Pedidos en Tepatitlán al 788-8310

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No sé rezar muy bien
Por el padre Miguel Ángel padremiguelangel@yahoo.com.mx Cuentan que un sacerdote hacía un recorrido por la iglesia al medio día. En ese momento se abrió la puerta, el sacerdote sintió desconfianza al ver a un hombre acercándose por el pasillo. El hombre vestía humildemente. Se arrodilló, inclinó la cabeza reverente por unos momentos, luego se levantó y se fue. Durante días, y de manera constante, regresó siempre al medio día, se arrodillaba brevemente en el templo y lego volvía a salir. El sacerdote, un poco temeroso, empezó a sospechar que se tratara de un ladrón, por lo que se puso en la puerta de la iglesia y, cuando el hombre se disponía a salir, le preguntó: ¿qué haces aquí? Él le respondió que trabajaba cerca y que tenía media hora libre para comer, momento que aprovechaba también para rezar. “Sólo me quedo unos instantes, así que me arrodillo y digo: “Señor, sólo vine nuevamente para contarte cuán feliz me haces cuando me liberas de mis pecados… No sé rezar muy bien, pero pienso en Ti todos los días… Así que: Jesús, éste es Juan reportándose”. El padre, sintiéndose avergonzado, le dijo a Juan que estaba bien, que era bienvenido a la Iglesia cuando quisiera. El sacerdote se arrodilló ante el altar. Experimentó alegría espiritual, en su silencio, con el gran calor de amor sencillo de un hombre; mientras su corazón latía conmovido y, al igual que Juan, repetía la plegaria: Sólo vine para decirte: Señor, qué feliz soy desde que te encontré a través de mis semejantes y me liberaste de mis pecados… No se muy bien cómo rezar, pero pienso en Ti todos los días… Así que: “Jesús, soy yo, reportándome”. Cierto día, el sacerdote notó que el viejo Juan no había venido. Los días siguieron pasando sin que Juan volviera para rezar; por lo que el padre comenzó a preocuparse y un día fue a la fábrica a preguntar por el; allí le dijeron que Juan estaba enfermo, que pese a que los médicos estaban muy preocupados por su salud, todavía creían que tenía una oportunidad de sobrevivir. La semana que Juan estuvo en el hospital, ocasionó muchos cambios. Sonreía todo el tiempo y su alegría era contagiosa. La enfermera no podía entender por qué Juan estaba tan feliz, ya que nunca había recibido flores, ni tarjetas, ni visitas. El sacerdote se acercó junto con la enfermera el lecho de Juan, y ésta le dijo, mientras Juan escuchaba: -“Ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene a quién recurrir”. Sorprendido, el viejo Juan dijo con una sonrisa: “La enfermera está equivocada padre, pues ella no sabe que todos los días, desde que llegué aquí, a medio día, un querido amigo mío me viene a visitar, se sienta en la cama, me toma de las manos, se inclina sobre mi y me dice: “Sólo vine para decirte Juan, cuán feliz fui desde que encontré tu amistad y te liberé de tus pecados, siempre me gustó oír tus plegarias, pienso en ti cada día… Así que: Juan, este es Jesús reportándose”. PD. No podemos perder la oportunidad de decirle a Jesús: “Aquí estoy… reportándome…”

Tepatitlán en el tiempo

El acarreo de refresco
Por Juan Flores García

Allá en los treinta, sólo había caminos carreteros y de herradura y por éstos sólo se caminaba en burros, como la antigua carretera Nacional de México a Guadalajara que es la actual, en la que ya no caben tantos miles de carros que lo ocupan. Tepa comunicaba por los de herradura a Atotonilco el Alto, pasando por San Francisco de Asís; a Arandas por San Ignacio Cerro Gordo, donde duraban en promedio siete horas en llegar. También se iba por los de herradura a San Miguel el Alto, Cañadas, Cuquío, Yahualica, Valle de Guadalupe, Capilla de Guadalupe, Milpillas, Pegueros, Acatic, El Refugio y Mezcala de los Romero. En 1930 ya había la fábrica de aguas gaseosas, como conocimos a aquellos primeros refrescos, que era propiedad de J. Jesús Padilla Aldrete y estaba allá debajo de la presidencia, por la calle Santos Romo. Estos refrescos también se vendían fuera de Tepa. Un buen amigo que se llama Jesús Barba de la Torre, fue uno de los que le trabajaba a don Jesús, le acarreaba en burros a todos los lugares cercanos con seis burros, que era su atajo, a cada uno lo cargaba con costales de cien refrescos, que era una carga. Así que seis cargas llevaba a cada lugar. A las cinco de la mañana, salía con rumbo a Mezcala para entregarle a un señor de apellido Gómez. Luego cargaba el envase vacío y de regreso a Tepa, para volver con más refrescos a la siguiente semana. El ganaba cincuenta centavos por cada carga que acarreaba y el refresco lo vendían a cinco centavos. El siguiente viaje lo hacía a la Capilla de Guadalupe donde hacía lo mismo, entregar a la persona que distribuía el refresco. Otro día llevaba a Pegueros y le entregaba a un señor que se llamaba Ignacio Gutiérrez. En Milpillas le entregaba a un señor que se llamaba José Hernández. También en Paredones y

Acatic hacía un viaje para que también tomaran aquel sabroso refresco. Cuando iba a San José de Gracia se quedaba a pasar la noche, por aquello de que tenía que descansar por la lejanía y hacer varios repartos. Así era ese ir y venir de este hombre acarreador de agua gaseosa. Por aquellos tiempos andaba según dicen, un famoso bandolero que se llamaba Lauro Rocha que merodeaba por ese rumbo de San José y el Cerro Gordo y como cada mes recogía el pago de los viajes del refresco que entregaba, el tal Rocha, junto con otros dos hombres empistolados lo asaltaron y le quitaron todo el dinero. Cuando llegó a Tepa sin dinero y asustado, le contó a don Jesús que lo habían robado en el Rancho de Calabazas, don Jesús le dijo: Tan grandote y haberte dejado que te robaran, para la otra vez te voy a acompañar, para que te veas como tratar a este tipo. Dicho y hecho, así lo hizo, lo acompañó y también le salió Rocha y los asaltó sin poder ni meter las manos, por lo que dejaron de surtir ese lugar de San José de Gracia. Ahora que ya han pasado sesenta y cinco años de aquellos acarreos en burro de ese refresco, a todos esos pueblos, nos parece imposible creer con cuanta penalidad se hacían esos viajes que transitaban por los antiguos caminos de herradura. Todos los que vivimos esos tiempos, gozamos acordándonos de aquellas aventuras como lo fueron para este hombrón que pasó su juventud en el trabajo de arriero y lo imaginamos haciendo carga de refresco encostalado, arriando sus burros. ¡Qué esperanza que fuera como en estas fechas! Cuando vemos que en los camiones grandes acarrean miles de refrescos, aunque hay que tomar en cuenta, que tampoco en esos años éramos tantos miles de habitantes, en todo lo que es Tepa y las delegaciones que tiene el municipio y que por eso, de a poquito a poco, con el comienzo de aquel rústico refresco, le dio para comer a Jesús Barba de la Torre. Por eso decimos que así fue Tepa en el tiempo.

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7 días Sábado 2 de febrero de 2008