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¿Qué significa honrar padre y madre?
Vamos ahora a Efesios 6:1-3: "Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra." Es una bendición tener padre y tener madre. Entre los cristianos, hay muchos jóvenes que no tienen alguno de ellos, o a ninguno. Sin embargo, hay consuelo al saber que "el Señor es padre de huérfanos y defensor de viudas en su santa morada", y "Dios hace habitar en familia a los desamparados" (Salmo 68:5-6). Si alguien ha llegado a ser cristiano faltándole uno de sus padres o ambos, sepa que en la iglesia va a encontrar socorro, y va a encontrar muchos padres, y muchas madres, y va a encontrar a muchos hermanos. El Señor nos manda a que honremos a nuestro padre y nuestra madre. No dice "padres" en plural, sino que los individualiza. Es necesario honrar al papá, es necesario honrar también a la mamá. La promesa es clara: "Para que te vaya bien". El contraste es que si tú y yo no honramos padre y madre, podemos llegar a fracasar. El Señor no nos va a bendecir. El hijo que maldice, que deshonra a su padre o a su madre, se expone a que el Señor salga en su defensa. Porque Dios es Padre. Dios es el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. El primer conocimiento de Dios que algunos de nosotros (al menos los que provenimos de familias católicas) tuvimos es este: "Padre nuestro que estás en los cielos ..." Dios es Padre. Y el Hijo (el Señor Jesucristo) honra al Padre. Él siempre honró a su Padre. Cuántas veces se refiere a su Padre. Si tú lees en el evangelio de Juan, el Señor Jesús todo se lo atribuye al Padre. "Mis palabras me las dio mi Padre. Lo que hago, no lo hago yo, sino que lo hace mi Padre a través de mí". "El Padre que me envió ..." "Salí de mi Padre ... vuelvo al Padre". "Padre, la hora ha llegado, glorifica a tu hijo con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese". ¡Qué preciosa relación hay entre el Padre y el Hijo! Entonces, Dios no tolera que alguien no honre a su Padre, porque Él mismo es Padre. Cuando nosotros no honramos a nuestro Padre visible tampoco estamos honrando al Padre que no vemos. Si puedo honrar a mi padre (que veo), me estoy sujetando a este Padre que no veo.

El triste caso de un hijo necio
Veremos ahora un contraste. El de un hombre que no honró a su padre. Esto ocurre inmediatamente después del diluvio. Génesis 9:2o-23. "Después comenzó Noé a labrar la tierra y plantó de la viña, y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda. Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros , y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre. Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven, y dijo: "Maldito sea Canaán. Siervo de siervos será a sus hermanos." Dijo más: "Bendito por Jehová mi Dios sea Sem, y sea Canaán su siervo. Engrandezca Dios a Jafet y habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán su siervo."

Fíjate que este breve pasaje muestra la actitud distinta que tuvieron Sem y Jafet, respecto de Cam. Al tomar conocimiento que su padre estaba embriagado y desnudo, ellos tuvieron respeto por su padre, y no quisieron verlo. Se pusieron la ropa encima y, caminando hacia atrás, lo cubrieron para no mirar la desnudez de su padre. Cam, en cambio, tuvo la mala idea, no sólo de ver la desnudez de su padre, sino de publicarla. ¿Cómo lo decimos con palabras más simples? Cuando nosotros sabemos algo negativo de nuestros padres, ¿qué hacemos? Nosotros no hacemos bien, más aun, ofendemos al Señor, si salimos publicando –como exhibiendo– las debilidades de nuestros padres. La desnudez tiene que ver con la vergüenza. Si hay algo que nuestro padre o nuestra madre ha hecho, que es vergonzoso, nosotros tenemos que cubrir eso. No deshonrarlos. Cam se ganó una maldición con esto. Mientras sus hermanos fueron bendecidos, Cam fue maldito. Los tres troncos raciales que hay en el mundo proceden de los hijos de Noé. Los descendientes de Cam vinieron a ser los africanos, y ellos han sido históricamente los más maltratados, los esclavos. La lección está clara. Esto no significa, en todo caso, que tú no puedas hacer confesión de tus dificultades con sus padres ante alguno de tus pastores, si es que estás tristes por algo. Lo importante de esto es que la información llegue adonde debe llegar, que llegue a buenas manos.

La alegría de los padres
Vamos a leer ahora algunos Proverbios. Son muy útiles. Proverbios 17:6: "Corona de los viejos son los nietos, y la honra de los hijos, sus padres." Es una honra que tengamos papá y mamá. Dios nos honra con esto. Proverbios 23:22-25: "Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies. Compra la verdad y no la vendas; la sabiduría, la enseñanza y la inteligencia. Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendra sabio se gozará con él. Alégrese tu padre y tu madre, y gócese la que te dio a luz." "Oye a tu padre". ¡Cuántos han fracasado por no oír a su padre! "Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies". ¡Qué tremendo es todo esto! Desoír al padre, y menospreciar a la madre, o avergonzarse de ambos, es algo que trae maldición, que trae una deshonra muy grande. Pero alégrese tu padre, y alégrese tu madre. ¿En qué se va a alegrar tu padre y tu madre –si son creyentes– sino en que sus hijos sean creyentes? Si tus padres aman al Señor, de lo que más se van a alegrar ellos es de que tú también ames al Señor. Y si tú sigues los caminos del Señor y permaneces en el Señor y das frutos de Cristo, esto va a producir una gran alegría en sus padres. Aun cuando ellos no conozcan al Señor. Podría ocurrirle a alguno que sea rechazado por causa del Señor, pero el padre y la madre sabrán comprenderlos mejor que nadie. Dirán: "Mi hijo siguió el buen camino."

Viviendo en medio de una generación perdida
2ª Timoteo 3:1 dice: "También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres ..." Los postreros días son nuestros días. Este es el carácter de nuestro tiempo. Así son los hombres hoy día. Así es nuestra generación: Hombres soberbios, vanidosos, desobedientes a

los padres ... Pero nosotros, con el Señor dentro, con Cristo en el corazón, conociendo la poderosa vida del Señor, nosotros estamos en el mundo hoy para salar al mundo. Si otros son desobedientes a los padres, nosotros no lo seremos. Nosotros somos creyentes. Si otros menosprecian a su madre y no oyen el consejo de sus padres, nosotros viviremos sujetos a nuestros padres y los honraremos. Honraremos padre y madre, porque es el primer mandamiento con promesa. Porque Dios lo dice y porque queremos que nos vaya bien. Queremos contar con la bendición del Señor. Nosotros estamos viviendo en medio de una generación perdida. No hace mucho se celebraron los 30 años del festival de Woostock. El festival de Woostock fue una verdadera orgía de sexo, de alcohol y drogas. Cuántas madres solteras salieron de allí, cuántas enfermedades venéreas se transmitieron en esa ocasión, cuánta desgracia hubo. Qué decir de la música en boga, de las barras bravas en los estadios de fútbol, de los punk, los neonazis, los de la ‘new age’. Esta es la generación de nuestros días. ¿Qué tendrán en el corazón? Pobres jóvenes, están llenos de muerte, de amargura, arrastrando cadenas en el alma. Y eso lo expresan de la manera como se comportan. Pero bienaventurado eres tú, hermano, que tienes a Cristo en el corazón. ¡Nosotros somos felices! ¡Nosotros no somos una generación perdida! ¡Nosotros tenemos al Señor en el corazón! ¡Somos una generación que tiene esperanza! ¡Nuestras vidas tienen propósito! Nosotros no vamos a morir infectados. Nosotros vamos a vivir en santidad, vamos a esperar la venida del Señor. Nosotros nos levantaremos con Cristo, y reinaremos con Él.

Por qué mis padres no me comprenden?
(Pero ... ¿me he preocupado por comprenderlos?) ¿Sabes? Un padre siempre va a querer lo mejor para sus hijos, a menos que sea una persona muy desquiciada. Si tu padre te ha tratado mal, tal vez sea porque él no conoce al Señor. Si es así, él mismo tiene problemas mayores. Si tu padre te abandonó, es porque él mismo cayó en desgracia. Pero lo normal es que tu padre reaccione a favor de ti. Es necesario comprender a los padres. No mires tú el regaño del papá. No mires tú esas reacciones negativas. Piensa que ellos te tuvieron en sus brazos, te han cuidado, alimentado. Ellos trabajan por ti. Ellos se preocupan de que tengas ropa, casa, comida, que tengas una profesión. Ellos quieren lo mejor para ti. La gran mayoría de los padres se han sacrificado por sus hijos. ¡Cuántos de los padres se abstienen! No se compran ropa muy a menudo. Hemos sabido de esposos que tienen problemas con las esposas, porque ellos quieren que ellas se compren ropa ¡pero ellas no quieren por darle al hijo o a la hija la preferencia! "El hijo primero", o "la hija primero". Ellas prefieren usar los zapatos viejos, o la ropa vieja. Prefieren comprarse ropa barata, porque hay que comprarle al hijo o a la hija lo mejor. Muchos padres quizás están fracasando. Les ha costado controlar a sus hijos, les ha costado educarlos bien. Y tienen su esperanza en que sus hijos puedan encontrar el camino. Que amen al Señor. Poniéndonos en el lugar del otro "¿He intentado yo comprender a mis padres?" Filipenses 2:4 dice: "No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros." –Yo soy hijo y lo quiero todo–; pero pongámonos en el lugar del papá. Él tiene que ordenar el presupuesto, tiene que gobernar su casa, él tiene que ordenarlo todo. El tiene una responsabilidad, y más encima si no soy el único hijo ... Pongámonos en su lugar. Él tiene que enfrentar uno y mil problemas. Aveces tendrá más problemas que ti. Él también es hombre y es débil, y pasa por grandes tristezas.

Pongámonos en su lugar. Comprendámoslo cuando anda malhumorado. Algo malo le habrá ocurrido. Habrá sufrido o estará sufriendo también. Pongámonos en su lugar.

¿Por qué debo aceptar la disciplina?
Hebreos 12:7-11: "Si soportáis la disciplina , Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos ... Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados". La disciplina sólo desde el punto de vista del hijo puede parecer dura. Es la reacción natural propia. Pero ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Es un derecho y un deber del papá hacerlo. Porque si el papá nos diera todo lo que le pedimos, nos hace un daño. Muchas veces el papá está obligado a decir ¡no!. Si no lo hiciera, sería un pésimo padre. Incluso, un hijo sabio debiera decir: "Papá, no gastes tanto en mí. Es suficiente, papá." La disciplina es una demostración de amor. "Te amo tanto, hijo, que no quiero que seas de esa manera. Te amo tanto, que no te puedo permitir esta rabieta." ¡Qué tristeza da cuando un niño le hace el ‘show’ al papá, y el papá... nada. Ya se acostumbró. Y después, para el que niñito no haga el show, hay que darle lo que quiere. Hay muchos padres que lamentablemente han fracasado en la educación de sus hijos... y no es por disciplinar; al contrario ... es por no haber disciplinado a tiempo. Y los niñitos son adolescentes (y mayores aun), y todavía tienen berrinches, y los papitos tiene que ceder, y los hijos tiene el control sobre sus padres. Ocupemos nuestro lugar. El papá es papá; el hijo es hijo. No mandes tú, hijo, porque eso invierte el orden: el papá tiene que mandar, y el hijo tiene que obedecer.

Soy hijo de un pastor...
Veamos 1ª Timoteo 3:4-5. Aquí nos encontramos con hermanos que tienen un cargo en la iglesia, sea de diaconado, sea en el ministerio. Aquí una demanda para esos padres: "Que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad. (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)". ¡Esto tienes que saberlo! ¡Un hijo de un pastor tiene que madurar antes que los que no tienen al Señor! Va a llegar el día en que ustedes van a ser papás y mamás, y ustedes tienen que saber desde ya que tienen que saber gobernar bien a sus hijos, tenerlos en sujeción, porque si no, no van a poder servir bien al Señor. Veamos Tito 1:5: "Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía." ¡Qué honra para un padre es tener hijos creyentes! ¡Qué desgracia para un padre en la iglesia es tener hijos que estén acusados de disolución o de rebeldía! Un hijo disoluto es un hijo que no se sujeta a nada, que es dado a vicios, que anda suelto, que no respeta nada ni a nadie, y que avergüenza a sus padres.

Como hijo de pastor, tú tienes que saber esto: "¡Tú puedes hacer fracasar a tu papá!". Voy a ser más incisivo todavía. Supongamos que un cristiano tiene gracia del Señor y quiere servirle. Que tiene dones y tiene un ministerio. Y su hijita se le embaraza ... Hasta ahí llegó. ¡¿Cómo sirve, cómo predica, con qué respaldo?! Si no fue posible que cuidara a su propia hija, ¿cómo va a cuidar de la iglesia de Dios? ¡Queda descalificado! ¡Y se pierde un siervo de Dios! Tu padre y tu madre querrán servir en la iglesia. Ellos aman al Señor. Pero, por causa de la rebeldía de sus hijos ..., por tu desobediencia, por tu pecado, por tu culpa ... ¡Oh, que el Señor te libre de ser tropiezo para el servicio de tus padres! El Señor quiere librarte de eso. Si tú quieres escuchar la voz del Señor, querido joven, el Señor te dice: "Yo te quiero librar del mayor cargo de conciencia de tu vida. No hagas fracasar a tu padre. Porque si tu padre tiene hijos que están acusados de disolución o de rebeldía, si sus hijos no están sujetos, él no puede servir. No puede acompañar a los hermanos, no puede salir a la obra. No puede predicar el evangelio, no se pueden salvar otras almas a través de él. Y tú eres la piedra de tropiezo. Hermano joven, que el Señor te guarde.

¿Por qué mis padres no me dan más libertad?
Lucas 16:10 dice: "El que es fiel en lo poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto." Supón que tu padre te manda a hacer la cama y tú no la haces, él bien te podría decir: "Hijo, ¿cómo voy a confiar en ti, si te mando a hacer la cama y no la haces? ¿Cómo voy a confiar que, sin que yo te vea, tú vas a hacer lo que te digo? Vas a estar lejos de mí. Si te mando a hacer algo pequeño y no lo haces. ¿Voy a confiar en ti?" El que es fiel en lo poco, es fiel también en lo mucho. Si tú obedeces en lo poco, el papá va a tener confianza en forma progresiva para ir confiando más. En algo tan simple como hacer la cama u ordenar tu pieza o levantarte a la hora que se te pide, y cumplir con las tareas del colegio. Al ser fiel en lo poco vas ganando "puntaje." La libertad es un asunto que se va ganando con la madurez, con la responsabilidad con que se asumen los compromisos presentes. La edad es un factor importante a la hora de reclamar libertad, porque con la edad viene la madurez. Nadie puede exigir más Los jóvenes cristianos enfrentan los mismos dilemas que todos los jóvenes en el mundo. Ellos también dicen: "¿Por qué y para qué tengo que ir al colegio?". Algunos de ellos -los que quieren dedicarse a servir al Señor- cuestionan aún más seriamente este asunto. ¿Qué diremos ante tales cosas? ¿Nos apartaremos del mundo para no contaminarnos con él? ¿Dejaremos la escuela? Este y otros asuntos relacionados merecen nuestra atención.

¿Por qué tengo que ir al colegio?
Valor y miseria de la educación

Aunque los cristianos no somos del mundo, estamos en el mundo. La vida humana plantea ciertas demandas a todos los miembros de una sociedad. Y una de esas demandas es la educación. El colegio representa la cultura; más exactamente, representa el traspaso de la cultura de la generación anterior a la generación siguiente. Los jóvenes cristianos no pueden descuidar esta responsabilidad. El mundo en el que nos movemos es un mundo altamente tecnologizado; es un mundo donde la educación y las ciencias han alcanzado altos niveles. Es preciso que aún los hijos de Dios, y especialmente los que quieren servir a Cristo, echen mano de la educación como una herramienta necesaria. Es, por supuesto, imprescindible para efectos laborales. Y lo es más para la adquisición de ciertas destrezas básicas en el ámbito del razonamiento. El razonamiento humano tiene dos grandes áreas: el razonamiento verbal, o sea, el de la comunicación, y el razonamiento matemático, para el desarrollo de un pensamiento riguroso. Los jóvenes cristianos también tienen que alcanzar el dominio de las destrezas básicas, en cuanto al razonamiento verbal (comunicación), y en cuanto al razonamiento matemático. Nosotros tenemos que ver que, en esta época, si a una persona le van a entregar un mensaje de parte de Dios, y el predicador tiene algún problema más o menos grueso con el lenguaje, entonces la atención del oyente se centrará, no en el mensaje que está oyendo, sino en los errores que comete el predicador. Y eso desvirtúa la comunicación, y hace que se menosprecie el mensaje que se está entregando. Por eso, es preciso que ustedes, jóvenes cristianos, no menosprecien la escuela, porque ella desarrolla estas habilidades básicas. Esta es la mayor utilidad de la educación. Y en este sentido, nosotros tenemos necesidad de ella. Sin embargo, también diremos algunas cosas para quitarle el alto perfil -excesivo, en algunos casos-, que ella tiene, para que nadie se gloríe en lo que no conviene. De manera que, cuando nosotros preguntamos cuál es el valor que tiene la educación, tenemos que decir: el valor de la educación tiene que ver con el desarrollo del razonamiento (y con la parte laboral); pero también tenemos que decir que presenta algunos problemas.

Los problemas que suele traer la educación
La educación, o mejor dicho, cierto tipo de educación, y los excesos de ella, hacen que el hombre se sienta engreído, como dueño del mundo, y se olvide de Dios. En el siglo XVIII se pensaba que el hombre educado era capaz de responder a todas las preguntas, y que la educación era capaz de resolver todos los problemas del hombre. Aquella era la época que se conoce como "La Ilustración", o de la "Filosofía racionalista". Se pensó que la educación era la solución a todos los problemas. Sin embargo, después -siglo XIX y siglo XX- los hechos han demostrado que la educación no es la solución a los problemas más profundos del hombre. Cuando se alcanzó el mayor grado de desarrollo cultural, se produjeron dos guerras mundiales, con millones de muertos. El hombre no fue capaz de dominarse a sí mismo, de dominar su odio, su falta de criterio y de amor. Eso no lo ha podido solucionar con la mayor educación, hasta el día de hoy. En este mismo momento tenemos que, en los sectores más altamente desarrollados en materia de educación en el mundo, es donde abunda la mayor inmoralidad, la corrupción, maldad y depravación. Allí las gentes no quieren saber nada de Dios. La educación vuelve al hombre confiado en sí mismo, vanidoso y presumido. Si usted quiere conocer a algunos de los hombres más llenos de sí mismos y vanagloriosos, vaya a los

Centros de Estudios, a sus grandes lumbreras. Bajo un manto de humildad, y de amplitud de criterio, se suelen esconder los más fieros defensores de "su propia verdad". Sin embargo, ellos son muy pobres. Ellos están muy necesitados; ellos están en una terrible bancarrota espiritual. Cuando uno mira a un hombre altamente educado, uno se da cuenta que tiene en sí mismo una terrible contradicción. Es grande en un aspecto, pero es terriblemente pequeño en otro. Por lo tanto, la educación no debe deslumbrar a los jóvenes cristianos. No debe envanecerlos. Les hemos dicho a nuestros jóvenes hermanos: "Ustedes no tienen que esforzarse por llegar a ser los mejores doctores, los mejores ingenieros, los mejores profesores, los mejores enfermeros, porque para alcanzar eso tendrán que invertir toda su vida, y al final, llegarán a la conclusión, cuando sumen y resten, de que el resultado fue muy pobre." ¡Qué tristeza da al saber que muchos sabios en el mundo pasaron toda su vida estudiando una cosa menuda, tal vez una cierta especie de ave, de insecto, etc., y que para ello tuvieron que invertir toda su vida! Ellos hicieron de esa actividad el objeto de su vivir. ¿Valía la pena? Salvo algunas excepciones, casi nunca valió la pena. La vida humana tiene más altas metas y más nobles causas en qué invertirse. "El mundo, en su sabiduría, no conoció a Dios" - dice Pablo en 1ª Corintios. Fue necesario salvar al mundo con la locura de la predicación. Dice en 1ª Corintios 3:18-20: "Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. Y otra vez: El Señor conoce el pensamiento de los sabios, que son vanos." Los jóvenes creyentes suelen enfrentar una seria oposición en las Universidades. Allí el racionalismo en muy fuerte, y ellos pueden fácilmente verse envueltos en sus redes. Esto, especialmente cuando estudian teorías antropológicas, filosóficas, o sicológicas, en las cuales se quiere demostrar algo absolutamente contrario a la fe. ¿Creen ustedes que al Señor le costaría mucho enredar a los hombres en su sabiduría, (como dice: "Él prende a los sabios en la astucia de ellos"), para que en su sabiduría se vuelvan necios, porque se han vuelto vanidosos, engreídos, para que no puedan tener acceso a los profundos misterios de Dios? Ellos confían ciegamente en sus capacidades intelectuales y se olvidan de Dios. Los grandes descubrimientos de Darwin, y otros, son grandes motivos de orgullo del hombre educado, del antropólogo, especialmente. Pero ¿saben? Ellos están enredados en su propia astucia. Ellos se basan en un fundamento inseguro, totalmente relativo e inestable. Un fundamento que es humano y no divino. De tal manera que nosotros no nos deslumbramos cuando los cálculos que hacen los científicos no coinciden exactamente con la Palabra de Dios. Algunos de nosotros hemos tenido la oportunidad de introducirnos un poco en este conocimiento; sin embargo, al salir de allí hemos salido tristes por la vanidad del hombre, pero a la vez fortalecidos, al comprobar que la verdadera sabiduría es la sabiduría que Dios le revela a los niños y a los pequeños. Y a los sabios y a los entendidos él los prende en su propia astucia, los enreda en sus razonamientos, de tal manera que ellos no pueden conocer a Dios. Así que, por un lado, estimados jóvenes, es necesario educarse, por causa de que la educación entrega ciertas destrezas, y permite alcanzar ciertas habilidades necesarias para el desenvolvimiento en la vida de este siglo; sin embargo, tengamos en cuenta que la sabiduría humana es necedad delante de Dios, y que un hombre que se gloría en la sabiduría humana nunca va a conocer verdaderamente a Dios. ¿Cuál es el valor que tiene la educación? Tiene un valor relativo; educarse es una necesidad, pero nosotros no hacemos de eso un motivo de gloriarnos ni de envanecernos. Antes bien,

declaramos que nuestra gloria y sabiduría es el Señor Jesucristo, "en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento". (Col.2:3).