Viena [Austria

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Capital de Austria y de la provincia homónima, situada en la parte centrooriental del país, a orillas del Danubio, con una población aproximada de 1.504.100 habitantes (2003), que reciben el gentilicio de vieneses o vienenses. Está situada en el corazón de Europa y es un centro político, cultural y económico de primer orden, así como una de las capitales continentales con un patrimonio monumental más extenso. Medio urbano Con una superficie de 414,52 km2, Viena está dividida administrativamente en 23 distritos o Bezirke. El casco histórico de la ciudad, la Innere Stadt, es el primer Bezirk; el segundo lo comprende una gran parte de la orilla occidental del Donaukanal, frente al casco histórico. Los demás están situados en sentido de las agujas del reloj alrededor de la Innere Stadt en la orilla oriental del Donaukanal. La vida cultural de la ciudad es sumamente compleja, con publicaciones periódicas que las recogen; entre las más renombradas está el festival musical de mayo a junio, el Wiener Festwochen o el Wiener Musiksommer, el Viennale, las jornadas de Haydn y Schubert, etc. Historia Los primeros asentamientos humanos de los que se tiene noticia surgieron en el Neolítico, en las colinas que rodean la actual cuenca de Viena. Estos asentamientos se extendieron en la Edad del Bronce y durante la época de la civilización celta de La Tène, hasta el actual tercer distrito. En el siglo I, los romanos construyeron un campamento militar cerca del Danubio, un puesto avanzado que formaba parte de la primera línea de vigilancia de los asentamientos célticos y de protección contra los pueblos germánicos y balcánicos. En el siglo II el asentamiento fortificado se convirtió en sede permanente de una legión, y contaba con edificios de piedra dispuestos de forma irregular a causa de las características del terreno y a las fuertes crecidas del Danubio de entonces. El campamento fortificado estaba situado en lo que es el centro de la ciudad, por lo que su origen es dicho asentamiento militar. La población recibía el nombre de Vindobona. No se tiene certeza, aunque es muy probable que su actual nombre (Wien) provenga del término celta con que se la designaba entonces. El campamento de Vindobona sirvió a los romanos de refugio muchas veces contra los bárbaros, mientras que los edificios del asentamiento civil eran destruidos una y otra vez. De estas construcciones quedan restos entre los que destacan la puerta decumana, la puerta izquierda y algunos tramos de la muralla. Mientras Viena formó parte del Imperio romano, mantuvo sus características de puesto fronterizo avanzado, hasta que, a principios del siglo V los romanos se retiraron y

abandonaron la región a manos de los hunos. Sucesivas invasiones bárbaras fueron arrasando el núcleo fortificado y la población civil adyacente. Cayó también bajo la dominación húngara y finalmente entró a formar parte del Sacro Imperio Romano Germánico. Su desarrollo urbanístico tuvo dos fases distintas; una primera en la que se produjo un crecimiento concéntrico, con círculos mayores a medida que se ampliaba el perímetro de las murallas, y una segunda fase posterior, en la que se produjo un crecimiento radial a lo largo de las principales vías de comunicación. Con el desarrollo del comercio con el exterior y gracias al florecimiento del artesanado, que tuvo lugar en Europa durante los siglos XI y XII, Viena se convirtió en un punto estratégico por su posición geográfica en la economía medieval; situada en lugar de paso de las rutas norte-sur y este-oeste, comenzó a recuperar su importancia como centro de intercambio comercial y puerto fluvial. Viena fue capital por primera vez en 1142, cuando Enrique II Jasormigott la escogió como residencia oficial. En 1221 se le reconocieron a la ciudad sus derechos municipales y los de escala, descarga y transbordo de mercancías. A principios del siglo XIII las murallas de la ciudad delimitaban una amplia superficie, que conservaría aproximadamente hasta mediados del XIX. Desde entonces, Viena se considera la ciudad más populosa del mundo germánico, primacía que le arrebató Berlín a finales del siglo XX. Cuando la casa de los Babenberg desapareció, Viena sufrió un período de incertidumbre por los enfrentamientos que se produjeron entre checos y húngaros; después sobrevino la hegemonía de Bohemia, que duró cuarenta años, al final de los cuales se produjo el advenimiento de los Habsburgo. Con ellos Viena empezó su primera fase de reconstrucción monumental, concretamente durante el reinado de Rodolfo IV, durante la segunda mitad del siglo XIV. Se convirtió así en uno de los centros impulsores del gótico internacional. Durante el reinado de Maximiliano se convirtió en capital del Sacro Imperio Romano Germánico y alcanzó una etapa de esplendor; se añadieron entonces a los elementos arquitectónicos medievales los primeros edificios renacentistas. A finales del siglo XV fue ocupada por el rey húngaro Matías Corvino; con la ascensión de Carlos V al trono en 1519, Viena perdió su título de capital imperial en favor de Madrid, pero lo recuperó cuando el emperador abdicó, en 1556, cuando éste dividió los dominios de los Habsburgo entre la casa de Austria y la de España. Entretanto, en 1529 se produjo el primer asedio turco a la ciudad; tras rechazar el ataque, se reconstruyeron las murallas y se transformó y renovó la plaza fuerte según un modelo italiano, que se basaba en bastiones enterrados y torres de refuerzo contra los impactos de la artillería, que se había desarrollado mucho por entonces. La sucesión de conflictos entre el Islam y la Cristiandad continuaría durante mucho tiempo, y los Habsburgo estaban empeñados en defender la civilización cristiana europea según los patrones político-culturales de enfrentamiento entre Europa y Asia que se remontaban hasta las guerras médicas de la antigüedad. Pero al mismo tiempo, se vieron implicados en el ámbito del mundo cristiano en varias guerras religiosas y en la devastadora Guerra de

los Treinta Años. Con el segundo ataque turco le sobrevino a la ciudad una gran amenaza; en 1683, una extenuada ciudad tras un largo asedio estaba a punto de claudicar y caer bajo los otomanos, cuando el ejército polaco de Juan Sobieski, movido por un ideal de civilización común, intervino en su favor, salvándola de la dominación. A partir de entonces, la ciudad conoció un período de paz que le llevó, entre los siglos XVII y XVIII a desarrollar una intensa actividad arquitectónica en la que alcanzaron su máximo esplendor el barroco y el rococó, primero de la mano de maestros italianos como Tencalla o Carlone, y después con los alemanes como los Fischer von Erlach o Prandtauer, que construyeron muchos de los edificios monumentales como el palacio Belvedere, el palacio Kinsky o el de Schönbrunn. Durante el siglo XVIII la estructura urbanística se completó en tres partes: la nobleza, la corte, los bancos y las actividades comerciales se encontraban en el centro; los trabajadores y artesanos se agruparon en los suburbios, y las posadas, mesones y servicios se distribuyeron a lo largo de las vías de salida de la ciudad. Bajo el gobierno de soberanos ilustrados como María Teresa o José II, Viena se convirtió en una gran capital europea, que competía con París como centro impulsor de la vida musical. Viena se afirmó como capital europea de la música con el Wiener Klassik, movimiento musical que estuvo formado por Glück y Salieri en un primer momento, y posteriormente por Mozart, Schubert, Beethoven y Haydn. Durante los siglos XVIII y XIX Viena fue, además, capital de las artes aplicadas, concretamente de la manufactura de porcelana. Destacaron en este ámbito las porcelanas de barroco tardío y con pasta característica de color gris, decorada con flores indias y alemanas, palmas, motivos chinos, etc., del maestro Du Pasquier, hasta que su taller pasó a manos del Estado, en 1744. Luego surgieron las porcelanas con un adorno en forma de lazo con los colores rojo, negro y oro, o con pintura de trazos azules o esmalte negro. El último estilo impulsado fue el Rocaille, o rococó, formado con escenas ligeras, de enamorados, amorcillos, etc., y, a finales del XVIII, con héroes de la antigüedad y escenas clásicas o figuras de emperadores y dioses. Con la celebración del Congreso de Viena de 1814-1815, la ciudad se convirtió en prestigiosa sede diplomática, lo cual cerró una época revolucionaria en Europa, aunque todavía conocería turbulentos acontecimientos; en 848 se produjo una violenta insurrección, seguida de una brutal represión que terminó con la dimisión de Metternich y la abdicación del emperador Fernando I, seguido por la subida al trono de Francisco José. El lapso entre 1815 y 1848 estuvo ligado al Biedermeier, estilo vienés derivado de un personaje imaginario, el "honesto y anónimo", que trataba de encontrar en las artes el sentido común característico de la Restauración metternichiana. Con Kornhäussel, la arquitectura Biedermeier tuvo su máximo exponente. En 1851, Viena superó los 400.000 habitantes, pero en la segunda mitad de siglo conoció un nuevo y gran desarrollo, tanto arquitectónico como cultural. Se construyeron numerosos edificios de estilo neogótico y neorrenacentista a lo largo del Ring, anillo de avenidas construido entre

1857 y 1865 en el lugar que hasta entonces habían ocupado las murallas, que fueron derribadas para ello, respondiendo a una doble necesidad; la de nuevas viviendas, agravado por la inmigración judía y eslava, y la de construcción de infraestructuras públicas adecuadas al nuevo clima social. Lo que se construyó en realidad fue una especie de paso intermedio entre los suburbios obreros y la zona aristocrática, la Innere Stadt; el resultado, entre las innovadoras propuestas estéticas junto con el gusto ecléctico del momento, fue el llamado Ringstrasse, estilo historicista arquitectónico. Con el Ringstrasse, las formas estilísticas del edificio se ligaban a la función de la institución que albergaba o a la exigencia de legitimación social de sus futuros habitantes. Otro rasgo que impulsó el derrumbamiento de las murallas fue el hecho de que resultaban superfluas en lo que atañía a su finalidad defensiva, por no parecer inminente el peligro de ninguna invasión externa. Al contrario, tras la revolución de 1848, era más grave la amenaza para el orden imperial de la tensiones sociales internas y la presión de las fuerzas populares. En concreto, el proletariado estaba demostrando una gran capacidad de organización en la capital. Por tanto, la construcción de grandes avenidas parecía más adecuada para mantener el orden público. Además, se canalizó el Danubio y se construyó el primer acueducto, obras que culminaron con la propuesta de Otto Wagner de un nuevo plan de ordenación urbanística, en 1892. Este plan organizaba la ciudad según unas vías de circulación concéntricas y radiales, apoyadas por una red ferroviaria metropolitana destinada al tráfico de pasajeros y mercancías. Se construyeron en esta época obras maestras de judesntil, como el palacete de Secession, de Olbrich, o el Postparkassenamt, de Adolf Loos. Mientras tanto, la actividad musical y teatral de Viena recibió nuevo impulso gracias al movimiento de la Mitteleuropa, y a las influencias latinas, magiares, germánicas y eslavas, que contribuyeron al nacimiento de una corriente de carácter épico y cosmopolita, unida a la tensión interna de un final próximo. Con los valses de Strauss, y desde la literatura al teatro, el mito de los Habsburgo conoció en Viena su momento de mayor esplendor. La porcelana recuperó parte de su antiguo brillo gracias a las manufacturas Hollenbach; en la corte se consolidó el estilo Biedermeier, con la célebre vajilla Thunsche, que se difundiría más tarde entre la burguesía y la aristocracia. En el siglo XIX la ciudad creció espectacularmente; pasó de tener 300.000 habitantes a principios de siglo, a alcanzar los 2.100.000 en 1910. Entre 1890 y 1904 fueron absorbidos dentro de los límites de la ciudad numerosos suburbios rurales que habían nacido a finales del XIX en torno a los barrios periféricos. En 1918, con la caída del imperio austrohúngaro, Viena se reveló como una capital demasiado grande para la nueva y pequeña Austria, por lo que fue excluida administrativamente de la región de la Baja Austria y constituyó una región por sí sola. Fue gobernada por socialistas, período en el que se produjo una inédita aportación a la arquitectura europea, con obras del movimiento de la Secession y con la construcción de 65.000 viviendas municipales inspiradas en Engels. Durante la Segunda Guerra Mundial resultó gravemente dañada por los bombardeos aliados de 1944 y 1945, que destruyeron el 21% de la

viviendas y el 25% de las instalaciones industriales, muriendo casi 400.000 habitantes; quedó dividida en cuatro sectores por las potencias vencedoras. Empezó a recuperarse mucho más tarde, en 1955, al final de la ocupación aliada, cuando Austria recuperó la soberanía nacional. Desde entonces, la tendencia demográfica ha tendido a bajar, aunque sigue siendo punto de referencia para el éxodo rural y para inmigrantes europeos. A finales de 2003 la capital contaba con una población aproximada de 1.504.100 habitantes. Patrimonio cultural y lugares de interés Estas son algunos de los más renombrados edificios de entre los innumerables que alberga la ciudad: Catedral de San Esteban (Stephansdom). La primera iglesia construida en su actual emplazamiento era románica y fue fundada por el obispo de Passau en el siglo XII; dañada por un incendio en 1258, se reconstruyó posteriormente; luego se reformó en estilo gótico y se terminó en el XVI con la cubierta de la torre septentrional. Museo de Historia del Arte. Ocupa el palacio de la plaza de Maria-Theresien y se construyó entre 1872 y 1881 en estilo neorrenacentista, por G. Semper y K. Hassenauer. Museo del Tesoro Imperial. Alberga el tesoro sacro y profano de los Habsburgo. Palacio Imperial (Hofburg). Fue residencia oficial de los Habsburgo entre 1283 y 1918. A lo largo de los tiempos, concretamente desde el siglo XVI hasta pocos años antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, se han añadido al edificio original numerosas construcciones. El núcleo central originario data de la época de rey de Bohemia, Otokar II Premysl (12501275). Hacia mediados del siglo XVI Fernando I de Habsburgo mandó levantar el Stallburg (donde se expone el tesoro real) y el Amalienhof (las habitaciones reales); posteriormente, durante el reinado de Leopoldo I, se realizaron obras de remodelación en el Amalienhof, añadiéndose las habitaciones del nuevo rey. Sin embargo, las reformas más significativas fueron las realizadas a principios del siglo XVIII por Carlos VI. El encargado de esta gran ampliación fue el arquitecto Johann Bemhard Fischer von Erlach, que combinó los estilos francés e italiano. De entre las nuevas construcciones sobresalen la Biblioteca, la Cancillería imperial, la Albertina (donde se guarda, hoy día, la colección de grabados y pintura), las habitaciones de María Teresa, y la Escuela Española de Equitación. Durante el reinado del emperador Francisco José I, tiene lugar la última fase de las obras de ampliación del palacio. Estas se inician en el 1889 e incluyen la fachada principal de la Michaelerplatz (1889-1893), de Ferdinand Kirschner, y el Neue Burg (1881-1913), edificio neorrenacentista donde se exponen las colecciones de instrumentos musicales, armas y armaduras y esculturas, y el museo etnográfico. En conjunto, el palacio tiene más de 2500 dependencias y es uno de los monumentos de mayor afluencia turística.

Iglesia de San Carlos Borromeo (Karlskirche). Templo de estilo barroco vienés, iniciado en 1716 por J.B. Fisher von Erlach el Viejo y terminada por su hijo en 1737. Biblioteca Nacional. Fue levantada entre 1723 y 1735 por Fisher von Erlach el Joven, según proyecto de su padre. Direcciones en Internet http://www.univie.ac.at/; Universidad de Viena. http://www.tourist-net.co.at/wien1e.htm; Información general. http://austria-tourism.at/; Oficina de Turismo. Cecilia Guiter Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2004