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Nº 2211 » Febrero 1998 La Iglesia Nacional peronista por Bosca, Roberto · Comentar Más de cuarenta años atrás el enfrentamiento

entre el gobierno de Juan Perón, durante su segundo mandato, y la Iglesia católica sacudió a la Argentina con una intensidad nunca vista, contribuyendo de manera decisiva al derrocamiento de aquél en septiembre de 1955. El conflicto comenzó a exteriorizarse a mediados del año anterior y creció aceleradamente a partir de las acusaciones lanzadas por el Presidente contra miembros del clero de diversa jerarquía y de asociaciones católicas, involucrándolas en un supuesto plan de “infiltración clerical” en las “organizaciones populares” destinado a socavar las bases de sustentación del “Estado Justicialista”. En lo que constituyó el primer documento crítico producido por la Iglesia desde el advenimiento del peronismo al poder, el Episcopado en su Carta del 19 de noviembre de 1954 puso de relieve su “asombro y estupor” por aquellas declaraciones, que alteraban la “atmósfera tranquila” en la que la Iglesia venía desarrollando su obra espiritual, “favorecida y estimulada por V.E. con palabras y hechos tan significativos y hondos como la ley de enseñanza religiosa” (CRITERIO nº 1224, 25/11/54). La crisis alcanzó su punto máximo siete meses más tarde con el saqueo e incendio de la Curia metropolitana y de diez templos situados en el centro de la ciudad y barrios aledaños. En los días previos ocurrieron episodios de gravedad como la quema de una bandera argentina frente al Congreso y otros destrozos en la ciudad, que el gobierno atribuyó a manifestantes católicos a lo que se sumó el ataque al día siguiente a la Catedral, ocasión en la que centenares de los que se reunieron para defenderla terminaron presos. Igual suerte corrieron los monseñores De Andrea, Tato y Novoa, estos últimos expulsados del país. Los gestos de pacificación ensayados por Perón después del 16 de junio no lograron su objetivo, pues se dudaba de su sinceridad. Para muchos católicos, el clima se asemejaba al de las persecuciones antirreligiosas desatadas durante la Revolución Mejicana o bajo la Segunda República Española, de donde la de los “Cristeros” o de los “Cruzados” se presentaban como el ejemplo digno de imitar. Hasta hacía poco, sólo los opositores habían sido objeto de represión y violencia, como había ocurrido en 1953 con el incendio de sus sedes partidarias incluyendo la biblioteca de 50.000 volúmenes del Partido Socialista, y del Jockey Club señalado como reducto de la oligarquía. Semejantes desmanes, silenciados ante la opinión pública y que no merecieron ninguna condena social, no hicieron mella en la popularidad de Perón, como lo demostró el 63% de los votos que obtuvieron

un elemento común en los reformistas religiosos. destacándose entre las que han sido traducidas y publicadas más recientemente aquí la de nuestra compatriota Lila M. más exactamente. Un papel relevante en la formación de la atmósfera favorable a la creación del nuevo culto lo tuvo la exaltación mística de Evita. de la raíz totalitaria de la “comunidad organizada” concebida por él. . estando al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto el muy católico Dr. y en los políticos. 21/8/95). el enfrentamiento resultó la lógica consecuencia del intento de establecer una “Iglesia Nacional”. y en alguna medida también el radicalismo yrigoyenista. Su trabajo parte de la caracterización del peronismo como un movimiento político religioso que pretendía “imponer una nueva conciencia a través de una concepción propia diferenciada de la católica”. comentada por C. no siendo ajeno a ello. Ángel Gallardo. su condición de mujer. como lo demuestra la utilización de los conceptos “doctrina”. señala el autor. Caimari (Perón y la Iglesia católica.. etc. a los que recurrió el “justicialismo”. según el autor. ¿Cuáles fueron las razones que empujaron a Perón. A. muy respetuoso y civilizado por cierto.sus candidatos en las elecciones legislativas y para la vicepresidencia de la Nación celebradas en 1954. cuando éstos se han identificado con aquellos. Aunque la hipótesis no es nueva. y un entorno perverso se ocupaba de exacerbar la concupiscencia del presidente viudo? Una amplia gama de interrogantes y respuestas han girado en torno del tema y han sido objeto de análisis en gran cantidad de tesis universitarias. un propósito nunca expuesto formalmente por Perón pero al que conduciría la dinámica de los elementos en juego. de Alvear. “mística”. reconocidamente dotado de una innegable intuición y sagacidad política. habiéndose suscitado uno. poco antes de encenderse la querella con la Iglesia. mayormente producidas en universidades europeas y norteamericanas. al menos tal como era interpretada por la jerarquía eclesiástica. Este “cristianismo de nuevo cuño” vendría a reivindicar para sí el sentido prístino y original del Evangelio. CRITERIO nº 2160. lo que constituye. por lo general quienes la mencionaron no profundizaron en ella. y dueño de un poder absoluto. Para el autor del libro que comentamos. Al respecto es necesario aclarar que los gobiernos de Yrigoyen transcurrieron sin el menor incidente entre su administración y la Iglesia. entre otros factores determinantes. que superó a la de su esposo. agregaríamos nosotros. durante la presidencia de Marcelo T. “apóstoles”. Floria. a desatar hostilidades que terminarían sumando a la Iglesia al frente de sus tradicionales y debilitados adversarios? ¿Acaso no previó las fatales consecuencias que tendría para su régimen los pasos que daba? ¿Fue víctima de una hábil estratagema armada por la “sinarquía internacional”? ¿O se trataba de un error de apreciación de un líder cuya clarividencia ya no era la misma desde la muerte de Evita.

como así también sobre el levantamiento de la sanción.el contacto directo que mantenía con los humildes. le sucede una segunda parte dedicada de lleno a la cuestión. en un excursus histórico que va desde el Constantinismo. que en vida ya había sido consagrada “Jefa Espiritual de la Nación”. y sus réplicas en la capital de cada provincia y territorio nacional. . El libro. a la que le habría venido bien un acortamiento en su extensión. despejando las dudas sobre su existencia y alcance. que se levantara en su homenaje un monumento en la ciudad de Buenos Aires. pasando por Rivadavia y Rosas. compuesta por cuatro capítulos en los que analiza los elementos religiosos del peronismo. El embalsamamiento de su cadáver para su exhibición pública en un mausoleo puede parangonarse con el tratamiento que recibió Lenin en la Rusia soviética. La primera está dedicada a establecer las diferencias entre el concepto de “Iglesia Nacional” y otros análogos como el regalismo y el césaropapismo. Aún así. que titula precisamente “La Iglesia Nacional Peronista”. Pedro J. La susceptibilidad que aún despierta la mención de dichos y hechos ocurridos en aquella época explica la loable intención del autor de no reabrir heridas en una sociedad que desgraciadamente continuó padeciendo mucho tiempo más los estragos de la intolerancia. y quizás evitables. teme que algunas de las expresiones vertidas pueden parecer muy duras. y es más: cuando inició su investigación veía con cierta simpatía al peronismo (Clarín. Frías. El autor ha dividido su trabajo en tres partes. porque “aparte de que sólo Dios juzga las conciencias. y el factor religioso en el conflicto. y su prematura muerte sobre la cual se montó desde el poder una escenografía imponente. el 18 de enero de 1963. incorporados al patrimonio histórico del país”. y por ello pide perdón anticipado a quienes puedan sentirse agraviados “por incomprensión o por cualquier otro motivo”. Por nuestra parte no encontramos al autor incurso en ninguno de los eventuales pecados de los que se disculpa. que también dispuso. días antes de su muerte. La cuestión siempre polémica de la “excomunión” de Perón está bien tratada en el Apéndice. 8/6/97). el impacto popular provocado por la penosa enfermedad que la atacó. a pedido del afectado. el peronismo como neocristianismo. hasta la Iglesia Popular en la Nicaragua del FSLN. tampoco se puede desconocer sus indudables méritos. Bosca ha declarado que no ha sido ni es “gorila” (tenía 6 años cuando cayó Perón). por ley del Congreso. fruto de una exhaustiva investigación que insumió doce años de labor. a orillas del Río de la Plata. Cabe recordar al respecto. Ya lo había anticipado en el capítulo introductorio de este libro al aclarar que lo suyo constituía “una reflexión sobre el poder” y de ningún modo “un alegato contra el peronismo y mucho menos contra la persona de su jefe histórico”. Después de esta introducción. su política religiosa. Víctor Tau Anzoátegui y en el final con la del Dr. contó en su tramo inicial con la dirección del Dr. Decano y profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad Austral.

de aquí en más.Más allá de las discrepancias que puedan suscitar los enfoques y conclusiones del autor. por la seriedad con que ha sido abordada y la variedad y profusión de las fuentes informativas que la respaldan. su obra será de ineludible consulta para los interesados en el tema. . queda en claro que.