CONOZCA LOS PROFETAS

MAYORES Y MENORES


Contenido
Capítulo
CAPITULO UNO
El Príncipe de les Profetas
CAPITULO DOS
El Profeta de Consuelo
CAPITULO TRES
El Profeta Llorón
CAPITULO CUATRO
El Profeta del Castigo
CAPITULO CINCO
El Profeta Cautivo
CAPITULO SEIS
El Profeta Apocalíptico
CAPITULO SIETE
A. Oseas—El Triunfo del Amor
1. El Hombre
2. El Mensaje
3. El Estilo
B. J oel—Dios Castiga el Pecado
1. La Plaga de Langostas
2. Los Ejércitos Invasores
3. El Día de J ehová
4. Arrepentimiento y Promesa
CAPITULO OCHO
A. Amós—La Lucha Entre la J usticia y el Ritual
1. El Llamado del Profeta
2. La Predicación del Profeta
3. El Profeta de J usticia
4. J usticia Antes que Ritual
5. El Pecado de Samaria
6. Cinco Visiones
B. Abdías—La Tragedia del Odio Entre Hermanos.
1. J acob Versus Esaú
2. Israel Versus Edom
3. El Orgullo de Edom
4. La Crueldad de Edom con Israel
5. El Mensaje Para Nuestros Días
CAPITULO NUEVE
A. J onás—Salvación Para Todas las Naciones
1. La Ciudad de Nínive
2. Las Protestas del Profeta
3. Las Oraciones del Profeta
4. La Predicación del Profeta
5. Los Berrinches del Profeta
6. La Interpretación del Libro
7. Los Milagros en J onás
8. El Valor del Libro
B. Miqueas—El Defensor de los Pobres
1. El Llamamiento del Profeta
2. La Opresión de los Pobres
3. Sentencia de Muerte
4. Promesa de Restauración
5. El Pleito del Señor
6. La Religión Verdadera
7. La Perspectiva
8. La Mirada Hacia Arriba
CAPITULO DIEZ
A. Nahum— Maldición de Dios Sobre la Crueldad
1. La Crueldad de Nínive
2. La Fecha del Libro
3. Una Descripción de la Ciudad
4. La Captara de Nínive
5. El Hogar del Profeta
6. La Ira de Dios
7. El Mensaje de Nahum Para Nuestro Día
B. Habacuc—El Combate con la Duda
1. El Problema del Profeta
2. La Respuesta de Dios
3. Fecha del Libro
4. La Perplejidad del Profeta
5. La Paciencia del Profeta
6. La Respuesta del Señor
7. La Oración del Profeta
CAPITULO ONCE
A. Sofonías—Cuando Dios Invade el Escenario Humano
1. La Adoración de Baal
2. Otras Idolatrías
3. El Castigo de J erusalén
4. El Día de J ehová
5. Un Llamado al Arrepentimiento
6. Fecha del Libro
7. El Gozo de Dios en su Pueblo
B. Haggeo—Un Hombre de Acción Inspirada
1. El Primer Mensaje
2. La Respuesta del Pueblo
3. El Segundo Mensaje
4. El Tercer Mensaje
5. El Cuarto Mensaje
6. La Naturaleza de Haggeo
CAPITULO DOCE
A. Zacarías—El Triunfo Final de la Santidad
1. La Primera Súplica del Profeta
2. Ocho Visiones
3. El Asunto del Ayuno
4. La Unidad de Zacarías
5. La Esperanza Mesiánica
B. Malaquías—Cuando la Gente es Tacaña con Dios
1. El Método de Malaquías
2. El Pecado de los Sacerdotes
3. El Pecado del Divorcio
4. “Mi Mensajero”
5. El Diezmo
6. El Mesías Viene Ya

NOTA: PARA LA APROBACION DE ESTE SEMINARIO
ENVIAR UN ENSAYO NO MENOR DE 3 PAGINAS
seminario@ministerioyave.com o seminarioyave@gmail.com


CAPITULO UNO
EL PRINCIPE DE LOS PROFETAS
Isaías 1—39
Nombre: Significa “J ehová salva.”
Ciudad Natal: J erusalén.
Fecha de su Ministerio: Aproximadamente entre 740 y 700 A.C.
Lugar de su Ministerio: El Reino del Sur o J udá.
División del Libro:
I. Profecías Concernientes a J udá y J erusalén (capítulos 1—12).
II. Sentencias en Contra de las Naciones Extranjeras (capítulos 13—23).
III. Mensajes de Salvación (capítulos 24—27).
IV. Advertencia en Contra de la Alianza con Egipto (capítulos 28—35).
V. Historia del Tiempo de Ezequías (capítulos 36—39).
VI. El Mensaje de Consuelo (capítulos 40—66).
Versículos para memorizar: 9:6; 26:3; 32:17; 41:10, 13; 53:5; 55:6-7.
I. PROFECIAS CONCERNIENTES A J UDA Y J ERUSALEN (capítulos 1—12)
A. EL TITULO (1:1)
Al igual que otros libros proféticos del Antiguo Testamento, el primer versículo de
Isaías nos da el título del libro. Por tanto, la profecía propiamente dicha, comienza con el
versículo dos.
El encabezado nos indica el lugar que el libro ocupa en la cronología de la historia.
Isaías profetizó “en días de Uzzías, J otham, Achaz y Ezequías, reyes de J udá.” El primer
versículo del libro de Oseas menciona los mismos cuatro reyes, pero agrega el nombre de
J eroboam II de Israel, siendo que Oseas profetizó en el Reino del Norte. El ministerio de
Isaías fue en el Reino del Sur—J udá; por eso sólo menciona los reyes de ese reino. Las
fechas serían alrededor de los años 740-700 A.C.
Parece que Isaías fue un ciudadano de J erusalén y consejero de sus reyes. Fue tanto
un estadista como un profeta.
B. EL PREFACIO (1:2-31)
El primer capítulo de Isaías debe ser considerado como un prefacio al libro, escrito
después del resto del mismo, como generalmente se escriben los prefacios. Esto se
deduce por el carácter general y comprensivo del capítulo, y también porque el primer
versículo del capítulo dos dice: “Lo que vio Isaías, hijo de Amoz, tocante a J udá y a
J erusalén.” Estas palabras parecen indicar el principio del cuerpo principal del libro.
El tono de este prefacio es de un castigo severo. En el versículo cuatro el profeta
señala a su país como “gente pecadora, pueblo cargado de maldad.” En este versículo se
encuentra la frase clave sobresaliente de Isaías, el “Santo de Israel,” que se encuentra
como veinticinco veces en el libro. Sin duda que hay una relación entre esta frase típica y
la visión que el profeta tuvo de la santidad de Dios. Para él, J ehová era sobre todas las
cosas, “el Santo de Israel.”
La triste condición moral de la nación se describe en el versículo seis como la de
una persona enferma, cubierta con llagas podridas de pies a cabeza. Esto se debe a la
rebelión del pueblo en contra de Dios.
En el versículo nueve se hace mención de un énfasis importante de Isaías—el
“remanente.” No importa qué tan perversa fuera la nación, siempre habría unos pocos
fieles.
En los versículos 10-15, Isaías hace que su trompeta suene la misma nota de su
contemporáneo Amós—que la justicia es más importante que el ritual. Dios dice que está
harto de ver a la gente traer sus sacrificios y hollar sus atrios. El ritualismo, cuando no
está respaldado por la justicia, es rebelión en contra del “Santo de Israel.”
Entonces Dios dice a J udá: “Lavad, limpiaos;... dejad de hacer lo malo; aprended a
hacer el bien” (vrs. 16-17). Y luego viene esa gran invitación de la Deidad a la
humanidad: “Venid luego, dirá J ehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren
como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí,
vendrán a ser como blanca lana” (v. 18).
C. LAS TRES J ERUSALENES (capítulos 2—4)
1. La Jerusalén Gloriosa (2:2-5). Isaías nos dice “lo que él vio... tocante... a
J erusalén” (2: 1). La primera visión es la vislumbre de una gloria futura. “En lo postrero
de los tiempos” J erusalén será la capital de las naciones, y todos los pueblos correrán a
ella para adorar. La palabra del Señor saldrá de J erusalén, y la guerra será sobrepujada
por la paz. Todo esto se cumplió parcialmente en la Crucifixión, Resurrección y Pente-
costés en J erusalén, y en la predicación del Evangelio que comenzó allí. Pero para su
cumplimiento completo debe esperarse la segunda venida de Cristo.
2. La Jerusalén Sucia (2: 6—4: 1). La mayor parte de estos tres capítulos describe
el pecado de J erusalén y el castigo subsecuente. Aparentemente las cosas reflejaban
mucha prosperidad. La tierra estaba “llena de plata y oro” y también “llena de caballos”
(v. 7). Pero también estaba “llena de ídolos” (v. 8). La prosperidad y la idolatría a
menudo van juntas.
En el capítulo dos, versículo doce, encontramos otra frase clave de Isaías y otros
profetas—“el día de J ehová.” Será un día de castigo sobre la gente por su soberbia.
Siempre hay el eterno contraste entre el justo y el impío. “Decid al justo que le irá
bien: porque comerá de los frutos de sus manos. ¡Ay del impío! mal le irá: porque según
las obras de sus manos le será pagado” (3:10-11).
La descripción que el profeta hace de las mujeres de J udá en aquel tiempo (3:16-
23), tiene por desgracia mucha actualidad. La humildad y la sinceridad siguen siendo las
virtudes cardinales del reino de los cielos.
3. Jerusalén la Piadosa (4:2-6). Un remanente redimido, lavado de sus pecados,
será llamado santo. Dios mismo habitará en medio de esta J erusalén gloriosa.
D. LA VIÑA DEL SEÑOR (capítulo 5)
1. La Viña del Señor (vrs. 1-7). Esta hermosa parábola es un cuadro del cuidado
amoroso de Dios en proteger, preparar y plantar su viña; El “habíala cercado, y
despedregádola, y plantádola de vides escogidas” (v. 2). También edificó una torre para
que los ladrones no se acercaran, e hizo un molino para trabajar las uvas. Pero cuando
buscó fruto, sólo encontró uvas silvestres.
La viña se identifica como “la casa de Israel” y las vides plantadas en ella son “los
hombres de J udá” (v. 7). Por cuanto la viña no produjo buen fruto, será destruida (vrs. 5-
6).
2. Uvas Silvestres (vrs. 8-23). Aquí se enumeran seis clases de uvas silvestres,
cada una de ella antecedida por un “¡ay!” La primera es avaricia insaciable (vrs. 8-10).
“¡Ay de los que juntan casa con casa, y allegan heredad a heredad hasta acabar el
término! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?” ¡Qué figura patética de los
que se pasan la vida adquiriendo propiedades y amasando fortunas, sólo para dejarlo todo
en la muerte! No hay una tragedia más tonta que ésta.
La segunda clase de uvas silvestres se identifica como la embriaguez (vrs. 11-17).
Con toda nuestra educación y hazañas vanidosas, estamos convirtiéndonos rápidamente
en un mundo de alcohólicos, como J udá lo era en los días de Isaías.
El tercer “¡ay!” se pronuncia en contra del desafío a Dios (vrs. 18-19). La gente
lleva el pecado como en carretas y luego desafían al Santo de Israel a que apresure su
castigo. Pero esa obra de juicio vendrá más pronto de lo que ellos desean.
La cuarta uva silvestre es confusión moral (v. 20): “ay de los que a lo malo dicen
bueno, y a lo bueno malo.” Esto todavía se hace en nuestros días.
El quinto mal es la soberbia (v. 21). Las personas eran “sabias en sus ojos.”
El sexto “¡ay!” repite la acusación de la embriaguez (vrs. 22-23), con su resultante
injusticia en los negocios.
3. Las Consecuencias (vrs. 24-30). Toda esta condición de pecado
resultará en castigo, que será como fuego que devora la madera y como llama que
consume la paja. Esto es porque “desecharon la ley de J ehová de los ejércitos, y
abominaron la palabra del santo de Israel” (v. 24). “Por esta causa se encendió el furor de
J ehová contra su pueblo, y extendió contra él su mano” (v. 25).
E. LA VISION DE ISAIAS (capítulo 6)
Fue en el año en que murió el rey Uzzías. Ese rey grande y piadoso había levantado
la nación de J udá a su nivel más elevado de prosperidad desde los días de David y
Salomón. Durante los cincuenta y dos años de su ilustre reinado, conquistó a los filisteos
en la costa occidental y a los árabes en los desiertos del este. Los ammonitas del otro lado
del J ordán se sometieron trayendo regalos, y el nombre de Uzzías se hizo famoso desde
Egipto hasta el Eufrates.
Al mismo tiempo fortificó la capital, J erusalén. Edificó torres de observación sobre
las esquinas de sus macizas murallas y también sobre las puertas. Algunos de sus
“expertos” inventaron catapultas que pudieran arrojar grandes piedras desde las murallas
sobre cualquiera que quisiera tomar la ciudad. Estos fueron los precursores de los
cañones del siglo XIX. Otras catapultas antepasadas de las ametralladoras modernas,
arrojaban flechas. La pequeña J udá estaba en su apogeo de poder y prosperidad.
Isaías, el joven profeta-patriota, se sentía orgulloso de su pueblo. Quería estar al
frente del desfile cuando el reino marchara hacia su edad de oro. El futuro estaba
adornado de promesas.
Pero de repente todo se arruinó. En un momento de soberbia y voluntad propia el
rey decidió ofrecer incienso en el altar de oro del lugar santo. Esto era prerrogativa del
sacerdocio. Ochenta sacerdotes entraron al templo para impedir que el monarca hiciera
tremenda locura.
El furor de Uzzías se desató en contra de ellos. ¿Quién se atreve a desafiar al rey?
Por un momento se olvidó de que estaba desafiando al Rey de reyes.
De repente vio que los sacerdotes se volvieron de él con horror. La terrible marca
de la lepra se veía claramente en su frente. Uzzías era un hombre castigado por Dios.
Aterrado, huyó del lugar santo para ir a vivir una vida solitaria en un leprosario por el
resto de sus días. Sus conquistas llegaron a su fin porque él no pudo conquistarse a sí
mismo. Había olvidado que la sumisión a la voluntad de Dios es la victoria más grande
que un hombre puede ganar.
El corazón del pobre profeta se llenó de quebranto. Pero quizá él haya orado así:
“Oh Dios, tú sanaste a María de su lepra, cuando murmuró en contra de Moisés en el
desierto. ¿No te agradaría sanar al rey y restaurarlo al trono otra vez?” Toda esperanza se
desvaneció cuando un día el temido mensaje vino: “El rey está muriendo.”
1. Su Dios Santo. En esa hora triste Isaías hizo lo único que puede hacer el
hombre mortal. Fue al templo y se postró delante del Señor. Mientras estaba orando,
levantó sus ojos humedecidos por las lágrimas, tuvo una visión, y ¡qué visión! Parecía
como que miraba el trono de J udá, ahora vacío, perdiéndose de vista, y su corazón se
hundió juntamente con él. Pero súbitamente, vio otro trono levantándose sobre el
horizonte. Y este no estaba vacío. En él estaba sentado el Rey de reyes y Señor de
señores. El joven profeta aprendió aquel día que aunque los reinos terrenales pueden
tambalear y los tronos caer, el eterno reino de Dios permanece seguro. En el centro del
universo está sentado el Rey Todopoderoso, supremo, sereno, tranquilo en la confianza
de su infinito poder para enderezar todos los errores y restaurar todas las ruinas causadas
por el hombre.
Pero Isaías no sólo vio “al Señor sentado sobre un trono alto y sublime.” Alrededor
del trono había serafines. Estas criaturas santas, hechas para habitar en la presencia de la
Deidad, cubrían sus rostros y sus pies con reverencia delante del Santo de Israel.
La necesidad más grande que hay en el mundo hoy día, es de la renovación del
sentido de lo sagrado de la vida. El pecado se tiene como un chiste. La santidad se
menosprecia con mofa. Es necesario encarar al hombre con Dios.
El profeta no solamente vio; él oyó. A través del espacio infinito, se oyó el eco de
los serafines: “Santo, santo, santo, J ehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su
gloria.” Pero ¡cuán pocos son los que tienen ojos para ver, oídos para oír, y corazones
para sentir la gloria de Dios—brillando en una hermosa puesta de sol, abriéndose en la
hermosura y la fragancia de una rosa, sonando en el cántico de los pájaros, palpitando en
las pulsaciones de una nueva vida en la primavera. ¡Cuánto pierde el hombre en su
desenfrenada carrera!
Isaías no sólo vio y oyó; él sintió. Los quiciales de las puertas del templo
comenzaron a temblar como si el Todopoderoso las estuviera sacudiendo. El umbral
debajo de sus pies también tembló.
2. Su Yo Pecaminoso. ¿Cuál fue el efecto de todo esto? ¡Temblores de
terremotos en el alma del profeta! Fue conmovido hasta lo más profundo de su ser por la
santidad de Dios. Toda su auto-suficiencia y su auto-satisfacción fueron conmovidas y
hechas pedazos.
La noticia de la muerte del rey hizo que los castillos que Isaías se había edificado
en el aire se vinieran abajo, cayendo los pedazos sobre su cabeza hasta que todas las
ruinas quedaran a su alrededor. Pero ahora algo de mayor significado había tenido lugar.
Su auto-complacencia interior había sido deshecha por el poderoso impacto de lo divino.
En realidad, nosotros nunca nos vemos a nosotros mismos sino hasta que vemos a
Dios. La visión de la santidad de Dios dio al profeta una revelación de su propio pecado.
El clamó en desesperación: “¡Ay de mí! que soy muerto.” El hebreo dice: “Que soy
cortado.” Vio una abertura entre Dios y su alma que no podía cerrar; en su imaginación
vio un inmenso cañón que él no podía cruzar, un abismo hondo y ancho que no podía
atravesar. El pecado siempre hace separación.
3. El Remedio Divino. Isaías no sólo vio la santidad de Dios y su propio
pecado; él también vio el remedio. De repente un serafín voló hacia donde él estaba. Con
un carbón encendido tomado del altar simbólicamente con tenazas, tocó los labios del
profeta y dijo: “He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu
pecado.” La limpieza había venido en respuesta al clamor del profeta.
Toda verdadera visión es una experiencia transformadora. No podemos ver a Dios
y seguir siendo los mismos. Podemos mirarnos a nosotros mismos y quedar satisfechos.
Parece que la mayor parte de la gente lo hace así, porque hace muy poco por mejorar.
Podemos mirar a otros y quedarnos satisfechos con la comparación. Pero nunca podemos
mirar a Dios y sentirnos cómodos. Su santidad absoluta nos hace caer sobre nuestras
rodillas con una súplica por su gracia.
Nadie puede mirar a Cristo y sentirse satisfecho. Su perfección será siempre un
desafío a nuestras imperfecciones. La visión de El en toda su belleza siempre creará en
nuestros corazones un descontento divino.
Algunos han interpretado esta visión de Isaías—registrada en el capítulo seis—
como su llamado inicial al ministerio profético, aunque escrito después del capítulo
cinco. Pero puede ser que en este momento el profeta haya recibido una experiencia más
profunda con Dios que enriqueció y amplió su ministerio grandemente.
F. LA PERPLEJ IDAD POLITICA (capítulos 7—12)
1. Achaz y Asiria (cap. 7). En el año 734 A.C. el reino del Norte de Israel y
su vecino hacia el norte, Siria, fueron amenazados por el creciente poderío de Asiria, la
que estaba procurando conquistar todo el oeste de Asia. Sintiendo la necesidad de una
alianza fuerte en contra de Asiria, Peca, el rey de Israel, y Rezín, el rey de Siria,
evidentemente pidieron a Achaz, el rey de J udá, que se uniera a ellos. Cuando éste rehusó
—prefiriendo aliarse a Asiria—Peca y Rezín decidieron atacarlo (v. 1; véase II Reyes
16:5).
Precisamente en este momento, el profeta Isaías tomó cartas en el asunto. El sabía
que Achaz estaba pensando pedir ayuda a Asiria. Tomando a su hijo, quien tenía el
nombre simbólico de Sear-jasub, “un remanente retornará” (v. 3), fue al encuentro del
joven rey. Su mensaje fue: “Guarda, y repósate” (v. 4). Traducido en términos de la
situación, esto quería decir, “¡No hagas alianza con pueblos extranjeros!” El profeta le
dijo que no temiera de esos “dos cabos de tizón,” los reyes de Israel y Siria. Su furia
pronto se acabaría y serían consumidos por Asiria. Todo lo que Achaz tenía que hacer era
confiar en Dios y dejar que El arreglara todo el negocio.
Debe notarse también que Siria se menciona por su capital, Damasco, lo mismo que
Israel se menciona por Samaria, su capital.
Al Reino del Norte también a veces se le llama Efraín a causa de su tribu más
importante, en cuyo territorio estaba Samaria.
Los reyes de Israel y Siria estaban amenazando invadir a J udá, deponer a Achaz, y
poner en su trono a Tabeel (v. 6), quien colaboraría con ellos. Pero Dios aseguró a Achaz
que esto no sucedería (v. 7). Luego le lanzó un desafío con esta advertencia: “Si vosotros
no creyereis, de cierto no permaneceréis.” Todavía es verdad que la fe en Dios es la única
base estable de seguridad, ya sea individual o nacional.
Entonces se ordenó a Achaz que pidiera una señal de que Dios iba a hacer esto (v.
11). Pero el rey ya había hecho la decisión de desobedecer a Dios y seguir adelante con la
alianza con Asiria. Así que caprichosamente rehusó pedir una señal (v. 12), para evitar
ser puesto en aprietos por su cumplimiento. Entonces Dios le dio una señal: “He aquí que
la virgen concebirá, y parirá un hijo, y llamará su nombre Emmanuel” (v. 14). Es obvio
que Isaías 7:14 podría ser una señal para Achaz solamente si se cumpliera en su día.
Antes de que el hijo creciera hasta una edad de responsabilidad, Siria e Israel habrían
perdido ambos sus reyes a quienes Achaz tanto temía. Esto pasó cuando Asiria tomó a
Damasco en el año 732 A.C., y a Samaria en el 722 A.C.
La profecía también tiene un significado que va a través de siete siglos más
adelante hasta el nacimiento virginal de J esús. Una de las características de las profecías
mesiánicas del Antiguo Testamento es que tienen un cumplimiento inmediato y parcial en
el tiempo del profeta, y luego un cumplimiento distante y completo en la venida de
Cristo. Este cumplimiento se registra en las palabras de Mateo: “Todo esto aconteció para
que se cumpliese lo que fue dicho por el Señor, por el profeta que dijo: He aquí la virgen
concebirá y parirá un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con
nosotros Dios” (Mateo 1: 22-23).
Puesto que Achaz rehusó obedecer, Dios le advirtió que Asiria vendría y “raerá” (v.
20) a J udá. Este era el precio de la desobediencia.
2. La Insensatez de las Alianzas Extranjeras (8:1—9:7). Al profeta se le
ordenó tomar un rollo—probablemente de papiro—y con una pluma escribir acerca de su
hijo Maher-salal-hash-baz—”la fuerza de Damasco y los despojos de Samaria.” Este
nombre simbólico significaba la rápida invasión de Siria e Israel por Asiria. Esto
sucedería antes de que el niño aprendiera a hablar (v. 4).
El pueblo estaba desechando “las aguas de Siloé, que corren mansamente” (v. 6),
probablemente una referencia a las aguas tranquilas del estanque de Siloé (J uan 9:7) —y
en su lugar querían hacer alianza con Asiria. Entonces Dios les advirtió que Asiria
vendría como impetuoso río desbordado, inundando toda la tierra (v. 7). La ironía de todo
esto fue que cuando Asiria, por invitación de Achaz conquistó Siria e Israel, continuó
adelante e invadió a J udá como un castigo. Achaz recibió más de lo que había pedido.
Isaías era tanto un estadista como un profeta, y sabía muy bien que las alianzas con
países extranjeros terminan en guerra. La única salvación para la nación yacía en una
confianza serena en Dios. El pueblo decía con temor nervioso, “¡conjuración!” (v. 12).
Pero el consejo del profeta era: “A J ehová de los ejércitos, a él santificad: sea él vuestro
temor, y él sea vuestro miedo” (v. 13). Si ellos hubieran temido a Dios en lugar de temer
a las naciones extranjeras, hubieran permanecido seguros.
El profeta sabía muy bien que su nombre y los nombres de sus hijos eran
simbólicos para que fueran “por señales y prodigios en Israel, de parte de J ehová de los
ejércitos” (v. 18). Isaías era el hombre clave en ese tiempo en J udá, pero los reyes
rehusaron reconocerle como tal.
Esta sección se cierra con otra gran profecía mesiánica. No hay descripción más
hermosa de Cristo en el Antiguo Testamento que la que encontramos en Isaías 9: 6—
“Porque un niño nos es nacido”—el Bebé de Belén—“hijo nos es dado”—el Hijo de Dios
sin pecado, dado como un Sacrificio por nuestros pecados—“y el principado sobre su
hombro”— la administración de nuestras vidas puesta sobre los hombros anchos y
grandes de su infinita y eterna potencia—“y llamaráse su nombre Admirable, Consejero,
Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.” ¿Qué más podría haber inspirado el
majestuoso oratorio de Handel, El Mesías?
3. La Ira Acumulada (9:8—10:4). Aquí tenemos un poderoso poema de
cuatro estrofas, cada una de ellas terminando con el trágico refrán: “Ni con todo eso ha
cesado su furor, antes todavía su mano extendida” (9:12, 17, 21; 10: 4). En la primera
estrofa (9: 8-12), se señala a la gente por su actitud arrogante, y la predicción es que
Israel será devorado por los sirios en el norte y los filisteos en el sur. La segunda estrofa
(9: 13-17), describe la actitud no arrepentida de la gente, y amenaza con la destrucción en
la batalla. La tercera (9: 18-21), predice confusión y anarquía: “Manasés a Efraín, y
Efraín a Manasés, y entrambos contra J udá.” Con las nubes de las amenazas de guerras de
parte de las naciones extranjeras, pesando sobre sus cabezas, las tribus todavía se
pelearían entre sí. La cuarta estrofa (10:1-4), describe la despiadada crueldad de los ricos
al oprimir a los pobres, acumulando propiedades injustamente, siendo que todo se
perdería pronto en la cautividad. ¡Qué insensatos somos los mortales! Y, no obstante,
muchos siguen haciendo lo mismo en la presencia misma del tormento eterno.
4. El Instrumento de Dios Para el Castigo (10:5-34). La clave de esta
sección la encontramos en el primer versículo: “Oh Assur, vara y bastón de mi furor: en
su mano he puesto mi ira.” Asiria es el instrumento de Dios para castigar a una “nación
hipócrita.” ¡Qué terrible es que J udá sea llamada “el pueblo de mi ira”! (v. 6).
Pero Asiria es inconsciente de que está siendo usada por Dios (v. 7). Ha destruido
(v. 10) naciones más grandes que J udá (J erusalén) e Israel (Samaria). Una vez que el
Señor haya usado a Asiria para castigar a su pueblo, El a su vez le castigará a ella por su
arrogante crueldad (vrs. 12-15).
El versículo once nos indica claramente que esta profecía se pronunció después de
la caída de Samaria en el año 722 ó 721 A.C. Asiria decía: “Como hice a Samaria y a sus
ídolos, ¿no haré así también a J erusalén y a sus ídolos?” La conquista de Samaria,
marcando la caída del Reino del Norte de Israel, sucedió casi exactamente a la mitad del
ministerio de Isaías (740-700 A.C.).
La doctrina del “remanente” se subraya enfáticamente en los versículos 20, 21 y 22.
Una de las contribuciones más importantes de Isaías es que un remanente retornará
después de la destrucción de la nación.
5. El Retorno de la Cautividad (cap. 11—12). Esta sección comienza con
otra hermosa profecía mesiánica: “Y saldrá una vara del tronco de Isaí y un vástago re-
toñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de J ehová; espíritu de sabiduría y de
inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor de
J ehová.” El Mesías debe ser “del tronco de Isaí;” quiere decir, “el hijo de David.”
Teniendo como base este pasaje y otros más, los escribas del tiempo de Cristo enseñaban
esto (véase Marcos 13:35).
Las dos características principales del reino del Mesías serían justicia (11: 4-5) y
paz (11: 10). En lo tocante a Israel, sería un remanente que retornaría de Egipto y del este
(11: 11-12). La eterna disputa entre J udá y Efraín—que condujo a la división del reino
bajo Roboam y J eroboam (I Reyes 12) —al fin será curada (11:13), y las naciones
circunvecinas se someterán a su gobierno (11: 14). No se revela exactamente cuándo y
cómo se cumplirá el pasaje de 11: 15-16.
El capítulo 12 es un hermoso himno de acción de gracias que será cantado por el
remanente redimido a su regreso de la cautividad. Nos recuerda a uno de los himnos de
Moisés después del cruce del Mar Rojo (Éxodo 15).
II. SENTENCIAS EN CONTRA DE LAS NACIONES EXTRANJ ERAS
(capítulos 13—23)
A. BABILONIA (13:1—14:23)
La prominente frase profética, “el día de J ehová,” aparece aquí otra vez (13:6-13).
Es un día de “asolamiento del Todopoderoso” (v. 6), “para tornar la tierra en soledad” (v.
9). Esto va de acuerdo con todas las descripciones del día de J ehová.
Se indica que los conquistadores de Babilonia son los Medos (13:17). Ellos
tomaron la ciudad en el año 538 A.C. y el imperio Medo-Persa sucedió al babilónico.
La descripción de la desolación de Babilonia (11:19-22) se ha cumplido
literalmente. Por más de dos mil años ha permanecido en ruinas, como Sodoma y Go-
morra (v. 19) lo han estado por muchos siglos más.
A menudo en el libro de Isaías hay breves predicciones de la restauración de Israel.
Una de ellas se encuentra aquí (14:1-3).
Luego viene una “parábola”— mejor dicho, “una canción burlesca”—en contra del
rey de Babilonia (14:4-23). En ella se incluye uno de los pasajes más notables del libro
(vrs. 12-15), el lenguaje del cual parece ir más allá del rey de Babilonia hasta el gran
opresor de la humanidad, Satanás. La tradición afirma que en el principio, Satanás era un
hermoso ángel llamado Lucifer, o “estrella del día.” Fueron su orgullo y su voluntad
propia los que causaron su caída. Es interesante notar que los verbos en primera persona,
se usan cinco veces en dos versículos (13-14) —subiré, ensalzaré, sentaré, subiré y seré.
Esta es la verdadera naturaleza del pecado. Es rebelión en contra de Dios. Parece que el
pecado tiene su origen en la voluntad propia, y ciertamente encuentra su expresión
principal en esa actitud. El pecado hace que el hombre desee usurpar el lugar de autoridad
en su vida que sólo Dios debe tener.
B. ASIRIA (14:24-27)
Esta nación era la principal amenaza a la paz del Asia occidental. Ahora Dios
declara su destrucción, la que tuvo lugar con la caída de Nínive en el año 612 A.C.
C. FILISTEA (14:28-32)
Esta sentencia tiene que ver con “Palestina” (v. 29). Hoy es comúnmente aceptado
que el nombre moderno de Palestina deriva de los filisteos, quienes ocuparon la parte del
sur de la llanura costera de J udá. Finalmente dieron su nombre a todo el país.
Esta “carga” está fechada “en el año que murió el rey Achaz” (v. 28). Eso fue
alrededor del año 727 A.C., el año en que Tiglatpilneser III, rey de Asiria, murió. Los
filisteos se estaban regocijando porque la vara que les había azotado tanto había sido
quebrada. Pero el profeta les advierte que “de la raíz de la culebra saldrá basilisco, y su
fruto, ceraste volador” (v. 29). Tiglatpilneser III (“la serpiente”), sería sucedido por
Salmanasar IV (“culebra”), y por Sargón II (“serpiente voladora”), cada cual más cruel
que su predecesor. Las crónicas de las cortes de estos reyes, descubiertas y descifradas
recientemente, han confirmado abundantemente esta predicción.
El versículo 32 sugiere que cuando el “humo” de la venida de Asiria apareció en el
“aquilón” (norte) (v. 31), algunos mensajeros habían venido de las ciudades filisteas,
buscando una alianza con J udá para protección mutua en contra de los ejércitos invasores.
Pero la respuesta de J erusalén fue: “J ehová fundó a Sión, y a ella se acogerán los
afligidos de su pueblo.” Desafortunadamente para J udá esta política sabia no se sostuvo
más tarde.
D. MOAB (capítulos 15—16)
En el año 734 A.C., el rey de Asiria, Tiglat-pilneser había invadido Galilea y
J ordania, amenazando así a Moab hacia el sur. La honda aflicción de este país se deja ver
en los sentimientos de compasión del profeta por causa de su inminente caída (15: 5; 16:
9, 11).
La sección se cierra con una breve sentencia (16:13-14), evidentemente
pronunciada más tarde que la otra, en la cual Isaías predice de una manera definitiva la
caída de Moab “dentro de tres años.” Esto ocurrió alrededor del año 711 A.C.
E. DAMASCO (capítulo 17)
Esta sentencia incluye en su contenido al Reino del Norte, o Israel (véase vrs. 3-5).
Es una advertencia de que los dos aliados, Siria e Israel, serán desolados. Esto tuvo lugar,
por lo menos en parte, en el año 734 A.C.
Sin embargo, la profecía se cierra con una predicción de que el destructor mismo
será destruido, y esto súbitamente (v. 14). Esta sería la suerte que correría Asiria.
F. EGIPTO Y ETIOPIA (capítulos 18—20)
En el primer período de Isaías, estas dos naciones eran gobernadas por el mismo
rey. Por tanto, las tres sentencias que se encuentran en estos tres capítulos se consideran
juntas.
1. Etiopía (cap. 18). Cuando Asiria tomó a Damasco (732 A.C.) y a
Samaria (722 A.C.), la gente de Etiopía se alarmó con la posibilidad de una invasión del
norte. Así que enviaron embajadores en todas direcciones (v. 2) para pedir ayuda. Pero
“Isaías ordena a los embajadores volver a su país para que observen silenciosamente
cómo J ehová detendría el intento de Asiria de subyugar a J udá.”
2. Egipto (cap. 19). Este capítulo se divide muy naturalmente en dos
partes: una advertencia de la destrucción venidera (vrs. 1-17) y una promesa de restau-
ración futura (vrs. 18-25). Se profetiza que Egipto, en medio de su dificultad, se volverá
al Señor y le adorará. El capítulo se cierra con la maravillosa predicción de que Egipto,
Asiria e Israel, se unirán en la adoración del Señor. Sin duda que algunos aspectos de esta
profecía todavía tienen que cumplirse.
3. Egipto y Etiopía (cap. 20). En el año en que la ciudad filistea de Asdod
fue capturada por Thartán (comandante en jefe) de Sargón, rey de Asiria, Isaías recibió de
Dios la orden de caminar descalzo y medio desnudo. (Entre los semitas se consideraba
una desgracia exponer el cuerpo humano entre el cuello y los tobillos). Por espacio de
tres años el profeta se presentó en público vestido como un cautivo, un símbolo patente
de la vergüenza de Egipto y Etiopía. Los pueblos de estas dos naciones serían llevados
como prisioneros en desgracia por los asirios. Esto tuvo lugar en la conquista de Egipto
en el año 711 A.C.
G. EL DESIERTO DE LA MAR (21: 1-10)
Se acepta generalmente que esta sentencia se refiere a Babilonia. Las palabras “Ha
caído, ha caído Babilonia,” se repiten en Apocalipsis 14:8 y 18:2. Se sugiere que los
elamitas y los medos serían los que depondrían el poderoso imperio babilónico.
H. EDOM (21:11-12)
Estos dos versículos son valiosos especialmente por su apelación evangelística. En
medio de las tinieblas de la última parte del siglo octavo A.C., la gente preguntó al
profeta, puesto como un atalaya sobre el muro: “¿Qué de la noche?” La repetición de la
pregunta revela la urgencia y el temor. El profeta de Dios debería dar hoy la misma
respuesta que se da aquí: “La mañana viene, y después la noche.” Para cada persona la
eternidad será un día que nunca verá la oscuridad, o las completas “tinieblas de afuera”
de una noche que nunca tendrá un amanecer. Para la gente de Edom (“Seir”) el futuro
estaría mezclado con esperanza y temor.
I. ARABIA (21: 13-17)
Robinson explica este breve oráculo como. “una súplica cordial a los temanitas
para que den pan y agua a las caravanas de Dedanim, las que habían sido desviadas por
causa de las guerras, de sus rutas normales de viaje.” El versículo 14 debe traducirse
como una petición y no como una declaración.
J . EL VALLE DE LA VISION (capítulo 22)
Estrictamente hablando, esta sentencia no era para una nación extranjera, sino en
contra de J udá mismo. Quizá la razón de que se halle aquí es que incluía a las alianzas
extranjeras, uno de los pecados habituales de J udá en esta época.
El tiempo fue la invasión de J udá por Sargón en el año 711 A.C. (Robinson), o la
destrucción de J erusalén en el año 711 A.C. (C. A. Smith). En cualquiera de los dos
casos, la ciudad estuvo en verdadero peligro. Mientras que el corazón del profeta estaba
destrozado por la tristeza (vrs. 4-5), la gente estaba de fiesta en lugar de estar ayunando
(vrs. 12-13). Dios reveló a Isaías que este pecado nunca sería perdonado (v. 14). En vez
de orar a Dios para recibir ayuda, los habitantes de J erusalén fortificaban sus defensas
materiales (vrs. 8-11).
En la segunda mitad del capítulo se compara a dos personajes. Sebna, el tesorero
(vrs. 15-19), había formado su propio medio ambiente, pero sería llevado al cautiverio.
Quizá fuera un extranjero, de descendencia siria, quien pertenecía al grupo partidario de
los egipcios. Su posición se daría a Eliacín, (vrs. 20-25). Este último sería puesto como
un clavo en lugar firme (v. 23), una expresión semita típica. Pero desafortunadamente, el
trataría de colgar a toda su familia en ese clavo (v. 24) —favoreciendo a sus parientes
injustamente— así que el clavo eventualmente cedería bajo el peso (v. 25). A menudo el
poder y las posiciones importantes, arruinan a hombres buenos.
K. TIRO (capítulo 23)
Tiro era una de las grandes ciudades comerciales de los tiempos antiguos. Los
barcos salían de sus muelles a todas partes del Mediterráneo, y algunos aun se
aventuraban a navegar por la costa occidental del África. Pero este orgullo altanero sería
derribado, y su extenso comercio llegaría a su fin. Es interesante notar que se predijo que
este período de eclipse duraría setenta años (vrs. 15, 17) como el de J udá. Luego su pros-
peridad anterior volvería (vrs. 17-18).
III. MENSAJ ES DE SALVACION (capítulos 24—27)
A. ADVERTENCIA DE J UICIO (capítulo 24)
La cautividad que se aproxima se ve claramente en la visión del profeta: “Del todo
será vaciada la tierra, y enteramente saqueada” (v. 3). Sin embargo, quedará un
remanente fiel semejante al rebusco de las viñas y los olivos (v. 13). Pero las cosas
estarán en una confusión tal que “temblará la tierra vacilando como un borracho” (v. 20).
B. GOZO DE LOS REDIMIDOS (CAPÍTULO 25)
Este capítulo es un himno de alabanza a Dios por su liberación. Quizá represente la
acción de gracias de los judíos por la liberación de la amenaza asiria, o posiblemente
vislumbre el retorno futuro de la cautividad babilónica. Notablemente bellos son los
versículos 4, 8, y 9.
C. LA ALABANZA DE J UDA (capítulo 26)
El nombre J udá significa “alabanza.” Por tanto, es adecuado entonar un himno de
alabanza en tierra de J udá (v. 11).
Una de las muchas expresiones hermosas de Isaías la encontramos en el versículo
tres: “Tú le guardarás en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti se
ha confiado.” En nuestros días turbulentos como en los de Isaías—la fe es siempre el
fundamento de la paz.
El capítulo termina con una exhortación (vrs. 20-21) al pueblo de Dios para que se
refugie en El hasta que la tormenta pase.
D. OTRO CANTICO SOBRE UNA VIÑA (capítulo 27)
La mayoría de los profetas antiguos usaron mucho el lenguaje simbólico. En el
primer versículo de este capítulo Isaías menciona la serpiente rolliza (Asiria), la serpiente
retuerta (Babilonia), y el dragón del mar (Egipto). Estos tres poderes que habían destruido
muchas naciones y que habían amenazado la seguridad de J udá, serían destruidos.
En este cántico sobre la viña (véase cap. 5), se hace la predicción de que, aunque
temporalmente dañado, “echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel” (v. 6). Pero
antes de eso vendría el castigo y la destrucción, la purgación de los pecados de J udá (vrs.
9-11).
IV. ADVERTENCIA EN CONTRA DE LA ALIANZA CON EGIPTO
(capítulos 28—35)
A. SEIS AYES (capítulos 28—33)
Esta sección contiene seis ayes, los cuales se consideran relacionados con la
invasión de Senaquerib en el año 701 A.C. Sin embargo, los primeros seis versículos del
capítulo 28 describen a los ebrios de Efraín. Luego la escena parece pasar a J erusalén.
1. Ay de los Políticos y Sacerdotes Ebrios (cap. 28). Las cosas estaban
muy mal cuando Isaías tenía que decir que “el sacerdote y el profeta erraron con la sidra,
fueron trastornados del vino” (v. 7). Luego lanza una acusación sobre los políticos
burlones—“varones burladores, que estáis enseñoreados sobre este pueblo que está en
J erusalén” (v. 14) —quienes dicen que han hecho un convenio con la muerte (v. 15).
Reprende su cinismo petulante advirtiéndoles que el juicio viene de seguro (v. 17). Frente
a su burla él da esta promesa: “He aquí yo fundo en Sión una piedra, piedra de fortaleza,
de esquina, de precio, de cimiento estable: el que creyere, no se apresure” (v. 16). En el
Nuevo Testamento (Mateo 21:42; Hechos 4: 11), se indica que esta piedra es Cristo.
2. Ay de Jerusalén (29: 1-14). Ariel significa “león de Dios,” y
aparentemente se usa como un nombre para J erusalén. Aquí estaba el centro de la
adoración a J ehová. Pero esta era la evaluación de Dios de los adoradores: “Este pueblo
se me acerca, y con sus labios me honra, mas su corazón alejó de mí” (v. 13).
3. Ay de Aquellos que Esconden de Dios sus Pensamientos (29:15-24). Se
pronuncia un ay sobre aquellos que dicen: “¿Quién nos ve, y quién nos conoce?” Ellos
olvidan que Dios ve y sabe todo lo que ellos hacen. Probablemente la referencia sea a sus
planes secretos de hacer una alianza con Egipto y rebelarse en contra de Siria.
4. Ay de los que se Vuelven a Egipto (cap. 30). Rehusando el consejo de
Dios, los líderes de J udá van a Egipto para buscar ayuda (vrs. 1-2). Pero la ayuda egipcia
será en vano (v. 7). El mensaje de Dios es: “su fortaleza sería quedarse quietos,” esto es,
confiar tranquilamente en Dios en vez de hacer alianzas extranjeras. A aquellos que
corrieron a Egipto el Señor les dice: “En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y
en confianza será vuestra fortaleza” (v. 15). Pero ellos rehusaron: “Y no quisisteis.”
Luego viene esta hermosa promesa de la dirección divina: “Entonces tus oídos
oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él” (v. 21). Si el
pueblo se abstuviera de hacer una alianza con Egipto, y pusiera su confianza
completamente en Dios, El destruiría los asirios con su palabra (v. 31).
5. Ay de los que Confían en Egipto (caps. 31—32). Como notamos
anteriormente, Isaías era un destacado estadista tanto como un inspirado profeta. El veía
claramente la fatuidad de ir a Egipto en busca de ayuda. Esa nación sería pronto
conquistada por Asiria. El estar envueltos en una alianza con Egipto resultaría solamente
en doble castigo a manos de los asirios. Así que clamó: “¡Ay de los que descienden a
Egipto por ayuda, y confían en caballos; y su confianza ponen en carros... y no miran al
Santo de Israel!” (31: 1; véase 30: 2).
Dios era una defensa mucho más grande para J udá que lo que podrían serlo los
caballos y los carros de Egipto. En una de sus muchas y hermosas promesas, Isaías dice:
“Como las aves que vuelan, así amparará J ehová de los ejércitos a J erusalén, amparando,
librando, pasando, y salvando” (31:15). ¿Qué más podía pedir J udá?
El profeta predijo que los israelitas quitarían sus ídolos (31:7). Luego Dios vencería
y haría retroceder a los asirios con su poder (31:8).
De nuevo encontramos otro de los grandes pasajes mesiánicos de Isaías: “He aquí
que en justicia reinará un rey... Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y
como acogida contra el turbión” (32: 1-2).
Una de las características de Isaías es su poderosa y clara condenación de las
mujeres de J udá (32:9-12; véase 3:16-24). Siempre es verdad que como la mujer, así la
nación. Las mujeres pueden hacer más para elevar o destruir un país, que los hombres. El
profeta no ve esperanza “hasta que sobre nosotros sea derramado el espíritu de lo alto”
(32: 15).
El sector partidario de Egipto estaba constantemente urgiendo una alianza militar
con aquel país. Pero el consejo consistente de Isaías, juntamente con las promesas, cierra
esta sección. El dice: “Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de justicia, reposo y
seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz; y en habitaciones
seguras, y en recreo de reposo” (32: 17:18). Lo único que debía preocupar al pueblo era
practicar la justicia; entonces Dios les protegería.
6. Ay de los Ladrones (cap. 33). Los asirios habían estado destruyendo
naciones a izquierda y derecha. Ahora ellos serían destruidos.
El profeta dice al pueblo: “Y reinarán en tus tiempos la sabiduría y la ciencia” (v.
6). Ellos tenían que olvidar a Egipto, tomar su consejo y confiar en Dios. Su juez no era
Egipto, sino Dios. El era su Legislador y Rey—“él... nos salvará” (v. 22).
B. AMENAZA Y PROMESA (capítulos 34—35)
George L. Robinson escribe: “Lo más sorprendente de estas profecías es la
constante alternación de amenazas y promesas.” Esto está bien ilustrado por los dos
capítulos de esta sección: el primero es principalmente una advertencia de castigo,
mientras que el segundo es uno de los pasajes más hermosos de promesas del Antiguo
Testamento—un capítulo que sería bueno memorizar.
1. Castigo sobre Edom (cap. 34). Edom—llamado también Idumea—había
sido un enemigo empedernido de Israel (véase Abdías). Dios se refiere a la nación como
“el pueblo de mi anatema” (v. 5). El castigo y la desolación sobrevendrán sobre aquellos
que han perseguido a los israelitas en su camino a Canaán.
2. Un Poema de Promesa (cap. 35). Este es uno de los muchos y hermosos
pasajes devocionales de Isaías. Fuera de los Salmos no hay un libro más rico en el
Antiguo Testamento en el cual el cristiano pueda meditar. Aquellos que aman su Biblia a
menudo la abren en Isaías para buscar consuelo y fuerzas espirituales. Este capítulo es un
himno de alabanza que requiere poco comentario. Lo recomendamos al lector.
V. LA HISTORIA DE LOS TIEMPOS DE EZEQUIAS (capítulos 36—39)
Generalmente se sostiene que los capítulos 38 y 39 cronológicamente preceden a
los capítulos 36 y 37. El orden quizá se deba a que la historia de la invasión de Asiria
(701 A.C.) relatada en los capítulos 36 y 37, encaja en una forma más natural con los
capítulos 1—35, por tanto, la mención de la enfermedad de Ezequías en el capítulo 38
(714 A.C.), y de la embajada babilónica en el capítulo 39 (712 A.C.), une en forma más
lógica los eventos siguientes. Estos cuatro capítulos forman una transición entre la
primera parte de Isaías (caps. 1—35) y la segunda (caps. 40—66). Comprenden un
interludio histórico entre ambos.
Esta sección se repite casi al pie de la letra en II Reyes 18:13—20:19. Fue una gran
liberación que Dios hizo por su pueblo, la que era digna de relatarse dos veces.
A. LA INVASION DE SENAQUERIB (capítulos 36—37)
1. El Sitio de Jerusalén (36: 1—37: 8). En el año 701 A.C. —difícil de
identificar con “el año catorce del rey Ezequías” (36: 1) —Senaquerib invadió a J udá y
tomó muchas de sus ciudades. Según los anales sirios, tomó cuarenta y seis ciudades.
Deteniéndose en Lachis, Senaquerib envió a Rabsaces —literalmente, “jefe de los
oficiales”—hasta J erusalén con un gran ejército (36:2). Este inteligente representante de
su monarca trató primero de intimidar a la ciudad para que se rindiera. Deteniéndose
cerca de las murallas, envió un arrogante mensaje a Ezequías, a quien no quiso honrar
con el título de “rey.” En lugar de eso, dijo: “El gran rey, el rey de Asiria, dice así” (36:
4). Pero esto sería contrarrestado más tarde por las palabras de Isaías: “J ehová Dios de
Israel, dice así” (37:21). Era un duelo entre Dios y Senaquerib.
Rabsaces justamente reprendió a J udá por confiar en el “bordón de caña frágil, en
Egipto” (36: 6). Pero cuando se mofó de ellos por confiar en J ehová (v. 7), se pasó de la
cuenta. La censura y el sarcasmo de sus palabras se ven en su manera de preguntar si
ellos podrían proveer 2,000 cautivos para montar sus caballos (v. 8).
Cuando los representantes de Ezequías pidieron a Rabsaces que hablara en
aramaico (“siriaco”) en vez de en hebreo (“el lenguaje de los judíos”), para no asustar a la
gente que escuchaba por sobre el muro, el oficial asirio contestó con vulgar sarcasmo. El
honor de un Dios santo estaba en peligro cuando Rabsaces anunció al pueblo de Dios sus
amenazas a voz en cuello (36:13-21).
Cuando su mensaje fue llevado a Ezequías, el rey rasgó sus vestidos como una
señal de mucha tristeza, se vistió de saco, y fue al templo (37:1). Envió un mensaje a
Isaías, pidiéndole que orara (vrs. 2-4). El profeta mandó decir al rey que no temiera las
amenazas de los asirios, porque cierto rumor haría volver al enemigo a su patria otra vez
(vrs. 6-8).
2. La Carta Amenazadora (37:9-38). Aunque los asirios tuvieron que
levantar el sitio para enfrentar los ejércitos de Etiopía, enviaron cartas de amenaza a Eze-
quías. El rey la llevó al templo y “la extendió delante del Señor” (v. 14). Como
contestación a su oración, Dios le aseguró que J erusalén sería perdonada (vrs. 21-35).
Aquella noche, “el ángel del Señor” hirió a 185,000 soldados asirios, y el peligro terminó.
B. LA ENFERMEDAD Y EL ERROR DE EZEQUIAS (capítulos 38—39)
1. La Enfermedad y la Sanidad (cap. 38). Isaías hizo saber al rey que
moriría a causa de su grave enfermedad. Pero Ezequías oró y Dios le extendió su vida por
quince años más. Ezequías expresó su gratitud en un himno de acción de gracias (vrs. 9-
20). El método de la curación se describe como una cataplasma de higos (v. 21).
2. La Embajada de Babilonia (cap. 39). Merodachbaladán, rey de
Babilonia, envió cartas y un regalo a Ezequías, felicitándole por su recuperación.
Obrando con poca cordura, el rey de J udá mostró a los babilonios todas sus riquezas y
tesoros de oro y plata. Isaías le advirtió que los babilonios volverían un día para tomar
todas las riquezas que ellos habían visto y para llevar a sus descendientes al cautiverio.


CAPITULO DOS
EL PROFETA DE CONSUELO
(Isaías 40—66)
El cambio de tono que notamos comenzando con el primer versículo del capítulo
40 es muy marcado. Mientras que el énfasis principal de los primeros treinta y nueve
capítulos es el juicio y el castigo, la nota sobresaliente de los capítulos 40 a 66 es el
consuelo y las promesas.
En los últimos años se ha venido aceptando la idea de que esta segunda parte no fue
escrita por el Isaías del octavo siglo A.C., sino por un segundo Isaías de mediados del
siglo sexto A.C. Se sostiene que el punto de vista que se despliega aquí es el de la última
parte de la cautividad babilónica, cuando el pueblo de Israel comenzaba a pensar en
volver a su propia patria. Especialmente se sostiene que nadie en el octavo siglo hubiera
podido predecir por nombre la venida de Ciro (44:28; 45:1) para permitir a los judíos
volver a Palestina.
La solución de todo el asunto reside en si uno puede creer en una inspiración
sobrenatural o no, porque esta es la única forma en que se puede explicar este fenómeno.
Este breve estudio no nos permite una consideración más detallada sobre el asunto. Sin
embargo, uno puede alentarse por el hecho de que un distinguido erudito del Antiguo
Testamento, George L. Robinson, después de una vida de estudio de Isaías, escribió en la
edición revisada (1938) de su breve pero excelente El Libro de Isaías (en inglés), estas
palabras: “A menudo, a través de los años, mis amigos me han preguntado, ‘¿Cree usted
todavía en la unidad de Isaías?’ e invariablemente he contestado con toda franqueza:
‘Estoy más convencido que nunca.’”
Uno de los argumentos sobre el cual Robinson pone mucho énfasis, es que el
nombre divino, “el Santo de Israel”— que se encuentra veinticinco veces en Isaías y
solamente seis veces en el resto del Antiguo Testamento— aparece más o menos en la
misma proporción en las dos partes: doce veces en los capítulos 1—39 y trece veces en
los capítulos 40—66. Y dice: “La presencia de este nombre divino en todas las diferentes
porciones del libro es de más valor para identificar a Isaías como el autor de estas
profecías que si su nombre se hubiera escrito al principio de cada capítulo.”
I. LA INSENSATEZ DE LA IDOLATRIA (capítulos 40—48)
A. EL DIOS INCOMPARABLE DE ISRAEL (cap. 40)
El capítulo cuarenta de Isaías es uno de los discursos más elocuentes en toda la
literatura. Se dice que Edmund Burke, uno de los oradores más distinguidos que
Inglaterra haya tenido, acostumbraba leer el libro de Isaías antes de ir al parlamento.
1. Consolaos (vrs. 1-11). Las palabras iniciales de este capítulo nos dan la
clave de la segunda parte del libro. Después de las advertencias y amenazas, Dios habla
con una seguridad consoladora.
El versículo tercero se cita en cada uno de los cuatro Evangelios, en relación con el
ministerio de J uan el Bautista. En el versículo cuatro, se explica cómo alguien puede
preparar el camino del Señor: alzando los valles, cortando los montes y los collados,
enderezando las curvas y allanando lo áspero. Esta es la fórmula divina de cuatro puntos
para un avivamiento. Cuando la seguimos, la promesa es nuestra: “Y manifestaráse la
gloria de J ehová, y toda carne juntamente lo verá” (v. 5). Eso es un verdadero
avivamiento.
El cuidado cariñoso de Dios por los suyos se expresa en una forma hermosa en el
versículo 11: “Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo cogerá los corderos, y en
su seno los llevará; pastoreará suavemente las paridas.”
2. El Dios Incomparable de Israel (vrs. 12-31). La grandeza de Dios se
describe en términos de omnipotencia (v. 12), omnisciencia (vrs. 13-14), y trascendencia
(vrs. 15-17). Luego viene la clave de esta sección: “¿A qué pues haréis semejante a Dios,
o qué imagen le compondréis?” (v. 18). Esto se repite en el versículo 25: “¿A qué pues
me haréis semejante, o seré asimilado? dice el Santo.” El marcado contraste entre el
verdadero Dios y los ídolos muertos (vrs. 19-24) se presenta de una manera muy clara. El
capítulo se cierra con una admonición combinada con promesa: “Mas los que esperan en
J ehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán sus alas como águilas; correrán, y no se
cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (v. 31).
B. EL PODER DE LA PREDICCION (capítulo 41)
Parece que el segundo versículo de este capítulo se refiere a Ciro. Es una
anticipación de la profecía más específica en 44: 28—45: 13.
Dos de las promesas más preciosas de la Palabra de Dios aparecen en este capítulo,
en los versículos 10 y 13: “No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu
Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi
justicia. Porque yo J ehová soy tu Dios, que te ase de tu mano derecha, y te dice: No
temas, yo te ayudé.”
La prueba suprema de que J ehová sólo es el verdadero Dios consiste en su poder
para predecir el futuro. Vez tras vez se lanza el desafío a los dioses falsos de las naciones
paganas a que prueben su deidad prediciendo el futuro. Esto empieza en el versículo 22—
”anúnciennos lo que ha de venir”—y continúa en el versículo 23: “Dadnos nuevas de lo
que ha de ser después, para que sepamos que vosotros sois dioses.” Sólo el Dios de Israel
sabe el futuro.
C. EL SIERVO DEL SEÑOR (capítulo 42)
Después de haber anunciado a Israel la soberanía de J ehová en el capítulo 40, y a
los paganos en el capítulo 41, Isaías proclama el programa misionero de Dios para
evangelizar a las naciones. Esta nota, que es prominente en los capítulos 40—66, ha
hecho que la gente se refiera a veces al libro como “El Evangelio Según Isaías.”
1. El Primer Cántico Sobre el Siervo (vrs. 1-9). Este párrafo es el primero
de cuatro “cánticos sobre el Siervo” en Isaías. El segundo es 49: 1-13, el tercero 50:4-11,
el cuarto 52: 13—53: 12.
Mientras que “el Siervo del Señor” es el tema principal de la próxima sección
(capítulos 49—57), aparece ya como un tema prominente en esta sección. La primera
mención se encuentra en 41:8-9. Allí se identifica a Israel como “mi siervo.” En la
mayoría de los pasajes que se refieren al siervo en los capítulos 40—48, el énfasis se
pone sobre la nación de Israel como si fuera el siervo del Señor. Esa es la interpretación
general de los judíos hasta el día de hoy.
Sin embargo, en “el cántico sobre el Siervo” hay más evidencias para identificar al
siervo como un individuo. La Iglesia Cristiana admite ambas interpretaciones: en un
sentido limitado a la nación de Israel, y en un sentido más completo, al Mesías de Israel.
El lenguaje de este primer cántico sobre el siervo es prominentemente personal. Se
habla de “él.” El Espíritu de Dios morará en él (v. 1). Será tierno y manso (v. 2), como
ciertamente lo fue Cristo.
Además de la ternura del siervo, se pone énfasis en su misión mundial (vrs. 1, 4, 6).
Su ministerio se describe abriendo los ojos a los ciegos y liberando a los presos de la
cárcel (v. 7). El cántico termina con la nota de predicción del futuro.
2. Un Mosaico (vrs. 10-25). Como a menudo sucede en los libros
proféticos, el resto de este capítulo se refiere a varios asuntos cuya relación es difícil de
percibir. Aquí encontramos alabanza (vrs. 10-12), juicio (vrs. 13-15), promesa (v. 16),
reprensión por los ídolos (v. 17), otra referencia al siervo del Señor (v. 18), y el castigo de
los pecados de Israel (vrs. 22-25).
D. REDENCION (capítulo 43)
Israel pertenecía a Dios tanto por creación como por redención (v. 1). El segundo
versículo parece describir los sufrimientos de J udá en la cautividad babilónica.
El énfasis de Isaías sobre el monoteísmo resalta claramente a través de todo el
capítulo. J ehová dice: “Antes de mí no fue formado Dios, ni lo será después de mí” (v.
10). Y en cuanto a la redención agrega: “Yo, yo, J ehová; y fuera de mí no hay quien
salve” (v. 11).
Otra nota de redención aparece en el versículo 25: “Yo, yo soy el que borro tus
rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados.”
Otra vez en este capítulo, como en 42:9, el Señor dice que hará “cosa nueva” (v.
19). Esto puede referirse al retorno del exilio.
E. LO ABSURDO DE LA IDOLATRIA (capítulo 44)
El ataque más duro en contra de la adoración de las imágenes—entre muchas otras
en esta sección—la encontramos en este capítulo (vrs. 9-20). Después de declarar “fuera
de mí no hay Dios” (v. 6), y más adelante, “no hay Dios sino yo. No hay fuerte: no
conozco ninguno” (v. 8), Dios procede, por medio de su profeta a mostrar la insensatez
de la idolatría. Un hombre corta un árbol. Una parte de él lo usa como combustible para
calentarse Y cocinar, y con el resto hace un dios y se arrodilla ante él y lo adora. ¡Qué
insensatez!
En los versículos 21-23, tenemos un pasaje glorioso de redención. El versículo 22
se asemeja mucho a 43:25. Este es el Evangelio Según Isaías. La redención trae perdón
de los pecados.
F. CIRO, SIERVO DE DIOS (capítulo 45)
1. El Ungido de Dios (44: 28—45: 4). Ciro será el “pastor” de Dios para
ordenar la reedificación de J erusalén y su templo (44:28). Pero lo más sorprendente es
que Ciro es llamado el “ungido” de Dios (el término hebreo que significa “mesías”). El
sería como un mesías para los judíos, liberándolos de la cautividad y restaurándolos a su
tierra. Dios le había llamado y le había dado su nombre, aunque Ciro mismo no conocía a
Dios (v. 4).
2. No Hay Otro Dios (vrs. 5-25). La frase monoteísta se repite aquí con
marcado énfasis: “Yo J ehová, y ninguno más hay: no hay Dios fuera de mí” (v. 5); “Yo
soy J ehová y ninguno más que yo” (vrs. 6, 18); “Y no hay más Dios que yo; Dios justo y
Salvador: ninguno otro fuera de mí” (v. 21). Este Dios único es también el único
Salvador: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra: porque yo soy Dios, y
no hay más” (v. 22). Es difícil pensar cómo el monoteísmo podría ser expresado en una
forma más clara. J ehová no es solamente el único Dios verdadero de Israel; El es el único
Dios que existe. Los dioses de las naciones son solamente criaturas de sus pensamientos.
G. LA CAIDA DE BABILONIA (capítulos 46—47)
1. El Derrocamiento de su Religión (cap. 46). Bel era el Dios principal de
la religión babilónica; Nebo era el intérprete de los dioses. Pero el peso inerte de sus
imágenes, era una carga penosa para las bestias que los llevaban (v. 1). Estos dioses no
tenían poder, por el contrario, eran inútiles, y fueron llevados al cautiverio (v. 2). En
contraste a ellos, J ehová lleva a su pueblo (vrs. 3-4), desde la cuna hasta el sepulcro.
Una vez más Dios lanza el desafío: “¿A quién me asemejáis, y me igualáis, y me
comparáis, para que sea semejante?” (v. 5). Lo absurdo de la idolatría es subrayada una
vez más (vrs. 6-7). Vez tras vez se hace resaltar la nota monoteísta: “porque yo soy Dios,
y no hay más Dios, y nada hay a mí semejante” (v. 9). Su deidad se muestra, como se
repite a menudo en esta sección, por el hecho de que El es capaz de anunciar “lo por venir
desde el principio” (v. 10).
2. El Derrocamiento de la Ciudad (cap. 47). La vergüenza de la triste
caída de Babilonia se describe vívidamente (vrs. 1-5). Ella ha tratado al pueblo de Dios
con una crueldad criminal (v. 6). Ahora su destrucción ha venido, y ninguno de sus dioses
falsos le puede ayudar (vrs. 12-14).
H. UN SUMARIO (capítulo 48)
Los énfasis recurrentes de esta sección (caps. 40— 48) se resumen aquí en
conclusión. J ehová es el único que puede predecir el futuro (vrs. 3-8). Los ídolos no
pueden hacerlo (v. 5). Israel ha sido puesto en el horno de la aflicción para ser refinado
(v. 10). Dios es el Creador (v. 13). El pueblo saldría de Babilonia para que todo el mundo
supiera que Dios había redimido a su gente (v. 20).
De nuevo notamos una preciosa promesa en el versículo 17: “Así ha dicho J ehová,
Redentor tuyo, el Santo de Israel Yo J ehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente
que te encamino por el camino que andas.”
II. EL SIERVO DEL SEÑOR (capítulos 49—57)
Ya en la sección previa el profeta ha mencionado al siervo del Señor por lo menos
una docena de veces. Pero ahora viene a ser el tema dominante. Tres de los cuatro
“cánticos sobre el siervo” se encuentran en esta sección.
A. SALVACION (capítulo 49)
1. El Segundo Cántico Sobre el Siervo (vrs. 1-13). Al principio el siervo
parece ser identificado como Israel (v. 3). Pero luego se le presenta como el siervo de
Dios “para levantar las tribus de J acob, y para que restaures los asolamientos de Israel...
por luz de las gentes, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra” (v. 6). Por
tanto, el siervo se diferencia de la nación que él va a restaurar. Algunos han interpretado
al siervo como el remanente fiel en Israel. Pero de una forma clara, el cumplimiento más
elevado de este lenguaje puede encontrarse solamente en Cristo.
2. La Restauración de Israel (vrs. 14-26). La perspectiva universal es más
prominente en Isaías que en cualquier otro profeta del Antiguo Testamento. El resultado
de la restauración de Israel será que “conocerá toda carne que yo J ehová soy Salvador
tuyo, y Redentor tuyo, el Fuerte de J acob” (v. 26).
B. EL SIERVO SUFRIENTE (capítulo 50)
1. Vendidos por sus Propios Pecados (vrs. 1-3). J ehová recuerda al pueblo
que es su propio pecado lo que les causó ser vendidos a la esclavitud (v. 1). El podría
haberles salvado, pero ellos no escucharon (v. 2).
2. El Tercer Cántico Sobre el Siervo (vrs. 4-11). Aquí predomina la nota
personal. Se nos da una vislumbre anticipada del Siervo Sufriente descrito más
ampliamente en el capítulo cincuenta y tres. Hablando en la primera persona, el Siervo se
describe a sí mismo de la siguiente manera: “Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas
a los que me mesaban el cabello: no escondí mi rostro de las injurias y esputos” (v. 6).
Solamente en Cristo encontró cumplimiento todo esto.
C. ESCUCHA Y DESPIERTATE (51:1—52:12)
1. Escucha (51: 1-8). Tres veces en estos ocho versículos, Dios, por medio
de su profeta, pide a su pueblo que escuche (vrs. 1, 4, 7). La primera vez les dice que
recuerden su origen. Así como El bendijo a Abraham, les bendecirá a ellos. La segunda
vez les pide que reconozcan su ley. La tercera vez les exhorta a que no teman los
reproches de los hombres.
2. Despiértate (51:9—52: 12). Tres veces el profeta clama: “Despiértate,
despiértate” (51:9, 17; 52:1). La primera es un llamado a Dios para que despierte en favor
de su pueblo. Como respuesta a este llamado viene la promesa de redención y
restauración: “Cierto, tornarán los redimidos de J ehová, volverán a Sión cantando, y gozo
perpetuo será sobre sus cabezas: poseerán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán
(51:11).
En la segunda oportunidad es un llamado a J erusalén para que despierte y se
levante, porque su castigo terminará en bendición. El tercer llamado también es a
J erusalén. Debe despertar y ponerse sus hermosos vestidos, porque ya no será oprimida
(52:1). A menudo en estos capítulos Dios consuela a su pueblo.
D. EL CUARTO CANTICO SOBRE EL SIERVO (52:13—53:12)
El capítulo cincuenta y tres de Isaías debería comenzar con 52:13, donde “mi
siervo” es presentado. Esta sección generalmente se considera como el punto culminante
de la profecía hebrea. Robinson dice: “Los pensamientos más profundos en la revelación
del Antiguo Testamento se encuentran en esta sección... Ocupan el primer lugar en la
profecía mesiánica.”
Era el capítulo cincuenta y tres de Isaías que el eunuco etíope iba leyendo en su
carro cuando Felipe se le acercó para hablarle (Hechos 8:32). El evangelista le pudo
mostrar que las palabras se referían a Cristo, como el Siervo Sufriente del Señor. Ningún
otro pasaje presenta este aspecto tan claramente.
Las palabras del versículo tres han captado la imaginación de los hombres en todas
partes: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores experimentado en
quebranto.” Se dice que cuando Handel alcanzó este punto en la composición de El
Mesías se le encontró llorando con su rostro sobre la mesa. Ninguna persona seria puede
leer estas palabras sagradas sin conmoverse.
Pero el versículo cuatro hace una aclaración muy importante: Sus sufrimientos no
fueron por El mismo, sino por nosotros. “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y
sufrió nuestros dolores.”
Este aspecto vicario se lleva aún más adelante en el versículo quinto, donde se
subrayan el propósito y el resultado de su sufrimiento: “Mas él herido fue por nuestras
rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga
fuimos nosotros curados.”
Luego viene el pasaje que toca la sensibilidad del corazón de cada pecador
penitente: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su ca-
mino: mas J ehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (v. 6). ¡No nos extraña que a
este capítulo se le llame el Evangelio Según Isaías!
La sumisión mansa de Cristo frente al sumo sacerdote y Pilato se prefiguran en el
versículo 7. Su muerte vicaria es descrita una vez más en el versículo 8.
Su muerte no es solamente vicaria, sino también eficaz: “Cuando hubiere puesto su
vida por expiación del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento
justificará mi siervo justo a muchos, y él llevará las iniquidades de ellos” (vrs. 10-11). El
Padre estaría satisfecho con el sacrificio de su Hijo y lo aceptaría por la justificación de
muchos.
El cántico cierra con la nota de redención: “Fue contado con los perversos,
habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.”
E. LA RESTAURACION POR MEDIO DE LA REDENCION (capítulo 54)
La redención es un asunto costoso. Incluye sacrificio y sufrimiento (cap. 53). Pero
acarrea bendición y gozo. La atmósfera del capítulo 54 es la de cautivos redimidos
cantando y gozándose.
El versículo segundo es un desafío constante para cada cristiano: “Ensancha el sitio
de tu cabaña, y las cortinas de tus tiendas sean extendidas; no seas escasa; alarga tus
cuerdas, y fortifica tus estacas.” Dios quiere que continuemos ensanchando nuestras vidas
continuamente, tanto interiormente en una experiencia espiritual, como exteriormente en
servicio efectivo. Pero uno no debe extender sus cuerdas a menos de que fortifique sus
estacas. Mientras más grande sea la tienda y largas las cuerdas, más firmemente deben
enterrarse las estacas en la tierra, o de lo contrario la tienda se vendrá abajo. Esto es lo
que ha pasado a algunos obreros cristianos. Tomemos la figura de los rascacielos
modernos: para ir más alto uno debe ir primero más profundo. La estabilidad de la
estructura depende de la fortaleza del cimiento.
Una fase del evangelismo de Isaías se ve en su énfasis en lo universal. El tenía una
visión más amplia que cualquier otro escritor del Antiguo Testamento. La salvación es
para los gentiles tanto como para los judíos. “Tu simiente heredará gentes (gentiles)” (v.
3). “Dios de toda la tierra será llamado” (v. 5).
F. LA INVITACION DEL EVANGELIO (capítulo 55)
El capítulo cincuenta y cinco de Isaías contiene una de las anticipaciones más
hermosas de la predicación evangelística de esta era que se encuentre en el Antiguo Tes-
tamento. La salvación es gratis (v. 1). “Buscad a J ehová mientras puede ser hallado,
llamadle en tanto que está cercano” (v. 6). Estas palabras son tan significativas hoy día
como lo fueron hace dos mil años. Lo mismo es el versículo siguiente: “Deje el impío su
camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase a J ehová, el cual tendrá de él
misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”
Las palabras del versículo once han consolado a los predicadores veces sin fin:
“Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo
quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.”
¿Y quién no se ha conmovido con los últimos dos versículos? Solamente citaremos
el versículo 12: “Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los
collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán
palmadas de aplauso.” Este es un capítulo que todo cristiano debería memorizar.
G. J UICIO Y J USTICIA (capítulos 56—57)
1. La Importancia del Día de Reposo (56: 1-8). Una bendición especial se
pronuncia sobre aquellos que guardan el día de reposo y no lo quebrantan (v. 2). El que-
brantamiento del día de descanso es uno de los pecados más vergonzosos en el mundo
hoy día. El verdadero cristiano dará un testimonio fiel al rehusar comprar en el día
domingo en los muchos negocios que ahora permanecen abiertos. Mientras más fácil sea
quebrantar el día del Señor, más grande será la tentación. Este es un punto en el cual
nosotros debemos ser diferentes, no indiferentes.
Aquellos que guarden el día del Señor debidamente, estarán gozosos en la casa de
oración, y las ofrendas que traigan serán aceptas al Señor (v. 7). Uno no puede emplear la
tarde del domingo en asuntos seculares—para no mencionar placeres mundanos—y
esperar ser bendecido en la iglesia. El versículo termina con la nota universal otra vez:
“Mi casa, casa de oración será llamada de todos los pueblos.”
2. Atalayas Ciegos y Perros Mudos (56: 9—57:2). En el Israel de aquel
entonces, como a menudo sucede hoy día, los pastores del rebaño de Dios eran como ata-
layas ciegos y perros mudos. Codiciaban las ganancias personales, en vez de cuidar a las
ovejas.
3. Otra Vez la Idolatría (57:3-21). Una de las causas principales de la
cautividad babilónica fue la idolatría de los israelitas. En ese horno de aflicción ellos
fueron purgados de su amor por los ídolos, así que desde entonces no han caído en ese
mal, aunque antes de eso lo habían hecho frecuentemente desde los días del éxodo. Por
tanto, el punto de vista del capítulo 57 es pre-exílico.
La gente de J udá había caído en las clases de idolatría más aborrecida, sacrificando
sus propios niños en los altares de los dioses falsos (v. 5). Eso todavía se practica
espiritualmente hoy día por aquellos que sacrifican sus hijos a Mammón y los placeres.
Sin embargo, incrustada en este antecedente tan negro, hay una joya brillante:
“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo:
Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para
hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (v.
15). El prerrequisito absoluto para el compañerismo con Dios es la humildad.
Esta sección del libro, como la anterior, termina con la expresión “No hay paz, dijo
mi Dios, para los impíos.”
III. LA GLORIA FUTURA DEL PUEBLO DE DIOS (capítulos 58—66)
El sufrimiento siempre precede a la gloria. Isaías sobresalió por cierto entre los
profetas que “profetizaron de la gracia que había de venir a vosotros, han inquirido y
diligentemente buscado, escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el
Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que habían de
venir a Cristo, y las glorias después de ellas” (I Pedro 1:10-11). Así que esta sección de la
gloria futura sigue a la del Siervo Sufriente del Señor. Todavía es cierto que el verdadero
cristiano debe, como su Señor, experimentar primero el sufrimiento antes de que pueda
gozar la gloria.
A. EL AYUNO Y LA OBSERVANCIA DEL DIA DE REPOSO (capítulo 58)
1. El Ayuno (vrs. 1-12). El pueblo observaba la religión exteriormente,
pero sus corazones estaban lejos de Dios. Ayunaban, pero lo hacían sólo en una forma
legalista (vrs. 3-4). Como acertadamente se ha observado, la Biblia no dice “Orad y
trabajad,” sino “Ayunad y Orad.” El único valor espiritual que hay en el ayuno consiste
en la actitud del intenso deseo y sacrificio desinteresado que representa y produce. No
hay beneficio en el ayuno si empleamos el tiempo como siempre en el trabajo y los
placeres. Tiene valor sólo como un medio para la oración concentrada e ininterrumpida.
El ayuno no es una manipulación mecánica de la Deidad para obtener los resultados que
nosotros deseamos. Eso es magia, no verdadera religión. Nosotros no forzamos a Dios
con nuestro ayuno, sino que podemos entonces rogarle con más humildad y vehemencia.
Se indica que el verdadero ayuno (vrs. 5-7) consiste de una actitud adecuada de
amabilidad, justicia, generosidad y atención propia al compañerismo de familia— “no te
escondas de tu carne.” A veces es más fácil huir de la vida a la seclusión que enfrentarse
a ella con un verdadero espíritu de amor semejante al de Cristo.
El verdadero ayuno producirá luz, no oscuridad (vrs. 8-12). Acarreará gozo y buena
salud (v. 8). Traerá los resultados deseados: seguridad de que Dios oye nuestra oración
(v. 9). El producto más importante de la oración, la dirección divina, se nos garantiza: “Y
J ehová te pastoreará siempre.”
2. La Observancia del Día de Reposo (vrs. 13-14). El día del Señor no es
para trabajar o divertirse, sino para descansar y adorar. El verdadero cristiano no leerá
literatura secular, ni escuchará o tendrá diversiones seculares en el domingo. Hay tantos
libros buenos y espirituales para leer y tantas oportunidades para el servicio cristiano
hacia otros, que no hay excusa para buscar nuestros propios “caminos” en el domingo.
B. EL PECADO Y LA SALVACION (capítulo 59)
1. El Pecado (vrs. 1-8). Los dos primeros versículos proclaman el
principio importante de que la falta de salvación no se debe a la falta de poder de Dios—
“no se ha acortado la mano de J ehová para salvar”—ni tampoco por falta de deseo—“ni
se ha agravado su oído para oír”— sino más bien por causa del pecado del hombre—
“Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros
pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros.” El pecado es lo único que separa al
hombre de Dios.
La profundidad del pecado se describe en términos muy vívidos en los versículos 3-
8. Los últimos dos versículos se citan en Romanos 3:15-17 en una figura del hombre
natural, apartado de Dios.
2. Confesión (vrs. 9-15). Consciente de sus pecados, Israel los confiesa a
Dios. La confesión es siempre el camino que conduce del pecado a la salvación.
3. Salvación (vrs. 16-21). Aunque no había hombre que intercediera, Dios
mismo obró la salvación. La confesión del pueblo preparó el camino para que El lo
hiciera. Esta promesa se da para los que confían en El: “Porque vendrá el enemigo como
río, mas el espíritu de J ehová levantará bandera contra él” (v. 19).
C. LAS BENDICIONES DE LA REDENCION (capítulos 60—61)
1. Un Evangelio de Alcance Mundial (cap. 60). En este capítulo el énfasis
característico de Isaías en la universalidad de la redención se presenta más claramente. En
el versículo tercero dice: “Y andarán las gentes (gentiles) a tu luz, y los reyes al
resplandor de tu nacimiento.” Otra vez clama: “La fortaleza de las gentes (gentiles) haya
venido a ti” (v. 5). El mismo pensamiento se repite en el versículo 11. En otras palabras,
la salvación de Israel resultaría en la bendición espiritual para todo el mundo.
Naturalmente, esta profecía ha tenido su cumplimiento solamente en Cristo y en la
salvación que El ha provisto para todo el mundo. Las bendiciones derramadas sobre los
judíos en tal abundancia y medida en el día del Pentecostés, pronto alcanzaron a todo el
Imperio Romano. Dios prometió que la luz de su presencia nunca se apagaría (vrs. 19-
22).
2. Las Bendiciones de la Salvación (cap. 61). El versículo primero y el
principio del segundo fueron citados por Cristo en la sinagoga en Nazaret declarando que
se cumplían en El (Lucas 4:16-21). Son otra descripción del Siervo del Señor. Cristo se
detuvo en el “año de la buena voluntad de J ehová” porque eso describía la salvación que
El proveía en su primera venida. El “día de venganza de nuestro Dios” se refiere a la
Segunda Venida.
El plan y propósito de Dios era que todos los hijos de Israel fueran “sacerdotes de
J ehová” y “ministros del Dios nuestro” (v. 6), y trajeran las bendiciones del cielo a todos
los habitantes de la tierra. Pero ellos fallaron en su misión, excepto en proveer el Antiguo
Testamento y el Mesías. Fue Cristo, el Siervo individual del Señor, quien vino a ser el
medio de salvación para todo el mundo.
D. LA SALVACION DE ISRAEL (62:1—63:6)
1. Jerusalén Restaurada (62:1-9). Dios promete que no descansará sino
hasta que J erusalén brille como una luz resplandeciente vista por todos los gentiles. Ella
será “corona de gloria en la mano del Señor” (v. 3). J erusalén había sido como una viuda
“desamparada,” su tierra en “asolamiento.” Pero sería llamada Hephzibah—”mi deleite
está en ella”— y su tierra, Beulah— “casada” (v. 4). Se exhorta al pueblo a orar para que
J erusalén sea hecha una “alabanza en la tierra” (v. 7).
2. La Gente Santa (62:10-12). Cuando un camino se haya construido
(véase 40:3) Dios vendrá rápidamente en salvación. Entonces su pueblo será llamado
“Pueblo Santo, Redimidos de J ehová,” y J erusalén será llamada “Ciudad Buscada, y no
desamparada” (v. 12).
3. El Día de Venganza (63:1-6). Los tres primeros versículos de este
capítulo a menudo se usan como la base para sermones evangelísticos sobre la muerte de
Cristo, cuyos vestidos están manchados con su propia sangre, derramada por la salvación
de los pecadores. Pero aun la lectura superficial del pasaje, nos muestra que esta
referencia es acerca de la destrucción de los enemigos de Dios. Es la sangre de ellos, no
la de Cristo, la que se derrama. Este pasaje se aplica a la Segunda Venida de Cristo para
juzgar, no a la primera en sacrificio.
E. LA ORACION DE ISRAEL (63:7—64:12)
1. Un Llamamiento al Pasado (63: 7-19). Los “siervos” de oración (v. 17)
del Señor llaman la atención a su trato maravilloso con el pueblo de Israel bajo la di-
rección de Moisés (vrs. 11-14). Así como El había redimido a su pueblo de la esclavitud
egipcia, también los debía restaurar de la cautividad babilónica. El punto de vista aquí es
definitivamente el del exilio. Las tribus necesitan ser retornadas (v. 17), pues “nuestros
enemigos han hollado el santuario” (v. 18).
Los versículos diez y once son de especial interés puesto que son el único lugar en
el Antiguo Testamento donde la expresión “Espíritu Santo” se usa como el Espíritu de
Dios, excepto Salmos 51:11.
2. Una Petición Para el Presente (cap. 64). A menudo las palabras del
primer versículo se han repetido por aquellos que han sentido carga por un avivamiento:
“¡Oh si rompieses los cielos, y descendieras, y a tu presencia se escurriesen los
montes...!” Y el versículo cuatro ha engendrado muchas veces fe para bendiciones
superiores a cualquier cosa esperada.
La figura del alfarero y el barro (v. 8) siempre ha tenido su atractivo. J eremías
desarrolla más vívidamente la figura, que sólo se menciona aquí.
El punto de vista de la cautividad babilónica parece indicarse muy claramente en
los versículos 10 y 11: “Sión es un desierto, J erusalén una soledad. La casa de nuestro
santuario y de nuestra gloria (el templo de Salomón), en la cual te alabaron nuestros
padres, fue consumida al fuego.” La invasión asiria de los días de Isaías (siglo octavo
A.C.) había causado mucha desolación a J udá. Pero el templo quemado—eso parece
requerir la destrucción de J erusalén por los babilonios en el año 586 A.C.
Para muchos eruditos del Antiguo Testamento, eso fija la fecha para el “Segundo
Isaías” (capítulos 40—66). Pero aquellos que aceptan la inspiración sobrenatural no
tienen dificultad en creer que el profeta pudo proyectarse a sí mismo en espíritu, a través
de dos siglos hasta los tiempos de la cautividad. El asunto básico en esta cuestión es el
creer o no creer en la inspiración divina. Sin embargo, debemos insistir en que
suponiendo que pusiéramos los escritos del “Deutero-Isaías” en el siglo sexto, todavía
quedan rasgos de visiones claras que penetran el futuro desconocido, y que no pueden ex-
plicarse sobre una base meramente humana.
F. LA RESPUESTA DE DIOS (capítulos 65—66)
1. Un Pueblo Rebelde (65:1-16). “Extendí mis manos todo el día a pueblo
rebelde” (v. 2). En vez de oír a J ehová, se están hundiendo más profundamente en la
idolatría (vrs. 3-4). Y todavía dicen “soy más santo que tú” (v. 5).
Pero hay un remanente fiel (vrs. 8-10). Son llamados “mis escogidos,” y “mis
siervos” (v. 9). Dios dará su tierra “a mi pueblo que me buscó” (v. 10).
Los rebeldes, sin embargo, serán muertos. No sólo no buscaron a Dios, sino que
rehusaron responder cuando El les buscó (v. 12). Sus “siervos” serán protegidos, pero
ellos sufrirán castigo (vrs. 13-15).
2. Nuevos Cielos y Nueva Tierra (65: 17-25). La edad mesiánica se
describe como un tiempo de regocijo y de longevidad de vida (vrs. 18-20), de prosperidad
y paz (vrs. 21.25). Los humildes y los obedientes pueden reclamar la promesa: “Antes
que clamen responderé yo; aun estando ellos hablando, yo habré oído (v. 24). El versículo
25 es un breve eco de la descripción más completa que hallamos en 11:6-9, cuando aun
las bestias feroces no dañarán a ninguna otra criatura. Este lenguaje debe considerarse
como un símbolo de la experiencia espiritual del cristiano santificado en nuestros días.
Hasta qué grado será literal el cumplimiento de esta profecía durante el reino milenial
sobre la tierra, tendremos que esperar para saberlo. Mientras tanto, lo principal es saber
que el reino de Cristo se ha establecido completamente en nuestros corazones. Sólo
mediante una completa consagración a su voluntad podremos nosotros gozar estas
bendiciones ahora.
3. Mensaje Final de Consuelo (cap. 66). La clave de este capítulo final la
encontramos en el versículo 13: “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré
yo a vosotros.” El amor divino se expresa así en términos muy tiernos. Pero este consuelo
se promete a aquel “que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (v.
2).
La pregunta “¿nacerá una nación de una vez?” (v. 8) recibió una respuesta pasmosa
el 15 de mayo de 1948, cuando la nueva nación de Israel súbitamente y sin que nadie lo
esperara volvió a surgir, después de casi exactamente dos mil años de una existencia no
independiente (desde el año 63 A.C.). De seguro que todo está listo, como nunca antes en
esta era, para la Segunda Venida de Cristo.
Pero la bendición futura para el pueblo de Dios en “los cielos nuevos y la nueva
tierra” (v. 22), con “toda carne” adorándole a El (v. 23), debe ser inevitablemente
acompañada por el castigo de los malos. Las terribles palabras del último versículo de
Isaías—“su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará”—fueron repetidas por Cristo en
su advertencia del fuego de la Gehenna (Marcos 9:48).


CAPITULO TRES
EL PROFETA LLORON
J eremías 1—25
Nombre: Significa “a quien J ehová ha designado.”
Ciudad Natal: Anathoth, cerca de tres millas al noreste de J erusalén.
Fecha de su Ministerio: 626-586 A.C.
Lugar de su Ministerio: El Reino del Sur o J udá.
División del Libro:
I. Profecías Concernientes a J udá (capítulos 1—25)
II. Vida Personal del Profeta (capítulos 26—45)
III. Profecías Concernientes a las Naciones Extranjeras (capítulos 46—
51)
IV. Apéndice Histórico (capítulo 52)
Versículos para memorizar: 6:16; 10:23; 17:7, 9; 29:13; 33:3
INTRODUCCION
El profeta J eremías es uno de los personajes más peculiares del Antiguo
Testamento. Sabemos más acerca de su personalidad que la de cualquier otro profeta. Tan
pronunciada es que se le conoce universalmente como “el profeta llorón.”
Hay varios pasajes en el libro que sostienen esta descripción. Entre ellos sobresale
9: 1—“¡Oh si mi cabeza se tornase aguas, y mis ojos fuentes de aguas, para que llore día
y noche los muertos de la hija de mi pueblo!” La costumbre tradicional de adjudicar a J e-
remías el libro de Las Lamentaciones ha servido para confirmar esta característica.
Fue el triste destino de este profeta contemplar la caída de su pueblo. Tuvo
que ver a su pueblo eclipsarse sin poder hacer nada para evitarlo. El tuvo la triste e
indeseable tarea de anunciar la caída de la nación y la destrucción de su capital. En
tres oportunidades se le ordenó: “No ores por este pueblo” (7: 16; 11: 14; 14: 11).
¿Qué misión más triste podría tener un profeta?
El ministerio profético de J eremías coincidió con los postreros días del reino
de J udá. Durante el reinado de sus últimos cinco reyes, el profeta suplicó en vano
el arrepentimiento que solamente podía salvar a la nación y evitar su caída. Ante
sus ojos llorosos J erusalén fue destruida y J udá fue llevada al cautiverio.
Aunque J eremías fue un profeta inspirado del Espíritu, fue también
intensamente humano. Las frecuentes notas autobiográficas en su libro, revelan
una personalidad muy sensitiva a las actitudes de aquellos que le rodeaban. Esta
no fue señal de un carácter débil, porque lo mismo notamos en las epístolas de
Pablo. Por el contrario, indican que él estaba despierto y alerta.
J eremías fue el profeta más perseguido. Vez tras vez leemos que era
castigado o puesto en prisión. Sacerdotes y profetas, los príncipes y el pueblo—
todos se volvieron en su contra. Quizá en ocasiones le haya parecido a él que se
trataba de J eremías contra todo el mundo. Sólo Dios estuvo con él.
I. EL LLAMADO DEL PROFETA (capítulo 1)
A. EL ENCABEZADO (versículos 1-3)
En cada uno de los doce Profetas Menores el primer versículo compone el
encabezado. (El versículo primero de Abdías debiera ser dividido). Esto es verdad
también en relación con Isaías. Pero en el caso de J eremías y Ezequiel, el encabezado
comprende los tres primeros versículos.
J eremías es identificado como un profeta que vivía en Anathoth. Esta villa
sacerdotal (J osué 21: 18) era un suburbio del norte de J erusalén. Esta última,
J erusalén, originalmente estaba en “la tierra de Benjamín,” con las fronteras de su
tribu alcanzando hasta el Valle de Hinnom, al sur de J erusalén. Pero David la
había escogido como su capital (II Samuel 5:6-9), y desde entonces se contó con
J udá.
Tres reyes se mencionan aquí: J osías, J oacím y Sedequías. El primero reinó
desde por el 638 hasta el 608 A.C. “El año décimotercio de su reino” sería
entonces el 626 A.C. J oacím y Sedequías, reinaron durante once años cada uno.
Entre J osías y J oacím, y entre J oacím y Sedequías, un rey reinó durante tres meses.
Estos dos no se mencionan aquí. El reinado de Sedequías terminó con “la
cautividad de J erusalén” (v. 3) en el año 586 A.C. Como en el caso de Isaías, el
ministerio activo de J eremías duró cuarenta años.
B. EL LLAMAMIENTO (versículos 4-10)
A J eremías se le notificó que había sido santificado (apartado) antes de su
nacimiento y ordenado “por profeta a las gentes” (v. 5). Su ministerio alcanzaría
más allá de J udá.
La reacción del joven profeta fue inmediata y enérgica: “¡Ah! ¡ah! ¡Señor
J ehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño” (v. 6). Este versículo no apoya la
idea de “niños predicadores” de seis u ocho años de edad. J eremías tenía
probablemente veinte años de edad. Los levitas no debían ministrar sino hasta que
tuvieran treinta años de edad (Números 4:3), y J eremías sabía que no había
alcanzado la edad normal para su ministerio público. Todavía era un “niño.”
El ministerio de J eremías era “para arrancar y para destruir, y para arruinar y para
derribar, y para edificar y para plantar” (v. 10). El terreno debe ser limpiado antes de que
una nueva estructura se levante. Todavía es así en la predicación evangelística.
C. DOS VISIONES (versículos 11-16)
1. Una Vara de Almendro (vrs. 11-12). Esta simbolizaba el hecho de
que Dios iba a castigar a su pueblo pronto. “El árbol de almendro es el primero
que despierta en la primavera; así J ehová es como uno que despierta, levantándose
para juzgar.”
2. Una Olla Hirviendo (vrs. 13-16). Esta visión significaba que el juicio
vendría desde el norte. Puesto que los invasores provenientes desde el área mesopotámica
venían por el Creciente Fértil, prácticamente arribaban a Palestina por el norte. Así que
esto podía aplicarse a Babilonia.
D. LA NECESIDAD DE TENER VALOR (versículo 17)
A J eremías se le advirtió que su predicación se enfrentaría con ruda
oposición. Pero Dios sería con él. El profeta debería tener valor para enfrentarse a
la gente.
II. LA TRAICION DE J UDA (capítulos 2—6)
A. PECADOS GEMELOS (2:1—3:5)
1. Dejando a Dios (2:1-13). El versículo 13 une las dos partes del capítulo
dos: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: dejáronme a mí, fuente de agua viva, por
cavar para sí cisternas, cisternas rotas que no detienen agua.” Ellos habían dejado a Dios
para buscar alianzas extranjeras que no les podían ayudar.
En la primera parte del capítulo, se les acusa de idolatría. Han cambiado al
verdadero Dios, quien milagrosamente les libertó de la esclavitud egipcia (v. 6),
por los dioses falsos de los paganos (v. 11). Fue un mal negocio.
2. Buscando Alianzas Extranjeras (2: 14—3:5). En vez de confiar en Dios,
el pueblo de J udá se volvía al sur, a Egipto, o al norte, a Asiria (2: 18). “El río” en el
Antiguo Testamento generalmente se refiere al Eufrates, en la vecindad del cual Asiria
estaba ubicada. J udá rechazaba “la fuente de agua viva,” para beber de estos ríos.
El hombre no puede lavar sus propios pecados, no importa qué tan
fuertemente trate de hacerlo (2:22). La idolatría era el pecado dominante de Israel.
Salomón había introducido la adoración de Baal (2:8), el principal Dios de los
fenicios. El plural masculino “Baales” (2:23) se usa a menudo para referirse a los
dioses masculinos en general, mientras que Astarot (plural femenino) se refiere a
las diosas. Tan prevaleciente había llegado a ser la idolatría, que el profeta podía
decir: “según el número de tus ciudades, oh J udá, fueron tus dioses” (2:28).
Asiria no les había ayudado (véase Isaías). Ahora se estaban volviendo a
Egipto. J eremías pregunta en medio de la desesperación: “¿Para qué discurres tan-
to, mudando tus caminos? También serás avergonzada de Egipto, como fuiste
avergonzada de Asiria” (2:36). La volubilidad de J udá era patética.
La idolatría se compara con la fornicación (3:1-5; véase 2:20). Oseas
también había acusado a Israel de adulterio espiritual.
B. LA REBELDE J UDA (3:6—4:2)
1. Judá Peor que Israel (3:6-11). Esta sección registra el segundo
mensaje profético, dado “en días del rey J osías” (v. 6). Evidentemente, la reforma
nacional instituida por J osías después del descubrimiento de la ley en el templo (II
Reyes 22—23), había sido superficial. J udá es acusada de no haberse vuelto al
Señor “de todo su corazón, sino mentirosamente” (v. 10). Aunque tenía delante de
ella la advertencia del fracaso que había venido al Reino del Norte, o Israel, cien
años antes (en el año 722 A.C.), continuaba en su idolatría (fornicación, v. 8). En
relación a Israel, es llamada dos veces “la rebelde... J udá” (vrs. 7-8). El Señor
declara por medio de su profeta: “J ustificado ha su alma la rebelde Israel en
comparación de la desleal J udá” (v. 11).
2. Un Llamado al Rebelde Israel (3: 12—4: 2). Al profeta se le ordena ir y
clamar “estas palabras hacia el aquilón” (Israel). La invitación es dada al remanente
allí—los que no han ido a la cautividad—para que vuelvan al Señor (3: 12). Si
reconocieran su pecado, El sería misericordioso con ellos (3: 13). La lección de esta sen-
tencia es que la confesión trae perdón.
C. EL DIA DEL SEÑOR (4:3-31)
1. Un Llamado al Arrepentimiento (vrs. 3-4). Una vez más el profeta se
vuelve a J erusalén y J udá. Su clamor es: “Haced barbecho.” El suelo duro e incultivable
de sus corazones necesitaba ser arado con oración y rastrillado con arrepentimiento.
2. El Látigo del Norte (vrs. 5-18). La olla hirviendo (1: 13) está a punto de
derramar su furia desde el norte en “quebrantamiento grande” (v. 6). Sería una invasión
espantosa: “He aquí que subirá como nube, y su carro como torbellino; más ligeros con
sus caballos que las águilas” (v. 13). La única esperanza de escapar es apartándose del
pecado (v. 14). El castigo sobre J udá es justo: “Tu camino y tus obras te hicieron esto” (v.
18).
3. Destrucción Total (vrs. 19-31). Este pasaje contiene una de las
descripciones más vívidas de gran destrucción que se encuentren en la Biblia. La
expresión “asolada y vacía” se encuentra sólo aquí (v. 23) y en Génesis 1:2, donde se
describe el primer caos. El efecto de este cuadro terrible en J eremías fue una profunda
agonía de corazón (v. 19). El verdadero profeta siempre paga el precio del sufrimiento
debido a los pecados del pueblo.
D. SE NECESITA UN HOMBRE (capítulo 5)
Este ha sido llamado a veces “El Capítulo de Diógenes.” Así como este filósofo
griego caminaba por las calles de Atenas durante el día con una linterna encendida,
buscando un hombre honesto, al profeta se le ordenó buscar por las calles de J erusalén un
hombre íntegro. Si él encontraba uno, Dios perdonaría a la ciudad.
Pero Israel y J udá “resueltamente se rebelaron” en contra del Señor (v. 11).
Rechazaron sus advertencias, declarando que el mal no les alcanzaría (v. 12). Como
respuesta, Dios repitió la amenaza de la invasión (v. 15). Esta vendría a causa de la
idolatría de ellos (v. 19). Luego viene este lamentoso clamor: “Vuestras iniquidades han
estorbado estas cosas; y vuestros pecados apartaron de nosotros el bien” (v. 25). Cada
pecador se engaña a sí mismo.
E. LA PROFUNDIDAD DEL PECADO DE J UDA (capítulo 6)
A los hijos de Benjamín que vivían en J erusalén se les ordenó huir hacia el sur, a
Tecoa, una villa de pastores, a doce millas al sureste de la capital, donde el profeta Amós
había vivido. Un fuego se encendería como señal sobre la sierra de Beth-haccherem, para
guiarles; “porque del aquilón se ha visto mal, y quebrantamiento grande” (v. 1).
La abundancia del pecado de J udá se describe así: “Como la fuente nunca cesa de
manar sus aguas, así nunca cesa de manar su malicia” (v. 7). Toda la gente, aun los
sacerdotes y los profetas, son malos (v. 13). Los profetas, como falsos doctores, “curan el
quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo, Paz, paz; y no hay paz”
(v. 14). Mientras J eremías clamaba “¡Guerra!” (vrs. 4-6), los profetas falsos calmaban al
pueblo diciendo, “Paz.”
“Ni aun saben tener vergüenza” (v. 15; véase 8: 12) expresa la actitud temeraria de
la gente, tan a menudo reflejada hoy día. J eremías les rogó que preguntaran “por las
sendas antiguas” (v. 16), pero ellos rehusaron. Por tanto serían llamados “plata
desechada,” porque Dios les había rechazado (v. 30).
III. CONFIANZA FALSA EN EL TEMPLO (capítulos 7—10)
A. EL SERMON DEL TEMPLO (7:1—8:3)
El primer versículo de esta sección indica que un mensaje nuevo e importante está a
punto de presentarse. Al profeta se le ordena dar este sermón “a la puerta de la casa de
J ehová.”
Se informa al pueblo que lo único que le salvará de la destrucción es un
arrepentimiento genuino: “Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en
este lugar” (v. 3). No es demasiado tarde para evitar la cautividad.
La gente de J erusalén tenía un sentido falso de seguridad por el hecho de que el
templo estaba allí (v. 4). Puesto que éste era inviolable, la ciudad estaba a salvo. Pero
J eremías les advierte que el primer altar sagrado en Silo estaba ahora en ruinas (v. 12). La
misma destrucción llegaría al templo (v. 14). La gente de J udá iría al cautiverio como
Israel había ido (v. 15). Dios ordena a J eremías no orar por ellos porque El no le oiría (v.
16).
Los versículos 22 y 23 son un comentario excelente de las palabras de Samuel “El
obedecer es mejor que los sacrificios (I Samuel 15: 22). J eremías predicaba una religión
espiritual en vez de una formal.
La gente en los días de J eremías, era, en un sentido muy peculiar, “la nación de su
ira” (v. 29). Eran ellos quienes serían echados de su tierra. Pero su castigo iba de acuerdo
con su maldad. Habían levantado ídolos en la casa misma de Dios (v. 30). Habían descen-
dido a la profundidad de la idolatría, ofreciendo sus propios niños en el fuego de Moloch.
El Valle de Hinnom al sur de J erusalén, donde esto sucedía, vendría a ser un “Valle de
Matanza” (vrs. 31-33). “Su santuario se convertiría en su cementerio.”
B. DESOBEDIENCIA E IDOLATRIA (8:4—10:25)
1. Rebeldía Perpetua (8:4-9). La gente de J erusalén estaba deslizándose
constantemente hacia atrás, hacia el borde del abismo. A pesar de todo lo que el profeta
pudiera hacer, ellos no querían “volverse” (v. 5).
2. Doctores Falsos (8:10-22). Una vez más el Señor dice: “curaron el
quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz: y no hay paz”
(v. 11). Y luego pregunta: “¿No hay bálsamo en Galaad? ¿no hay allí médico? ¿Por qué
pues no hubo medicina para la hija de mi pueblo?” (v. 22).
3. El Profeta Llorón (9: 1-8). El profeta se siente embargado por el
sufrimiento al ver que el pueblo se está acarreando a sí mismo tal sufrimiento por causa
de su pecado. El pecado principal de ellos es el engaño (vrs. 3-8).
4. Un Dios Ofendido (9:9-26). J erusalén y J udá serían puestas en
asolamiento (v. 11). Sus habitantes serían esparcidos entre las naciones (v. 16). La verda-
dera sabiduría consiste en conocer a Dios (v. 24).
5. La Insensatez de la Idolatría (cap. 10). Casi en cada capítulo el pueblo de
J udá es acusado de adoración idólatra de los dioses paganos. Pero este es uno de los
pasajes más largos sobre la impotencia de los ídolos en contraste con la omnipotencia de
J ehová (vrs. 2-16).
La sección termina con otra predicción de la invasión del norte, la cual vendrá
“para tornar en soledad todas las ciudades de J udá, en morada de culebras” (v. 22). Las
nubes de la guerra se mueven muy bajas durante todo el ministerio de J eremías.
IV. EL PACTO DE DIOS (capítulos 11—12)
Es probable que la mención que se hace aquí del pacto de Dios con Israel, se refiera
al hallazgo del libro de la ley en el templo, que resultó en la reforma religiosa de J osías en
el año 621 A.C. Así que esta profecía debe haberse pronunciado cerca del principio del
ministerio de J eremías.
A. UN PACTO QUEBRANTADO (11: 1-10)
En el Monte Sinaí, Dios hizo con su pueblo el pacto de darles la Tierra Prometida
(v. 5). Pero ellos habían quebrantado el pacto (v. 10) y por tanto habían perdido el
derecho a vivir en Canaán.
B. DEMASIADO TARDE PARA ORAR (11: 11-17)
Por segunda vez Dios ordena a J eremías no orar por el pueblo. Ellos habían
rehusado oírle, así que El rehusaría oír sus oraciones en los momentos de dificultad
(11:14).
C. LA CONSPIRACION EN CONTRA DE J EREMIAS (11: 18-23)
Los hombres de Anathoth, su pueblo natal, tramaron un complot secreto en contra
de J eremías. El profeta era como un cordero conducido al matadero hasta que Dios le
reveló los planes de los conspiradores. No pasaría mucho tiempo sin que ellos fueran
sorprendidos por la invasión de J erusalén y fueran destruidos.
D. LA PROSPERIDAD DE LOS IMPIOS (12: 1-6)
El problema que afrontaba J eremías es un problema antiguo: “¿Por qué es
prosperado el camino de los impíos?” El profeta ruega que se le dé permiso para discutir
el asunto con Dios (v. 1).
La respuesta de Dios se da en el lenguaje simbólico del versículo 5: “Si corriste con
los de a pie, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz
estabas quieto, ¿cómo harás en la hinchazón del J ordán?” El problema de J eremías era
cómo competir con otros corredores. ¿Cómo podría competir en contra de los caballos?
esto es, ¿cómo podría afrontar verdaderas dificultades? Si en el campo raso y tranquilo se
fatigaba, ¿qué haría él en la jungla enmarañada y sin caminos del J ordán—las dificultades
más serias que le esperaban en el futuro? La conspiración de los hombres de Anathoth era
nada en comparación con las que habrían de venir.
E. EL LAMENTO DIVINO (12:7-17)
Al par que J ehová contemplaba la triste caída de su pueblo, se expresa a sí mismo
por medio de su profeta en estas dolientes palabras. Se había visto obligado a apartarse de
su casa y de su heredad.
V. CINCO ADVERTENCIAS (capítulo 13)
A. EL CINTO PODRIDO (vrs. 1-11)
Una de las características sobresalientes del ministerio de J eremías fue la de las
parábolas expresadas mediante ciertas acciones. Dios ordenó al profeta comprarse un
cinto de lino, usarlo, y luego esconderlo en el agujero de una roca en el “Eufrates.”
(Difícilmente podría referirse al río Eufrates, el cual está a doscientas cincuenta millas de
ese lugar; probablemente la referencia fuera a un pueblo pequeño a tres millas de
distancia con el mismo nombre hebreo). Cuando J eremías volvió a buscar el cinto, éste se
había podrido y no servía para nada. El cinto era un símbolo de Israel y J udá, a quienes
J ehová había tomado para sí, pero ahora “para ninguna cosa” eran “buenos” (v. 10).
B. LOS ODRES HENCHIDOS DE VINO (versículos 12-14)
Dios dijo que todos los odres serían henchidos de vino. La gente, interpretando esto
como prosperidad, estuvo de acuerdo. Pero el significado divino era que la gente estaría
tan borracha que no podría defenderse a sí misma. Serían lanzados unos contra otros
como vasijas de barro hechas pedazos.
C. EL ORGULLO DEL PUEBLO (versículos 15-17)
El orgullo siempre precede a la destrucción (véase Proverbios 16: 18). Esta fue una
de las causas principales de la caída de J udá.
D. EL ORGULLO REAL (versículos 18-20)
Al rey y la reina—quizá J oacím y su madre (597 A.C.) —se les ordenó que se
humillaran. Su reino sería destruido por la invasión que alcanzaría hasta las ciudades del
Neguev.
E. EL PECADO INCAMBIABLE (versículos 21-27)
J udá no podía dejar su pecado más de lo que los etíopes podían cambiar su piel
obscura o el leopardo sus manchas (v. 23). Sólo Dios podía limpiar a J erusalén, y ella
rehusó ser limpiada.
VI. LOS SIMBOLOS DE LA CAIDA (capítulos 14—21)
A. LA SEQUIA (capítulos 14—15)
La sequía es una de las calamidades más grandes en el Oriente, donde puede ser la
causa de inanición entre las masas. En los Estados Unidos las sequías han causado
pobreza, pero el sufrimiento ha sido limitado. Sin embargo, la descripción en 14: 1-6 de
que “no había hierba” para el alimento de los animales, puede ser familiar para algunos.
A pesar de la advertencia por medio de la sequía— la cual era sólo un símbolo de la
destrucción que se aproximaba—los falsos profetas decían a la gente que no habría
espada ni hambre (14: 13). Una vez más captamos un vislumbre del profeta llorón:
“Córranse mis ojos en lágrimas noche y día” (14: 17).
La seriedad del pecado de J udá se indica muy claramente por la afirmación del
Señor: “Si Moisés y Samuel se pusieran delante de mí, mi voluntad no será con este
pueblo: échalos de delante de mí, y salgan” (15: 1). Estos dos—los intercesores más
notables del Antiguo Testamento—no hubieran podido evitar con sus intercesiones que el
castigo de Dios descendiera sobre J udá y J erusalén.
Una de las causas principales de la cautividad babilónica fue el reinado malvado
del hijo de Ezequías, Manasés (15:4), quien condujo a la nación a una idolatría espantosa
(II Reyes 21: 1-18). Puesto que el pueblo se apartó de Dios, Dios se apartó de ellos.
J eremías lamentaba el hecho de que él había nacido un “¡... hombre de contienda y
hombre de discordia a toda la tierra!” A pesar de que no se había visto envuelto en
préstamos de dinero—una de las causas prevalentes de disensión—todos le maldecían
(15: 10). Pero él encontró consuelo en la Palabra de Dios: “Halláronse tus palabras, y yo
las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (15: 16).
Una vez más, como en su llamado inicial (1: 17-19), a J eremías se le advierte que
tendrá que afrontar fiera oposición (15:20). Pero también una vez más se le promete
protección y liberación.
B. EL CELIBATO DEL PROFETA (capítulo 16)
Dios ordenó a J eremías que no tomara una esposa (v. 2). Su celibato sería una señal
de los horrores que vendrían a las esposas y los niños en la destrucción que se
aproximaba.
También le fue prohibido entrar a la casa de luto (v. 5) y a la casa de convite (v. 8).
Lo primero era un símbolo de que los que perecieran no serían llorados. Lo segundo, por
supuesto, significaba que el gozo y la alegría pronto cesarían en la cautividad.
Cuando la gente preguntara porqué serían castigados tan severamente (v. 10), el
profeta debería decirles que era porque habían dejado a J ehová para adorar otros dioses
(v. 11). La idolatría fue la causa principal de la cautividad babilónica. Allí ellos se
hartarían de idolatría (v. 13), hasta que fueran curados para siempre. Ese fue el resultado
sobresaliente del exilio.
C. LO INDELEBLE DEL PECADO DE J UDA (17: 1-18)
“El pecado de J udá escrito está con cincel de hierro, y con punta de diamante” (v.
1) —Dios describe así lo indeleble del pecado de su pueblo. Por causa de esto la caída de
J udá era inevitable.
“Maldito el varón que confía en el hombre” (v. 5), era otra advertencia en contra de
alianzas con extranjeros. “Bendito el varón que se fía en J ehová” (v. 7), era un llamado
para depender sólo en El. El lenguaje del versículo 8 es muy semejante al de Salmos 1:3.
J eremías tenía sobrada razón para llorar: “Engañoso es el corazón más que todas las
cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (v. 9). La única respuesta es: “Yo J ehová, que
escudriño el corazón” (v. 10). Una persona no puede conocer ni aun su propio corazón
sino hasta que el Espíritu de Dios se lo revele.
D. LA VIOLACION DEL DIA DE REPOSO (17:19-27)
A J eremías se le ordena actuar como centinela en todas las puertas de J erusalén
para advertir a la gente que no lleve cargas en día sábado. Si ellos escucharan su mensaje,
la prosperidad y la paz de la ciudad estarían garantizadas. Si ellos rehusaban obedecer, la
ciudad sería destruida por fuego. Esto último tuvo lugar en el año 586 A.C.
E. EL VASO DE BARRO RAJ ADO (capítulo 18)
Obedeciendo al mandato de Dios, J eremías descendió a la casa del alfarero.
Mientras él observaba, un vaso de barro se quebró en las manos del alfarero, pero éste lo
volvió a hacer de nuevo. Por medio de esta ilustración J eremías recibió un mensaje para
sus oyentes: aunque ellos habían sido quebrantados por causa de su desobediencia, por
medio del arrepentimiento podían volver a ser modelados de acuerdo a los planes de
Dios. Lo mismo, por supuesto, se aplica al individuo.
Una vez más el profeta se enfrenta a la oposición. La gente decía: “Venid, y
tracemos maquinaciones contra J eremías;... Venid e hirámoslo de lengua, y no miremos a
todas sus palabras” (v. 18).
F. EL VASO DE BARRO QUEBRADO (capítulo 19)
Dios ordenó al profeta que tomara un vaso de barro, llevara algunos de los ancianos
y de los sacerdotes al Valle de Hinnom, y allí quebrara el vaso delante de sus ojos (v. 10).
Luego tenía que decirles que así Dios quebrantaría a J udá y a J erusalén (v. 11). Una vez
más él predice que el Valle de Hinnom se convertiría en el Valle de la Matanza (v. 6).
G. PASHUR, EL SACERDOTE (capítulo 20)
No era nada nuevo para el profeta ponerse en conflicto con los sacerdotes. Pero
Pashur, el gobernador principal de la casa del Señor, era perverso en extremo. Castigó a
J eremías y lo puso en el cepo que estaba cerca del templo (v. 2), donde todo el pueblo
pudiera ver su desgracia.
Cuando Pashur puso al profeta en libertad el día siguiente, J eremías tenía unas
palabras muy significativas que decirle. Hizo la predicción más definida que hubiera
hecho hasta entonces: “A todo J udá entregaré en manos del rey de Babilonia, y los
trasportará a Babilonia” (v. 4). Dio por entendido que Pashur y su familia serían llevados
a Babilonia y morirían allá.
Luego viene uno de los frecuentes pasajes autobiográficos del libro (vrs. 7-18).
J eremías se queja de ser escarnecido cada día, diciendo que todo el mundo se burla de él
(v. 7). Decidió no hablar más en el nombre del Señor, “empero fue en mi corazón como
un fuego ardiente metido en mis huesos, trabajé por sufrirlo y no pude” (v. 9).
Mientras tanto sus amigos estaban observándolo, esperando la oportunidad para
atraparle y vengarse por causa de su predicación (v. 10). Pero él tenía la seguridad de que
Dios estaba con él “como poderoso gigante” (v. 11). Alabó al Señor (v. 13), pero en su
próxima frase maldijo el día de su nacimiento (v. 14). En esto nos recuerda a J ob (3:1-
10).
H. EL SITIO BABILONICO (capítulo 21)
Esta profecía nos conduce hacia el fin del ministerio de J eremías. El sitio de
J erusalén había comenzado ya (v. 4).
Sedequías, el último rey de J udá, envió mensajeros para pedir a J eremías que orara
para que Nabucodonosor se retirara de J erusalén. Pero el profeta le contestó que Dios
estaría peleando del lado de los babilonios (vrs. 4.6). Luego predice que tanto el rey como
el pueblo serían llevados cautivos por Nabucodonosor (v. 7).
J eremías presenta entonces el asunto claramente: “He aquí pongo delante de
vosotros camino de vida y camino de muerte” (v. 8). Los que quedaran en la ciudad
perecerían por medio de la espada, el hambre o las pestilencias. Los que se
entregaran a los babilonios vivirían (v. 9), porque el rey de Babilonia tomaría la ciu-
dad y la quemaría (v. 10). Por supuesto, esto parecía una traición.
VII. LOS ULTIMOS REYES Y PROFETAS DE J UDA (capítulos 22—25)
A. LOS REYES (capítulo 22)
1. Introducción (vrs. 1-9). Dios ordenó a J eremías que fuera a la casa del rey
de J udá para dar un mensaje. Es una exhortación general a reinar justamente, con la
seguridad de que el resultado será la continuación de la dinastía de David en el poder. El
rehusar obedecer significaría la destrucción de J erusalén (vrs. 8-9).
2. Joachaz (vrs. 10-12). La orden era: “No lloréis al muerto” o sea a J osías,
quien había sido muerto por Faraón Necao en Megido en el año 608 A.C. Más bien
debían llorar por J oachaz—llamado aquí Sallum—quien después de un reinado de sólo
tres meses fue llevado a Egipto y murió allá en el exilio.
3. Joacím (vrs. 13-23). Este rey reinó por espacio de once años. Fue malo,
ambicioso (v. 13), y orgulloso (v. 14). Su padre, J osías, había sido bueno (vrs. 15-16). Así
que Dios no proclama luto para él (v. 18), sino sepultura de asno—sin funeral (v. 19).
4. Joachin (vrs. 24-30). Este rey—llamado aquí Conías—sucedió a J oacím
pero reinó sólo tres meses. Luego fue llevado cautivo a Babilonia por Nabucodonosor
(597 A.C.). Treinta y siete años más tarde fue puesto en libertad.
B. LOS PROFETAS (capítulo 23)
1. Pastores del Rebaño (vrs. 1-8). Hay cierta duda aquí acerca del término
“pastores,” si se refiere a reyes o a profetas. El título puede aplicarse a ambos. Quizá la
razón principal para interpretarse como refiriéndose a reyes sea la promesa de que Dios
levantará de la línea de David “renuevo justo,” el cual será llamado “J ehová, J usticia
Nuestra.” El pasaje es claramente Mesiánico.
2. Profetas Falsos (vrs. 9-40). J eremías expresa en un lenguaje bastante
fuerte su profunda inquietud por los profetas falsos. Su corazón está quebrantado, sus
huesos tiemblan, y se siente como un borracho (v. 9).
La vida religiosa de J udá estaba en un nivel muy bajo cuando “así el profeta como
el sacerdote son fingidos” (v. 11). Los profetas de Samaria habían guiado al Reino del
Norte, o Israel, a la adoración de Baal (v. 13). Los profetas de J erusalén cometieron
adulterio, dijeron mentiras, y animaron a los malhechores. Ante los ojos de Dios ellos
eran como Sodoma y Gomorra (v. 14). Habían profanado toda la tierra (v. 15), y todavía
estaban prediciendo paz (v. 17). Dios no los había enviado (v. 21). El se oponía a que
usaran la expresión “carga de J ehová” (vrs. 33-40), pues su uso pertenecía sólo a los
mensajes divinos dados por medio de los profetas verdaderos.
C. HIGOS BUENOS E HIGOS MALOS (capítulo 24)
Después de que Nabucodonosor hubo llevado a J oaquín—llamado aquí
J echonías—cautivo a Babilonia en el año 597 A.C., juntamente con los príncipes y los
obreros especializados, J eremías tuvo otra visión simbólica.
Vio dos canastas de higos, una con higos muy buenos y la otra con higos muy
malos. Se le dijo que los higos buenos representaban aquellos que ya habían sido llevados
al cautiverio, los cuales se volverían a Dios (vrs. 5-7). Los higos malos representaban a
Sedequías y la gente de J erusalén, juntamente con aquellos que ya habían ido a Egipto (v.
8). Acerca de estos últimos no sabemos nada definido, aunque parece que habían sido
llevados por Faraón Necao, juntamente con J oachaz. Aquellos que estaban representados
por los higos malos serían esparcidos y destruidos (vrs. 9-10).
D. LA VISION DEL FIN (capítulo 25)
“El año cuarto de J oacím,” y “el año primero de Nabucodonosor” sería el año 605
A.C. En ese año tuvo lugar la batalla decisiva de Carchemis, en la cual los babilonios
derrotaron a los egipcios terminando así con el dominio de Faraón Necao sobre Palestina.
Por tanto la amenaza de J udá era Babilonia.
El ministerio de J eremías se había extendido desde “el año trece de J osías” (626
A.C.). Los “veintitrés años” (v. 3) serían entonces—de acuerdo a la costumbre hebrea de
incluir el primero y el último años—el año 605 A.C. El profeta recuerda al pueblo su celo
y fiel predicación.
Una vez más J eremías predice definitivamente que Nabucodonosor, rey de
Babilonia, destruirá a J udá. Sin embargo, su predicción más sorprendente es que la cau-
tividad durará “setenta años” (v. 11).
Después de los setenta años, Dios castigará a los babilonios (vrs. 12-13). La tierra
de los caldeos se volverá “en desiertos para siempre” (v. 12). Esto se ha cumplido al pie
de la letra.
J eremías se ve a sí mismo como tomando la copa del vino de la ira de Dios y
haciendo que todas las naciones la beban (vrs. 15-28). Estas incluían a J udá (v. 18) y
a todas las naciones circunvecinas enumeradas aquí en detalle. Después de que Dios
termine de castigar a su propia ciudad, J erusalén, también castigará a las otras
naciones (v. 29).
La expresión “J ehová bramará desde lo alto” (v. 30) es casi idéntica a las palabras
introductorias de la profecía de Amós (1:2), quien había profetizado un siglo y medio
antes en el Reino del Norte, o Israel.
Esta sección termina con el lamento sobre la futura caída de J erusalén. El fin estaba
a la vista.


CAPITULO CUATRO
EL PROFETA DEL CASTIGO
J eremías 26—52
Lamentaciones 1—5
I. LA VIDA PERSONAL DEL PROFETA (capítulos 26—45)
Los primeros veinticinco capítulos—casi la primera mitad— del Libro de J eremías
consisten de profecías en contra de J udá. La segunda parte del libro se ocupa mayormente
con narrativas históricas, siendo la principal excepción la sección que se dedica a
profecías contra naciones extranjeras.
A. LOS SACERDOTES Y PROFETAS CONTRA LOS PRINCIPES Y EL
PUEBLO (capítulo 26)
Esta profecía está fechada (v. 1) al principio del reinado de J oacím (608 A.C.). Se
le ordenó a J eremías pararse en la casa de Dios y advertir a los adoradores que si ellos no
se volvían de sus malos caminos, el Templo de J erusalén sufriría la misma suerte que el
Tabernáculo en Silo (v. 6). Este último había sido el centro de adoración durante los días
de los jueces. La arqueología ha descubierto que Silo fue destruida por fuego en la mitad
del siglo décimoprimero A.C., confirmando así el cuadro presentado en Primero de
Samuel, y también la referencia de J eremías a su condición en ruinas en sus días.
La declaración del profeta de que J erusalén sería destruida (v. 6), se consideró
como un acto de traición por el cual debía morir (v. 8). Esto provocó un levantamiento
popular (v. 9).
La casa del rey (v. 10) estaba ubicada al sur del área del templo. Oyendo el clamor,
los príncipes pronto aparecieron en el Templo y se llamó a una sesión extraordinaria de la
corte. Los sacerdotes y profetas actuaron como abogados acusadores, pidiendo la pena de
muerte (v. 11). Los príncipes y el pueblo constituían el juez y el jurado. La única defensa
del acusado era que Dios le había ordenado dar la profecía (v. 12). En su defensa incluyó
una súplica al arrepentimiento (v. 13).
En esta ocasión J eremías fue más afortunado que en otras. Los príncipes y el
pueblo rechazaron la acusación de los sacerdotes, y en su veredicto lo declararon inocente
(v. 16).
B. LA SUPREMACIA DE BABILONIA (capítulos 27—29)
1. Sumisión a Babilonia (cap. 27). El primer versículo de este capítulo lleva
la misma fecha que el principio del capítulo anterior—”En el principio del reinado de
J oacím.” Pero los versículos 3 y 12, juntamente con 28: 1, demuestran que se refiere a
Sedequías. Young, el erudito más distinguido del Antiguo Testamento, dice:
“Evidentemente, la palabra ‘J oacím’ en el versículo 1 se usó erróneamente por los
escribas en lugar de ‘Sedequías.’” Cawley está de acuerdo con esto cuando dice: “Es casi
de seguro un error de los escribas.”
Dios ordenó a J eremías que se hiciera coyundas y yugos para usar en su cuello (v.
2), y luego que los enviara a los reyes de Edom, Moab y Ammón—todos ellos al este de
Palestina—y a los reyes de Tiro y Sidón—al norte. Con ellos debía ir el mensaje de que
todos estos reyes se someterían al gobierno de Nabucodonosor. La nación que no
estuviera bajo sujeción sufriría castigo (v. 8), mientras que a aquellos que se sometieran,
les sería permitido permanecer en sus propias tierras. Babilonia era el poder escogido por
Dios para este período (v. 6), y la paz vendría sólo por la sumisión a su gobierno.
El mismo mensaje se dio específicamente a Sedequías, el rey de J udá (vrs. 12-15).
Este mismo énfasis se repite varias veces en el libro.
Los profetas falsos estaban diciendo al pueblo que los vasos del templo que habían
sido llevados a Babilonia serían pronto devueltos (v. 16). J eremías lanzó este desafío: si
los profetas falsos tenían razón, que impidieran que el resto de los muebles del templo
fueran llevados a Babilonia (v. 18). Pero el hecho era que éstos pronto serían llevados por
Nabucodonosor (vrs. 19-22).
2. Jeremías Contra Hananías (cap. 28). “En el principio del reinado de
Sedequías” (598 A.C.)—evidentemente el mismo tiempo del capítulo 27—Hananías, un
profeta falso, desafió la posición de J eremías. Citó a Dios diciendo que había dicho:
“Quebrantaré el yugo del rey de Babilonia. Dentro de dos años de días tomaré a este lugar
todos los vasos de la casa de J ehová” (vrs. 2-3). También predijo que J echonías
(J oaquín), quien había sido llevado cautivo después de un reinado de tres meses (597
A.C.), juntamente con los otros cautivos en Babilonia, sería devuelto a J udá (v. 4).
Hananías quebró entonces el yugo de madera que J eremías tenía en su cuello (v.
10), declarando que Dios rompería así, dentro de dos años, el yugo de Nabucodonosor en
todas las naciones (v. 11). J eremías respondió que Dios pondría un yugo de hierro en los
cuellos de todas estas naciones y les obligaría a servir a Nabucodonosor (v. 14). También
predijo la muerte de Hananías en ese mismo año. Cuando esto sucedió, la gente debería
haber reconocido que J eremías estaba hablando verdaderamente en nombre de Dios.
3. Un Mensaje a los Cautivos (capítulo 29). El profeta envió una carta a los
habitantes de J udá que habían sido llevados a Babilonia por Nabucodonosor en el año
597 A.C. Les dijo que edificaran casas, que plantaran jardines, que se casaran y que se
establecieran allá (vrs. Que los profetas que les habían dicho que pronto retornarían a
J udá los habían engañado (vrs. 8-9). Una vez más (véase 25: 11) J eremías predijo que la
cautividad babilónica duraría setenta años (v. 10). Luego vendrían la paz y la restauración
(vrs. 11-14).
Dos de los profetas falsos en Babilonia se conocen por nombre—Achab (v. 21) y
Semaías (v. 24). Este último había llegado al extremo de enviar cartas de Babilonia a
J erusalén, instando a los sacerdotes que callaran a J eremías porque había aconsejado a los
cautivos que aceptaran su condición, pues duraría por largos años (vrs. 27-28).
C. ALBORADA A MEDIANOCHE (capítulos 30—33)
Esta es la única sección extensa de J eremías que está llena con mensajes de
esperanza, consuelo y gloria futura. Se levanta como el pico de una montaña sobre la
niebla de lobreguez y castigo en los valles circunvecinos.
El capítulo treinta y dos está fechado “el año décimo de Sedequías, rey de J udá” (v.
1), y se cree que toda la sección pertenece a ese tiempo. Esto fue justamente un año antes
de que J erusalén cayera en el año 587 ó 586 A.C.
Así que estos capítulos fueron escritos en la medianoche de la historia de J udá. El
profeta estaba en la prisión, el rey estaba sellando el castigo de la nación con su
desobediencia, el hacha del verdugo estaba a punto de caer. Pero en esta hora tan obscura,
la luz brilla con más intensidad en los escritos de J eremías cuando él vislumbra un futuro
glorioso.
1. Jacob Retornará (caps. 30-31). Aquí encontramos la primera referencia a
la escritura en J eremías. Dios ordena al profeta: “Escríbete en un libro todas las palabras
que te he hablado” (30: 2). El propósito es que cuando el pueblo vuelva de la cautividad,
tenga una prueba de que Dios había hablado verdaderamente por medio de su profeta (v.
3).
La clave de esta sección la encontramos en 30: 10— “Tú pues, siervo mío J acob,
no temas, dice J ehová, ni te atemorices, Israel: porque he aquí yo soy el que te salvo de
lejos, y a tu simiente de la tierra de su cautividad; y J acob tornará, y descansará y
sosegará, y no habrá quien le espante.” Este pensamiento se repite vez tras vez en estos
dos capítulos.
El pasaje más sobresaliente de esta sección es el que describe el “nuevo pasto” (31:
31-34). Este se cita completo en Hebreos 8: 8-12. Es una de las predicciones más
significativas en el Antiguo Testamento de la naturaleza espiritual del cristianismo en
comparación con el judaísmo. En vez de que la ley de Dios fuera escrita en tablas de
piedra, sería escrita en los corazones humanos. El versículo 33 es una descripción gráfica
de la experiencia de la entera santificación.
2. La Fe es Costosa (caps. 32-33). El año antes de que J erusalén fuera
tomada, J eremías recibió una orden de parte de Dios la cual era un verdadero desafío. La
ciudad estaba rodeada por el ejército babilónico. El profeta había sido silenciado en la
prisión por el rey, por haber predicho que J erusalén sería tomada y Sedequías llevado al
cautiverio.
Faltaban apenas unos pocos minutos para la medianoche, y no había señales del
amanecer. Sin embargo, en esta hora obscura Dios ordenó a J eremías que hiciera algo
aparentemente absurdo. Debería comprar a su primo Hanameel un campo en Anathoth,
que probablemente estuviera en ese momento en posesión del enemigo. Frente a la
posibilidad de la victoria babilónica que ya era inminente, el valor comercial de la propie-
dad era prácticamente nulo. Sin embargo, J eremías pagó un buen precio por el campo
(32: 9). Dos contratos se firmaron; uno “sellado” y el otro “abierto” (v. 11). Ambos
deberían ser puestos por Baruch “en un vaso de barro,” donde quedarían bien guardados
por muchos años (v. 14). Esta costumbre de guardar manuscritos valiosos en vasijas de
barro ha recibido gran publicidad en los recientes descubrimientos de los Rollos del Mar
Muerto.
¿Por qué J eremías compró el campo? Esto sería una evidencia concreta de su fe en
sus propias predicciones divinamente inspiradas sobre el retorno de la cautividad (v. 15).
Si él realmente creía que la gente sería retornada a su tierra, lo probaría pagando al con-
tado el precio de propiedades que ahora no valían nada.
En ninguna otra parte se demuestra tan claramente la humanidad característica de
J eremías, como en sus reacciones después de cerrar el contrato. Con fe desesperada ora:
“ni hay nada que sea difícil para ti” (v. 17), pero al mismo tiempo recuerda al Señor del
sitio que pronto terminaría en la destrucción de J erusalén (v. 24).
La respuesta no tardó en venir. J ehová hizo eco a la pregunta de J eremías:
“¿Encubriráseme a mí alguna cosa?” (v. 27). Luego reitera la predicción de que J erusalén
sería destruida (vrs. 28-29). La razón de ello era la idolatría del pueblo de J udá (vrs. 29-
35).
Pero luego el Señor consuela el corazón del profeta asegurándole que los cautivos
serían retornados a J udá y que los campos volverían a ser comprados por dinero (vrs. 36-
44). La propiedad que J eremías había comprado volvería a tener su valor.
El capítulo 33 contiene un segundo mensaje para J eremías mientras que él estaba
todavía en la prisión (v. 1). Está lleno de nuevas seguridades del retorno de la cautividad,
y hermosas descripciones de la gloria futura de la nación. Para fortificar la fe del profeta,
el Señor le dice: “Clama a mí, y te responderé, y te enseñaré cosas grandes y dificultosas
que tú no sabes” (v. 3).
Aquí tenemos una profecía mesiánica: “En aquellos días y en aquel tiempo haré
producir a David Pimpollo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra” (v. 15). Sólo en
un sentido limitado se cumplió esta profecía en el retorno de la cautividad. El
cumplimiento completo tuvo que esperar hasta la venida del Hijo de David, el Mesías. La
verdad es que este pasaje señala hacia la Segunda Venida de Cristo para su cumplimiento
final.
El capítulo treinta y tres se cierra con la reiteración de la seguridad de que el pacto
de Dios con Israel no será quebrantado (vrs. 19-26). Una vez más ha de decirse que sólo
en Cristo se ha confirmado el Pacto de David.
D. PACTOS QUEBRANTADOS (capítulo 34)
1. Un Mensaje Para Sedequías (vrs. 1-5). Mientras que el sitio continuaba,
Dios ordenó a J eremías que dijera al rey otra vez que J erusalén sería destruida por fuego
y que Sedequías sería llevado cautivo a Babilonia. Pero se le dio la seguridad de que él
moriría allá en paz (v. 5).
2. Falta de Fe (vrs. 6-22). Durante el sitio, los temerosos dueños de esclavos
de J erusalén habían hecho un pacto para libertar a todos los esclavos hebreos, a quienes
ellos habían mantenido en contra de la ley de Moisés. En el Sinaí, Dios había hecho un
convenio con su pueblo de que cada esclavo israelita debería ser puesto en libertad en el
año sabático (v. 14). Pero ellos habían estado quebrantando ese convenio. Ahora, como
añadiendo a su pecado, quebrantaron la promesa que habían hecho durante el sitio, y
volvieron a subyugar a los esclavos que habían libertado (v. 16). Dios dijo que
proclamaría para estos pecadores una “libertad… a cuchillo, y a pestilencia y a hambre”
(v. 17).
E. LOS RECABITAS (capítulo 35)
Una de las características más extrañas del libro de J eremías es la falta de orden
cronológico. Muchas de las profecías están fechadas, pero no están colocadas en orden de
tiempo. Los capítulos 27—34 tienen su antecedente histórico durante el reinado de
Sedequías, el último rey de J udá. En el capítulo 35 retornamos a los tiempos de J oacím
(véase capítulo 26), el antepenúltimo rey.
J eremías llevó a los recabitas dentro del templo y les ofreció vino para beber. Ellos
rehusaron, diciendo que nunca habían desobedecido la orden de sus antepasados de
abstenerse de beber vino, tanto como de evitar vivir en casas y trabajar en la agricultura
(vrs. 6-10). Ellos debían seguir permanentemente la vocación de pastores, habitando en
tiendas.
El mensaje del Señor por medio de J eremías fue éste: Si los recabitas habían sido
fieles a los mandamientos de los antepasados, ¿por qué no podía J udá ser fiel a los
convenios con Dios? Los recabitas habían dado un ejemplo que ponía en vergüenza a los
israelitas.
F. LA PRIMERA Y LA SEGUNDA EDICION DE J EREMIAS (capítulo 36)
Este capítulo es único en el Antiguo Testamento al darnos una idea de la historia
literaria de uno de sus libros. La evidencia es clara de que el Libro de J eremías tuvo por
lo menos cuatro ediciones, y quizá más. En este capítulo se nos dice de dos. La última
frase del capítulo 51 indica el final de las palabras de J eremías. La edición final incluyó el
apéndice histórico del capítulo 52. Este fenómeno ayudará a entender porqué el texto de
J eremías en la Septuaginta es solamente siete octavos del texto Hebreo Masorético.
En el año cuarto de J oacím (605 A.C.) el Señor ordenó al profeta que escribiera sus
profecías en un rollo. Así que éste llamó a su escriba, Baruch, y le dictó el mensaje (v. 4).
Puesto que J eremías estaba confinado en la prisión, pidió a Baruch que leyera el rollo en
un día de ayuno, cuando la multitud estaría congregada en el templo. Al año siguiente (v.
9) — ¡el tiempo avanza muy despacio en el Oriente!—Baruch leyó el contenido del rollo
al pueblo. Siendo llevado ante los príncipes, lo leyó también en su presencia (v. 15).
Finalmente, el rey se enteró y el rollo le fue leído (v. 21). (Estas tres lecturas del rollo,
probablemente en un mismo día, indican que no era muy extenso).
La actitud de J oacím hacia la Palabra de Dios se demuestra en forma sorprendente.
Tan pronto como se leía una de las columnas del rollo la cortaba en pedazos con su
navaja y desdeñosamente la arrojaba al fuego. (El hecho de que el rollo se quemara,
indica que era probablemente de papiro).
La conclusión de todo el asunto se presenta en el versículo 32: “Y tomó J eremías
otro rollo, y diólo a Baruch hijo de Nerías escriba; y escribió en él de boca de J eremías
todas las palabras del libro que quemó en el fuego J oacím rey de J udá; y aun fueron
añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes.” Esta es la segunda edición
ampliada de J eremías. Cubrió la primera mitad del ministerio del profeta (626-604 A.C.).
G. UN PROFETA EN LA PRISION (capítulos 37—38)
1. Contestando al Rey (37: 1-10). Durante el sitio de J erusalén por los
babilonios hubo una breve tregua que levantó indebidamente la esperanza de la gente
dentro de la ciudad. El ejército egipcio entró a Palestina, y los caldeos (los babilonios) se
retiraron de J erusalén por un tiempo (37: 5). Pero J eremías advirtió al rey que los
babilonios volverían y quemarían la ciudad (37: 8).
2. Acusado de Traición (37: 11-15). Cuando el sitio se interrumpió
temporalmente, J eremías salió por la puerta de Benjamín para inspeccionar su nueva
propiedad en Anathoth, como a tres millas de distancia, en “tierra de Benjamín” (v. 12).
Pero fue arrestado, acusado de desertar a los caldeos, golpeado, y puesto nuevamente en
la prisión.
3. Apelando al Rey (37: 16-21). El rey Sedequías es un ejemplo patético de
un carácter vacilante. Secretamente sacó a J eremías de la prisión y le preguntó: “¿Hay
palabra de J ehová?” (v. 17). Por respuesta el profeta repitió su predicción de que el rey
sería llevado cautivo. Luego rogó al rey que no le enviara de vuelta al calabozo, donde
corría peligro de morir. Así que el profeta fue dejado en el patio de la cárcel y se le daba
una torta de pan cada día (una torta de pan entonces era como una galleta hoy día).
4. Amenazado de Muerte (38:1-6). Cuando algunos de los líderes oyeron a
J eremías aconsejando abiertamente que se rindieran a los babilonios, rogaron al rey que
se le ejecutase por traición. La respuesta de Sedequías fue muy típica de él: “Helo ahí, en
vuestras manos está; que el rey no podrá contra vosotros nada” (v. 5). Una nación está en
lamentable situación cuando es gobernada por un rey sin conciencia y con una voluntad
débil.
5. Rescatado por un Etíope (38: 7-13). El profeta tenía un amigo en el
palacio, “Ebed-melec, hombre etíope.” Este sirviente africano consiguió permiso del rey
para sacar a J eremías de la mazmorra. Cuidadosamente proveyó trapos como almohadas
para poner debajo de sus brazos, para que el agotado profeta no se lastimara con las sogas
mientras que ellos lentamente lo sacaban del cieno. Millones de lectores han alabado la
bondad de este oscuro sirviente.
6. Aconsejando al Rey (38: 14-28). Una vez más el voluble Sedequías llamó
a J eremías a una conferencia secreta. Después de que el rey juró no herirle, el profeta le
declaró el mensaje de Dios valientemente. Era lo mismo que había aconsejado antes:
ríndanse a los babilonios. Una terrible responsabilidad fue depositada sobre el rey cuando
J eremías le informó que si él se rendía, la ciudad no sería destruida; de lo contrario, sería
destruida. La suerte de J erusalén dependía de la decisión de un hombre. ¡Qué tragedia
que aquel hombre fuera Sedequías!
De acuerdo con su carácter, el rey dijo: “Témome” (v. 19). J eremías le advirtió una
vez más que si él no obedecía, el rey de Babilonia a “esta ciudad quemará a fuego” (v.
23). El rey fue cobarde y la ciudad fue destruida. Sedequías siempre llevará la culpa de
esto.
H. LA CAIDA DE J ERUSALEN (capítulo 39)
1. El Fin del Sitio (vrs. 1-3). Nabucodonosor sitió a J erusalén en el mes
décimo del año noveno del reinado de Sedequías. En el cuarto mes del año once (587
ó586 A.C.) los babilonios rompieron las murallas. El sitio había durado un año y medio.
2. La Captura del Rey (vrs. 4-10). Sedequías trató de huir durante la noche,
rumbo al valle del J ordán. Pero fue capturado en las llanuras de J ericó. Lo último que él
vio fue la ejecución de sus dos hijos. Luego, con esa visión estampada vívidamente en su
memoria, le fueron arrancados los ojos. ¡Qué precio tuvo que pagar por una voluntad
débil y voluble!
3. El Cuidado de Jeremías (vrs. 11-14). Evidentemente, Nabucodonosor
había oído sobre la predicación de J eremías. Sin duda que sus censores habían leído las
cartas que J eremías había enviado a los cautivos en Babilonia. Así que ordenó al capitán
de la guardia que tratara a J eremías con generosidad.
4. La Recompensa de Ebed-melec (vrs. 15-18). Ningún acto de bondad pasa
sin su recompensa. Puesto que el etíope confió en Dios y rescató al profeta, se le pro-
metió su libertad.
I. LAS CONSECUENCIAS (capítulos 40—43)
La secuela a la caída de J erusalén es una historia de crímenes, intriga, decepción y
desobediencia. Estos cuatro capítulos describen lo que ocurrió.
1. El Nuevo Gobernador (cap. 40). Una vez que a J eremías se le devolvió su
completa libertad y se le dio alimento y dinero en abundancia (v. 5), se dirigió al nuevo
gobernador, Gedalías, en Mizpa (v. 6), probablemente ocho millas al norte de J erusalén.
El gobernador aconsejó a la gente que se sometiera pacíficamente al gobierno babilonio
(v. 9). Los judíos que habían huido al este del J ordán volvieron a sus antiguos hogares
(vrs. 11-12).
Al gobernador se le advirtió que Ismael estaba planeando matarle, por orden del rey
de Ammón. Pero Gedalías rehusó creer tal cosa (vrs. 13-16).
2. El Asesino Malvado (cap. 41). El gobernador perdió su vida porque dio
oídos sordos a las advertencias (vrs. 1-3). Ismael, el asesino, no quedó satisfecho sino
hasta que hubo muerto a hombres de Siquem, de Silo y de Samaria, quienes habían
venido a ofrecer ofrendas a la casa del Señor. La vileza de su engaño, se describe en los
versículos 4-7. Finalmente fue atacado y huyó a Ammón (vrs. 11-15).
3. El Remanente Engañoso (caps. 42-43). J ohanán, el nuevo líder de los
judíos que habían sido dejados, vino con sus seguidores a J eremías para pedir consejo.
Ellos juraron solemnemente obedecer lo que el Señor les indicara que hicieran por medio
de su profeta (42:5-6).
Las órdenes del cielo fueron muy definidas: Queden en esta tierra; no teman al rey
de Babilonia; yo les protegeré (vrs. 10-12). Además, el profeta advirtió al pueblo que si
ellos desobedecían las órdenes de Dios y huían a Egipto, sufrirían por ello (vrs. 13-17).
La espada que temían, les seguiría hasta allá.
El profeta rogó al pueblo: “Oh reliquias de J udá: No entréis en Egipto” (v. 19).
Luego les acusó de engaño y falta de sinceridad cuando vinieron a pedir dirección divina
(vrs. 20-21).
Que el profeta tenía razón se comprobó por lo que sucedió después (43: 1-7). El
pueblo acusó a J eremías de hablar falsamente (v. 2) y de ser influido por Baruch para dar
consejos que resultarían en el castigo de ellos por los caldeos (v. 3). Con una actitud
desafiante, emigraron a Egipto, llevando a J eremías y a Baruch con ellos (vrs. 5-8).
En Egipto, J eremías predijo que Nabucodonosor conquistaría ese país y destruiría
sus dioses (43: 8-13). Esto se cumplió en el año 568 A.C.
J . LOS J UDIOS EN EGIPTO (capítulo 44)
En vista de la destrucción de J erusalén como castigo por la idolatría de los
israelitas, es difícil entender la actitud de los judíos en Egipto. Se hundieron aún más
profundamente en la idolatría. Quemaban incienso a los dioses de Egipto (v. 8). Por tanto,
J eremías predijo la destrucción del remanente (v. 12).
El desafío de los judíos hacia Dios y su profeta, se describe en el lenguaje duro del
versículo 16. Alegaban que al quemar incienso a la reina del cielo (Ishtar) estaban mejor
materialmente (v. 17). Pero el profeta les recuerda que fue la idolatría de ellos lo que trajo
la cautividad. Este parece ser el último mensaje de J eremías.
K. BARUCH, EL BIOGRAFO (capítulo 45)
Baruch actuó como el escriba de J eremías, según se indica en varios lugares del
libro. Pero parece que también escribió algunas de las secciones históricas del libro,
especialmente las descripciones biográficas de J eremías en tercera persona. Así que
probablemente no esté fuera de lugar llamar a Baruch el Boswell de J eremías. Debemos
mucho a este fiel siervo del profeta.
II. PROFECIAS CONCERNIENTES A NACIONES EXTRANJ ERAS (capítulos
46—51)
En Isaías la colección de profecías contra las naciones extranjeras, viene en la
primera parte (capítulos 13—23), pero en J eremías viene al final. En Ezequiel se
encuentra más o menos en la mitad del libro (capítulos 25—32), como sucede en la
Versión Septuaginta de J eremías.
A. EGIPTO (capítulo 46)
1. La Derrota de Faraón Necao (vrs. 1-12). La batalla de Carchemis (605
A.C.) fue uno de los momentos decisivos de la historia antigua. Aquí el orgulloso y
ambicioso Faraón Necao fue completamente humillado, mientras que Nabucodonosor se
convirtió en el poder dominante del Asia Occidental. Aunque Egipto se levantó “como
río” (vrs. 7-8) con orgullo abrumador, cayó “junto al río Eufrates” (vrs. 6, 10). La
descripción que J eremías hace de la batalla, es digna de un elocuente Isaías.
2. La Conquista de Nabucodonosor (vrs. 13-26). El profeta siguió
describiendo la futura conquista de Egipto por Nabucodonosor. Egipto se gloriaba en sus
dioses, pero éstos habían sido humillados en una oportunidad por J ehová mediante
Moisés, y lo serían una vez más por Nabucodonosor. El capítulo termina con palabras de
consuelo para el pueblo de Dios (vrs. 27-28), que señalan más allá de la cautividad, a la
restauración.
B. FILISTIA (capítulo 47)
La profecía está fechada “antes que Faraón hiriese a Gaza” (v. 1). Pero describe la
conquista de los filisteos por Nabucodonosor.
C. MOAB (capítulo 48)
Moab está situada al oriente del Mar Muerto. Este país se gloriaba porque había
evitado ser conquistado y llevado al cautiverio (v. 11). Pero sufriría por sus pecados (v.
26).
D. AMMON (49:1-6)
Ammón estaba ubicada al noreste de Moab, teniendo su capital en Rabba (v. 2)
donde ahora es Ammán (la capital de J ordania). Sería castigada por oprimir a los
israelitas.
E. EDOM (49:7-22)
Este país estaba al sur del Mar Muerto. Era muy notable por su sabiduría (v. 7),
pero sería destruido.
F. DAMASCO (49:23-27)
Esta capital antigua de Siria, ahora la ciudad más antigua del mundo, sería
igualmente tomada.
G. CEDAR (49:28-33)
Cedar era una tribu ismaelita de pastores nómadas, orgullosos e independientes.
También sería conquistada por Nabucodonosor.
H. ELAM (49:34-39)
Este país estaba al este del valle Tigris-Eufrates. Su poder sería quebrantado, pero
finalmente sería restaurada.
I. BABILONIA (capítulos 50—51)
Tanto en Isaías como en J eremías, Babilonia recibe el tratamiento más extenso. Su
importancia en la historia y el orgullo de su poder se ven en el uso que se le da en
Apocalipsis como nombre simbólico de las fuerzas en contra del cristianismo.
La destrucción de Babilonia (51: 54-58), ha sido bien comprobada por la
arqueología. El profeta ordenó que su profecía en contra de Babilonia fuera arrojada en el
Eufrates como símbolo de que la ciudad se hundiría, para nunca levantarse otra vez (51:
59-64).
III. EL APENDICE HISTORICO (capítulo 52)
La frase final del capítulo 51, “Hasta aquí son las palabras de J eremías,” parece
indicar claramente que el capítulo 52 es un apéndice añadido por alguien. Es muy
semejante a II Reyes 24: 18—25:21.
La rebelión de Sedequías en contra de Babilonia fue considerada como un acto de
falta de fe. Su triste fin se describe más o menos en detalle (vrs. 4-11), como también la
destrucción de la ciudad (vrs. 12-14). Los tesoros del templo que fueron llevados a
Babilonia se enumeran (vrs. 17-23). Se da el número de los cautivos—4,600 (vrs. 28-30).
El libro se cierra con una descripción de cómo Evil-merodach, el sucesor de
Nabucodonosor, liberó a J oaquín, y le trató amablemente (vrs. 31-34).
IV. LAS LAMENTACIONES DE J EREMIAS (capítulos 1—5)
Este libro, el cual tradicionalmente se asigna a J eremías, contiene cinco elegías, o
himnos fúnebres. La forma de estos cinco poemas es de especial interés. Los primeros
cinco están en orden alfabético, o como acrósticos. En los dos primeros capítulos cada
versículo comienza con una nueva letra del alfabeto hebreo y tiene tres partes. En el
tercer capítulo hay tres versículos para cada una de las veintidós letras del alfabeto
hebreo. El capítulo cuatro tiene dos líneas en cada versículo, y cada versículo comienza
con una nueva letra en el orden alfabético. Mientras que el quinto capítulo contiene
veintidós versículos, no están en orden alfabético. Una forma especial de metro para
elegías, llamado qinah, se usa para expresar profundo dolor, dando un tono melancólico a
la lectura.
Aparentemente, estos himnos fúnebres se escribieron para lamentar la muerte del
Reino de J udá. El capítulo final es una oración por la restauración de la nación de la
cautividad.


CAPITULO CINCO
EL PROFETA CAUTIVO
EZEQUIEL
Nombre: significa “Dios Fortalece.”
Ciudad Natal: J erusalén
Fecha de su Ministerio: 593-571 A.C.
Lugar de su Ministerio: Babilonia
División del Libro:
I. Profecías Antes de la Caída de J erusalén (capítulos 1—24)
II. Profecías en Contra de Naciones Extranjeras (capítulos 25—32)
III. Profecías Después de la Caída de J erusalén (capítulos 33—48)
Versículos para Memorizar: 11:9, 20; 33:11; 36: 25-27
INTRODUCCION
Lo mismo que J eremías, Ezequiel era sacerdote (1:3) y profeta. A diferencia de
J eremías, él pasó los días de su ministerio en tierra extranjera.
Siendo llevado cautivo por Nabucodonosor en el año 597 A.C., vivió a orillas del
río (o canal) Chebar, en Babilonia. Allí ministró a los cautivos de J udá. Hasta la caída de
J erusalén (586 A.C.), dirigió mensajes a la gente en J udá. Ese evento marca la línea
divisoria de su ministerio.
Mientras que Isaías y J eremías profetizaron por espacio de cuarenta años cada uno,
el ministerio de Ezequiel duró sólo veintidós años. La fecha inicial, 593 A.C. se indica en
1:2. La última profecía fechada (29:17) fue en el año 571 A.C.
Ezequiel es único entre los tres profetas en el uso de imágenes apocalípticas.
También hace más uso de hechos simbólicos para ilustrar sus mensajes que los otros dos,
aunque hemos visto que J eremías tiene varios ejemplos de ello. En general, Ezequiel es
más difícil de entender y es menos leído que Isaías y J eremías. Esto es verdad
especialmente de la última parte del libro.

I. EL LLAMADO DEL PROFETA (capítulos 1—3)

A. EL ENCABEZADO (1: 1-3)
Ezequiel comenzó su ministerio “a los treinta años.” Se acepta generalmente que
esto se refiere a los treinta años de la vida de Ezequiel. Los levitas no podían comenzar su
ministerio público sino hasta que tuvieran treinta años de edad (Números 4:3). Así que
este era un tiempo lógico para que Ezequiel comenzara su obra profética.
El “Río Chebar” se identifica generalmente con un canal de irrigación al sur de
Babilonia. Aquí “los cielos se abrieron y vi visiones de Dios” (v. 1). Esto es característico
del Libro de Ezequiel que da un lugar prominente a las visiones apocalípticas.
El principio del ministerio de Ezequiel se fecha en forma definida “a los cinco del
mes, que fue en el quinto año de la transmigración del rey J oachín” (v. 2). Puesto que ese
gobernante fue llevado a Babilonia en el año 597 A.C., el año quinto sería 593 A.C.

B. LA VISION DE LA GLORIA DE DIOS (1:4-28)
El llamado de Isaías estuvo relacionado con una visión de la santidad de Dios
(Isaías 6). El de Ezequiel vino por medio de una visión de la gloria de Dios. J eremías, por
otro lado, parece haber sentido una convicción creciente del llamado divino.
El escenario del llamado de Ezequiel, parece haber sido un “viento tempestuoso.”
El lenguaje del versículo 4 tiene una gran similitud con el siguiente relato de una
tormenta en el Eufrates:
Densas masas de nubes negras, manchadas de color
anaranjado, rojo y amarillo, aparecieron viniendo del suroeste,
aproximándose con temible velocidad... Las nubes eran impre-
sionantes. Debajo de la más obscura de ellas, había una gran
colección de materia, de un color carmesí oscuro, que corría
hacia nosotros a una velocidad espantosa... Todo se volvió
sereno y claro como antes, y apenas veinticinco minutos habían
visto el principio, el desarrollo y la culminación de este temible
huracán.
Es notable que Ezequiel usa la palabra “parecer” vez tras vez (vrs. 5, 10, 13, 22,
etc.). El profeta trata de describir lo indescriptible con figuras conocidas; así que lo único
que puede hacer es decir que lo que él vio tenía el “parecer” de otra cosa. Se da por
entendido que Ezequiel nunca tuvo la intención de que sus lectores interpretaran su
lenguaje literalmente. Es lenguaje simbólico y debe tomarse como tal.

C. EL LLAMADO Y LA COMISION (capítulos 2—3)

1. El Llamado (2:1—3:33). Al profeta se le habla frecuentemente
llamándolo “Hijo del hombre” (2:1, 3, 6, 8, etc.). Este título “recalca su condición como
una mera criatura en contraste con la majestad del Creador.” El “espíritu” que entró en él
durante su llamado, fue el Espíritu Santo.
A Ezequiel se le advirtió que estaba siendo enviado a un pueblo rebelde (2:3),
como lo fueron Isaías y J eremías. No era tarea placentera ser un verdadero profeta en
Israel. Pero ya fuera que el pueblo escuchara o rechazara su mensaje, el profeta debía
darlo fielmente (2:5-7).
Luego al profeta se le ordenó tomar un rollo que se le daba (2:9). Parece que era un
rollo de papiro, escrito en ambos lados (2:10). Siguiendo las instrucciones de comer el
rollo, el profeta lo encontró dulce a su paladar. Esto simboliza que el ministro debe ali-
mentar su propia alma con la Palabra de Dios antes de poder predicarla a otros.
2. La Comisión (3:4-27). La comisión del profeta era dar el mensaje de Dios
“a la casa de Israel.” Una vez más se le advierte al profeta que la gente no le escuchará,
puesto que ha rehusado escuchar a Dios (v. 7). En una forma específica, fue comisionado
para predicar a los cautivos en Babilonia (v. 11).
El Espíritu levantó al profeta y le transportó (vrs. 12, 14) hasta donde estaban los
cautivos de Tel-abib (Tel Aviv, nombre de una gran ciudad en Israel hoy día), junto al
canal de Chebar. Allí “asenté donde ellos estaban asentados, y allí permanecí siete días
atónito entre ellos” (v. 15).
Luego vino una fase importante de su comisión. Dios dijo: “Hijo del hombre, yo te
he puesto por atalaya a la casa de Israel: oirás pues tú la palabra de mi boca, y
amonestarlos has de mi parte” (v. 17). Si él no amonestaba a los malos, “su sangre
demandaré de tu mano” (v. 18). Pero si él daba la amonestación y los malos no
escuchaban, “tú habrás librado tu alma” (v. 19). Estas palabras son de gran calibre, y todo
ministro debe meditar en ellas.
Dos veces más encontramos “la gloria de J ehová” (vrs. 12, 23). Esta puede
considerarse como una frase clave del libro de Ezequiel, el cual comienza con varias
visiones de la gloria de J ehová y termina con una vista telescópica de la gloria futura.
II. CUATRO ACTOS SIMBOLICOS (capítulos 4—5)
Si alguna vez hubo un predicador dramático, ese fue Ezequiel. En esta sección
encontramos cuatro actos simbólicos con sus interpretaciones.
A. LA INVASION DE J ERUSALEN (4:1-3)
Dios ordenó al profeta que tomara un adobe y formara con él un modelo de la
ciudad de J erusalén con armas de sitio puestas en contra de ella. Esto significaba la
inminente invasión de J erusalén (587-586 A.C.).
B. EL EXILIO (4:4-8)
El profeta debería acostarse sobre uno de sus lados durante un período de 390 días
(190 en la Versión de los Setenta) cargando los pecados de Israel, y 40 días llevando los
pecados de J udá. Esto simbolizaba las cautividades de los dos reinos (el de Israel ya había
comenzado en el año 722 A.C.).
C. EL HAMBRE (4:9-17)
Ezequiel debería medir cuidadosamente la pequeña cantidad de alimento y bebida
que podría tomar durante este período. Por tanto, J erusalén sería afligida con hambre
durante el sitio (véase J eremías 52:6).
D. LA DESTRUCCION DE LA VIDA (5:1-4)
El profeta debería afeitarse el cabello de su cabeza y su barba. Una tercera parte del
mismo, por peso, debería quemarla, una tercera parte debería herirla con la espada, y una
tercera parte debería desparramarla al viento.
E. EL SIGNIFICADO DE LOS SIMBOLOS (5:5-17)
Todos estos actos simbólicos se referían a J erusalén (v. 5). El cabello quemado
tipificaba aquellos que morirían de enfermedades y hambre durante el sitio, la segunda
parte del cabello simbolizaba los que serían muertos a espada, y la tercera parte, aquellos
que serían esparcidos al exilio (v. 12).
III. LA DESTRUCCION DE ISRAEL (capítulos 6—7)
A. LAS MONTAÑAS DE ISRAEL (capítulo 6)
A Ezequiel se le ordenó volver su cara hacia las montañas de Israel y profetizarles a
ellas (v. 2). Su mensaje era de destrucción y juicio. Para dar énfasis a su predicación le
fue dicho: “Hiere con tu mano, y huella con tu pie” (v. 11). Ezequiel era un predicador
enérgico.
La arqueología ha arrojado luz sobre una palabra que se usa dos veces en este
capítulo (vrs. 5-6). Los términos “ídolos” e “imágenes del sol,” en la Versión de Reina-
Valera, fueron traducidos así casi adivinando su significado. El verdadero significado del
término hebreo hammanin no se conoció sino hasta hace poco tiempo, cuando se
descubrió un pequeño altar en unas excavaciones con esta palabra (en el singular) inscrita
en él. El término, correctamente traducido, significa “altares de incienso.”
B. EL CASTIGO DE ISRAEL (capítulo 7)
El profeta clama: “El fin, el fin viene sobre los cuatro cantones de la tierra” (v. 2).
En un lenguaje más fuerte todavía, el profeta presenta una figura de la inminente caída de
la nación: “Así ha dicho el Señor J ehová: Un mal, he aquí que viene un mal. Viene el fin,
el fin viene: háse despertado contra ti; he aquí que viene.” Una vez más clama: “He aquí
el día, he aquí que viene” (v. 10). Es el día del Señor, el día del juicio, el día de la caída y
la destrucción. ¡Y está cerca!
IV. EL PECADO Y EL FIN DE J ERUSALEN (capítulos 8—11)
A. IDOLATRIA EN EL TEMPLO (capítulo 8)
Esta profecía se dio “en el año sexto” de la cautividad (592 A.C.), “en el mes
sexto” (agosto-septiembre). Mientras Ezequiel estaba sentado en su casa y los ancianos
de J udá con él, tuvo otra visión. Vio “una semejanza que parecía de fuego” (v. 2). Esta
parece ser la visión más cercana que tuvo de Dios. Una mano le tomó por el cabello y el
espíritu le transportó en visión a J erusalén (v. 3). Allí—en una visión espiritual, no
física— vio lo que estaba pasando en el templo.
Al norte del altar vio “la imagen del celo” (v. 5); eso es, una representación idólatra
que provocó el celo de Dios. En un cuarto secreto, al cual se llegaba por una entrada
oculta, descubrió setenta ancianos de Israel ofreciendo incienso delante de unas figuras
idólatras dibujadas sobre la pared. Luego, en la puerta del norte de la casa del Señor, vio
mujeres llorando por Tammuz, el dios babilónico de la vegetación. Y lo que es peor
todavía, entre el atrio y el altar vio veinticinco hombres, con “sus espaldas vueltas al
templo de J ehová y sus rostros al oriente, y encorvábanse al nacimiento del sol” (v. 16).
En el mismo lugar donde los sacerdotes tenían que ofrecer sus oraciones (J oel 2: 17), de
cara hacia el altar, estos hombres, con sus espaldas hacia la casa de Dios, estaban
adorando el sol.
B. EL CASTIGO DE J ERUSALEN (capítulo 9)
El profeta vio entrar en la ciudad a seis verdugos. En medio de ellos había uno
vestido de lienzos, con escrituras alrededor de su cintura. El debía marcar a todos
aquellos que lloraban por los pecados del pueblo. El resto de los habitantes de la ciudad
deberían ser muertos (v. 5). Luego viene esta adición significativa: “Y habéis de
comenzar desde mi santuario.”
C. LA GLORIA DEL SEÑOR SE LEVANTA (capítulo 10)
Una vez más Ezequiel tiene una visión simbólica muy elevada de la gloria de Dios,
hasta que todo el atrio estaba lleno de ella (v. 4). Pero finalmente vio la gloria de Dios
juntamente con los querubines que salían del templo por la puerta del este (vrs. 18-19).
Esta visión mostraba el hecho de que el Shekinah—la presencia de Dios—estaba
apartándose de su casa a causa del pecado de la gente.
D. CASTIGO SOBRE LOS PRINCIPES (11: 1-13)
En la puerta oriental del templo, el profeta vio veinticinco hombres que habían
conspirado juntos para desafiar la ley de Dios. Cuando Ezequiel profetizó su destrucción,
Petalías, un príncipe, cayó muerto.
E. RESTAURACION FUTURA (11: 14-25)
Aun en la cautividad Dios promete ser “un pequeño santuario en las tierras a donde
llegaren” (v. 16). La naturaleza espiritual de la religión del futuro se sugiere así: “Y
darles he un corazón, y espíritu nuevo daré en sus entrañas; y quitaré el corazón de piedra
de su carne, y daréles corazón de carne” (v. 19).
En el capítulo anterior la gloria de Dios había dejado el templo. Pero ahora (v. 23),
abandonó del todo la ciudad. Ezequiel, en el espíritu, volvió a Babilonia e informó a los
cautivos todo lo que había visto en la visión (vrs. 24-25).
V. LA NECESIDAD DE LA CAUTIVIDAD (capítulos 12—19)
A. SU INMINENCIA (capítulo 12)
1. La Mudanza Simbólica del Profeta (vrs. 1-16). Dios ordenó a Ezequiel
que hiciera otro acto simbólico. Debía mover todas las cosas de su casa delante de los
ojos de la gente. Esto era una señal de que la cautividad final de J udá pronto se llevaría a
cabo. Su príncipe sería llevado a Babilonia; “mas no la verá, y allá morirá” (v. 13). Esta
extraña profecía se cumplió en el caso de Sedequías, a quien se le sacaron los ojos antes
de ser llevado cautivo a Babilonia.
2. El Hambre (vrs. 17-20). El profeta tenía que comer el pan con temblor y
beber su agua con estremecimiento (v. 18), como señal de las terribles calamidades del
sitio de J erusalén. Esto es similar a lo que se dice en 4:16-17.
3. No Más Tardanza (vrs. 21-28). La gente decía que el tiempo estaba
pasando y que cada visión había fallado (v. 22). Pero Dios declaró que las profecías de la
destrucción de J erusalén se cumplirían durante esa generación; no serían detenidas ya por
más tiempo (vrs. 25, 28).
B. PROFETAS FALSOS (capítulos 13—14)
1. Esperanzas Falsas (13: 1-7). Los profetas falsos, como en el caso de
J eremías, se distinguían por un optimismo sin fundamento. Levantaban la esperanza del
pueblo diciendo que las profecías divinas de castigo no se cumplirían (v. 6).
2. Blanquear (13: 8-16). El Señor acusa a los profetas falsos de tratar de
blanquear (revocar con tiza, v. 10, V.M.) las paredes. Ciertamente, mucha de la predi-
cación moderna sólo “blanquea” el pecado. Pero Dios dice que El derribará las paredes
blanqueadas, para que su verdadero color se vea (v. 14).
3. Mujeres Profetas (13: 17-23). Estas tendrán un castigo especial. Se
suponía que las “almohadillas” que ellas cosían en los brazos de la gente (v. 18) tenían
poderes mágicos. Estas mujeres son acusadas de cazadoras de almas (vrs. 18, 20).
4. Inquiridores no Sinceros (14:1-11). Algunos de los ancianos de Israel
visitaron a Ezequiel. Pero el Señor les dijo que ellos practicaban la idolatría (vrs. 3, 6).
Dios pronunció un juicio especial sobre aquellos que continuaron practicando la idolatría.
5. Juicio Inevitable (14: 12-23). La presencia de algunos justos no salvaría a
los muchos impíos de la destrucción. Si “Noé, Daniel y J ob” (v. 14), estuvieran viviendo
en J udá, ellos hubieran salvado solamente sus propias almas. Probablemente el Daniel
que aquí se menciona, sea un anciano patriarca, y no el profeta contemporáneo de
Ezequiel.
C. LA PARABOLA DE LA VID (capítulo 15)
Así como una vid que no sirve es cortada y echada al fuego para ser quemada, la
gente de J erusalén debe ser castigada por sus pecados. El hecho de que ellos se
consideraran a sí mismos la vid escogida de Dios (véase Isaías 5), no les salvaría.
D. UNA ESPOSA INFIEL (capítulo 16)
En una alegoría bastante extensa, Ezequiel pinta una figura de la historia de Israel.
El lenguaje franco y pintoresco es típico de un narrador de historias del Oriente.
1. La Hija Desamparada (vrs. 1-5). El profeta primero presenta a Israel
como a una niña pequeña, despreciada, y por tanto expuesta a morir—una costumbre muy
común en el Oriente.
2. La Doncella Casada (vrs. 6-14). Dios descubrió a la indefensa infante y la
cuidó. Luego la tomó como su esposa, adornándola con todo el lujo de una boda típica
Oriental.
3. La Esposa Infiel (vrs. 15-34). A pesar de todo lo que Dios había hecho por
ella, Israel fue infiel a su esposo. Vez tras vez cometió adulterio con los dioses paganos y
las naciones extranjeras—los egipcios al sur (v. 26), los asirios al norte (v. 28), y
finalmente los babilonios (v. 29). Es condenada “como una mujer adúltera, porque en
lugar de su marido recibe a ajenos” (v. 32).
4. El Rechazo (vrs. 35-52). Puesto que Israel se había apartado del Señor, El
le rechazaría como su esposa y le enviaría con sus amantes, a quienes ella había escogido
(v. 37). Ellos le tratarían con desprecio y crueldad (vrs. 39-41). Esto se cumplió con la
destrucción de J erusalén en el año 586 A.C.
Dios va hasta el punto de afirmar que J udá es peor que su hermana mayor Samaria
(vrs. 46, 51) y que su hermana menor, Sodoma (vrs. 46, 48). Esto era porque Israel había
tenido privilegios más grandes. Mientras más grande sea la luz que uno tiene, más grande
es el castigo.
5. El Perdón Futuro (vrs. 53-63). A pesar de la testarudez de su infiel
esposa, J ehová le promete perdonarle y restaurarla otra vez. Era el mismo mensaje que
Oseas había proclamado cerca de dos siglos antes.
E. LOS BUITRES Y LA VID (capítulo 17)
1. La Parábola (vrs. 1-10). Ezequiel era aficionado a las alegorías, como lo
indican este capítulo y el anterior. La “grande águila” (v. 3), o buitre, es Nabucodonosor.
“El orgullo del cedro” (v. 3), se refiere a J oacím, y “el principal de sus renuevos” (v. 4), a
sus príncipes. Estos fueron llevados cautivos a Babilonia en el año 597 A.C. “La
simiente” plantada (v. 5) era Sedequías, a quien Nabucodonosor puso sobre el trono de
J udá. La otra águila grande (v. 7) es Faraón Hofra, cuya ayuda Sedequías buscó en su
rebelión contra Nabucodonosor (J eremías 44:30).
2. La Interpretación (vrs. 11-21). Sedequías había jurado alianza a
Nabucodonosor (v. 13). Pero ahora se estaba rebelando en su contra y buscaba la ayuda
de Egipto (v. 15). El resultado sería la cautividad de Sedequías en Babilonia (v. 20),
porque había quebrantado su convenio (v. 16).
3. Otra Alegoría (vrs. 22-24). El capítulo se cierra con una breve profecía
mesiánica. El renuevo (v. 22) es el rey del linaje de David que al fin reinará.
F. RETRIBUCION Y RESPONSABILIDAD (capítulo 18)
Este es uno de los capítulos más significativos de Ezequiel por su enseñanza sobre
la responsabilidad individual. Esta se necesitaba para equilibrar la idea de culpabilidad
nacional.
Había entonces un proverbio popular muy conocido: “Los padres comieron el
agraz, y los dientes de los hijos tienen la dentera” (v. 2). La generación que había sido
llevada cautiva se quejaba de que estaba sufriendo injustamente por causa de los pecados
de generaciones anteriores. La respuesta del Señor fue: “El alma que pecare, esa morirá”
(v. 20). Esta expresión resume la enseñanza de todo el capítulo. Cuando el hijo de un
hombre justo (vrs. 5-9) se vuelve impío (vrs. 10-13), sufrirá por sus propios pecados (v.
13). Por otro lado, si el hijo de un hombre impío es justo (vrs. 14-17), vivirá. Así Dios se
defiende a sí mismo de la acusación: “No es derecho el camino del Señor” (vrs. 25, 29).
G. LAS LAMENTACIONES DE EZEQUIEL (capítulo 19)
Dios ordenó al profeta que entonara una endecha, un himno fúnebre, por los
príncipes de Israel (v. 1). Este se da en forma de dos poemas alegóricos.
1. La Alegoría de los Leones (vrs. 2-9). Los príncipes se presentan primero
como leones. La madre leona es J udá. El primer cachorro de león (v. 3) es J oachaz, quien
fue llevado cautivo a Egipto por Faraón Necao en el año 608 A.C. El segundo cachorro
de león (v. 5) es J oaquín—algunos dicen que fue Sedequías—quien fue llevado a
Babilonia en el año 597 A.C. Estos dos reyes reinaron sólo tres meses cada uno.
2. La Alegoría de la Vid (vrs. 10-14). Una vez más, la vid es J udá. Su vara,
de la cual el fuego salió para destruir la vid, es Sedequías. Fue su desobediencia lo que
causó la destrucción de J erusalén en el año 586 A.C.
VI. LA CAIDA DE J ERUSALEN (capítulos 20—24)
A. LA J USTICIA DE J EHOVA (20: 1-44)
Esta profecía está fechada “en el año séptimo” de la cautividad de J oaquín (véase
1:2); eso es, el año 591 A.C. Fue en el mes décimoprimero después de la última fecha
mencionada en 8:1.
Algunos “ancianos de Israel” vinieron a Ezequiel para hacer preguntas al Señor
(véase 14:1-11). Como respuesta, el profeta trazó brevemente la historia del apóstata
Israel (vrs. 5-32), con su idolatría crónica. Luego pronunció el juicio justo de J ehová al
permitir la cautividad (vrs. 33-44).
B. LA ESPADA DEL SEÑOR (20: 45—21:32)
En el original hebreo, el capítulo 21 incluye el último párrafo del capítulo 20 de la
Biblia en castellano. Al parecer, esta es la división correcta.
1. Fuego y Espada (20: 45—21: 7). Al profeta se le pidió decir una parábola
“contra el bosque del campo del mediodía” (J udá), anunciando su destrucción por fuego.
Luego viene esta oración interesante: “¡Ah, Señor J ehová! ellos dicen de mí: ¿No profiere
éste parábolas?” (20:49) ¡La misma queja se escucha de los lectores modernos de
Ezequiel!
Otra vez se ordena al profeta gemir amargamente (v. 6). Y cuando se le preguntara
la razón, debería explicar que era por la destrucción que se aproximaba.
2. El Cántico de la Espada (21: 8-17). Una impresionante descripción (vrs.
9-10) se da de la invasión babilónica:
La espada, la espada está afilada,
y aun acicalada;
para degollar víctimas está,
acicalada está para que relumbre.
3. El Camino de la Espada (21: 18-27). Al profeta se le ordenó poner un
poste de señal y marcar dos caminos que salían de él, uno hacia Ammón y el otro hacia
J udá. Esto simbolizaba que Nabucodonosor estaba indeciso entre atacar primero a
Ammón o a J udá. Ambos se habían rebelado en contra suya. Después de consultar a tres
formas de adivinación (v. 21), sintió que debía atacar primero a J erusalén. La ruina
resultante duraría hasta que el Mesías viniera (v. 27; véase Génesis 49: 10).
4. La Espada de Ammón (21:28-32). Después de la conquista de J erusalén
por Nabucodonosor, los ammonitas saquearon a J udá (II Reyes 24:2). Pero la espada de
ellos debía retornarse a su vaina y ellos serían castigados por su crueldad (vrs. 30-32).
C. TRES SENTENCIAS EN CONTRA DE J ERUSALEN (capítulo 22)
1. Los Pecados de la Ciudad (vrs. 1-16). A J erusalén se le llama “la ciudad
derramadora de sangre” (v. 2). Se le acusa de crímenes e idolatría (vrs. 3-6),
desobediencia a los padres y opresión de los pobres (v. 7); de profanar el templo y el día
de reposo (v. 8), de inmoralidad (vrs. 9-11), de usura y fraude (v. 12). La lista es larga y
sórdida.
2. El Horno de la Furia (vrs. 17-22). La casa de Israel era escoria que debía
ser derretida en el horno. En el fuego de la cautividad babilónica fue purificada de su
idolatría.
3. Condenación de las Clases (vrs. 23-31). Los profetas (v. 25), los
sacerdotes (v. 26), los príncipes (v. 27), y la gente en general (v. 29), habían todos pecado
gravemente en contra de Dios y sus semejantes. Desgraciadamente, no había ningún
intercesor: “Y busqué de ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese al portillo
delante de mí por la tierra, para que no la destruyese; y no lo hallé” (v. 30).
D. AHOLAH Y AHOLIBAH (capítulo 23)
Una vez más Ezequiel da su profecía en forma de alegoría, la de dos hermanas,
Aholah y Aholibah. La primera representa a Samaria, y la segunda a J erusalén. Igual que
en el capítulo 16, dice que J udá ha sido más culpable que Israel, porque no prestó
atención a las advertencias dadas por la caída de Samaria en el año 722 A.C. Por el
contrario, adulteró con Asiria (v. 12) y Babilonia (v. 14). El lenguaje usado aquí es típica-
mente Oriental, pero la lección trágica no se debe pasar por alto.
E. SIMBOLOS DEL SITIO (capítulo 24)
Esta profecía está fechada “en el noveno año, en el mes décimo, a los diez del mes”
(v. 1). Esto fue enero del año 588 A.C. Se le dijo al profeta que este sería el día en que
Nabucodonosor comenzaría el sitio de J erusalén.
1. La Olla (vrs. 3-14). Quizá el profeta estuviera destazando un cordero y
poniéndolo en una olla para hervirlo cuando el Señor le dio esta parábola. La olla era
J erusalén. Los pedazos escogidos (v. 4) representaban a los principales líderes de la
ciudad. El fuego era el sitio. La “espuma” es la sangre derramada en la ciudad. El
derramamiento de la olla significa la cautividad, y su fundición en el fuego la destrucción
de J erusalén.
2. La Muerte de la Esposa de Ezequiel (vrs. 15-24). El profeta pagó un
precio muy elevado por su ministerio. Se le dijo que su esposa moriría, pero que él no
debería llorarla públicamente según la costumbre de aquellos días (v. 17). Esto sería un
símbolo de los horrores trágicos de la invasión. Ezequiel era una señal para J udá (v. 24).
3. El Habla Restaurada (vrs. 25-27). Estos versículos parecen conducirnos
atrás a 3: 25-27, donde se le dijo a Ezequiel que sería restringido de aparecer en público y
que no podría hablar sino hasta que Dios soltara su lengua. No parece probable que él
haya permanecido en silencio hasta este momento, ni siquiera que su ministerio fuera
privado. De cualquier manera, ahora se le dice que cuando los mensajeros lleguen con la
noticia de la caída de J erusalén, el profeta podrá hablar otra vez.
VII. EL PROFETA DE RESTAURACION (capítulos 25—48)
La última sección del libro de Ezequiel consiste de dos partes: profecías en contra
de naciones extranjeras (caps. 25—32) y profecías después de la caída de J erusalén (caps.
33—48). Esta última parte tiene que ver con la restauración de la cautividad (caps. 33—
39), y la gloria del reino futuro (caps. 40—48).
A. PROFECIAS EN CONTRA DE NACIONES EXTRANJ ERAS (capítulos 25—
32)
Es un fenómeno notable que los tres profetas dediquen una gran porción de sus
sentencias a profecías en contra de naciones extranjeras. Esta era una parte de su
comisión (véase J eremías 1: 5—“te di por profeta a las gentes [naciones]”). Siete
naciones se consideran aquí, siendo Egipto la que recibe el tratamiento más extenso
(caps. 29—32) y Tiro en segundo lugar (caps. 26-28). Lo sorprendente es la omisión de
Babilonia, la cual recibe mayor atención que cualquier otra nación en Isaías (caps. 13—
14) y J eremías (caps. 50—51).
1. NACIONES CIRCUNVECINAS (capítulo 25)
Las cuatro naciones consideradas aquí—Ammón, Moab, Edom y Filistia—habían
hostigado las fronteras de Israel por muchos siglos. Ahora que Israel y J udá habían sido
llevados a la cautividad, dieron rienda suelta a su gozo por medio de actos rencorosos.
a. Ammón (vrs. 1-7). Los ammonitas eran descendientes de un hijo de Lot, el
sobrino de Abraham (Génesis 9: 38). Pero ellos habían tratado a sus parientes con
insaciable crueldad. Ahora se gozaban por la destrucción de J erusalén y su templo (v. 3).
El profeta les advierte que ellos también serán invadidos del oriente (v. 4). Su gozo fue
exuberante por causa de la caída de J udá, como se describe en el versículo 6.
b. Moab (vrs. 8-11). Los habitantes de este país eran también descendientes
de Lot (Génesis 10: 37). Puesto que ellos también se habían gozado con la caída de J udá
serían igualmente invadidos por tribus del desierto.
e. Edom (vrs. 12-14). Los edomitas eran descendientes de Esaú, el hermano
de J acob. Pero la rencilla que hubo entre estos dos hermanos había continuado a través de
los siglos. Los edomitas habían tomado ventaja de la caída de J erusalén para vengarse
rencorosamente de J udá (véase Abdías). Mas ellos no escaparían sin ser castigados.
d. Filistia (vrs. 15-17). Los filisteos no estaban relacionados con los
israelitas, sino que arribaron de Creta en el siglo doce A.C. Desde los días de los jueces
habían sido una espina en el costado de Israel. También se habían vengado cuando J udá
cayó (v. 15). Dios dice que talará los “Ceretheos” eso es, los cretenses.
2. TIRO (capítulos 26—28)
a. La Caída de Tiro (cap. 26). La profecía está fechada “en el undécimo
año” (26: 1), esto es, el año 586 A.C., cuando J erusalén fue destruida. La gente de Tiro se
había gozado por este evento, pensando que la pérdida de J udá sería la ganancia de ellos
(v. 2).
A causa de su posición en una isla, que la hacía casi inconquistable, Tiro era
orgullosa y arrogante. Se dice que Nabucodonosor la sitió por un período de doce años
(585-573 A.C.) antes de que se sometiera. Le dio a Alejandro el Grande más trabajo que
cualquiera otra ciudad. Al fin éste resolvió el problema construyendo un camino de media
milla de ancho desde tierra firme hasta la isla. Ahora se puede transitar en auto sobre ese
terraplén y ver las ruinas antiguas. La profecía de que “tendedero de redes será en medio
de la mar” (v. 5) se cumplió literalmente.
Fenicia, de la cual Tiro era la ciudad principal, fue la nación más sobresaliente en el
comercio marítimo en los tiempos antiguos (véase v. 17). Había desarrollado colonias por
todo el norte de África, hasta el Océano Atlántico. Pero se hundió en el olvido, de
acuerdo a lo que Dios predijo por medio de su profeta. Hoy día, el puerto y capital de El
Líbano (la antigua Fenicia) es Beirut, al norte de Tiro y Sidón.
b. Endechas Sobre Tiro (cap. 27). A Ezequiel se le ordena lamentarse por
Tiro. El alcance tremendo de su comercio marítimo se describe vívidamente en los
versículos 3-25. Las ciudades y las naciones anotadas aquí, componían casi todo el
mundo conocido de aquellos días.
Pero su destrucción también se describe (vrs. 26-36). La caída de Tiro causaría una
amargura y consternación exageradas alrededor del mundo Mediterráneo.
e. Sentencia del Rey de Tiro (28: 1-19). Esta sección se compone de dos
poemas dirigidos en contra del gobernante de Tiro. El primero (vrs. 1-10) es dirigido al
príncipe de Tiro; el segundo (vrs. 11-19), al rey de Tiro—probablemente el mismo
individuo.
El orgullo de la ciudad estaba personificado en su príncipe. Este príncipe arrogante
pretendía ser divino (v. 2) y omnisciente (v. 3). El Daniel al cual se hace referencia aquí
es una representación antigua de la sabiduría (véase 14:14, 20), no el Daniel del período
de la cautividad.
Generalmente se ha admitido que el lenguaje de los versículos 12-15 abarca más
allá del rey de Tiro. Muchos lo interpretan como refiriéndose a Lucifer antes de su caída
para convertirse en Satanás. Admitiendo toda la extravagancia típica del lenguaje
oriental—reflejada, por ejemplo, en las tablas de los reyes de Asiria y Babilonia—la
terminología usada aquí es verdaderamente admirable. Note las expresiones: “Tú echas el
sello a la proporción, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto
de Dios estuviste... Tú, querubín grande, cubridor... en el santo monte de Dios estuviste;
en medio de piedras de fuego has andado.” El versículo 15 es especialmente significativo:
“Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste criado, hasta que se halló en ti
maldad.” El príncipe de Tiro era un símbolo de Satanás.
d. La Destrucción de Sidón (vrs. 20-24). Esta ciudad, situada entre la antigua
Tiro y la moderna Beirut, fue en cierta ocasión la ciudad madre de Fenicia. Pero Tiro
pronto la sobrepasó en grandeza. Quizá el remanente de J udá temiera que Sidón sucediera
a Tiro como una amenaza para su paz. Pero la promesa se dio de que “nunca más será a la
casa de Israel espino que la punce” (v. 24).
El capítulo termina con una promesa de la restauración de Israel (vrs. 25-26). Las
otras naciones serán destruidas, pero Israel volverá a ser reunida otra vez en su propia
tierra.
3. EGIPTO (capítulos 29—32)
Excepto por el párrafo de 29: 17-21, el cual tiene la fecha del año 571 A.C., todas
las otras profecías en contra de Egipto se pronunciaron precisamente antes de la caída de
J erusalén o inmediatamente después, eso es, en los años 587-585 A.C. Egipto era
responsable de haber introducido la idolatría entre el pueblo de Dios (16:26), y había
animado a J udá para rebelarse en contra de Asiria y Babilonia.
a. La Caída de Egipto (29: 1-16). “En el año décimo, en el mes décimo” (v.
1), (enero de 587 A.C.), se le ordenó a Ezequiel que pronunciara la profecía en contra del
Faraón Hofra, “el gran dragón.” Este rey orgulloso pretendía ser creador del Nilo (v. 3).
Pero Dios dijo que El pondría anzuelos en sus quijadas y lo arrojaría al desierto (vrs. 4-5).
Egipto había sido a Israel sólo un “bordón de caña,” que se rompió fácilmente (véase
Isaías 36:6).
Después de cuarenta años, Egipto sería restaurado (v. 13). Pero sería el más
humilde de los reinos (v. 15), y ya no una amenaza para Israel.
b. El Salario de Nabucodonosor (29:17-21). Esta es la profecía fechada más
tarde en todo el libro, en abril del año 571 A.C. Nabucodonosor acababa de subyugar a
Tiro después de un sitio de doce años (585-573 A.C.). Pero los tirios tuvieron suficiente
tiempo para despachar por barco todas sus mercaderías de valor, de manera que los
babilonios recibieron muy poco botín a cambio de su arduo trabajo (“gran servicio”) en
contra de Tiro (v. 18). Por tanto, Dios prometió dar el acaudalado Egipto a
Nabucodonosor como su pago. Este monarca marchó hacia el sur en el año 586 A.C. y
colectó su recompensa. El punto de vista es que Dios había usado a Nabucodonosor como
instrumento para castigar a las otras naciones, y por tanto se le pagaría por sus servicios.
c. El Día de Juicio de Egipto (cap. 30). “El día del Señor” (v. 3) —el día del
juicio—vendría sobre Egipto. Nabucodonosor sería el mensajero que visitaría a Egipto
con destrucción (v. 10). Los ídolos de Egipto serían destruidos (v. 13).
Los versículos 20-26 están fechados en el año 587 A.C. (v. 20), poco antes de la
caída de J erusalén. Algunos quizá todavía se preguntaban quién ganaría al fin, si Egipto o
Babilonia. Ezequiel categóricamente dijo que J ehová estaba del lado de Nabucodonosor,
quien, a su vez, conquistaría a Egipto. Sólo mediante la inspiración divina pudo el profeta
saber el fin de la lucha por el poder.
d. La Caída de Faraón (cap. 31). El término “Asirio” en el versículo 3 es sin
duda un error, debido quizá a una confusión de t’asshur (cedro) con ‘asshur (Asiria). La
última frase del capítulo claramente dice: “Este es Faraón y todo su pueblo, dice el Señor
J ehová.” Así que el capítulo comienza (v. 2) y termina con Faraón. Se le presenta como
un cedro alto, orgulloso y vanidoso (vrs. 3-10). Pero por causa de su orgullo será talado
(vrs. 11-18).
e. El Derrocamiento Final de Egipto (cap. 32). Este capítulo está claramente
dividido en dos himnos fúnebres. Uno para Faraón (vrs. 1-16) y el otro para Egipto (vrs.
17-32). El primero está fechado en el primer día del mes décimosegundo (febrero del año
585 A.C.), seis meses después de la caída de J erusalén. El segundo está fechado dos
semanas después, en el día quince. En el primer himno se compara a Faraón con un
dragón de los mares (v. 2) a quien Dios echaría en tierra. Nabucodonosor pondría fin al
reinado orgulloso de Faraón (v. 32).
B. EL RETORNO DE LA CAUTIVIDAD (capítulos 33—39)
Las profecías de Ezequiel acerca de J udá, pronunciadas antes de la caída de
J erusalén en el año 586 A.C. (caps. 4—24), sobresalen mayormente por la condenación
de la gente por sus pecados y las advertencias de castigo. El mismo tono caracteriza a las
sentencias en contra de las naciones extranjeras (caps. 25-32). Pero en la última sección
del libro (caps. 33-48) él mira más allá de la cautividad, a la restauración y la gloria fu-
tura de Israel.
1. LA RESPONSABILIDAD PERSONAL (capítulo 33)
a. Del Profeta (vrs. 1-9). Esta sección es muy similar a la comisión original
del profeta (3:17-21). En ambos se pone énfasis sobre la responsabilidad de un atalaya.
b. Del Pueblo (vrs. 10-20). Cada individuo determina su propio destino. Esta
es la verdad que ya se ha expresado más ampliamente en el capítulo 18. De acuerdo a lo
que se dice allí, la gente decía: “No es recta la vía del Señor” (v. 20).
c. De los Sobrevivientes (vrs. 21-29). El “año duodécimo” (v. 21) parece que
es el equivalente “del undécimo año” en J eremías 39:2. Si es así, las nuevas de la caída de
J erusalén en el año 586 A.C. llegaron hasta Ezequiel después de seis meses del evento.
Fue entonces cuando dejó de “estar callado” (v. 22). Parece que poco antes de ese tiempo,
él había escrito algunas profecías en contra de las naciones extranjeras, pero no le fue
posible profetizar a los judíos.
Este fue el mensaje para los sobrevivientes de J udá: “Los que habitan aquellos
desiertos en la tierra de Israel” (v. 24). Fue una advertencia de castigo por su idolatría (v.
25) y adulterio (v. 26).
d. De los Cautivos (vrs. 30-33). Dios informó a Ezequiel que los judíos en
Babilonia que vinieron a él no estaban acatando su mensaje. “Y he aquí que tú eres a
ellos como cantor de amores, gracioso de voz y que canta bien: y oirán tus palabras, mas
no las pondrán por obra” (v. 32).
2. PASTORES Y OVEJ AS (capítulo 34)
a. Pastores Egoístas (vrs. 1-10). Los gobernantes de la nación se comparan
con pastores que se alimentan a sí mismos en vez de alimentar a las ovejas (v. 2). Es-
quilaban las ovejas en vez de alimentarlas (v. 3). Pero Dios requerirá las ovejas de sus
manos (v. 10).
b. El Buen Pastor (vrs. 11-16). El Buen Pastor buscará sus ovejas, y las
traerá a su redil y las volverá a alimentar. El lenguaje usado aquí nos recuerda el de
Salmos 23 y J uan 10.
c. Ovejas Contra Carneros (vrs. 17-31). El Buen Pastor actuará como juez,
separando las ovejas de los carneros. La promesa del versículo 23 es Mesiánica. Cristo, el
Hijo de David, será el Buen Pastor.
3. EL J UICIO DE EDOM (capítulo 35)
Edom será castigada por causa de sus “enemistades perpetuas” con Israel (v. 5).
Será puesta “en asolamientos perpetuos” (v. 9).
4. RESTAURACION Y REGENERACION (capítulo 36)
Aquí se promete que Dios juntará a todos los israelitas de todos los países y los
traerá a su propia tierra (v. 24). Luego viene uno de los pasajes más sobresalientes sobre
la regeneración en el Antiguo Testamento: “Y esparciré sobre vosotros agua limpia; y
seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Y
os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra
carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi
espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis
por obra” (vrs. 25-27).
5. AVIVAMIENTO Y REUNION (capítulo 37)
a. El Valle de los Huesos Secos (vrs. 1-14). Ezequiel vio un valle lleno de
huesos secos. Luego se le preguntó: “¿Vivirán estos huesos?” (v. 3). En otras palabras,
¿podría la nación muerta de J udá volver a vivir? Cuando él profetizó, los huesos
esparcidos se juntaron y formaron esqueletos, y los esqueletos se convirtieron en cuerpos,
y finalmente los cuerpos se pararon con vida. Por medio de esta visión Dios prometió el
avivamiento de Israel (vrs. 11-14).
b. Dos Palos (vrs. 15-28). El profeta tenía que tomar dos palos, escribir en
uno, “J udá,” y en el otro “Efraín.” Luego tenía que juntarlos el uno con el otro para que
se volvieran uno en su mano (v. 17). Esto simbolizaba la reunión de las doce tribus.
6. GOG Y MAGOG (capítulos 38—39)
Gog, el príncipe de la tierra de Magog, vendrá contra el pueblo de Dios (38:14-16).
Pero el Señor peleará en contra de él. Llevará a Israel siete meses para enterrar a los
muertos (39:12).
A menudo se ha identificado a Magog—correcta o incorrectamente—con Rusia.
Ciertamente, los eventos de los últimos años añaden significado a esta interpretación.
C. LA GLORIA FUTURA DE ISRAEL (capítulos 40—48)
1. EL NUEVO TEMPLO (capítulos 40—43)
En el año veinticinco de la cautividad (40: 1) — el año 573 A.C. —Ezequiel recibió
una visión del templo futuro. Las medidas y el mobiliario se dan en detalle. Algunos
sostienen que estas son las medidas de un templo literal que ha de ser edificado antes o
después de que Cristo venga. Parece mejor interpretarlo como un símbolo del nuevo reino
espiritual. La cosa importante es que la gloria del Señor llenó la casa de Dios (43:2-5).
2. REGLAS PARA EL TEMPLO (capítulos 44—46)
Se dan instrucciones detalladas para el príncipe (44:1-3), los sacerdotes (44:9-31),
las porciones para los sacerdotes (45: 1-6) y el príncipe (45: 7-25), la adoración del
príncipe y el pueblo (cap. 46). Las reglas son tan específicas como las que encontramos
en Levítico.
3. EL RIO DE LA VIDA (47:1-12)
Esta descripción es paralela a Apocalipsis 22: 1-2. El profeta ve un río de la vida
corriendo desde el santuario que trae bendición cerca y lejos.
4. LA TIERRA SANTA (47:13—48:35)
Al profeta se le dicen las fronteras de la tierra (47:13-23) y las asignaciones de las
tribus, sacerdotes y príncipes (48:1-29). El libro se cierra con la descripción de la Ciudad
Santa (48:30-35).



CAPITULO SEIS
EL PROFETA APOCALIPTICO
DANIEL
Nombre: “Dios ha juzgado”
Fecha de los Eventos: cerca de los años 606-536 A.C.
Lugar de su Ministerio: Babilonia
División de su Libro:
La Historia de Daniel (capítulos 1—6)
Visiones de Daniel (capítulos 7—12)
Versículos Para Memorizar: 1:8; 12:3, 10
INTRODUCCION
El Libro de Daniel ha sido objeto de más controversia que casi cualquier otro libro
en la Biblia. La mayoría de los eruditos liberales lo sitúan en el segundo siglo antes de
Cristo, alrededor del año 165. Esto se debe a que describe en detalle los cambios de
escena de ese período. Los conservadores sostienen el punto de vista judío y cristiano, de
que el libro se escribió por Daniel en el sexto siglo A.C., quien por inspiración divina,
pudo ver el futuro por varios siglos. Uno tiene que creer en lo sobrenatural a fin de
aceptar a Daniel como el autor de este libro.
Edward Young— ampliamente reconocido como el erudito conservador de mayor
calibre en asuntos del Antiguo Testamento—ha dado las razones que tenemos para
sostener que Daniel escribió el libro que lleva su nombre. El ha dado en sus obras una
respuesta adecuada a los argumentos de los que niegan que Daniel escribió el Libro de
Daniel.
I. HISTORIA DE DANIEL (capítulos 1—6)
A. LA CAUTIVIDAD DE DANIEL (capítulo 1)
El principio de la cautividad de Daniel está fechado “En el año tercero del reinado
de J oacím” (v. 1). Esto sería el año 606 ó 605 A.C. Aquí se afirma que Nabucodonosor,
el rey de Babilonia, invadió a J udá y sitió a J erusalén. Habiendo tomado la ciudad—no la
destruyó sino hasta veinte años más tarde—tomó “parte de los vasos de la casa de Dios”
(v. 2) y los llevó a la tierra de Sinar (Babilonia), donde los puso en la casa de sus dioses.
Nabucodonosor también ordenó que algunos de los jóvenes de la familia real
fueran llevados a Babilonia, donde serían instruidos en la sabiduría del palacio imperial.
Entre ellos estaban Daniel y sus tres amigos. Así que Daniel era un príncipe de J udá. A
los cuatro jóvenes se les dio nombres babilónicos (v. 7). Algo curioso, mientras Daniel se
conoce siempre por su nombre hebreo, los otros tres se conocen por sus nombres
babilónicos—Sadrach, Mesach, y Abed-nego (véase 3:12-20).
Una de las lecciones espirituales sobresalientes del libro se encuentra en el
versículo ocho del capítulo primero: “Y Daniel propuso en su corazón de no conta-
minarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber.” Fue una gran
decisión para un joven—cautivo en una tierra extraña, y lejos de la influencia piadosa de
sus familiares y amigos. Fue una decisión valiente, que muy bien le podría haber costado
la vida. Rodeado por religiones y normas morales paganas, este joven permanece como
un ejemplo inspirador para los jóvenes de todas las generaciones. Daniel vivió de acuerdo
a convicciones que Dios le había dado, y ése ha sido siempre el precio que hay que pagar
para obtener la bendición divina.
Puesto que Daniel permaneció fiel, descubrió que Dios estaba de su lado y le puso
en favor con el príncipe de los eunucos (v. 9). El encargado de los cuatro jóvenes
hebreos, al fin consintió en que tuvieran una dieta de agua y vegetales por espacio de diez
días. Al fin de este período los cuatro jóvenes se veían mejores que los que habían sido
alimentados con el alimento ordenado por el rey (v. 15). Así que se les permitió continuar
con la dieta que ellos habían escogido.
Los cuatro jóvenes hebreos no sólo prosperaron físicamente, sino que “dióles Dios
conocimiento e inteligencia en todas letras y ciencia” (v. 17). Daniel fue honrado con un
don especial: “entendimiento de toda visión y sueño.”
Al fin del período de tres años de prueba (véase v. 5), el príncipe de los eunucos
trajo a todos los príncipes hebreos delante del rey. Nabucodonosor descubrió que Daniel
y sus tres amigos eran más sabios que todos los otros. Así que fueron retenidos en la
presencia real. El rey se dio cuenta de que en sabiduría e inteligencia eran “diez veces
mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino” (v. 20).
El último versículo de este capítulo introductorio dice que “fue Daniel hasta el año
primero del rey Ciro.” Pero una visión está fechada en “el tercer año de Ciro rey de
Persia” (10: 1). Eso sería alrededor del año 536 A.C.
B. EL SUEÑO DE NABUCODONOSOR DE UNA IMAGEN (capítulo 2)
Muchas interpretaciones se han dado de este y los capítulos siguientes de Daniel. A
fin de no confundir al lector con una variedad de interpretaciones, nos pareció mejor, para
simplificar el asunto, adoptar la interpretación más ampliamente aceptada por los
premilenialistas hoy día.
1. El Dilema del Rey (vrs. 1-11). En el segundo año de su reino,
Nabucodonosor tuvo un sueño que le turbó mucho. Desgraciadamente, no podía
recordarlo. Sin embargo, demandó de sus sabios que le dijeran su significado.
Los caldeos (los sabios) contestaron al rey “en arameo.” Una de las características
sobresalientes del libro de Daniel es que una gran parte del mismo (2:4— 7: 28) está
escrito en arameo—un lenguaje semita relacionado con el hebreo, pero diferente. Los
judíos aprendieron el arameo en Babilonia y lo llevaron a Palestina, donde se convirtió en
el idioma principal durante el tiempo de Cristo. Hoy día, el idioma común de Israel es
otra vez el hebreo.
2. La liberación de Daniel (vrs. 12-24). Enojado porque los caldeos no
podían decirle su sueño y su interpretación, Nabucodonosor ordenó que todos los hom-
bres sabios fueran ejecutados. Pero antes de que la espada cortara su cabeza, Daniel
escapó de una muerte segura. Pidiendo que se le diera tiempo (v. 16), llamó a sus tres
amigos para orar.
Aquella misma noche, mediante una visión, Dios reveló a Daniel el sueño y su
interpretación. Después de dar gracias a Dios (vrs. 20-23), Daniel pidió que se le trajera
ante la presencia del rey.
3. El Revelador de Misterios (vrs. 25-30). El rey preguntó al joven hebreo si
él podría interpretar el sueño. Daniel se despojó de toda pretensión de sabiduría humana
(v. 30), pero declaró que “hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios” (v. 28).
Este Dios estaba mostrando a Nabucodonosor lo que pasaría en el futuro. La ocasión del
sueño era la preocupación del rey acerca de lo que pasaría con su imperio (v. 29).
4. El Sueño (vrs. 31-35). Nabucodonosor había soñado una gran imagen, con
forma de hombre. La cabeza era de oro, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los
muslos de metal (bronce), sus piernas de hierro, y sus pies de una mezcla de hierro y
barro cocido. Una piedra “cortada, no con mano,” golpeó y destruyó la imagen. Luego se
convirtió en una gran montaña que llenaba la tierra.
5. La Interpretación (vrs. 36-45). La imagen representaba cuatro imperios:
(1) babilónico—”tú eres aquella cabeza de oro;” (2) el medo persa; (3) el griego; (Greco)
—de Alejandro el Grande y sus sucesores; (4) el romano. La mezcla de hierro y barro
cocido (dictadura y democracia) recibe la mayor atención (vrs. 41-43). Pero todos estos
imperios serán derrocados y destruidos por el reino de Dios, el cual “permanecerá para
siempre” (v. 44).
6. La Recompensa de Daniel (vrs. 46-49). Con una extravagancia típica del
oriente antiguo, el rey adoró a Daniel. Luego lo puso por “gobernador de toda la pro-
vincia de Babilonia, y por príncipe de los gobernadores sobre todos los sabios de
Babilonia” (v. 48). A los amigos de Daniel también se les dio una posición elevada.
C. EL HORNO DE FUEGO (capítulo 3)
1. La Imagen de Oro (vrs. 1-7). Lleno de orgullo como estaba, el rey mandó
hacer una gran imagen de oro de veinte metros de altura. Luego llamó a todos los
oficiales de su reino para un gran servicio de dedicación. Un heraldo proclamó la orden
del rey de que cuando la música comenzara, todos los presentes deberían inclinarse y
adorar la imagen.
2. La Gran Negación (vrs. 8-18). Los tres amigos de Daniel arriesgando sus
vidas (véase v. 6), se negaron a adorar la imagen. También se negaron en una segunda
oportunidad. No hay fe y fidelidad más grandes que las que se describen en los versículos
17 y 18: “Nuestro Dios... puede librarnos... y nos librará... Y si no, sepas, oh rey, que tu
dios no adoraremos, ni tampoco honraremos la estatua que has levantado.” Esa clase de
valor y fe son absolutamente inconquistables.
3. El Horno de Fuego (vrs. 19-23). El rey estaba tan airado que ordenó que
el horno se calentara siete veces más de lo normal. Los hombres más fuertes del ejército
fueron nombrados para atar a los tres rebeldes y arrojarlos al fuego. Tal era el calor del
horno, que estos tres oficiales militares murieron quemados con sólo acercarse a él (v.
22).
4. La Gran Liberación (vrs. 24-30). De repente, el rey se puso de pie y
clamó sobresaltado, al ver a cuatro hombres caminando tranquilamente dentro del horno
de fuego. Con gran temor y respeto, ordenó que los jóvenes hebreos fueran sacados del
horno. Cuando los examinaron, no tenían ni siquiera el olor del fuego.
La lección de este incidente es demasiado clara como para pasarse por alto. Como
hijos fieles de Dios, nunca nos encontramos en el horno de fuego de la aflicción de
cualquier clase—físico, financiero, social o de cualquier otra clase—sin la seguridad de
que el Hijo de Dios, Amor Eterno, camina a nuestro lado. Y todo lo que el fuego puede
hacernos es quemar las ligaduras que nos limitan, y así liberarnos para un servicio y un
compañerismo más grande. Esta historia ha sido una inspiración para incontables
generaciones de cristianos.
D. EL SUEÑO DEL ARBOL (capítulo 4)
1. El Sueño (vrs. 4-18). La segunda visión, o sueño, de Nabucodonosor
concernía más al futuro cercano que el anterior. Esta vez, el rey recordaba el sueño, pero
aun así los sabios no podían interpretarlo. Así que llamó a Daniel para que le diera su
interpretación.
El rey había visto un gran árbol que llegaba hasta el cielo. Pero un vigilante, un
santo, descendió del cielo para decretar que el árbol sería cortado. Por espacio de siete
años (v. 16) la persona representada por las cepas de las raíces que habían sido dejadas;
moraría con las bestias del campo “para que conozcan los vivientes que el Altísimo se
enseñorea del reino de los hombres” (v. 17).
2. La Interpretación (vrs. 19-27). El árbol era Nabucodonosor quien se había
exaltado a sí mismo con orgullo. Pero sería humillado a un estado de anormalidad mental
por siete años (v. 25), después de lo cual sería restaurado (v. 26). Daniel luego rogó al rey
que se arrepintiera y evitara así la calamidad.
3. El Cumplimiento (vrs. 28-37). Un año más tarde, el rey estaba
proclamando jactanciosamente que él había edificado la magnífica ciudad de Babilonia—
los esplendores de la cual la arqueología ha revelado sin medida—cuando el decreto de la
condena se cumplió. Por espacio de siete años, el rey vivió una vida demente en medio de
las bestias del campo. Cuando se le restauró a su mente normal, adoró al Dios verdadero.
E. LA FIESTA DE BELSASAR (capítulo 5)
1. El Sacrilegio (vrs. 1-4). En una gran fiesta dada en honor de mil de sus
príncipes, Belsasar ordenó que se trajeran los vasos del templo de J erusalén. Mientras que
la orgía continuaba, los invitados tomaban vino con los vasos sagrados y alababan a los
dioses paganos.
2. La Escritura en la Pared (vrs. 5-16). De repente, las rodillas del rey
comenzaron a temblar debido al miedo. En la pared del lado opuesto, los dedos de la
mano de un hombre estaban escribiendo unas palabras. En medio de su terror, el rey
llamó a los sabios, pero ellos no pudieron interpretar su significado. Al fin, la reina
mencionó a Daniel. Inmediatamente fue traído al palacio y se le ofreció una gran
recompensa si leía e interpretaba la escritura.
3. La Interpretación (vrs. 17-31). Daniel predicó al rey acerca de sus
pecados. Luego le declaró que su reino sería conquistado y sería dado a los medos y a los
persas (v. 28). Belsasar honró a Daniel con una recompensa adecuada. Pero esa misma
noche Babilonia fue tomada por el enemigo y el rey fue muerto.
Hace una generación, la veracidad del libro de Daniel se puso en tela de duda
porque parecía afirmar que Belsasar había sido el último rey del imperio babilónico. Los
registros seculares nombran a Nabonido como el último rey, y ni siquiera mencionan a
Belsasar.
Pero al fin la verdad salió a luz. Algunas tablas de Nabonido fueron descubiertas en
las cuales cuenta de su amor por los viajes y la cacería. En ella dice que él había dejado a
su hijo Belsasar encargado de Babilonia como gobernador. Así que de un solo golpe se
dio confirmación a la veracidad de este relato, y también una explicación de porqué
Belsasar hizo a Daniel “el tercer señor en el reino” (v. 29). Belsasar era el segundo
gobernante.
F. DANIEL EN EL FOSO DE LOS LEONES (capítulo 6)
1. El Decreto de Darío (vrs. 1-9). El rey había nombrado a Daniel como el
principal de tres presidentes sobre todo el reino, y estaba pensando hacerlo algo así como
primer ministro (v. 3). Esto provocó celos en los otros oficiales. Daniel era tan fiel que no
podían encontrar ninguna falta en su conducta. Lo único que podían atacar en él era su
religión. Así que manipularon al rey para que proclamara un decreto de que nadie podía
orar a ningún dios u hombre por espacio de treinta días, excepto al rey.
2. La Fidelidad de Daniel (vrs. 10-15). Cuando Daniel supo del decreto
continuó con sus oraciones tres veces al día, con su ventana abierta hacia J erusalén. El
temía a Dios, así que no tenía temor del rey, de sus enemigos o los leones.
3. La Liberación de Daniel (vrs. 16-28). Dios cerró la boca de los leones y
los enemigos de Daniel fueron al fin lanzados al foso. El rey proclamó un nuevo decreto
ordenando adorar a J ehová. Mientras tanto, Daniel continuó prosperando.
II. VISIONES DE DANIEL (capítulos 7—12)
A. LAS CUATRO BESTIAS (capítulo 7)
Esta visión está fechada “En el primer año de Belsasar rey de Babilonia.” Como
dijimos anteriormente, Belsasar reinó juntamente con su padre durante el último año del
imperio babilónico, el cual llegó a su fin en el año 538 A.C. Esta visión es muy semejante
a la imagen del sueño de Nabucodonosor (cap. 2).
1. La Visión (vrs. 1-14). Daniel vio cuatro bestias grandes que salían del
mar. La primera era “como león” (v. 4), con alas de águila. Esta representaba el Imperio
Babilónico establecido por Nabucodonosor.
La segunda bestia era “semejante a un oso” (v. 5), y representaba al Imperio Medo-
Persa.
La tercera bestia era “semejante a un tigre” (v. 6), y simbolizaba el Imperio Griego
de Alejandro el Grande. Las cuatro alas y las cuatro cabezas simbolizaban las cuatro
divisiones que resultaron después de la muerte de Alejandro.
La cuarta bestia era “espantosa y terrible, y en grande manera fuerte” (v. 7), con
grandes dientes de hierro que devoraban. Esta bestia indescriptible representaba al
Imperio Romano.
Daniel estaba perplejo por el hecho de que un pequeño cuerno sobresalía de entre
los diez cuernos y arrancó tres de ellos. Pero luego vio “un Anciano de grande edad”
sentado en el trono (v. 9) juzgando (v. 10). La terrible bestia fue muerta (v. 11). La visión
se cierra con uno “como un hijo de hombre” recibiendo del “Anciano de grande edad” un
reino universal y eterno (vrs. 13-14).
2. La Interpretación (vrs. 15-28). Las cuatro bestias eran cuatro reyes (v.
17). “Después tomarán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo,
y hasta el siglo de los siglos” (v. 18).
Daniel estaba especialmente interesado en la cuarta bestia y sus cuernos. Se le dijo
que los diez cuernos representaban diez reyes. El pequeño cuerno que se levantó entre
ellos desafiaría a Dios “y a los santos del Altísimo quebrará” por tres años y medio (v.
25). Pero el reino sería quitado de él y dado a los “santos del Altísimo” (vrs. 26-27).
El cuerno pequeño de Daniel 7:8 se interpreta generalmente por los pre-
milenialistas como refiriéndose al Anticristo, al fin de esta edad. El perseguirá al pueblo
de Dios, pero será derrotado.
B. EL CARNERO Y EL MACHO CABRIO (capítulo 8)
La segunda visión de Daniel está fechada “en el año tercero de Belsasar.” Tuvo
lugar en “Susán,” eso es, Susa, la antigua capital de Persia. Fue en “la provincia de Elam”
(V.M.), al este del valle del Tigris y el Eufrates.
1. La Visión (vrs. 1-14). Daniel vio primero un carnero con dos cuernos (v.
3). Este representaba el Imperio Medo-Persa. El cuerno más alto, que apareció al último,
representaba al segundo y más fuerte elemento, Persia. El Imperio Persa se extendía hacia
el oeste hasta el Asia Occidental, hacia el norte hasta Grecia, y hacia el sur hasta Egipto
(v. 4). No iba muy lejos hacia el este.
Luego Daniel vio un macho cabrío que venía del oeste. Se movía tan rápidamente
que “no tocaba la tierra” (v. 5). Este describía vívidamente la asombrosa y rápida
conquista de Alejandro el Grande, quien arrasó Asia Menor, Mesopotamia, Siria,
Palestina, Egipto y aun la India—todo eso en unos pocos años.
Por tanto, el macho cabrío representaba el Imperio Griego. El “cuerno notable” (v.
5) era Alejandro el Grande, quien quebró el poder (“cuernos”) del Imperio Medo-Persa.
Pero cuando “engrandecióse en gran manera el macho de cabrío” (v. 8) el cuerno se
quebró—Alejandro el Grande murió repentinamente (en el año 323 A.C., a la edad de
treinta y dos años). Cuatro cuernos—cuatro divisiones del imperio—le sucedieron.
De uno de ellos surgió el “cuerno pequeño.” El pequeño cuerno de Daniel 8: 9 se
interpreta refiriéndose a Antioco Epífanes, el gobernador de Seleucia, “el cual creció
mucho al mediodía, (Egipto) y al oriente (Mesopotamia) y hacia la tierra deseable
(Palestina).” “Por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue
echado por tierra” (v. 11); eso significa que Antioco Epífanes detuvo los sacrificios
diarios en el templo de J erusalén y profanó el lugar santo al ofrendar un puerco en el
altar. Esto tuvo lugar en el año 168 A.C.
Pero más tarde el altar sería limpiado (v. 14). Esto sucedió en diciembre del 165
A.C., y se conmemoraba en días de Cristo mediante la Fiesta de la Dedicación (J uan 10:
22). Todavía se celebra por los judíos con el nombre de Hanukkah o el Festival de las
Luces, una de las épocas más brillantes del año judío.
2. La Interpretación (vrs. 15-27). El carnero se identifica claramente con el
Imperio Medo-Persa (v. 20). El macho cabrío es Grecia (v. 21). El cuerno grande es el
primer rey, Alejandro el Grande, quien fue sucedido por cuatro reyes, ninguno de los
cuales tuvo su poder (v. 22). El “rey altivo de rostro” (v. 23) es Antioco Epífanes, el rey
de Seleucia, de Siria. El destruiría a los “fuertes y al pueblo de los santos” (v. 24) —los
judíos.
C. LAS SETENTA SEMANAS (capítulo 9)
Esta visión tuvo lugar “En el año primero de Darío” (v. 1). Daniel leyó en el libro
de J eremías que la cautividad duraría sólo setenta años.
1. La Oración de Confesión de Daniel (vrs. 3-19). Cuando a uno se le da la
seguridad de que Dios enviará un avivamiento, no debe dejar de orar. Todo lo contrario,
ese debe ser el momento de oración, petición insistente y confesión, preparando así el
camino para el avivamiento.
Este fue el curso que siguió Daniel. Aunque él era justo, confesó los pecados de la
nación. Todo intercesor debe, en cierta medida, identificarse con aquellos por quienes
ora, confesando sus pecados casi como si fueran suyos.
2. Las Setenta Semanas (vrs. 20-27). La mayoría de los eruditos están de
acuerdo en que en este caso las “semanas” representan siete años. Las setenta semanas
entonces serían 490 años.
Se afirma que “desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a J erusalén”
hasta que al Mesías se le quite “la vida,” serán 69 semanas (vrs. 25-26) — 483 años. Si
uno identifica el primer evento con el decreto de Artajerjes para edificar los muros de
J erusalén en el año 445 A.C. (Nehemías 2:4-8), la cronología es casi perfecta. Notemos
que no es el nacimiento del Mesías, sino su muerte, que se menciona. Substrayendo 30—
Cristo murió probablemente en el año 30 D.C. —de los 483 años, nos da 453, que es muy
cerca de 445.
Pero ¿qué de la septuagésima semana? Los premilenialistas generalmente la
colocan al fin de esta era, sosteniendo que este período de la iglesia gentil—de una
extensión indeterminada—está insertado entre las semanas 69 y 70 de la historia de
Israel. Sin duda que hay muchas dificultades con esta y cualquier otra interpretación de
este capítulo.
El versículo 27 se interpreta generalmente como referencia a un convenio entre el
Anticristo y los judíos. “A la mitad de la semana” él quebranta el convenio, y tres años y
medio de “La Gran Tribulación” siguen. Otra interpretación relaciona la primera mitad de
la semana setenta a los tres años y medio del ministerio de Cristo, seguido por su muerte,
la cual puso fin a la necesidad de sacrificios de animales.
D. LA ULTIMA VISION DE DANIEL (capítulos 10—12)
Esta visión tuvo lugar “En el tercer año de Ciro rey de Persia” (10:1), después de
un período de tres semanas de lamento y ayuno. Daniel estaba a orillas del río Hiddekel
(v. 4) —el río Tigris. Quizá él estuviera acongojado por falta de una respuesta entusiasta
de parte de los judíos cautivos hacia el decreto de Ciro permitiéndoles volver a su propia
tierra. Sin duda estaría preocupado con el resultado final de todo eso.
1. El Mensaje del Cielo (cap. 10). Un visitante angelical apareció a Daniel y
le informó que él había comenzado a ayudarle desde el primer día de su oración (v. 12).
Pero que había sido estorbado por “el príncipe del reino de Persia” hasta que Miguel vino
en su ayuda (v. 13). El propósito de la visión era hacer saber a Daniel “lo que ha de venir
a tu pueblo en los postreros días” (v. 14).
2. Los Períodos Persa y Griego (11: 1-35). El mensajero declaró que tres
reyes seguirían en Persia. Estos eran Cambises, Pseudo-Smerdis, y Darío Hystaspes. El
cuarto, más rico que todos (v. 2), era J erjes, quien intentó la invasión de Grecia pero fue
derrotado en Salamina en el año 480 A.C.
El “rey valiente” que se enseñorearía “sobre gran dominio” (v. 3) era Alejandro el
Grande. A su muerte el reino se dividió en cuatro partes (v. 4).
Luego sigue un resumen (vrs. 5-20) de las actividades rivales del “rey del
mediodía”—los Ptolomeos de Egipto—y del “rey del norte”—los Seleucios de Siria. —
El hecho de que este material se dé en minucioso detalle ha guiado a muchos eruditos a
sostener que el libro de Daniel fue escrito durante este período.
El gobernante de mayor importancia para los judíos fue Antioco Epífanes. Así que
sus hechos se registran más ampliamente (vrs. 21-35). El es llamado “una persona vil”
por su agrado en profanar las cosas sagradas. El quitaría “el continuo sacrificio,” y
pondría “la abominación espantosa” (v. 31). Esta última frase la encontramos en el
discurso de Cristo en el Monte de las Olivas (Mateo 24:15; Marcos 13:14). La referencia
de Daniel es probablemente a la profanación del templo de J erusalén por Antioco en el
año 168 A.C., cuando éste ofreció un puerco en el altar. “Mas el pueblo que conoce a su
Dios, se esforzará, y hará” (v. 32), es una alusión a la rebelión de los Macabeos.
3. El Tiempo del Fin (11: 36—12:13). La escena parece cambiar
súbitamente al Anticristo, al fin de esta era, de quien Antioco Epífanes fue un tipo muy
vívido. Se sostiene, al menos por los premilenialistas, que la parte final de este capítulo
(11: 36-45) es una descripción del Anticristo levantándose de la figura de Antioco.
Lo que generalmente se conoce como “La Gran Tribulación” se describe en el
primer versículo del capítulo 12 como un “tiempo de angustia, cual nunca fue después
que hubo gente hasta entonces.” Esta afirmación tan fuerte fue repetida por Cristo (Mateo
24:21; Marcos 13:19).
Luego el mensajero reveló a Daniel que habría dos clases de resurrecciones—”unos
para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua” (v. 2). El versículo tres es
una hermosa promesa para los “entendidos” quienes “enseñan a justicia la multitud.”
El libro concluye con una admonición a Daniel para que selle el contenido del libro
“hasta el tiempo del fin” (vrs. 4, 9). Evidentemente, el significado de esto no se entenderá
hasta más tarde. Se le dice que “muchos serán limpios, y emblanquecidos, y purificados,”
mientras que los impíos continuarán en sus pecados. Esa ha sido la historia de la
humanidad desde los días de Daniel hasta el presente.



CAPITULO SIETE
OSEAS y JOEL
A. Oseas—El Triunfo del Amor
Nombre: Significa “salvación,” “liberación.”
Fecha: Aproximadamente entre 750 y 736 A.C.
Lugar de su ministerio: El reino de Israel (Norte).
División de su libro:
I. La Vida Hogareña de Oseas (capítulos 1—3).
II. El Mensaje de Dios a Israel (capítulos 4—14).
Versículos sobresalientes para memorizar: 10:12; 14:4.
1. EL HOMBRE
La tarde caía en un humilde hogar del norte de Israel. Un personaje solitario
sollozaba con el rostro hundido entre sus manos. El ser amado había dejado el hogar y el
desconsolado esposo compartía el funeral en su corazón.
¿Por qué había sucedido todo aquello? Esta pregunta obsesionaba la mente y
atormentaba el alma de Oseas, nuestro joven profeta.
a. Luna de Miel que se Vuelve de Angustia. La memoria tomó a Oseas de
la mano y lo condujo hacia atrás por los senderos del tiempo. ¡Cuán vívidamente
recordaba la ocasión en que conoció a la hermosa doncella llamada Gomer! La escena
aparecía de nuevo ante sus ojos. El encanto de la juventud, la belleza fascinadora... la
memoria de aquel momento agitaba y traspasaba su corazón en esta noche.
Dándose cuenta de su llamamiento, el mozo profeta había orado intensamente sobre
el asunto. La instrucción divina había llegado con la claridad de una campanada: “Cásate
con Gomer.” Y así, un día se unieron en matrimonio. Muy a pesar de la tragedia subse-
cuente, Oseas no podía dudar de que Dios le había indicado que se casara con la mujer
que llegó a ser su esposa. Pero, ¿por qué? ¿Por qué? Esta interrogación resonaba como
un lamento por todos los ámbitos de su alma.
Los primeros años de su matrimonio fueron muy felices. Oseas y su joven
compañera estaban mutua y profundamente enamorados. Como la fragancia de las lilas
en primavera, las brisas de la memoria le traían el aroma de la dulzura de aquellos
primeros días. El aún ardiente enamorado prorrumpió en nuevos sollozos.
¡Cómo recordaba al primer hijo que había arrullado! Cuando se llenó de orgullo por
tener su primer hijo, le pareció que la copa de su gozo rebosaba. Cuando oró sobre ello,
se le indicó que llamara al niño J ezreel. El niño era una señal para Israel de que Dios
vengaría la sangre de J ezreel sobre la casa de J ehú.
Pero de pronto apareció un distanciamiento en la vida de la feliz pareja. Oseas
observó con creciente congoja la atención señalada que algunos jóvenes demostraban
para con su esposa. Sus ojos comenzaron a interceptar algunas miradas veladas, pero
acariciadoras. No fue muy difícil descifrarlas. La belleza misma de Gomer estaba
resultando ser una trampa para ella.
Poco tiempo después, otro bebé nació en el hogar, sólo que esta vez fue una hija.
Pero el entusiasmo de Oseas se enfrió no porque aquel vástago fuera mujercita, sino
porque en las honduras de su corazón se agitaba la negra sombra de una tremenda
incertidumbre— ¿era esta niña realmente hija suya? El horizonte del profeta se
obscureció con una horrible interrogación.
La voz divina le dio muy poco consuelo al indicarle el nombre de la niña: “Ponle
por nombre Loruhama: porque no más tendré misericordia de la casa de Israel” (1:6).
Loruhama—“la no compadecida,” “la no amada.” Lenta, pero seguramente, la cruz caía
sobre sus hombros: la cruz oculta de un temor indescriptible. La senda del profeta se
estaba volviendo una verdadera vía dolorosa.
Finalmente, otro hijo vino al hogar. En esta ocasión no hubo duda alguna... tan sólo
quedaba una horrible certeza. Dios le dijo: “Ponle por nombre Loammi: porque vosotros
no sois mi pueblo ni yo seré vuestro Dios” (1:9). Loammi—“no pueblo mío,” “no mi
familiar.” Aturdido y ofuscado, Oseas andaba como si estuviera soñando. Gradualmente,
como uno que vuelve en sí, el agudo dolor regresó. El alma sensitiva del profeta fue
bombardeada con la realidad innegable de la verdad horrible—el niño no era su hijo.
Gomer, su esposa, le había sido infiel.
b. El Pecado Resulta en Separación. Por fin, un día Gomer dejó el hogar.
Cuando el ruido de sus pasos se perdió, un horrendo sentido de vacío y soledad se apo-
deró del alma del profeta. Parecía como si la luz del amor se hubiera apagado en su
espíritu. Después, los sentimientos estallaron y Oseas encontró descanso dejando salir un
torrente de lágrimas.
Parecía que muchas horas habían transcurrido ya. Pero en realidad fue a los cuantos
minutos que los niños llegaron corriendo. “¿A dónde va mamacita? No contestó cuando
la llamamos. ¿Por qué se va?” Sí— ¿Por qué? Oseas no supo qué contestar.
Esa noche, un extraño silencio reinó a la hora de la cena. Todos se daban cuenta del
asiento vacío en aquel círculo familiar. De pronto, la pequeña Loruhama levantó su carita
y preguntó, “¿Dónde está mamá?” La interrogación penetró el alma del profeta como un
agudo puñal. En vano procuró Oseas contener las lágrimas. Loruhama se subió a sus
rodillas y comenzó a llorar, mientras repetía, “Yo quiero a mi mamacita.” El profeta puso
su cabeza junto a la de la inocente, y lloró con ella.
Pero comprendió que debía dominarse delante de los niños. En silencio se
reunieron para tener su altar familiar. Con labios temblorosos imploró desde lo más
profundo de su alma: “Bendice a mamá, cuídala, y tráela pronto a casa.”
Cuando los niños se acostaron, Oseas se ocupó en limpiar y arreglar la casa. Los
pequeños dormían profundamente. Entonces, en el rincón más alejado de aquel hogar que
solamente tenía un cuarto, Oseas se echó sobre su rostro y dio rienda suelta a su dolor.
Derramó toda la angustia de su corazón delante de Dios, el único que podía escucharle.
Le pareció que la pesada cruz del sufrimiento que experimentaba se había plantado y que
los clavos más crueles lo sujetaban a ella. La angustia se volvió agonía, y de los
profundos de su desesperación, clamó: “Dios mío, ¿por qué?”
La respuesta vino de manera inesperada. Agotado por el llanto, el profeta se había
quedado quieto por un momento. Y fue en aquella pausa de silencio que escuchó un
ruido. Sorprendido, levantó la cabeza. No, los niños dormían profundamente y no tenían
alterada la respiración. ¿Qué sería ese ruido?
c. Las Lágrimas de Dios. Una vez más sepultó el rostro entre sus brazos,
pero de nuevo escuchó un ruido. Alguien estaba sollozando—Alguien que estaba junto a
él. ¿Quién podría ser?
Casi sin atreverse a respirar esperó en silencio perfecto. De nuevo se escucharon los
sollozos. En esta vez alcanzó a oír algunas palabras. ¡Escuchad! “¿Cómo tengo de
dejarte, Efraín?... ¿Qué haré de ti, Efraín?” (11:8; 6:4). Era el sollozo del corazón
quebrantado de Dios. Esa noche Oseas aprendió que no sufría solo. En el centro mismo
del universo había un Dios de amor quien sufría por los pecados de su pueblo. Así como
Gomer había sido infiel a su esposo, Israel había sido infiel a su Dios. Oseas encontró en
el compañerismo del sufrimiento no solamente la solución a su problema personal, sino
también un mensaje nuevo para la nación. El pecado más grande de Israel era el
rechazamiento del amor de Dios; sin embargo, el amor de Dios, aunque despreciado,
permanecía incólume.
Pero el Calvario es sólo el principio de la redención. El precio que se paga en el
sufrimiento no debe quedar sin galardón. El amor debe encontrar un camino, y lo
encontrará.
d. El Perdón no Conoce Fronteras. Una noche, cuando el profeta estaba
orando, la Voz habló claramente a su corazón: “Ve, ama a una mujer amada de su compa-
ñero, aunque adúltera, como el amor de J ehová para con los hijos de Israel” (3: 1).
El día siguiente Oseas envió a los niños a jugar con sus amigos vecinos. Entonces
tomó el mismo camino que Gomer había seguido varios meses antes. Aquel camino
llevaba de su humilde finca campestre a la gran ciudad que quedaba a unos cuantos
kilómetros.
Cuando llegó a las calles de Bethel, Oseas observó los mismos espectáculos y
ruidos que habían escandalizado a Amós algunos años atrás. Mucha gente vivía aún en
medio del lujo, aunque la cubierta de la prosperidad estaba cayéndose ya.
Oseas atravesó la mejor parte de la ciudad hasta llegar a los barrios bajos. Todo lo
que veía le era novedoso pues nunca había visitado aquel lugar. Pero indagando llegó
hasta el mercado de los esclavos.
Al acercarse le llamó la atención cierta esclava. Estaba vestida en harapos
inmundos y, sin embargo, había algo de familiar en su parecer. En ese instante la esclava
volvió su rostro hacia él; sus ojos se encontraron por un segundo y ella viró rápidamente
la vista en otra dirección. Mas en aquel segundo Oseas captó una mirada de
reconocimiento. Era difícil creerlo, pero era cierto— la esclava era Gomer.
Mientras su corazón latía agitadamente, Oseas trató con el vendedor: “Compréla
entonces para mí por quince dineros de plata, y un homer y medio de cebada” (3:2).
Cuando el profeta se acercó para recibir su prenda, aquella mujer que había sido tan
bella ocultó el rostro avergonzada. Se había vendido a sí misma como esclava al pecado,
y ahora se encontraba en la esclavitud literal. No obstante, su esposo había venido a
redimirla.
Oseas la tomó amorosamente de la mano, la dirigió a través de los barrios bajos y
por entre las avenidas donde vivía la gente rica, hasta el campo libre y el sendero que
conducía al hogar.
e. El Amor lo Conquista Todo. Nadie había dicho una sola palabra, pero ya
en el camino las palabras tiernas y amorosas de Oseas produjeron una conmoción pro-
funda en el alma de Gomer. “Gomer, te amo con todo mi corazón. Nunca he dejado de
amarte. Todos los días he orado por ti y he anhelado tenerte conmigo. Ni por un instante
te he dado por perdida. Ahora te he comprado para que seas mía para siempre. Todo lo
pasado queda perdonado. Debes quedarte conmigo y no serme infiel jamás.
Estableceremos un hogar feliz y seremos fieles el uno al otro mientras vivamos.”
Gomer caminaba difícilmente, cegada por las lágrimas. Por fin divisaron la casita
que abrigaba su hogar. ¡Cómo se veía encantadora comparada con las madrigueras del
pecado y el horrible mercado de esclavos! Oseas abrió la puerta y amorosamente le
indicó que entrara.
Cuando Gomer se encontró de nuevo en su propio hogar con su esposo, la invadió
un tremendo sentido de pecaminosidad. Se vio a sí misma como en realidad era y odió
intensamente su yo malvado. Cayendo de rodillas, abrió su corazón y derramó su alma en
confesión y arrepentimiento; llorando y clamando, imploró perdón. No parecía posible
que Dios la perdonara, pero si Oseas le había perdonado quizá Dios también se
compadecería de ella.
Súbitamente, el resplandor del cielo brilló en su corazón entenebrecido. Levantó
sus ojos y a través de sus lágrimas se dejó ver el destello de una sonrisa radiante. Oseas la
estrechó entre sus brazos. De nuevo ella era verdaderamente su prometida. El amor había
encontrado una solución. La esposa pródiga regresaba al hogar para siempre.
Como producto de la tragedia doméstica acontecida en la vida de Oseas,
encontramos el mensaje más sobresaliente del Antiguo Testamento—la historia del amor
redentor de Dios. Amós había dejado oír su voz en tonos vigorosos de austera justicia—
Oseas imploraba con notas del amor más tierno. ¿A qué se debió esta diferencia? En
parte, al sufrimiento y al quebranto que tocara en suerte al último profeta.
¡Qué precio tan exorbitante pagó por su ministerio! Pero nadie puede proclamar el
mensaje del Calvario sin haber comprendido primero el significado de la cruz. Oseas
descubrió que sin sufrimiento no hay verdadero amor, y que mientras más se ama, más se
sufre. En la tragedia sin fondo de su propio dolor, descubrió el secreto del amor
expiatorio. Solamente así pudo comprender el amor redentor, aun cuando rechazado, de
Dios. Los ruegos apasionados del ministerio de Oseas fueron un eco del sollozo que una
noche escuchara en la oscuridad.
2. EL MENSAJ E
El libro de Oseas se divide muy naturalmente en dos secciones. En los primeros
tres capítulos encontramos la historia de un corazón y un hogar hechos pedazos. En los
capítulos cuatro al catorce, inclusive, tenemos el mensaje de Dios a Israel basado en la
experiencia del profeta.
Dios tenía un gran mensaje para su pueblo; un mensaje de amor que redime. Mas
¿dónde hallar un mensajero que estuviera a la altura de la tarea? No habiendo ninguno
disponible, el Señor preparó a su propio profeta.
a. La Redención Requiere Sufrimiento. El amor abstracto significa
exactamente nada. No se puede aprender a amar escuchando conferencias sobre el amor,
ni estudiando volúmenes que lo encomien. Es preciso experimentarlo. Por esta razón,
Dios arrojó a su profeta a los abismos de una tragedia dolorosa. Sobre el sensible espíritu
de aquel hombre cayeron golpe tras golpe, y el corazón se abrió a pedazos hasta el límite.
Oseas tuvo su Getsemaní y su Calvario, y en el sitio del sufrimiento vicario encontró el
secreto del amor redentor.
Sólo un amor que sufre puede ser un amor que salva. Cuando Oseas encontró a su
esposa descarriada, hundida en el cieno de su pecado, su vergüenza, su degradación y su
desgracia; cuando sintió un gran borbotón de amor inmenso fluyendo de su corazón hacia
ella, y se vio poseído por un deseo incontrolable de libertarla de los grillos de su
esclavitud; cuando pagó el precio en dinero contante y sonante, como ya lo había pagado
con el sufrimiento desgarrador; cuando tomó a Gomer de la mano con toda su inmundicia
y sus harapos para regresarla al corazón y al hogar—entonces el profeta comprendió el
amor de Dios que redime. Entonces pudo dirigirse al pueblo con lágrimas en sus ojos y
voz entrecortada, diciéndole que Dios le amaba también, y que deseaba que regresara al
hogar.
b. El Amor Verdadero es Tierno. Solamente un profeta que amara con
ternura podría proclamar el mensaje que encontramos en 2: 14-15: “Empero he aquí, yo
la induciré, y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y daréle sus viñas desde allí y
el valle de Achor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su ju-
ventud, y como en el día de su subida a la tierra de Egipto.”
Este mensaje es un eco de lo que sucedió en el camino del mercado de esclavos al
hogar, cuando Oseas cortejó y conquistó de nuevo el corazón de Gomer. Los felices días
que siguieron cuando el profeta escuchaba a su esposa cantando mientras hacía las
labores domésticas y cuidaba de los niños, reservando para él las sonrisas que revelaban
el amor que ella le brindaba, fueron recompensa suficiente por las horas de angustia.
Verdaderamente, había valido la pena. Oseas estaba aprendiendo que el amor es la
posesión más valiosa de la humanidad.
c. El Gran Pecado. El gran pecado de Israel era su trasgresión en contra
del amor. Es cierto que la gente era culpable de “perjurar, y mentir, y matar, y hurtar, y
adulterar” (4:2), pero en último análisis, todos estos pecados contra las demás
personalidades humanas eran consecuencia de su pecado en contra de Dios. El pecado
básico, del cual brotaban todos los demás pecados, era el rechazamiento del amor de
Dios.
Y porque ellos se apartaron de Dios, El dijo que se apartaría de ellos. “Andaré, y
tornaré a mi lugar hasta que conozcan su pecado y busquen mi rostro. En su angustia
madrugarán a mí” (5:15).
Oseas estuvo de acuerdo con Amós en poner más énfasis en la rectitud que en el
ritual. “Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que ho-
locaustos” (6:6).
3. EL ESTILO
El libro de Oseas abunda en figuras sencillas de lenguaje, aunque vívidas. Casi
todas ellas están tomadas del campo y parecen indicar que el profeta vivía en las afueras
de la ciudad. Por ejemplo, en 4:16 encontramos una figura indeleblemente fija en la
mente de todo muchacho criado en el campo: “como becerra cerrera se apartó Israel.” Y
más adelante Dios dice al pueblo: “La piedad vuestra es como la nube de la mañana, y
como el rocío que de madrugada viene” (6:4).
En 7:9 tenemos una figura triste: “Vejez se ha esparcido por él, y él no lo
entendió.” Es un símbolo gráfico de la decadencia inconsciente.
Al insistir con urgencia en que la gente se volviera a Dios, Oseas recurre al campo
para tomar una figura: “Arad para vosotros barbecho: porque es el tiempo de buscar a
J ehová, hasta que venga y os enseñe justicia” (10:12).
Una figura hermosa, aunque patética, la encontramos en 11: 3—“Yo con todo eso
guiaba en pies al mismo Efraín, tomándolos de sus brazos, y no conocieron que yo los
cuidaba;” y agrega el Señor: “Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor.”
El punto culminante del libro se encuentra en el último capítulo. He aquí el llamado
amoroso de Dios: “Conviértete, oh Israel, a J ehová tu Dios: porque por tu pecado has
caído. Tomad con vosotros palabras, y convertíos a J ehová, y decidle: Quita toda
iniquidad, y acepta el bien, y daremos becerros de nuestros labios.”
Entonces Dios los recibe misericordiosamente. Escuchad su respuesta: “Yo
medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad” (14:4).
El mensaje final del libro se refiere al triunfo del amor. Cierto es que
encontramos endechas fúnebres y cantos quejumbrosos en claves menores, pero el
oratorio termina en un resonante acorde de victoria. El amor venció al pecado.
B. Joel—Dios Castiga el Pecado
Nombre: Significa “J ehová es Dios.”
Fecha: Incierta; quizá el siglo octavo, o el cuarto A.C.
Lugar de su ministerio: Probablemente el reino del sur, o de J udá.
División de su libro:
I. J oel Habla (1:2—2: 17).
II. J ehová Habla (2: 18—3: 21).
Versículos sobresalientes para memorizar: 2:21; 2:25; 2:32a.
1. LA PLAGA DE LANGOSTAS
Era una cálida tarde de verano. Mientras J oel se detenía en el umbral de su
hogar amparándose bajo la sombra del techado, pensaba atemorizado en los resulta-
dos de la sequía que ya se dejaba sentir. El campo se divisaba aún verde y hermoso,
pero, ¿qué tanto tiempo permanecería así?
Recorriendo su vista por el rumbo noreste, observó de pronto una nube en el
horizonte. La nube se acercaba rápidamente. Entonces llegó a sus oídos un ruido sordo, el
cual aumentó gradualmente hasta volverse como rugido de catarata, como huracán en la
costa. Apresuradamente, J oel entró a la casa y dio el grito de alarma: “¡Viene una nube de
langostas!”
En unos cuantos minutos el aire se llenó de miríadas de insectos. El suelo, los
árboles, las plantas, las paredes, las casas—todo quedó cubierto con aquella masa
viviente.
Cuando J oel oyó el ruido que los insectos hacían al devorar hojas y tallos, espigas y
troncos, un sentimiento de terror lo invadió. Esto era destrucción; destrucción incesante,
incontenible. Por más animales que se mataran, decenas de millares avanzaban sobre los
espacios despejados. J oel vio a los insectos subir por las paredes de la casa y entrar por
las ventanas. Por todos lados no se veía sino un continuo fluir de devastación y muerte.
No fue sino hasta que todo lo verde desapareció, que los millones de animales
levantaron el vuelo. Con un estruendo ensordecedor avanzaron hacia los campos de algún
pobre vecino indefenso.
Cuando J oel examinó sus sembrados, se sintió enfermo. Todos los árboles habían
quedado desnudos de hojas y de corteza. Su jardín estaba tan desierto como si nunca
hubiera arado y sembrado. En las parcelas no quedaba ni siquiera una hoja seca para una
cabra hambrienta. Todo a su derredor era desolación y ruina.
Generalmente las plagas de langosta duran de dos a cinco meses. Cuando
terminó esta plaga en el tiempo de J oel, él escribió: “Lo que quedó de la oruga
comió la langosta, y lo que quedó de la langosta comió el pulgón; y el revoltón
comió lo que del pulgón había quedado” (1:4).
Algunos eruditos han pensado que se alude a ciertas etapas sucesivas de la
misma plaga, pero George Adam Smith sostiene que el verso se refiere a cuatro
plagas distintas de invasores. Las cuatro palabras hebreas eran nombres distintos
dados a la langosta para describir sus diferentes actividades destructivas. El traduce
así este versículo:
Lo que dejó el marchitador, comió el trepador;
Lo que dejó el trepador, comió el pulidor;
Lo que dejó el pulidor, comió el devorador.
2. LOS EJ ERCITOS INVASORES
Mientras J oel observaba la aparición y actividad de la langosta, con la terrible
desolación resultante, Dios le dio un mensaje para su pueblo. La devastadora plaga
constituía una advertencia para J udá sobre los ejércitos enemigos que pronto
invadirían sus fronteras cual símbolo de los inminentes castigos de J ehová sobre la
tierra.
Es en esta forma que J oel nos ha dejado una descripción vívida fácilmente
aplicable tanto a la plaga de langostas como a los ejércitos invasores. Observad las
expresiones tan apropiadas de 2: 3-10:
Como el huerto de Edén será la tierra delante de él, y detrás de él como desierto
asolado; ni tampoco habrá quién de él escape. Su parecer, como parecer de caballos; y
como gente de a caballo correrán. Como estruendo de carros saltarán sobre las cumbres
de los montes; como sonido de llama de fuego que consume hojarascas, como fuerte
pueblo aparejado para la batalla... Como valientes correrán, como hombres de guerra
subirán la muralla; y cada cual irá en sus caminos, y no torcerán sus sendas... Correrán
por el muro, subirán por las casas, entrarán por las ventanas a manera de ladrones.
Delante de él temblará la tierra, se estremecerán los cielos: el sol y la luna se
obscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor.
Hay tres divisiones en la profecía de J oel. En la primera describe una plaga
reciente de langostas y declara que es un castigo de Dios por los pecados del
pueblo. En la segunda advierte a la nación malvada que los ejércitos enemigos
descenderán pronto del norte como una gran plaga de langostas, dejando una cauda
de muerte y destrucción. En la tercera división toma el poderoso lente de la profecía
y echa una mirada a través de los siglos hasta distinguir el gran día final cuando
Dios ha de juzgar a todos los pueblos.
3. EL DIA DE J EHOVA
La frase clave de J oel es “el día de J ehová,” que ocurre cinco veces en los tres
capítulos de su breve profecía (1:15; 2:1, 11, 31; 3:14).
a. El Día de Castigo. Pero, ¿qué significa “el día de J ehová”? J oel lo
describe como el día de castigo de Dios. Dice: “¡Ay del día! porque cercano está el
día de J ehová, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso” (1:15).
El trazo más vívido del profeta se encuentra en los primeros versículos del
segundo capítulo. En ellos le oímos decir: “Tocad trompeta en Sión, y pregonad en
mi santo monte: tiemblen todos los moradores de la tierra; porque viene el día de
J ehová, porque está cercano. Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de
sombra.”
Más vigorosas todavía son las palabras que usa para cerrar el versículo once:
“porque grande es el día de J ehová, y muy terrible; ¿y quién lo podrá sufrir?” Esta
expresión encuentra eco en el versículo 31, en donde se menciona “el día grande y
espantoso de J ehová.” El día de J ehová es un día de juicio, de castigo, de oscuridad
y destrucción.
b. Día Inminente. El profeta recalca la inminencia del día de J ehová. Por
ejemplo: “viene el día de J ehová, porque está cercano” (2:1). Más adelante declara: “cer-
cano está el día de J ehová en el valle de la decisión” (3:14).
¿Cuándo exactamente vendrá este día? Para responder a esta interrogación hemos
de reconocer la veracidad de lo que se ha llamado el principio telescópico de la profecía.
Muchas predicciones del Antiguo Testamento encierran un cumplimiento parcial
inmediato, y un cumplimiento absoluto mediato. El profeta se dirige a sus propias
generaciones, pero también a las generaciones futuras.
En esto, J oel nos ofrece un ejemplo magnífico. La ocasión para su profecía la
proveyó una plaga reciente de langostas. Ese fue “el día de J ehová;” un día de castigo
divino sobre la nación.
Pero el día de J ehová aún está por venir. Muy pronto, ejércitos enemigos invadirán
a J udá. Dios visitará a su pueblo y lo castigará por sus pecados.
e. Día de Culminación Final. En seguida, el vidente lleva el telescopio de
la inspiración divina a sus ojos y divisa a través de los siglos el día grande y espantoso de
J ehová. Será el día en que Dios tome las riendas del gobierno, sujete a todos sus
enemigos, y reine supremo. El período de tiempo que el hombre usa para gobernar y
arruinar el mundo, será substituido por el día de J ehová.
Este sentido de contemporaneidad y a la vez de contemplación de lo futuro, se ha
expresado bien por G. Campbell Morgan en su obra Voices of Twelve Hebrew Prophets
(Voces de Doce Profetas Hebreos). Este autor comenta: “El día de J ehová es siempre
presente y siempre futuro.” Cada día es un día de castigo divino, pero en la historia
humana hay crisis especiales de visitación divina. Estas crisis pueden denominarse con
toda propiedad: “el día de J ehová.”
Puesto que la enseñanza principal de J oel se refiere al castigo, es muy natural que la
fraseología del libro sea vigorosa. Esto se aprecia mucho más en hebreo que en
cualquiera traducción al castellano. George Adam Smith —un sobresaliente exégeta de
los profetas menores— describe esta singularidad del estilo de J oel:
Joel sobrecarga sus frases con las palabras más expresivas que puede encontrar y
las dispara vertiginosamente, repitiendo una y otra vez el mismo vocablo contundente,
como queriendo sacudir al pueblo indiferente y despertarlo a algún sentido del peso de
la calamidad que pende sobre él.
4. ARREPENTIMIENTO Y PROMESA
a. Llamado al Arrepentimiento. Pero el profeta no se detiene cuando
termina de anunciar el castigo, sino que proclama un llamado al arrepentimiento. En
2:12-17, invita al pueblo a buscar la misericordia del Señor.
Si el pueblo obrare así, la bendición de Dios se derramará (2:18-27). El tendrá
compasión de los suyos (v. 18). “Yo os envío pan, y mosto, y aceite, y seréis saciados de
ellos” (v. 19). Los árboles darán fruto en abundancia (v. 22). Dios mandará abundantes
lluvias para sus cosechas (v. 23). “Y las eras se henchirán de trigo, y los lagares rebosarán
de vino y aceite” (v. 24).
b. Las Promesas son Brillantes. En seguida encontramos uno de esos
hermosos pasajes de promesas con que uno se tropieza a menudo en los libros proféticos.
J oel escribe (2:25-27): “Y os restituiré los años que comió la oruga, la langosta, el
pulgón, y el revoltón; mi grande ejército que envié contra vosotros. Y comeréis hasta
saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con
vosotros: y nunca jamás será mi pueblo avergonzado. Y conoceréis que en medio de
Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro: y mi pueblo nunca jamás
será avergonzado.”
Así como Dios los libró de la plaga de langostas, los libraría de los ejércitos
enemigos que pronto invadirían sus fronteras. Las frases que J oel usa en este pasaje
(2:20) traen a la memoria el hedor producido por los millones de langostas muertas.
Y haré alejar de vosotros al del aquilón, y echarélo en la tierra seca y desierta... y
exhalará su hedor; y subirá su pudrición, porque hizo grandes cosas.
Este pasaje conmovedor encuentra su culminación en la profecía más importante de
J oel—la predicción del día de Pentecostés (vrs. 28-29):
Y será que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán
vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros viejos soñarán sueños, y vuestros mancebos
verán visiones. Y aun también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu
en aquellos días.
Pedro identificó inequívocamente esta profecía con los acontecimientos del día de
Pentecostés, descrito en el segundo capítulo de los Hechos: “Esto es aquello,” declaró. La
profecía esperó largos siglos antes de realizarse, pero por fin, la hora llegó. Así sucederá
con todas las promesas de Dios que permanecen sin cumplimiento. Cristo J esús sí
regresará y establecerá su reinado de pureza y paz. Una de las lecciones más importantes
que los seres humanos debemos aprender, es la de esperar pacientemente a que Dios lleve
a cabo sus planes y propósitos. “En el cumplimiento del tiempo,” Dios siempre aparece
en escena.
c. Destrucción de Jerusalén. Pero he aquí que la descripción del
derramamiento del Espíritu viene seguida inmediatamente (vrs. 30-31), por un anuncio de
oscuridad y destrucción. ¿Cuál es la relación entre ambos?
George L. Robinson ha dado una buena explicación: “La gracia y el castigo
siempre caminan de la mano. La caída de J erusalén no fue sino la secuela al día de Pen-
tecostés.” La ciudad de J erusalén fue testigo de la visitación de Dios con una bendición
especial en el Pentecostés, en el año 30 D.C. Y porque la ciudad en masa rechazó la
venida de Cristo y el descendimiento del Espíritu Santo, el castigo vino en el año 70 D.C.
Con una venganza terrible. La ira de Dios siempre viene después del rechazamiento de su
amor.
Al igual que otros profetas menores, J oel termina su libro con una promesa de
bendición futura para el pueblo de Dios (3:18-21). También la Biblia se cierra con “un
cielo nuevo y una tierra nueva” (Apocalipsis 21:1). Ese es el punto final de toda historia.


CAPITULO OCHO
AMOS y ABDIAS
A. Amós—La Lucha Entre la Justicia y el Ritual
Nombre: Significa “carga” o “cargador.”
Hogar: Tecoa, una villa de pastores, como dieciocho kilómetros al sur de J erusalén.
Fecha: Alrededor del 760 A.C. (probablemente el primero de los profetas que
escribieron sus mensajes).
Lugar de su ministerio: El norte de Israel, especialmente Beth-el, como diecinueve
kilómetros al norte de J erusalén.
División de su libro:
I. Ocho J uicios Contra Naciones Vecinas (capítulos 1—2).
II. Tres Mensajes Contra Israel (capítulos 3—6).
III. Cinco Visiones de J uicio (capítulos 7—9).
Versículos sobresalientes para memorizar: 4: 12b; 5:15; 8:11.
1. EL LLAMADO DEL PROFETA
Era medianoche en el desierto de J udá. A la tenue luz de las estrellas titilantes, una
figura solitaria se distinguía apenas acurrucada junto a una colina. Amós, el pastor, estaba
sumido en profunda meditación.
Mientras movía su capa hasta sus hombros para arroparse mejor y protegerse del
helado cierzo nocturno, por la pantalla de su memoria desfilaban una tras otra una serie
de imágenes. Su atención estaba concentrada en escenas indelebles e inolvidables.
a. Un Viaje a Beth-el. Hacía apenas unas cuantas semanas que Amós había
partido de su aldea natal, Tecoa —situada en la cumbre de un lomerío desde donde se
divisaba el Mar Muerto. Sobre los lomos de sus asnos había atado las grandes pacas de
lana, trasquilada de las ovejas que él pastoreaba; animales pequeños y feos, pero famosos
por la excelente calidad de su lana.
Cuando todo estuvo dispuesto, Amós se había despedido de su familia.
Dirigiéndose hacia el poniente, había tomado la vereda que llevaba hasta el camino
principal entre Hebrón y el norte. Una hora más tarde, Amós y sus acémilas llegaban al
camino principal y tomaban el rumbo de la Ciudad Santa. Como a las diez pasaron por la
ciudad de David, Bethlehem, que se encontraba como diez kilómetros al norte de Tecoa.
Ya era mediodía cuando llegaron a las calles de J erusalén, a dieciocho kilómetros de
Tecoa. Se encontraban a la mitad del camino.
Caía la tarde cuando divisaron Beth-el, que J acob llamara “casa de Dios,” porque
allí sintió la presencia divina cuando huía de su hermano Esaú. Actualmente, el rey
J eroboam había edificado en Beth-el un gran templo para adorar a un becerro de oro. No
obstante, la idólatra población conservaba su nombre sagrado.
Amós pasó la noche al abrigo de las murallas de la ciudad, y se levantó antes de
que despertara el día. De hecho, el sol lo sorprendió tratando ya con los compradores en
el mercado del pueblo. Siendo buen negociante, y honrado, pronto vendió su mercadería
a buen precio y entonces volvió su atención a la ciudad.
b. El Pecado de la Ciudad. Las escenas que contemplaron sus ojos
sacudieron las sensibilidades de su alma. Criado en el regazo de la naturaleza y
acostumbrado al aire claro y limpio del desierto, el pastor de Tecoa se asombró ante los
espectáculos y los ruidos de la civilización degenerada de la ciudad. Con un ojo
penetrante y una percepción aguda, Amós abarcó toda la situación. La idolatría y su
hermana gemela, la inmoralidad, controlaban la sociedad de Beth-el El lujo y el
libertinaje eran la orden del día. Por todas partes vio Amós injusticia y opresión de los
pobres, iniquidad y borrachera. Su alma retrocedió ante aquel espectáculo y resurgió con
una reacción tremenda. Indudablemente que el corazón de un Dios santo se henchiría de
indignación al contemplar a los pecadores de esta ciudad perdida. La justicia exigía un
castigo, y los pasos del morador del desierto se encaminaron pesadamente hacia el hogar.
e. EL Llamado del Señor. Todas estas escenas desfilaban vertiginosamente
por la mente del pastor mientras revivía las horas del viaje a Beth-el. La indignación y el
temor se disputaban el dominio de su razón. Unas pocas horas antes había observado
cómo Dios corría el velo de la noche sobre el firmamento y colocaba diez mil lentejuelas
para indicar a sus hijos que los estaba vigilando. Pero ahora aun la brillantez había
desaparecido. Un silencio profundo dominaba el desierto solitario. El sentido de pavor
ante lo infinito se apoderó del espíritu de Amós. Las raíces mismas de su alma se cim-
braron. Parecía como si Dios mismo fuera a hablar.
Repentinamente—sin aviso alguno—el silencio de la noche se rompió con un
rugido ensordecedor. Un león merodeaba junto a las ovejas que Amós estaba vigilando.
Probablemente estuviera matando a alguna ovejita, paralizada de terror. “¿Bramará el
león en el monte sin hacer presa?” (3:4).
Mientras el pastor se apresuraba a reavivar el fuego para ahuyentar al merodeador,
tembló a pesar del calor sofocante. El rugido de un león a media noche estremece el
corazón más valeroso. Pero no sólo el león buscaba presa en esa noche. El Dios de Israel
se acercaba para castigar. Amós escuchó en su corazón el rugido del cielo. El aviso de lo
alto había resonado en su alma.
He aquí la probable descripción que el profeta mismo hace de su llamamiento en
aquella noche a la vera de la colina, mientras meditaba en los pecados de Israel y en los
juicios que inevitablemente seguirían: “Bramando el león, ¿quién no temerá? hablando el
Señor J ehová, ¿quién no profetizará?” (3:8). Fue un momento dramático en la historia de
Israel.
A la mañana siguiente, cuando el sol se asomó por sobre las colinas de Moab,
Amós encargó a otros la vigilancia de las ovejas y se dedicó a seguir las huellas del león,
hasta encontrar su guarida. Pero todo lo que encontró de la ovejita desafortunada fueron
los huesos y unos pedazos de piel. Y de nuevo escuchó la voz divina entregándole un
mensaje de Dios para su pueblo: “Así ha dicho J ehová: De la manera que el pastor libra
de la boca del león dos piernas, o la punta de una oreja, así escaparán los hijos de Israel
que moran en Samaria en el rincón de la cama, y al canto del lecho” (3:12).
2. LA PREDICACION DEL PROFETA
Los días y las semanas continuaron pasando—días y semanas de oír y de
aprender—en la vida del nuevo profeta. Una tarde lo encontramos de nuevo en Beth-el.
Muy pocos reconocieron al mercader que había estado allí unos cuantos días antes. Esta
vez no había venido a vender lana, sino a pregonar un aviso.
Amós buscó alguna prominencia segura desde donde fuera fácil verle y escucharle;
observó a la gente por unos momentos, viendo cómo llegaba con sus ofrendas y sacri-
ficios para el becerro de oro erigido en los santuarios del rey. Súbitamente gritó con todas
sus fuerzas: “J ehová bramará desde Sión y dará su voz desde J erusalén” (1:2).
Un ciento de ojos asombrados se volvieron para verlo, y un ciento de oídos atónitos
le pusieron atención. El Vocerío se apagó por completo. ¿Quién era este fanático imbécil,
este extraño rústico del desierto salvaje, este demagogo con su grito de guerra?
a. Ayes Para los Vecinos de Israel. Habiendo captado la atención del
auditorio, Amós procedió con astucia y rapidez, aprovechando su ventaja. Con mucho
tacto—con esa sabiduría divina que acompaña a la revelación de Dios—el profeta llevó a
sus oyentes en un rápido viaje circular por las naciones vecinas antes de llegar a casa.
“Así ha dicho J ehová: por tres pecados de Damasco y por el cuarto, no desviaré su
castigo... (1:3-5). Ya nos parece escuchar a alguien exclamando: “¡Muy bien dicho! Eso
es lo que se merecen.”
El profeta continúa: “Por tres pecados de Gaza, y por el cuarto, no desviaré su
castigo...” (1:6-8). La multitud aplaude con mucho entusiasmo este ataque contra sus
enemigos jurados—los filisteos.
De la costa suroeste, el profeta se mueve hacia el norte, hacia Tiro, la antiquísima
fortaleza fenicia (1:9-10). Y de nuevo oímos a alguien decir “¡Amén! Dáles duro.”
Habiendo divisado hacia el noreste, suroeste y noroeste, el profeta vuelve sus
miradas hacia el sureste y declara juicio contra Edom (1: 11-12). Todavía del lado
oriental del J ordán, toca a Amón (1:13-15) y a Moab (2:1-3). La multitud se enardece de
entusiasmo con la predicación de este desconocido.
Pero luego el profeta se acerca. “Por tres pecados de J udá...” (2:4-5). Algunos
vuelven a aplaudir, pero otros guardan silencio sintiéndose un poco incómodos. ¿En qué
dirección seguirá el profeta?
b. Ayes Sobre los Pecados de Israel. Amós responde luego a su pregunta
mental. “Así ha dicho J ehová: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no desviaré su
castigo...” (2:6-8). La muchedumbre oye con un silencio hosco, mientras Amós traza el
negro cuadro de las transgresiones de Israel. El profeta es el abogado acusador en nombre
de Dios. Las acusaciones: opresión del pobre, esclavitud, injusticia, inmoralidad, idolatría
y embriaguez.
Implacablemente, el predicador continúa. Dios destruyó a los amorreos y os dio sus
tierras, mas vosotros habéis seguido sus pisadas de perdición. “Pues he aquí, yo os
apretaré en vuestro lugar, como se aprieta el carro lleno de haces” (2:13). La sentencia de
Dios estaba para caer sobre su pueblo desobediente, y no habría escape alguno (2:14-15).
3. EL PROFETA DE J USTICIA
a. La Fealdad de la Injusticia. Amós es el gran profeta de la justicia. Su
alma se rebela contra la codicia y la avaricia de los ricos. Mientras viven en sus lujosas
mansiones de invierno, de verano y de marfil (3:15), oprimen a los pobres y quebrantan a
los menesterosos (4:1). Amós describe con términos altamente figurativos la avaricia
extremada de ellos. En una de las hipérboles más expresivas de toda la literatura, indica
que “codician hasta el polvo de la tierra que está sobre la cabeza de los desvalidos” (2:7,
V.M.).
Cuando la ira se apoderó del alma del vidente, su mensaje tomó giros de ironía: “Id
a Beth-el, y prevaricad; en Gilgal aumentad la rebelión, y traed de mañana vuestros
sacrificios, y vuestros diezmos cada tres años;… pues que así lo queréis, hijos de Israel,
dice el Señor J ehová” (4:4-5). Como muchos otros individuos de todas las edades, creían
que las observancias religiosas podrían tomar el lugar de una vida pura.
El triste lamento de que “no os tornasteis a mí” ocurre nada menos que cinco veces
en el capítulo cuatro (vrs. 6, 8, 9, 10, 11). En cada caso está precedido de un recordatorio
de los castigos del Altísimo. El hambre, la sed, la destrucción de las cosechas, la peste y
la guerra—todos estos fueron avisos del cielo. Pero la gente había tomado una actitud de
insensatez y desprecio. Por tanto, Dios envía una última palabra de solemne advertencia:
“Aparéjate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel” (4:12).
b. La Misericordia de Dios es Menospreciada. Pero la misericordia da
sazón a la justicia, y una vez más la voz de Dios se vuelve súplica angustiosa.
“Buscadme, y viviréis” (5:4). No es demasiado tarde para el arrepentimiento.
Sin embargo, el pueblo se resintió del aviso. “Aborrecieron en la puerta al
reprensor” (5:10). Dios torna a enviar otro recordatorio: “Porque sabido he vuestras
muchas rebeliones, y vuestros grandes pecados” (5:12).
Entonces la gente—mal encaminada por conceptos halagadores de victorias
nacionales—comenzó a inquirir sobre el día del Señor. “¡Ay de los que desean al día de
J ehová! ¿Para qué queréis este día de J ehová? Será de tinieblas, y no luz: como el que
huye de delante del león, y se topa con el oso; o si entrare en casa y arrimare su mano a la
pared y le muerde la culebra. ¿No será el día de J ehová tinieblas, y no luz; oscuridad, que
no tiene resplandor?” (5:18-20). Las expresiones usadas en este trozo traen a la memoria
el refrán moderno sobre el que brinca de la sartén para caer en el fuego. Aquel pueblo no
sabía lo que estaba pidiendo.
El cuadro trazado por Amós sobre el día de J ehová, concuerda con el que se
encuentra en otros profetas menores. Es un día de oscuridad y destrucción. Es el día de
castigo.
4. J USTICIA ANTES QUE RITUAL.
El corazón del mensaje de Amós se encuentra en 5:21-24: “Aborrecí, abominé
vuestras solemnidades, y no me darán buen olor vuestras asambleas. Y si me ofreciereis
holocaustos y vuestros presentes, no los recibiré; no miraré a los pacíficos de vuestros
engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, que no escucharé las salmodias de
tus instrumentos. Antes corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso
arroyo.” Lo que Dios quiere no es tanto religiosidad como rectitud. Ninguna cantidad de
la primera puede tomar el lugar de la segunda. Amós comprendió con absoluta certeza
que la religión consiste en una vida pura y no en ceremonias.
a. Predicción de la Cautividad. El profeta termina esta parte de su mensaje
con un aviso claro de cautividad: “Haréos pues transportar más allá de Damasco, ha dicho
J ehová, cuyo nombre es Dios de los ejércitos” (5:27). Era difícil que sus oyentes no
comprendieran que se refería a Asiria, la nación que ya había debilitado a Siria, y que
constituía una amenaza a la seguridad de Israel.
Pero la gente perdía el tiempo en una languidez indiferente y descuidada. Por eso el
profeta concentró su atención en la capital: “Ay de los reposados en Sión, y de los
confiados en el monte de Samaria” (6:1). Omri, el padre de Acab, edificó Samaria en la
cumbre de una colina, escogiendo un lugar muy propio para proteger y fortificar la
ciudad. El y sus descendientes levantaron fuertes defensas, tanto así que más tarde los
asirios tardaron tres años en tomar la ciudad. Pero la gente se arrullaba a sí misma con un
falso sentido de seguridad. Sus pecados causarían la destrucción de la capital israelita.
5. EL PECADO DE SAMARIA
Amós visitó a Samaria en uno de sus viajes anuales al norte para vender lana. Allí
fue testigo del lujo y la comodidad que caracterizaban a los círculos elevados de la
sociedad. El Reino del Norte, o de Israel, había alcanzado su gran período de poder,
prosperidad y paz bajo J eroboam II (787—747 A.C.). Esta “era de bienestar” nos ayuda a
situar el libro de Amós alrededor de los años 760 ó 750, a mediados del siglo octavo A.C.
El espectáculo de Samaria provocó al profeta a denunciar severamente la situación:
“Vosotros que dilatáis el día malo, y acercáis la silla de iniquidad; duermen en camas de
marfil, y se extienden sobre sus lechos; y comen los corderos del rebaño y los becerros de
en medio del engordadero; gorjean al son de la flauta... Beben vino en tazones, y se
ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el quebrantamiento de J osé”
(6:3-6). Reclinados en mullidos y suaves cojines, sobre costosos divanes, los israelitas
comían y bebían al sonido de la música. Es una descripción típica de una sociedad
amante del placer que cuadra a cualquier siglo.
6. CINCO VISIONES
a. Una Plaga de Langostas. Amós vio en su primera visión una plaga de
langostas que devoraba todo lo verde (7:1-3). Esto significaba hambre—una de las des-
gracias más temidas en un país donde casi toda la gente vivía al día. El profeta imploró
misericordia y Dios retiró su amenaza de castigo.
b. Un Fuego Devorador. En la segunda visión, Amós vio un fuego
destructor que amenazaba la tierra (7:4-6). De nuevo Dios escuchó el ruego del profeta y
retiró su mano.
c. Una Plomada de Albañil. La tercera visión reveló a Dios con una
plomada de albañil en su mano (7:7-9). En esta ocasión ninguna rogativa le hizo cambiar
su propósito. Cuando Dios colocó su plomada de justicia junto a la vida económica,
religiosa, moral y social de Israel, el profeta reconoció con gran aflicción el resultado. La
nación se encontraba fuera de nivel, tan inclinada, que su pronta caída y ruina eran
evidentes.
Interludio: Amós y Amasías.
En este punto se interrumpió súbitamente la predicación del profeta. Amasías, el
sacerdote de Beth-el, había estado escuchando con enojo creciente al predicador rústico,
pero implacable, del desierto de J udá. Las últimas palabras que escuchó demandaban que
hiciera algo. El profeta estaba clamando: “Levantaréme con espada sobre la casa de
J eroboam” (7:9).
Como representante del rey, Amasías no podía permitir que estas amenazas
quedaran sin protesta. Después de enviar un mensajero a toda prisa para que llevara las
nuevas a J eroboam, el sacerdote enfrentóse al profeta. “Vidente, vete, y huye a tierra de
J udá, y come allá tu pan, y profetiza allí: y no profetices más en Beth-el, porque es
santuario del rey, y cabecera del reino” (7: 12-13).
Inmediatamente Amós negó la acusación de que fuera un profeta asalariado, que
predicara para ganarse el pan. “Entonces respondió Amós y dijo a Amasías: No soy
profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y cogedor de cabrahigos: Y J ehová
me tomó de tras el ganado, y dijome J ehová: Ve, y profetiza a mi pueblo Israel” (7:14-
15). Era un hombre llamado y comisionado divinamente. Su ocupación no se debía a un
capricho momentáneo. Dios lo había “tomado,” se había apoderado de él y lo había
arrojado al trabajo. Bien podía Amós decir, al igual que Pablo: “¡Ay de mí si no anun-
ciare el evangelio!”
La ocupación normal de este profeta era boyero— es decir, uno que conduce los
bueyes—y cogedor de cabrahigos, o cosechador. Parte de su tarea era hendir, o pellizcar,
los higos para hacer que maduraran más pronto. El menciona una clase inferior de higos
que sólo los pobres comían.
d. Un Canastillo de Fruta de Verano. Después vino una cuarta visión—un
cesto lleno de fruta de verano (8: 1-3). En este pasaje encontramos un juego de palabras
hebreas que no es posible traducir. En hebreo, el vocablo para verano es muy semejante
al término que significa fin. Y Dios está declarando: “Venido ha el fin sobre mi pueblo
Israel; no le pasaré más.” Así como la fruta de verano pronto se pudrirá en el cesto por
causa del calor, la nación ha de perecer.
De nuevo el profeta denuncia vigorosamente las injusticias de los ricos. “Oíd esto,
los que tragáis a los menesterosos, y arruináis los pobres de la tierra, diciendo: ¿Cuándo
pasará el mes y venderemos el trigo; y la semana, y abriremos los alfolíes del pan, y
achicaremos la medida, y engrandeceremos el precio, y falsearemos el peso engañoso;
para comprar los pobres por dinero y los necesitados por un par de zapatos, y venderemos
las aechaduras del trigo?” (8:4-6). Estos eran hombres que ya tenían abundancia, pero que
codiciosamente buscaban más. Aun profanaban los días santos, separados para la
adoración; tan ansiosos así estaban de ganar un céntimo más si les era posible.
Dios anuncia que ellos perderán el derecho a la herencia espiritual debido a su
pasión consumidora por las ganancias materiales. “He aquí vienen días, dice el Señor
J ehová, en los cuales enviaré a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír
palabra de J ehová” (8:11).
e. El Señor Sobre el Altar. La última visión del profeta revela al Señor de
pie sobre el altar o junto a él (9:1). Aquel lugar, desecrado por la idolatría, se vuelve un
lugar de castigo. Dios advierte que ni un solo pecador escapará de su ira. No importa a
dónde huya uno, el Señor lo encontrará.
En seguida tenemos una figura gráfica del juicio de Dios. No es sólo para la
destrucción de los malignos, sino también para la salvación de los justos. “Porque he aquí
yo mandaré, y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las gentes, como se
zarandea el grano en un harnero, y no cae un granito en la tierra” (9:9). El proceso de
cernir es un proceso de separar. Pero solamente la paja se arrojará lejos. Todo el buen
grano se almacenará cuidadosamente.
El libro de Amós se cierra con una nota de esperanza y promesa. Los últimos
versículos trazan un incomparable cuadro de paz y prosperidad. Dios restaurará a su
pueblo de la cautividad y lo bendecirá en su tierra. La última promesa—que serán
plantados ahí, y jamás desarraigados de nuevo—está cumpliéndose en nuestros días. En
medio del caos y la confusión actuales, podemos refugiarnos en la seguridad de que los
propósitos de Dios jamás son derrocados. Por muy negra que sea la noche del pecado, nos
espera un glorioso amanecer mañana.
B. Abdías—La Tragedia del Odio Entre Hermanos
Nombre: significa “adorador de J ehová.”
Fecha: probablemente los siglos octavo o sexto A.C.
Lugar de su ministerio: J udá.
División de su Libro:
I. Destrucción de Edom (vrs. 1-16).
II. Restauración de Israel (vrs. 17-21).
Versículo sobresaliente para memorizar: v. 17.
1. J ACOB VERSUS ESAU
Se trata de un pleito familiar antiquísimo. Un pleito muy intenso y de gran
repercusión.
La madre estaba para dar a luz a su primer hijo. Pero cuando sintió el movimiento
de la vida en su vientre, gradualmente percibió la lucha de dos vidas. Cuando oró sobre el
asunto, se le informó que en su interior latían ya “dos gentes,” “dos pueblos” (Génesis
25:23).
Y así fue. Rebeca fue madre de gemelos. Los dos muchachos, Esaú y J acob,
crecieron juntos. Pero desde el principio fue evidente que integraban dos personalidades
enteramente distintas.
No se trataba sólo de que J acob fuera un hombre de tiendas y Esaú un cazador que
recorría los campos. La diferencia fundamental se encontraba en sus actitudes hacia la
herencia ancestral. Esaú vendió impertinentemente su primogenitura por un plato de
lentejas. Habiendo despreciado los derechos de nacimiento, perdió también la bendición.
Este acontecimiento avivó los celos y las rivalidades de la infancia y la juventud.
Fue muy censurable el hecho de que J acob tomara ventaja de su hermano hambriento,
pero mucho peor fue que engañara a su anciano padre ciego. Las cosas habían llegado
demasiado lejos. Habiéndose propuesto asesinar, Esaú esperó el momento.
Pero la madre obró con astucia y rapidez, y evitó el fratricidio. Sin embargo, la
disensión entre los dos hermanos se volvió odio malvado entre dos naciones—Israel y
Edom. Los descendientes de J acob pagaron un precio muy elevado por el engaño de su
padre.
2. ISRAEL VERSUS EDOM
Los siglos pasaron y el nuevo pueblo de Israel se dirigía a la tierra prometida. Al
llegar a la frontera de Edom, se envió una atenta súplica de parte de “tu hermano Israel,”
pidiendo salvoconducto para atravesar aquel país montañoso. La respuesta fue una
negativa terminante, acompañada de una amenaza: “No pasarás por mi país, de otra
manera saldré contra ti armado” (Números 20:18). De manera que los hebreos tuvieron
que dar un largo rodeo por las fronteras de Edom.
Cuando llegaron los siglos de monarquía, Saúl guerreó contra los edomitas, y
David los conquistó. Desde aquellos años la lucha había sido dura y prolongada.
Pero probablemente haya sido en relación con la destrucción de J erusalén en el año
586 A.C., que Edom se gozó con toda perversidad en la dulzura de la venganza. Cuando
los ejércitos de Nabucodonosor invadieron J udá, depusieron al rey y dejaron en ruinas la
capital, encontraron un aliado voluntario en el vecino Edom. En aquella hora tremenda de
la caída de J udá, su hermano se puso a un lado y rió alegremente.
Probablemente haya sido en esta invasión, o alguna otra anterior, que se provocara
la explosión de acusaciones proféticas que encontramos en Abdías. Los veinticinco
versículos de este libro, el más corto del Antiguo Testamento, rebosan de protestas y
declaraciones de castigo. Paterson lo ha llamado “un himno de odio.” Pero eso no es
justo. Es más bien una declaración de la oposición eterna de Dios a la ausencia del amor
entre los hermanos. Las características sobresalientes de Edom eran las que el amor
divino aborrece.
3. EL ORGULLO DE EDOM
a. Petra, la Inconquistable. El orgullo de Edom se debía principalmente a
dos cosas: La primera era la posición casi inexpugnable de su capital, Petra. Este era un
nombre apropiado, pues que en griego petra significa roca. La ciudad se encontraba
situada en el extremo de un valle largo y angosto, de manera que era casi imposible
capturarla.
En Los Sarcófagos de una Civilización Antigua, (en inglés), George L. Robinson
nos ha dado una descripción extensa y vívida de la ciudad de Petra como está hoy. Todo
un capítulo se dedica al desfiladero que conduce directamente a la ciudad. El autor señala
que en la antigüedad, una docena de hombres podía defender el paso en contra de todo un
ejército de invasores. Este hecho—junto con el círculo de montañas inexpugnables que
cercan la ciudad—dio a los habitantes un tremendo sentido de seguridad.
La estrecha cañada es sinuosa y torcida, como el rastro de una serpiente. En ambos
lados las paredes naturales se levantan a una altura de como setenta metros, ocultando la
luz del sol, aun en mediodía. En algunos lugares el paso no tiene más de 3 ó 6 metros de
ancho. Esta hendidura en las montañas se prolonga por un poco más de dos kilómetros,
quebrándose de pronto en un pequeño valle situado transversalmente. Y allí, frente a los
ojos del viajero, está el Khazneh, o templo de Isis, que tiene treinta metros de altura y
veinte de ancho, labrado en la hermosa piedra color de rosa de la región.
Los que han visto el lugar lo describen como un cuadro increíblemente bello. Por
supuesto, el templo que mencionamos está allí desde tiempos romanos.
Después de seguir el desfiladero por medio kilómetro más, se llega al sitio donde se
encontraba Petra, la capital de los edomitas. En Petra se ven murallas con cientos de
tumbas y habitaciones cavadas en ellas. Es la ciudad que vivía segura en su fortaleza
montañosa y miraba con indiferencia—si no con desprecio—al mundo que le rodeaba.
Teniendo en nuestra imaginación esta descripción de la ciudad y sus alrededores,
podremos comprender y apreciar mejor las palabras del profeta de la antigüedad. En los
versículos tres y cuatro de su breve profecía, clama:
La soberbia de tu corazón te ha engañado,
Oh tú que habitas en las hendiduras de la peña,
Y cuya morada está puesta en alto;
El mismo que dice en su corazón:
¿Quién me hará bajar a tierra?
¡Aunque te remontares como el águila,
Y entre las estrellas pusieras tu nido,
De allí te haré bajar yo! dice Jehová. (V.M.)

En cierta ocasión estuve en una plataforma de observación llamada Punto de
Inspiración, del Cañón de Yellowstone, en los Estados Unidos. Mientras contemplábamos
absortos los colores indescriptiblemente bellos de la cañada a nuestros pies, distinguimos
un nido de águilas colocado firmemente sobre un solitario picacho. Cuatro aguiluchos se
removían en el nido ignorantes de que los observábamos por nuestros binoculares de lar-
ga vista. Se encontraban absolutamente seguros, porque ningún hombre ni bestia alguna
podrían llegar a su “nido entre las estrellas.”
Así se encontraba la antigua Petra. Pero Dios declaró por medio de su vidente: “De
allí te haré bajar yo.” Y hoy día, Petra, como Babilonia y Nínive, es tan sólo un cúmulo
de ruinas.
Aun los aliados de Edom la abandonarían y traicionarían (v. 7). La expresión “los
que comían tu pan,” se refiere evidentemente a una costumbre muy popular en aquellas
regiones del mundo. Aun en la actualidad es una ley no escrita entre los árabes, que si una
persona come pan con otra, no le puede hacer daño después. Comer juntos es símbolo de
pacto y paz. Quien rompe esta costumbre comete uno de los crímenes más graves entre
los habitantes de los desiertos orientales.
b. Los Sabios de Edom. Mencionamos anteriormente que el orgullo de
Edom tenía dos fuentes. La segunda era la gran fama que como sabios gozaban los
descendientes de Esaú. “¿No haré que perezcan en aquel día, dice J ehová, los sabios de
Edom?” (v. 8). Se mencionan específicamente “tus valientes, oh Temán.” La ciudad de
Temán era considerada como uno de los grandes centros de sabiduría en tiempos
antiguos. Uno de los tres supuestos consoladores de J ob era “Eliphaz Temanita.”
Indudablemente, algún sabio famoso de aquel día.
4. LA CRUELDAD DE EDOM CON ISRAEL
El orgullo de Edom condujo a la crueldad para con su hermano Israel. De esta
manera llegamos a la médula del lamento de Abdías en los versículos 10 al 14: “La
injuria de tu hermano J acob te cubrirá de vergüenza, y serás talado para siempre.”
a. Saqueadores Voraces. ¿Exactamente qué fue lo que hizo Edom? “El día
que estando tú delante, llevaban extraños cautivo su ejército, y los extraños entraban por
sus puertas y echaban suertes sobre J erusalén, tú también eras como uno de ellos” (v. 11).
El siguiente versículo expresa con mayor claridad esta actitud: “Pues no debiste tú estar
mirando en el día de tu hermano, el día en que fue extrañado: no te habías de haber
alegrado de los hijos de J udá en el día que se perdieron, ni habías de ensanchar tu boca en
el día de la angustia” (v. 12). Pero no se trataba solamente de una actitud negativa. Edom
era culpable de acciones positivas: “No habías de haber entrado por la puerta de mi
pueblo en el día de su quebrantamiento... ni haber echado mano a sus bienes el día de su
calamidad.”
La arqueología ha descubierto que cuando los cautivos judíos en Babilonia
regresaron a Palestina, encontraron que los edomitas se habían posesionado de una parte
considerable de J udá. Bajo la presión de los árabes nabateos—habitantes del desierto
oriental—los edomitas habían avanzado sobre el desierto de Negueb, la región sureste de
Palestina. De hecho, tenemos suficientes evidencias de que habían tomado posesión aun
de Hebrón, muy al norte, tan sólo a unos treinta kilómetros de J erusalén. En tiempos de
J esucristo, esta región era conocida como Idumea, y fue de allí de donde salió el temido y
odiado Herodes.
b. Traidores en. Tiempo de Necesidad. El verso catorce registra una
descripción mucho más vívida de las actividades de Edom. “Tampoco habías de haberte
parado en las encrucijadas (o pasos en las montañas), para matar los que de ellos
escapasen; ni habías tú de haber entregado los que quedaban en el día de angustia.”
Cuando los perseguidos habitantes de J udá quisieron huir cruzando el J ordán, cayeron en
manos de los edomitas, quienes vigilaban su escape, los aprehendieron y los entregaron al
enemigo. Aparentemente, Edom quería estar en el lado ventajoso de los invasores del
oriente, pero su manera de obrar en contra de Israel no tuvo excusa alguna.
Por tal razón, el profeta deja caer sobre esta nación pagana las proclamas divinas de
ruina y destrucción (vrs. 15-20). Dios librará a los suyos. Y como casi todos los profetas,
Abdías termina con una nota de triunfo: “El reino será de J ehová.”
5. EL MENSAJ E PARA NUESTROS DIAS
¿Cuál es la lección de este libro para nosotros actualmente? Una parte de la
respuesta se encuentra en la descripción que Hebreos 12:16 anota sobre Esaú. Le llama
“profano.” G. Campbell Morgan escribe: “Una persona profana es la que no tiene ideas
espirituales, cuya vida es un materialismo absoluto.”
Evidentemente, esta característica marcó a los descendientes de Esaú. Es muy
significativo que el Antiguo Testamento no hace referencia alguna a los dioses de Edom,
aunque la arqueología ha descubierto algunos restos de idolatría edomita.
Abdías habla en nombre de Dios asegurando que en fin de cuentas, el bien
triunfará; que Dios humillará a los soberbios y ensalzará a los humildes. Es un mensaje
adecuado para todas las edades.


CAPITULO NUEVE
JONAS y MIQUEAS
A. Jonás—Salvación Para Todas las Naciones
Nombre: significa “paloma.”
Hogar: Gath-hepher (II Reyes 14:25), en Galilea, seis kilómetros al norte de
Nazaret.
Fecha: Durante el reinado de J eroboam II, rey de Israel (787-747 A.C.).
Lugar de su ministerio: Nínive.
División de su Libro:
I. J onás desobediente: huye de Dios (capítulo 1).
II. J onás arrepentido: corre hacia Dios (capítulo 2).
III. J onás predicando: camina con Dios (capítulo 3).
IV. J onás disgustado: se adelanta a Dios (capítulo 4).
Versículo sobresaliente para memorizar: 2:9.
1. LA CIUDAD DE NINIVE
Allí estaba Nínive, extendida ante él con toda su majestuosa grandeza. J onás
contempló la ciudad con mezcla de asombro y enojo. Esta era su destinación divinamente
señalada.
Diódoro, un historiador griego del primer siglo antes de Cristo, anotó el dato de que
la circunferencia de Nínive era de como noventa kilómetros. Muy de acuerdo con la
indicación de J onás (3:3), de que Nínive era “ciudad sobremanera grande, de tres días de
camino,” es decir, alrededor de treinta kilómetros por día a pie.
Los arqueólogos han descubierto las murallas de Nínive antigua, que se extendían
como cuatro kilómetros y medio de largo y dos de ancho. Pero es evidente que el término
Nínive, tanto en Diódoro como en J onás, se refiere a la ciudad y sus suburbios. Este gran
centro contenía una población de más de medio millón de habitantes.
2. LAS PROTESTAS DEL PROFETA (capítulo 1)
J onás fue enviado a este pueblo pagano, pero se resistió a cumplir su misión.
Conocía el amor de Dios lo suficiente como para adivinar que el arrepentimiento de
Nínive tendría como probable consecuencia el perdón de J ehová. Y no quería que esta
metrópoli pagana fuera perdonada; quería que fuera destruida.
Porque—después de todo— ¿acaso no era Nínive el gran enemigo de la
humanidad, el despiadado opresor del pueblo de Dios? ¿Por qué habría de permitírsele
continuar sus crueles conquistas?
Y así, en lugar de iniciar la prolongada jornada hacia el norte y luego hacia el este,
hasta Nínive, el rebelde profeta se dirigió hacia el poniente. Descendió a J oppe, el
principal puerto marino israelita de aquel tiempo, y abordó un buque hacia Tarsis.
Indudablemente que esta ciudad era Tartessus, en España, no lejos del estrecho de
Gibraltar. Se dirigía hacia el extremo occidental del Mediterráneo, lo más lejos posible de
“la presencia de J ehová” (1:3).
Aparentemente todo salía a pedir de boca. El profeta pagó su pasaje y descendió a
su camarote (?) en los costados del navío (1:5). Pronto se quedó dormido—y roncando,
como agrega la Versión Griega. Evidentemente roncaba tan fuerte que no escuchó el
creciente bramido de la tormenta sobre la mar, ni el rechinido de la madera al ser azotada
por las olas.
Pero pronto despertó de su sueño (el original emplea el mismo término hebreo para
sueño profundo empleado en Génesis 2:21), y encontró sobre sí al capitán que lo
zarandeaba y le gritaba al oído: “Levántate, y clama.” Mas he aquí que el pobre J onás
huía para esconderse de Dios y no estaba de humor para orar.
La situación se volvió tan desesperada que los marinos dedujeron que
indudablemente había “un J onás a bordo” como diríamos ahora. De acuerdo con sus
costumbres, echaron suertes para ver quién era el provocador de sus aflicciones, y de esta
manera J onás se mudó de una nave marina a un camarote submarino. Arrojado al mar
enfurecido descubrió que Dios ya le tenía preparado un gran pez que le estaba esperando.
3. LAS ORACIONES DEL PROFETA (capítulo 2)
No se nos dice que J onás haya orado en el buque aun por orden del capitán mismo.
Pero ahora, con las olas sobre sí y su cabeza envuelta en algas marinas, imploró auxilio
con desesperación. Cuando obtuvo respuesta a su oración y estuvo dispuesto a acatar la
voz de Dios, el pez lo depositó sano y salvo sobre la playa.
Dios habló de nuevo y en esta ocasión el profeta obedeció. Aun en sus mejores
momentos los hebreos eran muy malos marineros y J onás no tenía deseo alguno de
repetir sus hazañas en el mar. De manera que aunque de mala gana, se encaminó hacia
Nínive.
Por fin lo encontramos sobre las márgenes del río Tigris. No quería avanzar, pero
no se atrevía a retroceder. ¿Qué efecto tendría su predicación? En todo caso, no le
quedaba otra alternativa.
4. LA PREDICACION DEL PROFETA (capítulo 3)
J onás se abrió paso hasta las orillas de la ciudad y empezó a gritar con todas las
fuerzas de sus pulmones: “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (3:4). Por tres
días recorrió las calles y puso sobre aviso a los habitantes.
Y entonces sucedió exactamente lo que había temido tanto. La gente se
arrepintió—desde el rey en su trono hasta el último esclavo en la choza más apartada.
Dios también se arrepintió de acuerdo con el cambio de los ninivitas, y la ciudad
condenada a desaparecer se salvó.
5. LOS BERRINCHES DEL PROFETA (capítulo 4)
Eso puso a J onás de un humor insoportable. Un día suplicó a Dios que lo rescatara
de cierto sepulcro muy húmedo, pero ahora pedía morir. Después de censurar a Dios por
su misericordia, expresa quejumbrosamente su dolor: “Ahora pues, oh J ehová, ruégote
que me mates; porque mejor me es la muerte que la vida” (4:3).
El capítulo cuatro es una extraña mezcla de humoradas y sentimientos. Alguien ha
dicho que indudablemente Dios tiene un buen sentido de humor, o no hubiera hecho
algunos de los animales tan extraños que vemos. Ciertamente, el Señor no está privado de
una de las cualidades más saludables de la personalidad humana.
J onás estaba portándose no como un varón maduro de Dios, sino como un niño
consentido. En este capítulo lo vemos quejándose y haciendo berrinches, rencilloso y
malvado. ¡Qué predicador! ¡Disgustado porque la gente se arrepentía cuando le oía
predicar!
Dios lo trató como un padre sabio trata a un niño malhumorado. Le dijo: “¿Haces
tú bien en enojarte tanto?” (4:4); o como dice la Septuaginta: “¿Estás muy enojado?”
Quizá no debamos decir que Dios estaba bromeando con el pobre profeta, pero cuando
menos estaba procurando avergonzarlo y hacerle ver cuán necias eran sus actitudes y
acciones.
Todo lo que Dios recibió por respuesta fue un silencio completo. J onás estaba
portándose de acuerdo con todas las reglas. Estaba malhumorado al extremo y no se
detenía en demostrarlo. En lugar de responder, se salió de la ciudad y construyó una
choza pequeña. Luego se sentó bajo su sombra para ver qué acontecía a la ciudad.
Entonces Dios decidió darle una buena lección allí mismo. Le dio una calabacera que
aumentara la sombra y el fresco, pero luego la quitó. Y para acrecentar la incomodidad
del profeta desató un viento oriental caliente desde el desierto cercano. Muy pronto J onás
se encontró otra vez con ganas de asistir a su propio funeral: “Mejor sería para mí la
muerte que mi vida” (4:8).
Dios, entonces, aplicó la lección al profeta perverso. J onás se había regocijado por
la calabacera que aparecía para protegerle, y después había tenido compasión de sí mismo
porque la mata se había secado. Ahora, pues, Dios pregunta: “Y ¿no tendré yo piedad de
Nínive?” (4:11).
Este es el versículo más importante de la profecía de J onás. El vocablo lástima en
el versículo 10, es la misma palabra empleada para piedad en el versículo 11. Pudiéramos
traducirla como “tener cuidado de.” El asunto que conmovía era que J onás tenía más
cuidado de una planta insignificante que de cientos de miles de almas en Nínive. Y el
asunto es que una cantidad innumerable de supuestos cristianos cae diariamente en el
mismo pecado.
6. LA INTERPRETACION DEL LIBRO
¿Cómo debemos interpretar este libro? Algunos dicen: “No es más que otro cuento
exagerado.” Pero esa afirmación no sólo niega la inspiración divina de las Escrituras, sino
que constituye un insulto tanto para la inteligencia de los judíos como para la de los
cristianos, quienes han aceptado esta profecía como parte de su canon sagrado. De hecho,
los judíos tienen este libro en muy alta estima y lo escogieron como el pasaje especial
para leerse en el Día de la Expiación.
Los eruditos bíblicos han sostenido tres interpretaciones principales: la mítica, la
alegórica y la histórica. ¿Cuál debemos escoger?
a. La Teoría Mítica. El punto de vista mítico sostiene que el libro de J onás
es puro cuento, el producto de alguna imaginación. Pero Raymond Calkins (en The
Modern Message of the Minor Prophets, p. 168), ha señalado acertadamente que un
escritor de historietas cortas le hubiera dado a su cuento un final diferente. Y tampoco
puede tomarse como un reflejo de los mitos paganos, como lo aseguran algunos.
b. La Teoría Alegórica. La interpretación alegórica encuentra
simpatizadores entre los eruditos modernos, como George Adam Smith. De acuerdo con
esta teoría, J onás representa al pueblo de Israel, y el pez representa la cautividad
babilónica. Dos escritores insignes recientes sobre los profetas—Raymond Calkins y
J ohn Paterson—ofrecen una buena presentación de este punto de vista. Obviamente, esta
opinión tiene mucho en su favor. Pero George L. Robinson (The Twelve Minor Prophets,
pp. 86 y ss.), ha señalado dos objeciones a esta interpretación. La primera es que ninguna
otra alegoría del Antiguo Testamento tiene a un personaje histórico como su héroe. La
segunda es la presencia del milagro, lo cual, según lo afirma Robinson, nunca se en-
cuentra en las parábolas ni en las alegorías.
c. La Teoría Histórica. El tercer punto de vista es la interpretación
histórica sostenida casi universalmente por judíos y cristianos hasta el siglo pasado.
Robinson cita en favor de esta teoría la forma narrativa del libro; el testimonio de Tobías,
III Macabeos, las Antigüedades de J osefo, y la actitud tan distinta hacia la profecía de
Oseas que por algún tiempo se creyó ser una alegoría, pero que ahora prácticamente todos
la interpretan como historia verídica.
(1) J onás, su Lugar en la Historia.
Por supuesto que uno de los principales argumentos en defensa de la historicidad de
J onás es la referencia hecha a él en II Reyes 14:25. Los críticos admiten que en verdad
hubo un hombre llamado J onás, que profetizó durante el reinado de J eroboam II rey de
Israel (787-747 A.C.). Que descendió de Gath-hepher, en Galilea, como seis kilómetros al
norte de Nazaret. Y se ha sugerido con propiedad que ningún escritor de años posteriores
querría usar a J onás como ejemplo de un fanatismo estrecho, si no tuviera bases históricas
para trazar la imagen del profeta.
(2) J onás, Mencionado por J esucristo.
La mención que Cristo hizo de J onás obtiene proporciones gigantescas en las
consideraciones de los eruditos conservadores. El se refirió a la experiencia de J onás en el
pez como un símbolo de su propia muerte y resurrección. También mencionó la
predicación de J onás en Nínive en la misma conexión con la visita de la reina de Seba a
Salomón. Ciertamente, este rey no fue tan sólo una alegoría.
d. Para Nosotros: Una Combinación. ¿Qué teoría, pues, hemos de aceptar
nosotros? Probablemente una combinación de las últimas dos. La historia de J onás como
historia, y también como una alegoría de lo que habría de suceder a la nación en los días
infaustos de la cautividad babilónica.
Una de las razones que tenemos para incluir la interpretación alegórica, es la
sorprendente semejanza entre las expresiones de la experiencia de J onás, y las de
J eremías 51:34, 44— “Comióme, desmenuzóme Nabucodonosor rey de Babilonia...
tragóme como dragón, hinchió su vientre.” Y Dios responde: “Y visitaré a Bel en
Babilonia, y sacará de su boca lo que ha tragado.” En ambos libros se emplea el mismo
término (bala) para tragar.
7. LOS MILAGROS EN J ONAS
a. Un Gran Pez. Hay dos milagros en este libro que han causado mucha
dificultad a los críticos. El primero es el del gran pez. Alguien ha comentado que “el
monstruo marino se ha tragado no sólo a J onás, sino también a los comentaristas.” G.
Campbell Morgan observa: “Los hombres han estado tan ocupados con las medidas tra-
tando de encontrar las dimensiones del vientre del pez, que no parecen haber tenido
tiempo para sondear las profundidades de la revelación divina.”
Lo primero que debe decirse es que en el libro de J onás no se menciona ninguna
ballena. Lo que se dice es que “J ehová había prevenido un gran pez que tragase a J onás”
(2:1). En Mateo 12:40 se usa una expresión popular y se dice que este “gran pez” era una
“ballena.” A menudo se ha afirmado que los tiburones, los cuales son peces, han tragado
a hombres enteros. Posiblemente el monstruo marino que se tragó a J onás haya sido crea-
do especialmente para esa ocasión. Pero la explicación más natural para el vocabulario
del pasaje es que Dios arregló la aparición de un gran monstruo marino en el momento
apropiado.
Problema más difícil es el que presenta la supervivencia de J onás adentro del pez.
Y no se puede arrancar de la Biblia lo milagroso sin hacer pedazos todo el edificio de la
revelación divina. Es parte integrante de la urdimbre y la textura de la Palabra de Dios.
Como creyentes en la Biblia, no vacilamos en aceptar este milagro.
b. Un Gran Avivamiento. El segundo milagro que ha sido censurado es el
de la conversión de Nínive. Muchos eruditos occidentales no han tomado en cuenta la
naturaleza tan voluble de los orientales. Entre los pueblos primitivos la histeria en masa
se induce fácilmente. Además, no carecen de significado los registros antiguos que
describen un ayuno de cien días ordenado por los gobernadores de Nínive poco antes de
su destrucción final en el año 612 A.C. Por supuesto que no podemos identificar este
ayuno con el que se menciona en J onás, pero provee un paralelo sorprendente realizado
en un siglo posterior.
Muy común ha sido burlarse de la inclusión de animales en el decreto del rey sobre
el ayuno. Pero de nuevo cerramos los ojos a las costumbres del oriente. Herodoto, el
historiador griego, describe cómo los persas cortaron el pelo a sus caballos y a sus bestias
de carga como parte del luto nacional por la muerte de un famoso general.
Cuán lejos están las palabras del gran erudito alemán C. H. Cornill, del modo
burlón con que a menudo se considera a J onás:
He leído el libro de Jonás cuando menos cien veces, y lo he de afirmar
públicamente porque no me avergüenzo de mi debilidad, que no puedo ni siquiera tomar
este libro maravilloso en mis manos, ni siquiera hablar de él, sin que las lágrimas fluyan
a mis ojos y mi corazón lata más aprisa. Este libro aparentemente trivial es uno de los
más profundos y grandiosos que jamás se hayan escrito, y he de decir a todos los que se
acercan a él: “Quita tus zapatos de tus pies; porque el lugar que pisas suelo santo es.”
8. EL VALOR DEL LIBRO
a. La Salvación es Internacional. Por encima de todas las discusiones
sobre este libro, encontramos lecciones obvias. El mayor mensaje de esta historia
profética es el deseo divino de salvar a todos los hombres. J onás es un ejemplo de la
actitud intolerante de muchos judíos hacia los gentiles. Según el Talmud, los gentiles eran
“como el escupitajo que cae de la boca de un hombre.” Esta actitud despreciativa ha
tenido terribles repercusiones en tiempos modernos.
La salvación era sólo para los judíos. Los gentiles no estaban incluidos en el pacto
de Dios con su pueblo. Para ellos no había esperanza. El libro de J onás fue como el toque
de una trompeta en contra de esta opinión nacionalista y estrecha.
George Adam Smith cuenta que una vez preguntó a un culto laico de la Iglesia
Ortodoxa Griega por qué Dios había creado tantos mahometanos. La respuesta rápida y
fervorosa fue: “¡Para llenar el infierno!” Esta actitud es muy semejante a la que el profeta
demostró hacia los miles de habitantes de Nínive. El se hubiera regocijado al contemplar
la ciudad y a todos sus habitantes, sepultados en ruinas.
De esta manera vemos que el libro de J onás es uno de los libros misioneros más
grandes de todos los tiempos. J unto con el pequeño libro de Ruth, demuestra que los
gentiles pueden participar en el pacto de Dios. La salvación depende del arrepentimiento,
no de la raza.
b. Otras Lecciones. Podríamos mencionar otras lecciones definidas de este
libro. No es posible huir de la presencia de Dios. La desobediencia resulta muy costosa.
Las amenazas de Dios son condicionales—si nosotros cambiamos, El también cambiará.
La senda de la desobediencia siempre conduce hacia abajo.
En este día de prejuicios raciales, religiosos y económicos, cuando la urgencia de
las misiones extranjeras es crucial, haríamos bien en considerar de nuevo el mensaje del
libro de J onás. Dios tiene “otras ovejas.”
B. Miqueas—El Defensor de los Pobres
Nombre: “¿Quién como J ehová?”
Hogar: Moreseth-Gath, o Morasti, como treinta kilómetros al suroeste de J erusalén.
Fecha: Alrededor de los años 740-700 A.C. (la misma época de Isaías).
Lugar: El reino de J udá, o reino del Sur.
División del Libro:
I. J uicio (capítulos 1—3).
II. Consuelo (capítulos 4—5).
III. Reprensión y Promesa (capítulos 6-7)
Versículos sobresalientes para memorizar: 4:1-2; 5:2; 6:8.
1. EL LLAMAMIENTO DEL PROFETA
a. Crepúsculo en la Tierra. El sol se ponía sobre el Mediterráneo. Desde
un punto elevado sobre una colina, como a trescientos metros sobre el nivel del mar y
treinta kilómetros distante del mismo, Miqueas observaba los rayos de plata volverse
amarillo oro y por último rojo vivo. En la quietud del atardecer algunas avecillas
cantaban y volaban de aquí para allá. Era la hora de meditación del profeta, su cita con
Dios a la puesta del sol.
A sus pies se extendía la ancha llanura entre la Shefelah y el mar, punteada con las
ciudades del enemigo tradicional de Israel—los filisteos. En las cercanías se encontraba
su villa natal, Moreseth-gath, o Morasti, que le daba su nombre de “Miqueas de Morasti.”
A su espalda, sobre colinas más elevadas, se hallaba la cueva de Adullam, donde David
se había escondido de Saúl. Esa noche parecía como si las cañadas entre las colinas
resonaran con los clamores de años idos.
Su mente lo llevó aún más allá, hasta la aldea de Bethlehem, encaramada sobre la
altiplanicie de J udá a más de mil metros de altura sobre el nivel del mar. ¡La ciudad de
David! ¡Oh, que Dios enviara otro libertador a su pueblo, otro rey que los gobernara en
justicia! El enclenque y malvado J otham tenía su corte asentada en esos días en el palacio
del rey en J erusalén, unos cuantos kilómetros al norte de Bethlehem. Indigno sucesor de
su padre Uzzías, había descarriado a la nación por la idolatría y el pecado. ¿Cuánto
tiempo pasaría antes de que la ira de Dios descendiese sobre aquel pueblo desobediente?
Tristemente, el profeta volvió sus ojos al sol poniente.
Precisamente antes de que el globo de fuego se hundiera en las profundidades del
océano para extinguirse por otra noche, una nube obscura se levantó del mar y cubrió el
rostro del sol. Un temblor frío estremeció el paisaje cuando la nube ascendió más y más.
La oscuridad se tendió silenciosa por colinas y valles, y la noche le siguió en sus talones.
El día dejó caer sus instrumentos de ruido y desapareció.
b. Crepúsculo de una Nación. Sentado en medio de la oscuridad creciente,
el profeta tembló poseído por un presagio que le infundía temor. Le pareció que en la
quietud de la noche se escuchaban pasos que se acercaban. Y dentro de su alma resonaron
con gran significado profético: “Porque he aquí, J ehová sale de su lugar, y descenderá, y
hollará sobre las alturas de la tierra. Y debajo de él se derretirán los montes, y los valles
se hendirán como la cera delante del fuego, como las aguas que corren por un precipicio”
(1:3-4).
Pero, ¿por qué habría de visitarlos Dios? “Todo esto por la rebelión de J acob, y por
los pecados de la casa de Israel” (1: 5).
¿En dónde caería primero el castigo de Dios? El profeta no esperó mucho la
respuesta: “Pondré pues a Samaria en majanos de heredad, en tierra de viñas; y derramará
sus piedras por el valle, y descubriré sus fundamentos” (1:6).
Miqueas pertenecía al reino de J udá, o reino del Sur. Era una verdadera lástima que
el castigo estuviera para caer pronto sobre Samaria, la capital del reino del Norte, o Israel.
Pero, ¿qué de J erusalén? La respuesta fue: “Todavía no.” El profeta contempló la
inundación de la ira de Dios llegar hasta las murallas de Sión. “Llegó hasta la puerta de
mi pueblo, hasta J erusalén” (1:9). Pero ahí se detuvo. El castigo quedó detenido por aquel
tiempo.
Y entonces, mientras pensaba en las ciudades y aldeas a sus alrededores, su mente
inspirada encontró expresión en una serie de retruécanos. Moffat ha procurado reproducir
en inglés el juego de palabras relacionadas con los nombres de estos pueblos:
¡Derramad lágrimas en la Ciudad del Llanto (Gath),
Revolcaos en el polvo en la Ciudad del Polvo (Beth-leaphrah),
Encaminaos despojados a la Ciudad de la Feria (Saphir)!
Ciudad de la Agitación (Saanan), no te atrevas a agitarte,
………………………………………………………………………………..
¡Apareja tus corceles y anda, oh Ciudad de los Caballos (Lachis),
Oh fuente del pecado de Sión!
¡Donde los crímenes de Israel se concentran!
Oh Sión, doncella, has de apartarte de
Moreseth de Gath;
y los reyes de Israel son siempre impedidos en la Ciudad del Impedimento
(Achzib).
2. LA OPRESION DE LOS POBRES
De regreso en casa, la pluma del profeta se mojó en lava ardiente. “¡Ay de los que
piensan iniquidad, y de los que fabrican el mal en sus camas! Cuando viene la mañana lo
ponen por obra, porque tienen en su mano el poder. Y codiciaron las heredades, y
robáronlas: y casas, y las tomaron: oprimieron al hombre y a su casa, al hombre y a su
heredad” (2:1-2).
El interés primordial de Miqueas era el pueblo sencillo del campo, oprimido por los
ricos. Criado en un ambiente humilde, alejado de la capital por las montañas, Miqueas
observó lo que aconteció al pueblo común. Se transformó en “el profeta de los pobres.”
Cuando los ricos tenían que pagar fuertes impuestos al rey J otham de J erusalén, tan
amante de lujo, pagaban las alcabalas apoderándose de las tierras de los campesinos
pobres. El rey siguiente, Acaz, se vio en la necesidad de pagar tributos a Asiria, y llevar,
además, una costosa guerra contra Siria y Efraín (734 A.C.). Los terratenientes avaros
tuvieron buen cuidado de que los pobres llevaran el peso de estas cargas.
El corazón del profeta se rebeló iracundo en contra de todo esto. Le parecía que los
codiciosos terratenientes no se detenían ante nada. “A las mujeres de mi pueblo echasteis
fuera de las casas de sus delicias: a sus niños quitasteis mi perpetua alabanza” (2:9).
a. El Pecado de los Príncipes. De J erusalén llegaron algunos informes que
avivaron el fuego en el alma de Miqueas. El origen de muchos de los males prevale-
cientes se encontraba en la ciudad sagrada misma. “Y dije: Oid ahora, príncipes de J acob,
y cabezas de la casa de Israel: ¿No pertenecía a vosotros saber el derecho? Que aborrecen
lo bueno y aman lo malo, que les quitan su piel y su carne de sobre los huesos; que
comen asimismo la carne de mi pueblo, y les desuellan su piel de sobre ellos, y les
quebrantan sus huesos y los rompen, como para el caldero, y como carnes en olla” (3:1-
3).
¡Palabras mayores estas! Para Miqueas, los gobernantes crueles, avaros y egoístas,
eran caníbales. Arrancaban la piel al pueblo menesteroso; quitaban la carne que rodeaba
los huesos y hacían pedazos los huesos para ponerlos en el cocido. Era una acusación
cáustica, presentada en palabras que quemaban como fuego. En el alma del profeta
resonaba el eco de la justicia santa de Dios.
¿Cuál sería la consecuencia? “Entonces clamarán a J ehová y no les responderá;
antes esconderá de ellos su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicieron malvadas obras”
(3:4). Ellos habían dado oídos sordos a los ruegos suplicantes de los pobres. Ahora Dios
rehusaba escuchar sus clamores.
b. El Pecado de los Profetas. El heraldo de Dios volvió su atención de los
príncipes a los profetas. “Así ha dicho J ehová acerca de los profetas que hacen errar a mi
pueblo, que muerden con sus dientes, y claman, Paz, y el que no les diere qué coman,
aplazan contra él batalla” (3:5). Aun los profetas se habían vuelto avaros y codiciosos.
Puesto que predicaban por salario, se volvían salvajemente en contra de los que no les
daban de comer. La nación se encontraba en mala situación cuando aquellos que debían
hablar en nombre de Dios estaban interesados solamente en ellos mismos.
¿Cuál fue el veredicto de Dios? Ni visión, ni luz, ni respuesta de parte del Altísimo
(3:6-7). Los profetas falsos serían avergonzados y confundidos.
Eso no acontecía con Miqueas. “Yo empero estoy lleno de fuerza del espíritu de
J ehová, y de juicio y de fortaleza, pero denunciar a J acob su rebeldía, y a Israel su
pecado” (3:8). Esta era la fuente de su ministerio profético: el poder del Espíritu de Dios.
c. El Pecado de los Sacerdotes. Los sacerdotes se unieron a los príncipes y
a los profetas en esta cabalgata de crimen. “Sus cabezas juzgan por cohecho, y sus sa-
cerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y apóyanse en J ehová
diciendo: ¿No está J ehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros” (3:11).
Este era su peor crimen—el pecado de presunción. Cometieron el error tan común
de suponer que porque eran el pueblo escogido de Dios, nada malo podría sucederles. Era
la misma clase de actitud que muchos miembros de iglesia sostienen hoy día.
3. SENTENCIA DE MUERTE
Estos hombres poseían una manera de pensar muy turbia. Miqueas vio claramente
que un Dios justo castigaría inevitablemente el pecado. J erusalén no era más inviolable
que Samaria. La misma suerte de su hermana norteña esperaba a J udá por su testarudez,
su obstinación y su desobediencia. La sentencia pronunciada sobre J erusalén era
notablemente similar a la de Samaria. “Por tanto, a causa de vosotros será Sión arada
como campo, y J erusalén será majanos, y el monte de la casa como cumbres de breñal”
(3:12). Miqueas pronunció esta profecía más de cien años antes de su cumplimiento en el
año 586 A.C., cuando J erusalén fue destruida.
4. PROMESA DE RESTAURACION
Esta sentencia de asolamiento fue seguida inmediatamente por una promesa de
restauración. En los primeros versículos del capítulo cuatro, Miqueas traza uno de los
cuadros más brillantes de la gloria futura de Israel que puedan encontrarse en el Antiguo
Testamento. Esto es lo que dice el versículo citado con tanta frecuencia: “Y martillarán
sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces: no alzará espada gente contra gente,
ni más se ensayarán para la guerra” (4:3).
Y Miqueas no se limitó a predecir la devastación de J erusalén, sino que señaló el
lugar de la cautividad. A Babilonia irá J udá, y de Babilonia será rescatada (4:10).
Entonces aparece una de las grandes profecías mesiánicas del Antiguo
Testamento—la misma que los escribas le citaron a Herodes cuando Cristo J esús nació:
“Mas tú, Beth-lehem Ephrata, pequeña para ser en los millares de J udá, de ti me saldrá el
que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo”
(5:2). El Mesías vendría de la familia y de la ciudad de David.
5. EL PLEITO DEL SEÑOR
El sexto capítulo se intitula “El Pleito del Señor” (6: 2). Tristemente, el Señor
pregunta: “Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí”
(6:3). Les recuerda su amor y sus cuidados en años pasados.
Miqueas se identifica con Amós y Oseas en su actitud hacia el ritualismo. “¿Con
qué prevendré a J ehová, y adoraré al alto Dios? ¿vendré ante él con holocaustos, con
becerros de un año? ¿Agradaráse J ehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de
aceite? ¿daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi
alma?” (6:6-7).
6. LA RELIGION VERDADERA
La respuesta viene en uno de los pasajes más grandiosos del Antiguo Testamento.
Resume lo que Dios demanda del hombre. “Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo
bueno, y qué pida de ti J ehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte
para andar con tu Dios” (6:8). Nadie puede cumplir estos requisitos sin agradar a Dios,
porque es necesario hacer la paz con Dios antes de caminar humildemente en su
presencia.
El Talmud dice que en el Salmo 15 David redujo a 11 los 613 requisitos de la ley
mosaica. Miqueas los reduce a tres. J esús resumió toda la ley en dos mandamientos. En
todo esto hay una pronunciada unicidad de énfasis. La religión significa tener buenas
relaciones con Dios y buenas relaciones con los hombres. La justicia es la base de toda
vida moral. Pero para ser cristiano hay que amar la bondad. Y no hay religión verdadera
aparte de la comunión con Dios.
7. LA PERSPECTIVA
Al llegar al último capítulo podemos imaginarnos a Miqueas de regreso en sus
colinas de Morasti, observando otra puesta de sol. Había entregado fielmente el mensaje
de Dios al pueblo. ¿Cuál era el resultado?
“¡Ay de mí!” dice (7:1). “Faltó el misericordioso de la tierra” (7:2). En lugar de
hacer el bien, el pueblo procura “completar la maldad con sus manos” (7:3). Y el profeta
se siente decididamente pesimista: “El mejor de ellos es como el cambrón; el más recto,
como zarzal” (7:4). No se puede confiar en nadie, ni siquiera en el mejor amigo o el ser
más amado (7:5). Es, realmente, un cuadro trágico que se acopla bien con la más
profunda oscuridad nocturna. Todo está oscuro. ¿Hacia dónde volverá su vista el profeta?
8. LA MIRADA HACIA ARRIBA
Entonces viene la declaración de fe. “Yo empero a J ehová esperaré... Aunque more
en tinieblas, J ehová será mi luz” (7:7-8).
La presencia de Dios provee consuelo y seguridad. Y debido a que Miqueas elevó
su vista hasta que distinguió la luz, su profecía se cierra con una nueva visión de la
fidelidad y la misericordia de Dios. En medio de las tinieblas reinantes, distinguió al
Salvador. “¡Qué Dios como tú, que perdonas la maldad?... echará en los profundos de la
mar todos nuestros pecados” (7:18-19).
Con esta nota evangélica termina su profecía. Solamente faltaba que el Niño de
Belén cumpliera esta descripción de la salvación.


CAPITULO DIEZ
NAHUM y HABACUC
A. Nahum—Maldición de Dios Sobre la Crueldad
Nombre: “Consolador.”
Hogar: Elkosh, posiblemente como a treinta kilómetros al suroeste de J erusalén.
Fecha: Entre los años 663 y 612 A.C.
Lugar de su ministerio: J udá.
División del Libro:
I. Declaración Sobre el Asolamiento de Nínive (capítulo 1).
II. Descripción de la Ruina de Nínive (capítulo 2).
III. Defensa de la Destrucción de Nínive (capítulo 3).
Versículos sobresalientes para memorizar: 1:3; 1:7.
¡Oyese estruendo de látigos,
Y estruendo de ruedas impetuosas,
Y de caballos que corren,
Y de carros que vuelan,
Y de caballería que carga!
¡Se ve también el brillo de la espada,
Y el relampagueo de la lanza!
Y hay una multitud de muertos;
Montones de cadáveres;
Y no hay fin de los cuerpos muertos:
Tropiezan las gentes contra los cuerpos muertos.
(3:2-3, V.M.)
¡Un momento! ¿Qué pasa aquí? ¿Qué pasa? ¡Hombre, Nínive está siendo destruida!
¿Nínive? ¡No!
¡Sí, Nínive! Nínive la grande. Nínive la inconquistable. Nínive la poderosa. El
monstruo cruel lucha desesperadamente en las garras de la muerte, derrotado, vencido,
acabado... muerto.
¿Cómo? ¿Por qué? “Heme aquí contra ti, dice J ehová de los ejércitos” (2:13; 3:5).
Esa es la respuesta. El Señor de los ejércitos está atacándola. Su destrucción se decretó.
Pero, ¿por qué? “Porque fuiste vil” (1:4). Las atrocidades inhumanas, las
crueldades indescriptibles de la antigua Nínive, le hicieron sumamente vil a los ojos de
Dios. “Ay de la ciudad de sangres, toda llena de mentira y de rapiña” (3:1). Una ciudad
así debería ser destruida.
1. LA CRUELDAD DE NINIVE
Más de un siglo había transcurrido desde la profecía de J onás. Nínive había caído
de nuevo en su carrera de conquistas crueles. El reino de Israel, donde J onás vivió, había
sido pisoteado por las plantas del opresor. En el año del 732 A.C., el territorio nativo del
profeta, Galilea, fue capturado. Con la caída de Samaria, la capital, en 721, el reino de
Israel desapareció.
Pero las conquistas sangrientas siguieron. Senaquerib invadió el reino de J udá en el
701. Su sucesor, Esarhaddon, conquistó Egipto extendiendo así las fronteras del imperio
asirio hasta los límites del Asia.
El siguiente rey, Ashurbanipal, reinó sobre Asiria cuando ésta se hallaba en el cenit
de su gloria. Este rey era una mezcla extraña. Por un lado, probablemente haya sido el
patrocinador más grande de la literatura en tiempos antiguos. Por dondequiera que iba
coleccionaba manuscritos antiguos. El descubrimiento de su biblioteca real en Nínive,
conteniendo miles de tablas de barro, ha sido uno de los descubrimientos principales de
los tiempos modernos.
Pero la cultura de Ashurbanipal quedaba opacada por su crueldad. Se jactaba de
despedazar a los reyes; obligó a tres reyes cautivos a tirar de su carro real por las calles.
Obligó a un príncipe a llevar colgado de su cuello la cabeza sanguinolenta de su rey, y
celebró un gran banquete teniendo la cabeza de un monarca caldeo colgando sobre sí. Los
asirios eran famosos por su crueldad desenfrenada, pero parece que Ashurbanipal los
superó a todos.
Desde este punto de vista hemos de considerar las profecías de Nahum. El motivo
del libro lo proveyó la crueldad extremada de Asiria.
2. LA FECHA DEL LIBRO
Es probable que Nahum haya profetizado precisamente durante el reinado de
Ashurbanipal. Sabemos que su profecía se pronunció después del 663 A.C., porque fue en
ese año cuando Ashurbanipal conquistó a Tebas en el Egipto superior. El profeta advierte
a Nínive: “¿Eres tú mejor que No-amón (Tebas) que estaba asentada entre ríos?...
También ella fue llevada en cautiverio” (3: 8-10). La capital asiria correría la misma
suerte que la capital egipcia.
Por otra parte, la última fecha posible para Nahum sería el año 612 A.C., cuando
Nínive fue tomada por los ejércitos combinados de los medos, los babilonios y los
scythas. Los ninivitas declararon un ayuno de cien días en un esfuerzo por aplacar a sus
dioses (véase J onás 3: 15). Pero esto no explicaba sus crueldades diabólicas.
Algunos eruditos colocan el libro de Nahum poco después de la caída de Tebas en
el 663 A.C. Pero los estudios modernos parecen indicar que se escribió en el período
inmediatamente anterior a la caída de Nínive. Después de la muerte de Ashurbanipal en el
626 A.C., el imperio asirio declinó rápidamente. Perdió todos sus territorios extranjeros y
pronto la ciudad misma cayó.
3. UNA DESCRIPCION DE LA CIUDAD
George Adam Smith nos ha dado una descripción bastante extensa de Nínive y sus
alrededores. La ciudad tenía la forma de un eje, de donde salían los caminos en todas
direcciones. A lo largo de estos caminos se encontraban numerosos fuertes, torres y
guarniciones. El profeta anunció la caída inminente de estas avanzadas de defensa.
Declaró: “Todas tus fortalezas cual higueras con breva; que si las sacuden, caen en la
boca del que las ha de comer” (3:12). Todo el que haya sacudido un árbol cargado de
fruta madura, puede apreciar la vividez de la expresión.
La ciudad estaba protegida con una elevada muralla que medía más de once
kilómetros de largo, y era tan ancha que permitía que tres carros anduvieran ampliamente
por su terraza. A cierta distancia de la muralla se encontraba un foso de como cincuenta
metros de ancho. La tradición dice que tenía veinte metros de profundidad. El agua para
el foso venía de un canal y del río Khusur, un tributario del Tigris. Todavía puede
apreciarse la solidez de las murallas por sus ruinas, que se levantan aún hasta casi veinte
metros sobre el nivel del terreno natural, notándose aquí y allá las ruinas más elevadas
aún de los torreones. En su día, Nínive fue la fortaleza más importante de Asia
Occidental.
Pero todos estos fuertes formidables son como nada. “He aquí, tu pueblo será como
mujeres en medio de ti: las puertas de tu tierra se abrirán de par en par a tus enemigos:
fuego consumirá tus barras” (3:13).
Y así, a la ciudad llegó el aviso de que se preparara para el sitio. El orgulloso
sitiador de una gran ciudad tras de otra, debería probar ahora de su propio brebaje amar-
go. “Provéete de agua para el cerco, fortifica tus fortalezas; entra en el lodo, pisa el barro,
fortifica el horno” (3:14). En otras palabras, prepárate para lo peor.
4. LA CAPTURA DE NINIVE
Dos de los versículos más vívidos en todo el libro describen el primer ataque
furioso a los suburbios de la ciudad:
Los carros se precipitarán a las plazas, discurrirán por las calles: su aspecto como
hachas encendidas; correrán como relámpagos (2:4).
Sonido de látigo, y estruendo de movimiento de ruedas; y caballo atropellador, y
carro saltador (3:2).
La arremetida de los carros viene acompañada de otra por la caballería: “Caballero
enhiesto, y resplandor de espada, y resplandor de lanza” (3:3). Los cuerpos muertos se
apilarían en las calles al grado de que los defensores y los invasores tropezarían sobre
ellos.
Cuando los asirios se retiraron tras de la protección de las murallas, los sitiadores se
prepararon para la tarea final de abrirse paso a la fuerza. El primer paso fue la
construcción de burdos puentes sobre las zanjas. Los arqueólogos han encontrado el foso
del lado este lleno con desperdicios frente al gran hoyo abierto en la muralla.
La tradición asegura que una inundación de las aguas del Tigris o de su tributario,
facilitaron la captura de la ciudad. Evidentemente, echaron el agua contra las murallas o a
través de las compuertas, ayudando así a abrirse paso hacia la ciudad. Nahum previó esto
cuando escribió: “Las puertas de los ríos se abrirán, y el palacio será destruido” (2: 6).
En consecuencia, Nínive quedó completamente destruida. El profeta ve la ciudad
como un depósito de agua en cuyas paredes se ha abierto brecha para que toda el agua
salga. Y así sucedió en Nínive. Aunque algunos clamaron: “Parad, parad” (2:8), el pueblo
huyó aterrorizado. Dejaron la ciudad “vacía, asolada y despedazada” (2:10).
La vanidosa Nínive ha quedado asolada desde el día en que fue destruida. Dos
mojones, identificados en 1842, son todo lo que queda del sitio. En el año 331 A.C., Ale-
jandro el Grande pasó por aquí en su camino hacia la conquista del mundo. Aunque no
pudo reconocer las ruinas de Nínive, ya que estaban enteramente cubiertas, bien pudieron
ellas haber susurrado una palabra de advertencia: “Todo lo que el hombre edifica sin
Dios, caerá ciertamente.”
5. EL HOGAR DEL PROFETA
Casi todos los pasajes observados hasta aquí se han tomado de los capítulos
segundo y tercero de Nahum. Volvamos ahora nuestra atención al primer capítulo.
El primer versículo nos da el encabezamiento del libro. “Carga (u oráculo) de
Nínive. Libro de la visión de Nahum de Elkosh.”
El pueblo natal de Nahum, Elkosh, no ha podido identificarse. Algunos creen que
haya estado en una localidad al otro lado de Nínive, donde los habitantes señalan aún la
supuesta tumba del profeta. Otra tumba tradicional de Nahum se señala al sur de
Babilonia. J erónimo dijo que había sido un pueblo en el norte de Galilea, mientras que
otros creen que fue Capernaum— cuyo nombre arábigo significa: “ciudad de Nahum.”
Quizá el sitio más probable sea en el sur de J udea, como a treinta millas al sureste de
J erusalén. Es muy probable que Nahum haya venido de J udá, puesto que Israel, el Reino
del Norte, ya se encontraba en cautiverio.
6. LA IRA DE DIOS
G. Campbell Morgan ha hecho la interesantísima observación de que en los
primeros ocho versículos de Nahum se encuentran todos los vocablos del Antiguo
Testamento hebreo que significan “ira.” En nuestra Biblia castellana de Reina y Valera,
se traducen como “celo,” “venganza,” “ira,” “furor,” “enojo,” (en una ocasión,
“indignación” se traduce como “ira”).
Y Campbell Morgan señala con su método expositivo y analítico tan característico,
que “celo” es el resultado del amor herido. “Venganza,” significa retribución y no
desquite. “Ira,” significa una actitud que ha cambiado por causa del pecado. “Enojo e
indignación,” expresan la actividad de la ira. “Furor,” significa calor y consunción por el
fuego.
Mas, ¿cuál es la causa del furor del Señor? Es su amor por su pueblo oprimido. Su
misma ira es una expresión de amor. No podemos creer en el amor de Dios sin creer
también en la ira de Dios, porque el amor debe indignarse en contra del mal. El amor
moral es más que un mero sentimiento.
7. EL MENSAJ E DE NAHUM PARA NUESTRO DIA
El mensaje de Nahum es definitivamente un mensaje para nuestro día. A la luz de
las atrocidades cometidas por los nazis en Europa, es más fácil apreciar los fuertes
sentimientos del profeta. Las crueldades indestructibles de los asirios de antaño han
quedado en evidencia en su libro de leyes recientemente descubierto. Los castigos
infligidos incluían arrancar los ojos, cortar las manos, rajar las narices, tajar las orejas y
derramar brea hirviendo sobre la cabeza. Cuando a los cautivos inocentes e indefensos se
les hacía víctimas de tales crueldades, podemos comprender cuán justificada era la
indignación de Nahum.
George A. Gordon dijo una vez que hay tres grandes pruebas de un gran carácter: la
capacidad para amar intensamente; la capacidad para entusiasmarse intensamente, y la
capacidad para indignarse intensamente. Sin un sentido de indignación contra el pecado y
el mal, no hay amor verdadero. Por lo tanto, necesitamos escuchar el mensaje que Dios
tendría para este siglo nuestro por medio de Nahum.
Raymond Calkins ha señalado su importancia. El escribió esta palabra de
comentario:
Indudablemente que hay lugar para un libro como el de Nahum en la revelación de
la gracia. En lugar de quitar de la Biblia esta profecía de Nahum, es mejor que la
dejemos. La necesitamos. Nos recuerda que a menos de que el amor esté equilibrado con
la capacidad para indignarnos justamente, degenera en un sentimiento bondadoso, vago
y difuso. Un hombre verdadera y profundamente religioso es siempre un hombre de ira.
Porque ama a Dios y a sus semejantes, odia y desprecia la inhumanidad, la crueldad y la
perversidad. Todo buen hombre profetiza a veces como Nahum.
Y terminamos nuestro estudio de Nahum con un versículo sobresaliente para
memorizar, que encontramos en 1:7: “Bueno es J ehová para fortaleza en el día de la
angustia; y conoce a los que en él confían.” Esta es una joya incomparable, que brilla
mucho más intensamente por su posición sobre la tenebrosidad intensa de la profecía de
Nahum. Siempre, dondequiera, Dios es amor.
B. Habacuc—El Combate con la Duda
Nombre: “Abrazo.”
Fecha: Alrededor del 603 A.C.
Lugar de su ministerio: J udá.
División del Libro:
I. El Castigo de J udá (capítulo 1).
II. El Castigo de Babilonia (capítulo 2).
III. La Oración del Profeta (capítulo 3).
Versículos sobresalientes para memorizar: 2:2; 2:4; 2:20; 3:2.
¿Hasta cuándo, oh Jehová,
He de clamar, sin que tú me oigas?
¿Hasta cuándo daré voces a ti,
A causa de la violencia que se me hace,
Sin que tú me salves?
(1:2, V.M.).
¿Cansado de orar? Parece que sí. ¿De qué sirve orar si Dios no presta atención?
¿Para qué implorar ayuda si Dios no salva?
Pero el profeta era perseverante. Estaba convencido de que había un Dios que oía la
oración, y se propuso continuar orando hasta recibir alguna clase de respuesta. Por lo
tanto, continuó implorando:
¿Por qué me haces ver la iniquidad,
Y miras tú innoble la maldad?
Pues que la opresión y la violencia
Están delante de mí; y hay contienda
Y se levantan pleitos.
(1:3, V.M.).
1. EL PROBLEMA DEL PROFETA
A dondequiera que el profeta volvía sus ojos en J udá, encontraba iniquidad y
violencia, lucha y contención. Una y otra vez informó al cielo sobre esta situación co-
rrompida, pero el cielo no parecía estar interesado. Parecía que a Dios no le importaba el
que su pueblo continuara pecando. Parecía que había cerrado los ojos a los vicios de los
suyos, y los oídos a la voz del profeta. ¡Y eso no estaba bien!
El silencio de Dios empeoraba las cosas. La gente hacía lo que le venía en gana,
puesto que Dios no hacía nada. De seguir esto así, la moral de todo el pueblo se vendría
abajo. Cualquiera podía ver eso. ¿Por qué, entonces, Dios no podía ver las cosas así?
El profeta nos dice lo que estaba sucediendo.
Por tanto, se paraliza la ley,
Y el juicio ya no sale conforme a la verdad;
Porque el inicuo asedia al justo;
Por tanto procede el juicio pervertido.
(1:4, V.M.).
La ley estaba entumecida, “paralizada,” porque Dios no la aplicaba rigurosamente
con castigos adecuados. La justicia era cosa del pasado. De hecho, había desaparecido,
“el juicio no sale verdadero.” En lugar de ello, “sale torcido el juicio.” Las cosas estaban
vueltas al revés nuevamente. El bien estaba en el cadalso, y el mal en el trono.
2. LA RESPUESTA DE DIOS
“¿Hasta cuándo?” había preguntado Habacuc. Como ha señalado Robinson, el
profeta no se quejó en contra de Dios, sino con Dios. Era el proceder más justo y más
sabio porque Dios y solamente Dios, tenía la respuesta.
a Dios Obra Silenciosamente. La respuesta vino. Dios indicó que se estaba
preparando para realizar algo tremendo, algo horrible. “Mirad en las gentes, y ved, y
maravillaos pasmosamente; porque obra será hecha en vuestros días, que aun cuando se
os contare, no la creeréis” (1: 5). Dios estaba ocupado aunque el profeta no pudiera
contemplar sus operaciones. Esta fue una de las lecciones más importantes que habría de
aprender el profeta. Algunas de las faenas más grandiosas de Dios se desarrollan tras del
escenario, fuera de la vista. Entonces, hemos de creer aun cuando no podamos ver.
b. El Método Extraño que Dios Usa. Pero, ¿cuál era esta cosa maravillosa
que Dios estaba por hacer? “Porque he aquí, yo levanto los Caldeos, gente amarga y
presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las habitaciones ajenas”
(1:6).
Los caldeos se acercaban. Ellos eran la respuesta de Dios al clamor del profeta. Los
judíos sí serían castigados por sus pecados. Los caldeos serían el instrumento en las
manos de Dios para realizar este castigo. Esta “gente amarga y presurosa.... espantosa es
y terrible: De ella misma saldrá su derecho y su grandeza” (1:6-7). La corrección no sería
agradable: “Espantosa… terrible” (1: 7). El pueblo de Dios no le había temido a El, ahora
sentiría el espantoso azote de una invasión.
Los ejércitos enemigos barrerían la tierra como bestias salvajes. “Y serán sus
caballos más ligeros que tigres, y más agudos que lobos de tarde, y sus jinetes se
multiplicarán… Volarán como águilas que se apresuran a la comida” (1:8). No había
escape alguno de la furia del asolamiento por el enemigo.
El pueblo de J udá se había regocijado en la violencia. Pero ahora las huestes
invasoras vendrán a la presa (1:9). Por fin, la justicia se gozará en su día.
3. FECHA DEL LIBRO
La referencia a los caldeos nos ofrece la clave central para encontrar la fecha de la
profecía. A diferencia de casi todos los demás profetas, Habacuc no nos dice nada sobre
quién era ni de dónde venía. No asienta ningún dato cronológico al presentar su libro,
pero la predicción de la inminente invasión babilónica señala hacia cierto período
definido en la historia de Israel.
Aparentemente, los hebreos comenzaron a entregarse a un falso sentido de
seguridad después de la caída de Nínive en el 612 A.C. Su gran enemigo, Asiria, estaba
caído y deshecho. Y no comprendieron la importante significación del creciente poderío
de Babilonia.
Cuando los babilonios derrotaron al ejército egipcio en Carchemis, en el 605 A.C.,
aseguraron la posición dominante de su imperio. Bajo Nabucodonosor, Babilonia vino a
ser el gran centro del poder mundial.
Por esto, casi todos los eruditos colocarían la fecha de este libro de Habacuc entre
el 605 A.C. y la invasión de J udá por Nabucodonosor en el 598 A.C. El nuevo imperio se
levantaba poderoso sobre el horizonte noroeste, pero el pueblo judío no había despertado
a la amenaza contra su paz y seguridad. Continuaba confiado en sus pecados. Mas los
cúmulos indicadores de tormenta aumentaban, y ya un oído alerta podría escuchar el rui-
do del trueno en la distancia.
4. LA PERPLEJ IDAD DEL PROFETA
a. ¿Para qué Usar a los Caldeos? El profeta escuchó atento la respuesta de
Dios. Pero he aquí que ahora se encontraba más perplejo que nunca. Reconoció el pro-
pósito de la venida de los caldeos. “Oh J ehová, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo
fundaste para castigar” (1: l2cd). Eso es bastante claro, pero, ¿por qué usar a los
babilonios? ¡Ellos son peores que los hebreos!
El problema se volvió más difícil y Habacuc se sentía más profundamente perplejo,
por lo que se quejó de nuevo: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el
agravio: ¿por qué ves los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más
justo que él?” (1: 13). Muy cierto, los habitantes de J udá eran bastante malos. Pero eran
mejores que los caldeos. ¿Por qué habrían de usarse los más inicuos para castigar a los
menos impíos? Eso no parecía muy correcto.
b. ¿Por qué ha de Sufrir el Justo? Este otro asunto confundía al profeta
mucho más que el anterior. ¿Por qué debería prosperar el impío a costa del justo? Ese es
el problema imperecedero de las edades. Parece que el universo no está sentado sobre
principios de justicia. No obstante, nosotros necesitamos hacer lo que Habacuc hizo:
esperar en el Señor hasta que venga la luz.
El libro de Habacuc se divide en tres capítulos. El primero explica el problema—
que era de hecho un problema doble—que tenía confundido al profeta. El segundo ofrece
la solución, la respuesta de Dios al problema. El tercero registra la invocación del profeta,
una oración saturada de alabanza.
5. LA PACIENCIA DEL PROFETA
La respuesta a la segunda pregunta de Habacuc (1:13), no vino tan pronto como la
respuesta a la primera pregunta (1:2-4). Pero Habacuc rehusó satisfacerse con el silencio.
Se había propuesto esperar hasta que Dios respondiera. Asumió una actitud de espera
vigilante.
Me pondré, dije, sobre mi atalaya,
Me colocaré sobre la fortaleza,
Y estaré mirando para ver qué me dirá Dios,
Y lo que yo he de responder tocante a mi queja.
(2:1, V.M.).
Si queremos aprender hemos de escuchar. Debido a que escuchamos tan poco,
aprendemos casi nada. En este siglo en que literalmente miles de voces llegan a nuestras
conciencias reclamando nuestro tiempo y atención, parece que no es posible encontrar un
rincón tranquilo para meditar brevemente. Pocas personas piensan seria y verdaderamente
de manera de hacer preguntas inteligentes en sus propias mentes. Y más pocas todavía se
toman el tiempo para ponderar sus dudas y orar acerca de ellas hasta que sean
transformadas de piedras de tropiezo en peldaños ascendientes por los cuales puedan
elevarse a los pináculos de la fe y la confianza en Dios.
6. LA RESPUESTA DEL SEÑOR
El profeta recibió una respuesta a su problema porque esperó paciente y
persistentemente. Se le dice: “Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el
que leyere en ella” (2:2). A veces se traduce mal la última expresión, como si dijera:
“Para que el que corre pueda leer.” Pero no dice eso. Debe escribirse claramente para que
los que lean reciban instrucciones precisas de apresurarse en su sendero, e indicaciones
sobre cómo conservarse en el camino recto.
Y continúa la respuesta del Señor: “Aunque la visión tardará aún por un tiempo,
mas al fin hablará, y no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no
tardará” (2:3). Los planes de Dios estaban hechos; sus propósitos darían inevitablemente
los resultados deseados. Pero se necesitaba tiempo. Mientras tanto, el consejo divino era:
“Paciencia.”
¿Qué actitud debería conservar el profeta mientras esperaba el cumplimiento de su
visión? Debería ser fiel y verdadero: “El justo en su fe vivirá” (2:4).
Parece como si el énfasis principal de esta expresión fuera la fidelidad, pero el
Nuevo Testamento toma estas palabras y las eleva haciéndolas una de las piedras de
esquina de la revelación cristiana. Tres veces las encontramos mencionadas (Romanos
1:17; Gálatas 3:11; Hebreos 10:38). Fue la visión de Lutero sobre esta verdad lo que
ayudó a provocar la gran Reforma Protestante. Ha sido siempre un faro en las tinieblas
del pecado mundanal que ha dirigido al marino al refugio del amor de Dios.
Este gran pasaje básico está precedido por una declaración significativa de
Habacuc: “He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él.”
La referencia a Babilonia es obvia. Sería destruida por causa de su orgullo. “Porque
tú has despojado muchas gentes, todos los otros pueblos te despojarán” (2:8). La Palabra
de Dios declara: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez
de espíritu” (Proverbios 16:18).
George Adam Smith ha destacado esta verdad en el epigrama que usa como título
de un capitulo: “La Tiranía es Suicidio.” La historia ha confirmado este hecho en más de
mil ocasiones. Solamente hemos de recordar nombres como Alejandro el Grande, J ulio
César y Napoleón Bonaparte. Nuestra generación ha contribuido más que la porción que
le correspondía, con Mussolini, Hitler y Stalin. Pero la gente justa, temerosa de Dios, vive
aún mucho después de que los tiranos hayan muerto y desaparecido. El futuro pertenece
siempre a los fieles de Dios.
Esta es, entonces, la respuesta al segundo problema del profeta. Después de que
Dios use a los babilonios para castigar al impío J udá, los castigará a ellos a su vez por su
vanidad y crueldad. En el año de 586 A.C., los ejércitos de Nabucodonosor destruyeron
J erusalén, pero menos de cincuenta años más tarde, en el 539 A.C. el gran imperio que él
había fundado se desmoronó cuando Ciro el Persa conquistó a Babilonia. De esta manera
se cumplieron tanto la profecía de 1:6, como la de 2:8.
Dios tuvo una respuesta para los problemas del profeta. El siempre tiene una
respuesta. Y El siempre está listo para compartir su solución con nosotros si nos de-
tenemos y escuchamos. Demasiados de nosotros no estamos dispuestos a esperar.
En un pasaje por demás hermoso de su obra reciente (The Modern Message of the
Minor Prophets) , Raymond Calkins señala la lección del segundo capítulo de Habacuc.
La Biblia, recordemos, nunca termina en signo de interrogación. Siempre termina
en punto. Los escritores bíblicos hacen preguntas, pero siempre obtienen respuestas. Los
escritores modernos formulan muchas preguntas, provocan muchas dudas, planean toda
clase de dificultades. Pero no presentan respuestas, no ofrecen soluciones. Nos dejan en
una confusión mental y moral. No así la Biblia. También hace muchas preguntas,
presenta toda pregunta que torture la mente del hombre. Pero siempre termina dando las
respuestas y señalando el camino que saca de la duda y el desaliento. Esta es una de las
razones por las cuales la gente ama sus Biblias.
El capítulo dos concluye con una serie de cinco ayes (vrs. 6, 9, 12, 15, 19)
pronunciados sobre el cruel déspota que está para oprimir a las naciones de la tierra. Este
tirano, que “ensancha como el infierno su alma, y es como la muerte” (2:5), tendrá un fin
seguro y rápido. En este pasaje Habacuc pronuncia la ruina de los que codiciosamente
acaparan todo debido a su interés egoísta.
El capítulo termina con un pasaje muy conocido: “Mas J ehová está en su santo
templo: calle delante de él toda la tierra.” Habacuc ha hecho una contribución
sobresaliente a la teología y a la adoración cristianas.
7. LA ORACION DEL PROFETA
El tercer capítulo es una incomparable invocación de acción de gracias, que surge
espontáneamente del corazón satisfecho del profeta. Se inicia con una petición por la
preservación del pueblo de Dios: “Oh J ehová, aviva tu obra en medio de los tiempos”
(5:2). Esta plegaria se ha repetido por corazones consagrados e interesados a través de las
edades.
Luego, el profeta alaba a Dios por su grandeza y bondad. Se puede sentir el
descanso que ha venido a su corazón. Dios, por fin, ha escuchado y respondido a su
oración y Habacuc da rienda suelta a su gratitud. Habacuc era como uno “a quien su
madre consuela.” Reposa en los brazos de Dios con un sentido renovado y más profundo
de la confianza segura y de la certidumbre completa.
Los últimos versículos del libro revelan cuán ilimitada era su fe. En palabras que
constituyen un reto para todos nosotros, Habacuc declara: “Aunque la higuera no
florecerá, ni en las vides habrá frutos; mentirá la obra de la oliva, y los labrados no darán
mantenimiento, y las ovejas serán quitadas de la majada, y no habrá vacas en los corrales.
Con todo, yo me alegraré en J ehová, y me gozaré en el Dios de mi salud.”
¡Oh fe sublime! Pero fue comprada a un precio—la agonía de la duda. La oración
perseverante y la espera paciente condujeron al profeta a una nueva experiencia con Dios.
Ahora disfrutaba de la comunión de la fe, la cual es para todos los que se abren paso hasta
el corazón de Dios.
Y así, Habacuc nos llama a seguirlo a tales alturas. “J ehová el Señor es mi
fortaleza,” declara, “el cual pondrá mis pies como de ciervas, y me hará andar sobre mis
alturas.” Los paisajes más elevados esperan a los que quieren escalar los picachos.
Demasiadas personas se satisfacen con vivir en los pantanos cenagosos de la incre-
dulidad, siendo que el aire purísimo de las montañas las invitan a terrenos más elevados.


CAPITULO ONCE
SOFONIAS y HAGGEO
A. Sofonías—Cuando Dios Invade el Escenario Humano
Nombre: “El protegido u ocultado de J ehová.”
Hogar: Probablemente J erusalén.
Fecha: Alrededor del 625 A.C.
Lugar de su ministerio: J udá.
División del Libro:
I. Castigo Sobre J udá (capítulo 1).
II. Castigo Sobre las Naciones Extranjeras (2:1—3:7).
III. Salvación del Remanente (3:8-20).
Versículos sobresalientes para memorizar: 2:3; 3:17.
¡Silencio! “Calla en la presencia de J ehová.” ¡Escucha! “Porque el día de J ehová
está cercano.”
Con estas palabras en el séptimo versículo de su libro, el profeta anuncia el corazón
de su mensaje. Sofonías tiene un solo tema: el día de J ehová.
El sonido de su primera declaración es como el toque de la trompeta. “Destruiré del
todo todas las cosas de sobre la haz de la tierra, dice J ehová.”
¿Qué? ¿Hablas en serio?
Sí señor, hablo en serio. “Destruiré los hombres y las bestias; destruiré las aves del
cielo, y los peces de la mar, y las piedras de tropiezo con los impíos; y talaré los hombres
de sobre la haz de la tierra, dice J ehová” (1:3).
Seguramente te refieres a los paganos y a las naciones gentiles.
No. Me refiero a la nación de mi pueblo: “Extenderé mi mano sobre J udá, y sobre
todos los moradores de J erusalén.”
Pero, ¿por qué? ¿Qué pasa?
1. LA ADORACION DE BAAL
Sencillamente esto: mi pueblo se ha vuelto pagano. Adora a ídolos paganos y a los
astros del cielo. Me ha abandonado y ha abrazado la idolatría. Observa tú cuidadosamente
los registros:
Exterminaré de este lugar el remanente de Baal, y el nombre de los Chemarim con
los sacerdotes; y a los que se inclinan sobre los terrados al ejército del cielo; y a los que
se inclinan jurando por su rey; y a los que tornan atrás de en pos de Jehová; y a los que
no buscaron a Jehová, ni preguntaron por él (1:4-6).
¡Qué cuadro! ¡El pueblo de Dios! ¡Y en la ciudad santa! Sus cuerpos tan cerca del
santuario sacrosanto y sus corazones tan llenos de pecado. Con razón Dios tuvo que hacer
algo.
Baal… qué de memorias provocaba ese nombre. Los israelitas establecieron
contacto con la adoración de Baal cuando entraron en Canaán. La perversa J ezabel inició
la adoración de Baal en el reino de Israel, al norte. Su hija Atalia quiso imponer su culto
en el reino del sur, el de J udá, y Elías desafió en una ocasión a Baal en el monte Carmelo,
dando lugar a una de las escenas más grandiosas de la historia sagrada. J ehú destruyó a
J ezabel y a los adoradores de Baal, pero el culto sobrevivió en ambos reinos y fue una de
las causas de la cautividad.
Una de las características más desventuradas de la adoración de Baal era sus ritos
inmorales. A Baal se le consideraba el dios de la fertilidad, y en sus templos y altos había
prostitutas sagradas quienes eran usadas para los ritos religiosos de la reproducción.
Moralmente, el baalismo era degradante en grado sumo. Por esa razón los profetas de
Dios lo atacaron duramente. Amenazaba destruir la fibra moral de la nación.
Evidentemente, los Chemarim eran los sacerdotes idólatras de Baal.
2. OTRAS IDOLATRIAS
Algunos de los habitantes de J erusalén se postraban sobre los techos de sus casas y
adoraban al sol, la luna y las estrellas. Aunque era un tipo de religión más elevado en
muchos sentidos, que la adoración de Baal, de cualquiera manera rehusaba al Creador la
adoración que le correspondía.
Otras personas juraban en nombre de Milcom, o Moloch, el dios de los amonitas.
La característica horripilante de la adoración de Moloch era la quema de los niños. La ley
de Moisés prohibía estrictamente tal práctica en todo israelita, diciendo: “No des de tu
simiente para hacerla pasar por el fuego a Moloch” (Levítico 18:21). Sin embargo, aquí
estaban los hebreos adorando aún a este repugnante dios pagano.
Dios tiene una respuesta a todo esto. Por medio de su profeta anuncia que “el día de
J ehová está cercano.” El castigará a los príncipes y a los líderes de la rebelión en contra
de El. La mención de los príncipes es muy significativa si tomamos en cuenta el hecho de
que Sofonías mismo era biznieto de Ezequías, probablemente el famoso rey hebreo (1: 1).
3. EL CASTIGO DE J ERUSALEN
En seguida encontramos una excelente descripción de lo que sucedería en J erusalén
cuando se realizara la invasión divina.
Habrá voz de clamor
Procedente de la puerta del Pescado,
Y un aullido de la ciudad segunda,
Y un gran crujido desde las colinas.
Aullad, oh habitantes del Mortero,
Porque toda la gente traficante está callada.
(1: 10-11, V.M.).
Muy vívido es el cuadro que se nos da de J erusalén. La Puerta del Pescado era,
evidentemente, una extensión del barrio residencial donde vivían los ricos, como lo era
también la ciudad segunda. Entre ellos se encontraba Mactes con sus mercados y
enjambre de mercaderes. El profeta describe los alaridos de angustia de estos grupos,
cuando cae sobre ellos la vara iracunda de Dios.
Pero la visitación divina no será un asunto superficial. En una de las figuras más
sobresalientes de todos los escritos proféticos, Sofonías describe a Dios recorriendo las
calles de J erusalén con lámparas, buscando el pecado. Nos recuerda a Diógenes
recorriendo las calles de Atenas, al mediodía, con una lámpara encendida en su mano.
Sólo que el objeto de la búsqueda es distinto. Diógenes dijo que andaba en busca de un
hombre honrado. Dios andaba en J erusalén a caza de los impíos para descubrirlos y
castigarlos.
Los habitantes de J erusalén, contra los cuales Dios tenía un pleito especial, eran
aquellos que se describen como “sentados sobre sus heces.” La figura es del vino que se
deja reposar demasiado sobre su sedimento, hasta que se echa a perder. En otras palabras,
el profeta se refería a los indiferentes, a los descuidados, a los que decían: “No importa
cómo nos comportemos, de cualquier manera Dios no nos hará nada.”
Pero Dios no pierde tiempo en decirles que El está por hacer algo, algo drástico.
Sus bienes serán atrapados como botín de guerra, y sus propiedades destruidas. Sus
hogares quedarán desiertos y sus viñas abandonadas.
4. EL DIA DE J EHOVA
Y entonces viene la descripción notable de Sofonías del día de J ehová (1: 14-18).
Primero recalca su inminencia: “Cercano está el día grande de J ehová, cercano y muy
presuroso.”
a. El Día Está Cercano. El día de J ehová está siempre cercano. Siempre que
una persona olvida a Dios— lo que sucede en todas las generaciones—es de esperarse el
castigo. No siempre viene de inmediato, pero la justicia divina es inescapable.
¿Cómo es el día de J ehová? No se nos deja en duda alguna. En términos
sobrecargados de asolamiento y amenazantes como tormenta, el profeta proclama el día
de J ehová.
Día de ira es aquel día;
Día de apretura y de angustia,
Día de devastación y desolación,
Día de tinieblas y de espesa oscuridad,
Día de nubes y de densas tinieblas.
(1:15, V.M.).
Es interesante observar que las dos últimas expresiones ocurren también en J oel
2:2. También J oel, como Sofonías, las precede con un aviso de que “viene el día de
J ehová, porque está cercano.” Ambos profetas estaban poseídos por el sentido de la
inminencia del día del Señor. Ambos declaran que es un día de ruina y destrucción, de
muerte y asolamiento, de tinieblas y angustia. No pintaron estos hombres con luces de
esperanza el cercano día de J ehová.
¿Cómo aparecerá este día? En el caso de J udá vendría como una invasión enemiga.
Un día “de trompeta y de algazara.”
b. Un Día de Castigo. Tan terribles serán los tiempos, que los hombres
“andarán como ciegos,” tropezando y cayendo en las tinieblas creadas por su propia des-
obediencia. La muerte los alcanzará en la matanza general, hasta que “la sangre de ellos
será derramada como polvo.”
Los ricos no podrán comprar su libramiento, “ni su plata ni su oro podrán librarlos
en el día de la ira de J ehová.” Dios no acepta cohecho.
El día de J ehová, tal y como se describe aquí y en todos los profetas, es el día de
castigo divino. Es el día cuando Dios toma en sus manos los asuntos, cuando el día del
hombre queda arrumbado, cuando lo eterno invade lo temporal, cuando lo infinito
interrumpe lo finito. Es “el día de la ira de J ehová” en contra del pecado.
e. Más de un Día de Jehová. Ese día ha venido muchas veces y sigue
viniendo. A menudo parece distante, sin embargo, siempre está a la mano. Cada
generación ha visto algún día de J ehová, cuando Dios visitó y castigó. La destrucción de
J erusalén en el día de J eremías y en el año 70 D.C., puede identificarse con el día de J e-
hová. Y también podríamos llamar así al día en que Sodoma y Gomorra fueron
destruidas, y aquel otro cuando Pompeya quedó sepultada. La causa fue la misma en
todas las ocasiones—el pecado del hombre. Dios es magnánimo, más allá de toda
comprensión humana. Pero si El ignorara el pecado, la justicia del universo se vendría
por los suelos. Porque Dios es santo, y justo, y recto, su naturaleza misma demanda que
haga cuentas con el pecado.
Esas maneras de pensar sentimentales y delicadas sobre el pecado, nos dejan
hundidos en el lodo y la miseria, la ruina y la bajeza de un mundo sin Dios. Necesitamos
capturar de nuevo el profundo sentido que el profeta tenía sobre lo terrible del pecado.
Sus severas palabras en contra de la injusticia abrieron el camino para que el espíritu
humano se elevara a mayores alturas. Nuestra religión nunca será más poderosa que
nuestra actitud en contra del pecado.
5. UN LLAMADO AL ARREPENTIMIENTO
El segundo capítulo de Sofonías se abre con un ruego en favor del arrepentimiento.
El tercer versículo es uno de los pasajes más bellos en todo el libro: “Buscad a J ehová
todos los humildes de la tierra, que pusisteis en obra su juicio; buscad justicia, buscad
mansedumbre: quizás seréis guardados en el día del enojo de J ehová” (2:3).
El nombre Sofonías significa “protegido de J ehová.” Puede reflejar el hecho de que
sus devotos padres hayan sido amenazados durante el largo reinado del impío Manasés.
Sofonías nació durante el reinado de este monarca.
Comenzando con el verso cuatro, y a través del resto del capítulo dos, el profeta se
dirige a los países circunvecinos. Primero profetiza la destrucción de las grandes ciudades
filisteas. Habían de ser asoladas.
6. FECHA DEL LIBRO
Esto nos trae al asunto de la fecha de la profecía de Sofonías. En el primer
versículo que sirve como encabezado del libro se nos dice que la palabra de J ehová vino a
él en los días de J osías, rey de J udá. J osías reinó del 639 al 609 A.C.
Parece que los scythas invadieron la región costera de Palestina incluyendo Filistea,
entre el 630 y el 624 A.C. Casi todos los eruditos sitúan el libro de Sofonías alrededor del
625 A.C., poco antes de las reformas de J osías, iniciadas en el 621 A.C. De manera que
es muy probable que Sofonías estuviera prediciendo la invasión scytha de la tierra de los
filisteos. De no ser así, entonces la referencia fue a la próxima invasión caldea.
Los primeros siete versículos del capítulo tres continúan los mensajes sobre las
naciones. Los versos ocho al trece prometen que un remanente de Israel se salvará. “Ellos
serán apacentados y dormirán, y no habrá quien los espante” (v. 13).
7. EL GOZO DE DIOS EN SU PUEBLO
Los versículos 14-20 tienen un tono distinto del resto del libro. Se incita a Sión a
cantar, a regocijarse y a alegrarse. Dios, su Rey verdadero, está en medio de ella y la
protegerá.
El versículo más hermoso en todo el libro se encuentra en 3: 17—”J ehová en medio
de ti, poderoso, el salvará; gozaráse sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará
sobre ti con cantar.”
El versículo describe lo que Alexander Maclaren ha llamado atinadamente, “La
alegría de Dios.” La comunión entre Dios y sus hijos significa gozo mutuo. ¡Qué
privilegio producir gozo en el corazón de Dios! ¡Cómo debiéramos buscar los momentos
de tranquila soledad con Dios, cuando nuestros espíritus se inspiran y elevan, y Dios
mismo se regocija al tener comunión con nosotros!
Los últimos tres versículos hablan especialmente de la restauración de J udá de la
cautividad. Obviamente, la primera aplicación es al retorno de Babilonia. Pero las
palabras ven más allá del período de la postrestauración. “Os daré por renombre y por
alabanza entre todos los pueblos de la tierra.”
Solamente en Cristo encuentra cumplimiento esta promesa. Esto es verdad también
de muchas otras promesas del Antiguo Testamento. Puede verse en la historia un
cumplimiento parcial e imperfecto, pero sólo Cristo es el cumplimiento de la esperanza
humana y las profecías. ¡Qué privilegio tan grande tenerle en nuestros corazones,
cumpliendo todas las “preciosas y grandísimas promesas” de la Palabra de Dios! J amás
podremos exagerar todo lo que Cristo significa para nosotros.
B. Haggeo—Un Hombre de Acción Inspirada
Nombre: “festivo” (posiblemente haya nacido en un día de fiesta).
Fecha: 520 A.C. (septiembre—diciembre).
Lugar de su ministerio: J erusalén.
División del Libro:
I. Exhortación a Reanudar la Construcción (1: 1-11).
II. Iniciación de los Trabajos (1:12-15).
III. Estímulo para los Constructores (2:1-9).
IV. Contaminación de los Inmundos (2:10-19).
V. Exaltación de Zorobabel (2:20-23).
Versículos sobresalientes para memorizar: 1:7; 2: 7.
Era septiembre del 520 A.C. Las calles de J erusalén se apretaban ya con las
muchedumbres que habían acudido a la fiesta de la nueva luna.
El corazón del pueblo estaba embargado por distintos sentimientos. Había sido un
mal año para las cosechas. La sequía y la ausencia de rocío habían dejado el suelo seco y
abierto. Con grandes esperanzas habían trabajado la tierra durante la primavera,
sembrando gran cantidad de semilla con el anhelo de tener un buen año.
Pero las lluvias de primavera nunca llegaron. Las plantas se marchitaron, los
olivares y las viñas estaban casi sin fruta. La gente acudió a adorar en J erusalén con
bolsillos vacíos y corazones entristecidos. La decepción y el desaliento se leían
fácilmente en los rostros.
Pero, ¿qué los atraía? La ciudad destruida había sido reparada tan solo en parte. Las
murallas permanecían casi todas en ruinas. Y ¿el templo? Sus esplendores eran tan solo
un recuerdo inquietante en la memoria de los más ancianos. Era como si la, J erusalén que
había sido, jamás volvería a ser.
J unto al rudo altar, sin techo protector, estaban tres varones observando la multitud
apretujada. Tino de ellos era Zorobabel, el gobernador de J udá. El otro era J osué, el sumo
sacerdote, y el tercero era Haggeo, el profeta.
Súbitamente, Haggeo se volvió a sus dos compañeros. “J ehová de los ejércitos
habla así, diciendo: Este pueblo dice: No es aún venido el tiempo, el tiempo de que la
casa de J ehová sea reedificada.”
Alrededor de dieciséis años antes, el primer grupo de cautivos había regresado de
Babilonia como resaltado del decreto de Ciro. Ese edicto, registrado en la última parte del
Segundo Libro de las Crónicas y en la primera parte de Esdras, estipulaba que el templo
debería reconstruirse. En el registro más detallado que nos da Esdras, se menciona tres
veces que la reconstrucción de la Casa de Dios en J erusalén era el propósito central del
decreto.
Pero ¿qué sucedió? Los pocos que regresaron limpiaron de ruinas el sitio y atacaron
la empresa de reconstruir el templo. Primero limpiaron lo suficiente de escombros como
para poder sentar el altar del sacrificio y celebrar la fiesta de los Tabernáculos (Esdras
3:1-4). Esto aconteció en el otoño. Y en la primavera siguiente se lanzaron a trabajar,
propuestos a edificar la casa del Señor.
Mas había sido una tarea desalentadora. Cuando se terminaron los cimientos
celebraron una gran fiesta (Esdras 3:10-13). Mientras unos gritaban de gozo, otros
lloraban al reconocer que este segundo templo apenas si podría ser un substituto muy
pobre al glorioso edificio que Salomón había levantado.
Los meses pasaron y se volvieron años. El aburrimiento y la inercia se combinaron
con las amenazas de los oposicionistas para detener por completo las manos de los
obreros. En el 520, el templo todavía estaba sin reconstruir. De pronto, sobre el ruido del
movimiento humano una voz se dejó oír, “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de
morar en vuestras casas enmaderadas, y esta casa está desierta?” (1: 4).
Sorprendido, el pueblo se volvió para ver junto al altar a un profeta con su rostro
encendido por el mensaje urgente de Dios. Y cuando todos guardaron silencio, los labios
de Haggeo se abrieron de nuevo: “Pues así ha dicho J ehová de los ejércitos; pensad bien
sobre vuestros caminos” (1: 5).
1. EL PRIMER MENSAJ E (1: 1-11)
Dólares Para Mí y Céntimos Para Dios
“Pensad bien sobre vuestros caminos.” Este fue el grito de guerra del profeta.
“Sembráis mucho, y encerráis poco… En trapo horadado.”
Bien que sabían ellos todo esto, pero, ¿qué iban a hacer?
“Así ha dicho J ehová de los ejércitos. Meditad sobre vuestros caminos. Subid al
monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré honrado,
ha dicho J ehová.”
¿Por qué sufrían adversidad en lugar de disfrutar prosperidad? La respuesta era
sencilla: “Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y soplo en ello. ¿Por qué?
dice J ehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros
corre a su propia casa.”
¿Conque esa era la razón? ¿Esa era la explicación de la sequía y las mañanas sin
rocío, de los campos sin grano y las huertas sin fruta? Bueno, pues en ese caso, ¡hagamos
algo! “Amén,” dijeron Zorobabel y J osué, y todo el resto del pueblo. Ya estaban hartos de
la maldición de Dios. Ahora estaban listos para hacer algo con el fin de obtener su
bendición.
Tan pronto como el profeta notó la buena disposición y obediencia, entregó un
nuevo mensaje de consuelo y estímulo. “Entonces Haggeo, enviado de J ehová, habló por
mandato de J ehová, al pueblo, diciendo: Yo soy con vosotros, dice J ehová.” ¡Qué
excelente modelo para los predicadores—el mensajero del Señor presentando el mensaje
del Señor!
2. LA RESPUESTA DEL PUEBLO (1: 12-15)
De Regreso al Trabajo
¿Qué cosa fue la que provocó la acción en lugar de la inercia? “Y despertó J ehová
el espíritu de Zorobabel… y el espíritu de J osué… y el espíritu de todo el resto del
pueblo.” Cuando la gente está despierta, se mueve.
De manera que el pueblo se entregó a la obra con todo empeño. A las tres semanas
de que Haggeo había empezado a profetizar (1: 15), la obra de reconstrucción estaba en
plena actividad.
Cuando las paredes comenzaron a levantarse, el corazón de los obreros se llenó de
orgullo y decepción al mismo tiempo. ¡Qué maravilloso sería tener de nuevo un santuario
para adorar! Pero ¡cuán pobre se vería en comparación con el gran templo de Salomón!
3. EL SEGUNDO MENSAJ E (2:1-9)
La Gloria Depende del Espíritu, no del Tamaño
El Señor envió entonces otro mensaje al pueblo por medio de su profeta. Fue en
octubre del 520 A.C., cuando se proclamó este segundo oráculo. El pueblo se hallaba
reunido para la fiesta de los Tabernáculos.
Algunos de los presentes habían visto el templo de Salomón (2:3), el cual había
sido destruido apenas 66 años antes. Ahora eran ancianos, pero tenían memorias
imborrables del antiguo esplendor. ¡Cuán lastimosa sería la comparación de este nuevo
templo con aquél!
Mas ellos no habrían de debilitar las manos de los albañiles. “Pues ahora,
Zorobabel, esfuérzate, dice J ehová, esfuérzate también J osué, hijo de J osadac, gran sa-
cerdote; y cobra ánimo, pueblo todo de la tierra, dice J ehová, y obrad: Porque yo soy con
vosotros, dice J ehová de los ejércitos” (2:4). El privilegio de los hijos de Dios a través de
las edades es compartir con El la obra de reconstruir su templo.
Enseguida viene una profecía atrevida (2:9), en vista de las perspectivas actuales
del nuevo templo “la gloria de aquesta casa postrera será mayor que la de la primera.” O
como lo dicen algunos traductores modernos: “La gloria futura de esta casa será mayor
que la anterior.” Esta traducción no es tan asombrosa como la primera, pero aun ella
requería un gran paso de fe de parte del profeta, pues tan pobre y pequeña en número así
era la gente.
Y, ¿cómo vendrá esta gloria mayor? El versículo siete nos da la respuesta: “Y haré
temblar a todas las gentes, y vendrá el Deseado de todas las gentes; y henchiré esta casa
de gloria, ha dicho J ehová de los ejércitos.”
La mayor gloria vendrá cuando “un mayor Salomón” apareciere. Cristo fue el
cumplimiento de esta profecía. Esta ha sido la interpretación de la iglesia cristiana desde
el principio. Cuando J erónimo tradujo la Vulgata, lo hizo evidente; es más, él aprendió
esto de sus mentores judíos, porque algunos de los rabinos judíos aplicaban este pasaje al
Mesías.
Algunos eruditos modernos han llamado la atención al hecho de que el término
traducido como “Deseado,” va acompañado de un verbo en plural. Las naciones,
estremecidas por los castigos de Dios; traerán sus “tesoros” para embellecer la casa del
Señor. Una versión traduce: “cosas preciosas” que es una traducción exacta del original
hebreo.
Es difícil llega a una interpretación dogmática de este pasaje. Adam Clake discute
el problema y concluye que la referencia al oro y la plata en el siguiente versículo, está de
acuerdo con el punto de vista más lógico de que las naciones traerán sus “cosas
deseables” para glorificar la casa del Señor. Dice: “No veo cómo puedan aplicarse las
palabras a Cristo J esús.”
Como punto de vista opuesto, es interesante notar que Raymond Calkins, un
prominente predicador de nuestros días, dice que aun en la nueva traducción este pasaje
“pierde muy poco de su significado mesiánico.” En esto estamos de acuerdo. Es muy
cierto que los deseos más profundos y las aspiraciones más elevadas de todas las naciones
se cumplen en Cristo, y sólo en El.
El tercer y cuarto mensajes se presentan el mismo día, en diciembre de 520 A.C.
Exactamente tres meses habían transcurrido desde que el pueblo, en obediencia al
mandato de Dios, por medio del profeta, se había lanzado a la tarea de restaurar el
templo. ¿Por qué no había recompensado Dios su trabajo?
4. EL TERCER MENSAJ E (2:10-19)
El Contagio del Mal
Dios envió otro mensaje para responder a sus interrogaciones internas. Su tema fue
la contaminación de los inmundos. El profeta señaló que si bien es cierto que una cosa o
persona limpia se vuelve inmunda al entrar en contacto con la inmundicia, no sucede así a
la inversa. Es una de las lecciones obvias de la vida. Una manzana buena no hará buena a
la caja más pequeña llena de manzanas podridas. Pero una manzana podrida, si se le deja
el suficiente tiempo, echará a perder todo un barril de manzanas buenas. Una persona
enferma no se alivia por entrar en contacto con una persona sana, pero una persona sana
puede fácilmente contraer la enfermedad si establece contacto con una persona infectada.
La gente había esperado que la restauración del ritual los haría santos. Pero el
profeta quería que vieran que su pecado ya tenía mucho tiempo y requería un tratamiento
más drástico para ser limpiado. Su peor pecado era el de no querer arrepentirse (2:17).
Dos veces en el versículo dieciocho el profeta llama al pueblo a “poner” el corazón,
es decir, a reconsiderar. Está muy bien traducido, “Poned ahora vuestro corazón.” Todos
los avivamientos verdaderos han principiado cuando la gente se ha detenido y ha
reconsiderado sus caminos.
Los cautivos que regresaban de Babilonia se preguntaban por qué Dios no había
comenzado a prosperarlos por su obediencia a reconstruir el templo. El profeta tuvo una
palabra de estímulo de parte del Señor: “Desde aqueste día daré bendición” (2:19). Su
actitud diferente no había pasado desapercibida.
5. EL CUARTO MENSAJ E (2:20-23)
Después del Alboroto—Paz
El mismo día Dios habló de nuevo por medio de su mensajero. Este mensaje estaba
dirigido especialmente a Zorobabel, el gobernador. Su perspectiva es mesiánica y su
forma es apocalíptica. Dios dice que sacudirá a las naciones y aniquilará su poderío.
Entonces tomará a Zorobabel y lo asentará como su escogido. Aquí encontramos otro
vistazo clarísimo del Mesías.
La época de Haggeo se distinguió por un sacudimiento general de las naciones al
cual él se refiere cuando menos cuatro veces (2:6, 7, 21, 22). Al asesinato de Cambises en
el año 522 A.C., el sucesor de Ciro, siguió una era de disturbios. Un usurpador trató de
apoderase del trono, pero fue asesinado a los pocos meses. Cuando Darío tomó el trono,
en ese mismo año, tuvo que sostener una batalla tras otra para establecer su dominio
sobre las distintas naciones que integraban el imperio persa.
Podemos ver un buen paralelo en nuestros días, en el sacudimiento de naciones y
gobiernos nacionales. Es en tales tiempos que hacemos bien en elevar nuestros ojos con
una esperanza renovada del Mesías. Es probable que el Príncipe de Paz no venga tan
pronto como quisiéramos o esperamos. Pero algún día, tan cierto como que la palabra de
Dios es verdad, El reinará como Rey de reyes y Señor de señores. Nuestro es aún el
privilegio de cantar el gran antema “¡Aleluya!”
6. LA NATURALEZA DE HAGGEO
El nombre Haggeo significa: “festivo.” Aunque vivió en tiempos tumultuosos, y
afrontó un pueblo desanimado y descorazonado, se distinguía por su espíritu fervoroso y
exuberante. Fue capaz de inspirar en otros el entusiasmo para la acción. Se ha dicho de él
que “lo decía con ladrillos.” Creía no sólo en hablar, sino también en hacer algo. Bien
podríamos aplicar a él la expresión “una locomotora en pantalones.”
A veces se ha acusado a Haggeo de tener una mente simple. La verdad es que vio
que era necesario hacer algo cuanto antes, y puso toda su atención en conseguir que se
hiciera.
También se le ha censurado por concentrar la atención en cosas terrenas, pero es
que comprendió que la vida religiosa de J udá necesitaba concentrarse en un santuario
central en J erusalén. De otra manera, la nación corría el peligro de ser asimilada por su
medio ambiente pagano, y de perder a Dios. Una parte de nuestra herencia religiosa que
viene de los judíos—que incluye la ascendencia humana de Cristo— la debemos al minis-
terio fiel de Haggeo, el profeta.
A diferencia de casi todos los profetas menores, el libro de Haggeo no es poesía,
sino prosa. Es que, como dice Raymond Calkins, necesitamos más palabras claras sobre
nuestros deberes diarios, sobre “la ejecución prosaica de tareas descuidadas.”
Todo el libro de Haggeo es un comentario extenso sobre las palabras de J esucristo:
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas os serán
añadidas” (Mateo 6:33). Haggeo nos enseña a poner primero lo primero.


CAPITULO DOCE
ZACARIAS y MALAQUIAS
A. Zacarías—El Triunfo Final de la Santidad
Nombre: “Aquel a quien J ehová recuerda.”
Fecha: Noviembre de 520 A.C. —diciembre de 518 A.C.
Lugar de su ministerio: J erusalén.
División del Libro:
I. Tres Mensajes (capítulos 1—8).
1. Un Llamado al Arrepentimiento (1:1-6).
2. Ocho Visiones (1: 7—6: 15).
3. Fiestas en Lugar de Ayunos (capítulos 7—8).
II. Dos Oráculos (capítulos 9—14).
1. La Restauración de Israel (capítulos 9—11).
2. La Purificación y Bendición de Israel (capítulos 12—14).
Versículos sobresalientes para memorizar: 14:9; 14:20.
Es el mismo año de 520 A.C. Sólo dos meses habían pasado desde que Haggeo
había iniciado su ministerio público. Ahora aparece otro profeta en escena, estimulando
también la reconstrucción del templo. Los dos se mencionan juntos en Esdras 6:14, donde
leemos: “Y los ancianos de los judíos edificaban y prosperaban conforme a la profecía de
Haggeo profeta, y de Zacarías, hijo de Iddo.”
¿Quién era este Zacarías? Nehemías 12:16 indica que era un sacerdote y no sólo un
profeta. En este respecto se asemejaba a J eremías y a Ezequiel.
1. LA PRIMERA SUPLICA DEL PROFETA
¿Cuál fue el mensaje principal de Zacarías? El nos da la clave de su ministerio en el
tercer verso de su primer capítulo: “Volveos a mí, dice J ehová de los ejércitos, y yo me
volveré a vosotros.” El primer clamor del profeta es un llamado al arrepentimiento.
Pero volverse a Dios significa alejarse del pecado (1:4). No se puede permanecer en
Dios a menos de que se haya abandonado el pecado. El arrepentimiento significa más que
sentirse triste. Significa abandonar los pecados personales y volverse a Dios con todo el
corazón. La introducción del libro (1: 1-6), se cierra con el testimonio de que Dios ha
guardado su palabra. La nueva generación no necesita poner a prueba este punto. Puede
muy bien aceptar el testimonio de sus padres, de que la verdad ha quedado plenamente
demostrada.
2. OCHO VISIONES
Esta primera súplica presentada en noviembre de 520 A.C., fue seguida por un
segundo mensaje en febrero de 519 A.C. El segundo mensaje hace resaltar una de las
características sobresalientes de Zacarías, a saber, su contenido apocalíptico, o
revelaciones de Dios. Aparentemente, todo el material en 1: 7—6: 15 se proclamó en el
mismo día. Consiste de una serie de visiones simbólicas, escritas en términos altamente
figurados.
Zacarías tuvo estas visiones “de noche” (1:8). Calkins ha comentado de manera
muy atractiva esta expresión: “La inspiración de la profecía apocalíptica está en que
cuando es de noche y otras personas pueden ver solamente tinieblas y oscuridad, los
videntes de Dios descubren los poderes divinos operando en favor de la redención
humana.”
a. Los Exploradores de Dios. Las visiones son ocho. La primera (1:7-17),
pudiera llamarse “los exploradores de Dios.” El profeta vio entre los mirtos de una
hondonada cerca de J erusalén, lo que parecía ser un grupo de jinetes persas en viaje de
exploración y reconocimiento. Pero pronto descubrió que eran ángeles exploradores de
Dios, reconociendo los asuntos terrenales. Y ¿cuál era su informe al jefe? “Hemos
recorrido la tierra y he aquí, toda la tierra está reposada y quieta” (1:11).
(1) Quietud Antes de la Tormenta.
Hay dos maneras de interpretar esta visión. En realidad, el período fue bastante
alborotado. Cuando Darío ocupó el trono en el 522 A.C. después de la muerte de
Cambises, tuvo que aplastar una revolución tras otra. Aparentemente, vino un período de
calma en la tormenta. Pero la calma estaba cargada con presagios para lo futuro.
(2) Adelante a Toda Velocidad.
Otra interpretación relacionaría esta visión a la tarea de reconstruir el templo. La
oposición estaba acallada y el trabajo podría proseguirse en paz: “Será edificada mi casa”
(1: 16). Las ciudades de J udá rebosarían de prosperidad.
b. Los Obreros de Dios. La segunda visión (1: 18-21), podría llamarse “los
obreros de Dios.” El profeta vio cuatro cuernos y cuatro carpinteros. Los cuatro cuernos
representan a todos los enemigos de Israel, sus enemigos de todas las direcciones. Pero
los carpinteros de Dios están ocupados destruyendo los cuernos. Aquellos que un día
esparcieron al pueblo de Dios, son ahora quebrantados por el poder de Dios.
Estas dos visiones se suplementan. La primera enseña que Dios nos vigila
amorosamente en cada instante. La segunda nos dice que los obreros de Dios están siem-
pre con la mano puesta en la obra, y que el poder de las tinieblas será inevitablemente
destrozado.
c. El Hombre con un Cordel de Medir. La tercera visión (c. 2), es la visión
de la ciudad sin murallas. Zacarías vio a un hombre con una cuerda para medir en su
mano, que se disponía para medir el ancho y el largo de J erusalén. Pero un ángel le fue
enviado para indicarle que las antiguas medidas no serían suficientes para la gran
cantidad de habitantes que la ciudad tendría en lo futuro. J erusalén sería como las aldeas
sin murallas, extendiéndose por los lomeríos.
La relación de la visión en sí (2:1-5) termina con una bellísima declaración: “Yo
seré para ella, dice J ehová, muro de fuego en derredor, y seré por gloria en medio de ella”
(2:5). Nuestra mejor defensa no son las murallas de piedra, ni de acero, sino la gloria de
la presencia de Dios.
La visión viene seguida por un poema lírico (2:6-13), en el cual Dios asegura a
Israel su protección. El corto pasaje está repleto de preciosas promesas. El Señor dice a su
pueblo: “El que os toca, toca a la niña de su ojo” (v. 8). Qué cuadro tan claro de un
cuidado amoroso. El poema termina con una palabra que combina el consuelo, y la
advertencia: “Calle toda carne delante de J ehová; porque él se ha despertado de su santa
morada.”
d. Josué y Satanás. La cuarta visión (c. 3), es la de “J osué y Satanás.” El
profeta vio a J osué, el gran sacerdote, de pie ante el ángel del Señor. Esto es, en la pre-
sencia de Dios. La segunda parte del primer versículo está traducido con mucha
exactitud: “Satán estaba a su mano derecha para serle adversario.” La palabra “Satán,”
significa “adversario.”
La figura es la de una escena de juicio. Los judíos creían que aquellos que se veían
fustigados por el infortunio, habían sido acusados por el adversario, como en el caso de
J ob. Las muchas desgracias de los días del exilio, y posteriores, habían hecho que el
pueblo hebreo se preguntara si acaso Satanás no estaría acusándolos delante de Dios.
Pero por medio de esta visión, el profeta aseguró a la gente que Dios había reprendido al
adversario y había defendido a los suyos, “un tizón arrebatado del infierno” (v. 2).
Pero quedaba otro problema. J osué estaba cubierto de trapos inmundos. Era urgente
obtener purificación tanto como perdón. Por esta razón le mandaron su vestidura y el
profeta agregó: “Pongan mitra limpia sobre su cabeza,” lo cual se hizo inmediatamente.
Ahora, el gran sacerdote estaba en pie, vestido con vestiduras limpias y coronado, un
símbolo del Mesías venidero. La relación se sugiere en el versículo ocho: “He aquí yo
traigo a mi siervo, el Pimpollo.”
Es probable que la piedra mencionada en el verso nueve simbolice el templo
terminado. Los “siete ojos” en la piedra tipifican el cuidado absoluto de Dios sobre los
suyos. El los vigila con tierno amor.
El cuadro final del tercer capítulo es una imagen de paz y prosperidad: “En aquel
día, dice J ehová de los ejércitos, cada uno de vosotros llamará a su compañero debajo de
la vid, y debajo de la higuera.” Es el día del reinado del Mesías.
La lección central de la cuarta visión es que la purificación moral debe preceder a
la paz y la prosperidad; Dios no puede derramar sus bendiciones sobre un pueblo
inmundo. Cuánto se necesita este mensaje en nuestros días.
e. El Candelero del Templo y las Dos Ramas de Olivas. La quinta visión (c.
5), es la visión “del Candelero del Templo y las Dos Ramas de Olivas.” El ángel despertó
al profeta para que comprendiera enteramente bien la nueva visión. Ante él estaba el
templo iluminado por el candelero de oro. Las siete lámparas eran alimentadas de aceite
por siete canales que traían el aceite directamente de dos ramas de olivas. Estas dos ramas
de olivas—que tenían perplejo al profeta en particular (vrs. 11-13) —son los dos ungidos,
o “hijos de aceite,” J osué y Zorobabel.
Así como la visión anterior fue especialmente para consuelo de J osué, esta otra
visión lleva el propósito de alentar a Zorobabel. El mensaje de Dios para él ha servido
como exhortación y consuelo a todas las generaciones posteriores. El versículo seis es
uno de los pasajes más grandes en el Antiguo Testamento: “No con ejército, ni con
fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho J ehová de los ejércitos.” La energía más poderosa
en el mundo no es la potencia militar, ni el poderío fanfarrón, antiguo o atómico, sino el
Espíritu de Dios. Una de las más claras tergiversaciones de la religión ha sido el cambio
que la iglesia ha hecho en ocasiones, de armas carnales por potencia espiritual.
El versículo diez contiene otra expresión citada muy a menudo: “los que
menospreciaron el día de las pequeñeces.” Aunque los principios del segundo templo
aparecían despreciables, Dios capacitaría a Zorobabel para terminar su hazaña.
Esta visión describe a la nación recibiendo su luz tanto de los dirigentes civiles
como de los religiosos. El gobernador y el sacerdote por igual habrían de buscar el
bienestar del pueblo.
f. El Rollo Volador. La sexta visión (5:1-4), es la visión “del Rollo
Volador.” Este rollo era grande, como de diez por cinco metros. En él se encontraban
escritos los crímenes de la gente, especialmente el robo y el engaño. El rollo traía una
maldición sobre el hogar de todo ladrón y de todo mentiroso. Todos los pecadores debe-
rían ser cortados, y, como en la cuarta visión, se recalca el hecho de que la nación debe
ser purificada de sus pecados.
g. El Epha. La séptima visión (5:5-11), describe lo que Paterson ha llamado
“Doña Maldad.” El profeta vio un Epha, o medida de siete galones. Súbitamente, la cu-
bierta se levantó y vio a una mujer sentada sobre el barril. Esta mujer fue arrojada adentro
del epha, encerrada, y dos mujeres la elevaron y volaron con ella hacia Babilonia.
El significado es que el pecado será purgado de sobre la tierra. George Adam Smith
señala que, mientras que la visión anterior trató de las transgresiones actuales, esta visión
tipifica la remoción del principio de pecado. No es suficiente que nos sean perdonados los
pecados. Debe haber una purificación del corazón arrancando la raíz misma del pecado.
h. Los Cuatro Carros. La octava visión (6: 1-8), es la de “Los Cuatro
Carros.” Estos carros representan “los cuatro vientos de los cielos” (v. 5). Alguna versión
traduce: “espíritu,” en lugar de vientos, siendo que el término hebreo es el mismo para los
dos vocablos. Estos cuatro vientos protegen al pueblo de Dios en todas direcciones. El
carro con los caballos negros salió hacia el norte. El carro de los caballos blancos lo
siguió, o, como traducen algunos, “salió hacia el oeste.” El cuarto carro, con los caballos
overos, o del color del melocotón, se dirigió hacia el sur. No ha sido posible entender qué
significa “los rucios” o de color blanquecino, pues que el término hebreo significa
“fuertes.”
La visión termina con la declaración de que las condiciones en el norte se han
calmado. En esa dirección quedaba la peor amenaza contra la seguridad de J udá, porque
el centro del poderío mundial radicaba en el norte. Egipto, en el sur, no era una potencia
temible en aquel entonces.
A la serie de ocho visiones sigue un corto epílogo (6:9-15), que describe una
coronación. El gran sacerdote J osué, está para ser coronado (algunos eruditos creen que la
referencia debería ser a Zorobabel). El pasaje tiene implicaciones mesiánicas. De nuevo
encontramos la alusión al “Pimpollo” (v. 12). El templo será reconstruido. La
terminología del versículo quince parece extender la vista hacia la era cristiana, por su
aplicación espiritual.
3. EL AUSNTO DEL AYUNO
El capítulo séptimo se abre con otra fecha definida en el ministerio de Zacarías.
Este mensaje se presentó en diciembre de 518 A.C. Por esto sabemos que el ministerio
profético de Zacarías cubrió dos años, ya que su primer mensaje tiene la fecha de
noviembre del 520 A.C. Es probable que su ministerio haya continuado por mucho
tiempo todavía.
Una comisión llegó a J erusalén para solicitar consejo de los sacerdotes y los
profetas. “¿Lloraremos en el mes quinto? ¿Haremos abstinencia, como hemos hecho ya
algunos años?” (7:3). El hecho de que hayan llegado en el noveno mes, sugiere la
probabilidad de que las preguntas vinieran de Babilonia, ya que el viaje se tomaba varios
meses. Al responderles, el profeta menciona el ayuno del mes séptimo, y también el del
mes quinto.
a. La Cautividad ha Pasado. Ellos habían observado estos ayunos por
setenta años (7:5). Generalmente se fijan los setenta años de la cautividad babilónica, en-
tre los años 606-536 A.C. Pero la única referencia al 606 A.C. —“el año tercero del
reinado de J oacim, rey de J udá”— la encontramos en Daniel 1:1. En Reyes, Crónicas o
J eremías—los tres libros que registran el término de la historia de J udá—no se hace
mención alguna de esta invasión de Nabucodonosor. Es claro que los setenta años
mencionados aquí se refieren al período cuando el templo estuvo en ruinas después de su
destrucción en el 587 A.C. Si preferimos una fecha mejor conocida—586 A.C. —sería
entonces más apropiado fijar la cautividad babilónica en los años 586-516 A.C. (casi
todos los eruditos aceptan el año 516 A.C. como la fecha en que se terminó el segundo
templo). Si queremos ser exactos, bien podemos decir que los setenta años mencionados
en Zacarías 7: 5, fueron los años de 587-518 A.C.
b. La Religión Debe ser Moral. Sin embargo, mucho más importante que las
fechas es la verdad imperecedera, pero siempre actual, que contiene la respuesta del
Señor por medio de su profeta. Dios no deseaba el ayuno de los alimentos, sino la
abstinencia de la injusticia. “J uzgad juicio verdadero, y haced misericordia y piedad cada
cual con su hermano: No agravéis a la viuda, ni al huérfano, ni al extranjero, ni al pobre;
ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano” (7:9-10). Esta es la clase de
ayuno agradable a Dios. El pasaje nos recuerda las palabras muy semejantes de Isaías en
su capítulo 58. La gente se inclina siempre a ofrecer actitudes religiosas en lugar de vidas
religiosas. Uno de los énfasis más pronunciados de los profetas hebreos, como también de
la predicación del Señor J esús, es que la religión significa justicia, rectitud. Una religión
sin principios éticos es peor que inútil.
El capítulo octavo es uno de los pasajes más bellos del Antiguo Testamento.
Describe las glorias del reinado del Mesías. No obstante, esas bendiciones no pueden
disfrutarse sin verdad y justicia (vrs. 16-17). Entonces, los ayunos serán verdaderamente
fiestas (v. 19).
El ayuno del cuarto mes conmemoraba la caída de J erusalén en el 587 o el 586 A.C.
(J eremías 52:6); el del quinto mes, la quema del templo (J eremías 52:12); el del mes
séptimo, el asesinato de Gedalías (J eremías 41:1-2), quien fue nombrado como
gobernador sobre J udá por los babilonios; el del mes décimo, el principio del sitio de
J erusalén (II Reyes 25:1). Ha de observarse que todos estos ayunos estaban relacionados
con la gran catástrofe, la destrucción de J erusalén por los ejércitos de Nabucodonosor.
4. LA UNIDAD DE ZACARIAS
Durante los últimos trescientos años se ha puesto en tela de duda la unidad de la
profecía de Zacarías. Los primeros ocho capítulos están cuidadosamente fechados, pero el
resto del libro—los capítulos 9 al 14—parecen haber sido escritos en un período distinto.
Los eruditos están en desacuerdo sobre si se escribieron antes o después de la primera
parte. Los liberales sostienen que estos capítulos no fueron anotados por la pluma de Za-
carías, pero los eruditos conservadores han sugerido la posibilidad de que los escribiera
en su vejez.
Dado que el nombre del profeta no se menciona en los capítulos 8 al 14, nuestra
creencia en la inspiración divina no nos ata a ninguna teoría sobre quién haya sido el
autor. Pero nos parece más adecuado sostener la unidad del libro.
5. LA ESPERANZA MESIANICA
Esta sección contiene notablemente un número grande de pasajes mesiánicos. La
llamada Entrada Triunfal de Cristo en J erusalén se profetiza en 9:9, y se cita en Mateo
21:5. La expresión “Mirarán a mí, a quien traspasaron” (12:10), se cita en J uan 19:37.
El capítulo trece contiene cuando menos dos referencias mesiánicas sorprendentes.
El primer versículo declara “En aquel tiempo habrá manantial abierto para la casa de
David y para los moradores de J erusalén, para el pecado y la inmundicia” (13:1). El
versículo sexto tiene un tono triste: “Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus
manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos.”
El libro se cierra con una imagen de la santidad triunfante. “En aquel tiempo estará
sobre las campanillas de los caballos: SANTIDAD A J EHOVA; y las ollas en la casa de
J ehová serán como los tazones delante del altar. Y será toda olla en J erusalén y en J udá
santidad a J ehová de los ejércitos.”
B. Malaquías—Cuando la Gente es Tacaña con Dios
Nombre: “Mi mensajero.”
Fecha: Alrededor del 450 A.C.
Lugar de su ministerio: J erusalén.
División del Libro:
I. Pecados de los Sacerdotes y del Pueblo (capítulos 1—2).
II. Castigos y Bendición (capítulos 3-4).
Versículos sobresalientes para memorizar: 3:8; 3:16, 17.
Yo os he amado, dice Jehová;
Y dijisteis: ¿En qué nos amaste?
Con esta declaración divina y esta respuesta humana se abre el libro de Malaquías.
Dios afirma su amor; Israel desafía la afirmación. ¿Qué sucede?
Probablemente podamos encontrar la respuesta en los dichos de los dos profetas
anteriores. Predijeron que las bendiciones de Dios estaban para derramarse sobre el
pueblo redimido y purificado. Pero pasaron varias décadas y las profecías de esperanza
permanecían sin cumplirse. Los días se habían vuelto tediosos y lentos. Era un período de
decepción, de desilusión, de desaliento, de esperanzas deshechas y corazones
quebrantados.
La respuesta del pueblo en forma de interrogación parece amarga. Suena sarcástica,
casi petulante.
Quizá lo mejor que podamos decir sea que tenemos aquí una explosión de amarga
decepción debido a los sueños rotos. A menudo el margen entre las lágrimas y la ira es
muy estrecho. Las primeras al borde de la segunda. Con frecuencia la decepción se
expresa en reprensión. Es probable que los largos días de tediosa espera hayan dejado al
pueblo lleno de dudas y embotado.
El profeta tiene una respuesta, la prueba del amor de Dios. La primera evidencia es
Edom. Dios ha escogido a J acob y rechazado a Esaú. Ved lo que ha sucedido a los
edomitas, los descendientes de Esaú. Poco después del principio de la cautividad
babilónica, los árabes nabateos los echaron fuera de su tierra y destruyeron cuanto
encontraron. Ni siquiera se les permitió regresar a su tierra, como le fue permitido hacer a
Israel. No, el infortunio de J udá no podía compararse con el de Edom. Dios amaba aún a
su pueblo escogido.
Después de este “round” con la gente (1:2-5), el profeta vuelve su atención a los
sacerdotes (1:6-14). Los censura por la pobre opinión que tienen de la majestad de Dios.
No muestran a Dios ni siquiera el respeto que un hijo tiene para su padre, o un criado para
su amo. Y entonces los acusa directamente de despreciar el nombre del Señor.
Inmediatamente, el aire se vuelve denso. Casi podemos ver a los sacerdotes montar
en cólera y erizarse de resentimiento. “¿En qué hemos menospreciado tu nombre?”
Cualquiera que sea el manto de bondad que podamos prender sobre el “¿en qué?”
del pueblo en el verso dos, parécenos que no es posible ofrecer apología alguna aquí. El
tono de voz es definitivamente petulante, sarcástico, rencilloso, insolente. Casi nos parece
oír una actitud respondona. Esta es la fanfarronería que raya en blasfemia.
La conversación continua revela claramente que esta fue la reacción de los
sacerdotes. Cuando Dios respondió su primera réplica con: “Ofrecéis sobre mi altar pan
inmundo,” ellos protestaron inmediatamente: “¿En qué te hemos amancillado?” Cuando
la gente responde a Dios de esta manera, es porque el pecado la ha endurecido.
¿Cómo habían amancillado a Dios y a su casa? “En que decís: la mesa de J ehová es
despreciable.” El desprecio por las cosas sagradas es la mayor bajeza en la religión.
1. EL METODO DE MALAQUIAS
La expresión “decís,” o “dijisteis,” es la clave del libro. El autor usa el método
didáctico—dialéctico; afirma algo y presenta enseguida una supuesta objeción en la
forma de una pregunta precedida de “decís,” o “dijisteis.” A esto sigue una refutación de
la objeción, probando la proposición original. A través del libro encontramos alrededor
de siete ejemplos señalados de este método (1:2-3, 6-7; 2: 10-16, 17; 3: 7, 8, 13-14). La
lectura de estos pasajes revelará la fuerza de este método de argumentación.
No es que el profeta inventara las objeciones. Sin duda alguna las había escuchado
o cuando menos habla visto ejemplos evidentes de actitudes que expresaban tales ideas.
2. EL PECADO DE LOS SACERDOTES
¿En qué forma demostraron los sacerdotes su desprecio por Dios y su casa?
Ofreciendo animales ciegos, cojos y enfermos para el sacrificio. ¿Ofrecerían ellos estos
animales al gobernador? ¿Los aceptaría él? Entonces, ¿deberían ofrecerlos a su Dios?
Mientras que los gentiles alababan el nombre de Dios (1: 11), los judíos lo
profanaban. ¿Cómo? “En que decís: La mesa de J ehová es despreciable.” Pero eso no era
lo peor. “Habéis además dicho ¡oh qué trabajo! y lo desechasteis.” ¡Qué actitud tan
insolente!
En 2:1-9, el profeta produce una nueva acusación en contra de los sacerdotes. Es su
deber instruir al pueblo en la ley (v. 7), pero en lugar de ello, ni siquiera ellos mismos han
guardado la ley, y de esta manera han hecho que el pueblo yerre (v. 8).
3. EL PECADO DEL DIVORCIO
De nuevo el profeta se vuelve a los laicos (2: 10-16), y reprende a la gente por su
pecado del divorcio. Dios declara que ya no le interesan sus ofrendas (v. 13). “Mas diréis:
¿Por qué? Porque J ehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu mocedad, contra la cual
tú has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.” Este profeta tenía
ideas muy elevadas sobre el matrimonio, y odiaba el divorcio, como el Señor J esús. Para
ambos, el matrimonio era un arreglo para toda la vida. El mensaje de Malaquías es
urgente en este día, cuando es tan fácil divorciarse.
Dios avisa que el castigo es inminente debido al pecado (2: 17—3: 6). Ellos habían
rendido un servicio de labios para afuera, pero eso no expiaba sus pecados. “Habéis
hecho cansar a J ehová con vuestras palabras. Y diréis: ¿En qué le hemos cansado?
Cuando decís: Cualquiera que mal hace, agrada a J ehová, y en los tales toma
contentamiento; de otra manera ¿dónde está el Dios de juicio?”
4. “MI MENSAJ ERO”
La última pregunta encuentra respuesta inmediata en los primeros versículos del
capítulo tres. Una parte del versículo se cita en los evangelios sinópticos, y se aplica a
J uan el Bautista. Hemos de notar que la expresión Malaquías, significa “mi mensajero,”
en hebreo. Es exactamente la misma forma de 1:1. No hay manera alguna de saber si se
aplica como nombre propio, o como sustantivo común, como en este pasaje. Si este es el
caso, entonces el libro es anónimo. Esta es la forma en que la Septuaginta traduce 1:1,
que es el encabezado del libro. Pero es probable que el autor haya adoptado el nombre
Malaquías en el principio de su ministerio público.
El primer versículo del tercer capítulo anuncia que “Vendrá a su templo el Señor.”
Y para que nadie tome estas palabras de manera superficial, el profeta describe el carácter
de Dios y el propósito de su venida. “Y ¿quién podrá sufrir el tiempo de su venida?
¿Quién podrá estar cuando él se mostrará? Porque El es como fuego purificador y como
jabón de lavadores. Y sentarse ha para afinar y limpiar la plata.” Cuando el Señor venga
probará y purificará a su pueblo, pero contra los impíos vendrá con castigo apresurado (v.
5).
Esta advertencia viene seguida de una súplica de arrepentimiento y una reprensión
por el olvido del diezmo (3:7-12). “Dijisteis” se menciona aquí dos veces en versículos
sucesivos. “Tornaos a mí, y yo me tornaré a vosotros, ha dicho J ehová de los ejércitos.
Mas dijisteis: ¿En qué hemos de tornar?”
5. EL DIEZMO
Al responder, Dios revela al pueblo otro pecado que le impide a El bendecirlos.
Para regresarse a El deben cesar de transgredir la ley. “¿Robará el hombre a Dios? Pues
vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? Los diezmos y las
primicias.”
En algunos, una sensación extraña les recorre la espalda tan pronto como oyen la
mención de este tema prohibido. Pero una de las pruebas más seguras de la consagración
cristiana es nuestra actitud hacia el dinero. Es enteramente inconsistente que una persona
afirme amar a Cristo, pero se rehúse a ofrendar el diezmo. El diezmo es solamente el
reconocimiento de que Dios es nuestro dueño y dueño de todo lo que poseemos. Re-
husarnos a pagar el diezmo es negar que El sea el dueño.
Evidentemente, el pueblo objetó ruidosamente, porque Dios continúa: “Vuestras
palabras han prevalecido contra mí, dice J ehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra
ti? Habéis dicho: por demás es servir a Dios.”
La gente afirma que el impío tiene mejor suerte que el justo (v. 15). Es otra manera
de decir: “¿Dónde está el Dios de juicio?” (2:17). Algunas personas esperan que Dios
haga balance todos los sábados por la tarde. La respuesta de Dios es que El conoce a los
suyos (vrs. 16-17), y que eventualmente todos podrán ver la diferencia entre el justo y el
malo (v. 18). Las promesas de los versículos 16 y 17 han sido de gran consuelo al pueblo
de Dios en horas de tentación y prueba. En el cielo se lleva un registro cuidadoso de
todos los que confían en el Señor (“Confiar” en el Antiguo Testamento, se relaciona con
“creer” en el Nuevo Testamento).
6. EL MESIAS VIENE YA
El último capítulo de Malaquías es breve. Se abre con una declaración del juicio
venidero, que será ardiente como un horno. Pero a él sigue inmediatamente la seguridad
de que a “vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia y en sus alas traerá
salud.” La venida del Cristo será como la aurora del sol, que provee vida, luz y calor.
Cada amanecer proclama las glorias de nuestro Cristo. Hemos de iniciar cada día con una
realización nueva de su presencia para iluminar nuestro sendero, para alentar nuestro
corazón y para llenarnos con el sentido de la grandeza de Dios.
El libro se cierra con la profecía de que Elías aparecerá “antes que venga el día de
J ehová, grande y terrible.” Así encontramos de nuevo esta frase que es tan prominente en
los profetas menores. No se nos deja en duda sobre la certeza de la venida del Señor, pero
al mismo tiempo se nos asegura que Dios hará lo mejor por avisar a los hombres y
procurar que se vuelvan a El.

Y así llegamos al término de nuestro estudio sobre los doce profetas menores.
Fueron varones cuyos mensajes eran temporales y eternos. Predicaron a sus tiempos y a
todas las generaciones. Los pecados que reprendieron son los mismos que acosan a la
humanidad hoy día. Todavía es verdad que la esencia del pecado es el egoísmo y la
voluntariedad. Los hombres se inclinan aún a abandonar a Dios y seguir sus deseos
torcidos. Y aún el amor de Dios, inmutable, llama al arrepentimiento y ofrece salvación.
Las diferencias entre el Antiguo Testamento y el Nuevo, parecen a veces muy
agudas en la superficie. Pero un estudio más detenido revela inevitablemente que la
naturaleza de Dios es la misma, y que la naturaleza humana también es la misma. El
pecado sigue siendo esencialmente el mismo de siempre y la salvación es una obra
divina, y siempre lo ha sido. El tema central del Antiguo Testamento, tanto como el del
Nuevo Testamento, es la redención.
A la luz de las condiciones religiosas, morales, sociales y económicas de nuestra
vida, no podemos menos que reafirmar de nuevo nuestra convicción de que los profetas
menores tienen verdaderamente un mensaje moderno para estos tiempos en que vivimos.
Necesitamos que el eco de sus palabras llegue hasta los oídos de nuestros con-
temporáneos. Ojalá que su ministerio profético continúe.


NOTA: PARA LA APROBACION DE ESTE SEMINARIO
ENVIAR UN ENSAYO NO MENOR DE 3 PAGINAS
seminario@ministerioyave.com o seminarioyave@gmail.com