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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
COLEGIO DE HISTORIA




EL FUEGO Y EL SILENCIO. HISTORIA DE LAS FUERZAS DE LIBERACIÓN
NACIONAL MEXICANAS (1969-1974)



TESIS
QUE PARA OBTENER EL GRADO DE
LICENCIADA EN HISTORIA
PRESENTA:
ADELA CEDILLO CEDILLO




DIRECTOR DE TESIS: LIC. RICARDO GAMBOA RAMÍREZ






MÉXICO, D.F., CIUDAD UNIVERSITARIA, 2008
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A mi abuelo, de oficio herrero, por
enseñarme cómo se templa el acero.

A mis dos mamás,
por absolutamente todo.

A las madres de los desaparecidos,
por esa fortaleza cargada de ternura.

A Elisa Irina, Dení, Carmen, Julieta y
Nora, por inspirar esta historia.
In memoriam

A los memoriosos ejidatarios
de las cañadas.

A todos aquellos que me demostraron
que las causas
morales son invencibles.

A todas las personas que aportaron algo
a esta investigación y no alcanzaron a
verla concluida.

A la generación de la dignidad

y

a los desaparecidos,
dondequiera que estén.

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Agradecimientos
Esta investigación fue autofinanciada con cuatro años y medio de trabajos “forzados”.
Adicionalmente, el proyecto se vio favorecido por una extraordinaria red de solidaridad que
diversos actores vinculados a la llamada “guerra sucia” tejieron a su alrededor. En el DF,
Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Jalisco, Nuevo León, Puebla, Veracruz, Tabasco, Chiapas y
Guerrero, los sobrevivientes de este episodio me brindaron su tiempo y compartieron
conmigo fotos, papeles, recuerdos, anécdotas y sentires.
Respecto a las familias de los protagonistas de la historia de las Fuerzas de
Liberación Nacional, admito una deuda inconmensurable con los Glockner, los Carballo
Zurita, los Ponce Custodio, los Guichard, los Pérez Gasque, los Sáenz, los Velázquez
Pérez, los Prieto y los Zárate Mota. A todos gracias por su generosidad desbordada, su
confianza e interés.
Un sentimiento especial me une a los familiares de los desaparecidos, pues en los
momentos más difíciles encontré en su fuerza y causa una motivación para no desistir de
esta difícil empresa. Doña Sol, que por años iba a las bancas de los parques de
Villahermosa con la esperanza de ver pasar a Carmita; doña Elsie, que se dormía todos los
días a las tres de la mañana esperando recibir alguna noticia de Raúl; doña Elisa, que a sus
98 años se mantenía en pie con la esperanza de volver a ver a Lichita; doña Eugenia, que no
podía oír hablar de Anselmo sin prorrumpir en llanto; doña Dolores, que murió viendo la
foto de su hijo Fidelino y las doñas Tita, Beatriz, Yolanda y Cleofas, que como ella
fallecieron sin saber dónde estaban sus muchachos, son las principales destinatarias de este
esfuerzo.
Una inmensa gratitud me une también a los siete exmilitantes de las Fuerzas de
Liberación Nacional a los que entrevisté, quienes pese a su hermetismo, aceptaron
compartir conmigo algo más que su testimonio.
Por si poco fuera, no tengo forma de corresponder a la generosidad de las
organizaciones que enlistaré a continuación, las cuales me prestaron documentación y me
ayudaron a reconstruir toda una época: el Centro de Investigaciones Históricas de los
Movimientos Sociales (CIHMS), el Comité ‘68 Pro Libertades Democráticas, el colectivo
“Rodolfo Reyes Crespo”, la Asociación Nacional de Luchadores Sociales, el colectivo de
exmilitantes del Movimiento Armado Socialista, y las diversas agrupaciones que
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actualmente mantienen la lucha contra la desaparición forzada, en particular la Asociación
de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de México (AFADEM), el Foro Permanente por
la Comisión de la Verdad, el Comité de Madres de Desaparecidos de Chihuahua, el Comité
de familiares de desaparecidos de Jalisco, la Fundación Diego Lucero y la extensa familia
Cabañas. No puedo dejar de mencionar al colectivo “Nacidos en la Tempestad”, con cuyos
jóvenes integrantes coincidí en la necesidad de responder al enigma sobre el paradero de los
desaparecidos.
Reconozco también la ayuda de los exguerrilleros y los sobrevivientes de la represión
que no pertenecen a ninguna de las organizaciones arriba citadas, pero del mismo modo me
abrieron las puertas de su pasado.
Muchas de las ideas que expongo en torno al movimiento armado socialista se
cocinaron en las discusiones del Taller de investigación sobre la Liga Comunista 23 de
Septiembre del CIHMS, a cuyos integrantes hago extensivo mi reconocimiento.
A mis amigos fotógrafos y al colectivo “Arte, Música y Video” les agradezco
haberme ayudado a copiar varias de las fotografías que aparecen en esta investigación.
Asimismo, doy gracias a la amable familia Ruiz por el trabajo que me permitió hacer en su
histórica casa en Nepantla, Estado de México.
En Chiapas, amigos bondadosos y hospitalarios me brindaron un apoyo excepcional
en mi tránsito a la selva lacandona. Gracias a ellos conocí a quienes me franquearon el paso
a las cañadas y me condujeron con los ancianos de las comunidades, cuya prodigiosa
memoria hizo posible una reconstrucción más certera de una historia pulverizada.
No quiero dejar de manifestar mi agradecimiento al personal del Archivo General de
la Nación, particularmente al de la Galería 2, la fototeca y el servicio de copiado. Nunca
estaré lo suficientemente agradecida con el encargado de la Galería 1, Vicente Capello,
cuya tajante negativa a proporcionarme información propició que yo tuviera que buscar al
mayor número posible de exguerrilleros y familiares de desaparecidos para solicitarles
cartas poder para consultar sus expedientes. Sin este factor, la investigación no hubiera sido
tan pormenorizada ni yo me hubiera decidido a dar la batalla legal por la apertura
informativa ni a luchar por los derechos humanos de los desaparecidos.
En el terreno de lo personal, no me siento capaz de enlistar a más de un centenar de
familiares, amigos, compañeros, colegas, periodistas y aliados continentales y
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extracontinentales que hicieron más livianos estos intensos cuatro años y medio de
investigación y trabajo. Perdónenme por no escribir sus nombres, pero en esta ocasión
prefiero cometer una injusticia generalizada a omitir por error el nombre de uno solo.
Parafraseando a Mario Benedetti, no sé cuánto les debo, pero eso que no sé, sé que es
muchísimo. ¡Gracias!
Finalmente, también quiero expresar mi gratitud a mis sinodales Ricardo Melgar Bao,
Fabiola Escárzaga y Alfredo Ruiz, por su valioso apoyo. Hago un reconocimiento especial
al profesor Juan Manuel Romero García, cuya enseñanza de un marxismo no ortodoxo fue
determinante en mi formación profesional.
Desborda mi imaginación la idea de encontrar un medio posible para pagar a mis
maestros Ricardo Gamboa Ramírez y José Víctor Pérez Saviñón todo lo que han hecho por
mí. Su ayuda incondicional y su inmutable paciencia han sido determinantes en la
conclusión de esta tesis.
Admito que sin el inmenso amor de mi familia no habría llegado a este punto. A ella
debo todo, en última instancia.










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