Busco una palabra

Mario Bonilla

A todas las personas que me han servido de inspiración. A todas las personas que, al conocer el producto de mi inspiración, se sientan identificadas, o, por lo menos, conmovidas.

Mario Bonilla

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He aquí una recopilación de palabras que no siempre riman, ni tampoco logran siempre expresar lo que siento, pero que de alguna manera representan el final de una búsqueda. Busco palabras comunes, que al combinarlas con otras, produzcan impresiones duraderas. Busco palabras mágicas, que al pronunciarlas, causen espejismos. Busco una palabra que sea a la vez una idea, una ilusión, un recuerdo.

La búsqueda continúa.

Mario Bonilla © 2009

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En orden de aparición VERSOS Haiku Röntgen Plagio Nuestras Vidas Simple No me olvides Recuerdo aquellos días Debo ocultarme Todavía Qué fácil sería mentirte Creo que son once Sellemos este pacto Proyecto número uno Hoy quiero cantar Ha llegado la hora Van a hacerme falta Recuerdos Quiero escribir un verso Inextinguibles Cuando estás ausente I Cuando estás ausente II Cuando estás ausente III Cuando estás ausente IV No hace falta la luna (cuando estás ausente V) Cuando estás ausente VI
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Cuando estás ausente VII Me faltabas tú Sal Soledad Tantas veces El invierno fue implacable He detectado un aumento Las brasas de tu rastro Los medios A los niños Busco una palabra Mi última esperanza Psicología del verso No me Quites Tus Palabras Haiku Secular Haiku para un nuevo milenio Haiku Definitivo

PROSAS Espero con un corazón negro en el bolsillo. Dedicatoria. Días hipotéticos. La mesa del comedor. Soy tu pierna. Mimetismo experimental. El día que me dejes (noche de jueves de agosto). En tu cuarto hay un espejo. Se acabó el exilio. Noche de viernes. El anatomista. En tiempos de muerte. De siglos y milenios. Caminar bajo la lluvia. Solamente pienso en ti cuando es de noche.

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Haiku Röntgen*

Berta, tu mano vi huesuda, otoñal y transparente.

*

El ocho de noviembre de 1895, el profesor Wilhelm Conrad Röntgen, rector de la Universidad de Wurzburgo, hace un importante descubrimiento científico: una misteriosa emanación capaz de mostrar las partes invisibles de la mano, como sus huesos, a la vez que no deja ver las que se observan a simple vista, como la piel. Convencido que al revelar este fenómeno podía ser considerado como un loco, concentró todos sus esfuerzos en confirmar la presencia de estos rayos, a los que llamó X, por su naturaleza desconocida. No descansó hasta obtener la prueba definitiva: un registro fotográfico de la mano de su esposa Anna Bertha. Aunque hacer la primera radiografía jamás tomada de una persona le significó al profesor Röntgen la evidencia de que no estaba alucinando, la visión de sus propios huesos fue para su esposa una aterradora experiencia, casi una premonición de la muerte. El 10 de diciembre de 1901, se organizó la primera ceremonia de entrega de los premios instituidos por el científico y filántropo Alfred Bernhard Nobel, como reconocimiento a la «mayor contribución en beneficio de la humanidad» en diferentes áreas. Por su descubrimiento, Wilhelm Conrad Röntgen fue galardonado con el primer premio Nobel de Física, el cual recibió de manos del Príncipe de la Corona de Suecia, en el Gran Salón de la Academia de Música, en Estocolmo.
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PLAGIO Yo no sé por qué los poetas se entusiasman con cosas tan pequeñas como un pétalo o peor aún una minúscula gota del tamaño de una lágrima lágrima, al fin, hecha neblina. Tampoco imagino cómo de un blanco y lejano satélite sale tanta inspiración ni cómo se hace para usar palabras tan gastadas como flor, noche y estrella o boca, piel y seda sin sonar redundante no sé nada de esto no siento nada al ver un amanecer las sonrisas me resbalan no me erizan las miradas y a la luna la prefiero nueva no entiendo nada de esto yo sólo copio frases muy trilladas plagio a los sensibles a los tristes y acongojados a los enamorados a los que no duermen plagio a los poetas cuando te sueño plagio a los ausentes cuando te escribo pues yo de este oficio no entiendo nada.
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NUESTRAS VIDAS Tus ojos y los míos se pierden entre sueños se bañan en las lágrimas de nuestras ilusiones nuestros labios se pierden entre versos y canciones y callan cuando son necesarias las palabras tus penas y las mías nos confunden pero nos consuelan cuando las compartimos tus manos y las mías se entrelazan, se acarician y nos llenan de alegría cuando trabajan juntas nuestras vidas se contemplan desde lejos y se preguntan si podrían ser una sola.

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SIMPLE Invencible como un río que se abre paso entre las rocas. frágil como la espuma de las olas que tapiza la arena de las playas blancas como una mariposa que con sus alas cubre de destellos todos los jardines como un águila sobre el horizonte Inalcanzable. Increíble como una flor que aún marchita conserva su perfume. Simple como la mirada de un niño como el rocío que cubre los pétalos como saber que yo te quiero

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NO ME OLVIDES Justo antes de entrar a clase dibujé en su cuaderno una carita que no me salió feliz sino asustada. -Para que no me olvidescontesté a su mirada. Entonces tomó mi lápiz y trazó en mi cuaderno siete perfectas bolitas formando un círculo. Del centro bajó una raya le agregó hojas, algo de césped. Esta flor - me dijo se LLAMA nomeolvides Lo que no me acuerdo es de que se habló en esa clase.

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RECUERDO AQUELLOS DÍAS Recuerdo aquellos días en que nos mirábamos y sonreíamos. Recuerdo que alguna vez quise tenerte entre mis brazos Recuerdo haber soñado con tus besos. Tal vez no pueda olvidarte olvidar tus sonrisas tus miradas tu forma tan especial de hacerme sufrir. Recuerdo aquellos días en que nos mirábamos Hoy me he dado cuenta que siempre has estado lejos.

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DEBO OCULTARME Debo ocultarme entre rosas y orquídeas para conservar, aunque distantes mis esperanzas. Debo ocultarme entre versos y perfumes para mantenerme, como siempre fuera de sitio Me he ocultado en la melancolía para no perderte para no olvidarte para tenerte, aunque sólo en sueños, junto a mí. seguiré oculto con tu recuerdo y llevaré conmigo tus penas, tus triunfos y los momentos que pasamos juntos. me hallarás oculto en mis sentimientos en cualquier momento o quizás muy tarde como el recuerdo de aquel que te amó y te amará siempre

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TODAVÍA ...llevo tu mirada en mi pensamiento guardo tu sonrisa con mis alegrías... todavía te llevo conmigo todavía llevo en mi mente tu recuerdo llevo tus sonrisas con mis alegrías guardo tus tristezas con mis pensamientos todavía paso las noches soñando contigo todavía te quiero conmigo quiero tus sonrisas con mis alegrías quiero tus tristezas junto con las mías todavía y para siempre llevaré tu corazón al lado del mío

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QUE FÁCIL SERIA MENTIRTE Sería fácil decirte lo mucho que te quiero si por ti nada sintiera sería fácil mentirte si no te llevara conmigo si no me gustara estar contigo sería fácil decirte cuánto te quiero si no deseara estar junto a ti si no temiera que tú por mí nada sientas si no deseara que tú también... Si no me gustaras qué fácil sería decirte: «te quiero.»

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CREO QUE SON ONCE Esa mañana llegamos temprano al colegio y pudimos jugar mientras comenzaba el día. Con sus manos se tapó la cara y mirándome por entre sus dedos preguntó cuántas pecas tenía en la nariz dije creo que son once aunque sabía perfectamente que eran seis a la derecha y cinco diminutas a la izquierda en mi turno pregunté cuántos años cumples mañana dijo creo que son once aunque sabía perfectamente que eran menos de una docena y uno más que yo.

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SELLEMOS ESTE PACTO Tenemos un pacto: seremos el mejor amigo que tendrá cada cual y podrás acercarte a mí y cada día tendrás cuanto quieras de mí en cualquier momento y podré acercarme a ti y cada día debo amarte un poco menos y quererte mucho más Ahora que sabemos lo que tiene cada uno ahora que entendemos lo que quiere cada uno sellemos este pacto sólo tienes que quererme y contar conmigo para siempre. y yo haré lo mismo.

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PROYECTO NÚMERO UNO Tenía planeadas mil formas de decirlo inventé las razones sin necesitarlas había estudiado todas las respuestas acumulé el valor para soportar rechazos Encontré el momento - no pude hacerlo: No existe estrategia ni plan o proyecto para decirte cuánto te quiero.

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HOY QUIERO CANTAR Hoy quiero cantar los versos más hermosos y llenar de sonrisas todos tus días quiero revivir ese momento en que tendiste tu mano para ser mi amiga quiero invitarte a soñar conmigo caminar nuevamente por aquellos senderos que conocimos juntos porque solo no puedo hacer más grande esa amistad que hemos construido. Hoy quiero cantar los versos más hermosos decirle al mundo: «tengo una amiga» y saber que cuando te vayas me llevarás contigo como se lleva un recuerdo una canción un amigo.

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HA LLEGADO LA HORA Ha llegado la hora predecible y temida de dejarte. porque ahora que sabes cuánto te ofrezco ha llegado el momento - ese terrible para que decidas si prefieres andar por viejos senderos y repetir los mismos tropiezos o conocer conmigo un nuevo camino escoger no moverte o avanzar sin compañía. ahora que sabes cuánto te ofrezco ha llegado el momento de dejarte. volveré cuando sospeche que has elegido la soledad.

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VAN A HACERME FALTA Van a hacerme falta las noches contigo esas largas noches de jugar con tu pelo y con palabras de ocultar deseos y compartir silencios. Van a hacerme falta esas noches contigo aquellas primeras e inolvidables las de dejar en el alma huellas permanentes de invencible amistad. llegarán momentos de recuerdos implacables interminables instantes de añorar tus besos de extrañar tus ojos y callar angustias En esos momentos llenos de vacíos voy a extrañar acariciar tus manos con fingida indiferencia compartir desdichas y repartir sarcasmos.

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RECUERDOS Hay un lugar en mi memoria para cada fracción de instante que vivimos tan intensamente para cada caricia tuya y cada beso para todas tus sonrisas y para cada una de tus miradas. Tengo mil recuerdos en mí de mil momentos increíbles de cautelosos movimientos y sentimientos invencibles de cuando tuvimos todo el tiempo y el espacio solamente para nosotros. No han pasado en vano ninguno de aquellos momentos ni todas esas horas juntos pues gracias a ellos mantengo la esperanza de vivirlos nuevamente y compartir muchos más.

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QUIERO ESCRIBIR UN VERSO quiero escribir un verso o cuando menos dejar constancia escrita de cuánto me trastorna tu mirada tu sonrisa tu presencia. tengo elementos de sobra para hacer poesía: están tus ojos, las caricias y tu piel junto a la mía. también tengo tus manos, los besos robados y los que me regalaste y cuento con la ayuda de alguna que otra estrella. pero al mezclar palabras y sentimientos no logro buenos versos y apenas si obtengo una vaga descripción escrita de una sensación tan clara. y si decido en cambio decirte cuánto te quiero sólo soy capaz de balbucear silencios.

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te pido entonces que cuando escuches mis silencios crueles y cuando leas mis intentos vanos entiendas que entre las líneas de mis callados versos y tras el tono de mi insegura voz se encuentra siempre un franco «te quiero tanto !»

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INEXTINGUIBLES llegaste tan de repente tan a tiempo traías contigo las mariposas que vuelan por dentro las que aún siento cuando te siento respirando conmigo abrazando conmigo el escaso tiempo que nos han dado anhelando conmigo que la luz de las velas fuera realmente inextinguible te fuiste tan de repente pero dejaste las mariposas que aún siento cuando te siento entre las velas que enciendo anhelando que su luz y nuestro amor sean realmente inextinguibles.

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CUANDO ESTÁS AUSENTE I En noches como ésta cuando miro al cielo prefiero no encontrar la luna ni hallar estrellas pues es ésta y son ellas las que me recuerdan tu mirada tu sonrisa y aquellas otras noches en que nos amamos y al verlas tan lejanas prefiero la densa nube a la noche clara para que no duela tanto mirar arriba y mirar atrás sin encontrarte por otra parte en noches como ésta cuando estás ausente si miro al cielo quisiera verte en cada estrella sentirte al mirar la luna y poder decirte que me haces falta

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CUANDO ESTÁS AUSENTE II mis labios te buscan en la oscuridad mis manos te acarician sin sentirte mi cuerpo reclama temblando al tuyo tan ausente mi cama protesta al descubrirme sin ti mi locura por tu ausencia me hace verte y puedo soñar que sigues siendo mía también puedo hablarte y explicarte cuán largas son las noches cuando estás ausente. en mi tristeza por tu ausencia logré alucinarte y hasta puedo amarte sin sentir tu cuerpo.

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CUANDO ESTÁS AUSENTE III Te aluciné olvidándome y en mi locura por tu ausencia justifiqué tu odio escuché tu voz diciendo nunca vuelvas, ya no quiero verte. Desperté dudando que todo fuera un sueño. Busqué tu cuerpo y al no encontrarlo confirmé llorando que me habías dejado. Te aluciné volviendo y en la locura de tu ausencia encontré tu cuerpo lo recorrí sudando escuché tu voz diciendo amante, te espero siempre. desperté temblando de un terrible sueño y aunque ausente te besé en la frente y te seguí amando.

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CUANDO ESTÁS AUSENTE IV Cuando estás ausente y no puedo verte cierro mis ojos para recordarte lloro y me desnudo para identificar tus partes en mi cuerpo y saborear tus lágrimas en mi delirio busco en el ambiente los detalles para acercarte encuentro tu retrato una trompeta y un violín azul celeste miro nuevamente la imaginación me ayuda: que cada atardecer carezca de color y que cada nuevo día sea igual al anterior para que al volver a verte todo parezca un sueño para que al encontrarte pueda volver a amarte y que todo sea sólo un largo día sin ti.

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NO HACE FALTA LA LUNA (CUANDO ESTÁS AUSENTE V) para pensar en ti no hacen falta la luna ni sus reflejos de plata sobre las indecisas olas del mar que nos separa para recordarte me sobran las estrellas y no parecen necesarias las largas caminatas por inmensas playas para amarte no importa que el sol no caliente ni que se acaben las playas sólo hace falta saber que existes para sentirte cuando estás ausente no hace falta detener el tiempo basta con mirarte en mis propios ojos y tener presente que somos uno solo.

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CUANDO ESTÁS AUSENTE VI en las noches sin ti las horas duran más y trato de acortarlas soñando con tus besos inventando largas alas para volar hasta ti en las noches sin ti la lucha es intensa el tiempo se hace denso la distancia inmensa y avanzo lentamente hasta el amanecer en los días sin ti hacen falta minutos para disfrutar el sueño de verte en las nubes y de vernos juntos construyendo nidos soñando con tus besos terminaré venciendo a las largas noches en que estás ausente y a los cortos días en que creo verte.

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CUANDO ESTAS AUSENTE VII Porque ahora tocar tu cuerpo respirar tu aliento y besar tu pecho ya no es un sueño porque al volver puedo vivirte en verso y abrazarte sin tener que inventarte a mi lado porque te encuentro amante adorable y azul celeste porque cuando estás ausente no me bastan los sueños para verte porque ya no hace falta la luna para amarte no volveré a dejarte.

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ME FALTABAS TU yo que pensaba que fácil era palabra común cuando de amor se hablaba pero llegaste tú para enseñarme que fácil y amor no siempre riman y que incluso a veces cuando se acercan pueden producir dolor pero llegaste tú y me enseñaste a enamorarme y me llevaste a caminar por donde yo soñaba y conocimos juntos el dolor de amar y descubrimos juntos que fácil puede ser una común palabra cuando de amor se habla y logramos ver cómo fácil y amor pueden producir calor

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y que incluso a veces al acercarse producen intensa luz yo que pensaba que ya había visto toda la luz me faltabas tú

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SAL Anoche soñé que sentado en tus mejillas contemplaba el azul de tus ojos de cielo y mientras buscaba nubes para inventar siluetas brotó un manantial de tristeza líquida que me arrastró furibundo hasta tus labios. Entonces creíste que a tu vida le doy sabor a lágrima.

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SOLEDAD eres grande pero cabes en mí eres luz y penumbra eres cálida y fría y sin embargo me gusta tu abrigo tu compañía tu forma de jugar conmigo eres espejo reflejo y caleidoscopio a la vez me transportas como a uno de tus cristales y me das tus sueños sin final para terminarlos mientras me duermo eres fiel cruel y sin embargo eres mi amiga, Soledad.

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TANTAS VECES Tantas veces lo he visto al mirarla que ya adivino en sus ojos el brillo que le causa sólo imaginarla Tantas veces lo he visto estudiarla que he visto en sus ojos al verla el secreto deseo de abrazarla Varias veces lo he visto al mirarla y lo he sorprendido soñando que ella quisiera mirarlo y al verla jugar con su pelo ha querido sentir en sus manos las de ella rozando su cuello tantas veces sentado con ella lo he visto mirando sus labios - secreto deseo de besarlos tantas veces lo he visto al mirarla que al ponerme en su sitio y mirarte he sentido lo mismo que él

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EL INVIERNO FUE IMPLACABLE Aunque vivo en esta franja de planeta en donde no existen estaciones se que descubrí la primavera en su aroma de flores la suave caricia del sol en su pelo Me entregó el ardor del verano con su mirada azul y su sonrisa despejada una estación de días hermosos cuerpos amantes y sudorosos como era de esperarse hubo también días de lluvia y nubes de melancolía en el otoño sus ojos eran grises su mirada triste y lejana por fin llegó la estación fría que me heló médula y alma - el invierno fue implacable pues descubrí que a ella ya no le gustan mis versos

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HE DETECTADO UN AUMENTO He detectado un aumento en el brillo de tus ojos y sé que es mucho más alegre la sonrisa que hoy llevas He notado que el sol siempre te acompaña y que cuando te alejas te llevas su calor He detectado un aumento en la distancia entre los dos pero aún siento a mi lado el calor que ya me has dado He detectado un aumento en el brillo de tus ojos pero no quiero que en estos versos escuches tristes lamentos tan sólo intento decirte que el nuevo brillo en tu mirar y tu sonrisa más alegre aún dan a mi alma calor.

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LAS BRASAS DE TU RASTRO En la intangible inmensidad de la tristeza la soledad se mide con palabras. Para poder cantarle a la tristeza habría que llorar con lágrimas de sangre. Tendría que escribir un largo verso después de cada noche de tormenta. Tendría que hablar con voz de trueno para ensordecer al mundo con mi grito. Tendría que tener la fuerza del relámpago para iluminar en un segundo mil caminos. Tendría que romper muchos espejos para espantar todos tus fantasmas. Tendría que quemar tantas de tus cartas para incendiar todos tus recuerdos. Tendría que pisar descalzo las brasas de tu rastro y asfixiarme en el perfume de tu humo. Tendría que olvidarte a mi lado para volver a caminar sin sentir miedo. En la impalpable dimensión de la tristeza Habría que dar los pasos con palabras.

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LOS MEDIOS Me he enterado por los medios que es posible ahora escribirle a los violentos para decirles no más para pedirles la paz ese intangible que se mide en presos que se pesa en muertos que se cuenta con lágrimas de revólver tantas balas perdidas cuántas vidas perdidas tantas voces calladas cuántos nombres perdidos Por supuesto los medios quieren ser protagonistas en esta nueva cruzada quizá para compensarnos por tanta mirada cómplice disfrazada de primicia por tanta pregunta estúpida disfrazada de noticia ¿reconoce este cuerpo, madre? ¿le trataron bien, secuestrado? ¿cómo se siente? al ser liberado o al saber a su hijo muerto, señora cual si fueran medios se justifican los fines cual si fueran fines se justifican los medios

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me he enterado por los medios el efecto de los gritos sobre los sordos la reacción de los ciegos a las ráfagas de luz el resultado de escribirle a los analfabetas o el de entregarle palomas a los buitres cuántas cartas escritas tantas letras perdidas cuántos medios perdidos en tantos charcos de sangre.

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A LOS NIÑOS A mis hijos quisiera hablarles de gigantes y enseñarles a descubrir sus huellas en las rocas. Quisiera sorprenderlos con dinosaurios inextinguibles y mostrarles la magia en el vuelo de las gaviotas. Quisiera también contarles historias de valientes y de cómo hay algunos que llaman héroes a los que logran la primera sonrisa de los niños A los niños quisiera enseñarles a encontrar las más brillantes estrellas y contarles las leyendas de los seres que recorren los cielos. Quisiera inventarles historias de grandes felinos y de bosques encantados y contarles de una misma pluma que sirve al ave para adornar su cortejo y al guerrero para anunciar la batalla.

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También les contaría que no hay tristeza en cada lágrima y que no es alegre cada sonrisa. A los hijos que no tengo quisiera enseñarles a decir mi nombre.

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BUSCO UNA PALABRA Busco una palabra que aún no haya sido escrita que no se encuentre entre páginas clásicas que no esté tallada en la corteza de un árbol ni en la banca del parque. Que no aparezca traviesa en una hoja de cuaderno. Busco una palabra que defina al calor que evoque alegría y me recuerde tu sonrisa. Una palabra parecida a la ternura que tenga el color de la miel y el mismo brillo de tus ojos una palabra con la que un poeta nombraría a una estrella una palabra tan fuerte como un abrazo nuestro sólo hay una palabra dulce como una canción sólo una que cuando pronuncio me llena de emoción esa palabra eres tú.

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MI ÚLTIMA ESPERANZA si lograra dibujar tu sonrisa matinal tu retrato sería una noche estrellada si pudiera retener la fiebre que en tu cuerpo con cada abrazo siento -el incendio que inicio con cada besoel invierno sería como el fresco delirio de un suspiro tuyo si pudiera describir lo que al tocarte siento mis palabras serían una audaz sinfonía si tan sólo quedara un brillo en la distancia -una última esperanzaesa luz serías tú.

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PSICOLOGÍA DEL VERSO Le oí decir a una psicóloga que los niños no pueden hacer poesía que no saben de métrica no tienen síntesis ni ritmo ni versos pero he visto a mi hija caminar en verso mover sus manitas con rima perfecta y mirarme con métrica de soneto clásico cuando me habla su voz es un canto ella inventa odas y domina el haiku pero si me llama no sólo me conmueve me sacude y sintetiza sino que confirma mi psicología del verso: mi hija es un poema.

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No me quites tus palabras No me quites tus palabras, dijo la musa al bardo no me quites tus palabras no me dejes en silencio mi silencio es una búsqueda no me abandones a la noche busca palabras para mí busco estrellas distantes no me dejes sin palabras palabras brillantes busco metáforas, mi musa metáforas de ti no hables por hablar noches estrelladas palabras aladas sílabas volátiles no me quites tus palabras mis palabras son tuyas no me rompas a pedazos mis diptongos indisolubles no me dejes a oscuras busco una luciérnaga legible no me lleves a tus cavernas un escarabajo palíndromo no me dejes en tus túneles que acaricie mi lengua quiero tus palabras, un eco tuyo que zumbe en tus oídos quiero simplemente que recites ágiles cánticos melodías infinitas odas milenarias no me quites tus palabras no me cubras con la noche no me dejes sin palabras dame tus palabras musa mía toma mis palabras mi bardo viaja a través de los reflejos refleja con ellas tus metáforas escribe estrellas volátiles sílabas aladas palíndromos luminosos diptongos cosquillosos noches indisolubles rompe con ellas el silencio canta con ellas en la noche
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Haiku Secular

Viejo milenio siglo que agoniza acábate ya.

Haiku para el nuevo milenio Hoy me despierto en una nueva era ¡cuánto por hacer!

Haiku definitivo después del final quedan sólo recuerdos y ganas de más.

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Espero con un corazón negro en el bolsillo

Hace mucho frío. Voy caminando por una calle oscura. Voy hacia la casa de un amigo. El sol se oculta tras los rascacielos. Las palomas se van hacia sus nidos en lo alto de unos edificios. El viento lleva consigo desde las más pequeñas partículas de contaminación hasta grandes hojas de árboles, papeles, cáscaras y basura en general. Una pequeña hoja de papel llega hasta mis pies. Está pintada de rojo con un corazón negro en el centro. La recojo, la doblo y la guardo en mi bolsillo. Cruzo a la izquierda. Al fondo del callejón está la casa de mi amigo. Paso a paso me acerco a ella y la veo con más claridad. «Soy yo, ábreme», contesto a la pregunta de «¿Quién es?» Entro. Lo primero que veo, justo en frente de mí, allí está, es el mismo, idéntico, sí. El mismo dibujo que el viento trajo hasta mis pies, el mismo que ahora yace en mi bolsillo está allí, enmarcado en una pared de la casa de mi amigo. Al salir, ya es de noche. Está muy oscuro. Doy uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once doce, trece, catorce, quince... Un hombre sale de no sé dónde, se sitúa frente a mí. Me clava un puñal. Caigo al suelo. Antes de cerrar los ojos pienso cuán lejos están de aquí. Sí, muy lejos. Papá y mamá están muy lejos. Y yo, aquí, mientras tanto, a quince pasos de la casa de mi amigo, esperándolos, con un corazón negro en el bolsillo.

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Dedicatoria

«Palpamos un redondel, vemos un montoncito de luz color de madrugada, un cosquilleo nos alegra la boca, y mentimos que esas tres cosas heterogéneas son una sola y que se llama naranja.» -Jorge Luis Borges, en Palabrería para Versos. Caminaba entre los pasillos de una librería, cuando me topé con una colección de ensayos que, treinta y cinco años después de ser escritos, eran considerados como hijos ilegítimos por su autor. Me enteré entonces que Borges llegó a negar públicamente la existencia de El Tamaño de Mi Esperanza, libro en el que encontré deliciosos y cítricos juegos de palabras. Como estaba frente a la sección de diccionarios, pensé en palabras con las que me gusta jugar, y recordé noche, seda, arco, miel y piel. Tras acariciar tu pelo y recorrer mentalmente tu cara, pensé en pétalos y perlas, y en cómo inicias incendios con tus besos y sonrisas. Pensé en el tamaño de mi esperanza, pequeña, cual instrumento de escribano, que se acomoda a mi mano diestra, pero a la vez tan grande que puedo entrar en ella. Desperté de esta divagación sosteniendo un grueso volumen en mi mano, y encontré que mi dedo índice señalaba la definición de tu nombre. esperanza. Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.

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Días Hipotéticos «Así empezó nuestro amor. Es decir, el de ella y el mío. Empezó cuando yo empecé a temer que no regresara al día siguiente.» -Alfredo Bryce Echenique, en «El Hombre Que Hablaba De Octavia De Cádiz».

Siempre he querido escribir algo titulado «tardes hipotéticas sin ella.» Pero no debo decir «siempre he querido,» pues, aunque a veces lo parece, no la conozco desde siempre, ni desde ese entonces me hace tanta falta como para escribirle algo titulado así. Y si aquí se insinúa que me hace «tanta falta», es porque tal vez ya no está conmigo, y, por lo tanto, esas tardes dejarían de ser hipotéticas. Su ausencia comenzó hace tanto, que por ahora debe bastar con «su

ausencia» para entender aquello de «tanta falta» -la que me hace-. Talvez fue desde aquel día cuando, entre inminentes bofetadas, parecía que yo nunca más la iba a ver, o lo que es peor -pero mejor dicho-, que ella ya nunca más me iba a mirar. Aquí me refiero al momento en que comencé a sentir ganas de escribir algo titulado «tardes hipotéticas sin ella», y no al momento en que comenzó su ausencia, aunque a veces me parece que esos momentos tienden a coincidir. Aquí debo aclarar que, hasta la fecha, no he entendido porqué, teniendo ella tantas ganas de hacerlo, y yo mereciéndolo tanto, no pasaron de inminentes las hipotéticas bofetadas, pero baste con saber que me sentí completamente abofeteado aquella tarde. También es prudente aclarar que para ese entonces ya había comenzado «su ausencia» y se comenzaba a notar la ya mencionada «tanta falta» que me hacía. Pero ella no podía creerlo, porque yo parecía tan insensible y a veces tan desesperantemente inmutable, que ella no podía siempre creer que realmente me hacía falta. Y yo no siempre pude creer que ella muchas veces pareciera no sentirse tan ausente.
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En muchos otros momentos me han dado ganas de escribir acerca de hipotéticas tardes sin ella y hasta de hipotéticas tardes y noches enteras sin ella, pero el día en que he sufrido la mayor intensidad de ganas -usando las mismas unidades con que se miden la rabia y la tristeza- de escribir acerca de hipótesis y ausencias fue aquella TARDE DE LAPSUS ¿Qué la llevó a llamar «nuestro» lo más suyo y tan completamente suyo? Aquí debo aclarar que inicialmente sonó hermoso aquel «vamos a nuestro apartamento.» Lapsus genial, reconfortante, pegajoso y fortificador de pactos y alianzas. Pero al llegar allá, a lo que el burlón sub-?-consciente llamó «nuestro», queriendo decir «mi» -su-, casi desde el mismo instante en que crucé su -«¿nuestra?»- puerta, sentí que todo lo que me rodeaba era completamente suyo y en absoluto mío. Lapsus histórico, lapsus cruel y abofeteador. La cama de las Américas, destendida, lejana y por ese día convertida en la cama de la Antártida. La lámpara de mil colores, por ese día pálidos y todos tan parecidos al gris. El escritorio gigante, esa tarde más grande que nunca y más lleno de cajones cerrados, llenos de ella y sólo para ella. Sus libros tan llenos de sus recuerdos. Su teléfono, distante, indiscreto y tan lleno de voces sólo para ella; la manzana con dueño que no debía yo morder y tantas y tan crueles evidencias de dueños mucho más dueños de todo aquello que yo, quien con mi mano completamente suya en la suya tan completamente suya observaba, mientras tomaba en su taza de su té, y escuchaba, mientras lloraba por dentro, lo único que parecía no serme ajeno: la lluvia que me esperaba AFUERA. Aquí debo aclarar que, hasta la fecha, no he entendido por qué, sin tener ella ganas de hacerlo, y yo sin merecerlo, pasaron de inminentes las bofetadas que nunca me dió, pero baste con saber que me sentí completamente torpe aquella tarde. Mis días hipotéticos sin ella habían comenzado hacía tanto...
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La Mesa del Comedor Porque esa mañana, como todas las otras mañanas, había escuchado en la radio, esa negra y grande radio que cuando joven le había regalado su abuelo un día, sin motivo, porque hay regalos que no necesitan de un motivo para hacerse. Ese aparato que estaba sobre su mesa de noche, junto a la cama, y que permanecía encendido gran parte del día y de la noche dejando escapar melodías, disparates, novelas y noticias, noticias como la que escuchó esa mañana, y todas las otras mañanas, de gente que moría sin motivo, porque hay muertes que no necesitan de un motivo para suceder, como la muerte de su abuelo, aquél que le regaló la radio donde escuchó la noticia que le hizo ir a ese gran almacén a la vuelta de la calle, ese grande y nuevo almacén donde se conseguía de todo, incluso esas armas que se ven en las películas y que usa la gente para matarse sin motivo, un arma como la que compró esa mañana luego de oír la radio y que usó para dispararla sobre la mesa del comedor. Aquella grande y reluciente mesa cuyo florero central se cayó y se rompió en mil pedazos, aquella tarde cuando jugaba con su hermano, después de oír en la radio del abuelo una de sus favoritas novelas de aventuras, en la que el galán huye fabulosamente de las balas de sus enemigos corriendo veloz y ágil entre los árboles del bosque, árboles que se convirtieron en las sillas del comedor, una de cuyas raíces hizo tropezar al galán en su fantástica huída, cayendo estrepitosamente, no sin antes golpearse contra la mesa, exactamente en la mitad de la frente, donde quedó marcada para siempre aquella grande y reluciente mesa de comedor en forma de una pequeña cicatriz que ahora recibía un disparo sin motivo, porque hay disparos que no necesitan de un motivo para hacerse.
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Soy tu pierna -Soy la fuente de la vida-, exclamó el extremo inferior del torso, con cierto tono antipático, dentro de mí nacen las ilusiones y la esperanza. No los necesito. Los brazos replicaron que sin ellos no podría cargar sus ilusiones, las manos recalcaron su papel en las caricias, los pechos resaltaron su función recreativa y nutricional, el hígado señaló su control sobre el humor, el riñón habló de su función purificadora, el corazón mencionó su carácter vital. Los nervios sugirieron templanza, las tripas insinuaron prudencia, la pupila dio alguna luz al anotar que se movían. El cráneo, con moderación, tomó la vocería del grupo, e interrogó al pedestal que los cargaba. -¿Y tú, quién eres? ¿A dónde me llevas? -Soy tu pierna. Cada parte de ti es también parte de mí. Tú me nutres, me das tu humor y tus caricias. Me purificas, me das calor, eres mi carácter vital. Sin tu voz, me invade el tedio, sin tu peso, pierdo mi equilibrio y tropiezo. Sobre mí te apoyas, sobre mí te llevo. ¿A dónde quieres ir?

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Mimetismo experimental

Se coloca un camaleón en una caja cuyas seis paredes internas están formadas por espejos. Al principio, el reptil no sabrá qué hacer al encontrarse sin otro patrón que sí mismo para imitar. Se han descrito varios tipos de respuesta ante el reto de enfrentar al espejo a quien se mantiene ocultándose:

1) Camaleón Evasivo Opta por convertirse en tortuga. Al abrir la caja se le encontrará retraído dentro de su caparazón y sin intenciones de asomarse. Confirma la teoría de la transmutación de las especies.

2) Camaleón Invisible Para pasar desapercibido se hace transparente. Al abrir la caja, ésta parecerá vacía. Algunos de los más hábiles lograrán parecer parte del reflejo de la cara del investigador sorprendido, fenómeno que no deja de ser interesante.

3) Camaleón Indiferente Se niega a resolver el misterio de verse rodeado de reflejos infinitos. Cierra los ojos y espera pacientemente a que la caja sea abierta y a ser expuesto a un ambiente más fácil de imitar. Se le encontrará dormido.

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4) Camaleón Evasivo Tipo II Es aquel que no sólo cierra los ojos, sino que además aguanta la respiración. Convencido de estarlo logrando, el animal cree ver cómo progresivamente su reflejo desaparece, sin darse cuenta que en el intento se consume lentamente junto con él. Se le encontrará tieso pero con cara de satisfacción. Se le conoce también como el camaleón suicida.

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El día que me dejes (noche de jueves de agosto)

Creo que el día que me dejes, tú también me dirás que quieres que yo sepa que fuiste muy feliz conmigo. Creo que ese día recordaré, sin decírtelo, que fuiste tú quien me advirtió que yo algún día encontraría alguna razón para dejar de quererte, pero ese día serás tú la que se llena de razones para dejarme. Me dirás también que ya encontraré a alguien especial que sabrá darme toda la felicidad que me merezco. Pensaré entonces que yo no quiero oír esas estupideces; te diré entonces que no me digas esas cosas. Te sentarás en el sofá y llorarás mientras yo voy al cuarto a recoger mi ropa y otras cosas. Secarás tus lágrimas cuando yo cierre mis maletas. Entonces seré yo quien tendrá que sentarse al borde de la cama, y taparé mi cara para intentar en vano ahogar mis sollozos. Finalmente, ese día saldré, y al cerrar la puerta, sabré que tú también sentirás un gran alivio, y quedarás convencida de haber hecho lo mejor. Y yo me iré convencido de haber sido nuevamente incapaz de llenar las expectativas que de mí se tienen.

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En tu cuarto hay un espejo En tu cuarto hay un espejo. En él se reflejan las cosas que me gustan. El retrato de un reflejo, una laguna que le sirve de espejo a la noche y a la luna. Debajo, un bosquejo de cuerpos danzando. Una lámpara de tenue luz amarilla los ilumina, les agrega movimiento en forma de sombras. Una ventana, una puerta, una terraza en donde se respira aire fresco -mas no puro-, renovado por vientos metropolitanos. En tu cuarto hay un espejo. En él se reflejan las cosas que me fascinan. Tu sonrisa, la ropa en el piso, la taza de café aún caliente. Un tríptico de cuerpos violentos y ensangrentados, una cama de pino crujiente, en donde los cuerpos respiran húmedos y renovados, bajo la mirada cómplice de Frida. En tu cuarto hay un espejo. En él se reflejan las cosas que detesto. La cama arreglada, vacía de ti. Mis ojos melancólicos, reflejo de viejos temores. Mi falta de visión. En el reflejo de un cuarto sin ti, rondan los fantasmas de mi soledad. En tu cuarto hay un espejo, roto en una esquina. En él los reflejos se hacen dobles. El reflejo fracturado de Frida, casi cubista, me hace un guiño. Allí sólo se duplican las cosas que me gustan y las que me fascinan.

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Se acabó el exilio -Mañana regresamos-, dijo con lágrimas a su amada. -Vamos de nuevo a la patria, a la tierra que nos vio nacer. Se acabó el exilio. Esta noche nos quedamos en el puerto, y te enseño todas las estrellas que no veremos desde nuestro hemisferio. La última noche en esa tierra extraña estuvo despejada y sin luna. El mar era un ondulante reflejo índigo profundo, salpicado de las estrellas que quiso enseñarle, como si alguna vez fuera realmente necesario encontrar el norte buscando a la constelación de la Osa Mayor, o siguiendo a Pegaso y a Cassiopea. Le narró la historia de la hermosa princesa etíope cuya vanidad fue castigada por los dioses al obligarla a sentarse eternamente en una incómoda silla. También le mostró el dragón celeste que amenazaba con devorar a la bella Andrómeda, y le contó acerca de los demás héroes del firmamento. Con una botella de vino acompañó el mitológico recorrido de las distantes luciérnagas

zodiacales. Inventó constelaciones y le describió a los más valientes aventureros, sus luchas contra descomunales monstruos y malévolos gigantes. Le dijo que la brisa arrastraría sus palabras hacia el mar, que las olas se llevarían esas historias sobre sus espumeantes crestas. -Tendríamos que ir a la playa en nuestro país, quizás volvamos a encontrar estas historias que hoy te invento. Con tu ayuda podría incluso escribirlas, ¿no crees? Alzó la botella y tomó una gran bocanada de vino. Dejó parte del trago en su boca, y saboreó su sutil amargura antes de besar a su amada. Aquella noche septentrional nunca llegó a ser negra. El inquieto espejo azul profundo se
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transformó lentamente en púrpura, y el cielo poco a poco adquirió la claridad suficiente para opacar las estrellas en su luz naranja. El último destello visible antes de la aparición del sol

fue el de la diosa Venus, ese lucero que con su brillo anunciaba la infalible llegada del cochero en llamas que cada día cruzaba el firmamento. Ahora el cielo parecía el reflejo del mar, y las nubes simulaban olas juguetonas que avanzaban hacia el nuevo día, quizás trayendo consigo historias narradas en la noche, desde lejanas playas. Muy cerca del puerto donde se encontraban, descubrió una gaviota monópoda descansando sobre un poste enterrado en la arena, rodeado de mar. En ese momento abrió los ojos y apoyó dudosa su otra pata. Cuando la última ola rompía en la base del poste, dio un pequeño salto que la dejó flotando en el vacío, como una enorme pluma a merced del viento. Emitió un chillido con el que confirmó el inicio de un nuevo día. El poste quedó rodeado sólo de playa, las indecisas olas ya no alcanzaban a abrazarlo. Contempló la botella que sostenía en su mano izquierda. En su envase verde, el siniestro líquido oscuro le recordó la sangre en la que recientemente se había bañado. Con los dientes arrancó el corcho y lo escupió en su mano. Tomó el último trago y de rodillas se inclinó hacia su amada. Le llenó su boca con un beso frío y salino, observó cómo un delgado hilo de vino recorrió su mejilla y se detuvo en el cuello blanco de su blusa. Le retiró el cabello dorado de la cara y colocó la botella vacía a su lado. Se inclinó de nuevo y le besó los ojos y la frente. La primera gaviota emitió un segundo chillido, que fue seguido de los graznidos de la segunda, tercera y demás gaviotas, luego opacados por los bramidos de los buques. El cielo dejó atrás su oscuridad y se llenó de blancas pinceladas de algodón, que todavía le recordaban las eternas
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olas marinas. Dos corpulentos marineros de brazos tatuados alzaron su equipaje, con la misma facilidad con que vio flotar a las aves. Al llegar a bordo, divisó a otra gaviota en el mismo poste, ahora abandonado por la marea. En su bolsillo, apretó el corcho cuando ésta dio un último salto al vacío. Desde los hombros de los cargueros, el ataúd flotó hasta cubierta. Justo antes de posarse en el suelo, pronunció su última frase en tierra extraña. -Tengan cuidado -suspiró-, es nuestro último viaje juntos.

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Noche de viernes

Quiero intentar contar una historia que podría pertenecer a alguna revista de historias inverosímiles, a una de situaciones comunes, o a ninguna, aunque no sé si pueda contarla como la siento: Hace algunos años, conocí a una mujer cuyas extraordinarias cualidades no reconocí en ese momento. Sin embargo, sí noté algo que me gustó mucho, que fue su sentido del humor. En ese momento tampoco noté que llevaba la noche por cabello, en la forma de un brillante velo de terciopelo negro, ni me di cuenta que sus manos eran grandes, ni mucho menos me imaginé que algún día iba a amarla. Por intermedio de alguna amiga común, logramos intercambiar algunas frases; un día le ayudé con una traducción aburridísima, otro día le dije que le prestaría una copia de un cuento triste escrito por Cristina Peri Rosi. Casi dos años después, le presté ese libro y otros más. El día que volví a verla me dio mucho gusto encontrármela, pero tampoco sospeché nada esa vez. Ella acababa de llegar de vacaciones de España, y yo de un viaje de estudios al que terminé llamando mi «exilio», por la soledad que viví, por las ganas que tenía de regresar. Con la fortuna de trabajar a sólo un piso de distancia, pude compartir con ella las frustraciones de regresar de un largo viaje con la sensación de haber perdido el tiempo. A ella le causaban gracia mis exageraciones; no podía aguantar la risa al ver no se qué gesto que, según ella, yo hacía cuando hablaba.
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Más libros fueron intercambiados, le presenté algunos de mis intentos por escribir -bajo seudónimo-, supe que le gustaba alguna de la misma música que a mí, y comencé a notar más y más detalles pequeños, como los lunares que contabilicé en su cara y en su cuello. Mientras la miraba, pensaba si realmente me gustaba. Aprendí de memoria la silueta de su nariz, me quedaba observando sus largos dedos, noté que su pelo era muy brillante. Mis visitas a su oficina se hacían más y más frecuentes. Me gustaba ir a hablar con ella, escucharla reír, oír de su optimismo, tomar de su café. Mientras bebía, miraba su cara, sabiendo que a cada sorbo ella haría una mueca con su nariz que a mí me agradaba. En esos días, sólo a mí no me parecía obvio cuánto me gustaba. Un día me regaló un papelito con una frase de Eduardo Galeano, que aún guardo en mi billetera -«...y quien se acerca...se enciende.» Una mañana de sábado de marzo, mientras iba camino a la lavandería, me crucé con ella en la calle. Ambos nos alegramos mucho de vernos, quizá con más emoción de la que habríamos podido anticipar, tratándose de una simple coincidencia como ésa. Nunca antes nos habíamos encontrado fuera del trabajo, y yo no la había visto antes sin su uniforme blanco. También era la primera vez que la veía con su pelo suelto, y sé, aunque traté de negármelo, que me gustó mucho. Nos despedimos con la intención de hablar en la tarde, y seguimos nuestra marcha en sentidos opuestos. Unos minutos más tarde, me encontraba hablando con la lavandera, tratando, sin éxito, de borrarme ese encuentro de la cabeza. De pronto, por la acera de enfrente, estaba ella otra vez, caminando desprevenida hacia el apartamento de una amiga suya, y yo todavía quisiera creer que ella estaba pensando en nuestro encuentro. La llamé, nos saludamos de nuevo, nos alegramos de
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nuevo, y desde entonces he jugado con la idea de que ella me perseguía. De otra manera era imposible explicar una feliz coincidencia, tan feliz, que ocurre dos veces. Sonrojada y sonriente me juró que no me estaba persiguiendo, volvimos a despedirnos entre carcajadas, y un instante después la vi asomándose por una ventana, desde el edificio que queda casi al frente de la lavandería, en un intento por demostrarme que sí iba a casa de una amiga suya. Cayó la tarde, despedí a mis visitantes, hablamos por teléfono, fui a verla. Una copa de vino, dos copas de vino, algunos calamares enlatados traídos de España, salgamos a la terraza, tres copas de vino, hace frío, entremos de nuevo, se acabó la botella, era la última. Sólo queda una de champaña, ¿te gusta el champán?, le revelé el secreto de mi seudónimo. Una copa, dos copas. ¿Por qué le había regalado una copia de mis versos? Una pregunta, dos preguntas, un verso, un beso, dos besos, tres besos, hace calor, desnudémonos, un abrazo, dos caricias. Cuatro besos, dos cuerpos, una cama, tres copas, una feliz coincidencia. Una mañana de domingo de marzo, una cama, una cobija, una pareja. Encontré su nombre en versos, lo descubrí también en canciones, discursos y ensayos. Hasta en los diccionarios encontré acepciones favorables. Encontré la noche en su pelo, descubrí canciones en su risa, calmé mi sed en su pecho. Logré escribirle unas líneas a su nombre. He escrito muchas líneas sobre el abandono. Tantas, que a veces me parece que en cualquier momento voy a ser abandonado de nuevo. Esta sensación me invade cuando discutimos, aunque sea por trivialidades. No sé describir el dolor que siento cuando la noto distante, pero sé que me siento pequeño e incapaz. Una noche de jueves de agosto escribí algunas de esas líneas, recordando la última vez que había sido abandonado. Inventé una escena en la que me deja y en
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la que concluyo que me lo merezco. Cuando me insinúa que lo nuestro no tiene futuro, me siento como en aquella noche de agosto, como una pierna amputada, un montón de carne y huesos por el que no vale la pena detenerse a respirar. Hace cuatro días me anunció que cuando iba al analista, ella supo que cada vez que iniciaba una relación, inconscientemente quería terminarla. Una noche de lunes sin ganas de dormir; desde entonces pienso que en cualquier momento vendrá un hasta aquí llegamos de su parte, y pienso que me lo voy a merecer cuando llegue ese momento. Esta noche de viernes me has dejado sin decirme si vas a volver. Otra noche sin sueño, una noche de líneas prestadas y diccionarios para decirte que en esta noche de viernes sin tí me siento como pierna sin cuerpo.

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El anatomista

El anatomista se quedó contemplando el espécimen de músculo psoas que tenía en frente. Lo analizó con la misma minuciosidad que había caracterizado su trabajo anterior como patólogo forense. Lo manipuló suavemente, estudiando cada fibra, cada depósito graso. Ensimismado en su ritual, reflexionó por un instante acerca del mejor abordaje para iniciar su disección. Antes de cortarlo, escogió el recipiente marcado «S». Espolvoreó algunos gránulos blancos sobre la muestra de tejido, y, con el primer corte, se inclinó levemente para percibir el aroma del vapor exhalado por el músculo recién preparado según su preferencia -término medio-, cuya exudación se esparció por el plato como una misteriosa mancha en la que casi podían adivinarse los corpúsculos sanguíneos que la formaban.

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En tiempos de muerte

En tiempos en que la vida era mucho más simple, se empleaban enormes esfuerzos en perpetuarla, aún después de la muerte. Es el caso de Ramsés el Grande, cuyo cadáver embalsamado fue enviado por un viaje Nilo arriba, para permitir a todos los súbditos de su inmenso imperio el despedirse del rey, antes de reposar en la que sería su tumba. Hay relatos de multitudes paradas a orillas del río, meses después de su muerte, llorando y desgarrándose sus vestiduras, aún tratándose de un monarca al que probablemente nunca vieron; simplemente sabían de su existencia. Lo interesante es que miles de años después, cuando sabemos que la vida es mucho más compleja, la muerte sigue teniendo el mismo misterio y nos sigue afectando mucho más a los vivos que a los cadáveres. Aunque la sintamos más o menos cerca, sabemos de ella a diario, y podemos aceptarla o no, fácil o no tan fácilmente como lo habríamos anticipado. En tiempos de muerte hay dolor, pero también puede haber consuelo, o incluso regocijo por los buenos recuerdos y por la expectativa de una nueva vida después de la que se acaba. No importa cómo tomemos la muerte, siempre estaremos buscando motivos para dudar acerca de nuestra reacción a ella: no lloré lo suficiente, no mantuve el suficiente control, no alcancé a expresar lo que sentía, expresé excesivamente mis sentimientos, no alcancé a decirle... Cada reacción es solamente eso: una reacción, y depende de muchas cosas de nuestro pasado y de nuestro presente, así que siempre va a estar justificada. Siempre la muerte ha dolido lo suficiente, y nos seguirá doliendo lo necesario.
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De siglos y milenios Cerca de cuatrocientos años antes de nuestra era, el astrónomo babilonio Metón intentó medir el tiempo y descubrió que si utilizaba un período de diecinueve años, en el que asignaba trece meses a siete años y doce meses a los doce años restantes, se podían usar las fases de la luna, fácilmente visibles, como base para un calendario. Sin embargo, este calendario metónico, con sus ciclos de diecinueve años, resultó demasiado complicado como para ser utilizado cotidianamente. Cerca de cuatro mil años atrás, los egipcios ya habían decidido escapar a las ataduras de un ciclo tan difícilmente divisible como el lunar y el solar, y basaron su calendario en un fenómeno mucho más predecible: el ritmo del Nilo. La puntual crecida anual de sus aguas determinaba los momentos más propicios para la siembra y la cosecha. Muy pronto, los egipcios se dieron cuenta que un sistema de doce meses iguales de treinta días, al que se le agregaban cinco días para completar el año (días que después fueron llamados epagomenales, por no pertenecer a ningún mes), constituía un método práctico para medir el tiempo, con la función primordial de un calendario: ser capaz de unificar las actividades de una sociedad, lo que permitiría la cooperación entre los individuos para la realización de proyectos comunes. El planeta tierra da una vuelta alrededor de su eje cada veintitrés horas, cincuenta y seis minutos y cuatro segundos. La aproximación a veinticuatro horas es una solución práctica, y a simple vista no parecería capaz de afectar la vida de una persona. De hecho, el calendario egipcio fue adoptado por los griegos, y sobrevivió muchos siglos, a pesar de su acumulada inexactitud. El año solar real es de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos.
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El calendario romano antiguo, introducido por Rómulo unos setecientos años antes de Cristo, constaba de diez meses y comenzaba con el mes Martius, en honor al dios de la agricultura (después dios de la guerra), Marte. Septiembre debía su nombre a que era el séptimo mes; sólo después de casi 650 años, el astrónomo Sosígenes, por encargo de Julio César, se basó en el ciclo solar, en vez del lunar, para agregar los dos primeros meses del año y crear el calendario juliano, en el que se fundamenta el método actual de medir el tiempo en el mundo occidental. El cristianismo dio origen a una serie de festividades cuyas fechas debían calcularse con precisión, para que su celebración tuviera una representación simbólica y conservara el poder de congregación que se espera de un evento universal, como lo debe ser la celebración de la Pascua, fiesta de resurrección que forma el pilar fundamental de dicha religión. Una de las fechas cruciales para el cálculo del domingo de Pascua es el momento en el cual en nuestro planeta, el día y la noche tienen exactamente la misma duración (equinoccio), fenómeno que sucede sólo dos veces al año, marcando el inicio de la primavera y del otoño. La fecha oficial para el comienzo de la estación que representa la abundancia, debe ocurrir siempre el día 21 de marzo. La diferencia entre los calendarios egipcio y solar implicaba una acumulación de once minutos anuales: esto llevó a que, en el año 1582, la fecha para el equinoccio de primavera fuera el día 11 de marzo. En ese mismo año, por un decreto papal, dictado por Gregorio XIII, con el que pretendía reajustar estas fechas, se ordenó que después del día 4 de octubre siguiera el día 15, con lo cual se restablecería el orden, para que al año siguiente el equinoccio de primavera volviera a ocurrir el día 21 de marzo. Para prevenir la reaparición de este error, se omitió el año bisiesto en los
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años que terminan en centenas, excepto si fuesen divisibles por 400 (es por esto que el año 2000 sí es bisiesto). Como era de esperarse, hubo reacciones diversas a este decreto papal. En el campo laboral, muchos empleadores se negaron a pagar una quincena completa, ¡ pues el mismo Papa había eliminado diez días de trabajo ! Dentro del cristianismo, algunos se negaron a

aceptar la reforma, por el hecho de haberse originado en Roma; las colonias americanas de la Inglaterra protestante sólo se acogieron a estos cambios casi doscientos años después del decreto del Papa Gregorio XIII. Por este motivo, el nacimiento de George Washington, ocurrido el 11 de febrero de 1751, pasó a celebrarse el 22 de febrero de 1752. El debate secular que hoy sigue siendo materia de discusión –y que se hace más candente cada vez que se aproxima un cambio de siglo, o en este caso, uno de milenio- se debió a un gran error de un pequeño hombre, cometido en el siglo VI. Dionisio el Bajo, (Dionysius Exiguus), un monje de baja estatura -de ahí su nombre-, a quien se le ordenó preparar una cronología para el Papa san Juan I, decidió comenzar la cuenta de nuestra era actual con la fecha de la fundación de Roma. Según sus equivocados cálculos, el nacimiento de Cristo ocurrió en el año 753 A.U.C. (ab urbe condita -desde la fundación de la ciudad [Roma]). Ocho días después del supuesto

nacimiento (¡el cual debió realmente ocurrir unos cuatro años antes de Cristo!), asignó la celebración de la Fiesta de la Circuncisión, que desde entonces coincidiría con nuestro Año Nuevo. Dionisio convirtió el 1º de enero del año 754 AUC en el año 1 A.D. (Anno Domini, o Año del Señor). Suponiendo que la fecha de nacimiento fuera correcta, a diferencia del resto de la humanidad, a ocho días de haber nacido, ¡Jesucristo ya tenía un año de vida!
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No se cumple un año sino hasta después de doce meses de vida. La segunda década de la vida se inicia cuando se cumplen diez años. Sin embargo, al omitir el primer año de vida de Jesucristo, Dionisio nos obligó a que cada siglo, que corresponde a un período de cien años, y cada milenio, que a su vez representa un período de mil años, cambie entre los años terminados en 00 y los terminados en 01. A pesar de las preferencias estéticas o personales, como nunca existió un año cero, según estos cálculos, el año 1999 no es el último del siglo. El cambio de siglo -y de milenio- debe ocurrir cuando se completen cien y mil años respectivamente, es decir, el primer día del año 2001. A pesar del despliegue de fenómenos que sí ocurrirán con el cambio al año 2000, como el posible desastre de la informática conocido como el efecto A2K, algunos visionarios de la literatura y el cine prefirieron basar sus famosas obras -como 2001: Odisea del Espacio, convertida en clásico del séptimo arte por el recién fallecido genio cinematográfico Stanley Kubrick- ciñéndose al rigor matemático. El manejo del tiempo a lo largo de los años puede resultar tan artificial como las cábalas relacionadas con el fin del mundo como lo conocemos, o como los anuncios fallidos de la llegada de una era apocalíptica y definitiva para todos. Aunque siempre parezca sensato hacer planes para una vida inmediata mejor, no es necesario invertir una gran cantidad de energía -predominantemente publicitaria- en celebraciones de fechas significado universales. ¿O acaso se equivocarán miles de millones de chinos al celebrar -el 4698, año del dragón- el próximo 5 de febrero? ¡Feliz Año 2000!
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que no tienen fundamento ni

su próximo año

nuevo

Caminar bajo la lluvia

Cuando dijo a mi me encanta caminar bajo la lluvia, sonó tan poética que la imaginé mojada. Sentí las gotas frías de agua en sus labios y en los míos. La quise más, aunque ella no sabía que la quería nada. Imaginé un paisaje verde, la llovizna ligera, la brisa acariciando su largo cabello en sensuales ondas negras. Tal vez un claro en un bosque, algunos animalitos silvestres buscando refugio de la lluvia, y ella llamándolos, vengan a caminar conmigo, desnuda bajo la lluvia. La quise más. La deseé toda. Cuando dijo me encanta sentir la lluvia en la cara dije a mi también, caminemos dando saltitos felices en la campiña, toma mi mano, su blusa mojada, su pelo sensual, su boca sin sed. Caminemos, no importa que llueva, el cielo ya está por caerse en gotas, mojémonos juntos, qué alegría compartir esta humedad, qué sed de soñar contigo, caminemos desnudos bajo la lluvia, juntos. No contaba con el aguacero, los zapatos convertidos en charcos portátiles que nos perseguían salpicando cada paso. Cuidado, viene un bus, levantó una ola que nos vistió de manchas y ahogó la poesía imaginada. Algunos otros animales motorizados completaron la labor de empaparnos, aguacero metropolitano, la corbata nueva, era de seda, el maletín de ejecutivo cubierto de barro de ciudad, busquemos un refugio, la odié toda, era falso aquello de cantar bajo la lluvia, sólo a Gene Kelly le queda bien el traje húmedo y sólo a él no se le corre el maquillaje en terribles ondas negras. No me gusta caminar bajo la lluvia.

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Solamente pienso en ti cuando es de noche Porque en la noche recuerdo la profunda oscuridad en la que se refleja el brillo de las estrellas, la misma oscura profundidad que llevas por corona. Ese velo de encaje negro con que me cubres mientras me sumerjo en ti. Esos rizos contundentes convertidos en la noche profunda que te enmarca y te define. Sólo pienso en ti de madrugada, cuando despierto sudoroso y febril de tu ausencia y te encuentro a mi lado en mi sueño. Y te abrazo y cabes en mí y quepo en ti y dormimos y soñamos juntos. Y cuento minutos, horas o segundos hasta que vuelvo a caer en el sueño en que te sueño febril y sudorosa, conmigo o ausente, soñando despierta, soñando que sueñas. Solamente pienso en ti cuando amanece, cuando el frescor de la mañana me acompaña y acaricia. Cuando las primeras luces del día comienzan a revelarte y todavía duermes y no sabes si sueñas o si de verdad es hora de seguir soñando o de seguir despierta. Cuando despierto y creo estar soñándote y te encuentro y sé que estoy soñando. Solamente pienso en ti cuando trabajo. Porque encuentro tu ausencia en los largos corredores en los que oigo tus pasos y recuerdo tus visitas y las mías. Y revivo las largas charlas de catarsis de las que nació nuestra amistad, nuestra mutua admiración, nuestro amor. Porque en el trabajo recuerdo también esas veces que pudimos escapar juntos a tomar café. Sólo pienso en ti cuando tomo café. Y no me canso de tomarlo, porque su aroma me trae tu recuerdo. Porque tu mirada tiene su color y su tibieza. En el fondo de mi taza veo el color café de tus ojos, veo la mirada en la que quiero ahogarme. Y quiero ahogarme cuando recuerdo que no siempre he estado allí, para ti, por ti. Y porque tengo claro que no soy el mismo desde que te
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conocí, me dan celos de tu pasado, antes de mí, ¿por qué no estuve allí? Solamente pienso en ti cuando miro mis manos. Porque en ellas encuentro los lunares que te pertenecen y es con ellas con las que siento tu piel. Recorro con ellas tu suave textura y encuentro tesoros que me obsesionan. Puedo ahuecarlas hasta conformar el tamaño exacto de tu rostro; podría esculpirte en arcilla, moldearte, reproducir cada detalle, tu sonrisa de dientes pequeños, la curva de tus labios, el arco de tus cejas, el largo de tu cuello, la redondez de tus hombros y tu pecho, el vientre, mis caderas, tus muslos, mi cuerpo, tu sexo...

Solamente pienso en ti cuando creo que estoy soñando y sueño que estoy despierto junto a ti.

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Mario Bonilla visto por Aníbal J. Morillo, MD. Nació en una ciudad con obelisco, algunos minutos antes de la sexta hora del día dieciocho de septiembre de 1960. Por haber vivido muy poco tiempo en su ciudad natal, él mismo se considera natural de Bogotá, ciudad en la que ha permanecido la mayor parte de su vida. Desde temprana edad tuvo dificultades para comunicarse con sus semejantes, hasta el punto de que su propia familia podía no tener indicios acerca de sus sentimientos hacia ellos, a pesar de considerarse él mismo como un acérrimo admirador de sus ancestros, una madre

exageradamente adueñada de su papel como tal, y un padre médico, científico, y, en una palabra, genial. Comenzó escribiendo para sí mismo, luego escribió para que lo quisieran más, pasó por

momentos de inspiración en aras de la crítica, y ahora reconoce que escribe por muchos motivos, mejor descritos por María Antonia Oliver: «Los escritores dicen que escriben para que la gente les quiera más, para la posteridad, para despejar los demonios personales, para criticar el mundo que no gusta, para huir de sus neurosis, etc., etc. Yo escribo por todas estas razones y porque escribiendo puedo ser yo misma.» En muchos momentos de su vida prefirió la soledad, a la que varias veces consideró como su amiga, y a la que llamó alguna vez su «estado natural», explicando que dicho estado es común a todos los seres humanos que no hayan sido producto de un embarazo múltiple. Hay quienes afirman que uno de los factores que pudo haber favorecido el desarrollo de su
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imaginación es precisamente la gran cantidad de momentos compartidos consigo mismo, en los que descubrió su interés por toda clase de estímulos visuales. Inventaba juegos en los que la luz, los reflejos y las sombras eran los protagonistas.1 Para algunos, no es coincidencia su afición por el cine y la fotografía, ni mucho menos su decisión de convertirse en un especialista médico en imágenes diagnósticas. En su visión del mundo, siempre debería existir una explicación para cada evento, aunque ésta sea actualmente desconocida, o simplemente debida al azar. No hay cabida para lo que él llama «seres extraordinarios con poderes sobrenaturales», comúnmente conocidos como dioses. Superada –por lo menos parcialmente– su exagerada timidez juvenil, pronto descubrió que las letras y el humor eran un canal de comunicación aceptable. Comenzó a escribir sus primeras frases con coherencia literaria a la edad de quince años, en forma de cuentos y ensayos que publicaba ocasionalmente en Sobre el Tapete, el periódico escolar de cuyo primer Comité Redactor fue miembro. En aquella época prefería divulgar sus escritos utilizando diversos seudónimos, ya sea mediante anagramas basados en las letras de su nombre y apellidos, o aquel ridículo nombre de B. Yutreg Kinopl, nacido aleatoriamente entre las teclas de una vieja máquina de escribir de su padre. al participar

Muchos años después, retomaría su inclinación hacia el periodismo informal,

en El Tiempo de Relajación, un proyecto de periódico que distribuía en su trabajo, y en el que hacía las veces de autor, diagramador, redactor y editor. Alejo Molleros Binatarazi: Mario Bonilla: Aproximación hacia un Voyeurismo Pragmático. Editorial Visión. 1978.
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Aunque ha dicho que preferiría escribir en prosa, a Mario Bonilla se le conoce más por el uso de frases cortas, de longitud variada, rima sospechosa y métrica dudosa, estilo éste que se ha constituido en su forma de expresión predominante y que ha llegado a ser considerado por autocríticos de su obra inédita como «poesía»2. Sus principales escritos –todos inéditos hasta ahora- han sido recopilados y distribuidos informalmente entre sus amistades bajo títulos como «Anotaciones Vitales» , «Proyecto

Número Uno y Otros Versos en Proyecto» y versiones previas de «Busco Una Palabra». Sus anotaciones están basadas en hechos reales o ficticios, están inspirados en una o varias personas y han sido logradas por una combinación de ingenio, palabras y suerte. En Mario Bonilla es fácil identificar varios estilos, frecuentemente inspirados en técnicas previamente divulgadas por reconocidos escritores. Para aproximarse a Bonilla, es preciso tener en cuenta que el autor ha eliminado el orden cronológico en sus escritos, pretendiendo aislarlos de sus momentos de crisis vitales. La mejor manera de comprenderlo, si esto fuera uno de los objetivos del lector, puede ser el dejar al azar el orden en que se lee a Mario Bonilla.

Esta recopilación incluye textos escritos desde 1976.
Mario Bonilla es el seudónimo anagramático de Aníbal Morillo: médico, radiólogo, verbófilo, soñador. Excepto donde se anote explícitamente, cada una de las palabras aquí anotadas y la manera de combinarlas representan un esfuerzo original del autor. …más de Aníbal J. Morillo en: http://www.ajmorillo.blospot.com , en: http://www.palviento.blogspot.com y en http://www.scribd.com/ajmorillo , por ahora…

B. Yutreg Kinopl : Mario Bonilla: Una nueva forma de poesía. Revista Ensayos y Errores. 1977.
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