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Amar no es otra cosa que anhelar algo por sí mismo.

De div quaest 83, 35, 1y 2

Cada uno de nosotros desea encontrar la felicidad verdadera; ella consiste en la posesión segura en conservar nuestro bien y estar seguros de no perderlo. A San Agustín no le daña perder su posesión, sino el miedo a perderlo, esto nos quiere decir que lo que está en juego es la seguridad que nos da el poseer; porque la vida verdadera es aquella que es eterna y feliz (Cf. De trin. XIII,8,11. Sólo Dios nos puede garantizar una felicidad así, sólo el Amor nos une a Él, nuestro eterno y sumo tesoro inacabable y de esta manera nos hace partícipes de la eternidad de Dios. Todo amor al llegar a experimentarlo sugiere una búsqueda, esta búsqueda el salir de nosotros, como lo hizo Agustín que buscó este amor en el exterior; lo buscó en las cosas del mundo, con los ojos de los sentidos. Con el tiempo se dio cuenta que el tesoro habitaba en el interior. San Agustín nos invita a ‘agarrarnos’ con fuerza a este amor y dice: ‘ustedes pueden permanecer en la eternidad, pues cada uno es como su amor es’ (Cf. esp. Juan 2,14). El hombre ama a Dios porque Dios pertenece a él; al encontrarlo encuentra lo que le falta y su vida tiene sentido. Este amor nos ayuda a encontrarlo en los demás, porque es recíproco, humilde y sobre todo fiel.

El Amor, el anhelo total de la Biblia. Agustín nos dice, que todo el mensaje de la Biblia podemos reducirlo a dos mandamientos: amor de Dios y amor del prójimo. ÉL nos plantea que la Esperanza en el nombre de Cristo no es estéril, porque de los dos mandamientos del amor penden toda la Ley y los Profetas. Además, él mismo sintió esa vivencia a diario. El santo se encuentra fielmente con la línea de pensamiento de San Pablo: El amor es el ‘fin’ del mandato (1 Tim 1,5). La palabra "fin" no quiere decir que el amor acaba con los demás mandamientos o que los anula, sino que el amor es la perfección de cualquier otro precepto con el que lo relacionemos. Hacia el amor apunta la ley: "Les doy un mandato nuevo: ámense unos a otros como yo los he amado". Amar con Amor de Dios. Dios se revela a sí mismo como Amor porque Él es el mismo Amor. Este amor a sido regalado por el Espíritu Santo, de aquí que nuestro amor es una participación del Amor de Dios mismo que abarca a cualquier ser humano y incluso hasta con quien más nos cuesta: nuestros enemigos. Agustín cuando habla de amor lo menciona como don divino, el que nos capacita a optar por la verdad divina, la sabiduría, la paz y la justicia. Amar con ese amor excluye la ansia posesiva o egoísmo, la vanidad, el orgullo, el buscar nuestro propio provecho, etc. El Espíritu Santo nos llama a amar a nuestro prójimo porque

25) . El amor al prójimo es el modo más concreto y seguro de manifestar nuestro amor a "Para mí la virtud. Al amar a tu prójimo e interesarte por él. la justicia es el amor únicamente esclavo de su amado y que ejerce. no es otra cosa que un perfecto amor a Dios. El amor es la norma que estamos llamados a vivir cada día. y. “Ama y haz lo que quieras. 15. mas el amor al prójimo tiene preferencia a la hora de la acción. señorío conforme a razón. (Costumbres de la Iglesia católica. Dios. la fortaleza es el amor que todo lo soporta por el objeto de sus amores. ponderados. El amor de Dios viene en primer lugar en la clasificación de los mandamientos. tú te pones en marcha. cumplirlos a plenitud. ponerlos en práctica. El santo nos dice. ¿A dónde podrías ir excepto al Señor Dios?". porque de esa raíz sólo puede nacer el bien”. la prudencia es el amor que con sagacidad y sabiduría elige los medios de defensa contra toda clase de obstáculos".Alguien nos ha amado primero y es Alguien (Dios) nos invita a amar. finalmente. por lo tanto. por definición. Para amar a Dios hemos de empezar por amar al prójimo: "Estos mandamientos han de ser siempre meditados. la templanza es el amor que totalmente se entrega al objeto amado. hemos de ser fieles a ellos.