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2 de Abril de 2011: Malvinas en el año de la gran encrucijada nacional

2 de Abril de 2011: Malvinas en el año de la gran encrucijada nacional Por Federico Bernal
Buenos Aires, Abril de 2011

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e presenta a continuación un resumen de las notas periodísticas y trabajos de investigación escritos por Federico Bernal en los últimos 3 años referidos a la cuestión Malvinas. La totalidad de esta producción fue oportunamente publicada entre 2009 y 2011 por los siguientes medios: Le Monde Diplomatique (edición cono sur), Página12, Miradas al Sur, Tiempo Argentino y Buenos Aires Económico (BAE). Se encontrará que parte del contenido pudo haber sido compartido entre algunas notas. El apartado titulado “Camino al 2 de abril: Breve historia de las negociaciones bilaterales por Malvinas", de 8 Partes, fue levantado por el portal oficial de la Cancillería. Federico Bernal. Buenos Aires, 3 de Abril de 2011.

Tabla de Contenidos
2 de Abril de 2011: Malvinas y petróleo en el espejo libio (03/04/2011) ........................................................... 2 Libia, imperialismo y energía (27/03/2011) ........................................................................................................ 5 El petróleo de Malvinas y la decadencia energética del Reino Unido (Jun/2011) .............................................. 9 20 de noviembre, Vuelta de Obligado y una Argentina soberana (Nov/2010).................................................. 11 Actualización petrolera en Malvinas (Oct/2010)............................................................................................... 15 La complicidad de Shell en la usurpación petrolera británica en Malvinas (Jun/2010) .................................... 17 Indiana Jones y el petróleo de las Malvinas. Una historia verídica (Feb/2010) ................................................ 19 El menemismo y los orígenes de la entrega petrolera en Malvinas (Feb/2010) ................................................ 21 Se cierra el paraguas y deshilachan los ositos (Feb/2010) ................................................................................ 24 Leo terram propriam protegat (Let the lion protect his own land). Una historia de piratas (Abr/2009) .......... 26 Petróleo: la llave maestra para la recuperación de las Islas Malvinas (Mar/2009)............................................ 29 Breve historia y actualidad del petróleo en las Islas Malvinas - Dossier Espacial para Le Monde Diplomatique "el Dipló" (Mar/2009) ................................................................................................................ 31 El petróleo de Malvinas - Informe Especial para Página/12 (Feb/2009) ......................................................... 37 Camino al 2 de abril: Breve historia de las negociaciones bilaterales por Malvinas (Feb-Abr/2010) .............. 40

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o dejaron de resonar los cañonazos británicos en Malvinas durante las “pruebas” de fines del año pasado, que el Reino Unido y la OTAN se lanzaron al masivo y genocida bombardeo a Libia. A esta Argentina no se le perdona la profundización de una política económica soberana. Tampoco se le perdona el haberse encontrado con la mejor tradición diplomática y política en relación a Malvinas; mucho menos se le perdona la batalla cultural librada por el campo nacional y que específicamente para los ingleses contó con una reciente y dura derrota: el reemplazo del busto de Canning por el de Scalabrini Ortiz en un acto en el Salón de Cuadros del Ministerio de Economía (18 de octubre de 2010), acto que además contó con la participación de los ministros de Economía, Educación e Industria de la Nación. A Libia, tercer exportador de crudo y gas natural de la UE-27, primera reserva petrolera africana y octava a nivel mundial no se le perdona el reverdecer antiimperialista de Kadafi. Eslabón débil de una OPEP bolivarizada, en un mundo árabe fragmentado y una Unión Africana inservible a los intereses populares africanos, Libia es presa fácil y un botín imposible de dilapidar. ¿Cómo responder pues, nosotros simples mortales, a los ataques que los demócratas civilizados reparten brutal y copiosamente a la Periferia? Apenas transcurrido un día después del 2 de abril, en plena lluvia de bombas y misiles sobre Trípoli, nada más oportuno que la deslibianización para la desmalvinización del pueblo argentino. Porque si deslibianización significa no creerse la argumentación esgrimida por las potencias invasoras en esta nueva aventura guerrerista, desmalvinización implica tomar conciencia de los móviles políticos, geopolíticos, económicos y energéticos que la Gran Bretaña de Thatcher tuvo a la hora de invadir las islas una vez reconquistadas por la Argentina en 1982. Y más importante aún, implica trabajar objetiva y subjetivamente para terminar con la grave amenaza a la seguridad nacional (argentina y unasurina) implícita en la actual intervención militar británica en nuestro archipiélago. La “novel invasión” a Libia y la “invasión permanente” en las Malvinas convergen espléndidamente en sus móviles como no ocurrió con las últimas tropelías imperialistas en Irak o en los Balcanes. Malvinas, imperialismo y petróleo Entre 1960 y 1982, el rumbo de las negociaciones bilaterales entre argentinos y británicos sufrió un claro punto de inflexión. A partir de 1975, la ya ambigua posición de estos últimos devino en una obstaculizadora y progresivamente intransigente de cara a la resolución del conflicto. Ese año el Reino Unido decidió incluir un nuevo factor en las negociaciones: la exploración y explotación de los recursos hidrocarburíferos, mineros y pesqueros del archipiélago malvinense. Razón no les faltaba: entre 1975 y 1976 una seguidilla de misiones británicas ratificaban importantes niveles de riqueza petrolífera y mineralógica en las islas. Una de esas misiones estuvo dirigida por Colin Phipps, diputado laborista, ingeniero en petróleo y hombre de la Shell. Fue el mismo Phipps quien estuvo en el despacho de la Dama de Hierro cuando ésta le declaró la guerra a la Argentina. Fue asimismo Phipps quien en 1996 creó la operadora Desire Petroleum, ganó las primeras licencias otorgadas unilateralmente por los kelpers y se volcó a la exploración del off-shore malvinense. Hoy por hoy, Desire –junta a otras compañías– se encuentra perforando el subsuelo argentino en búsqueda de crudo. Los resultados preliminares indican cantidades comercialmente viables de hidrocarburos. Con la confirmación del prospecto Sea Lion al norte de las islas (cerca de 242 millones de barriles técnicamente recuperables según informes de la operadora Rockhopper), y en función del ratio producción-consumo, el Reino Unido (RU) se estaría ahorrando 4 años de importaciones de crudo por unos 25.673 millones de dólares (a la cotización vigente del barril). Y esto no es todo. Una producción (ritmo de extracción) en Malvinas que supere los 163.000 b/d (brecha entre la producción y el consumo local del RU a 2009 según el último informe de la BP)
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podría convertir nuevamente al RU en exportador neto de crudo, beneficio no sólo económico, sino y fundamentalmente geopolítico al colocarse al ambicionado nivel de Dinamarca, el único país de la UE-27 que no importa petróleo para satisfacer sus necesidades domésticas. ¿Y si a estos cálculos le sumamos el aporte que sobrevendrá una vez repartido el botín petrolero libio?

Libia, imperialismo y petróleo Como fuera analizado oportunamente en el artículo “Libia, Imperialismo y Energía” (Tiempo Argentino 27/03/11), la UE-27 es libia-dependiente en materia hidrocarburífera. La estrategia rebelde-invasora así lo prueba: las fuerzas rebeldes han tomado las ciudades de Ajdabiya, Ras Lanuf y As Sidr, las cuales junto a las ya capturadas Tobruk y Zouiatina dan a la oposición a Kadafi el control de 5 de las 6 terminales petroleras de exportación del país. Sabe muy bien la alianza invasora que sin apropiación del crudo no hay chances de triunfo. La fórmula propuesta es la siguiente: <<la OTAN apoya a las fuerzas rebeldes, pero las fuerzas rebeldes deben comenzar por desnacionalizar el crudo y ponerlo a disposición de Europa y Estados Unidos. De allí saldrán los recursos para derribar a Kadafi>>. Días atrás, el órgano oficial del orden petrolero anglosajón publicaba: “El gobierno británico aceptó desviar a los rebeldes unos 1.100 millones de dólares en concepto de compra de crudo libio que originalmente Londres debía haber pagado a Kadafi” (O&G Journal – 24/03/11). ¿Cómo lograron apropiarse del crudo los rebeldes? La principal subsidiaria de la petrolera estatal libia (CNP), la Arabian Gulf Oil Company (Agoco), está en manos de las fuerzas opositoras. Agoco –que opera el yacimiento petrolero más importante de Libia (Sarir), al sur de la base rebelde de Bengasi– ha cortado lazos con el Estado y se encuentra cerrando los primeros acuerdos para comercializar crudo y gas puenteando a la CNP. Tal como señaló Ali Tarhouni, economista estadounidense ex ministro de finanzas de la CNP hoy devenido en ministro de economía, finanzas y petróleo de la oposición a Kadafi (O&G Journal 29/03/11): “Agoco ya está negociando con Qatar la compra y posterior comercialización de su producción”. Tarhouni es además miembro del flamante Consejo Nacional Libio, que Qatar ha reconocido como “único representante del pueblo de Libia”. El estadounidense Tarhouni explica al mundo sin tapujos: “las exportaciones comenzarán en menos de una semana. Produciremos entre 100.000 y 130.000 barriles diarios (bd), pudiendo llegar fácilmente a unos 300.000 bd. El acuerdo con Qatar nos dará acceso a liquidez en dólares”.

Conclusiones: bombazos, inteligencia pirata y beligerancia Desmalvinizarse a través de historiadores, políticos y militares de origen inglés constituye, además de una exquisitez, un gran envión a la toma de conciencia nacional. Al respecto, vale siempre la pena recordar el artículo del insigne historiador Eric Hobsbawn “Falklands Fallout” (Marxism Today enero de 1983), en el cual denunciaba al Falklands Islands Company –el consorcio empresarial isleño fundado en 1852 y hoy operador petrolero en el archipiélago– como el auténtico propiciador del conflicto bélico. En igual sentido, resulta oportuno mencionar el libro “The Role of the Falkland Lobby, 1968-1990” en International Perspectives on the Falkland Conflict. A Matter of Life and Death, 1992. Otro, el reciente del almirante inglés Sandy Woodward “Los Cien Días”. Y como estos, infinidad más, a los que resulta insoslayable sumar las declaraciones de esta semana del ex secretario de Marina estadounidense y banquero John F. Lehman: “Sin la ayuda de los EE.UU. los ingleses habrían perdido en Malvinas”. Pues bien, ocurre que la invasión a Libia vale por mil declaraciones, artículos y libros como los citados. La Presidenta de la Nación ya se refirió al respecto: “Cuando uno ve a los presuntamente civilizados resolver las cuestiones a los bombazos,
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me siento muy orgullosa de formar parte de los países de esta región”. En Libia como en Malvinas: bombazos, pero acompañados de mucha inteligencia y corporativismo piratas. Con la CIA operando en plena guerra desde la avenida Paseo Colón, la decisiva ayuda bélica estadounidense, el ingeniero Phipps y el consorcio kelper intrigando para dirimir militarmente el conflicto y hacerse del crudo malvinense, igual combinación de bombazos, inteligencia y corporaciones piratas se vislumbra hoy en Libia (reemplacemos a Phipps por Tarhouni y al consorcio kelper por Agoco). Las bombas no impactan en los yacimientos ni en las instalaciones hidrocarburíferas, sino en los civiles y militares indistintamente de si son portadores de los nuevos viejos bríos nacionalistas o anti-imperialistas que sacuden al mundo árabe. Este 2 de abril de 2011, en plena definición de la gran encrucijada nacional, los argentinos y argentinas debemos convivir con una potencia extranjera que ocupa ilegitima e ilegalmente territorio argentino. La crisis energética, económica y financiera del arrogante y desesperado mundo “civilizado” está más presente que nunca. La seguridad nacional, económica y energética argentina y unasurina están gravemente amenazadas. Libia es una prueba más e irrefutable de ello. Como escribió Jorge Abelardo Ramos en el prólogo a otro imprescindible trabajo sobre la cuestión Malvinas “El Servicio Secreto Británico y la Guerra de Malvinas” (ya mismo a disposición del lector inquieto): “Gran parte de la intelectualidad [local] ha sido formada en una actitud psicológica derrotista según la cual la Argentina no podría medirse con ninguna de las grandes potencias a riesgo de un fracaso bochornoso. La Guerra de Malvinas puso en situación crítica esta subestimación nacional”. Scalabrini Ortiz por Canning, política económica soberana, desendeudamiento y expulsión del FMI; recuperación progresiva y ascendente de la cultura, la conciencia nacional, el trabajo, la producción y la justicia social, etc. van revirtiendo con palpable éxito la psicología derrotista que impidió al pueblo argentino ser artífice de su propio destino. La defensa irrestricta que el Gobierno nacional hace de la soberanía, el desembozado interés petrolero británico, la decadencia de los “civilizados”, la consolidación de Unasur y, por supuesto, el espejo libio aceleran las condiciones objetivas para la recuperación de nuestras islas Malvinas.

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Libia, imperialismo y energía (27/03/2011)

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a gravísima crisis socioeconómica de la Europa Occidental no puede soportar la profundización de la dependencia energética foránea. Ocurre que la UE-27 debe importar cerca del 55% de la energía que consume, porcentaje que no cesa de crecer. En otras palabras, la suerte del Viejo Mundo está –como lo estuvo siempre– íntimamente ligada a la apropiación de nuevas y más fuentes energéticas más allá de su propia geográfica. No es ninguna casualidad, por tanto, que Francia, España, Italia y el Reino Unido –países críticamente dependientes en materia energética– se encuentren embarcados en esta nueva aventura colonial. El pueblo argentino no precisa mirar a Oriente Medio o a África para tomar conciencia del resurgir colonialista. Las Malvinas son un testimonio vivo, duro y desgarrador. Ahora bien, ¿por qué toca el turno a Libia? En cuanto a las revueltas sociales, ¿es correcto trazar un paralelismo entre Libia, Egipto y Túnez? A fines de los ´70 la Libia de Kadafi –al igual que la Venezuela bolivariana a partir del 2000– fue clave para la ola nacionalizadora en materia petrolera en Medio Oriente y norte de África. Luego de 4 décadas en el poder, luego de décadas de “acuerdo” con las multinacionales petroleras, Kadafi vuelve a retar el poder petrolero anglo-sajón. Tanto a Estados Unidos como a las naciones europeas aludidas, la historia les obsequia una segunda oportunidad para terminar con el “mal ejemplo” libio. Nada más que esta vez, la crisis económica, social y energética del Primer Mundo les deja muy poco margen de error.

Libia, imperialismo y energía: breve repaso histórico Algunos años después de concluida la Segunda Guerra Mundial, Libia exportaba esparto y restos de pertrechos abandonados por las fuerzas del Eje y los aliados en su trascendental paso y combate en Libia. Pobreza y atraso extremo eran sus principales características. Pero a mediados de los años ´50 la historia cambió definitivamente. Estudios geológicos le asignaban una importancia hidrocarburífera más que importante. En 1955 se sanciona la Ley de Petróleo de Libia que abre el juego a la participación privada en materia exploratoria. Su primer resultado: el primer gran descubrimiento de la mano de la estadounidense Standard Oil of New Jersey en 1959, pozo Zelten (hoy rebautizado Nasser). Dos años más tarde, se habían descubierto 10 pozos de muy buena calidad y Libia pasaba a exportar crudo. Desde un enfoque geopolítico, su producción no debía pasar por el Canal de Suez ni atravesar el conflictivo Medio Oriente o dar la vuelta a África. Directamente vía Mediterráneo, el petróleo libio arribaba sano y salvo en cuestión de horas a las sedientas costas europeas de Italia y Francia. Para 1965, Libia era el sexto exportador de crudo del mundo (10% del total). A fines de los ´60 producía 3 millones de barriles diarios de excelente calidad, llegando inclusive a superar la producción de Arabia Saudita en 1969. Pero la “estabilidad política” (léase complicidad) que tanto beneficiaron a las petroleras extranjeras en Libia llegó a su fin poco antes de la muerte del rey Idris. El golpe de Estado de septiembre de 1969 comandado por Kadafi cambió radicalmente no sólo los escenarios político y petrolero libios sino también al mundo árabe. Entre sus primeras acciones estuvieron además del cierre de las bases militares estadounidenses y británicas, la restructuración de la industria petrolera nacional. Para entonces, el 30% del crudo importado por Europa provenía de Libia. Hasta la nacionalización total del petróleo en 1973, Libia fue aumentando drásticamente la participación estatal en la renta petrolera (fundó su compañía nacional en 1970), adquirió mayoría accionaria en las principales petroleras privadas e incrementó la cotización internacional del crudo. Este último hecho significó un gran aliciente a la política antiimperialista de la OPEP, política que hasta entonces había sido ferozmente contenida y combatida por las petroleras anglo-sajonas. En suma, la Libia de Kadafi de aquel entonces fue un actor clave
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para terminar con el orden petrolero mundial en poder de Estados Unidos y las potencias europeas. Cuatro décadas más tarde, parecería que la tradición anti-imperialista ha vuelto a apoderarse de la mente de Kadafi, con el petróleo y el gas libios más vitales que nunca para la supervivencia de la EU-27.

Libia como potencia hidrocarburífera y proveedor estratégico de Europa Según consta en el último informe estadístico de la OPEP (2009), Libia es la 8va y 20ava reserva comprobada de crudo y gas natural del planeta respectivamente. Hoy por hoy, destaca como la mayor reserva certificada de petróleo del continente africano. En 2009 se posicionó como el º13 exportador mundial de crudo. De su producción total, un 70% se destina a Europa, ubicándose según los últimos datos de la Eurostat como su tercer exportador con un 9,4% del total (entre enero y agosto de 2010). Para el Observatorio del Mercado de la Energía de la Unión Europea (informe de 2010) el petróleo libio es vendido a Italia (523.000 barriles diarios), Alemania (210.000), Francia (137.000) y España (104.000). Conforme detalla el informe Statistical aspects of the natural gas economy in 2009 (Eurostat), Libia fue en 2009 el tercer exportador de gas (exceptuando a Noruega) a la UE-27 (después de Rusia y Argelia). Ese mismo año, el gobierno libio invirtió fuertemente en ENI, la compañía nacional de energía de Italia y su principal operador. Asimismo y a través de la subsidiaria Tamoil, Libia cuenta con puntos de producción y distribución de derivados en Italia (7,5% del total con 3.000 estaciones de servicio), Alemania y Suiza. El crudo libio de excelente calidad es altamente demandado por el parque refinador de Estados Unidos, Italia (donde es el principal proveedor), Alemania y Suiza. Cerca del 95% de las exportaciones de gas libio a Europa van vía gasoducto (Libia-Italia).

Libia y la dependencia energética de los invasores Ahora bien, ¿cuán dependiente de fuentes energéticas foráneas es la EU-27? Su matriz energética primaria es altamente dependiente de los hidrocarburos, con el petróleo participando con un 36,4%, el gas natural un 23,9% y el carbón mineral un 18,3%. Más específicamente hablando, es dependiente de las importaciones de gas en un 64,3% y de crudo en un 84,5%. En 2008, la dependencia total de la EU-27 de fuentes energéticas foráneas se ubicó en un 54,9% según el Observatorio del Mercado de la Energía de la Unión Europea (informe de 2009). Ajustando la lupa energética por países (y específicamente analizando aquellos involucrados en el bombardeo a Libia), la Comisión Europea de la Energía (DG Energy 29/06/2010) informa lo siguiente: 1) Italia: importaciones de crudo de países OPEP 65% (principalmente de Libia). Importaciones gas: Argelia 35%, Rusia 32% y Libia 13%. ENI, principal operador petrolero en Libia; 2) Reino Unido: BP operadora en Libia; 3) Francia Importaciones de crudo: OPEP 39% (en 2009 Libia fue el primero de la OPEP con el 28,5% del total, según el Instituto de Estadísticas y Estudios Económicos de Francia); y 4) España: Importaciones de crudo: OPEP 54% (importante participación de Libia).

Conclusiones Primero la Convención Anglo-Rusa de 1907 para la partición y posterior reparto de Persia. Segundo la carrera hegemónica entre Gran Bretaña y Alemania por el control de los recursos energéticos del Imperio Otomano, carrera que derivó en la Primera Guerra Mundial (1GM). Sobrevinieron entonces
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las invenciones de Irak, Kuwait y Bahrein en simultáneo con la división completa de Medio Oriente y la Mesopotamia entre Gran Bretaña y Francia (convención de San Remo). Para fines de la década del ´20, las petroleras estadounidenses se sumaban al gran festín con los acuerdos de Achnacarry y la Línea Roja. Mussolini invade Etiopía en 1935 y Hitler obnubilado por el petróleo del Cáucaso hará lo propio con la Unión Soviética un lustro después. A diferencia de la 1GM, en la segunda gran guerra Alemania aprendió la lección. Si bien entre 1941 y 1945 el crudo sintético germano satisfizo el consumo interno en un 50% (USSBS, German War Economy), la Alemania nazi advirtió en el crudo ruso primero y en el de Medio Oriente después la llave a la victoria. En 1941 el teatro de operaciones se desplaza al norte de África. El petróleo asciende una vez más como el recurso capaz de doblegar a uno y otro bando. EE.UU. ingresa a la conflagración empujado por el botín de guerra: el oro negro de Medio Oriente y del Cáucaso. Definida la guerra, comienza la breve pero estratégica lucha diplomática entre EE.UU. y Gran Bretaña por Arabia Saudita, que culmina con la victoria del primero y la implementación de la Doctrina Truman, asegurándose la flamante potencia una presencia substancial entre el Mediterráneo y el Golfo Pérsico. Años más tarde la Operación Ajax para acabar con Mossadegh; Francia en Argelia a comienzos de los ´60 (Évian Accords); la Guerra del Golfo, el bombardeo a Yugoslavia y el control geopolítico de los Balcanes; la invasión a Irak y a Afganistán, y ahora el bombardeo a Libia, entre muchas otras maquinaciones imperialistas sin mencionar, que un tanto por hastío y otro tanto por horror, prefirió omitir adrede este indignado cronista. Creen que el mundo les pertenece. Así lo han creído siempre, y así será hasta que se les demuestre lo contrario. ¿Se avecina un nuevo Estado o emirato en Bengasi (Libia)? ¿Se avecina una nueva partición del mundo árabe, un nuevo reparto de África? Interrogantes al margen, algo está claro: Europa y Estados Unidos no pueden cometer el mismo error de los años ´70. Libia no puede volver a convertirse en un actor clave y promotor de una nueva ola anti-imperialista en Medio Oriente y en el mundo árabe. La decadente Europa no puede soportar ahondar su dependencia energética extranjera, ni Estados Unidos quedarse de brazos cruzados ante el potencial botín petrolero nor-africano. El imperialismo ha expresado ya su decisión de extender las sanciones comerciales aplicadas a Libia al terreno petrolero. En efecto, y en palabras del director del Departamento de Control de Activos Extranjeros del Tesoro de los Estados Unidos, Adam Szubin: “las 14 subsidiarias de la estatal petrolera libia serán castigadas, por ser la Corporación Nacional de Petróleo (CNP) la principal fuente de financiación del régimen de Kadafi”. La excusa perfecta cae de maduro. Sigue Mr. Szubin: “En sintonía con la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidsas, todos los gobiernos deberán bloquear los activos de la CNP de tal manera de asegurar que Kadafi no utilice esta red de compañías para apoyar sus actividades.” Kadafi y el Estado libio están inhibidos de utilizar los recursos petroleros propios a los efectos de solventar sus operaciones bélicas, pero el Reino Unido puede hacer con ellos (los recursos petroleros libios) algo peor: ¡solventar a las fuerzas rebeldes! Ali Tarhouni, economista estadounidense ex ministro de finanzas de la CNP, declaró unos días atrás a la Associated Press: “El gobierno británico ha aceptado desviar a los rebeldes unos 1.100 millones de dólares en concepto de compra de crudo libio que originalmente Londres debía haber pagado a Kadafi” (O&G Journal – 24/03/11). Mientras tanto, las potencias invasoras se encuentran trabajando denodadamente para hacer que las subsidarias de la petrolera estatal libia corten lazos con el Estado y se dediquen a comercializar crudo y gas puenteando a la CNP. Tal es el caso de Agoco, según el mismo Tarhouni manifestó. ¿Y qué es Agoco? Las siglas de la Arabian Gulf Oil COmpany, subsidiaria de la CNP con sede en… Bengasi. Agoco opera el yacimiento petrolero más importante de Libia (Sarir), al sur de la base rebelde de Bengasi, en la parte oriental del país. Según informó Reuters el 11 de marzo,

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transcribiendo las palabras de un importante funcionario de la empresa: “Agoco es de ahora en más parte de la revolución [contra Kadafi]”. ¿Hasta cuándo tanta impunidad, tanto cinismo? ¿Hasta cuándo tan nefasto rol de la ONU? Como no pueden exportar la crisis económica a la Periferia, entonces la cobrarán vía misiles Tomahawk. Al 25 de marzo, las potencias imperialistas llevaban lanzados 161 misiles de este tipo. Cada uno cuesta 1.410.000 dólares (Center for Public Integrity). Saque Ud. estimado lector el total de la multiplicación. No se olvide de colocar (restar) los millones de barriles diarios de petróleo producidos por Libia y el gas natural que este país exporta diariamente a la EU-27. Antes de realizar la cuenta, sepa que la nación africana es el cuarto y tercer exportador de crudo y gas a Europa respectivamente. Una ayuda: según el Observatorio del Mercado de la Energía de la Unión Europea (informe de 2010) el petróleo libio es vendido a Italia (523.000 barriles diarios), Alemania (210.000), Francia (137.000) y España (104.000). El precio internacional del barril de crudo ronda los 105 dólares. El año tiene 365 días. Kadafi resulta ya inviable. El petróleo y el gas libios por supuesto que no.

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El petróleo de Malvinas y la decadencia energética del Reino Unido (Jun/2010)

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on el inicio de la perforación del prospecto Liz en Mar Argentino no sólo se ha puesto en marcha la última etapa de la fase exploratoria petrolera británica en Malvinas (que data desde 1997), sino también la última etapa del plan de modernización económica de las islas pergeñado por el Foreign Office en connivencia con los kelpers: de la explotación de lana a la pesca, y de la pesca a la explotación hidrocarburífera. Si bien los resultados de Liz no fueron auspiciosos, sí lo fueron los del segundo prospecto recientemente perforado, el denominado Sea Lion. En efecto, a pesar de ser aún preliminares, los hallazgos estarían confirmando la presencia de unos 242 millones de barriles técnicamente recuperables (RKH – RPS Energy, 4/06/10). A propósito, cabe destacar que tanto Liz como Sea Lion son apenas 2 de las 41 áreas con potencialidad hidrocarburífera presentes en la Cuenca Norte, cuyos volúmenes hipotéticos de recuperación de crudo oscilan entre 121 millones de barriles a un ideal de 5.632 millones. El beneficio socioeconómico que la ratificación de Sea Lion representaría para los 3.000 kelpers está más que claro. ¿Y el beneficio para el Reino Unido (RU)? Según datos del tradicional informe estadístico de la BP (2009), el Estado europeo contaba a fines de 2008 con 3.400 millones de barriles de reservas probadas equivalentes a 6 años de producción. Ese mismo año, su consumo fue de 1.704.000 barriles diarios (b/d) y su producción apenas menor: 1.544.000 b/d (la más baja desde 1998). Es decir, en 2008 debió importar unos 160.000 b/d o 58.400.000 barriles anuales.

Ahora bien, a la gravedad de tener que importar crudo para satisfacer sus necesidades internas debe agregársele no sólo la alta dependencia hidrocarburífera de su matriz energética (76% entre petróleo y gas natural), no sólo el aumento del consumo industrial de petróleo y derivados (un 19,8% del consumo total), sino una disminución progresiva de su autosuficiencia energética (Energy, Transport and Environment Indicators – Eurostat, 2009 Edition). Tal como se desprende del más reciente informe del Departamento de Estadísticas de la Unión Europea (UE), la dependencia energética de fuentes extranjeras del RU pasó de -15,4% en 1997 (porcentaje negativo significa autosuficiencia) a 20,1% en 2007, el cambio energético más brusco registrado por una nación integrante de la UE-27 desde 1997. En otras palabras, Inglaterra pasó de ser un exportador neto de energía a un importador neto en una década. Al desagregar por petróleo y gas natural, se observa que esa misma conversión ocurrió en 2006 y 2004, respectivamente. ¿A qué factores obedece la declinación energética del RU? No obstante ser uno de los mayores productores europeos de hidrocarburos, su producción viene decayendo paulatinamente desde 1999-2000, años en los que la producción del Mar del Norte alcanzó su pico máximo. Y es en este contexto de decadencia energética británica que debería analizarse su movida petrolera en Malvinas. A propósito, conviene repasar algunos hitos en esta materia. En 1995, días después de suscripto los acuerdos petroleros entre los gobiernos de Carlos Menem y Tony Blair, los kelpers llaman unilateralmente a licitación internacional para la exploración del off-shore alrededor de las islas. Las primeras cinco licencias fueron otorgadas en 1996. En 1997, comenzaron los primeros estudios sísmicos encarados por el Servicio Geológico Británico, el Servicio Geológico de Estados Unidos y un grupo de compañías petroleras, entre las que destaca la participación de Shell en materia no sólo prospectiva sino también de perforación (luego Shell vendió los resultados de sus investigaciones a Rockhopper, la operadora de Sea Lion). En resumen, entre mediados y fines de la década del noventa, los británicos avanzaron raudamente en dirección de convertir a su enclave colonial en Mar Argentino en una nueva fuente propia de hidrocarburos. La irrefrenable declinación de sus pozos del Mar del Norte, sumada a la favorable política exterior menemista hacia los intereses británicos, se tradujeron en una perfecta plataforma de lanzamiento para tal estrategia.

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Si como se espera, finalmente se confirman los volúmenes de Sea Lion (242 millones de barriles) Inglaterra se estaría ahorrando exactamente 4 años de importaciones por unos 18.513 millones de dólares (a una cotización de 76,5 dólares/barril, correspondiente al 15 de junio). Asimismo, y en materia de agregado de nuevas reservas, la confirmación de Sea Lion equivaldría a lo que el RU produce localmente en 5 meses y 10 días, esto es, casi medio año de agregado a los paupérrimos 6 años de horizonte de reservas petroleras. Y esto no es todo. Una producción (ritmo de extracción) en Malvinas que supere los 160.000 b/d (brecha entre la producción y el consumo local del RU a 2008) podría convertir a Inglaterra nuevamente en un exportador neto, beneficio no sólo económico, sino y fundamentalmente geoenergético y geopolítico al colocarse al ambicionado nivel de Dinamarca, el único país de la UE-27 que no importa petróleo para satisfacer sus necesidades domésticas.

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20 de noviembre, Vuelta de Obligado y una Argentina soberana (Nov/2010)

C

uando Juan Manuel de Rosas llega al poder, existían tres sectores fundamentales en el país: primero, las provincias mediterráneas cuya debilidad económica era irrefutable; segundo, las provincias del litoral, con una producción ganadera similar a la de la pampa bonaerense, pero sin el puerto ni la aduana, tendiendo en consecuencia a una política de compromiso crónico con los porteños ricos y librecambistas; y tercero, el frente de Buenos Aires, y con él, sus dos fuerzas fundamentales: los ganaderos de la provincia y los comerciantes e importadores de la ciudad.

Rosas, el nacionalismo bonaerense y el equilibrio en la Confederación Rosas tomó el poder en nombre del litoral exportador –los ganaderos– y creó un equilibrio que, si bien inestable, duró casi veinte años. El Restaurador comprendió que la única salida del caos era equilibrar las pretensiones de los sectores enfrentados, es decir, encontrar un punto intermedio entre las políticas proteccionistas de las provincias mediterráneas –auténtico foco de nacionalismo genuino– y las políticas librecambistas de las provincias ganaderas del litoral, coincidentes en este aspecto con los librecambistas bonaerenses. Su accionar para con el interior fue de renuncia a la intervención militar, dejando a los caudillos el control de las situaciones lugareñas, aunque con paciencia y sutileza los fue enfrentando y corrompiendo. En síntesis, la política suprema de Rosas consistió en una alianza entre el Litoral exportador y la Provincia-Metrópoli para traicionar las provincias del interior. Paralelamente, doblegó la resistencia de la burguesía comercial porteña, reservando para su clase el control de la aduana, patrimonio de todos los argentinos. Esto último, en coincidencia con los unitarios y la burguesía comercial porteña, puesto que Rosas siempre se negó a nacionalizar los ingresos aduaneros. A escala nacional, el sistema federal (léase sistema federal bonaerense) ideado por Rosas para gobernar por casi 20 años la tumultuosa patria, lo obligaba a defender el conjunto de la Confederación frente a las amenazas y bloqueos organizados por las potencias europeas colonialistas, en alianza con el librecambismo unitarista. A falta de una burguesía industrial con visión nacional –antítesis de lo que ocurría en el emergente Estados Unidos– los ganaderos ocuparon ese lugar predominante y su jefe los defendió, primero a ellos, luego a su provincia y en último lugar al país. Rosas, encarnó un nacionalismo defensivo, restringido, bonaerense, insuficiente sin duda, pero el único posible para la clase estanciera bonaerense (Jorge Abelardo Ramos, Revolución y Contrarrevolución en la Argentina, tomo I).

La ley de Aduana de 1835: prólogo de la Vuelta de Obligado Desde 1811 y hasta la sanción de la Ley Aduanas de 1835, la industria territorial argentina había estado subordinada al liberalismo económico. Las políticas antinacionales de entonces, similares a las experimentadas entre 1955 y 2003 –a excepción del interregno 1973/74– no sólo estrangulaban al interior nacional por el monopolio del puerto y de la aduana, sino por las tentativas unitarias constantes de inundar la Confederación con mercaderías extranjeras, privando a las poblaciones criollas de sus recursos tradicionales de subsistencia. No obstante ello, un importante quiebre se produce en 1935 con la Ley de Aduanas decretada por Rosas. A continuación y sucintamente, sus alcances y consecuencias (José María Rosa, Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica): 1) produjo una reanimación de nuestra industria artesanal al prohibir la importación de ponchos, ceñidores, flecos y fajas de algodón o lana, jergas, jergones, artículos de zapatería, carruajes y ruedas, platería y talabartería; asimismo, protegía el cultivo del tabaco y los sucedáneos
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del mate; y 2) pasaba a manos del gobierno el control de la navegación de los ríos. Asimismo, cabe citar las ampliaciones a dicha ley aplicadas dos años después, con la prohibición de la exportación de oro y de plata, facilitando en consecuencia la salida de frutos y artículos del país en pago de los que se importaban. Al caer Rosas, existían en Buenos Aires 106 fábricas, entre carpinterías, ferreterías, talabarterías, lomillerías, mueblerías, fundiciones, molinos de viento, fábricas de jabones, de licores, de cerveza, de pianos, de carruajes, etc.

Causas y consecuencias de la política económica soberana: el bloqueo francés y la invasión de 1845 Entre las causas de la Ley de Aduanas (y sus modificaciones de 1837) podemos citar las de origen internas y externas. Las primeras corresponden a los hechos puntualizados precedentemente: las leyes aduaneras como decisión de soberanía económica y política. Las segundas –intrínsecas a Inglaterra y Francia–obedecen a la convergencia entre las políticas proteccionistas del Restaurador y la etapa de exportación de mercancías que precedió a la aparición del imperialismo. La libre navegación de los ríos, proponían esas potencias, debía ser impuesta a sangre y fuego. A propósito, el investigador John F. Cady en su notable La intervención extranjera en el Río de la Plata, recuerda que ya para entonces “el Foreign Office estaba prácticamente inundado de cartas y solicitudes en las que se sostenía la necesidad de arrancar de las manos funestas de Rosas el control de la navegación de los ríos”. En igual sentido, vale la pena recordar el siguiente fragmento de Pérez Amuchástegui en su magistral obra Crónicas Argentinas: “El presidente del Consejo de Ministros británico, Robert Peel vióse en 1844 ante el pedido insistente de plazas como las de Liverpool y Manchester que urgían a su gobierno para que conjuntamente con el de Francia, adoptase medidas para limitar las restricciones puestas al comercio en el Plata. Solicitaban también se asegurara el acceso de los comerciantes británicos a los mercados del Paraguay y regiones del interior”. El reclamo a Peel fue respaldado por diez memoriales de los centros industriales de Yorkshire, Liverpool, Manchester, Leeds, Halifax y Bradford, sumados a 1500 banqueros, comerciantes e industriales de las mismas ciudades. En paralelo a esta petición, los grupos de presión difundieron además la opinión generalizada de que sin una ruta comercial con el interior sudamericano el comercio libre con Buenos Aires y Montevideo carecería de importancia. La intervención militar presionada por los centros manufactureros de la Europa civilizaba y operada desde las cancillerías francesa y luego inglesa –esta última por temor a que los primeros adquirieran excesiva influencia en el Plata– comenzaba su escalada funesta. Las iniciativas de soberanía económica de las Provincias Unidas debían llegar a su fin. Corolario: en primer lugar, el bloqueo francés de 1838 (causante del histórico ofrecimiento de San Martín a Rosas) previa firma del acuerdo de Montevideo con los cónsules franceses y una “Comisión Argentina” formada por los unitarios emigrados ligados al comercio de importación; y en segundo lugar aunque años más tarde, la invasión anglo-francesa de 1845 (preludio a la Guerra del Paraguay) y con ella, la gesta de Vuelta de Obligado.

De los acuerdos comerciales pro-franceses de 1838 al Presupuesto unitarista de 2010 165 años transcurrieron del heroico combate de Vuelta de Obligado. El reclamo que otrora hicieran los 1500 banqueros, comerciantes e industriales ingleses a sus cancilleres y gobernantes ante la política proteccionista de Rosas, recuerda los insistentes reclamos y amenazas que a diario recibe el Gobierno nacional por parte de políticos, empresarios, banqueros y especuladores, tanto locales como extranjeros. Tampoco faltan los “grupos de unitarios” que desde adentro facilitan la labor a los

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intereses extranjeros. Si en tiempos de Rosas los porteños emigrados en Montevideo ligados al comercio de importación firmaban con los cónsules y el almirantazgo francés una alianza contra las Provincias Unidas, los bisnietos y tataranietos de esos mismos unitarios (ahora además con sus ramificaciones de izquierda) hacen lo imposible 165 años después para debilitar al Gobierno nacional mediante el desmantelamiento del Estado, corazón del modelo kirchnerista y mortal enemigo a la Argentina “granero del mundo”. Al respecto, cabe recordar una de las actas suscriptas entre los unitarios coetáneos de Rosas y el imperio francés: “[…] considerando la conveniencia de no dejar escapar esta ocasión favorable, sea de llevar a Rosas a pactar con nosotros, sea de ocasionar su caída, y por consiguiente, de establecer la influencia de Francia a la vez en Buenos Aires y Montevideo, y de preparar aquí a nuestros compatriotas y nuestro comercio un porvenir tranquilo y próspero […]” (Cady, Ob. Cit.). El proyecto de presupuesto que el unitarismo del siglo XXI intentó imponer llevaba implícitas las exigencias del FMI hacia la Argentina (y que con tanto ahínco aplican para desgracia de sus pueblos los gobiernos de Grecia, Francia, Reino Unido, Portugal y España). Apreciación cambiaria, déficit comercial, ajuste del gasto social, achicamiento del Estado y su aniquilamiento como empresario e inversor, entre otros ítems, propone hoy día la Unión Democrática del siglo XXI en consonancia con los dictámenes del FMI y los centros industriales de occidente sumergidos en una complejísima crisis económica y social.

De Vuelta de Obligado y Rosas a Malvinas y Cristina Fernández de Kirchner La presión política, económica y comercial por colocar los excedentes de la producción británica y francesa, abriendo a fuerza de cañonazos nuevos mercados compradores toda vez que un “dictador arrogante” como Rosas emergiera en el sur bárbaro, desembocaron en la invasión anglo-francesa de 1845. En el año de su Bicentenario, la “dictadora y arrogante” presidenta Cristina Fernández de Kirchner aplica para beneficio de las grandes mayorías un modelo económico soberano y con inclusión social. Los excedentes industriales y los ingentes capitales especulativos del occidente civilizado en crisis no pueden ingresar al país. Como en tiempos de Rosas, se impone acabar con la arrogancia. Entonces, las prácticas imperiales más retrógradas en esa combinación entre intervencionismo militar e intervencionismo económico y comercial vuelven al ruedo. ¿Intervencionismo militar anglo-francés en la Argentina de 2010? En Malvinas yace una de las bases militares más poderosas del Reino Unido fuera de la Gran Albión. La diferencia radica en que si en 1845 vinieron juntos marines y manufacturas en un mismo barco, hoy intentan avanzar por separado. Y acá una nueva aunque en este caso crítica diferencia: si para poner de rodillas a la Argentina de mediados del siglo XIX hacía falta un desembarco sobre Buenos Aires, o a lo sumo, un bombardeo a cañonazo limpio desde las afueras de su puerto; en 2010, con los misiles apostados en los buques de guerra británicos alrededor de Malvinas, a 1900 kilómetros de distancia de la ciudad Capital, alcanzan y sobran para torcer y acabar con cualquier modelo soberano. Diferencias al margen, antes como ahora el mensaje sigue siendo el mismo: una política económica autónoma, proteccionista, industrial y subordinada a un proceso de desarrollo socialmente equitativo en la Argentina – a su vez pilar de un Mercosur y una Unasur prósperos y libres– resulta intolerable para los centros de dominación occidentales. Y si a ese modelo de desarrollo hemos de adicionar el notable proceso de desendeudamiento puesto en marcha desde el 2003, fundamentado en el ahorro interno (sin pedir nuevos préstamos) y en la no injerencia de condicionamientos externos (FMI), la afrenta nacional asciende a límites inadmisibles. Entonces y como antaño, cuenten o no con apoyo doméstico, las metrópolis se ven obligadas a exigir a puro misil, mucho grito y mucha tinta el fin de una Argentina industrialista, económicamente soberana y socialmente justa. Sea todo bienvenido

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para que la “colonia” no se independice. Pero la “colonia” habrá de independizarse igual. Las Provincias Unidas antes desembradas y debilitadas por la derrota bolivariana de 1830, hoy abrazan a la totalidad de América del Sur, más sanmartiniana y bolivariana que nunca.

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Actualización petrolera en Malvinas (Oct/2010)
a ilegítima exploración petrolera británica en las Islas Malvinas avanza rápidamente no sólo en materia de nuevos resultados y consecuencias, sino también en cuanto al nivel de politización que los grandes medios de prensa locales le dan al asunto. En efecto, gruesos errores de interpretación periodística conviven con la omisión de datos que bien podrían aportar a un mejor y más contundente entendimiento por parte del pueblo argentino, a su vez fundamental para un rechazo masivo y consciente de la avanzada pirata. A propósito de ello, se presenta a continuación algunos datos y reflexiones claves en base a lo acontecido durante el último mes: 1) Las operadoras petroleras no están produciendo (extrayendo) crudo. Cuando el 17 de septiembre pasado la operadora Rockhopper Exploration (RKH) informó haber obtenido unos 2.000 barriles diarios de sus pruebas de flujo en Sea Lion, parte de la gran prensa nacional interpretó el acontecimiento afirmando más o menos que “el Reino Unido ya está produciendo 2.000 barriles diarios en Malvinas”. Nada más falso. Ni RKH ni las restantes operadoras están produciendo (extrayendo) crudo en el off-shore malvinense. Para ingresar a la fase de explotación, resta aún confirmar lo descubierto en Sea Lion. Por otra parte, hay una sola la plataforma semisumergible en el archipiélago, plataforma que desde hace una semana se encuentra fuera del citado prospecto. Desde el 27 de septiembre, la Ocean Guardian está perforando el área denominada Rachel, área cuyos resultados técnicos arrojaron niveles de recuperación hipotéticos muy superiores a los de Sea Lion. Las operadoras estiman que la fase exploratoria se prolongará al menos hasta fin de 2010. 2) Resultados de perforaciones. Suponiendo se confirmen los 242 millones de barriles (Mb) alojados en Sea Lion (RKH – RNS 18/08/2010) y contemplando fueron 4 las perforaciones realizadas al momento, los resultados indican una eficacia prospectiva del 25%. En efecto, los pozos en los prospectos Liz, Ernest y Toroa dieron pésimos resultados en materia de crudo. En cuanto a gas natural, sólo Liz arrojó buenos resultados, aunque aún muy inciertos. 3) Volúmenes confirmados y reservas Reino Unido. De certificar los 242 Mb de Sea Lion, el Reino Unido se estaría ahorrando aproximadamente 4 años de importaciones de crudo (según datos a 2008). A la cotización internacional del barril de petróleo (al 27/09/2010) el ahorro equivaldría a 17.632 millones de dólares. 4) Volúmenes confirmados y reservas Argentina. Los 242 Mb de Sea Lion corresponden a aproximadamente lo que nuestro país extrajo en 2009 (250 millones de barriles). En consecuencia, la Argentina estaría acrecentando su horizonte de reservas en 1 año si dispusiera de ese crudo, número más que interesante vistos los escasos 6 ó 7 años de reservas certificadas del país. 5) Producción comparada. La denominada Cuenca Norte tiene identificados 17 prospectos con potencialidad hidrocarburífera. De esta totalidad, dos ya han sido perforados; uno arrojó muy buenos resultados y el otro muy malos. Ahora bien, una prueba de flujo de 2.000 barriles diarios –con posibilidad de alcanzar 4.000 barriles diarios (RKH – RNS 24/09/2010)– no es un dato para nada despreciable. Si bien 4.000 barriles por día equivalen a un 0,58% de la producción total nacional, el área de mayor producción en la Argentina (Cerro Dragón - Anticlinal Grande) alcanza unos 89.081 barriles diarios (datos de septiembre de 2009). Comparando con esta área, la producción de Sea Lion (en un único pozo) equivaldría a un 4,5% de la de Cerro Dragón. Sin
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embargo, este cálculo no es del todo correcto. ¿Qué sucedería si dividimos la producción total de Cerro Dragón por los 2.200 pozos que lo componen y la comparamos con la de Sea Lion? La producción promedio por pozo en Cerro Dragón – Anticlinal Grande es de 40,5 barriles diarios. En el mejor de los escenarios (según el interés británico), el pozo de Sea Lion superaría al mejor de la Argentina en un 9.976%; en el peor de los escenarios, en un 4.938%. 6) La australiana BHP Billiton se retira. Los aparentemente exitosos resultados de la Cuenca Norte distan mucho de los recogidos al sureste de las islas, en la denominada cuenca homónima. BHP Billiton, la multinacional minera y petrolera australiana, ha decidido retirarse del joint venture con la operadora FOGL para la exploración y explotación de dicha cuenca. Independientemente de las razones que motivaron su alejamiento, tal decisión conviene y mucho al interés nacional. Este dato, ciertamente para nada insignificante, ha sido minimizado por la gran prensa local (no así para la extranjera). 7) Accionistas de RKH muy contentos y…belicosos. La cotización bursátil de la operadora Rockhopper (London AIM Market) ha pasado de su punto más bajo a fines de marzo de 2010 (30) a su punto más alto el 24 de septiembre (549,44). Es decir, un incremento del 434,43% en 52 semanas. Hoy día, la cotización ronda los 489 puntos. La algarabía accionista es indescriptible, tanto, como la recaudación de fondos para que la exploración continúe su camino ascendente: al 31 de marzo la operadora contaba con 64,5 millones de dólares de fondeo, cifra que al 30 de junio había saltado a 119,7 millones (RKH – RNS 18/08/2010). La maquinaria colonial avanza firmemente y los accionistas no se quedan atrás. Uno de ellos –miembro del club de pirata desde el 30 de julio de 2008– confía en la buena estrella del suculento negocio: “Las soluciones políticas [ante una eventual movida argentina] deberán ser las siguientes: 1) ejercer el poder de veto del Reino Unido en la ONU; y 2) (si lo anterior no funciona) recordar tenemos 4 submarinos Trident con ojivas nucleares que podrían hacer otro campo petrolero en Buenos Aires” (opinión levantada del Foro de Discusión de RKH el 29 de Septiembre, 18:59hs). En general y como puede observarse, la Argentina “no es un problema” para la gran mayoría de los accionistas. 8) ¿Próximas acciones británicas? La certificación de Sea Lion será clave para que RKH se decida a alquilar una plataforma propia y así comenzar pronto con la extracción de crudo. En este sentido, los resultados del pozo en Rachel serán casi determinantes, sobre todo porque este prospecto es compartido con Desire Petroleum, la otra gran operadora de la Cuenca Norte. Asimismo, cabría preguntarse cuáles son los reaseguros de RKH (si es que alguna vez les interesó tomarlos) frente a ofertas públicas de adquisición hostiles por parte de las grandes compañías del rubro petrolero una vez certificados los 242 millones de barriles, más aún cuando algunos rumores le asignan a este prospecto unos 600 millones de barriles.

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La complicidad de Shell en la usurpación petrolera británica en Malvinas
(Jun/2010)

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ockhopper Exploration, una de las siete “compañías petroleras” que exploran ilegal e ilegítimamente en el archipiélago malvinense, parece destinada a convertirse en la primera compañía británica en justificar plenamente la casi bicentenaria piratería (las islas fueron ocupadas en 1833). En efecto, a pesar de ser aún preliminares, los últimos informes de la plataforma Ocean Guardian estarían confirmando la presencia de unos 242 millones de barriles técnicamente recuperables en el prospecto Sea Lion (RKH – RPS Energy, 4/06/10). En términos de niveles de extracción y horizonte de reservas argentinas, dicho volumen equivale a: 1) 388 días o 1 año y 23 días de extracción (623.158 barriles diarios extrajo la Argentina en 2009); 2) 43 veces los volúmenes que la Argentina extrajo en 2009 de su propio off-shore, específicamente, de la Cuenca Austral (cuenca geológicamente similar a la malvinense pero que los británicos han denominado diferente por obvias razones); y 3) un incremento del 13,3% en el horizonte de reservas comprobadas de petróleo de la Argentina, las cuales ascenderían de 8 a 9 años a 10 u 11 años (horizontes en función del ritmo de extracción correspondiente a 2009). A una cotización internacional del barril de petróleo de 75,91 dólares/barril (precio del 24/06), el crudo alojado en Sea Lion estaría valiendo unos 18.370 millones de dólares. Si la Argentina se quedara mañana sin petróleo y tuviera que comenzar a importarlo todo, el crudo de este yacimiento le permitiría ahorrarse esa mayúscula cifra o el equivalente a casi dos años de importaciones. Ahora bien, más allá de estos números e hipótesis –todos con altísimas probabilidades de terminar siendo absolutamente reales– y a la luz de la estrategia trazada por el Palacio San Martín, importa analizar los vínculos entre Shell y las operadoras británicas que sistemáticamente violan la soberanía nacional y las resoluciones de la Unasur, la OEA y la ONU en lo concerniente a la disputa de Malvinas. La participación de Shell en las islas (Shell Petroleum Development Ltd. rama Falkland) data de 1996, año en la que consiguió hacerse de una de las cinco licencias lanzadas unilateralmente por los kelpers. A partir de entonces, emprendió una larga lista de estudios prospectivos en sísmica 3D (368km2) sobre lo que hoy se conoce como las licencias PL032 y PL033. Un año más tarde, entre los meses de abril y noviembre de 1998, perforó dos de los primeros seis pozos exploratorios en Mar Argentino a escasos kilómetros de la Isla Gran Malvina, el 14/5-1A y el 14/10-1. El primero de ellos encontró cantidades significativas de gas natural y petróleo; el segundo, cantidades relevantes de crudo de 27ºAPI. Gracias a estas perforaciones y a la posterior evaluación de las muestras extraídas, las operadoras que le siguieron a Shell pudieron precisar la ubicación de las zonas con mayor potencial petrolero de la cuenca. Surgieron así los prospectos Sea Lion y Johnson – entre otros–, este último netamente gasífero. La parte más sustancial de la información recopilada durante aquellos años fue vendida al actual operador Rockhopper Exploration (RE), quien adquirió la licencia PL032 en 2005, licencia que junto a la PL033 abarca unos 1.620 km2 y expira en 2013. El fuerte vínculo existente entre Shell y RE no es mero cuento de quien escribe. Siquiera lo hasta aquí expuesto forma parte de una investigación profunda o extensa. En el último y más sólido informe técnico de RE (RPS Energy – Abril de 2009) –informe que, cabe aclarar, RE publica en su portal oficial– existen 19 referencias a la compañía anglo-holandesa. Efectivamente, a lo largo del informe se destacan una y otra vez las trascendentales contribuciones que dicha compañía realizó a la prospectiva petrolera en Malvinas. Sísmica 3D, estudios geoquímicos, etc. conducidos por Shell resultaron cruciales para que tanto RE como Desire Petroleum –la otra compañía que opera en la denominada Cuenca Norte– pudieran ajustar y precisar sus programas exploratorios. De hecho RE trabaja gracias a datos de estudios sísmicos que le fueron “heredados” de Shell.
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Luego del éxito de Sea Lion, la plataforma Ocean Guardian se dirigió al prospecto Toroa propiedad de las compañías FOGL (británico-kelper) y BHP Billiton (australiana), a 140 km al sur de Puerto Argentino. Dicho prospecto que presenta estimaciones de recuperación del orden de los 380 millones de barriles de crudo, está siendo perforado desde el 31 de mayo. Finalizado Toroa, la plataforma semisumergible retornará al norte de las islas para avanzar en los prospectos Ernest y Johnson, ambos propiedad de RE. Los cálculos estiman para el primero unos 156 millones de barriles técnicamente recuperables y para el segundo un altísimo potencial gasífero. En este último caso, la perforación del pozo 14/5-1A de Shell en el año `98 sirvió de gran utilidad para la elección de la zona donde la Ocean Guardian habrá de posarse en los próximos meses para comenzar una nueva perforación. Si la política del Gobierno nacional hacia Malvinas en lo concerniente a la avanzada unilateral petrolera británica sigue profundizándose y nutriéndose de apoyo y propuestas de otras fuerzas políticas partidarias tal como viene ocurriendo, el informe de RE se estaría convirtiendo en una prueba contundente e irrefutable de la complicidad de Shell en la usurpación de nuestro petróleo malvinense.

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Indiana Jones y el petróleo de las Malvinas. Una historia verídica (Feb/2010)

E

s esta una muy sucinta biografía de un Indiana Jones de origen inglés, que por Arca Perdida y Santo Grial, prefirió hacer de su botín la más valiosa y auténtica de las riquezas, por cierto muy abundante en la periferia atrasada: el petróleo. Si el Indiana cinematográfico (apodado Indy) fue contratado por un empresario estadounidense para encontrar y arrebatar el Santo Grial, allá por 1935 y en la ex República de Hatay (hoy Turquía); si un año después fue contratado por el gobierno estadounidense para descubrir el Arca Perdida en algún lugar de Egipto, hurtarla y llevársela a Estados Unidos, nuestro Indiana inglés y ficción aparte, fue contratado por el gobierno británico en 1975 para investigar la supuesta presencia de petróleo en las Islas Malvinas. No obstante y a diferencia de Indy, el de carne y hueso no esperó ser contratado por ningún empresario para embarcarse en su próxima aventura. Como buen súbdito de la Corona, la empresa la creó él en 1996, justamente para hacerse del petróleo malvinense que él mismo había detectado un par de décadas atrás en su viaje de 1975. El resultado fue Desire Petroleum, una de las ocho operadoras que en la actualidad exploran (y en breve explotarán) un mínimo de 6.475 millones de barriles de petróleo de reservas probadas en el off-shore malvinense. Para que el lector se haga una idea de la significación de estos volúmenes (según estiman las operadoras involucradas), el petróleo en Malvinas más que triplica las reservas certificadas de nuestro país (1.987 millones de barriles a diciembre de 2008 – Secretaría de Energía de la Nación). Regresemos ahora al protagonista de esta historia, al Indy real, al Indy inglés. Colin Phipps nació en 1936 y falleció en 2009. Se recibió de geólogo y con honores en la University College of London, en 1955. Gracias a una beca otorgada por Shell, se doctoró en la Universidad de Birmingham, especializándose además en hidrocarburos. Desde el año de su desaparición física, el portal oficial de Desire Petroleum le dedica un jugoso obituario. Repasemos las líneas más reveladoras: “Si bien Colin será recordado por muchas cosas, ninguna lo destacará más que el hecho de haber sido pionero en la conformación de un sector petrolero independiente para el Reino Unido. En 1957 ingresó a Shell como geólogo, donde estuvo cerca de siete años trabajando en Holanda, Estados Unidos y Venezuela. En 1964 dejó la compañía y se dedicó a la actividad privada como consultor. En 1972 fundó Phipps Oil y en 1973 Clyde Petroleum, esta última, pieza estratégica para el desarrollo petrolero en el Mar del Norte. Un año más tarde ingresó como parlamentario por Dudley West, un condado del centro de Inglaterra. A mediados de la década del setenta, participó de una seguidilla de delegaciones parlamentarias enviadas a las Islas Malvinas. Pero Colin regresó siempre al Reino Unido, donde siguió trabajando en sus empresas y consultora. Sin embargo, su instinto petrolero le confirmó el potencial hidrocarburífero del off-shore malvinense. Al llamado a licitación para la exploración petrolera en el mar alrededor de las islas [rondas convocadas por los kelpers en 1995, N.A.], Colin respondió fundando Desire Petroleum. Gracias a ella se hizo acreedor de un número importante de licencias, en 1997. Un año después, las primeras perforaciones [Shell y Amerada Hess, N.A.] arrojaron esperanzadores signos de petróleo y gas natural aunque no en cantidades comerciales. Con la debacle de la industria internacional del petróleo entre 1998 y 2004, la mayoría de las compañías exploradoras abandonaron las islas. Pero Colin continuo creyendo apasionadamente en el potencial del área y su determinación de mantener Desire a flote. Cuando las oportunidades para incorporar inversores repuntó, Colin juntó dinero para avanzar con las tareas de prospectiva primero y perforación después. Desafortunadamente, no vivió para ver realizado su sueño de encontrar hidrocarburos en cantidades comerciales en las Malvinas. Será siempre recordado como un ícono de la exploración en Malvinas, impulsando la búsqueda de petróleo en la zona no sólo con Desire, sino también con otras compañías”. Hasta aquí el obituario. En adelante,

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una ayuda memoria que este indignado argentino dedica al autor del obituario en cuestión, y por supuesto, al señor Phipps. Con la caída del precio internacional de la lana entre 1974 y 1980, el PBI de las islas cayó un 25% (The Falklands/Malvinas Case. Robert Laver, 2001). A la crisis económica se le sumó una de tipo social, producto del aislamiento, lo reducido de la colonia y el abandono político por parte de Londres. En uno de sus reportes sobre Malvinas, Phipps describe esta problemática como una “realidad de una inacabable dieta de cordero, cerveza y rum, con entretenimientos ampliamente limitados a la borrachera y al adulterio, condimentados con ocasionales incestos”. O Gran Bretaña se movía para salvar a las islas y sus habitantes, o no habría más remedio que ceder a los reclamos argentinos. Fue así que el gobierno británico decidió enviar una seguidilla de misiones a Malvinas con el objetivo de relevar y comprobar la presencia de recursos naturales comercialmente explotables, reemplazando así y progresivamente a la lana como medio fundamental. Como se mencionó, una de estas misiones estuvo integrada por Colin Phipps. Ya de regreso a la Pérfida Albión en 1977, el Indy inglés presentó un informe con los resultados de sus muchos viajes titulado: “Prospecto sobre el desarrollo de hidrocarburos”. Allí señaló que si bien no pudieron comprobar la existencia de petróleo, sí lograron establecer la presencia en el mar de un número de cuencas sedimentarias con alto potencial. Pero no fue esto lo más destacable. También explicó que la zona investigada brinda el “tipo de posibilidades que la industria del petróleo, dificultades políticas aparte, desearía explorar en la década del ochenta.[...] Según los acuerdos internacionales comunes un país tiene derecho a considerar el área hasta un límite de doscientas millas de su costa como propia <<área de interés económico>>.[...] En defecto de un acuerdo, las islas Malvinas (si fuesen británicas) [sic], podrían otorgar licencias sobre áreas fuera de la disputa […]” (Petróleo, Estado y Soberanía. Federico Bernal, 2005). Promediando el final, Phipps recomienda “que ningún paso sea adoptado para explotar el petróleo hasta que el problema argentino sea resuelto” (Bernal, Obra Citada). En la actualidad, con las Islas bajo dominio británico y honrando lo visionario y pionero de su presidente póstumo, Desire Petroleum se apresta a explorar la Cuenca Norte, la más promisoria de todas, con el 60% (unos 3.900 millones de barriles) de las reservas probadas contenidas en el offshore malvinense. El Indy inglés, o más apropiado aún, el pirata Phipps dispone de sus licencias, sabe de la rica presencia de petróleo y avanza con la última fase exploratoria. Su hijo Stephen, principal accionista de Desire, invita a futuros inversores y recluta al nuevo y necesario personal en estos términos: “Las Islas Malvinas cuenta con una población de 2.900 habitantes; se ubica a 480 kilómetros del punto más cercano de América del Sur; fue descubierta en 1592 por el HMS Desire [navío de la armada británica, N.A.]; presenta un clima similar a la localidad de Aberdeen en el noreste de Escocia pero es más soleado que en Londres; la situación fiscal en la Cuenca Norte es excelente: 9% de regalías y 26% de impuestos” (Desire PLC AGM - Presentations). ¿Será esta la quinta serie cinematográfica de Indiana Jones? Imposible de saber. Por lo pronto vaya este humilde aporte a un futuro guión.

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El menemismo y los orígenes de la entrega petrolera en Malvinas (Feb/2010)
hora que la decisión unilateral de británicos y kelpers de apropiarse del petróleo en Malvinas es más evidente que nunca, nada más apropiado que recordar las causas que –una vez concluida la guerra– contribuyeron a plasmar esta nueva aventura pirata en el siglo XXI. Durante el gobierno de Carlos Menem, el tratamiento multilateral de la cuestión Malvinas pasó de segundo plano al más completo abandono. La política de Estado –si así merece llamarse– en relación a las islas propició desde un comienzo dos tipos de acercamiento diplomático, ambos de carácter bilateral, entre nuestro país y Gran Bretaña. Con la inestimable colaboración del gobierno argentino, se aceptó justamente lo que el primero había intentado hacer desde la sanción de la Resolución 2.065 de las Naciones Unidas (1965): frenar definitivamente el persistente y legítimo reclamo nacional. El primer tipo de acercamiento –tibiamente iniciado con Dante Caputo– funcionó bajo la fórmula del “paraguas de soberanía”. El tratamiento que dicha política daba a la disputa significó una postergación del reclamo de soberanía argentina sobre las Malvinas (se fundamentaba los Acuerdos de Madrid de 1989 y 1990), sin alterar por ello la normal discusión de los aspectos relacionados con la explotación de recursos ictícolas e hidrocarburíferos, entre otros. El segundo acercamiento, aún más perjudicial que el primero por cimentarse en las negociaciones bilaterales con los isleños (kelpers), se puso en práctica mediante la denominada “estrategia de seducción”. Efectivamente, el gravísimo “error” oculto en la “estrategia de seducción” que el ex canciller Guido Di Tella condujo a partir de 1992 y de forma excepcional, consistió en considerar los “deseos” de los isleños y tratarlos como la tercera parte en las negociaciones, violando expresamente la Resolución 2.065. No obstante los esfuerzos de “seducción” argentinos, la población de las islas no sólo ratificó sus vínculos culturales con Gran Bretaña, sino que se pronunció a favor de la soberanía británica a la vez que formuló severas críticas al sistema político argentino (South Atlantic Occasional Papers Febrero de 1998. Ver en Mario Rapoport, Historia Económica, Política y Social de la Argentina). Entre las funestas consecuencias de la “estrategia de la seducción”, figuran la firma del Acuerdo de Pesca de Calamar (la Argentina se autolimitaba a pescar este crustáceo pues en ese momento se trataba del principal recurso de los kelpers) y la firma del Acuerdo sobre Petróleo de 1995, en el que, como se verá más adelante, se definía un Área Especial de Cooperación para la exploración y explotación conjunta de petróleo entre ambos países. Con la firma de estos acuerdos, el gobierno argentino legitimó el “interés” y los “deseos” de los isleños. Las puertas a los recursos naturales del archipiélago se abrieron de par en par. Y los habitantes de la colonia se lanzaron con y por todo. La primera reunión bilateral que contó con los kelpers se llevó a cabo tan temprano como en julio de 1992. Al finalizar, el ministro Robin Cook y en presencia de su colega argentino, dio detalles sobre los participantes de la reunión y el nuevo miembro: “El gobierno de la Argentina, el del Reino Unido y el Consejo de las Islas Falkland”. Por su parte, el presidente de este Consejo, Richard Cockwell, afirmó que: “Al cabo de 160 años, la Argentina, gracias al acuerdo, reconoció por fin al gobierno de las Falkland Islands”, agregando luego que: “Al reconocer al gobierno de un país (sic), básicamente se reconoce su derecho a la autodeterminación” (Las Islas Malvinas y la Política Exterior Argentina durante los ´90s: Acerca de su Fundamento Teórico y de la Concepción de una Política de Estado. Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) - 5 de julio de 1999). La humillación continuó por boca del consejero Mike Summers, quien por entonces mantenía fluidos contactos con Di Tella: “Hemos concedido de nuevo acceso a ciudadanos argentinos por vez primera en 17 años, con pasaportes que sellamos; un reconocimiento adicional de nuestro gobierno”. A propósito, la consejera Jan Cheek y funcionaria del gobierno kelper, señaló: “A cada argentino que entrará a nuestro país como resultado del acuerdo se le sellará el pasaporte para demostrar que somos un país separado”. Para que no queden dudas del “país” Malvinas, el ministro Cook remató: “Los
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poseedores de pasaportes argentinos tendrán los mismos derechos [para ir a las islas] que cualquier otro extranjero [...]”(Malvinas: una política contra el interés nacional. Lucio García del Solar (ex embajador ante los Estados Unidos y la ONU) - 8 de octubre de 1999). Mientras tanto, Di Tella se distraía con los ositos, ellos sí, mudos de vergüenza. En línea con el retroceso diplomático del “paraguas” y la “estrategia de seducción”, el menemismo avanzó con dos medidas adicionales que debilitaron aún más la estrategia multilateral argentina en relación a Malvinas: el llamado “portazo” al Grupo de Países No Alineados y el retiro de la Asamblea General de las Naciones Unidas del reclamo que venía realizándose con éxito desde 1965. Bajo estos condicionamientos, traspaso de recursos y concesiones, fueron restableciéndose las relaciones diplomáticas entre la Argentina y Gran Bretaña durante la década del ´90. Desde entonces, las conversaciones entre las partes –ya bajo el “paraguas de soberanía” y los “deseos” kelpers– se focalizaron en los siguientes dos aspectos conflictivos: la explotación de los recursos ictícolas y la exploración-explotación de los recursos petroleros en aguas malvinenses. Ni lenta ni perezosa, la rapacidad inglesa hizo honor a su historia. En 1991, Gran Bretaña decidió convocar unilateralmente a licitaciones para la exploración de las zonas circundantes a las Islas Malvinas, ratificando la zona exclusiva de las 200 millas según lo resuelto en 1986. Por su parte, el gobierno argentino reaccionó a través de la “promulgación de la Ley 23.968” (concepto de la integridad territorial). Ante una seguidilla de fracasos en las negociaciones bilaterales, en 1992 la Argentina rechazó la medida unilateral británica, reafirmando al mismo tiempo sus derechos soberanos sobre las islas y las aguas circundantes. La disputa en materia petrolera terminó desembocando en el Acuerdo Petrolero de 1995 (cancelado por el Gobierno del ex presidente Néstor Kirchner), que establecía futuras licitaciones, monitoreo y cobro de regalías conjuntas –un 33% para la Argentina– en las aguas al Este de las islas (zona en litigio). Sin embargo, las aguas incluidas en el acuerdo también involucraban la exploración y explotación de zonas “no en disputa”, al sur-oeste de las Malvinas. La zona de exploración-explotación conjunta se denominó Área Especial de Cooperación (AEC), gracias a la cual Gran Bretaña se colocaba en condiciones de explotar y recibir regalías sobre un territorio que jamás había reclamado como propio. Nuestro país cobraría el 50% de las regalías por otorgamiento de licencias. La reacción argentina ante la unilateralidad británica se explica no como consecuencia de un rapto patriótico, sino por el temor a perder el lucro de la exploración de petróleo en aguas australes. Cinco días después de suscripto el acuerdo de 1995, los kelpers licitaron 19 áreas y concedieron 12 contratos, presentándose cerca de medio centenar de compañías. El único consorcio excluido de la compulsa fue el de YPF (recientemente privatizada) con British Gas. Un año después, los isleños siempre fieles a sus “deseos” e “intereses”, llamaron unilateralmente a licitación para iniciar las tareas de exploración y explotación al norte y sur de las islas. Nuevamente, la “patriótica” reacción argentina consistió en la elaboración de dos proyectos de Ley que perseguían la no exclusión argentina de las ganancias derivadas de la explotación petrolera. Uno de los proyectos, adaptaba la Ley Nacional de Hidrocarburos a la zona de Malvinas, donde las regalías percibidas deberían ser de un 3% –para el resto del territorio nacional era (y sigue siendo, según el caso) del 12%–. El otro proyecto, más conocido como “Ley Eduardo Menem”, estableció un régimen de sanciones para las empresas que se negaran a abonar el canon correspondiente, alcanzando incluso a toda la cadena, es decir, al conjunto de proveedores, intermediarios, compradores, etc. El texto impone el pago de un canon por exploración más el 3% de regalías para la Argentina sobre el petróleo eventualmente descubierto. El borrador de esta iniciativa fue aprobada dos veces por el Senado. La primera media sanción perdió estado parlamentario de 1996 porque no fue tratada a tiempo en Diputados; la

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segunda fue a mediados de 1998, casi 4 años después de la firma del acuerdo petrolero y de las licitaciones lanzadas por los isleños. Promediando los últimos años del menemismo, más precisamente en 1998, la compañía Shell anunció haber descubierto “indicios de hidrocarburos” sin “volúmenes comerciales”. “Por el momento, tenemos muchos datos que analizar”, dijo Phyllis Rendell, una maestra de escuela devenida en Ministro de Petróleo de las Islas Malvinas (Ver en Petróleo, Estado y Soberanía: hacia la empresa multiestatal latinoamericana de hidrocarburos. Federico Bernal). El mismo año en el que Shell perforaba el primer pozo exploratorio, Tony Blair y Carlos Menem se reunieron en Londres: “Cada gobierno reafirma expresamente su conocida posición en relación con la soberanía de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, y espacios marítimos circundantes. Ambos gobiernos reafirman también su apoyo a las Naciones Unidas y el compromiso de resolver sus diferencias exclusivamente por medios pacíficos”. A esta declaración compartida, Menem la definió como una “histórica y exitosa”, añadiendo que: “Antes estábamos en vía muerta, no había ninguna unidad de diálogo. Ahora sí se abre esa posibilidad, y yo creo que el comunicado conjunto nos da la pauta de que algún avance hubo sobre el tema”. Con respecto a la mencionada declaración conjunta, hasta un niño podría advertir que, por ejemplo, a pesar de haberse colocado a las “Naciones Unidas” en el mismo párrafo que la palabra “Malvinas”, la omisión al sí fundamental término “Resolución” (por la 2.065) no hace más que legitimar la posición y los “intereses” británicos y kelpers. Intereses, por cierto, que el mismo Blair se encargó de remarcar en el encuentro: “Tenemos posiciones distintas en el tema de Malvinas, pero lo importante es que esto no nos impida hacer cosas juntos [como explorar y explotar el petróleo, N.A.]”. De acuerdo con el vocero del primer ministro, cada uno plantó su bandera y: “No hubo ninguna discusión más allá de eso, porque estaba claro que ésta no era una visita para discutir el tema de la soberanía”. Pero la ignominia no terminó allí. Según este vocero, Gran Bretaña sí estaba decidida a luchar por sus intereses: “El primer ministro dejó en claro que no estamos conformes con la legislación de pesca ni con la de petróleo [aludiendo a los proyectos elaborados por el Senado argentino que exigen el pago de un porcentaje por la actividad que en estos campos desarrolla el gobierno de las Islas Malvinas]” (La Nación – 30/10/98). La política de entrega menemista en relación a Malvinas tuvo su pico de apogeo en enero de 1999, cuando el gobierno presentó extraoficialmente a los kelpers la oferta de congelar por veinte años los reclamos de soberanía. El gobernador de las islas, Richard Ralph, pidió que fuera formalizada oficialmente ante el gobierno británico, para luego ser considerada. El fin del menemismo impidió la concreción de tan patriótica iniciativa. Diez años después de terminada la última década infame del siglo XX, la cuestión de la soberanía por Malvinas ha cobrado nueva orientación, impulso y vigor. Y no sólo eso. Así como el petróleo tuvo que ver y mucho con la negativa británica de alcanzar un acuerdo con la Argentina (antes y durante el conflicto bélico); así como el petróleo remachó la entrega de las islas a los kelpers durante la década del ´90, todo parecería indicar que el Gobierno de turno utilizará este recurso en el sentido inverso, esto es, uno favorable a la recuperación de las islas. Si así sucediera, entonces y casi por arte de magia, el petróleo malvinense pasaría a cumplir el doble rol estratégico de elemento desmalvinizador de la sociedad argentina, denunciando a su verdadero dueño, a la región y al mundo que la piratería está en camino y que aquí subyace el motor de la invasión británica de 1982.

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Se cierra el paraguas y deshilachan los ositos (Feb/2010)
pocos días de su entrada en vigencia, el Decreto 256 mediante el cual “todo buque que se proponga transitar entre puertos ubicados en el territorio continental argentino y en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur deberá solicitar una autorización previa”, ya rindió sus primeros frutos. En efecto, catalogado por la prensa antipopular –y flamantemente probritánica– como de un “gesto sinsentido”, aislado y hasta “perjudicial al desarrollo” de las Malvinas; igualmente atacado por diversos sectores del progresismo y la izquierda que lo ven imposible de llevar a la práctica, lo cierto es que las primeras consecuencias del decreto dan cuenta de una caída de las acciones de las operadoras involucradas en la avanzada exploratoria en las islas. Desde el decretazo que acciones de Desire Petroleum y de Rockhopper no consiguen levantar cabeza, muy lejos de los mejores registros alcanzados a mediados del mes de enero. En la jerga del campo nacional, la decisión del Gobierno bien podría denominarse como de “IJI-AJA” por las siglas de Inseguridad Jurídica Inducida (IJI), en paralelo al mensaje (dirigido al Reino Unido) de que la Argentina Jamás Abandonará (AJA) el camino hacia la definitiva recuperación de las Islas Malvinas. Ironías a un lado, el Decreto 256 no sólo es una medida efectiva y seria, sino que viene a alinearse con una serie de disposiciones anteriores de igual naturaleza: la cancelación en 2007 del Convenio sobre Exploración y Explotación conjunta de hidrocarburos suscripto con el Reino Unido, en 1995; y la Resolución 407 de Secretaría de Energía de la Nación, emitida en 2007. Ahora bien, ¿cuál es el significado de la posición del Gobierno Nacional hacia las Malvinas? Entendemos se trata de un claro esfuerzo de trabajar política y diplomáticamente para revertir los daños causados por los siguientes dos pilares de la política exterior menemista hacia Malvinas: 1) la fórmula del “paraguas de soberanía” (ejecutada por Dante Caputo en la década del noventa), fundamentada en la postergación del reclamo de soberanía argentina sobre las Malvinas sin que por ello quede afectada la normal discusión de los aspectos relacionados con la explotación de recursos ictícolas e hidrocarburíferos; y 2) la “estrategia de seducción” (ejecutada a partir de 1992 por el ex canciller Di Tella), basada en considerar los “deseos” de los isleños y tratarlos como la tercera parte en las negociaciones, violando expresamente la Resolución 2.065. Hoy día, ni “paraguas de soberanía” ni “estrategia de seducción”, sino todo lo contrario: enlazar al petróleo con la cuestión de la soberanía, empleándolo como una herramienta que permita el reposicionamiento del tema tanto en la arena internacional, como en la local y regional (Unasur). Aquí el significado de la posición del Gobierno nacional. Una posición que, cabe resaltarlo, no implica otra cosa que comenzar a cerrar (y con final infeliz) esta historia de piratas, de la que Colin Phipps, el geólogo enviado por la Pérfida Albión en 1975 con el objetivo de investigar la presencia de crudo en Malvinas (ver nota de este autor en Miradas del domingo pasado), es un emblemático ejemplo: sus reportes de 1977 confirmaron el potencial petrolero de las islas; en 1982 participó de la reunión de gabinete en la que M. Thatcher decidió declarar la guerra a la República Argentina; y en 1996 fundó Desire Petroleum, la empresa que contrató la plataforma semisumergible que hoy se apresta a perforar en la Cuenca Norte. ¿Cómo prosigue esta historia, ahora una de piratas en aprietos? Fuentes no identificadas de Cancillería señalaron a este autor que la Argentina está decidida a impedir por la vía diplomática todo tipo de actividades unilaterales británicas en territorio nacional, sean estas de naturaleza militar, como en materia de exploración y explotación de recursos pesqueros y energéticos. Trabajará a nivel internacional, regional y nacional denunciando la violación sistemática que el Reino Unido hace de las resoluciones de las Naciones Unidas (básicamente las resoluciones 2.065 y 31/49, entre muchas otras). Esta última, claramente obliga a las partes en conflicto a no innovar, es decir, a no introducir
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acciones unilaterales en la disputa hasta tanto esta no sea resuelta. La presencia militar, la explotación pesquera y la exploración petrolera son todas acciones unilaterales inadmisibles, ilegítimas e ilegales. Para esta misma fuente de Cancillería, cualquier país violatorio de lo estipulado por la ONU no debería recibir de la Comunidad Internacional más respuesta que un contundente rechazo, más aún en este caso donde ese país es nada más ni nada menos que un miembro permanente del Consejo de Seguridad. Volviendo a la política argentina hacia Malvinas y el bloqueo de la exploración petrolera británica, resulta obvio advertir lo mucho que aún resta por hacer. Mientras tanto, las operadoras Desire y Rockhopper avanzan en su decisión de perforar 2 de las 15 áreas de la Cuenca Norte. Si los resultados esperados se confirman, en los próximos meses se comprobará la presencia de un mínimo de 170 millones de barriles, equivalentes a lo que la Argentina extrae en petróleo en 8 meses. Pero la Cuenca Norte tiene en realidad un potencial de 7.900 millones de barriles (reservas probables calculadas por las operadoras) o casi 4 veces las reservas certificadas de nuestro país. Entre otras derivaciones, la explotación de crudo en ciernes permitirá a los kelpers independizarse por completo de la ayuda financiera británica en materia económica y militar, convirtiendo a las islas en una fortaleza autosuficiente y sumamente poderosa. Si bien está claro que la recuperación definitiva no pasa por una acción bélica, tanto el gobierno argentino como el Mercosur y Unasur no pueden soslayar la amenaza implícita de tener a pocos kilómetros de la Patagonia una colonia militarizada, y sobre todo, una económicamente independiente. El momento de hacer uso de una América del Sur políticamente sólida y fraterna ha llegado. Si la invasión colombiana a Ecuador en 2008 suscitó duras condenas y un fuerte accionar conjunto, la invasión y ocupación británica de las Malvinas deberá generar una mayor y más contundente respuesta. En conclusión, la decisión del Gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de revertir los daños causados por la política menemista hacia Malvinas avanza a paso de vencedores. El “paraguas de soberanía” se cierra y en pleno diluvio; la “estrategia de seducción” se da de bruces contra el suelo ante la atónita mirada de los kelpers, ositos ditellianos en mano. La flamante estrategia IJI-AJA (Inseguridad Jurídica Inducida + mensaje Argentina Jamás Abandonará) ha firmado el acta de defunción de la “estrategia de seducción”. Ironías aparte, y ahora sí, a modo de cierre, resulta un hecho sumamente feliz a los intereses del pueblo argentino advertir en el Gobierno nacional uno dispuesto y convencido a transformar al petróleo malvinense de un elemento de entrega y consolidación del interés británico a uno desmalvinizador de la sociedad argentina toda, denunciando a su verdadero dueño, a Unasur y al mundo que la piratería está en camino y que aquí subyace uno de los principales motores de la invasión inglesa de 1982.

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Leo terram propriam protegat (Let the lion protect his own land). Una historia de piratas (Abr/2009)

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n un memorando de 1936, el Foreign Office incluyó un mea culpa relativo a la negativa británica de devolver las Islas Malvinas a su dueño original. La congoja fue resumida con las siguientes palabras: “no es fácil explicar nuestra posición sin ponernos nosotros mismos en bandidos internacionales”. Pues bien, dado que la historia sobre la cuestión Malvinas imperante en la Argentina viene impuesta desde dicha institución, sus protagonistas, escribidores, voceros y promotores (locales y extranjeros) no pueden calificarse diferente. Ser conscientes que lidiamos con bandidos –piratas, para ser más precisos– permitirá descubrir sus puntos débiles, y con ellos, la reelaboración de una política exitosa para la definitiva recuperación de las islas. En la actualidad, las Islas Malvinas, las islas Georgias y las Sandwich del Sur (en adelante, Malvinas) forman parte de los denominados “Territorios Británicos en el Extranjero”, y se rigen por la ley homónima sancionada por el parlamento británico en 2002. Catorce territorios entre islas, archipiélagos y suelo continental (Antártida), que diseminados por el mundo entero, lucen en su bandera la insignia británica y portan ostentosos motes oficiales en latín, resabios de un colonialismo anacrónico y provocador (tal el caso del título del presente artículo, máxima adoptada por las islas Georgias y Sandwich del Sur). Catorce patéticos pero a la vez magníficos testimonios del poderío británico, no sólo de antaño, sino presente. De estos territorios, al menos seis están en disputa por cuestiones de soberanía.

Cuando en las islas británicas del océano índico el astro rey se bate en retirada, asoma en las Malvinas con renovados bríos. Efectivamente, aquella expresión de contar con “un sol que nunca se esconde en el imperio británico” sigue vigente en el siglo XXI. Pero la conquista y colonización de la periferia por parte de Gran Bretaña data de las últimas décadas del siglo XVII, cuando el oro de América (que desde 1503 arribaba a España aunque en realidad terminaba en Gran Bretaña y Francia) pudo finalmente acumularse en cantidades suficientes como para financiar un sinfín de expediciones y fundar decenas de compañías comerciales en las nóveles tierras. La verdadera vanguardia comercial y militar del mercantilismo inglés, base de su ulterior revolución industrial, se extendió ilimitadamente gracias a la acción de las compañías East India Company (Asia, 1600), Hudson´s Bay Company (América del Norte, 1670), London Company (América del Norte, 1606), Scotland Company (istmo de Panamá, 1695), Royal African Company (África Occidental, 1660) y New Zealand Company (Oceanía, 1825). La Falkland Islands Company (Islas Malvinas, 1852), fue la expresión tardía de esa misma dinámica imperialista, aunque paradójicamente, se trate hoy de la única activa en territorio colonial. El rol pro-imperial de estas empresas no residía únicamente en la comercialización monopólica de esclavos, lanas y cueros, especias, ganado y productos agrícolas, madera, minerales e hidrocarburos, armamento y sustancias adictivas para el consumo humano, etc., etc., sino en servir como medios de represión y opresión al normal desarrollo de las regiones donde se instalaban, erigiéndose en poderosas barreras económicas, políticas y militares para la devolución de los territorios explotados a sus dueños naturales. Las Malvinas no fueron la excepción. Durante el siglo XIX y hasta la resolución del conflicto bélico, la economía de estas islas estuvo vinculada a la explotación de lana ovina, materia prima fundamental para la entonces insaciable industria textil inglesa. Desde su creación, la Falkland Islands Company (FIC) monopoliza esta actividad comercial. Sin embargo y en los años previos a la guerra, la FIC y la economía isleña sufrieron un duro revés. Con la caída de los precios internacionales de la lana entre 1974 y 1980 el PBI de las islas cayó un 25% (Robert Laver. The Falklands/Malvinas Case, 2001). Su economía
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padeció entonces una profunda recesión. La pobreza se hizo cada vez más evidente, y con ella, el despunte de innumerables vicios y las más nefastas degradaciones humanas. De mantenerse pocos meses más –pensaban en Londres–, la debacle económica y social de las islas terminaría por entregarlas a la Argentina. Algo debía hacerse. Rápida de reflejos, la magna metrópoli decidió entrar en acción. Luego de sendas misiones y estudios científicos enviados desde las universidades más prestigiosas de Inglaterra entre 1975 y 1976, una urgente diversificación y modernización de la actividad económica se puso en juego. De la lana se pasó a la pesca (aunque comenzó a rendir sus frutos en 1987 con la adopción de las 150 millas correspondientes a la Zona Interina de Control y Conservación); una vez asegurada la pesca, se pasaría entonces al petróleo, el cual se presumía en volúmenes más que interesantes. Por supuesto que tanto Londres como los kelpers sabían muy bien que ninguna de estas iniciativas podría desenvolverse sin la solución de la disputa con la Argentina. En este sentido, la alternativa era una. El 3 de mayo de 1982, la revista británica Neewsweek informó que la FIC dominaba el 43% de las tierras del archipiélago, iguales porcentajes en cabezas de ganado ovino, depósitos de lana y barcos de pesca. Un 80% del empleo no gubernamental era captado por la FIC, quien por supuesto monopolizaba el comercio de lanas local, el principal aunque insuficiente recurso económico de Malvinas. Semejantes intereses en juego fueron los que empujaron a la FIC a boicotear una salida pacífica desde el mismísimo 2 de abril, tal como los “invasores” se habían propuesto conseguir. Explican también las provocaciones británicas e isleñas en los meses previos al desembarco argentino, por cierto fielmente ocultadas por los historiadores-bandidos. En conclusión, la resolución del conflicto por medio de la guerra era indispensable. Haciendo uso de los primigenios fines por los cuales había sido creada, la FIC indujo al parlamento y a la Dama de Hierro a no ceder ante el agravio y el bochorno del país sudamericano. Eric Hobsbawm en Marxism Today (enero de 1983) y bajo el título de “Falklands Fallout” denunció a la FIC como la auténtica propiciadora del conflicto. Razones no le faltaba. Años después, “The Role of the Falkland Lobby, 1968-1990” en International Perspectives on the Falkland Conflict. A Matter of Life and Death, de 1992 y Falkland Islanders at War (en 2002) profundizaron las denuncias del historiador inglés. En la actualidad y conflicto superado, la FIC no sólo es una próspera empresa colonial, sino que además detenta un 14% del paquete accionario de la Falkland Gold and Minerals Ltd. y un 18,3% de la subsidiaria Falkland Oil and Gas Ltd. A través de la primera controla la explotación minera para la totalidad del archipiélago; con la segunda participa (junto a la australiana BHP-Billiton) en 13 licencias exploratorias off-shore sobre las cuales calcula recuperar no menos de 1.750 millones de barriles o un 86 por ciento de las reservas comprobadas argentinas (Le Monde Diplomatique – Nº118. Abril de 2009). Pero el emporio de la FIC no termina allí. Controla además el principal hotel de las islas, sendos restaurants, bares, centros comerciales, concesionarias de automóviles, servicios portuarios de carga y mantenimiento, unas 150 hectáreas y 20 pequeñas islas del archipiélago, entre otras propiedades (FIC - 2009). El análisis del modus operandi del “imperio británico”, indistintamente de la época en la que uno se sitúe, resulta crucial para el establecimiento de una estrategia de recuperación seria y exitosa por parte de la Argentina. Y visto que en el fondo no estamos lidiando más que con compañías piratas, la estrategia debe edificarse pegando donde más les duele: comercial y económicamente. Como solían hacer los piratas, se les debe enterrar el tesoro, destruyendo el mapa, claro está. Pero, ¿cuál es el tesoro? En el artículo publicado en Le Monde Diplomatique (Abril de 2009) este autor demuestra que las reservas comprobadas de petróleo en las islas equivalen a unos 271.950 millones de dólares

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(a 42 dólares el barril). Frenar la inminente explotación petrolera –anunciada por las operadoras para este año– es el primer e indispensable paso para comenzar a derrumbar el emporio de la FIC, base socioeconómica de las islas bajo la tutela de la Gran Albión.

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Petróleo: la llave maestra para la recuperación de las Islas Malvinas (Mar/2009)
l pasado 2 de marzo, la tradicional voz del sector petrolero anglosajón Oil and Gas Journal divulgó el más importante informe sobre hidrocarburos en las Islas Malvinas jamás publicado. Apenas 150 kilómetros al sur de la isla Soledad, sobre un área de 1.492 kilómetros cuadrados perteneciente a la compañía británica Borders & Southern Petroleum PLC (B&SP) –una de las siete que exploran y explotarán en breve el crudo malvinense– los resultados de sísmica 3D confirmaron la presencia de 1,7 billones de barriles de petróleo, de los cuales B&SP asegura recuperará un 50 por ciento o unos 850 millones de barriles. Trasladado a la Argentina, este volumen significa un 42 por ciento de las reservas certificadas del país (a diciembre de 2007). Sin embargo –y como demuestra este autor en una investigación publicada en el Nº118 (Abril) de Le Monde Diplomatique– el volumen total de reservas probadas malvinenses es mucho mayor, llegando incluso a triplicar las nacionales. A propósito, y visto que el petróleo de Malvinas está en el off-shore, bien podría suponerse que la fuerte caída en el precio del crudo ha inviabilizado cualquier proyecto de desarrollo. Lejos de eso, las siete operadoras han comunicado a sus accionistas la intención de comenzar a perforar con fines comerciales este 2009, por supuesto y tal como anticiparon, siempre y cuando el barril se mantenga “por encima de los 25 dólares” (ronda los 50 dólares). Entre las operadoras destaca la Falklands Islands Company (FIC), un consorcio empresarial isleño fundado en 1852 –señalado por Eric Hobsbawm, entre otros, como el auténtico propiciador del conflicto bélico (Marxism Today – Enero de 1983)–. La FIC detenta un 14% del paquete accionario de la Falkland Gold and Minerals Ltd. y un 18,3% de la subsidiaria Falkland Oil and Gas Ltd. A través de la primera controla la explotación minera para la totalidad del archipiélago; con la segunda participa (junto a la australiana BHP-Billiton) en 13 licencias exploratorias off-shore sobre las cuales calcula recuperar no menos de 1.750 millones de barriles o un 86 por ciento de las reservas comprobadas argentinas (Le Monde Diplomatique – Nº118. Abril de 2009). Pero el emporio de la FIC no termina allí. Controla además el principal hotel de las islas, sendos restaurants, bares, centros comerciales, concesionarias de automóviles, servicios portuarios de carga y mantenimiento, unas 150 hectáreas y 20 pequeñas islas del archipiélago, entre otras propiedades (FIC - 2009). Si bien el gobierno nacional trabaja política y diplomáticamente para revertir los daños generados por la fórmula del “paraguas de soberanía” y la “estrategia de seducción”, aún no ha puesto en ejecución ningún plan tendiente a frenar la inmediata explotación de hidrocarburos en Malvinas, puesto que la cancelación de los Acuerdos Petroleros de 1995 –aunque importante políticamente– no afecta las áreas licitadas. De la misma manera que el petróleo de las islas (una vez ratificada la potencialidad de sus volúmenes en la década del setenta) fue utilizado por británicos y kelpers como un elemento desestabilizador y obstructor de las negociaciones, como un valioso recurso por el cual merecía la pena retener las islas, cualquier iniciativa seria destinada a recuperarlas en tiempo y forma deberá fundamentarse en igual recurso. Y es que el inicio de su explotación comercial no sólo tendrá para la Argentina implicancias políticas (el único enclave colonial del siglo XXI en actividad), económicas (las reservas probadas de crudo en las islas a 50 dólares/barril equivalen a unos 323.750 millones de dólares) y energéticas (sumando el petróleo de Malvinas al nacional el horizonte de las reservas probadas del país pasaría de 8 a 27 años), sino además geopolíticas. En efecto, la explotación de crudo permitirá a los kelpers independizarse por completo de la ayuda financiera británica en materia económica y militar, convirtiendo a las islas en una fortaleza autosuficiente y sumamente poderosa. Si bien está claro que la recuperación definitiva no pasa por una acción bélica, tanto el gobierno argentino como el Mercosur y UNASUR no pueden soslayar la amenaza de tener a pocos kilómetros de la Patagonia una colonia militarizada, y sobre todo, una económicamente
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independiente. Tal vez sea el momento de hacer uso de una América del Sur políticamente sólida y fraterna. Si la invasión colombiana a Ecuador en 2008 suscitó duras condenas y un fuerte accionar conjunto, la invasión y ocupación británica de las Malvinas que ya lleva más de un cuarto de siglo deberá generar una mayor y más contundente respuesta. El entorpecimiento primero y la total obstrucción después de la explotación petrolera foránea en el archipiélago es un factor crucial a la hora de devolverlo a su legítimo dueño.

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Breve historia y actualidad del petróleo en las Islas Malvinas - Dossier Espacial para Le Monde Diplomatique "el Dipló" (Mar/2009)
Introducción uien analice objetivamente el rumbo de las negociaciones bilaterales entre argentinos y británicos desde 1960 hasta mayo de 1982, advertirá un claro punto de inflexión en la estrategia diplomática de los últimos. A partir de 1975, su ya ambigua posición devino en una obstaculizadora y progresivamente intransigente de cara a la resolución del conflicto. Ese año el Reino Unido decidió incluir un nuevo factor en las negociaciones: la exploración y explotación de los recursos hidrocarburíferos, mineros y pesqueros del archipiélago malvinense. Una estrategia magistral desde el punto de vista diplomático al repercutir directamente sobre los “deseos” y los “intereses” de los isleños, violando lo expresado por las Naciones Unidas y lo acordado con la Argentina en 1964. De esta manera, conducidos por el lobby de la compañía isleña Falkland Island Company –señalada por numerosos estudios nacionales e internacionales1 como la auténtica propiciadora del conflicto bélico–, en connivencia con ciertos sectores del Parlamento y el Comité de las Islas Malvinas en Londres, los kelpers acrecentaron su preeminencia en las negociaciones entre las partes, entorpeciendo y dilatando una solución a la disputa. Razón no les faltaba: entre 1975 y 1976 una seguidilla de misiones británicas ratificaban importantes niveles de riqueza petrolífera y mineralógica en las islas.

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El petróleo de las Malvinas bajo la lupa extranjera Los resultados del informe de la primera misión2 convencieron al gobierno británico de mantener invariables sus ambiciones sobre las islas. Las posibilidades de encontrar petróleo eran ciertas. Ni lento ni perezoso el Reino Unido envió entre 1975 y 1976 tres nuevas delegaciones científicas (la de los diputados laboristas Phipps y Gilmour en 1975 y las de los Shackleton (padre e hijo) en 1976) que terminaron confirmando las conclusiones del primero. Un año después, empresas estadounidenses especializadas en geología y patrocinadas directamente por la British Petroleum, comenzaron a estudiar intensamente la zona del archipiélago malvinense.3 Para 1982, trece informes científicos internacionales señalaban la importancia petrolífera de la cuenca sedimentaria de la que forman parte las Islas Malvinas. Incluso algunos de ellos estimaron que la reserva de hidrocarburos malvinense multiplicaba por diez la del Mar Norte (en declinación desde entonces). 4

Inicios y actualidad de la exploración off-shore Las Islas Malvinas se encuentran situadas a 650 kilómetros de la costa argentina y a 8.000 del Reino Unido. Están rodeadas por cuatro grandes cuencas sedimentarias. Al este la denominada Plateau
Entre otros: “Falklands Fallout” de Eric Hobsbawm en Marxism Today (enero de 1983). Págs. 13-19. “The Role of the Falkland Lobby, 1968-1990” en International Perspectives on the Falkland Conflict. A Matter of Life and Death, St. Martin's Press, 1992. Págs. 85-108. Falkland Islanders at War, Pen & Swords, 2002. 2 Geology of the region around Falkand Islands. P.F. Barker, J. Burrel, P. Simpson y D. H. Griffiths. Universidad de Birmingham. Marzo de 1975. 3 Dichas iniciativas contaron además con el consentimiento del gobierno argentino. 4 Greenway-Adie; D. Griffiths; U.S. Geological Survey; Lamont-Doherty Geological Observatory; Shackleton-Crossland; Glomar Challenger; Geophysical Service Inc.; Western Geophysical; U.S. Geodynamic Committee; Bernard Grossling; D. Proubasta; International Petroleum Encyclopedia y Spotligh.
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Malvinas, al oeste la Cuenca Malvinas, y al sur y al norte las Cuencas Malvinas homónimas. La capacidad exploratoria off-shore total de las cuatro cuencas comprende un área de aproximadamente 400.000 km2, más de 30 veces el tamaño de las islas Gran Malvina y Soledad juntas y un 50% más grande que los campos petroleros ingleses del Mar del Norte. A excepción de la Cuenca Malvinas, las otras tres cuentan con un sinnúmero de áreas licitadas para la exploración y eventual explotación de petróleo y gas natural:

Fuente: Departamento de Minería, Gobierno de las Islas Malvinas. Última actualización de las áreas de exploración off-shore licitadas (en color) a compañías británicas, isleñas (kelpers) y australianas. Para 1993, varios estudios geológicos de primera línea, entre ellos los de GRAVSAT (Satellite Observing Systems Ltd.) y del British Geological Survey, anunciaban como corolario de intensas investigaciones en el archipiélago, la presencia de una zona mínima de aproximadamente 200.000 km2 alrededor de las islas con posibilidades reales de contener petróleo en cantidades comerciales.

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Sin embargo, el lanzamiento de la actividad exploratoria debía contar con el beneplácito argentino, no como obligado requisito para su autorización sino para dotar de seguridad jurídica a las potenciales petroleras interesadas en el área. La búsqueda del compromiso del gobierno argentino de no entorpecer la exploración y la posterior explotación de los recursos hallados fue entonces encarada por el Foreign Office. La “estrategia de seducción” –iniciada por el canciller Di Tella a partir de 1992 y fundamentada en las negociaciones bilaterales con los isleños (kelpers)– fue la consecuencia de su operación y superó todas las expectativas.5 El gobierno argentino no sólo accedió a la totalidad de las demandas comerciales británicas e isleñas con el Acuerdo de Pesca de Calamar (la Argentina se autolimitaba a pescar este crustáceo, principal recurso de los habitantes de las islas) y el Acuerdo sobre Petróleo de 1995, sino que además enterró los logros diplomáticos de casi veinte años de trabajo argentino frente al Reino Unido y a los organismos internacionales. Cinco días después de la firma de los acuerdos petroleros, los kelpers licitaron 19 áreas y concedieron 12 contratos, presentándose cerca de medio centenar de compañías. Un año más tarde, el gobierno isleño entregó finalmente 7 licencias de exploración off-shore a: Shell, Amerada Hess, Lasmo, International Petroleum Corporation y Desire Petroleum.6 Las zonas licitadas se encontraban al norte de las islas, en la Cuenca Malvinas Norte, donde las profundidades oscilan entre los 150 y 500 metros y la distancia de la costa entre 36 y 250 kilómetros. Así comenzó la primera etapa de la fase exploratoria, etapa culminada en 2001. Sus resultados más importantes fueron: 1) la comprobación de la interconexión de la Cuenca Austral con las tres cuencas sedimentarias al sur, este y oeste de las islas, todas dentro del área de exclusión (la Austral es la única cuenca marina productiva de la Argentina, cuyas reservas comprobadas a diciembre de 2007 se ubicaron en 88,6 millones de barriles); y 2) la potencial riqueza petrolífera de la Cuenca Malvinas Norte, cuyos estudios sísmicos le otorgaban un potencial petrolero estimado en 60 billones de barriles.7 A partir de 2001 y hasta la fecha, las prospecciones vienen arrojando resultados sumamente esperanzadores. En la actualidad, siete son las compañías petroleras que exploran (y explotarán en breve) los hidrocarburos del subsuelo argentino en el archipiélago malvinense: Desire PetroleumArcadia Petroleum, Argos Resources, Falkland Oil and Gas Limited (FOGL)8 - BHP Billiton, Borders and Southern Petroleum y Rockhopper Exploration, compañías de origen británico, isleño (kelpers) y australiano. Como se advierte de la siguiente tabla, las Islas Malvinas cuentan al día de hoy con 12,95 billones de barriles ó 12.950 millones de barriles de petróleo de reservas probables:

El primer guiño argentino al Reino Unido se manifestó bajo la fórmula del “paraguas de soberanía”, iniciado con Dante Caputo durante la anterior gestión. 6 Falkland Islands Newsletter, Mayo 2006. 7 Conocido por el apellido de sus autores: el Informe “Richards-Hillier”. Journal of Petroleum Geology. Volumen 23 (3), Año 2000. 8 Subsidiaria de The Falklands Islands Company (FIC), un consorcio empresarial isleño fundado en 1852, con un 14% del paquete accionario de la Falkland Gold and Minerals Limited, dueña a su vez de la explotación minera de la totalidad de las islas y un 18,3% de la FOGL para la explotación de petróleo y gas en el off-shore. La FIC es titular además del principal hotel de las islas, de sendos restaurants, bares, centros comerciales, concesionarias de automóviles, servicios portuarios de carga y mantenimiento, un mínimo de 150 hectáreas y 20 pequeñas islas del archipiélago, entre otras propiedades. Fuente: FIC.
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Operadora y participación accionaria Licencias en licencias asignadas Borders and Southern Petroleum (100%) 6 Rockhopper Exploration (100%) FOGL (49%) - BHP Billiton (51%) Desire Petroleum (100%) *** Argos Petroleum (100%) Total 4 13 6 1 30

Cuenca/s Sur (150km de las islas) Sur y Este Norte Norte -

Recuperación de petróleo libre de riesgo (P50) * 1,6 billones de barriles 3,5 billones de barriles ** 3,5 billones de barriles 50-800 millones de barriles 12,95 billones +

Norte (36 a 250 km de las islas) 4,3 billones de barriles

Fuentes: Elaboración propia en base a datos del Oil and Gas Journal, 2/3/09. Borders and Southern Petroleum, Operational Update, 21/01/09. Rockhopper Exploration PLC, Interim Report 2008. FOGL, Interim Report 2008. BHP-Billiton, 2008 Year in Review Report. Desire Petroleum, Interim Report 2008. * P50: reservas probables. La probabilidad de extracción de los volúmenes listados en la tabla es del 50%. ** Datos sísmicos recientes calculan (con un factor del 30%) una recuperación de 40 billones de barriles, un 60% del potencial de la cuenca. *** Arcadia Petroleum participa junto a Desire Petroleum en otras 3 áreas de la Cuenca Norte. + En el total de barriles se contempló la probabilidad de mínima para la licencia de Argos, equivalente a 50 millones de barriles. Según los últimos datos publicados por la Secretaría de Energía de la Nación (a diciembre de 2007), la Argentina cuenta con 2.042 millones de barriles de petróleo probados, volumen que alcanza a cubrir el consumo nacional durante 8,7 años.9 Quiere decir que si los 12.950 millones de barriles de petróleo probables de las Islas Malvinas se convierten en reservas probadas (un 50% menos ó 6.475 millones de barriles), entonces las reservas isleñas superan a las reservas comprobadas de la Argentina en un 317%. Suponiendo el nivel de consumo de petróleo del 2007, la sumatoria de las reservas probadas del país y de las islas extenderían el actual horizonte de 8,7 a 27 años.

¿Potencia petrolera americana? El informe de Richards-Hillier (2000) que estimaba una presencia in situ de 60.000 millones de barriles fue ratificado seis años después por un segundo estudio, divulgado en la misma revista10 y entre cuyos autores, además de los citados, se encontraba Colin Phipps (1934-2009), aquel antiguo diputado laborista integrante de la primera misión a las islas en 1975. Pero la pasión de Phipps por el crudo malvinense trascendería la simple investigación científica: en 1996 fundó Desire Petroleum, compañía destinada a explorar y explotar los recursos petroleros en Malvinas.11 Con el ojo infalible de los entrepreneurs ingleses –mitad hombres de negocios, mitad aventureros y piratas (de los cuales un ejemplo clásico y conocido es Indiana Jones)– el fervor de Phipps no cesa de fundamentarse. En un artículo del 29 de enero de 2009, The Guardian anunció los resultados de los últimos informes
Boletín Anual de Reservas Comprobadas de Hidrocarburos de Argentina 2007. Ricardo De Dicco. CLICeT – www.cienciayenergia.com. 10 Journal of Petroleum Geology. Volumen 29 (3), Año 2006. 11 La ministro de minería de las Islas Malvinas, Phyl Rendell, confirmó al autor de este artículo que el Colin Phipps de Desire Petroleum es el mismo de 1975. Más detalles en: Petróleo, Estado y Soberanía: hacia la empresa multiestatal latinoamericana de hidrocarburos. Federico Bernal. Biblos, 2005.
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sísmicos conducidos en el off-shore malvinense: 18 billones de barriles de recuperación libre de riesgo, una cifra para nada ilógica vistos los 13 billones de barriles probables al día de hoy. Ahora bien, si se convierten los 18 billones de barriles de supuestas reservas probables en reservas probadas, se estaría entonces en presencia de 9 billones de barriles comprobados, una cifra que posicionaría a las Malvinas como la quinta potencia petrolera de América, con el 10% del crudo continental:

Fuente: Elaboración propia en base a OPEP, Annual Statistical Bulletin 2007 (datos a diciembre de 2008). No incluye el incremento de reservas probadas brasileras registradas en el último año. * Reservas probadas (50% de los valores originales publicados por The Guardian, 29/01/09). Sin embargo, el dato más importante no reside tanto en la potencialidad de sus reservas, sino en la relación exportación/producción, cociente indicativo de la disponibilidad de excedente exportable (e/p = 1, toda la producción se exporta o nada se consume internamente). Una vez que el crudo malvinense comience a fluir al exterior, el 99,9% de la producción será exportada. De esta suerte, las Islas Malvinas se transformarán no sólo en una de las principales potencias exportadoras de crudo de América, sino del mundo, con niveles de e/p similares a los de Emiratos Árabes Unidos (0,92), Argelia (0,91) y Arabia Saudita (0,78), todos miembros de la OPEP.

La Arabia más austral del mundo Dada la magnitud de la caída de los precios del barril de crudo (un 55% en relación a marzo de 2008 y un 68,5% en relación al máximo registrado el año pasado) los proyectos de exploración y explotación en el off-shore, como los vinculados a petróleo extra-pesado y a bitúmenes en el onshore están siendo revisados en el mundo entero. Sin embargo y para el caso del crudo malvinense, un barril a 45,8 dólares (15 de marzo) sigue siendo aún muy rentable para el desarrollo de la actividad comercial. Por un lado, porque la caída del precio internacional impactó sobre una mayor disponibilidad y mejores precios en el alquiler de las plataformas semi-sumergibles requeridas para

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la extracción de crudo en el mar.12 Por el otro, y en función de los volúmenes técnicamente recuperables en Malvinas, la extracción continuará siendo viable (comercialmente hablando) hasta un piso de 25 dólares/barril, según indicaron las mismas operadoras (Rockhopper - Interim Report 2008). El panorama es más que prometedor. Las operadoras planean comenzar la perforación (explotación) a partir de mediados de año. Mientras tanto, los contratos firmados beneficiarán al gobierno isleño con un 21% de impuestos corporativos (que luego de un año de contrato saltan al 26%), un 9% de regalías sobre el total extraído y un impuesto variable por arrendamiento del área en producción. Tomando los 6.475 millones de barriles de reservas probadas a la fecha y multiplicando por el precio del barril, cerca de 3.000 kelpers se harán acreedores de aproximadamente unos 34,5 millones de dólares cada uno (26%+9% = 35% sobre total facturado). Como adecuadamente infirió el articulista del citado artículo de The Guardian, los kelpers están en vías de convertirse en una de las “poblaciones más ricas del planeta”. Tenemos la ciudad más austral del mundo; en breve tendremos la Arabia más austral del mundo, aunque sólo sea por una cuestión de vecindad geográfica.

12 De 180 plataformas en construcción este año, 86 no fueron contratadas aún. Los precios de alquiler de las semisumergibles con destino a Sudamérica, disminuyeron de 520.00 dólares/día el año pasado a 401.000 en la actualidad (ODS/Petrodata´s Offshore Rig Locator – Febrero 2009).

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El petróleo de Malvinas - Informe Especial para Página/12 (Feb/2009)
Introducción a inclusión del petróleo en la disputa por las Islas Malvinas no es algo nuevo. Entre 1974 y 1980 el precio internacional de la lana –principal sustento económico kelper y único producto de exportación– sufrió una caída histórica, deprimiendo el PBI de las islas en un 25% (Robert Laver. The Falklands/Malvinas Case, 2001). La situación socioeconómica se hizo insostenible. Gran Bretaña se vio entonces en la disyuntiva de ceder finalmente a los reclamos argentinos o bien intentar una urgente diversificación y modernización económica de las islas. El plan consistió en sustituir progresivamente a la lana por otros recursos: los pesqueros, en el corto plazo, y los minerales e hidrocarburos en el mediano y largo plazo. A los efectos de relevar la riqueza natural del archipiélago, fundamental al éxito del plan, Gran Bretaña envió a las islas entre 1975 y 1976 sendas misiones integradas por parlamentarios, geólogos y militares. Los resultados fueron esperanzadores. La estrategia de modernización económica –clave para retener las islas bajo dominio de la Corona– llevaba implícita colocar a la población de las islas en la mesa de negociación con la Argentina, violando la Resolución 2.065 de la ONU, pues los principales interesados en la explotación de estos nuevos recursos serían los kelpers. Treinta y cinco años después, el plan británico de modernización socioeconómica de las islas está a un paso de concretarse.

L

De Shell a Desire Que hay petróleo en las Malvinas ya no es sorpresa para nadie. Sin embargo cabe preguntarse en qué cantidad, y para ello resulta clave conocer el valor del piso del precio del barril que viabilizará su explotación comercial y el tipo de crudo que se espera extraer. ¿Cuál es ese piso y cuál la calidad del crudo? Por debajo de una cotización internacional de 25 dólares/barril, según indicaron las mismas operadoras (Rockhopper - Interim Report 2008), la extracción del petróleo malvinense será inviable. Hoy el barril cotiza a 77 dólares y todas proyecciones indican se mantendrá en esos valores o incluso aumentará en los próximos años. En cuanto a su calidad –y en principio sólo para la Cuenca Norte– el pozo 14/10-1 perforado en 1998 por Shell probó la existencia de un crudo de tipo medio o 27º API (North Falkland Basin – Desire Report 2009). Con estos datos, sumados a los resultados arrojados por la primera fase exploratoria (entre 1998-2001; participaron Shell, Amerada Hess, Lasmo, Lundin, el Servicio Geológico de Gran Bretaña y el Servicio Geológico de Estados Unidos) y la segunda fase exploratoria (entre 2001 y2009), las compañías británicas Borders and Southern Petroleum, Rockhopper Exploration, Desire Petroleum, Arcadia Petroleum y Argos Petroleum; la australiana BHP Billiton y la kelper Falkland Oil and Gas Limited (FOGL) se aprestan a adentrarse en la última fase exploratoria, aquella que finalmente ratificará la potencialidad petrolera malvinense e inaugurará la tan preciada fase extractiva. Según cálculos de las mismas operadoras, el potencial petrolero en el off-shore alrededor de las islas tendría un mínimo de 6.525 millones de barriles de petróleo TABLA1. De comprobarse estas reservas probables –equivalentes a unos 502.425 millones de dólares a 77 dólares/barril o la cotización al 17/2/09– el crudo malvinense más que triplicaría las reservas certificadas de nuestro país a diciembre de 2008 (1.987 millones de barriles – Secretaría de Energía de la Nación). Mientras tanto, los contratos por las áreas licitadas benefician desde hace años al gobierno kelper: 30.000 dólares por año de impuestos antes del descubrimiento. Una vez descubierto el crudo (comprobadas las reservas e iniciada la etapa de extracción), el gobierno isleño cobrará a las
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operadoras unos 375.000 dólares por año/área en producción, un 21% de impuestos corporativos (que luego de un año de contrato saltan al 26%) y un 9% de regalías sobre el total extraído. La capacidad exploratoria off-shore total de las Malvinas viene dada por la superficie de las cuatro cuencas sedimentarias a su alrededor. Entre las cuatro, totalizan un área de aproximadamente 400.000 km2, más de 30 veces el tamaño de las islas Gran Malvina y Soledad juntas, casi dos veces y media la provincia de Córdoba y un 50% más grande que los campos petroleros británicos del Mar del Norte. De las cuatro cuencas, la menos costosa (por sus bajas profundidades y cercanía a las islas) y la de mayor potencial petrolero (3.900 millones de barriles o un 60% de los volúmenes estimados camino a ser certificados) es la denominada Cuenca Norte. Dicha cuenca tiene una superficie de 50 km de ancho por 230km de largo. Las cuencas al sur y al este si bien muy prometedoras, están a mayores profundidades y las áreas licitadas más próximas a las islas se ubican recién a 150km de distancia (contra unos 25km para la Cuenca Norte). ¿Por qué tan lejos? ¿Obedece a una cuestión geológica? Según confirmó la Ministra de Minería de las islas Phyll Rendell a este autor en 2004, se ha creado una suerte de área de exclusión al sur de las islas donde se prohíbe cualquier tarea de perforación. La razón es simple: en esa zona se registraron hundimientos de barcos británicos que se presumen contienen material nuclear bélico. Entre las principales operadoras petroleras en Malvinas se destaca Desire Petroleum (1996), cuyo fundador, el diputado laborista Colin Phipps, participó de una de las misiones de mediados de la década del ´70, como se dijo, con el objetivo de relevar la riqueza natural del archipiélago. Fallecido Colin en 2009, su hijo Stephen de 52 años se hizo cargo de la empresa, con el 13,38% de la participación accionaria. Stephen –ex corredor de las bolsas de Londres y Nueva York durante veinte años– cuenta que su padre participó de la reunión de gabinete en la que Thatcher decidió declarar la guerra a la Argentina (UK News – 9/12/09). Con la plataforma semisumergible de tercera generación Ocean Guardian contratada por Desire para esta fase final, los primeros pozos habrán de perforarse en el área denominada Liz (92,5% Desire y 7,5% Rockhopper) para luego avanzar bajo la operación de Rockhopper en las áreas Sea Lion y Ernest. En función de los resultados, se proseguirá con las restantes 15 áreas de la Cuenca Norte. Los volúmenes técnicamente recuperables que podrían confirmarse en los próximos meses, equivalen a lo que la Argentina extrae de crudo en 8 meses (TABLA 2).

Usura y afrenta El inicio de esta última fase exploratoria tiene para la Argentina (y Unasur) no sólo implicancias geopolíticas (base militar de una potencia extranjera en territorio nacional) y políticas (el único enclave colonial del siglo XXI en actividad), sino y fundamentalmente económicas (las reservas probables en las islas equivalen a unos 502.425 millones de dólares) y energéticas (de certificarse esas reservas, el horizonte de vida de las reservas probadas en la Argentina pasarían de 6-7 años a unos 27; una parte del petróleo de la Cuenca Norte equivaldría a 8 meses de extracción en la Argentina). La iniciativa británica perjudica sobremanera la seguridad nacional, económica y energética del país.

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Sur (150km de las 1,6 billones de barriles islas) Norte (25 a 250 Rockhopper Exploration (100%) 4 4,9 billones de barriles km de las islas) FOGL (49%) - BHP Billiton (51%) 13 Sur y Este 3,5 billones de barriles ** Desire Petroleum (100%) 6 Norte 3,0 billones de barriles Argos Petroleum (100%) 1 Norte 50-800 millones de barriles Total 30 13,05 billones + Fuentes: Elaboración propia en base a datos del Oil and Gas Journal, 2/3/09. Borders and Southern Petroleum, Operational Update, 21/01/09. Rockhopper Exploration PLC, Interim Results – November 2009. FOGL, Interim Report 2008. BHP-Billiton, 2008 Year in Review Report. Desire Petroleum, Senergy Competent Persons Report for Desire Petroleum - September 2009. * P50: reservas probables. La probabilidad de extracción de los volúmenes listados en la tabla es del 50%. No obstante, a cada uno de estos valores se les deberá aplicar el Factor de Recuperación establecido en cada área en particular. ** Datos sísmicos recientes calculan (con un factor del 30%) una recuperación de 40 billones de barriles, un 60% del potencial de la cuenca. + En el total de barriles se contempló la probabilidad de mínima para la licencia de Argos, equivalente a 50 millones de barriles. TABLA 2 Áreas Operador Participación Mejores Volúmenes volúmenes técnicamente Probabilidad (millones recuperables de éxito de (millones de barriles) barriles)

TABLA 1 Operadora y participación Licenci accionaria en licencias asignadas as Borders and Southern Petroleum 6 (100%)

Cuenca/s

Recuperación de petróleo libre de riesgo (P50) *

Rockhopper Sea Lion (RH) 100% RH 170 23 39,1 Ernest Rockhopper 100% RH 156 23 35,88 Ann Desire (D) 7.5% RH, 92,7% D 145 11 15,95 Liz Desire 7.5% RH, 92,7% D 358 18 64,44 Ninky Desire 7.5% RH, 92,7% D 94 27 25,38 923 180,75 Total Fuentes: Elaboración propia en base a datos de Rockhopper Exploration PLC, Interim Results – November 2009 y Desire Petroleum, Senergy Competent Persons Report for Desire Petroleum September 2009.

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Camino al 2 de abril: Breve historia de las negociaciones bilaterales por Malvinas (Feb-Abr/2010)
PARTE 1 e expondrá a continuación y dividido en partes sucesivas, un breve resumen de las casi desconocidas negociaciones sobre la cuestión Malvinas que funcionarios argentinos mantuvieron ante las Naciones Unidas, la OEA y el Grupo de Países no Alineados, entre 1945 y 1976. Dicho repaso obedece a la perentoria necesidad de divulgar la historia no oficial de la Guerra de Malvinas, aquella no impuesta por el Foreign Office ni por la gran prensa argentina. La desmalvinización de la historia resulta crucial para el establecimiento de una estrategia política, ideológica y diplomática tendiente a recuperar nuestra soberanía sobre las islas, eliminar la amenaza geopolítica en el plano militar y frenar la exploración y futura explotación de recursos naturales en nuestras islas. “No es fácil explicar nuestra posición sin ponernos nosotros mismos en bandidos internacionales”, se lamentó un memorando del Foreign Office publicado en 1936. En el siglo pasado, la primera actuación diplomática argentina sobre el conflicto de Malvinas se origina en el mismo seno de la Conferencia de San Francisco –luego Naciones Unidas–. En 1945, el doctor Miguel Ángel Cárcano, formuló en el Cuarto Comité de la Asamblea General de dicha Conferencia, que “la delegación argentina formula la reserva de que la República Argentina en ningún caso acepta que el presente sistema de Fideicomiso pueda ser aplicado a/o sobre territorios pertenecientes a la Argentina ya sea que ellos estén sujetos a reclamo o controversia o estén en posesión de otros Estados” (Intervención del delegado argentino en la II Comisión, IV Comité de la Asamblea General de la Conferencia de San Francisco. 23-5-1945). Esta reserva se formuló durante el debate sobre el sistema de Fideicomiso al ser incluido en la futura Carta de las Naciones Unidas. A ésta le siguieron sendos reclamos por las Malvinas pero en el Sistema Interamericano, representado por la Organización de Estados Americanos (OEA). Citamos a continuación las intervenciones argentinas y las Resoluciones más significativas. En el año 1947, la delegación argentina presidida por el canciller Atilio Bramuglia, ante la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y de la Seguridad del Continente, formuló la siguiente declaración: “La delegación argentina declara que dentro de las aguas adyacentes al continente sudamericano, en la extensión de las costas correspondientes a la República Argentina en la zona llamada de seguridad, no reconoce la existencia de colonias o posesiones de países europeos y agrega que especialmente reserva y mantiene intactos legítimos títulos y derechos de la República Argentina a las Islas Malvinas, Islas Geogias del Sur, Islas Sandwich del Sur, y tierras incluidas en el Sector Antártico, sobre el cual la República ejerce la correspondencia soberanía” (Declaración argentina inserta en el Acta Final de la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y de la Seguridad del Continente). En la Conferencia de Bogotá celebrada en el año 1948, cuya misión fue sancionar la Carta de la Organización de Estados Americanos, la Argentina volvió a reafirmar sus legítimos títulos sobre las Islas y sus dependencias “[...] la Delegación de la República Argentina renueva las justas aspiraciones de su pueblo y de su Gobierno, afirmando que debe desaparecer de América el coloniaje y terminarse con las ocupaciones ilegítimas de territorios americanos por países extracontinentales[...] la ocupación que por la fuerza detenta Gran Bretaña sobre las Islas Malvinas, los actos de administración que pretende ejercer sobre las Islas Georgias del Sur y
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algunos puntos determinados de la Antártida Argentina, son hechos viciados de nulidad insanable y no pueden perjudicar los títulos y derechos argentinos, imprescriptibles por su propia naturaleza”. Allí se creó por Resolución XXXIII una Comisión Americana de Territorios Dependientes, la cual diferenciaba entre territorios ocupados y coloniales. El archipiélago de las Malvinas, conjuntamente con Belice y la Zona americana de la Antártida, fueron insertadas en el primer grupo. En dicha Resolución se recalcó la necesidad de “que se ponga término al coloniaje y a la ocupación de territorios americanos por países extracontinentales”. Sin embargo, en la IV Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, que tuvo lugar en Washington del 26 de marzo al 7 de abril de 1951, se votó una Resolución que expresaba la necesidad de tener en cuenta los “intereses de los habitantes” en el proceso de mejoramiento de su desarrollo político (Juan Archibaldo Lanús. De Chapultepec al Beagle, tomo I. Pág. 191). Ello motivó a la delegación argentina a la siguiente Reserva: “[...] esta Resolución no se refiere ni comprende a las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur, Islas Sandwich del Sur y tierras incluidas dentro del sector antártico argentino, por cuanto éstas no constituyen colonia o posesión de nación alguna, sino que hacen parte del territorio argentino y están comprendidas en su dominio y su soberanía [...]”.

PARTE 2 Al constituirse la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Gobierno inglés registró las islas como “territorio sin gobierno propio, bajo administración británica”, referencia indirecta al reconocimiento de su status colonial, es decir, las registró dentro de la lista de territorios no autónomos que se obligaba a descolonizar. Los móviles que llevaron al Reino Unido a tomar esta decisión, por cierto históricamente errónea, aún hoy no han sido aclarados. Por ejemplo, después de la guerra, en un Informe encargado por la señora Thatcher a los servicios de inteligencia británicos (Informe Lord Franks “El servicio secreto británico y la guerra de las Malvinas”), no hay una sola crítica ni mención a este episodio. Poco después de cometido el error, al inaugurarse el primer período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, la Argentina presentó su primera reclamación. Entre 1947 y 1963, la diplomacia nacional formuló 28 reservas ante dicho organismo. Ahora bien, un hecho ajeno a la voluntad de nuestra política permitiría a la Argentina iniciar un proceso de negociaciones bilaterales con Gran Bretaña: el 14 de diciembre de 1960, en las Naciones Unidas se aprobó la Resolución 1514 (XV), denominada “Declaración sobre la concesión de la Independencia a los países y pueblos coloniales”, y que constituyó un hecho histórico en materia de descolonización. Esta resolución ofrecería a la Argentina la oportunidad de tratar la cuestión de las Malvinas en este ámbito multilateral. Con la designación del doctor Miguel Ángel Zavala Ortíz como Canciller en 1964, la Argentina inició una acción diplomática tendiente a lograr una resolución de las Naciones Unidas específicamente referida al tratamiento de las Islas Malvinas y sus dependencias. A partir de entonces, uno de los primeros pasos del representante argentino ante la ONU, doctor José María Ruda, consistió en aplicar la “Declaración sobre la concesión de la Independencia a los países y pueblos coloniales”, proporcionando una explicación detallada y con sólidos argumentos al grupo latinoamericano en la ONU. El objetivo argentino propuesto por Zavala Ortíz era el siguiente: a) obtener el restablecimiento de la unidad territorial de la Argentina, mediante el reconocimiento de los derechos soberanos sobre las Malvinas, Resolución 1514 (XV); b) oponerse a todo intento que por vía de la autodeterminación de los colonos de dichas Islas, se propusiera una independencia o cualquier otra solución constitucional que convalidara el despojo; y c) conseguir, como corolario,

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que el Subcomité III recomendase específicamente la adopción de alguna resolución que abriese el camino hacia el primero de esos objetivos. Al tratarse en el Subcomité III del Comité Especial el tema de Malvinas, fueron los delegados del Uruguay y Ecuador los que primeramente intervinieron en apoyo de la posición argentina. El delegado del Ecuador expresó que las Malvinas no tenían una población propia y que por lo tanto no podía aplicarse el principio de autodeterminación. Mencionamos particularmente este acontecimiento ya que el hecho de hacer prevalecer el principio de la “integridad territorial” sobre el de la “autodeterminación” ha sido siempre un argumento clave en la tesis argentina. La respuesta británica fue bien simple: calificó de “anexionistas” las pretensiones argentinas y negó al Subcomité III y al Comité Especial toda competencia para tratar reivindicaciones territoriales. El primer gran alegato argentino que se efectuó ante las Naciones Unidas en defensa de la soberanía sobre las Malvinas, estuvo a cargo del doctor Ruda, en septiembre de 1964: • • • • • • • • • Gran Bretaña se encontraba en Malvinas por un acto de fuerza, pues nunca había poseído la totalidad del Archipiélago antes de 1833. Las Islas fueron descubiertas por navegantes españoles. En 1749, cuando Gran Bretaña envió la primera expedición, las islas Malvinas no podían considerarse Res Nullius (cosa de nadie), pues pertenecían a España. El gobierno español nombró numerosos y sucesivos gobernadores de las Islas entre 1774 y 1811. La Argentina tomó posesión de las Islas como heredera de España y en 1823 el Gobierno de Buenos Aires designó Gobernados de las Islas a Don Pablo Areguati. En 1828 se dictó un decreto otorgando en la Malvina Este una concesión a Don Luis Vernet. El Tratado de Amistad, Comercio y Navegación de febrero de 1828, suscripto entre la Argentina y Gran Bretaña, no contiene ninguna reserva de este país sobre las Malvinas. El 10 de junio de 1829 se creó la comandancia política y militar de las Islas Malvinas, designándose para ejercerla a Luis Vernet. El 3 de enero de 1833 la corbeta Clio se presentó en Puerto Soledad y desalojó el destacamento argentino haciendo “responsable a Gran Bretaña por el despojo y de la violación de los respetos debidos a la República[...] Al año siguiente ocuparon todo el archipiélago. Ha sido un acto de fuerza “arbitrario y unilateral”. La República Argentina ha reiterado su protesta frente al “acto de fuerza y a la ocupación ilegal”.

PARTE 3 El debate que tuvo lugar en el Subcomité puso de manifiesto la oposición que existía entre los principios de la “Autodeterminación de la Población” y el de la “Integridad Territorial”. Este es un conflicto de principios por el que transitaría permanentemente el debate argentino-británico sobre la soberanía de las Islas. Bajo los dos enfoques se alinearían los distintos países a escala mundial: mientras algunos seguían el argumento inglés de reafirmar el derecho de la autodeterminación, otros se alinearían con la Argentina. Para citar un gran ejemplo de solidaridad latinoamericana: Venezuela señaló que se trataba más bien de un “territorio colonial” que de un “pueblo colonial” –haciendo clara alusión al argumento británico– por lo que era menester tratar la cuestión dentro del espíritu del párrafo seis de la Resolución 1514 (XV)”. Finalmente, el relator del Subcomité III elaboró un proyecto de informe en el que se tomaba nota de la “disputa entre los Gobiernos del Reino Unido y la Argentina a propósito de la soberanía de las islas Malvinas” (Archibaldo Lanús: 1986),
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recomendando al Comité Especial que “invite” a dichos Gobiernos a “negociar” y a “informar” sobre los resultados de las negociaciones entabladas dentro del marco de los objetivos de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea. Así, la Argentina conquistaba uno de sus objetivos principales, como era darle al tema una publicidad internacional de la que hasta entonces había carecido. Por su parte, Inglaterra trataba en todo momento de bilateralizar la cuestión postergando y obstaculizando el tratamiento en las Naciones Unidas. El 13 de noviembre de 1964, al someterse el informe del Subcomité III al Comité Especial, el señor King volvió a reiterar la tesis británica: “corresponde a los pobladores de las Islas Malvinas decidir su propio destino conforme lo dispone el artículo 73 de la Carta”. Insistió además que el Reino Unido no aceptaba la competencia del Subcomité III ni del Comité Especial en el tema y que sólo aceptaba que las partes tuvieran una serie de charlas junto con los “malvineros”, para que no se deterioraran las relaciones entre ambos gobiernos. No obstante la negativa inglesa, en 1965 la diplomacia argentina lograría otro de sus objetivos fundamentales. En noviembre, la primera Resolución de las Naciones Unidas referida al tema Malvinas, la 2065 (XX), quedaba aprobada sobre un total de ciento ocho delegaciones presentes, sin ningún voto en contra, catorce abstenciones (Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Islandia, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Portugal, Sudáfrica, Suecia, Reino Unido, Estados Unidos y Australia) y noventa y cuatro votos a favor. Dicha Resolución “reconocía la existencia de una disputa entre los gobiernos del Reino Unido y la Argentina acerca de la soberanía sobre las Islas Malvinas, invitando a los gobiernos a proseguir sin demora las negociaciones a fin de encontrar una solución pacífica al problema”. Nicanor Costa Méndez, ministro de Relaciones Exteriores durante el conflicto bélico y autor del excelente libro “Malvinas -Ésta es la Historia”, sostiene como fundamental de la Resolución 2065 la mención de “que las partes deben tener en cuenta las disposiciones y los objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la Resolución 1514, así como los intereses de la población de las Islas Malvinas” (Nicanor Costa Méndez, Malvinas. Ésta es la Historia). Aprobada la Resolución 2065, el derecho de los pobladores de las islas a la autodeterminación quedó descartado. El Reino Unido no tenía ni derecho ni obligación de consultar los deseos de esa población. El principio de la “integridad territorial” triunfaba sobre el derecho a la “autodeterminación”. Merced a esta Resolución y sólo como consecuencia de ella, el gobierno de Londres se avino por primera vez a negociar con nuestro país. La disputa tendría así, por primera vez, un marco de referencia jurídico y político, y las partes, la obligación de buscar una solución a ella. Al aprobarse la 2065, el señor Carlos Giménez Melo, en representación de la Argentina, dirá en la Asamblea General:“[...] El Gobierno argentino en nombre de un pueblo pacífico pero muy sensible de sus derechos soberanos, encara la invitación que hoy le han formulado noventa y cuatro Estados miembros de las Naciones Unidas”. Así terminaron estos años de activa gestión diplomática en la ONU con un triunfo indudable para la Argentina, sobre todo si se tiene en cuenta el Consenso de 1966, aprobado por unanimidad y por el cual se conseguía que Inglaterra apoyara una iniciativa sobre la cuestión de las Islas Malvinas en la ONU. La intervención argentina en el mencionado Consenso atestigua y refleja fielmente el cambio de táctica de nuestro país, que pasaba de una actitud diplomáticamente defensiva a una ofensiva. Antes de someter el texto del Consenso a votación, Mario Cámpora declaraba lúcidamente: “Como hemos dicho, las Islas Malvinas fueron sometidas al dominio colonial del Reino Unido por un acto de fuerza, sustrayéndolas al legítimo ejercicio de la Autoridad argentina, y por lo tanto el poner término a la situación colonial que padecen estas Islas, no puede tener otro significado que el de restituirlas a la República Argentina.

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De esta manera, señor Presidente, y sólo de esta manera, restituyendo las Islas Malvinas al pleno ejercicio de la soberanía argentina, tendrán justa y efectiva realización los objetivos de la Resolución 2065”.

PARTE 4 Gran Bretaña, muy a pesar de la posición predominante en el seno de la ONU, no modificaría su posición de negarse a aceptar que el principio de la integridad territorial –sostenido por la Argentina– privara sobre el de la autodeterminación, que en ese caso significaba la consulta a los habitantes de las islas. Mientras tanto, la Argentina avanzaba. En 1973, llevó nuevamente el problema ante las Naciones Unidas, donde un Comité Especial dio origen a la nueva Resolución 3160 dictada por la Asamblea General, en la que se pedía a ambas partes que “aceleraran las negociaciones para llegar a una solución sobre el tema de la soberanía”. Un año antes, nuestro país ingresaba en el Movimiento de Países No Alineados, y desde el principio, tal cual había obrado en la OEA y ONU, sus representantes plantearon a los demás miembros de esta agrupación la cuestión Malvinas. En el mensaje que el Teniente General Juan D. Perón dirigió a la IV Conferencia Cumbre de Países No Alineados, realizada en Argel en 1973, se puede leer lo siguiente: “En lo que a política internacional se refiere, los términos de nuestro accionar son claros y precisos. Sostenemos desde el instante mismo del nacimiento del justicialismo, como principios y objetivos básicos en lo internacional, lo siguiente: 1) la defensa integral de la soberanía nacional en todo nuestro territorio y especialmente sobre la Antártida Argentina, las Islas Malvinas y sus Islas Dependientes. La Argentina no se comprometerá jamás en ninguna acción que presuponga una agresión a pueblo alguno en la Tierra. La doctrina internacional de nuestro país es perfectamente clara y podríamos definirla con un antiguo refrán cristiano, que dice así: «Cada uno en su casa y Dios en la de todos» [...]” En la V Conferencia de Ministros de Países No Alineados, que tuvo lugar en la ciudad de Lima, en agosto de 1975, se adoptó una Declaración por Consenso que en lo referente al tema Malvinas decía lo siguiente: “Los Países No Alineados, sin perjuicio de ratificar la vigencia del principio de autodeterminación como principio general para otros territorios, en el caso especial y particular de las Islas Malvinas apoyan firmemente el justo reclamo de la República Argentina e instan al Reino Unido a proseguir activamente las negociaciones encomendadas por las Naciones Unidas con el objeto de restituir dicho territorio a la soberanía argentina y poner fin a esa situación ilegal, que aún persiste en el extremo meridional del continente americano” (Declaración del 30 de agosto de 1975). En los sucesivos encuentros de Jefes de Estado como en los de carácter ministerial, los representantes argentinos siempre actuaron con el objetivo de lograr declaraciones que reiteraran la condena a la ocupación británica. Sin embargo, desde 1974, varios factores congelarían las negociaciones en este escenario, con Inglaterra redundando en sistemáticas violaciones a las Resoluciones dispuestas y convenios firmados con representantes o cancilleres argentinos. A pesar de lo cual la Argentina firmaría en septiembre de ese año varios acuerdos comerciales con Inglaterra. Entre ellos, uno que facilitaba a los kelpers la comercialización de productos derivados del petróleo a precios inferiores a los que hasta entonces había aplicado la Compañía de las Islas Malvinas. El presupuesto argentino contribuía a mejorar el nivel de vida de los recalcitrantes habitantes del archipiélago, quienes parecían empeñados en frustrar todas las negociaciones con la Argentina. El Consejo Legislativo de las Islas, en sesión del 4 de enero del mismo año aprobaría la siguiente moción: “Que esta Cámara se opone enérgicamente a toda negociación o conversación celebradas

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con el Gobierno argentino sin el previo y completo conocimiento del pueblo de las Islas, que involucren la transmisión de la soberanía de esta colonia contra los deseos de sus habitantes”. Bonifacio del Carril, Ministro de Relaciones Exteriores en el gabinete de Guido y jefe de la delegación argentina ante las Naciones Unidas que en 1965 gestionó y obtuvo la Resolución 2065, explica el lado oscuro del interés británico por la independencia de los isleños: “Gran Bretaña podría alegar que, en teoría, el compromiso que ha asumido de descolonizar las islas no la obliga necesariamente a reconocer la soberanía argentina sobre el archipiélago, pues existen otros mecanismos de descolonización como, por ejemplo, declarar la independencia o formar un territorio autónomo, regido por las dos naciones, como en algún momento lo sugirió el Foreign Office. Es claro que cualquiera de estas dos soluciones sería violatoria precisamente de las disposiciones de la Resolución 1514 que expresamente establece la necesidad de respetar la integridad del territorio nacional en casos como el presente. Pero los hechos se han encargado de desvanecer también estas últimas pretensiones británicas. [...] La idea de crear un territorio autónomo, políticamente regido por las dos naciones, es igualmente irrealizable. Semejante territorio sólo podría vivir con la ayuda unilateral de la Argentina” (Hacia una forma de Solución, Diario La Nación, Buenos Aires, 23 de abril de 1982). En conocimiento de las intenciones británicas, la Cancillería emitió el 19 de marzo de 1975 un enérgico Comunicado de prensa a través del cual se hizo saber que la Argentina no reconocería el ejercicio de ningún derecho en materia de exploración o explotación de recursos minerales. El Comunicado decía entre otras cosas: “Teniendo en cuenta que las Islas Malvinas y dichas áreas forman parte integrante del territorio nacional, el Gobierno argentino manifiesta que en ellas no reconoce ni reconocerá la titularidad ni el ejercicio de ningún derecho relativo a la exploración y explotación de minerales o hidrocarburos por parte de un gobierno extranjero.[…] El gobierno argentino considerará además, la materialización de actos de la naturaleza antes mencionada, contraria a las resoluciones y consensos sobre las Islas Malvinas adoptadas por las Naciones Unidas, cuyo claro objetivo es la solución de la disputa de soberanía entre los dos países por la vía pacífica de las negociaciones bilaterales” (Comunicado de prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto del 19 de marzo de 1975). Algo había ocurrido. Algo había cambiado. Un nuevo factor empantanaba las negociaciones y aceleraba su deterioro. Ese factor eran los recursos naturales contenidos en el archipiélago malvinense.

PARTE 5 “A esta altura de los acontecimientos, ya hay plataformas, barcazas y elementos de infraestructura en desuso en el Mar del Norte. Cuando en septiembre pasado el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz visitó Londres y recorrió el yacimiento Brendt, al este de Escocia, escuchó el interés de las empresas por utilizar el stock sobrante en otras áreas petroleras del mundo. Martínez de Hoz sugirió en aquel viaje que en un principio de acuerdo con Gran Bretaña por todos los problemas diplomáticos podría ser una incentivación de los negocios entre los dos países”. Así apuntaba el periodista Daniel Muchnik en un artículo publicado en Clarín, el 4 de diciembre de 1977. Sin embargo, el interés internacional y británico por los hidrocarburos en la zona austral databa desde por lo menos comienzos de la misma década. En efecto, ya para 1975 varias compañías petroleras estaban más que interesadas en el off-shore malvinense, y fundamentalmente, en conocer

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los resultados de un informe geológico encargado a un equipo de investigadores de la Universidad de Birmingham. El informe fue publicado en marzo de 1975 y titulado “Geology of the region around Falkand Islands” (P.F. Barker, J. Burrel, P. Simpson y D. H. Griffiths). Allí se recopilaron datos de los primeros estudios sísmicos y geológicos efectuados en el archipiélago de las Malvinas en la década de 1950. También los conducidos en 1970 y las 3 perforaciones en el Banco Ewin – algunos cientos de kilómetros al este de las islas– encaradas por el Programa de Perforación en Mar Profundo, en 1974. Dichas perforaciones demostraron la existencia de rocas fuente de petróleo en el área (Juan Archivaldo Lanús, Ob. Cit.). En estos resultados esperanzadores del informe de la Universidad de Birmingham se basaron las primeras misiones enviadas por la Corona a las Malvinas, e integradas por parlamentarios, geólogos e ingenieros. Entre sus objetivos destacaban no solo la búsqueda de riquezas petrolíferas, sino también la necesidad de comprobar fehacientemente si los isleños podrían subsistir en caso de que Inglaterra declarara la independencia de las islas. Una de esas misiones fue la de noviembre de 1975, entre cuyos integrantes destacaban los diputados laboristas Phipps y Gilmour. Entonces, los funcionarios comprobaron que resultaba imposible explotar las posibilidades económicas de las islas y desarrollarlas sin la participación de la República Argentina. El informe Phipps, publicado en 1977, advertía al gobierno inglés sobre la posibilidad de declarar independiente a las islas por cuanto el déficit de la economía y la despoblación harían estragos de adoptarse esa determinación. Asimismo, señalaba entre otras cosas: “[...] Todos los principales problemas sociales, especialmente la bebida y el divorcio, provienen del aislamiento de una pequeña comunidad, estrechamente integrada. El creciente impacto del mundo exterior sobre esta comunidad está ahora creando el más urgente problema social: la emigración, principalmente hacia el reino Unido. Era la firme intención de más del sesenta por ciento de la gente joven que conocí emigrar en la primera oportunidad, y uno de los encargados locales –expatriado del Reino Unido– dijo que ahora consideraba como una parte de su deber alentar esto.[...] la realidad de una inacabable dieta de cordero, cerveza y rum, con entretenimientos ampliamente limitados a la borrachera y al adulterio, condimentados con ocasionales incestos. Los hombres sobrepasaban a las mujeres en la proporción de tres a uno en los establecimientos” (Colin Phipps, What future for the Falkland? Fabian Tract 450, Londres, 1977). Colin Phipps fue doctor en geología de la Universidad de Birmingham –de la que meses antes había partido la primera misión exploratoria a las Malvinas–, especializado en cuestiones petrolíferas. Formaba parte en 1975, al momento de redactar su informe, de grupos parlamentarios venezolanobritánicos y ecuatoriano-británicos sobre problemas de petróleo. El trabajo citado contenía un interesante estudio sobre el tema, titulado: “Prospecto sobre el desarrollo de hidrocarburos”. En él, Phipps comienza por señalar que la información recogida sobre la posibilidad de existencia de hidrocarburos en las islas, tanto en tierra como en el mar era muy escasa, a pesar de algunos estudios aislados que se han hecho. En efecto, no podía determinarse la existencia o no de petróleo, pero sí lograron establecerse la presencia de un número de cuencas sedimentarias en el mar: hacia el oeste de la cuenca de las Malvinas; hacia el norte, lo que se suponía podría ser una extensión marítima de la cuenca de San Jorge en la Patagonia, y hacia el este, dos cuencas mal definidas vinculadas con la plataforma Falkland. “No existe –agrega Phipps– ninguna ley claramente establecida aplicable al mar y su suelo que podría alcanzar una decisión satisfactoria con respecto a cuáles partes de la cuenca descripta deberían pertenecer a las Falkland, en su calidad de islas británicas. Ciertamente las áreas existentes entre las islas y la Argentina deben ser divididas de la misma manera como fueron divididas en el mar del Norte, pero las áreas que se encuentran entre el norte y el este de las Malvinas son mucho más difíciles de definir” (Bonifacio del Carril, Diario La Nación, 2 y 3 de septiembre de 1982). Ahora bien, sugerimos al lector lea muy atentamente lo que sigue. Refiriéndose

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a las islas, Phipps explica que: “son el tipo de posibilidades que la industria del petróleo, dificultades políticas aparte –aforismo por “escollos políticos eliminados”– desearía explorar en la década del ochenta. [...] Según los acuerdos internacionales comunes un país tiene derecho a considerar el área hasta un límite de doscientas millas de su costa como propia «área de interés económico. [...] Tanto la cuenca de las Malvinas como la extensión en el mar de la cuenca de San Jorge se encuentran en un área de línea media entre la Argentina y las islas Malvinas, un acuerdo entre los dos países sobre la línea media es necesario para poder otorgar licencias de exploración para toda el área del mar. En defecto de un acuerdo, las islas Malvinas (si fuesen británicas) [sic], podrían otorgar licencias sobre áreas fuera de la disputa, pero como las dos cuencas están interceptadas por la línea media, y ninguna de ellas, es demasiado larga, esto significaría que solamente una parte de cada una de ellas sería disponible”. Promediando el final, Phipps deduce que cualquier concesión de licencia tendría que ser precedida por un acuerdo con la República Argentina. Dicho en sus palabras: “[...] si la reclamación argentina a la soberanía no enturbiara la situación, la más estrecha cooperación con la Argentina sería natural y esencial no sólo desde el punto de vista económico sino de las condiciones naturales del lugar. [...] Si llegaran a descubrirse hidrocarburos comerciales el efecto sería diferente. Habría que calcular un aumento de población de mil habitantes adicionales. Se crearían fuentes de trabajo para cinco o seis personas por cada trabajador full time de la industria petrolera. [...] Si los dos sectores perteneciesen a diferentes nacionalidades [las Islas Malvinas y la tierra continental], y no existiese ningún reclamo de soberanía, es probable que algunas bases de apoyo, justificadas por el interés nacional [británico], pudiesen desarrollarse en las Islas Malvinas. Pero la abrumadora lógica que impone impulsar el desarrollo desde el continente tendría que prevalecer aún. Es, por tanto, esencial que ningún paso sea adoptado para explotar el petróleo hasta que el problema argentino sea resuelto”. Según investigaciones del autor de esta nota, Colin Phipps no sólo fue asesor petrolero de Margaret Thatcher, sino que además estuvo presente en la reunión de gabinete en la que la dama de hierro decidió declararle la guerra a la Argentina. Pero esto no es todo. Phipps fue además el fundador de Desire Petroleum (en 1996), operadora que un año después se hizo de las primeras licencias otorgadas unilateral e ilegítimamente por los kelpers y gracias a las cuales hoy perfora el área Liz de la Cuenca Norte, una de las más promisorias.

PARTE 6 La inteligente propuesta del investigador Phipps, pasaría a engrosar la larga lista de opciones que tendría en sus manos el gobierno de Inglaterra para reducir y, por qué no, alejar definitivamente los principales motivos que impulsaban a nuestro país a insistir en su reclamación. Phipps llegó inclusive a pensar que las islas podrían lograr la independencia bajo la protección conjunta de Gran Bretaña y la Argentina. Dejemos por un momento al profetizo geólogo, quien como se señaló anteriormente, no sólo acertó en sus premoniciones petroleras sino que además fundó en 1996 la empresa que hoy perfora en la Cuenca Norte, en la última fase exploratoria en las islas. Abordemos ahora la segunda labor científica inglesa de la década del setenta. El 16 de octubre de 1975, Gran Bretaña confirmó que enviaría a las Malvinas una misión encabezada por Lord Shackleton (ex Ministro de Trabajo) para realizar una misión económica. En el excelente informe de Lord Franks (Ob. Cit) el autor relata que esta misión se proponía realizar una investigación económica profunda y a largo plazo sobre las posibilidades de desarrollo de las Islas Malvinas y sus dependencias.

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Recordemos que en aquel entonces, la población de las islas disminuía drásticamente –los jóvenes migraban a Australia y Nueva Zelanda–. En 1976, el informe Shackleton (unas 450 páginas), concluía: “Un tesoro inmenso, compuesto de proteínas, gas natural y petróleo podría ocultarse en la zona que rodea a las Islas Malvinas ocupadas por Gran Bretaña y reclamadas por la Argentina, en el Atlántico Austral”. Asimismo, enfatizaba la “necesidad de que ni las proteínas ni el petróleo, ni el gas serán aprovechados, a menos que Gran Bretaña obtenga la cooperación financiera de la Argentina. En materia estrictamente hidrocarburífera, indicaba: “Se obtuvieron suficientes pruebas geológicas como para asegurar que habrá gran interés en la exploración del petróleo frente a sus costas, así como del gas que allí se encuentra, a condición que se llegue a un acuerdo con la Argentina sobre alguna forma de colaboración económica” (Federico Bernal. Ob. Cit.). Las conclusiones de la misión Shackleton eran coincidentes con el Informe Phipps, y ambas dos con las del Informe Ridley de 1979 en cuanto a las implicancias sumamente negativas que acarrearía la independencia de las Malvinas ante el drástico escenario económico-social vigente. En efecto, en julio de 1979 el ministro del Foreign Office, Nicholas Ridley, fue enviado para establecer contactos directos con los isleños. De entrada quedó impresionado por la necesidad de detener la despoblación de las islas. Como sus antecesores, Ridley llegó a la conclusión de que la mejor forma de detener ese flagelo era llegar a algún acuerdo con la Argentina. Según la fuente británica, la mejor posibilidad era la transferencia de la soberanía con alguna forma de arrendamiento y administración (cabe recordar que esta fórmula ya había sido planteada como posibilidad por Rowlands, en 1977). Phipps propondría como solución –lo mismo harían en parte los otros dos investigadores–, una concertación entre las partes interesadas: Argentina, los isleños y Gran Bretaña. La intransigencia argentina, totalmente justificada desde que nuestro país no podría tolerar la independencia de un territorio cuyo dominio venía siendo reclamado desde hacía medio siglo, y que naturalmente le pertenecía, igualaba a la intransigencia por parte de los isleños: tampoco ellos querían independizarse sabiendo que no podrían subsistir más de allá de unos cuantos meses sin la, por entonces, vital ayuda argentina. Por otro lado, la parte inglesa tampoco constituía una armoniosa y homogénea posición ante las negociaciones. Muy por el contrario, sus propuestas se debatían y entrechocaban entre tres posiciones: 1) El gobierno británico o el Foreign Office (alternado y compuesto por laboristas –más conciliatorios– y por los duros o conservadores), al cual le pesaban las resoluciones de las Naciones Unidas; 2) el Parlamento, vigía de los intereses políticos del imperio; 3) la compañía comercial que mantiene el monopolio económico, político y social de las islas, la Falkland Islands Company. Estos dos últimos actuaban conjuntamente, pues siempre fue bien conocido el lobby con que la compañía presionaba al Parlamento. Phipps hacía referencia al lobby en su informe como “uno pequeño pero vociferante. Actúa y ha tenido directa influencia en las derivaciones del problema”. Finalmente, se preguntaba y respondía: “¿Cómo quebrar el estancamiento? Hay que emplear alguna clase de catálisis, un objetivo de interés común, como podría ser un gran programa de explotación petrolífera, haya o no hidrocarburos en la región. Porque lo importante es eliminar los mutuos resquemores y antagonismos y preparar las condiciones para establecer la convivencia entre isleños y la Argentina” (Colin Phipps, Ob. Cit.). Una vez regresado al Reino Unido y luego de su primer informe, Lord Shackleton entregó un segundo material donde estacó, entre otros temas, la necesidad de mejorar el aeropuerto, la ausencia de energía como para alimentar a una industria isleña pesquera, la conveniencia de construir una pista aérea en Georgias del Sur y la necesidad de declarar una zona económica exclusiva alrededor de Malvinas (la victoria inglesa en Malvinas permitió hacerla realidad: se declaró una zona de exclusión marítima, nada más que ahora, el país vencedor imponía el derecho de dejar afuera de dicha zona al vencido). Si bien la Argentina no desautorizó la misión, tampoco la aprobó, pues

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violaba un tácito principio de no innovar, que ambos habían respetado hasta ese momento. En noviembre de 1975, la representación argentina efectuaba un comunicado al Secretario General de las Naciones Unidas, informando sobre la actitud británica. Un mes después, el representante argentino en la sesión plenaria de la Asamblea General declaraba lo siguiente: “Estamos dispuestos a continuar con nuestro esfuerzos, pero los límites de nuestra paciencia y nuestra tolerancia no deberían ser subestimados frente a la injustificada y obstinada negativa de la otra parte a efectuar negociaciones.”El gobierno argentino mantiene su posición respecto a la responsabilidad que le cabe al gobierno británico por interrumpir las relaciones y no cesará de reafirmar sus derechos en la forma que juzgue más conveniente”.Pero la respuesta argentina no quedaría allí. El 4 de febrero de 1976 un buque de la Marina de Guerra efectuó un disparo por sobre la cubierta del buque RRS Shackleton, en el cual viajaba a su vez, Lord Shackleton, representando este hecho el primer acto bélico entre la Argentina y el Reino Unido que ocurría desde el bloqueo anglo-francés del siglo pasado. Dicho buque, desprovisto de armas, participaba de un programa internacional de investigación científica. El lector podrá interpretar este hecho como advertencia desquiciada, provocación o justa respuesta, pero sin dudas, coincidirá en que de alguna manera la Argentina debía señalarle a Inglaterra que no toleraría impasiblemente más dilaciones o provocaciones de este tipo. Las investigaciones del Shackleton abrieron un período de intenso estudio de la plataforma continental, que continuaría el año siguiente con intervención de las empresas norteamericanas Geophysical Services Inc. y Western Geophysical entre la costa argentina y las Islas Malvinas. La pesquisa contaba con el patrocinio de la British Petroleum entre otras empresas internacionales.13

PARTE 7 Los esperanzadores resultados de la misión Shackleton (enviada por la Corona británica a las Islas Malvinas en 1976) abrieron un período de intenso estudio de la plataforma continental, período que al año siguiente sería profundizado con la intervención directa de las empresas norteamericanas Geophysical Services Inc. y Western Geophysical entre la costa argentina y las islas. Además de tener el consentimiento del gobierno argentino, las nuevas iniciativas exploradoras en materia de hidrocarburos contaban con el patrocinio de la British Petroleum, entre otras empresas internacionales. Sin embargo, al finalizar 1975, la tensión entre ambos países había aumentado y todo hacía prever la imposibilidad de controlar los acontecimientos. La potencialidad petrolífera de la zona parecía alejar a las partes en conflicto. A fin de mantener informada a la opinión pública, el día 2 de enero de 1976 la Cancillería emitió un Comunicado de Prensa seguido de la “ruptura unilateral” de las conversaciones por parte de los británicos. Mencionamos a continuación los aspectos más importantes de dicho Comunicado, pues creemos bien podría interpretarse como la segunda notificación en la década del ´70 (la primera había sido la del 19 de marzo de 1975) que ratificaba una Argentina estaba dispuesta a todo en aras de recuperar su territorio: “[...] Así lo ha expresado el Señor representante británico, como asimismo –y lo reitera ahora en otro aniversario de la usurpación de las Islas– que Gran Bretaña debe atenerse [...] a la Asamblea de las Naciones Unidas del 8 de diciembre de 1975. Como consecuencia de ello el Pueblo de la República Argentina debe estar advertido de que su gobierno, juntamente con las Fuerzas Armadas y demás organizaciones institucionales que estructuran el Estado argentino, comparten inquebrantablemente el celo de aquél por la defensa de la dignidad y
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También contaba con el consentimiento del gobierno argentino, bajo la firma de sendos convenios entre nuestro país, Inglaterra y la administración inglesa de las Malvinas. NA.
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los derechos de la Nación; y que actuarán sin precipitación pero con toda la persistencia, la prudencia y la energía que sean necesarias para lograr justicia” (Párrafo del Comunicado de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, 2/01/1976). A fines de febrero de igual año, la Argentina conseguía un apoyo de fundamental importancia en el Organismo Regional de la Organización de Estados Americanos. El texto de la declaración del Comité Jurídico Interamericano, aprobado en Río de Janeiro el 16 de enero de 1976, declaraba entre otras cosas el inobjetable derecho de soberanía sobre las Islas Malvinas. Cinco meses después las relaciones bilaterales se reanudaron en París, para desembarcar en Buenos Aires en el mes de agosto. Era el gran año para la diplomacia argentina. A los repetidos logros en los foros internacionales y regionales, se agregó la propuesta presentada a los británicos por el gobierno nacional de 1976. La propuesta conocida bajo el nombre de “Administración Conjunta”, señalaba que superada una etapa provisional de administración compartida “la República Argentina asumirá la totalidad de las funciones constitucionales, administrativas, judiciales, legislativas, la responsabilidad de la defensa y la conducción de las relaciones exteriores en las Islas Malvinas, reconociendo en esa oportunidad el Gobierno británico la plena soberanía argentina”. En ese proyecto la Argentina proponía como Administradores Conjuntos al Presidente de la Argentina y a su Majestad Británica, más una duración de 8 años para el nuevo régimen de administración, al término del cual la Argentina asumiría el gobierno total de las Malvinas. Por su parte, los británicos presentaron también una serie de ideas, una de las cuales se refería a la cooperación en el sudoeste del Océano Atlántico, al derecho del mar, al régimen de pesquerías y explotación de los hidrocarburos (Pág. 207. Juan Archibaldo Lanús, Ob. Cit.). Mientras tanto, y ratificando aún más el apoyo internacional hacia nuestro país, una nueva Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la 31/49 (XXXI) de diciembre de 1976, aprobaría un nuevo informe del Comité Especial de Descolonización. Dicho Comité expresaba “su gratitud por los continuos esfuerzos del gobierno argentino [...] para facilitar el proceso de descolonización y para promover el bienestar de la población de las islas”, solicitando además a ambos gobiernos en litigio la aceleración de las negociaciones (Sergio Cerón. Malvinas, ¿Gesta Heroica o Derrota Vergonzosa? Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1984). La Resolución, aprobaba por 102 votos contra 1 –adivine el lector a qué país se debió el voto negativo– y 32 abstenciones, pasó a engrosar la suculenta lista de conclusiones favorables para la diplomacia nacional. La presión a un acuerdo con la Argentina asfixiaba a la Pérfida Albión. Poco había por hacer sin terminar en una salida favorable a nuestro país. La misión Rowlands de 1976 reflejó la derrota diplomática en la que se hallaba Inglaterra. Ted Rowlands, segundo del Foreign Office, viajó ese año a las islas para conocer el pensamiento de sus habitantes y convencerlos de la conveniencia de un arreglo con la Argentina. Una vez allí, les dijo que no tenían muchas opciones y que entre ellas figuraba la del “arrendamiento”, lo cual implicaba el reconocimiento previo de la soberanía argentina. Les informó además, que la disputa de la soberanía debía volver a figurar en la agenda de las conversaciones y que el porvenir estaba en el acuerdo con la Argentina. Esta aparentemente paradojal opinión, por proceder de un funcionario inglés, se basaba en los resultados de los informes Shackleton y Phipps. Por otro lado, vale la pena destacar que como laborista (en 1976 gobernaban los laboristas), eran más proclives a una solución pacífica del conflicto y más justa (desde la perspectiva argentina). A su regreso, Rowlands presentó los resultados de su viaje al Parlamento británico, los cuales son rechazados de plano por el gobernador de las Malvinas y el Comité isleño en Londres. Como consecuencia de la negativa, el funcionario se ve obligado a retornar a las islas en 1977. Owens, por entonces director del Foreign Office, apuntaló la posición de Rowlands al advertir al Comité de Defensa del gabinete británico sobre la necesidad de “desarrollar negociaciones serias y sustanciosas para mantener a los argentinos

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en juego, desde que las islas son militarmente indefendibles, excepto a través de una inversión costosa e inaceptable” (Pág. 56. Nicanor Costa Méndez, Ob. Cit). A propósito conviene subrayar que, según esta declaración y entre muchas otras posteriores, la posibilidad de una reacción militar argentina había sido prevista por los británicos con anterioridad al 2 de abril de 1982. En base a los informes de Rowlands y Owens, el Comité de Defensa concluyó que el Gobierno de Su Majestad se vería obligado a aceptar la solución del “arrendamiento”, pero vinculada con un acuerdo de cooperación económica. Al finalizar 1976, Rowlands viajó a Nueva York para reunirse con los representantes argentinos en esa ciudad. Ambas partes acordaron establecer grupos de trabajo para que prepararan detallados informes destinados a lograr el progreso de las negociaciones. Sin embargo, el representante de la Corona no fue autorizado por su Gobierno para proponer durante aquellas conversaciones la solución del “arrendamiento”. Un año más tarde, la razón de la dilación sería publicitada por el Daily Telegraph: el tradicional periódico publicaba un artículo en el que la CIA estimaba que las reservas de la cuenca malvinense triplicaban las del Mar del Norte. La negativa a una salida consensuada por parte de Inglaterra crecía proporcionalmente a los grandes y suculentos hallazgos.

PARTE 8 Tan temprano como en diciembre de 1976, un helicóptero del buque de guerra británico HMS Endurance descubrió a un grupo militar argentino en Thule del Sur, una de las islas Sandwich del Sur. La presencia argentina –que se mantuvo hasta la rendición en junio de 1982– y la incursión británica eran el fiel reflejo del empantanamiento de las negociaciones. Algunos meses después, la compañía estadounidense Western Geophysical and GSI lanzaba dos estudios sísmicos sobre un área de unos 21.652 km2 en el off-shore malvinense. Mientras tanto y en materia diplomática, la propuesta del “arrendamiento” (en 1977 el Gobierno laborista aclaró que bajo esta opción la soberanía era tema de negociación) parecía válida como preludio a una entrega paulatina de las islas a la Argentina. No obstante ello, nuestro país no dejaba de señalar el peligro de que esta opción fuera empleada como pretexto para dilatar indefinidamente las negociaciones, visto que hasta ese momento el tema del “arrendamiento” nunca había sido expresamente incluido en las conversaciones oficiales. A propósito, muchos investigadores o periodistas argentinos supuestamente especializados en la cuestión Malvinas utilizan la opción del “arrendamiento” para justificar que la recuperación de las islas estaba bien encaminada y que la guerra (el desembarco del 2 de abril) lo arruinó todo. ¿Fundamentación correcta o incorrecta? Dejemos respondan los mismos ingleses. Según el mencionado Informe Lord Franks (ver partes anteriores) –informe de inteligencia confeccionado a solicitud de la Dama de Hierro una vez concluido el conflicto y con el objetivo de encontrar las causas por las cuales Inglaterra no previó el desembarco del 2 de abril– la estrategia británico-kelper consistía en “dar preeminencia desde los inicios de las negociaciones a los «deseos» de los isleños”. El ex canciller Nicanor Costa Méndez, en su libro ya citado, aclaraba sobre este punto crucial: “Bien sabía [Gran Bretaña] que allí residía [dar preeminencia a los “deseos” de los kelpers] la esencia de la cuestión y que tan pronto pudiera conseguir que la Argentina admitiera, siquiera en forma tácita o implícita, que los deseos de la población debían ser consultados, cualquiera fuera la redacción que se diera al párrafo, Gran Bretaña habría ganado el pleito para siempre. Quién puede dudar que consultados los habitantes de las islas, y excluidos los argentinos de toda consulta, el resultado habría sido negativo”. Prosigue Costa Méndez: “Admitir, en cualquier forma que fuera, la consulta a

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los habitantes equivalía a dejar sin efecto el trabajo de diecisiete años. Quienes todavía critican el rechazo por parte del gobierno argentino de estas propuestas no advierten, ni nuca advirtieron, la diferencia, técnica en apariencia, decisiva, absolutamente decisiva en cuanto al fondo, que separa la ponderación y respeto de los «intereses» de la subordinación de los términos de la solución a los «deseos»”. Internándose ya en el conflicto bélico, Costa Méndez recuerda que: “Los británicos, cuando advirtieron las consecuencias de las expresiones utilizadas en la redacción de la Resolución [la 2065], se lanzaron desesperadamente a la búsqueda de su modificación. Nunca abandonaron ese propósito; no lo hicieron en el curso de las negociaciones diplomáticas que se desarrollaron entre 1965 y 1981; no lo abandonaron en las que tuvieron lugar mientras se sucedían las hostilidades; bien por el contrario, en esos momentos renovaron tenazmente este objetivo. La pretensión apareció en las propuestas de Haig [secretario de Estado norteamericano y ex comandante de la OTAN en Europa]; subrepticiamente en la propuesta de Belaúnde, [...] y más disfrazada y más subrepticiamente aún, tan escondida que hasta muchos argentinos no la advirtieron, en la propuesta que el gobierno de Londres cursó a través del secretario general de las Naciones Unidas, embajador Pérez de Cuéllar”. En suma, desde 1977 a mayo de 1982 inclusive, los británicos lograron insertar la cuestión de los “deseos” de los isleños (los kelpers como una tercera parte en la disputa) en las negociaciones bilaterales. Las bases que imposibilitarían la concreción de un acuerdo razonable estaban sembradas. Inglaterra lo sabía muy bien: ni la Argentina ni las Naciones Unidas habrían de aceptar la inclusión “kelper”. La estrategia era sublime y apuntaba al congelamiento de la disputa, tal como dejó entrever el autor del aludido Informe Franks: “Aunque a esta Cámara [de los Comunes] no le agrada ninguna de las ideas planteadas por el Sr. Ridley [vice canciller inglés favorable a la salida del arrendamiento] para un posible arreglo de la disputa de soberanía con la Argentina, aprueba que el Gobierno de su Majestad trate de encontrar un arreglo para congelar la disputa de soberanía durante un lapso específico de tiempo” (Pág. 52. Informe Lord Franks). Esta declaración que lleva fecha del 6 de enero de 1981, ratifica el grado de intransigencia británica iniciada la década del `80, algo que bien podría interpretarse como una ostensible disposición hacia una solución no pacífica del conflicto. Pero volvamos unos años atrás para conocer cómo y por qué se llego a esta situación. En mayo de 1979 el Partido Conservador retorna al poder. Con él la señora Thatcher y con ella, la postura más inflexible jamás vista desde el comienzo de las relaciones bilaterales en torno a Malvinas. Una vez más, vale la pena echar un vistazo al informe Franks: “El 20 de septiembre de 1979 Lord Carrington envió una nota a la Primera Ministro y a otros miembros de la Comisión de Defensa solicitando su urgente aprobación. La nota hablaba de tres posturas: 1) la “Fortaleza Malvinas” (sic); 2) negociaciones prolongadas sin concesiones en materia de soberanía; y 3) importantes concesiones en materia de soberanía. Lord Carrington recomendaba la última opción afirmando que era conveniente para los británicos y para los isleños mismos tratar de avanzar en las negociaciones. Sugería que la mejor solución para satisfacer los objetivos del gobierno y los deseos de los isleños sería la del “arrendamiento”. […] La continuidad de las negociaciones haría menos probable una reacción argentina impredecible y, posiblemente, violenta”. Un mes después, prosigue el informe Franks: “Carrington entregó un memorando a la Primer Ministro y a otros miembros de la Comisión de Defensa, donde destacaba que la opción “Fortaleza Malvinas” y la de continuar las conversaciones sin hacer concesiones en materia de soberanía llevaban implícita una grave amenaza de invasión. Uno de los anexos del memorando era un informe sobre la amenaza política y militar argentina, en el que se determinaba que si la Argentina llegaba a la conclusión de que no había perspectivas de lograr una transferencia negociada de soberanía, se corría el grave riesgo de que recurriera a métodos más drásticos, incluida la acción militar directa. Sin embargo, la Primer

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Ministro decidió postergar el debate del problema de las Malvinas en la Comisión de Defensa hasta que se solucionase la cuestión de Rhodesia”. Mientras tanto y preocupado por el curso que estaban tomando las cosas, Carrington decide enviar a las islas a su segundo, Ridley, un joven parlamentario conservador. En el último de sus viajes, y visto la testarudez de los isleños por resolver la cuestión, Ridley les adelantaba “que no podía descartar que la Argentina, cansada, pudiera intentar una solución militar”. Los isleños, acaso por primera vez, tomaban conciencia de la factibilidad de una reacción militar argentina. Con varias opiniones a favor, Ridley decide dejar las islas y buscar apoyo político en el Parlamento, último escollo, para regresar luego a las Malvinas con una solución concreta y así obtener el sí definitivo de los kelpers. Fue entonces cuando presentó el informe y la propuesta ante la Cámara de los Comunes mencionada antes. Su fracaso fue rotundo: conservadores y laboristas por igual rechazaron y abuchearon su presentación. La derrota, sin embargo, obedecía a causas que tanto Carrington como Ridley no supieron o no quisieron ver: los intereses económicos del Falkland Islands Comittee (Comité kelper), a su vez, dueño de la Falkland Islands Company. Durante los días posteriores, el Comité declararía en un fallo unánime el congelamiento de las negociaciones; el Parlamento inglés haría lo propio. Nicanor Costa Méndez señala que con esta decisión, Gran Bretaña descartó definitivamente la posibilidad de llegar a un acuerdo con la Argentina. Y la descartó muy a pesar de saber que con ella, nuestro país –gobierno militar al frente– se vería cada vez más proclive y forzado a una acción militar. La reunión de Nueva York, a comienzos de 1981, atestiguaba la absoluta intransigencia de la administración conservadora: no a los compromisos, no a las concesiones en materia de petróleo, no a las conversaciones de soberanía. El interés y los deseos kelper habían triunfado. Concluimos esta octava parte con una nota de color bien actual: la filial petrolera de la Falkland Islands Company se apresta a explorar en meses nomás e independientemente de los resultados de la perforación en curso (prospectos Liz/Beth, iniciada en febrero de 2010) algunas de sus licencias petroleras al sur de las islas. ¿Cierra la historia?

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NOTAS SOBRE EL AUTOR

Federico Bernal • • Es bioquímico y biotecnólogo de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Fue becario de investigación en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en el Instituto Nacional de Alimentos (INAL) y en el Instituto Nacional de Medicamentos (INAME). Desde hace varios años se desempeña como Director Ejecutivo de la Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC) y como Director Editorial del Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas (CLICeT). También se desempeña como colaborador del Área de Recursos Energéticos y Planificación para el Desarrollo del IDICSO (Universidad del Salvador), y como columnista especializado en materia energética, económica y política de diversos medios de comunicación, entre los cuales se destacan: los periódicos Buenos Aires Económico (BAE), Tiempo Argentino, El Argentino, Miradas al Sur y Página/12, y el mensuario Le Monde Diplomatique “el Dipló” (Edición Cono Sur). En 2006 fue conductor del programa de TV por cable “Conciencia y Energía”, transmitido por Canal Metro y en 2010/2011 del canal de Televisión Digital Abierta CN23 (programa "Primera Mañana"). Ha participado como expositor en numerosos seminarios y congresos nacionales e internacionales sobre la problemática energética, económica y política a nivel nacional, latinoamericano y mundial. Entre sus últimas publicaciones, se destacan: "El Mito Agrario. Una comparación con Australia y Canadá" (Editorial Capital Intelectual, Colección Claves para Todos, Buenos Aires, 2010), “Petróleo, Estado y Soberanía. Hacia la empresa multiestatal latinoamericana de hidrocarburos” (Ed. Biblos, Buenos Aires, 2005) y co-autor de “Cien años de petróleo argentino. Descubrimiento, saqueo y perspectivas” (Editorial Capital Intelectual, Colección Claves para Todos, Buenos Aires, 2008). Es bisnieto del Ing. Enrique Hermitte, descubridor del petróleo argentino en Comodoro Rivadavia, el 13 de Diciembre de 1907.

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