitrés años. El provincial no extienda las dimisorias antes de haber oído el parecer de su consejo y de estar moralmente cierto de la aptitud del candidato. 179. Por la especial participación en el sacerdocio de Cristo que el presbiterado confiere para la edificación del Cuerpo Místico, los religiosos que van a ordenarse de presbíteros han de poseer un gran amor a Jesucristo, a quien deberán representar, y un ardiente deseo de servir y de evangelizar a los hombres a quienes son enviados. El provincial determina el tiempo de ejercicio pastoral del diácono que no ha de ser inferior a seis meses. Todo lo que antes se ha dicho sobre la preparación y aptitudes para el diaconado, vale asimismo con mayores exigencias para el presbiterado. Para la ordenación sacerdotal se requieren veinticinco años cumplidos 1. 180. Si bien, recibido el presbiterado se juzga terminada substancialmente la formación sacerdotal, no obstante, su perfeccionamiento y puesta en práctica ha de durar toda la vida, a través de la formación permanente según los estatutos provinciales, el derecho de la Iglesia y las normas de las diócesis donde el sacerdote mercedario ejerce su servicio pastoral. 181. Cuando pareciere conveniente, puede el Maestro General, con el consentimiento de su consejo, oídos los provinciales interesados, constituir casas interprovinciales de formación, regidas por estatutos particulares que confecciona el secretariado general de vocaciones, formación y estudios, y aprueba el Maestro General con el consentimiento de su consejo.

_____ 1 . Cf. CIC 1034, 1; 1032,2; 1031, 2.

Capítulo VI: De los hermanos cooperadores 182. Los hermanos cooperadores realizan plenamente el ideal evangélico de la vida religiosa en nuestra Orden, al servicio de la Iglesia, siendo fermento en el mundo para incrementar el Cuerpo de Cristo, y cooperando en el apostolado peculiar y demás ministerios. 183. Reciban una formación específica que los capacite en aquellos ministerios de la Orden y de la provincia para los que están más dotados y según las necesidades de los tiempos y lugares, mediante una cuidadosa preparación apostólica, doctrinal y técnica, obteniendo, a ser posible, los títulos correspondientes. 184. La ratio provincial planifica la formación peculiar de los hermanos cooperadores, pudiendo éstos asistir a cursos especiales de formación en institutos religiosos, laicos o en otros centros. 185. Los hermanos cooperadores, al igual que los religiosos clérigos, han de estar en una incesante formación permanente, determinando el secretariado provincial de vocaciones, formación y estudios los medios más adecuados para ello, que el superior ha de urgir y cada hermano tomar con interés para que fructifiquen mejor los talentos que Dios les dio. 186. Los religiosos que, habiendo cursado los estudios eclesiásticos no desean recibir órdenes sagradas son para todos los efectos hermanos cooperadores.

Capítulo VI: Promoción cultural en la Orden 187. Cuiden los superiores de fomentar el cultivo de las mejores cualidades de los religiosos, si es posible, con estudios superiores en institutos y universidades, facilitándoles también la asistencia a congresos o cursos especiales. Los distintos secretariados orienten y coordinen todo el movimiento cultural según el espíritu y fin de nuestra Orden 1. 188. El propio ministerio apostólico, integrado en el ambiente cultural del momento, nos exige a los mercedarios una cuidadosa preparación en las ciencias y las letras, así como en el uso de los medios de comunicación social y de todo aquello que sirva a la exposición de las ciencias sagradas en la difusión de la doctrina de Cristo, relacionándolas con su fin, historia y espiritualidad de la Orden 2. 189. Tengan presentes los religiosos las directrices y normas de la Iglesia en la publicación de libros, guiones radiofónicos o televisivos, solicitando los debidos permisos. Para escritos que tratan cuestiones de religión y costumbres, además de la autorización del ordinario del lugar, nuestros religiosos necesitan también autorización del provincial. Envíense dos ejemplares de las obras editadas a la curia general y otros dos a la curia provincial3. 190. El Maestro General con su consejo puede promover al grado de maestro en sagrada teología, facultad concedida a la Orden por privilegio apostólico, al religioso doctor en teología que haya enseñado durante diez años y tenga publicados escritos valiosos sobre temas teológicos; previa postulación de la provincia del candidato, aprobada en capítulo o en consejo. 191. El instituto histórico, dependiente del Maestro General y regulado por sus propios estatutos, promueve la investigación de la historia y espiritualidad mercedarias y fomenta el conocimiento de la Orden con adecuadas publicaciones. Las provincias ofrezcan su colaboración diligente para que este servicio sea más eficaz y se incremente cada día en beneficio de la Orden. 192. Háganse ediciones apropiadas de las obras de aquellos escritores representativos de la Orden en ciencia y santidad, cuya lectura sirva para fomentar en los religiosos el verdadero espíritu mercedario. 193. La biblioteca de la curia general debe reunir las obras más significativas de la Orden, con la información catalogada de libros y objetos de valor artístico o cultural de las casas. Complétese con un museo mercedario, mediante la cooperación de las provincias. 194. La biblioteca provincial debe ser un instrumento eficaz para el estudio e investigación de nuestros religiosos, la cual disponga de una sección lo más completa posible de las publicaciones de la Orden. A esta biblioteca puede el provincial, con el consentimiento de su consejo y oída la comunidad afectada, llevar los libros valiosos que estuvieren en otra casa. 195. Cada comunidad debe preocuparse de que su biblioteca esté dotada de libros necesarios sobre aquellas materias relacionadas con la tarea docente o apostolado particular a que se dedican sus religiosos.

196. Foméntense las bibliotecas particulares de los religiosos dedicados al estudio o enseñanza superior, las cuales no son propiedad personal, sino que están a disposición del provincial, para que decida lo más conveniente al bien común. Los manuscritos de un religioso difunto pasan al archivo provincial. 197. En las curias y en las casas, haya un archivo con secciones administrativa e histórica, cuyas llaves guarden el superior y el archivero. Quedando siempre a salvo la caridad con las personas, no se saque ni publique nada sin autorización del superior respectivo, cuidando de que se devuelvan íntegros los documentos y que todo permanezca en buen estado. Los superiores mayores tengan además un archivo especial para asuntos reservados, destruyendo periódicamente lo que no ofrezca utilidad. _____ 1 . Cf. OT 18; RF 85. 2 . Cf. IM 13-15; GE 10-11; RF 68. 3 . Cf. CIC 832.

PARTE V: GOBIERNO DE LA ORDEN Capítulo I: Su Espíritu y normas generales 198. Los mercedarios somos una fraternidad religiosa, reunida en Cristo por el Espíritu Santo; nos sentimos llamados a vivir la Buena Nueva y estamos dedicados a la misión salvífica de la Iglesia según el carisma de nuestro Padre San Pedro Nolasco y las sanas tradiciones de nuestra Orden, con una libertad robustecida por la obediencia y con la eficacia apostólica que nos da la sumisión voluntaria a los superiores que nos gobiernan. Nos proponemos crear una comunidad que busque y ame a Dios sobre todas las cosas, poniendo todo nuestro empeño en escuchar la voz del Espíritu que se manifiesta a través de las reglas y de la vida fraterna. 199. Llamados a una forma de vida que preanuncia la ciudad futura, somos guiados principalmente por el Espíritu Santo al que escuchamos también a través de los superiores. El mismo nos anima a guardar la unidad de nuestra común vocación, gracias a la obediencia y al cultivo de los propios dones para el bien de la comunidad. 200. De la Iglesia ha recibido nuestra Orden la firmeza de su organización y ordenamiento interno, así como facultades adecuadas para una más plena realización de su vida y de su obra. Las exigencias de la obediencia comprometen a todos los religiosos a responder al mandato de la caridad de Cristo y a las normas de la jerarquía eclesiástica. Para facilitar una respuesta generosa, la Orden constituye superiores a algunos de sus miembros. 201. Considérense todos los religiosos servidores de la voluntad divina y cada comunidad, fraternalmente unida, trate de descubrir esta voluntad, teniendo presente el fin de la Orden y las necesidades de los hombres. 202. Las constituciones determinan la potestad de cada superior según el nivel en que actúa, local, provincial, o general. Facilitan su ejercicio la cooperación activa y responsable de todos y la aplicación del principio de subsidiaridad. 203. El Maestro General y, bajo su dirección, los superiores provinciales, juntamente con los locales están al servicio de sus comunidades, cuyo bien, unidad e incremento procuran en virtud del servicio comprometido con la Iglesia, fieles a los ordenamientos y disposiciones de los respectivos capítulos. 204. En los capítulos y en los consejos, sea cual fuere su nivel, las decisiones se toman por mayoría absoluta de votantes, salvo disposición particular como, por ejemplo, en el número 291; en caso de dos escrutinios consecutivos con igualdad de votos, decide el presidente. En los casos en que para la realización de ciertos actos los superiores necesiten el consentimiento o consejo, procédase conforme al derecho común. Cuando no hay acuerdo en cuestiones no electorales, los dos tercios del capítulo pueden encomendarlas a religiosos aun no pertenecientes a él, debiendo acatarse su decisión como si fuese capitular 1.

205. En los actos electivos de capítulos y consejos, además de las prescripciones del derecho común, para el cómputo de la mayoría absoluta, obsérvese lo siguiente. Se tiene por elegido el que ha obtenido la mayoría absoluta de votos, esto es, más de la mitad de los que toman parte en la votación. Si se tratare de un candidato que a la inauguración del capítulo hubiera desempeñado el oficio durante un período completo, ya por elección ya por simple designación, para que haya elección, se requieren los dos tercios de los participantes. Si fueren necesarios varios escrutinios para obtener la elección, terminado el cuarto, el presidente concede una interrupción por un tiempo prudencial, continuando luego la votación en otros dos escrutinios. En el séptimo escrutinio los votos deben concentrarse en los dos candidatos más sufragados en el sexto; si por empate hay más de dos, precede el más antiguo por primera profesión, y, en caso de ser iguales, por edad. En este escrutinio, ambos no participan en la votación y es elegido el que obtuvo el mayor número de votos, o en caso de empate el primero en precedencia. Si un candidato participa para la reelección y en el sexto escrutinio no obtuvo los dos tercios de los votos no puede ser reelegido y la votación continúa por otros dos escrutinios solamente con los otros candidatos; si aún no hubiere elección, en el noveno escrutinio se procede como en el séptimo. Si el elegido renunciare, la elección comienza desde el principio con todos los candidatos 2. 206. El oficio de superior es temporal de acuerdo al tiempo establecido para cada cargo. Procúrese evitar que los mismos religiosos sean constituidos superiores por mucho tiempo y que en la misma persona se acumulen cargos 3. 207. Durante su mandato los superiores pueden ser trasladados con su consentimiento a otro cargo cuando así lo pida el bien de la provincia, y ser privados del mismo cuando hagan violado gravemente las obligaciones de la vida religiosa, o su comportamiento constituye un grave descuido en el cumplimiento de los deberes del propio servicio a la comunidad y, amonestados, no se han enmendado o presentado su renuncia. La remoción del cargo, si no está previsto de otro modo, puede ejecutarla quien lo confirió o una autoridad superior 4. 208. Cuando un superior necesita el consentimiento o parecer del propio consejo, debe obtenerlo según las modalidades previstas en el derecho 5. _____ 1 . Cf. CIC 119, 2; 127. 2 . Cf. CIC 119, 1. 3 . Cf. CIC 624, 1.2. 4 . Cf. CIC 624, 3. 5 . Cf. CIC 127.

Capítulo II: La comunidad local: sus miembros 209. La comunidad local es la primera e inmediata expresión de la vida consagrada a Dios en nuestra Orden. Los religiosos, en comunión fraterna animada por los superiores, se comprometen a la realización de su profesión religiosa y a ser público testimonio y signo de la Iglesia en el mundo futuro1. 210. Encaminen las comunidades sus inquietudes y realizaciones al servicio de la provincia que integran. Los estatutos provinciales reglamentan las relaciones entre las comunidades locales y la provincia. 211. La comunidad local debe habitar en una casa legítimamente constituída bajo la autoridad del superior. El Maestro General erige la casa mediante decreto formal, después de haber recibido el informe y petición del provincial con el consentimiento del consejo, la aprobación escrita del obispo diocesano y cumplidos los demás requisitos jurídicos. 212. Antes de proceder al establecimiento de nuevas casas, procúrese que: 1. haya verdadera necesidad de nuestro servicio redentor en la iglesia local; 2. estén garantizadas las condiciones necesarias para la vida religiosa y común; 3. se disponga la residencia habitual de tres religiosos, al menos; 4. no se perjudique, por razones de vecindad, a otras iglesias o comunidades; 5. se provea a la digna sustentación de los religiosos 2.

213. El Maestro General con el consentimiento de su consejo puede suprimir una casa legítimamente constituída, a petición del provincial con el consentimiento de su consejo y consultado el obispo diocesano, y cumplidos los demás requisitos jurídicos. Agótense todas las providencias internas antes de solicitar y decretar la supresión; teniendo en cuenta que nuestro ministerio se ejerce también en favor de las iglesias particulares. 214. El provincial determina la asignación local de cada religioso, la cual perdura hasta nueva disposición del mismo. 215. Las comunidades, según corresponda, lleven los siguientes libros: 1. de capítulos y consejos; 2. de admisión al noviciado y de profesiones; 3. de actas de visita; 4. de crónica diaria; 5. de misas constitucionales, de fundación y de las recibidas diariamente; 6. de religiosos difuntos; 7. de administración económica.

_____ 1 . Cf. CIC 573, 1. 2 . Cf. CIC 608 y ss.

Capítulo III: El capítulo local 216. Reunida en capítulo, la comunidad vive un encuentro de particular y fecunda comunión fraterna en torno a Cristo, cuya presencia ha sido prometida a los congregados en su nombre, en unión con el superior, intensifica mediante la oración y la reflexión, su vida religiosa y apostólica. 217. Cada comunidad, convocada y presidida por el superior, programa, dentro de los límites constitucionales, sus reuniones y actividades capitulares, en las que participan con igualdad de derechos todos los religiosos, a no ser que en algún caso se disponga otra cosa. El capítulo local tiene lugar también en las sedes de las curias general y provincial. 218. Todos los religiosos de la comunidad: 1. programan y revisan su vida fraterna, espiritual y disciplinar; 2. tratan temas bíblicos, litúrgicos o morales, particularmente los de mayor actualidad pastoral; 3. ordenan su actividad apostólica; 4. preparan la visita de los superiores mayores, conforme a las instrucciones dadas en su anuncio; 5. preparan los informes y sugerencias para los capítulos; 6. profundizan en el estudio y observancia de las disposiciones capitulares; 7. tratan los asuntos que requieren atención muy especial, antes de que el superior decida; 8. dan su consentimiento para la aceptación de parroquias, para abrir centros educacionales, tomar capellanías u otros ministerios similares cuando son aceptados con carácter permanente.

219.

Los profesos de votos solemnes, reunidos en capítulo: 1. dan su consentimiento para el nombramiento de los consejeros domésticos y del ecónomo; 2. tratan las cuestiones económicas según derecho; 3. dan el voto consultivo para admitir a la profesión solemne; 4. proponen cuatro candidatos a consejeros provinciales; 5. proponen tres candidatos a provincial; 6. proponen tres candidatos de la provincia para diputado al capítulo general; 7. proponen tres candidatos de la provincia al consejo general; 8. proponen tres candidatos a Maestro General, con la posibilidad de elegir tres nombres de la propia provincia o dos de la propia provincia y uno de cualquier otra provincia de la Orden. Lo actuado en el capítulo se comunica al provincial a los efectos pertinentes, excepto los incisos cuarto y quinto, cuyo resultado el superior local presenta al capítulo provincial para su escrutinio. Los estatutos provinciales determinan el tiempo y la forma como deben realizarse estos capítulos.

220. Para la presentación de candidatos a Maestro General, consejeros generales, diputados, provincial, consejeros provinciales y presentación o elección de delegados al capítulo provincial, se pueden hacer sondeos previos de discernimiento.

Capítulo IV: El superior local 221. Dócil a la voluntad del Padre, el superior promueva y guíe la vida fraterna, espiritual y apostólica de la comunidad, con prudencia y solicitud, haciendo del ejercicio de la autoridad un servicio de amor a ejemplo de Jesucristo. 222. El superior además del orden sacerdotal ha de tener por lo menos cinco años de profesión solemne, y estar dotado de cualidades similares a las indicadas en el número 297, exceptuadas las condiciones de edad y de profesión religiosa1. 223. El superior es nombrado por tres años; su nombramientos e puede prorrogar por otros tres. Excepcionalmente puede ser nombrado superior en la misma comunidad para un tercer período consecutivo, después de escuchar a los religiosos interesados. Para un cuarto período consecutivo en la misma comunidad, se requiere la confirmación del Maestro General. Tiene jurisdicción sobre todos los religiosos de su comunidad. Nombra su vicario y determina las atribuciones de los oficiales domésticos. 224. Si el superior renuncia, fallece, es trasladado a otro cargo o es removido, provéase conforme a derecho; mientras tanto lo sustituye el vicario. 225. Previo juramento de ritual y profesión de fe, el superior asume su oficio con la lectura de su nombramiento hecha por el provincial o su delegado ante la comunidad respectiva. Clausurado el capítulo provincial el superior permanece en el oficio hasta que el sucesor tome posesión de él, a no ser que el provincial determine otra cosa; cuidando siempre de que el superior saliente entregue personalmente la administración del cargo al sucesor. 226. Es misión del superior: 1. presidir a la comunidad y representarla en actos eclesiásticos y civiles; 2. presidir la celebración en los días de particular solemnidad, a no ser que esté presente un superior mayor; 3. promover la vida espiritual, velar por la vida fraterna, cuidar del buen orden interno y dar licencia a quien ha de predicar a los religiosos de su comunidad; 4. dirigir las actividades, encomendándolas a los religiosos conforme a sus condiciones físicas y síquicas, a quienes consulta, además, al respecto; 5. realizar actos jurídicos, según derecho; 6. velar para que el ecónomo provea a los religiosos; 7. residir con la comunidad, y reunirse con ella, según derecho; 8. dar cuenta de su oficio al provincial y al capítulo provincial 2.

227. En las casas dedicadas principalmente al apostolado parroquial, a fin de procurar la unidad de las obras, salvo que el régimen de la comunidad aconseje lo contrario, ejerza el cargo de superior y párroco el mismo religioso. El cargo de ecónomo no ha de acumularse al de superior, sin autorización del provincial.

228. El vicario, ausente el superior, atiende al quehacer diario de la comunidad, de acuerdo a las instrucciones recibidas; vacante el cargo, no innove y en las situaciones imprevistas o difíciles, no decida sin oír a la comunidad. En ausencia del vicario suple el sacerdote más antiguo en profesión. _____ 1 . Cf. CIC 623. 2 . Cf. CIC 765.

Capítulo V: El consejo doméstico 229. El consejo doméstico que convoca y preside el superior, debe constituirse en todas las comunidades locales, a fin de ayudar a éste en el recto desenvolvimiento de su oficio. 230. En las comunidades numerosas el capítulo asocia al superior, como consejeros, a dos religiosos de votos solemnes; en las comunidades con seis miembros o menos, todos los religiosos de votos solemnes forman el consejo. 231. Los consejeros proponen cuanto estimen conveniente para la comunidad, expresando su parecer con fidelidad, franqueza y respeto a los religiosos, en cuyo nombre actúan. 232. El superior designa secretario a uno de los consejeros, a quien toca redactar las actas del capítulo y del consejo, de las cuales da fe, y atender el archivo local, si no está encomendado a otro. 233. El consejo, juntamente con el superior: 1. promueve la vida espiritual, la fraternidad y el apostolado; 2. comparte las responsabilidades de la administración según derecho; 3. planifica la presentación de los asuntos al capítulo local; 4. interviene, en general, en las gestiones de alguna importancia; 5. da su voto, cuando lo prescribe el derecho.

Capítulo VI: La comunidad provincial: sus miembros 234. Las comunidades locales, signos diversos de la unión de los hermanos en Cristo, adquieren mayor expresión y plenitud cuando, vinculadas jurídicamente entre sí con la dirección de un superior común, integran la comunidad provincial. 235. Como un medio de ayudar a la expansión de la Orden y hacer que arraigue con características propias en nuevos lugares, promuévanse convenientemente nuevas comunidades provinciales, para que juntamente con las ya existentes, presten un coordinado y efectivo servicio a la Iglesia, en comunión de vida y fraternidad. 236. Compete al capítulo general, después de maduro estudio y de un período oportuno de preparación por las partes interesadas, erigir nuevas provincias, dividir las erigidas o unirlas a otras, adscribir una casa a otra comunidad provincial. 237. La provincia tiene por derecho: 1. religiosos propios adscritos; 2. personalidad jurídica; 3. superior mayor propio; 4. casas de noviciado y de estudios reconocidas; 5. participación en los actos de la Orden y la precedencia según la antigüedad.

238. Para erigir una provincia se requieren, al menos, treinta religiosos, la unión de seis casas, incluyendo las de noviciado y estudiantado y vocaciones propias. No se erija ninguna provincia si no consta con certeza que la erección resultará provechosa para ella, de manera que se prevea la marcha normal de su régimen y de la vida religiosa en cada casa, principalmente en las de formación. 239. Procúrese que las casas agrupadas y muy distantes, a la vez, de la sede provincial, se vayan organizando conforme a derecho, en provincias; con tal fin, promociónense particularmente las vocaciones del lugar. En estas circunstancias, cuando haya cuatro casas con un mínimo de doce religiosos, el Maestro General con el consentimiento de su consejo, puede constituir una vicaría, a solicitud del provincial con su consejo. 240. La adscripción a la provincia se verifica por la admisión del novicio a la profesión simple; y sólo puede modificarse con la autorización del Maestro General. 241. Los provinciales pueden solicitar al Maestro General el traslado o intercambio de religiosos, después de un diálogo fraterno con los interesados.

Capítulo VII: El capítulo provincial 242. La comunidad provincial vive más estrechamente su fraternidad, cuando se congrega en la unión representativa de todos sus miembros en capítulo provincial, cuya finalidad es examinar la marcha de la provincia y procurar su progreso en todos los aspectos, mediante el estudio de sus problemas vitales y de su conexión con toda la Orden. Aportan los participantes sus luces y experiencias, exponen las iniciativas de las comunidades y sus propias inquietudes, analizan la labor común y buscan juntamente los signos de la voluntad de Dios, con gran sentido de responsabilidad ante la comunidad que representan. El capítulo tiene jurisdicción eclesiástica sobre todos los religiosos adscritos a la provincia. 243. El capítulo administrativo - electivo, se celebra cada tres años; el administrativo, cuando lo aconsejan excepcionales circunstancias. En ambos casos, lo convoca el Maestro General y lo preside él mismo o su delegado. 244. Tienen voto: 1. el Maestro General o el Presidente; 2. los ex-Maestros Generales adscritos a la provincia; 3. el provincial; 4. los ex-provinciales; 5. los consejeros provinciales; 6. los superiores locales; 7. los maestros en sagrada teología; 8. los maestros de novicios, de profesos y aspirantes; 9. los delegados elegidos por los religiosos, y otros, a tenor de los estatutos provinciales. El capítulo puede llamar a otros religiosos en calidad de asesores. 245. El Maestro General anuncia la celebración del capítulo con suficiente tiempo antes de convocarlo, a fin de dar comienzo a su preparación. 246. Los estatutos provinciales y las letras que lo anuncian determinan el modo de preparar el capítulo con la máxima participación de los religiosos. 247. El capítulo se convoca para el sábado más próximo a la terminación del período; seis meses antes de su celebración, el Maestro General envía las letras correspondientes al provincial; las firman los capitulares de derecho, consignando el título respectivo. Con el consentimiento de su consejo, puede anticipar o retrasar tres meses su celebración. Desde la convocatoria del capítulo general hasta su clausura se suspende la celebración de capítulos provinciales. El Maestro General, con el consentimiento de su consejo y oído el provincial con su consejo, puede adelantarlos o atrasarlos convenientemente. 248. Una vez convocado el capítulo, los vocales no pueden ser removidos de sus cargos, a no ser por gravísima causa.

249. Los vocales concurren al lugar y en la fecha señalados. Si un superior por impedimento reconocido en consejo provincial, no puede asistir, lo sustituye con plenos derechos y deberes el vicario local, y si éste no pudiere, el religioso de votos solemnes elegido por el capítulo de profesos de votos solemnes. 250. El capítulo se desarrolla según sus propias normas, los estatutos provinciales y la agenda de los asuntos establecidos en la preparación. El secretario, elegido en capítulo, da fe de todo lo actuado en el mismo. 251. Si el Maestro General o su delegado no puede presidir alguna sesión, lo substituye el religioso más antiguo en profesión. Para regular las sesiones, el presidente puede designar moderadores, cuyas mociones de orden sean respetadas por los capitulares, como si procediesen de la presidencia. 252. Corresponde al capítulo, en especial: 1. conocer el estado de la comunidad provincial y de las comunidades locales a través de informes escritos y debidamente firmados; 2. examinar y decidir sobre la vida religiosa, vocaciones, apostolado, gobierno y economía; 3. corregir los abusos; 4. dictar estatutos, decretos y decisiones; asimismo revisar lo anteriormente establecido; 5. estudiar la conveniencia de erigir o suprimir alguna casa, a fin de presentar la solicitud al Maestro General; 6. estudiar las sugerencias de las comunidades y de los religiosos; 7. fijar la contribución al erario provincial; 8. elegir al provincial y a los consejeros provinciales.

253. Para las elecciones se escrutan los votos de los candidatos a provincial y a consejeros, presentados por el provincial y los superiores. El presidente da a conocer los candidatos. Después del correspondiente juramento, el capítulo elige al provincial y a los consejeros, entre aquellos candidatos. 254. Para la elección del provincial, los capitulares deben elegir entre los cinco candidatos más votados. Los estatutos provinciales pueden establecer que los candidatos sean tres. Para elegir a los consejeros, los capitulares sólo pueden escoger entre los ocho más votados. En lo demás obsérvese el número 205. 255. Habida la elección, el presidente proclama al electo y una vez aceptada, si tiene facultad, lo confirma; el secretario extiende el nombramiento, el electo emite el juramento según ritual y la profesión de fe, cumplidas las formalidades canónicas 1. 256. En la asamblea de clausura los capitulares firman las actas, el secretario entrega al provincial la documentación capitular y el presidente reza las preces de ritual.

257. Las disposiciones tomadas, previa aprobación del Maestro General, se publican en las forma que se determine en cada caso. 258. Las disposiciones entran en vigor al mes de publicadas, a no ser que el capítulo determine un plazo más corto. Envíese a la curia general una copia de las actas. _____ 1 . Cf. CIC 833, 8. 2 . Cf. . 3 . Cf. 4 . Cf.

Capítulo VIII: El superior provincial 259. El provincial, guía y responsable de su comunidad, anima y coordina la vida de la provincia, con la asistencia del consejo y la participación de las comunidades locales. Su cargo, incompatible con cualquier otro, es de tres años, con posibilidad de sucesivas reelecciones. 260. Posea condiciones y dotes de gobierno similares a las indicadas para el Maestro General en el número 297. Sea sacerdote y tenga por lo menos treinta años de edad y cinco de profesión solemne. 261. Ejerce su autoridad sobre las comunidades locales, los religiosos adscritos a la provincia y las actividades provinciales, según el derecho común y propio y los estatutos provinciales. 262. Puede nombrar un vicario con facultades delegadas tanto en la sede provincial como fuera de ella. Cuanto se establece para el provincial vale proporcionalmente para su vicario. 263. En el ejercicio de su autoridad es misión del provincial: 1. preocuparse de la vida espiritual y fraterna de los religiosos; 2. velar por la formación y fomento de las vocaciones; 3. coordinar la misión redentora de la Orden en la provincia y el servicio que la misma presta a la Iglesia; 4. estrechar la colaboración con las otras provincias, sobre todo vecinas, para estudiar y solucionar problemas comunes; 5. vigilar para que sean observadas nuestras leyes y no se comentan abusos o transgresiones; 6. facilitar a los religiosos el cultivo de los dones recibidos; 7. informar al consejo sobre el estado espiritual y temporal de la provincia; 8. dar cuenta de su oficio al capítulo provincial e informar al capítulo general del estado de la provincia.

264. Para ausencias ocasionales, el provincial puede nombrar vicario a uno de los consejeros; debe hacerlo en caso de ausencia o de impedimento superiores a seis meses; si no lo hiciere, el consejero más antiguo de profesión convoca al consejo, el cual elige entre sus miembros, al vicario, por el tiempo de la ausencia o del impedimento. Si renuncia, debe presentar la dimisión con sus motivos al Maestro General, a quien corresponde aceptarla o rechazarla. Vacante la sede provincial, el consejero más antiguo de profesión, después de una nueva presentación de candidatos según los estatutos provinciales, convoca el consejo para elegir al provincial que concluya el período. El acta es enviada al Maestro General para su aprobación. Cuando faltan más de dos años para la conclusión del período, si lo prevén los estatutos provinciales, se puede celebrar un capítulo para elegir al provincial el cual permanecerá en el cargo hasta el término ordinario del trienio.

265. El provincial nombre su vicario para el grupo de casas a las cuales se refiere el número 239. Los estatutos provinciales determinan las facultades convenientes del vicario para la mejor atención de dichas comunidades. _____ 1 . Cf. 2 . Cf. . 3 . Cf. 4 . Cf.

Capítulo IX: El consejo provincial 266. El consejo provincial es un organismo compuesto por cuatro religiosos de votos solemnes, que asiste y ayuda al provincial en el gobierno de la provincia. Es convocado y presidido por él. La duración en el cargo de consejero provincial es de tres años, con posibilidad de sucesivas reelecciones. 267. Las cualidades de los consejeros sean afines a las indicadas para el provincial, en cuyo nivel actúan, exceptuadas las condiciones de edad, de profesión religiosa y de orden sagrado. 268. Al tomar posesión del cargo, los consejeros prestan el juramento de ritual; residen en la curia o, por justa causa, en una comunidad cercana, dependiendo en tal caso, del superior local, menos en lo referente a sus funciones. 269. Si bien los consejeros no tienen autoridad sobre los religiosos, actúan en nombre y con las atribuciones recibidas del provincial en el ejercicio de sus funciones. 270. El provincial nombra a uno de los consejeros secretario provincial, cuyo cargo es proporcionalmente semejante al del secretario general. En lo posible evítese que los otros consejeros tengan cargos de gobierno que puedan impedir el cumplimiento de su oficio. La curia provincial disponga, además, de los oficiales necesarios para la buena marcha interna y la recta atención de los asuntos de gobierno. 271. Corresponde, entre otras cosas, al consejo provincial: 1. dar su voto cuando lo pide el derecho común y propio; 2. dar su consentimiento para nombrar los superiores locales, maestros de novicios y demás maestros y removerlos por causas graves; 3. dar su consentimiento para nombrar al ecónomo provincial, para aceptar parroquias y misiones con la autorización del Maestro General; 4. dar su consentimiento para la apertura de centros de educación, tomar capellanías u otros ministerios similares cuando sean aceptados con carácter permanente; 5. organizar y atender los secretariados provinciales en relación con el número 306; 6. escrutar los votos para candidatos de la provincia a Maestro General y a consejeros generales y presentar al capítulo general, por medio del provincial, el candidato más votado para Maestro General y los tres más votados para consejeros generales, con un respectivo «curriculum»; 7. escrutar los votos para diputado al capítulo general y elegir al titular entre los tres más votados. Si por cualquier causa cesare en su cargo, elegir el suplente entre los dos restantes de la terna; 8. escrutar los votos para una nueva presentación de candidatos al gobierno provincial y general. El resultado de los escrutinios comuníquese a los interesados y comunidades 1.

272. Dentro de los límites constitucionales, los estatutos complementan la competencia y la organización del consejo provincial. 273. Dentro de los dos meses de clausurado el capítulo, a no ser que los estatutos provinciales prevean un período más largo, se nombran los superiores locales y maestros; pero, si la provincia no celebró capítulo electivo, el plazo se computa desde la constitución del consejo. Este da asimismo su consentimiento, dentro del mes de producida alguna vacante entre los superiores y maestros, para el nombramiento del sucesor que cumpla el período. 274. Si algún consejero se ausentare por más de seis meses continuos, por causas ajenas al régimen de la Orden, invítesele a renunciar; si no lo hiciere, debe ser removido. Si su actuación causa grave perjuicio a la provincia puede ser removido por el provincial y con el consentimiento de su consejo y con la aprobación del Maestro General, en forma proporcionalmente semejante a lo dispuesto en el número 315. Producida una vacante en el consejo, debe nombrarse al nuevo titular dentro de tres meses, después de una nueva presentación de candidatos por los religiosos; si no se hace provee el Maestro General. _____ 1 . Cf. CIC 801 y 565.

Capítulo X: La comunidad de la Orden: sus miembros 275. La comunidad de la Orden está formada por los religiosos que, habiendo hecho profesión según unas mismas constituciones y hallándose adscritos a una determinada provincia, están unidos por el vínculo del carisma redentor de san Pedro Nolasco y de la comunión de vida. 276. La comunidad de la Orden se articula en el conjunto de provincias, que reciben y forman directamente a los religiosos, transmiten sus tradiciones y realizan de un modo concreto su compromiso apostólico. Las comunidades provinciales se complementan entre sí, ayudándose en las dificultades, animándose en las tareas y alegrándose en los logros conseguidos. La variedad de tradiciones y la unidad de carisma constituyen la riqueza de la Orden. 277. Las comunidades provinciales, se unifican de manera plena a través del capítulo general; sin embargo, su vínculo de unidad constante lo constituye el Maestro General, ayudado por su consejo, al cual competen funciones de dirección y animación de toda la Orden. 278. El ejercicio de la autoridad es un servicio en favor de los hermanos, procurando que todas las comunidades provinciales se encuentren vinculadas, formando la Orden de la Merced. Nuestra Orden tiene por derecho: 1. personalidad jurídica; 2. superior mayor propio; 3. patrimonio de bienes muebles e inmuebles.

Capítulo XI: El capítulo general 279. Nuestra Orden se congrega en capítulo general, reunión representativa de toda la fraternidad mercedaria, para tomar conciencia de sí misma y tratar asuntos que se refieren al bien común. Escrutando los signos de los tiempos, renueva la fidelidad a su espíritu y misión, programa la participación de las comunidades, estrecha la unidad de sus miembros y pone al día sus leyes y administración, de acuerdo al pensamiento de la Iglesia. 280. Tiene potestad suprema sobre todas las comunidades y miembros de la Orden en el ámbito constitucional. 281. El capítulo ordinario se celebra cada seis años; cuando una grave razón lo aconseja, puede también celebrarse capítulo extraordinario de carácter administrativo. En ambos casos lo anuncia, convoca y preside el Maestro General; mas, tratándose de capítulo extraordinario, oiga a los provinciales y requiera el consentimiento de su propio consejo. 282. Tienen voto: 1. el Maestro General o su vicario; 2. los ex-Maestros Generales; 3. los consejeros generales; 4. los provinciales o sus vicarios; 5. un diputado de las provincias que tienen un miembro en el gobierno general, y dos diputados de aquellas que no lo tienen; 6. un estudiante de votos solemnes por cada provincia. La elección se regulará por los estatutos provinciales; 7. los vicarios provinciales de las vicarías legítimamente constituídas conforme al número 239.

283. Prepárese cuidadosamente el capítulo con la participación de los religiosos. lEn especial, el diputado de provincia infórmese del estado de la comunidad representada lpor él y tome nota de cuanto sugieran los religiosos, haciéndose su portavoz en el capítulo, para una más eficaz representatividad. 284. El Maestro General anuncia la celebración del capítulo un año antes de su inauguración y da a conocer la comisión que ha de prepararlo, nombrada con el consentimiento de su consejo. 285. Envíese a cada capitular, con suficiente antelación, la agenda confeccionada e indíquense las providencias materiales o económicas ordenadas a facilitar el trabajo del capítulo. 286. Seis meses antes de terminar el sexenio, el Maestro General envíe la convocatoria indicando el fin principal, el lugar y la fecha del sábado más próximo a dicho término, en que se inaugurará el capítulo. Con el consentimiento de su consejo y por razones muy graves, puede adelantar o retrasar el plazo, pero no más de tres meses.

287. Convocado el capítulo, los vocales no pueden ser removidos de sus cargos sino por gravísima causa, aprobada por el Maestro General con el consentimiento de su consejo. 288. Concurran los vocales al lugar y en la fecha prefijada, a no ser que obstare un grave impedimento, sobre el cual han de informar oportunamente al Maestro General. 289. El capítulo se desarrolla según sus propias normas, los estatutos generales y la agenda establecida durante la preparación. El secretario elegido en capítulo da fe de todo lo actuado en el mismo. 290. Si el Maestro General no puede presidir alguna sesión, lo hará el capitular más antiguo en profesión. El presidente puede designar moderadores. 291. El capítulo legisla, decide u orienta, después de haber deliberado con franqueza y serenidad, cual conviene a los hijos de Dios, teniendo como base las constituciones. Las decisiones de carácter general no se incorporen de inmediato a las constituciones; experiméntense a manera de decretos, hasta el próximo capítulo, el cual decidirá lo que convenga. Para introducir enmiendas en las constituciones se requieren los dos tercios de los votos emitidos y la aprobación de la Santa Sede 1. 292. Entre los asuntos de mayor importancia, el capítulo: 1. tutela el patrimonio espiritual de la Orden; 2. conoce el estado de la Orden y de las comunidades provinciales, mediante informes escritos, debidamente firmados; 3. examina la vida religiosa, las vocaciones, el apostolado, el gobierno, los estudios y las actividades administrativas de cada provincia; 4. corrige los abusos; 5. erige, divide, une o suprime provincias; 6. elige al Maestro General y a los consejeros generales; 7. revisa las disposiciones de los capítulos anteriores y del Maestro General; 8. fija la contribución en favor del erario general.

293. Para las elecciones se proclaman los candidatos al gobierno general. Con el candidato más votado en cada provincia se prepara la lista de los religiosos propuestos para Maestro General y con los tres más votados de cada provincia, la de los religiosos para integrar el consejo general. El acta del consejo provincial debidamente autenticada, acredita la legitimidad de los candidatos. 294. Los capitulares, previo juramento de ritual, deben elegir entre los componentes de las mencionadas listas al Maestro General y a los que integrarán el consejo general. Las elecciones se efectuarán a tenor del número 205. Por lo demás, deberá observarse proporcionalmente lo establecido en el número 253 y en el 255 2. 295. El mismo capítulo determina la promulgación de sus actos legislativos.

Si el capítulo no ha establecido de otra forma, el Maestro General, por medio del boletín de la Orden, comunica las decisiones del capítulo, juntamente con los principios que las inspiran. Comienzan a regir a los dos meses de su publicación, si la naturaleza del asunto o una expresa disposición no exige otro plazo. Las otras decisiones se publican por directa comunicación a los interesados, a no ser que el Maestro General estime hacerlo por otra vía. _____ 1 . Cf. CIC 587, 2. 2 . Cf. CIC 833, 8.

Capítulo XII: El maestro general 296. El Maestro General, guía y animación de toda la Orden, que coordina la vida y actividades de las provincias, es signo de unidad y garantía de la continuidad de la obra redentora de san Pedro Nolasco a través de los siglos. 297. Distínganse por su testimonio de hombres consagrados a Dios, caridad fraterna y observancia regular, solicitud por el bien común y celo apostólico, preparación en las ciencias sagradas y capacidad organizadora; permanezca siempre fiel a las directrices de la Iglesia, al espíritu y tradiciones que integran nuestro patrimonio espiritual y a nuestras leyes. Además del orden sacerdotal, ha de tener, por lo menos, cuarenta años de edad y diez de profesión solemne. 298. Como moderador supremo, extiende su potestad, a todas las provincias, casas y miembros de la Orden conforme al derecho común y propio. Su servicio es de seis años, con posibilidad de sucesivas reelecciones. 299. Comparta su responsabilidad con los consejeros, a quienes acudirá no sólo cuando lo dispone el derecho, sino también con más espontaneidad y frecuencia. Mantenga contacto con los provinciales, a fin de que el conocimiento directo de las provincias facilite la solución de sus problemas. Preste singular atención a las orientaciones de las conferencias episcopales y de superiores mayores, para estimular según ellas la actividad de las provincias, de acuerdo a sus propias características. Reside, con su consejo, en la curia general 1. 300. 301. Cuanto se dispone para el Maestro General aplíquese proporcionalmente para su vicario. Entre otras cosas, le corresponde: 1. promover la acción redentora de la Orden; 2. dictar decretos y preceptos, según los casos para toda la Orden o para comunidades provinciales o locales; 3. confirmar, aprobar o enmendar, con el consentimiento de su consejo, las decisiones de los capítulos provinciales; 4. confirmar a los elegidos en capítulo; en caso contrario, proveer teniendo en cuenta los candidatos presentados por los capítulos locales: 5. proveer, en la forma antes dicha, cuando no hubo elección o ésta fue ilegítima; 6. decidir, oído su consejo y el de la provincia interesada, cuando el provincial renuncia; 7. nombrar, con el consentimiento de su consejo, provincial y consejeros en las provincias, cuando, por graves circunstancias, no se celebre capítulo electivo; 8. aceptar una misión en nombre de la Orden, con el consentimiento de su consejo, después de haber escuchado a los consejeros provinciales, y seleccionar a los misioneros, o confiarla a una o varias provincias, después de haber escuchado el parecer de los respectivos provinciales; 9. informar a su consejo sobre el cumplimiento de su oficio;

10. mantener informadas a las comunidades sobre sus principales gestiones gubernativas de carácter general; 11. dar cuenta de su oficio al capítulo general. 302. Si, por razones del cargo, debe ausentarse, designe vicario a uno de sus consejeros. Si, por razones ajenas a su cargo, se ausenta por más de seis meses continuos, está imposibilitado o fallece, el consejo general, convocado por el consejero más antiguo en profesión, elige vicario a uno de sus miembros que gobierne hasta que regrese el Maestro General, cese el impedimento o termine el sexenio. Si renuncia, presente la dimisión junto con los motivos a su consejo, el cual en ausencia del maestro General, decidirá en pleno, por votación secreta, si la acepta; en caso afirmativo, el consejero más antiguo en profesión convoca el consejo para elegir al vicario que complete el sexenio. Antes de aceptar la renuncia se la debe comunicar a la Santa Sede. Si, para la conclusión del sexenio faltan más de cuatro años, en el plazo de seis meses celébrese un nuevo capítulo general electivo para la elección de Maestro General que, en este caso, permanecerá en el cargo hasta el término ordinario del sexenio. _____ 1 . Cf. CIC 626

Capítulo XIII: El consejo general 303. Cuatro consejeros constituyen el permanente cuerpo coadyuvante que se asocia al Maestro General para el recto gobierno de la comunidad mercedaria. Pertenezcan los consejeros a provincias distintas entre sí y a la del Maestro General para expresar mejor en la unidad la pluralidad de comunidades provinciales. Los consejeros generales son elegidos por seis años, con posibilidad de nuevas reelecciones. El consejo es convocado y presidido por el Maestro General. 304. Los consejeros distínganse por sus cualidades similares a las indicadas para el Maestro General, en cuyo nivel actúan, exceptuadas las condiciones de edad, de profesión religiosa y de orden sagrado. 305. El Maestro General, oídos sus consejeros, distribuye las responsabilidades del gobierno de acuerdo a los distintos secretariados, al cuyo frente está un miembro del consejo. 306. Bajo la dirección del Maestro General, los consejeros son responsables de los siguientes secretariados: 1. Secretariado de vida religiosa que, con adecuadas iniciativas promueve la vida religiosa y la observancia de sus deberes y vela para que se mantenga y conozca nuestro carisma que deberá vivificar toda nuestra vida. 2. Secretariado de vocaciones, formación y estudios que, de acuerdo con los secretariados provinciales, promueve las vocaciones con medios adecuados, valoriza la obra de vocaciones mercedarias y procura que se formen los candidatos a la Orden según nuestro espíritu y misión, con sentido pastoral y conforme a los avances de la ciencia y de la cultura de la región en que actúan. 3. Secretariado de pastoral mercedaria que impulsa la actividad redentora de la Orden; integra sus actividades pastorales en la labor conjunta de las iglesias locales; atiende a la Orden Tercera, Cofradía de la Merced y otras asociaciones laicales mercedarias, buscando una participación más efectiva de las mismas en nuestro apostolado. 4. Secretariado de régimen y gobierno que asesora en los casos que exijan la aplicación concreta del derecho; atiende las consultas y sugerencias acerca de las Constituciones para una mejor observancia de las mismas; y estudia aquellas modificaciones que han e ser presentadas al Capítulo general. Pueden establecerse otros secretariados, cuando la necesidad lo requiera. 307. Los consejeros mantienen comunicación constante con los superiores y religiosos, sobre los asuntos a ellos encomendados a través de los secretariados, cuya actividad aparece reflejada en el boletín de la Orden. 308. El Maestro General con el consentimiento de su consejo nombra a un religioso, perteneciente al consejo o no, procurador general, a quien corresponde atender los asuntos de la Orden ante la Santa Sede y conducir a buen término los que tuviere ante las autoridades eclesiásticas.

El procurador actúe siempre de acuerdo al mandato recibido del Maestro General, con quien comunique frecuentemente los casos que conviene tramitar. 309. El Maestro General nombra a uno de los consejeros secretario general, el cual, como notario mayor de la Orden, ha de sobresalir por su prudencia y erudición. 310. El secretario general, al asumir su cargo, preste el juramento de ritual ante el Maestro General. En razón de su oficio: 1. da fe pública; 2. confecciona las actas del consejo; 3. publica los documentos oficiales; 4. cuida del archivo administrativo. Concluído el sexenio, prosigue como prosecretario hasta entregar a su sucesor la documentación correspondiente, bajo la supervisión del Maestro General. 311. El ecónomo general, nombrado por el Maestro General con el consentimiento de su consejo, administra los bienes pertenecientes al patrimonio de la Orden; vela para que en toda la Orden se dé testimonio real de pobreza colectiva; cataloga los bienes del patrimonio de la Orden; recibe las contribuciones de las provincias para la curia general; cumple los actos de administración ordinaria y presenta las informaciones y redención de cuentas en el tiempo y forma señalados en los estatutos generales 312. El Maestro General, oído su consejo, nombra un postulador para tramitar, según derecho, las causas de los religiosos, monjas, religiosas y terciarios mercedarios que dieron fiel testimonio en el seguimiento de Cristo. 313. El Maestro General, con el consentimiento de su consejo, nombra al cronista general de la Orden, responsable del Instituto Histórico, a tenor de sus propios estatutos. Nombra también los demás oficiales que juzgue conveniente para el normal desenvolvimiento de la curia. 314. Si por razones ajenas al régimen de la Orden, se ausentare un consejero por más de seis meses, invítesele a presentarse o a renunciar; si no lo hace, debe ser removido. Si se produce una vacante, el Maestro General con su consejo oído el consejo provincial correspondiente, nombra al sucesor de la misma provincia de donde era el que cesó en el cargo. 315. Un consejero puede ser removido cuando su actuación causa grave perjuicio. En tal caso, el Maestro General invítelo a renunciar; si se negare, informe al consejo, el cual después de escuchar al consejero, delibere en su ausencia; si los dos tercios se pronuncian por la remoción, debe acatarla; insístase, sin embargo, en que renuncie antes de llegar a este extremo.

Capítulo XIV: El consejo de provinciales 316. El consejo de provinciales es un organismo consultivo extraordinario para asesorar al Maestro General. 317. Son miembros de derecho los superiores provinciales de la Orden. El Maestro General puede invitar a sus reuniones a algún consejero general o experto. 318. Tiene por finalidad: 1. estudiar los problemas propuestos por el Maestro General; 2. contribuir al logro de una mayor compenetración entre las provincias, en lo que respecta al bien común de la orden; 3. evaluar el cumplimiento de los acuerdos de los capítulos generales; 4. proponer al Maestro General temas que afecten a la totalidad de la Orden o a alguna de sus provincias.

319. El consejo de provinciales se reúne dos veces durante el sexenio y cada vez que el Maestro General lo considere necesario u oportuno. Será siempre convocado y presidido por el Maestro General. En cada reunión se designará un secretario de actas entre los miembros. Las actas serán firmadas por todos los participantes y dadas a conocer a las diversas comunidades a través del boletín de la Orden, los boletines provinciales u otro medio que se estime conveniente.

Capítulo XV: Las visitas 320. La visita canónica u oficial contribuye a vigorizar la vida comunitaria y la vocación de cada religioso. Véase, pues, en el visitador a otro hermano que se acerca con la sencilla actitud de servicio; y el visitador entable diálogo con los religiosos para comprenderlos y ayudarlos y, si es el caso, ganarlos para el bien. Todos están obligados a contribuir a la consecución del fin de la visita, y a manifestar, con caridad, al visitador que los interroga, la verdad sobre los asuntos que miran al objeto de la misma 1. 321. El Maestro General visite, por lo menos, una vez en el exenio, las comunidades provinciales, y el provincial una vez en el trienio, las locales. Si no pudiesen hacerlo, oído su consejo, encomienden la misión a otro religioso sacerdote competente. Pueden los superiores mayores enviar, además, delegados en circunstancias especiales. 322. El visitador informe al superior correspondiente sobre lo actuado, indicándole las providencias tomadas y las que, a su juicio, restan por llevar a cabo. 323. La visita, que debe ser anunciada oportunamente a las comunidades, entre otras cosas, comprende: 1. la vida y disciplina religiosa; 2. las vocaciones y la formación; 3. el apostolado específico redentor; 4. el apostolado y el cumplimiento de las directrices diocesanas, en especial, las referentes a parroquias y colegios; 5. las actas de los capítulos y consejos; 6. la economía provincial, de las comunidades, parroquias y colegios; 7. los libros a que se refiere el número 215; 8. el archivo y la biblioteca de la provincia y de las casas. 324. La visita se clausura con la lectura de las resoluciones en presencia de la comunidad. Contra los decretos del visitador cabe recurso, según derecho. _____ 1 . Cf. CIC 628.

Capítulo XVI: La separación de la Orden 325. Para la exclaustración de un religioso, el paso a otro instituto, la salida, la dimisión y readmisión en la Orden se seguirán las normas del derecho común y propio. 326. No obstante la firmeza de vínculo contraído en la profesión religiosa, es posible que sobrevengan a algún religioso dudas razonables sobre su permanencia en la Orden. En tales casos, con verdadero amor fraterno y respeto a la libertad personal, la comunidad y los superiores faciliten los medios adecuados que puedan prevenir contra tentaciones o ilusiones ofuscadoras de una serena determinación en el Señor. 327. La Orden, a su vez, puede separar a quienes muestren una actitud gravemente contraria a las exigencias de la vida consagrada. Antes de iniciar, sin embargo, el trámite correspondiente, agoten los superiores los medios de persuasión y enmienda que les dicte la caridad y la prudencia. 328. Quienes legítimamente abandonen la Orden o hayan sido expulsados de ella, no tienen derecho a exigir nada por cualquier tipo de prestación realizada en la misma. Sin embargo, con el miembro separado, en especial si sigue vinculado a la Orden con amor y reconocimiento, obsérvese la equidad y claridad evangélica 1. _____ 1 . Cf. CIC 702

PARTE VI: LOS BIENES TEMPORALES

Capítulo I: Propiedad de los bienes temporales 329. Como hijos de Dios y herederos del reino de los cielos, los religiosos han de tender hacia los bienes eternos; sin embargo, mientras peregrinan por la tierra, necesitan de las cosas temporales para atender al culto divino, proveer a su propio sostenimiento y al de las casas de formación, y fomentar las obras de apostolado y de caridad. La posesión de los bienes temporales en nuestra Orden queda enmarcada por el voto de pobreza y por la intención fundamental de ponerlos al servicio de la fraternidad religiosa y de la misión redentora. 330. La Orden, cada provincia y cada casa, son capaces de poseer, adquirir, administrar y enajenar bienes temporales. 331. La propiedad, adquisición, administración y enajenación de los bienes temporales se regulan por las normas del derecho común y propio. El Maestro General, en nombre de la Orden, el provincial en nombre de la provincia, el superior local en nombre de la casa o sus legítimos delegados pueden adquirir, de todos los modos justos, naturales o positivos, que son lícitos a las otras personas. Igualmente pueden, en el propio ámbito, vender o enajenar bienes muebles e inmuebles, observando fielmente lo que prescriben el derecho común y el propio en el número 345. En el fuero civil úsense aquellas formas jurídicas reconocidas válidas, con las cuales se salvaguarda mejor los derechos patrimoniales y administrativos. 332. Constituyen el patrimonio de cada casa, con las limitaciones que impongan los estatutos provinciales, los bienes muebles e inmuebles legítimamente adquiridos, sus réditos, las donaciones y oblaciones de cualquier modo hechas a la misma o a sus religiosos y el fruto del trabajo de éstos. 333. Constituyen el patrimonio de cada provincia los bienes muebles e inmuebles legítimamente adquiridos a título de la misma, sus réditos e intereses, las contribuciones de las comunidades locales, los emolumentos provenientes del ministerio y trabajo del provincial y de los religiosos dependientes directamente de él; las donaciones y oblaciones hechas de cualquier modo a la provincia en particular y las contribuciones para el sostenimiento de sus propias obras. 334. Constituyen el patrimonio de la Orden los bienes muebles e inmuebles legítimamente adquiridos, las contribuciones de las provincias, los emolumentos provenientes del ministerio y trabajo del Maestro General y de los religiosos dependientes directamente de él, las donaciones y oblaciones, los frutos e intereses de las obras e instituciones de cuyos gastos se hizo cargo la Orden. 335. Respetada la voluntad del donante y los derechos adquiridos, los bienes de una casa suprimida pasan al patrimonio de la provincia; asimismo los bienes de una provincia extinguida se incorporan al patrimonio de la Orden, de acuerdo con las determinaciones tomadas al respecto por el capítulo general.

Capítulo II: Uso de los bienes 336. Contando siempre con la divina providencia, consideren los religiosos su asiduo trabajo, como fuente principal de los bienes temporales, y el moderado uso de los mismos, como una exigencia de su condición de pobres. 337. Como miembros integrantes de un solo organismo, las casas de una misma provincia sean solícitas las unas de las otras y de la comunidad provincial, así como las distintas provincias han de serlo de la Orden; estrechen su unión mediante la intercomunicación de bienes, de modo que las más pudientes ayuden a las que sufren necesidad. 338. El provincial, con el consentimiento de su consejo, oído el consejo doméstico respectivo, por necesidad o utilidad de la provincia, puede transferir al patrimonio provincial los bienes de una casa cuando a ésta no le son necesarios, cuidando, sin embargo, de no afectar su seguridad económica y respetando siempre los derechos adquiridos. 339. Los provinciales con el consentimiento de su consejo, pueden acordar ayudas económicas mutuas en espíritu de fraterna colaboración; pero ante una urgente y grave necesidad común, sobre la cual no se ha logrado dicho acuerdo, el Maestro General, con el consentimiento de su consejo y oídos los provinciales y consejos respectivos, puede disponer de los bienes de las provincias. 340. El Maestro General, con el consentimiento de su consejo y oídos los respectivos consejos provinciales, puede, en casos especiales, imponer una contribución a todas las provincias. El provincial, con el consentimiento de su consejo, puede hacer lo mismo con respecto a las casas de su jurisdicción.

Capítulo III: Administración y enajenación 341. La administración se realice según las normas del derecho común y propio y teniendo en cuenta las leyes civiles. Esta comprende aquellos actos necesarios para que los bienes se conserven, se utilicen y fructifiquen de modo que cumplan su finalidad. Se considera administración ordinaria cuando los actos son ordenados a las necesidades corrientes y normales de la comunidad o convenientes para conservar los bienes y sus frutos; es administración extraordinaria cuando se producen actos para los cuales se requiere licencia de un superior u otra formalidad. 342. La administración de los bienes pertenecientes a las casas, a las provincias y a la Orden, corresponde a los respectivos superiores; sin embargo, bajo la dirección y vigilancia de éstos, se confía a los religiosos que, por su competente preparación, están capacitados para el delicado oficio de ecónomo. 343. Los encargados y responsables de la administración den en todo momento peculiar testimonio de espíritu religioso, actuando con la diligencia y seriedad de quien administra los bienes de los pobres. Eviten, por tanto, toda excesiva solicitud por lo material; sirvan con caridad a sus hermanos proveyendo a sus necesidades conforme a la pobreza profesada, y rindan cuenta de su cometido en los tiempos señalados. 344. Cada administración tenga un archivo donde se custodien ordenadamente los títulos de propiedad y demás documentos administrativos. 345. No se enajenen los bienes, a no ser que lo exijan la necesidad o una gran conveniencia, tomadas las debidas cautelas, y según el derecho común y propio. Para enajenar bienes o contraer deudas u obligaciones, cuyo valor supere las dos terceras partes de la suma fijada por la Santa Sede, se requiere el permiso por escrito del Maestro General, dado con el consentimiento de su consejo. Si estas operaciones no superan las dos terceras partes, obsérvense las normas establecidas por los estatutos provinciales. Se requiere el permiso de la Santa Sede cuando la operación supera la cantidad fijada por la misma ly cuando se trata de bienes donados a la Iglesia a causa de un voto, o si se trata de objetos preciosos por su valor artístico o histórico 1. 346. En la solicitud de autorización para contraer nuevas deudas u obligaciones, hecha por cualquiera, se deben declarar las ya existentes; en caso contrario, la autorización es nula. Los superiores, sin embargo, no concedan autorización si no les consta que el solicitante puede amortizar las deudas o satisfacer las obligaciones con los ingresos normales y en un tiempo no muy largo. En las cláusulas de contrato hágase constar que la única responsable de la deuda u obligación es la persona jurídica contrayente. 347. Los estatutos provinciales regulan la centralización de los bienes en cada provincia para un mayor fortalecimiento de la fraternidad y una mejor atención al servicio redentor.

348. Los superiores pueden invertir en gastos extraordinarios sin recurrir al consentimiento de sus consejos, hasta la décima parte de la suma fijada por la Santa Sede. El provincial, con el consentimiento de su consejo, según los tiempos y lugares, determina la suma que puede gastar el superior local, ya sea por sí mismo, ya sea con el consentimiento de su consejo. 349. Para aceptar fundaciones pías a tiempo determinado e invertir el dinero o los bienes muebles de alguna fundación, se requiere el consentimiento del capítulo local y autorización escrita del provincial, con el consentimiento de su consejo. Nos e acepten fundaciones pías a perpetuidad o por tiempo indefinido 2. 350. No se acepten en depósito dinero u otros objetos de valor de personas extrañas a la Orden; tampoco se administren sus bienes, a no ser por urgentes razones de caridad y con el consentimiento del superior mayor, oído su consejo. 351. Para condonar deudas o renunciar a la herencia u otros bienes que de cualquier modo pertenecen a la Orden, se requiere la autorización del Maestro General o del provincial, con sus consejos respectivos, según que el valor supere o no los dos tercios de la suma establecida por la Santa Sede. _____ 1 . Cf. CIC 638, 3. 2 . Cf. CIC 1303, 2.3.

Capítulo IV: Encargados y responsables 352. Respecto a la propia administración, cada superior local puede: 1. hacer los gastos y cumplir los demás actos jurídicos de administración ordinaria, por sí mismo, por el ecónomo u ocasionalmente por otro religioso, según derecho; 2. vigilar y revisar la actuación del ecónomo y demás oficiales administrativos, así como pedir el debido rendimiento de cuentas.

353. Cuando el provincial y su consejo encomienda a un religioso la administración de un sector particular de la provincia, determina la suma de dinero que puede gastar sin recurrir a él y el tiempo y modo de rendir cuentas. 354. Todo responsable de administración económica deberá rendir cuentas a la autoridad competente o toda vez que le fuere requerido por el legítimo superior, conforme a los estatutos respectivos. 355. Los superiores locales y el provincial rindan cuenta de su administración al capítulo provincial. El Maestro General, al capítulo general. 356. Los responsables hagan conocer a los religiosos la marcha administrativo - económica de las casas, de la provincia o de la Orden, conforme lo establezcan los estatutos o resoluciones correspondientes a fin de que todos los religiosos se sientan partícipes y corresponsables de los bienes comunes.

PARTE VII: OBSERVANCIA DE LAS CONSTITUCIONES Principios fundamentales 357. La observancia de las presentes constituciones manifiesta la fidelidad de nuestra consagración a Dios. Su cumplimiento conduce por camino seguro a la perfección religiosa, así como su inobservancia o deliberada negligencia inculparía de infidelidad al compromiso con Cristo. 358. La interpretación auténtica de las constituciones pertenece a la Santa Sede. El capítulo general interpreta las disposiciones capitulares, generales y provinciales. El Maestro General con el consentimiento de su consejo puede dar interpretaciones prácticas con valor hasta el próximo capítulo general. 359. El Maestro General, con justa causa, puede dispensar temporalmente de alguna norma disciplinar de nuestras constituciones a favor de cualquier religioso y comunidad de la Orden. Esta misma facultad tiene el provincial en ámbito de su provincia y el superior local para los religiosos de su comunidad. Las dispensas concédanse por causa justa y habida cuenta de la materia y del bien común. 360. Cuando sea necesario corregir a un religioso por transgredir gravemente las constituciones, el superior en diálogo fraterno indúzcalo a la reflexión y, si el caso lo pide, haga uso de otros medios apropiados para su enmienda. Los demás religiosos cooperen caritativamente, considerando que es más fácil mantenerse fiel cuando se es sostenido por el amor y la comprensión de los otros. 361. El poder judicial en nuestra Orden se ejercerá, cuando a él se acuda, según derecho.

362. Si sobre un punto faltare una expresa disposición constitucional, el Maestro General, con el consentimiento de su consejo, puede, en casos particulares, dictar normas reguladoras, guardando la equidad y en conformidad con nuestro derecho precedente y los principios generales del derecho común. De la misma facultad goza el provincial, con el consentimiento de su consejo, en lo referente a la legislación provincial. 363. Corresponde al Maestro General, con el voto deliberativo de su consejo, aprobar los estatutos provinciales y sus enmiendas, formulados según las disposiciones de las presentes constituciones. 364. Las leyes constitucionales, hasta ahora vigentes, y no contenidas en el presente texto, quedan abrogadas.