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Amistad y acogida
1.- Introducción
1.1 El mayor peligro para nuestra Iglesia siempre ha sido
una religiosidad sin fe, lo que en la terminología del MCC
llamamos practiconería. En otras palabras, la mayor
asechanza siempre ha sido convertir al cristianismo en
mero cumplimiento rutinario de exigencias externas de
carácter religioso. En contraste con ello, los Evangelios
nos trasmiten un mensaje de amor y de liberación del
pecado que constituye el camino seguro para que el ser
humano alcance su plenitud. El MCC, partiendo de las
enseñanzas de Jesucristo, expresa una manera de
entender y vivir el cristianismo, kerigmática y triunfal,
imbuida de una serena alegría en comunión.
1.2 Para conservar y trasmitir el clima espiritual propio
del MCC es indispensable cultivar la amistad y la acogida.
Sólo se vive auténticamente el cristianismo cuando se
convive, y convivir cristianamente requiere un clima
espiritual adecuado. Sin un ambiente de profunda y
sincera amistad y acogida el MCC habría perdido su
talante espiritual originario y vería en peligro el
cumplimiento de sus propios fines.
1.3 Muy pocas veces a lo largo de la historia se ha usado
la amistad y la acogida como medios para congregar a
los seres humanos; se ha preferido casi siempre la
fuerza, la ideología, el interés material, etc. No se ha
sabido aprovechar adecuadamente la poderosa energía
de la amistad y la acogida en la creación de comunidad.
Corresponde a los iniciadores del MCC el mérito de haber
entendido que la mejor manera de proclamar y vivir la
Buena Nueva es en un clima espiritual de sincera y
auténtica amistad y acogida.
1.4 El propósito de este rollo es estimular a los hermanos
a evaluar la manera como se está viviendo la amistad y la
acogida en su secretariado y proponer e implementar
acciones destinadas a mejorar el clima de amistad y
acogida.
2.-La amistad.
2.1 Concepto.
La amistad es un sentimiento puro, gratuito, compartido
por otra persona y que requiere ser cultivado. Aristóteles
definía la amistad como el querer el bien del otro de
manera recíproca. En amistad, dos personas dan lo que
tienen, lo que hacen y sobre todo, lo que son. La amistad
es la renuncia de dos egoísmos y la suma de dos
generosidades. La amistad exige respeto a la libertad al
otro, consiste en dejar que el amigo sea lo que es,
ayudándole de manera delicada a que sea lo que debe
ser.
2.2 Sentimiento puro.
La amistad es una realidad que forma parte de la esfera
afectiva y, por su propia naturaleza, es siempre un
sentimiento puro perteneciente al ámbito de la axiología
positiva. La amistad crea comunión espiritual, mejora la
comunicación, crea fidelidad, fortalece la lealtad y
permite alcanzar los niveles más altos de convivencia
humana. No hay amistad verdadera para el mal.
2.3 Sentimiento gratuito.
La amistad, para ser amistad, ha de ser desinteresada, ha
de ir siempre a fondo perdido. La amistad en sí misma,
siempre es un fin y ha de estar en crecimiento, de lo
contrario, decrece.
El fruto de la amistad es el gozo desinteresado de
compartir con el amigo. La amistad es también caridad,
caridad que se ejercita con deferencia y tacto. Es
descubrir nuevas cualidades y potencialidades en el
amigo.
La amistad requiere tiempo, dedicación y detalle. El
detalle es el lenguaje propio de la amistad por eso, entre
amigos, el tiempo pasa rápido y siempre hay algo de que
hablar. Cuando la amistad se convierte en un simple
medio, lo que podríamos denominar ” amistad para”, es
simplemente interés y egoísmo. Así pues, convendría
distinguir claramente entre la amistad pura y la “amistad
para”.
El Eclesiatés, con gran sabiduría nos dice: “un a migo fiel
es un tesoro” y añade:”Nada vale tanto como un amigo
fiel (Si 6,14).
2.3 Sentimiento compartido.
La amistad es un sentimiento necesariamente
compartido, en esto se diferencia del amor, sentimiento
que puede ser ocasionalmente unidereccional; sin
embargo, no es posible la amistad en soledad.
La amistad tiene una estructura y una dinámica bien
definidas. La amistad siempre requiere un tú y un yo,
nunca será un yo y un ustedes, ni tampoco un nosotros y
un tú. La amistad nos empareja y nos iguala, es
profundamente democrática. La amistad requiere el
encuentro cara a cara, de persona a persona, de tú a tú,
donde el otro es reconocido en su singularidad, donde el
otro es un tú único no intercambiable. La relación yo-
ustedes es una relación paternalista y de dominio, donde
los demás no tienen un rostro definido ni una
personalidad propia. En la relación nosotros-tú, la
relación es abstracta y empobrecedora porque cuando el
yo es sustituido por el nosotros, necesariamente deja de
lado los aspectos distintivos y singularizantes del yo.
La dinámica de la amistad es bidireccional, es decir, la
amistad para poder crecer y perdurar, requiere ser
compartida con otra persona. La amistad no se impone,
se regala espontáneamente. En la amistad dos personas
comparten lo que tienen y lo que son, y en ese
intercambio gratuito ambas se enriquecen.
Jesucristo, con una fórmula magistral, nos enseña lo que
es compartir la amistad, cuando nos dice: “Mira que
estoy a la puerta y llamo; si escuchas mi voz y me abres,
entraré a tu casa y cenaremos juntos. Tú con conmigo y
yo contigo” ( Ap 3,20). Siempre la amistad con Jesucristo
surge como una relación personal y requiere que,
voluntariamente, cada uno le abra la puerta de su
corazón.
Podemos tener muchos amigos pero la relación de
amistad siempre es entre un tú y un yo, cada relación de
amistad es diferente y exige un trato especial con cada
uno, trato específico y hecho a la medida. Cada amigo es
único y no es intercambiable.
2.4 Sentimiento que se cultiva
La amistad requiere dedicación y tiempo, hay que
cultivarla con tacto y con esmero porque se alimenta de
detalles ya que es una relación singular y, como ya lo
dijimos, hecha a la medida.
Casi siempre la amistad cristaliza mediante un proceso
que iniciándose en el tiempo, se prolonga en el devenir y
en el espacio. Muchos pueden ser los factores que
obstaculicen el proceso natural de amistad pero la
rectitud de conciencia y la sinceridad se constituyen en
poderosos medios para preservar y acrecentar la
amistad, por eso Eduardo Bonnín ha dicho tan
acertadamente que amistad es vivir la vida en voz alta, es
decir, confiado y sin sospechas.
Se pueden distinguir con claridad, tres etapas en el
proceso de amistad:
Punto de inicio.- La amistad nace en circunstancias
específicas y son la afinidad de caracteres ó el contraste
en las cualidades personales los factores que crean el
clima propicio para que se desencadene el proceso de
amistad.
Desarrollo de la amistad.- El esmero, el tacto, los
proyectos y sueños compartidos, la lealtad, la sinceridad
y la confianza mutua son elementos fundamentales para
que la amistad se consolide. La amistad es una realidad
dinámica en permanente crecimiento, de lo contrario, se
debilita y muere.
Proyección de la amistad.- La verdadera amistad siempre
enriquece y proyecta a los amigos, ampliándoles las
miras y sus posibilidades, contribuyendo así al
crecimiento espiritual del amigo. Una amistad que no
ayude al crecimiento espiritual del amigo no es verdadera
amistad. Convendría sin embargo tener muy en cuenta
que sería un gravísimo error pensar que proyectar la
amistad es tratar que el amigo sea a nuestra imagen y
semejanza, eso ería simplemente soberbia. Cada persona
es un universo distinto y único que debemos aprender a
respetar y valorar.
2.5 Vivencia
3.-Amistad cristiana
3.1 Jesucristo: el amigo.
Cristo, se encarnó y se hizo igual a nosotros para ser
nuestro amigo. Les dijo a los apóstoles: “Yo no les llamo
siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor.
Ustedes son mis amigos, porque les he dado a conocer
todo lo que aprendí de mi Padre” (Jn 15,14-15). Jesucristo
no guarda secretos y se entrega confiado a sus amigos.
Jesucristo es el amigo por excelencia, él eleva la amistad
a su más alto nivel. Fue capaz de hacer realidad su propia
sentencia:” No hay amor más grande que el que da la
vida por sus amigos” (Jn 15,13).
Jesús de Nazaret es el amigo de corazón abierto,
consuela, enseña, sana, perdona, da de comer y procura
descanso a sus amigos. Se alegra con ellos en los
momentos felices y se conmueve hasta las lágrimas ante
el infortunio del amigo. Su amistad es gratuita y
desinteresada, no busca dar para recibir. Sin embargo,
también sabe corregir a sus amigos y con su ejemplo les
enseña a servir: lava los pies a sus discípulos y los invita
a lavarse los pies unos a otros.
La amistad que brinda Jesucristo se fundamenta en la
amistad y obediencia al Padre. Claramente manifiesta a
sus apóstoles: “Ustedes son mis amigos si cumplen con
todo lo mandado” (Jn15,14). La amistad cristiana es la
amistad en el servicio y se acrecienta en la oración, la
Eucaristía y en la Palabra.
3.2 Amistad con Cristo.
Sólo la amistad con Cristo Jesús nos lleva a la plenitud
humana. Cristo nos dice: “Yo soy el camino, la verdad y
la vida”; cualquier otro camino, riqueza, poder, etc.,
aunque pueda parecernos que son capaces de
brindarnos plenitud, tarde o temprano llegará el momento
en el que se revelarán falaces.
Nuestra amistad con Cristo ha de transparentarse
necesariamente en una actitud amistosa hacia los demás.
La amistad con Cristo, si no cambia radicalmente el tipo
de relaciones que establecemos con el prójimo, es que
todavía no ha logrado ser una realidad vital transformante
de nuestro ser.
La amistad puramente humana no alcanza las más altas
cotas a las que está destinada. Sólo cuando la amistad
está iluminada por la presencia de Cristo es capaz de
alcanzar su plenitud. El trato diario y la amistad con
Jesucristo nos llevan a una actitud abierta, comprensiva,
que aumenta nuestra capacidad de tener amigos.
La amistad entre cristianos debe proyectar a los amigo a
tener en Cristo Jesús su modelo. Ser amigos para
ayudarnos mutuamente a ser amigos de Cristo, esa es la
verdadera proyección de la amistad cristiana, por eso,
qué alegría se siente cada vez que un amigo se hace
amigo de Cristo.
3.3 Amistad y MCC.
La amistad debe impregnar los tres tiempos de nuestro
Movimiento, pues el MCC no pretende ser otra cosa que
una escuela de amistad en Cristo Jesús, pero, de manera
preferente, son los Grupos las verdaderas escuelas de
amistad en el Señor. La Reunión de Grupo es la reunión
de amigos que se reúnen para ser más amigos y más
cristianos. Si falla la amistad, el Grupo no habrá
alcanzado el clima espiritual adecuado y no será
instrumento eficaz para ayudarnos en nuestra conversión
y en la conversión de los hermanos, meta de toda
amistad en Jesucristo.
La dinámica dialogal de la amistad, es decir, su
bidireccionalidad, crea el clima espiritual más adecuado
para la misión cristiana, razón por la que el MCC
constituye un eficaz medio de evangelización.
4.- La acogida.
4.1 Introducción
Muchas veces la calidad de las relaciones
interpersonales se definen en el primer contacto y resulta
difícil cambiar nuestra primera impresión que nos causan
las personas o las instituciones, por eso es tan
importante dar especial atención a la acogida de los
hermanos.
El MCC, que logra su natural desarrollo en un ambiente
de amistad, busca ofrecer una calurosa acogida a todos
los cursillistas para que sintiéndose amorosamente
aceptados, participen plenamente en nuestro Movimiento
al sentirse como en su propia casa.
En las tres fases del cursillo habrá espacios para la
acogida, pero es sobre todo en el rodamiento del Cursillo
y en las Ultreyas donde la acogida logra sus más altas
calidades.
4.2 Definición
Acoger es un acto de amor, es admitir en su casa a
alguien. A diferencia de la amistad, la acogida es una
relación unidireccinal. Según el Diccionario de la
Academia de la Lengua Española, acoger es recibir,
aceptar, amparar o albergar a alguien. En síntesis, acoger
es recibir con beneplácito al prójimo.
La acogida en el MCC es expresión de caridad cristiana,
gratuita y desinteresada y es la puerta a la amistad. La
calidad de la acogida constituye una verdadera medida
del clima espiritual de nuestro Movimiento.
4.3 Clima de acogida
La acogida requiere apertura de corazón. Requiere ver al
hermano desde la perspectiva de Dios, que siempre ve al
ser humano con ternura y quiere su salvación. La
acogida cristiana requiere ver en el prójimo el rostro de
nuestro señor Jesucristo.
La humildad es la actitud que debe presidir la acogida.
Sin humildad, la acogida no será sincera, solo será
simulación, apariencia, es decir, pura farsa. En la acogida
a los hermanos, los dirigentes deben dar el ejemplo, pero
en dicho servicio deben participar todos. Que todos
participen porque es tarea de todos. En la acogida es
fundamental la alegría, porque la alegría natural y
espontánea, es una buena medida del grado de acogida.
El servicio cristiano es alegre ó no es servicio cristiano.
4.4 Acogida, Cursillo y Ultreya
Reiteremos, en los tres tiempos del cursillo hay espacios
especialmente propicios para acoger a los nuevos
hermanos y hacerles sentir nuestra sincera aceptación en
el Movimiento, pero hay momentos durante el rodaje del
cursillo que son especialmente adecuados para ello;
tales momentos son: la recepción de los nuevos
hermanos, el trabajo de pasillos, el trabajo de decurias,
durante las comidas y sobretodo, en la clausura. Sin
embargo, es la Ultreya el momento de acogida por
excelencia.
Lo que la amistad es para la Reunión de Grupo, la
acogida es para la Ultreya. Para que la Ultreya alcance su
verdadero clima espiritual es indispensable que se viva
un intenso ambiente de acogida, especialmente con los
más nuevos. Sin una adecuada acogida la Ultreya
resultará demasiado convencional y fría atentando contra
su objetivo vivencial y formativo. Así pues, la acogida es
elemento esencial en las ultreyas y debe comprometer a
todos los miembros del Movimiento y no sólo a unos
cuantos dirigentes. Pensemos en cuantos hermanos se
han alejado del Movimiento porque nosotros no les
hemos sabido brindar una verdadera acogida,
especialmente en las ultreyas. La acogida debe ser
natural, alegre, intensa, pero sin exageraciones que la
hagan artificial y manipuladora. La acogida debe siempre
ser expresión de amor cristiano.
4.5.- Vivencia
5.- ¿Cómo mejorar el clima de amistad y acogida en
nuestro Movimiento?
No es nuestro propósito dar recetas para mejorar el clima
de amistad y de acogida en su secretariado. Ni estoy en
capacidad, ni convendría hacerlo. Se trata más bien de
plantearnos conjuntamente esta inquietud y de llevar a la
práctica las acciones acordadas con tal propósito.
En síntesis: alcanzar el clima espiritual adecuado es
condición indispensable para que nuestro Movimiento,
ejercitando su carisma, alcance sus fines propuestos, así
pues, vivir y convivir lo fundamental cristiano
fermentando evangélicamente los ambientes requiere
necesariamente de un intenso clima de amistad y
acogida.
6.- Conclusión.
El MCC es un testimonio de fe en Dios y en los hombres
anunciado de manera Kerigmática, vivido y convivido en
comunidad. Para que ello sea realista y posible se
requiere un verdadero clima de amistad y acogida, por
eso la amistad y la acogida no son elementos auxiliares
en la espiritualidad del MCC sino uno de sus rasgos más
característicos que debemos preservar y acrecentar.

Trujillo, 03/03/2009

JVG