Fisiopatología síndrome metabólico (SM

)

La obesidad es el principal factor patogénico que da inicio a la cascada de acontecimientos fisiopatológicos que determinan el síndrome metabólico, caracterizado principalmente por la resistencia a la insulina (IR). La expansión de los adipocitos viscerales, subsecuente a la obesidad abdominal, genera alteraciones en su actividad endocrina-metabólica, con aumento de secreción y niveles plasmáticos de ácidos grasos libres (AGL), citoquinas proinflamatorias y disminución de la adiponectina. Los AGL promueven la fosforilación de los receptores de insulina (IRS) a nivel muscular y una menor expresión de los canales GLUT-4, lo que se traduce en una hiperglicemia por resistencia a la insulina, menor absorción y utilización de glucosa en tejido muscular y neoglucogenia hepática, de la cual subyace la hiperinsulinemia compensadora, que actuará hasta que claudique la acción secretora de las células β pancreáticas La IR tiene efectos deletéreos a distintos niveles celulares y sobre distintos factores de riesgo CV, como la HTA, dislipidemia aterogénica, alteraciones en la secreción de moléculas de señalización celular que desencadenan procesos proinflamatorios y protrombóticos, estimulación simpática, disfunción endotelial y daño ateroesclerótico que confluyen en los ECV propios de la patogenia del SM. A nivel de tejido adiposo hay una disminución de la adiponectina, adipoquina cuya secreción está regulada por la insulina y la GH, y que tiene efectos antiinflamatorios y estabilizadores de la pared vascular al inhibir la proliferación de células musculares lisas. También induce a un aumento en la producción de citoquinas proinflamatorias como IL-1, IL-6 y TNF-α, además del efecto directo de la IR sobre la lipólisis, el aumento de los AGL y el depósito de triglicéridos a nivel muscular. Los cambios hemodinámicos que propician la HTA mediado por la RI incluyen el aumento de la volemia por retención de Na* a nivel renal, menor respuesta vasodilatadora (disminución NO y prostaciclinas, y aumento endotelina-1) aumento del tono vascular por estimulación simpática, y proliferación y migración de células musculares lisas (CML) a la íntima. A nivel hepático esta mayor disponibilidad de AGL circulantes provoca un aumento en la producción de triglicéridos (TG), aumento de las VLDL y LDL y disminución de las HDL. A su vez, una mayor actividad de la enzima colesteril transferasa media el intercambio de TG entre las distintas lipoproteínas, aumentando el catabolismo de HDL y favoreciendo las formación de LDL pequeñas y densas, más susceptibles a oxidación por las células endoteliales y a las captación por macrófagos, que a las postre se convierten en células cargadas de colesterol (células espumosas). De esta forma se desencadenan una serie de procesos que determinan la lesion y disfunción endotelial, marcado por un estado proinflamatorio; aumento del estrés oxidativo (aumento endoperóxidos y especies reactivas de oxigeno), aumento de factores de crecimiento(activación via MAP-k por mitógenos), citoquinas proinflamatorias ,proteína reactiva C, moléculas de adhesión (ICAM), migración de monocitos, reclutamiento de linfocitos y proliferación de células musculares lisas en la intima, que cambian de un estado de actividad contráctil a un estado secretor, y protrombótico; activación plaquetaria frente a la lesión endotelial, aumento de la producción hepática de fibrinógeno y del factor activador del inhibidor del plasminógeno por parte del tejido adiposo(PAI-1).