Revista Literaria Remolinos # 40 (Edición de Aniversario) Octubre – Noviembre del 2009

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© Revista Literaria Remolinos # 40 (Edición de Aniversario) ISSN: 1997-3489 Octubre – Noviembre del 2009 Diseño y edición: Paolo Astorga Web: http://revistaremolinos.blogspot.com E-Mail: colaboracionesremolinos@gmail.com Dirección postal: Sr. Paolo Astorga Av. Malecón Checa 557 San Juan de Lurigancho, Lima 036, Lima-Perú

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Revista Literaria Remolinos # 40

Índice
Editorial................................................. .......5
Página

Poesía.................................................... .......7
Gerardo Almada.................................................................... ... C. A. Campos.................................................................... ........ Eva Márquez.................................................................. .......... Miguel Canta....................................................................... .... Alba Estrella Gutiérrez............................................................ María Cristina Pizarro.............................................................. Mariana G. Nastri Carreira....................................................... Peniley Ramírez Fernández..................................................... Sergio Pinto Briones................................................................ Jenny Levine Goldner.............................................................. María Gabriela Abeal............................................................... María Santay Argueta.............................................................. Ahmad Ramsés Barragán Estrada........................................... Raúl Jurado Párraga................................................................ 8 12 17 26 36 39 48 51 55 60 64 68 73 79

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Narrativa................................................ .....83
Rafael Véliz...................................................................... ..... Laura López Alfranca............................................................ Eduardo A. Pepper................................................................ José Carlos Nazario............................................................... Nilo Gastón Fernandez Montini............................................. Jaime Luis Albores Téllez...................................................... Antonio J. Olivera.................................................................. Magda Lago Russo................................................................ Cristián Berríos................................................................... .. Carlos Enrique Saldivar......................................................... Rolando Revagliatti............................................................. . 84 85 87 90 95 99 101 104 106 109 113

Crítica Literaria..........................................117
Encuentros y desencuentros entre Neoclásico y Romanticismo... Por: José M. Pérez Sánchez.................................................. Acercamiento a “Lenguaje del sol” Por: Ingrid Chicote................................................................ La tristeza en la literatura Por: Jorge Castellón.............................................................. 118 130 134

Artículos................................................ .....137
La visión vargasllosiana Por: César Pancorvo Rosazza................................................
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Reviviendo a los adjetivos poéticos Por: Raúl Allain..................................................................... El burro del diablo encuadre poético de Coquimbo Por: Daniel Rojas Pachas...................................................... Las mujeres de Pedro Almodóvar Por: María Candel..................................................................

144 146 149

Entrevistas............................................. ....157
Entrevista a José Ángel Muriel González.............................. Entrevista a Teresa Esparza Oteo......................................... 158 162

Reseñas................................................. .....164
Revagliatti – Antología Poética de Rolando Revagliatti......................................................... Huarango Esmeralda de Teodosio M. Quispe Montañez......................................... Vibraciones de Marcelino Méndez González............................................ Coraza de Vanessa Martínez............................................................. Absolutamente nada de Luis León...................................................................... .... 165 168 170 173 176

Enviar Textos..............................................177

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Editorial
Revista Literaria Remolinos: 4 años 40 números

Han pasado cuatro años y ya cuarenta ediciones de la Revista Digital de Creación Literaria Remolinos, las cuales desde las primeras publicaciones, han tratado siempre de ser esa ventana por la cual la expresión creativa de la literatura y el pensamiento puedan darse a conocer a través de un soporte estrictamente virtual hacia un mundo que no lo es. Remolinos, como siempre lo comento, nació un 5 de octubre del 2005 como un proyecto informático. La idea de hacer una revista con la cantidad de números publicados hasta la fecha, no es sólo el resultado de un gran esfuerzo, sino también, la más factible manera de decir, que a pesar de la crisis, la ignorancia, los desmanes, se puede (con perseverancia) lograr muchas cosas. Estos cuatro años en la red, no son gratuitos. La contribución desinteresada de nuestros lectores y colaboradores de todos los rincones del mundo han hecho posible la vigencia de esta publicación. Obviamente es necesario también reconocer que aún nos falta mucho camino por recorrer y muchas trabas por vencer. Remolinos, como revista, como medio electrónico para la creación literaria y cultural, seguirá a toda máquina difundiendo su acostumbrada publicación bimestral y se tratará en lo posible de hacer extensiva su
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difusión con la nueva publicación de las 40 ediciones de la revista tanto en Cd-Rom físico, como en un formato que se podrá descargar desde el blog de la publicación. La intensión de publicar esta recopilación, es para dar a conocer al mundo del trabajo literario y crítico que se ha venido gestando los últimos cuatro años en la Internet y también tendrá la intensión de mostrar a los lectores, la gran gama de colaboradores y temas que entre las sucesivas ediciones se han ido plasmando a lo largo de este tiempo. Es pues para mí un honor saber que hoy se llega a una nueva meta, un año más, donde la infatigable labor difusora de las letras hispanoamericanas se ve reflejada en la fecunda producción tanto de escritores, poetas, críticos literarios, filósofos, etc. Quiero resaltar la importancia que hoy por hoy cobra la Internet en la vida del hombre. Lo virtual ya no es un soporte lejano, sino que se ha convertido en una herramienta indispensable para que la desconmensurable fuente de información, sea trasformada en conocimiento, en aprendizaje, en expresión, en sensibilidad, en experiencia, en vida. Desde aquí, en algún punto de la ciudad de Lima, quiero agradecer por cuarto año consecutivo a los lectores y colaboradores de esta humilde publicación, así como a amigos y enemigos que forjaron y aún forjan este proyecto de vida llamado Remolinos.

Paolo Astorga Editor de la Revista Literaria Remolinos

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Poesía
El hombre es la suma de sus fantasias. Henry James

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Gerardo Almada
cafepara_2@yahoo.com

El Verso
Un verso poblado de razones es traído de la mano a la existencia. Viene del barro con la forma pre-establecida adorna los labios con la levedad del pétalo o el sueño. Un verso poblado de razones nos muestra el equilibrio nos llena de certezas nos plantea alguna duda. Su única defensa (si la tiene) es la hora y el lugar donde ha nacido.

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Sobre la Muerte
En constantes sueños se plantea la idea de la muerte. En esta fragilidad de los sentidos el cuerpo se estremece en blanco y negro.

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Descanso
Llegué una mañana húmeda. Caminé descalzo, levanté algunas piedras saltaron preguntas y no respondí. Hoy es mi día libre.

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Ese Dulce Rincón de la Esperanza
A veces sucede que extraño las calles del barrio de mi infancia. Allí crecí acunado entre acordes de guitarras y entre botes de papel de astrasa y navegué en pequeños ríos y lagos que la lluvia gentilmente nos dejaba y me fui lejos, lejos de casa. Pero además volví al tacto de la tiza, del papel glacé me encontré a las cinco de la tarde con la moña desatada. Es cierto, quien no quiere aunque sea por un instante regresar a la infancia… Pero que dirán de mí ahora aquellas pintorescas vecinas barriendo la vereda y el que cuidaba la plaza, la bibliotecaria de la escuela el afilador silbando los domingos de mañana. La matinée del Teatro España o del cine el club del barrio, o los viejos recostados en el bar de enfrente el museo, la foto de Gardel y las chicharras, el baby fútbol y Jesús crucificado y solitario, el jazmín. Me desaniman a veces las noticias que me llegan. Estridencias de un tiempo que parece que no cambia y no es posible que llenen los espacios de mi mente con hechos que no vale la pena recordar. Y que hay de los sábados de barriletes y cometas el barrio Arpí, mi abuelo y su árbol de naranjas la de trapo y los gurises corriendo atrás de ella, salir a la lluvia con el torso entregado a la fiesta la bicicleta del “Capito” y mis amigos… Dónde estarán “Los Pablo” y sus guitarras los mellizos González, Oribe y Saravia. En un dulce lugar del pensamiento acuno ahora mi nostalgia. Aquella voz del arroyo Conventos, la Fuente de los Sapos el mburucuyá y las pitangas. Quiero saber, que alguien me explique a dónde fue a parar la voz de Juana la oración y el beso del Papa y finalmente yo corriendo sin sentido aparente en un febrero del ochenta y cinco a las palomas en la plaza.

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Gerardo Almada nace en Cerro Largo, Uruguay, en 1972. Es miembro activo de la Comunidad Int. Bahá’í (www.bahai.org). Presentó sus poemas c/música y danza, en Chile, Paraguay, Brasil, Bolivia y Uruguay. Realizó talleres a docentes en Encuentros Internacionales de Pedagogía. Escribe Cuentos Didácticos e Interactivos para Niños. (sus cuentos y poemas fueron dramatizados por talleres en Venezuela, Argentina y Uruguay). Editó dos poemarios, (2004) Fragmentos; (2006) Amores. Participa en ediciones cooperativas poéticas en: España, Argentina y Uruguay. Obtuvo el 2º premio en el “Concurso Plumas y Pinceles del Uruguay”. Fue reconocido con el Premio “Arturo Cuadrado 2006”, como la “Revelación de la Poesía Joven del Uruguay”. Obtuvo el 2º lugar en el Concurso de Fotografía del 5to. Foro Interreligioso del Uruguay 2008. Artista invitado a la Apertura Oficial del Templo Madre Bahá’í de Sudamérica. Participó de la XII Feria Int. del Libro de Comodoro Rivadavia, Chubut, Arg. con una muestra fotográfica. Expone fotografías en el Espacio Cultural “Planta Alta” y en el “Patio del Brocal” del Hospital Maciel, ambos en Montevideo. Sus textos han sido publicados en revistas culturales en Bolivia, México, Venezuela, Chile, Argentina, Colombia, España y Uruguay. Es miembro de “REMES” (Red Mundial de escritores

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en Español), y de Poetas del Mundo. Trabajos literarios y fotográficos en: www.artecomunicarte.com y www.versosenelcafe.blogspot.com

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C. A. Campos
l_tmartin@hotmail.com

Lunes
a V. A. Mora Rodríguez

Lo que llega a tiempo es lo que asombra, después de cierta edad, de lo que se debe desconfiar Es el no tener que caer de bruces, el no tener que mantener a distancia a la oscuridad, ni al frío Lo que asombra es lo que no te impresiona, lo que no tiene que maravillar para llamarnos o robarnos la atención Es, y no acaso, lo que ya se tiene sin cuidado o lo mucho que cuenta lo que no existe, lo que no perdura

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Escrutinio

También ser contemporáneo significa ser anticuado en algunas cosas Es un error garrafal, me parece, sostener que sólo abarca lo moderno, lo último del mercado negro o blanco También es no hacerle mucho caso a la más reciente idea o versión del futuro

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Discapacidades

Cuesta confiar en tu persona. Hay días en que dudas más con respecto a tus habilidades y otros en que dudas menos. Cuesta ganarse tu confianza, tu buen ojo cuando se tiene en cuenta toda su insuficiencia y la tuya, por supuesto. Cuesta cualquier actuación ante el espejo, y más aún cuando se comprende que no se puede no actuar.

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Epístolas

Cartas a Lucilio. Por lo menos fue a éste que Séneca se las escribió y no a mí. Pues cómo cansa y aburre su salmodia, cómo hace sentir mal a todo aquel que carece de vocación religiosa o, mejor dicho, de estoicismo. Cómo él nunca se equivoca y tiene siempre toda la razón. Cartas o, más bien, Consejos que han de seguirse al pie de la letra, a su amigo, ¿alumno?, ¿amante?, o al supuesto poeta que no nos dejó su correspondencia, sus Cartas a Séneca, las que a mí, enhorabuena y enhoramala, me hubiese gustado mejor leer.

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Ambidiestro

La derecha, esa otra mano izquierda

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C. A. Campos. Escritor dominicano nacido en Santiago. Desde 1984 reside en Nueva York, EUA. Escribe tanto en inglés como en castellano.

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enaipau@gmail.com

Eva Márquez

Lágrimas ácidas
días de encarcelamiento angustioso marcados por un neumococo caprichoso alojado en tus pequeñitas ramificaciones pulmonares, nueve los aguijonazos de hoy tatuados en tus muñecas y bracitos, hematomas y desgarros dejan a su paso las lágrimas ácidas que vierten mis ojos cuerpo adentro, tu estentórea llamada pesa en mi alma a golpe de hachazo clavada en un pasillo frente a la sala de enfermería donde insensibles a tus gritos las ATS acostumbradas al dolor infantil ni siquiera levantan la vista de sus tareas, en la espera soy un fetiche de vudú manipulada al antojo del sin sentido convertida en un espectro anodino e inútil a tus reclamos, me arrancaría los tímpanos cegaría mis ojos enajenados escaparía corriendo de allí pero mis pies se han hecho cemento desmembrados del resto del cuerpo tras un absceso de pánico, y tú pequeño rostro congestionado por el berrinche soberano dibujado de disgusto regresa a mí, y me abrazas con toda la fuerza que tu aliento te consiente, cuando recuperas el sosiego te conviertes en mi pequeña nube de algodón de caramelo y te paseas por la habitación 414 con un gorro amarillo de piscina en la cabeza y un tapón del lavabo haciendo las veces de tu cocoliso , No hay peor dolor en el mundo que ser mero espectador del sufrimiento de un hijo, y aunque en breve será un
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débil recuerdo para mi nube de caramelo durante los meses venideros estos momentos serán el paranoico acosador de mis temores.

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Retazos nocturnos

Acostados en un abrazo hacia un mismo lado, me masajeas la espalda? qué me das? a cambio de un beso? de esos tuyos que tanto me gustan? Subida y bajada a la luna, te duermes y yo soy ese pañuelo tirado en el suelo.

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Bilis de un recuerdo

una de esas terrazas de antes de barrotes verdes, una mujer de piernas cortas no alcanza la baranda una mañana de escandalosos ruidos, muebles arrastrados patadas en las puertas todos los accesos al exterior cerrados, gritos ahogados en paranoicas lágrimas, aire gélido inhalado como la providencia de un cadáver cercano, ojos aniñados asustados como espectros en medio de una escena de ficción terrorífica ausentes a los ojos adultos una mujer reincidente en busca de viento, un vientre prominente de vida, pendiente de un hilo un hombre desnudo impidiendo el paso, omisiones de socorro, los insultos y calumnias vecinales el desnudo adulto tocándose los huevos para tapar bocas espectadoras atónitas, tres pares de ojos inocentes sin derecho al conocimiento, hartos de miseria una puerta derribada al más puro estilo policial, mas gritos algún esquivo puñetazo y los huesos inmaduros del desnudo postrados en el suelo de un calabozo posteriores semanas objeto de las miradas del barrio, condescendientes algunas otras crueles, pena y sorna ajena en un mismo lote, y revuelta a una lenteja aparente ... ahora más que nunca, esa mujer es objeto de mi odio mas olvidado, por ser capaz de
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lanzarse al vacío, con mi hermano no nato en su vientre.

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Mientes
mientes cuando dices que tus pellizcos en el interior de mis muslos no tienen sabor a sal que los hematomas que me causas son tu peculiar manera de decir cuánto me quieres mientes cuando dices que tus mordiscos en mis pechos huecos son suaves caricias apasionadas, que yo desprecio mientes cuando dices que tu forma de querer es más real que la mía que mis tequieros en tu boca serian falacias de una hipocresía, y que los restos de tu agravio en mi piel son los cómplices de tu afecto déjame mentirte y aplicar a mi favor tu premisa y créeme cuando te digo, que no te quiero menos por soñar y desear yacer con otro.

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Acaríciame de poesía
asústame con tu sonrisa con la caricia de tu poesía cáeme en fondo, húyeme dentro, afuera no me esperan no te rindas, envuélveme enloquéceme sin remedio, vágame en las líneas de mi cuerpo tortúrame con las sílabas del sinuoso camino de tus poemas, nada soso ni convencional, sabes que me aterra el cotidiano ventanal poemizame, dámelos con caramelo urdidos de trepidante aventura, piérdeme en mis sueños húmedos y encuéntrame en los tuyos ensombréceme en tu voz y te maldeciré en mi celda por la eternidad de mi siempre jamás susúrrame tus heridas sin derrota, sin descanso átame en el canto de tu lamentación escúchame en mi ardua soledad de aullidos de éxtasis sin control tiéntame, búscame y refúgiame en las burbujas del viento aparecidas en tus psicofonías ... ando loca perdida olvidada muriéndome en el humo de mi pasión.

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Ahora
ahora que aún no estamos arrugados como pasas, que mis pechos y nuestros culos están lozanos y turgentes, ahora que el deseo ha regresado a nuestra casa con hirviente y candente expectación, ahora que aún no somos babosa gelatina verde, que no te importa la incipiente lorzita que asoma tras mi ombligo, y menos las cesáreas cicatrices que adornan mi monte de Venus, ahora que tu prepucio se me antoja terso y suave como el capullo de una Feijoa floreciendo, que siento regenerarse un himen mil veces desvirgado con cada nota magistral de tus dedos, ahora que aún no es imprescindible el vibrador sin pilas del cajón, ni el irrisorio disfraz de enfermera, ni los látigos esposados al cuero, ahora que aún es posible que nuestra cama se convierta en un nido de íntegras perversiones, solo de dos ahora que mi cuerpo es el perfecto cepo de tu erecto miembro hambriento, que aún somos capaces de un acoplamiento perfecto, y que todo tú vuelves a ser todo yo, ahora que aún no estamos arrugados como pasas, ni somos lacónicas esquelas de un ayer Ahora por fin, me encuentras en el reverso de tu mirada.

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Veleta
hoy no tengo resquicios, ni lágrimas, ni asperezas, no tengo alas para volar, ni ancas de rana para saltar, no tengo aletas para naufragar, no tengo párpados que volteen mis ojos en eterno sueño complaciente, no tengo aliento que llene mis suspiros, solo tengo calor muerto y sediento de pésima verdad, verdad que se ahoga de mentiras, que te aprecia y me desprecia y se consuela con no querer consolarse a si mismo, me equivoco con ilógicos idealismos que solo encuentran nada, infinita nada inconformista, y se me antoja quererte sin mas, sin mas verdad oblicua e inocua que simplemente estar ahí, siendo una vil maleta llena de silencios, frágiles como una veleta.

Ω
Eva Márquez. Nacida en Madrid en 1974. Licenciada en Derecho, Madre, escritora y poeta novel. Algunos de sus poemas han aparecido en páginas webs, blogs y Fanzine literarios. Más recientemente diversos de sus poemas han sido publicados en la Revista Digital Chilena Cinosargo, en la Revista Literaria electrónica LaOtra y la Revista Groenlandia. Desnuda sus desvelos en el blog http://cosasqnuncatedire.blogspot.com.

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miguelblues79@hotmail.com

Miguel Canta

VII NOTAS DESPERADAS O CLAROSCUROS

I
Poesía embotellada y destilada concentrada toda en un solo verso de luz y sombra.

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II
Y yo que soy sino mas que sólo eso sino, vació y nausea. Una pregunta no correspondida. El intento de una respuesta ahorcada. Una mentira desdentada acosada por su petrica verdad.

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III
Estas noches te espero mirando al sol. Musa esquiva te evaporas entre mis labios. Bajo la almohada. Piedra sorda y muda denegrida sobre arenisca armiña. Poesía intrascendente que se filtra sin premura se desliza suavemente con pereza y sin cordura.

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IV
Ansiedad es un cuerpo pálido que jamás se detiene. Camina apretado con los ojos desesperados. La nariz helada y las manos frías sudorosas de no se que enfermedad. Ansiedad esta conmigo se acuesta a mi lado y amanece erguida llevándome la delantera.

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V
Yo no soy el que busca el absoluto, tan solo busco la fisura luminosa, al occidente de tu siniestro corazón. Escribo como si me fuera yendo yendo al ya perdido en cada pulsación de letra infame que me punza en carne y vena mi muy humana fatalidad.

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VI
Mi voz es el latoso eco de un huésped desesperado. El tufo rancio de una noche perdida olvidada en el olvido entre sueño y humo estragada hasta la última gota de sangre. La foto amarillenta en la que se asoma un fantasma sin rostro. Espíritu de furia acerada

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VII
Aquí no hay a donde mirar mucho menos a donde ir tan solo yo y mi eterna noción luminosa de encontrarme siempre a mi mismo a si mismo. Un perro negro mordiendo su propia cola escribiendo círculos inútiles.

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BLUES URBANO (extracto)

Bird
...El contralto trasnochado se tambalea ebrio entre nubes de alquitrán Escupiendo el blues desahogado al filo de la medianoche...

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Salaverry
Yerbasanta para volarme al cielo raso y escuchar el hermoso sonido que produce el silencio. En este perímetro puedo deslizarme y ya haberme ido. Un fuerte golpe lijoso (que me araña la garganta) para arrancar el día, y observar la tristeza de las copas, de los árboles añosos, enmarcados en cuadros sepias invisibles. Nimbados por un halo mágico de obscuro verdor caliente. En sus fauces la ciudad se cocina a la sartén del mediodía. Sus edificios se derriten como gotas de lagrimas desdibujadas.

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The pursuer

...y prefiero ser un desconocido sin felicidad vagando por las calles deshojadas con un rayo insidioso, dentro mío, que pugna secretamente por liberarse. Una sombra errante que guarda en los bolsillos un discreto fulgor dedicado a una mediana ingratitud. Y respirar el desaliento de las hojas secas que reaniman la búsqueda en una ciudad imaginada. Y nunca haber llegado y jamás haber encontrado por que quizás nunca lo tuviste pero lo perseguiste.

Ω
Miguel Canta (seud. de Miguel Canta Sifuentes). Respondo al nombre de Miguel y resido aquí en este delgado viento de Jazz agazapado entre estas paginas cerradas y aparentemente vivo allá en el mundo que nos mata. Los calendarios siempre me fueron indiferentes, pero gusto por celebrar, a falta de tantas fechas. Y si no tuviera con quien brindar, brindaría por los dos.

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Alba Estrella Gutiérrez
alba.estrella@gmail.com

se contemplan
cristal de encuentro y desencuentro los ojos en el nombre se contemplan el miedo es un apenas todavía se atreven a ser dos suma del uno a confiar historias que golpean de lejos su caverna de miedos y alegría desnudan sus presencias y se atreven a abrazar todas sus ruinas ordenan sus huesitos de nadie se contemplan hermosos y fugaces y se olvidan se atreven a ser dos un coraje de enigmas en el aire

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vuelves a mí
como quien vuelve de otro calendario despacio lentamente vuelves a mí corazón de pájaro en la noche un silbido de insomnio toca la oscuridad

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un cuerpo se detiene
nadie sabe lo que esconde un corazón recién enamorado hubo un tiempo de atrás y un dolor de menos en las manos una fecha un lugar y unos ojos absortos que miraron la pena un tatuaje en la piel y un paso de luciérnaga una boca sin red sobre las alas de un dios enamorado

Ω
Alba Estrella Gutiérrez. Poeta argentina, nació en buenos aires. Libros publicados: Los vulnerables cipreses del otoño (2005), Nanas para lucía (2006), Los pasos de la memoria (2007), Hilandera del viento (2008). Recitales de música y poesía con la cantante y compositora Andrea Spinadel en varios lugares como: La Dama de Bollini, Bartolomeo, etc. Con la cantante y compositora Julia Lascano en varios lugares como Bar Tuñón, La Biblioteca Café, Bartolomeo, etc.

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cristinapizarro@fibertel.com.ar

María Cristina Pizarro

BUITRE
Soy un buitre enhiesto y sombrío vivo en las islas fangosas de los ríos devoro todo lo que encuentro, carroñas e inmundicias Transformo la podredumbre en oro filosofal Transmuto la muerte en nueva vida

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CAPRICHO
Si estás fijado a un capricho tormentoso si te enredas entre las cuerdas que se embrollan en el lazo fatal si temes el pasaje de la liberación Deambula por el laberinto con los pies desnudos recorre los nudos sucesivos por la vertical busca el centro y eleva tu alma hacia arriba corta el lazo con la muerte infértil sube a la torre por las cuerdas celestes.

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EL GRITO1
Como un corazón alrededor del cuello se posa sobre los hombros busca una mirada hacia los otros cuando la mano se expande los dedos ocultan la otra mano mientras la respiración nutre los hilos rojos que ciñen el cuerpo líneas pliegues arabescos de hierro van subiendo la pendiente Abajo vetas de madera sostienen el temblor de la melodía El grito amputado-mutilado-arrepujado tras la sombra del laberinto se evanesce por el aire celeste

Juan Gris, La Chanteuse.1925.Óleo sobre tela 92x 65 cm

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ENCRUCIJADA
Se ven nudos en el lazo invisible la amenaza provoca el colapso perturba entre las guerras y la muerte el deseo se disgrega en la quietud de las aguas hay pasos lentos sin palabras el dolor deambula y se fatiga el cuerpo gime la piel es culpable de los sucesos cotidianos el gesto sinuoso devela el instante de la pérdida el temor a la fisura el espanto al espacio vacío ahora ella asume la pérdida acepta la falta ahora ella erige el deseo busca ese universo diferente entre la luz y la opacidad palpa un secreto en su dolor acaso un “goce petrificado en el dolor” en la escena el cuerpo caído y la imagen que sube en el límite del mal nace la voluntad y en el impulso de unir sus fragmentos celebrará la dicha de estar adentro de su cuerpo.

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HECHICERA
“Madre,me enseñaste a tejer con las agujas de metal, pronunciando las palabras de bendición que nos inician en el camino de la vida, como la partera cuando corta el cordón umbilical del recién nacido”. C.P. Mientras tejes y tejes el tapiz tú adivinas los secretos Hay una historia en la urdimbre tramada entre las rayas y círculos que cuentan los amores de la vida Tejes y tejes creando nuevas formas como las Moiras que atan el destino

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LOS VAMPIROS NUNCA ENTRARÁN EN LA TORRE DE BABEL
Son ellos son ellos los que acosan los que urden y persiguen Esos muertos endemoniados beben nuestro elixir merodean nuestras auras nos asaltan con voracidad El hambre espeluznante destruye la pasión La tormenta de fracasos desvanece el ser La codicia es un arma fatal que se quiebra en los instintos del Infierno Todo queda derruido Son los muertos sin deseo

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ME GUSTA ENCONTRAR PERLAS EN LA ARENA
La piel es un torrente de escamas redondeadas capitas gelatinosas cubren tus pechos de almizcle Por qué, Rosalind, no puedes ver el cielo? Arranca de tus ojos la montaña despoja las cortezas de la rama incierta Cuando luzcas tu vestido bordado con rombos te ofreceré miel para resguardarte en mi gruta Esta noche nos enciende con melodías agrestes y la copa de vino es un retorno hacia el esperma del océano.

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RESURRECCIÓN

Estoy en el sarcófago de Ramsés III Soy Isis, la Diosa del hogar Resucité tu cuerpo descuartizado con mis gotas de sangre Fui tejiendo días de misterio con la rueca del dolor Hubo días guerreros y de miedo tras el tiempo irreparable. Mientras te miro, el jade rojo seduce tu rostro

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SE HUNDE EL MAL
Versión del Hexagrama 36 “Ming I” El oscurecimiento de la luz.

El eclipse lastimó tu piel en la grieta del mediodía Un tiempo de tinieblas había estallado después del resplandor Hay un vuelo peregrino que se trepa La desazón brotó de tus pupilas Capturar el orden misterioso y en zigzagueo regresar a las órbitas de la luz El caudillo de la calamidad huirá tras la muerte No existen sobre la tierra ni el tirano ni el esclavo Yacen ahora precipitados en las simas de la tierra. por el aire

Ω
María Cristina Pizarro. Nació en Banfield, Provincia de Buenos Aires, Argentina, el 24 de noviembre de 1949. Poemarios publicados: Poemas de agua y fuego (1993), La voz viene de lejos (1995) Lirios prohibidos (1998), Jacarandaes en celo (2003), Confesiones de Gertrudis Glauben (2006), que fuera presentado en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura el martes 28 de agosto de 2006, Diario de Rosalind Schieferstein (en prensa). Profesora en Letras. Licenciada en Educación y Gestión Institucional. Titular de la cátedra de Literatura del Instituto Superior de Profesorado "Sara C. de Eccleston" de Buenos Aires. Coordinadora de talleres de escritura con técnicas psicodramáticas. Figuran sobre esta temática: El taller de juegos literarios (1994), El Taller de juego dramático (1996). En la búsqueda del lector infinito. Una nueva estética de la literatura infantil en la formación docente.(2008)

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Mariana G. Nastri Carreira
mnastri@2vias.com.ar

Pequeño Norte
Entre la soberbia y la indiferencia una catarata de leche rancia como vertiente de agua turbia inundaba las rutas. ¿Acaso masacrar pollitos no es darle la espalda al desnutrido? Desde lejos fantasmas me acorralan, ecos que se desaguan en mis oídos, son los gritos de un niño instalándose en mi alma, pequeño Norte apretaba con fuerza su pequeño pulgar, alaridos lánguidos de días eternos. Mis letras recorrieron grandes distancias se enfurecieron tanto que ahora son estampas con tinta de acero ni el fuego podrá borrarlas. Ya no hay máscaras que cubran la perfidia del poder. Más riqueza para el Estado que chapas le da al pobre y miseria para hervir en la olla. El grito del niño se elevó hasta acariciar la agonía, nubes de ensueño lo mecían. Lágrimas de alimento envolvieron al cuerpecito, se aferraron a él, sin soltarlo. Quietito estaba el pequeño pequeño Norte… dormido, dormidito en un féretro de olvido.

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Brotó desde el fondo de la tierra una mujer vestida de corales negros. Con la mirada frota el aire limpio que la perturba. Luminosidades de demencia destilan sus manos, convence con ellas. Acosa con lástima a aquel solitario que aguarda por alguien. Lo acaricia hasta postrarlo dentro de ella cuando se cansa, lo expulsa y vuelve a tomarlo, lo expulsa y vuelve a tomarlo,∞

Aquel solitario que aguardaba por alguien es otro juguete de su infierno.

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Templarias

No se puede tratar el dolor cuando se aja, mujeres pasadas por alto mujeres, infinidad de veces. Acaso no somos templarias ante la lucha, No, herméticas ante un trapo colonial. Capitanas de un barco que pierde ruta, recién ahí nos ceden el timón cuando la marea se ve brava. La fuerza con la que anclamos no está en el cuerpo sino en el ímpetu con que se impregna nuestro espíritu. Pueda ser que el sol nos ennoblezca el instante de algún día.

Ω
Mariana G Nastri de Carreira.1971 Nació en la ciudad de Mar del Plata (Argentina). En la actualidad reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Casada y tiene dos hijos. Es escritora de poesía y narrativa. Se dedica exclusivamente a la escritura. En la actualidad concurre al taller literario organizado por la Secretaría de la Cultura de la Presidencia de la Nación Argentina en el Museo Casa del escritor Ricardo Rojas dictado por la docente, periodista y escritora Elvira Ibargüen.

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Peniley Ramírez Fernández
peniley@gmail.com

María
María pensó que el amor era un mandamiento de Dios “María se bebe las calles”, de Pasión Vega

Dormida en la maleza de los días ligada con la lengua del barrio, arropada en los álamos de hielo de aquél con quien duerme, la mujer se abre al día con una certeza: la risa es otra sombra donde hemos visto cal donde hemos suspendido los espacios donde fue concebido el absurdo silencio de la lluvia en mayo. Ella fue cascarón habría deshecho los números, habría sido fuego para endulzar la esencia de lo atroz habría sido un boleto de autobús con rumbo al día siguiente, y en la noche, el cansancio de las letras, almidón de los sonidos que rugen en la radio, natura en los colores de Pantone, lo verde en el metódico ornamentaje de los parques, y jamás sus piernas abiertas comprenderían el tino en el atestado ir y venir de la nada, en las zanjas de su aldea de luces, cuya vialidad ha superado la historia, cuya idónea administración decidió escondernos, para que ella, y nosotros, no fuésemos un parche más en el paisaje. II ¿Quién quiso entonces derramarse en el oscuro vitral de mi silencio? ¿Qué ápice de gloria infinita he mordido, que ando intoxicada, molida por las noches, tejiendo para mi cuerpo unas calcetas de olor?
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Niña de la Casa de Muñecas
Soy nada: no les temo mis demonios. Las decapitaciones que sufro a diario no me bastan, requiero más dolor, como si la angustia de ser perpetrada a la vida durmiera sobre mis manos Si alguna vez caigo apresurada comprendan los viajes han tejido telarañas de humo en mis palabras y si expreso lo que soy nadie podrá creerlo de ahí los tatuajes de gloria que bordo en mi silueta. Soy nada: y nunca fui más ni menos no podría desubicarme en un pueblo pequeño, ni siquiera en una parte oculta de algún continente en ciudades de fibra en las que se mira el mar en los carteles He sido más luciérnaga iluminando el huracán bandoneón en medio del Pacífico larga cabellera en la armazón de la noche. He sido más, mi poesía me ha llevado a volar más alto que los hombres.

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Capitana confesa

He cambiado la letra, con ella los contornos. Sucede que hay días, la letra florece o se nubla de golfo y yo no sé para dónde va, o con quién se viene y no sé más de lo que mi letra sabe de sí misma. He cambiado, con ella los números que una vez usé me miran atareados en otras decapitaciones y destierros. Ahora tengo más: dos suegros y dos cuñados, y nuevas sobrinas que me surten de colores y nostalgias. Tendría más, pero una febril neblina descobijó alguna parte terrible de mi infancia. Todos los fantasmas aparcan fuera de mi casa, vigilan día a día cómo intento ser feliz. Ya no sé si cambié mi letra o ella me abandonó pérfida y vengativa, como los pocos amigos que no tuve pero aún figuran en mi lista de teléfonos, o como los poemas que jamás pronunciaré, o como la definición del amor que le di a mi esposo esa tarde de agosto frente a un vitral infinito. Entonces puedo: cambio mi letra en este fácil ejercicio de quitarle adornos y soltarla a la calle, o mejor me atornillo la cabeza y sigo por el día en el tramo del bien luchar.

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Fuera de mi mapa
muerta catorce veces en un ciclo menstrual reina de mis seis palabras sorda a la voz de agua que murmura-me vuelvevuelve me ocupo en el diario alboroto de mi nombre construyo un camino entre la tierra infértil de mi falaz silencio me hundo en el diario desdoblarse de tu falta.

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Peniley Ramírez Fernández. (La Habana, 1987) Estudió un año de Periodismo en La Habana y un semestre de Periodismo en el Miami Dade College, Florida. Actualmente cursa la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Veracruzana. Vive en Veracruz y fue nacionalizada como mexicana en 2008. Ha publicado poesía en las revistas Los Elementos del Reino (Veracruz), La Página Viajera (Cuba) y Luna Zeta (Oaxaca). Ha publicado poesía, cuento y textos periodísticos en los periódicos Ecos de la Costa (Colima), Imagen de Veracruz (Veracruz), Aguas (Aguascalientes), Metropolis (Miami) y en las revistas Replicante (Guadalajara), Ventana de papel (Veracruz) y la revista virtual Letralia. Ha tomado cursos de creación literaria con Jorge Fernández Granados e Ignacio García en México y Jesús David Curbelo en Cuba. Su primer poemario, Estaciones, fue publicado en 2007 bajo el sello Ezra Michelet Ediciones.

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Sergio Pinto Briones
serpinto77@yahoo.es

Barbaridades in Situ
(Poesía visual)

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ADÁN Y EVA

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ÉXODO

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INCESTO CAPÍTULO II

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SI TÚ FUERAS LA MISMA

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Sergio Pinto Briones (Santiago de Chile, 1977). Reside en Barcelona. Tiene estudios de periodismo, Magíster © en Literatura en la Universidad de Chile y Master en Documental Creativo en la Universidad Autónoma de Barcelona. Poeta experimental (también en net-art), artista y gestor cultural, ha colaborado en diversos medios escritos y en el terreno audiovisual ha incursionado en diferentes formatos: videoarte, el documental, el cortometraje, reportaje. Barbaridades in Situ es su primer libro de poesía visual y actualmente está trabajando en su libro de poesía discursiva/concreta "El Balcón de la Planta Baja"

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Jenny Levine Goldner
jenny_offline@yahoo.com

DERIVA
Era mi vida una trascurría, mi derrumbe, una soledad de porcelana que carcomía al alfabeto. Un tocarse pausado para que algo regrese y sólo así pudiera llegar un murmullo atmosférico, un cuerpo. ¿No ha sido aquella mirada los influjos que ponen en mi espacio cuando dices: siempre, siempre, siempre? Hace cuántas horas se derrama sobre la dudas ese absurdo brote de las palabras dichas, ese insomnio de cuan horas torcidas, de luces y poderío solar que me adormece; Salté sobre la cabeza del monstruo de mis sueños, el que mata los cúmulos y derrama mi lengua volatizada. Al desafío, al fondo de lenguajes olvidados y mis desfiguros, es cuando padece, ese terrible aire, cuando los ojos, lúcidos y oscuros como tajo, muestran esa amargura, que por dentro sufren ser. Y el orgasmo, la hipnótica puerta, las paredes, la hendidura de los labios y en el naufragio de la madrugada, muestran plenitud hacia la fascinación que vierte, se trasforma; y la materia, sin adherencias filosóficas, se esconde frente al cuarto donde el miedo yace. Rehúso el sufrimiento y quedo a la deriva.

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METÁFORA DEL SILENCIO
La adherencia es metáfora que recurre al tiempo como explicación. Sería inútil, desdoblarse para seguir creciendo inventando. La palabra muda es el lenguaje omitido, es la presencia del engaño y la imaginación que somete al tiempo. Es el perfume que espera cuando duerme y la soledad de una imagen que no ha vuelto a soñar. Siguiendo el sendero de lo absurdo, la dimensión propaga claridad y vislumbre. Las preguntas se reúnen, separadas en distintos juegos. Pero sería en vano, decir que la soledad es la cama y la tierra, una dosis de aislamiento.

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SU SILENCIO

El silencio como vidrio en su peor error turbio se quema con el instante enardecido de segundos de horas en espera Siente cómo el aire lo roza cómo la caverna lo protege y en su tiempo se vuelve agua. Su café amargo ya no vuelve y en él morirá cubierto de niebla En este instante que es todos los instantes aquí en el calor del fin del verano baja en estos días duele su belleza tosca En este año de su edad que son todos los años su silencio duele.

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PUERTA
Salgo de tu puerta y caigo a tu abismo. Me encuentro en la oscuridad y me pregunto: ¿será tu fantasma o realmente estás ahí? De nuevo, me veo cayendo, gritando tu nombre y una tormenta arrebata mi risa. Cuando saliste de mi puerta oí que me perdías. Me destruiste. ¿Qué tanto te conozco? No lo sé pero te deseo tanto.

Ω
Jenny Levine Goldner nació el 27 de octubre de 1987 en México D.F. Ha estudiado poesía en los talleres de Raúl Renán y José Cedeño. Coantologa el libro Palabras en Poesía, diccionario poético por cincuenta poetas mexicanos (Siglo XXI Editores, 2008). Ganadora del Certamen Literario del Centro Deportivo Israelita en siete ocasiones en la categoría de poesía, así como dos veces miembro del jurado del mismo. Estudia la carrera de Psicología en la Universidad Iberoamericana y se encuentra tras la publicación de su primer poemario.

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María Gabriela Abeal
mgabi7@ciudad.com.ar

Solves
“Ordenó el orden” para huir del tiempo. Preparó un té, se lavó las manos. Secó la vajilla, cerró los cajones, buscó en la heladera el jugo y las ganas. Cortó las cebollas, molió la pimienta, sobre los miedos picó algunos ajos. Ordenó la vida del plato con sopa, del tomate al medio, del pan en rodajas. Coció los recuerdos, podó la memoria, bajo el delantal guardó la manzana. Ordenó las ollas, peló las arvejas, y con un cuchillo cortó la nostalgia.

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Dormir contigo
Dormir contigo es el invento, que no reclama ser mostrado en todas partes. Tiene el ancho y la altura en equilibrio, extensión recomendada para amarse. Zonas curvas, planicies y montañas, recrean el paisaje del deseo. Dulcemente tus mares me dominan, la espuma me baña tierra adentro. El apetito te lleva a mis entrañas, fondo rojo donde nacen los jadeos. Inocente te alimentas de mis nubes, del árbol eliges bien madura la fruta que se abre a los placeres.

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Pandemias
De las terribles pandemias que azotaron al mundo el amor fue la más leve y la menos contagiosa. II Me hipnotizó la nostalgia cuando la tarde comenzó a sombrear tus besos. III Hidalgo que apareces por las noches qué fuerza te anima para interrumpir mí sueño. IV Nadie pudo borrar de mi piel de arcilla tu marca indeleble. V ¡Salud! Por tu imagen ¡Salud! Por tus dedos ¡Salud! A la vida, por verte de nuevo. VI Escucha la letanía de estos versos imprudentes. Estallan como capullos espinas de los rosales haces sangrar a mis dedos. VII “Donde florecen como glicinas” cuando tu mar erosiona y mi piel se hace arena.

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Érase una vez Magnolia
Murió entre el olvido y la queja. Aproximadamente a la hora del idilio. Se cortó los sueños con la vida, los versos coagulados de inocencia por apenas un suspiro no entintaron la nota del amante. Jamás llegó la divina providencia. Nadie notó el martirio en las ventanas. Los perros dejaron de aullarle a la luna como si alguien los hubiera hipnotizado y les dijera que actuaran como estatuas. La noche se hizo larga. Las velas de granito. El silencio pobló el ambiente de fantasmas. Murió, eso se escucha en las esquinas. Cada jueves a la hora del crepúsculo un cuervo vuela alrededor del sauce viejo, mientras que muchos aseguran con los años, que en los jardines de la casa abandonada crecen las rosas más preciosas del planeta…con perfume a desconsuelo amargo.

Ω
María Gabriela Abeal, nació en Buenos Aires, el 4 de julio de 1969, reside en Mar del Plata. Poeta, Maestra de Reiki, Decoradora de Interiores y Técnica Ceramista. En 2005 comienza a mostrar su poesía y su primer libro (Cotidianos) fue publicado en la ciudad de Barinas, Venezuela, por Ediciones de la Revista ICAM, en 2007. Su segundo libro (De villancico y candela) Ediciones Emilio-Mar del Plata, 2009. También integrante de la nueva colección de libros compartidos con otros autores, en La Editorial La Espada rota, Caracas, Venezuela. Es colaboradora de El Periodiquito, de Maracay y del Suplemento Cultural "Vuelta Al Sur" de Barinas, Venezuela. Ha sido incluida en varias antologías, así como también ha sido merecedora de varias menciones de honor en certámenes de poesía. Colaboradora del diario La Capital, Mar del Plata, Revista Decires, Córdoba. Revistas y páginas literarias en formato digital, Letralia, Voces de hoy, Badosa, La Urraka, La máquina de Escribir, Rossana Música Arte y Cultura, Teresa en el tiempo, Entre Líneas, Poetas del mundo, Arte literal, I Poeti Nomadi, Arte Comunicarte.

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María Santay Argueta
arguetamaria16@hotmail.com

Bosque
¡Eres alcancía de las aguas de lluvia!

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Cantar
Cantar a la soledad cantar a la luna enamorada cantar a las olas del mar cantar al cielo de una estrella cantar a una mirada piadosa cantar con los pajarillos peregrinos que vuelan envueltos en brazos del Señor Sol.

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Murmuran
Escucho los grillos escucho los latidos de mi corazón en un silencio a solas, en medio de la luz de mi cuarto me veo en un insignificante espejo, los grillos murmuran como el agua de los ríos, la noche viste de negro…

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El sol
Un día descubrí al sol escondiendo su faz en unas montañas de nubes bermellón, todos los pajarillos se confunden uniformados con aromas de florecillas blancas, cuando obscurece el sol aún salta en mis ojos.

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Nueve Palomas
Son nueve palomas y yo quiero ser una para completar diez

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María Santay Argueta (Aldea el Pericón, Aguacatán, Huehuetenango, Guatemala 1993). Soy estudiante del Segundo Grado Básico. Me gusta escribir poemas, leer libros poéticos y de historias, me gusta escuchar música romántica. Me gusta ver los colores del cielo, suspirar por las noches, me gustaría viajar mucho.

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Ahmad Ramsés Barragán Estrada
cienciaypsicologia07@hotmail.com

Mandatos para la amada

Devuélveme el azul de los cielos vuelto gris pensando en ti. Hazme sentir algo de nuevo recuérdame cómo te perdí. Obséquiame un poco de desprecio a quemarropa lánzame el olvido aséstame tu retórica a contrapeso las palabras ciegas del fastidio. Pon de vuelta las mañanas sin bastedad hazme acertar en que este amor puedo negar evítame encontrarte en otras miradas despierta odio para tus besos de alborada. De este deslenguado mutismo que grita de esta ardiente nevada que te observa de esta espera amarga que cree ser cita líbrame de todo, que en la nada me encierra. Convierte mis lamentos en desenlaces llévame a despedirme del romance. ¡Oh amor, con mandatos infinitos por lo menos ven a evitarme el alivio! Que tu deslumbrante sonrisa anochezca así igual la milonga de tus latidos. Que halles muerte para mi vida enteca como lo son para ti estos versos indecisos. Deberes que pondrán a salvo mi alma que la hundirán en la desesperación del amparo, comprende que sólo deseo tu llegada aunque eso mismo sea mi dolor nefando. Despiértame amor para aún más odiarte espárceme odio para quererte con más ganas duerme en mis sueños y ahí admirarte sal de estas pesadillas ya laceradas.
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Recoge estos pedidos sin sentido que nada será consuelo de este idilio. Yo cargaré los anatemas de este amor y con el vuelo de tu regreso en este rumor. Bórrame contigo en la memoria hay versos cansados y sin forma, tal vez pronto puedas desaparecer y esa férvida busca me consiga sostener.

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Solos

La noche, la sala, velas y piano tu bostezo, un beso y su colega el abrazo. El día, la sala, café y el dolor de tu partida fugaz sin rastros de adiós. Mojado de lágrimas de esta sequía constante recuerdos que arrojan la guindola en mi desierto. ¿Por qué no te llevas mi tristeza ineluctable? ¿Por qué atafagar mi vida de agujeros? Cual libro en blanco a esta unión has dejado sordo a tus caprichos, tus dudas y secretos. El tiempo furibundo se ha callado en mi afán vesánico de hacerlo menos. Hay un desodorante a medio uso corbatas que no cambian tu nudo un rollo sin revelar porque aguarda tu arribo y un hombre aciago que sólo a ti ha querido. Hay facturas de compra vueltas versos de amor y tu estornudo antaño bregando en el aire o la sortija de boda que un día te enamoró. ¿Qué dices a la carriola y al futuro, anhelos de en balde? Voy armado hasta los dientes de tu olor guardé en un morral las risas de aquel día llevo bríos acorazados con ilusión también herramientas para este amor en avería. Me acompaña un cigarro para los desvelos y mi deseo coloreado de nuestro reencuentro un cupón que vale por tu voz de gala y un memorable cojín de esa guerra de almohadas. Fui a buscarte por las tardes a abacerías hallando tu tacto entre la fruta y semillas. Ya en las noches por los resortes del colchón y al alba en un suspiro que extraña tu voz. Amor mío, qué solos nos has dejado junto a tus cosas que interrogo sin reparo. Ahí está tu vestido sin ocupar las velas apagadas sin poder refocilar.

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Me hundo en el vacío de esta máscara ¿Quién soy si no soy tu amante? Qué inútil adiós pues a mi ser empaña y a mi desahuciada vida veo alejarse.

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Amor mísero

Eres una desconocida a mis caricias un amor que cuando quiere me visita, la calma de una tormenta terrible, el beso falaz de un asesino invisible. Tu cabello hace curvas de traiciones ¡Es tan igual el recelo y las compasiones! El roce que enturbia, mi fortuna a la mitad, ¿es que a uno o a otro puedo renunciar? Te bañé con talegas llenas de querer te di vida, amanecer y una laguna nada sirvió para hacer tu amor descender y esta unión separada nos grita muda. Estás en lo pequeño de esta enorme mentira en la cicatriz que continúa siendo herida sigo esperando tu afecto estrepitoso la sinceridad de tus deseos ansiosos. Llevas mis sueños al borde de un carajo no hay camino cuál tomar a tus sentimientos sanas mi aprehensión y no salvas mi cuidado vas como quimera de amor, del óleo esbatimento. Son pedazos amorosos que penden del bastión un cristal estrellado llamado compañía te tengo por estaciones cual arrebol voy con tu rostro que me esquiva las sonrisas. Belleza mía entregada a cuentagotas muere en el confín de mis inanes labios tengo un hastío de espera con zozobra robusto de ganas para quitarte de mi lado. Aún con tus lisonjas de desprecio te amé y tus muecas fingidas de un abrazo por mes. Te quise con todo y las heladas ofensas te adoré hasta creer en gazapos sin sospecha. Hoy me colé por el muro de tu alma para hacer justicia a verdades lastimadas. Vengo recubierto del boato de mis sentidos con tal de cesar tu descarado amor mísero.

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Vete por donde una vez llegaste aquí te esperaré con el desvelo pero vuelve sin cerraduras impenetrables regresa completa que estoy en fragmentos.

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Ahmad Ramsés Barragán Estrada. 21 de enero de 1984. México, D.F. Escritor, psicólogo, docente. Obras más representativas: Cuentos retóricos (publicado por Innovación Editorial Lagares), La sonrisa de una mujer afectada (novela publicada por Innovación Editorial Lagares), Presencias del mal (novela de suspense próxima a publicación por Editorial Caligrama), Las cuatro mismas personas (publicada por la revista digital venezolana Letralia.com)

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Raúl Jurado Párraga
atrapaojos@hotmail.com

GRAFFITI
Hay que pintar el lomo de las aves de color rojo para que en sus alas se duerma el vino. Al siguiente día asesinar los cuervos que se han sentado en tu sombrero. A lo lejos las nubes se alocan en el color cenizo de la antigua ciudad de los reyes. La muralla silenciosa del dolor es un espejo que hay que patear. Hay que saltar las rejas del congreso hay que dar de comer a los gallinazos mientras nuestras dagas resplandecientes brillan en el ombligo de la tarde. Hoy no debe existir la pena sino la alegría hoy quiero hablar de la risa de la mueca torcida de un payaso de las aves de plumas vidriosas que picotean mis labios y el rojo ardiente mis venas de las voces que taladran los oídos y arremeten las puertas del silencio. Hoy las palabras rompen los oídos y los oídos silban al hueco del alma no hay tarde triste tan solo una silla solitaria un viento de hojas en mis hojas. El sol ha llegado sin alas y desde mis dedos desde mi hamaca escribo un mapa verde de primavera en homenaje a los hombres que embriagados de brujería besan la alegría de los minutos En esta sociedad de porquería.

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LLUVIA HUMANA

Las paraguas son inservibles para controlar la lluvia del corazón no ven que hasta el torrente diario de la lluvia humana es tragada por la neurosis y aplastada por las combis asesinas Chacalón y Toño Centella gritan a los cerros las chavetas bajan en gorros y verduguillos da dolor la pureza de sus gargantas que taladran ferozmente el cerebro el jardín fantasmal de las calles dejando un pozo insondable de guitarras y cervezas. Pero porqué tanto dolor poetas si el sol hierve como un huevo universal en las manos los colibrís que besan el culo de Dios y la quinua se toma en vasos descartables humeantes como volcanes de historia aymara sobre el techo ha crecido la ruda y sobre los tejados aletan los murciélagos dejando arenilla de rosas los pájaros se han disfrazo de angelitos encendiendo sus pechos amarillos Adiós paraguas de sombra adiós dolor ahora sólo basta la risa de arena y la infinita calma de nuestros días.

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CABALLOS
Los caballos huyen asustados después de antigua batalla sus belfos y sus músculos de antigua marcha ahora son esqueletos de caballo cenizas encerradas en casa y mi potranca es una bailarina de barra espantado A los chupajeringas de ron con cocacola que se trepan a mi lomo hoy los cazadores quieren atar sus cuellos los encaballados humanos levantan las crines y alteran la rabia de la libertad. los caballos se afirman en sus papeles patrióticos Y galopan huyendo hasta los cerros donde las casas de estera y plástico los espera para saciar su hambre los centauros crispan los belfos relincha la vida del potranco ágil salta la verja de los iguales y se eleva en libertad como pizarra de acero. Es la hora de la huida del hombre los caballos solitarios miran y pastan tranquillos después corren en la pista de los caballos mecánicos. El hombre se llena de odio y los caballos corren y corren tras la vida mientras el hombre duerme sobre su fría taza de café.

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AGUJA DE HUMO
Soy, un violín antiguo tirado en las calles negras una aguja de humo que cose un cuerpo de sueños mi forma de ser es ser la libertad de mi propia palabra. Soy un pez de mirada melancólica servida en la mesa del tiempo. mi forma ser es aceptar mil nombres de guerreros apretando sus gargantas sobre el cuello de garza así, soy una manera de besar los pies de barro de la estatua de los rezos mi forma de ser es como el río turbio que arrastra corazones de dolor y alegría. Así soy un retrato vivo de mi balbuceo un relámpago de cuchillos cortando las mejillas de los pájaros soy siempre un sensible sentimental guerrero de sueños.

Ω
Raúl Jurado Párraga (Jauja 1962), realizó estudios de literatura en la Universidad Nacional de Educación La Cantuta, donde actualmente ejerce la docencia universitaria. Ha publicado: El sol partido de los sueños (Lluvia Editores), Poesía del 70 (Antología y notas). Además de poseer varios trabajos inéditos y próximos a publicarse

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Narrativa
En nuestros locos intentos renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser. Shakespeare

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veliz.rafael@gmail.com

Rafael Véliz

EL PUCHO MAÑANERO

Aunque ya no estás, aún respiro tu presencia. Atrapado en los recuerdos, los primeros rayos de sol me despiertan desde la ventana. Hay días en los que amanece nublado, otros con una claridad que me resulta desagradable. Prefiero que llueva, a que haga mucho calor. Frente a la noche y sus arrebatos, mi televisor vigilante, me ha protegido una vez más de la soledad. He reído gracias a una comedia francesa, y estoy casi seguro que los europeos hacen mejores películas que los norteamericanos. Cuando el ser humano se libre de su egoísmo, ya no tendré que salir a trabajar, ni tomar duchas semidormido. Sobre el respaldar de la silla: mi guitarra; algún día aprenderé a tocarla. En la mesa: las llaves de mi habitación. También algunos libros, compañeros de otros insomnios y otras jornadas. A eso de las dos de la mañana, te escribí un poema que titulaba “te quiero tanto, mi dulce de batata”, luego lo sentí tonto y vano; porque a ti no te gustan los poemas, y quedó claro que yo no sé redactarlos. De mi computadora necesito imprimir unos documentos, es jodido tener que ir a trabajar; y después convertirme en estudiante. Hoy, es jueves. El fin de semana se acerca amenazante, no quiero saber de nada si no estará tu risa para alegrarme. Me siento cansado. En el bolsillo de mi pantalón: diez pesos; suficiente para el transporte público, y más tarde unas empanadas. Con un inevitable bostezo, terminó de arreglarme para encarar al mundo que espera listo para atormentarme. Blanca y radiante, mi cajetilla de cigarrillos sería incapaz de abandonarme. Ni que decir de mi leal escudero, un noble encendedor de tres pesos, que aunque gastado, me acompaña a todas partes. Brilla ante mis ojos el fuego de la resignación; soplo con placer la primera bocanada y salgo a la terraza. Desde el cuarto piso todos se ven más pequeños. Insignificantes, como el humo que desaparece con arrastrado por la brisa de la mañana. Y yo, estoy listo. Llevaré tu recuerdo como un aguijón en mi pecho. Durante todo el día lucharé por no llamarte; y apagarte con cada suspiro de tristeza asfixiante. Lenta pero inevitablemente, mi pasión por ti terminará por acabarme. Esperaré la muerte… satisfecho, mientras fumo mi pucho mañanero.

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Rafael Véliz, tengo 24 años, soy egresado de Comunicación Social, Vivo en Santa Cruz de la Sierra Bolivia, pero siento que he vivido en muchas partes. Me gusta la literatura obviamente, el poker, y el baile.

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Laura López Alfranca
lauralopal@gmail.com

EN EL ACANTILADO POR TODA LA ETERNIDAD

Un trueno lejano le despertó de su letargo eterno, al principio pensó que lo mejor era ignorar lo que ocurría a su alrededor y volver a descansar, pero un rayo que atravesó el cielo se lo impidió. Acabó de desperezarse y comprobó porqué se sentía tan intranquilo: era un día nublado de tormenta, donde no caía ni una sola gota y la electricidad correteaba por el interminable cielo gris cubierto de nubes... mientras que el infinito mar azul se tornaba más oscuro y se embravecía, mostrando a su único observador que aquello no presagiaba nada bueno. ¿Cuánto habría pasado desde la última vez que había estado despierto? Tantos siglos anclado en aquel acantilado a las orillas del mar, le había hecho perder la noción del tiempo. Crujió un poco y sintió como el viento soplaba dándole la bienvenida al mundo de la vigilia. El otro le sonrió y en un susurró le dio las gracias, aunque la brisa cargada de salitre ya había detenido su alocada carrera. Respiró hondo y se imaginó el aroma del mar, ya que era incapaz de olerlo... como todo lo que le rodeaba. Se acomodó un poco más y miró al agua, donde sus recuerdos comenzaron a divagar para hacerse oír y la pena le inundó al recordarla. Sin saber porqué, comenzó a hablarle al viento, con su voz anciana y tan profunda como la tierra. Le preguntó si deseaba escuchar una vieja historia de amor y la brisa, tan curiosa y amante de los relatos como es, accedió encantada mientras revoloteaba a su alrededor... pero le recordó, que ya sabía casi toda su leyenda, que vida tras vida le había ido contando. Agradecido por aquel inciso, el joven decidió comenzar ya por el final, por la última vez que se había encontrado con su amor. Era un día nublado, pero que aun a pesar de que el cielo estaba completamente encapotado, no amenazaba lluvia. Él observaba atentamente el mar, dejando que su espíritu se sintiera libre mientras que la tierra le trajera el sonido de los pasos de los que se adentraban en los bosques cercanos. Pronto un caminante se alejó de la arboleda esmeralda y con paso seguro, se acercó hasta donde el joven se encontraba. En poco tiempo, una muchacha alcanzó la cima del acantilado y observó el mar que rugía con desgana. Él la miró perplejo y la estudió detenidamente, incluso cuando la chica se volvió y le saludó con una gran sonrisa siguió observándola. Y sin esperar a que le respondiera, ella se sentó a su lado y comenzó a leer un voluminoso libro que cargaba entre sus brazos. El joven estudió sus rasgos, tenía el pelo rojo como el fuego, unos ojos ocres oscuros rebosantes de vida y picardía... no cabía duda alguna, ella había vuelto a encontrarle, aun a pesar de que ya ni le recordaba. Y aunque no fuera la apariencia más hermosa que había poseído nunca, a él le bastaba con tenerla cerca de nuevo. Apenas pasaron unas pocas horas hasta que la chiquilla se tuvo que marchar, pero él sabía que volvería.

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Y así fue, aunque lloviera o nevara la muchacha siempre volvía a su lado para leer y llorar por sus penas. Al joven nunca se le había dado bien consolarla, pero si sabía escucharla, que era lo que ella en verdad necesitaba. Él la protegía del sol y del agua, para que nunca le molestaran en su lectura, aunque a veces no podía evitarlo y era él mismo quien más la incordiaba para que le hiciera un poco de caso. Pero el viento le dijo como en otras ocasiones, que nadie habría podido culparle por aquello, ya que como siempre ocurría, la muchacha acabaría alejándose para volver a sus quehaceres cotidianos... era un ciclo que siempre se repetía, reencarnación tras reencarnación y era por lo que él prefería desconocer datos sobre la nueva vida de su amada, incluyendo el nombre. Aunque a la larga eso daba igual, porque siempre acababa involucrándose tanto como podía, intentando reconfortarse pensando que de alguna forma, aunque sólo fuera indirectamente, él formaba parte de su vida. Pero un fatídico día, tan similar al de hoy, la muchacha fue a su lado para volver a llorarle. Le habló de una vida que no le gustaba, en la que siempre complacía a los demás, de sus sueños rotos y de un novio estúpido que había osado a engañarla y abandonarla... aquello le hizo enfurecer y ella lo sintió. Deseó poderle explicar todo lo que sabía de ella, todas sus vidas pasadas, de cómo había sido cortejada por grandes caballeros, nobles de alta cuna e incluso reyes, hombres y mujeres que habían suspirado por sus ojos y por su amor... incluso le habría relatado la historia de un pobre muchacho que prefirió que le maldijeran a dejar que ella sufriera, regalándole así su libertad. Pero la joven no le escuchó, no entendía su lenguaje y por mucho que él intentara hacerse entender, a la muchacha no le era suficiente... y con gran resolución, dejó un papel cerca, pidiéndole que lo guardara hasta que vinieran a por ella y caminó con paso firme hasta el borde del acantilado. El muchacho gritó desesperado, se revolvió intentando liberarse de su maldición, pero sólo pudo mirar desolado como ella acababa arrojándose contra las rocas del fondo del acantilado... y es que por mucho que él lo intentara, nadie, ni siquiera el amor, podía hacer que un árbol levantara sus raíces y echara a caminar. El viento se detuvo expectante, aunque él ya había acabado de contar su historia. Pero su amigo no cejó en su empeño de seguir con la tradición y le sopló a sus hojas con fuerza, llegando incluso a arrancar un par. Y el enorme y viejo árbol de aquel parque natural, que según se afirmaba cargaba con miles de siglos a su espalda, sonrió en espíritu al carecer de labios y como siempre, acabó su relato con su frase favorita, la que siempre le llenaba de esperanzas para soportar todas las pesadumbres. El espíritu del joven guerrero, que maldijeron para salvar a su amada de un sacrificio a su dios, seguirá esperando por toda la eternidad. Hasta que alguien le recuerde y le libere, aunque el mundo ya se haya olvidado de la magia antigua, o hasta que su amada vuelva a su lado. Y con ese último pensamiento, el viento se alejó para dejar a aquel atribulado espíritu descansar. Fin

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Laura López Alfranca (Madrid, España 1983). Estudiante de informática y escritora vocacional. Ha publicado en diferentes revistas de internet y conseguido diferentes puestos en otros tantos concursos literarios. Actualmente busca editorial para publicar sus novelas.
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Eduardo A. Pepper
edpepper_9@hotmail.com

LA CLASE

El hombrecito, bajito y algo rechonchito, con un copetico canoso, el cual constantemente quita de su frente con un movimiento de su mano derecha, viene caminado rápidamente por los pasillos de la facultad. Desde hace veinte años su rutina es esta misma: pararse muy temprano, tomarse un café, leer la prensa junto al desayuno, besar a su tercera esposa, decirle adiós, tomar el maletín, acariciar el lomo de una edición del Don Quijote con grabados de Doret, llamar al niño para llevarlo al colegio, apurarlo porque el ascensor ya viene, cruzar la puerta con el niño tomado de la mano, decirle que lo quiere alborotándole el cabello que algún día será igual al suyo, pero que el niño ni él quieren que sea, cerrar la puerta del apartamento y tomar el ascensor, llegar al estacionamiento, rogar a Dios para que el carro prenda porque a veces falla, y el carro prende y todo ha sido perfecto en el rito absorbente de su cotidianidad, y ahora después de dejar al niño en el colegio y darle lo último que le queda en la cartera para su merienda y sortear el tráfico suicida de la ciudad, está aquí caminando y diciendo buenos días a sus colegas y alumnos que se cruzan con él por los pasillos. -Buenos días –dice el hombrecito a su clase entrando al salón. -¡Buenos días! –responden todas las bocas con vestigio de mal aliento. Llega, coloca, pone, deja, el maletín en el escritorio y se sienta, se acomoda, busca comodidad en la silla que ya está moldeada a su trasero, se quita el copetico de la frente e intenta empezar su clase siempre y cuando apague el celular que casi nunca lo apaga para estar al tanto de las urgencias domésticas. -La jornada de hoy –dice mirando a algún punto perdido del salón-, hablaremos sobre las categorías de estudio, para seguir con la clase anterior, de la soledad y vacío presentes en la obra de… -nombra el autor que casi siempre es escogido por él según sus lecturas y de repente hace un silencio y al parecer se lo olvida por dónde venía y dice un chiste a su auditorio soñoliento. -Vean lo que pasa cuando uno se casa joven, lo más probable es que el divorcio esté a la vuelta de la esquina –lo dice porque una de sus alumnas esta próxima a contraer matrimonio- y después uno deja de pensar –continúa él- en que si tal o cual autor, por pensar en qué hilo me pongo hoy o mañana tengo que pagar la luz y el cable. Parte del auditorio, por lo general son alumnos que creen ser sus preferidos, ríen el chiste y él continúa con su clase. -En el ars narrativo de fulanito de tal se vislumbra de manera tangencial, que la soledad y el vacío son obsesiones reiterativas dentro de su universo onírico. Es algo así como cuando fulana –dice mirando a otra alumna- no quiere que el novio la deje y sabe que le gustan ciertas comidas y de manera obsesiva, ya en una de las últimas visitas que le viene a hacer el novio, se las prepara todas en busca de salvar su relación. -¡Ja Ja Ja! –ríen sus condiscípulos

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-En este caso –continúa- soledad y vacío, como toda obsesión en literatura, vienen a convertirse en pesadillas en la obra de… Así como le pasa a la muchacha con la inminente ruptura de la relación. La muchacha no sabe dónde meter la cara, días atrás le había comentado algo a él, y no le queda otra cosa que reírse del chiste y el hombrecito revisando un mensaje de textos sonríe plácidamente. -Profesor –dice una de las condiscípulas-, yo estuve releyendo ayer el texto que estamos tratando y me pareció que usted está en lo cierto referente a las pesadillas. El hombrecito quitándose el copetico de la frente –que ya es parte de él, al parecer es un tip nervioso- mira embelecido a la muchacha. Le da una sonrisa de satisfacción. La mira directo a su escote. La muchacha continúa su disertación. El hombrecito esta deslumbrado, a todo lo que ella dice hace un gesto afirmativo. De repente, de la nada, un grupo de personas irrumpen en la clase. Son parte de un partido político, vienen junto al candidato a hacer su campañita. El hombrecito vuelve al mundo. La joven queda estupefacta; la clase en general se ríe. -Muy buenos días a todos por acá -dicen a una sola voz acompañantes y candidatos. El hombrecito responde y mira al candidato que ya ha comenzado a dar su discurso. -Nosotros el partido Frente 69, proponemos más autonomía universitaria, resguardo de las instalaciones, buena atención en la biblioteca. Estamos apoyados por el decanato que subvenciona nuestra campaña –al tipo se le chispotea esa, y uno de sus amigos le da con el codo. El tipito no sabe dónde meterse. -Muy buenos días a todos y ya saben ¡El 69 es el futuro de la universidad! –dice el tipito muerto de pena saliendo del salón con toda su comitiva entonando una canción de Alí Primera. El hombrecito, jugando con su reloj, mirando el teléfono, volviéndose a pasar la mano por el copetico, indignado, casi arrepentido de su vida, de su absurdo destino, piensa en el tiempo que le falta para jubilarse. -Profesor Echapaborda –dice la muchacha casi luminaria de la clase, ¿puedo continuar? Echapaborda la mira y asiente. -Como venía diciendo… -la chica se lanza un discurso digno de la escuela estructuralista sin dejar de mirar a Echapaborda a quien ya no le interesa y que a saber nunca le interesó el discurso de ella. Echapaborda discurre en la estupidez de la burocracia y vida universitaria. Aquí tienen dinero para subsidiar campañas, pero que ni se acerque uno por la controlaría a plantear un proyecto de investigación sobre la obra inacabada de fulano de tal, piensa. Recuerda con rabia cuantas veces tuvo que ir hasta la oficina de becas para solicitar la subvención de su post grado. Se ve con veinte años menos caminado de aquí para allá con sus libros de teoría literaria y con fe. De saber todo esto se hubiese dedicado a otra cosa: ser viajero o trabajar en un banco. Pero llegaron los matrimonios, los niños, los alquileres, las tarjetas de crédito y por supuesto: los divorcios. Pensó cuantas veces perdió sus libros porque sus ex mujeres en venganza no se los devolvían y tenía que irse a vivir solo o a casa de su madre. Comenzar de nuevo, siempre comenzar de nuevo, se decía, y la chica con su discurso frenético sobre la pesadilla, y la clase muriendo y las risas y los comentarios burlones y la muchacha con pena por el comentario de Echapaborda hace rato sobre sus amores y él, Echapaborda, pensando en matarse algún día, pero mañana era otro día y a otro cualquier imbécil igual a él lo había jodido la vida más de una vez y no quedaba otra cosa que acostumbrarse y seguir acariciando la cabecita de su hijo y pidiéndole al cielo que nunca llegara a tener el pelo como él y ese
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tip de quitarse el copetico que lo hacía tan particular dentro de la especie fracasada de los hombres.

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Eduardo A. Pepper (Ciudad Ojeda, Venezuela 1983) Licenciado en Letras por la Universidad del Zulia. Docente de Literatura. En el año 2006 le fue otorgado el primer lugar en el género cuento en el concurso “La grapa literaria”, auspiciado por la Escuela de Letras y Ediluz, de la Universidad del Zulia en su primera edición. En el año 2007 fue condecorado con la mención honorífica Andrés Mariño Palacios en el género poesía en el premio regional de literatura del Estado Zulia en su quinta entrega.

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José Carlos Nazario
jnazariobaez@gmail.com

EN EL PANTANO

“Allí comienza el deseo. En el lugar del miedo, donde nada tiene nombre y nada es, sino parece”. Cristina Peri Rossi “(…) y vio que se dirigía hacia él una bestia tan horrenda, que le faltó poco para caer desmayado”. J.M. Leprince de Beaumont Tengan cuidado, dijo Goyo, en esos pantanos hay una bestia. Nunca he sido una persona asustadiza. Pero no puedo negar que esa frase produjo en mí cierta aprensión. Durante años hemos hecho costumbre de darnos ciertas escapadas (mi padre y yo) y la alusión a las bestias siempre ha sido una constante. Pero la expresión de aquel hombre entrando en edad, de barba gruesa y puntiaguda y nariz de maseta no hablaba de una simple yegua, de ninguna de las bestias acostumbradas en la vida rural. Cargaba aquel presagio una imagen de infierno, de lugar olvidado. Nunca pensé que aquel rojo Marte de la tierra podía dar cabida a un pantano. Era absurdo imaginar un fangal en esas zonas tan áridas en cuya epidermis se podían sentir al roce las heridas de un golpe. Acá no hay pantanos, pensé. La noche anterior había sido larga. Un maratón de excusas presentaba el sueño que entre libros, zapping, porno, evocaciones a Onán y algunos rezos, no quería ceder. Finalmente, sin darme cuenta cuándo, me quedé dormido. El abismo en mi memoria es seguido por un sol molesto que empujaba mi ojo izquierdo. Me despertó un chorro de luz que entraba por la ventana. Con cierto esfuerzo me puse en pié y me cepillé los dientes pensando en Pamela o en Susana, no recuerdo. Empujé la puerta y me duché. Dejé correr con alivio un caño caliente; se unió a unas gotas frías que se estrellaban en mi espalda y mi cabeza, mojándome. Salí del baño y recibí el fuerte golpe del aroma de un café del que mi padre había ya bebido. Me vestí. Salí al comedor. Probé un poco y pellizqué un par de veces el pan que reposaba en la mesa. Tragué el jugo de naranja. Los bultos estaban agrupados de manera uniforme en la galería. Papá me esperaba mirando a la nada del patio vecino, listo para partir. *** Nos adentramos en un desierto repleto de cambronales. La carretera mostraba un brillo extraño: una ilusión causada por el sol que estaba justo sobre nuestras cabezas,
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calentando el capó del carro y anunciando que habían pasado unas cuantas horas de viaje. Horas que había malgastado en discusiones con mi viejo. Disquisiciones estériles que no hacían más que intentar separarnos más, como si el abismo entre nuestros tiempos y vidas no fuera suficiente. Después de algunos temas hablamos de ella. El prohibido: la frágil y sinuosa silueta de la tristeza hecha mujer, hecha cáncer. Su muerte me hizo conocerlo más. Ver qué había detrás de esos lentes de pasta y esas miradas escurridizas. Me hizo descubrir al hombre que, disfrazado de galeno, se aventuraba a dar de sí lo que no tenía. Comprendí entonces por qué se había abandonado al alcohol y con esto, por qué no frecuentábamos ya, como siempre, las sierras y cordilleras del continente dominicano. Luego de algún tiempo de conversar sobre el tema y tras una pausa, mi padre me contó que el tío Luis le había dicho que en medio de aquel desierto había un pantano y que en él habitaba un cocodrilo de cinco metros que tenía más de cincuenta años. Una historia que le había hecho un cazador de las zonas, elucubraciones tal vez. Se dice que allí lanzaban cuerpos de los desaparecidos para que el cocodrilo los devorara, siguió diciéndome Padre. Yo no me lo creí. Eludí el cuento diciendo que debía estar bien flaco en tiempos de democracia. Pero en mi interior algunas tripas se enfriaron al recordar una escena de National Geografic, en la que un cocodrilo mordía el brazo de un fulano y con él entre los dientes empezaba a girar en el agua hasta desprenderlo. Bajamos las ventanillas y fumamos. De pronto la carretera se cubría de un polvo rojizo. Ya empezábamos a adentrarnos. Se lo comenté al viejo, luego le pregunté por su vida después de Madre, por las mujeres. No me respondió. Minutos más tarde tomamos un desvío. En el silencio, sin dejar de presionar el cigarro entre sus labios Padre giró el guía hacia una zona desconocida, sin señalización alguna. El camino vecinal ocultaba el horizonte. Sin embargo, tras unos diez minutos de avance empezamos a ver un mar inofensivo. Un verde aqua se ceñía junto a algunos tonos azules variados en un paisaje que amenazaba con tragarnos. No se observaba continuidad en la carretera. Imaginé nuestra caída por algún farallón, por algún barranco, directo en aquel fastuoso abismo marino. Caída libre: Un Chevrolet del 89 derribándose por un acantilado. Una imagen extraña, tal como el paisaje. Mientras más adelantábamos el mar parecía ponerse más bravío, como si le molestara nuestra cercanía. Como si fuera un ser vivo con capacidad de coordinar sus movimientos y emociones. Agitaba sus olas con fuerza y altura, llevándome a recordar mi primera vez en la playa, cuando tuve la desoladora impresión, primero, y luego el alivio, porque creía que el mar se llevaría mi cuerpo con la resaca, tal como se tragó el cubito naranja con que yo cargaba la arena de una mina imaginaria para hacer un castillo. *** Bajamos en Playa Paraíso, el abismo era un declive que se convertía en curva. En el peralte podía uno detenerse y robarle el alma al temible y hermoso mar, con unas fotos. La arena era distinta a todas las arenas. Los sonidos de la respiración se escuchaban aumentados, las huellas, que marcábamos con cada paso, también crujían bajo nuestros pies. Porque la brisa era muda y sólo se escuchaba el cielo y el mar. Caminamos unos treinta metros para descubrir algo inquietante: la música, que rompía el silencio en mil pedazos, no se escuchaba sesenta pasos atrás. La bachata que salía por las ventanas de una choza con algunos letreros pintados en rojo transportaba a épocas perdidas. Una
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pizarra atiborrada de faltas ortográficas, con el dibujo extraño de lo que luego descubrí una iguana, anunciaba la especialidad. Me inquietó ver aquello, nunca probé el reptil. Pero no había; a pesar de decir que era el “plaTo der dIAs”. Una morena con la mitad de ambas nalgas al aire salió a nuestro encuentro. Qué quieren, preguntó sonreída, mostrando en la blancura de sus jachas la amabilidad que negaba su falta de saludo. Yo, educado en un ambiente racista, la miré de arriba bajo y qué buena está, me dije. Llevaba la parte superior de un bikini que mostraba unas mamas turgentes y sensuales, doradas al natural. Los pezones se mostraban insinuados bajo la tela de licra. La piel brillaba al candente roce del sol. Los shortcitos que mostraban medio culo eran color blanco y su paso (la vi salir de la choza) era tan rítmico como el bachatón que gritaba la pena de algún pobre diablo. Tomamos unas cuantas cervezas al compás de esa música asesina, molesta. Padre se paró y caminó en dirección al mar. Su figura me pareció disminuida a contra luz y con la inmensidad de esa masa cortándola. Su silueta, contra el cobre del sol que ya se alistaba para acostarse dentro de unas horas, parecía más solitaria y triste de lo que era él. Me transporté a la imagen de aquel mismo tipo, con el pelo menos cano y de la mano de una mujer hermosa. Una escena de ensueño, engullida por la vida, como todos los sueños. Aproveché la ausencia de mi padre para ponerle tema a la morena. Se llamaba Clara. Le pregunté sobre los rumores. Si por esta zona había un cocodrilo. Le cuestioné si era cierto que en un sitio tan árido había un pantano. Yo no se, ello lo que hay e’ una be’tia de do’ pata’, apuntó. Cómo así, dije extrañado. Uno que anda violando muchachita’ en el poblado. Hice silencio. A su regreso Padre dijo que iba a dejar un mensaje para que quien lo encontrara me lo comunicara. Pidió a la morena una pluma y un papel. Tras escribir, apartado, en el mostrador de la chocita enrolló el papel y agarró una botella de Brugal que vio centellear en la arena. Allí lo introdujo y la lanzó al azul interminable. De inmediato me palmeó la espalda y miró a la morena. Pude ver descender un par de lágrimas por la montaña rusa de sus mejillas rasuradas. *** Eran las tres de la tarde cuando irrumpió en el lugar un hombre oscuro. Aludido por el vehículo y al ver la placa delantera que decía “Médico”, se acercó en busca de ayuda. Su figura era la máxima expresión de compunción. Su aura era oscura, como su piel. Se leía en él un dejo de misterio. Elucubraciones mías, pero que sin duda encuentran razón en algún lugar de esta historia. Si, soy cirujano, dijo, en qué le puedo ayudar. Pensé en oponerme, pero habría sido inútil; mi padre tenía gran respeto por su juramento. Subimos al vehículo los tres: Él, Goyo y yo. Conversaron de temas diversos. Mi memoria alcanza recordar algunos pocos, como la ausencia de hospital en toda la zona y la necesidad de un médico que pudiera detener las enfermedades del verano. Mi padre le comentó que podría instalarse durante el verano siguiente. Que esa podría ser una especie de retiro, una oportunidad que hace tiempo venía buscando. Recuerdo que mi cara se arrugó en una mueca involuntaria, en rechazo.

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En el camino vi un cuadro desgarrador. A la vera de la carretera, en una especie de mirador, jugaban a atrapar las olas los enternecedores miembros de una tropa de subnormales. Sus correteos (en el caso de los que podían) eran angelicales y marciales a un mismo tiempo. Los demás se arrastraban emulando el resto, todos con el signo de su desgracia en el rostro, deformes. Hice silencio ante aquella escena que no se si mi padre captó. Tenía ganas de llorar. Llegamos. Mi padre entró a una casa con el piso de una mezcla rara, nada que ver con cemento; parecía tierra endurecida, pero no se cómo ni con qué. Yo esperé fuera, con Goyo, mientras Padre atendía a la joven que, supuestamente, llevaba tres días en cama. Yo le contaba al negro nuestros planes de pesca en el muelle de la Alcoa. ¿Y dónde piensan dormir? Goyo preguntaba y yo ignoraba. Le seguía contando y le hablaba de otros viajes. Al fin, tras su insistencia, le admití que dormiríamos en el mismo muelle, que no nos interesaba la comodidad para un Hotel de gastos absurdos. Venimos en busca de aventura. Tengan cuidado, dijo entonces, en esos pantanos hay una bestia. Un diente dorado fulguró devolviendo el ataque a un sol picante. Yo, recordando la historia del tío Luís, sentí un breve apretón de tripas mientras replicaba su sonrisa, menor en brillo y en blancura. *** Mi padre salió estregando sus manos entre sí. Dijo que todo estaría bien, que había dejado las indicaciones a la madre. Yo no la vi. Como tampoco había notado en qué momento mi padre había sacado su maletín, por el que volvió al interior de la casucha. “Lo había olvidado”. Gracias dijo el hombre, dándole un apretón con las dos manos a la de mi viejo. Tras el gesto de hermandad, que mi padre correspondió sin sonrisa, se escuchó el grito de la madre. “!Maldito!”. Salió a nuestro encuentro armada de un odio desconocido para mí. Buscaba piedras en el suelo, tirada, llorando salvajemente cuando el marido, Goyo, la detuvo y le preguntó qué pasaba. La escuché decir barbaridades contra mi padre. El negro hizo una seña indicando que nos fuéramos. No comprendí por qué mi padre no dijo una sola palabra de lo ocurrido. Partimos y a los diez minutos ya estábamos en el rojo. El rojo Marte de la tierra. La carretera bordeada por aquel desierto de color intenso era una línea recta que algún día fue grisácea. Media hora más tarde vimos algo extraño. Un bulto gigantesco se tendía en la carretera. No podía distinguir, con el sol frente a nosotros, de qué se trataba. Noté que mi padre iba distraído, pero ya era tarde. Pensé, claro, en la bestia que Goyo había anunciado. Pero no vi ningún pantano alrededor. No tuve miedo. Cuando dije “¡cuidado!” ya era demasiado tarde. De hecho, no había alternativa. El cuerpo extraño cruzaba casi toda la carretera. Mi padre, abstraído, sin haber hablado media palabra desde la partida de casa de Goyo hasta el momento, sacudió sorprendido la cabeza y apretó confundido el acelerador. Pensé que si se erguía, fuese lo que fuese el animal, podríamos volcarnos; matarnos incluso. *** Llegamos al muelle de la Alcoa a las seis y cuarto. El horizonte estaba quebrado por algunos islotes lejanos. A la derecha divisamos unos farallones, algunas ropas colgaban
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de palos en esa lejana fortaleza de roca rojiza. Padre señaló las empinadas paredes donde se destacaban algunas diminutas figuras en movimiento. Son los hombres de las cavernas, dijo. Yo hice silencio figurándome un homo erectus hipo-desarrollado que cargaba un mazo en una mano y en la otra la bestia muerta que llevábamos en la cajuela. Miré mis tenis converse mientras pensaba y descubrí un suelo de concreto, gris plomo entre tanto grana. Un ciempiés se tambaleaba de lado a lado. Lo pateé con saña y lo vi caer en el charco quieto. Minutos después un tiburón asomaba violento su aleta dorsal. Las tripas del reptil ya no flotaban más. Las manos de mi padre, ahora ensangrentadas, habían decidido hacer lo que sabían. Nos recostamos un rato en el interior del vehículo para descansar del viaje. La temperatura empezaba a descender. En la madrugada recibí una especie de caricia que me despertaba para tirar el anganeo. Hay que atrapar la carnada. Algunas sardinas nos bendijeron con su sacrificio. Mi padre miraba el horizonte tensando el hilo, pensando el hilo. Yo observaba las llamas lejanas, diminutas, de las fogatas de las decenas de familias marginadas a un estilo de vida prehistórico, en las cuevas de los farallones. Lo miré al viejo y confirmé con su figura que se veía cansado de vivir. *** Todavía no salía el sol cuando noté que alguien se acercaba por la enramada. Escuché las pisadas y vi las luciérnagas naranja de los cigarrillos de dos. Alerté a mi padre. Si, tenemos compañía. Luego hizo una pausa silenciosa y me dijo: El tipo abusa de su hija. De entrada no entendí nada. Luego, rebusqué en mi memoria y di con Goyo y pensé en la bestia de dos patas y pensé también en la tropa de subnormales del camino. Pensé tantas cosas que al volver la vista a aquellos tipos, ya habían avanzado varios metros. Bajé la mirada y tragué en seco. La luz de la luna se reflejaba en algo metálico en la cintura del que iba en el medio, así supe que eran tres. La opacidad de aquel nonato amanecer no nos dejaba distinguirles. Sin saber, supongo, que ya habíamos notado su presencia se detuvieron a unos cien metros de nosotros y se dividieron. Empezaron a avanzar a la redonda. Nos rodearon, mejor dicho. Yo estaba asustado, no lo niego. Vi lo que es el miedo: unas ganas incontenibles de probar el sabor de una iguana en el desierto. Vi lo que es el deseo. Tuve miedo y deseo, de verdad. Mi padre agarró el bisturí y lo puso a su lado, donde tenía organizados los señuelos y carnadas. Yo busqué algunas piedras con la vista, pero era inútil. Estábamos rodeados. Buenos Aires, abril 2009

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José Carlos Nazario. Santo Domingo, 1985. Es licenciado en Derecho, ha cursado estudios de Literatura, Política y Comunicación. Redacta la columna Dimensión Ética del diario Clave Digital, donde difunde ideas reflejando su compromiso crítico con una nueva visión de ciudadanía. Obtuvo el 1er Lugar en el Concurso de Ensayo histórico sobre la Constitución dominicana, organizado por PUCMM, año 2003. Su texto Seis balas en el tambor obtuvo mención en el Concurso de Cuento Prof. Juan Bosch de los premios FUNGLODE 2009. Ha publicado de manera alternativa la colección de micro-relatos Morada de Locos. Sus cuentos aparecen en diversas revistas nacionales e internacionales.
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Nilo Gastón Fernandez Montini
nilogastonfernandez@hotmail.com

LA INICIACIÓN

Desde la cima de la colina, el viejo Sherman Argüy contemplaba el astro plateado. Aunque no había estrellas a la vista, la luna se asomaba imponente, desplegando su vasto y tétrico esplendor. Esa noche había algo raro en ella, algo que erizaba la piel y perturbaba las mentes. Sus cráteres conformaban la imagen de un rostro deforme que parecía observar atenta y maliciosamente, como deseando que algo malo sucediera… Pero Sherman Argüy, así como los demás cazadores del pueblo Kalahut, ya estaban familiarizados con aquella espeluznante visión. Les había acompañado durante todas sus vidas. Todos los años, en vísperas del día de La Iniciación, la naturaleza mutaba y cobraba un aspecto lúgubre, como anticipando los peligros que los jóvenes tendrían que superar. Los aullidos nocturnos se multiplicaban haciendo eco en cada rincón del valle; los pastos crecían misteriosamente ante los ojos de las personas; las aguas de ríos y lagos se espesaban, tornándose en una viscosa materia purpúrea; los árboles, aún cuando no corría la más mínima brisa, mecían sus ramas bajo los rayos lunares; y los rostros de los animales salvajes se desfiguraban, pues les crecían colmillos y cuernos afilados, y sus pupilas se tornaban de un penetrante color verdoso fosforescente. Toda esta transformación, que hubiese desquiciado la mente de cualquier persona común, era un espectáculo muy familiar para las gentes de Kalahut; un espectáculo tan familiar como las milenarias montañas nevadas que rodeaban el valle. Mañana, una vez más, se llevaría a cabo el rito sagrado. Mañana sería, una vez más, el día de La Iniciación… A la mañana siguiente, una espesa bruma cubrió el valle. Se derramaba lánguidamente desde las cumbres nevadas, escurriéndose luego por los bosques y avanzando finalmente por las calles del pequeño pueblo. Había llegado la hora esperada. El viejo Sherman Argüy, junto con otros dos cazadores, acompañaría a los dos jóvenes hacia su destino. Los jóvenes, al cumplir con el rito de La Iniciación, se volverían hombres, y ganarían su derecho de salir a cazar junto con los adultos experimentados. Se trataba de una tradición antigua y sagrada que verdaderamente determinaría el estatus social de cada joven, pues solo había una oportunidad para cumplir el rito, y aquél que fracasara estaría destinado a ser tratado como un mero sirviente, como alguien inferior durante toda su vida. Partieron entonces, cubiertos con sus abrigos de piel y equipados con sus escopetas, hacia el milenario bosque que se erigía al pie de la montaña más alta. Debían llegar antes del atardecer, pues así lo ordenaban las inmutables solemnidades del inevitable rito.

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En las afueras del pueblo la niebla parecía volverse aún más densa, pero esto no preocupaba a Sherman Argüy, que había recorrido el camino en innumerables ocasiones. Llegaron a orillas del río. Tal y como lo esperaban, el agua era ahora una materia fangosa, pestilente y burbujeante. Un túnel circular de madera conectaba ambas orillas. Se trataba de un árbol de dimensiones descomunales, que hace mucho tiempo, luego de que una brutal tormenta azotara el valle, se desmoronó justo en dicha posición. Los Kalahuts, aprovechando la afortunada contingencia natural, cortaron sus raíces, sus ramas, y luego calaron las entrañas del tronco. Ya del otro lado, ascendieron por una pedregosa loma, cuya cima sobresalía por sobre la lechosa nebulosa. Los cazadores contemplaron el cielo despejado, dejando que los rayos solares bañaran de dorado la arremangada piel de sus rostros. Los jóvenes se miraron entre sí. El momento de la verdad se aproximaba. Descendieron del otro lado, y en el momento en que se internarían nuevamente en el blanquecino océano, un misterioso viento helado sopló abruptamente, barriendo la totalidad de la bruma. Ahora podía divisarse el extenso pastizal, y allá, a lo lejos, el bosque. Y mientras avanzaban, los pastos comenzaron a crecer, al punto de llegarles hasta la cintura. De pronto, escucharon detrás unos gruñidos amenazantes, y vieron como los altos pastos comenzaron a sacudirse violentamente. Alguien, o algo, se dirigía directamente hacia ellos. Comenzaron a correr rápidamente, entre los pastos que crecían y crecían cada vez más, hasta que se extendieron por encima de sus cabezas. Y los gruñidos, combinados ahora con el repiqueteo de pesuñas, se aproximaban a cada instante. Corrían a ciegas, en línea recta en medio de aquel yuyal maldito, perseguidos por quien sabe qué clase de bestia. Los dos jóvenes fueron los primeros en salir a tierra despejada. Luego les siguieron Argüy y uno de los cazadores; y en el momento en que el último cazador emergía de entre los pastos, algo rugió y le arrancó el bolso que llevaba colgado a su espalda. Se había salvado por muy poco… Llegaron a los lindes del bosque en el tiempo previsto, justo cuando el soñoliento sol comenzaba a decaer, desangrándose en rayos anaranjados. Como la temperatura había descendido considerablemente, encendieron una fogata junto al senderito que conducía hacia las profundidades del terreno boscoso. Finalmente, la noche envolvió entre sus brazos al valle. Y en el mismo instante en que oyeron una tétrica carcajada lejana, la luna llena se asomó entre las plomizas nubes. Una vez más, les observaba maliciosamente. Los primeros aullidos quebraron el etéreo silencio que se cernía en los alrededores. Los cincos hombres, sentados alrededor del fuego, se miraban de reojo. Detrás de ellos, en medio de la inexpugnable oscuridad, lucecillas de un color verde se movían de un lado a otro, cuyo resplandor fosforescente se acrecentaba gracias al reflejo de la luz lunar. Uno de los cazadores cargó su escopeta y disparó al aire, y si bien las lucecillas se dispersaron, una burlona risa lejana resonó aún más fuerte, como desafiándolos. Había llegado la hora. Los dos jóvenes se incorporaron, tomaron sus escopetas, y luego de despedirse con abrazos que parecían encerrar un millón de tácitas palabras, se internaron en el bosque en búsqueda de sus presas. Cada uno debía cazar un lobo de la manada que dominaba esos territorios… Garth Mallow estaba asustado. Hacía alrededor de media hora que había perdido de vista a su amigo, y ahora se encontraba solo en aquél obsceno bosque. La pequeña linterna que había traído consigo no bastaba para amedrentar a las sombras. Agitado, y
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sumido en el pavor más intenso, apretujó su espalda contra el tronco de un árbol. Creía haber visto algo moverse unos metros más adelante, aunque los finos rayos lunares que penetraban las densas copas no permitían una visibilidad decente. Pero sí, algo se movía. Mallow acomodó su escopeta en dirección al bulto y alumbró con la linterna. Un aullido estridente le caló los huesos, pues un lobo enorme y negro se sobresaltó, evidenciando sus diabólicos ojos verdes y sus innumerables dientes. Mallow disparó, y el lobo un emitió feroz rugido y se alejó. El impulso de la escopeta le empujó hacia atrás, y Mallow tropezó con una raíz y cayó al suelo. La pequeña linterna se apagó y rodó por una pendiente. Nuevamente, silencio… Mallow no se atrevía a moverse demasiado. Ahora, sin su linterna, la visibilidad era casi nula. Se arrastró silenciosamente hasta que acomodó su cuerpo contra otro tronco cercano. Entre convulsionados sollozos, pues su cuerpo se retorcía del miedo, como sumido en un terror epiléptico, el escéptico Garth Mallow, por primera vez en su vida, comenzó a rezar. Y cada vez que completaba una frase de la improvisada oración, oía el sonido de hojas y de ramas quebrándose. Finalmente, al pronunciar el previsible Amén, sintió en su cuello un aliento cálido y hediondo… El grito de terror llegó a oíos del otro joven, Jasper Kiraly, que ya se encontraba cerca, pues había comenzado a correr en dirección al disparo que había escuchado. Pero sería difícil encontrar a su amigo en esa tenebrosa arboleda. Mientras caminaba lentamente, alumbrando el suelo, oyó un gruñido a su derecha, y luego unos pasos que se alejaban. Allí encontró a su amigo, tendido en el suelo, pero ya era demasiado tarde… El lobo le había descuartizado. Un aullido cercano rompió el silencio. Jasper ajustó la cinta que unía la linterna a al cañón de la escopeta. Con lágrimas en los ojos, y una sed de venganza incontenible, comenzó a seguir el rastro del animal que bufaba y aullaba desafiante. La persecución le condujo hacia lo más profundo del bosque. Pero para su sorpresa, desembocó en un claro circular. Un terreno en donde no había árboles y donde la vegetación se teñía de plateado bajo la luz del astro nocturno. Entonces, los altos pastos comenzaron a agitarse, y unos horrendos gruñidos se acercaron cada vez más y más. Jasper apuntó la escopeta hacia las densas malezas, y en el momento en que el enorme lobo emergió extendiendo sus garras, Jasper disparó. Un aullido lastimero y un alarido de dolor se fusionaron en aquél momento… Ya era mediodía. Sherman Argüy y los otros cazadores, con gran pesar en sus corazones, habían perdido las esperanzas de volver a ver a los jóvenes, pues ya había pasado demasiado tiempo. Sin embargo, en el momento en que se disponían a partir de regreso, vieron a Jasper salir del bosque. Se encontraba gravemente herido y prácticamente cubierto de sangre. Con gran dificultad, les contó que Garth había muerto y que él se había enfrentado al lobo sin lograr matarle. Apenados por estos sucesos, los hombres cargaron al joven y emprendieron la marcha a casa. La tristeza invadió aquella tarde el pueblo de Kalahut, pues los hombres habían regresado con las malas noticias. Los doctores del pueblo se sorprendieron de que Jasper no hubiera muerto. Sus heridas eran muy graves y había perdido mucha sangre. Pero el joven se recuperaba satisfactoriamente, y gracias a los anestésicos no se quejaba demasiado del dolor. Tres días pasaron desde los trágicos sucesos. La naturaleza recobró su normalidad, y ya no quedaban rastros de la espesa niebla. Al caer la noche, los
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cazadores del pueblo partieron a la caza de unos venados que habían visto rondando cerca del rió. En la casa de Sherman solo quedaban la señora Yaba, quien era una de las sanadoras del pueblo, y el joven Jasper, todavía en recuperación. Al escuchar gemir al joven, que se encontraba en la habitación de arriba, Yaba se percató de que ya era hora de llevarle los medicamentos. Subió entonces, pero al abrir la puerta de la habitación no encontró a Jasper, sino que se topó con un enorme lobo de ojos fosforescentes, que no dudó en arremeter contra ella y hacerla pedazos. Quizá La Iniciación de los jóvenes de Kalahut había fracasado; pero en algún lugar del valle, bajo la luz de la luna llena, los lobos aullaban extasiados. Celebraban el triunfo de su propio rito, el triunfo de su propia Iniciación… FIN

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Nilo Gastón Fernandez Montini. Edad, 23 años. De la ciudad de Tucumán, Argentina. Estudiante del último curso de la carrera de Abogacía en la Univerisad del Norte de Santo Tomás de Aquino (UNSTA). Relatos publicados: en la edicion 39 de la Revista Remolinos, de Lima, Perú; en el libro Nuevos Escritores 2009, de Nueva Editorial Creativa; en el sitio digital Letras del Tucumán.

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Jaime Luis Albores Téllez
jaimealbores09@yahoo.com.mx

EL LUGAR DE TODOS LOS DESEOS

La mujer iba caminando con pasos lentos y pesados, como si sus zapatillas fueran de plomo y tuviera que arrastrarlas. En su rostro había un gesto: que fingía una sonrisa, que dibujaba cierta aceptación de su vida o más bien un gesto de no me queda de otra en esta vida. De su vida de casada, de su trabajo ruidoso en el periódico por las prensas, los linotipos y los teléfonos sonando uno tras otro. Su andar notaba cansancio causado por la rutina. Se detuvo. Leyó como siempre el letrero luminoso “Mis piernas son las tuyas, andemos juntos” que sobresalía de los edificios color ladrillo y que también miraba desde la ventana de su recámara. También recordaba, como siempre, que una vez vio entrar a su marido a ese lugar del letrero luminoso, donde las mujeres bailan sobre una mesa enseñando las piernas, para después verlo salir con una de ellas. La mujer se encogió de hombros mientras veía el letrero luminoso y siguió su camino con desgano… --Ya no aguanto más. El letrero luminoso y el ruido de la música. Nos vamos a volver locos. Mírame, mujer, no puedo ni moverme del sillón, tantas noches sin dormir me está matando –le repetía todas las noches su marido. --Para decirme eso no necesitas gritar –le contestaba. Los colores de los focos cambiaban de color las paredes de la sala que permanecía en penumbra. --Y ni siquiera me oyes lo que te digo --decía furioso. --Sí te escucho, pero bien sabes que no tengo tiempo para dedicarme a buscar otro lugar. Otro sitio que tú te encargarás de arruinar con tus gritos, con tu desesperanza por no encontrar trabajo, con tu… --Si yo viniera sólo a dormir como tú, tampoco me importaría, pero soy el que sufre este encierro y el no poder dormir bien. ¿Y qué otra cosa podría hacer él sino estar acostado en el sillón? Esperando que ella le sirva a su comodidad, a su inutilidad para hacer algo. Sentía horror de llegar a aquella casa, de ver a su marido gordo, demacrado, sucio, barbudo y oliendo a cigarro. A veces se le quedaba viendo hasta con ternura, en silencio, como se mira el lugar vacío de un ser querido, amado, que murió muchos años atrás. --Ten paciencia, dentro de unos meses tendré un tiempo libre y buscaré otro lugar donde vivir. --Y mientras, volviéndome loco, a oscuras, sin moverme y el cansancio de no dormir. Te pido por lo que más quieras busca otro departamento, ten un poquito de iniciativa después de trabajar. --No te das cuenta de mi cansancio, que descanso poco y… --¡Busca otro lugar, pronto! Y aquel hombre era el pulcro, soñador, el mago, que más decir: el que todo podía; para el que no había imposibles; el que todo lo arreglaba mágicamente; con su vestuario: trajes perfumados y zapatos lustrosos; él, que iba a esperarla todas las noches
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a la salida del periódico; él, que la miraba a los ojos y se detenía en cualquier esquina para comprar una flor, un dulce o para invitarla a un café, a un cine… El tiempo pasó y la boda llegó y seis meses después él se estaba acostando con una de las “Mis piernas son las tuyas, andemos juntos”. Y en una de esas tantas noches lo atropellaron; ella nunca supo quién fue, ni él tampoco, pues estaba muy borracho. Una voz temblorosa le habló para decirle que él estaba en el hospital, y sospechó que fue la bailarina de “Mis piernas son tus piernas…” Cuando llegó a verlo, un médico le informó que él tenía problemas en la cadera y no volvería a caminar… Una enfermera gorda, en silencio, le entregó en sus manos las pertenencias de él. Y un mes después sentía horror llegar a aquella casa y escuchar los gritos en forma de reproche y odio. La mujer suspiró tristemente y se detuvo frente a un anuncio que tenía un lago dibujado. Leyó detenidamente el anuncio y se dio cuenta que aquel lugar no estaba lejos. Abordó un autobús y al cabo de unos treinta minutos vio el lago y sonrió, mientras el camión rodeaba el lago iluminado por enormes focos que colgaban de postes y árboles, sintió nostalgia por el lago, deseó ser lago… El autobús frenó bruscamente y el chofer gritó hasta aquí llegamos…Vivir rodeada de árboles, aves y gente que pasa de paseo, entre risas y silencios, siempre en el mismo lugar, sin prisas, descansando, sin moverse más, viendo los crepúsculos; y el chofer esperando que descendiera, hablándole, esperando impacientemente… Y ella en el lago sin importarle nada, sin oír al chofer cansado…, descansando del ruido de su trabajo, de los gritos de su marido, de la prisa, tendría silencio y paz para soñar, para volver a creer en Dios, para escuchar palabras… --Hasta aquí llegamos, voy a hablarle a un policía--… sentir un leve movimiento constante por el aire, el viaje lento de las lanchas con sus enamorados dentro, en las noches tener a la luna mirándome, quedarme desnuda para siempre, tener a la lluvia y hacerla mía. ¡Ser un lago sin tiempo! –Hasta aquí llegamos, policía, policía –decía a voz en cuello el chofer. Al escuchar los gritos la mujer se estremeció y hasta le faltó el aire. Miró al chofer por primera vez, se levantó del asiento y bajó del camión corriendo hacia el lago con la idea fija de sumergirse en él, de convertirse en el lago.

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Jaime Luis Albores Téllez, Lugar de nacimiento Tlaxcala, Tlaxcala, México. He publicado cuento, crónicas citadinas, crítica de música en el suplemento sábado, del periódico Unomásuno. También he publicado cuento en la revista Literaria “LETRALIA”, de Venezuela y en la revista española “El recreo”. Pertenezco a la asociación de escritores en español (REMES).

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Antonio J. Olivera
Windancer@caiway.nl

EL OSCULOTRÓN
El cliente vespertino acudió al moderno cibercafé a media mañana, tal y como llevaba haciendo cada mañana desde hacía dos años. Su diaria costumbre no se había alterado un ápice desde aquel nefasto día en que la corporación para la que trabajaba viérase obligada a declararse en suspensión de pagos, liquidara algunas de las cuantiosas deudas acumuladas y enviara a todo el personal a sus hogares. Un café bien cargado, la lectura en internet de las cabeceras de los principales diarios y un posterior repaso a las agencias de colocación en la búsqueda constante de trabajo acaparaban buena parte de su tiempo, el cual volvía a liberar momentos más tarde tras el habitual y relajado contacto con distintos amiguetes de todo el globo.

Sin embargo, aquella mañana notó que algo no era del todo normal. Antes de poner sus dos pies en el umbral del cibercafé, se detuvo en la entrada contemplando la acristalada puerta del mismo, fijando su vista en el cartelito con fondo verde-que-tequiero-verde que informaba sobre los servicios que se ofrecían en el interior del cibercafé: internet, ordenadores personales, sala de juegos, bar de tapas, máquina de refrescos, billar, sala de tertulias y osculotrón. Fue este último vocablo el que tuvo el poderío de restar varios minutos a su rutinaria agenda. ¿El osculotrón? –sonrió el camarero mientras se afanaba en preparar el expreso que, sin haberlo solicitado, aguardaba impaciente el cliente vespertino. Es un aparato que el jefe se ha traído de Japón o de por ahí. Dicen que es el novamás de lo moderno y que quien lo prueba se engancha a el más que a la farlopa. De hecho –señalando a uno de los artefactos de la habitación contigua-, lleva aquí apenas unas horas y ya se han lanzado algunos, sobre todo guiris y turistas nacionales, que siempre están a la que cae, pendientes de una novedad que les sirva para contar novedades vacacionales una vez de vuelta en el cortijo, ya me entiende usted. Tenemos 9 maquinas ahora mismo, pero dice el jefe que si el negocio va bien, podríamos aumentarlas hasta 20 en los próximos meses. Claro, que para eso habría que hacer obras en la trastienda y ampliar salas. Y, dígame, ¿en que consiste, exactamente, el osculotrón? –inquirió, curioso, mientras removía dos azucarillos en la taza de café con una cucharilla gastada. Sólo es un aparato que da besos. Tiene labios de silicona e incorpora un proceso de autoesterilización después de cada uso. Hay que meter monedas como en el parquímetro, dependiendo del tiempo que el usuario quiera estar morreándose y se adapta a las demandas de la clientela, ya que brinda la posibilidad de elegir besos en base a las 30 modalidades del Kamasutra, como por ejemplo el beso ladeado, inclinado, directo, a presión, palpitante, de contacto, nominal, lagrimoso o el mordisco escondido, uno de los mas solicitados hasta el momento, pese a que deja una intensa marca roja en el labio inferior del besado. ¡Sopla! Me admira el portento de lo virtual, camarero –espetó el cliente vespertino, que había solicitado un café extra. 103

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Los labios de la máquina llevan lengua incorporada, y dientes, para darle un efecto más real. Entre nosotros: la silicona lleva carne congelada por dentro para aumentar su frescura. Vamos, una especie de pepito de ternera a lo cibernético; pero que altera la pasión del receptor cosa mala. Apretando otro botón se puede escoger al gañán o fulana de turno, desde George Clooney a Madonna, pasando por un sinfín de asíduos del retrete, si me permite la expresión. Foto, mente liberada, besuqueo y a olvidarse del mundo por unos instantes. ¿Cojonudo, eh? ¡Absolutamente estupendo, camarero! Absolutamente estupendo lo que me acaba de descubrir. En fin, yo voy a lo mío: a revisar la prensa y ojear colocaciones, que no hay forma, oiga, no hay forma. Puede sentarse en el ordenador numero 5, que está libre. Le serviré la manzanilla allí mismo dentro de media hora, ¿le parece? Correcto. Gracias.

Esta última conversación entre el cliente vespertino y el camarero había tenido lugar hacía un mes, justo cuando el primero, que había encontrado un trabajo temporal como repartidor de pizzas para sustituir a alguien de baja por depresión, dejara de frecuentar el cibercafé. Transcurrido el citado periodo, volvió al desempleo y a su rutinario deambular por las secciones virtuales de búsqueda de laburo. De regreso al bar de sus amores, le bastó una ojeada en derredor para darse cuenta de que las máquinas osculotrónicas habían aumentado en número y posibilidades. Después de saludar a su camarero favorito, se fue a sentar en su sitio de siempre ante el ordenador a sober su manzanilla con parsimonia. Ese primer día de retorno al mundo de lo tácito fue, no obstante, atónito testigo de un hecho estremecedor. Primero los cristales de la puerta principal del cibercafé, hechos añicos; más tarde el estruendo de algunas mesas al saltar por los aires y finalmente la detonación de varios cartuchos que impactaron contra el techo del lugar le hicieron comprender que se encontraba en medio de un bingo inesperado y peligroso:. Uno de los habituales clientes del emplazamiento y usuario más que enganchado al artefacto besucón, se acababa de rebelar contra los allí congregados, amenazando con liquidar con su arma de fuego a todo aquel que osara acercarse a “La Veterana”, como entre el mundillo ocioso ya denominaban a la primera de las máquinas que llegaron al garito. No había duda: se había enamorado del primer osculotrón. Ante la tensión desencadenada, tanto los camareros como los clientes –incluído el vespertino-, permanecieron echados en el suelo sin decir ni mu, expectantes y acojonados ante los planes que el majara pudiera tener. Cumplidos unos minutos de jadeo sudoroso, el cliente vespertino, parapetado debajo del fregadero, osó dar aviso por el móvil a la policia, advirtiéndoles que un alienado armado se había hecho fuerte delante de los osculotrones y esgrimía un escopetón de cuidado. A los 5 minutos se allegaron varios coches patrulla. De uno de ellos descendió con rapidez el jefe del pelotón, un hombre hosco, bigotudo, fondón y grosero, cuya pretensión era negociar con el convulso enamorado. Mas harto es sabido que en cuestiones del corazón, la cabeza no manda; así que todo intento de negociación con el escopetero cayó en saco vacío y el jefe del pelotón, hombre poco propenso al debate intelectual, empezó a dar voces y golpes en las paredes, escupiendo, insultando, fuera completamente de sus casillas, lo que propició que las palabras fueran subiendo de tono
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por ambos bandos hasta que el jefe del pelotón, exaltado ya en demasía, desenfundó su pistolón “Star 28 PK” y abatió de un tiro al amenazante Romeo. Excitado como se encontraba y en medio de la violenta euforia que él mismo había generado, el jefe pegó un par de tiros extras a “La Veterana”, acto este último que provocó un pequeño rifirrafe entre policías y consumidores y que, minutos más tarde, degeneraría en una auténtica batalla campal en el bar, donde todo valía con tal de atizar: patas de silla, botellas, vasos, lámparas, bolas de billar, discos duros, chicharro adulterado... El sonrojado cliente vespertino aprovechó la confusión para largarse presto, maldiciendo la hora en la que el finiquito del empleo temporal le había devuelto a la triste realidad de un cibercafé que había perdido su encanto desde que los cables y alambiques hicieran su aparición. A la mañana siguiente, con ganas de saber en que había terminado toda la bulla de la jornada anterior, el cliente vespertino acercóse una vez más hasta el cibercafé, donde halló a su camarero favorito sentado en el umbral, delante de una puerta cerrada a cal y canto, precintada por la policía. - Amigo, las máquinas trajeron la desgracia a este café. Ayer fue un infierno, ¿sabe usted? Un drama con numerosos heridos y mutilados por ambas partes. Nunca había experimentado nada igual. La madre del poseído por el osculotrón se presentó aquí y tuvo un ataque de ansiedad al ver a su hijo tirado en el suelo, seco.¿Sabe qué es lo que más me llamó la atención? - ¿Qué? - Pues verla arrodillarse ante el cuerpo inerte de su hijo trastornado y justo en el momento en que iba a darle un beso de despedida en la frente, se arrepintió, cambiándolo por una suave caricia en el moflete. El cliente vespertino tomó al abatido camarero por el brazo, le ayudó a incorporarse, le miró fijamente a los ojos y se puso a caminar a su lado en dirección a la próxima oficina de empleo.

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Antonio J. Olivera (España, 1962). Publicó su primer libro de relatos en New York en 1996, titulado genéricamente "Desert visions" (Vantage Press). Dos años más tarde vio la luz en Barcelona la novela "El año que murio Bon Scott" (Ninfa Publicaciones). Ambas, junto con obras posteriores como "Horrores tridimensionales" (2004) y “El perro más rabioso del mundo" (2007), pueden descargarse en www.Bubok.com. Colabora con ciertas publicaciones, entre las que destaca "Earthbridge" (Florida, USA), una revista dirigida por y para los nativos americanos. Ha participado anteriormente en la revista "Remolinos" con los relatos titulados "Cinco años" (número 18), "El puñal" (número 25), "El vagón" (número 29), "Todo recto" (número 30). “Floid“ (número 31) y “Trabajo de carpintería”(número 36). En abril de 2009 dio una conferencia en la Universidad de Salamanca (España), bajo el título “Nativos americanos y literatura”.

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Magda Lago Russo
rosauro@adinet.com.uy

BUSCANDO UNA ESTRELLA

Llega a la casa, guiado por el aviso, que al descender del tren se hamacaba en un tronco y ofrece cobijo. Se queda un rato en la puerta, mirando a su alrededor como cae la tarde de junio y un viento gélido juega con las pocas hojas, única señal de movimiento. La casa está al final de la calle que continúa con un camino de tierra y se pierde en un bosque de pinos. Es antigua y ostenta la vejez que el tiempo estampa en sus paredes agrietadas y en una puerta de hierro a medio pintar. Eleva los hombros, respira hondo, entra al zaguán, moviendo la puerta con esfuerzo, cohibido no se anima a seguir adelante. Golpea las manos. Del fondo del patio aparece una mujer de edad indefinida, cabello casi rubio, ropas ajadas. Con una mueca que quiere ser sonrisa pregunta: -¿Qué desea? -Vengo por el aviso ¿tiene alguna pieza vacía? -Sí, pase. Arrastrando su pesada figura, le indica una de ellas, que se abre al patio descubierto. Un olor húmedo le golpea el rostro, la mujer enciende la lámpara, que ilumina un conjunto de cama, mesa y sillas avejentadas, hasta en la manta tejida de la cama se confunden los colores, por el paso de los años. Al quedarse solo se sienta en la silla equilibrando su cuerpo al vaivén de ella. Trae el cansancio de los días que fue de pueblo en pueblo, para encontrar el lugar, donde en el amplio cielo brillen todas las estrellas con sus constelaciones, para encontrar aquella en donde mora su madre. Recuerda cuando su madre al morir le dijo: “búscame en la estrella más brillante” Desde entonces la soledad de su orfandad lo lanza en busca de ella, como un nómada, busca su destino y un lugar donde situar su cansancio. El cielo acotado del patio no lo conforma y después de varios días de vigilia, se va de nuevo a vagar. En su andar sin rumbo el campo lo recibe con toda su inmensidad. Se tumba sobre el pasto helado, la noche le ofrece la serenidad del cielo despejado. Sus ojos ya febriles buscan entre la multitud de estrellas que guiñan sus luces, de una a otra indaga para hallar la tan ansiada, hasta que ve una, más grande y rutilante que se destaca entre las otras.

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Se queda largo rato mirándola, hasta que una sonrisa distiende sus labios, la angustia y la soledad se van disipando, mientras lo invade una gran paz, sus ojos se van cerrando despacio, ha encontrado lo que tanto ansiaba.

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Magda Lago Russo. 1934 – Montevideo – Uruguay. Escritora uruguaya, Químico Farmacéutica. Co – fundadora del Taller de Creatividad Literaria” La Aventura de Escribir” de la Asociación Cristiana Femenina “Costa de Oro.” (YWCA COSTA DE ORO). Redactora responsable del Boletín de la institución. Incursionó en Talleres Literarios y Clubes del Libro. Cursos: “La palabra y la comunicación”.”Taller de reflexión intergeneracional” Producción literaria narrativa. Novela Grupal, Novelas individuales. Cuentos Breves. Revistas Literarias Recibe dos Menciones de Honor 1997 y 2006 respectivamente, otorgadas por la revista “Xicóalt” (Estrella Errante) de la organización Yage (Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericana) en Salzburgo. Por trabajos sobre temas ecológicos.

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berriosaluniverso@hotmail.com

Cristián Berríos

EL INSÓLITO FUNERAL DEL PROFESOR VÍCTOR SANFUENTES

Apenas el sacerdote iniciaba un inspirado mensaje que ya había pronunciado el día anterior, el catedrático Eros Osorio se ubicó de pie en la ultima fila del entierro más concurrido que hubo en el Parque de la Memoria esa mañana de nubosidad abrumadora y brisa húmeda. - ¿Conocía al difunto? – Preguntó un individuo que estaba a la izquierda mientras apretaba los bordes de su abrigo contra el tórax para entibiarse. - No – Contestó Osorio -. El Profesor Sanfuentes impartía ciencias en la Pontificia Universidad Católica y me corresponde reemplazarle en las aulas. Creí conveniente presentarle mis respetos a la familia. - Muy gentil de su parte – Dijo el desconocido -. Me llamo Rubén Sanfuentes, hermano de Víctor. Habría preferido seguir trabajando en mi taller antes que congelarme en la despedida de este desgraciado. Al cabo de unos minutos de lucha interna, el Profesor Osorio no pudo contenerse más y acabó preguntándole: - ¿Odiaba a su propio hermano? - ¿Desea que le dé una paliza? – Exclamó enfurecido Rubén -. Se nota que usted fue hijo único. Cualquiera que haya tenido un hermano pensó en abrirle la cabeza con un ladrillo en algún momento, pero no significa que lo detestase. - Disculpe – Se excusó el Profesor Osorio -. Interpreté erróneamente sus palabras. - Por bastante poco en realidad – Confesó Rubén Sanfuentes -. Envidiaba el reconocimiento que Víctor obtenía de nuestros padres por sus avances en las ciencias. ¡A los 5 años descubrió la cura para el resfrío!... El cretino era un maldito genio. ¿Creería que he recibido galardones internacionales por mis diseños de aeromodelismo?. Nunca copié un modelo de una estúpida guerra. Las fuerzas aéreas de diversas naciones y líneas comerciales adaptan sus aviones basados en mis diseños. - Entonces también su talento ha sido reconocido. - No pretenda consolarme – Se quejó Rubén Sanfuentes -, para eso le pago una fortuna a mi siquiatra, una extraordinaria amante. A los 19 años Víctor había recibido varias
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nominaciones al Premio Nobel y se negó a aceptarlo en cada una de ellas a través de correo certificado porque nunca quiso vestirse de etiqueta. - Lo sé – Corroboró Eros Osorio -. Su mente trabajaba en una forma extraña y prodigiosa. - ¿Prodigiosa? – Gimió Rubén Sanfuentes -. A los 8 años inventó un aparato para comunicarse con alienígenas. Una noche, mientras Víctor y nuestros padres dormían, pasé por casualidad junto a la radio mientras estaba encendido... - ¿Y que ocurrió? - Recibí al menos 25 señales de civilizaciones desconocidas... Lo supe años más tarde cuando ofrecí una copia de la cinta que grabé a la NASA y me la compraron en 3 millones de dólares. - ¿Qué hizo con la radio? – Exclamó el Profesor Eros Osorio. - ¿Bromea? – Río angustiado Rubén Sanfuentes -. La destruí apenas grabé la cinta esa noche... Sentí una profunda ira. Todo lo que mi hermano inventaba era perfecto como si una presencia suprema dirigiera sus pasos susurrándole al oído. Las creaciones de Víctor se convertían en una amenaza para la humanidad. - No le veo ningún sentido a sus palabras – Opinó el Profesor -. El genio de Víctor Sanfuentes contribuía al desarrollo de nuestra especie... ¿Cómo podría convertirse en un peligro?. - ¿Qué ocurriría si ningún ser humano falleciera?. - Habría sobrepoblación y escasez de alimento. - Exacto. Víctor inventó una maquina que resucitaba a los muertos. - ¡Imposible! – Gritó el Profesor Osorio ocasionando que una mujer de edad avanzada volteara y le observara con desagrado -. Estoy al tanto de los últimos avances y esa tecnología no existe. Cerebro muerto, cerebro inservible. - Víctor tiene una maquina de resucitación en el sótano de su casa – Insistió Rubén Sanfuentes -. Poco antes de que muriera trabajaba en su invento para que el occiso continuara su existencia con el alma en el cuerpo mediante una reinserción de energía electromagnética. - ¡Patrañas novelescas! – Gruñó el Profesor Osorio -. ¿Y la muerte de células, neuronas y la descomposición del tejido cerebral?. - Había descubierto además una fórmula que revitalizaba células, neuronas, el tejido y eliminaba a los parásitos. Olvídese de la coagulación sanguínea y la petrificación muscular. - Asombroso – Suspiró Osorio -. Si fuera cierto, asunto que dudo, sería una cruel ironía
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que el Profesor Sanfuentes haya creado una maquina de resucitación y muriera antes de probarla. Luego de que observara en su entorno por un instante, Rubén Sanfuentes dijo en voz baja al Profesor Osorio: - Ese ataúd que bajan a las entrañas de la tierra está tan vacío como el cerebro de un político. - ¿Víctor Sanfuentes no ha muerto? – Susurró incrédulo el Profesor Osorio. - Le prometo que si revela este secreto lo perseguiré hasta matarlo – Advirtió Rubén -: Antes de que Víctor expirara de un ataque cardiaco alcanzó a arrastrase hasta el interior de la maquina, la segunda vez falleció tras romperse el cuello pero alcancé a asistirlo y la tercera, que usted conoce, fue cuando aquel camión de una empresa tabaquera lo arrolló... - ¡3 veces! – Dijo Osorio sacudido hasta la médula -, ya me parecía que la viuda y su pequeña hija lucían demasiado serenas... - Mi pequeña sobrina es la luz de nuestras vidas – Apuntó Rubén Sanfuentes -, posee un espíritu. ¡Víctor, mi cuñada y yo fallecimos antes de que perfeccionara su invento!... Fin.

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Cristián Berríos nació en Santiago de Chile (1975). Ha publicado cinco tomos de cuentos y novelas breves en formato digital: Chocolate post mortem, Cuentos de Sueñobscuro, La Cofradía, Breve sinfonía de un crimen sin remordimientos y Santo Grial de un underground, además de cuentos y poemas en medios impresos y electrónicos de Chile, México y Venezuela. Su proyecto literario fue destacado por el programa chileno de tecnología HI-Tech (Canal Más 22) el 2006. Edita y dirige la publicación Puente de Saturno.

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Carlos Enrique Saldivar

VOLAR COMO LOS PÁJAROS

A Diane. Algún día, cuando volemos, nos toparemos de nuevo.

“Podemos elevarnos en el aire con sólo mover los brazos. Si a cada brazo ajustamos unas alas ligeras de plástico, atiesadas con varillas flexibles, y si esas alas se pliegan y se extienden al ritmo justo, la gente podrá volar como los pájaros.” Isaac Asimov, «Para los pájaros».

Qué triste es rememorar los grandes errores de nuestra humanidad que más tiende a ser inhumana que servicial. Estos errores son tantos que son capaces de cubrir al mundo mucho más rápido que el desborde de todos los océanos juntos. Por ejemplo, recuerdo a un niño que tenía la edad de mi pequeño Johny, un pequeño de nada más 9 años, que decidió volar junto a una bandada de mirlos y fue derribado en una ciudad al norte muy lejos de su hogar sólo por ser humano y batir los brazos. Puedo imaginar la escena en mi mente: aquel cuerpecillo que estaba en vías de crecimiento y lleno de vitalidad cayendo al vacío como una pluma destilando un llanto profundo en la noche de los cielos. Podría citar muchos casos pero ya no lo haré. Mi melancolía surge de mi corazón como una catarata a punto de inundar mi resistencia. Entender que esta vida tan llena de limitaciones e injusticias añada a sus tragedias el fantasma de la muerte creo que debilitaría a cualquiera. El hombre es un ser puro cuando está el aire, pero la envidia es terrible en la tierra. No todos vuelan, es cierto, muchos nacen con alas cortas; no me refiero a las extremidades como las que tienen las aves, me refiero a un organismo calibrado. Gracias a Dios me digo - y no dejaré nunca de pensar - soy uno de los que tiene la capacidad de surcar el firmamento. He volado junto a gorriones, colibríes, águilas, cóndores, junto a gaviotas... Es una lástima que ya no pueda volar junto a otras especies de aves. No hace mucho las líneas fronterizas han sido cercadas. Antes, hace mucho tiempo, nos prohibieron traspasar lo continentes, luego fueron los países, ahora son las regiones. Perdemos la vida como moscas dentro de nuestro propio suelo, éste es nuestro espacio, nuestra tierra del sur, pero si intentamos surcar los cielos, unos kilómetros al norte, sur o este nuestro final será inminente. Lo digo por aquellos a los que conocía y a aquellos que no conozco pero piensan igual a mí, a quienes respeto y admiro por tener un alma libre y limpia y no tienen miedo de aquel cruel espíritu que ronda siempre en el aire y cuyo nombre lacera sin cesar nuestros redondos corazones de sangre caliente. Aquel ente llamado muerte. Mi nombre es Avin, un nombre simple, lo sé, hace tiempo que me he desligado de toda civilización y ahora me dedico a hacer vuelos cortos. No trabajo de manera típica, vivo de la naturaleza y enseño a volar al pequeño Johny. Tengo miedo que algún día me desobedezca y se aventure mas allá del horizonte. Los hombres podemos hacer de todo, podemos cimentar grandes edificios en forma de nidos, podemos utilizar tecnología,
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crear armas y ayuda robótica, podemos facilitar la “calidad de vida” - para los que cumplen las reglas -, podemos odiar, amar, estudiar, aprender, enseñar, trabajar, producir, construir, destruir... tantas cosas, pero para mí, la más fascinante, la cualidad que va por encima de toda razón básica es el poder volar. Los hombres podemos volar. No todos, uno de cada 100 nacen con disfunción orgánica y no pueden alzar vuelo en toda su vida. Ellos pesan el triple que los hombres normales. Yo peso 25 kilos y cada vez que extiendo mis brazos el aire corre cariñoso sobre mi rostro haciéndome sentir dichoso. Podría estar en el aire toda mi vida... subir muy arriba, luego bajar a gran velocidad, pero sobre todo me encanta acompañar a las aves, me siento una de ellas y no he sido el primero que ha experimentado esta sensación tan sublime. A Cálida también le gustaba. Ella amaba volar. Mi padre me enseñó y a él su padre, aunque por instinto uno sabe como debe emprender el vuelo por primera vez. Éramos una familia de grandes voladores hasta que papá cruzó la frontera, luego la vida se hizo difícil porque cuando lo derribaron cayó en el mar. No pudimos hallarlo ni enterrarlo como nuestra piadosa religión exigía. Mi madre nunca pudo alzar vuelo de nuevo y murió de pena. Mis hermanos se fueron, batiendo alas a un lugar fijo y lejano, uno a uno hace años cuando las leyes no estaban bien definidas y uno podía escabullirse. Yo huí cuando mi madre murió, me escabullí y conocí a Cálida en el aire. Fue en el aire, acompañando a una bandada de alondras que emigraban al norte buscando otro tipo de clima. Cogí de la mano a Cálida para volar juntos y ya nunca más la solté. Besé esos labios en el cielo, juntos siempre, descendiendo, girando y luego gritando con nuestras voces agudas. Nos amábamos, dos aves en libertad. Y vivíamos con nuestros amigos, las aves de verdad, en una región central, cercana a un bello y enorme bosque. Tuvimos un hijo y continuamos volando pero la zona se volvía fría y Cálida deseaba buscar otros lugares. Recuerdo que a veces, en nuestra casa en el árbol, oíamos las noticias, 10 hombres fueron asesinados cuando cruzaban la frontera volando; eran miembros de la misma familia. El nuevo gobierno prohibía volar a cierta hora y en ciertas áreas. Al menos la nuestra aún estaba libre de control pero al siguiente año llegaría la violencia y tuvimos que buscar otro sitio. Lo hicimos a pie, por si acaso. Desde aquel entonces ya era peligroso batir los brazos. Recuerdo que nuestro pequeño Johny de dos años cayó en una pendiente cuando intentaba volar y cuando pensé que todo se había perdido apareció riendo, surcando los cielos, un excelente volador, mi padre también me lo había dicho a mí. A menudo veíamos las bandadas de aves que se desplazaban a ciertas regiones en la línea ecuatorial, volábamos con ellas hasta la frontera del norte, ahí nos establecimos pero no podíamos cruzar la línea límite. Siempre había armas apuntando desde la tierra. Podían detectar con acierto el calor de un hombre y disparaban rayos ultraveloces que mataban a la primera. Tristeza. Sangre. Dolor. Y sobre todo impotencia. La vida se hizo dura cuando descubrimos que no podríamos salir volando de nuestra región y que en todo el mundo cientos morían a diario tratando de pasar de un país a otro para ver a los familiares que habían quedado allí, atrapados por las malvadas leyes que habían variado nuestra inocente y pequeña existencia. Cálida me lo contó, no siempre fue así, antes éramos libres como las aves, nos parecíamos mucho a ellas, decían que habíamos descendido de éstas, luego la iglesia combatió aquella teoría tan absurda... pero la guerra de mediados de siglo, hace una década lo arruinó todo, los países ya no confiaban entre ellos. La migración se convirtió en un método fácil de contrabando y de ataque e invasión. Mortales virus eran traídos de otros países. Llegaban delincuentes, locos, asesinos, de todo, eso nos decían. Los estados no podían arriesgarse, la ley se promulgó a nivel mundial: prohibidas las migraciones de hombres,
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tan solo se podían cruzar los aires en armatostes inventados por los que no podían volar. Debíamos ir en esos aparatos carísimos sentados, decepcionados, pero ni aún así nos librábamos de morir. A veces tales naves llamadas aviones también eran derribadas o se estrellaban solas... Luego vinieron los conflictos internos y todo empeoró. Se prohibieron las migraciones dentro de los países. Aquel que rompiera la ley, niño, anciano, mujer, u hombre era derribado de inmediato, asesinado sin asco. Volábamos como los pájaros, lo creíamos, lo soñábamos. Un día Johny enfermó y no supimos que hacer. En el norte no había remedios para curarlo, teníamos dinero porque trabajábamos atípicamente pero el remedio se hallaba en la ciudad central. No llegaríamos a tiempo. A menos que fuéramos batiendo extremidades en el cielo. Pero estaba prohibido volar. Cálida se decidió, no oyó mis ruegos y emprendió un vuelo de esperanza. Ella era más veloz que yo, en verdad, era más ligera y el viento se la llevó con facilidad. Me quedé cuidando de Johny, rezando por mi esposa, es cierto que no era muy creyente en aquel entonces ni lo soy ahora pero creo en algo superior, algo que no ha sido respetado ni valorado por los hombres como debe de ser. Creo en el cielo, en la divinidad. ¿Acaso los ángeles no tienen alas? Johny tenía 4 añitos y empeoraba cada vez más. No debía morir. No lo permitiría. No lo dejaría partir solo de este mundo, un niño nunca debe ir solo a ningún lado. Eso creo yo... Al caer la noche apareció Cálida. Descendió velozmente y puso en mis manos el remedio... “Según los síntomas debió haber sido mordido por algún insecto venenoso. Este es el antídoto. Gasté todos nuestros ahorros, lo siento...”, me dijo con debilidad. “¿No te ocurrió nada malo mientras venías?”, le pregunté. “No, fui más veloz que ellos”, me respondió con una sonrisa e inmediatamente se desplomó... La cogí en mis brazos e indagué por lo que había ocurrido. Vi la sangre a su costado y un hoyo muy profundo. Me dijo que al regresar de la ciudad y cruzar el límite con nuestra región un rayo del color del sol surgió de la nada iluminándolo todo... “Te pido perdón, Avin, por dejarte así, cuida de él”, me susurró. Sin decir más murió. En su rostro, en el último instante me pareció ver que se despegaban todas las estrellas del firmamento, una constelación de ternura infinita... La enterré en el centro del bosque más bello de la región. Decidí abandonar esa zona a pie a los dos días cuando se recuperó mi pequeño hijo y desde entonces hemos vivido aquí en el este, en una zona extraña y exuberante, alejados del salvajismo e incomprensión. Hay tantos pájaros hermosos, muchas razas de ensueño, diría que algunas aún hoy en día no han sido clasificadas. Vuelo con ellas y Johny también, ascendemos muy alto, volamos junto a los pájaros pero no nos alejamos demasiado del paraíso. A veces imitamos los graznidos de las aves y nos reímos. Mi hijo ya ha cumplido 10 años, quiere que le hable de su mamá, le digo que fue una mujer maravillosa, lo cual es cierto. A veces en la noche lloro... cuando escucho en nuestra radio noticias sobre la muerte de 6 hermanitos que querían salir a conocer el mar, o cuando un visitante me trae el diario que anuncia en la última página, sólo de pasada, la muerte de 16 hombres y mujeres voladores, todos miembros de una comunidad. Y pienso, medito mucho, pienso... en la vida y la muerte. Quisiera emprender mi último vuelo pero no puedo... Es trágico y me apena. Una vez mi padre mencionó una época en que los hombres no podían volar pero yo no lo creí, dijo que el mayor anhelo en la vida de un ser humano es imitar a las aves, el hombre ha hecho todo lo posible por ser como los pájaros, los que no podían volar construyeron alas metálicas y lo hicieron posible de alguna manera. Hace muchos años alguien descubrió una manera sencilla y la transmitió de generación
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a generación. Una fórmula que logró el sueño... cambiando la estructura atómica y corporal humana. Si soy o no resultado de un milagro estoy contento pero no creo que el volar haya sido en tiempos remotos un deseo ferviente del alma humana, no más que vencer a la muerte, no más que encontrar el amor, porque hoy todos volamos; volamos y morimos si lo hacemos. Volar es sufrir, volar es sinónimo de dolor y fallecimiento. No creo aquellas historias de ideales, sólo creo en alguien que una vez voló para salvar una vida preciosa perdiendo la suya en el acto. Creo en gente que voló para sonreír y ser feliz y luego con injusticia solo vieron la negrura. No es correcto. Algún día no muy lejano... quizá mañana, me una a aquel grupo que vino volando lleno heridas a guarecerse en mi casa. Ellos querían ser libres para remontar el cielo. Quizá podamos formar juntos el sueño del vuelo sin sangre, de la ascensión sin ataduras. Y soñaré, mientras vuelo en mi realidad, durante toda la noche hasta que amanece cuando los patos ascienden y luego aparece una bandada de palomas migratorias y me uno a ellas para poder saborear el viento golpeando mi cuerpo semidesnudo... Johny duerme, al despertar querrá volar. Que lo haga con nuestros pájaros mascotas. Yo volveré pronto, no será mi último vuelo pero sí el último en plena felicidad. Tal vez me hieran pronto, pero no, nadie me detendrá, porque soy veloz y he aprendido a planear. Me rodean las aves que sonríen graznando, cuyos picos y ojos reflejan la bondad de sus almas. ¿Tienen almas las aves? Algunos hombres carecen de ella. El alma vuela, es más fuerte que el torpe cuerpo. Me siento en una nube de plata que me llena de un placer celestial y cierro los ojos... mientras el sol hace su aparición ahí arriba, muy arriba en el firmamento... Siento un fuerte impacto en la pierna... Y sé que ya es hora de volver, es una lástima aunque no quiero detenerme... otro impacto me roza la cintura, debo dar la media vuelta... ¿Algún día podremos hacer que las cosas cambien? Mi sonrisa es duradera pero mi tristeza es eterna a la vez. Aquella luz que veo nacer desde una montaña cercana me atormenta. Entonces descubro porque la vida de las aves es tan corta y las de los hombres tan larga. No somos como ellas. Siento tanta envidia y a la vez tanta pena en mi alma. Nunca podremos alcanzar la plenitud en este mundo. Es cierto que a pesar de nuestra inteligencia milenaria estaremos por siempre bajo condena. La nuestra. Porque son tantos los errores. Jamás podremos ser libres. Jamás podremos volar como los pájaros. Lima, enero de 2005
Extraído del libro: “Historias de ciencia ficción”

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Carlos Enrique Saldivar (Lima, 1982) Estudiante de Literatura en la UNFV. Narrador y poeta. Se dedica a la escritura de relatos de diverso género con predominio la fantasía, el horror y la ciencia ficción. Director de la revista Argonautas de fantasía, misterio y ciencia ficción que nació en noviembre de 2006 y el día de hoy ya va por su cuarta entrega. Ha publicado relatos en las revistas Argonautas números 1, 2, 3 y 4. Miembro del grupo Coyllur de fantasía, terror y ciencia ficción aquí en Perú desde este año 2007. Tiene tres novelas y dos libros de cuentos inéditos.

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Rolando Revagliatti
revadans@yahoo.com.ar

¡A ESCENA, ACTORES!

Helia Pérez Murillo, mi compañerita en las clases de interpretación, así como en las de expresión corporal, enseñaba literatura inglesa en un colegio religioso. Religiosa ella, rara avis, buen humor y mal aliento, no respondía a los cánones usuales de quien se prepara para ejercer de actor. Se anexaba a los grupúsculos más laburadores sin desestimar a los que apuntaban hacia un destino de reviente. No todos la querían (nunca ocurre) y menos aún, la comprendían. Detalles simpáticos la adornaban: en substancioso revoltijo portabas tijerita, carreteles de hilo blanco e hilo negro, dedal, aguja, alfileres de gancho. Costurera ambulante, un botón me cosiste apenas nos conocimos. Por años trazamos un mismo derrotero estudiantil. Realizamos, a propuesta mía, los seminarios de maquillaje y de foniatría. Hicimos “de pueblo” (categoría “figurante”), bajo contrato, en la tragedia campestre “Donde la muerte clava sus banderas” de Omar del Carlo, en el Cervantes. Vos, como “mujer ribereña”; yo, detrás de una decena de ursos también disfrazados de montoneros, en un cuadro secundábamos a Venancio Soria (Alfredo Duarte) peleando a facón con su padre, el general Dalmiro Soria (Fernando Labat), en el segundo acto. Se te veía en el escenario. A mí, en cambio, como dije, cubriendo las espaldas del pelotón, con barba y gorro, el más bajo, sólo se me hubiera distinguido con la perspicacia de la que mi padre y su primo Boche carecieron cuando recibíamos los aplausos. De ese saludo en la función del estreno, conservo una foto: allí estamos: vos, sobre la derecha, empollerada y con pañuelo en la cabeza; yo, en el otro lateral, inclinado, con poncho y lanza, respetuosamente. Nunca olvidaré aquella friega entusiasta que me propinaras con linimento Sloan, antes de irnos a comer Traviatas al barcito de la galería de la Sala Planeta. Ese calambre fue de lo más genuino, y por mí la pantorrilla hubiera podido quedarse agarrotada. Me dulcificaste. De qué buen grado te habría ofrecido todo mi territorio recontracontracturado. Te deseé con continuidad. Me enfebrecitabas al cerrarte el sacón de vizcacha o cuando te instilabas el colirio. Virginidad agazapada, Helia, vos, transida y amagante con tus treinta y cuatro años en ristra, mientras yo, con ocho menos, te alcanzaba mis versos esotéricos, mis silvas a la metalurgia y a la agricultura, mi única lectora, siempre una palabra amable, como una novia. También siempre tuviste hermanos mayores, todos machitos, y siempre confundía yo la voz de tu mamá con la tuya, por teléfono. Tu padre, siempre, además, fue un anciano delicado de salud. Vivías en una mansión de ésas que emputecen a un pequeño burgués que como yo la otearía desde afuera y de noche, a bordo de su Ami a dos tonos de colorado, bien de chapa, con vos sin terminar de despedirse ni de nada, en una callejuela de Adrogué, mucho árbol y parejo empedrado, mucho, muchísimo parque alrededor de la casona. Yo te dejaba, Helia, precisamente en el portón que se abría a toda esa manzana lóbrega y rodeada por ligustro. Estuve casado durante los dos primeros años de tratarnos. La conociste a Viviana. Te amedrentaba su independientismo enérgico, y su desconcertante labilidad. Por entonces,
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con Antonieta y Alejandro concurríamos a los café-concert, previa presentación de nuestros modestos carnés de la Asociación de Estudiantes de Teatro. Sucesos que acontecían cuando te mandaste con Samuel Gomara esa atrevida improvisación en clase, incorporando los diálogos de Ionesco en “Delirio a dúo”. No te notamos más que ligeramente turbada cuando tu ducho partenaire te lamía a través de la malla amarronada y te besuqueaba en la nuca y se entretenía en tus nalgas y hasta en el perineo con los avispados dedos de su pie derecho, el mocoso. Nos quedamos boquiabiertos, y encima el texto no molestaba, abstrusas líneas que habían logrado justificar, ustedes, el adolescente aventurado y la ex-catequista. El recuerdo de tus desmandadas acrobacias me impulsó a la paja, admito, las nítidas imágenes de aquel recíproco adobe juguetón. Durante un tiempillo disfrutaste de popularidad, pero tus remilgos, opiniones y falta de swing te remitieron a tu primitiva ubicación. María Palacini me informó de tu presencia en una velada de gala en el Teatro Colón con un joven británico, alto y rubio, con el que platicabas en su idioma. Al salir, con levedad, él te había tomado del brazo, según la chismosa que los siguiera hasta una parada de taxis. Nos extasiabas recitando en inglés los sonetos de Shakespeare. Y no te hacías rogar. Ya más nacionales (Dragún, Gambaro, Monti), nos divertíamos memorizando escenas, tirándonos almohadones, para automatizar la incorporación de la letra. No me gustaba ni medio que te trataras con un psiquiatra, que fueras a recibir consejos y medicación de ese vetusto chanta catolicón, amigo de tu padre. Te costaba dormirte, tenías sacudidas en la cama, súbita sudoración, lipotimia y taquicardia de origen emocional. Circulabas también con la farmacia a cuestas, y el kiosco: pastillas de menta y mandarina, Genioles por las dudas, Efortil, antiespasmódico, Curitas, terrones de azúcar, saquitos de té. ¿Qué no he visto salir de tus carterones? ¡Ah, y el asma! El asma que habías superado tratándote con ese doctor, lo que hacía que sintieras por él una gratitud incondicional. Eras, en cierto modo, su cautiva. ¿Nunca de una pasión descontrolada?... En tus jornadas de retiro espiritual te imaginaba incandescente, aunque fuera por el divino Jesús, y después retornando a mí, aún sin el alivio procurado. Retornando, digo, vos, la no siempre macilenta. Cada tanto algo ocurría y tu cabellera lucía limpia y alborotada, vestías una ropa fantástica, calzabas zapatos acordes y todo así. Remanida en expresión corporal, tus progresos fueron magros al principio. Allí se expuso ejemplarmente tu confusión. El profesor soslayó la calentura larvada que resumabas. No por tus pies planos y jirones de pintoresquismo, menos eras un volcán. Gocé cuando me embadurnabas y desembadurnabas mientras realizabas las prácticas cosmetológicas y de caracterización: Ratón Mickey, villano, mariquita; cíclope, linyera, marciano, bucanero. Jamás desprovista de ahínco deslizabas tus algodones por mi cara. Cuando en pleno auge grotowskiano, Guido y Jorge se desnudaron recreando las circunstancias de un cuento originariamente infantil, vos eras observada al menos por mí: impávida, simulando, negándote al impacto visual. Retaceaste, luego, el imprescindible comentario. Vivía solo cuando me insinué y me disuadiste: nada cambiaría entre nosotros. Yo, en broma atropellaba: “Soy el hombre de tus...” Y apelabas a mi compostura. Me
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descubriste besando a un minón por el obelisco; y ciñendo de la cintura a una espigada pendejita del Bellas Artes, en la esquina de Quintana y Libertad. Y de esos encontrones, ni una palabra. Astuto, te sugerí preparar para el fin del cuarto año lectivo una pieza corta de Tennessee Williams: “Háblame como la lluvia y déjame escuchar...” Aceptaste de inmediato, conmovida. “La mujer alarga el brazo, un brazo delgado que sale de la deshilachada manga de su kimono de seda rosa y coge el vaso de agua, cuyo peso parece inclinarla un poco hacia adelante. Desde la cama el Hombre la observa con ternura mientras ella bebe agua.” Ensayaríamos en mi departamento una vez por semana. Con el texto nos meteríamos cuando la etapa de improvisaciones estuviera avanzada. En los dos primeros sábados estuvimos trabados. En el tercero ubiqué mi cabeza en tu regazo y me amparaste. “En la ciudad le hacen a uno cosas terribles cuando está inconsciente. Me duele todo el cuerpo, como si me hubieran tirado a puntapiés por una escalera. No como si me hubiera caído, sino como si me hubieran dado puntapiés.” En el siguiente sábado me acariciaste, no sin algún grado de entrega, breve, claro está. En el quinto, te retrajiste: previsible. “Me metieron en un cubo de basura que había en un callejón, y salí de allí con cortes y quemaduras en todo el cuerpo. La gente depravada abusa de uno cuando se está inconsciente. Cuando desperté estaba desnudo en una bañera llena de cubitos de hielo medio derretidos.” En el sexto sábado, como había mucho ruido en el palier, nos mudamos al dormitorio. Incluimos el borde de la cama (matrimonial). En el séptimo, y habiendo adoptado ya ese ambiente, apagué la luz y susurré, mi voz entrecortada, la tuya opaca, neutra. “Recorreré mi cuerpo con las manos y percibiré lo asombrosamente delgada e ingrávida que me he quedado. ¡Oh, Dios mío, qué delgada estaré! Casi transparente. Apenas real, ya.” En el otro fin de semana nos reunimos, además, el domingo. Vos arderías subrepticiamente, y yo, agitado sufría y cerraba la puerta, te invitaba a trastornarte con el auténtico temporal que zarandeaba la persiana, apagaba la luz y en completa oscuridad intercalaba frases de Williams, mientras con impericia me libraba del gastado pantalón de corderoy (de bastones anchos) y de la polera. Algo se me anunciaba desde la médula, al tantearte; sofrenado me encimé y desgarré de indeseado semen, todo mi ser ridículo y perentorio, me ofrendé al slip de nailon. Destemplado justifiqué el recule, atiné a desdecirme y vos te adaptabas, Helia querida, módica, en lo tuyo. Me fui vistiendo con ocultado desdoro, encendí la luz, alegué desconcentración y desánimo, tomamos mate con bizcochitos de anís en la cocina. Durante los días subsiguientes recobré ímpetus. Un tropezón no es caída. Mis antecedentes de eyaculación precoz habían sido aislados y en circunstancias atípicas o calamitosas. El ensayo de la obra, no obstante lo viciado del procedimiento, nos conformaba. Y fuimos consubstanciándonos con el texto. “Tendré una habitación grande, con postigos en las ventanas. Habrá una temporada de lluvia, lluvia, lluvia. Y me sentiré tan agotada después de mi vida en la ciudad, que no me importará estar sin hacer nada, simplemente oyendo caer la lluvia. Estaré tan tranquila. Las arrugas desaparecerán de mi cara. No se me inflamarán nunca los ojos. No tendré amigos. No tendré ni siquiera conocidos”: tu largo monólogo final, el poético y enrarecido clima de la pieza. El punto era cómo enajenarte, cómo enajenarte y mandar, mandar la escena al carajo. “Sus dedos recorren la frente y los ojos de ella. Ella cierra los ojos y levanta una mano como para tocarle. El le coge la mano y la mira volviéndola, y después oprime los dedos contra sus labios. Cuando se la suelta ella le roza con los dedos. Acaricia su pecho delgado y liso, como el de un niño, y luego sus labios. El levanta la
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mano y desliza sus dedos por el cuello y el escote de su kimono a medida que se afirma el sonido de la mandolina.” Creadas las condiciones de río revuelto, pescar, arrebatar los numerosos peces, los peces de tu soterrada lujuria. Y así, otra vez a oscuras la escena, impregnado, mórbido, con suavidad te bordeo, nictálope, busco tu boca con mis dedos, rozo tu nariz, beso tus párpados con alevosía, me desenvaso de las incordiosas prendas, doy contra tus dientes interceptando mi lengua, sin arredrarme aplasto tu mano con mi sexo, te aplasto, tenaz y corroído, te encepo los pies, girás la cabeza como que te dispararías, pero yo te sigo en el giro sin separarme, y resistís también con las piernas, aunque tu mano no pugna por zafarse de mi aplastamiento. Es más: me siento aferrado; advertirlo me nutre de renovadas ínfulas, no cejo, y tu boca y tus piernas algo se distienden; yo confío, me arrellano, tu lengua soliviantada no atina a organizarse; ¿qué es esto?: esto es mi nobilísimo tironeo de tu ropa, la cual desparramo, te quito las medias, te dejo en aros y en crucecita. ¿Y quién piensa en el inmenso dramaturgo norteamericano, si hiendo tus pezones y debajo te tenemos, transpirada y silenciosa?; “...el viento limpísimo que sopla desde el confín del mundo, desde más lejos aun, desde los fríos límites del espacio ultraterrestre, desde más allá de lo que haya más allá de los confines del espacio”; y tus brazos a los lados, como desmembrada, y a no distraerme, que esto en cualquier momento se quema, ya adviene lo superlativo, y se quemó cuando subiste las rodillas. Costó un poquito pero percibí que me alentabas. Respirabas mejor, acordáte, después de los espasmos. Aún hoy, años después, ensayamos de vez en cuando la escena. Nunca presentamos en el curso nuestra versión libérrima. Nunca toleraste que encendiera la luz ni que subiera la persiana. Nunca me permitiste pasar a los papeles sin el ritual de “el suelo de aquel departamento junto al río...cosas, ropas... esparcidas... Sostenes... pantalones... camisas, corbatas, calcetines... y muchas cosas más...” Nunca te permitiste fuera de contexto un ademán extra-compañeril. Nunca aludimos al diafragma que aportaras a nuestros encuentros. Nunca me dejaste ni un mísero recado en la mensajería, en fin, ni un mísero recado de tinte qué ganas que tengo, y siempre arreglaste con prontitud para reunirte conmigo a ensayar cuando, como hasta ahora, te lo propongo. Helia: siento urgencia por descristalizar esta trama. No te amo. Todo es perfecto. Quiero más con vos. Ansío secuestrarte. Variados argumentos. El epitalamio, el epitalamio. Pronto me mudo. Ensayemos otra obra. Proponé vos: Beckett, Jean Genet, Arrabal, Harold Pinter, Sartre, Schiller, García Lorca, Osborne, Ibsen, Armando Discépolo, Strinberg, Pirandello, Eurípides, Valle-Inclán, Racine, Benavente, Adellach, Camus, Albee, Leroi Jones, Aristófanes...

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Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. Libros publicados (entre 1988 y 2009): Obras completas en verso hasta acá, De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):, Trompifai, Fundido encadenado, Picado contrapicado, Tomavistas, Propaga, Ardua, Pictórica, Desecho e izquierdo, Sopita, Leo y escribo, Del franelero popular, Ripio, Corona de calor (poesía); Las piezas de un teatro (dramaturgia); Historietas del amor, Muestra en prosa (cuentos y relatos); El Revagliastés (antología poética personal), Revagliatti – Antología Poética (con selección y prólogo de Eduardo Dalter). Casi todos cuentan con ediciones electrónicas disponibles gratuitamente en bibliotecas digitales.

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Crítica Literaria
Quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar sólo entre una multitud atareada. Charles Baudelaire

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Encuentros y desencuentros entre Neoclásico y Romanticismo:
Exploración de la dicotomía Amor- Dios en las obras del Romanticismo Macías de Larra y El Trovador de García Gutiérrez a través de sus personajes primarios en comparativa meta-literaria con la Poesía Neoclásica de Juan Meléndez Valdés “Batilo”

Por: José M. Pérez Sánchez jose.perezsa@uca.es

Como queda establecido en el encabezado del presente escrito, exploraré los textos Macías de Larra y El Trovador de García Gutiérrez en comparativa con la poesía de Meléndez Valdés para contrastar sus discursos de amor partiendo de un marco teórico general de ambos periodos histórico-literarios y, así, señalar sus encuentros y desencuentros o, en otras palabras, similitudes y discrepancias respecto a la temática propuesta. A un lado de la balanza situamos los supuestos neoclásicos de Juan Meléndez Valdés, que se inició en un estilo rococó y llegaría a representar la máxima expresión del mismo con varias de sus siempre personalísimas anacreónticas. Batilo reviste el rococó con una estructura sencilla, un ornamento complejo, un contenido ambiguo, unas formas despreocupadas y galantes; canta a la alegría de vivir, a los amores gozosos, los placenteros banquetes, los bailes y las danzas en ambiente pastoril, que rememora la tradición antigua, con la lectura atenta de los autores clásicos -sobre todo de Horacio- y de nuestra lírica renacentista -en especial Garcilaso, Herrera, Rioja y Fray Luís de León-. No obstante, la creación poética de Meléndez maduró con rapidez
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hacia el neoclasicismo, que busca la moderación y la armonía expresiva. Además, Batilo se materializa en como hilo conductor hacia el nuevo movimiento romántico, ya que fue considerado un autor prerromántico por muchos hacia el final de su obra, donde después de observar los dolorosos versos de Meléndez, se hace palpable que su supuesto prerromanticismo hace hincapié en su sentimentalismo. Uno de ellos es José María de Cossío quien cataloga a Meléndez Valdés como precursor del Romanticismo por sus temas y por su actitud efusivo-sentimental.1 Segura Covarsí insiste también en el sentimentalismo y añade algunos aspectos formales: formas enfáticas, epítetos, uso del romance, así como los temas nocturnos.2 Al incluir a Meléndez en el prerromanticismo, casi todos los críticos coinciden en ver en él un poeta sentimental. Al otro extremo de la balanza situamos el movimiento romántico, para ello tomo como fuente de mi estudio y como referencia -para configurar el marco del amor romántico -a Javier Herrero y sus palabras al respecto: “A pesar de que el amor comienza como un deseo por poseer la belleza del cuerpo, la satisfacción de tal deseo constriñe el espíritu del amante, provocando el incremento del cuerpo sobre el alma, donde se busca por un nuevo modelo de belleza, sabiduría y virtud por medio de sus propias ideas, el amante, encuentra lo divino en el alma humana y se desplaza entre ellas.”3 Por consiguiente, entenderé por “Amor romántico” la sublimación del alma humana como resultado de las emociones nacidas o evocadas a raíz de deseos y sensaciones físicas y, además, en consecuencia, el aprecio espiritual entre los amantes. Asimismo, es importante recordar como otro factor esencial que, de acuerdo a José Escobar Arronis, en todos los casos, “el conflicto dramático se configura como una lucha revolucionaria entre la burguesía y la nobleza desde una perspectiva ideológica propia del siglo XIX”.4 Al mismo tiempo, la génesis del romanticismo español, de acuerdo a García Salvador, “hunde sus raíces en los fundamentos cristianos, incluso restringiendo y limitando su posterior desarrollo en tiempos conflictivos sobre la naturaleza del amor romántico y las doctrinas cristianas”.5 Por tanto, en lugar de la relación anterior, sería absolutamente necesario adoptar una teología de la fe cristiana que responde a la estructura mental de: juicio, sufrimiento y recompensa o castigo. No obstante, el romanticismo pretende suplantar dicha concepción de fe por los ideales previamente mencionados a través del amor. La importancia de éste paralelismo

1

de Cossío, José M.ª . En torno a la poesía de Meléndez Valdés, Boletín de la Biblioteca Menéndez y Pelayo, 1923, VII, pp. 65-75 2 Peers, E. Allison. Historia del movimiento romántico español, Madrid, Gredos, 1954, pp. 55-61. Alfonso Armas Ayala también se deja llevar por un excesivo extremismo cuando quiere colocar el inicio del período romántico «algo más allá de 1750». («Algunas notas sobre el prerromanticismo español», El Museo canario, 1960, XXI, n.º 73-74, pp. 79-92). Véase también Melchor Fernández Almagro, «Meléndez Valdés clásico y romántico», Clavileño, 1954, n.º 27, pp. 1-7; A. Juretschke, «El Neoclasicismo y Romanticismo en España: su visión del mundo estética y poética», Arbor, 1969, LXXIV, pp. 5-20. 3 Herrero, Javier. Romantic Theology: Love, Death and beyond en Resonancias románticas: Evocaciones del romanticismo hispánico en el sesquicentario de la muerte de Mariano José Larra. P-1 4 Escobar Arronis, José. Anti-romanticismo en García Gutiérrez. extraído del Campus Virtual de la UCA en la asignatura Literatura Espanola s.xviii-xix (II), Cantos Casenave, M. 2007
5

García, Salvador citado en Spanish Romantic Theory and Criticism de Derek Flitter. University Press, Cambrigde. 1992. P-114
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quedará plasmada de forma evidente en el estudio progresivo de las obras seleccionadas por las cuales se discernirá un lazo intrínseco entre ambos. Mariano José de Larra en su drama el Macías despliega el tema amoroso y lo elabora de forma entrelazada para alcanzar una mayor profundidad, y enfatiza la divergencia de su interpretación sobre el asunto, que resulta en la evolución de un amor eminentemente romántico-teológico. Macías es descrito por Larra como “un hombre que ama y nada más”6. Conservando esta definición en mente, abordaremos el enfoque del amor manifestado por el personaje primario de la obra. De la misma forma que Rugiero era ciego, por su amor por Laura, en Macías percibimos una mayor pérdida de vista, -asociada a la razón, cuya asociación metafórica no es causal ya que dicho valor era esencial en la concepción literaria del periodo neoclásico y que el romanticismo supuso una ruptura con la corriente anterior y un rechazo a sus convicciones. Por ello mismo, el protagonista da muestras de su irrefrenable egoísmo amoroso que eclipsa cualquier otro aspecto, como de ello muestra la próxima cita extraída del mismo: “Si en la tierra, asilo no encontramos, juntos ambos moriremos de amor”7 De ello se extrae una conclusión: si no puede conseguir su amor, nuestro hombre prefiere morir: lo cual muestra una obstinada meta en la que el amor establece los patrones de su vida, y sin ello no encuentra un motivo para seguir viviendo. Metafóricamente se podría utilizar la ceguera como símbolo de la muerte de la razón provocada por unos deseos que apaciguan el espíritu a través de los deseos mundanos. En cambio, contrastándolo con lo anterior, Meléndez Valdés aboga por cultivar la virtud, que conducirá a encontrar la verdad y así llegar a Dios, por el camino de la razón y no por el amor mundano. Esto se revela como influencia de Pope que manifiesta un deseo de profundización en el corazón del hombre, en su propia identidad y la ascensión hacia Dios. Como resultado de dicha influencia - entre otras- la búsqueda de la virtud acaba dando a la poesía de Meléndez un sentido religioso y transcendental. Por otra parte, retomando Larra, Macías se enfrenta al juicio de valor de una jerarquía social que, al existir, deniega su unión conyugal con Elvira como resultado directo de su pertenencia a un bajo estrato social; -en un contexto histórico en el cual los matrimonios son el resultado de pactos familiares, relegando el amor a un plano inferior- Sin embargo, esto no afecta un ápice la resolución que adopta Macías de casarse con la mujer a la que ama, en la creencia de que su amor es suficiente para obtener la mano de su amada, Elvira. Así, Larra expresa a través del amor de Macías un deseo de romper con los códigos sociales y convenciones de la época. “Aquí está Elvira señor, y aquí, como caballero mi juramento primero me llamaba y el amor.”8 En consecuencia, es el amor quien gobierna la vida de Macías, no el hombre[…] tanto es así que no atiende a consideraciones y razonamientos de nadie que no sienta igual que él: “Dígalo vuestra esposa, que a una ciega ambición inmoláis, ¿Cómo apiadaros del grito del amor? Vos ni sois capaz de amar”9 El amor romántico en Macías es de carácter absolutamente subjetivo y rechaza la imposición artificial de las estructuras
6

Larra, Mariano José, Macías, Edición con notas e introducción de Luís Lorenzo-Rivero y George P. Manssur. P-7 7 Ibid. (1258) 8 Ibid. (990) 9 Ibid. (1386)
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vigentes y códigos de comportamiento o convenciones sociales de su momento histórico. En contraste con un tozudo Macías, se erige la figura del personaje de Elvira de carácter y construcción más equilibrada y, aún así, en absoluto menos apasionada y también amante del amor. En éste papel de la mujer presenciamos una evolución con respecto al personaje de Laura, que ahora llega a manifestarse de forma virulenta en su amor: “ved este llanto amargo y doloroso, ved si os amé, y si aún amo más que mi propia vida; con violencia”10 Habla de una forma sorprendente, en absoluto esperada dentro de los márgenes establecidos dentro de los confines de una mujer, y contrasta sobremanera con Brígida que articula un discurso mucho más conservador y tradicional. Por otro lado, es bien cierto que Elvira manifiesta su deseo por proceder con el mismo individualismo subjetivo que queda reflejado en Macías, sin embargo, ella se muestra algo más considerada y responsable, siendo éstas dos características normalmente asociadas a la moralidad del género femenino, de forma que, ahora, queda anclada dentro de los arquetipos de género, así pues, limitada por su propio código de honor. Un triste ejemplo de ello lo encontramos en el momento que ella intenta salvar la vida de Macías, en el que él –Macías- malinterpreta su acto como un consentimiento o mera aprobación a sus planes y de huir de sus obligaciones morales respecto a su ya esposo Fernán: ¿Vida y compasión solo arriesga una mujer?11 Esto es una muestra de que Elvira es una mujer que piensa con su corazón y también con su cabeza, estableciendo un crudo contraste con su altanero o desdeñoso Macías. A este respecto, cabe resaltar que Batilo por su parte subvierte esa dicotomía simbólica y la resuelve afirmando que es mejor “pensar con el corazón y sentir con la cabeza”. El amor de Elvira es de innegable sufrimiento y queda avocada a pasar por un auténtico tormento psicológico. Nunca se le permite decidir su propio futuro en ningún aspecto relevante que le brinde la oportunidad de buscar una felicidad personal, debido a que cuando no está gobernada por códigos sociales y familiares, queda igualmente confinada por su amor hacia Macías: “Mira mi corazón, débil juguete de una pasión Tirana, inextinguible.”12 Como consecuencia de este amor, Larra es capaz de valerse de forma prodigiosa de todos los valores de una heroína romántica, incluso cuando Elvira es forzada a casarse con Fernán, se siente obligada a tolerarlo debido a que sus creencias religiosas le usurpan su deseo de dar respuesta al amor que siente: “Eso fuera hacer ofensa a mi esposo, estoy casada.”13 Aún siendo así, ella no permitirá que su amor trasgreda los códigos que la constriñen, a pesar de expresar un profundo deseo melancólico. Más aún, Macías, en su uso de la arrogancia, incluso podría acusar a Elvira de ser pérfida con respecto a su amor. Él se muestra santurrón en la creencia de su superioridad moral y en su obstinación de reivindicar a Elvira como propia, un rasgo compartido por muchos de los personajes masculinos románticos, que se muestran incapaces de ver las diferentes aflicciones morales y sociales ejercidas sobre los amantes. Quizá, un buen ejemplo de ello lo encontramos cuando Macías llega demasiado tarde, aún cree que él y Elvira pueden estar juntos a pesar de haber contraído matrimonio ella; Elvira queda impresionada por su audacia para situar su deseo personal

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Ibid. (1830) Ibid. (1830)
Ibid. (1455) Ibid. (11170)

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por encima de la palabra de Dios para lograr el amor: “Los amantes están solos, las esposas su lazo de amor ¿Cual hay más santo? Su templo el universo.”14 Destaca la peculiaridad de esta pieza –Macías-, que contrasta tanto con la de su predecesor como con sus sucesores: la patente creencia en la religión y en la vida después de la muerte, especialmente por parte de Macías. Por su parte, Elvira es quien busca refugio en Dios, rogándole su apoyo y fuerza, demuestra un sentimiento dolido en su rechazo a deshacer su matrimonio, indicando que ambos -ella y la audiencia- podían ser conscientes de la condena de su alma a los infernos por sus actos cuando se suicida, al sentir que no le queda ninguna otra opción: “Yo encontré un asilo impenetrable en donde salvo del traidor me ponga”15 Así, el Dios de Elvira se presenta al lector como un Ente que le deniega despiadado al negarle su consuelo celestial. – idea que será llevada aún más lejos en El Trovador de García Gutiérrez. En Macías, el amor romántico es aún un amor condenado al fracaso en ambos mundos, éste y el que viene después de la muerte. La relación entre éste amor y la muerte es aparente, y toma como vehículo su relación con Dios. Es por ello que parece ser inexistente una resolución a los juicios humanos y sufrimientos de los amantes. Mientras, a pesar de todo, Macías se contenta con morir habiendo amado y haber sido amado. “¿Quién más dichoso que aquel que vive y muere amado?”16 A nosotros, como lectores –o audiencia- nos queda una sensación y un deseo por dar con una conclusión que satisfaga completamente nuestras emociones y expectaciones sobre el amor romántico retratado, cosa que, obviamente, no sucede; dejándonos con una sensación de abatimiento y desconsuelo que nos lleva hacia una reflexión en busca de algún atisbo de esperanza. En el caso de El Trovador de García Gutiérrez se va más allá, pues las fronteras de la teología religiosa y romántica vienen a fusionarse en cierta medida con un movimiento audaz que reemplaza a Dios por los ideales del amor romántico, en el que el artista romántico emerge como nueva deidad, de los que ambos amantes son devotos por completo. Las equivalencias trazadas entre la religión cristiana y el amor romántico son aparentes a lo largo de la obra. Así, el talento artístico de Manrique se convierte en un rasgo perteneciente a este innovador sistema. Esta “religión de amor” se revela en la herbicida de los protagonistas para captar la atención de Leonor por sus habilidades musicales, lo que ella describe en términos místicos como revelación: “Era tu voz, tu laúd era el canto seductor de un amante trovador lleno de inquietud. Turbada perdí mi calma, se estremeció el corazón, y una celeste ilusión me abraso de amor el alma”17 Ella habla en términos similares a san Juan de la Cruz en un diálogo religioso espiritual, una vez más, la forma más cercana de la expresión de los sentimientos del alma removidos e inspirados por un amor romántico. Antes de que Leonor tenga su momento epifánico del amor romántico, en un escenario propicio de significancia religiosa: una celda de monja, desprovisto de todo adorno, donde nos encontramos con una Leonor perturbada, desgarrada por sus recientes votos de matrimonio y su deseo de consumar su amor por su amor Manrique. Sus palabras una vez más replican aquellas de los místicos, por ejemplo: el uso de la
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Ibid. (1250) Ibid. (1868) 16 Ibid. (1263) 17 García Gutiérrez, Antonio. El Trovador, Edición de Carlos Ruíz Silva. Cátedra, Madrid. 1997. (135)
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palabra “extasiaba” en el siguiente extracto, que a su vez demuestra como Manrique y su arte están de forma constante en su mente, y no la imagen religiosa de Cristo que se encuentra justo frente a ella: “Cuando en el ara fatal eternal fe te juraba, mi mente ¡ay Dios! Se exagiaba en la imagen de un mortal. Imagen que vive en mí, hermosa, pura y constante… No, tu poder es bastante a separable de aqua…”18 Más aún, las direcciones de escena recrean también una imagen de transposición mística: “en el fondo a la izquierda habrá un reclinatorio”19 imágenes de epifanía religiosa aparecen inmediatamente la mente de la audiencia y lector de forma análoga. El arte y amor de Manrique, y el nivel tan profundo que evocan, ejercen un mayor poder sobre Leonor que Dios. El amor romántico ha abrumado a nuestra heroína sin dejarle una salida y resulta subyugada. El hecho de que Leonor es ciertamente esclava de sus pasiones no viene a significar, en forma alguna, que es más fácil para ella romper los votos hechos a la institución del matrimonio -en consecuencia religiosos- y, en última instancia, con Dios. Presenciamos una turbulenta lucha interior en la psique de nuestra heroína entre la razón y las emociones, lo divino y lo mundano, tema de larga tradición lamentativa herencia del petrarquismo –curiosamente una de las influencias poéticas de Meléndez Valdés- Ella es bien consciente de las implicaciones morales de sus acciones y sus deseos, un adulterio ciego: ya que a pesar de sus luchas internas, Leonor elige fugarse con su amante Manrique, siguiendo los dictados de su amor. Un amor sublime en este mundo que derrota el deseo del amor eterno posterior a la muerte. No sólo como acto profano explícito, sino que va incluso más allá al cometer suicidio, ya que, con ello, rompe también con la ideología cristiana. No importa si es en el intento de salvar a Manrique en un acto desinteresado de amor, pues es plenamente consciente de que al hacerlo rechaza toda posibilidad de reconciliación con Dios. Por tanto, el Dios de Leonor no es, al menos, benevolente, ella reconoce esto, de ahí que Leonor muera, y sea Manrique quien llore su muerte y guarde su luto. En un momento conmovedor, Manrique canta a las virtudes de su amada muerta. Coloca una corona de flores que dibuja un paralelismo con la corona de la vida en el libro de las revelaciones, “no temas ninguna de estas cosas por las que sufrieres, contemplado y el Diablo arrojará parte de ti a una prisión será el intento y tribulación en diez días; se creyente hasta la muerte, y yo te otorgaré una corona de vida”20 Es lógico por tanto que sea Manrique quien alabe sus virtudes en muerte, debido a que, a los ojos de Dios, ella ha pecado como para tener el favor y acceso al paraíso, el cual ella decidió abandonar desde el momento que decide quedarse con otro tipo de paraíso: el mundano, materializado por el amor de Manrique. Aunque, tal y como nosotros lo presenciamos, dada la naturaleza sublime y espiritual de este amor, éste es incompatible e inapropiado con la existencia humana. El trovador ha sido convertido en deidad, y mientras Leonor es incapaz de mantener juramento a Dios, en cambio puede actuar fiel a la promesa que contrae con Manrique. En otras palabras, ha prestado juramento a ambos y es Manrique quien sale vencedor una vez se demuestra la incompatibilidad para cumplir ambos votos; así pues, lo el voto mundano se presenta superior al divino. ¿No me juraste amarme eternamente por el Dios que gobierna el firmamento? Ven a cumplirme, ven a tu juramento.”21
18 19

Ibid. (III:IV 21) Ibid. p-150 20 Flitter, Derek; F. Diaz, Luís; Zaragoza, Georges. Capítulo II de The book of revelations, citado en Don Alvaro et la Drame romantique espagnol de Derek Flitter. P-7 21 García Gutierrez, Antonio. El Trovador. Edición de Carlos Ruíz Silva. Cátedra, Madrid, 1997. (III:II 172)
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Habiéndose convertido un icono de amor romántico en su mente “mi corazón…te idolatraba”22 Manrique es feliz al alcanzar el role de Dios y se auto-concederá el amor verdadero. En su mente no hay nada más grande que el amor que comparten y, al igual que Macías era “un hombre que ama y nada más”23, el amor del trovador se presenta igual de potente, pues Leonor también viene a representar enteramente el sentido de su existencia: “Ella es mi amor, mis esperanzas, tú para mi eres todo ángel hermosa”.24 Ambos amantes son fieles a su interpretación romántica del amor, de su relación con Dios, y la fe cristiana. Llegados a este punto, religión y amor romántico se influyen el uno al otro, como ejemplo evidente de esto: aunque en términos de amor romántico la mujer haya sufrido igual o más que el hombre y haya sido puesta a prueba de forma extrema, se le niega ascender a un estado espiritual, como recompensa, debido a que, aún, se presenta conflictiva la doctrina cristiana respecto al género al que se adscribe ella. “El pensamiento romántico en España permanece en la línea tradicional, en concordancia con lo que escritores españoles siempre han querido que sea lo que el romanticismo represente: una literatura espiritual que fue el producto de creencias cristianas y que fue justo lo opuesto a lo racional y lo material”.25 Al ser fruto de las creencias cristianas, rinde un premio imposible a los amantes, especialmente si son incapaces de superar las pruebas y el sufrimiento al que serán expuestos mediante la fe y en la creencia que al final su amor los unirá en la otra vida. En el texto, sin embargo, los deseos mundanos de unión de nuestros protagonistas se demuestran más fuertes, sin hacer reflexión sobre el precio último a pagar ante Dios, por lo que el amor romántico queda encapsulado dentro la doctrina cristiana, sin minusvalorar su matiz revolucionario pues, desde este prisma, se revela contra ella. Para Juan Meléndez Valdés la religión y Dios –también junto al amor- se llegan a convertir en la razón de su existencia, con Dios establece una relación muy personal, como queda reflejado en su Oda VIII –de las sagradas- Al ser incomprensible de Dios: “Santo Jehová, cuya esencia adoro, mas no entiendo cuando su influjo y celestial presencia dichoso estoy sintiendo. Mientras más te contemplo y con más ansia te sigo, más te alejas, y tu bondad inmensa y mi ignorancia tan sólo ver me dejas.”26 Meléndez acaba por hacer positivo el sufrimiento a través de la verdad y la virtud. En la expresión de todos estos pensamientos hay dos fuentes principales a las que acude Batilo: Fray Luis, en su motivación; y a Pope en muchas de las ideas que expresa. El
22
23

Ibid. (138) Larra, Mariano José, Macías, Edición con notas e introducción de Luís Lorenzo-Rivero y George P. Manssur. P-7 24 García Gutierrez, Antonio. El Trovador. Edición de Carlos Ruíz Silva. Cátedra, Madrid, 1997 (162)
25

Flitter, Derek. Spanish Romantic Theory and Criticism. University press. Cambridge. 1992. P-129
26

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-- Sección Juan Meléndez Valdés "Batilo" (1754-1817) --

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poeta inglés gozó de las preferencias del magistrado; en una carta de 1778 dirigida a Jovellanos, leemos:

“Pope en este verano me ha llenado de deseos de imitarle, y me ha puesto casi a punto de quemar todas mis poesías; he visto en él lo que tantas veces Vuestra Señoría me he predicado sobre el estilo amoroso; más valen cuatro versos suyos del Ensayo sobre el hombre, más enseñan y más alabanzas merecen que todas mis composiciones”27 En ella encontramos respuesta a la que Jovellanos envió a la Academia poética de Salamanca en 1776: epístola I “Carta de Jovino a sus amigos salmantinos”, en la que les invitaba a olvidar los temas amorosos para que la poesía se convirtiera en vehículo del ideario ilustrado. Muy receptivo, ésta será la fecha en la que Meléndez Valdés inicie una poesía de estilo neoclásico, enriquecida con reflexiones morales. En la misma línea de pensamiento de Jovellanos, Batilo afirma: “la poesía debe ponerse al servicio de esta «reforma radical», que traiga «la ilustración y cultura». Es preciso dar a los que necesitan mayor formación (pueblo e infancia) unas «composiciones que no respiren sino noble honradez y sensibilidad oficiosa, que inspiren dulcemente las virtudes sociales y domésticas, y formen sin sentirlo los ánimos a la rectitud, al heroísmo y al amor de la patria y a nuestros semejantes. La literatura se convierte en regla de la sociedad; que es preciso transformar. En cierta manera se compromete con un sistema, el ilustrado, que pretende producir con sus presupuestos una nueva manera de entender la vida, y la poesía se hace de este modo social, humana y política.”28 No obstante, la trayectoria de Meléndez demuestra ser pendular pues se inicia con una poesía amorosa y concluye inclinándose hacia una tendencia prerromántica, marcado por acontecimientos desgraciados de su vida que le hacen escribir con pasión a un amor articulado de diferentes formas. “Las composiciones de la primera etapa pintan en las anacreónticas a una mujer dominada por las pasiones amorosas, frívola o del tópico del amor cortés en las que escribe bajo el estilo neoclásico. Poco a poco la fémina va adoptando una nueva identidad. Ya en las explicaciones anteriores hemos visto cómo la dama era objeto de crítica por sus usos sociales: la aristócrata era víctima de numerosos vicios en el ámbito cortesano (lujo, frivolidad, lujuria, ociosidad) mientras que la campesina adoptaba rasgos positivos. En el romance XXII “la hermosa del alma jamás se acaba, y es la mejor belleza” (1814) el poeta rechaza que el físico sea el único atractivo para el hombre, quien por contra aprecia en ella “la amable inocencia”, “el pensar divino”, “la amistad, las sencillez, la modestia, y concluye que, en su madurez, aunque sus sienes estén canosas, su alma “jamás envejece”. En el romance “la ternura maternal” (1814) el poeta describe una emotiva estampa de la madre jugando con su hijo,
27 28

Palacios Fernández, Emilio Juan Meléndez Valdés, Poeta social (UCM) Palacios Fernández, Emilio. Evolución de la poesía en el siglo XVIII, en Historia de la literatura española e hispanoamericana, coordinada por E. Palacios, Madrid Ediciones Orgaz, 1981
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de amor inocente (“no el grosero que se bebe/del vicio en la amarga copa”) Le aconseja que le alimente con sus pechos, frente al comportamiento de los nobles que alquilaban amas…”29 Conjuntamente, desde mi punto de vista, dos parecen ser los ejes que mueven al Poeta en relación al amor, paradójicamente siempre provocadas por el dolor: ejemplo de ello son las elegías como la dedicada a la muerte de Filis -tal vez un amor desconocido del poeta- o las que poetizan el fallecimiento de su hermano Esteban. Alguna de sus Elegías morales describen la situación de tristeza de su vida. En la II, «El melancólico a Jovino», Meléndez emplea la mejor imaginería lúgubre: «Tú me juzgas feliz... ¡Oh si pudieras / ver de mi pecho la profunda llaga, / que va sangre vertiendo noche y día30!» Ni el recuerdo de la amistad de Jovino sirve de consuelo. Se ha anidado la angustia en su corazón, hasta convertirse en merecedor de piedad: “Sí, amigo, sí; mi espíritu, insensible del vivaz pozo a la impresión suave, todo lo anubla en su tristeza oscura, materia en todo a más dolor hallando, y a este fastidio universal que encuentra en todo el corazón perenne causa.”31

Otras elegías de estas fechas recuerdan temas amorosos con espíritu nostálgico. En ellas, el amor ya no tiene un sentido dichoso y de regodeo, como en versos anteriores, sino el tormento del amor irrealizable o de la partida. Nada tienen que ver éstas con las Elegías morales de la edición póstuma de sus obras, mucho más austeras y reflexivas con multiplicidad de rasgos autobiográficos. El segundo hecho capital que transfiere a su vida sones entristecidos tiene lugar en marzo de 1786 con el fallecimiento de Cadalso, el maestro que le introdujo en la poesía y en el pensamiento. Lamentos amargos por el sufrimiento ante la pérdida del amigo, así, la oda XXIII -de las filosóficas y sagradas- acopia sus impresiones y emociones ante esta desgracia y retoma el uso de una escenografía fúnebre:

“¡Silencio augusto, bosques pavorosos, profundos valles, soledad sombría, altas desnudas voces, que solo precipicios horrorosos
29 30

Palacios Fernández, Emilio. Juan Meléndez Valdés, Poeta social (UCM) http://www.poesia-inter.net/ - Sección Juan Meléndez Valdés "Batilo" (1754-1817) 31 Ibid.
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mostráis a mi azorada fantasía!”32 Ciertamente, tras su boda, el sentido de la poesía amorosa vuelve a mudar de aires, ya en declive desde la Didáctica de Jovellanos. El poeta se deja de lado a Filis, casada con Licidas, de la rotunda Rosana y de la pasajera Fany. Ahora, los devaneos siguen los poemas a Clori, si bien es cierto que no es fácil confirmar cuáles son, pues en varias ocasiones unos versos concebidos para una sujeto hallaron otro receptor con únicamente retocar el nombre de uno por otro. Más aún, entusiasta con este enamoramiento, la elegía IV «El retrato»: «Clori, amor, vida, esposa...» Festivo observando el sueño de Clori, mientras el céfiro bullicioso juega con su cabello (silva V, «Al céfiro, durmiendo Cloris»). Destaca de manera especial el romance XXII, «La hermosura del alma jamás se acaba, y es la mejor belleza», en el que el poeta nos hace un bosquejo preciso de las virtudes físicas y morales de Clori: Ojos alegres, mejillas de grana y nieve, nariz agraciada, blanca frente, dulce boca, senos de jazmines; una clara alusión al amor y al deseo, que por encima de todo esto encarna otros dones como inocencia, dulzura, ternura, sensibilidad, humanidad, sencillez, modestia... «Que los encantos del cuerpo / son vanos frágiles bienes, / flor de un día, que a la tarde / su pompa y matices pierde».Y esto es, sobre todo, lo que Meléndez admira de su esposa, porque «el alma, Clori, jamás envejece».

El segundo eje amoroso de Meléndez Valdés es España, la amada patria, especialmente una vez que se ve forzado a exiliarse en Francia. Su vida en el exilio está llena del recuerdo nostálgico de su patria, apenas la lectura y sus versos pueden distraerle de su desgracia. Solo le mantiene aferrado a la vida la esperanza del retorno, su vista se dirige constante a la patria, y recorre su extensa geografía: «Tú eres todo a mis deseos: / tú, si enconos me persiguen, / tú, si envidias me oscurecen, / todas mis penas redimes»33 Ama España y la concibe como un bien superior que está por encima del odio y la calumnia, y que vendrán días en que el desdichado desterrado será recuperado: “Vendrá un día, en que imparciales la razón y la justicia me honrarán, cual hoy me infaman la impostura y la perfidia; en que los gritos falaces con que hoy el vulgo alucina, la verdad los enmudezca la religión los proscriba [...]34 Un amor desgarrado y rencoroso que muestra su recelo y amargura por la incomprensión de sus propios compatriotas hacia las motivaciones que llevaron a Meléndez a convertirse en afrancesado y jurar lealtad al rey invasor José I. En pro de un bien superior anteriormente citado, Meléndez Valdés parece sacrificar sus propios ideales de nación en pro del bien de España, con la plena convicción que las ideas ilustradas vendrán por un camino más fácil de manos de los afrancesados. Aún así,
32 33

Ibid. Ibid. 34 Ibid.
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muestra su reticencia a abandonar su identidad española -incluso cuando se reconoce afrancesado- como ejemplo de ello se postula en contra de las injerencias francófonas en la lengua castellana. Otro ejemplo de este amor herido o despechado por la patria lo encontramos en la oda XXVIII «Afectos y deseos de un español al volver a su patria»: “Todos en uno unidos todos en santa paz, todos hermanos, lejos ya los partidos, lejos los hombres vanos, que enconos atizaron tan insanos. Así, españoles todos, lo fuimos siempre en el amor, lo fuimos bien que en diversos modos, allí do a España vimos allí a salvarla crédulos corrimos.”35 El dolor y el llanto fueron unas constantes en la vida de Meléndez y con ellas alcanzamos la apoteosis de su crecimiento y su expresión amorosa. Como hemos visto, las desgracias personales propiciaron una profundización en el sentimiento que brotó constante por múltiples heridas. Por eso no debe extrañarnos que con frecuencia eche mano de una imaginería luctuosa, influencia de Young, a través de Cadalso, de corrientes de moda cultural europea o de mano de la poesía herida de Fray Luis. Es por todo ello que en Meléndez se da un acrecentamiento del sentimiento, del dolor y su expresión fúnebre en gran parte de su literatura. Pero esto no es casual, ya que su vida gira en torno a un azar caprichoso, desdichas y persecuciones. En definitiva, el amor fue para él un veneno dichoso en la vida de Batilo, a través del cual expresó su vida y sus ideales a través del cultivo de la virtud que le lleva a la verdad y, en consecuencia, a Dios.

Bibliografía

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Ibid.

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José M. Pérez Sánchez. Nació el 12 de diciembre de 1979 en Cádiz, España. Es licenciado en Filologías Inglesa e Hispánica por la Universidad de Cádiz; comenzó su Doctorado en el Bienio 2004-2006, en el que registró y entregó un trabajo de investigación en el departamento de Historia de América, previo a la tesis, bajo el nombre de La Creación del Latino en la Sociedad Norteamericana a través del Cine: Sus Estereotipos y Memoria Colectiva, en 2006; publicó su primera novela bajo el nombre El Espejo, 2006. Antesala de olvido / Prelude to Oblivion supuso la publicación de su primer poemario, en 2007, donde recoge una selección de poemas escritos durante su estancia en Birmingham, Reino Unido, mientras cursaba estudios en la University of Birmingham como estudiante de intercambio, año académico 20052006, quizás, por ello decide llevar a cabo la publicación a través de una edición bilingüe, para mayor disfrute de sus lectores. En el mismo año publicó su segundo poemario Poesía del agua, demos voz al agua. El Centro Poetico de escritores noveles (Madrid) seleccionó un poema suyo como semifinalista de su concurso literario "Palabras Indiscretas" y lo publicó en una anología poética bajo el mismo nombre en el verano 2008. Ha publicado en las revistas Trocadero y Remolinos. Recientemente fue Profesor EFL en Cavendish School of English (Bournemouth, UK) y actualmente es director fundador del Grupo Literario Palabras Indiscretas y responsable de la sección de Estudios Hispánicos en la Revista Sarasuati.
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Acercamiento a “Lenguaje del sol”

Por: Ingrid Chicote ingridchicote123@gmail.com

“Escribir, en nuestros días, se ha acercado infinitamente a su fuente. Es decir, a ese rumor inquietante que, en el fondo del lenguaje, anuncia, cuando uno acerca un poco el oído, contra qué se resguarda uno y al mismo tiempo a qué se dirige.” M. Foucault, El lenguaje al infinito

Hay prácticas ancestrales que nos llevan hacia la construcción del lenguaje. Las palabras, en el inicio de la comunicación no eran tales, eran signos que se dibujaban en piedras, cuevas y que aún, muchas de ellas nos sorprenden por lo indescifrable de sus significados. Sin embargo el ser humano siempre ha intentado descifrar lo que no comprende: los signos que él mismo ha construido, son a veces ininteligibles para él, y sus significados son infinitos.

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Cuando leemos lo escrito en cualquier lengua que no es la propia, siempre nos queda la duda ¿Será correcta esta traducción? ¿Será que esto fue lo que el autor trató de expresar en esa frase, en este caso, verso? ¿Será confiable el mensaje que llega desde la traducción que tenemos? Siempre la duda razonable. Sin embargo, cuando el autor se traduce a sí mismo, no queda duda de lo que quiere expresar en la textualidad que se nos presenta. Tal es el caso de José Ángel Fernández Silva Wuliana o como se le conoce en su tierra Jusiyanjerü Pennante Siiruwa chi Wulianakai. Dice Michael Foucault en un trabajo titulado “Lenguaje y Literatura”: “No estoy seguro de que la propia literatura sea tan antigua como habitualmente se dice. Sin duda hace milenios que existe eso que retrospectivamente tenemos el hábito de llamar «literatura». Creo que es precisamente esto lo que habría que preguntar.” Y entonces uno se pregunta ¿a qué se le llamó literatura? Y entonces vienen toda una cantidad de explicaciones culturales donde hay siempre contradicciones entre lo dicho y lo hecho. Es decir: las palabras naturales se convirtieron en reglas para poder ser reconocidas, por “los que saben” como literatura. Así se fue anulando el lenguaje de las etnias y se vio religado a “curiosa forma de expresión”. Sin embargo, como el río trae consigo toda una historia natural que fluye de la cabecera hacia su desembocadura al mar, la expresión poética también tiene esa fuerza natural para ser vista con la mirada de la universalidad que se tiene dentro de sí misma. Fuerza de fe y esperanza, mientras que la libertad es una señal de vida que se mece en las ramas de los versos. Tal es el caso de la Antología Poética de Jusiyanjerü Pennante Siiruwa chi Wulianakai, es decir, José Ángel Fernández Silva Wuliana. En estos textos encontramos imágenes sugerentes siempre a la vida y al misterio de estar vivos o de eso tan inimaginable, por lo tanto poético, que es Jepira o el Paraíso de los Wayúu Muertos. Expresa el poeta en su lengua materna: Joolu´u toushi aka / chayaainje´e sümaa talataa / mooútpünaa yaa / eekai tü napülajanakaa wayuu outushii y nosotros al leer esto pensamos ¿Qué será lo que quieren decir? ¿Cómo podrán entenderse con tantas vocales y tantos apóstrofes y tanta rara expresión? ¿Cómo pueden transmitir algún significado estas palabras? Y lo que pasa es que nuestra cultura puede acercarse a culturas foráneas, pero es muy cuesta arriba acercarse a nuestras culturas porque sigue habiendo una suerte de exclusión inconciente que tiene que ver con las informaciones que, desde la forma de haber sido abordados por los diversos coloniajes que hemos sufrido y aún con los neo-coloniajes que seguimos sufriendo, nos hicieron descreer de nosotros mismos y de nuestros orígenes, reusar del lenguaje, de nuestras diversas formas expresivas y hasta de la belleza de las tradiciones orales de las diversas étnias indígenas que aún siguen en resistencia, ahora con mayor ferocidad, ante la cantidad de información que sigue agrediendo a la cultura y por tanto a la sensibilidad. “Ahora abuela / por el destino infalible / debe estar feliz / en el Paraíso de los Wayuu muertos” Definitivamente, existe una rebeldía y un intento de salvar la subjetividad de un pueblo como el Wayúu, ante tantas ideas que han querido ser impuestas dentro de su modo de vida, en lo que hoy conocemos como Jepira, y que los salva de la aberración de lo que es la transculturación: Jepira o Paraíso de los Wayúu muertos. Me pregunto ¿habrá un Paraíso para los Yanomami, para los Pemones, para cada tribu indígena, incluso, para cada ser humano particularmente? Yo creo que si, puesto que, la poesía, ya es un Paraíso en sí misma.

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Expresa Ernesto Cardenal en el prólogo de la Antología de Poesía Primitiva (lo de primitiva, por cierto, no se por qué) que “Adán en el paraíso hablaba en verso, según una antigua tradición islámica. En realidad, el verso es el primer lenguaje de la humanidad. Siempre ha aparecido primero el verso, y después la prosa, y ésta es como una especie de corrupción del verso. En la antigua Grecia todo estaba escrito en verso, aún las leyes: y en muchos pueblos primitivos no existe más que el verso. El verso parece que es la forma natural del lenguaje” Por eso cuando Foucault habla de que no está seguro “de que la propia literatura sea tan antigua como habitualmente se dice”, es porque el vocablo literatura se inventó para toda aquella expresión que por bella y elaborada, transportaba el alma a otros lugares, quizás hacia el Paraíso de los poetas. Entonces ¿Cómo puede llamársele a esos cantos que, además de tener un sentido místico-religioso, también llevan consigo un componente de amorosa cotidianidad en las construcciones de la poesía aborigen? ¿Es necesario hacer diferencias, como lo hace Ernesto Cardenal, entre poesía “primitiva” y otra poesía? ¿Quiénes son los primitivos cuando hacen versos? Buscando comprender lo humano, lo primero que deberíamos estudiar, es la poesía. Ella nos habla de cómo los hombres han ido viviendo la historia, desde sus culturas iniciales hasta la invasión por los diversos coloniajes de los cuales hemos sido víctimas en cualquier lugar de la geografía y en cualquier época. En el caso, los Wayúu, entre otras etnias de nuestro país, han sido capaces de resistir, proteger y comprender que su idioma, su lenguaje, tienen tanto valor como los idiomas de uso universal, con todas sus connotaciones, y ahora nos lo dan a conocer porque ya no es un asunto de exclusión (ya no es sólo para ser estudiados por los “especialistas”) sino que es un asunto de comunicación. La poesía, escrita en cualquier idioma, tiene su validez de Poesía. Tiene su propia Arte Poética, pero cuando proviene de pueblos aborígenes lo que nos sorprende es que la misma es una revelación celeste, un canto cotidiano a la vida, un inventar de cielos, paraísos, dioses que nos son extraños y fascinantes a la vez. Que surgen en cualquier orilla del río, tejiendo cualquier cantidad de mantas, en los colores, en los afectos cotidianos, en la matrilinealidad con la cual se identifican por el orden natural de lo que es la naturaleza. En este poemario de Jusiyanjerü Pennante Siiruwa chi Wulianakai oJosé Ángel Fernández Silva Wuliana se expresan cantos a la libertad, a los pájaros, a las flores, al silencio, al afecto. Es una reconciliación espiritual con el lenguaje amoroso de la poesía cotidiana: con su música, con su misticismo, con su vinculación estrecha a la vida y con la identidad humana, con el soñar que hemos perdido en las tiendas y en los centros comerciales. Parafraseando a Cardenal: “Esto no es un trabajo científico, esto es comentario sobre poesía. Sobre la poesía que hallé en Lenguaje del Sol, Nünüiki ka ´ikai. Árboles Floridos Hacia allá vivo Donde se oculta el sol. Por eso suelo escuchar Cada atardecer Wunu´ulia Kasiisü Cha´aya wanaa sümaa tia eepünaale nikerolüin ka´ïkai taapapuuinjase´e matsapa ka´ikaa sünüiki wanee jierü: 135

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La voz de una mujer: “Llegaré a tu aposento Y te contaré como salí ilesa Leyendo el lenguaje secreto De los árboles floridos” Todo ha sido un sueño

“Anteerü taya putunkuleru´umüin jee taküjeerü achiki pümüin jamakuwa´ipalüin maliyo´uka taya taashaje´erataain tü putchiirua” Süpüshuwa´ale´eya tia lapu.

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Ingrid Chicote. Escritora venezolana (Caracas, 1965). Terapeuta en medicina tradicional china y docente de Teatro. Cursa estudios superiores en la UNESR. Ha dictado talleres y cursos de literatura, filosofía y desarrollo de la creatividad en instituciones públicas y escolares, y ha sido ponente en diversos eventos culturales y educativos. Ha recibido numerosos reconocimientos por sus aportes en la cultura, la educación, la literatura y el quehacer comunitario. Sus textos han sido publicados en periódicos y revistas regionales y webs. Libro publicado: Piedras concentradas (Fondo Editorial Senderos Literarios, 1997).

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La tristeza en la literatura

Por: Jorge Castellón jecastellon@hotmail.com

Hace algunos días leí unas palabras, una sentencia, una conclusión: la alegría no nos necesita, la autora de dicha frase, me pareció, resumía en cinco palabras todo un largo camino de comprensión del por qué de la literatura, del poema. Por extraño que parezca, en esas cinco palabras se esconde toda una verdad inobjetable. No aceptarla, no lidiar con ella por lo menos, nos deja al margen de la realidad, del mundo, del destino, de una mejor comprensión de la vida. Cuando Marguerite Duras escribe eso, nos quiere sin duda, decir muchas cosas. Pero precisamente, creo - como era su costumbre-, nos da las palabras necesarias, las justas, para entrar a un sentido todavía mas profundo y complejo, aquel que nos explique el por qué se escribe… Intentando recordar algunas palabras de Ana Maria, Matute, esta otra escritora parece seguir el pensamiento de Duras, cuando apunta que la verdadera literatura es triste, porque triste es la vida. Que la literatura intenta presentar esa realidad de una forma distinta, pero no por ello menos triste. Pero henos aquí ante una paradoja. Si el arte es
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esencialmente una experiencia estética, y si la estética se refiere a la percepción y creación de la belleza, ¿cómo lo triste puede ser bello? La obra máxima de la literatura latinoamericana es para muchos El llano en llamas (1953), de Juan Rulfo. Este autor, tan solo escribió dos obras. Con eso bastó. Eso fue suficiente para abarcar la realidad no en extensión, sino en profundidad. Nadie medianamente sensible o informado, puede negar que la obra de Rulfo, difícilmente puede excluirse de dos adjetivos aparentemente incongruentes: el de ser una obra bella, y el de ser una obra triste... que nos habla de la tristeza. Por su parte, el antecedente literario de la obra de Rulfo, Cuantos de Barro (1934), del salvadoreño Salarrué, es después de tres cuartos de siglo, la obra cumbre de la literatura de este país centroamericano. Ambas, aquélla y ésta, consideradas por Augusto Monterroso, los cuentos más tristes de Latinoamérica. Y he ahí El coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez. Esa breve y triste historia de la soledad, del olvido, de la desesperanza. La única novela que hace a su protagonista definir su vida y su eterna espera, con una sola palabra, que significa todo, pero principalmente es desolación; la misma palabra, con la que la novela finaliza perentoriamente. Es muy importante recordar en particular, que la novela The Road, del norteamericano Cormac Mc Carthy y que ganara el Premio Pulitzer el año 2007, es una fatídica historia, en un mundo en destrucción, en caos, eso que de forma tan simple algunos llaman futurista. Más atrás en el tiempo, Las Uvas de la Ira, (1039) de John Steinbeck es por su parte una de las mejores novelas en lengua inglesa del siglo veinte y una más, de ese siempre triste paisaje humano al que Steinbeck dedicó su vida. No podemos olvidar, The Old Man And The Sea (El viejo y el mar) publicada en 1952 por Ernest de Hemingway, una de las historias más hermosas de la literatura universal, y que Vargas Llosa destaca por su llamado… a la compasión. Es que sólo lo triste te arrastra a la compasión. La soledad de Santiago, su lucha y su triunfo, en medio de la noche, es una bellísima historia humana eternizada. ¿Y los cuentos de Wilde? El príncipe egoísta o El ruiseñor y la rosa, ¿no son en su esencia tristes? ¿Y qué son Los miserables de Hugo, entonces, o Los Hermanos Karamazov? Tan sólo historias tristes, hermosamente tristes. Y así lo es la búsqueda, la íntima búsqueda de aquel viejo Eguchi, en La casa de las bellas durmientes, de Kawabata, es el triste intento, desesperado, de asir la vida, de rozar el lánguido recuerdo de los arrebatos fogosos del pasado, desde la ineludible vejez de todos los hombres. Pero en ese intento, en esa silenciosa estratagema del deseo, se fragua aquel indecible erotismo, tan sutil, y tan vivo, como la juventud misma de los primeros amores. A veces, la tristeza se une a la esperanza, y de esa tristeza, germina la vida, el amor. Qué mejor ejemplo que esos días, breves, que anteceden a la muerte de Bruno, ese terco e inolvidable anciano de La sonrisa etrusca, escrita por José Luis Sampedro. Libro primoroso, triste y bello, lleno de vida, de sueños, de esperanzas que no tienen medida temporal, pues pueden caber adentro de un día, de una noche, de una tarde, de un
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minuto. Es que las personas somos mortales, pero los sentimientos son eternos y podemos heredarlos, legarlos, prodigarlos sin saber hasta donde han de alcanzar su magia y sus efectos. La sonrisa etrusca, es una sonrisa eterna, como el amor de aquel hombre después de su muerte. La alegría no nos necesita, la literatura debe llamar la atención sobre la tristeza, nos dice nuevamente Matute. Pues el compromiso del escritor es el compromiso con lo verdadero, con lo bueno y con lo bello.

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Jorge Castellón, El Salvador (1967), es graduado en psicología en la Universidad de El Salvador, y se desempeña como maestro de educación primaria y español en la ciudad de Houston, Texas, Estados Unidos, donde actualmente reside. Ha publicado diferentes artículos sobre literatura, emigración e historia de su país, en revistas electrónicas locales (El Faro, Contrapunto) y en el periódico Co-latino de El Salvador. También ha publicado poesía, narrativa, artículos y ensayos de crítica literaria en Revista Hontanar de Australia, Revista Cultural Artenet de La Florida, Estados Unidos; Revista Resonancias de Francia, Letralia de Venezuela, Amsterdansur de Holanda y Ventana Abierta, de la Universidad de California en Santa Bárbara. Sus blog personal es: www.jorgeecastellon.blogspot.com

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Artículos
El que sabe mucho, tiene mucho de qué preocuparse. Lessing

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La visión vargasllosiana

Por: César Pancorvo Rosazza cesar.pancorvo@gmail.com

Como el itinerario de un latinoamericano que hizo su aprendizaje intelectual sorprendido por los vaivenes dialécticos de Sartre y que terminó abrazando el reformismo libertario de Camus, así describe su vida Mario Vargas Llosa en un viejo artículo que publicó a comienzos de los años ochenta, justamente aquella década en la que decidió hacer su incursión en política (1987-1990) y donde descubrió, tal como hizo a final de la década del cincuenta, que su terreno estaba lejos de todo eso, que estaba en la literatura. Aunque durante su juventud estuvo más apegado hacia la izquierda, sorprendió años después -siendo ya un escritor de renombre– cuando se reveló como un liberal, como un derechista que tal vez causaba algo de temor en un país que, en los ochentas, tenía un fuerte sector izquierdista y una democracia que aún estaba debilitada. Como lo era el Perú. Desde que estuvo implicado en política, por esos años turbulentos, siempre se definió como un opositor de todo autoritarismo, de toda rebeldía militaresca, de las
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actitudes dictatoriales, de cualquier politicastro y de todo gobierno que no sea democrático. Su primer paso político fue dado cuando, un poco después del discurso presidencial de julio de 1987, declaró que estaba en contra de la estatización de la banca de la cual había hablado el presidente Alan García. Vargas Llosa pareció ser, para gran cantidad de peruanos, un candidato pro-oligarca, otro ciudadano de clase alta que no acabaría con la pobreza del país. Su derrota finalmente ocurrió, tal vez, por eso: porque no tuvo el apoyo suficiente de las masas, por la oposición del APRA y de la Izquierda Unida, por una mala estrategia publicitaria, por la guerra sucia, entre otras cosas. Como cuenta en El pez en el agua, supo que iba a perder la segunda vuelta apenas conoció los resultados de la primera. No obstante, sus medidas económicas, con el tiempo, demostraron ser competentes y necesarias para solucionar los problemas del país, y su postura derechista y liberal, que durante esa época aún estaba en cuestión, parece ser, con el paso del tiempo, la más adecuada para un país como éste, y parece ser que el tiempo ha demostrado que tenía razón, o que al menos él y su Frente Democrático estaban caminando por el lado correcto. A Vargas Llosa se le conoce más, claro está, por su majestuosa carrera de escritor, que es mucho más extensa y exitosa que su efímera vida de político. Su niñez fue algo inestable –nació en Arequipa, vivió en Bolivia, luego en Piura, luego en Lima, conoció a su padre a la edad de diez años– y en su juventud atendió, en tercero y cuarto de media, al colegio Leoncio Prado, en Lima, donde ya escribía “cartas de amor y novelitas pornográficas”. En el verano antes de entrar a quinto de media, se inició en el periodismo en un diario piurano La Industria y luego, tras graduarse del colegio, trabajó desde muy joven en Radio Panamericana, como director de informaciones, mientras también estudiaba en la universidad de San Marcos, lugar donde concluyó la carrera de Letras. Él narra cómo su viaje a Europa, a finales de la década de los cincuentas, marcó su vida tal como hizo el viaje que realizó a Francia en 1990, unos días tras ser derrotado en las elecciones presidenciales; en ambos casos, iba hacia lugares donde la literatura sería lo esencial en su vida. Marcaron su vida posterior como político (y también como ensayista y novelista), sin duda, los siguientes acontecimientos: sus dos años bajo la opresión militar como estudiante en el Leoncio Prado, la dictadura de Manuel Odría, la revolución cubana, y también sus amistades o encuentros, en la juventud, con intelectuales como Luis Loayza, Raúl Porras Barrenechea, Fernando de Szyszlo, etc. En los ochentas, Vargas Llosa ya reconocía más afinidad con el reformismo libertario de Camus; ya no creía tanto en la izquierda como en su juventud (entre otras cosas, dicen que esa fue la razón de su pelea con Gabriel García Márquez, que era/es muy proFidel) y era liberal, tal vez muy liberal para el Perú. Creía, también, que Belaúnde hubiera tenido mucho éxito con sus reformas de los años sesenta si no fuera por los problemas que le causaron la coalición entre el APRA y el UNO (Unión Nacional Odriísta), que finalmente desencadenaron los problemas, y la consiguiente revolución militar de Velasco –si en contra de algo está Vargas Llosa, es en contra de medidas como los golpes militares; en lugar de eso, pensaba que se podía reformar el país sin la necesidad de revolución, tal y como lo intentaba hacer Fernando Belaúnde.

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En 1983, el terrorismo ya marcaba la vida política de un país que había vuelto a la democracia después de más de una década, y entonces ocurrió el asesinato de ocho periodistas en Uchuraccay, una aldea de Huanta, en Ayacucho. El presidente Belaúnde, que probablemente fue endeble respecto a las acciones terroristas, calificándolos inicialmente de escaramuzas (dicho sea de paso, uno de los primeros actos terroristas fue la quema de urnas durante las elecciones de 1980, sufragios ganados por Belaunde), anotó a Vargas Llosa, ya un escritor afamado, al Decano del Colegio de Periodistas, Mario Castro Arenas, y al notable jurista Abraham Guzmán Figueroa, como miembros de una Comisión que, junto a un equipo de antropólogos, psicoanalistas, lingüistas, etc., debía investigar la muerte de los ocho periodistas en Uchuraccay –fue llamada la Comisión Vargas Llosa, cuyo objetivo era simple: investigar y traer explicaciones. Vargas Llosa lamenta haber aceptado ser parte de esa Comisión, porque fue muy criticado por su desempeño y pasó muy malos momentos. Años después, cuando estaba ad portas de entrar en política, su esposa Patricia le recordaba lo mal que le había ido por el Caso Uchuraccay y usaba ese ejemplo para describir lo complicada y sucia que es la política. La Comisión viajó rápidamente a Ayacucho para interrogar testigos, autoridades, campesinos, y redactó un informe que fue presentado poco después, el 4 de marzo, en el que se exculpaba a las Fuerzas Armadas de toda responsabilidad o intervención y se concluía que los campesinos habían asesinado a los ocho periodistas, confundiéndolos con terroristas. Después se supo, sin embargo, que los periodistas habían tenido la oportunidad de hablar con los campesinos, poniendo en duda la teoría de la confusión. El periodismo y los familiares de las víctimas proponían que los militares habían tenido algo de culpa, y muchos desestimaron la eficacia del informe y culparon a Vargas Llosa de favorecer a los militares, que, al parecer, sí habían tenido que ver en el suceso. Aunque los campesinos eran los verdaderos autores del asesinato, los militares tenían cierta responsabilidad, al haber prevenido a los campesinos en contra de cualquiera que viniese a Uchuraccay; les habían dicho claramente que los aliados vendrían por aire, y los enemigos por tierra. También había una patrulla de la marina en Uchuraccay cuando se cometió el crimen y se destruyeron algunas pruebas, se abrieron algunas tumbas y se asesinaron testigos. Es innegable que los militares tuvieron algo de responsabilidad, lo cual se negó categóricamente en el informe. Vargas Llosa pasó de testigo u observador a acusado. Su error principal fue, primero, formar parte de aquella Comisión Investigadora y, segundo, haber cometido esos errores, haber quitado toda responsabilidad de los militares. Después, cuando tuvo que confrontar al juez Huayhua en un juicio oral que se abrió en 1984, Vargas Llosa dijo que lo había hecho por preservar la democracia del país. De cualquier forma, haber colaborado con el gobierno belaundista en este hecho infausto fue un error del cual Vargas Llosa se arrepiente, como posteriormente escribe en sus memorias. Antes de su ingreso oficial a la política, como uno de los protagonistas de un movimiento que se oponía a la nacionalización de la banca, el escritor cuenta, en un artículo dedicado a Fernando Belaúnde Terry en el libro Diccionario del Amante de América Latina, cómo se reunían durante su segundo gobierno y cómo el presidente

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estaba empeñado en que Vargas Llosa hicieron política, y cómo sus predicciones acerca del “turbulento futuro del Perú” se cumplieron verbatim et literatim. En cuanto a sus pensamientos, Vargas Llosa identifica claramente la diversidad de culturas en el Perú y la reconoce, en parte, como uno de las dificultades principales del país, y así lo explica en la siguiente frase:
“Por lo menos uno de los problemas básicos (del Perú) se mantiene intacto. Dos culturas, una occidental y moderna, otra aborigen y arcaica, coexisten ásperamente, separadas una de otra por la explotación y la discriminación que la primera ejerce sobre la segunda. (…) Uno de nuestros peores defectos es creer que hemos importado todas nuestras penas y miserias del extranjero, que otros son siempre responsables de nuestros problemas. (…) Sólo se puede hablar de sociedades integradas en aquellos países en los que la población nativa es escasa o inexistente, o donde los aborígenes fueron prácticamente exterminados. En los demás, un discreto, a veces inconsciente, pero muy efectivo apartheid prevalece. En ellos, la integración es sumamente lenta (…)”

Vargas Llosa concluye que en el Perú no hay integración por la coexistencia de varias culturas, fundamentalmente una occidental y una primitiva, y que ese es uno de los principales problemas, y no puede ser solucionado (ya que en el Perú no se exterminó a la mayoría de la población aborigen, como sí lo hicieron, por ejemplo, Chile y Argentina) a menos que el nativo renuncie a su cultura, a su idioma, a sus tradiciones, a su cosmovisión. Difícil. Para entender un poco más el pensamiento de Vargas Llosa, en este afán por comprender mejor su participación en la política peruana, habría que saber qué considera él como patria. Para él, el patriotismo es “una forma benevolente de nacionalismo” fabricado sólo para tener a alguien a quien obedecer. Él, por supuesto, valora tres ingredientes básicos de la modernidad, que fueron incluidos en su doctrina política: la individualidad, la racionalidad y la libertad; dice, además, que “detrás del patriotismo y nacionalismo flamea siempre la maligna ficción colectivista de la identidad”. Asimismo, explica que ese aglutinamiento de población (que agrupa a gente en “peruanos”, “franceses”, “chinos”) lo que hace únicamente es retroceder a la civilización a “tiempos bárbaros antes de la creación de la individualidad”. En un país tercermundista como el Perú, donde hay tanto patriotismo –o patrioterismo, lo cual es peor–, Vargas Llosa, pienso, no cayo muy bien. Sus primeros deseos de involucrarse seriamente en política surgieron en Punta Sal, al norte del Perú, cuando vacacionaba junto a su familia y oyó el discurso de Alan García, en el que se planteaba la estatización de la banca. Eso generó que escribiera y publicara, en cuestión de días, un artículo titulado <Hacia el Perú totalitario> en el diario El Comercio, en el que argumentaba por qué se oponía a la medida. Finalmente se desencadenó, junto a sus amigos Luis Miró Quesada, Frederick Cooper Llosa, Fernando de Szyszlo, Luís Bustamante Belaúnde y Miguel Cruchaga, lo que fue un mitin en la plaza San Martin, llamado Encuentro por la Libertad, que sería el inicio de lo que sería posteriormente llamado Movimiento Libertad, un partido de independientes que luego se uniría al PPC, de Luis Bedoya, y a Acción Popular, de Fernando Belaúnde, para formar el Frente Democrático, que participó en las elecciones presidenciales de 1990. Su candidato fue, naturalmente, Vargas Llosa. Era básicamente una alianza entre partidos democráticos para enfrentar al APRA y a la Izquierda Unida, pero que tenía un elaborado programa de reformas muy radicales, que planteaba el shock económico que Fujimori tomó después y puso en práctica.
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El escritor cuenta, no obstante, que el Frente Democrático nunca llegó a formar una fuerza coherente, nunca fue una alianza donde los objetivos comunes fueran más poderosos que los intereses de los partidos que los formaban –el Fredemo (nombre que le pusieron los periodistas), el PPC y AP– y que solamente se unieron cuando estuvieron bajo la presión de la segunda vuelta. Aunque Vargas Llosa llevaba una cómoda ventaja, había un candidato cuya popularidad crecía vertiginosamente, un “chinito” que se mostraba en televisión con un tractor y usando un poncho. Para algunos, Fujimori, que logró intempestivamente llegar a la segunda vuelta y ahí ganó con 57% de los votos, fue una creación del APRA. El Movimiento Libertad, que originalmente planeaba ser un partido de independientes a favor de la libertad, de emprendedores, que intentaba tener el apoyo de los comerciantes informales y que, como Acción Popular en sus mejores momentos, tuviera apoyo de las masas, tal vez fue etiquetado injustamente de pro-oligárquico y de extrema derecha. Como ya se ha dicho, el modelo económico liberal que Vargas Llosa planteaba parece haberle funcionado a su adversario, Fujimori, y ahora, en el 2008, parece estar funcionándole a Alan García. La guerra sucia también tuvo mucho que ver. El APRA, partido oficialista, hizo propaganda anti-Fredemo, como por ejemplo cuando catalogó a Vargas Llosa, por medio de publicidades en el canal del Estado, de ateo y drogadicto. <Según Freud, el doctor Vargas Llosa debería estar curándose la mente> y < ¿Quieres un ateo en la presidencia?> son dos ejemplos de la campaña que se hizo en contra de él. Otro factor que jugó a favor de Fujimori fue la publicidad excesiva que usaron los candidatos a senadores y diputados de la lista del Frente Democrático, que llegó a hastiar a los televidentes peruana. A los pocos días de perder la contienda, Vargas Llosa viajó a Francia (un viaje que, dice, ya tenía planeado aunque ganase, porque tenía un compromiso) y su carrera como político terminó: volvería a ocuparse de la literatura. Algunos dijeron que se fue molesto, que estaba “picón” por haber perdido y que luego se dedicó a criticar el gobierno desde afuera. ¿Se perdió un escritor o se ganó un político? Creo que durante esos tres años, donde Vargas Llosa se dedicó enteramente a la política, el Perú vio el nacimiento de un posible líder y desaprovechó la oportunidad. El escritor se perdió (y se hubiera perdido por mucho más tiempo en caso de ganar las elecciones), pero luego renació cuando volvió a Europa y continuó con sus publicaciones y a dedicarse por completo a la literatura. Así que el Perú ganó un político solamente durante esos tres años, pero lo más importante es que pudo beneficiarse a posteriori de algunos aspectos de su programa, como, por ejemplo, el shock económico que Fujimori aplicó, pero que era inicialmente era idea del partido de Vargas Llosa y al que tanta gente temía. Se salió de la crisis económica, en el gobierno de Cambio 90, con medidas que iban a ser aplicadas por el gobierno del Fredemo. En cuanto al problema del terrorismo, nunca se sabrá bien lo que hubiera ocurrido en el caso de Vargas Llosa fuera presidente, aunque pienso que hubiera finalizado en lo mismo, con la captura, tarde o temprano, de Abimael Guzmán. Lo que no hubiera ocurrido nunca es el golpe de Estado de 1992. La Constitución de
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1979 seguiría vigente o se hubiera reformado. Tampoco hubiéramos visto, los peruanos, el escandaloso problema de corrupción se develó al final del gobierno de Fujimori. Aparte de eso, ahora, dieciocho años después de la campaña del Fredemo, podemos ver que la columna vertebral de su ideología política es justamente la adecuada para que progrese un país como éste.

Bibliografía
• GARGUREVICH, Juan Ucchurahay: La Comisión Vargas Llosa http://tiojuan.wordpress.com/2008/01/21/uchuraccay-dos-la-comision-vargasllosa/ PANCORVO, César Mario Vargas Llosa – Part II http://www.eatthemushroom.com/mag/article.asp?id=956&catID=3 TANAKA, Martín La Comisión Vargas Llosa http://peru.indymedia.org/news/2003/08/2269.php VARGAS LLOSA, Mario. Contra viento y marea. Barcelona: Seix Barral, 1982. VARGAS LLOSA, Mario. El pez en el agua. Barcelona: Seix Barral, 1993. VARGAS LLOSA, Mario. Diccionario del amante de América Latina. Barcelona: Paidós, 2005.

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César Pancorvo Rosazza. Escritor peruano (Lima, 1989). Estudiante de Ciencias de la Comunicación, especializándose en Periodismo, en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Realizó estudios de primaria y secundaria en el Colegio Trener de Monterrico y en el Colegio Markham. Además de trabajos periodísticos desde el 2006, ha publicado cuatro ensayos: Del Indigenismo Paternalista al Liberacionista, Diez años de equivocación, La visión vargasllosiana y Preámbulo a la filosofía en la obra de Cortázar.

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Reviviendo a los adjetivos poéticos

Por: Raúl Allain raulallave1189@hotmail.com

Sublimar un texto, ya sea poético o no, con estética y significaciones ingeniosas, es menester de todos los que abordamos al oficio de escribir. En uno de los caminos, podríamos recurrir al uso de los olvidados adjetivos poéticos y a una versión remozada de estos. En su mayoría, los podemos identificar por sus terminaciones más comunes: -reo(a) de pertenecer, -vago(a) de vagar –errantismo, imprecisión-, -fero(a) de llevar, -fugo(a) de huir, -fluo(a) de fluir, destilar y -voro(a) de comer; para ejemplificar citaremos el término “lucífero” que significa “resplandeciente”. Muy aparte de poseer una musicalidad muy agradable y un marcado concepto poético, tanto la terminación correspondiente como las demás, se prestan para poner a prueba nuestra imaginación y constituir nuevos términos que enriquezcan el panorama de los textos y rescaten del abismo del desuso a lo adjetivos poéticos. Y así como alguna vez la locución “límpido” fue un artificio esgrimido por algún innovador, podemos diseñar nuestras propias palabras. Al hacer esto, estaríamos cumpliendo una de las funciones requeridas por muchos escritores: crear palabras cuando las que se tienen al alcance no sirven para trasmitir lo que se siente. Ellos vislumbran en estas construcciones, un camino aún más fructífero tanto para la poesía como para todas las expresiones literarias. De esta manera, rememorando y basándonos en los adjetivos poéticos, cuasi arcaísmos, podemos esbozar adjetivos como “gelífero”, que se podría conceptualizar de diversos modos, pero esto se lo dejo a la destreza del lector. Sin embargo, podríamos ensayar un ejemplo poético: “El personaje exhalaba un hálito que llevaba frío al

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extremo”, pero aplicando el neologismo podría decirse: “El personaje exhalaba un hálito gelífero” Cabe resaltar que los recursos neológicos son los que nos permiten accionar de manera lúdica para crear estas palabras, denominadas neologismos. Guiándonos de estos recursos, propios de nuestra lengua, construiremos consciente y correctamente los términos que integraremos a lo establecido, dinamizando nuestra lengua y recuperando parte de esta: los términos poéticos, más específicamente los adjetivos.

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Raúl Allain (Lima, 1989) Estudiante de Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Hipoeta estrambótico. Fundador del Grupo Suicidas y editor de la antología poética Suicidas Sub-21 (Editorial electrónica Remolinos, 2009). Ha participado en la antología de literatura bizarra Abofeteando a un cadáver (Bizarro Ediciones Centro Cultural de España, 2007) y en diversos medios literarios virtuales como Remolinos (Perú), Incomunidade (Portugal), Crónica literaria (Argentina), Liceus (España), etcétera. Blog: www.2suicidas.blogspot.com

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El burro del diablo encuadre poético de Coquimbo

Por: Daniel Rojas Pachas carrollera@gmail.com EL BURRO DEL DIABLO: Arqueo de la poesía contemporánea de la Región de Coquimbo. Ediciones Universitarias – Universidad Católica del Norte, Coquimbo, 2008, es una empresa literaria de gran envergadura, llevada a cabo por Arturo Volantines, poeta e investigador literario del norte de Chile nacido en Copiapó en 1955. El ambicioso proyecto compilatorio que Volantines presenta en esta oportunidad a los lectores de poesía, cuenta con una prolija presentación y acuciosidad indagatoria, que tuvo en materia de difusión y edición, el apoyo de la UCN y el gobierno regional de Coquimbo; sin embargo todos los interiorizados en esta materia, bien sabemos, que el riesgo intrínseco de todo antología, se deposita sobre los hombros del gestor del catastro cuyo criterio es gravado por el peso de las opiniones críticas tanto de los especialistas como de los receptores menos enterados y desde luego con un mayor recelo por la mirada juiciosa de aquellos autores no presentes y eludidos en el arqueo final, el cuestionamiento principal, se ciñe sobre la metodología y criterio usado por el encargado de la selección al momento de determinar de forma profunda; sin subjetivismos evidentes o la consideración de elementos extraliterarios, ajenos a cualquier trayectoria poética; quienes deben integrar un anal de este tipo, tan importante sobre todo para una región como muchas otras provincias del país, castigada por el centralismo editorial y el silencio de la crítica profesional. El trabajo por ende, resulta dantesco y tiene muchas aristas para su evaluación además de las históricas y estéticas, en la medida que abarca muchos años y generaciones que han dado vida a la evolución y devenir creativo de la cuarta región, lapso importante no exento de largos periodos de interrupción y mutismo, debido a la ocurrencia de eventos
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socio-políticos que han marcado duramente a nuestra nación, algunas de estas situaciones Volantines las ilustra con claridad en el prólogo de modo que se hace alusión a hitos que lograron en su momento, dar realce y premura a la promoción de voces emanadas de la zona, lo que hasta el día de hoy y los venideros determinará a Coquimbo como un ineludible foco de progreso cultural y literario; Después de la prodigiosa “Generación Naturalista” (Goic), nacida en el seno del valle, el panorama literario se descompone y empobrece; la creación propiamente literaria se aleja así una paloma y no vuelve. Tal vez, los oprobios contra Gabriela Mistral se convierten en sombra que no deja que el árbol de la literatura regional florezca. Ni los tremendos esfuerzos de Alfonso Calderón en los años ’50 fueron suficientes para recuperar el valor nacional de esta literatura. Se formaron ateneos y círculos literarios pero estos casi fueron lugares de diletancia social y cacareos folcloristas. En contraste, se enumeran otros momentos de evidente apagón y estatus que de todas formas no serán del todo improductivos, si consideramos que desde su mudez se precipitarán estallidos y eclosiones necesarios para el arte, que siempre logra procurar fisuras en los presupuestos oficiales del lenguaje y los llamados grandes discursos. Para hacer un cambio más profundo y frente a un panorama penoso, surge —la propuesta más significativa y significante de la literatura regional— un colectivo de 11 artistas autollamados “Los Desencantados”(Coquimbo, 1962), que encabezan Jorge Zambra(presidente) y Jorge Gajardo. Dice, Luisa Kneer, en su texto referente a la literatura de la región, que esta agrupación nació “como expresión de protesta por la inactividad cultural…” El libro por extensión, nos permite en su globalidad visualizar el panorama íntegro del norte, pues genera interesantes vasos de comunicación con otros provincias nacionales de esta porción del país lo cual a su vez, da a entender procesos colindantes valorando movimientos y publicaciones. Bibliográficamente “El burro del diablo” nos remite a estudios previos de otros especialistas abocados a la reconstrucción de la memoria literaria del norte, nombres como Sabella y Bahamonde saltan a la palestra al igual que otros empeños de Volantines en esta materia de rescate del norte en su completitud. Se mencionan junto a estos, revistas y antologías previas que en décadas determinadas los cincuenta, setenta y ochenta contribuyeron a la gesta y cultivo de gran cantidad de voces, algunos casos que resultan emblemáticos, son Trilce, Orfeo, Tebaida lo cual como fenómeno da vida a la cadena intertextual imbuyendo al lector en un interesante mapa o geografía artística en torno a la palabra hecha creación. Volantines dice al respecto, Fueron muchas las escaramuzas de “Los Desencantados” contra la vieja estructura reaccionaria de La Serena; publican el periódico llamado “Alsino”;23 que pegan en las paredes de la ciudad de Coquimbo; recuperan la conectividad nacional con los “Trilce”, “Arúspice”, “Tebaida” y la vanguardia chilena y, fundamentalmente, dejan dudas instaladas respecto de la tradición perdida y de la necesidad de cambio en la literatura de la región de Coquimbo. En síntesis, una valoración justa y contextualizada del proyecto elaborado por Volantines además de atender a las presencias debe considerar lo implícito, el rol de las ausencias, tal como señala Foucault al referirse a la obra Las Meninas de Velázquez; el
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encuadre y lo que no aparece, lo que se elude u oculta en una obra también comunica, por ello no sólo en lo explícito y perceptible a primera mano, se encuentra lo importante y que debe colmar la atención del lector, pues a través de un trabajo de esta envergadura se informa no sólo con respecto a 45 autores de Coquimbo sino en torno a la producción poética general de esta zona y en lo posible de muchas zonas que son un espejo de esta realidad, las del extremo norte fronterizo y las del sur austral, pues como bien dice Volantines, habrán otros burros del diablo, otras antologías y antologadores, lo importante es continuar la búsqueda e indagación, las antologías bajo esta prisma no son producciones cerradas que dialogan solo en función de la selección taxativa y criterio favorable del antologador hacia los proyectos escriturales que abraza para constituir el cuerpo de la obra, es importante saber que factores lo llevan a no incluir ciertos nombres, detrás de esto, no sólo hay una decisión émica, personal y estética; en un trabajo de esta magnitud resulta inevitable eludir campos eminentemente externos al posicionamiento del catastrador y el orbe literario, factores generacionales, desconocimiento, difusión y recepción critica, silencio promovido por los mismos poetas o el sistema de su época son sólo algunas de las variables, de manera que el panorama se debe leer considerando múltiples desviaciones y conjunciones, y es nuestra tarea continuar la escritura y re-escritura de la memoria, del decurso poético de Coquimbo y así mismo del país. La riqueza del burro del diablo esta en lanzar esta interrogante al ruedo. Hago eco de las palabras de Volantines Además, consigno que han quedado media docena de poetas fuera de la antología por diversas circunstancias epocales, pero ya vendrán otras antologías y otros antologadores. Incluso, ahora que termino el prólogo, se me aparecen un par de nombres, pero tal vez sea buenísimo, ya que no deseo que este Arqueo sea, —Ave María Purísima—, el “burro del diablo”, sino un registro para que los avivados del espíritu de la región nos encontremos; digamos a ese Chile centralista, adueñado del proyecto de la nación que también Coquimbo existe. Y si nos proponemos —a la vista del bicentenario— ser verdaderamente una sola nación es porque nos-otros somos respetados en un arte distintivo, desde la provincia y como parte de un pueblo di-verso y multicultural. El burro del diablo se constituye como un producto necesario para la poética del norte pues se trata de un aliciente para estudios postreros que encontrarán apoyo y registro al consultar obra de tan amplio aliento... como seguir y recrear los pasos dados en el desierto mas árido durante cien años y más...

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Daniel Rojas Pachas, (Lima-1983) escritor y Profesor de Literatura egresado de la Universidad de Tarapacá reside y ejerce la docencia en el Departamento de Español de la Universidad de Tarapacá (Arica-Chile), cursa el magíster en Ciencias de la comunicación en su casa de estudios y dirige el Colectivo y taller Literario Clepsidra, es Miembro y fundador del Grupo literario MAL y actualmente dirige y edita la Revista Literaria virtual Cinosargo. www.cinosargo.cl.kz Ha publicado los poemarios Música Histórica y Delusión en el 2006 y 2007 con la Editorial Blue. El poemario “Gramma” a través de su sello Cinosargo y el libro de investigación y crítica literaria, ganador del Fondo nacional del libro y la lectura, FONDART 2008 Chile, titulado “Realidades Dialogantes” Lectura de cinco autores latinoamericanos generacionales.

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Las mujeres de Pedro Almodóvar

Por: María Candel ohnegrio@gmail.com • Volver

Doña Paquita espera la llamada habitual de Pedro para ponerse al día de sus respectivas actividades. Pedro le cuenta que tiene un amigo que cada vez que viene un actor o director a Madrid, les organiza una visita al Prado, otra al museo Thyssen y una cena con él, “vamos, que parece que estoy incluido en la ruta turística”. Doña Paquita se esponja y le pregunta por su salud preocupada por la vida tan agitada que lleva, hoy a hecho de almuerzo gachas, como a él tanto le gustan, le recomienda que se abrigue bien, porque el invierno este año no parece dar tregua a la bronquitis. La conversación se interrumpe porque Sole, la vecina, está tocando la ventana para saber como amaneció. Las nostalgias se suspenden y quedan atrapadas en el sistema digital que las comunica. Volver es un homenaje a la memoria de su madre y a las mujeres de su generación. En la España de la posguerra dividida entre vencedores, vencidos y una gran masa que sólo se deja hacer, las mujeres se tuvieron que amoldar a los convencionalismos de la época, callar, bajar la cabeza y seguir por el camino ya establecido. Sin conciencia de género ni apenas derechos, van creando su propio mundo donde mitigan el malestar que les produce la exclusión. Dan a luz los hijos que Dios les manda, entre suspiros y rezos dejan a un lado sus aspiraciones y sueños personales, aprenden que la vida no les va a dar más oportunidades que las establecidas como normas de vida para ellas. Las
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frustraciones se cocinan a fuego lento mientras aguardan mejores tiempos. Algunas se proyectan en sus hijos, los animan y apoyan para que estudien y consigan puestos de trabajo bien remunerados, porque deducen que en la independencia económica va incluida la libertad de ser y actuar. Surgen los enfrentamientos generacionales, se abren las brechas que hacen cuestionar y avanzar. Otras aceptan la vida con la mansedumbre del trigo zarandeado por los vientos y las lluvias, pero que resiste, para al final dar el fruto maduro. La sexualidad se niega para convertirse en obligación y rutina, y cuando se asume, produce el malestar y la culpa de lo prohibido, porque el cuerpo es el templo de Dios, ajeno al propio deseo y al goce de los sentidos. Se desconoce la carne como fuente de placer, el misterio encarna en ellas como antes había encarnado en la figura de la Virgen. La madre sustituye al ser, a la mujer, a la hembra. Placer y dolor, deseo y culpa se encadenan en lazos sagrados La iglesia se adjudica todos los derechos de juzgar lo que es el bien y el mal en los temas referentes a la sexualidad humana y en especial, lo que atañe a la mujer. Curas y monjas, cuya sexualidad ha sido proscrita y desterrada de sus propios cuerpos y de su psiquis, son los encargados de poner normas morales y juzgar la conducta de los otros. Sólo la figura de la Madre Dolorosa es valorada. La maternidad se trenza con el dolor y la redención. La madre tiene que sufrir la incomodidad del embarazo, los dolores del parto, las dificultades de la crianza y la soledad del abandono. Porque durante siglos no se habla del placer del encuentro en el que se engendra, la alegría de participar en el crecimiento y la formación de los hijos, la satisfacción de la tarea cumplida. Así la maternidad y la mujer por extensión queda relegada del goce de su cuerpo, de la visión ontológica de éste como ser merecedor de prestigio por sí misma. Semilla que germina auspiciada por unos y la aceptación mansa de otros. A Pedro le encantan las historias que cuenta su madre de fantasmas y cementerios, por que se parecen a las películas en blanco y negro que ve encaramado desde la tapia de la casa de su tía Jacinta. Luego se las cuenta a su hermano Agustín y a los otros muchachos que se maravillan ante tanta descripción. También le gusta oír la historia de su nacimiento, aquello del parto difícil porque “eran más de 5 Kg.” La sombra del patio interior donde se junta el universo femenino, para coser, pelar patatas o simplemente contar historias de mujeres, le sirve al director para crear un mundo de imágenes, que luego en el transcurso de su filmografía va desenmarañando de su memoria y metabolizando con el sabor agridulce que deja la infancia. Una y otra vez Almodóvar se alimenta de sí mismo, como una planta autótrofa, recurriendo a su mundo interior, a sus vivencias; a las conversaciones del taller de costura de sus hermanas donde se reúne esta generación de mujeres que callan y se hacen las tontas para no contradecir la voluntad masculina, pero que al final son ellas las que deciden los asuntos domésticos y familiares. Porque Volver es también la historia de tres generaciones de mujeres: abuela, madre e hija, que han ido aprendiendo unas de otras a vivir solas buscándose la vida con uñas y dientes, a recurrir a cualquier medio con tal de que la vida no las saque del camino. A través del personaje de Raimunda (Penélope Cruz) se expone la filosofía de andar por casa de la mujer vital por excelencia, que necesita del reto y el desafío para no caer en el sinsentido de los días que se suceden sin más novedad, que la llegada de la nueva estación.

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Volver es adentrarse en las entrañas de la España profunda, en la Mancha del Quijote, evocada por las aspas eólicas que se baten contra vientos que transportan de unas tierras a otras, la locura del progreso; una mirada continua al pasado, a sus afectos, a los personajes que pueblan su memoria; a madres, hijas y vecinas, hermanadas por lo cotidiano y la proximidad. Mujeres que comparten más lo que ocultan que lo contado, porque Almodóvar sólo quiere mostrar ese lado dulce e ingenuo de sus recuerdos. Por eso el personaje de Agustina, acompaña, quiere y calla, como hacen algunas mujeres solitarias, que se cogen los problemas ajenos como propios, no por que ellas no los tengan, si no porque en su soledad cobra fuerza el samaritanismo de la palabra sagrada, que las hace volver la mirada hacia los demás y olvidarse de si mismas, buscando en el reconocimiento de los otros, su propia aceptación y prestigio. La muerte es otro de los puntales de Volver, la cual se asume como una consecuencia más de la vida, y no como un hecho transgresor y enemigo. Por eso las mujeres, en las primeras escenas, limpian y cuidan sus propias tumbas, mientras conversan unas con otras con la misma rutina que limpiar la sala de la casa, porque también la muerte es del género femenino y entiende de ausencias y afectos. Almodóvar cuenta que su infancia en el pueblo estuvo siempre acompañada por el fantasma de su abuelo,“él murió cuando mi madre era pequeña, de un accidente. Por eso dejó muchas cosas sin resolver. Luego se le apareció a un cuñado suyo, no tuviera que se puso enfermo por las apariciones. Hasta que un día las mujeres le dijeron, que miedo, que le preguntara que qué quería. La cosa es tan increíble que un día el pueblo entero acompañó al cuñado de mi abuelo hasta el cementerio para despedirlo. A mí esa imagen de una comitiva acompañando a un fantasma al cementerio me parece genial”(1). Las mujeres de Volver viven su presente con la vehemencia del que sabe que después no habrá otra oportunidad. Pero están encadenadas a un pasado, Raimunda esconde el cuerpo de su marido muerto a manos de su hija, que lo mató por que trató de violarla, Soledad esconde a su madre, con la que tiene cuentas pendientes y Agustina, guarda en su memoria los secretos de sus vecinas, unidas por lazos de soledad compartida. La figura del hombre es cuestionada, son fieles representantes del patriarcado autoritario porque en la mayoría de los casos están ausentes y ajenos a las problemáticas que se plantean. Otros ejercen un papel meramente decorativo, de relleno o de contrapeso; pareciera que los recuerdos de la infancia del director, sólo se tejen alrededor de la mujer, de su compañía, del apoyo y la comprensión de éstas. El viento que azota los cuerpos y las mentes de estas mujeres, está tan presentes como la evocación a la tierra a la que se pertenece, como el gran vientre materno que proporciona y reclama vida. Elementos vitales que asemejan en su constitución la fortaleza y el espíritu indomable de la mujer que admira Almodóvar. Volver como Amarcord son películas basadas en los recuerdos de la infancia de sus creadores. Ambas satirizan y cuestionan recorriendo todos los registros de las emociones humanas. Fellini caricaturiza sus personajes hasta hacerlos bufones de cortes infantiles, Almodóvar recurre al arquetipo para mostrarlo en sus contrastantes aristas. Fellini define a sus personajes por medio de la imagen, en la que se regodea y no escatima, llevándoles de lo poético a lo burlesco, de lo erótico a lo sacro para dar la
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visión en conjunto de una época. Almodóvar lo contextualiza en análisis psicológicos haciendo que el espectador lo interiorice para llegar a sus propias conclusiones. Ambos utilizan el cine como expresión de un pasado hacia el encuentro de si mismo en el presente.

Hable con ella

En el 2002 Almodóvar da un giro significativo en su filmografía con esta película. Si bien sigue interesado en hablar de lo que normalmente no se habla, esta vez sus protagonistas son hombres, y las mujeres son las que tienen un papel secundario. De nuevo aborda temas orilleros, sacados de las páginas amarillas de periódicos, de informativos en la televisión; son noticias de hechos que conmueven y producen sentimientos encontrados, Hable con ella es una historia que aborda la comunicación entre los seres, la soledad, la muerte, la incomunicación entre parejas, el amor y el desamor. Pero sobre todo es una película que habla de los sentimientos masculinos y su complicada manifestación. Por siglos se ha considerado que es la mujer la que puede y debe expresar sus emociones individual y socialmente, mientras que para el hombre esta expresión tiene que estar avalada por la expresión de otros hombres para que sea socialmente aceptada. Se considera que el hombre no debe mostrar flancos desprotegidos, debilidades o afectos y sobre todo, la expresión de estos, ya que socialmente se le asignaron roles en los que debía demostrar su fortaleza física y su rol de proveedor del núcleo familiar. Desde el momento que la mujer se integró a la sociedad por medio de su incorporación laboral, ha habido un auténtico replanteamiento social de los valores y conceptos de lo femenino y lo masculino. Almodóvar da un espacio y una voz para que sean ellos los que cuenten esta historia a su manera, Benigno desde su elocuencia demuestra el gran amor que siente por el prójimo y especialmente por Alicia, y como contrapartida, es la cortedad de palabras de Marcos herido por la soledad en que queda después de la muerte de su esposa. Ambos se encuentran en la misma situación, ambos la enfrentan cada uno a su manera dándose apoyo mutuo y creando una sólida amistad basada en la comunicación de afectos y emociones, algo inusual en el universo masculino. Lydia y Alicia, ambas en estado de coma por distintas circunstancias, son las receptoras de esos amores. Ambas se expresan con la desnudez de sus cuerpos, con sus formas sinuosas de redondeces y cavidades misteriosas, haciendo que afloren los sentimientos masculinos. Benigno y Marcos observan el mundo femenino con deleite y asombro, Benigno comenta: “el cerebro de las mujeres es un misterio, y en este estado mas”. Lydia es la mujer torero, de apariencia andrógina, su aspecto físico y sus modos demuestran fortaleza y decisión, enfrenta al toro y al mundo masculino del toreo con la misma voluntad de lucha que enfrenta todo en su vida. Pero detrás de esa fortaleza que emana de sus movimientos y de su carácter, se oculta su fragilidad cuando se trata del amor por un hombre, al cual se entrega con la misma ciega locura que al toro. Y es ahí, donde siente que pierde todas las batallas y le produce una sensación de soledad a la vez que la desestabiliza emocionalmente; porque es de esas mujeres que el amor lo significa todo, es la entrega total del cuerpo y el alma, mientras que para él, Lydia representa un valor más, dentro de sus posesiones. Ella espera revindicarse como ser y lograr su transcendencia por medio del amor y del toreo, pero al final es el amor el que gana la
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partida. Su forma de amar es parecida a la que siente Benigno por Alicia: incondicional y arrebatada. Lydia desea colmarlo, hacerlo suyo, pero ante la resistencia de él, la vida pierde sentido y su coraje se vuelve desesperanza y locura. En una corrida de tarde soleada, Lydia se arrodilla ante la puerta del toril y espera que sea el toro el que ponga fin a su vida. Alicia, es la única hija de un reconocido psiquiatra. Ama la vida que se le ofrece a través del arte, en especial la música y la danza. Está en coma por un accidente automovilístico, internada en una clínica privada, con todos los cuidados posibles que el padre puede costear. Tiene un cuerpo menudo y hermoso, Almodóvar se recrea en unos primeros planos y deja que sea éste el que hable por ella. El enfermero Benigno la cuida casi en exclusividad. Siente un amor apasionado por ella, cuidándola con esmero y dedicación. Tiene la teoría de que le oye, por lo que le habla y le comenta todos los pormenores de la vida que transcurre sin ella. La siente desvalida por el hecho de no tener más familia que a su padre, la madre murió hace años y como una bella durmiente parece esperar el beso de la vida para despertar. En el transcurso de una noche Benigno la posee, toma su cuerpo en un acto que los demás juzgan de violación, pero para él ha sido el encuentro de dos soledades. Alicia queda en estado, y aunque el niño muere en el parto, ella despierta del coma. Benigno es acusado de violación y va a la cárcel. Almodóvar utiliza el hecho del embarazo para expresar su admiración una vez más por la maternidad, el mágico don con que las mujeres fueron bendecidas y de cómo el amor sea de quien sea, puede vencer a la muerte.

Todo sobre mi madre.

Vivir, generalmente implica riesgos, sacrificios, pérdidas y, sobre todo si la vida se asume desde las orillas, desde los peligrosos bordes que la circundan. Tarea difícil para unos e imposible para otros. Se reconoce el valor del pionero, del que abre caminos porque, este acto conlleva asido firmemente a la soledad por compañía, a la incomprensión de unos, la intolerancia de otros y la admiración de quienes se identifican desde la trinchera en se puede contemplar la vida. Porque transgredir supone un constante pulso con la vida, con los valores sociales, con lo políticamente correcto que no suele dejar a nadie indiferente. Almodóvar sale de Calzada de Calatrava para ir al colegio de los salesianos y franciscanos en Cáceres, tiene 8 años y el mundo femenino que le ha servido de nido, se transforma en sobrevivencia en los cerrados espacios de estas instituciones. Terminado el bachillerato llega a Madrid dispuesto a estudiar cine en la Escuela Oficial de Cinematografía, pero está cerrada por Franco. No tiene dinero y conoce a poca gente. Consigue un empleo de auxiliar administrativo en la Telefónica. En esta empresa pasa 12 años, donde se empieza a interesar por el cine y el teatro de vanguardia, mientras va conociendo a una clase media capitalina con la que no se identifica y que luego caricaturizará en su filmografía con su habitual sentido crítico. En los comienzos de los 80, Madrid es un hervidero de movimientos y corrientes artísticas. Poco a poco el oscurantismo de la época franquista se va superando y se abren espacios a las nuevas voces de la gente joven que se incorpora al mundo
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sociocultural del que antes estaban excluidos. Surgen nuevos movimientos culturales en todas las disciplinas artísticas, entre ellos, la Movida Madrileña es la que cobra mayor fuerza por su innovación y ganas de transgredir el antiguo orden. Almodóvar forma parte activa de ella. Sus ojos escudriñan la nueva sociedad de la que no se quiere excluir, por que él también busca su espacio en ella, pero desde la periferia, desde la autoexclusión consciente. Arropado por la incondicionalidad afectiva de Doña Paquita, explora, conoce, transgrede. Escribe guiones para cine, una novela corta y en revistas contra culturales. Años más tarde y con apenas presupuesto dirige su primera película Pepi, Luci, Bon y otras chicas del montón. En 1985 funda junto a con su hermano Agustín la productora independiente El Deseo, que a pesar de las dificultades económicas por las que atraviesa, empieza a llamar al atención de un publico ávido de nuevos proyectos. Va perfilando sus personajes con la visceralidad que lo caracteriza, mostrando el lado oscuro de la sociedad, de las grandes ciudades; el componente humano que habita los extrarradios, los excluidos, los olvidados que llamaba Buñuel de quien heredó la insolencia y el conocimiento de lo genuinamente español. Personajes que al igual que los seres humanos que representan, provocan todo tipo de controversias afectivas y críticas, porque habla de lo que nadie quiere oír, de lo que se esconde o se omite ya que de alguna manera a todos nos confronta con la indiferencia o el cabreo que sentimos ante todo aquel que es distinto a lo que nos han enseñado como correcto, bueno o contradice nuestro concepto de belleza. De este modo nos enfrenta al mundo de las drogas, de la prostitución, del sida, de la donación de órganos, de la homosexualidad, del travestismo, del laberíntico mundo de la mujer: del que vive al borde de si mismo. Y lo hace con la naturalidad que él lo ve, porque nos mete en sus zapatos y nos pasea por las calles de los barrios chinos, donde Manuela se introduce sin miedo a buscar al padre de su hijo, tratándolos de quien a quien, como a iguales, sacándonos el recelo a lo desconocido, que en definitiva, es lo que distancia y asusta. Nos conecta con nuestro lado femenino, el de los sentimientos y las emociones que, sobre todo en los hombres, permanece subterráneo e inhibido.

Manuela Manuela es la madre en su acepción más idealizada. Solidaria, abnegada, dadora de vida y bienestar. Generosa hasta la imprudencia, en ella como en ningún otro personaje priva el sentido de dar amparo y protección; no discrimina, lo mismo ayuda a una estirada burguesa como la madre de Rosa, que a la prostituta Agrado. El hecho de haber perdido a su único hijo, la sitúa más allá del bien y el mal, donde van a parar todos aquellos que estando mutilados viven por la inercia de recuperar algún día lo perdido, por que la vida ya no le dará más sorpresas por el hecho de haber trascendido el dolor. El hijo es la razón de su vida, sentido y proyecto; la realización de su instinto más primario de proteger y dar cobijo. Su vida se transforma, como dice Fernando Rizquez citando una obra de Frobenius, en la que se recoge el caso de una noble abisinia: “Un hombre es lo mismo desde el tiempo de su circuncisión hasta el tiempo de su sequedad. El hombre es el mismo después de su primer amor a como era antes; la mujer es otra cosa desde el día de su primer amor y así continua para toda la vida. El hombre pasa una noche con una mujer y se va luego; su vida y su cuerpo siguen siempre iguales. La mujer concibe. Como madre es otra persona distinta a la mujer sin hijos; ella carga el fruto de la
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noche en su cuerpo por nueve largos meses; algo crece, algo crece dentro de su vida y nunca la abandonará. Ahora es madre, es y será madre aunque el hijo muera, aunque todos sus hijos mueran por que en un momento dado cargó al hijo bajo su corazón y no se irá de su corazón nunca más, ni siquiera cuando esté muerto. De todo esto el hombre, no sabe, el hombre no sabe nada; el hombre no conoce la diferencia antes del amor y después del amor, antes de la maternidad y después de la maternidad. El hombre no puede saber nada. Solamente una mujer puede saberlo y hablar de esto”. (2)

Rosa La hermana Rosa, mujer-niña, mujer- madre que busca amparo y da amparo mientras late en ella el instinto de la maternidad. Se niega a crecer, quizás para no verse reflejada en la imagen de sus padres, en especial de su madre, una mujer atada por los convencionalismos de su clase. Fría y seca, ha construido su mundo sobre los quehaceres en que se apoyan las mujeres de su clase social y educación. Sensible y con la frustración a flor de piel, se refugia en la producción de arte, copiando las pinturas de Chagall con paciencia y virtuosismo, mientras lleva con resignación aprendida del colegio religioso, a su esposo enfermo que, desde hace años se ha instalado en el mundo del olvido. Madre e hija, como polos opuestos se repelen y se necesitan, a cada una le espanta el mundo de la otra, sólo se reconocen en el afecto común hacia el padre y en los lazos rotos de la infancia. Rosa trabaja para una ONG que atiende prostitutas, alcohólicos, enfermos de sida. Posee una generosidad y una inocencia suicida. Se pierde en las profundidades del alma humana, como su madre se pierde en lo superficial: por instinto y sin conciencia. Rosa busca afecto desesperadamente y la manera de conseguirlo es regalar este sin discriminar, sin mirar a los lados, sin esperar nada a cambio. Para la madre, la vida se volvió un lugar inhóspito, plagado de seres extraños que le producen asco y malestar. Rosa ve en ellos la oportunidad de un sentido de vida. Aunque es portadora del virus del HIV y está embarazada, acepta su destino con la misma mansedumbre que ha aceptado todo en la vida, pareciendo que busca con la muerte la redención con la que el místico espera hacerse merecedor de la dicha eterna. Manuela la atendió durante el reposo del embarazo, prometiéndole que cuidará de su hijo en un acto de solidaridad entre mujeres que recuerda el de Fortunata y Jacinta, en la novela de Pérez Galdos. Agrado Carismática y entrañable, la Agrado representa por encima de cualquier convencionalismo la autenticidad de sus convicciones, vive de acuerdo a lo que es y piensa, se deja llevar por su instinto, carencias y anhelos. Su psiquis está encerrada en el cuerpo de un hombre que tiene formas, piel y vellos que lo delatan. Vive al borde de si misma, en los bordes de una sociedad que no sabe como clasificarla, y de la que ella se defiende con la única arma que los demás carecen: la autenticidad. Hace honor a su nombre que lleva como bandera, con ella se abre los espacios que quizás permanecerían cerrados dada su condición. Revindica el derecho a disfrutar del cuerpo que posee, que para bien o para mal es el suyo, el único que tiene, del único que
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puede extraer el placer y la dicha que la vida le ofrece. Se solidariza con causas que más que perdidas, son innombrables para la mayoría, causando complicidad, risas, angustias. En una escena memorable, cuenta la historia de su vida para salvar a unas compañeras en un momento de apuro.

Monólogo de la Agrado: Me llaman la Agrado, porque toda mi vida sólo he pretendido hacer la vida agradable a los demás. Además de agradable soy muy auténtica. Miren que cuerpo. Todo hecho a medida. Rasgado de ojos 80.000, nariz 200, tiradas a la basura porque un año después me la pusieron así de otro palizón. Ya sé que da mucha personalidad, pero si llego a saberlo no me la toco. Continúo. Tetas. Dos. Porque no soy ningún monstruo, 70 cada una. Pero éstas las tengo yo súper amortizadas. Silicona. Labios, frente, pómulos, cadera y culo. El litro cuesta unas 100.000, así que echad las cuentas porque yo ya las he perdido. Depilación definitiva láser, porque la mujer también viene del mono, tanto o más que el hombre, 60.000 por sesión, depende de lo barbuda que uno sea, lo normal es de dos a cuatro sesiones. Pero si eres folclórica, necesitas más, claro. Bueno lo que estaba diciendo, que cuesta mucho ser auténtica, señoras, y en estas cosas no hay que ser rácana. Porque una es mas autentica cuanto más se parece a lo que ha soñado de si misma.(3) Referencias. (1) www.elpais.com, entrevista Almodóvar Elsa Fernández-Santos (2) Rizquez, Fernando (1997) Aproximación a la feminidad. Editorial Monte Ávila Página 54. (3) www.clubcultura.com/clubcine/clubcineastas/almodovar/esp/peli_madre5htm

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María Candel (Madrid, España 1952) escritora residenciada en Venezuela. Ha publicado artículos de opinión en el diario El Carabobeño y cartas en El Nacional, donde obtuvo mención especial a la mejor carta del 2005. También tiene colaboraciones en diversas revistas electrónicas de Latinoamérica.

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Entrevistas
La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco. Dalí

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Entrevista a José Ángel Muriel González

-¿Desde cuándo comenzó a escribir? ¿Por qué? -Empecé hace mucho tiempo, pero me lo tomé en serio hace pocos años, entre 2004 y 2005, cuando a alguien se le ocurrió incluir algunos de mis cuentos en una colección de relatos de varios autores que llegó a editarse. Más tarde conseguí publicar mi primera novela. Así empezó a hacerse realidad mi sueño literario. -¿Qué es para usted ser escritor? -Ser escritor es poder imaginar otras vidas, otras realidades, otros mundos, y contárselos a otras personas, para que disfruten tanto al leer tus historias como cuando tú las escribiste. Ser escritor es concebir un montón de palabras con sentido y lanzarlas al mundo para que los demás terminen de dar forma a la historia en su interior. -Cuéntenos sobre su vida, sus obras, sus proyectos, su actividad literaria. -Algo que llama mucho la atención a quienes conocen mi faceta de escritor es que sea licenciado en Matemáticas y trabaje en el mundo de la informática. En realidad, siempre he sentido afición por las Letras y las Humanidades, pero me atraían también las

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ciencias. Creo que hay que saber un poco de todo para tener algo de cultura, aunque luego te especialices en una disciplina concreta. Tengo publicadas dos novelas, una de aventuras titulada “Ladrones de Atlántida” y otra dedicada al público más joven: “El talismán cósmico”. Esta obra y otra que ya está en imprenta se encuentran incluidas en la colección “Tú decides la aventura”. Todos los libros de esta serie permiten al lector elegir el desarrollo de la historia de forma interactiva. Es la forma literaria de adaptarse al mundo moderno, en el que los niños suelen divertirse con videojuegos, con la televisión e internet. -¿Cómo define el estilo de su narrativa? -Empecé con una prosa fácil de leer pero bastante elaborada. El tiempo, la experiencia y los lectores me han enseñado a suavizar el estilo, a emplear los tecnicismos imprescindibles, a expresar la acción con más agilidad y a describir con frases más ligeras. De esta forma, he podido elaborar obras para niños de 8 a 13 años. -¿Cómo ve la Narrativa de estos últimos años? -Una vez superada la época de las novelas sobre enigmas, aunque aún vivimos sus reminiscencias, veo que las editoriales intentan sorprendernos con encuadernaciones exóticas e historias ingeniosas. Me encanta ver que la narrativa sigue en desarrollo, aunque, en cuanto a contenidos, es difícil concebir algo nuevo, algo que no esté hecho ya. Cada vez me sorprenden menos los nuevos lanzamientos. -¿Qué autores influyen en su obra? -No sabría decirlo, porque leo de todo y a todos. Concretamente en una de mis obras inéditas influyó Milan Kundera y cuando escribo relatos de aventuras intento aproximarme al estilo de los autores clásicos (como H. R. Haggard, Verne, Doyle o Burroughs), pero no podría decir que determinados autores ejercen una influencia sobre mi estilo. -¿Cree qué el escritor es un ser obsesivo? -No, no siempre. Dependerá de la personalidad del escritor. En mi caso, no hay obsesión. Disfruto cuando las ideas invaden mi cerebro y tengo que desarrollarlas, cuando son tantas que tengo que anotarlas o usar la grabadora de voz para que no se me olviden. Es fascinante que la inspiración llene completamente tu mente por unos instantes. Pero no ha de convertirse en algo obsesivo. -¿Cuál es el fin que desea lograr con su escritura? -Naturalmente, lo que pretendo es que me lean y que, al leer mis obras, los lectores se diviertan e incluso, si es posible, aprendan algo. -Dentro de su producción literaria, ¿Qué obra elegiría usted por optar en una en especial? -Tendría que responder como lo suelen hacer todos los escritores. No puedes descartar a un hijo para escoger a otro. Cada obra tiene su momento, cada obra es especial. Una
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porque fue la primera que publicaste y con la que diste el primer paso, otra porque fue el primer encargo de una editorial y un nuevo desafío, aquella porque lograste vencer el reto que te impusiste al intentar algo diferente, etc. Cada vez que escribo intento que el resultado sea diferente. -¿Cómo ha cambiado su lenguaje a los largo de los años? -Al principio, me esforzaba demasiado por emplear un lenguaje rico, como el que se encuentra en muchos clásicos y en sus traducciones. Pero actualmente los lectores buscamos una lectura más sencilla, más llevadera. Eso implica controlar el vocabulario que puedes manejar. De todas formas, hay que conocer lo mejor posible el diccionario, porque te hace sentir mucho más seguro tanto cuando escribes como cuando hablas con otras personas. -¿Es necesario que el escritor sea un hombre comprometido? -No creo que sea necesario. El escritor se dedica a escribir y no siempre lo hace por un compromiso en particular. Sí es cierto que debe ser disciplinado, proponerse a sí mismo objetivos y cumplirlos. -¿Qué libros nos recomendaría leer? -Por ejemplo, se encuentran entre mis favoritos “La despedida” de Milan Kundera, “La noche del oráculo” de Paul Auster, “La ciudad de los libros soñadores” de Walter Moers, “La colina de Watership” de Richard Adams, “La caverna de las ideas” de José Carlos Somoza y “Crímenes ejemplares” de Max Aub. -¿Qué hace antes de escribir? -Pensar en lo que voy a escribir. -¿Cómo ve usted hoy por hoy la industria editorial? ¿Como autor qué soluciones le daría a este problema? -Todo parece indicar que la industria editorial va a cambiar en los próximos meses. Algunas empresas van a tomar la iniciativa en la edición de libros electrónicos, aunque creo que aún no estamos preparados para explotar la literatura de esa forma. El producto que se va a lanzar al mercado no está acabado y puede que los autores sean los perjudicados, aunque se hable de que el libro electrónico redundará en su beneficio porque se excluirá a distribuidores y libreros del negocio, con el coste que eso significa. No me lo creo, siempre habrá intermediarios y quizá sea necesario para que tu libro se convierta en un producto de mercado. Ahora bien, si hablamos del problema al que se enfrentan los autores noveles cuando quieren darse a conocer y nadie les hace caso, lo único que puedo decir es que no se puede luchar contra el sistema: la solución más segura es perseverar y ser constante hasta lograrlo. -¿Cree en los concursos o certámenes literarios? -Sí, yo he sido miembro del jurado en algunos. Hay concursos literarios muy bien organizados.
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-¿Qué opina de las nuevas formas de difusión literaria por Internet como revistas literarias, blogs, páginas sobre literatura? -Me parece fundamental para darse a conocer y para conocer a otros autores. En internet el nombre de cualquier artista, ya sea pintor, escultor, arquitecto o escritor, debe verse para hacerse familiar al internauta, al público, y para contribuir a fomentar la cultura en general y la literatura en particular. Los medios que proporciona la red para esto están al alcance de casi cualquiera. -Por último: ¿Desea agregar algo más? -Solo quiero agradecerles que me hayan entrevistado y les deseo que la revista siga prosperando y cada vez sea más conocida.

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José Ángel Muriel González. Nacido en Sevilla (España) el 4 de junio de 1972, es licenciado en Matemáticas por la Facultad de Sevilla y actualmente Gerente en una empresa de consultoría de sistemas. Siempre sintió interés por los libros y creció leyendo los clásicos. Mientras tanto, su otra afición era el dibujo; dedicaba horas a confeccionar historietas, dando rienda suelta a la imaginación. Algo más tarde, reemplazó los pinceles por la pluma y comenzó a escribir todo tipo de relatos. Durante sus estudios universitarios, se enfrascó en algunos proyectos más serios y participó en varios concursos de cuentos, obteniendo algunos premios. Años después, dio forma a varios proyectos hasta que consiguió publicar algunos relatos y sus primeras novelas, Ladrones de Atlántida (seleccionada en 2008 y 2009 para participar en el programa “El placer de leer” de la Diputación Provincial de Sevilla que fomenta la lectura entre los adolescentes) y El talismán cósmico. Al mismo tiempo, también colabora con revistas electrónicas y asiste a todos los eventos literarios a los que puede. Contacto: jamuriel@elautor.com

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Entrevista a Teresa Esparza Oteo

-¿Desde cuándo comenzó a escribir? -Leo mucho desde adolescente, como a los 25 años una amiga me invitó a participar en un taller literario y me di cuenta que me gustaba mucho. -¿Qué es para usted la Poesía? -Una forma de expresión, la que más me gusta. -Cuéntenos sobre su vida, sus obras, sus proyectos, su actividad literaria. -Trabajo de voluntaria en el CRIT, que es una institución que ayuda a niños. He publicado un libro de poemas “Desde lo Cotidiano”, he participado en variadas antologías de poesía, cuento y ensayo con diversas editoriales, mis trabajos se han publicado revistas culturales, tanto en internet como impresas. Entre mis proyectos se encuentra terminar una novela en la que trabajo desde hace más de un año, seguir escribiendo y publicando. -¿Cómo define su poesía? -Mis poemas hablan de cuestiones cotidianas. Lo que nos pasa a todos, y quizá no le demos mucha importancia. -¿Cree qué el escritor es un ser obsesivo? -Creo que no sólo el escritor es obsesivo, todos tenemos nuestras obsesiones, quizá en el artista sea más notorio. -¿Cómo ve la nueva poesía de estos últimos tiempos? -En los últimos tiempos se ha desvirtuado un poco la poesía, pero siguen habiendo escritores comprometidos con su obra.

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-¿Es necesario que el escritor sea un hombre comprometido? -Me parece que es indispensable. -¿Cuál es el fin de su poética? -La finalidad de mi poesía es crear sensaciones en alguien. -¿Cuáles son los autores que influyen en su obra? -Podría decir que todos los libros o poemas que he leído han influido, no sólo en mi obra, sino en mi vida. Tengo mis favoritos como Paz, Cortázar, Angel González, Jacques Prevert, Pedro Salinas, y muchos otros. -¿Qué libro nos recomendaría leer? -Cuando me piden una recomendación, me voy a los clásicos, aunque hablar de los clásicos suena un poco cursi, como Crimen y Castigo, Rayuela, La Metamorfosis, Cien años de Soledad, y tantos otros. -¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a través de los años? -Ha cambiado mucho, porque he leído más, he visto más películas, he conocido más gente. -¿Qué hace antes de escribir? -Me gusta escribir acabada de despertar, así que antes de escribir estuve soñando. -¿Cómo ve usted hoy por hoy la industria editorial? ¿Como autor qué soluciones le daría a este problema? -Hay tanta literatura gratuita en internet que uno podría pasar una vida leyendo obras extraordinarias sin necesidad de comprar libros. Me parece que deberían de encontrar la manera de bajar los costos. -¿Cree en los concursos o certámenes literarios? -Creo en muy pocos, porque he conocido escritores excelentes, no conocidos (o reconocidos) que han ganado concursos importantes. -¿Qué opina de las nuevas formas de difusión literaria por Internet como revistas literarias, blogs, páginas sobre literatura? -Son una excelente opción, la mayoría de poetas que he descubierto en los últimos 5 años, ha sido por internet.

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Teresa Esparza Oteo nació el 28 de mayo de 1960 en la Ciudad de México. Ha publicado el libro de poemas Desde lo Cotidiano (2006) y asimismo sus poemas aparecen en diversas antologías de poesía y cuento publicados por diversas editoriales; Poetas de Atizapán, Rumor de Fuego Latiendo en la Piel, Amates 19, Vientos del Pasado, Días de Sol, Púas en el Alambre, Tigres del Porvenir, Toco tu Boca, Ser Abuelos y 60 Minicuentos y un Rebelde, entre otras. Sus textos han sido publicados en variadas revistas culturales. Algunos de sus poemas han sido traducidos en inglés. Correo: mtereeoi@yahoo.com.mx

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Reseñas
El libro que no se dirija a la mayoría (en número e inteligencia) es un libro tonto. Charles Baudelaire

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Revagliatti – Antología Poética

Revagliatti – Antología Poética Rolando Revagliatti Ediciones La Luna Que, 2009 El ejercicio de la poesía es no sólo una labor inagotable, sino también una lucha contra el vacío y la ignorancia con la cual día a día el mundo nos envuelve. El ser poeta y más aún un poeta que se mantiene joven, no sólo de mente y espíritu, sino también joven en su decir, en su discurso poético, en sus versos, es aquel que de alguna manera ya ha trascendido las innumerables barreras que nos plantea el tiempo para que nosotros nos hundamos en ese paraíso infernal que es el fracaso y peor aún la frustración de no poder decir lo que se quiere. Con el libro Revagliatti – Antología Poética (Ediciones La Luna Que, 2009) del poeta argentino Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945) nos muestra esa perseverancia poética que sólo puede hacer madurar las largas travesías a través de los años. Su poesía llena de ironía desde sus primeros libros nos da aviso de una original manera de hacer poesía. Esta nueva publicación no sólo nos da cuenta de su labor poética a través de más de dos décadas, sino también nos plantea los diferentes cambios de su discurso que con una gran dosis de humor, pesimismo y existencia, nos entrega un majestuoso retrato de nuestro propio ser y de los “fantasmas” que nos asechan en nuestro cotidiano devenir. Revagliatti demuestra con este libro además un certero golpe a los “cliches” que la sociedad impone para que de alguna manera no podamos ser nosotros, sino ser el

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otro, la presa del vacío, la inconstancia, el hastío eterno de la rutina en nulidad con el pensar:
Candidades 10 mujeres se cepillan el pelo 9 hombres se cosen un botón 8 niños se crispan de repente 7 ancianas caminan por el borde 6 mujeres se reconsideran 5 hombres se plagian 4 niñas adolecen 3 ancianos escarban sus bolsillos y así sucesivamente dos muletas un padre nuestro y cero peso no nos restañan ni aun la herida más simétrica.

Como observamos en el poema anterior perteneciente a su primer libro: Obras completas en verso hasta acá, el acercamiento descriptivo de lo cotidiano permite al poeta a no sólo mostrarnos la abulia que a veces nos hace lo que somos, sino también nos demuestra su manejo de cierto grado de oralidad para darnos a conocer directamente y sin intermediarios, su mensaje atiborrado de estigmas. El amor y por ende la visión de la pareja, para el poeta, no contiene una trascendencia, sino más bien nos hace sentir su castración, su brevedad, su intensa puñalada, que al no poder resistirse, se trata de describir con mordaz cinismo e ironía:
¿te amo o estoy emberretinado? “mi orgasmo triste fuiste tú”

Por otro lado su imagen de la muerte se hace a través de no ver la “trascendencia” que tiene ésta en los seres humanos, sino que nos hace contemplar por medio del absurdo nuestra evidente fragilidad ante el tiempo y el no poder:
Si te morís con los ojos abiertos sonaste: ni en sueños volverás a pestañar.

Con selección y prólogo de Eduardo Dalter, esta antología nos permite ver en toda su amplitud los centros y periferias de un poeta que ha sabido de denuncia hasta en lo absurdo. Esta es una antología para gente que ha visto en su propia condición, en su propio reflejo la imperfección que sensibiliza hasta fingir una sonrisa o quizás una gran carcajada, sin embargo, esta poesía de Revagliatti, no sólo es eso, sino también ofrecer
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una cruda realidad (la de todos) a través de una aparente sinvergüencería, que a la larga devela nuestra cándida brutalidad para hacer nuestros los días en ese cúmulo de horas y objetos, de fetiches y sujetos que es lo cotidiano, él (el poeta, el estigmatizado que aún en agonía nos muestra su sonrisa, su humor, su verdad) nos informa que al final todo es un nuevo comienzo, al cual llegar tarde quizá sea una buena estrategia:
Al final Siempre llego tarde al comienzo aunque nunca dejo de ser advertible entre los primeros en llegar a la convicción al objeto al fraude al reconocimiento a la derrota al recelo al éxito al reiterado comienzo al cual siempre llego tarde.

P.A.

Sobre el autor: Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. Libros publicados: (entre 1988 y 2009): Obras completas en verso hasta acá, De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):, Trompifai, Fundido encadenado, Picado contrapicado, Tomavistas, Propaga, Ardua, Pictórica, Desecho e izquierdo, Sopita, Leo y escribo, Del franelero popular, Ripio, Corona de calor (poesía); Las piezas de un teatro (dramaturgia); Historietas del amor, Muestra en prosa (cuentos y relatos); El Revagliastés (antología poética personal), Revagliatti – Antología Poética (con selección y prólogo de Eduardo Dalter). Casi todos cuentan con ediciones electrónicas disponibles gratuitamente en bibliotecas digitales. Sitio web: http://www.revagliatti.com.ar http://www.revagliatti.net

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Huarango Esmeralda

Huarango Esmeralda Teodosio M. Quispe Montañez Editora Marksoft98, 2004

Huarango Esmeralda (Editora Marksoft98, 2004) del poeta chosicano Teodosio M. Quispe Montañez (Chosica, Lima 1946) nos da cuenta desde sus primeros versos de una gran encrucijada entre lo que se ama y lo que tiene. El poeta manufactura a la amada como un pretexto para darnos a conocer su dolor universal, la frustración que lo convierte en ser sensible ante el rumor de la nostalgia, de aquello que ya se está volviendo letargo y olvido:
Cada paso en la contienda cada instante lejos de ti y de mí, son flores y semillas de odios y rencores. Son confusos tránsitos de vidas y muertes, los que lloran pétreas lágrimas de amores. [...] Cada día. Cada fragmento lejos de ti, son semblanzas cristalinas en el remanso verde olivo, tus memorias de fulgor tus primaveras de ilusiones, que mañana en las hojas del tiempo el amor de los días ardiendo recogerá.

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Cada paso en la contienda es un corazón estrujando y una rosa en nostalgia.

A lo largo de este libro Teodosio transitará su mundo, el cual tendrá muchas imágenes de su vida en la ciudad de Chosica, entre el verdor de la flora y el sol que jamás deja de brillar su misterio, aquel lugar que de alguna manera es el universo por donde se suscitan las batallas, los sucesos de amor, la tristeza y la soledad, mas esto deja en el alma del poeta una huella imborrable, un pacto que creará ese inevitable reencuentro con las raíces a través de los recuerdos de tiempos que a pesar de ser esquivos, distantes, son propios eternamente:
Oh Chosica, vuelvo a ti, a tus entrañas, me quedo contigo, entre el polvo de tu barro que consumí desde mi infancia sedienta, por tus barrios tendidos como un rosario, bajo la suavidad del sol que permite trémula, con la fuerza de los siglos.

Siguiendo su viaje por las reminiscencias que la vida otorga y que luego funde en experiencias, el poeta vuelve a nombrar lo que quizá en algún momento se amó con mucha fuerza y que acaso ahora es sólo distancia de cuerpos que se van olvidando mientras se contradice el presente con la dolorosa certeza que inyecta la ausencia en el corazón:
No es el tiempo ni la distancia lo que ciega todo. Sólo sé lo que siento. Que la ausencia es un olvido inapelable, crepitando, crepitando. Estábamos juntos y desapareciste ¿Recuerdas? Y luego, atrás sólo están las miradas del espacio, en el rastro de nuestros cuerpos, los que están rondando cotidianamente.

Libro plagado de evocaciones, de lucha, de vida. Huarango esmeralda es en suma, la vida en poesía, el destino que sólo se puede entender a través de la experiencia, del sufrir, del recorrer el inmenso camino que es la vida, que a veces nos muestra sus mágicos instantes, como fugaces iluminaciones en medio de un mundo que pronto oscurecerá hasta abandonarse a la ausencia de todo:
Y, enredados en la selva de los letargos, ahogaremos nuestras últimas desilusiones y amarguras, en los días que se van secando al centelleo de la luz en la penumbra.

P.A

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Vibraciones

Vibraciones Marcelino Méndez González Editorial Azarbe, 2009 En el largo transcurrir de los tiempos, el poeta como ser que de alguna manera enfrenta al mundo con la palabra a través de su creación, es a su vez, un ser que no sólo puede dar testimonio de las convulsiones y terribles inconsecuencias del mundo, sino también él nos da fe que se puede contemplar la belleza a través de la quietud, del esquivo silencio que en todo caso será los medios por los cuales podemos encontrarle el “gusto” y disfrutar la brevedad de la vida. Con Vibraciones (Editorial Azarbe, 2009) del poeta español Marcelino Méndez González (Murcia, 1993), nos entrega nuevamente esa voz que no se atisba en lo inmediato, sino que a través de su sosiego, su paciencia y equilibrio, nos quiere mostrar un universo que muchas veces es negado por nuestro modo de vida a mil por hora. Vibraciones, es un libro donde los constantes movimientos exigen una atención especial de las cosas. El silencio indispensable para poder realizar este nuevo viaje poético. El poeta ha decidido mostrarnos desde su sencillez la hermosa amplitud que toman las cosas al ser contempladas en su perfecta armonía:
Me encuentro en un estado de ánimo sereno, es un sitio apacible y tranquilo con la cualidad en la que sólo se oyen los pasos blandos en el camino, pues me rodea un silencio intenso...

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[...] y siento lo que pienso y lo que vivo, disfrutando con placidez esa armonía de sensaciones, en las que mis sentidos se conjuran al unísono para procurarme ese sencillo pero importante bienestar, y me siento bien, y estoy bien y a gusto en ese estado de ánimo y en el que todo transcurre y pasa en el logro espiritual de alcanzar poner mi mente en blanco, en ese silencio interno y... lo consigo.

El poeta nos invita una vez más a un viaje místico donde la meditación es una forma de lograr el conocimiento pleno del mundo y del ser que es parte al fin y al cabo de un solo universo del cual existe una estrechísima relación, que a través de los sentidos canalizados en perfecta armonía logran esa comunicación con lo infinito, desde la intima comunión con la realidad que nos rodea día tras día:
Quisiera ser tus voces, voz, como el añil del azul del cielo, como el rocío mañanero sobre la hierba, los lirios tempranos y el trébol blanco... Aspirar el aroma de las rosas nocturnas y en la penumbra, el de los pinos y las encinas de los viejos bosques cargados de muérdagos y de musgos.

Existe a lo largo del libro una fuerte relación entre el hombre y la naturaleza. Para el poeta la belleza, la totalidad, está en la naturaleza y su constante dinamismo, esa vibración que mágicamente nos muestra su majestad y derroche de vida. El poeta quiere que dejemos de lado por un momento nuestro quehacer y contemplemos la esencia del mundo y acaso también, nuestra propia esencia:
Podría ser contemplar como anuncio de primavera, cómo surgen los retoños del sauce con brotes verdes amarillentos junto a la rama prolífica y vital; o el multicolor y mágico vuelo de las mariposas llenando de belleza los pénsiles, o descubrir movimientos en el espacio con el veloz tránsito de las golondrinas.

Hay un deseo inmenso por quererse fundir en el movimiento de la naturaleza, ser por ejemplo el batir de las olas, o el firmamento que madura en el ensueño hasta el amanecer. El poeta ha entendido la importancia del mundo que lo rodea en la formación de su vida y más aún en esa etapa donde la magia y lo inexplicable se unían para crear verdades:
Y antes de llegar al crepúsculo y el suave habitar de las sombras de la noche,
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me fundí en la sustancias del azul desaparecido y me sentí volar en medio del firmamento con alas de sueños, en la extremidad del espejismo de aquella tarde añeja de mi infancia.

El poeta nos muestra además de su misticismo, el aflore de sus limitaciones para poder decir lo que se quiere. Intenta lo majestuoso, lo más inmenso y poderoso, lo que se desea, mas es apenas sólo un deseo, que sin embargo nos muestra que puede combatir toda esa oscuridad que la desolación oculta:
Desprovisto de mis pensamientos, que hace poco me abandonaron, me queda sólo hacer volar mi fantasía y así hacer surgir este poema tímido y oculto, que alguna vez llevo conmigo. La misión es augusta y aunque intento hacer rebrotar de las ascuas el fuego de esa brasa que es ceniza y arda, sólo consigo reavivar tenues destellos de luz en la penumbra, y la añoranza del sol sobre la espiga.

Al final el poeta nos informa de su gloriosa victoria, de su nueva iluminación. Nos invita a contemplar la verdadera amplitud de las cosas y también el transcurrir del tiempo que apenas se detiene para mostrarnos el largo camino que ya hemos caminado:
Al final, un resplandor en medio del vacío y en el vacío, un resplandor oscuro en medio de la luz mientras, en voz baja, habla la penumbra en el atardecer y todo me suscita el recuerdo de una brisa triste en el seguro azar de la conciencia, con el futuro agazapado esperándome en la infinita soledad del tiempo...

En suma Vibraciones, es la compilación de un sueño que a través de sus imágenes y su mixtura de sentimientos, nos acerca a nosotros como seres colectivos de un planeta que día a día espera nuestra atención para de una vez por todas tomar conciencia que la belleza aunque inmensa y majestuosa puede ser destruida. P.A.
Sobre el autor:
Marcelino Méndez González. 24 de Febrero de 1933, en Asturias, España. Ha vivido en varios países de América, Estados Unidos, Canadá, México 35 años. Actualmente en Murcia (España). Escribe desde el año 2000. Tiene 47 libros escritos de los cuales 38 son de poesía. Pendientes de editar los títulos Vibraciones, Plectro (Fantasía), Destellos y Las Páginas Gastadas. Es socio de poetas de las Torres de Cotillas, Poetas del Casino de Murcia y de la Fundación Amigos de la Lectura. Su página web es: http://marcelinomenendez.blogspot.com

Coraza

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Coraza Vanessa Martínez Rivero Editorial Hielópolis, 2009

Coraza (Editorial Hielópolis, 2009) de la poeta Vanessa Martínez Rivero (Lima, 1979), es el viaje intimo cargado de imágenes y súbitas reminiscencias. La poeta aquí se sabe de su inevitable deseo por el exilio, por el escape, por el encontrar de alguna manera ese habitar donde lo frágil de su ser no se vea mermado por las inconstancias e inconsecuencias de aquello que la atormenta, que la aliena, que la hace presa del vacío:
Lo consigo, encendiendo la calle con mis perturbaciones y mi locomoción gusana que avanza solitaria.

Coraza, es un tránsito. Lugar por donde se habla y se duele. La poeta ha transfigurado su decir entre cordilleras, entre voces esquivas que apenas muestran su innombrable verdad, que en todo caso harán del discurso, un paulatino desgarramiento del alma, una interminable reconstrucción de aquello que será imposible reconstruir:
La cordillera como cicatriz donde nos sangramos con lamparines. Tus manos en tántrica humareda, se disparan miles.

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A lo largo de este breve pero intenso poemario la poeta confesará sus frustraciones, sus anhelos que apenas son lejanos pensamientos. Ella intentará la redención a través de su realidad, mas su austera y verdadera condición la harán apenas configurar una utopía más sobre el abismo:
Ya quisiera irme con los espectros a los que se les cayó la nación encima, pero me he rodeado de fuego y no puedo simplemente ser más que un lanzallamas.

En sus versos Vanessa inyecta una gran cuota de violencia. La violencia en su poesía no es una mera reproducción de lo cotidiano en un mundo de apariencias y vejaciones, es acaso ese lenguaje por el cual ella intenta despertar una conciencia a través de sus sujetos urbanos que imbuidos en su despilfarro existencial no sólo están al borde de la autodestrucción, sino también al borde del total desasimiento:
La calle, el carnaval de la carne, se vende en estos ojos urbanos. Y se esconde mi faz tras esta sonrisota. Dibuja la contemplación de los que divagamos en el mar de miradas sentenciadoras.

Siendo ya una testigo en carne propia, la denuncia que su poesía otorga, nos adentra aún más a ese rechazo por lo establecido. Es difícil tragarse la ciudad y lograr la comunión. Es difícil, y más si la ausencia y el dolor, no son opciones, sino necesidades:
Soy testigo de todos los olores de mi clima y de todos los podridos de mi nación que vagan a la media noche con el pecho agrietado.

Lo coloquial, lo oracional, demuestran una vez más el signo del desgarramiento. Ya no es necesario pensar, los sentidos se diluyen en tétricas palabras sin peso. El desencanto ahora mueve a la poeta hasta ese infinito que ya no satisface, que es puro ideal, puro plástico:
¿Y por qué quieres que ponga la mierda donde todos la huelan mejor? ¿acaso matarás a mi pequeño femenino y restregarás el gusto de mostrarme fenómeno? Éste es el sitio donde se fastidian las penas y el dolor sólo me da una nalgada como buen compañero.

Versos breves, poesía de lejanos encuentros (y desencuentros), Vanessa Martínez nos termina su confesión del camino emprendido dejando en nuestras almas la interminable sensación de que la venganza ya ha sido cumplida. Con una poesía que trasciende sus palabras y la violencia que habita, poesía que hace experimentar la piel propia y del otro, poesía que explota en la cara y en el pecho desnudo del cielo que nos habita, así, entre sorderas y aspavientos, la identidad que todos necesitamos ahora ya está configurada como estigma en el recuerdo:
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También pintarás tus secretos, bebiendo el aguardiente que guardas bajo la pollera de los misterios.

P.A.
Sobre la autora: Vanessa Martínez. Nació en Lima en febrero de 1979. Estudió en la Escuela de Arte Dramático (La Libertad) y en 4 Tablas, de Lima. Comenzó a escribir en silencio, en Trujillo, ciudad donde radicó gran parte de su vida. Escribía secretamente; hasta que cuando tenía 17 años, el periodista Nivardo Córdova sustrae de uno de sus cuadernos sus poemas y empieza a publicar notas sobre ella desde el anonimato. Después publica dos plaquetas de poesía: Poemas del olvido y Amencia nata, gracias a Tomás Ruiz y a los dibujos de Oscar Alarcón. Posteriormente aparece en una compilación de poetas del norte, preparada por David Novoa; desde entonces participa en casi todos los festivales de la Alianza Francesa de Trujillo, en el ciclo de Poetas al Ataque. Estuvo en el taller de poesía del poeta piurano Alberto Alarcón. Ha residido en Cajamarca, Lima, Santiago de Chile, ahora de nuevo en Lima. Ha publicado La hija del carnicero y Coraza.

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Absolutamente nada

Absolutamente nada Luis León Absolutamente nada (2008) del poeta peruano Luis León (Lima, 1983) es la concatenación de situaciones donde el vacío y el abismo logran una comunión intensa, que de alguna manera desnudarán esa antigua herida mal cicatrizada por donde nuestro dolor se hace infinito dentro de una realidad que desmiembra, que aliena, que desconsuela, que reduce hasta desaparecernos en nuestra propia denuncia, en nuestra ausencia:
2 Un hombre aparece lejos Detrás Antes de los umbrales Apenas respira Tienta avanzar, se quiebra Tienta avanzar, cruza el portón Y lamenta verse Multiplicado en gente De ser Un árbol urbano.

La abulia de lo cotidiano y de lo inconsecuente, hacen del poeta un ser austero y demacrado. Para él el sentimiento de encarcelamiento y desgaste se da a través de una constante relación con las “apariencias” que el mundo nos ofrece para de alguna manera
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hacernos sentir placer, confort, acaso ese lavado cerebral tan nocivo, que ya no nos deja ser, sino del otro que nos utiliza hasta vaciarnos, hasta abismarnos:
9 Ahí van las ambivalencias brotando. Salto deviene silencio. Rotación. Accidente. Silencio deviene salto y Agita la sirena de La policía. Sus atestados incriminan: Cárcel. Huida. ¡Rotación, salto, grito, muecas! ¡Mil silencio!

La violencia, el cinismo, la ironía, se funden entre los sujetos devastados de este libro. Aquí el poeta ha configurado su universo a partir de palabras precisas que nos dan cuenta del exterminio que lentamente nos acerca al barranco. El poeta no es un profeta, mas su anarquismo, su inmutabilidad, su heroico suicidio en ficción, va resucitando, no sólo el terror, no sólo el amor frustrado o la vacuidad, sino también la certeza como semilla que se irá instalando en el alma del lector enfrentado a su abandono:
19 Alegría, deformación. Pies Pisan el rostro a la vez que respiro. Cuando ni yo estoy conmigo pateo Las calaveras de mi armazón. Mata el paisaje que me aconseja la vista Satiriza mi oído y Permuta mi tacto.

El pesimismo entre sus versos, será la llave para develar a esos seres miserables que apenas intentan curar las heridas que el mundo esputa con inútiles placebos. El poeta reconfigura su postura, se hace partícipe de la negación, se emancipa, se libera del opresor hecho a su imagen y semejanza y mira al otro y se mira así mismo:
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No Exigir a los habitantes De las islas del tiempo Caridad. No Alojar en almacenes Los yerros Que allí Descansan.

Y en último poema, al final, el poeta habrá marcado sus límites, nos habrá mostrado ya su soledad y su silencio, que sin embargo no han servido para responder esa inmensa pregunta existencial. El poeta como un simple mortal hecho de piel y tiempo, nos muestra ya no la destrucción de la carne y la memoria, sino acaso, lo incognoscible, que de alguna manera nos devuelve a la pasión de lo magnánimo:
50 Un tumulto sonoro pregunta dónde estamos y quedamos en silencio Ante el Palacio que vierte Fuerzas elementales.

Con versos breves y sobrios adjetivos, Luis León, nos muestra aquí su canto y su hallazgo. El horizonte que nos muestra es la de una urbe mutilada, la de seres imperfectos que tratan de buscar belleza en su deformidad y también la misteriosa esencia de aquello que aparenta ser absolutamente nada, mas es en esa nada donde al fin se encuentra nuestro viaje, lo absoluto.

P.A.

Sobre el autor: Luis León (Lima, 1983). Sísifo, chuchuhuasi, Do, viajar en combi, L'état límite, bastones, casco (de astronauta), arcaísmos, boicot, La, pan con chicharrón, Siberia, pasamontañas, manzanilla, tras bastidores, bombines, ¡yonkis!...

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Paolo Astorga Director de la Revista Literaria Remolinos

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La Revista Literaria Remolinos Número 40 (Edición de Aniversario) Se terminó de diagramar el 25 de Septiembre del 2009 en la ciudad de Lima, Perú.

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